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Guerreros de Oracion

El documento es una carta de un pastor llamado Ricardo Marín animando a su hermano a fortalecer su vida de oración y comunión con Dios. El pastor enfatiza la necesidad de la oración ferviente a nivel personal, familiar y congregacional para lograr un reavivamiento espiritual. También ofrece consejos sobre cómo desarrollar una relación diaria con Cristo a través de la oración sincera y humilde.

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Guerreros de Oracion

El documento es una carta de un pastor llamado Ricardo Marín animando a su hermano a fortalecer su vida de oración y comunión con Dios. El pastor enfatiza la necesidad de la oración ferviente a nivel personal, familiar y congregacional para lograr un reavivamiento espiritual. También ofrece consejos sobre cómo desarrollar una relación diaria con Cristo a través de la oración sincera y humilde.

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Apreciado hermano:

Que Dios lo bendiga, lo guarde y lo ayude en sus luchas, pruebas y labores. Es nuestro sincero
deseo que crezca en su vida de oración y comunión con Dios; deseamos que se convierta en un
Guerrero de Oración. Más que teoría sobre la oración, anhelamos que tenga una linda relación
con Cristo, diaria, fortalecida por la oración sincera, constante y humilde a solas con Él.

Dios nos está llamando a un reavivamiento y reforma espirituales; esta no sucederá sin oración
ferviente a nivel personal, familiar y congregacional.

Las armas que Dios no ha dado son espirituales, poderosas para derribar muros y fortalezas,
usémoslas, ha llegado el momento de que nos levantemos y resplandezcamos con la luz de
Cristo.

Mayor es el que está con nosotros, poderoso en batalla, es nuestro Capitán Jesucristo, el que va
al frente, no debemos temer. La tarea es grande y no sencilla, pero con Él somos más que
vencedores.

El enemigo tiembla y huye delante de aquel que se apoya en el poderoso brazo del Señor,
cuando ora y comulga cada día para recibir un bautismo diario del Espíritu Santo, y así ser su
testigo, embajador.

Busque cada día una experiencia genuina con Cristo, ungido por el Espíritu Santo, para servirle
con amor en todo momento y lugar.

Pr. Ricardo Marín

1
EL MATERIAL -COMO USARLO

1. Aplíquelo a nivel personal, decida ser un guerrero (a) de oración.

2. Llévelo a su Grupo Pequeño y estúdielo allí.

3. Enseñe en el culto de oración acerca de esto.

4. Forme grupos nuevos de oración con miembros y no miembros de la iglesia.

5. Establezca una cadena de oración permanente en su congregación.

6. Levante la lisa de los guerreros de oración de su grupo, iglesia, distrito, zona.

7. Predique sobre las necesidades de la oración ferviente y unida.

8. Trabaje ungido por el Espíritu Santo en favor de otros.

9. Testifique lo que Dios está haciendo con usted.

10. Funde un club de oración permanente (Jóvenes, niños, adultos, vecinos)

2
REAVIVAMIENTO Y REFORMA
Pr. Ricardo Marín

LOS GUERREROS DE ORACIÓN


1 Samuel 12:23
“Sólo en respuesta a la oración debe esperarse un reavivamiento”. (1 MS: 141)

11. Oración en el Liderazgo


(Éxodo 17:11, 12)

12. Oración Pastoral (Filipenses 1:4, Colosenses 1:3;


1 Tesalonicenses 1:2)

13. Oración en la Iglesia


(2 Crónicas 7:14; Hechos 2:42)

14. Oración en Familia


(Génesis 35:1-3)

15. Oración en el Grupo Pequeño


(Mateo 18:19, 20)

16. Oración Individual, Personal


(Salmos 55:17; Mateo 6:6, Salmo 63:1,2)

17. Oración por Otros


(1 Timoteo 2:1,2)

“Deberíamos orar más y hablar menos”. (1 MS: 142)

MECÁNICA DE LA ORACIÓN (Efesios 6:18-20)

1. Orando en todo tiempo.


2. Con toda oración y súplica
3. Velando en esto con toda perseverancia
4. Todo tipo de oración
5. Por todos los santos
6. Por todos los líderes

3
DESAFIOS DE LA ORACION

1. Oraré cada día a solas con mi Dios al despertar. (Salmo 5:1-3)

2. Intercederé por mi familia, por mi cónyuge y mis hijos.

3. Rogaré por los integrantes de mi Grupo Pequeño, dedicaré tiempo a orar nombre por

nombre.

4. Clamaré por mi iglesia para que el Espíritu Santo la reavive y la reforme.

5. Pediré por los líderes, pastores, ancianos y directores.

6. Oraré por mis amigos, vecinos que no conocen al Señor.

7. Intercederé por mi país, sus autoridades, que están en puestos de responsabilidad.

4
LA NECESIDAD DE LA ORACION
Pr. Ricardo Marín

Texto Clave: Lucas 18:1

El ser humano es un ente muy necesitado de muchas cosas sin las cuales no podría vivir.

Alimento, oxígeno, cariño, son algunas de ellas muy importantes; carecer de ellas afectaría

grandemente su existencia y su calidad de vida. Espiritualmente hablando, la oración es como

la respiración, si no oramos perecemos espiritualmente. Es necesario tener un horario diario

para la oración, un lugar especial para hacerlo y una manera personal de realizarlo.

Oramos no por sentimientos, sino por principio y cuánto menos inclinados a orar nos

sintamos, es cuando más hay que hacerlo.

La fortaleza espiritual del creyente está estrechamente relacionada con su vida de

oración. Somos muy necesitados de Dios, su poder, guía y presencia; no podemos subsistir sin

Él. La oración nos conecta con su Espíritu, aquí radica el éxito del cristiano. Dios se mueve en

respuesta a la oración, Él está tan lejos como a una oración de distancia, su orden es:

“Clama a mí y yo te responderé y te enseñaré cosas grandes

y ocultas que tú no conoces.” Jeremías 33:3.

5
¿A QUIEN ORAR?
Pr. Ricardo Marín

Texto Clave: Mateo 6:6

Orar a Dios, que está en los cielos. Hablé con Él como con un amigo, ábrele tu corazón;

que Él sepa lo más íntimo de tu ser; no dejes que nada te abrume o inquiete, aunque Él ya lo

sabe todo; quiere que confíes en Él y que pongas tu carga, inquietud, culpabilidad, confusión,

lo que sea; te invita a depender de Él y de su gracia.

Hazlo en secreto, quizá lloros y gemidos, dudas y temores, pero hazlo; Él es un Padre

que te ama y te escucha, capaz de darte no lo que quieres, sino lo que sabe que más conviene a

tu vida.

No uses vanas repeticiones, la palabrería no hace falta ante Él, la sinceridad y humildad

valen más ante Él; es lo que más aprecia y si no tienes nada que decir, espera en silencio Él te

responderá. Dile al final de tu oración que se haga su voluntad y no la tuya, hazlo en el nombre

de Jesús.

“Pedid, y se os dará; buscad, y hallareis,


llamad, y se os abrirá.”
Mateo 7:7

6
ORE CONFIANDO EN DIOS
Pr. Ricardo Marín

Texto Clave: Filipenses 4:6

En un mundo materialista y altamente tecnológico; cuando las pruebas evidentes son lo

que valen para todo, Dios nos invita a confiar en Él. Nada debe agobiarnos, ni preocuparnos,

nada debe quitarnos la paz porque tenemos un Padre Celestial que nos ama y tiene cuidado de

nosotros. Cuando oramos debemos entrar a su presencia confiadamente, sabiendo que Él va a

responder nuestras oraciones de la mejor manera y según su divina sabiduría.

Los que no confían en Dios viven ansiosos y turbados, es como un cáncer que corroe

sus fibras emocionales y los desestabiliza.

Cuando oramos a Dios, damos gracias por anticipado esperando la mejor respuesta para

nuestra específica situación que le hemos encomendado; no nos levantamos de nuestra

comunión con Dios de la misma manera; una paz que sobrepuja todos entendimiento gobierna

nuestros corazones en Cristo Jesús.

Oremos cada día confiando en su divina providencia, Él nos ama y dará siempre lo

mejor.

“Más buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y


todas estas cosas os serán añadidas.”
Mateo 6:33

7
LA ORACION Y LA FE
Pr. Ricardo Marín

Texto Clave: Mateo21:22

Cuando nos acercamos a Dios, debemos creer que Él existe y que es galardonador de los

que lo buscan. Hay que orar creyendo que Él es capaz de hacer por nosotros lo que le pedimos,

según su voluntad.

La confianza que depositamos en Él, es firme y segura porque sabe qué es lo que mejor

nos conviene. Nada se mueve sin su permiso y soberano designio, porque Él es Dios sobre

todas las cosas y da a cada uno lo que más necesita.

Los creyentes que oramos, depositamos nuestras peticiones en sus manos y esperamos

con seguridad su respuesta según su divino momento.

Creemos que Él hará y actuará, porque es nuestro Padre amante y sabio que no es ajeno

a nuestras necesidades.

La oración de fe es la que confía en Él y espera su divina contestación.

“Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es


semejante a la onda del mar, que es arrasada por el viento y
echada de una parte a otra.”
Santiago 1:6

8
LA ORACION Y LA OBEDIENCIA
Pr. Ricardo Marín

Texto Clave: 1 Juan 3:22

La oración verdadera no nos lleva a la presunción, que es la falsificación satánica de la

fe. La oración es comunión con Dios y dicha comunión nos acerca más a su voluntad. Nos

sometemos humildemente a Él, porque hemos entendido que su camino es el mejor.

La oración genuina no nos exime de proceder conforme a sus principios, al contrario,

esta relación de fe con Dios nos lleva a obedecerle en todo lo que Él nos pida. La oración

auténtica pretende elevarnos a un Dios santo, para que nos capacite para hacer su santa

voluntad en esta tierra.

La oración ideal nos deja entender el pensamiento de Dios, para actuar y decidir

conforme Él lo pide.

Cuando oramos sin cesar, renunciamos a nuestra voluntad y comprendemos mejor la

divina, para cumplirla con prontitud y alegría.

“Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en


vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.”
Juan 15:7

9
LA ORACION Y EL PECADO
Pr. Ricardo Marín

Texto clave: Isaías 59: 2

El pecado nos separa de Dios, nos aleja de Él y de su voluntad. La oración y el pecado

acariciado no armonizan. En cuanto al pecado debe ser confesado y abandonado, porque de lo

contrario nos deja en una posición alienada del Señor. La oración debe ser honesta, donde

reconoce la santidad de Dios y clama por ayuda para no coquetear con el mal en ninguna

forma.

El que ora sabe que en las presencia de Dios, el pecado es un combustible que enciende

la ira de Dios, su fuego santo consume al que lo abraza deliberadamente y por lo tanto; no debe

ser encubierto; ha de ser abandonado ante su altar de comunión.

Cuando oramos debemos orar con manos limpias, santificadas y purificadas en la sangre

del Cordero, alejados de todo mal y pecado consciente para que las oraciones no tengan

estorbo. La oración no cubre mis pecados, más bien allí los confieso y Dios nos da la fuerza

para abandonarlos.

“El que aparta su oído para no oír la ley,


su oración también es abominable”.
Proverbios 28:9

10
LA ORACION Y LA PERSEVERANCIA
Pr. Ricardo Marín

Texto clave: Colosenses 4:2

Un creyente mantiene una comunión constante y creciente con el Señor, sabe que

depende a cada instante de la ayuda y el poder divino, en todo momento y lugar.

El verdadero hombre de fe y oración busca al Señor con todo su corazón, de toda

ocasión hace una razón para orar, todo lo lleva a Dios en oración. No necesariamente está

siempre de rodillas, sino que su corazón siempre está abierto a la conducción de su Rey. No

escatima esfuerzo, lugar para enlazar su vida de manera constante con Dios, a través de la

oración.

No es tanto la cantidad de tiempo que uno ora, sino la constancia que tenga en ella,

reconociendo su dependencia continua que tiene de Dios. Orar sin cesar, es mantener el canal

abierto al cielo, dejando que el Señor dirija cada paso que damos en este incierto y cautivo

mundo.

No dejes de orar, pase lo que pase nunca te sueltes de la mano de Dios. Él se

manifestará; nunca te abandonará.

Orad sin cesar.


I Tesalonicenses 5:17

11
LA ORACION Y EL PERDON
Pr. Ricardo Marín

Texto clave: Marcos 11: 25, 26

Cuando nos acercamos al trono de Dios en oración pidiendo perdón por nuestros

pecados, nosotros también debemos tener la misma actitud misericordiosa y perdonadora hacia

quienes nos han ofendido. La oración implica mantener una buena relación con Dios y también

con el prójimo.

El pecado nos separa de Dios y también de nuestros semejantes. Orar no es un barniz

religioso que colocamos para cubrir intransigencias o durezas de nuestro carácter. Por algo el

Señor nos amonesta, que si venimos ante el altar y allí nos acordamos que alguien tiene algo

contra nosotros es mejor que nos arreglemos primero con la persona y después presentamos la

ofrenda.

Cuando venimos a orar, el resentimiento, la rencilla y el odio debe ser depuesto a la luz

del amor perdonador de Dios hacia todos nosotros. No guardemos en nuestro corazón nada que

impida una sana relación con Dios y con nuestro prójimo.

“Y Perdónanos nuestras deudas como también nosotros


perdonamos a nuestros deudores”.
Mateo 6: 12

12
LA ORACION Y LA VIGILANCIA
Pr. Ricardo Marín

Texto clave: Mateo 26:41

Cuando oramos Dios nos capacita para la lucha diaria, Él nos alumbra el entendimiento,

nos unge con su colirio para discernir lo bueno y lo malo. A la par del ejercicio disciplinario y

constante de la oración, está el velar o vigilar. Y especialmente hemos de vigilar las avenidas

del alma o sea los sentidos.

No podemos dar rienda suelta a los apetitos y pasiones conforme a la corriente del

mundo, para complacerlos en contra de la voluntad del Señor. Dios derrama su poder y

presencia sobre nosotros, para que vivamos en este mundo de una manera piadosa, santa, como

luminares en este mundo.

Hemos de poner nuestra mirada en las cosas de arriba, no en las de esta tierra; porque el

mundo pasa y sus deseos pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre. Todo

nos es lícito, pero no todo edifica, ni conviene, decidamos, proceder conforme le agrade a Dios

y oremos para que Él produzca así el querer y el hacer en nosotros según su buena voluntad.

“Sed sobrios y velad; porque vuestro adversario el diablo,


como león rugiente, anda alrededor
buscando a quién devorar”.
I Pedro 5: 8

13
LA ORACION Y EL EGOISMO
Pr. Ricardo Marín

Texto clave: Santiago 4:3

La oración no es un instrumento para obtener cosas a nuestro antojo o capricho como si

Dios fuera un hortelano.

La oración ideal es comunión, que procura poner mi corazón en sintonía con el de Dios.

Es el momento cuando renunció a mi yo, ideas, planes y ambiciones personales, para

someterme a la voluntad de Él.

Las oraciones egoístas no tienen lugar en el plan de Dios, porque nos harían más mal

que bien, destruirán nuestra comunión con Él y entorpecerían el sano desarrollo de los

principios espirituales en nuestra experiencia con Él.

No es el designio divino responder nuestras oraciones como nosotros lo queremos y

deseamos en el momento que lo ambicionamos. Él espera que nuestra relación con Él no

dependa de cosas que recibimos, sino más bien que estemos con Él por los motivos correctos.

Que lo deseemos a Él como persona y que lo amemos como nuestro Padre Celestial y que

confiemos de tal forma en su amor que esperemos en su voluntad, lo que Él sabe que es más

apropiado para nosotros en toda circunstancia.

“Deléitate, asimismo en Jehová, y Él te concederá las


peticiones de tu corazón”.
Salmos 37:4

14
LA HORA DE LA ORACION
Pr. Ricardo Marín

Texto clave: Marcos 1:35

Dios espera que hablemos con Él, que busquemos su rostro cada día, que antes de

iniciar el día de labores tengamos un momento a solas con Él. Esto se llama humilde

dependencia, es tomarnos de su brazo, no confiar en nuestra capacidad o sabiduría. El salmista

declara que tarde, mañana y mediodía hemos de orar a Dios (Salmo 55:17), pero en la medida

de lo posible al despertarnos, muy temprano hemos de consagrarnos a Él; hay que hacerlo

como nuestro primer trabajo.

El modelo perfecto, Jesucristo, iniciaba su día aun cuando estaba oscuro, se retiraba a

un lugar aparte y allí se encomendaba a Dios por ese día. Siendo quien era, no descuidaba esa

vida secreta de oración, él sabía que el poder y la fortaleza venían de la comunión con Él.

Hay que dedicar intencionalmente tiempo a comulgar con Dios, desde muy temprano,

en el silencio y la quietud de donde nos encontremos, Él debe ser lo primero en nuestra vida,

esa cita con Él nada ni nadie la deben suplantar. Separados de Él nada podemos hacer, Él es

nuestra luz y suficiencia.

“Dios, Dios mío eres tú, de madrugada te buscaré, mi alma


tiene sed de ti, mi carne te anhela, en tierra seca y árida
donde no hay aguas”.
Salmos 63:1

15
LA ORACION Y LA ALABANZA
Pr. Ricardo Marín

Texto clave: Salmos 95:1, 2

Cuando nos acerquemos a Dios en oración, alabémosle porque Él es digno.

La oración de petición no debe primar en nuestras vidas de comunión con el Señor.

Hemos de comenzar orando con alabanzas dirigidas a Él, como Creador de todos, como nuestro

Redentor y Sustentador cotidiano.

Alabarlo por sus maravillas, bendiciones y misericordias. El corazón que su mueve y

vive en las alas de alabanza a Dios, como fiel y soberano; se eleva hasta su trono y se deleita en

su presencia, donde hay plenitud de gozo. Lo alabamos con el canto, dirigido a él, que lo exalta

por lo que Él es y hace constantemente.

Lo alabamos por lo que permite y por lo que no, aceptando su soberanía y majestad

sobre todo y todos. Cuando alabamos a Dios en la oración los ángeles se acercan y nos elevan

hasta Él; la alabanza es sublime, suprema, es el perfume que reconoce quien es Dios y nos

ubica a nosotros en el verdadero terreno.

Oremos y alabemos al único que es digno por los siglos de los siglos.

“Entrad por sus puertas con acción de gracias por sus


atrios con alabanza; alabadle, bendecid su nombre”.
Salmos 100:4

16
LA ORACION Y LA CONFESION
Pr. Ricardo Marín

Texto clave: Daniel 9:4

Cuando nos acercamos a Dios en oración, con actitud humilde hemos de reconocer

nuestra condición pecaminosa y confesar ante Él nuestras iniquidades, pecados y maldades sin

ocultar absolutamente nada.

Si hemos pecado contra Dios, lo más apropiado es confesarle nuestra desobediencia,

incredulidad y apostasía.

Puede ser esta confesión de carácter personal o corporativo; cuando intercedemos por su

pueblo y pedimos perdón para su iglesia.

En el momento de comunión cuando de manera abierta desnudamos nuestro ser ante el

Señor, podemos estar seguros que Él acepta nuestra confesión y perdona todos nuestros

pecados. Nunca debe postergarse esta confesión ante Dios, no nos favorece para nada el

ocultar o evadir la culpa de nuestras transgresiones.

El no hacerlo impedirá que el Dios de los cielos, escuche nuestras plegarias, el pecado

separa de Dios y oculta su rostro para no oír.

“Mi pecado te declararé, y no encubriré mi iniquidad.


Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; y tu
perdonaste la maldad de mi pecado”.
Salmos 32:5

17
EL VALOR DE LA ORACION
Pr. Ricardo Marín

Texto clave: Apocalipsis 5:8

A Dios le interesa mucho que oremos, que tomemos tiempo cada día para hablar con Él.

Él es nuestro Padre y le agrada que lo busquemos en oración, porque Él anhela estrechar

nuestra relación. Tanto valor le concede el cielo a nuestras oraciones, que hay ángeles

designados para recibirlas y las reciben en copas de oro y le añaden el incienso de la justicia de

Cristo, por eso ascienden como perfume ante el altar de Dios.

Dios ha hecho posible que el medio de comunicación esté abierto, Cristo es el puente

que une el cielo con la tierra, no hay excusa para no hablar con Dios, podemos hacerlo en el

nombre de Cristo, confiando en su intercesión, dependiendo de su justicia. Cada oración

elevada por el más humilde de los hijos de Dios en esta tierra, importuna el trono celestial, no

es desatendida, ni ignorada. Los ángeles también son comisionados para responderlas y

ministrar a favor de los que serán herederos de la salvación.

“Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un


incensario de oro; y se le dio mucho incienso para
añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre
el altar de oro que estaba delante del trono.
Y de la mano del ángel subió a la presencia de Dios el humo
del incienso con las oraciones de los santos”.
Apocalipsis 8:3,4
18
LA ORACION Y EL ESPIRITU SANTO
Pr. Ricardo Marín

Texto clave: Lucas 11:13

Dios quiere que oremos sin cesar y en especial en estos últimos tiempos por la presencia

y dirección del Consolador, el representante de Cristo, la tercera persona de la divinidad. Es la

promesa de Dios para sus hijos que desean andar y vivir en el Espíritu, para que se manifieste

en su vida el fruto del Espíritu y puedan usar sus dones para cumplir el ministerio y edificar su

iglesia.

Hemos de solicitar un bautismo diario del Espíritu Santo y para que esto suceda hemos

de vaciarnos del yo, orgullo y la suficiencia propia. Esta es la urgente petición para que suceda

un reavivamiento y reforma en nuestra vida y en la iglesia.

Debemos de clamar como nunca antes por la unción del Espíritu Santo, de tal forma que

sepamos por donde debemos andar.

Dios está dispuesto a darnos su Espíritu sólo espera que se lo pidamos con sinceridad y

humildad, para cumplir la misión que nos encomendó. Pidamos con insistencia el

cumplimiento de esta promesa.

“Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra


debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene,
no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede
por nosotros con gemidos indecibles”.
Romanos 8:26
19
LA ORACION Y EL AGRADECIMIENTO
Pr. Ricardo Marín

Texto clave: 1 Tesalonicenses 5:18

La oración genuina tiene un elemento muy importante para nuestro crecimiento

espiritual y este es el agradecimiento. Nuestra vida de comunión con Dios, no solo debe

caracterizarse por pedir, sino también de dar gracias.

La gratitud es una actitud en la vida sana de oración, está muy ligada a la alabanza

sincera y profunda a Dios por todas las bendiciones que recibimos de Él. Aprendamos más a

agradecer a Dios, y enumeremos las bendiciones que recibimos cada día al despertar, porque

sus misericordias son nuevas cada mañana. Elevémonos en las alas del agradecimiento al

Señor, de seguro que la queja, la crítica y la murmuración se desvanecerán.

Expresemos al Creador gracias aún por aquello que no hemos recibido y aún por las

cosas que a veces no entandamos en el momento, y más aún por lo negativo.

Oremos con mucho agradecimiento cada instante a nuestro Rey y Señor.

“Gracias te damos, oh Dios, gracias te damos,


Pues cercano está tu nombre;
Los hombres cuentan tus maravillas.”
Salmos 75:1

20
LA ORACION Y LA TESTIFICACION
Pr. Ricardo Marín

Texto clave: Efesios 6:18, 19

La oración ideal es comunión con Dios y tiene el propósito de transformarnos con su

Espíritu a su semejanza.

Si solo nos dedicamos a orar y no actuamos en el nombre del Señor, podemos sumirnos

en una rutina vacía y sin sentido que nos volverá fríos y formalistas.

Oramos no para encerrarnos en nuestro círculo santo y aislarnos de los demás, por el

contrario, cuando nos hemos encontrado con Dios esto nos motivará para acercarnos más al

prójimo y bendecirlos con las bendiciones que recibimos de Él. Les hablaremos de su

maravilloso plan, de su amor, perdón y deseo de llevarnos al hogar celestial.

Cuando oramos de verdad y tenemos un encuentro con Dios, su presencia y poder nos

hace descender al valle del servicio desinteresado a favor de los demás.

El encuentro con Cristo nos hace sus testigos naturales y espontáneos, la gente se va a

dar cuenta de que hemos estado con Jesús.

Toda verdadera testificación está saturada por mucha oración y así el Espíritu Santo

viene y utiliza el testigo de Dios.

“Como tú me enviaste al mundo,


así yo los he enviado al mundo.”
Juan 17:18

21
LA ORACION Y EL AYUNO
Pr. Ricardo Marín

Texto clave: Daniel 9:3

El ayuno es un medio ofrecido por Dios para que aunada a la oración, nos prepare para

conocerlo, entenderlo y escucharlo mejor. Es un tiempo reservado aparte para dedicarnos

exclusivamente para discernir su santa voluntad o interceder especialmente por el ungimiento

y así discernir lo que Él quiere para nuestra vida. La práctica del ayuno no es meritoria, ni me

hace más santo que otro; ni tampoco es mortificar mi cuerpo para impresionar a Dios. Mucho

menos el ayuno debe ser separado del cumplimiento de mis deberes como cristiano hacia el

prójimo. El ayuno verdadero nos conecta en una relación más estrecha con el Señor y también

con el prójimo. Combinados debidamente la oración y el ayuno, me vacían del yo dirigido por

Cristo y me hace un vaso útil para cumplir su divina voluntad motivado por su amor.

Acerquémonos a Dios, en ayuno y oración, dejemos que Él nos guíe por el sendero de

sus designios.

“Y les dijo: Este género con nada puede


salir, sino con oración y ayuno.”
Marcos 9:29

22
LA ORACION Y EL CULTO
Pr. Ricardo Marín

Texto clave: Salmos 95:6

El momento del culto público es uno de los más solemnes, cuando como pueblo nos

congregamos para adorarlo, alabarlo y comulgar con Él en oración.

La casa de Dios, su santuario, debe ser un lugar de mucha oración, específica y no

cargada de mucha palabrería. No debe ser de una sola clase; debe existir agradecimiento,

intercesión, confesión, humillación, arrepentimiento y adoración.

Es el momento del culto corporativo, cuando Dios responde la oración de su pueblo y

les da bendición.

Cuando contritos y humildes de espíritu sus hijos lo buscan, el Alto y Sublime habita

entre ellos en respuesta a la oración de fe.

Si su pueblo se humilla, busca su rostro, se convierten de sus malos caminos y oran; Él

los restaurara, los sana y les perdona sus pecados.

Debemos como pueblo unirnos más en oración, acercarnos más al Señor y los unos a los

otros en comunión.

“Con todo, tú atenderás a la oración de tu siervo, y a su


plegaria, oh Jehová Dios mío, oyendo el clamor y la
oración que tu siervo hace hoy delante de ti.”
1 Reyes 8:28

23
A ORACION Y LA LLUVIA TARDIA
Pr. Ricardo Marín

Texto clave: Zacarías 10:1

En el texto profético y para el tiempo del fin, como pueblo hemos de orar por el

derramamiento de la lluvia tardía , que ha de madurar el grano para la cosecha final de Dios, en

su segunda venida.

Es nuestro deber aprovechar la efusión de la lluvia temprana del Espíritu Santo, el

bautismo diario en respuesta a la oración de fe. La oración es el elemento clave que ha de traer

sobre nosotros el gran poder que ocupamos para el fuerte pregón. Sabemos que los resultados

serán maravillosos, milagrosos y poderosos; pero la condición es; mucha y ferviente oración;

personal, corporativa, familiar; sincera y constante.

El derramamiento pleno del Espíritu Santo nos aguarda, hemos de pedirlo, buscarlo,

clamar por Él con perseverancia como lo hicieron los primeros discípulos. Es el plan de Dios

provocar un reavivamiento en respuesta a la oración unida, agonizante y de fe.

“Vosotros también, hijos de Sion, alegraos y gozaos en


Jehová vuestro Dios; porque os ha dado la primera lluvia a
su tiempo, y hará descender sobre vosotros lluvia temprana
y tardía como al principio.”
Joel 2:23

24
LA ORACION POR LOS ENFERMOS
Pr. Ricardo Marín

Texto clave: Santiago 5:14, 15

Existen muchas personas que sufren y padecen diversas enfermedades, algunas

heredadas, otros por su estilo de vida las han contraído. Ciertamente el mundo de hoy parece

un hospital enfermo y la gente busca solución a sus necesidades reales. El ministerio de Cristo

y su iglesia es de restauración, reconciliación y bendición.

La oración es un instrumento que Dios ha puesto en nuestras manos para interceder por

los desvalidos, que desean la intervención providencial del Señor en sus vidas. Hemos de

llevar alivio y medicina en el nombre de Jesús, colocar sus vidas en las manos del Médico

divino, enseñarles cómo vivir mejor y dejar los resultados en la soberanía divina. A los

creyentes que piden ser ungidos, hemos de ministrarles en el nombre de Cristo, para que

reciban sanidad física, mental y espiritual según lo determina el Señor.

Nuestra actitud hacia el enfermo, ha de ser como la de Cristo, con amor y misericordia

acercarnos a todos, sin excepción y clamar por su caso ante el Padre que responderá siempre lo

mejor.

“He aquí que yo les traeré sanidad y medicina; y los curaré,


y les revelaré abundancia de paz y de verdad.”
Joel 2:23

25
LA ORACION Y LA IMPOSICION DE
MANOS
Pr. Ricardo Marín
Texto clave: Hechos 8:17
El Señor Jesucristo comisionó a sus discípulos a predicar, enseñar y sanar; acompañada
esta orden de la autoridad concedida para hacerlo. Instruyó que debían imponer las manos en
su nombre para que aunada a la oración de fe; Él se manifestara según su beneplácito y
voluntad. No son nuestras manos las que sanan por supuesto, es el poder de Cristo que actúa a
través de sus canales comisionados y autorizados; para que las almas crean y se salven.
Hemos de imponer las manos por orden de Cristo, cuando oramos por aquellos a
quienes consagramos a los ministerios específicos del ancianato, pastorado, diaconado y
servicio al cuerpo de Cristo, para que el Espíritu Santo los llene y los use con poder, al cumplir
su ministerio.
Dicho testimonio e imposición de manos, ha de estar precedida por ministros ordenados
al sagrado ministerio, hombres de fe y oración, apartados por Cristo para ejercer dicha función,
autorizados y reconocidos por el cuerpo de Cristo, su iglesia organizada en esta tierra y lo
hacen en el nombre del Señor, para gloria de Dios y con la unción del Espíritu Santo.
Este sagrado evento debe estar precedido por profundo escudriñamiento del corazón,
humillación, confesión, arrepentimiento y un sincero deseo de servir a Dios y que Él manifieste
su divina voluntad.

“Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo sobre


él las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te
apareció en el camino por donde venías, me ha enviado
para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo.”
Hechos 9:17

26
LA ORACION Y LA ACTITUD DEBIDA
Pr. Ricardo Marín

Texto clave: 1 Timoteo 2:8

Orar es un privilegio y una necesidad, muchas veces hay personas que están más

preocupados por la posición en que se ora, que por el espíritu en que se hace. A Dios le

interesa que mantengamos con Él una buena relación a través de la oración, pero también que

lo hagamos con nuestros semejantes. Tan importante es para Él, que nos dice que si al venir al

altar para ofrecerle una ofrenda, y allí nos acordamos que alguien tiene algo contra nosotros,

que mejor dejemos allí la ofrenda y vayamos y nos reconciliemos con el hermano y después

presentemos lo ofrenda. (Mateo 5:23)

Al orar venimos ante la presencia de un Dios santo, justo, bueno, misericordioso y

perdonador. El espera que oremos sin ira acariciada y contienda practicada, eso es orar con

manos santas, es el espíritu que hemos de cultivar cuando nos presentamos ante Él.

Incluso el Señor nos dice a los esposos que hemos de vivir con ellas sabiamente

tratándolas con honor, respeto y consideración; sin abuso, ni agresión; para que nuestras

oraciones no tengan estorbo. Sólo con la ayuda del Espíritu Santo, y en comunión con Dios,

tocados por su amor, seremos transformados de carácter en carácter para reflejar a Cristo en

nuestra vida íntima de oración personal. Oremos en todo tiempo, con oración ferviente, sin

cesar; pero con el espíritu y la actitud debida ante el trono de Dios.

“Suba mi oración delante de ti como el incienso,


El don de mis manos como la ofrenda de la tarde.”
Salmo 141:2

27
LA ORACION Y EL ARREPENTIMIENTO
Pr. Ricardo Marín

Texto clave: 2 Crónicas 7:14

El arrepentimiento verdadero es un don de Dios, no podemos experimentarlo sin el


Espíritu Santo; Él nos guía no sólo a confesar el pecado, sino también a sentir dolor por él y
decidir abandonarlo, para vivir una nueva vida con Cristo.
La oración genuina nos eleva a Dios, nos conduce a abrir nuestro corazón a Él, de tal
forma que le expresemos desde lo más íntimo de nuestro ser, toda nuestra maldad, impiedad, y
rebelión, buscando una transformación de la vida y el carácter. Es en la oración sincera cuando
la luz de Dios, revela las cámaras oscuras de la negrura de nuestro pecado, y Él nos constriñe,
nos guía por su benignidad al arrepentimiento, que anhela por medio de Cristo, restablecer la
relación rota por la iniquidad cometida.
Cuando oramos en nuestra condición pecaminosa, es sólo por la intercesión de Cristo y
su justicia que nuestra oración es acepta, y por su gracia Él nos restaura y nos presenta ante el
Padre como si nunca hubiéramos pecado. No es nuestro arrepentimiento el que nos salva, es
Cristo, el cual nos ha guiado a disfrutarlo; como resultado de responder a su amor y su Espíritu
que nos ha convencido en la cámara de audiencia a solas con Dios. Oremos siempre con una
actitud humilde y transparente ante Dios, reconociendo los cuitados y pecaminosos que somos,
para ser guiados a una genuina reforma y reavivamiento.

“Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta


ignorancia, ahora manda a todos los hombres
en todo lugar, que se arrepientan;”
Hechos 17:30

28
LA ORACION Y LA UNIDAD
Pr. Ricardo Marín

Texto clave: Hechos 1:14

Nuestro Señor abogó e intercedió por sus discípulos de todos los tiempos para que
estuvieran unidos. El ideal que Él propuso fue y es la unidad perfecta para todos sus
seguidores, como testimonio ineludible del poder del evangelio, afectando a personas de
diversos lugares, razas, estratos sociales, preparación académica y status económico. Su poder
recibido no conoce límites, para provocar esa unidad en medio de tanta diversidad. ¿Cómo es
que las personas pueden estar muy unidos, cuando todos somos tan diferentes?
Cuando oramos nos acercamos a Dios, y entre más cerca estamos de Él en comunión,
más cerca estaremos los unos de los otros. Hemos de juntarnos intencionalmente como
hermanos, buscando el rostro de Dios en oración, haciendo a un lado nuestras diferencias, gusto
o deseos personales.
En la oración hemos de unirnos por intereses y objetivos divinos que nos son comunes,
porque deseamos vivir juntos en la patria celestial, dejamos que el Espíritu Santo nos mantenga
unidos, como un cuerpo de creyentes, cohesionados por una misma fe, doctrina, Padre y cabeza
que es Cristo. En la oración por la unidad corporativa el yo muere, Cristo y su cuerpo que es la
iglesia prevalecen.

“Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor


Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya
entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente
unidos en una misma mente y en un mismo parecer.”
1 Corintios 1:10

29
JESUS ORA POR TI
Pr. Ricardo Marín

Texto clave: Lucas 22:31, 32

En medio de toda la autosuficiencia y confianza propia, el discípulo Pedro escuchó de

los labios del Maestro la seguridad de su intercesión. Al borde de la severa prueba que

enfrentaría al ser zarandeado por Satanás, Cristo le dio la certeza de que no lo abandonaría pese

a su vil y reiterada negación que Él conocía por anticipado. Aunque el Señor no es el autor, Él

permite las pruebas, conflictos y dificultades como un instrumento para purificar nuestro

carácter de la escoria del mal. El horno de la prueba y su fuego hasta que casi nos consume y

como tizones arrebatados del incendio, Él como nuestro Salvador intercede por nosotros con

súplicas y lágrimas mostrando sus manos heridas, sus sienes horadadas por causa nuestra y nos

reclama como suyos y para su reino.

Él sabe que somos polvo, frágil barro que se quiebra, pero también no permitirá algo

mayor a nosotros y dará salidas a nuestra situación, hará sendas donde no las hay, porque ha

pagado un precio muy caro por nosotros. Él no nos dejará, ni nos desamparará, ya hizo lo más

difícil, caminó el sendero que debíamos transitar nosotros, pero por amor fue nuestro Sustituto

y Mediador.

“Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los


que han de creer en mí por la palabra de ellos,”
Juan 17:20

30
¿QUE ES LA ORACION?
Pr. Ricardo Marín

Texto clave: 1 Samuel 1:12-15

Orar es el acto de abrir nuestro corazón a Dios como a un amigo. No es informarle

acerca de nuestra vida, ni repetir frases aprendidas de memoria ni un recital de palabrería

florida y abundante, sin sentido real a la experiencia. Orar es hablar con Dios, derramar

nuestro ser interior ante Él, es contarle lo que nos pasa, cómo nos sentimos, qué nos inquieta y

perturba, es poner en sus manos nuestra vida, confiando que Él va a responder según su

voluntad en el tiempo oportuno.

Orar es más que pedir, es un tiempo de calidad que aparto diariamente con mi Creador,

para fortalecer mi relación con él, es la oportunidad para alabarlo, agradecerle y conocerlo

mejor. Orar es comunión, es compañerismo con un Padre bueno y amante, donde descanso en

su presencia y recibo fortaleza interior de Él, para vivir y servirle en esta tierra dando

testimonio de su gracia maravillosa.

Orar es caminar de la mano por la fe en sus promesas, plenamente confiado de que Él

me sostendrá y guiará. Orar es el suspiro del alma que exhala la convicción que un Padre que

está en el cielo y siempre me escucha.

“Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles,


que piensan que por su palabrería serán oídos.”
Mateo 6:7

31
LA ORACION Y LA VOLUNTAD DE DIOS
Pr. Ricardo Marín

Texto clave: Mateo 26:39

Dios es el Soberano, Sabio y Supremo, Él conoce lo que es mejor y más nos conviene a

todos. Nuestro corazón finito, limitado y defectuoso fácilmente nos engaña y puede hacernos

errar en el camino. Cuando oramos a Dios no es para pedirle que Él haga lo que deseamos o

pensamos, más bien es para ponernos en sintonía con su divina voluntad. Por eso, al orar

debemos hacerlo dejando a un lado nuestro yo, egoísmo y deseo personal; hemos de

sacrificarlo todo al pie de la cruz y esperar en el Señor, que Él manifieste su divino propósito.

La oración verdadera no dice: “Hágase esta mi voluntad” sino; “no sea como yo quiero, sino

como tú”.

El penitente debe estar seguro que el Señor siempre va a responder y debe creer que Él

va a manifestar su voluntad, no la personal. Permitamos que nuestro corazón esté en armonía

con Él. Muchas veces la voluntad de Dios, irá en contra de nuestros deseos, planes e ideas,

pero hemos de aceptarla con resignación y alegría. Cuando nos acercamos al altar de Dios, le

estamos demostrando que queremos su dirección y ayuda, por lo tanto, deponernos nuestro

plan, para conocer y hacer su buena voluntad.

Hay que orar sin cesar, perseverar en la verdadera oración, esperando sólo que se

cumpla al designio del cielo y no el que yo ambiciono.

“Deléitate asimismo en Jehová,


Y él te concederá las peticiones de tu corazón.”
Salmo 37:4

32
LA ORACION Y LA RESPUESTA
Pr. Ricardo Marín

Texto clave: Daniel 9:22, 23

Cuando importunamos el trono de Dios, nos acercamos a un Padre que está deseoso y
anuente de escucharnos. Él no es sordo al clamor de sus hijos, que lo buscan de todo corazón,
reconociendo que Él es su auxilio y refugio.
Dios siempre responde nuestras oraciones sinceras, no necesariamente del modo y en el
tiempo que esperamos, pero sí lo hace.
En ocasiones es un rotundo no, en otras claro que sí, pero en otras hemos de aguardar su
respuesta; pero al final siempre es y será lo mejor para nuestra vida. Él es muy sabio y bueno,
es capaz de responder nuestras peticiones, de tal forma que sean una completa bendición para
nuestra vida y alabanza plena para su gloria.
La oración honesta a Dios, presupone una respuesta de Él, en el momento más propicio
y de la manera que Él estime apropiada a nuestra situación. Él es nuestro Padre, nos ama y nos
dará lo que necesitamos, no es indiferente a lo que estamos viviendo y como sus hijos proveerá
lo suficiente, mucho más abundantemente de los que pedimos o entendemos. Dios es fiel, sus
promesas son seguras y firmes; podemos descansar y confiar plenamente en su amor.
Perseveremos en la oración, aun cuando no veamos inmediatamente la respuesta y si no llega;
sigamos orando no por lo que recibimos de Él, sino por deleitarnos en su presencia y comulgar
con Él.

“Con mi voz clamé a Dios,


A Dios clamé, y él me escuchará.”
Salmo 77:1

33
¿COMO HEMOS DE ORAR?
Pr. Ricardo Marín

Texto clave: Salmo 99:5

Muchas personas viven preocupadas por la posición que se adopte en el momento de la

oración. Algunos son exigentes y estrictamente sólo se debe orar de rodillas.

El Señor no dejó un reglamento fijo sobre la posición en la oración, porque no es tanto

la posición en la que se ora, sino el espíritu con el que se hace; lo importante ante Dios.

Ciertamente diremos que en cuanto sea posible, en los momentos de oración personal

sería bueno estar de rodillas, aunque no significa que Dios no nos escucharía si estando en la

cama, o en el baño; acostado o de pie, no nos va a atender. No hay lugar impropio para alzar

nuestra voz o corazón a Dios en humilde y sincera oración.

En el culto público debe existir tiempo para postrarse ante la Majestad del cielo y rogar

por su manifestación en medio de su pueblo.

Estas oraciones debieran ser específicas, breves y respetuosas, que no promuevan la

irreverencia. Tampoco sujetarlas a un libro de oración recitado o de memoria, que no está en

armonía con la realidad de los adoradores. El Alto y Sublime, el que está en los cielos, habita

con el contrito y humilde de espíritu, que respeta, venera y tiembla ante su Palabra. Sea de pie,

sentado, acostado o de rodillas, cuando oremos hagámoslo con un corazón reverente,

consciente de la presencia de Dios y seguros de que como Padre amante nos oye y nos escucha

nuestra humilde oración en el nombre de Jesús.

“Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré.”

Juan 14:14
34
¿CUANTO ORAR?
Pr. Ricardo Marín
Texto clave: Salmo 55:17

No es la cantidad de oración lo que me da la garantía de ser escuchado por Dios, es la

calidad de la misma; entendiéndose que debo acercarme a Él con humildad y reverencia. Es

muy importante la disciplina en la oración, tener un horario también. Cada día al despertar

debo consagrarme a Dios y hacer de esto mi primer trabajo; Él debe ser lo primero; de la misma

forma antes de dormir, es nuestro privilegio encomendarnos a Él, agradecerle, confesarle y

depositarle las cargas del día en sus poderosas manos.

Oramos porque reconocemos nuestra dependencia de Dios, porque nos damos cuenta de

nuestra fragilidad y pecaminosidad; y estamos conscientes que sin él no somos nada; de aquí

que lo necesitamos a cada instante.

El creyente hace de toda ocasión una oportunidad para orar, sea expresada o pensada;

ora sin cesar; aunque no esté de rodillas. Los que desean estar en comunión con Dios, no se

cansan, ni se aburren de hablar con Él en oración. Él es su mejor amigo, disfrutan la compañía

con Él y anhelan pasar mucho tiempo en su presencia. Fortalecen cada día sus nervios y

músculos espirituales en esa cámara de audiencia privada con Él; salen de allí renovados y

refrigerados, seguros que van en su nombre para cumplir los deberes diarios y servirle en todo

aquello que Él tiene preparado para sus vidas. Más oración, más comunión, más presencia de

Dios en el ser, más poder de Él para servirle.

“Te alabaré, oh Jehová Dios mío, con todo mi corazón,


Y glorificaré tu nombre para siempre.”
Salmo 86:12
35
LA ORACION Y EL CANTO
Pr. Ricardo Marín

Texto clave: Salmo 92:1,2

Dios es digno de toda alabanza, reconocimiento y honor; Él es el Creador, Redentor y

Sustentador de todo lo que existe. Cuando entendemos que la oración no sólo es pedir cosas,

unimos la alabanza por medio del canto en nuestra vida de oración. Los salmos eran cantados,

son oraciones que nacieron de la profundidad del corazón humano y revelan la experiencia real

de personajes semejantes a nosotros que derramaron sus vidas ante Dios; en ruegos, súplicas,

clamores unidos al canto. El canto es la nota del corazón que se eleva al cielo, expresando lo

más íntimo del ser, ante un Dios que se manifiesta y es reconocido por su grandeza. Oramos y

cantamos de su poder, amor, misericordia, maravillas, providencias, oramos y cantamos porque

nuestro corazón rebosa de agradecimiento al Dios vivo que actúa y se mueve en medio de

nosotros, oramos y cantamos en medio del dolor y el sufrimiento a un Dios que nos escucha

atento porque nos ama; oramos y cantamos confiando en Dios que Él intervendrá según su

tiempo, oramos y cantamos y nos elevamos hasta su trono sublime y por la fe descansamos en

su gracia.

Oramos y cantamos al Dios eterno, al que tiene cuidado de nosotros, al que nos llevará

para unirnos al coro celestial, y cuando estemos allá con Él, le veremos cara a cara y por la

eternidad lo alabaremos.

“A Jehová cantaré en mi vida;


A mi Dios cantaré salmos mientras viva.”
Salmo 104:33

36
LA ORACION Y LAS PRUEBAS
Pr. Ricardo Marín

Texto clave: Salmo 86:7


Por la palabra sabemos, como dijo Jesús: “…en el mundo tendréis aflicciones”; es una
cuota que recogemos como consecuencia de la introducción del pecado. Ninguno de nosotros
escapa de conflictos, pruebas y dificultades en esta vida, algunos externos, otros internos.
Dios permite estas situaciones para afirmar nuestra fe, pulir nuestro carácter y llevarnos
más cerca de Él. Aún aquellas que nosotros mismos nos las hemos buscado, por malas
decisiones o desobediencias, Él las puede enderezar y convertirlas en una bendición. Cuando
pasamos por estas circunstancias es la hora de orar más, de acercarnos más a Dios y recibir de
Él la sabiduría necesaria para enfrentarlas de la manera correcta y así cumplan el propósito
santificador y aleccionador que persiguen.
Cuanto más dura y severa la prueba, nuestro Modelo y Maestro en la oración, dice la
Biblia que oraba más intensamente y hasta gotas de sangre fluyeron de Él. (Lucas 22:44)
El propósito del enemigo, es que cuando pasemos estos momentos nos alejemos del
brazo poderoso del Señor.
Tenemos que aferrarnos más a su gracia y abrazarnos por la fe de su Omnipotencia en
oración, no soltarlo hasta que nos dé su bendición. Pruebas siempre habrá mientras estemos en
este mundo y si queremos permanecer de pie; necesitamos de rodillas alcanzar la fortaleza
interior que sólo viene de Dios. A más conflicto y dificultad más oración, el oro se pule dentro
del horno, fuera de él se apaga y no adquiere el brillo ideal, la escoria debe salir, Cristo debe
prevalecer en nuestra vida.

“Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en


diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce
paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis
perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna. Y si alguno de
vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos
abundantemente y sin reproche, y le será dada.”

Santiago 1:2-5
37
LA ORACION Y LA ANGUSTIA
Pr. Ricardo Marín

Texto clave: Salmo 86:7

Todos pasamos por momentos difíciles y angustiosos en esta vida. Los mismos nos
roban la paz y hasta pueden conducirnos a una profunda depresión. Un dolor emocional, una
pérdida, un fracaso, un pecado, puede provocar una angustia terrible en nuestro ser. No somos
inmunes a esto, nuestra frágil naturaleza puede derrumbarse ante una situación tal. Hay cosas
que por errores graves o pecados específicos han caído en un pozo hondo y tenebroso, no saben
cómo salir y sobreponerse por sí mismos. Sumidos en ese pozo de desesperación, o en el lodo
cenagoso del mal; anhelan con ansias una vía de escape, una salida a sus estresante estado.
Dios dijo que en su angustia me buscarán y clamarán. (Oseas 5:15); es allí donde su
poderoso brazo se extiende para levantarnos, ayudándonos a salir de forma providencial, en
respuesta a la oración sincera, humilde y agonizante que se aferra sólo a Él.
Esas tormentas en el mar de esta vida, cuyas olas golpean a las puertas de nuestro
corazón, provocan mucho dolor, tristeza y aflicción; el Señor quiere ser nuestro amparo y
fortaleza; tan solo espera que lo invoquemos; que lo busquemos aunque sea con una
balbuceante oración; Él nos ayudará, nos fortalecerá y nos restaurará. No hay problema o
tribulación que sea más grande que Dios, Él está por encima de todo y todos, clamemos a Él, Él
nos ama.

“Desde la angustia invoqué a JAH,


Y me respondió JAH, poniéndome en lugar espacioso.
Jehová está conmigo; no temeré
Lo que me pueda hacer el hombre.”
Salmo 118:5, 6

38
LA ORACION Y LA SALVACION
Pr. Ricardo Marín

Texto clave: Salmo 55:16

Dios siempre quiere salvar al pecador extraviado y perdido en su mal, Él no quiere que
nadie se pierda, sino que todos procedamos al arrepentimiento y seamos salvos. Dios no
impone su presencia, Él desea que lo busquemos con todo nuestro corazón; que lo
reconozcamos como nuestro Salvador.
El convicto y perdido debe clamar al Señor por ayuda, liberación y salvación; debe ser
una súplica sincera, ferviente, reconociendo su necesidad. Estas oraciones Él las responde en el
acto porque Él vino a buscar y salvar lo que se había perdido.
La oración es trascendental para conectarse con el Salvador, es la mano que se extiende
al ofrecimiento de amor que le hace Dios; allí está provista la salvación, clama por ella, Él
inmediatamente se la dará por pura gracia y misericordia. Hemos de orar constantemente por
la protección y salvación de todo peligro, el transitar por este mundo tan lleno de mal, Él es
nuestro escudo y castillo, torre fuerte, hay que invocarlo e invitarlo a que camine con nosotros
cada instante. Cuando oramos por esta salvación, envía ángeles, sus poderosos servidores,
ministros al servicio de los herederos de la salvación, que nos cuidarán y ayudarán a salir
vencedores.

“Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a


hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! Al momento
Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre
de poca fe! ¿Por qué dudaste?”
Mateo 14:30, 31

39
LA ORACION Y EL TRABAJO
Pr. Ricardo Marín

Texto clave: Romanos 12:11-13

La oración no es un sustituto del trabajo fiel, del cumplimiento de los deberes para con

Dios y el prójimo. El que ora busca la dirección e intervención de Dios en lo que hace, lo que

está a su alcance, lo que el penitente no puede es trabajo para Dios. La persona de mucha

oración son fervorosas en acción y con muy buen ánimo hacen lo que les toca. Ellos no andan

en un arrobamiento, no en un espíritu ascético, por el contrario; suben al monte a orar, pero

descienden al valle a trabajar; a hacer con los talentos y dones concedidos la obra que les

corresponde. Dios bendice sus labores, recompensa sus tareas, Él multiplica sus fuerzas y afina

su inteligencia, todo lo que tocan sus manos emprendedoras es prosperado, porque todo lo

consagran a Dios en oración.

Oración, trabajo, diligencia, todo va de la mano en la empresa de alcanzar la victoria y

formar un carácter para la eternidad. El que ora con fervor, es un fiel y aplicado siervo de

Cristo, incansable en el puesto del deber, tiene altas aspiraciones, grandes objetivos y nobles

metas para alcanzar cada día, que Dios le permite vivir.

Cuando ora, sabe que Dios abrirá puertas para que honradamente trabaje y consiga los

recursos necesarios para subsistir y ser una bendición a los más necesitados.

“Mirad, velad y orad; porque no sabéis cuándo


será el tiempo.”
Marcos 13:33

40
LA ORACION Y EL PECADO
Pr. Ricardo Marín

Texto clave: Salmo 66:18

El pecado en cualquier forma nos separa, aleja de Dios; interrumpe nuestra relación con

Él. Sin embargo, cuando lo reconocemos, aceptamos y con corazón sincero le pedimos a Dios

que nos restaure, Él lo hace. No hay pecador que haya caído tan profundo, que la mano de

Dios no lo pueda rescatar, si tan solo clama al Señor, Él presto le responderá.

Como Jonás, aún desde lo profundo desde el vientre de un gran pez, habiendo huido de

la voluntad de dios, viviendo en rebelión desde allí clamó, oró, rogó en su angustia de muerte el

Señor lo escuchó, lo sacó, le dio otra oportunidad en respuesta a su oración. (Jonás 2:1, 2 y 7)

Dios se deleita en responder las oraciones del contrito pecador, por muy vil y sucio que

haya sido su transgresión, “Clama a mí y yo te responderé.” Dice el Señor, “Buscadme y

viviréis.”, volveos, volveos de vuestros malos caminos, Él está anuente a escuchar la confesión

del pecador, cuando en oración sincera confiesa su mal. El pecado nunca debe guardarse, hay

que llevarlo a Dios, declararlo con honestidad y específicamente al que todo lo sabe y lo

escudriña. Cuando el publicano subió al templo a orar y dijo “Dios, sé propicio a mi pecador”

dice la palabra de Dios que regresó en ese instante a su casa justificado, perdonado, su oración

no fue larga, ni de pretendida confianza propia, sólo reconoció su condición y Dios los liberó.

“Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad.


Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová;
Y tú perdonaste la maldad de mi pecado. Selah”
Salmo 32:5

41
LA ORACION Y LA DEPRESION
Pr. Ricardo Marín

Texto clave: Salmo 42:11

Cuando toca a nuestra puerta la depresión nos desestabiliza emocional, física y


espiritualmente. Los creyentes no somos inmunes, nuestra frágil naturaleza puede ser sacudida
por esta triste y angustiosa experiencia. Grandes siervos de Dios experimentaron momentos
terribles de depresión y hasta quisieron morirse. Se aislaron, se escondieron, perdieron el
apetito, lloraron con gran lamento, se desconectaron de sus roles normales. Dios no nos
condena, ni nos recrimina por esta triste experiencia, no nos rechaza; por el contrario está
dispuesto a sacarnos del pozo de la desesperación, de la caverna de la angustia, entiende que
somos polvo, como hojas secas llevadas por el viento.
La oración en estos momentos es vital, es el hilo que une nuestro débil brazo al brazo
del Omnipotente, no debemos soltarnos de Él, aun cuando no veamos luz, aun cuando no nos
sintamos bien, hay que clamar, rogar, suplicarle al Señor, que nos abrace, nos socorra y nos
levante. Hemos de regresar al sitio donde nos desconectamos de Él e indagar la causa que
provoca nuestro estado, colocarnos en sus manos y pedirle con fervor que intervenga en lo más
profundo del ser; que su gracia toque nuestras fibras internas para fortalecernos.
Dios nos cura y simpatiza con nosotros, Él es Dios con nosotros, no nos dejará, ni
desamparará, Él nos dará la victoria, nos restaurará con su poder, oremos y confiemos en su
manifestación.

“Pacientemente esperé a Jehová, Y se inclinó a mí, y oyó mi


clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del
lodo cenagoso; Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis
pasos. Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a
nuestro Dios. Verán esto muchos, y temerán,
Y confiarán en Jehová.”
Salmo 40:1-3

42
LA ORACION Y LA PALABRA
Pr. Ricardo Marín

Texto clave: Salmo 119:147

En la oración uno le habla a Dios, expresa su petición, alabanza, agradecimiento,


confesión, con un corazón sincero y totalmente abierto a un Padre amante, solicito a
respondernos para nuestro bien. En la oración nos elevamos al trono celestial y el Espíritu
Santo nos ayuda, acomodando nuestras súplicas para que sean presentados al Señor,
eficazmente.
La oración es un lado de la comunión, es la herramienta que Dios nos ha dejado en
nuestras manos en esta tierra para acercarnos a su trono.
Con la palabra de Dios nos habla, nos muestra su pensamiento, su voluntad y sus planes
para nosotros. La Biblia, para ser comprendida y asimilada debidamente tiene que estar
precedida de mucha y ferviente oración, para que el Espíritu Santo, me ayude a discernir lo
inspirado y revelado de Dios. Nuestros ojos deben ser abiertos para ver las maravillas de los
principios del cielo, nuestros ojos deben ser ungidos con el colirio celestial; y esto sucederá en
respuesta a la oración sincera y de fe.
La misma Biblia, sus palabras inspiradoras, pueden ser guía para nuestras oraciones, en
ella aprendemos cómo oraron los siervos y discípulos del Señor, nos dan modelos sobre cómo
orar eficazmente.
La ideal comunión incluye oración y sujeción a la Palabra de Dios, mi oración no
sustituye los principios y mandamientos de la Biblia. Las personas reavivadas son individuos
que oran mucho, hacen de la Biblia su norma y guía y sirven como Jesucristo a los demás.

“No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes
del mal. Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.”
Juan 17:15, 17

43
LA ORACION Y EL REAVIVAMIENTO
Pr. Ricardo Marín

Texto clave: Habacuc 3:2

Muchos grandes reavivamientos han ocurrido a través de la historia de la iglesia de


Cristo, en respuesta a la oración ferviente. Hombres y mujeres que han buscado el rostro de
Dios con intensidad, han perseverado con clamor y ruegos para que su poder se manifieste.
Nada se mueve sin el permiso de Dios y Él actúa en respuesta al clamor de aquellos que
anhelan ver cumplidos sus propósitos. Si alguien desea un reavivamiento, si la iglesia quiere
un despertar tiene que orar más y hablar menos; no gastar tanto tiempo en disputas, contiendas
o debates. El despertar espiritual sucede como resultado de la intervención del Espíritu Santo,
siempre moviéndose por la oración unida, agonizante y perseverante.
Tiene que llegar la hora, el momento, cuando todos intencionalmente busquemos unidos
esta experiencia, procurarlo debiera ser nuestra primera obra.
Hemos de disponer nuestro corazón para que esto suceda, acompañada de confesión,
humillación, arrepentimiento y oración ferviente; el reavivamiento sucederá.
El más débil de los santos que se apoya en la fuerza de Dios, se vuelve invencible,
porque Dios lo guarda, lo cuida y lo fortalece. El reavivamiento tiene el propósito de
convertirnos en mejores cristianos, misioneros, servidores, líderes, padres de Cristo en esta
tierra.
La medicina para el alma apagada y paralizada está en la oración, el Señor puede
encender el fuego de nuevo, la chispa poderosa d su Espíritu es capaz de levantar y restaurar,
de vivificar y reavivar al más endurecido pecador. No perezcamos en la mortal formalidad.

“Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios


que está en ti por la imposición de mis manos.”
2 Timoteo 1:6

44
LA ORACION Y LA LIBERACION
Pr. Ricardo Marín

Texto clave: Éxodo 3:23

El pueblo antiguo de Israel estaba esclavo en Egipto, 400 años de yugo y servidumbre;
el Faraón asfixiaba y oprimía; el sufrimiento era mucho y la agonía intensa. Se unen en
oración, claman a Dios por la liberación, Él atiende su plegaria y les responde; envía un
libertador llamado Moisés.
Hay un enemigo que desea esclavizarnos y oprimirnos; lo hace de diferentes formas,
intenta muchas veces tenernos bajo su gobierno tiránico con hábitos malos, vicios, espíritus
malignos; todos distractores. Aquí es donde hemos de clamar por ayuda y liberación; el Señor
está dispuesto a socorrernos, no hay cadena que Él no pueda romper, ni muro que no sea capaz
de derribar; en oración busquemos su intervención y dejemos que su brazo poderoso actúe.
No debemos pensar que no hay salida, que todo ya está acabado; él es el Dios de los
imposibles, cuando nos acercamos a Él con fe y oración; Él va intervenir. El no desea que
seamos esclavos del diablo; ni del pecado en ninguna de sus formas. Él quiere que seamos de
él y que le sirvamos. Por eso, si el Hijo nos liberta seremos verdaderamente libres; libres por
Cristo y para Él; gozando una auténtica libertad para crecer en amor conforme a su imagen.
No existe defecto, debilidad o mal hábito que con su ayuda no podamos vencer, hay que
someterse y rendirse a Él en ayuno y oración; permitir que su gracia actúe en nuestro ser
interior, de tal forma que su gloria se revele y su nombre sea exaltado. Donde está el Espíritu
de Dios hay libertad y Él estará donde se lo invoque y clame para que nos rescate de lo que sea.

“Porque sé que por vuestra oración y la suministración del


Espíritu de Jesucristo, esto resultará en mi liberación.”
1 Filipenses 1:19

45
SENOR, ENSENANOS A ORAR
Pr. Ricardo Marín

Texto clave: Lucas 11:1

La oración es una ciencia, ciencia divina, materia celestial. El Maestro de la genuina,


profunda y eficaz oración es Jesús. Cuando elegimos seguirlo como nuestro modelo, somos sus
discípulos, aprendices y estudiantes en su escuela. Con humildad, hemos de pedirle
constantemente a Él, que nos enseñe a orar eficazmente; que no permita que la experiencia de
la oración se vuelva formalista, rutinaria, monótona y sin objetivos prácticos, ni edificantes.
De Él (Jesús) aprendemos por el relato bíblico que su vida de oración empezaba muy
temprano, antes de salir a sus actividades, tenía ese encuentro personal con el Padre, todo lo
encomendaba a Dios, cuando venían pruebas oraba más intensamente y muchas veces
amanecía orando cuando debía tomar decisiones muy delicadas.
Su comunión con el Padre era intensa, profunda, abierta, constante, sincera, espontánea,
natural y de mucho respeto. No escatimaba momento o situación que no aprovechara para
solidificar su relación con Dios, hacía de todo una ocasión para orar. Aprendemos a orar más
eficazmente orando y dejando que la Palabra nos guíe a una comunión estrecha con Dios.
Oramos más y mejor cuando intercedemos por otros y hacemos la obra que Dios nos pide. La
oración no es una vida de ascetismo egoísta, que se retrae del contacto con la sociedad en la
que se vive; al contrario, la vida de oración sincera nos eleva a Dios, para que Él nos bautice
con su Espíritu y le sirvamos mejor en esa tierra; mientras el vuelve.
Aprendemos a orar cuando nos acercamos a otros y nos unimos tomados de la mano del
Señor, para ver su poderosa manifestación en respuesta a la oración. Aprendemos a orar
cuando confiamos más en Dios y dejamos que Él tome el control de todo.

“Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra


debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo
sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con
gemidos indecibles.”
Romanos 8:26
46
LA ORACION EFICAZ
Pr. Ricardo Marín

Texto clave: Santiago 5:17

Es muy bueno y necesario orar siempre y no desmayar. Muchas personas dicen que
oran, pero creen que no son escuchadas y mucho menos correspondidas. Cuando oramos
debemos creer que Dios es nuestro Padre, que nos ama, nos escucha y que nos responderá
según su voluntad, en el tiempo que sabe que es más apropiado para su gloria y nuestro
beneficio eterno.
Orar eficazmente, es más que un asunto de cantidad de tiempo que empleamos en este
ejercicio espiritual, se trata más bien de sinceridad, humildad, reverencia y confianza que se
tiene en la comunión con Dios. Orar con eficiencia, no se refiere a una herramienta o varita
mágica que usamos, para conseguir a nuestro capricho lo que deseamos.
La oración ideal es comunión, relación, fortalecimiento de una amistad diaria que se
tiene con Dios. La oración eficaz implica hacer a un lado el yo y dejar que Cristo y el prójimo
ocupen su lugar. La oración eficaz no es egoísta, vana, irreal, formalista, indiferente, muerta,
sin alabanza o agradecimiento a Dios. Es viva, poderosa, atrevida, llena de fe, perseverante,
ferviente, humilde, sobre todo reverente ante la presencia de Dios; no presumida, ni llena de
palabrería grandilocuente, sabe esperar los designios de Dios.
La oración eficaz resulta de la creciente relación con Jesucristo, es un aprendizaje
continuo en la escuela de Cristo, es una experiencia gratificante y confiada en un Dios que nos
ama y que sabe que es lo que mejor nos conviene a diario.
En la oración eficaz el penitente confiesa sus faltas a Dios, se humilla, deja que Dios lo
guie al arrepentimiento, se vacía de todo, para que Él lo llene con su Espíritu y lo use como su
instrumento para su gloria y engrandecimiento de su reino.
No dejemos de hablar con Dios, oremos sin cesar, perseveremos en la oración.

“Pedís, y no recibís, porque pedís mal,


para gastar en vuestros deleites.”
Santiago 4:3
47
LA ORACION Y EL MATRIMONIO
Pr. Ricardo Marín

Texto clave: 1 Corintios 7:5


Sabemos que los hogares están siendo muy golpeados por el enemigo. Disensiones
fuertes, agresiones, separaciones y hasta divorcios. No es fácil para las personas diferentes,
con temperamentos diferentes relacionarse, surgen conflictos y dificultades que amenazan la
relación. Si Jehová no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican. El matrimonio es
una empresa divina y se requiere cada día la presencia de Dios. Él desea guiar a los cónyuges,
ayudarlos, y fortalecerlos para que salgan airosos en su relación. Dios no se impone, la pareja
debe buscarlo cada día en oración, comunión, alabanza y estudio de la Palabra. Ciertamente el
triángulo perfecto de la relación conyugal es: Dios en primer lugar, la esposa y el esposo; para
sostenerse en medio de todas las pruebas y tentaciones de este siglo perverso e inmoral.
Deben tener tiempo, apartarlo intencionalmente, no permitir que los compromisos y
carreras de su agenda; no dejen espacio para consagrarse a Dios antes de iniciar sus actividades
diarias.
El Señor debe ser lo primero y lo más importante en el matrimonio, en el hogar. El
debe conducir el barco a puerto seguro y estable.
La experiencia y el tiempo han demostrado que los matrimonios que hacen de Dios su
centro, son más felices, estables y comprometidos.
Cada casa debiera ser una casa de oración, los padres como sacerdotes debieran elevar
ese altar de comunión y adoración con el Creador, de ese matrimonio debieran ascender
rogativas, alabanzas y peticiones al Dios que los juntó. No sólo en el altar se debieran hacer
éstas ante Dios, sino también renovarlos en la casa, como pareja, todos los días ante el trono
del Señor. Oren cada día esposos, tómense de la mano de rodillas ante el Señor, no se atrevan a
salir ni un solo día sin consagrarse al Señor.

“Pero el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu


oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un
hijo, y llamarás su nombre Juan.”
Lucas 1:13

48
LA ORACION Y LOS DESAFI OS
(Objetivos, Metas)
Pr. Ricardo Marín

Texto clave: 1 Crónicas 4:10

Los hombres y mujeres de oración no temen los desafíos, las metas y los objetivos.
Dios les da un arrojo, valor y decisión inusuales para pelear sus batallas y cumplir con su obra
en esta tierra.
Ellas oran, confían y trabajan con un santo celo y fiel dedicación; aprovechando las
oportunidades que se les presenta, cumpliendo a cabalidad sus deberes más pequeños, que son
recompensados grandemente con la bendición del Señor y para la gloria de su nombre.
Oran y se desafían a sí mismos, porque saben que Dios va con ellos, cuando hacen su
voluntad; creen que el Señor nunca los abandonará y reciben conforme a la fe que ponen en su
tarea.
No esperan grandes puestos para hacer cosas grandes; no; ellos se lanzan no a un mortal
fracaso, sino a un éxito seguro porque Jehová los respalda. No temen, no se intimidan, ni se
acobardan ante los problemas y dificultades; no nunca; toman fuerzas de rodillas y se levantan
ungidos por el poder de Dios, para conquistar nuevos territorios según el designio divino.
Andan por fe, no por vista, viendo al Invisible que es su Capitán, el que pelea sus batallas y los
fortalece a cada paso de su peregrinaje. Saben que todo lo pueden en Cristo que los fortalece,
los guía y los ayuda porque han tenido un encuentro con Él en oración. Su relación es
fortalecida cada día por la comunión viva y conocen a su Señor, no por teoría, sino por
experiencia personal; conocen la voz de su Pastor, la oyen y la siguen con seguridad, por esto
son audaces guerreros de oración; que sirven a tiempo y fuera de tiempo, dan mucho fruto y
glorifican a su Pare con buenas obras.

“Dame, pues, ahora este monte, del cual habló Jehová aquel
día; porque tú oíste en aquel día que los anaceos están allí, y
que hay ciudades grandes y fortificadas. Quizá Jehová
estará conmigo, y los echaré, como Jehová ha dicho.”
Josué 14:12
49
¿PARA QUE ORAR?
Pr. Ricardo Marín

Texto clave: Juan 17:1

Debemos orar; porque la oración es una necesidad y un privilegio. Nos pone en


contacto con Dios, nos eleva al trono de Dios y nos capacita con su presencia para darlo a
conocer. Él nos santifica. La oración es un medio para fortalecer la relación con el Señor, es
la respiración del alma, es el arma que nos capacita para vencer los ataques del enemigo.
Oramos para conocer la voluntad del Señor, para entender sus caminos y discernir sus
propósitos. Oramos para vaciarnos del yo, del orgullo, del egoísmo y así poder ser llenos del
Espíritu. La oración no persigue cambiar a Dios con lo que yo le pido, sino cambiarme a mi
como penitente; que debido a mi limitada visión no sé pedir como conviene.
La oración ideal es comunión, es para fortalecer la relación y la amistad con el que
debiera ser mi mejor amigo: Cristo.
Toda oración debe pretender glorificar a Dios, alabarlo a Él por la respuesta que él
manifieste según su omnisciencia.
Oramos para derramar nuestras más íntimas y sinceras preocupaciones ante un Dios que
nos ama y nos escucha, un Dios vivo y presente que siempre responde.
Oramos porque sabemos que Dios se mueve al pedido sincero del que clama y ruega
para vivir en santidad.
Oramos para que se abran puertas al Evangelio y se ganen almas para Cristo, y así su
reino se extienda y vuelva pronto.
Oramos para que suceda un reavivamiento y una reforma en nuestro medio; para que se
produzca la lluvia tardía y suceda el fuerte pregón, se predique fielmente el mensaje de los tres
ángeles y se una el cuarto ángel con gran poder y la tierra sea iluminada con su gloria.

“Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los


cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase
tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.”
Mateo 6:9,10

50
LA IGLESIA Y LA ORACION
Pr. Ricardo Marín

Texto clave: Hechos 12:5

Dios llama especialmente en estos últimos días a orar fervientemente. Oración unida,
de conjunto, que como hermanos hagamos a un lado diferencias e intereses personales y que
busquemos con ahínco su rostro, su presencia y su poder. Las mayores victorias de la iglesia o
del cristiano son las que se obtienen en la cámara de audiencia con Dios.
Cuando Moisés, asistido por Aarón y Hur, estaba en el monte se unieron para interceder
por el pueblo, Israel vencía y prevalecía.
La iglesia es fuerte cuando se toma del brazo poderoso de Dios, cuando comulga con él,
cuando busca su voluntad en oración, se hace sabia para seguir el camino que Dios le propone.
Se necesita una iglesia reavivada y reformada por el poder del Espíritu Santo, urge una iglesia
más espiritual, más consagrada y comprometida con el plan de Dios, por eso, debe haber más
oración , más comunión de su pueblo con su Señor, más buscar lo que él quiere y discernir su
voluntad, una iglesia más sensible y humilde ante su Dios. Como pueblo hemos de volvernos
guerreros de oración, poderosos en la comunión diaria con Cristo, intercesores agonizantes ante
su trono; hombres y mujeres, líderes y liderados que busquemos más el rostro de Dios. Más de
Él en nosotros, menos del yo, de las astucias y técnicas humanas; más de Dios dirigiendo, más
sus principios gobernando en respuesta a la oración de fe y consagrada.
Hemos de clamar, rogar, interceder y orar como nunca antes; unidos como un solo ser,
ligados como verdaderos hermanos que no se mueven, si Jehová no les da su unción y
bendición. Se necesitan líderes, ministros, pastores, creyentes de poderosa y perseverante
oración. Se necesitan, urgen guerreros de oración.

“Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de


acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren,
les será hecho por mi Padre que está en los cielos.”
Mateo 18:19

51
LA ORACION QUE DIOS NO ATIENDE
Pr. Ricardo Marín

Texto clave: Isaías 1:15


Ciertamente Dios espera que lo busquemos cada día, que dependamos totalmente de Él,
que nos consagremos cada mañana y hagamos de esto nuestra prioridad. Sin embargo, cuando
estamos orando y procedemos con injusticia especialmente hacia los menos favorecidos; Él
aparta su rostro para no oír.
Cuando podemos, pero ignoramos las necesidades de nuestros prójimos, y nos
volvemos indiferentes a sus pedidos de ayuda, Dios no se agrada de nuestra pretendida religión.
No son las muchas oraciones lo que Dios acepta, ni las grandes ceremonias pomposas cargadas
de ostentación lo que a Él le agrada; es el bien hacer; hacer lo correcto, apropiado, necesario,
oportuno, fundamentalmente por los hermanos más pequeños; los ignorados, despreciados y
pasados por alto. Dios mira con dolor y repugnancia al penitente egoísta y orgulloso, que se
jacta de su barniz religioso, cuya máscara cree que puede ocultar esos pecados de omisión; falta
de misericordia y amor por los más pobres y desvalidos que sufren hambre, frío y abandono.
La oración falsa, pretende cubrir sus faltas con una capa de santidad fabricada en esta
tierra, ignorando los principios del reino y auto justificándose por su mal proceder; creen que
Dios es ciego y ajeno a tan detestable realidad. El Señor no responde tales oraciones, más bien
las desprecia, las considera abominación, enardecen su ira santa, que reacciona ante semejante
hipocresía.
La vida de oración que se aleja de la viuda, del huérfano, del pobre para hacerles bien;
automáticamente se alejó del Señor, es una oración rutinaria, mecánica, sin sentido, no tiene
vida, carece de amor y compasión, aunque no son las buenas obras las que nos recomiendan
ante el Creador, si nos identifican con sus principios, nos ponen en el terreno de Él, nos
mantienen identificados con los que Él más ama.
Oremos con justicia, alejados de la indiferencia, el egoísmo y la hipocresía religiosa,
oremos procediendo en armonía con la ley de amor.
“Clama a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como trompeta,
y anuncia a mi pueblo su rebelión, y a la casa de Jacob su
pecado. Que me buscan cada día, y quieren saber mis caminos,
como gente que hubiese hecho justicia, y que no hubiese dejado la
ley de su Dios; me piden justos juicios, y quieren acercarse a Dios.
¿Por qué, dicen, ayunamos, y no hiciste caso; humillamos nuestras
almas, y no te diste por entendido? He aquí que en el día de vuestro
ayuno buscáis vuestro propio gusto, y oprimís a todos vuestros
trabajadores.” Isaías 58:1-3

52
LA ORACION Y LA VICTORIA
Pr. Ricardo Marín

Texto clave: 2 Crónicas 20:4

Dios es un Dios de victorias, nunca ha conocido el fracaso, ni lo conocerá; porque su


plan salió venciendo y para vencer. Los que se unen a Él saldrán por siempre vencedores, no
importa las amenazas o astucias que se levanten contra ellos.
La guerra no es nuestra, es de Dios, es su pelea, es cierto que cuando nos unimos a Él,
nos constituimos en enemigos del mundo y del diablo, pero no debemos temer, no estamos
solos. Nuestras armas no son carnales, sino espirituales, poderosas en Dios para derribar
fortalezas, porque no es con ejército, ni con fuerza, sino con el Espíritu de Dios que se pelean
las batallas. Cuando reconocemos nuestra debilidad e insuficiencia, entonces acudimos a Dios
en oración, ayuno, ruego e intercesión.
Él es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio, Él es Torre Fuerte, es Escudo y
Roca Eterna. Puede venir el enemigo como un río, el Señor levantará bandera por nosotros,
saldrá en nuestra defensa y nos dará la victoria. Lo hemos de buscar con humildad,
perseverancia y fervor; para que acuda en nuestro auxilio, Él se mueve con poder. Él actúa a
favor de los que claman y suplican su intervención, nunca los dejará solos, los protege, los
levanta y los corona de favores. Así que, pelea la buena batalla de la fe, fortaleceos en el Señor
y en el poder de su fuerza, vístase de toda la armadura de Dios, orando en todo tiempo, con
toda oración y súplica en el Espíritu, perseverando y velando en comunión con el Señor, orando
por todos los santos.

“Más gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por


medio de nuestro Señor Jesucristo.”
1 Corintios 15:57

53
LA ORACION Y LOS PROBLEMAS
Pr. Ricardo Marín

Texto clave: Nehemías 1:4


Las personas que desean servir fielmente a Dios, encontrarán en su camino situaciones
difíciles y adversas. Si se concentran en las cosas malas y negativas que les acontecen, pueden
llevarlos al desánimo, gastando su energía mental, emocional y físico sin encontrar soluciones.
Hay problemas que sólo aparecen, no los estamos buscando, llegan por medios y
agentes externos, se escapan de nuestro control y no son bienvenidos. La mejor manera de
afrontarlos, porque no hay que negarlos, ni evadirlos; es llevándolos a Dios en oración,
suplicándole a Él que intervenga y tome control de lo que nosotros definitivamente no
podemos. Una vez hecho esto, descansar seguros que Él va a actuar; que Él va a abrir puertas y
hacer sendas donde nosotros no las vemos. Él es el Dios de lo imposible, así que echemos toda
nuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de nosotros; Él actuará, Él se manifestará en
respuesta a nuestra humilde petición de fe y confianza.
Los grandes líderes de Dios no se dejaron abrumar por los problemas, los reconocieron,
pero los pusieron en las manos del Señor, confiando en Él y Él les respondió en el momento
oportuno.
A más problemas, más oración personal y conjunta; peleando de rodillas las batallas del
Señor y con Él. Cuando somos llamados a servirle y en medio de la tarea nos asaltan conflictos
por la causa de Él, es el momento indicado para aferrarnos más a su dirección y asistencia.
Hemos de comprender que separados de Él, nada podemos hacer, y que en cuanto soy débil, Él
me hace fuerte, para que toda la gloria sea sólo para Él.
Los problemas en la vida del creyente, son la oportunidad bendita para acercarse más al
Señor en oración y comunión creciente, lo motivan a levantar los ojos y las manos al cielo en
busca de apoyo y orientación para la situación vivida, no se separe del Señor en ningún
momento, se aferra de Él y aunque no lo vea, ni lo sienta, sabe que está allí junto a él, que no lo
dejará, ni lo desamparará.
“Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro? Mi socorro
viene de Jehová,
Que hizo los cielos y la tierra.”
Salmo 121:1,2
54
LA ORACION POR SUS HIJOS
Pr. Ricardo Marín

Texto clave: Job 1:5

Sucede muchas veces en la vida de padres temerosos de Dios, que sus hijos deciden por
propia voluntad escoger un camino opuesto al de Dios. Sin duda, esto trae mucho dolor y
aflicción a esos progenitores que no desean que sus hijos se pierdan, ni dejen de recibir la
bendición eterna del cielo.
Es muy bueno que los padres oren por sus hijos antes de nacer, cuando ya los tienen y
cuando están creciendo cerca de ellos. Deben instruirlos en el camino del Señor con mucho
amor, paciencia y firmeza. Enseñarles a amar a Dios y respetar sus mandamientos con
prontitud. Sabemos que existe un enemigo que hará todo lo posible para desviarlos y
entramparlos en las cosas de este mundo, para que nieguen a Dios y se alejen del Señor. Pero
mayor es el que está con nosotros, que el que está en el mundo; y Dios puede actuar
maravillosamente cuando se le pide su intervención, aun en los casos más difíciles.
Cuando padres sinceros piden al Señor que rescaten a sus hijos, Él les dice: “Tu pleito
yo lo pleitearé, yo salvaré a tus hijos”. Dios se compadece de los padres que sufren y claman
por los suyos, Él está muy atento a sus peticiones para traerlos de regreso al hogar.
Cuando el hijo pródigo se ha ido de la casa en busca de placeres, para vivir en
libertinaje, nunca deben los padres dejar de rogar a Dios por ellos. Han de redoblar sus
oraciones, insistir ante Dios, para que les conceda protección y los guíe al arrepentimiento. La
intercesión sincera de los padres por sus hijos extraviados es atendida con solicitud y esmero,
no es hecha en vano. Las agencias divinas se ponen en acción en la misión de búsqueda y
rescate por sus hijos, que se han apartado del camino del Señor, porque hay padres que ruegan
por su restauración.

“Pero así dice Jehová: Ciertamente el cautivo será


rescatado del valiente, y el botín será arrebatado al tirano;
y tu pleito yo lo defenderé, y yo salvaré a tus hijos.”
Isaías 49:25

55
LOS OBREROS Y LA ORACION
Pr. Ricardo Marín

Texto clave: Lucas 10:2

Hacen falta más obreros dedicados, consagrados, que amen al Señor y su causa. Que no
miden su trabajo por el salario que reciben, ni se rigen necesariamente por un horario; obreros
como Jesús hacen falta, sacrificados y abnegados; que tengan la vista en las cosas de arriba y
no en las de la tierra. Preocupados por ser útiles instrumentos en las manos de Dios, dispuestos
a gastarse en su obra para bendecir a sus semejantes, obreros diligentes que usan sus dones y
talentos para engrandecer el reino de Dios. Mayordomos fieles en usar los recursos para hacer
avanzar la obra de Dios, en todo momento y lugar; que por donde pasan dejan huellas dignas de
imitar, obreros que reflejan el carácter de Jesús; siervos que no contaminan sus cuerpos con
ningún mal hábito pernicioso, porque saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo; son
obreros que sea que coman o beban en todo glorifican al Señor. Son obreros que por nada se
venden o se compran, que son tan leales al deber como la brújula al polo, que se ponen de parte
de la justicia aunque se desplomen los cielos, hombres y mujeres que no temen llamar al
pecado por su nombre; obreros que aman de verdad a Dios y están dispuestos a todo por causa
de Él.
Obreros mansos y humildes de corazón, que velan por el estado de sus ovejas bajo su
cuidado, fieles atalayas que dan sonido certero a la trompeta, testigos poderosos de Jesús, que
predican a tiempo y fuera de tiempo, públicamente y por las casas. Por tales obreros hay que
orar, pedir que el Señor envíe y bendiga más a los que así son, que reavive, limpie y purifique a
los que todavía así no son, que levante pastores, líderes, maestros, administradores conforme a
su corazón. Hacen falta obreros, oremos para que Dios los llame, capacite y comisione.
Obreros aprobados y ungidos por el cielo.

“Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como


obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la
palabra de verdad.”
2 Timoteo 2:15

56
LA ORACION DE UN LIDER
Pr. Ricardo Marín

Texto clave: 2 Crónicas 1:10

No es fácil dirigir y gobernar a seres humanos. Es una tarea compleja, muy delicada y
con implicaciones serias, que pueden afectar la vida de los dirigidos. Las decisiones que hay
que tomar requieren justicia, ética, prontitud y eficacia, a diario hay que hacerlo.
Lo más prudente que puede hacer un dirigente es buscar la sabiduría de Dios, con
humildad cada momento, cada día, encomendarse al Señor y dejar que Él lo guíe por el camino
recto.
Si alguno tiene falta de sabiduría pídale a Dios el cual le dará abundantemente y sin
medida. Él está anuente a bendecir al líder que reconoce sus limitaciones, aquel que se ampara
no en su capacidad o experiencia, sino que busca la orientación del Señor.
Muchos errores y daños, se han provocado cuando los que dirigen asumen de hecho,
que ellos son la suma de la capacidad y el conocimiento para dirigir; la autosuficiencia y el
orgullo han demostrado lo nefastos que son a la hora de dirigir y peor aún, cuando se trata de
asuntos espirituales.
El líder verdadero busca orientación en Dios, cada día, depone su criterio y se ampara
en el consejo de Dios. Avanza no confiando en su propia carne, sino en la iluminación que le
da el Señor, en armonía con su bendita Palabra. Esta sabiduría hay que buscarla, desearla y
aplicarla en la toma de decisiones; no dar pasos precipitados; ni a la ventura, sino
fundamentados en la voluntad de Dios; según se revela en su Palabra. La oración en la vida de
un líder es trascendental, es su arma poderosa, la emplea constantemente de forma personal,
privada y en conjunto con sus colaboradores. Él sabe y se mueve por voluntad del Señor; así
que mantiene una estrecha comunión con Dios, a través de los medios ofrecidos por Él.
El líder verdadero es un guerrero poderoso de mucha oración.

“Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría,


Y que obtiene la inteligencia.”
Proverbios 3:13

57
DIOS ESTA LISTO A RESPONDERNOS
Pr. Ricardo Marín

Texto clave: Isaías 65:24

La oración es un privilegio que Dios nos ha concedido, es una gran necesidad para el
alma hambrienta de Cristo y su justicia. Cada día debemos buscar el rostro de Dios con
corazón sincero y ferviente. El Señor nos conoce muy bien en todo sentido, Él aún antes de
que clamemos ya sabe todo con respecto a nosotros. Cuando buscamos su reino y su justicia en
primer lugar, todo lo demás viene por añadidura.
Él está atento al clamor de los justos, sus oídos escuchan con seria atención. Él sabe
que somos polvo, y que separados de Él nada podemos hacer; por eso con tierna solicitud vela
desde siempre.
Aún no ha salido la palabra de nuestra boca y Él ya sabe lo que más ocupamos y
necesitamos; Él siempre se está moviendo, y a los que le amamos todas las cosas que nos
acontecen Él las usa para bien y se cumplan sus santos propósitos en nuestra vida. Dios es fiel,
Él no cambia, es el mismo ayer, hoy y por los siglos; por amor a su nombre se manifiesta al
favor nuestro y nunca nos abandona, aun cuando pensemos equivocadamente que no está
pendiente, más en esos momentos oscuros y sombríos, de los capítulos difíciles de nuestra vida,
Dios siempre responde, no por las palabras que le decimos, sino porque realmente nos ama.

“Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas


mucho más abundantemente de lo que pedimos o
entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea
gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por
los siglos de los siglos. Amén.”
Efesios3:20, 21

58

1 
 
 
 
 
 
 
 
Apreciado hermano: 
 
Que Dios lo bendiga, lo guarde y lo ayude en sus luchas, pruebas y labores.  Es nuestr
2 
 
EL MATERIAL -COMO USARLO 
 
 
1. Aplíquelo a nivel personal, decida ser un guerrero (a) de oración. 
 
2. Llévelo a su G
3 
 
REAVIVAMIENTO Y REFORMA 
Pr. Ricardo Marín 
 
LOS GUERREROS DE ORACIÓN 
1 Samuel 12:23 
 
“Sólo en respuesta a la oració
4 
 
DESAFI OS DE LA ORACIO N 
 
 
 
1. Oraré cada día a solas con mi Dios al despertar.  (Salmo 5:1-3) 
2. Intercederé por m
5 
 
LA NECESIDAD DE LA ORACIO N 
Pr. Ricardo Marín 
 
Texto Clave: Lucas 18:1 
 
 
El ser humano es un ente muy necesitado d
6 
 
¿A QUIE N ORAR? 
Pr. Ricardo Marín 
 
Texto Clave: Mateo 6:6 
 
 
Orar a Dios, que está en los cielos.  Hablé con Él com
7 
 
ORE CONFIANDO EN DIOS 
Pr. Ricardo Marín 
 
Texto Clave: Filipenses  4:6 
 
 
En un mundo materialista y altamente tecno
8 
 
LA ORACIO N Y LA FE 
Pr. Ricardo Marín 
 
Texto Clave: Mateo21:22 
 
 
Cuando nos acercamos a Dios, debemos creer que Él
9 
 
LA ORACIO N Y LA OBEDIENCIA 
Pr. Ricardo Marín 
 
Texto Clave: 1 Juan 3:22 
 
 
La oración verdadera no nos lleva a la p
10 
 
LA ORACIO N Y EL PECADO 
Pr. Ricardo Marín 
 
Texto clave:   Isaías 59: 2 
 
El pecado nos separa de Dios, nos aleja de

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