Valle de los Reyes
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Antigua Tebas con sus necrópolis
UNESCO logo.svg Welterbe.svg
Patrimonio de la Humanidad de la Unesco
Hike above Valley of the Kings (2347044735).jpg
Valle de los Reyes
Egypt relief location map.jpgAntigua Tebas
Localización
País Flag of Egypt.svg Egipto
Coordenadas 25°44′25″N 32°36′08″E
Datos generales
Tipo Cultural
Criterios i, iii, vi
Identificación 87
Región Países árabes
Inscripción 1979 (III sesión)
[editar datos en Wikidata]
El Valle de los Reyes (en árabe, Uadi Abwāb Al-Muluk ()وادي أبواب الملوك: Valle de las
Puertas de los Reyes) es una necrópolis del antiguo Egipto, en las cercanías de
Luxor, donde se encuentran las tumbas de la mayoría de faraones del Imperio Nuevo
(dinastías XVIII, XIX y XX), así como de la reina Hatshepsut y de algunos
animales.12 Popularmente era conocido por los egipcios como Ta-sekhet-ma'at (Gran
Campo).3
Forma parte del conjunto denominado Antigua Tebas con sus necrópolis, declarado
Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1979. Se encuentra situado en la zona
desértica (Desheret, la «Tierra Roja») de la orilla occidental del Nilo, frente a
Tebas (moderna Luxor), en el corazón de la Necrópolis.4 El valle se compone de dos
valles, el Valle Este, donde se encuentran las tumbas enumeradas con el código KV
(King's Valley), y el Valle Oeste, con las tumbas designadas con WV (West Valley).
El valle está dominado por la colina con forma de pirámide que los egipcios
llamaban Dehenet-Imenet, «la Cima de Occidente»,5 actualmente el-Qurn; allí moraba
la diosa cobra Meretseger, "La que ama el silencio", protectora de la necrópolis.
Esta pirámide natural y los hipogeos del Valle recuerdan los antiguos
enterramientos en las grandes pirámides de Menfis.6
Por otra parte, el lugar está místicamente relacionado con los grandes templos de
Tebas, en la orilla oriental del Nilo. Trazando una línea recta desde el templo de
Karnak hacia el oeste, tras cruzar el río alcanza Deir el-Bahari con el templo de
Hatshepsut y finalmente el Valle de los Reyes, materializándose así la dualidad
oriente-occidente característica de la cosmología egipcia: el este, lugar del
nacimiento del sol, es el asiento de la vida, la «Tierra Negra» fértil (Kemet),
territorio de Horus, dios del equilibrio y el orden, creador de la civilización
egipcia; por el contrario, el oeste, por donde el sol se pone, es la «Tierra Roja»
estéril, desértica, dominio de Seth el señor del inframundo y dios de los muertos.7
Índice
1 Orígenes: la Dinastía XVIII
2 Las dinastías XIX y XX
3 El olvido
4 Redescubrimiento
5 El Valle hoy
6 Índice de tumbas
7 Tumbas reales que faltan por descubrir en el Valle de los Reyes
7.1 Tumba de Ahmose I
7.2 Tumba de Amenhotep I
7.3 Tumba de Thutmose II
7.4 Tumba de Semenejkara
7.5 Tumba de Ramsés VIII
8 Plano del Valle de los Reyes
9 Véase también
10 Referencias
11 Bibliografía
12 Enlaces externos
Orígenes: la Dinastía XVIII
El primer rey conocido que abandonó la necrópolis de Dra Abu el-Naga fue el tercer
faraón de la dinastía XVIII, el gran Thutmose I, que, en torno al año 1500 a. C.
(gobernó de 1504 a 1492 a. C.), encargó a su mano derecha y arquitecto real Ineni
la construcción de su tumba en medio del mayor secreto. El propio Ineni se jacta de
su eficacia afirmando: nadie me vio, nadie me oyó.
En un principio es posible que se pensase en el Valle de los Reyes como un
cementerio familiar, no solo dedicado a los reyes. Prueba de ello son las numerosas
tumbas menores, casi todas de tiempos de la dinastía XVIII, en las que sin duda
debieron de ser enterrados reinas, príncipes y princesas, así como algunos nobles
privilegiados y hasta las mascotas de Amenofis II (perros, monos y aves) Sería solo
a partir de la fundación del Valle de las Reinas cuando la cantidad de personajes
no reales enterrados en el Valle de los Reyes desciende drásticamente.
Tumba de Sethy I, quizás la más hermosa del Valle de los Reyes.
Tumba de Tutankamón, la más conocida de todo el Valle.
Tumba de Thutmose III, famosa por sus pinturas estilizadas.
Las tumbas de la dinastía XVIII han sido, en su gran mayoría, de las últimas en ser
descubiertas. Esto se debe a lo bien que disimularon su entrada los constructores
de tumbas, y a los escombros que cayeron en los umbrales con el paso del tiempo y
así bloqueando las entradas. Aun así, que se sepa, tan solo dos de ellas (las
tumbas 46 y 62, ambas de esta época) mantuvieron todos sus tesoros y ocupantes
indemnes y a salvo de saqueadores.
El Valle de los Reyes sufrió en tiempos de esta dinastía algunas tentativas de ser
abandonado: se cree que Thutmose II construyó su tumba en otro lugar; Amenhotep III
lo hizo en el Valle Occidental, alejándose de la tradición; e incluso Akenatón, al
trasladar la capitalidad a Aketatón, su nueva ciudad construida en medio del
desierto, diseñó una necrópolis en la moderna Tell el-Amarna. Es posible que
omitiendo los motivos religiosos y políticos concernientes a Akenatón, los otros
intentos fuesen debido a la aparición de los primeros saqueadores de tumbas, que ni
siquiera los soldados reales y las guardias nocturnas podían evitar.
Las dinastías XIX y XX
Sería con las nuevas dinastías cuando el Valle de los Reyes experimentaría un
profundo cambio. Las tumbas pasarían a ser de diseño completamente recto (al
contrario que las de la dinastía XVIII, donde suelen presentar acodamientos), y su
entrada es mucho más fácil de descubrir que la de sus antecesores. Esto provocaría
un gran aumento en los robos, y las tumbas ya bien conocidas desde la antigüedad
serían precisamente las de esta época.
Pese a que Tebas perdió la capitalidad a favor de Pi-Ramsés, en el Delta del Nilo,
los reyes siguieron manteniendo la necrópolis y construyendo sus templos funerarios
en la orilla occidental tebana. No obstante, las cosas estaban cambiando, y los
monarcas cada vez se desentendían más de la antigua capital y los sacerdotes de
Amón iban adquiriendo el control. A la par, Egipto se estaba debilitando, y el
hambre y la pobreza comenzaban a hacer su aparición en las clases populares.
La incapacidad de muchos faraones, las tensiones con los sacerdotes y miembros de
la nobleza local, el peligro de una invasión, así como la carestía acabarían por
colapsar el Imperio Nuevo en el reinado del último gran faraón, Ramsés III. Fue
entonces cuando se tuvo noticias de la primera huelga conocida de la Historia
Universal, cuando los constructores de tumbas exigieron más comida y un salario
mejor.
Los siguientes faraones de la dinastía XX, hasta Ramsés XI, poco o nada hicieron
por cambiar la situación. Tebas se asfixiaba, y los temores que se preveían ya
desde hacía siglos, se hicieron realidad: el Sumo Sacerdote de Amón se autoproclamó
autónomo y, como un verdadero rey sin corona, se escindió del norte del país.
Ramsés XI, que estaba construyendo su tumba en el Valle de los Reyes, nunca llegó a
ocuparla. Tanto la necrópolis real como el Imperio Nuevo habían desaparecido, 430
años después del reinado de Thutmose I.
Nombre oficial
en jeroglífico
G41 G1 Aa1
D21 O1
O29 Y1V A50 s Z4 Y1V G7 N35 C11 Z2s
N35 M4 M4 M4 t
Z2s
N35 O29
O1 O1 G7 S34 U28 s D2
Z1 R14 t
t N23 Z1
N35 R19 t
O49 G7
Grande y majestuosa necrópolis de millones de años de los faraones, vida, salud y
prosperidad, en el occidente de Tebas
El olvido
Los reyes de la dinastía XXI trasladaron la capital a Tanis, abandonando Tebas y
dejando el Alto Egipto bajo el control de los Sumos sacerdotes de Amón, y el
principal problema que tuvieron que atajar fue el de los ladrones de tumbas. La
inestable situación del país, que ya nunca más volvería a ser un gran imperio,
estaba provocando que bandas, cada vez más agresivas y menos temerosas de los
castigos que pesaban sobre los saqueadores, robasen las tumbas y destrozaran las
momias. El escándalo era tal que incluso había miembros de la administración local
implicados en el robo de tumbas.
La prioridad era proteger la necrópolis más importante, el Valle de los Reyes, y
así se hizo. El Sumo Sacerdote de Amón Pinedyem II ordenó trasladar las momias
reales de sus tumbas a varios escondrijos para ponerlas a salvo. Ignoramos cuántos
de estos escondrijos hubo, pero se han encontrado dos depósitos, en los que se
hallaron las momias de casi todos los faraones del Imperio Nuevo, de algunos Sumos
Sacerdotes, y de varios familiares. Estos hallazgos tan valiosos se produjeron en
la tumba número DB320 de Deir el-Bahari y en la 35 del propio Valle de los Reyes.
Redescubrimiento
Varias tumbas del Valle de los Reyes permanecieron abiertas desde la Antigüedad.
Estas serían objeto de visita por parte de turistas griegos y romanos, que no
dudaron en inscribir sus nombres en las salas de tales tumbas, e incluso luego los
cristianos habitarían en ellas, en el caso de algunos ermitaños coptos. Sería con
la conquista de los musulmanes cuando el valle se sumió en el silencio, pues estos
directamente lo ignoraron, considerándolo algo ajeno e innecesario.
Muy pocos viajeros europeos harían aparición en el Valle hasta la llegada de la
expedición francesa de Napoleón en 1799, cuyo grupo de historiadores exploraría y
cartografiaría el lugar por primera vez e incluso identificaría algunas tumbas que
permanecían olvidadas, como la de Amenhotep III.
Poco después llegarían otros como Belzoni, Champollion, Lepsius, Maspero y Carter,
entre muchos otros. A largo de todo el siglo XIX y comienzos del XX comenzaban a
descubrirse algunas tumbas reales y numerosos pozos funerarios que acrecentaban
cada vez más el interés por la necrópolis y por Egipto en general. El hallazgo de
tumbas tan bellas como las de Sethy I u Horemheb, de los escondrijos de las momias
reales, o de la misteriosa tumba 55 crearon una verdadera fiebre en la que varios
arqueólogos y acaudalados coleccionistas competían por el mejor hallazgo.
Sería en 1922 cuando el Valle de los Reyes desvelara su secreto mejor guardado, la
celebérrima tumba de Tutankamón, el rey-niño de la dinastía XVIII. Llena de tesoros
jamás soñados, es sin competidor posible, el hallazgo más importante de la
arqueología del siglo XX, y el comienzo de la egiptomanía que aún se siente en la
sociedad. Pero no sería el fin del Valle de los Reyes: aunque ya es muy improbable
la existencia de una tumba de esas características escondida en el valle (sobre
todo porque ya han sido hallados casi todos los faraones), comienza la labor
documental. Ya no se excava en busca de tesoros, sino de información.
El Valle de los Reyes. Necrópolis tebana del Imperio Nuevo.
El Valle hoy
El presente del Valle de los Reyes es el desescombro de algunas tumbas y el
redescubrimiento de algunas que se han vuelto a perder desde el siglo XIX.
Actualmente se están produciendo labores de restauración así como de facilitar el
acceso a los turistas al lugar. No todas las tumbas están abiertas al público, pero
sí las que despiertan mayor interés por sus bellísimas pinturas. Los sepulcros que
más están dando que hablar hoy en día son, con diferencia, tres en especial.
La tumba 5, que está siendo desescombrada, podría ser la más grande de todo el
Valle. Las últimas investigaciones, así como el hallazgo de algunos cuerpos,
parecen indicar que allí pudieron ser enterrados gran parte de los más de ciento
cincuenta hijos del faraón Ramsés II el Grande, lo que le convertiría en la tumba
colectiva más grande del mundo.
La tumba 55, que aunque ya no tiene ningún secreto que mostrar, despertó el interés
mucho tiempo, ya que se ignoraba la identidad del cuerpo hallado en ella y el
verdadero destinatario del sepulcro. Tras la tumba de Tutankamón, es la que más
ríos de tinta ha vertido. Se ha pensado que la Tumba 55 estaba destinada a la gran
esposa real Tiy, pero que el cuerpo allí hallado podría pertenecer al faraón
Ajenatón o a su corregente tan poco conocido, Semenejkara. Los análisis de ADN
realizados en 2010 revelaron que, en efecto, los restos pertenecían al célebre rey
hereje.
La tumba 63 es una de las grandes esperanzas de la egiptología para poner algo de
luz en el complicado periodo de los reinados de Ajenatón a Horemheb. Su hallazgo en
2005 demostró que los secretos del Valle de los Reyes aún no estaban agotados y el
descubrimiento de varios sarcófagos (vacíos) mostró que se utilizó como un
escondrijo de momias. Muy cerca se descubrió en 2012 la KV 64, que perteneció a una
princesa de la XVIII dinastía; saqueada y tirados los restos de su moradora en un
rincón, fue reutilizada en el siglo IX a.C. como tumba para una sacerdotisa cantora
del templo de Karnak, cuyo sarcófago intacto con su momia reposaba al fondo de la
cámara.
Índice de tumbas
La siglas KV vienen a significar Kings Valley (el Valle de los Reyes), mientras que
las siglas WV son de West Valley (el Valle Occidental o de los Monos). El orden de
las tumbas fue dado por la fecha de su descubrimiento.
En los más de sesenta sepulcros, pozos, salas únicas o incluso simples hoyos
encontrados en el Valle de los Reyes se encuentran casi todos los monarcas del
Imperio Nuevo, pero también a reinas, príncipes e incluso, por privilegio especial,
a nobles y a mascotas reales. No obstante, siguen existiendo faraones sin una tumba
fija que les corresponda. Son las Tumbas reales que faltan en el Valle de los
Reyes.