Primeras armaduras
Hoplitas con su armadura en un ánfora (pintor Prometeo).
El origen de la armadura en Occidente se remonta al segundo milenio a.C. en Oriente Próximo,
siendo en principio una coraza de cuero endurecido o lino acolchado, a veces recubierta de placas
o escamas de metal y completado con un casco. En tiempos anteriores, soldados sumerios y
egipcios aparecen sin ninguna protección apreciable. Durante el Imperio Nuevo, el ejército egipcio
la adoptó de los pueblos siriopalestinos, y de hecho, la representación más temprana hallada
procede de la tumba de Kenamon que vivió durante el reinado de Amenhotep II (1436-1411 a.C.
aprox.)1 Las más caras eran corazas de metal, como el thórax griego, a veces ricamente decorada
con grabados y relieves para ceremonias y desfiles, mientras se seguían usando las más baratas de
cuero o acolchadas, como el linotórax que los griegos emplearon de la época micénica a la
helenística, finalmente sustituidas por la cota de malla desde el siglo III-II a.C. Entre los caldeos y
asirios, a tenor de lo que aparece en los relieves de la época, se usaba un casco de bronce de
forma algo cónica, la coraza de cuero cubierta de láminas metálicas y unos botines de cuero duro
o guarnecidos también con láminas.
Los griegos micénicos tenían también una armadura muy completa de bronce, siendo un ejemplo
conservado la Panoplia de Dendra (1400 a.C.), que constaba de peto con espaldar y protección
para el cuello y hombros, un faldillar compuesto de tres placas de bronce, yelmo y grebas. Se
desconoce por qué cayó en desuso, aunque es probable que se deba a los tumultos provocados
por los Pueblos del Mar alrededor del 1200 a. C.
Hoplitas
Hoplita, colección de impresión de las costumbres militares Vinkhuijzen.
Los soldados griegos (hoplitas) solían llevar una túnica corta que terminaba en pliegues simétricos
y sobre ella una coraza para el tronco, formada por tiras de cuero con piezas metálicas o bien solo
dos piezas (peto y espaldar) que cubrían pecho y espalda y se unían con tiras metálicas o correas
sobre los hombros, mientras que la parte delantera de las piernas se defendía con las cnémides o
canilleras. Para resguardo de la cabeza se usaron cascos de variadas formas, alcanzando mayor
perfección el beocio compuesto de visera y apéndice nasal o apéndices para defender el cuello por
los lados.
Roma
Recreación de la lorica segmentata, armadura típica de los legionarios romanos durante los siglos I
y II.
Los guerreros romanos de los primeros siglos defendían su cabeza con la gálea o casco de cuero y
placas metálicas y el tronco por medio de una armadura también de pequeñas placas. Después de
la conquista de las Galias se adoptó el cassis o casco de metal (usado antes por celtas e íberos) con
yugulares, cubrenuca y cota de malla para el tronco. Sin embargo, algunos cuerpos especiales del
ejército empleaban corazas especiales:
Los vélites, cuerpos de infantería ligera que lideraban el ataque, llevaban ócreas o resguardos
metálicos (de bronce) en la pierna izquierda. Estos eran escogidos de los ciudadanos más pobres y
jóvenes.2 Para protección, contaban con un escudo redondo de tres pies.3
Los hastarios o hastati (armados de lanza) los llevaban a la derecha, según la parte que
adelantaban al combatir.
Los legionarios protegían el pecho y la espalda con una loriga o coraza flexible de tiras de hierro y
el brazo con un brazal corto de bronce.
Los escuadrones de caballería llevaban en su lugar la lorica squamata o la plumata, dispuesta en
forma de escamas de metal cosidas sobre el cuero o tela fuerte. Se ceñía la loriga de cualquier
tamaño que fuese con el cingulum o cinctum, cinturón de cuero chapeado de metal y sujeto con
fíbula, del cual pendía la espada. Esta se llevaba también pendiente del balteus o tahalí, propio de
los jefes, que iba terciado ante el pecho desde el hombro derecho hasta el lateral izquierdo de la
cintura.
Los emperadores y otros altos jefes de la milicia romana se servían de una coraza de dos piezas
(peto y espaldar) adornadas con relieves y adaptadas perfectamente al tronco, según aparece en
sus estatuas, y sobre ella vestían el paludamentum, especie de clámide larga y holgada que estuvo
en uso durante el Imperio, y a la vez llevaban sobre el casco una cimera o apex y un penacho o
crista al modo griego, lo que también era propio y distintivo de los centuriones.
Edad Media y Moderna
Armaduras alemanas de la Baja Edad Media.
En la Edad Media, después de las invasiones de los pueblos del Norte y aún más en la época de las
Cruzadas se generalizó el uso de la loriga, formada por escamas (la coracina) o por un tejido de
tririllas, anillitos o cadenitas de acero llamado cota de malla que vestían los militares sobre una
especie de jubón acolchado, conocido por los nombres de gambesón, gambax, perpunte y velmez,
para amortiguar los golpes de las armas enemigas. Sobre la mencionada loriga, que llegó en el
siglo X hasta cubrir los brazos y muslos, llevaban los caballeros una sobre veste o cota de armas,
que más tarde se adornó con los emblemas y figuras propias distintivas de cada uno. Para
resguardo de la cabeza se usó en los primeros siglos medievales un sencillo casco de metal de
forma cónica sin visera ni yugulares, al cual se añadió en el siglo X el apéndice nasal recto. Debajo
de dicho casco o de otro semiesférico llamado capellina llevaban los guerreros una especie de toca
monjil hecha de malla que llegaba hasta cubrir el cuello, conocida con el nombre de almófar o de
camal, y hacia fines del siglo XII se transformó el casco en yelmo casi plano por arriba con visera y
barbera reteniendo a veces el almófar por debajo. En el siglo XIV, el yelmo se hizo más
redondeado, se le adornó con cresta o cimera y se le dotó de visera movible. En el siglo XV se
añadieron las variedades de yelmo llamadas almete y celada y se adoptó con frecuencia (lo mismo
que en el siglo siguiente) la elegante borgoñota, parecida al casco beocio y que dejaba la mayor
parte de la cara al descubierto.
La armadura de placas de acero, unidas entre sí con ganchos, tuercas, aldabillas y clavos sujetas al
guerrero mediante correas y hebillas, empezó a usarse en el siglo XIV y alcanzó toda su perfección
a fines del XV, transformándose a mediados del XVI en una vestidura de gala para el guerrero,
adornada y embellecida con los primores del arte escultórico y de las industrias metálicas. Decayó
notablemente en el siglo XVII a medida que se perfeccionaban las armas de fuego y en siglo XVIII
solamente los coraceros continuaron usando armadura.
Coracero francés del siglo XIX (Édouard Detaille, 1885).
Contrariamente al mito, la armadura no dejó de utilizarse debido la invención de la pólvora, ya que
una armadura de placas podría detener a una larga distancia un disparo y una corta distancia
podría disminuir la lesión. La razón por la que dejaron de usarse, era el coste de equipar un
ejército con ellas. Alrededor de 1600 a 1610, se sigue utilizando por coraceros, que disminuyeron
gradualmente la cantidad de piezas de la armadura para obtener solo la coraza y los cascos de
hierro. Los coraceros alcanzaron una mayor notoriedad durante las guerras napoleónicas, y
estaban últimamente en el campo durante las primeras etapas de la Primera Guerra Mundial. En la
actualidad, constituyen las tropas ceremoniales de diversos países.
Armadura blanca o arnés: Armadura completa de placas metálicas
Armadura medieval al completo.
Una armadura completa consta de numerosas piezas articuladas, habiendo llegado a reunirse
hasta el número de 250 en un solo combatiente con el peso de unos 25 a 30 kg, pero las más
comunes e importantes se reducen a unas 25, distribuidas en los cuatro grupos de cabeza, tronco
y extremidades superiores e inferiores, sin incluir las armas, en cuyo caso constituye una panoplia.
Para resguardo de la cabeza servían:
el yelmo y sus similares protegiendo la parte superior y formado por morrión, visera y barbera
el morrión: era la parte alta del casco, donde solía haber la cimera
la visera que cubría el rostro
la barbera, o 'barbote', para la boca y la barbilla
la gola que defendía el cuello por delante
la cubrenuca que defendía el cuello por detrás.
Armadura de Carlos V a caballo, pieza de la Armería Real de España
Para defensa del cuerpo se aplicaban:
el gorjal o gorguera en la parte alta del pecho y espalda, llegando a sustituir a la gola
el peto, en el resto del pecho
las escarcelas que llegaban algo más abajo que el anterior
los escarcelones, especie de escarcelas que se prolongaban con articulaciones hasta las rodillas
el guardarrenes, para los lomos
la pancera para el vientre, hecha de malla
la culera, para los glúteos, también fabricada de malla
Las extremidades superiores se cubrían con:
las hombreras en el hombro
los guardabrazos en la parte superior del brazo
las sobaqueras en las axilas
los codales en el codo
los brazales en el antebrazo
los cangrejos en la parte opuesta del codo
las manoplas en las muñecas y manos
los guanteletes en los dedos y la mano