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SENTENCIA DEL TRIBUNAL EUROPEO DE DERECHOS HUMANOS

DE ESTRASBURGO

CASO UNIÓN ALIMENTARIA SANDERS S.A. CONTRA ESPAÑA

7 JULIO 1989

Demanda núm. 11681/1985.

ABSTRACT:
Una sociedad española demanda a España por la existencia de dilaciones
indebidas en el proceso civil de reclamación de cantidad en el que estaba
incursa. No existían circunstancias excepcionales que justificasen la pasividad
de los Tribunales.

En el asunto Unión Alimentaria Sanders, SA contra España,

El Tribunal europeo de Derechos Humanos, constituido, con arreglo al


artículo 43 del Convenio para la Protección de los Derechos Humanos (RCL
1979, 2421 y ApNDL 3627) Y de las Libertades Fundamentales («el
Convenio») y a los artículos aplicables de su Reglamento, en una Sala
compuesta por los siguientes Jueces señor R. Ryssdal, Presidente, señor J.
Cremona, Thór Vilhjálmsson, F. Matscher, R. Macdonald, J. De Meyer, J.A.
Carrillo Salceda, así como por los señores M.A. Eissen, Secretario, y H.
Petzold, Secretario adjunto,

Después de deliberar en privado los días 22 de abril y 19 de junio de


1989,

Dicta la siguiente

SENTENCIA

PROCEDIMIENTO

1. El asunto fue sometido al Tribunal por la Comisión europea de


Derechos Humanos («la Comisión») y por el Gobierno del Reino de España («el
Gobierno»), los días 19 de diciembre de 1988 y 20 de enero de 1989
respectivamente, dentro del plazo de tres meses que establecen los artículos
32.1 y 47 del Convenio (RCL 1979,2421 y ApNDL 3627). Tiene su origen en
una demanda (núm. 11681/1985) dirigida contra España que una sociedad
anónima española, Unión Alimentaria Sanders, SA había presentado ante la
Comisión el 5 de julio de 1985 en virtud del artículo 25.

La demanda de la Comisión se remite a los artículos 44 y 48 así como a


la declaración española de reconocimiento de la jurisdicción obligatoria del
Tribunal (artículo 46), y la del Gobierno al artículo 48. La finalidad de ambas
es obtener una decisión sobre si los hechos enjuiciados revelan un
incumplimiento del Estado demandado de sus obligaciones de acuerdo con el
artículo 6.1.

2. La sociedad demandante, en contestación al ofrecimiento previsto en


el artículo 33.3 d) del Reglamento, expresó su propósito de intervenir en el
proceso pendiente nombrando abogado a estos efectos. (artículo 30).

3. La Sala a constituir comprendía como miembros de pleno derecho al


señor J.A. Carrillo Salceda, juez de nacionalidad española (artículo 43 del
Convenio), y al señor R. Ryssdal, Presidente del Tribunal [artículo 21.3 b) del
Reglamento]. El 26 de enero de 1989, designó por sorteo celebrado en presencia
del Secretario, a los cinco miembros restantes, los señores J. Cremona, Thór
Vilhjálmsson, F. Matscher, R. Macdonald y J. De Meyer, (artículos 43 in fine
del Convenio y 21.4 del Reglamento).

4. El señor Ryssdal, después de tomar posesión de la Presidencia de la


Sala (artículo 21.5 del Reglamento) y de consultar, por medio del Secretario, al
agente del Gobierno, al delegado de la Comisión y al abogado de la sociedad
demandante,

- constato, el 10 de febrero de 1989, que no procedía, a estas alturas, la


presentación de informes (artículo 37.1)

- y fijó, el 14 de marzo, como fecha de apertura del procedimiento oral el


21 de abril de 1989 (artículo 38 del Reglamento).

5. En distintas fechas entre e12 de marzo y el 21 de abril de 1989, el


Secretario, de acuerdo con lo ordenado por el Presidente, recibió diversos
documentos del Gobierno, de la Comisión y de la sociedad demandante, según
los casos.

6. Los debates se desarrollaron en público el día señalado, en el Palacio


de los Derechos Humanos de Estrasburgo. El Tribunal había celebrado, con
anterioridad, una reunión preparatoria.

Comparecieron:
- Por el Gobierno: el señor J.L. Fuertes Suárez, Asesor del Ministerio de
Justicia, agente y el señor J.M. Morenilla Rodríguez, Asesor del Ministerio de
Justicia, abogado;

- Por la Comisión: el señor J.c. Soyer, delegado;

- Por el demandante: la señora F. Ramos Méndez, abogada.

El Tribunal escuchó sus alegatos, así como las respuestas a sus preguntas
de los señores Fuertes Suárez por el Gobierno, Soyer por la Comisión y la
señora Ramos Méndez por la sociedad demandante.

7. El 11 de mayo de 1989, la sociedad demandante presentó su


reclamación; las alegaciones del agente del Gobierno a este respecto se
recibieron en Secretaría el 22 de mayo. En cuanto al delegado de la Comisión,
el día 23 manifestó que no tenía nada que decir sobre esta cuestión.

Hechos

I. Las Circunstancias del Caso

a. Génesis del caso

8. La sociedad anónima Unión Alimentaria Sanders ejerce su actividad


en la industria alimentaria y tiene su domicilio social en Madrid.

9. En 1974, suscribió un contrato para financiar la cría de cerdos en una


granja de la sociedad Linconin, SA. En contraprestación, ésta última debía
pagar el precio de los animales y los gastos financieros, pero debido a su
insolvencia no pudo cumplir sus compromisos; y, entre tanto, había vendido los
cerdos.

Las diligencias penales instruidas contra Linconin, SA y sus


administradores fueron paralizadas a resultas de una medida general de gracia.

b. El proceso ante el Juzgado de Primera instancia de Barcelona

10. El 2 de mayo de 1979, Unión Alimentaria Sanders, SA emplazó ante


el Juzgado de Primera instancia de Barcelona, para el pago de la cantidad de la
que consideraba acreedora, a Linconin, SA y a su administradora, la señora P.
Al ser consideradas insolventes, interpuso, también, contra ellas y,
subsidiariamente, contra tres personas más, dos demandas para la ejecución y la
inscripción en el Registro de la Propiedad de las escrituras de compra de las
tierras y de una granja por las dos primeras demandadas.
11. El asunto fue asignado al Juzgado de Primera instancia núm. 9 de
Barcelona, que emplazó a las demandadas para que comparecieran. Sin
embargo, sólo una de ellas, la señora B. lo hizo, estando las otras en paradero
desconocido. Planteó excepciones dilatorias y presentó sus alegaciones en
cuanto al fondo.

El 27 de noviembre de 1980, el Juez solicitó a las partes que presentaran


todos los medios de prueba, lo que tuvo lugar desde el17 de diciembre hasta el
26 de marzo de 1981. Finalizada esta fase, sin que ninguna de las partes
solicitara la celebración de vista pública, les pidió que formularan sus escritos
de conclusiones. La sociedad demandante lo hizo el 29 de octubre, y la señora
B. el 12 de noviembre.

12. El Juez, por Providencia de 28 de diciembre de 1981, declaró los


autos vistos para sentencia. Según el artículo 678 de la Ley de Enjuiciamiento
Civil, el Juez dictará sentencia en un plazo de doce días, que puede ampliarse
hasta quince si los autos excediesen de mil folios.

13. El 10 de julio de 1983, Unión Alimentaria Sanders, SA se dirigió al


Juez para quejarse de la violación del artículo 24.2 de la Constitución (RCL
1978, 2836 y ApNDL 2875), que garantiza «el derecho a un proceso público sin
dilaciones indebidas y con todas las garantías».

El 21 de octubre de 1983, apeló al Tribunal Constitucional con el fin de


que dictaminara la existencia de dicha dilación, y ordenara al Juzgado de
Primera instancia para que dictara su fallo y reconociera el derecho de la
sociedad demandante a una indemnización por los daños ocasionados por dicha
dilación. El Tribunal Constitucional rechazó el recurso de amparo el 23 de
enero de 1985 (RTC 1985, 5) (apartados 17-19 supra).

14. El 17 de diciembre de 1983, el Juzgado de Primera instancia núm. 9


estimó en parte la demanda: condenó a Linconin, SA y a su administradora a
abonar solidariamente a la demandante la cantidad de 1.852.343 pesetas, con
los correspondientes intereses legales, y a dos de las demandadas, a título
subsidiario, a ejecutar el contrato de venta de determinadas tierras y hacer una
anotación en el Registro de la Propiedad. Por el contrario, desestimó las
pretensiones de la sociedad demandante contra la señora B.

Uno de los considerandos reconocía el retraso, pero no indicaba los


motivos.

c. El proceso ante el Audiencia Territorial de Barcelona


15. Unión Alimentaria Sanders, SA recurrió la sentencia el 23 de marzo
de 1983. El asunto fue remitido a la Audiencia Territorial de Barcelona el 25 de
abril de 1984 y en mayo pasó a conocer del recurso la Sala Primera de lo civil.

El 5 de junio, la sociedad demandante se dio por instruida; el 10 de julio,


la Audiencia Territorial constató que las demandadas no se habían apersonado
con lo que habían perdido su derecho a presentar alegaciones escritas.

El 13 de septiembre de 1984, examinado el sumario por el Magistrado


ponente, declaró el asunto preparado para ser juzgado, sin fijar, sin embargo,
una fecha para la vista.

16. La Sala Tercera de lo Civil, creada entretanto, se encargó del asunto


el 27 de septiembre de 1985, en cumplimiento de una resolución de 4 de
septiembre. El 17 de marzo de 1986, nombró a un nuevo Magistrado ponente y
señaló como fecha de la vista el 6 de mayo.

El 12 de mayo de 1986, la Sala estimó en parte la apelación de la


sociedad demandante y condenó a la señora B. a abonar a Linconin, SA una
determinada cantidad por la compra de las tierras y confirmó el fallo en todo lo
demás. La sentencia fue notificada a la demandante por el Juzgado de Primera
instancia el 13 de septiembre.

d. El proceso ante el Tribunal Constitucional

17. Paralelamente al proceso de apelación, el Tribunal Constitucional


examinó el recurso que Unión Alimentaria Sanders, SA interpuso el 21 de
octubre de 1983 (apartado 13 supra).

El 30 de noviembre fue admitida a trámite, recibiéndose a continuación


las alegaciones del Ministerio Fiscal, de la sociedad demandante y del Abogado
del Estado.

El Ministerio Fiscal reconocía la existencia de una dilación indebida, no


explicada por el Juzgado de Primera Instancia, pero consideraba que una vez
reanudada la marcha normal del proceso y dictada la sentencia, el único objeto
del recurso era una indemnización. En cuanto el Abogado del Estado,
consideraba que había desaparecido el objeto del recurso.

18. En su Sentencia de denegación de amparo de 23 de enero de 1985, el


Tribunal Constitucional comenzó por rechazar estas dos tesis; a continuación se
pronunció sobre el fondo:

«Después del estudio de los criterios de la complejidad del litigio y los


comportamientos de las autoridades judiciales y de las partes, es pertinente
examinar ahora las repercusiones que para los derechos o intereses en litigio
suponía el proceso, acudiendo así a otro de los datos a valorar y al que se ha
referido en ocasiones el TEDH (caso Buchholz [TEDH 1981, 1]). Como
repercusiones de la dilación, aunque desde el ángulo de la pretensión
indemnizatoria, no se manifiestan otras por el demandante de amparo que la
inherente a la anotación preventiva de demanda que, para asegurar las resultas
del juicio, se constituyó en el proceso civil, bajo caución dirigida a la eventual
indemnización de los perjuicios que de la anotación podrían seguirse a los
demandados caso de ser absueltos. Nada se ha dicho de la importancia que de
modo concreto significaba el tiempo invertido en el proceso para el derecho o el
interés del demandante; más bien en el planteamiento del demandante,
concretado a la indicada incidencia en la medida aseguradora del artículo 42 de
la Ley Hipotecaria (RCL 1946,342, 886 y NDL 18732), y a una indeterminada
referencia a lo que llama «daños morales», permite entender que la incidencia
del factor tiempo no aparece en el caso con acentuados perfiles de importancia
capital. Con sólo la referencia a los gastos o coste de la caución, parece que
lleva a pensar que el asunto del que conoció el Juzgado de Barcelona no
reclamaba una preferencia, o que siendo más perentorios otros procesos
pendientes de la decisión del Juez, bien podría posponerse temporalmente la
decisión que ha dado lugar a este amparo, concediendo preferencia a otros.

Otro de los factores a tomar en consideración es el que remite a la


estimación de los standars de actuación y rendimientos normales en el servicio
de justicia, según el volumen de asuntos. A este factor se refiere el Abogado del
Estado cuando, exponiendo la situación no sólo del Juzgado al que ha
correspondido conocer del proceso al que se refiere este amparo, sino a los que
en Barcelona tienen asumida la instancia procesal de los de mayor cuantía -y de
los otros procesos de su competencia-, destaca la acumulación temporal de
asuntos, y encuentra en este factor, con otros, una justificación del tiempo
invertido en el proceso de que tratamos. Este es un factor que no puede
desconocer este Tribunal, como tampoco ha desconocido el TEDH en casos en
que ha juzgado, dentro de lo dispuesto en el artículo 6.1 del Convenio Europeo
(RCL 1979, 2421 y ApNDL 3627), de dilaciones en procesos de distinta índole,
pudiendo recordarse aquí la sentencia en el caso Buchholz.

Una duración de un proceso de mayor cuantía, con un contenido


complejo y una realidad litigiosa intensa pero que no justifica que se le conceda
prioridad, ha de verse desde este conjunto de factores y atendiendo al tiempo
total invertido en su tramitación. Como la violación del derecho a un proceso
sin dilaciones indebidas no se identifica con la idea del incumplimiento de los
plazos procesales y tampoco necesariamente con todo supuesto de anormalidad,
no son bastantes estas notas, que, efectivamente, se dan en el proceso civil de
que tratamos, para afirmar que se ha vulnerado en este caso el artículo 24.2 de
la Constitución (Boletín de Jurisprudencia Constitucional núm. 46, febrero
1985, pg. 152)».
19. Sin embargo, uno de los Magistrados formuló un voto particular:

«(...) A falta de la debida justificación proporcionada por el órgano


judicial, hay que comprobar ahora si la tardanza de que se acusas es o no
constitutiva de «dilación» en el sentido del artículo 24. Aun aceptando como
buenos los criterios mencionados en la sentencia, quien firma este voto discrepa
de la valoración resultante. La demanda de mayor cuantía se presentó el 2 de
mayo de 1979 y la sentencia se pronunció el 17 de diciembre de 1983; más de
cuatro años y medio constituyen, un tiempo excesivo si valoramos (...) el
tiempo total invertido en su tramitación, y en especial si advertimos que el
órgano judicial no nos ha proporcionado información particularmente aplicable
al caso para explicar tan abusiva tardanza. A falta de una justificación ad
casum, tampoco vale (...) la estimación de los standars de actuación y
rendimientos normales en el servicio de justicia. En efecto, lo normal es lo
ajustado a la norma y no lo contrario a ella, aunque sea lo más frecuente, la
frecuente tardanza excesiva del «servicio de justicia» no puede reputarse
normal. Por otro lado, si continuase increscendo el tiempo y la generalización
del incumplimiento en «el rendimiento del servicio de justicia» y hubiese que
tomar como regla para medir el respeto o la violación del derecho a un proceso
sin dilaciones indebidas ese mismo hecho anormal, pero general, que
equivaldría a dejar vacío de su contenido esencial el derecho fundamental (...)»
(ibidem, pg. 154).

e. La ejecución de la sentencia del Tribunal de apelación

20. El 18 de octubre de 1986, Unión Alimentaria Sanders, SA solicitó al


Juzgado de Primera Instancia núm. 9 de Barcelona la ejecución de la sentencia
del Tribunal de apelación y el embargo de los bienes de las demandadas, de los
cuales entregó una lista. Esta demanda permanece pendiente.

II. La Situación de los Tribunales de Barcelona

21. El Consejo General del Poder Judicial, en su informe de 1982,


destacó que cada uno de los Juzgados de Primera Instancia de Barcelona había
instruido una media de 1.800 expedientes.

Estos mismos juzgados se quedaron desprovistos de jueces durante


períodos cada vez más frecuentes, a pesar del recurso a sustitutos para los
asuntos urgentes. Tal fue el caso del Juzgado de Primera Instancia núm. 9: el
titular fue sustituido en varias ocasiones entre 1982 y 1983 debido a su estado
de salud. Se jubiló el 27 de julio de 1983 y su sustituto no se hizo cargo del
Juzgado hasta el 21 de septiembre de 1983. Este dejó su puesto dos meses más
tarde, dejándolo de nuevo vacante. Hasta el 22 de febrero de 1984, fecha en la
que el nuevo Juez titular tomo posesión de sus funciones, el Juez titular del
Juzgado de Primera Instancia núm. 1 de Barcelona se ocupó, como sustituto, de
los asuntos del Juzgado núm. 9 y fue él quien dictó sentencia en el presente
caso (apartado 14 supra).

22. Las mismas dificultades surgieron en la Audiencia de Barcelona,


hasta el punto que el Defensor del Pueblo dedicó a esto un capítulo de su
informe de 1985; insistió en el gran número de quejas relativas a la duración de
los procesos ante las Salas civiles y mencionó la investigación abierta al
respecto (Boletín Oficial de las Cortes Generales, 15 de septiembre de 1986, pg.
125).

Entre 1981 y 1984, el volumen de asuntos de las dos Salas había


aumentado un 62 %. En 1983 se crearon dos puestos de Juez, pero la
insuficiencia de esta medida condujo a instituir, en 1985, una nueva Sala a
quien se confiaron las causas pendientes ante las otras dos: 964 de la primera y
586 de la segunda. Hubo que notificar a las partes, nombrar de nuevo ponentes
y fijar un nuevo calendario para solucionar el retraso en función del grado de
urgencia de los asuntos.

23. En junio de 1985, la Junta de Gobierno del Colegio de Abogados de


Barcelona inició una campaña para conseguir una mejora de los servicios de la
justicia en esta ciudad, por medio de un manifiesto que en enero de 1986 había
recogido ya la firma de mil abogados.

24. El Defensor del Pueblo, de forma más genérica, en sus informes de


1983 y 1984, llamó la atención al Congreso de los Diputados sobre la
frecuencia de las quejas relativas a la lentitud de la justicia y la dificultad para
conseguir la ejecución de las sentencias. Al año siguiente, calificó la situación
de alarmante; en su opinión, se debía, sobre todo, a la falta de personal y a los
continuos cambios de Jueces.

25. También el Estado español tomó medidas en la materia a nivel


nacional. Así, la Ley Orgánica de 10 de enero de 1980 (RCL 1980, 72) creó el
Consejo General del Poder Judicial y la Ley Orgánica de 1 de julio de 1985
(RCL 1985, 1578 y ApNDL 8375) del Poder Judicial reorganizó el sistema.
Entretanto, el Real Decreto de 3 de julio de 1981 (RCL 1981, 1566 y ApNDL
8346) dotó a Barcelona de cuatro nuevos Juzgados de Primera instancia, que
funcionan desde septiembre de 1981, y la Ley de 21 de mayo de 1982 (RCL
1982, 1287 y ApNDL 8355) creó nuevos partidos judiciales.

Por último, la Ley de 28 de diciembre de 1988 (RCL 1988,2606 y RCL


1989, 1150) reestructuró completamente la Administración de Justicia. Entre
1989 y 1992, el número de Jueces debería aumentar de 2000 a 3.570. Barcelona
contara con 10 tribunales más, al convertidos los Tribunales de distrito en
Juzgados de Primera Instancia, lo que habría hecho que el número de éstos en
1992 fuera 44. En cuanto a la Audiencia Provincial de Barcelona, debería
contar con 64 Magistrados.

3. Procedimiento ante la Comisión

26. Unión Alimentaria Sanders, SA, en su demanda de 5 de julio de 1985


ante la Comisión (núm. 11681/1985), denunciaba la duración del proceso civil
entablado en mayo de 1979 ante el Juzgado de Primera instancia núm. 9 de
Barcelona; estimaba que era contrario al artículo 6.1 del Convenio (RCL 1979,
2421 y ApNDL 3627).

27. La Comisión admitió a trámite la demanda el 11 de diciembre de


1987. En su informe de 13 de octubre de 1988 (artículo 31), concluyó por trece
votos contra uno, que hubo violación del artículo 6.1. El texto íntegro de su
acuerdo y de la opinión disidente que lo acompaña figuran en el anexo de la
presente sentencia.

FUNDAMENTOS DE DERECHO

I. Sobre la Violación del Artículo 6.1

28. La sociedad demandante se queja de la duración del examen de la


demanda civil que presentó ante el Juzgado de Primera Instancia de Barcelona
e12 de mayo de 1979; invoca el artículo 6.1 del Convenio, según el cual:

«Toda persona tiene derecho a que su causa sea oída (...) dentro de un
plazo razonable, por un Tribunal (...) que decidirá (...) los litigios sobre sus
derechos y obligaciones de carácter civil (...)»

En opinión de la Comisión, se ha sobrepasado el «plazo razonable». El


Gobierno se opone a esta tesis.

a. Período a tener en consideración

29. El período a considerar comienza con la entrada en vigor, el1 de julio


de 1981, de la declaración española de aceptación del derecho de recurso
individual. Sin embargo, para verificar el carácter razonable del período de
tiempo transcurrido desde entonces, hay que tener en cuenta la situación en el
que se encuentra el asunto en la época (ver, en último lugar, la Sentencia Milasi
de 25 junio 1987 [TEDH 1987, 9], serie A núm. 119, pg. 45, ap. 14)

30. En cuanto al final del «plazo», el Tribunal entiende que hay que
distinguir dos fases: la primera, hasta el 13 de septiembre de 1986, fecha en que
se notifica a las partes la sentencia de apelación; la segunda, corresponde al
proceso de ejecución. Esta, a instancia de la sociedad demandante, comenzó el
18 de octubre de 1986 y no ha finalizado todavía. El Tribunal se concentró
sobre la primera, que se extiende durante cinco años, dos meses y trece días.

b. Criterios aplicables

31. El carácter razonable de la duración de un proceso se aprecia a la


vista de las circunstancias del asunto y, especialmente, en función de su
complejidad y del comportamiento tanto del demandante como de las
autoridades competentes.

1. Complejidad del asunto

32. En opinión del Gobierno, el asunto revestía cierta complejidad: había


varios demandados, que eran objeto de pretensiones diferentes, y las demandas
a título subsidiario presentaban problemas jurídicos delicados; además, el
sumario tenía cerca de 1.400 páginas.

33. El Tribunal opina, por el contrario, al igual que la Comisión, que el


litigio no presentaba especiales dificultades de hecho o de derecho. Añade que
solo uno de los demandados compareció ante el Juzgado de Primera Instancia y
ninguno ante el Tribunal de apelación (apartados 11 y 15 supra), lo cual facilitó
la tarea de estos tribunales.

2. Comportamiento de la sociedad demandante

34. El Gobierno señala que de acuerdo con un principio del Derecho


español, la responsabilidad del desarrollo del proceso corresponde a las partes.
Ahora bien, la sociedad demandante apeló al Tribunal Constitucional el 21 de
octubre de 1983 para denunciar la duración de la primera instancia, aunque la
declaración del Juez de que el juicio estaba visto para sentencia se remonta al
28 de diciembre de 1981 (apartados 12-13 supra); y además, no había
reclamado al TC por quejas relativas a la instancia de apelación. De este modo
habría contribuido a prolongar el conjunto del proceso.

35. El Tribunal recuerda que el principio invocado no dispensa a los


tribunales de asegurar el cumplimiento de las exigencias del artículo 6 en
materia del plazo razonable (ver, entre otras, la Sentencia Martins Moreira de
26 octubre 1988 [TEDH 1988, 23], seria A núm. 143, pg. 17, ap. 46).
Considera, al igual que la Comisión, que el interesado está únicamente obligado
a cumplir con diligencia los actos que le corresponden, abstenerse de maniobras
dilatorias y aprovechar las posibilidades ofrecidas por el derecho interno para
abreviar el proceso; nada le obliga a emprender actuaciones que no sean
adecuadas a estos efectos (ver, mutatis mutandis, la Sentencia Guincho de 10
julio 1984 [TEDH 1984, 10], seria A núm. 81, pg. 15, ap. 34).
En el presente caso, se deduce de los autos que la sociedad demandante
dio muestras de diligencia y recurrió ante el Tribunal ella de julio de 1983
(apartado 13 supra). Se trataba del único recurso normal que le ofrecía la
legislación española. El recurso de amparo de 21 de octubre de 1983 pretendía
esencialmente constatar una violación de la Constitución (RCL 1978, 2836 y
ApNDL 2875) y fue denegado el 23 de enero de 1985 (TEDH 1985, 5)
(apartado 13 supra). Aunque indirectamente ayudó a acelerar el proceso, no era
un medio ordinario para conseguirlo. Por lo que se refiere a la instancia de
apelación, se entiende que Unión Alimentaria Sanders, SA no presentara un
segundo recurso de amparo, al haber sido rechazado el primero.

3. Comportamiento de las autoridades competentes

36. La Comisión y la sociedad demandante critican, en particular, dos


largos períodos de tiempo durante los cuales las autoridades judiciales
competentes permanecieron inactivas.

El Tribunal señala que el Juzgado de Primera instancia núm. 9 de


Barcelona, tras declarar el juicio visto para sentencia el 28 de diciembre de
1981, no dictó sentencia hasta el17 de diciembre de 1983 (apartados 12 y 14
supra); en apelación, la Sala Primera ordenó traer los autos a la vista el 13 de
septiembre de 1984, pero la audiencia ante la Sala Tercera no tuvo lugar hasta
el6 de mayo de 1986 (apartados 15-16 supra).

Estos dos períodos de inactividad casi total suman más de tres años y
medio. Un retraso así sólo podría justificarse por circunstancias muy
excepcionales (Sentencia Guincho citada, serie A núm. 81, pg. 15, ap. 36).

37. El Gobierno reconoce que existió acumulación de trabajo en aquella


época, pero puntualiza que sobre los juzgados de Barcelona pesaba, entonces,
una sobrecarga poco habitual de trabajo debido al aumento del número de
litigios. Esto coincidió con el regreso de la democracia en España y era
resultado del establecimiento de nuevas garantías judiciales, de la reforma de la
legislación y de una tendencia a acudir con más frecuencia a la justicia.
Teniendo esto en cuenta, los tribunales competentes, incluido el Tribunal
Constitucional, consideraron que el presente litigio no revestía un carácter
urgente y no requería un tratamiento prioritario.

El Estado español habría tomado las medidas necesarias para remediar la


situación. Afectaban, especialmente, a la ciudad de Barcelona donde se crearon
nuevos Juzgados y partidos judiciales así como una Sala más en la Audiencia;
por otro lado, la Ley de 28 de diciembre de 1988 (RCL 1988, 2606 Y RCL,
1989, 1150) reorganizó completamente la Administración de Justicia a nivel
nacional para adaptarla a las exigencias del mundo moderno (apartados 22 y 25
supra).
38. El Tribunal no ignora que España tuvo que superar grandes difi-
cultades durante el restablecimiento de la democracia. Aprecia en su justo valor
los esfuerzos realizados por las autoridades para mejorar el derecho de acceso
de los ciudadanos a la justicia y transformar el sistema judicial del país.
Recuerda, sin embargo, que al ratificar el Convenio, España se comprometió a
organizar éste de manera que cumpla las exigencias del artículo 6.1,
especialmente en cuanto al «plazo razonable» (Sentencia Guincho citada, serie
A núm. 81, pg. 16, ap. 38).

39. Se trata, en el presente caso, de tribunales de Barcelona, en particular


el Juzgado de Primera Instancia núm. 9 y la Sala Primera del Tribunal de
apelación.

Antes de su jubilación (27 de julio de 1983), el Juez titular del Juzgado


de Primera instancia núm. 9 fue sustituido en varias ocasiones por motivos de
salud. Su sucesor cesó en su puesto a los dos meses de la fecha de su toma de
posesión, el 21 de septiembre de 1983. El nuevo Juez titular asumió sus
funciones el 22 de febrero de 1984; hasta entonces, el Juez del Juzgado de
Primera Instancia núm. 1 tuvo que ocuparse también de los asuntos del Juzgado
núm. 9, uno de ellos, el de Unión Alimentaria Sanders, SA (apartado 21 supra).
Esta situación coincidió con una época de claro aumento del número de causas.

El mismo fenómeno se produjo en la Audiencia de Barcelona, en el que


el volumen de contenciosos se duplicó en cinco años. Como la creación de dos
nuevas plazas de Jueces en 1983 no fue suficiente para absorber el retraso, hubo
que crear una nueva Sala en 1985, a la que se atribuyó el sumario de la sociedad
demandante (apartado 22 supra).

40. Un atasco temporal de un Tribunal no implica la responsabilidad


internacional de un Estado contratante si toma, con la debida rapidez, las
medidas adecuadas para remediado (ver, entre otras, la Sentencia Guincho
citada, serie A núm. 81, pg. 17, ap. 40). En un caso así, es lícito establecer con
carácter provisional un determinado orden de preferencia en el despacho de los
asuntos, teniendo en cuenta su urgencia y su importancia. Sin embargo, la
urgencia de un litigio aumenta con el tiempo; en consecuencia, si la crisis se
prolonga, dichos medios son insuficientes y el Estado tiene que optar por otros
más eficaces para cumplir las exigencias del artículo 6.1 (ver especialmente la
Sentencia Zimmermann y Steiner de 13 julio 1983 [TEDH 1983, 9], serie A
núm. 66, pgs. 12-13, ap. 29). En opinión del Tribunal, el hecho de que las
situaciones de atasco se conviertan en habituales no justifica la excesiva
duración de un proceso (ver, muta ti s mutandis, la Sentencia Martins Moreira
citada, serie A núm. 143, pg. 19, ap. 54).
41. En el presente caso, los dos retrasos constatados -dos años y más de
un año y medio respectivamente- son considerables y los tribunales afectados
no han señalado ninguna particularidad del asunto propia para explicar dicha
lentitud (apartado 19 supra).

El aumento de la carga de trabajo era previsible debido, no sólo a las


disposiciones dictadas tras la promulgación de la Constitución de 1978 para
facilitar el acceso a la justicia, sino también a la tendencia, conocida desde hace
tiempo, a una fuerte emigración hacia Cataluña en general y Barcelona en
particular.

Por último, el Defensor del Pueblo y la Junta de Gobierno del Colegio de


Abogados de Barcelona ya habían puesto de manifiesto la gravedad del
problema (apartados 22-24 supra).

Esta situación se mantiene desde durante varios años, adquiriendo así un


carácter estructural. Ahora bien, las medidas tomadas en 1981 y 1982 para los
Juzgados de Primera Instancia (apartado 25 supra), y en 1983 y 1985 para el
Tribunal de apelación (apartado 22 supra), se demostraron ya entonces
incompletas y tardías; aligeraron un poco los trabajos del Tribunal de apelación,
pero como señala la Comisión no tuvieron ninguna incidencia en la situación
específica del Juzgado núm. 9 de Barcelona.

42. El Tribunal, a la luz del conjunto de circunstancias del caso,


considera excesiva la duración del proceso en litigio; las innegables dificultades
con las que la sociedad demandante se topo en España no podían privada de su
derecho al respeto del «plazo razonable».

Por lo tanto, ha habido violación del artículo 6.1.

II. Sobre la Aplicación del Artículo 50

43. En los términos del artículo 50:

«Si la decisión del Tribunal declara que una resolución tomada o una
medida ordenada por una autoridad judicial o cualquier otra autoridad de una
Parte Contratante se encuentra total o parcialmente en oposición con
obligaciones que se derivan del (.) Convenio, y si el derecho interno de dicha
Parte sólo permite de manera imperfecta reparar las consecuencias de esta
resolución o medida, la decisión del Tribunal concederá, si procede, una
satisfacción equitativa a la parte lesionada».

a. Perjuicio material
44. La sociedad demandante reclama la reparación del perjuicio material
que constituirían: a) la depreciación, consecuencia de la inflación, de la
cantidad en litigio (3.019.319 pesetas) y b) la comisión bancaria relativa a la
anotación preventiva (63.510 pesetas .apartado 18 supra). Por lo tanto, se deja a
discreción del Tribunal.

El Gobierno discute la primera cantidad, debido a que los Tribunales


internos pueden ordenar el abono de intereses; en cuanto a la segunda,
considera que no procede tener en cuenta el período posterior a junio de 1986.
45. El Tribunal estima que Unión Alimentaria Sanders, SA, sufrió un
perjuicio material que no se presta, sin embargo, a una evaluación precisa.
Resolviendo en equidad como lo establece el artículo 50 ,le concede 1.500.000
de pesetas.

b. Costas y gastos

46. En cuanto a las audiencias celebradas ante la Comisión y el Tribunal,


la sociedad demandante solicita también el reembolso: a) de los honorarios de
abogado (1 peseta); B) de dos billetes de avión, ida y vuelta, de Barcelona a
Estrasburgo (190.170 pesetas) y de los gastos de estancia en Estrasburgo
(30.000 pesetas).

El Gobierno muestra su acuerdo.

47. El Tribunal considera que procede conceder las cantidades en cues-


tión, cuyo importe asciende a 220.171 pesetas.

POR ESTOS MOTIVOS, EL TRIBUNAL, UNANIMEMENTE,

1. Declara, que ha habido violación del artículo 6.1 (RCL 1979,2421 y


ApNDL 3627);

2. Declara, que el Estado demandado debe abonar a Unión Alimentaria


Sanders, SA 1.500.000 (un millón quinientas mil) pesetas en concepto de
perjuicio material y 220.171 (doscientas veinte mil ciento setenta y una) pesetas
en concepto de gastos y costas;

3. Rechaza, la reclamación de indemnización por el resto.

Hecha en francés y en inglés, y leída en audiencia pública en el Palacio


de los Derechos Humanos, en Estrasburgo, el 7 de julio de 1989.
Firmado: Rolv Ryssdal
Presidente
Firmado: Herbert Petzold
Secretario adjunto.