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Deidades Femeninas en la Antigüedad

El documento describe las deidades femeninas y la Diosa Madre que dominaban las primeras sociedades agrícolas. Las culturas más antiguas entendieron que todos los elementos de la naturaleza, incluidas las mujeres, participaban en un ciclo continuo de vida, muerte y regeneración. Representaron esto a través de la metáfora de la naturaleza como una mujer generadora de vida. Con el tiempo, las religiones monoteístas comenzaron a dar más importancia a dioses masculinos, lo que sirvió para justificar el dominio masculino sobre las mujeres

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Deidades Femeninas en la Antigüedad

El documento describe las deidades femeninas y la Diosa Madre que dominaban las primeras sociedades agrícolas. Las culturas más antiguas entendieron que todos los elementos de la naturaleza, incluidas las mujeres, participaban en un ciclo continuo de vida, muerte y regeneración. Representaron esto a través de la metáfora de la naturaleza como una mujer generadora de vida. Con el tiempo, las religiones monoteístas comenzaron a dar más importancia a dioses masculinos, lo que sirvió para justificar el dominio masculino sobre las mujeres

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CUANDO DIO S E RA MUJ E R:

DE I DADE S FE ME NI NAS DE LA
ANTI GÜE DAD
Vía Escuela de Ateneas

Hubo un tiempo en el que las plegarias humanas iban dirigidas a la Diosa


Madre, como divinidad de divinidades que dominaba un mundo de
sociedades agrícolas.

Los distintos cultos populares a las Diosas se habían organizado a través de


uno primigenio y elemental: el poder de dar vida. Desde este punto de vista
la fertilidad de la tierra y la fecundidad femenina es una misma cosa para
las sociedades primitivas, dando respuesta a las preguntas existenciales
sobre el misterio de la creación.

“Las culturas más antiguas de la humanidad llegaron a la conclusión de que


la vida surgía, se perdía y volvía a aparecer en un ciclo incesante (como les
daban a entender las estaciones del año, las distintas fases de la luna, la
muerte y el nacimiento…).

Entendieron que todos los elementos componentes de la naturaleza sin


excepción (plantas, árboles, rocas, montes, agua, viento, sol, luna, estrellas,
mar…) eran seres vivientes como el ser humano mismo, puesto que todos
esos elementos tomaban parte de igual manera en el ciclo de vida, muerte y
regeneración. En el marco de este pensamiento animista, concluyeron que
la naturaleza en su conjunto era una mujer/madre generadora de vida y
crearon la gran metáfora que ha marcado el pensamiento del ser humano
hasta nuestros días. Hoy en día está plenamente documentado que esta
metáfora de natura/mujer es patente en todo el arte neolítico a través de
miles y miles de imágenes”.  

Josu Naberan, “La vuelta de Sugaar”.

La venus de Willendorf, representa a la fertilidad y data del


neolítico. Esta representación de la gran diosa madre es una de las
imágenes asociadas a estos cultos ancestrales, pero hay muchas más. 

La gran Diosa o La Diosa madre, llamada con infinitos nombre locales –


pero todos referidos a la divinidad femenina que todo lo creó – estuvo
presente casi con exclusividad en la mente mitológica de los seres humanos
desde el 30.000 al 3000 a.C. Algunos de esos nombres son: 

En América Precolombina: La Pachamama andina;  Mapu para los


mapuches; Ixchel para los Mayas; Coatlicue para los Aztecas. 

En África: La diosa Mawu. 

En Asia:  Nin-hursag en Sumeria. Arinna  para los hititas. Hepat en


Babilonia. Isthar en Mesopotamia. Shakti  la energía femenina divinizada
del budismo. 

En Europa: Isis en Egipto cuyo culto se extendió en el mundo


grecorromano. Rhea en Creta. Kubaba en Turquía. Cibeles en Grecia… 

En Mesopotamia la sexualidad era un acto religioso. En la cuna de las


civilizaciones se pensaba que si la vagina era la “puerta de salida”a
este mundo, también era la puerta de entrada para volver al infinito y a
través del acto sexual, tanto hombres como mujeres alcanzaban la
trascendencia y creaban puentes con la Diosa.

La Diosa Isthar, una de las diosas más importantes para el pueblo sumerio,
representaba el sexo, la fertilidad y el amor. Su culto podría haber
implicado rituales sexuales en los templos erigidos en su honor. 

En un proceso que llevó miles de años, las culturas paganas y politeístas


comenzaron a dar más importancia a dioses belicosos y masculinos que
desplazaron a la Gran Diosa. 

El judaismo es la primera religión monoteista que atribuye a Yavéh la


capacidad generadora de la Diosa (crear y dar vida) siendo éste el primer
Dios que sustrae el poder femenino para depositarlo en el otro lado.

Las religiones monoteístas ponían el poder en un sólo ente todo poderoso y


omnipresente. Dar a este único dios forma andrógina, era indispensable
para reforzar la supremacía del hombre sobre la mujer. 

Concebir religiones monoteistas con un único dios de sexo masculino,


sirvió a las nuevas civilizaciones la justificación del derecho a la autoridad
absoluta masculina sobre la mujer y el resto de los seres vivos del
planeta…y “así en la tierra como en el cielo”… gobernar el mundo.
Este proceso de masculinización de los dioses, fue un proceso largo y
difícil en una época en que los poderes religiosos ejercían el poder moral,
político y judicial de las sociedades. Ese largo proceso, en el que el poder
de la diosa dejó de equilibrar la balanza de lo masculino y lo femenino, fue
el momento en el que el imaginario colectivo fue restando poder y
posibilidades a las mujeres.

[Link]
antiguedad/

acessado em 30/01/2021 às 11:22h

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