El proceso
ordinario
PID_00209472
Jaume González Calvet
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CC-BY-NC-ND • PID_00209472 El proceso ordinario
Índice
Introducción............................................................................................... 5
Objetivos....................................................................................................... 7
1. Las medidas de anticipación de la tutela judicial..................... 9
1.1. Actos preparatorios y diligencias preliminares ........................... 9
1.2. Anticipación y aseguramiento de la prueba ............................... 12
1.3. Las medidas cautelares ................................................................ 14
1.3.1. Concepto y naturaleza jurídica ..................................... 14
1.3.2. Las medidas cautelares y la Ley Reguladora de la
Jurisdicción Social (LRJS) ............................................... 15
1.3.3. Régimen jurídico del proceso cautelar en la
jurisdicción social .......................................................... 16
1.3.4. Los presupuestos legales de las medidas cautelares ....... 18
1.3.5. Tipos de medidas cautelares en la jurisdicción social .... 19
2. La demanda......................................................................................... 22
2.1. Concepto de demanda ................................................................ 22
2.2. Forma, contenido y requisitos de la demanda ........................... 22
2.3. Trámite de subsanación y admisión de la demanda ................... 25
2.4. El señalamiento de los actos de conciliación y juicio ................. 27
2.5. La suspensión de los actos de conciliación y juicio .................... 28
2.6. La no comparecencia de las partes a los actos de conciliación
y juicio ........................................................................................ 29
3. La conciliación y juicio.................................................................... 31
3.1. La conciliación ante el secretario judicial .................................. 31
3.2. La conciliación ante el juez o tribunal ....................................... 31
3.3. La impugnación de la conciliación judicial ................................ 33
3.4. El juicio ....................................................................................... 33
3.4.1. Concepto y principios rectores ..................................... 33
3.4.2. El incidente previo ........................................................ 35
3.4.3. La ratificación y la contestación a la demanda ............. 35
3.4.4. La intervención del juez y de las partes y la fijación
de hechos ....................................................................... 38
3.4.5. La prejudicialidad penal y social ................................... 39
3.4.6. Proposición y práctica de la prueba .............................. 41
3.4.7. Reglas especiales de los diferentes medios de prueba .... 48
3.4.8. Formulación de tesis y conclusiones ............................. 55
3.5. Las diligencias finales .................................................................. 56
3.6. La sentencia ................................................................................. 58
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 El proceso ordinario
3.6.1. Concepto y clases .......................................................... 58
3.6.2. Requisitos de la sentencia ............................................. 60
3.6.3. La sentencia in voce......................................................... 64
4. El proceso monitorio........................................................................ 67
4.1. Requisitos .................................................................................... 67
4.2. Tramitación del proceso monitorio ............................................ 69
Resumen....................................................................................................... 72
Ejercicios de autoevaluación.................................................................. 75
Solucionario................................................................................................ 79
Bibliografía................................................................................................. 80
Anexo............................................................................................................ 81
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 5 El proceso ordinario
Introducción
Tradicionalmente, se ha distinguido en el marco del proceso declarativo civil
entre los procesos ordinarios y los procesos especiales. Son procesos ordinarios
aquellos mediante los cuales los órganos jurisdiccionales pueden conocer de
toda clase de objetos sin ninguna limitación y que han sido establecidos con
carácter general; en cambio, son procesos especiales aquellos que están fijados
para conocer de pretensiones que tienen objetos específicos y determinados,
por lo que su uso queda limitado al concreto objeto marcado por la ley (Mon-
tero Aroca, 2000).El artículo 248 LEC parte de esta distinción al prescribir que
cualquier contienda judicial entre partes que no tenga señalada por ley otra
tramitación se tiene que tratar y decidir por el proceso declarativo –juicio or-
dinario o juicio verbal– que corresponda.
Esta clasificación de los procesos civiles se trasladó al procedimiento laboral
desde el primer momento, y esto debido a ciertas particularidades en diferen-
tes litigios sociales que aconsejaban el establecimiento de específicas normas
procesales diferenciadas del proceso ordinario. No obstante, la denominación
de estos procesos especiales laborales varió ligeramente de los civiles. De este
modo, el título II, del libro II, de la Ley Reguladora de la Jurisdicción Social,
manteniendo la terminología precedente de la LPL, califica de modalidades
procesales los procesos laborales especiales que se regulan de manera separada
del proceso ordinario.
El proceso ordinario social es aquel mediante el cual se resuelven todos los li-
tigios competencia de esta jurisdicción –muy diversos– y respecto de los cuales
la ley no atribuye una tramitación específica, de modo que sus reglas consti-
tuyen la base general y común a todos los litigios laborales; en cambio, las
modalidades procesales en el ámbito social son pleitos en los que se aplican
normas específicas y distintas para cada una de las mismas, y su regulación se
completa con las reglas generales del proceso ordinario (Alfonso Mellado). De
este modo, por ejemplo, una reclamación genérica de derecho o de cantidad
se tendrá que vehicular, en principio, siguiendo las reglas del proceso ordina-
rio, y una reclamación en contra de un despido disciplinario o en contra de
una resolución denegatoria de una pensión de la Seguridad Social deberá tra-
mitarse mediante normas procesales específicas, concretamente por la moda-
lidad procesal de despido disciplinario (arts. 103-113 LRJS) la primera, y por la
modalidad procesal de prestaciones de la Seguridad Social (arts. 140-147 LRJS)
la segunda.
En este bloque didáctico se estudiarán los rasgos fundamentales que configu-
ran el proceso ordinario en la jurisdicción social. En primer lugar, se exami-
nan con detalle aquellas medidas de anticipación de la tutela judicial, es de-
cir, aquellas actuaciones que el justiciable interesa del órgano jurisdiccional
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 6 El proceso ordinario
antes de incoarse el proceso judicial o, una vez que este se ha iniciado, antes
de que tenga lugar el acto de juicio. A continuación se repasan los aspectos
fundamentales de la demanda, acto procesal escrito de importancia capital no
tan solo porque da lugar al inicio del proceso, sino porque condiciona en gran
medida el desarrollo del litigio y su resolución. A continuación, se abordan
las particularidades del acto de conciliación en sede judicial y del juicio, en-
tendido este último como un conjunto de gran complejidad de numerosos
actos procesales que se desarrollan sin interrupción. De la vista oral no tan
solo se destaca la sucesión de las diferentes fases de alegaciones, sino también
el desarrollo y la práctica de las diferentes pruebas que son propuestas por las
partes o, también, aquellas que de oficio decide practicar el juez. Finalmente,
se examinan las características de la resolución final que concluye habitual-
mente el proceso, es decir, la sentencia. En último lugar, también se repasan
los rasgos fundamentales del proceso monitorio, instituto jurídico procesal de
nueva factura en la jurisdicción social y respecto del cual la doctrina ha desta-
cado aquellos elementos que lo distinguen tanto del proceso ordinario como
de las modalidades procesales especiales.
En definitiva, se ha intentado sintetizar en este bloque didáctico los aspectos
fundamentales del proceso ordinario y del proceso monitorio laboral, procu-
rando una exposición sencilla y pedagógica que, a la vez, no sacrifique el rigor
científico que requiere la materia cuando se imparte en un ámbito universi-
tario.
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 7 El proceso ordinario
Objetivos
El objetivo básico que se persigue con el material que tenéis en vuestras manos
no es otro que consolidar en aquel que se introduce en la disciplina del dere-
cho procesal laboral los institutos jurídicos fundamentales del proceso ordina-
rio en la jurisdicción social. Se trata de que conozcáis y solidifiquéis el conoci-
miento de conceptos jurídicos procesales básicos y característicos del proceso
ordinario social. No es tan importante la memorización de un plazo para eva-
cuar un trámite concreto como el hecho de identificar los distintos institutos
procesales que aparecen durante el iter procesal laboral y distinguir su función
dentro del procedimiento. En este sentido, debéis incidir especialmente en el
aprendizaje de una nueva terminología que caracteriza a esta materia.
Y si el proceso está constituido por una sucesión de actos procesales, también
tendrá que ser un objetivo prioritario de este bloque la aprehensión por parte
del alumno de las diferentes fases que componen el proceso y del sentido y
alcance de esta periodificación de actos procesales. La correcta actuación pro-
cesal no tan solo exige conocer los actos y las alegaciones que hay que hacer
dentro del proceso, sino también saber cuál es momento procesal más idóneo
para llevar a cabo la actuación.
Otro objetivo que hay que proponerse en el momento de introducirse en es-
te bloque es el de familiarizarse con todos aquellos mecanismos legalmente
establecidos para la práctica de la prueba. La actividad probatoria resulta im-
prescindible en todo tipo de pleitos, no importa que sean procesos ordinarios
o modalidades especiales. Por lo tanto, también constituye un objetivo prefe-
rente el hecho de que accedáis al conocimiento de la operativa para practicar
la prueba ante un órgano jurisdiccional del orden social, ya sea antes del ac-
to de juicio, durante la vista oral o, de manera excepcional, posteriormente,
como diligencia final.
Si se logran estos objetivos mencionados, está claro que habrá resultado pro-
vechoso el estudio de esta unidad didáctica.
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 9 El proceso ordinario
1. Las medidas de anticipación de la tutela judicial
A pesar de que el proceso se inicia, tal y como prevé el artículo 399 LEC, con
la presentación de la demanda, de manera excepcional puede ir precedido por
una serie de actos que se llevan a cabo en sede jurisdiccional. Estas actuaciones
de carácter jurisdiccional que son previas a la presentación de la demanda sue-
len ser interesadas por quien ostentará la condición de parte demandante. No
obstante, la Ley Procesal igualmente contempla la posibilidad de que la parte
que tenga la sospecha fundamentada de que puede ser demandada también
pueda solicitar del órgano jurisdiccional actuaciones previas a la demanda.
La doctrina científica denomina de distinta manera estos actos que son pre-
vios a la demanda: actos preparatorios, medios extraordinarios de facilitación
del proceso, procesos de facilitación del proceso principal, procesos previos,
medidas de anticipación de la tutela judicial, etc. La diversidad terminológica
se justifica por el hecho de que la ley no otorga una denominación común
que englobe los diferentes institutos jurídicos que se regulan en el capítulo I,
del título I, del libro II LRJS (arts. 76-79). Ciertamente, el legislador ha optado
por identificar de manera separada cada una de las instituciones procesales
reguladas en este capítulo y ha hecho constar en la rúbrica de cada una de las
tres secciones que lo componen su denominación específica. De este modo,
la sección 1.ª (arts. 76 y 77) contiene la regulación de los actos preparatorios
y diligencias preliminares, la sección 2.ª (art. 78) es dedicada a la anticipación
y el aseguramiento de la prueba y la sección 3.ª (art. 79) regula las medidas
cautelares.
Para abordar el estudio de estos actos que comportan la anticipación de la
tutela judicial, resulta aconsejable seguir la estructura sistemática de la misma
LRJS y examinar estos institutos jurídicos a partir de las tres secciones en las
que se estructura el capítulo que regula esta materia.
1.1. Actos preparatorios y diligencias preliminares
El artículo 76 LRJS prevé que quien pretenda demandar podrá solicitar del ór-
gano judicial que preste declaración aquel contra el que se quiere interponer la
demanda sobre algún hecho relacionado con su personalidad o legitimación
procesal y sobre el objeto de la demanda. Por lo tanto, está claro que del pre-
cepto legal se infiere una doble finalidad de esta figura: por un lado, se trata
de aclarar dudas sobre la legitimación de la parte que se pretende demandar;
y por otro lado, también tiene como objeto contribuir a la preparación de la
demanda con el esclarecimiento de cuestiones de fondo. De manera conse-
cuente, se puede afirmar respecto de los actos preparatorios y las diligencias
preliminares que no tienen por objeto la preparación de la prueba de manera
anticipada al acto de juicio, sino que simplemente pretenden suministrar a la
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 10 El proceso ordinario
futura parte demandante aquellos datos que resultan esenciales para la inter-
posición de la demanda, ya sea relacionados con la correcta identificación de
la parte demandada o para la adecuada definición de las cuestiones de fondo
que se ventilarán en el futuro litigio.
El artículo 76 LRJS regula diferentes tipos de actos preparatorios y diligencias
preliminares que se pueden agrupar en los apartados siguientes:
1) Diligencias preliminares consistentes en la declaración de quien se quiera
demandar sobre su personalidad, concretamente sobre su capacidad, represen-
tación o legitimación o, con la misma finalidad, que el requerido aporte algún
documento cuyo conocimiento sea necesario para el proceso.
2) Actos preparatorios o diligencias preliminares consistentes en la declaración
de quien se pretenda demandar a efectos de determinar quiénes son los socios,
partícipes, miembros o gestores de una entidad sin personalidad. Este supuesto
se tiene que relacionar con el artículo 16.5 LRJS, precepto que establece las re-
glas para la representación en juicio de las entidades sin personalidad jurídica.
3) Diligencias preliminares dirigidas a determinar al empresario que se pre-
tende demandar y los integrantes del grupo o la unidad empresarial. Estos
específicos actos preparatorios se tienen que relacionar con la aplicación de
la doctrina del alzamiento del velo con el objeto de identificar al verdadero
empresario.
4) Diligencias preliminares encaminadas a identificar a las personas concu-
rrentes en la producción de un daño con la persona que se pretende deman-
dar, así como la cobertura del riesgo. En este supuesto, el legislador trata de dar
facilidades para la identificación –a menudo complicada– de los potenciales
responsables –que hay que demandar– en los litigios derivados de accidente
de trabajo, pleitos en los que resulta muy habitual la concurrencia de respon-
sabilidades por parte de diferentes sujetos (empresario ocupador, contratista,
subcontratista, entidad aseguradora, etc.).
5) Actos preparatorios solicitados por aquellos que pretendan iniciar un pro-
ceso para la defensa de intereses colectivos. Estas diligencias tienen como fi-
nalidad concretar a los integrantes del grupo de afectados que, aunque no es-
tén determinados, se puedan determinar fácilmente. En este caso, el órgano
jurisdiccional adoptará las medidas oportunas para la averiguación de los in-
tegrantes del grupo, de acuerdo con las circunstancias del caso y los datos fa-
cilitados por el solicitante, incluyendo el requerimiento al demandado para
que colabore en esta determinación.
6) Otras diligencias preliminares o actos preparatorios previstos de manera ex-
presa en el artículo 256 LEC. Además de las diligencias y los actos preparatorios
expresamente contemplados en la LRJS, se prevé en el apartado 3 del artículo
76 la remisión expresa a la norma civil en todos los casos no expresamente
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 11 El proceso ordinario
mencionados. Esta remisión explícita a la Ley Procesal Civil es una novedad
incorporada a la Ley 36/2011, dado que no estaba expresamente contempla-
da en los textos precedentes de la LPL. No obstante, hay que decir que esta
novedad se hace eco de una práctica forense habitual, que consiste en acudir
de manera supletoria a la LEC cuando se trata de adoptar medidas de antici-
pación de la tutela judicial en supuestos no previstos expresamente en la Ley
de Procedimiento Laboral, pero con cobertura legal en el texto civil.
7) El apartado 5 del artículo 76 LRJS incorpora un nuevo supuesto que no tie-
ne precedentes en el proceso laboral. Se trata de diligencias preliminares in-
teresadas por la Inspección de Trabajo o por la Administración laboral en el
ejercicio de sus funciones y en el supuesto de que el centro de trabajo some-
tido a inspección coincidiera con el domicilio particular de la persona afecta-
da y esta se opusiera a la inspección o hubiera un riesgo de oposición. En es-
tos casos, se prevé la posibilidad de solicitar la autorización al órgano judicial
de lo social, siempre y cuando la actuación inspectora esté relacionada con
procedimientos administrativos de los cuales pueda conocer posteriormente
la jurisdicción social. Esta diligencia preliminar constituye una auténtica no-
vedad en el orden social de la jurisdicción, pero hay que decir que esta inno-
vación se tiene que relacionar con la atribución de nuevas competencias a la
jurisdicción social provenientes básicamente del contencioso-administrativo,
y que una previsión parecida se contempla en el artículo 8.6 de la Ley de la
Jurisdicción Contencioso-Administrativa.
Los actos preparatorios y las diligencias preliminares se incoarán a partir de la
petición de la parte interesada formulada ante el órgano judicial. El juzgado
o tribunal competente resolverá la petición en el sentido que considere opor-
tuno, y se establece en el artículo 76.6 LRJS, que en contra de la resolución
judicial que deniegue la práctica de estas diligencias no se podrá interponer
ningún tipo de recurso, y esto sin perjuicio del recurso que se pueda interponer
en su momento en contra de la sentencia que se dicte en el proceso principal
que, de manera previsible, seguirá a los actos preparatorios.
El apartado 4 del artículo 76 LRJS contiene una novedad relevante referida a
todas las diligencias preliminares y actos preparatorios regulados en esta ley.
El precepto prescribe textualmente lo siguiente.
“Cuando la realización de la diligencia solicitada pueda afectar a la intimidad personal
u otro derecho fundamental, el juzgado o tribunal, de no mediar consentimiento del
afectado, podrá autorizar dicha actuación en la forma y las garantías establecidas en los
apartados 4 a 6 del artículo 90.”
En este último precepto, se prevé que el juez ponderará los intereses concu-
rrentes mediante el juicio de proporcionalidad y con el mínimo sacrificio de
los derechos afectados. Esta previsión legal referida a las diligencias prelimi-
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 12 El proceso ordinario
nares contribuye a configurar al juez laboral como un juez de garantías y li-
bertades fundamentales en el ámbito de las relaciones laborales y en el orden
social (Folguera Crespo).
En el artículo 77 LRJS se regula un último supuesto de actos preparatorios,
consistente en la exhibición previa de documentos. El precepto prevé concre-
tamente la posibilidad de quien pretenda demandar o prevea que será deman-
dado de solicitar el examen de libros o cuentas o la consulta de cualquier otro
documento que sea imprescindible para fundamentar la demanda o la oposi-
ción a la demanda. En este caso, el sujeto facultado para instar la diligencia
preliminar no tan solo es la futura parte actora, sino también quien prevea
que puede ser demandado en un futuro proceso, y la finalidad del acto previo
no solo es la de fundamentar la demanda, sino también la de fundamentar
una eventual oposición a una posible demanda dirigida en su contra. La ex-
tensión de la legitimación activa a quien sospeche que puede ser demandado
es también una novedad respecto a la LPL vigente hasta el año 2011. Este acto
preparatorio estaba diseñado pensando en supuestos como el previsto en el
artículo 29.2 ET, donde se prevé la retribución salarial a comisión y la posibi-
lidad del trabajador de acceder a los libros que contengan datos relacionados
con las comisiones para calcular su cuantía y de acreditar su devengo. El pre-
cepto prevé que cuando se trate de documentos contables, el solicitante podrá
ser asesorado por un experto en la materia, el cual tendrá que guardar secreto
sobre los datos a los que acceda y será retribuido por quien pida sus servicios.
El artículo 77 regula en su apartado 2 el modo en que se ejecutará esta dili-
gencia preliminar. La norma establece que en la resolución judicial se fijará
la forma de llevar a cabo la comunicación de estos elementos, y se adoptarán
las medidas necesarias para hacerse de la manera menos cargante y sin que la
documentación deje de estar en poder de su titular mediante la facilitación
de copia –en soporte preferiblemente electrónico– a la parte interesada, lo que
permitirá su confrontación con los originales. El apartado 3 del mismo artícu-
lo 77 prevé la posibilidad de solicitar estas medidas una vez ya incoado el pro-
ceso y con anterioridad –mínimo de cinco días– al acto de juicio, siempre y
cuando la admisión de estas diligencias no suponga la suspensión de la vista
oral. Y a pesar de que en el apartado 2 de este precepto no se dice nada sobre si
la resolución judicial que acceda o deniegue estos actos preparatorios es sus-
ceptible de recurso –a diferencia de lo que prevé el apartado 6 del artículo 76,
que no prevé recurso–, parece lógico aplicar ante el silencio de la ley la regla
general contenida en el artículo 186 LRJS y otorgar la posibilidad de interpo-
ner el recurso de reposición.
1.2. Anticipación y aseguramiento de la prueba
La anticipación y el aseguramiento de la prueba es un instituto jurídico proce-
sal diferente al de la diligencia preliminar. La ejecución anticipada de la prueba
no persigue la obtención de datos esenciales para la redacción de la deman-
da, sino que pretende hacer posible la práctica de alguna prueba de manera
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 13 El proceso ordinario
avanzada al acto de juicio. Esta anticipación es posible cuando peligra la po-
sibilidad de practicar la prueba en la vista oral por distintas razones y le hace
falta a la parte que lo solicita acreditar unos hechos que son controvertidos y,
a la vez, relevantes para la resolución del pleito. Y si se tiene en cuenta que,
según el principio de concentración que rige el proceso laboral, la práctica de
la prueba se tiene que llevar a cabo de ordinario dentro del periodo probatorio
en el acto de juicio, se puede intuir que la admisión de la práctica de prueba
de manera anticipada a la vista oral tiene un carácter extraordinario y que, por
lo tanto, hay que justificar con causas legalmente tasadas.
El artículo 78 LRJS prevé cuáles son las causas que facultan para la petición de
la prueba anticipada y al mismo tiempo establece las normas que resultan de
aplicación para que así lo pueda decidir el órgano jurisdiccional. Este precepto
legal se estructura en dos apartados. En el apartado 1 se regula la prueba anti-
cipada antes de haberse formalizado la demanda y, por lo tanto, de haberse
incoado el proceso. En cambio, en el apartado 2 se establece la regulación de
la práctica de la prueba anticipada una vez ya ha sido iniciado el proceso. De
este modo, en el artículo 78.1 se establece que quien pretenda demandar o
presuma que será demandado podrá solicitar previamente del juez o tribunal
la práctica anticipada de algún medio de prueba cuando haya el temor funda-
do de que, a causa de las personas o del estado de las cosas, estos actos no se
puedan efectuar en el momento procesal generalmente previsto, o de que su
ejecución presente graves dificultades en este momento procesal, incluido el
examen de testigos cuando por la edad avanzada de alguno de estos, peligro
inminente de su vida, proximidad de una ausencia o estancia en un lugar con
difíciles o imposibles comunicaciones o cualquier otro motivo grave y justifi-
cado, resulte presumible que no será posible mantener su derecho por falta de
justificación. De acuerdo con lo que prevé el artículo 293.2 LEC –de aplicación
supletoria–, el órgano jurisdiccional acordará lo que resulte procedente una
vez examinada de oficio su jurisdicción, competencia objetiva y territorial. Es-
ta resolución tendrá que adoptar la forma de auto –artículo 206 LEC– y será
susceptible de recurso de reposición –artículo 186 LRJS– dado que no se prevé
lo contrario en la misma Ley Procesal Laboral. Si finalmente el juez o tribunal
estima procedente la práctica de la prueba anticipada antes de que empiece el
proceso, el que la haya solicitado tiene que designar a la persona o personas a
las cuales se propone demandar en el momento oportuno, y que deberán ser
citadas, con cinco días de antelación como mínimo, para que en la práctica
de la actuación probatoria puedan tener la intervención que les corresponda
por ley y según el medio de prueba del que se trate, tal y como establece el
artículo 295.1 LEC, que resulta de aplicación supletoria.
Tal y como ya se ha indicado, por previsión expresa del artículo 78.2 LRJS, la
práctica de la prueba anticipada no tan solo se podrá interesar con anterioridad
a la interposición de la demanda, sino que también podrá solicitarse una vez
incoado el proceso jurisdiccional y antes del acto de juicio, siempre y cuando
no dé lugar a la suspensión de este, cuando la prueba no se pueda llevar a
cabo en el acto de juicio o cuya ejecución presente graves dificultades en aquel
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 14 El proceso ordinario
momento. En este caso, el órgano jurisdiccional decidirá por providencia –
artículo 294.2 LEC– aquello que resulte oportuno para practicar la prueba,
de conformidad con las normas específicas que regulen el medio probatorio
del que se trate y con aplicación supletoria –en lo que resulte aplicable– del
régimen jurídico previsto para la anticipación de prueba en el proceso civil
(artículos 293-298 LEC).
1.3. Las medidas cautelares
1.3.1. Concepto y naturaleza jurídica
La obtención de la tutela judicial efectiva no siempre es posible con la sim-
ple reclamación del derecho en el marco del proceso declarativo y/o del pro-
ceso ejecutivo. En ocasiones, el inevitable transcurso del tiempo necesario pa-
ra tramitar y lograr una declaración judicial favorable a las pretensiones del
demandante supone la concesión de un plazo suficiente a la parte obligada
que le permite eludir sus responsabilidades, de modo que a veces el pronun-
ciamiento judicial que resulta del proceso previo ya no tiene un efecto real
en el momento –demasiado tarde– en el que se produce. De aquí viene que
en el ámbito de la legislación procesal se haya configurado un tertium genus
de proceso –además del declarativo y del ejecutivo–, que tiene como finalidad
avanzar un pronunciamiento jurisdiccional, de carácter provisional, dirigido
a preservar la efectividad de una eventual estimación del derecho reclamado
por el demandante en el proceso principal. Dado que la inexistencia de medi-
das cautelares abocaría a la proliferación de numerosas resoluciones judiciales
firmes completamente inoperantes por el hecho de haberse producido con re-
traso, la doctrina del Tribunal Constitucional –SSTC 238/1992 y 218/1994– ha
mantenido que las medidas cautelares forman parte del contenido del derecho
fundamental a la tutela judicial efectiva consagrado en el artículo 24.1 de la
Constitución y que su adopción en determinados supuestos resulta indispen-
sable para una tutela real y efectiva del derecho.
En cuanto a la naturaleza jurídica del proceso cautelar, hay que indicar que
este no es un simple incidente en el proceso declarativo o ejecutivo sino que
se configura como un auténtico proceso autónomo (Montero Aroca), a pesar
de que se trata de un proceso con una clara finalidad instrumental o accesoria
respecto al proceso principal (Rifá Soler), que procura garantizar la efectividad
de un futuro pronunciamiento favorable al demandante. La dependencia del
proceso cautelar respecto del proceso principal es absoluta hasta el punto de
que no es posible la adopción de una medida cautelar sin la existencia de un
litigio principal iniciado o a punto de iniciarse. Además, el proceso cautelar
seguirá la misma suerte que el proceso principal, de manera que si este últi-
mo finaliza, también se extingue la medida cautelar adoptada. Finalmente, las
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 15 El proceso ordinario
medidas cautelares que se decidan tienen que ser funcionales, es decir, ha de
existir una adecuada correlación entre la medida adoptada y el contenido de
la sentencia del proceso principal al que está vinculado (Blasco Pellicer).
1.3.2. Las medidas cautelares y la Ley Reguladora de la
Jurisdicción Social (LRJS)
El artículo 79 LRJS se configura como el precepto central que incorpora la re-
gulación general del proceso cautelar a la jurisdicción social. Tradicionalmen-
te, la LPL solo contemplaba el embargo preventivo como medida cautelar, sin
hacer ninguna referencia al resto de las medidas que la LEC regulaba de manera
detallada (artículos 721-742). Sin embargo, la doctrina judicial laboral admitía
la aplicación supletoria de distintos preceptos de la LEC y, en determinados
supuestos, adoptaba igualmente algunas de las medidas cautelares específicas
previstas en el artículo 727 LEC, como por ejemplo, la orden judicial de abste-
nerse temporalmente de llevar a cabo una conducta del empresario demanda-
do. No obstante, con la entrada en vigor de la Ley 36/2011, la regulación del
proceso cautelar ha experimentado en la jurisdicción social una notable ex-
pansión. En efecto, la nueva LRJS no tan solo mantiene la regulación expresa
del embargo preventivo en el artículo 79, sino que incorpora nuevos apartados
a este precepto en los cuales se establecen reglas generales para aplicar las me-
didas cautelares en el ámbito social y se regulan nuevos supuestos específicos
(como por ejemplo, las cautelas en procedimientos referidos a las resoluciones
de la autoridad laboral sobre paralización de trabajos por riesgo para la segu-
ridad y salud de los trabajadores, en procesos de responsabilidad empresarial
sobre enfermedades profesionales por falta de reconocimientos médicos o en
procesos de extinción del contrato laboral a instancia del trabajador).
Además, el precepto efectúa una remisión general a las medidas cautelares y a
su régimen jurídico previsto en los artículos 721 a 747 LEC, “con la necesaria
adaptación a las particularidades del proceso social”. También se efectúa una
remisión expresa a la Ley de la Jurisdicción Contencioso-Administrativa para
los supuestos de medidas cautelares en procesos de impugnación de actos de
administraciones públicas en materia laboral y de seguridad social. Y por si
esta expansión de la regulación del proceso cautelar a la jurisdicción social no
fuera suficiente, el legislador establece de manera explícita distintas medidas
cautelares en otros lugares de la misma LRJS, como es el caso del artículo 142.1
(embargo preventivo en demandas de accidente de trabajo o enfermedad pro-
fesional en las que no conste el riesgo profesional asegurado por el empresa-
rio); el artículo 152 (suspensión de actos o resoluciones administrativas den-
tro del proceso especial de impugnación de actos administrativos en materia
laboral y de seguridad social no prestacionales); el artículo 180 (dentro de la
modalidad procesal de la tutela de derechos fundamentales y libertades públi-
cas); o los artículos 303.3 y 304.2 (dentro del procedimiento de ejecución pro-
visional de sentencias). En definitiva, se puede afirmar que en la jurisdicción
social se ha pasado de una regulación de la LPL manifiestamente insuficiente
del proceso cautelar, a una regulación bastante exhaustiva, completa y acaba-
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 16 El proceso ordinario
da, lo que con toda probabilidad debe suponer un mayor uso de esta herra-
mienta procesal en la tutela de los derechos de los trabajadores y beneficiarios
de la Seguridad Social, uso que se encontraba bastante restringido y limitado
debido a las deficiencias reguladoras precedentes.
1.3.3. Régimen jurídico del proceso cautelar en la jurisdicción
social
En cuanto al régimen jurídico del proceso cautelar en el ámbito social, lo pri-
mero que hay que apuntar es que, por regla general –artículo 721 LEC–, el
actor puede solicitar del tribunal la adopción de las medidas cautelares que
considere oportunas para asegurar la efectividad de la tutela judicial que se
le pueda otorgar en la sentencia estimatoria que se dicte en el proceso princi-
pal. No obstante, a pesar de que la medida cautelar se acordará normalmente
a instancia de parte, la LRJS también prevé la posibilidad –prohibida de ma-
nera genérica en el proceso cautelar civil, según prevé el artículo 721.2 LEC–
de que el órgano judicial de oficio pueda decretar el embargo preventivo de
bienes del demandado cuando este lleve a cabo actos de los que pueda presu-
mirse que pretende situarse en estado de insolvencia o impedir la efectividad
de la sentencia. Es evidente en este caso que el legislador ha pensado que los
intereses que podían estar en juego en determinados procesos traspasaban la
esfera estrictamente privada de las partes, motivo por el cual se justificaba una
actuación de oficio del órgano jurisdiccional.
En cuanto al momento procesal en el que se puede formular la solicitud de
medidas cautelares, el apartado 4 del artículo 79 LRJS indica que la petición
podrá ser presentada en cualquier momento del proceso antes de la sentencia,
sin que por esto se suspenda el curso de las actuaciones. Por lo tanto, está claro
que la medida cautelar se podrá solicitar con el mismo escrito de la demanda
o posteriormente durante el proceso hasta antes de dictarse la sentencia. La
solicitud se tiene que formular, según prevé el artículo 732.1 LEC, con clari-
dad y precisión, y se tiene que justificar cumplidamente la concurrencia de
los presupuestos legalmente exigidos para su adopción. Además, se tienen que
adjuntar a la solicitud los documentos que la apoyen o se tiene que ofrecer la
práctica de otros medios de prueba para acreditar los presupuestos que auto-
rizan la adopción de las medidas cautelares. El apartado 3 del artículo 79 LRJS
prevé que el órgano judicial podrá requerir al solicitante del embargo, en el
plazo de una audiencia, para que presente documentos, información testifical
o cualquier otra prueba que justifique la situación alegada.
No obstante, en relación con el momento procesal para instar medidas caute-
lares, también hay que dejar constancia de que, según prevé el artículo 304.2
LRJS, después del dictado de la sentencia y antes de que esta adquiera el estado
de firmeza –a partir de la cual se podrá interesar su ejecución–, el juez o tribu-
nal, en cualquier momento a instancia de la parte interesada o de oficio, podrá
adoptar las medidas cautelares que sean pertinentes para asegurar, en su caso,
la ejecución de la sentencia y en garantía y defensa de los derechos afectados
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 17 El proceso ordinario
atendiendo a los criterios establecidos en el artículo 79. Esta previsión legal,
realmente innovadora, persigue garantizar la efectividad de la sentencia una
vez esta ha sido dictada y mientras no ha logrado el estado de firmeza, estado a
partir del cual se podrá interesar su ejecución definitiva. Y hay que advertir que
en determinados pleitos pueden transcurrir fácilmente meses entre la fecha en
la que se dicta la sentencia y la fecha en que esta puede adquirir firmeza, ya sea
por problemas de notificación a las partes, por el uso de estratagemas dilato-
rias –por ejemplo, solicitar aclaraciones de sentencia superfluas– o sea, senci-
llamente, por haberse interpuesto recurso. Por lo tanto, parece bastante indu-
dable la utilidad de esta nueva previsión relacionada con el proceso cautelar.
Finalmente, hay que interrogarse si resulta viable la solicitud de medidas cau-
telares a la jurisdicción social antes de la incoación del proceso principal. Esta
cuestión se tiene que resolver afirmativamente a pesar de que en el artículo 79
LRJS no hay una previsión expresa en este sentido. Ciertamente, la aplicación
directa del régimen jurídico cautelar de la LEC permite concluir que es perfec-
tamente posible en el orden social de la jurisdicción la solicitud de medidas
cautelares antes del inicio del proceso principal. En este sentido, hay que re-
cordar que el artículo 730.2 LEC establece de manera taxativa lo siguiente.
“También se pueden solicitar medidas cautelares antes de la demanda si quien en aquel
momento las pide alega y acredita razones de urgencia o necesidad.”
Ahora bien, el precepto también prevé que las medidas que se hayan acordado
quedan sin efecto si la demanda no se presenta ante el mismo tribunal que
conoció de la solicitud de aquellas en los veinte días siguientes a su adopción.
Este condicionamiento legal de las medidas cautelares ante demandam al cum-
plimiento del requisito de interposición de la demanda dentro de los veinte
días posteriores a su adopción es muy lógico si se tiene en cuenta que el pro-
ceso cautelar es subsidiario del principal, hasta el punto de que si no nace el
proceso principal en el plazo inmediato legalmente establecido, no tiene nin-
gún sentido mantener las cautelas decretadas.
Otro de los aspectos que ha resultado históricamente muy controvertido en la
tramitación del proceso cautelar en el ámbito social ha sido la necesidad del
trámite de audiencia a la parte demandada antes de acordar en su contra la
medida cautelar. Esta controversia doctrinal venía alimentada por el silencio
de la antigua LPL en la regulación del embargo preventivo. Finalmente, el ar-
tículo 79.1 de la LRJS ha resuelto las dudas sobre este particular y ha previsto
como regla general la de oír a las partes antes de la resolución. No obstante,
la regla general tiene excepciones, y se prevé que se podrán acordar cautelas
inaudita pars de manera motivada cuando el solicitante así lo pida, y acredite
que concurren razones de urgencia, o que la audiencia previa pueda compro-
meter el buen fin de la medida cautelar. Esta solución finalmente adoptada
por la LRJS es prácticamente coincidente con la establecida en el proceso civil
por el artículo 733 LEC.
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 18 El proceso ordinario
1.3.4. Los presupuestos legales de las medidas cautelares
El artículo 728 LEC establece cuáles son los presupuestos legales para acceder a
las medidas cautelares, exigencias que tradicionalmente han sido proclamadas
tanto por la jurisprudencia como por la doctrina científica. Concretamente,
para decretar medidas cautelares es necesario que se justifique que el retraso en
la resolución del pleito principal puede dificultar la efectividad de la tutela que
se pueda otorgar en la sentencia que estime las pretensiones del demandante.
Es lo que la doctrina ha denominado periculum in mora.
El segundo presupuesto legal que resulta imprescindible para acceder a la me-
dida cautelar es que la reclamación que se formula en el litigio principal es-
té fundamentada jurídicamente y tenga la apariencia de buen derecho, dicho
de otro modo, fumus boni iuris. Naturalmente, si el órgano jurisdiccional con-
sidera que la pretensión contenida en la demanda es poco fundamentada y
que, por lo tanto, difícilmente puede prosperar, no se justificaría la adopción
de medidas cautelares, sobre todo porque estas son una carga que tiene que
soportar la parte demandada, carga que no se justificaría si la pretensión prin-
cipal resulta falta de fundamento. Estas previsiones generales del artículo 728
LEC son completamente aplicables al proceso social, pero no se puede decir
lo mismo del tercer presupuesto exigible en el proceso civil. Ciertamente, el
apartado 3 del artículo 728 LEC establece que, salvo que se disponga otra cosa
de manera expresa, el solicitante de la medida cautelar tiene que prestar cau-
ción suficiente para responder de los perjuicios que la medida cautelar pueda
causar al patrimonio del demandado.
Sin embargo, el artículo 79.1 LRJS ha previsto expresamente, para desvanecer
las dudas doctrinales que pudieran surgir de la aplicación de la norma civil,
lo siguiente:
“Los trabajadores y beneficiarios de prestaciones de la Seguridad Social y los sindicatos,
en cuanto ostenten la representación colectiva de sus intereses, así como las asociaciones
representativas de los trabajadores autónomos económicamente dependientes, estarán
exentos de la prestación de cauciones, garantías e indemnizaciones relacionadas con las
medidas cautelares que pudieran acordarse.”
Esto no significa que en la jurisdicción social el órgano judicial que acuerde
una medida cautelar no puede exigir caución al demandante; lo que quiere
decir es que no puede exigir esta caución si el demandante tiene la condición
de trabajador, de beneficiario de la Seguridad Social, de sindicato o de asocia-
ción profesional de autónomos dependientes. En los otros supuestos en los
que el demandante no tenga ninguna de las condiciones mencionadas –por
ejemplo, que el demandante sea el empresario–, está claro que el órgano ju-
dicial sí podrá exigir la caución a la parte actora para acceder a las medidas
cautelares que pida. Con esta cláusula, se pone nuevamente en evidencia el
carácter compensador del procedimiento laboral.
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 19 El proceso ordinario
1.3.5. Tipos de medidas cautelares en la jurisdicción social
En cuanto a los tipos de medidas cautelares que se pueden adoptar, hay que
tener en cuenta que, de acuerdo con el artículo 726.1 LEC, el tribunal puede
acordar como medida cautelar, respecto de los bienes y derechos del deman-
dado, cualquier actuación, directa o indirecta, que contribuya a hacer posible
la efectividad de la sentencia estimatoria que se pueda dictar y, además, que
resulte lo máximo de eficaz para el demandante y, a la vez, lo menos costosa
posible para el demandado. A partir de esta previsión general, se puede con-
cluir que la LEC configura un régimen abierto de medidas cautelares y no un
sistema limitado o cerrado, dado que no existe un numerus clausus de tipo de
medidas cautelares (Pedraz Penalva). El artículo 726.1 LEC relaciona un listado
de diez medidas cautelares específicas, particulares o clásicas, entre las cuales
se mencionan el embargo preventivo, la intervención o administración judi-
cial de bienes productivos, el depósito de una cosa mueble, la formación de
inventarios de bienes, la anotación preventiva de demanda a registros públi-
cos, la orden judicial de cesar provisionalmente en una actividad o de abste-
nerse temporalmente de llevar a cabo una conducta, etc. No obstante, en el
punto 11 de este apartado 1 del artículo 727 se incorpora una previsión com-
pletamente abierta de otros tipos de medidas cautelares:
“Las otras medidas que, para la protección de determinados derechos, prevean expresa-
mente las leyes o que se consideren necesarias para asegurar la efectividad de la tutela
judicial que se pueda otorgar en sentencia estimatoria que se dicte en el juicio.”
Este planteamiento abierto de los tipos de medidas cautelares que puede acor-
dar el órgano jurisdiccional vigente en el proceso civil es trasladable de manera
íntegra a la jurisdicción social mediante la previsión contenida en el artículo
79.1 LRJS, que establece lo siguiente.
“Las medidas cautelares que resulten necesarias para asegurar la efectividad de la tutela
judicial que se pudiera acordar en sentencia se regirán por lo que se dispone en los artícu-
los 721 a 747 LEC, con la necesaria adaptación a las particularidades del proceso social.”
Por lo tanto, con independencia de que en la LRJS se regulen medidas cautela-
res particulares o específicas para determinados procesos sociales, resulta muy
evidente que este texto procesal asume de manera íntegra el sistema civil de
numerus apertus en lo que respecta a la tipología de medidas cautelares que
pueden ser adoptadas. Es decir, el órgano jurisdiccional de lo social no tan solo
puede acordar aquellas medidas cautelares concretas enunciadas en el artículo
726.1 LEC así como aquellas otras específicamente laborales previstas en el ar-
tículo 79 y demás preceptos concurrentes de la misma LRJS, sino que también
puede adoptar, si resulta necesario para garantizar la tutela judicial efectiva,
cualquier otra medida no expresamente tipificada legalmente que resulte pre-
cisa y adecuada a las particularidades del litigio principal de que se trate.
Esta regulación legal de los tipos de medidas cautelares ha propiciado que la
doctrina clasificara las medidas cautelares entre las específicas o particulares,
que se encuentran previstas expresamente en la ley, y las indeterminadas o
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 20 El proceso ordinario
genéricas, las cuales no disfrutan de una expresa tipificación legal pero que
serán acordadas adaptándose al caso concreto de la tutela judicial requerida
en el proceso principal y siempre que no resulte aplicable ninguna medida
cautelar específica o particular prevista en la ley (Larrosa Amante).
Las medidas cautelares que específicamente se regulan en el artículo 79 LRJS
son las siguientes.
a) En los apartados 2, 3 y 4 del artículo 79 LRJS se establece una regulación
general del embargo preventivo. Esta es la cautela que tradicionalmente había
sido contemplada en el procedimiento laboral y la que tiene un uso más arrai-
gado en esta jurisdicción. Esta medida puede ser adoptada a instancia de parte
o del FOGASA cuando se pueda derivar responsabilidad para este organismo
e, incluso, se puede decidir de oficio por parte del órgano judicial. El precepto
condiciona la adopción de esta medida cuando se lleven a cabo actos del de-
mandado de los que se pueda presumir que este pretende situarse en estado
de insolvencia o impedir la efectividad de la sentencia.
b) En el apartado 5 del artículo 79 LRJS se prevé el embargo preventivo y otras
medidas cautelares legalmente previstas, en los casos de reclamaciones deriva-
das de accidente de trabajo y enfermedad profesional, y esto cuando se cons-
tate que el empresario no tuviera concertada la cobertura de estas contingen-
cias (artículo 79.5). Esta medida cautelar tiende a garantizar la percepción de
las correspondientes prestaciones de la Seguridad Social derivadas de la con-
tingencia profesional. En este punto, el precepto se remite y reitera la previ-
sión del artículo 142.1 LRJS. No obstante, en el punto siguiente del mismo
apartado 5 también se hace mención a la adopción de medidas cautelares en
demandas derivadas de accidente de trabajo o enfermedad profesional para
asegurar cualquier otra clase de responsabilidad empresarial o de terceros deri-
vada de estas contingencias. En este caso, el legislador está haciendo referencia
implícita a garantizar el cobro de las indemnizaciones por daños y perjuicios,
los recargos de prestaciones por falta de medidas de seguridad –artículo 123
LGSS– y las mejoras de prestaciones de seguridad social derivadas de contin-
gencia profesional y pactadas habitualmente en convenio colectivo, responsa-
bilidades empresariales todas estas que pueden derivar de accidente de trabajo
y enfermedad profesional y que se pueden producir además de las estrictas
prestaciones de seguridad social.
c) En el apartado 6 del artículo 79 LRJS también se contempla la posibilidad
de adoptar las mismas medidas cautelares previstas en el apartado anterior en
procedimientos referidos a resoluciones de la autoridad laboral sobre la para-
lización de trabajos por riesgo para la seguridad y salud de los trabajadores, así
como en el caso de responsabilidad empresarial sobre enfermedades profesio-
nales por falta de reconocimientos médicos, y esto con el objeto de asegurar
las responsabilidades empresariales que se puedan derivar de aquí, de acuerdo
con las previsiones de los artículos 195 y 197.2 LGSS.
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 21 El proceso ordinario
d) En el apartado 7 del artículo 79 LRJS se prevé que en demandas de extinción
de contrato a instancia del trabajador del artículo 50 ET, y en las que se justi-
fique que la conducta empresarial perjudica la dignidad o la integridad física y
moral del trabajador y pueda comportar una posible vulneración de sus demás
derechos fundamentales o libertades públicas o posibles consecuencias de tal
gravedad, que pudieran hacer inexigible la continuidad de la prestación en su
forma anterior, será posible acordar, a instancia del demandante, alguna de
las medidas cautelares contempladas en el artículo 180.4 LRJS, con manteni-
miento del deber empresarial de cotizar y de abonar el salario y sin perjuicio de
lo que se pueda resolver en sentencia. Concretamente, las medidas previstas
en este último precepto hacen referencia a la exoneración de la prestación de
servicios, el traslado de lugar o de centro de trabajo, la reordenación o reduc-
ción del tiempo de trabajo o cualquier otra medida que tienda a preservar la
efectividad de la sentencia.
Finalmente, también hay que poner de relieve que en el párrafo segundo del
artículo 79.1 LRJS se prevén cautelas específicas en procesos que versen sobre
la impugnación de actos de administraciones públicas dictados en materia la-
boral y de seguridad social. Tal y como ya se ha explicado en capítulos prece-
dentes, con la entrada en vigor de la Ley 36/2011 se experimentó una amplia-
ción del ámbito competencial de la jurisdicción social y, más concretamente,
se transfirió de la jurisdicción contenciosa a la social el conocimiento sobre
aquellas reclamaciones formuladas en contra de los actos administrativos dic-
tados en materia laboral, detalladas en el artículo 2, n) LRJS. Por lo tanto, con
la nueva Ley Procesal Laboral se atribuyen al orden social de la jurisdicción
nuevas materias consistentes en reclamaciones en las que la parte demandada
no tan solo está constituida por la Administración pública, sino que se impug-
nan resoluciones que ha dictado no en su condición de empresario, sino de
autoridad laboral.
Esta nueva circunstancia –que ya se producía en alguna modalidad procesal
de la LPL, pero que ahora se ha generalizado– aconsejó al legislador establecer
un régimen cautelar supletorio diferente al general de la LEC. De este modo,
se establece que cuando el proceso verse sobre la impugnación de actos de
administraciones públicas dictados en materia laboral y de seguridad social, la
adopción de medidas cautelares se regirá, en lo que no esté previsto en la LRJS,
por lo que dispone la Ley 29/1998, Reguladora de la Jurisdicción Contencio-
so-Administrativa, en sus artículos 129 a 136.
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 22 El proceso ordinario
2. La demanda
2.1. Concepto de demanda
La demanda es aquel acto de carácter formal que insta una parte y que da lugar
al inicio del proceso. A pesar de la existencia de la modalidad procesal deno-
minada procedimiento de oficio (arts. 148 a 150 LRJS), en todos los casos el
proceso laboral se inicia a instancia de una parte, incluso el procedimiento de
oficio, modalidad procesal que empieza a partir de la demanda interpuesta por
la autoridad laboral. Mediante la demanda, el ciudadano ejercita el derecho
fundamental a obtener la tutela judicial efectiva de sus derechos e intereses
legítimos, con la condición de que en la demanda no tiene que quedar defini-
tivamente fijada la pretensión del demandante, dado que en el acto de juicio
el demandante está facultado para introducir (artículo 85.1 LRJS) aclaraciones
y ampliaciones, aunque en ningún caso podrá introducir variaciones sustan-
ciales (Luján Alcaraz, 2001).
En realidad, la pretensión del proceso laboral se perfila en tres fases diferentes:
en el suplico de la demanda, en la fase de ratificación en el acto de juicio,
momento en el que se pueden plantear modificaciones no sustanciales, y en
la fase de conclusiones que pone fin a la vista oral, en la que el demandante
tendrá que plantear de manera definitiva cuáles son los pronunciamientos que
interesan del órgano jurisdiccional en el pleito (Montero Aroca, 2000).
2.2. Forma, contenido y requisitos de la demanda
A pesar de que rige en el proceso laboral el principio de oralidad, ya se puede
anticipar que la demanda constituye la excepción principal de esta regla ge-
neral, dado que un requisito esencial de la demanda es su formulación escrita
con un contenido mínimo legalmente exigible. El artículo 80.1 LRJS establece
de manera taxativa que la demanda se formulará por escrito, a pesar de que
el legislador pretende atenuar esta exigencia previendo que se podrán utilizar
formularios y procedimientos facilitados al efecto en la oficina judicial donde
se tenga que presentar. No obstante, hay que decir que a pesar de la voluntad
reiteradamente presente del legislador en esta norma procesal de minimizar
las formalidades para facilitar el acceso a la jurisdicción, hasta el punto de no
exigirse que la parte tenga que comparecer con abogado, graduado social o
procurador para su representación y defensa, la verdad es que la complejidad
de las cuestiones jurídicas que se pueden suscitar en el más sencillo de los
pleitos laborales aconseja –de manera casi ineludible– comparecer asistido por
un profesional, el cual tendrá que asumir como primera función –si tiene en-
comendada la defensa del demandante– la redacción de la demanda.
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 23 El proceso ordinario
La importancia de la demanda es muy evidente si se tiene en cuenta que este
acto procesal de la parte actora no tan solo diseña los rasgos básicos del objeto
litigioso sino que, además, señala el camino procesal –la modalidad procesal–
que considera la parte que habrá que seguir y, finalmente, suministra al órgano
judicial el relato de hechos básicos a partir de los cuales se tendrá que resolver
la petición formulada.
El artículo 80.1 LRJS fija explícitamente cuáles son los requisitos generales que
tendrá que contener el escrito de demanda. Este conjunto de datos que inelu-
diblemente se tendrá que hacer constar se puede agrupar en diferentes apar-
tados:
1) La designación del órgano judicial ante el que se presenta, así como la de-
signación de la modalidad procesal a través de la que considera la parte que se
tendrá que tramitar su pretensión, y esto sin perjuicio de que el órgano judi-
cial de oficio pueda reconducir la reclamación por la modalidad procesal que
considere adecuada (artículo 102.2 LRJS).
2) Identificación de las partes del proceso. Será necesario identificar la parte
demandante, con expresión del DNI o documento de identificación si es ex-
tranjero, así como de aquellos otros que tienen que ser llamados al proceso –
los demandados, por ejemplo– y sus domicilios, indicando el nombre y apelli-
do de las personas físicas y la denominación social de las personas jurídicas. Si
la demanda se dirige contra una masa patrimonial, patrimonio separado, en-
tidad o grupo falto de personalidad, además de identificarlos suficientemente,
se tendrá que hacer constar el nombre y apellidos de aquellos que aparezcan
como administradores, organizadores, directores, gestores, socios o partícipes,
así como sus domicilios, sin perjuicio de las responsabilidades legales de la
masa patrimonial o grupo y de sus gestores e integrantes.
3) Enumeración clara y concreta de los hechos sobre los que verse la preten-
sión y de todos aquellos que, según la legislación sustantiva, resulten impres-
cindibles para resolver las cuestiones planteadas. Sobre esta cuestión, hay que
tener en cuenta que en ningún caso se pueden alegar hechos diferentes a los
invocados en la papeleta de conciliación o en la reclamación previa, salvo he-
chos nuevos que no se hubieran podido conocer anteriormente. Además, hay
que prestar atención a que, a diferencia de lo previsto en el proceso ordina-
rio civil –artículo 399.4 LEC–, no es preceptivo hacer constar en la demanda
del proceso ordinario laboral –sí en alguna modalidad procesal específica– los
fundamentos jurídicos de la pretensión. Y si el demandante decide introducir
una fundamentación jurídica, cosa que admite plenamente la jurisprudencia
y que resulta aconsejable en litigios de cierta complejidad jurídica, resulta muy
conveniente hacerlo de manera separada respecto de los hechos, dado que
cuando el demandante mezcla hechos y fundamentos de derecho tiende a la
omisión de detalles fácticos relevantes para la resolución favorable del pleito.
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 24 El proceso ordinario
4) La súplica o pétita correspondiente, en los términos adecuados al contenido
de la pretensión. En este apartado, el legislador ha regulado de una manera
amplia y flexible cuál debe ser la concreción de la pretensión de la demanda,
haciendo posible que las pretensiones tengan un carácter puramente declara-
tivo de derecho o que consistan en pronunciamientos de condena, a diferen-
cia de lo que sucedía en textos pretéritos de la LPL –Alonso Olea, 1988– en los
cuales la petición únicamente podía formularse en términos de condena. En
esta cuestión, el Tribunal Constitucional ha mantenido que las acciones mera-
mente declarativas son admisibles en los procesos laborales cuando el interés
del actor se satisface con esta protección jurisdiccional, del mismo modo que
también ha declarado que no procede plantear al juez cuestiones futuras o hi-
potéticas o solicitar del órgano jurisdiccional opinión o consejo (STC 71/1991,
de 8 de abril).
5) Otros requisitos formales:
a) En la demanda se tendrá que hacer constar, cuando se litigue por sí mismo,
un domicilio –preferentemente en la misma localidad donde tenga la sede el
juzgado o tribunal– donde se tendrán que practicar todas las diligencias que
deban entenderse con el demandante. Esta designa se tendrá que hacer con
la indicación completa de todos los datos de identificación del domicilio faci-
litado, así como número de fax, teléfono y dirección electrónica, si dispone
de estos, a efectos de practicar todo tipo de comunicaciones por estos medios.
Esta referencia al fax, teléfono y dirección electrónica constituye una novedad
de la Ley 36/2011 que pretende incorporar las nuevas tecnologías como me-
dios de notificación ordinarios de los actos procesales y de las resoluciones del
órgano jurisdiccional, proceso de modernización que avanza muy lentamen-
te en el ámbito forense a pesar del redoblado esfuerzo en este sentido de las
recientes normas procesales.
b) La demanda también puede contener la designa de letrado, graduado social
o procurador. En este caso, el profesional designado deberá suscribir la deman-
da, de modo que se entenderá que asume la representación del demandante
con plenas facultades procesales, sin perjuicio de la ratificación posterior a
juicio del demandante, salvo que haya otorgado poder en forma por alguno
de los medios admitidos en derecho. En caso de designa de profesional, tam-
bién se tendrán que indicar los datos correspondientes a su domicilio en los
mismos términos a los que se ha hecho referencia anteriormente para la parte
cuando quiere comparecer por sí misma.
c) La demanda deberá contener la fecha y tendrá que ir firmada. No obstante,
la jurisprudencia ha declarado que la falta de firma es una omisión esencial
(STS 25-05-82) que se puede enmendar incluso por parte del demandante con
su ratificación en juicio (STS 4-07-88).
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 25 El proceso ordinario
Además del contenido del escrito de demanda, será necesario para su admisión
que este escrito vaya acompañado de la documentación justificativa de haber
intentado la conciliación o mediación previa o de haber transcurrido el plazo
exigido –15 días hábiles desde la fecha de la presentación de la papeleta– para
su ejecución sin haberse celebrado, o la documentación que acredite haber
agotado la vía administrativa, o la alegación de no ser necesaria esta, así como
el resto de la documentación de aportación preceptiva con la demanda en
función de la modalidad procesal de la que se trate.
Finalmente, junto con la demanda y documentación anexa hay que adjuntar
tantas copias como partes demandadas y otras interesadas haya, así como para
el Ministerio Fiscal cuando se trate de un proceso en el que legalmente este
tenga que intervenir.
En el apartado de formularios, se puede ver el modelo de demanda de recla-
mación de cantidad que se tendrá que tramitar mediante el proceso ordinario.
2.3. Trámite de subsanación y admisión de la demanda
Con la entrada en vigor de la Ley 13/2009, de 3 de noviembre, para la implan-
tación de la nueva oficina judicial, se introdujo en las normas procesales de
los diferentes órdenes jurisdiccionales bastantes modificaciones que intenta-
ban modernizar el funcionamiento de los juzgados y tribunales; y entre las
múltiples innovaciones, destacaban aquellas relacionadas con la potenciación
de la figura del secretario judicial mediante la atribución de competencias que
tradicionalmente habían sido otorgadas a los jueces y magistrados. Concreta-
mente, a partir de esta importante reforma procesal se asignó al secretario ju-
dicial el trámite de admisión de la demanda, es decir, la competencia para exa-
minar si la demanda reúne los requisitos de admisibilidad y, en caso afirmati-
vo, la decisión de admitirla a trámite y señalar fecha para los actos de conci-
liación y juicio. No obstante, se reservó por el titular del órgano jurisdiccional
la decisión de denegar la admisión de la demanda cuando esta no cumple los
requisitos de admisibilidad o simplemente cuando el juzgado o tribunal no es
competente para conocer del asunto. Estas modificaciones también fueron in-
troducidas en el texto entonces vigente de la LPL. Finalmente, la Ley 36/2011,
Reguladora de la Jurisdicción Social mantuvo íntegramente esta redistribución
de competencias entre juez y secretario judicial.
De este modo, el artículo 81 LRJS establece que el secretario judicial examinará
el escrito de demanda y, si considera que esta reúne los requisitos formales
exigibles en cuanto a su contenido y en cuanto a los documentos que lo tienen
que acompañar, dictará decreto por el que admitirá la demanda, dará traslado
de copia a la parte demandada y señalará fecha para los actos consecutivos de
conciliación ante sí mismo y juicio ante el juez o tribunal, citando las partes
al efecto.
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 26 El proceso ordinario
No obstante, si el secretario judicial, dentro de los tres días siguientes a la re-
cepción de la demanda, considera que concurren supuestos de falta de juris-
dicción o competencia, dará cuenta al juez o tribunal para que estos resuelvan
por auto si procede la admisión o la no admisión de la demanda.
Cuando el secretario judicial constate que el escrito de demanda tiene defectos
u omisiones que pueden impedir la válida continuación del proceso, o que
no se han acompañado los documentos preceptivos, requerirá la parte actora
para que enmiende el defecto observado en el plazo de cuatro días. Una vez
llevada a cabo la subsanación, el secretario admitirá la demanda; en cambio,
si no se ha subsanado el defecto observado, dará cuenta al juez o tribunal para
que, dentro de los tres días siguientes, este resuelva sobre la admisión de la
demanda en el sentido que sea. A pesar de esta regla general que condiciona
la admisión a la enmienda del defecto advertido, el apartado 3 del artículo 81
prevé una excepción para el supuesto en que no se ha aportado junto con la
demanda la certificación del intento de acto de conciliación o mediación pre-
via. En este caso, prevé la norma legal que se admitirá de manera provisional la
demanda y se señalará fecha para los actos de conciliación y juicio y, al mismo
tiempo, se advertirá al demandante que tiene que acreditar la celebración o el
intento de este acto en el plazo de quince días, se le apercibirá de archivo de
las actuaciones y quedará sin efecto el señalamiento en caso contrario.
Esta excepción ha sido interpretada de manera flexible por la doctrina del Tri-
bunal Constitucional (STC 69/1997), que considera que se cumple el designio
inspirador de este requisito si el demandante, en el plazo otorgado para en-
mendar la omisión, acredita el intento del acto de conciliación presentando
la correspondiente papeleta; es decir, si en lugar de aportar al órgano jurisdic-
cional la certificación de que se ha intentado la conciliación y que ha finali-
zado sin avenencia o sin efecto, se aporta únicamente la papeleta presentada
ante el servicio administrativo de conciliaciones, el cual posiblemente habrá
señalado la fecha de la conciliación más allá de los quince días concedidos a
la parte actora para enmendar el defecto.
En definitiva, en materia de no admisión de la demanda por no enmienda del
defecto observado, hay que tener en cuenta que la jurisprudencia constitucio-
nal tradicionalmente ha sostenido lo siguiente:
“La resolución de no admisión [de la demanda] o meramente procesal es, en principio,
constitucionalmente admisible, a pesar de que la interpretación judicial del correspon-
diente obstáculo procesal tiene que guiarse por un criterio pro actione que, teniendo siem-
pre presente la ratio de la norma y un criterio de proporcionalidad entre la entidad del
defecto advertido y la sanción derivada del mismo, no impida el conocimiento del fondo
de un asunto según meros formalismos o entendimientos no razonables de las normas
procesales.” (STC 65/1993.)
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 27 El proceso ordinario
2.4. El señalamiento de los actos de conciliación y juicio
Una vez verificado que la demanda reúne los requisitos para ser admitida o
una vez enmendados los defectos advertidos a la parte actora, el secretario ju-
dicial tiene que dictar decreto de admisión de la demanda y, de manera simul-
tánea, ha de señalar la fecha en que deberán tener lugar de manera sucesiva
los actos de conciliación y juicio. El artículo 82.1 LRJS prescribe que entre la
fecha de citación de las partes y la fecha en que han de tener lugar los actos
mencionados deberá transcurrir un mínimo de diez días, salvo los supuestos
en que la ley pueda prever otro plazo.
Para la elección de las fechas de señalamientos de conciliaciones y juicios, el
artículo 82 LRJS prevé que el secretario judicial seguirá las indicaciones y los
criterios generales establecidos por el titular del órgano jurisdiccional –artícu-
lo 182 LEC– y, además, intentará concentrar en una misma fecha los asuntos
que se refieran a los mismos interesados y que no puedan ser acumulados, así
como relacionar los señalamientos de asuntos que requieran conciliación pre-
via ante el secretario judicial con aquellos otros exentos de este trámite. Estas
previsiones innovadoras pretenden agilizar el funcionamiento de la oficina
judicial y ofrecer un mejor servicio al usuario de la Administración de justicia,
intentado evitar tiempos de espera innecesarios con una racionalización de los
señalamientos. En concreto, se prevé que se intentarán agrupar señalándose
de manera consecutiva las vistas de procesos con intervención del Ministerio
Fiscal, abogado del Estado, letrados de las Cortes Generales, letrados de la Se-
guridad Social, letrados de las comunidades autónomas o de la Administración
local. De todos modos, a pesar de la novedad de esta previsión, hay que decir
que tradicionalmente ha sido una práctica forense habitual el señalamiento
de manera agrupada en días determinados de los juicios con intervención de
la misma Administración demandada, como es el caso típico de las entidades
gestoras de la Seguridad Social.
En las cédulas de citación se hará constar que los actos de conciliación y juicio
no se podrán suspender por la incomparecencia del demandado. Igualmente,
se tendrá que hacer constar que los litigantes han de concurrir a juicio con los
medios de prueba de los que se intenten valer. También se dará a conocer a
las partes que pueden formalizar la conciliación para evitar el juicio median-
te su comparecencia en la oficina judicial, sin necesidad de esperar la fecha
señalada, o que pueden someter la cuestión litigiosa a los procedimientos de
mediación que pudieran estar constituidos de acuerdo con el artículo 63 LR-
JS, siempre y cuando no implique la suspensión de los actos señalados, salvo
el caso en que las partes soliciten la suspensión de mutuo acuerdo, supuesto
en el que se dará lugar a un aplazamiento no superior a los quince días de la
conciliación y juicio.
El apartado 5 del artículo 82 LRJS prevé que cuando la representación y de-
fensa a juicio sea atribuida al abogado del Estado, a los letrados de la Seguri-
dad Social, a los letrados de las comunidades autónomas o al de las Cortes
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 28 El proceso ordinario
Generales, se concederá un plazo de veintidós días entre la fecha de citación
de estas representaciones letradas y la fecha del juicio, y esto con el objeto de
que puedan efectuar las consultas pertinentes a las direcciones de los corres-
pondientes servicios jurídicos de estas administraciones. Este privilegio que
mantienen las administraciones públicas –ya era vigente en el texto de la LPL
de 1980– pugna claramente con el principio de celeridad, a pesar de que no
implica que durante este periodo de veintidós días entre citación y juicio no
puedan tener lugar otras actuaciones judiciales, lo que hará que el proceso no
se paralice (Molina Navarrete, 2012).
2.5. La suspensión de los actos de conciliación y juicio
El principio de celeridad también aconseja restringir al máximo las actuacio-
nes procesales dilatorias, entre las cuales destacan las suspensiones de las vistas
señaladas. A la restricción para suspender la conciliación y juicio con el objeto
de intentar la mediación en organismos constituidos al amparo de la negocia-
ción colectiva que se ha mencionado anteriormente, se tienen que añadir las
reglas limitativas contenidas en el artículo 83. En efecto, en el apartado 1 de
este precepto se prescribe que solo a petición de las dos partes o por motivos
justificados, acreditados ante el secretario judicial, se podrán suspender los ac-
tos de conciliación y juicio por una sola vez, y estos actos se señalan nueva-
mente dentro de los diez días siguientes. En el mismo párrafo se prevé que,
de manera excepcional, y por circunstancias trascendentes y adecuadamente
probadas, podrá acordarse una segunda suspensión.
En este mismo contexto de evitar suspensiones, el artículo 83.1, párrafo segun-
do, establece reglas para el caso de coincidencia de señalamientos de los abo-
gados o graduados que han asumido la representación o defensa de alguna de
las partes. La coincidencia de señalamientos constituye un motivo habitual de
suspensiones de juicios y la nueva LRJS aborda la problemática estableciendo
diferentes pautas. En primer lugar, se establece que la suspensión se justificará
únicamente cuando el profesional que tiene coincidencia de señalamientos
no pueda ser sustituido por un compañero por las razones que sean. En segun-
do lugar, si no es posible la sustitución del profesional, se intentará mantener
la fecha del señalamiento pero acomodando una hora diferente que sea com-
patible con la disponibilidad de los otros profesionales que intervienen en el
proceso. Finalmente, si tampoco es posible el mantenimiento de la fecha con
cambio temprano, se suspenderán los actos y se fijará un nuevo señalamiento
adoptando las medidas necesarias para evitar nuevas coincidencias.
De todos modos, conviene advertir que en materia de suspensiones no encon-
tramos demasiada concordancia entre la letra de la ley y la práctica forense,
dado que se da un tratamiento legal a la suspensión como si de un hecho ex-
cepcional se tratara cuando en la realidad es un suceso habitual, incluso fre-
cuente (López Cumbre, 2006). En efecto, si la coincidencia de los señalamien-
tos es un motivo corriente de suspensión en todas las jurisdicciones, en el
ámbito laboral hay otra razón añadida generadora de múltiples suspensiones:
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 29 El proceso ordinario
la posibilidad de culminar de manera satisfactoria un proceso de conciliación
que las partes han emprendido. Teniendo en cuenta la fuerte y tradicional im-
plantación de la conciliación en la jurisdicción laboral –a diferencia de lo que
sucede en la jurisdicción civil o contencioso-administrativa –, la proximidad
de un acuerdo entre partes antes del juicio suele llevar a los litigantes a solici-
tar, y al órgano jurisdiccional a conceder, la suspensión para intentar favorecer
una solución acordada por las partes, la cual normalmente se considera más
idónea que la impuesta por sentencia.
Una tercera causa frecuente de suspensión es aquella que decide de manera
discrecional el juez o tribunal antes de dar comienzo el acto de juicio –y a
veces, iniciado este– por circunstancias procesales imprevistas como la defec-
tuosa constitución de la relación procesal y la necesidad de ampliar demanda
contra un tercero, la conveniencia de hacer unas aclaraciones imprescindibles
de la demanda para evitar indefensiones, la imposibilidad de practicar una
prueba relevante que puede provocar la indefensión de la parte que se encuen-
tra privada de la misma, etc. Para resumir, encontramos un amplio abanico
de motivos procesales que aconsejan con frecuencia al juez decidir la suspen-
sión y sacrificar el principio de celeridad en pro de garantizar el cumplimiento
de las normas de tramitación procesal y el mismo derecho a la defensa de las
partes litigantes. Respecto a estos motivos de suspensión, hay que decir que
la Ley Procesal ni siquiera los menciona. En estos supuestos de suspensión a
instancia judicial, es el mismo juez o tribunal el que, en lugar del secretario
judicial, no tan solo decide la suspensión sino que también señala la nueva
fecha de conciliación y juicio.
2.6. La no comparecencia de las partes a los actos de conciliación
y juicio
Cuando la parte demandante ha sido citada en forma y no comparece ni tam-
poco alega justa causa que motive la suspensión de los actos de conciliación y
de juicio a los que ha sido convocada, el secretario judicial en el primer caso, o
el juez o tribunal en el segundo caso, la tendrán por desistida de su demanda
(artículo 83.2 LRJS) y, en consecuencia, ordenarán archivar las actuaciones sin
ningún trámite más. Se trata de un desistimiento tácito que no requiere de la
conformidad del demandado (STC 31/1990).
En cambio, en el punto 3 del mismo artículo 83 se prevé que la no compare-
cencia injustificada de la parte demandada no impedirá la celebración de los
actos de conciliación y juicio, y este continuará sin necesidad de declarar la
rebeldía del demandado, declaración que resulta imperativa en el proceso civil
(artículo 496 y siguientes LEC). De este modo, una vez constatada la no com-
parecencia de la parte demandada al acto de conciliación, el secretario judicial
extenderá un acta en la que hará constar que la conciliación se ha celebrado
con el resultado de “intentado sin efecto”, emplazando a la parte compareci-
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 30 El proceso ordinario
da al acto de juicio ante el juez o tribunal. De la no comparecencia de la par-
te demandada al acto de juicio no se deriva automáticamente que tenga que
prosperar la pretensión contenida en la demanda.
La parte actora tiene la carga de probar los hechos que constituyen la base de
su pretensión (artículo 217.2 LEC) y, por lo tanto, el juez o tribunal tendrá que
valorar el conjunto de la prueba aportada a juicio y, además, deberá considerar
si las normas jurídicas aplicables al caso amparan la petición contenida en la
demanda. Aunque es cierto que, de acuerdo con el artículo 91.1 LRJS, la no
comparecencia injustificada de la parte citada a interrogatorio podrá conside-
rarse como una conformidad tácita con los hechos y las pretensiones de la de-
manda, de aquí no se puede inferir que el juez o tribunal quede vinculado por
la conducta procesal de la parte demandada cuando tiene que resolver sobre
la cuestión litigiosa suscitada.
En cuanto a la valoración de la concurrencia de causa para justificar la no
comparecencia de una de las partes, la doctrina constitucional ha mantenido
que no existe discrecionalidad por parte del órgano jurisdiccional y que se tie-
ne que valorar en función de las circunstancias concretas, probadas e idóneas
para dar lugar a la suspensión (SSTC 9/1993 y 196/1994). La apreciación de
la concurrencia de motivos justificados para la suspensión del juicio se tiene
que hacer en el sentido más favorable para la efectividad de la tutela judicial
(STC 130/86).
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 31 El proceso ordinario
3. La conciliación y juicio
3.1. La conciliación ante el secretario judicial
Tal y como ya se ha indicado, a partir de las reformas introducidas por la Ley
13/2009, de 3 de noviembre, el secretario judicial asumió la función concilia-
dora en sede judicial que anteriormente era asumida exclusivamente por el
juez. La Ley 36/2011 ha mantenido esta función para el secretario judicial, a
pesar de que también ha querido mantener una segunda oportunidad de con-
ciliación en el acto de juicio y ante el juez o tribunal.
El artículo 84.1 LRJS establece que el secretario judicial intentará la concilia-
ción, llevando a cabo la labor mediadora que le es propia, y advertirá a las
partes de los derechos y obligaciones que puedan corresponderles. Si las par-
tes obtienen una avenencia, el secretario dictará un decreto y lo aprobará, y a
continuación ordenará el archivo de las actuaciones. Si antes de la fecha seña-
lada para la conciliación y juicio las partes llegan a un acuerdo, corresponderá
también al secretario judicial aprobarlo con la comparecencia de las partes an-
tes de la fecha señalada. Esta conciliación obtenida por las partes y autorizada
por el secretario judicial, según disponen expresamente los apartados 1 y 5 del
artículo 84 LRJS, tendrá a todos los efectos la consideración de conciliación
judicial y constituirá un título ejecutivo que se llevará a efecto –en caso de
incumplimiento total o parcial– por los trámites de ejecución de sentencias.
No obstante, también hay que decir que si el secretario judicial considera que
lo que han convenido las partes es constitutivo de lesión grave por alguno de
los litigantes o terceros, de fraude de ley, de abuso de derecho o contrario al
interés público, no aprobará el acuerdo, y advertirá a las partes que tienen que
comparecer en presencia judicial para la celebración del acto de juicio. Final-
mente, también puede suceder que las partes comparecidas ante el secretario
judicial no lleguen a una conciliación a pesar de los esfuerzos mediadores de
este. En este supuesto, el secretario extenderá un acta en la que hará constar
que las partes que han comparecido han finalizado el acto con el resultado de
“sin avenencia”, y las emplazará de inmediato a que comparezcan a presencia
judicial a efectos de celebrar el acto de juicio.
3.2. La conciliación ante el juez o tribunal
La función conciliadora en la jurisdicción laboral había sido asignada tradi-
cionalmente al magistrado de trabajo, el cual interponía sus buenos oficios
y exhortaba a las partes a la conciliación, cosa que lograba a menudo y que
ponía en evidencia que esta no era una institución fracasada como el acto
conciliatorio civil (Alonso Olea, 1985). Con la transformación de las Magistra-
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 32 El proceso ordinario
turas de Trabajo en Juzgados Sociales a partir de 1990, el legislador mantuvo
esta atribución para el titular del órgano jurisdiccional. No obstante, con la
entrada en vigor de la Ley 13/2009, la función conciliadora en el seno de los
órganos jurisdiccionales se transfirió a los secretarios judiciales, a pesar de que
el legislador no osó eliminar completamente la potestad conciliadora del juez
social, y esta competencia fue mantenida por el titular del órgano jurisdiccio-
nal en los casos en que la conciliación se produjera en el momento de iniciarse
o durante el acto del juicio.
La Ley 36/2011 Reguladora de la Jurisdicción Social no tan solo no ha elimi-
nado esta función conciliadora del juez, sino que ha optado por recuperarla,
evitando que fuera una actuación repetitiva de la mediación previa del secre-
tario judicial. De aquí viene que la LRJS no encomendara al juez una conci-
liación previa antes de empezar el acto de juicio, dado que el mismo intento
ya se ha hecho momentos antes frente al secretario judicial. No obstante, el
artículo 84.3 LRJS –al igual que el texto de la LPL del 2009– prevé que si no hay
avenencia ante el secretario judicial y se procede a celebrar el acto de juicio,
la aprobación del acuerdo conciliatorio que, en su caso, obtuvieran las partes,
corresponderá al juez o tribunal. Es decir, a pesar de que el juez no tiene en la
actualidad encomendado un papel tan activo en la conciliación como antes,
lo cierto es que la LRJS faculta al titular del órgano jurisdiccional a autorizar
una conciliación en el marco del acto de juicio.
No obstante, la tarea conciliadora del magistrado se ha visto reforzada con
una nueva previsión contenida en el artículo 85.8 LRJS, según la cual el juez o
tribunal dentro del mismo acto de juicio, una vez practicada la prueba y antes
de abrir la fase de las conclusiones, salvo que haya oposición de una de las
partes, podrá suscitar la posibilidad de llegar a un acuerdo y, en caso de no
obtenerlo en aquel mismo momento, proseguir la celebración del juicio. Por
lo tanto, a pesar de que la ley no ordene al magistrado desarrollar activamente
su tarea conciliadora como trámite preceptivo y previo al acto de juicio, sí que
lo faculta para autorizar la conciliación cuando las partes están en presencia
judicial antes, durante o después del juicio y antes de dictar la sentencia.
En definitiva, a partir de las previsiones de los artículos 83.4 y 85.8 LRJS, es po-
sible concluir (Alfonso Mellado, 2012) que la avenencia entre las partes puede
ser aprobada por parte del juez o tribunal en cualquier momento anterior al
dictado de la sentencia. Incluso, en el trámite de recurso devolutivo (artículo
235 LRJS) y en el de ejecución de sentencia (artículo 246 LRJS), el tribunal re-
visor de la sentencia, en el primer caso, o el órgano jurisdiccional ejecutor –
que no siempre coincide con el que ha dictado la sentencia–, en el segundo
caso, pueden autorizar, después de pronunciada la sentencia, una conciliación
que habrá que documentar en acta y que, una vez homologada por auto del
juez o tribunal, pondrá fin al litigio sustituyendo la sentencia dictada por un
convenio transaccional.
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 33 El proceso ordinario
En último lugar, conviene recordar que, de conformidad con lo previsto en el
artículo 84.5 LRJS, la conciliación y los acuerdos aprobados por el secretario
judicial o, en su caso, por el juez o tribunal, se llevarán a efecto por los trámites
de la ejecución de sentencia en el supuesto de que la parte obligada no dé
cumplimiento a los compromisos asumidos.
3.3. La impugnación de la conciliación judicial
La conciliación obtenida por las partes y autorizada por el secretario judicial o
por el juez o tribunal podrá ser objeto de impugnación, según prevé el artículo
84.6 LRJS, por las mismas partes que lo han suscrito o por terceros perjudica-
dos por el acuerdo. Esta acción de impugnación de la conciliación se tendrá
que ejercitar ante el mismo órgano jurisdiccional donde se concertó. La acción
caducará para las partes que quieran impugnar a los 30 días desde la fecha de
su concertación; en cambio, para los terceros que pretendan la impugnación,
el plazo contará desde el momento en que tengan conocimiento de la conci-
liación firmada por las partes. El ejemplo más corriente de tercero perjudicado
por la conciliación obtenida entre empresario y trabajador es el Fondo de Ga-
rantía Salarial, dado que, si finalmente la empresa no cumple los compromi-
sos salariales o de indemnización adquiridos, corresponderá a este organismo
abonar de manera subsidiaria –con las limitaciones legales establecidas en el
artículo 33 ET– una buena parte de las deudas impagadas.
Las causas que pueden invocar las partes para ejercitar la acción de nulidad son
aquellas que invalidan los contratos, como serían la falta de consentimiento,
de objeto o de causa (artículo 1261 Código civil). Por el contrario, los terceros
que quieran impugnar la conciliación tendrán que sostener su pretensión en
la ilegalidad y la lesividad.
Este proceso de impugnación es idéntico al previsto en el artículo 67 LRJS para
los acuerdos en conciliación o avenencia de carácter extrajudicial, dado que
coinciden los sujetos legitimados, las causas de impugnación y el plazo para
ejercitar la acción.
3.4. El juicio
3.4.1. Concepto y principios rectores
El juicio es aquel conjunto de gran complejidad de numerosos actos procesa-
les, regulado por normas de derecho necesario, singularmente aquellas que
aseguran el principio de igualdad al garantizar idénticas oportunidades de de-
fensa a las partes (Alonso Olea, 1988). Esta sucesión ordenada y consecutiva
de actos procesales se lleva a cabo ante el magistrado, las partes y, en su caso,
los abogados o graduados sociales de los litigantes. En el juicio social rige el
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 34 El proceso ordinario
principio de unidad de acto, de modo que aunque la vista oral se suspenda,
su prosecución no es un acto distinto sino la continuación del mismo (STC
130/1989, de 17 de julio).
El desarrollo de la sesión se grabará, de acuerdo con lo previsto en el artículo
89 LRJS, en soporte apto para la grabación y reproducción del sonido y de la
imagen. El secretario judicial tendrá que custodiar el documento electrónico
que sirve de soporte a la grabación y las partes podrán pedir copia del mismo.
La celebración del juicio no requerirá la presencia del secretario judicial siem-
pre y cuando este garantice la autenticidad e integridad de la grabación de la
vista oral, salvo que lo pidieran las partes con anterioridad o que el secreta-
rio lo estime oportuno en atención a la complejidad del litigio. Tan solo en
el supuesto de que no fuera posible la grabación del juicio con las garantías
antes mencionadas, el secretario tendrá que asistir necesariamente al acto de
juicio y extender un acta escrita con los datos que quedan indicados en el ar-
tículo 89 LRJS, tales como lugar y fecha, juez o tribunal que preside, peticio-
nes y propuestas de las partes, medios de prueba propuestos, declaración de
pertinencia, resoluciones verbales que adopte el juez o tribunal así como otras
circunstancias e incidencias que no pudieran constar en la grabación. Cuan-
do la grabación no solo no se pudiera producir con las garantías legales del
artículo 89, sino que no fuera posible utilizar ningún mecanismo de grabación
del sonido y la imagen por el motivo que sea, en este caso también será pre-
ceptiva la asistencia del secretario judicial y, además, será necesario que este
extienda un acta con más datos y más completa que la prevista en el punto
3 del artículo 89 LRJS.
En el acto de juicio, tal y como destaca unánimemente la doctrina, rigen en
plenitud los principios caracterizadores del proceso laboral de oralidad, inme-
diación, concentración y celeridad. En efecto, en el plenario de oimiento las
partes formulan verbalmente sus alegaciones en cada una de las diferentes fa-
ses; también las pruebas de interrogatorio de partes, de testigos y pericial se
practican de forma oral y el juez o tribunal ordena las diferentes actuaciones y
resuelve las incidencias que se puedan producir de manera oral. La inmedia-
ción es igualmente absoluta dado que todas las actuaciones de las partes o de
terceros intervinientes se llevan a cabo en presencia del juez o tribunal. En lo
que respecta a la concentración, el acto de juicio se perfila como un conjunto
de actuaciones procesales –ratificación de la demanda, contestación, réplica,
práctica de la totalidad de la prueba y formulación de conclusiones– que se
llevan a cabo de manera consecutiva sin interrupción y en unidad de acto.
Finalmente, en cuanto al principio de celeridad, es precisamente por la con-
currencia en el acto de juicio de los tres principios precedentes como se hace
efectiva la celeridad en la tramitación y resolución del pleito laboral.
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 35 El proceso ordinario
3.4.2. El incidente previo
Este primer acto procesal en el juicio laboral constituye una novedad introdu-
cida por la Ley 36/2011. Su inserción en el proceso social recuerda un trámite
bastante parecido –la audiencia previa– que fue integrado en el proceso civil
con la entrada en vigor de la Ley 1/2000, de Enjuiciamiento Civil. Está claro
que se ha tenido en cuenta la positiva experiencia de la audiencia previa en la
jurisdicción civil para profundizar con este nuevo incidente previo en aspec-
tos importantes del juicio laboral como el de la celeridad en la resolución de
las cuestiones de fondo.
El artículo 85.1 LRJS prevé que se resolverá, con carácter previo y de manera
motivada, en forma oral y oídas las partes, sobre:
1) Las cuestiones previas que se puedan formular en este acto.
2) Los recursos y otras incidencias pendientes de resolución, sin perjuicio de
la ulterior sucinta fundamentación en sentencia, cuando proceda.
3) Las cuestiones que el juez o tribunal pueda plantear en este momento sobre
su competencia, presupuestos de la demanda, alcance y límites de la preten-
sión formulada, respetando las garantías procesales de las partes y sin prejuz-
gar el fondo del asunto.
Por lo tanto, la finalidad de este nuevo trámite procesal no es otra que evitar
suspensiones y aplazamientos del juicio por la existencia de obstáculos proce-
sales, y facilitar que el juez o tribunal puedan entrar en la resolución de las
cuestiones de fondo que interesa las partes una vez eliminados los impedimen-
tos formales y después de centrar de manera conjunta con las partes el tema
decidendi. En definitiva, se puede decir que el objetivo del incidente previo no
es otro que el desbroce procesal del camino para hacer posible la celebración
del acto de juicio y la resolución de la cuestión de fondo interesada por las
partes. No obstante, hay que decir que la práctica forense de manera genera-
lizada ya venía aplicando este filtro antes de iniciarse la vista oral y, por lo
tanto, el legislador no hace más que convertir en norma positiva una práctica
habitual en los órganos jurisdiccionales del orden social, que permite agilizar
notablemente la resolución de los litigios laborales.
3.4.3. La ratificación y la contestación a la demanda
Una vez resueltas, si es que se ha dado el caso, las cuestiones previas, el de-
mandante se ratificará en la demanda o la ampliará, a pesar de que no podrá
hacer ninguna variación sustancial. La parte actora también podrá reducir la
pretensión de su demanda, es decir, hacer desistimientos parciales. Igualmen-
te, si se ha dirigido la demanda contra diferentes demandados, el demandante
podrá desistir de la acción dirigida en contra de alguno de estos, a pesar de que
deberá valorar primero si este desistimiento no supone problemas de litiscon-
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 36 El proceso ordinario
sorcio pasivo necesario. Para apreciar una variación sustancial, es preciso que
la modificación que se propone, para afectar de manera decisiva a la configu-
ración de la pretensión ejercitada o a los hechos en los que esta se fundamen-
ta, introduzca un elemento de innovación esencial en la delimitación del ob-
jeto del proceso, susceptible, a la vez, de generar por la parte demandada una
situación de indefensión (SSTS 12-12-88 y 9-11-89). En cambio, la variación
de la fundamentación jurídica contenida en la demanda o su introducción ex
novo –si en la demanda no se había mencionado– no constituye una modifi-
cación sustancial (STS 2-04-70).
De todos modos, también hay que tener en cuenta que, según prevé el artículo
80.1.c) LRJS, en ningún caso podrán alegarse hechos diferentes de los aducidos
en el trámite de conciliación, mediación o en la vía administrativa previa. Y si
la parte demandada considera que se han modificado de manera esencial los
hechos de la demanda hasta el punto de afectar a su derecho a la defensa, dado
que no ha comparecido a juicio preparado para defenderse de estos hechos
nuevos, lo ha de manifestar en aquel momento para que el juez o tribunal re-
chace esta modificación o, en el supuesto de que sea admitida la modificación
por el órgano jurisdiccional, el demandante pueda hacer constar formalmente
su protesta para invocar este defecto formal en el trámite de recurso.
A continuación, el demandante contestará la demanda afirmando o negando
concretamente los hechos de la demanda y alegando cuantas excepciones es-
time procedentes. La oposición a la demanda se puede articular en un doble
frente: mediante la alegación de motivos técnicos-procesales o la invocación
de motivos jurídicos-materiales (Baylos, Cruz y Fernández, 1995). Los moti-
vos técnicos-procesales hacen referencia a las excepciones que puede alegar la
parte demandada en el momento de contestar la demanda, tales como la in-
competencia del órgano jurisdiccional para conocer del asunto, falta de capa-
cidad o legitimación de las partes, litispendencia, cosa juzgada, inadecuación
de procedimiento, etc. La estimación de cualquiera de estas excepciones daría
lugar a desestimar la demanda sin entrar en el fondo de la cuestión suscita-
da, es decir, a una absolución en la instancia. En el momento en que la parte
demandada alega en contestación a la demanda una excepción, procede dar
traslado de esta alegación a la parte actora para que esta pueda dar respuesta.
La invocación de motivos jurídicos-materiales como pueden ser la falta de de-
recho, el pago de la cantidad reclamada, su prescripción, etc. puede dar lugar,
si prospera, a la absolución de la parte demandada en cuanto a la reclamación
de fondo formulada.
La contestación a la demanda no siempre es de pura y total oposición a los
hechos y a las pretensiones de la parte actora. También es posible que la de-
mandada se avenga en parte a alguna de las pretensiones de la demandante o,
incluso, que muestre conformidad con los hechos y peticiones formulados en
el escrito de demanda. Por lo tanto, habrá que distinguir los casos en los que el
demandado muestra conformidad con los hechos de la demanda pero no en
cuanto a las peticiones contenidas en la misma de aquellos otros supuestos en
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 37 El proceso ordinario
los que la conformidad es en hechos y en pretensiones. En este último supues-
to, se está ante un allanamiento a la demanda, que puede ser total o parcial
y que produce unos determinados efectos jurídicos. Ciertamente, el apartado
7 del artículo 85 LRJS prevé que en caso de allanamiento total o parcial será
aprobado por el órgano jurisdiccional, oídas las demás partes, de no incurrir
en renuncia prohibida de derechos, fraude de ley o perjuicio de terceros o ser
contrario al interés público, mediante resolución que podrá dictarse de mane-
ra oral. Si el allanamiento fuera total se podrá dictar, si el órgano jurisdiccional
no percibe ningún impedimento, una sentencia condenatoria de acuerdo con
las pretensiones del actor. Cuando el allanamiento sea parcial, se puede dictar
un auto aprobatorio, el cual se podrá llevar a efecto por el trámite de ejecución
definitiva parcial, siempre y cuando, por la naturaleza de las pretensiones, sea
posible un pronunciamiento separado que no prejuzgue el resto de las cues-
tiones en las que no hay allanamiento, respecto de las cuales continuará el
juicio y se dictará la correspondiente sentencia.
El apartado 3 del artículo 85 LRJS también contempla la posibilidad de que la
parte que ha sido demandada pueda oponerse a la reclamación que le formu-
lan mediante reconvención. La reconvención supone una acumulación obje-
tiva de acciones y consiste en que la parte demandada aprovecha el litigio que
se ha dirigido en su contra para articular a la vez y en el mismo proceso una
acción en contra del demandante, que, en virtud de esta reclamación reactiva,
pasa a ser al mismo tiempo demandado. La nueva regulación de la LRJS es
bastante más precisa que la precedente y ha incorporado los criterios jurispru-
denciales que ya eran de aplicación.
De este modo, de acuerdo con la norma legal vigente, únicamente tiene via-
bilidad procesal la reconvención cuando reúne los requisitos siguientes.
1) Que haya sido anunciada en el trámite de conciliación/mediación o en el
trámite de contestación de la reclamación previa.
2) Que en el momento de anunciarse la reconvención se hayan expuesto los
hechos en los que se funda y la reclamación concreta que se formula.
3) Que el órgano jurisdiccional que conoce del proceso principal también sea
competente para conocer de la acción reconvencional.
4) Que la acción reconvencional se pueda sustanciar en la misma modalidad
procesal que el proceso principal.
5) Que haya una conexión entre las pretensiones de la reconvención y las que
son objeto del proceso principal.
A partir de estas exigencias, no es difícil intuir que el legislador pretende aca-
bar con reconvenciones planteadas por sorpresa y que niegan el derecho a la
defensa de la parte demandante. En el momento en que la parte demandada
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 38 El proceso ordinario
formula la reconvención, es obligado dar traslado al resto de las partes para
que puedan contestar adecuadamente la demanda reconvencional. La recon-
vención tiene como objeto la economía procesal y ahorrar nuevos procesos,
haciendo posible que en el marco de un mismo pleito se puedan resolver dos
reclamaciones entrecruzadas. Si en el acto de juicio se ha articulado la deman-
da reconvencional, la sentencia que se dicte no solo tendrá que resolver sobre
las pretensiones contenidas en la demanda, sino que también deberá pronun-
ciarse sobre la petición contenida en la demanda reconvencional.
En último lugar, hay que dejar constancia de que la norma legal establece so-
bre la reconvención que no será necesaria para alegar la compensación por
deudas, siempre que sean vencidas y exigibles y no se formule pretensión de
condena reconvencional y, en general, cuando el demandado esgrima una
pretensión que tienda exclusivamente a ser absuelto de la pretensión de la de-
manda principal, siendo suficiente que se alegue en el trámite de contestación
a la demanda.
3.4.4. La intervención del juez y de las partes y la fijación de
hechos
Después del trámite de contestación a la demanda o, en su caso, después de la
réplica de la parte actora para contestar a la demanda reconvencional o para
dar respuesta a las excepciones invocadas de contrario, las partes harán uso de
la palabra tantas veces como el juez o tribunal lo consideren oportuno (artícu-
lo 85.4 LRJS). Igualmente, las partes litigantes podrán alegar lo que estimen
oportuno en relación con lo que está previsto en el artículo 191.3, apartado
b) LRJS, que hace referencia a la afectación general del litigio a los efectos de
interponer el recurso de suplicación.
Antes del inicio de la fase procesal establecida para la práctica de la prueba,
el artículo 85.6 LRJS prevé una fase previa consistente en que las partes o sus
defensores con el tribunal fijarán los hechos sobre los que exista conformidad
o disconformidad, y se consignará, en caso necesario, una sucinta referencia a
aquellos extremos esenciales que son conformes entre partes a los efectos de
ulterior recurso. Igualmente, podrán facilitar las partes unas notas breves de
cálculo o resumen de datos numéricos.
Este trámite procesal previo a la práctica de la prueba es relativamente nuevo,
dado que fue introducido en el proceso laboral por la Ley 13/2009, pero resulta
de una gran utilidad práctica de cara a aligerar y simplificar la prueba para las
partes, además de contribuir notablemente a centrar al máximo el objeto liti-
gioso. Si se tiene en cuenta que tanto las pretensiones que se contienen en la
demanda como los motivos de oposición a la misma se apoyan normalmente
en unos determinados hechos, se comprenderá la importancia que tiene pro-
bar hechos que son la base de las pretensiones de las partes. Por este motivo,
los litigantes acuden a juicio habitualmente abastecidos de gran cantidad de
material probatorio –documentos, informes periciales, testigos, etc.–, material
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 39 El proceso ordinario
que puede resultar en gran parte superfluo si de manera previa a la apertura
del periodo de prueba el juez y las partes convienen la relación de hechos ne-
cesarios para resolver el litigio que son conformes entre las partes, hechos que
suelen ser bastante más que los que suponen los litigantes antes del juicio. La
concertación entre las partes y el órgano jurisdiccional de aquellos hechos que
son pacíficos y conformes entre las partes permite liberar a los litigantes de
tener que practicar ningún tipo de prueba sobre estos, cosa que obliga a redu-
cir el volumen de la prueba que inicialmente se habría propuesto y que aligera
y acorta notablemente el tiempo que se tendrá que emplear para la práctica
de la prueba. Además, la fijación conjunta de las partes y el juez o tribunal
de los hechos que realmente son controvertidos y necesarios para resolver el
pleito también contribuye a simplificar el juicio dado que obliga a las partes
a hacer el esfuerzo probatorio sobre aquellos temas que no tan solo resultan
verdaderamente controvertidos sino que, además, son realmente necesarios,
lo que permite obviar otros que resultan auténticamente superfluos para la
resolución del litigio.
En definitiva, se tiene que destacar que este nuevo trámite procesal resulta de
gran utilidad de cara a simplificar notablemente la práctica de la prueba. No
obstante, también hay que decir que la efectividad de este trámite exige que
las partes y el órgano jurisdiccional presten la atención suficiente y hagan el
esfuerzo necesario para lograr, en pocos minutos, sintetizar la base fáctica sobre
la que se apoya el litigio, y la experiencia práctica demuestra que no siempre
el órgano jurisdiccional y las partes extraen todo el rendimiento que permite
el trámite, abriéndose a menudo el periodo de prueba sin haber aprovechado
todas las posibilidades de centrar la controversia fáctica en aquellos puntos
que son realmente necesarios para el pleito y que resultan verdaderamente
controvertidos para los litigantes.
3.4.5. La prejudicialidad penal y social
El artículo 4 LRJS prevé que la competencia de los órganos jurisdiccionales
del orden social se extenderá al conocimiento y la decisión de las cuestiones
previas y prejudiciales no pertenecientes a este orden y que estén directamen-
te relacionadas con las atribuidas al mismo. Estas cuestiones previas y preju-
diciales serán decididas en la resolución judicial que ponga fin al proceso, y
la decisión que se pronuncie no producirá efecto fuera del proceso en que se
dicte. Esta regla general coincide con la previsión del artículo 10.1 LOPJ, que
prescribe que, a los solos efectos prejudiciales, cada orden jurisdiccional podrá
conocer de asuntos que no le estén atribuidos de manera privativa.
El punto 2 del mismo artículo 10 LOPJ establece la excepción indicando que
la existencia de una cuestión prejudicial penal de la que no pueda prescindirse
para la debida decisión o que condicione directamente el contenido de esta
determinará la suspensión del procedimiento, mientras aquella no sea resuelta
por los órganos penales a los que corresponda, salvo las excepciones que la ley
establezca. No obstante, a pesar de esta regla general de la LOPJ, el apartado 3
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 40 El proceso ordinario
del artículo 4 LRJS prevé expresamente una excepción y dispone que las cues-
tiones prejudiciales penales solo suspenderán el plazo para adoptar la debida
decisión cuando se basen en falsedad documental y su solución sea del todo
punto indispensable para dictarla.
El artículo 86 LRJS reitera la previsión contenida en el artículo 4 para el su-
puesto de suscitarse la cuestión prejudicial penal en el acto de juicio. La nor-
ma repite la previsión de que en ningún caso se suspenderá el proceso labo-
ral para seguirse causa criminal sobre los hechos debatidos. No obstante, tam-
bién precisa que en el supuesto de que fuera invocada por una de las partes
la falsedad de un documento que pueda tener una influencia notoria en el
pleito, porque no pueda prescindirse de la resolución de la causa criminal pa-
ra la debida decisión o condicione directamente el contenido de esta, conti-
nuará el acto de juicio hasta el final, y en el caso de que el juez o tribunal
considere que el documento pudiera ser decisivo para resolver sobre el fondo
del asunto, acordará la suspensión de las actuaciones posteriores y concederá
un plazo de ocho días al interesado para que aporte documento que acredite
haber presentado querella. Esta suspensión se mantendrá hasta que se haya
dictado sentencia o auto de sobreseimiento de la causa criminal. Sobre esta
cuestión, la jurisprudencia ha precisado que no es suficiente tachar de falso el
documento para suspender el proceso (STS 27-01-73), y se tiene que acreditar
en el plazo legalmente establecido la interposición de la querella criminal (STS
1-02-72). La jurisprudencia también ha subrayado que la prejudicialidad penal
suspensiva se ciñe exclusivamente a la falsedad documental, de modo que la
existencia de un auto de procesamiento por apropiación indebida de una de
las partes no daría lugar a la suspensión de las actuaciones (STS 23-11-71).
En definitiva, nuevamente se pone de relieve la preeminencia que otorga el
legislador al principio de celeridad, evitando que el proceso social se suspen-
da y se aplace por la existencia de cuestiones prejudiciales no pertenecientes
al orden jurisdiccional social, al establecer que el juez o tribunal continúe el
juicio y dicte sentencia, salvo en el caso de seguirse causa penal por falsedad
de un documento que pueda tener notoria influencia en el pleito. Es más, si
la parte que denuncia esta falsedad no acredita la interposición de la querella
criminal en el plazo de ocho audiencias, el juez o tribunal tendrá que dictar
sentencia y valorar este documento en el sentido que estime pertinente, sin
que esta valoración produzca más efecto que la propia en el mismo pleito so-
cial, sin más trascendencia fuera de este proceso.
De todas formas, también hay que indicar que esta independencia de jurisdic-
ciones queda atenuada (Galiana Moreno y Luján Alcaraz, 2012) cuando en
el punto 3 del artículo 86 se prevé que, si cualquier otra cuestión prejudicial
penal diera lugar a sentencia absolutoria por inexistencia de hecho o por no
haber participado el sujeto en el mismo, restará abierta contra la sentencia
dictada por el juez o la sala del social la revisión, permitiéndose la rescisión de
la sentencia dictada y, consecuentemente, hacer efectiva cierta compatibilidad
entre las resoluciones dictadas en los dos órdenes jurisdiccionales, de modo
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 41 El proceso ordinario
que se pueda evitar, en palabras del Tribunal Constitucional (STC 24/1984),
que “unos mismos hechos no puedan existir y dejar de existir para los órganos
del Estado”.
3.4.6. Proposición y práctica de la prueba
El objeto de prueba
Una vez que el juez o tribunal conjuntamente con las partes han fijado los
hechos sobre los que existe conformidad o disconformidad, se abrirá el perio-
do de prueba. En esta fase procesal, las partes podrán solicitar del órgano ju-
risdiccional la práctica de la prueba que estimen conveniente para acreditar
aquellos hechos necesitados de prueba y que son precisos para fundamentar
las respectivas pretensiones. Las partes del proceso tienen constitucionalmen-
te garantizado –artículo 24.2 CE– utilizar los medios de prueba pertinentes pa-
ra su defensa. El artículo 87.1 LRJS establece una serie de reglas que el órgano
jurisdiccional deberá tener en cuenta para admitir la prueba que propongan
las partes.
En primer lugar, es preciso que la prueba se pueda practicar en el mismo acto
de juicio. En segundo lugar, es necesario que no exista conformidad entre las
partes en el hecho sobre el cual se proponga practicar la prueba, salvo los casos
en los que la materia objeto del proceso esté fuera del poder de disposición de
los litigantes. Además, para admitir las pruebas propuestas será necesario que
estas sean útiles y directamente pertinentes para el que constituya el objeto
litigioso y para las alegaciones o motivos de oposición formulados en los trá-
mites previos de ratificación a la demanda y de oposición a esta.
Incluso se prevé que se puedan admitir aquellas pruebas que se estimen im-
prescindibles y que requieran la traslación del juez o tribunal fuera del local
donde tiene lugar el juicio, caso en el que se suspenderá el juicio por el tiempo
estrictamente necesario para poderlas practicar. Los litigantes también quedan
exentos de probar hechos negativos, dado que la prueba negativa de hechos
es inexigible y puede causar indefensión (STC 140/94).
Las partes tampoco tendrán que probar ni los hechos que disfruten de noto-
riedad absoluta y general –artículo 281.4 LEC– ni tampoco aquellos hechos
que disfruten legalmente de la presunción de certeza –artículo 385 LEC–, salvo
que en este último supuesto la parte quiera destruir esta presunción legal, caso
en el que sí tendrá derecho a practicar una prueba en contra de esta. La Ley
36/2011 prevé algunas presunciones legales que eximen de prueba a quien las
invoca. Por ejemplo, las afirmaciones de hecho contenidas en las resoluciones
del FOGASA quedan exentas de prueba por parte de este organismo en aque-
llos procesos dirigidos en su contra, a pesar de que admiten prueba en contra-
rio (artículo 23.7 LRJS).
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 42 El proceso ordinario
Después de la exposición por cada una de las partes litigantes de la prueba que
quieren practicar en el acto de juicio, el órgano jurisdiccional resolverá sobre
su pertinencia y determinará la naturaleza y clase del medio de prueba de cada
una de las mismas según lo establecido en el artículo 299 LEC.
Según este precepto civil, los medios de prueba que se podrán emplear en
juicio son los siguientes:
• Interrogatorio de las partes.
• Documentos públicos.
• Documentos privados.
• Dictamen de peritos.
• Reconocimiento judicial.
• Interrogatorio de testigos.
El mismo precepto añade que también se admitirán los medios de reproduc-
ción de la palabra, el sonido y la imagen, así como los instrumentos que per-
miten archivar y conocer o reproducir palabras, datos, cifras y operaciones
matemáticas llevadas a cabo con finalidades contables o de otra clase relevan-
tes para el proceso. Finalmente, el mismo artículo también prevé que, cuando
por cualquier otro medio no expresamente previsto en los apartados anteriores
se pudiera obtener la certeza sobre hechos relevantes, el tribunal, a instancia
de parte, lo admitirá como prueba y adoptará las medidas que en cada caso
resulten necesarias.
La doctrina ha reprochado a este precepto procesal civil su carácter confuso,
dado que mezcla lo que son fuentes de prueba con lo que son los medios de
prueba (Montero Aroca, 2000). De este modo, se considera que hay que dis-
tinguir entre los dos conceptos, y las fuentes de prueba son aquellos elementos
que existen en la realidad con anterioridad y con independencia del proceso.
En cambio, el medio de prueba es aquella actividad que hay que desplegar
en juicio para incorporar la información que contiene la fuente de prueba al
proceso. Por ejemplo, en el caso de la prueba testifical, el testigo y el conoci-
miento que tiene de los hechos –es la fuente de prueba– es anterior al proceso
y existe aunque nunca tuviera lugar el proceso. Una vez iniciado el proceso,
una de las partes puede emplear esta fuente para convencer al juzgador de la
realidad de sus afirmaciones fácticas y, con este objeto, ofrecerá un método
consistente en la declaración del testigo en juicio (es el medio de prueba).
Por lo tanto, en el caso del interrogatorio de testigos, la persona que testifica
es la fuente de la prueba y su declaración hecha en juicio constituirá el medio
de prueba. La conclusión que se puede extraer a partir de la distinción entre
fuentes de prueba y medios de prueba es que en el artículo 299 LEC, el legisla-
dor ha relacionado un numerus clausus de medios de prueba pero, a la vez, ha
previsto una relación abierta de las fuentes de prueba, cuya información podrá
ser incorporada al proceso con los medios de prueba legalmente establecidos.
La dificultad será determinar por qué medio de prueba se incorpora la infor-
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 43 El proceso ordinario
mación de una determinada fuente. Y de acuerdo con lo que se establece en
el artículo 87.2 LRJS, en el proceso laboral corresponderá al juez o tribunal
determinar la naturaleza y el medio de prueba de cada una de las fuentes de
prueba que propongan las partes.
Por ejemplo, si la defensa de la parte demandada propone el interrogatorio
como testigo –medio de prueba– del gerente de la empresa –fuente de prueba–
que decidió el despido del trabajador demandante, el juez podrá aceptar esta
fuente de prueba pero mediante la prueba de interrogatorio de parte y no la
de interrogatorio de testigo, y esto de acuerdo con lo que establece el artículo
91.5 LRJS, dado que el gerente actuó en nombre del empresario en el despido
y, por lo tanto, no puede declarar como testigo teniendo en cuenta su falta de
imparcialidad y su interés directo en el pleito.
El juez o tribunal no tan solo declarará la pertinencia de la prueba propuesta y
determinará la clase de medio a la que se corresponde, sino que también de-
cidirá sobre la pertinencia de cada pregunta que se formule o sobre cualquier
incidencia que se produzca en el desarrollo práctico de los diferentes medios
de prueba propuestos y admitidos a juicio. Si se deniega a una parte un deter-
minado medio de prueba o se declara la impertinencia de una pregunta dirigi-
da a una de las partes o a un testigo, la parte que ha visto rechazada su petición
o pregunta tendrá que manifestar de manera expresa su protesta si quiere ha-
cer valer esta denegación o declaración de impertinencia en un futuro recurso
para impugnar la sentencia que se dicte en aquel proceso.
También hay que subrayar que el órgano jurisdiccional no admitirá pruebas
que tengan su origen o se hubieran obtenido, directa o indirectamente, me-
diante procedimientos que supongan la violación de derechos fundamentales
y libertades públicas (artículo 90.2 LRJS). Esta previsión legal recoge una asen-
tada doctrina constitucional que ha declarado la nulidad de aquella prueba
obtenida con violación de derechos fundamentales (STC 114/84).
Finalmente, en cuanto al derecho invocado en el proceso por los litigantes,
hay que recordar que el principio procesal de iura novit curia libera a las partes
de probar la vigencia de las normas jurídicas del ordenamiento jurídico espa-
ñol, y el que deriva de la Unión Europea y que se publica en los respectivos
diarios oficiales, teniendo en cuenta la obligación de los órganos jurisdiccio-
nales de conocer las normas jurídicas vigentes. En cambio, las partes tendrán
que probar, de acuerdo con lo que prevé el artículo 281 LEC, el contenido y
la vigencia del derecho extranjero, así como de las costumbres respecto de las
cuales no exista conformidad en cuanto a su existencia.
La carga de la prueba
Las partes tienen que comparecer a juicio con los medios de prueba de los que
se quieran valer (artículo 82.3 LRJS). Será al demandante a quien le correspon-
de probar las afirmaciones fácticas que contenga su demanda y que constitu-
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 44 El proceso ordinario
yan la base de su pretensión, y corresponderá a la parte demandada acreditar
aquellos hechos impeditivos u obstativos de las peticiones de la demanda. El
artículo 217 LEC consagra estos principios rectores de la carga de la prueba en
el proceso civil, principios que resultan de plena aplicación al proceso laboral,
a pesar de que la doctrina del Tribunal Constitucional ha matizado esta regla
general de aportación de parte recordando que los órganos judiciales tienen
que estar especialmente comprometidos en el descubrimiento de la totalidad
de la relación jurídica-material debatida, por lo que también han de ser ex-
haustivos en la introducción del material probatorio, utilizando, si fuera pre-
ciso, las diligencias para mejor proveer –actualmente diligencias finales– con
el objetivo de obtener la plenitud de prueba sobre los hechos controvertidos
en el proceso (STC 227/91).
No obstante, hay que tener en cuenta que la existencia de presunciones legales
hace que se exima a la parte que las invoca de la obligación de probar, y supo-
nen la modificación de la regla general de la carga de la prueba, trasladando a
la parte contraria el esfuerzo probatorio para intentar destruir la presunción.
Por otro lado, ante determinados supuestos, la Ley Procesal prevé el desplaza-
miento de la carga de la prueba a la parte adversa. Es el caso de aquellos proce-
sos en los que de las alegaciones de la parte actora se deduzca la existencia de
indicios fundados de discriminación por razón de sexo, orientación o identi-
dad sexual, origen racial o étnico, religión o convicciones, discapacidad, edad,
acoso o en cualquier otro supuesto de vulneración de derecho fundamental o
libertad pública, caso en el que corresponderá al demandado la aportación de
una justificación objetiva y razonable, suficientemente probada, de las medi-
das adoptadas y de su proporcionalidad (artículo 90.1 LRJS). Igualmente, en
los procesos sobre responsabilidades derivadas de accidente de trabajo y en-
fermedades profesionales, corresponderá a los deudores de seguridad y a los
concurrentes en la producción del resultado lesivo probar la adopción de las
medidas necesarias para prevenir o evitar el riesgo, así como cualquier factor
excluyente o reductor de su responsabilidad (artículo 90.2 LRJS).
El tribunal también deberá tener en cuenta, de cara a aplicar las reglas sobre
la carga de la prueba, la disponibilidad y facilidad probatoria que correspon-
den a cada una de las partes del litigio (artículo 217.7 LEC). Esta norma tiene
especial relevancia en el proceso social si se considera que habitualmente es
una de las partes –el empresario– la que acapara gran parte de la prueba ne-
cesaria en un pleito laboral (contratos laborales, altas y bajas en la Seguridad
Social, boletines de cotización, recibos de salarios, partes de trabajo, listados
de control horario, etc.). De aquí viene que algunos preceptos procesales ten-
gan una trascendencia especial de cara a garantizar el principio de igualdad
de armas de las partes. Es el caso del artículo 94.2 LRJS, donde se prevé que
los documentos y otros medios de obtener la certeza sobre hechos relevantes
que se encuentren en poder de las partes tendrán que aportarse al proceso si
hubieran sido propuestos como medio de prueba por la parte contraria, y ad-
mitida por el juez o tribunal o cuando este hubiera requerido su aportación,
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 45 El proceso ordinario
de modo que se puedan estimar probadas las alegaciones hechas por la parte
contraria en relación con la prueba acordada si no se presentaran por la parte
requerida sin causa justificada.
Diligencias preparatorias, traslado previo y aportación anticipa-
da
Las partes podrán solicitar, al menos con cinco días de antelación a la fecha del
juicio, aquellas pruebas que, teniéndose que practicar en la vista oral, requie-
ran diligencias de citación o requerimiento, salvo que el señalamiento se tenga
que efectuar con antelación menor, caso en el que el plazo será de tres días
(artículo 90.3 LRJS). Estas diligencias preparatorias que se instan del órgano
judicial no se tienen que confundir con la prueba anticipada (artículo 78 LRJS)
ni tampoco con los actos preparatorios o diligencias preliminares (artículos
76-77 LRJS), que se han examinado con anterioridad.
Las diligencias preparatorias son un mecanismo procesal que permite instar
actuaciones del órgano jurisdiccional con el objeto de garantizar que una de-
terminada prueba se pueda practicar en el acto de juicio. Por ejemplo, si la
parte precisa de la declaración de un testigo en juicio y tiene dudas de que este
comparezca voluntariamente, puede solicitar del juzgado o tribunal, con cin-
co días de antelación, que cite a la mencionada persona con las advertencias
legales para el caso de no comparecer.
La diligencia preparatoria no consistirá en interrogar al testigo antes del acto
de juicio, sino en desplegar la actividad judicial necesaria para hacer que el
testigo que ha solicitado una de las partes acuda al acto de juicio para poder ser
interrogado en el momento procesal en que se practique la prueba testifical.
En cambio, en el caso de la anticipación de prueba (artículo 78 LRJS), antes
del acto de juicio el testigo sería citado a una comparecencia previa a efectos
de practicar su interrogatorio con intervención de las partes y el resultado de
este interrogatorio anticipado sería incorporado como prueba al proceso. En
el caso de las diligencias preparatorias, su admisión o no admisión no signifi-
ca necesariamente que el órgano jurisdiccional admite o rechaza una prueba
concreta, dado que la admisión o el rechazo de la práctica de una determinada
prueba se produce de ordinario dentro del acto de juicio y una vez abierto el
periodo de prueba. Por lo tanto, es posible que el juez o tribunal haya decidido
a instancia de parte citar a tres testigos y en el acto de juicio se rechace su in-
terrogatorio por resultar innecesario dado que los hechos sobre los que tenían
que atestiguar hayan sido reconocidos por la parte adversa.
En los apartados 4 y 5 del artículo 90 LRJS se regulan unos supuestos de dili-
gencias preparatorias en los que es precisa la intervención del órgano jurisdic-
cional para hacer que se aporte a juicio una determinada fuente de prueba. En
el apartado 4 de este precepto se prevé que cuando sea necesario a los fines del
proceso el acceso a documentos o archivos que puedan afectar a la intimidad
personal u otro derecho fundamental, el juez o tribunal, siempre que no exis-
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 46 El proceso ordinario
tan medios de prueba alternativos, podrá autorizar esta actuación, mediante
auto, previa ponderación de los intereses afectados a través del juicio de pro-
porcionalidad y con el mínimo sacrificio, determinando las condiciones de
acceso, garantías y de conservación y aportación al proceso, obtención y en-
trega de copias e intervención de las partes o de sus representantes y expertos.
La autorización judicial para acceder a estas fuentes de prueba permitirá que
la parte interesada en esta prueba aporte al proceso la información obtenida
con los medios de prueba oportunos. Sin esta actuación judicial preparatoria
de la prueba, la parte se vería privada de una prueba necesaria para su defensa.
En el apartado 5 del mismo artículo 90 se prevé que cuando el afectado no
otorgue su consentimiento, el juez o tribunal pueda adoptar las medidas de
garantía oportunas cuando la emisión de un dictamen pericial médico o psi-
cológico requiera el sometimiento a reconocimientos clínicos, obtención de
muestras o recogida de datos personales relevantes, bajo reserva de confiden-
cialidad y exclusiva utilización procesal. En este caso, la resolución judicial au-
torizando el reconocimiento médico tiene como objetivo permitir la prepara-
ción de una prueba –el dictamen pericial– que se practicará en el acto de juicio.
Si por la negativa del afectado no se pudiera producir el reconocimiento mé-
dico, la prueba pericial no podría tener lugar en el acto de juicio. Por lo tanto,
está claro que se está igualmente ante diligencias preparatorias de prueba.
De todos modos, conviene destacar que la finalidad del legislador en estos dos
últimos supuestos no es otra que, por un lado, tutelar el derecho constitucio-
nal de la parte que la solicita a hacer uso de los medios de prueba legalmente
previstos para su defensa y, por otro lado, la de velar por el derecho a la inti-
midad y a la confidencialidad de los datos de carácter personal de la parte que
es requerida, limitando al máximo su difusión. En definitiva, se trata de que
el órgano jurisdiccional garantice el mínimo sacrificio de los derechos funda-
mentales concurrentes de las dos partes.
El artículo 82.4 LRJS prevé que, de oficio o a petición de parte, se pueda re-
querir el traslado previo entre las partes o la aportación anticipada, en soporte
preferiblemente informático, con cinco días de antelación al acto de juicio, de
la prueba documental o pericial cuyo examen previo al momento de la prác-
tica de la prueba, por su volumen o complejidad, sea conveniente posibilitar.
Esta es una novedad del proceso laboral que intenta resolver la problemática
situación que se puede producir en el acto de juicio a la hora de practicar la
prueba documental y pericial, momento en el que las partes tienen que exami-
nar la prueba aportada por la contraria, de modo que se genera una situación
extremadamente incómoda cuando una de las partes tiene que examinar en
pocos minutos una voluminosa prueba documental o pericial aportada por la
contraria. La necesidad de examinar con detenimiento decenas o centenares
de documentos con pocos minutos genera una disfunción en el ejercicio del
derecho a la defensa de la parte que se ve sometida a esta situación, disfunción
que el legislador ha intentado resolver haciendo posible que esta prueba pue-
da ser examinada con anterioridad a la celebración del juicio con el traslado
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 47 El proceso ordinario
previo de la prueba de una parte o la otra parte o con la aportación anticipada
al acto de juicio de la voluminosa prueba de uno de los litigantes para que el
contrario pueda examinarla con el tiempo necesario y asistido de los asesores
que precise en la oficina judicial donde se ha depositado. Esta nueva figura
procesal, inspirada en el deber de exhibición documental entre partes del ar-
tículo 328 LEC y en la aportación de dictámenes periciales antes del acto de
juicio del artículo 338.3 LEC, pretende que las partes puedan haber estudia-
do con garantías suficientes la prueba contraria cuando esta es especialmente
abundante, de manera que la vista oral se pueda desarrollar con la celeridad
propia del proceso laboral sin perjudicar el derecho a la defensa de las partes.
Este nuevo instituto del derecho procesal laboral del traslado previo o apor-
tación anticipada de prueba se tiene que poner en relación con el trámite,
también innovador, contemplado en el artículo 87.6 LRJS. En efecto, en este
último precepto se prevé que si las pruebas documentales o periciales practi-
cadas en juicio resultaran de extraordinario volumen o complejidad, el juez
o tribunal podrá conceder a las partes la posibilidad de efectuar sucintas con-
clusiones complementarias, por escrito y preferiblemente por medios telemá-
ticos, sobre los particulares que indique, en relación exclusiva con estos ele-
mentos de prueba, dentro de los tres días siguientes. Durante este periodo, los
documentos o pericias estarán a disposición de las partes en la oficina judicial,
transcurrido el cual y se hayan presentado alegaciones o no, se iniciará el plazo
para dictar sentencia. En este precepto el legislador ha intentado nuevamente
afrontar la misma problemática que regula el artículo 82.4, a pesar de que en
este caso la solución pasa por conceder a las partes un plazo adicional de tres
días posteriores al juicio para examinar la voluminosa o compleja prueba do-
cumental aportada por la contraparte y poder formular conclusiones, las cua-
les tendrán que ser escritas dado que la vista oral ya se ha llevado a cabo. Por lo
tanto, es evidente que la finalidad del legislador es exactamente la misma en
los artículos 82.4 y 87.6 LRJS: evitar que una parte pueda quedar indefensa an-
te una voluminosa prueba aportada de contrario por sorpresa al acto de juicio.
El orden para practicar los diferentes medios de prueba
El artículo 87 LRJS no da ninguna indicación sobre qué orden se tiene que
seguir para practicar en juicio los diferentes medios de prueba propuestos por
las partes y admitidos por el juez o tribunal. En consecuencia, se tendrán que
aplicar aquellas previsiones contenidas en las normas del proceso civil. De este
modo, el artículo 300 LEC establece textualmente que, salvo que el tribunal,
de oficio o a instancia de parte, acuerde otro distinto, las pruebas se practicarán
por el orden siguiente:
1) Interrogatorio de las partes.
2) Interrogatorio de testigos.
3) Declaración de los peritos sobre sus dictámenes.
4) Reconocimiento judicial, cuando no se tenga que llevar a cabo fuera de los
locales del juzgado.
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 48 El proceso ordinario
5) Reproducción ante el tribunal de palabras, imágenes o sonidos captados por
instrumentos de grabación.
Del tenor literal de este precepto se desprende que tiene un carácter disposi-
tivo, es decir, que de oficio o a instancia de las partes, el juez o tribunal pue-
de decidir modificar el orden para practicar la prueba atendiendo a diferentes
motivos concurrentes.
Una vez establecido el orden para practicar los distintos medios de prueba,
como regla general iniciará su práctica la parte demandante y a continuación
la parte demandada, siguiendo este orden en cada medio de prueba que se
practique. No obstante, hay que tener en cuenta que en determinadas moda-
lidades procesales, como es el caso de los procesos por despido o de extinción
de contrato por causas objetivas o de impugnación de sanciones, este orden
se invertirá y en cada medio de prueba primero se practicará la propuesta por
la parte demandada y, a continuación, la de la parte actora.
3.4.7. Reglas especiales de los diferentes medios de prueba
La Ley 36/2011 dedica a cada uno de los medios de prueba previstos en el
artículo 299 LEC un precepto. A pesar de esto, hay que poner de relieve que
esta regulación específica en el proceso laboral es insuficiente y exige acudir
de manera supletoria a la Ley Procesal Civil, aplicación que siempre quedará
condicionada a las particularidades específicas del proceso social previstas por
cada uno de los medios de prueba.
El interrogatorio de parte
Esta prueba consiste en la declaración que efectúa una parte ante el juez con-
testando las preguntas formuladas por la contraria sobre hechos controverti-
dos en el proceso (Montero Aroca, 2000). Si la declaración de la parte no es
contradicha por otras pruebas, se considerarán ciertos los hechos que haya re-
conocido si en estos intervino personalmente y la perjudican completamente;
en otro caso, el tribunal valorará las declaraciones hechas de acuerdo con las
reglas de la sana crítica (artículo 316 LEC).
Si la parte que es llamada a juicio para ser interrogada no comparece sin causa
justificada o rechaza contestar o lo hace con evasivas, se podrán considerar
reconocidos como ciertos aquellos hechos que se le preguntaban siempre que
la parte hubiera intervenido personalmente y los hechos la perjudicaran (ar-
tículo 91.1 LRJS). El interrogatorio de las personas jurídicas se tendrá que prac-
ticar con quienes legalmente las representen y tengan facultades para respon-
der al interrogatorio y, además, posean conocimiento sobre los hechos que se
les preguntan. Si no es así, el legal representante podrá presentar a juicio a la
persona que se tenga que someter al interrogatorio, justificando debidamente
la necesidad de este interrogatorio personal. En el supuesto de que el interro-
gatorio de personas físicas no se refiera a hechos personales, se admitirá que
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 49 El proceso ordinario
sea respondido en todo o en parte por un tercero que conozca personalmente
de los hechos, siempre y cuando la parte lo solicite y acepte la responsabilidad
de la declaración del tercero y que, además, esté a disposición del tribunal en
aquel momento.
Un supuesto especial de interrogatorio que la Ley 36/2011 remite a la regula-
ción de la LEC es el caso del interrogatorio de administraciones o entidades
públicas. En este caso, la práctica de la prueba se tendrá que hacer por la vía
expresamente regulada en el artículo 315 LEC, es decir, solicitando al juez o
tribunal con anterioridad al acto de juicio el interrogatorio de la Administra-
ción pública y adjuntando una lista de preguntas para que, previa declaración
de pertinencia, sean contestadas por escrito antes del acto de juicio, de modo
que en el momento de la vista oral consten por informe escrito en las actua-
ciones aquellas respuestas que se han interesado del organismo público que
sea parte en el proceso.
El interrogatorio de testigos
Esta prueba se basa en la declaración del testigo y para tener esta condición
es preciso que se trate de una persona física, que no sea parte en el proceso y,
además, que conozca unos hechos o esté en posesión de una información a
consecuencia de su percepción sensorial. Por lo tanto, no podrá ser testigo ni
una persona jurídica ni quien sea parte en el litigio, ni tampoco una persona
que no conozca los hechos por su propia percepción directa. El artículo 92.3
LRJS establece unas reglas de idoneidad para ostentar la condición de testigo,
excluyendo a aquellas personas vinculadas al empresario, trabajador o benefi-
ciario, por parentesco o análoga relación de afectividad, o con posible interés
real en la defensa de decisiones empresariales en las que haya participado o por
tener procedimientos análogos contra el mismo empresario o contra trabaja-
dores en igual situación, pudiendo proponer únicamente cuando su testigo
tenga utilidad directa y presencial y no se dispongan otros medios de prueba.
Asimismo, el artículo 91.5 prevé que no podrán declarar como testigos las per-
sonas que hayan actuado en nombre del empresario, cuando este sea persona
jurídica privada, bajo la responsabilidad del mismo, tales como administrado-
res, gerentes o directivos, pudiendo hacer su declaración únicamente median-
te la prueba de interrogatorio de parte y en calidad de conocedores personales
de los hechos. El objeto de estas prescripciones no es otro que el de intentar
preservar la imparcialidad de la declaración del testigo que es llamado a juicio.
La declaración del testigo irá precedida por su juramento o promesa de decir
la verdad y el juez o tribunal le advertirá de las consecuencias legales de no
hacerlo (artículo 365 LEC). A continuación, se le preguntará sobre su nombre
y apellido y sobre otros aspectos generales relativos a la vinculación que man-
tiene con las partes. Después, la parte que ha propuesto el testigo le podrá
formular oralmente las preguntas pertinentes y, a continuación, el resto de las
partes podrán plantear al mismo testigo las cuestiones que consideren nece-
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 50 El proceso ordinario
sarias. Igualmente, el juez o tribunal podrá interesar en cualquier momento
del interrogatorio alguna aclaración o plantear al declarante la cuestión que
crea oportuna.
A diferencia de lo que prevé la LEC, en el punto 2 del artículo 92 se prevé
expresamente que el testigo no podrá ser tachado, y tan solo en conclusio-
nes las partes podrán hacer las observaciones que sean oportunas respecto de
sus circunstancias personales. Cuando el número de testigos fuera excesivo y,
a criterio del órgano judicial, sus manifestaciones pudieran constituir inútil
reiteración sobre hechos suficientemente acreditados, el juez o tribunal podrá
limitarlos discrecionalmente.
El artículo 370.4 LEC prevé la figura del testigo-perito. No se trata de un nue-
vo medio de prueba sino simplemente de la posibilidad de que concurra en
una sola persona la doble condición de testigo y de perito (Segalés Fidalgo,
2013). Cuando el testigo tenga conocimientos científicos, técnicos, artísticos
o prácticos sobre la materia a la que se refieren los hechos del interrogatorio, el
tribunal admitirá las manifestaciones que, en virtud de estos conocimientos,
agregue el testigo a sus respuestas sobre los hechos.
La pericial
Mediante esta prueba, las partes aportan al proceso el dictamen de expertos
con conocimientos científicos o de cualquier otra naturaleza que puede resul-
tar de utilidad para la resolución de la controversia suscitada entre las partes.
De acuerdo con el artículo 93 LRJS, la práctica de esta prueba se llevará a cabo
en el acto de juicio mediante la presentación por parte de los peritos de su
informe y ratificándolo ante el juez o tribunal. A continuación, las partes y el
mismo juez o tribunal podrán solicitar las aclaraciones que crean oportunas
sobre el dictamen presentado.
No obstante, la Ley 36/2011 presenta en esta prueba la novedad, consistente
en que se prevé expresamente que no será necesaria la ratificación de aquellos
informes ni de las actuaciones que constan en expedientes y demás documen-
tación administrativa que sea preceptiva aportar en la modalidad procesal de
la que se trate. Esta nueva previsión legal recoge una práctica que ya era habi-
tual de los órganos de la jurisdicción social y que persigue evitar ratificaciones
innecesarias del personal médico o inspector en sus intervenciones durante la
tramitación del procedimiento administrativo previo al proceso jurisdiccional
(Molina Navarrete, 2012).
La LRJS también prevé en el punto 2 del artículo 93 que el órgano jurisdiccio-
nal pueda requerir la intervención del médico forense, de oficio o a petición
de parte, en los casos en que resulte necesario su informe, ya sea por las cir-
cunstancias particulares que se dan en el caso o por la existencia de informes
médicos contradictorios. La aportación del dictamen médico forense al proce-
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 51 El proceso ordinario
so tampoco requerirá la ratificación del facultativo que lo ha emitido, lo que
produce plenitud de efectos a partir de la exención de la necesidad de ratifica-
ción que se establece en el punto 1 de este precepto.
La documental
La LEC distingue como medio de prueba entre los documentos públicos y los
documentos privados. Los públicos son aquellos autorizados por un empleado
público competente con las formalidades legalmente establecidas. Los priva-
dos agruparían el resto de los documentos.
El artículo 94 LRJS prevé en su apartado 1 que la prueba documental que se
aporte al proceso tendrá que estar adecuadamente presentada, ordenada y nu-
merada. En el acto de juicio se dará traslado a las partes para que pueda ser
objeto de examen. Ya se ha comentado anteriormente que si esta prueba está
constituida por un elevado número de documentos o estos tienen un carácter
especialmente complejo, se podrá requerir a la parte que los aporte con ante-
rioridad al acto de juicio –artículo 82.4– para poderse examinar antes del ple-
nario de oimiento, o el juez podrá otorgar un plazo de tres audiencias después
del acto de juicio –artículo 87.6– para que el resto de las partes puedan exami-
nar los documentos o los informes periciales aportados al proceso y deposita-
dos en la oficina judicial y formular por escrito conclusiones complementarias.
A diferencia del proceso civil, las partes no están obligadas en la jurisdicción
social a aportar junto con la demanda los documentos que conforman su prue-
ba documental, y existe la obligación tan solo de aportar aquellos documen-
tos de carácter procesal que son requisitos de admisibilidad de la demanda,
como por ejemplo, la certificación del acto de conciliación intentada ante el
correspondiente organismo administrativo o la resolución administrativa que
ha resuelto la reclamación previa y que acredita que se ha puesto fin al trámite
administrativo.
Finalmente, el punto 2 del artículo 94 establece que los documentos y otros
medios de obtener certeza sobre hechos relevantes que se encuentran en poder
de las partes tendrán que aportarse a juicio si han sido propuestos como me-
dios de prueba por la parte contraria y admitida por el juez, y si no se aportan
sin causa justificada, podrán estimarse probadas las alegaciones hechas por la
contraria en relación con la prueba acordada. La doctrina constitucional ha
avalado esta prescripción legal –ya vigente en la LPL– y ha sostenido que tiene
la obligación de presentar la prueba documental la parte que la posee y que ha
sido requerida para hacerlo, dado que esto está en relación con la distribución
de la carga de la prueba y el principio de igualdad de armas en el proceso (SSTC
227/91, 140/94, 116/95 y 61/02).
Los documentos presentados tendrán que ser redactados en lengua española o
en la lengua cooficial de la comunidad autónoma, y es preciso aportar traduc-
ción jurada si el documento original es redactado en lengua extranjera (arts.
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 52 El proceso ordinario
231.4 LOPJ y 142-4 LEC), incluso en el supuesto de que se trate de una lengua
oficial de la Unión Europea, siendo la carga de aportar la traducción de la parte
que ha propuesto esta prueba (STC 45/96).
En último lugar, conviene recordar el valor probatorio de la prueba documen-
tal. Sobre esta cuestión, la LEC prevé que los documentos públicos menciona-
dos en el artículo 317 harán prueba plena sobre el hecho, acto o estado de
cosas que documenten (artículo 319 LEC). En cuanto a los documentos priva-
dos, estos también harán prueba plena en el proceso en los mismos términos
previstos en el artículo 319, siempre y cuando su autenticidad no sea impug-
nada por la parte a la que perjudiquen. En caso contrario, el juez o tribunal
valorará de manera crítica la prueba practicada en el sentido que crea más
adecuado. En todo caso, hay que tener en cuenta que la valoración fáctica que
pueda hacer el juez o tribunal de instancia de un documento es motivo para
interponer el recurso de suplicación y revisar los hechos declarados probados
en la sentencia en base a la existencia de error en la apreciación de la prueba
(artículo 193. b LRJS).
Informes de expertos
La Ley 36/2011 dedica el artículo 95 a regular esta prueba. En este precepto
se prevé que el juez o tribunal, si lo estima procedente, pueda oír el dictamen
de una o varias personas expertas en la cuestión objeto del pleito, ya sea en el
momento del acto de juicio o concluido este como diligencia final.
El precepto prevé diferentes supuestos específicos en los que se pueda acordar
practicar esta prueba:
a) Cuando se discuta la interpretación de un convenio colectivo, se podrá
recabar informe o escuchar a la comisión paritaria.
b) Cuando en el proceso se haya suscitado una cuestión de discriminación por
razón de sexo, orientación sexual, origen racial o étnico, religión o conviccio-
nes, discapacidad, edad o acoso, se podrá recabar informe de los organismos
públicos competentes.
c) En procesos derivados de accidente de trabajo y enfermedades profesionales,
se podrá pedir informe de la Inspección de Trabajo y otros organismos públicos
competentes en la materia de prevención y salud laboral.
d) Cuando sea pertinente que informen sobre hechos relevantes en el proceso
personas jurídicas o entidades públicas para referirse estos hechos a su activi-
dad.
La doctrina científica diverge en cuanto a la catalogación de esta prueba, dis-
cutiéndose si se trata de una prueba pericial específica, de una testifical o de un
medio de prueba singular y diferente al resto de los medios de prueba previstos
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 53 El proceso ordinario
en el artículo 299 LEC. A pesar de que los cuatro supuestos que menciona el
artículo 95 LRJS no son del todo idénticos a los efectos de encuadre en uno
de los medios de prueba del proceso civil, que son los mismos que el proceso
social, si partimos de la premisa de que los medios de prueba listados en la LEC
son numerus clausus (Montero Aroca), parece bastante evidente que el medio
de prueba que tiene más puntos en común con los supuestos del artículo 95
es el de informe pericial. Al fin y al cabo, estos informes que puede solicitar
el juez o tribunal a una persona o entidad especializada en una materia obje-
to del pleito son relativas a su parecer sobre la materia específica que le sea
requerida, finalidad que resulta muy semejante a la del dictamen pericial (ar-
tículo 336.2 LEC).
El reconocimiento judicial
Salvo la mención que, de manera indirecta, contiene el artículo 87.1 LRJS so-
bre la posibilidad de que el juez o tribunal se pueda trasladar fuera del local
para practicar una prueba, lo cierto es que la Ley Procesal Laboral no contiene
ninguna otra referencia a este medio de prueba. No obstante, está claro que es
un medio de prueba admitido y regulado por la ley y que para su práctica se
tendrá que aplicar el régimen jurídico contenido en los artículos 353-359 LEC.
A pesar de que se trata de un instrumento probatorio escasamente empleado
en el proceso social, teniendo en cuenta la sobrecarga de asuntos que soportan
los órganos jurisdiccionales y la poca disponibilidad de tiempo necesario para
su práctica, hay que destacar su gran efectividad en determinados litigios, cosa
que se explica porque la percepción directa de las circunstancias que rodean
algunos conflictos laborales confiere al juez o tribunal un conocimiento fácti-
co privilegiado que contribuye de manera decisiva a la correcta conformación
de la decisión jurisdiccional.
Sobre el momento procesal en el que se tendrá que practicar el reconocimiento
judicial, resulta muy evidente que intentar encajarlo dentro del acto de juicio,
tal y como prevé el artículo 87.1, es normalmente inviable porque el recono-
cimiento judicial suele requerir desplazamientos a los centros de trabajo y la
inversión de horas, lo que supone romper con el principio de unidad de acto
del juicio. Por lo tanto, la práctica habitual de los órganos jurisdiccionales que
deciden efectuar este medio de prueba es hacerlo, cuando lo solicitan las par-
tes y se considera necesaria, como prueba anticipada antes del acto de juicio –
artículo 78 LRJS–, o decidir y practicarla como diligencia final –artículo 88 LR-
JS–, una vez ha tenido lugar el acto del juicio y el órgano jurisdiccional valora,
con elementos de razón suficientes, que esta prueba añadida a la practicada
en el acto de juicio puede tener gran utilidad para la resolución del pleito.
La práctica del reconocimiento judicial supone el señalamiento de la fecha en
que ha de tener lugar, la asistencia de las partes y de sus letrados o graduados,
si han sido designados, y la presencia del juez o tribunal, y requiere necesa-
riamente su documentación mediante un medio apto para la grabación del
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 54 El proceso ordinario
sonido y la imagen y, en defecto de estos medios técnicos, será necesaria su
documentación en un acta por parte del secretario judicial, la cual se tendrá
que extender en los términos previstos en el artículo 89 LRJS.
Medios de reproducción del sonido y la imagen y archivos
Con la entrada en vigor de la Ley 1/2000, de Enjuiciamiento Civil, se incor-
poraron al proceso civil español como medio de prueba autónomo los medios
de reproducción de la palabra, el sonido y la imagen, así como los instrumen-
tos que permiten archivar y conocer o reproducir palabras, datos, cifras, ope-
raciones matemáticas llevadas a cabo con fines contables o de otra clase, rele-
vantes para el proceso (artículo 299.2 LEC). A pesar de que la doctrina (Mon-
tero Aroca, 2000) criticó la imprecisión terminológica del precepto legal que
consagraba estos nuevos medios tecnológicos como un nuevo medio de prue-
ba autónomo, dado que nuevamente confundía fuente de prueba y medio de
prueba, lo cierto es que se dio plena carta de naturaleza procesal a estos nuevos
ingenios técnicos para que la información que contenían se pudiera incorpo-
rar plenamente al proceso y produjeran plenitud de efecto probatorio.
La Ley 36/2011, igual que el texto precedente de la LPL, no previó una regu-
lación específica para este nuevo medio de prueba y se limita (artículo 90.1
LRJS) a hacer el recordatorio de que las partes, previa justificación de la per-
tinencia y utilidad de las diligencias propuestas, podrán servirse de cuantos
medios de prueba estén regulados en la ley, incluidos los procedimientos de
reproducción de la palabra, de la imagen y del sonido o de archivo y reproduc-
ción de datos. El mismo precepto prevé que estos medios de prueba tendrán
que ser aportados mediante el soporte adecuado y poniendo a disposición del
órgano jurisdiccional los medios necesarios para su reproducción y posterior
constancia en las actuaciones. Esta última exigencia técnica, que es una nove-
dad en relación con el anterior texto de la LPL, persigue asegurar la práctica
de la prueba en juicio cargando la responsabilidad a la parte que la propone
de aportar el aparato necesario que permita la reproducción en juicio de la
información que se pretende incorporar al proceso, de modo que se aligera
la responsabilidad de la Administración de justicia de tener disponible una
infraestructura tecnológica que no siempre estaba a disposición.
Y dado que la LRJS no hace más mención a este medio de prueba, está claro
que para su práctica se deberá aplicar el régimen jurídico previsto en el proceso
civil. De este modo, el artículo 382 LEC prevé que las partes, cuando propon-
gan la práctica de la prueba en el acto de juicio, también podrán acompañar
una transcripción escrita de las palabras contenidas en el soporte del que se
trate y que resulten relevantes para el caso. No se trata de que el documento
con la transcripción pueda sustituir la reproducción de las palabras y del so-
nido ni tampoco la unión del soporte correspondiente a las actuaciones, sino
simplemente de facilitar al juez o tribunal su tarea en el momento de dictar la
sentencia, momento en el que es posible que tenga que repasar el contenido
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 55 El proceso ordinario
de esta prueba para deducir la conclusión jurídica pertinente, ahorrando el
documento transcrito al órgano jurisdiccional un tiempo valioso al evitar la
reproducción íntegra de grabaciones largas.
Las partes podrán aportar de manera complementaria los dictámenes o los
medios de prueba instrumental que crean oportunas tanto para apoyar la au-
tenticidad de la prueba de reproducción de sonido e imagen como para in-
tentar demostrar todo lo contrario y, así, cuestionar su validez. La práctica de
este medio de prueba en juicio consistirá en la reproducción del sonido y/o la
imagen en presencia del juez o tribunal y las partes, de modo que estas pue-
dan alegar y probar en el mismo acto aquello que convenga a su derecho. El
soporte físico donde conste la información aportada al proceso quedará unido
a las actuaciones y el secretario judicial lo tendrá que custodiar para que no
sufra alteraciones.
La doctrina también ha recordado (Luján Alcaraz, 2013) que el carácter autó-
nomo de este medio de prueba ha dado lugar a pronunciamientos jurispru-
denciales en el sentido de declarar que esta prueba no es hábil para revisar los
hechos probados de una sentencia mediante el recurso de suplicación (SSTS
de 16-06-11 y de 26-11-12), dado que no se puede catalogar ni de prueba do-
cumental ni de dictamen de perito.
3.4.8. Formulación de tesis y conclusiones
Durante el juicio, el juez o tribunal, sin apartarse de las pretensiones ni de la
causa petendi de las partes, podrá solicitar alegaciones sobre posibles pronun-
ciamientos derivados que por mandato legal, o por conexión o consecuencia,
resulten necesariamente de las pretensiones formuladas por los litigantes. Es
más, si el acto de juicio hubiese quedado concluido, la audiencia en este res-
pecto se sustanciará dentro del plazo común de tres días, mediante alegaciones
escritas de las partes y preferiblemente por medio informático o telemático.
Esta previsión, contenida en el apartado 3 del artículo 87 LRJS, constituye una
auténtica novedad en la ordenación del acto de juicio laboral y pretende esta-
blecer una específica regulación para aquellos supuestos en los que las alega-
ciones hechas por las partes en el acto de juicio aboquen o puedan abocar por
imperativo legal a unas consecuencias jurídicas que las partes no han conside-
rado pero que el juez o tribunal percibe durante el juicio o finalizado este y an-
tes de dictar la sentencia. Es lo que la doctrina ha denominado planteamiento
de tesis, que tiene como objetivo integrar el principio de congruencia, que rige
la sentencia y que supone que el pronunciamiento responda a las pretensio-
nes de las partes, y el principio iura novit curia, que puede dar lugar a que la
resolución del litigio se fundamente de manera jurídica prescindiendo de las
alegaciones de las partes, dado que si bien es cierto que el juez o tribunal está
vinculado por los hechos y pretensiones invocados por las partes, no es me-
nos cierto que el órgano jurisdiccional es muy libre de aplicar el derecho que
considere oportuno al supuesto de hecho planteado por el litigante. En defi-
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 56 El proceso ordinario
nitiva, todo apunta a que esta nueva previsión trate de garantizar el principio
de audiencia de partes cuando estas no aleguen nada sobre aspectos jurídicos
que el juez considera que pueden ser decisivos para la resolución del pleito.
Una vez practicada la prueba y antes de abrir la fase de las conclusiones, prevé
de manera expresa el artículo 85.8 LRJS que el juez o tribunal podrá, salvo
que haya oposición de una de las partes, suscitar la posibilidad de llegar a un
acuerdo. Y si la conciliación no se obtiene en este momento, proseguirá el
juicio.
A continuación, las partes o sus defensores o representantes formularán oral-
mente sus conclusiones de manera concreta y precisa, y determinarán en vir-
tud del resultado de la prueba, de manera líquida y sin alterar los puntos fun-
damentales y los motivos de pedir invocados en la demanda o a la reconven-
ción, si las hubiera habido, las cantidades que, por cualquier concepto, sean
objeto de petición de condena principal o subsidiaria; o bien, en su caso, for-
mularán la solicitud concreta y precisa de las medidas con las que pueda ser
satisfecha la pretensión ejercitada. Y si las partes no lo hubieran hecho en este
trámite, el juez o tribunal tendrá que requerirlas para que lo hagan, sin que
en ningún caso pueda reservarse esta determinación para la ejecución de sen-
tencia (artículo 87.4 LRJS). Si finalizado el primer turno de intervenciones en
el trámite de conclusiones el juez o tribunal no se considera lo bastante ilus-
trado sobre cualquier cuestión objeto de debate, podrá conceder nuevamente
a las partes el tiempo que crea conveniente para que informen o den explica-
ciones sobre los particulares que designe. Agotado este último turno de inter-
venciones, se declarará el juicio visto para sentencia y empezará el plazo legal
para el dictado de la sentencia. No obstante, antes de dar el juicio por con-
cluido, el juez o tribunal también puede decidir otorgar a las partes un plazo
improrrogable de tres audiencias con el objeto de que presenten por escrito
sucintas conclusiones complementarias para valorar la prueba documental o
los dictámenes periciales presentados a juicio que, por su complejidad o ex-
traordinario volumen, no hayan podido ser examinados adecuadamente por
las partes. Transcurrido este plazo conferido a las partes, el juicio quedará visto
para sentencia.
3.5. Las diligencias finales
Concluido el juicio, el acto procesal ordinario que inmediatamente sigue es la
sentencia, no obstante, entre uno y otro se pueden intercalar las diligencias
finales, nueva denominación otorgada a la histórica institución de las diligen-
cias para mejor proveer y que la LRJS adopta en consonancia con una termi-
nología ya introducida por la Ley 1/2000, de Enjuiciamiento Civil.
Finalizado el juicio y dentro del plazo para dictar sentencia, el juez o tribunal
podrá acordar la práctica de cuantas pruebas estime necesarias, con interven-
ción de las partes y en la forma establecida para las pruebas de su clase (artículo
88.1 LRJS). Esta decisión es adoptada por el órgano jurisdiccional de manera
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 57 El proceso ordinario
discrecional –cuando lo estime necesario– y dictando una resolución en forma
de providencia, en la que tendrá que hacer constar el plazo dentro del cual se
tendrá que practicar la prueba decidida, que no podrá exceder de veinte días,
o bien se señalará la comparecencia en que deberá tener lugar –por ejemplo, el
interrogatorio de un testigo– y en la que las partes intervendrán en su práctica
y finalmente podrán formular la pertinente valoración. En el supuesto de que
la diligencia de prueba acordada no haya requerido una comparecencia de las
partes ante el juez o tribunal –por ejemplo, requerimiento a una parte para
aportar un nuevo documento–, el resultado de la diligencia final se pondrá de
manifiesto durante tres días a las partes para que formulen alegaciones sobre
su alcance e importancia. No poner de manifiesto a las partes el resultado de
las diligencias finales para que las mismas puedan alegar por escrito lo que
convenga a su derecho puede abocar a la nulidad de las actuaciones por falta
de audiencia (STS 23-04-98).
Si ha transcurrido el plazo inicialmente fijado para practicar las diligencias fi-
nales sin haberse podido llevar a efecto, el órgano jurisdiccional dictará otra
providencia fijando un nuevo plazo, que no será superior a diez días para la
ejecución del acuerdo, y si dentro de este nuevo periodo tampoco se puede
llevar a cabo la prueba, el juez o tribunal, previa audiencia de las partes, acor-
dará que las actuaciones queden definitivamente concluidas para sentencia.
Con esta previsión el legislador ha otorgado preferencia al principio de celeri-
dad, intentando evitar que la resolución de un litigio se pueda aplazar durante
un tiempo a la espera de practicar una prueba, cosa que puede suceder con
suma facilidad. En el supuesto de que la diligencia de prueba consistiera en el
interrogatorio de parte o en la aportación de documento por alguna de estas
y la parte requerida no compareciese o no presentara el documento solicitado
sin causa justificada, podrán estimarse probadas las alegaciones hechas por la
parte contraria en relación con la prueba acordada (artículo 88.3 LRJS).
La regulación de las diligencias de prueba en el proceso laboral dista bastante
de la ordenación civil. El artículo 435 LEC restringe notablemente las facul-
tades del juez o tribunal en el proceso civil para acordar estas diligencias y
las limita a concretos supuestos legalmente tasados, circunstancia que obliga
a concluir que el régimen jurídico civil de las diligencias finales no se puede
reputar aplicable al proceso laboral por la vía de la cláusula de supletoriedad
(Valdés Dal- Ré y García Quiñones, 2013). El juez laboral disfruta de una dis-
crecionalidad para decidir la práctica de esta prueba que no tiene el civil, y lo
puede hacer sin estar sujeto a la prueba propuesta por las partes, reafirmándose
de este modo el principio de obtención de prueba de oficio y el de averigua-
ción de la verdad material (Folguera Crespo, 2012).
En el proceso social, estas diligencias se vinculan con el protagonismo recono-
cido al órgano judicial (STC 116/95). Sin embargo, la doctrina constitucional
ha establecido ciertas limitaciones y ha mantenido que, a pesar de la flexibili-
dad de estas diligencias de prueba, su finalidad no es la de aportar al proceso
hechos distintos a los alegados a la demanda y en la contestación a la misma
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 58 El proceso ordinario
(STC 137/92). Estas diligencias tienen que respetar el principio de contradic-
ción y de paridad entre las partes, pues en caso contrario se puede vulnerar el
artículo 24.1 CE (STC 226/88). Ahora bien, también ha declarado la jurispru-
dencia social que una vez que el órgano jurisdiccional ha acordado la práctica
de una prueba mediante este trámite, queda vinculado a su decisión hasta el
punto de que si no la lleva a cabo, se puede producir la nulidad de las actua-
ciones (SSTS 2-07-86 y 23-04-98).
3.6. La sentencia
3.6.1. Concepto y clases
Las resoluciones de los jueces o tribunales tendrán que adoptar la forma de
sentencia cuando decidan definitivamente el pleito o la causa en cualquier
instancia o recurso, o cuando, según las leyes procesales, tengan que revestir
esta forma (artículo 245 LOPJ). Partiendo de este concepto, el artículo 206 LEC
prevé que se dictará sentencia para poner fin al proceso, en primera o segunda
instancia, una vez que haya concluido su tramitación ordinaria prevista en la
ley; y también se resolverán mediante sentencia los recursos extraordinarios y
los procedimientos para la revisión de sentencias firmes.
A pesar de que la sentencia es aquella resolución del órgano judicial que pone
fin al proceso en la instancia –que es única en la jurisdicción social– o en fase
de recurso, conviene recordar que el proceso laboral no siempre acaba con una
resolución de estas características, dado que las partes pueden haber decidido
finalizar el proceso de otra manera como, por ejemplo, con la conciliación
ante el secretario judicial o del juez o tribunal o, simplemente, desistiendo
de la demanda por haberse resuelto la controversia de manera extrajudicial.
En estos casos, la resolución que pondrá fin al proceso en la instancia o en
trámite de recurso será el decreto del Secretario aprobando la conciliación o
decidiendo el archivo de las actuaciones por desistimiento, o el auto del juez
o tribunal por el que se homologue la transacción entre las partes o se tenga
por desistida la parte demandante.
Las sentencias pueden ser de instancia o resolutorias de recurso en función
de que hayan sido dictadas por el órgano que ha conocido del asunto inicial-
mente en la instancia o que haya conocido del recurso contra una sentencia
dictada en la instancia o, incluso, dictada en suplicación. Y sobre esta cuestión
hay que recordar que el Juzgado Social es el órgano de instancia ordinario de
la jurisdicción social pero que también, en determinados supuestos, pueden
ser órganos de instancia las Salas de lo Social de los Tribunales Superiores de
Justicia, de la Audiencia Nacional –por ejemplo, en la modalidad procesal de
despido colectivo, del artículo 124 LRJS– e, incluso, la Sala IV del Tribunal Su-
premo en el proceso previsto en el artículo 9.a) LRJS. En estos casos, el juicio
tiene lugar ante los tribunales competentes para conocer en instancia. En todo
caso, la sentencia que dicta el órgano judicial una vez acabado el acto de juicio
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 59 El proceso ordinario
es siempre de instancia, y se distingue claramente de la que dicta un tribunal
que resuelve el recurso –que se tramita por escrito– en contra de una sentencia
dictada de manera previa por el órgano jurisdiccional inferior.
La ley también distingue entre las sentencias definitivas y las firmes. Las pri-
meras se caracterizan, en contra de lo que se puede desprender de su nombre,
porque son susceptibles de recurso, de modo que el proceso puede continuar
en una fase declarativa posterior ante un órgano jurisdiccional superior si se
materializa el recurso. En cambio, la sentencia firme es aquella en contra de
la cual no se puede interponer recurso, ya sea porque la ley no lo contempla
o porque las partes han dejado transcurrir el plazo y no han interpuesto el
recurso, habiendo ganado firmeza por el transcurso del tiempo. La sentencia
firme causa estado de cosa enjuiciada y normalmente –no siempre– es suscep-
tible de ejecución definitiva.
En función del tipo de pretensión contenida en la demanda, las sentencias
pueden ser:
1) Declarativas puras, en las cuales se limitan a declarar la existencia o inexis-
tencia de una relación o situación jurídica anterior.
2) De condena, en las cuales junto con la declaración anterior se impone al
demandante la ejecución de una prestación de dar, de hacer o de no hacer.
3) Constitutivas, en virtud de las cuales se crea, se modifica o se extingue una
relación o situación jurídica, y se obtiene un cambio sobre la misma (Montero
Aroca, 2000).
Esta distinción resulta trascendente a los efectos de ejecución de la sentencia
dado que en el artículo 521.1 LEC se prevé que no se despachará ejecución de
las sentencias meramente declarativas ni de las constitutivas, sin perjuicio de
que las constitutivas que sean firmes puedan dar lugar a inscripciones y mo-
dificaciones en los registros públicos sin necesidad de despachar la ejecución.
Las sentencias también se pueden clasificar entre estimatorias o desestimato-
rias, dependiendo de que la pretensión formulada en la demanda haya pros-
perado o que no se haya acogido favorablemente. No obstante, se tiene que
poner de relieve que también son frecuentes las sentencias parcialmente esti-
matorias, en las que no se acepta la totalidad de las pretensiones formuladas
por la parte demandante sino tan solo una parte de estas.
Finalmente, también importa distinguir entre las sentencias que se dictan por
escrito y las sentencias que son pronunciadas oralmente, también denomina-
das in voce. En el artículo 97 LRJS se regulan la forma y los requisitos de las
sentencias escritas y en el artículo 50 del mismo texto procesal se prescriben
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 60 El proceso ordinario
los supuestos en los que se podrán dictar sentencias oralmente y los requisitos
que tendrán que cumplir estas resoluciones. Estas particularidades formales
serán objeto de estudio en el apartado siguiente.
3.6.2. Requisitos de la sentencia
El artículo 248.3 LOPJ establece que las sentencias se formularán expresando,
después de un encabezamiento, en párrafos separados y numerados, los ante-
cedentes de hecho, hechos probados en su caso, los fundamentos de derecho
y, por último, la decisión, y serán firmadas por el juez o magistrados que las
hayan dictado. El artículo 97.1 LRJS reitera la forma que ha de tener la senten-
cia dictada en el proceso social y establece como apartados imprescindibles el
de antecedentes de hecho, el de hechos probados, los fundamentos jurídicos
y la decisión.
Además de estas partes básicas de la resolución, en el punto 7 del mismo ar-
tículo 97 LRJS también se prescribe que tiene que constar el denominado pie
de recurso, es decir, bajo el texto de la sentencia se indicará si la misma es o
no firme y, en su caso, los recursos que proceden, el órgano ante el cual se
tendrán que interponer y el plazo y requisitos para hacerlo, así como los de-
pósitos y consignaciones que sean necesarios y la forma de efectuarlos. Sobre
este último apartado hay que indicar que es común (artículo 248.4 LOPJ) a
todas las resoluciones judiciales, incluidos los autos y las providencias, y que
tiene básicamente un carácter informativo para las partes.
En cuanto al encabezamiento de la sentencia, tendrá que indicarse el órgano
jurisdiccional que la dicta, con expresión del juez o magistrados que lo inte-
gran y su firma, con indicación del nombre del ponente, cuando el tribunal
sea colegiado (artículo 208.3 LEC).
En cuanto al apartado de antecedentes de hecho, el artículo 97.2 LRJS prevé
que se tendrá que hacer constar un resumen suficiente de los que hayan sido
objeto de debate en el proceso. El artículo 209.2 LEC establece con algo más
de precisión que en los antecedentes también se consignarán, con la claridad
y concisión posibles y en párrafos separados y numerados, las pretensiones
de las partes o interesados, los hechos en que se funden así como las pruebas
propuestas y practicadas. No obstante, hay que decir que la jurisprudencia
laboral en este apartado de la sentencia es muy poco exigente y más flexible
que en la jurisdicción civil.
En cambio, a diferencia del proceso civil, en la sentencia social resulta absolu-
tamente imprescindible una completa y cuidadosa redacción del apartado de
hechos probados, en el que se deberán incluir aquellos hechos que se conside-
ra acreditados. Además, en relación con los hechos que se declaran probados,
se exige que en el apartado subsiguiente –en los fundamentos de derecho– se
haga constar aquellos razonamientos que han llevado a esta conclusión fácti-
ca, sobre todo cuando no recojan estos hechos probados de la sentencia las
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 61 El proceso ordinario
afirmaciones de hechos consignados en documento público aportado al pro-
ceso, apoyados por presunción legal de certeza. Además, según ha declarado
la jurisprudencia laboral, en las sentencias deben figurar, bajo sanción de nu-
lidad, todos los datos necesarios para resolver la cuestión litigiosa por parte de
Sala ad quem –que resuelve el recurso–, y no resulta suficiente la constancia
de los hechos que han servido al órgano de instancia que ha dictado la sen-
tencia recurrida (SSTS 7-11-86, 10-10-90, 29-04-92, 22-01-98, etc.). En el relato
fáctico no tienen que constar hechos negativos, salvo el caso de una absoluta
falta de prueba, y tampoco tienen que figurar afirmaciones que resultan pre-
determinantes de la decisión. Finalmente, hay que dejar constancia de que en
determinadas modalidades procesales la LRJS exige hacer constar preceptiva-
mente en el apartado de hechos probados un listado de datos específicos que
son realmente imprescindibles para la correcta resolución del litigio. De este
modo, en la sentencia dictada en un proceso de despido se tendrá que hacer
constar en el apartado de hechos probados un abundante listado de datos es-
pecíficos (artículo 107 LRJS) como la antigüedad, categoría profesional, sala-
rio, fecha y forma del despido, etc.
Finalmente, en el apartado de los fundamentos de derecho se tendrán que
desarrollar los razonamientos de carácter jurídico que fundan la decisión adop-
tada sobre las peticiones contenidas en la demanda. La motivación es una ga-
rantía esencial del justiciable, mediante la cual, sin perjuicio de la libertad del
juez en la interpretación de las normas, se pueda comprobar que la solución
dada al caso es consecuencia de la exégesis racional del ordenamiento jurídi-
co y no el fruto de la arbitrariedad (SSTC 159/89 y 109/82). No se exige que
la sentencia tenga que ofrecer necesariamente una exhaustiva descripción del
proceso intelectual que el juez ha llevado a cabo para decidir en un determi-
nado sentido (SSTC 55/87 y 25/90), es suficiente una argumentación lacónica
que cumpla la doble finalidad de exteriorizar el fundamento de la decisión y
de permitir el eventual control jurisdiccional mediante los recursos previstos
(SSTC 95/90, 165/99 y 80/00).
En la decisión o parte dispositiva, el juez o tribunal se pronunciará en el sen-
tido de si estima la demanda y se acogen totalmente o de manera parcial las
pretensiones de la parte actora o si se desestiman íntegramente estas peticio-
nes. El artículo 209.4 LEC prevé que la decisión contendrá numerados los pro-
nunciamientos correspondientes a las pretensiones de las partes. Si la senten-
cia condena al pago de cantidades, se tendrá que determinar de manera ex-
presa la cantidad líquida dado que queda expresamente prohibida la reserva
de liquidación (artículo 99 LRJS), es decir, que se pueda aplazar la determina-
ción de la cantidad líquida para el proceso de ejecución de sentencia. En este
punto, resulta de nuevo prevalente el principio de celeridad puesto que la in-
mediata efectividad de la sentencia solo es posible si en su parte dispositiva se
contempla la exacta cuantificación de la condena, ahorrando al demandante
la incoación de un nuevo proceso –el ejecutivo– para concretar la obligación
impuesta al condenado. El artículo 219 de la Ley 1/2000 introduce en el pro-
ceso civil la misma regla general de prohibición de reserva de liquidación. No
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 62 El proceso ordinario
obstante, este precepto también contempla que la parte dispositiva de la sen-
tencia pueda fijar claramente las bases a partir de las cuales pueda efectuarse
la liquidación mediante una pura operación aritmética.
Esta previsión del artículo 219 LEC ha dado pie a los tribunales laborales a
permitir pronunciamientos en los que la liquidación final de la cantidad de
condena no esté expresamente incluida en la parte dispositiva, sino que se
pueda deducir a partir de simples operaciones aritméticas (STSJ Castilla y León,
Burgos, 10-10-00). Además, también en concordancia con el proceso civil (ar-
tículo 220 LEC), en el artículo 99 LRJS se ha previsto que cuando se reclamen
prestaciones o cantidades periódicas, la sentencia podrá incluir la condena a
satisfacer estas cantidades que se devenguen con posterioridad al momento
en que se dicten.
Esta nueva previsión introducida por la Ley 36/2011 significa el reconocimien-
to explícito de las condenas de futuro, a pesar de que limitadas a los casos
concretos de “prestaciones o cantidades periódicas”, que son habituales en
pleitos de prestaciones de la Seguridad Social o en litigios laborales sobre com-
plementos salariales. Por lo tanto, resulta viable la ejecución de un pronun-
ciamiento de estas características por importes devengados con posterioridad
a la resolución ejecutada, a pesar de que esta ejecución quedaría condicionada
a la cláusula rebus sic stantibus, es decir, a que no apareciesen alteraciones im-
portantes de las circunstancias que rodean el cumplimiento de la obligación,
caso en el que habría que acudir nuevamente a un procedimiento declarativo
(Folguera Crespo, 2012). Por otro lado, la sentencia se tiene que pronunciar
sobre cada una de las pretensiones formuladas; la congruencia de la sentencia
exige que se dé respuesta a todas las peticiones planteadas y solo a estas, y
cuando la sentencia no resuelve alguna de las pretensiones enunciadas por las
partes, incurre en incongruencia omisiva y, al mismo tiempo, vulnera el de-
recho a la tutela judicial efectiva (SSTS 8-11-94, 28-09-04, etc.). La congruen-
cia, como requisito que brota del principio dispositivo, implica una adecuada
relación entre pretensión de la demanda y parte dispositiva de la sentencia,
prohibiendo que se otorgue más de lo solicitado por el demandante, menos
de lo que ha resistido el demandado o cosa distinta a lo que han solicitado las
dos partes (STS 9-10-98).
La parte dispositiva de la sentencia también podrá imponer, de manera moti-
vada, al litigante que obró de mala fe o con temeridad, así como al demanda-
do que no acudió a la conciliación extrajudicial injustificadamente, una san-
ción pecuniaria dentro de los límites establecidos en el artículo 75 de la misma
ley. En estos casos, cuando el condenado fuera empresario, tendrá que abonar
también los honorarios de abogado o graduado social de la parte contraria que
hubiera intervenido y hasta el límite de 600 euros. La adopción de estas me-
didas correctivas se efectuará de oficio o a solicitud de parte y previa audiencia
de los interesados en el acto de la vista o después del juicio.
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 63 El proceso ordinario
En cuanto al órgano competente que tiene que dictar la sentencia, el artículo
98 LRJS consagra el principio de inmediación, lo cual significa que es el mis-
mo juez que ha presidido el acto de juicio quien tiene que dictar la senten-
cia, de modo que si este no pudiera dictarla, habría que celebrar nuevamente
el juicio. En el supuesto de que haya sido un tribunal quien ha presidido el
juicio, la LRJS remite a la regulación específica de la LOPJ, norma que prevé
que las sentencias se tendrán que dictar por mayoría absoluta de votos de los
magistrados asistentes a la vista (artículo 255 LOPJ), y si en el momento de
la votación y decisión alguno de los magistrados asistentes a la vista estuviera
ausente y no hubiera votos suficientes para constituir esta mayoría legalmen-
te exigida, sería necesario volver a hacer el juicio y sustituir en el tribunal al
magistrado impedido, separado o suspendido por otro.
El juez o tribunal dictará sentencia en el plazo de cinco días, y se publicará
inmediatamente y se notificará a las partes o a sus representantes dentro de los
dos días siguientes (artículo 97.1 LRJS). A pesar de que la norma legal establece
un plazo ordinario de cinco días para dictar la sentencia y aunque la regla ge-
neral sobre los plazos es que son perentorios e improrrogables, lo cierto es que
el propio legislador ha previsto la excepción en los plazos para dictar resolu-
ción (artículo 43.3 LRJS), excepción que está en correspondencia con el estado
real de los órganos jurisdiccionales, los cuales frecuentemente se encuentran
superados por el volumen de litigios que ingresan, algo que genera un retraso
endémico en el señalamiento de los juicios y en el dictado de sentencias, de
modo que se incumplen de manera casi sistemática los plazos para dictarlas.
La publicación de la sentencia es un mandato que deriva de la Constitución
(artículo 120.3 CE) y que culmina de alguna manera el principio constitucio-
nal, consistente en que las actuaciones judiciales serán públicas, con las ex-
cepciones que prevean las leyes de procedimiento. El de la publicidad es un
principio que caracteriza a la Administración de Justicia de todo Estado demo-
crático y es opuesto a la práctica de la actividad jurisdiccional secreta y de los
tribunales de excepción propios de regímenes autoritarios. En consecuencia,
es lógico que el artículo 120.3 CE haya previsto que las sentencias se pronun-
ciarán en audiencia pública y las leyes procesales hayan reproducido de alguna
manera esta previsión constitucional. No obstante, a pesar de que el artículo
97.1 LRJS prevé la publicación de la sentencia dictada en el proceso social, en
realidad esta prescripción legal se incumple sistemáticamente, y la publicidad
se limita a la notificación a las partes y, en el mejor de los casos, a facilitar una
copia a quien la solicita. En todo caso, también hay que añadir que la publici-
dad de la sentencia puede quedar restringida cuando su difusión puede afectar
al derecho a la intimidad de víctimas u otros derechos de personas acreedoras
de un especial deber de tutela o garantía de anonimato (artículo 266.1 LOPJ).
Un último aspecto que hay que examinar es que la sentencia no podrá ser
modificada una vez ha sido firmada, pero sí que se permite al juez o tribunal
que la ha dictado que pueda aclarar algún concepto oscuro y rectificar cual-
quier error material que sufra (artículo 267.1 LOPJ). Las aclaraciones se podrán
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 64 El proceso ordinario
hacer de oficio dentro de los dos días hábiles siguientes al de la publicación
de la resolución o a petición de parte o del Ministerio Fiscal. En cambio, los
errores materiales manifiestos y los aritméticos de las sentencias podrán ser
rectificados en cualquier momento (artículo 267.3 LOPJ). No obstante, si se
trata de sentencias o de autos que hubieran omitido manifiestamente pronun-
ciamientos relativos a pretensiones oportunamente deducidas y sustanciadas
en el proceso, es decir, en caso de omisiones importantes, el tribunal, a solici-
tud escrita de parte en el plazo de cinco días desde que se notificó la resolu-
ción, previo traslado de esta solicitud a las demás partes por cinco días para
formular alegaciones, dictará auto por el que se completará la sentencia con
el pronunciamiento omitido, o bien se declarará que no procede completarla
(artículo 267.5 LOPJ).
Los autos que se dicten para aclarar las sentencias o para denegar la aclaración
no son susceptibles de ningún recurso, pero el plazo para recurrir la sentencia
se interrumpe desde el momento en que se solicita la aclaración hasta que se
notifica la resolución de este a la parte. El Tribunal Constitucional ha soste-
nido que el cómputo del plazo para la interposición del recurso procedente
en contra de la resolución judicial afectada por la aclaración se iniciará al día
siguiente al de la notificación de la aclaración o de la denegación de este (SSTC
92/83, 38/90 y 73/91).
Por errores materiales manifiestos se entiende, según la doctrina constitucio-
nal, aquellos cuya corrección no implica un juicio valorativo, ni exige opera-
ciones de calificación jurídica o nuevas y distintas apreciaciones de la prueba,
ni supone resolver cuestiones discutibles u opinables, al evidenciarse el error
directamente, deduciéndose con total certeza del propio texto de la resolu-
ción judicial sin necesidad de hipótesis, deducciones o interpretaciones (SSTC
231/91 y 111/00).
La aclaración de la sentencia también tiene unos límites. Cuando la alteración
de la decisión o parte dispositiva de la sentencia implique una nueva aprecia-
ción de valoración, interpretación o apreciación en derecho, el órgano judi-
cial se habrá excedido de los estrechos límites del artículo 267 LOPJ y habrá
vulnerado el derecho a la tutela judicial efectiva (SSTC 48/99 y 218/99).
En el apartado “Formularios” se incorpora un modelo de sentencia dictada en
un proceso ordinario de reclamación de cantidad en el que la empresa no ha
comparecido a juicio.
3.6.3. La sentencia in voce
El artículo 245.2 LOPJ establece que las sentencias se podrán dictar oralmente
cuando la ley lo autorice. Esta posibilidad de dictar sentencias verbalmente
queda absolutamente prohibida en el proceso civil, tal y como establece de
manera tajante el artículo 210.2 LEC. No obstante, en el proceso social sí se
contempla y se regula de manera exhaustiva la posibilidad de dictar sentencias
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 65 El proceso ordinario
oralmente. Esta diferenciación del proceso civil de nuevo encuentra su razón
de ser por la prioridad que se otorga al principio de celeridad, dado que las
partes obtienen la resolución del litigio en el mismo momento en que el juicio
queda visto para sentencia.
El artículo 50 LRJS prevé tres supuestos distintos en los que el órgano jurisdic-
cional podrá dictar “en el momento de finalizar el juicio” una sentencia de
forma oral. Y de esta previsión se desprende la primera exigencia: la sentencia
in voce únicamente está contemplada para las sentencias dictadas en la instan-
cia, en el momento de finalizar el juicio, motivo por el que procede concluir
sensu contrario que no será posible dictar sentencia oral para la resolución de
los recursos de suplicación o de casación.
Por otro lado, del precepto regulador de las sentencias orales se deducen tres
supuestos en los que se podrá dictar verbalmente la resolución del pleito. En
primer lugar, se podrá dictar sentencia in voce cuando en contra de esta no se
pueda interponer recurso de suplicación por razón de la materia o de la cuan-
tía. En este caso, el juez que pronuncia la sentencia verbalmente está obligado
a dotarla del mismo contenido y con los mismos requisitos que están estable-
cidos en el artículo 97.2 para las sentencias escritas. Y si las partes lo solicitan,
habrá que entregar la transcripción de la sentencia. Por lo tanto, a pesar de
que el juez pueda anticipar verbalmente la sentencia, tendrá que redactarla
por escrito –transcribir– de manera casi ineludible, razón por la cual muy po-
cas veces el juzgador decide anticipar verbalmente la sentencia y opta por la
notificación de la sentencia escrita.
El artículo 50 LRJS también contempla una segunda posibilidad en la que se
puede dictar sentencia in voce. Es el caso en el que la parte demandada ha ex-
presado el allanamiento total a las peticiones contenidas en la demanda. El le-
gislador prevé que en esta circunstancia se pueda dictar oralmente la sentencia
con independencia de la materia o de la cuantía, es decir, prescindiendo de si
la sentencia es recurrible o no. En este caso, se exige a las partes que manifies-
ten expresamente la voluntad de no recurrir si la sentencia fuera recurrible.
Naturalmente, a pesar de que en este precepto no se haga mención a esto, el
juez dictará sentencia in voce en caso de allanamiento solo si considera que no
hay obstáculos legales para estimar íntegramente la demanda, puesto que, tal
y como se ha explicado anteriormente, el allanamiento de la parte demandada
no vincula necesariamente al órgano jurisdiccional para estimar la demanda.
A pesar de que el párrafo segundo del apartado 1 del artículo 50, donde se
regula esta segunda posibilidad de sentencia in voce, no se refiera al contenido
formal que tendrá que adoptar la sentencia oral en caso de allanamiento, se
han de considerar plenamente aplicables las formalidades establecidas por las
sentencias in voce reguladas en el párrafo primero del mismo apartado 1 y, por
lo tanto, deberán estar dotadas de la misma estructura y contenido formal que
las sentencias escritas reguladas en el artículo 97 y, además, si la parte solicita
la transcripción, se tendrán que redactar por escrito.
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 66 El proceso ordinario
El mismo artículo 50 prevé en su apartado 2 una tercera posibilidad de pro-
nunciar in voce la resolución del litigio. En este caso el juez podrá, acabado el
acto de juicio, pronunciar oralmente la decisión o parte dispositiva con una
“motivación sucinta”, de modo que las partes conocerán en el mismo momen-
to el sentido de la resolución del pleito y las sucintas razones que han llevado
al órgano judicial a adoptar aquella resolución. No obstante, en este caso el
juez está obligado a redactar la sentencia por escrito dentro del plazo y en la
forma legalmente establecida. Se puede decir que la particularidad de esta ter-
cera modalidad de pronunciamiento in voce no es otra que la de avanzar a las
partes la decisión adoptada una vez finalizado el acto de juicio, siguiéndose
posteriormente el mismo trámite que las sentencias que se dictan por escrito
dentro del plazo legal establecido al efecto.
Posiblemente, en este caso se está más ante una “decisión anticipada” –que es
como se denomina en el apartado 3 del mismo precepto– que una sentencia
in voce propiamente dicha. El legislador prevé expresamente en este supuesto
que se pueda dictar el “fallo anticipado” en cualquier tipo de pleito, sea cual
sea la materia o la cuantía, cosa que se explica porque, con independencia de
que se haya anticipado la parte dispositiva a los interesados, la sentencia será
notificada por escrito a los litigantes en su momento, a partir del cual se podrá
seguir la misma vía de impugnación –si legalmente es posible– que para las
sentencias escritas.
Las partes quedarán notificadas de las sentencias dictadas oralmente en el mis-
mo acto. Si una vez conocida la sentencia in voce o la decisión anticipada las
partes expresan su voluntad de no recurrir, el juez declarará en el mismo acto
la firmeza de la sentencia (artículo 50.3 LRJS). Si alguna de las partes no ha
comparecido, se le tendrá que hacer la oportuna notificación, la cual se deberá
materializar mediante traslado de la resolución escrita.
Para acabar, hay que señalar que esta modalidad de sentencia es escasamente
empleada por los juzgados dado que, pese a anticipar a las partes el sentido
de la resolución del pleito, no supone especiales ventajas para el órgano juris-
diccional puesto que, tarde o temprano, se tiene que redactar igualmente la
sentencia. Además, el pronunciamiento precipitado de la decisión puede im-
plicar la omisión de unos datos del pleito que, si el juez los hubiera percibido
en el momento de dictar la sentencia, habrían podido dar lugar a resoluciones
en sentido diferente. Es posiblemente este miedo a la precipitación al tomar
la decisión en los asuntos, por más sencillos que estos sean, lo que habitúa
al juez a no avanzar la decisión. Además, la poca jurisprudencia existente so-
bre esta materia incide especialmente en que las sentencias in voce tienen que
cumplir las exigencias formales básicas de las sentencias escritas (SSTS 7-05-93
y 10-04-96), y que el cumplimiento de las sentencias verbales de los requisi-
tos establecidos para las resoluciones escritas suponen una triple garantía de
igualdad, contradicción y defensa de los litigantes (STC 30-06-93).
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 67 El proceso ordinario
4. El proceso monitorio
El denominado proceso monitorio constituye una de las novedades más des-
tacables que fueron introducidas por la Ley 36/2011 Reguladora de la Jurisdic-
ción Social. Este proceso se ha configurado a imagen y semejanza del proceso
monitorio civil (artículos 812-818 LEC), a pesar de que mantiene algunos ele-
mentos distintivos. Este proceso fue concebido como una herramienta dirigi-
da a la protección rápida y eficaz del crédito dinerario líquido del justiciable,
como un instrumento de lucha contra la morosidad. Desde instancias de la
Unión Europea se impulsó con la Directiva 2000/35 CE del Parlamento y el
Consejo, de 29 de junio, y actualmente, en un ámbito europeo, es regulado
por el Reglamento 1896/2006, del Parlamento y del Consejo.
El proceso monitorio civil se basa en la existencia de un documento previo
que justifica una obligación dineraria vencida y exigible que se presenta ante
el Juzgado de Primera Instancia y que da lugar a que el secretario judicial re-
quiera de pago al deudor por el plazo de 20 días, dentro del cual el obligado
puede atender la deuda, puede oponerse o puede no contestar. En el caso de
pago, una vez conste al secretario esta circunstancia, archivará las actuaciones.
Si el deudor no contesta el requerimiento o no comparece, el secretario dicta-
rá decreto dando por acabado el proceso monitorio y dando traslado de esta
resolución al acreedor para que solicite la ejecución si así le conviene. Final-
mente, si el deudor se opone dentro del plazo conferido, el secretario dictará
decreto y dará por acabado el proceso monitorio, acordando seguir la tramita-
ción conforme a lo previsto para este tipo de juicio y convocando a las partes
a la vista ante el tribunal.
En la jurisdicción social, el proceso monitorio se regula en el artículo 101 LR-
JS, precepto que está incluido como una sección más del título I, dedicado al
proceso ordinario. Por lo tanto, está claro que el legislador no ha querido cata-
logar el monitorio como una modalidad procesal especial, entre otros motivos
porque no hace falta para su tramitación la intervención del juez o tribunal
dado que se tramita casi íntegramente ante el secretario judicial.
4.1. Requisitos
En el proceso monitorio puede tener legitimación activa únicamente quien
ostente la condición de trabajador y la legitimación pasiva el que tenga la
condición de empresario y, además, que no se encuentre en situación legal de
concurso. Para la determinación de esta condición empresarial, se tendrá que
estar a los elementos definitorios contenidos en el artículo 1.2 del Estatuto de
los trabajadores, y por lo tanto, podrá ser parte demandada tanto la persona
física, como la persona jurídica y la comunidad de bienes si dan ocupación a
un trabajador por cuenta ajena. Más complejo será determinar si ostenta legi-
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 68 El proceso ordinario
timación pasiva el conjunto de sociedades o personas físicas que configuran
un grupo empresarial en fraude de ley –patológico– o el cesionario en una ce-
sión ilegal de trabajadores (artículo 43.2 ET) si previamente no ha sido decla-
rada su responsabilidad solidaria mediante una resolución judicial. En el caso
de una cadena de subcontratación (artículo 42 ET), el trabajador tendrá la car-
ga de demostrar la existencia de la subcontrata entre los codemandados y que
la reclamación de salarios que formula se ha devengado mientras ha prestado
servicios a la subcontrata.
En cuanto al objeto que es susceptible de reclamación, del texto de la norma
se desprende que la obligación tiene que derivar del contrato de trabajo pre-
viamente subsistente entre el trabajador y el empresario, lo que significa que
se tienen que excluir las reclamaciones entre empresarios, las reclamaciones
entre trabajadores y las que pueda hacer un trabajador autónomo dependien-
te a su cliente (Preciado Domènech, 2013). Igualmente, quedan excluidas las
reclamaciones de carácter colectivo así como las formuladas ante entidades
gestoras y entidades colaboradoras de la Seguridad Social.
El objeto de reclamación se tiene que ceñir de manera exclusiva a las reclama-
ciones de cantidades que sean vencidas, exigibles, de cuantía determinada y
que en ningún caso excedan de la suma total de 6.000 euros. Por lo tanto, no
podrán constituir objeto del proceso monitorio las pretensiones puramente
declarativas o de carácter constitutivo o aquellas que sean de condena pero de
obligaciones de hacer o de no hacer.
Constituye una carga probatoria para el trabajador que insta el proceso moni-
torio acreditar la subsistencia del vínculo jurídico-laboral mediante copia del
contrato de trabajo, recibos de salarios, reconocimiento de deuda empresarial,
boletines de cotización, informe de vida laboral u otros análogos de los que
resulte un principio de prueba de la relación laboral y de la deuda reclamada.
Un último requisito que resulta imprescindible para reclamar por la vía moni-
toria es que el empresario tiene que poder ser requerido para atender la deuda
reclamada mediante los mecanismos de comunicación previstos en los artícu-
los 56 y 57 LRJS, como la citación personal, por correo certificado con acu-
se de recibo, por telégrafo, fax, correo electrónico o cualquier otro medio de
comunicación o de transmisión de textos con el que quede constancia de la
recepción efectiva por parte del empresario, y queda expresamente excluida la
posibilidad de citar por la vía de la publicación de edictos en el boletín oficial,
prevista en el artículo 59 LRJS. Por lo tanto, la viabilidad de la reclamación
mediante el proceso monitorio queda condicionada a que la empresa sea re-
ceptora efectiva del requerimiento de pago.
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 69 El proceso ordinario
4.2. Tramitación del proceso monitorio
El proceso monitorio se incoará a partir de la presentación de una “petición
inicial” en la que se expresarán la identidad completa y precisa del empresa-
rio deudor, datos de identificación fiscal, domicilio completo y demás datos
de localización, tanto del demandante como del demandado. Asimismo, en
esta petición se tendrá que hacer constar el detalle y desglose de los concretos
conceptos, las cuantías y los periodos reclamados. Junto con esta petición, se
tendrá que adjuntar de manera preceptiva toda aquella documentación –que
anteriormente se ha indicado– de la que resulte un principio de prueba de la
relación laboral y de la cuantía de la deuda reclamada. Asimismo, también se
deberá aportar junto con la petición inicial la documentación justificativa de
que se ha intentado previamente la conciliación o mediación cuando estas
sean exigibles.
Esta petición se tendrá que presentar ante el Juzgado Social competente para
conocer de la reclamación, competencia que viene determinada por los fueros
establecidos en el artículo 10 LRJS. En el caso de la existencia de diferentes
juzgados de la misma clase en la circunscripción, se tendrá que presentar la
petición inicial en el registro general del decanato de los juzgados para que
este proceda al correspondiente reparto.
Una vez presentada la petición inicial al juzgado, el secretario judicial proce-
derá a la comprobación del cumplimiento de los requisitos mencionados y, en
el caso de apreciar algún defecto en la solicitud, otorgará el plazo de cuatro
días a la parte demandante para que proceda a su subsanación. Si transcurrido
el plazo la parte solicitante no ha subsanado el defecto o si el secretario con-
sidera que el defecto no es subsanable, dará cuenta al juez para que este dicte
la correspondiente resolución sobre la admisión o inadmisión de la petición.
Y si esta petición fuera admisible, el secretario judicial requerirá al empresario
para que, en el plazo de diez días, pague al trabajador, acreditándolo ante el
juzgado, o comparezca en este y alegue sucintamente, en escrito de oposición,
las razones por las que a su entender no debe, en todo o en parte, la cantidad
reclamada, con apercibimiento de que de no pagarla ni comparecer alegando
las razones de la negativa al pago, se despachará la ejecución en contra de él.
De este requerimiento también se dará traslado al FOGASA por el plazo de diez
días, ampliables por diez días más a petición de este organismo si manifestara
la necesidad de efectuar averiguaciones sobre la solicitud y, en especial, sobre
la solvencia empresarial.
A partir de la recepción por parte del empresario de la petición del trabajador,
el proceso monitorio puede finalizar de cuatro maneras distintas. En primer
lugar, el requerido de pago puede atender la petición abonando directamente
el importe reclamado al acreedor y comunicando esta circunstancia al juzgado,
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 70 El proceso ordinario
o bien ingresando la suma debida en el juzgado, caso en el que el secretario
entregará a continuación la cantidad al trabajador y archivará el proceso sin
más trámite.
La segunda forma posible de poner fin al proceso monitorio es que ni la em-
presa ni el FOGASA formulen oposición a la reclamación. La norma legal exige
que esta oposición se deba hacer por escrito y en forma motivada, de modo
que una oposición verbal o escrita sin la más mínima fundamentación no po-
dría producir los efectos previstos de la oposición escrita. Por lo tanto, en el
supuesto de que el empresario o el FOGASA no formulen la oposición escrita y
motivada, el secretario judicial dictará decreto dando por acabado el proceso
monitorio y dando traslado de este decreto de conclusión a la parte solicitan-
te para que inste la ejecución, siendo suficiente a tal efecto la mera solicitud
del trabajador. En este segundo supuesto, el proceso monitorio culmina con
la constitución de un título ejecutivo, que no es otro que el decreto de con-
clusión dictado por el secretario judicial, poniendo fin al monitorio y hacien-
do constar que no ha existido oposición del empresario a la suma reclamada.
Desde la fecha en que se dicte este decreto, la deuda reconocida devengará el
interés procesal previsto en el artículo 576 LEC.
Este título ejecutivo, constituido previa tramitación del proceso monitorio,
tiene una particularidad que lo distingue de otros títulos y que consiste en
que, una vez despachada la orden general de ejecución, la parte obligada –el
empresario– podrá aducir un motivo adicional de oposición a la ejecución que
no está expresamente previsto entre los motivos generales de oposición tasa-
dos en el artículo 239.4 LRJS para el resto de los títulos ejecutivos. Concreta-
mente, el legislador ha previsto que el empresario contra el cual se ha despa-
chado la ejecución según el decreto de conclusión del monitorio pueda opo-
nerse a la misma invocando la “falta de notificación del requerimiento”. Está
claro que el legislador reconoce la constitución de este nuevo título ejecutivo
condicionado siempre a que el empresario obligado haya tenido la oportuni-
dad previa de atender el pago o de oponerse al mismo por improcedente, y
con esta finalidad ha fijado un doble candado preventivo: en primer lugar, la
prohibición del emplazamiento edictal, exigiendo siempre una comunicación
del requerimiento de pago al demandado que garantice su efectiva notifica-
ción y, en segundo lugar, una vez finalizada la vía monitoria y despachada
la ejecución, la posibilidad de oponerse a la misma invocando como motivo
la falta de notificación del requerimiento en el proceso monitorio previo, es
decir, la alegación de un vicio en un trámite previo a la constitución del título
ejecutivo, tipo de causa de oposición que, por ser anterior a la constitución del
título, como regla general nunca puede ser invocada para oponerse al despa-
cho de la ejecución en el resto de los títulos ejecutivos, dado que en el proceso
de ejecución está rigurosamente vedada la reproducción del debate jurídico
propio del proceso declarativo.
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 71 El proceso ordinario
Finalmente, en el apartado d) del artículo 101 LRJS se prevé que, en el caso de
insolvencia o concurso posterior del empresario y una vez ya incoada la ejecu-
ción, el auto por el cual se despachó la orden general de ejecución será título
suficiente a los efectos de percibir las prestaciones del FOGASA, de acuerdo
con el artículo 33 TE.
La tercera posibilidad de fin del proceso monitorio es la oposición del empre-
sario requerido de pago. En este caso, el secretario judicial dará traslado de
este escrito de oposición al trabajador para que, si conviene a su derecho, pre-
sente, en el plazo de cuatro días, demanda ante el Juzgado Social en la forma
prevenida en el mismo precepto. A partir de la presentación de la demanda
por parte del trabajador, se iniciará la tramitación de un proceso ordinario y se
procederá a continuación al señalamiento ulterior de los actos de conciliación
y juicio en la forma ordinariamente prevista. Si no se presenta la demanda en
el plazo indicado, el secretario judicial procederá al sobreseimiento del proce-
so monitorio.
Dentro de esta tercera posibilidad de terminación de la vía monitoria también
es posible que se produzca una oposición parcial del empresario requerido. Si
se formulara oposición solo de una parte de la cantidad reclamada, el deman-
dante podrá solicitar del juzgado que se dicte un auto acogiendo la reclama-
ción tan solo en las cantidades reconocidas y no impugnadas. Este auto cons-
tituirá título hábil para instar la ejecución y el demandante lo podrá solicitar
con un simple escrito sin necesidad de esperar a la resolución que recaiga res-
pecto de las cantidades controvertidas. Este auto de reconocimiento parcial de
la deuda es muy parecido al que se prevé en el artículo 85.7 LRJS y que se puede
dictar en el supuesto de un allanamiento parcial a la demanda producido en
el acto de juicio, dado que las dos constituyen título a partir del cual se puede
despachar la ejecución con independencia de que continúe la tramitación del
proceso para resolver la controversia litigiosa sobre el resto de la reclamación.
La cuarta forma de poner fin al proceso monitorio se encuentra expresamente
prevista en el apartado f) del artículo 101 LRJS. Se trata del supuesto de que no
hubiera sido posible notificar en la forma legalmente exigida el requerimien-
to de pago al empresario. Dado que la notificación edictal está expresamente
excluida en el trámite del proceso monitorio, en este caso el secretario judicial
procederá a dar traslado al actor para que, si conviene a su derecho, presente
demanda en el mismo plazo de cuatro audiencias, iniciándose después de pre-
sentarse esta el trámite propio del proceso ordinario con señalamiento de los
actos de conciliación y juicio. Naturalmente, si el trabajador no interpone el
escrito de demanda en el plazo conferido, el secretario procederá al sobresei-
miento y archivo del proceso monitorio.
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 72 El proceso ordinario
Resumen
El proceso laboral tiene su antecedente histórico a principios del siglo XX en el
juicio verbal civil. Este era un proceso más simplificado y basado en la oralidad
y la inmediación del juez. Por este motivo, también se trataba de un proceso
mucho más ágil en la tramitación y más rápido en la resolución. Estas carac-
terísticas fueron determinantes para que un procedimiento con este perfil tu-
viera un éxito rotundo en la resolución de los pleitos laborales.
La aparición histórica de órganos jurisdiccionales específicos en el ámbito la-
boral, como fueron los tribunales industriales constituidos en el año 1908,
consolidó normas procesales laborales de carácter autónomo del proceso civil,
a pesar de que este último mantenía su carácter supletorio. El proceso laboral,
inspirado en el proceso verbal civil, fue completando su regulación y consoli-
dándose al mismo tiempo que los órganos específicos de la jurisdicción social.
La aparición de las Magistraturas de Trabajo en el año 1938 y la promulgación
de su Ley Orgánica Procesal en el año 1940 fueron un paso importante. La en-
trada en vigor en el año 1958 del primer texto refundido de la Ley de Procedi-
miento Laboral significó una nueva expansión de las normas procesales labo-
rales, y las progresivas reformas y ampliaciones de esta norma –las más desta-
cables las de 1980, 1990, 1994 y 2009– dieron carta de naturaleza definitiva a
un proceso que cada vez fue más independiente del proceso civil. La promul-
gación de la Ley 36/2011 Reguladora de la Jurisdicción Social ha profundizado
todavía más en esta tendencia manifestada durante todo el siglo pasado.
El éxito del modelo de juicio configurado durante casi un siglo en el ámbito
laboral culminó de manera paradójica con la Ley 1/2000 de Enjuiciamiento
Civil, norma que sustituyó la vieja LEC de 1881. La nueva Ley Procesal insti-
tuyó un proceso civil moderno, adaptado a las nuevas tecnologías y a las exi-
gencias contemporáneas. Y para lograr estos objetivos se basó en los exitosos
principios rectores del proceso laboral, a pesar de que un poco atenuados, de
oralidad, inmediación, concentración y celeridad.
A pesar de esta aproximación del juicio civil al laboral, justo es decir que las
diferencias subsisten. La importancia que se otorga a la rápida resolución del
litigio en la jurisdicción social, teniendo en cuenta los perentorios intereses
que aquí se ventilan, exige una normativa procesal que, sin perjudicar el de-
recho a la defensa de las partes, permita el trámite procesal con celeridad. Esta
exigencia implica necesariamente la simplificación de los trámites y el acor-
tamiento de plazos. Asimismo, el proceso laboral intenta garantizar al traba-
jador –habitualmente con recursos económicos limitados– un pleito barato,
económicamente asumible, motivo por el cual se le reconoce el derecho a la
justicia gratuita y se le permite acceder a la jurisdicción sin abogado ni procu-
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 73 El proceso ordinario
rador. Ahora bien, esta relativa simplificación de las diferentes fases procesales
no se tiene que confundir con la falta de las mínimas formalidades según una
supuesta “flexibilidad” de las normas procesales laborales.
Tal y como se ha examinado en las páginas precedentes, el proceso ordinario
laboral se encuentra pautado de manera exhaustiva en sus fases anteriores a
la presentación de la demanda, en el trámite de admisión de esta y de señala-
miento de los actos de conciliación y juicio, en la práctica de la prueba y en la
formulación de alegaciones de las partes en el plenario de oimiento, así como
en el dictado de la sentencia que culmina el litigio, sentencia que resulta más
exigente desde un punto de vista formal que la civil, considerando la necesi-
dad de hacer constar los hechos probados y de razonar el origen de los mismos.
Hay que destacar también la importancia de un conocimiento sólido de las
normas que rigen el proceso ordinario porque estas resultarán de aplicación,
prácticamente en su integridad, en las diferentes modalidades procesales. Cier-
tamente, los procesos especiales laborales se articulan a partir de las normas
del proceso ordinario, añadiendo determinadas particularidades referidas al
objeto específico del pleito, especificidades en el contenido de la demanda,
plazos más cortos, especificidades en la legitimación procesal de las partes, en
el desarrollo del acto de juicio o singularidades en la parte dispositiva de la
sentencia. No obstante, la totalidad de estas modalidades especiales se estruc-
turan a partir del esqueleto básico del proceso ordinario. De aquí la relevancia
de dominar las normas de este proceso general.
Finalmente, se tiene que mencionar uno de los aspectos más controvertidos
del proceso laboral: la supletoriedad de la LEC. Este es un principio vigente
desde el mismo momento en que nace un proceso laboral autónomo y que se
ha mantenido hasta hoy. Este carácter supletorio de la norma civil no tan solo
se contempla de manera genérica en el artículo 4 de la Ley 1/2000 y en la dis-
posición final 4.ª de la LRJS, sino que se reitera en múltiples preceptos de esta
última ley. El problema es que la supletoriedad de las normas civiles tan solo es
factible en el proceso laboral en aquellos supuestos en los que existe un vacío
normativo, es decir, en los que la LRJS no tenga una norma específica para
aplicar en el caso concreto y que, además, la aplicación de las normas civiles
se haga “con la necesaria adaptación a las particularidades del proceso social
y cuando sean compatibles con sus principios”. Pues bien, la concurrencia de
estas condiciones para la aplicación supletoria de la LEC al proceso laboral no
siempre es fácilmente identificable. De aquí viene que la supletoriedad de la
LEC es frecuentemente problemática porque las partes no siempre coinciden
en que la norma civil pueda resultar aplicable en el supuesto concreto objeto
de controversia.
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 75 El proceso ordinario
Ejercicios de autoevaluación
1. ¿Cuál es la finalidad de los actos preparatorios?
a) Comunicar a los futuros demandados que se les quiere demandar para que así, con tiempo
suficiente, se puedan defender de la manera adecuada.
b) Suministrar al futuro actor/demandante aquellos datos que resultan esenciales para inter-
poner la demanda, ya sea para la correcta identificación de la parte que se quiere demandar
o para la correcta definición de las cuestiones de fondo del futuro litigio.
c) Preparar toda aquella prueba que sea necesaria para el acto de juicio.
d) Hacer posible que, por economía procesal, las partes puedan llegar a una conciliación
antes de la interposición de la demanda.
2. Cuando en los actos preparatorios o las diligencias preliminares no hay consentimiento del
afectado y las diligencias interesadas pueden impactar su intimidad personal u otros derechos
fundamentales, el juez o tribunal podrá...
a) denegar de pleno la medida solicitada para tutelar los derechos fundamentales y las liber-
tades públicas del afectado.
b) autorizar bajo su responsabilidad el acto preparatorio solicitado, con la finalidad de ga-
rantizar el derecho a la defensa de la parte solicitante.
c) ponderar los intereses concurrentes mediante el juicio de proporcionalidad y con el mí-
nimo sacrificio de los derechos fundamentales de los afectados, resolviendo sobre el acto
preparatorio en el sentido y alcance que considere.
d) requerir a la parte solicitante para que formule una petición alternativa que no afecte
ni a derechos fundamentales ni a libertades públicas del destinatario del acto preparatorio
interesado.
3. ¿Puede el juzgado social decidir favorablemente sobre una medida cautelar que se ha so-
licitado antes de presentarse la demanda?
a) No, porque esta posibilidad no está expresamente prevista en la LRJS.
b) Sí porque, aunque no está expresamente prevista esta medida en el artículo 79 LRJS, según
el principio pro operario que rige en la interpretación de las normas procesales laborales, si lo
solicita el trabajador se podrá acordar de conformidad.
c) Sí se podrá adoptar la medida antes de presentarse la demanda, pero tan solo en los casos
en los que la cuantía litigiosa sea superior a los 3.000 euros.
d) Sí, pero tan solo en el caso de alegarse y acreditarse razones de urgencia o necesidad, de
acuerdo con las previsiones de la LEC.
4. Las medidas cautelares se decidirán, como regla general, después de haberse escuchado
las partes, y además...
a) en ningún caso se podrán adoptar sin el trámite de audiencia previa de las partes.
b) solo se podrá decretar la medida cautelar inaudita pars si quien la ha solicitado ha prestado
la fianza prevista en la LEC.
c) el juez o tribunal podrá decidir sin audiencia previa de las partes de manera discrecional
cuando así se solicite.
d) tan solo se podrá decretar la medida cautelar inaudita pars cuando la parte instante así lo
pida y acredite que concurren razones de urgencia o que la audiencia previa pueda compro-
meter el buen fin de la medida cautelar.
5. Teniendo en cuenta la vigencia de los principios de oralidad y de celeridad en el proceso
laboral,...
a) se permite la presentación de la demanda verbalmente, sin necesidad de transcripción
escrita.
b) no es posible presentar la demanda verbalmente, salvo que se trate de una reclamación
que se deba tramitar de manera urgente o preferente.
c) siempre y en todo caso deberá presentarse la demanda por escrito.
d) encontramos obligatoriedad de presentar la demanda escrita solo cuando sea de cuantía
superior a los 3.000 euros.
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 76 El proceso ordinario
6. El secretario judicial admitirá la demanda presentada cuando esta reúna los requisitos
legalmente establecidos, pero si constata la existencia de defectos podrá...
a) requerir a la parte actora para que enmiende el defecto observado, y si la parte requerida
hace caso omiso de esto, no admitir la demanda y archivarla sin más trámite.
b) no admitir la demanda, dictar directamente un decreto en este sentido y emplazar al actor
a que vuelva a presentar una nueva demanda si conviene a su derecho.
c) requerir de enmienda a la parte demandante y, si no atiende el requerimiento, dar cuenta
al juez para que este disponga lo que corresponda.
d) dar cuenta al juez o tribunal para que este requiera de enmienda a la parte demandante y,
una vez enmendado el defecto, el juez o tribunal devuelva las actuaciones al secretario para
que este acuerde por decreto la admisión de la demanda.
7. La finalidad principal del incidente previo al acto del juicio es...
a) evitar suspensiones y aplazamientos del acto de juicio por la existencia de obstáculos
procesales y facilitar que el juez o tribunal pueda entrar en la resolución de las cuestiones
de fondo que se suscitan.
b) aproximar las posiciones de las partes de cara a lograr una conciliación.
c) concretar cuáles son los hechos controvertidos y que serán objeto de prueba y aquellos
otros hechos que son pacíficos entre las partes y respecto de los cuales no será necesario
practicar la prueba.
d) abrir un trámite de alegaciones de las partes referidas exclusivamente a las medidas cau-
telares que se han solicitado antes de juicio.
8. Para formular la reconvención, es necesario que la parte demandada lo haya anunciado
en el trámite de conciliación/mediación previas o contestación a la reclamación previa; que
se hayan expuesto los hechos en que se funda; que el órgano judicial tenga también compe-
tencia para conocer de esta reclamación; que la acción reconvencional se pueda sustanciar
en la misma modalidad procesal que el proceso principal; y...
a) que la parte demandada haya prestado fianza de la reclamación principal que se formula
contra la misma.
b) que haya una conexión entre la pretensión del proceso principal y la de la reconvención.
c) que la parte demandada se haya allanado íntegramente a las pretensiones de la demanda
principal.
d) que la reclamación que contenga la reconvención se refiera de manera exclusiva a salarios
abonados en exceso por el empresario.
9. Las partes no tendrán que probar en el acto de juicio aquellos hechos que disfrutan de
notoriedad absoluta y general, ni tampoco aquellos otros que disfrutan de la presunción legal
de certeza, salvo que se quiera destruir esta presunción; en cambio, en cuanto al derecho
alegado,...
a) las partes tendrán que demostrar la vigencia del derecho interno del Estado y de las co-
munidades autónomas, así como el de la Unión Europea, que se hayan publicado en los res-
pectivos boletines oficiales.
b) las partes tan solo tendrán que demostrar la vigencia del derecho comunitario, y quedan
exentos de prueba el derecho interno estatal y de las comunidades autónomas.
c) las partes tienen la carga de probar la existencia y vigencia únicamente del derecho ex-
tranjero que consideren aplicable al proceso, así como las costumbres respecto de las cuales
no haya conformidad en cuanto a su existencia.
d) según principios de iura novit curia, las partes están eximidas de probar el derecho que
invocan en el pleito.
10. El traslado previo o la aportación anticipada de prueba consiste en...
a) practicar la prueba antes del acto de juicio.
b) que la parte litigante que quiera practicar en juicio una prueba documental o pericial
de gran volumen o complejidad aporte con anterioridad a la vista oral esta prueba a las
actuaciones para que la contraparte pueda examinarla con tiempo y medios.
c) que las dos partes aporten con anterioridad al acto de juicio la totalidad de la prueba
pericial y documental, con independencia del volumen o complejidad de esta, a efectos de
facilitar la defensa de la parte adversa.
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 77 El proceso ordinario
d) que la parte que quiera practicar el interrogatorio de la otra parte o de testigos aporte con
anterioridad al acto de juicio el listado de preguntas que pretenda formular para que el juez
o tribunal declare la pertinencia de cada una de las cuestiones.
11. La práctica del interrogatorio de la Administración pública requiere...
a) solicitar al juez o tribunal con anterioridad al acto de juicio la práctica de esta prueba,
presentando un listado de preguntas por escrito para que, previa declaración de pertinencia
por parte del órgano jurisdiccional, sean contestadas vía informe y por escrito antes de la
vista oral.
b) que por parte de la Administración pública comparezca a juicio un apoderado que conozca
de los hechos y esté facultado para responder verbalmente las preguntas que se le formulen.
c) que el juez o tribunal lo hayan acordado practicar como diligencia final y únicamente
en el supuesto de que los hechos resulten controvertidos en el expediente administrativo
tramitado previo al acto de juicio.
d) No es posible practicar la prueba de interrogatorio de parte cuando el litigante es la Ad-
ministración pública o un organismo de carácter público.
12. ¿Cuándo y cómo se puede practicar la prueba de reconocimiento judicial en el proceso
social?
a) El reconocimiento judicial no está expresamente regulado en la LRJS, motivo por el cual
se puede concluir que no constituye un medio de prueba válido en el proceso social.
b) Esta prueba tan solo se puede practicar si se estima imprescindible y supone una breve
suspensión del acto de juicio para llevarla a cabo.
c) El reconocimiento judicial se tendrá que practicar de acuerdo con las normas supletorias
de la LEC y solo antes de que tenga lugar el acto de juicio como una prueba anticipada.
d) La prueba de reconocimiento judicial se puede llevar a cabo antes del acto de juicio como
una prueba anticipada; durante el acto de juicio, si no supone más que una breve interrupción
de la vista oral; y una vez acabado el juicio, si se acuerda como diligencia final y se aplica el
régimen jurídico de la LEC para su práctica.
13. Se puede afirmar que la sentencia dictada en el proceso es incongruente cuando...
a) su fundamentación jurídica no tiene una lógica interna mínima y resulta contradictoria
en sus propios términos.
b) los razonamientos jurídicos que contiene la resolución para fundamentar la decisión son
diferentes de los argumentos de derecho que han alegado las partes en defensa de sus pre-
tensiones.
c) la parte dispositiva o decisión no se pronuncia sobre todas y cada una de las peticiones
contenidas en el petitum de la demanda, y se han producido omisiones al respeto.
d) la sentencia no razona jurídicamente de forma suficiente el sentido de su parte dispositiva
o decisión.
14. ¿Qué tipo de reclamación no se puede tramitar mediante el proceso monitorio?
a) La reclamación de un trabajador contra su empresario por unas mensualidades debidas
que no exceden de 6.000 €.
b) La reclamación del trabajador contra su empresa de una mejora de seguridad social esta-
blecida en el convenio colectivo, concretamente del complemento de la prestación de inca-
pacidad temporal hasta el 100% del salario y que asciende a 1.375 euros.
c) La petición del trabajador dirigida a su empresario para que le abone el subsidio económico
de incapacidad temporal de los tres últimos meses en los que ha estado de baja y que suman
el importe de 4.735,30 euros.
d) La solicitud de pago del trabajador despedido de la indemnización por una extinción de
contrato por causas objetivas reconocida por la empresa en la misma carta de despido y por
importe de 2.765,23 euros.
15. Ante el requerimiento de pago efectuado mediante el proceso monitorio, ¿qué respuesta
no puede tener el empresario en el marco de este proceso?
a) Atender el pago e ingresar la suma debida en la cuenta del juzgado para ponerse a dispo-
sición del trabajador.
b) Presentar un escrito oponiéndose a la reclamación y adjuntándose los recibos firmados
por el trabajador de los conceptos que reclama.
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 78 El proceso ordinario
c) Presentar un escrito en el juzgado formulando oposición y reconvención y reclamando al
trabajador la devolución de un préstamo hecho por el empresario.
d) Hacer caso omiso del requerimiento y dar la callada por respuesta.
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Solucionario
Ejercicios de autoevaluación
1.�b
2.�c
3.�d
4.�d
5.�c
6.�c
7.�a
8.�b
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13.�c
14.�c
15.�c
CC-BY-NC-ND • PID_00209472 80 El proceso ordinario
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annex
Formularios
Modelo de demanda de proceso ordinario de reclamación de cantidad
Modelo de sentencia dictada en el proceso ordinario de reclamación de can-
tidad