PROSIGO A LA META
Devocional lunes 27 de abril de 2020
TIEMPO DE ORACIÓN
Oración de alabanza y gratitud: por quién es y lo que ha hecho por nosotros
Oración de confesión de pecados
Oración de consagración: nos comprometemos a esforzarnos por crecer en el conocimiento y semejanza de
Cristo
TIEMPO DE CANTOS
Himno 341 “Vivir por Cristo” Himno 362 “Quiero de Cristo más saber”
1. Vivir por Cristo en pureza y verdad, 1. Quiero de Cristo más saber,
siempre agradarle con todo mi afán, más de su amor para salvar,
dándole gloria y continuo loor más de su gracia quiero ver,
es ofrendarle mi ferviente amor. más del perdón que puede dar.
Coro Coro
Jesús, Señor y amigo, ¿qué pides tú de mí? Más, más aprender,
Por mí en la cruz moriste, me entrego todo a ti; más, más alcanzar,
sé tú mi eterno dueño en horas de ansiedad, más de su gracia quiero ver,
hasta llegar gozoso a la patria celestial. más de su amor para salvar.
2. Vivir por Cristo, que obró redención [Link] de Cristo más saber,
al expirar por mi culpa y pasión; más de su santa voluntad,
tan grande amor me constriñe a la lid, más de su Espíritu tener,
por sus pisadas la lucha seguir. más de su tierna y fiel bondad.
3. Vivir por Cristo, doquiera yo esté, 3.Más con Jesús yo quiero estar,
para su gloria, cumpliendo el deber; en una dulce comunión,
en mis tristezas y cruel ansiedad, quiero su voz aquí escuchar
sumiso siempre a su voluntad. y de ella hacer mi posesión.
4. Vivir por Cristo la vida al cruzar; 4. Quiero saber que nunca más
él mi tesoro, mi gloria y solaz; el tentador ha de triunfar,
al extraviado llevar al redil, quiero saber de aquella paz
para que encuentre con él dichas mil. que el buen Jesús me puede dar.
TIEMPO DE LECTURA Y REFLEXIÓN
Filipenses 3.12–14 (RVR60) 12 No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto;
sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo
Jesús. 13 Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago:
olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, 14 prosigo
a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.
1
Conocer a Cristo y ser hechos semejantes a Él, ese es el meollo de la vida cristiana. Es por ese conocimiento
de cristo y semejanza a Él es que Pablo está dispuesto a considerar gozosamente como pérdida todo lo que antes
para él era ganancia.
Ciertamente, que podamos conocer a Cristo y ser hechos semejantes a Él es una obra de Dios. Nadie puede
por su propia cuenta conocer a Cristo si este no se le revela. Nadie puede, tampoco, crecer en semejanza a Jesús
desprovisto de la gracia transformadora de Dios. Que podamos conocer a Cristo y crecer a Su semejanza
depende de Dios.
Sin embargo, aunque el creyente depende de Dios para conocer a Cristo, debe esforzarse por conocerle;
aunque depende de Dios para ser conformado a la semejanza de Jesús, debe esforzarse por ser cambiar. El
creyente no juega un rol meramente pasivo en el crecimiento de su conocimiento y semejanza de Cristo. El
creyente debe esforzarse. Es por eso por lo que la vida cristiana algunas veces es comparada en las Escrituras
con una carrera. Pero ¿Cómo crecer en nuestro conocimiento del Señor Jesús y su semejanza? Usando la imagen
de una carrera el apóstol Pablo nos enseña que para crecer en todo esto necesitamos:
Reconocer con sinceridad nuestra condición. El anhelo de Pablo era crecer en el conocimiento d Cristo y
crecer en semejanza a Él. Ese era su gran anhelo. Pero cuando se mira a sí mismo dice: «No que lo haya
alcanzado ya, ni que ya sea perfecto» (v.12) y más adelante en un tono de profunda sinceridad les dice a los
filipenses «Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado» (v. 13). El apóstol no peca de tener un
concepto de sí mismo más alto del que debe tener. El reconoce que esta lejos de haber alcanzado el pleno
conocimiento y la perfecta semejanza de Cristo. Antes reconoce no haberlo alcanzado aun, y reconoce no ser
perfecto.
Vemos aquí cuan importante es el autoexamen. Si no nos evaluamos no nos daremos cuenta cuan lejos
estamos aun del pleno conocimiento de Cristo y de la perfecta semejanza a Él. Solemos decir «no soy perfecto»,
pero ¿seremos consciente de que tan lejos estamos realmente de serlo? Me temo que la mayoría de las veces que
decimos no ser perfecto lo hacemos pensando que es por poco que no lo somos. Pero necesitamos darnos cuenta
de que tan lejos estamos realmente de alcanzar la perfección en el conocimiento y semejanza de nuestro
salvador.
No hay error más grande que puede cometer un corredor en plena carrera que faltándole unos metros para
llegar afloje el paso. El atleta no puede pensar «bueno, ya solo me faltan 15 metros de 200… ya avance la gran
mayoría… a lo largo de 185 metros he hecho una carrera impecable… ya puedo dar la carrera por terminada…»,
si piensa así lo más probable es que pierda la carrera. De la misma manera, el creyente que mira su avance pero
deja de mirar lo que le falta dejará de avanzar hacía la meta. Dejará de crecer en el conocimiento y la santidad de
Cristo.
Así que, mis amados hermanos, debemos auto examinarnos y reconocer nuestra condición. Debemos
reconocer que aun nos falta crecer en el conocimiento de Cristo. Ningún cristiano – sea pastor, anciano, diácono,
maestro del seminario, etc. – puede decir «ya se demasiado de Cristo». Ningún cristiano puede tampoco decir
«ya me parezco demasiado a Cristo». Y no seas pronto a decir «yo nunca diría tal cosa», porque aunque quizá
nunca salgan esas palabras textuales de tus labios, es posible que de manera indirecta lo estés diciendo. Por
ejemplo cuando no aceptas ser enseñado o te enojas por ser corregido por tus hermanos. También cuando
consideras que eres el más adecuado para tal puesto o ministerio y que tus demás hermanos no.
Así que tengamos cuidado, antes bien, debemos reconocer que aun nos falta por crecer y ser transformados.
Aun nos queda camino por recorrer en esta carrera. Debemos reconocer con sinceridad nuestra condición.
Asimismo, y en segundo lugar, para crecer en la vida cristiana debemos concentrarnos en la meta y
esforzarnos en la gracia a fin de seguir avanzando hacia ella. El apóstol Pablo no solamente reconoce su
condición, sino que también expresa su esfuerzo por avanzar hacia la meta. Les dice a los filipenses: «sino que
prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús», «una cosa hago:
2
olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, 14 prosigo a la meta, al
premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús».
No es solo reconocer nuestra falta de conocimiento y semejanza de Jesús, es también fijar nuestra mirada en
la meta y seguir avanzando en pos de ella.
Piense una vez más en un atleta que corre en una carrera olímpica. Imagínese que faltándole 50 metros este
corredor quite la mirada de la meta y se detenga, poniéndose a observar lo deslumbrante del estadio y la
multitud, ¿qué pasaría con ese deportista? Perdería, ¿por qué? Por distarse y ni proseguir hacia la meta. Del
mismo modo el creyente que avanza en la madurez de la vida cristiana debe tener su meta bien puesta entre ojos:
conocer a Cristo y ser semejante a Él, y entonces esforzarse por seguir avanzando en ella.
Dios nos escogió, nos llamó y nos redimió con un propósito: que fuésemos santos y sin mancha delante de
él (Efesios 1:4). Esa es nuestra meta. Debemos tenerla clara y esforzarnos en la gracia del Señor para avanzar
hacia ella.
Algunas veces, platicando con algunos hermanos escucho decir: pastor, cuando yo recién creí pasaba mucho
tiempos leyendo la Biblia, dedicaba bastante tiempo a la oración, me esforzaba por no faltar a ningún culto ni a
ningún estudio… me esforzaba bastante», a lo que yo suelo preguntar «¿y ahora?». Tristemente muchas veces la
respuesta es que han dejado de esforzarse por avanzar hacia la meta. Oh, hermanos, roguemos al Señor que no
nos pase eso. O si estamos en esa condición, roguemos al Señor que nos levante. Pongamos la mirada en la meta:
el conocimiento y la semejanza de Jesucristo, y esforcémonos en ello. Esfuérzate en conocer cada vez más a
Cristo, esfuérzate cada día en ser más como él, sabiendo que el bendice y guía estos esfuerzos capacitándonos
con su Santo Espíritu.
Concluyo con estas palabras: Gracias a Dios sabemos que llegaremos a la meta. Por la fe en Cristo sabemos
que nuestra es la victoria. El día que Cristo vuelva cruzaremos la meta; entonces le conoceremos perfectamente
(1 Corintios 13:12) y seremos transformados a Su imagen (1 Juan 3.2). Entonces, sabiendo que la victoria es
segura «despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que
tenemos por delante,2 puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe» (Hebreos 12:1-2).
ORACIÓN
Señor, al estar ante ti reconozco mi imperfección. Al mirar tu gloria y tu santidad reconozco que estoy muy
lejos; yo no soy perfecto. Reconozco que mi conocimiento de tu Hijo aun es imperfecto y que asimismo mi
semejanza a Él. Por eso, oh, Dios, te suplico que me perdones. Perdona mi negligencia en valorar debidamente el
conocer a Cristo. Perdona que mi carácter no sea como el Cordero Inmolado, perdona que mis pensamientos no
sean como los de tu bendito Verbo, perdona que mis palabras distan de ser como las del Maestro, perdona que
mis acciones no son como las de tu Santo Hijo. También así te suplico: ayúdame. Pon en mi corazón el gozo y la
dedicación para seguir creciendo en el conocimiento de Cristo y su semejanza. Enséñame y transfórmame. En
Cristo Jesús te lo ruego. Amén
ORACIÓN FINAL
Por motivos personales y por la crisis mundial