Sara... Milagro de DIOS
Sara... Milagro de DIOS
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Sara… Milagro de DIOS
SINOPSIS
Sara… una pequeña de tan solo unos días de haber nacido enfrenta problemas
de salud. Máximo (su padre) junto a su familia, comienzan a transitar un largo
camino lleno de incertidumbre y de mucha preocupación. Justamente, cuando
todos no le daban alguna esperanza de vida, surge una luz del cielo; como
avisando que aún no era hora de marcharse.
A partir de allí, comienza una lucha permanente entre la fe y la duda, así que
deberán aferrarse a lo único seguro que tienen… “la confianza y el amor en
Jehová Dios”. (1 Juan 4:8) (Salmos 23:4)
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AGRADECIMIENTOS
A DIOS por permitirme respirar y sentir lo maravilloso de ese gran regalo que
es la vida. Por darme la dicha de escribir y redactar este libro donde quedará
manifestado su gran amor por nosotros.
A los amigos, con los que desde pequeños hemos estado compartiendo
episodios que quedarán marcados en la historia, esos que a pesar de todas las
pruebas nunca se apartan de nuestro lado ofreciéndonos su mano, incluso
aquellos que conociéndolos en tan poco tiempo demuestran verdadero cariño.
No me quiero olvidar de los que están lejos, aunque fuera del país, cada día nos
envían sus saludos y oraciones.
A los colegas de trabajo, algunos los consideramos como una segunda familia,
pasamos tanto tiempo con ellos que se hace imposible no verlos como tal.
A mis estudiantes, los que son y los que fueron pero que siempre serán, una
fuente inagotable de energía, soy lo que soy en mi carrera profesional gracias a
ellos.
En fin, en la vida siempre debemos tener presente una palabra que es sencilla
de pronunciar y muy difícil de sentir, esa palabra que no solo en la dicha
debemos expresar sino también en la adversidad, eso demostrará que
aceptamos a DIOS en nuestro corazón y como único salvador. GRACIAS DIOS.
BENDICIONES.
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PRÓLOGO
DIOS, la fe, la vida, la esperanza, la espiritualidad pero sobre todo el amor, son
términos que para muchas personas siguen sin tener significado. Este libro,
escrito con el corazón y el más puro sentimiento de un padre hacía su hija te
hará ver lo maravilloso que es la vida y si todavía no has descubierto por ti
mismo lo que es sentirla, debes leer lo que esta obra te ofrece. Vivimos de
acuerdo a lo que el día a día nos va deparando, si son buenas vivencias las
disfrutamos a plenitud, pero si son negativas inmediatamente recurrimos a una
deidad para que nos ayude. El ser humano suele ser injusto, buscar a DIOS no
depende de la circunstancia, dependerá de nuestro sincero amor por ÉL.
Cuatro aspectos fundamentales son analizados en esta obra: DIOS por sobre
todas las cosas, la fe que como un grano de mostaza mueve montañas, el amor
como el mayor de todos los sentimientos y por último, la familia que es la base
que nos sostiene. Lamentablemente en la vida existe un antagonismo y dentro
de toda esta perspectiva que se observa tan agradable están aquellas que no lo
son; como la duda, la confrontación espiritual, la emocional y por consiguiente la
tristeza. Dos escenarios, dos episodios que compiten incesantemente y en medio
de todo eso estas tú, como padre, como madre, como hijo o hija, como ser
humano que anhela que el primer aspecto triunfe, te observas en el centro de la
tormenta, sientes que poco a poco vas decayendo pero de pronto una mano
surge de la nada e impide que te ahogues, ese es Jesús tal cual lo hizo con el
apóstol Pedro. (Mateo 14: 28-33).
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INTRODUCCIÓN
Este libro está dedicado a un ser maravilloso que nos llena de mucho regocijo
tanto a su madre como a mí, un ser que antes de detenernos a pensar que
podría nacer, ya era un milagro. En ocasiones DIOS parece elegir a sus mejores
soldados para darle sus mayores desafíos, en este caso nos tocó a nosotros como
familia. Siempre había vivido mi vida sin compromiso alguno a no ser por mi
trabajo que amo con pasión y locura, razón tenía un gran escritor cuando dijo
que “educar es un gran valor”. (Fernando Savater).
Mientras redactaba estas líneas, me arrodillé y pedí la guía del Espíritu Santo
en oración para que pusiera en mi mente y en mi corazón las palabras más
adecuadas para expresar lo maravilloso y misericordioso que es mi DIOS, gracias
a su amor infinito me permite escribir lo vivido cuando nació mi hija Sara y que si
no fuera por ÉL no la tendríamos con nosotros.
A medida que vayan pasando las líneas entenderán que no solo es un milagro
sino una bendición, no podemos tapar el sol con un dedo como hacen muchos
diciendo ¡Es que DIOS no existe! Al contrario, debemos aceptarlo dejando el
orgullo atrás, saber que es real y que se interesa por nosotros, ese es el
propósito de este libro, contar una experiencia de vida como miles en donde
DIOS ha sido el protagonista principal salvador de vidas, las rescata del abismo
donde el enemigo las quiere ver.
Oh DIOS… muchas veces viví sin tener una relación estrecha contigo,
permíteme que eso cambie y que formes parte de mi vida, que seas mi tiempo,
mi razón de ser, que seas mi universo como dice Jesús Adrián Romero, permite
que muchos sientan ese llamado para que la tierra y el cielo se unan
definitivamente y presenciar tu gloria eterna.
Espero que mientras mi hija vaya creciendo sana en el nombre de Jesús siga tu
camino, que sea una sierva entregada a TÍ y lleve a cada rincón el mensaje del
reino que nos ofreces sin desistir, eres el único amigo que a pesar de ser
rechazado por muchos sigue insistente, tocando nuestra puerta, tocando
nuestras almas quebrantadas por el mal que solo el enemigo nos ofrece.
Padre amado, permite que miles de personas lean esta obra maravillosa y
mientras lo hagan se den cuenta de lo mucho que necesitamos de TÍ. Estamos
sedientos de tu amor y sabemos que no descansarás hasta que todos calmemos
nuestra sed espiritual.
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AMÉN.
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CAPÍTULO I
LA GRAN NOTICIA
Si existe alguien que puede dar testimonio de ello, soy Yo. Pero una vez que
descubres que estas en un error te das cuenta que tan engañado estabas; ese es
el trabajo del enemigo, hacer que dudes y reniegues de la fidelidad de DIOS. ÉL
es fiel y está firme en su trono, en su gloria eterna esperando nuestro llamado a
diario y más temprano que tarde nos da el milagro que anhelamos. Si dudas, si
lloras, si tu corazón está adolorido, si ya no puedes pensar, si tu espíritu no
consigue conectarse con el mayor de todos los espíritus que es el Espíritu Santo,
arrodíllate, inclínate, humíllate delante de su presencia y acéptale como tu único
DIOS e inmediatamente tendrás la lucidez para enfrentar el mayor de los
desafíos. Si DIOS está conmigo. ¿Quién contra mí?
Lo que estas a punto de leer debe cambiar tu fe. Tu visión espiritual y corregir
tu camino para la honra de DIOS. Eran aproximadamente las dos de la tarde de
un viernes y me encontraba haciendo lo que más amo, dando clase. Estaba
hablando con un grupo de cuarto año cuando de repente suena mi celular y era
mi esposa. Mientras hablaba con ella mis estudiantes me miraban intrigados
preguntándose qué sucedía; mi expresión era la de una persona a la cual llaman
para decirle que se ha ganado un viaje por Europa con todos los gastos pagos.
Mientras escuchaba lo que me decía, sentía una energía por mi cuerpo como una
corriente eléctrica. No podía hablar ni caminar. Recuerdo que un estudiante
preocupado al verme en ese estado se me acercó diciéndome algo pero no lo
oía, estaba atónito, no podía creer lo que había escuchado.
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Por mi mente solo pasaba una inquietud ¿Cómo es posible que esté
embarazada? Tiempo atrás me hice un examen en donde me diagnosticaron
varicocele, una especie de obstrucción en una vena cerca de los testículos que
impide tener hijos a no ser que se realice una cirugía menor, pensaba tener que
realizármela para poder tener niños pero siempre le he tenido pavor a la
medicina, sin embargo; era realidad, estaba embarazada y debíamos afrontar la
llegada de un ser maravilloso que vendría a cambiarnos la vida de una manera
inimaginable. Por esa razón expreso abiertamente que Sara ya era un milagro
incluso antes de nacer.
Nunca había caminado tan rápido para llegar a casa de mi mamá como en
aquella ocasión. Parecía un judío tratando de escapar de los nazis, un negro
como Kunta Kinte corriendo para alejarse lo más posible de su amo, Juana de
Arco haciendo todo por evitar la inquisición o simplemente corriendo como en
mi infancia y mi madre detrás de mí con la correa para pegarme. Al llegar a casa
noté que no se encontraban mis padres, estaba mí hermana menor con su
esposo que es médico; observé a mi esposa sentada en el mueble con un rostro
que expresaba múltiples emociones, entre ellas el susto y a su vez la alegría, la
angustia y preocupación como diciendo ¿Y ahora qué hacemos? En su mano
sostenía el papel, lo tomé y decía: “Prueba embarazo POSITIVO”
Me detuve un tiempo para meditar y lo primero que hice fue sonreír. Por
dentro estaba asustado pero me emocionaba muchísimo la idea de ser padre,
creo que la palabra más hermosa que un hombre pueda escuchar es la de un
niño o niña diciéndole “Papá”. Además de los resultados, en sus manos también
tenía una cantidad de pastillas que ya mi cuñado le había dado, medicamentos
que debía tomar para cuidar su embarazo. La abrace y le comenté que de ahora
en adelante debíamos organizarnos para recibir ese pequeño ser que venía en
camino. Mi hermana y su esposo además de ayudarnos con todo lo que tenían a
la mano nos felicitaron y nos dieron consejos ya que ellos hacía ocho meses
habían tenido una pequeña niña llamada Isabella, una sobrina hermosa.
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Nos preguntó que si era real lo que estaba sucediendo y le comentamos que
sí, que se preparara porque pronto sería abuela. Los jóvenes deben tomar
conciencia de lo importante que son los consejos de los adultos, pensar que
podemos comernos el mundo e ir por la vida sin metas u objetivos como muchos
suelen andar son pensamientos muy comunes. De ahora en adelante su rumbo
cambiará, desde hace unas horas cuando leyeron el resultado de ese examen su
vida como pareja dio un vuelco, DIOS les otorgó una bendición, el regalo más
grande que pueden recibir de su parte, un hijo o hija que será su razón de ser.
Además de todos sus consejos nos dijo que contáramos con su apoyo
incondicional, es mi primer nieto o nieta, mi orgullo no puede ser mayor. La
llamada de mis padres no se hizo esperar cuando mi hermana les comentó que
serían abuelos nuevamente, consejos y felicitaciones no faltaron y así transcurrió
el día.
Comencé a preguntarme… cuánto tiempo tendría, qué sexo sería, qué nombre
le pondríamos si era niño o niña, cómo le adornaríamos su cuarto, dónde le
compraríamos su primera ropita, a qué médico iríamos a controlarnos, si sería
cesárea o parto normal, las ganas de tenerla o tenerlo conmigo eran inevitables.
Los preparativos se pusieron en marcha y como había dicho mi suegra, al día
siguiente nuestra vida de pareja no era igual, ya no solo a mi esposa daría los
buenos días al despertar por la mañana sino al nuevo miembro de la familia.
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CAPÍTULO II
LOS PREPARATIVOS
Llegado el medio día la esperaba con ansias para saber lo que le había dicho la
doctora, al oír que me llamaba en la puerta salí desesperado a su encuentro. Me
mostró el eco que se había realizado y me enseñó una cosita redonda como un
aro, ese es nuestro bebé; mi corazón latía tan fuerte y rápido que parecía que se
me salía del pecho, literalmente de lo delgado que soy se nota como se mueve,
imagínense como se puso al ver el eco y escucharlo de los labios de mi esposa.
Tenía casi un mes de embarazo y días antes a ambos nos dio malestar de gripe,
como no se nos pasaba el malestar y la flema, comenzamos a tomar por las
noches un guarapo de hierba que nos envió mi suegra, impresionado me quedé
cuando me contó que la doctora le explicó que ingerir eso durante el embarazo
es tan dañino que podría haber provocado un aborto. Otra razón para decir que
Sara es un verdadero milagro de DIOS.
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para comprar todo lo que por lo general necesitaríamos, recuerdo que me decía
que esperaba que fuera niña para que mi hermana nos pasara todo lo que
nuestra sobrina ya no necesitara, por mi parte me sentía confundido porque me
gustan las niñas pero el sentimiento innato de hombre me decía que quería un
varón cuyo nombre ya tenía.
Los primeros tres meses fueron los más difíciles tanto para ella como para mí,
presentaba muchas náuseas y mareos, lo típico en una mujer embarazada, se
despertaba por las noches a cada instante para ir al baño, en el día no iba con
frecuencia pero su ánimo no era el mejor así que descargaba su malestar en mí
poniéndome a correr y a conseguirle cosas las cuales ellas llaman “antojos” en
una ocasión me hizo salir a las ocho de la noche para que le consiguiera un
yogurt, gracias a DIOS lo encontré sino imagínense cómo hubiese sido esa noche,
decía que si estaba así era por mi culpa.
El problema ahora sería combinar otro nombre con los elegidos, para Esteban
no nos pusimos de acuerdo, en cambio para Sara fue sencillo y se nos vino a la
mente el nombre de Isabel, así quedó entonces como Sara Isabel. A medida que
transcurría el tiempo llegamos a la consulta donde la doctora nos dijo que
teníamos que realizarnos el primer eco perinatal, la emoción era inmensa porque
ya íbamos a salir de dudas si era niño o niña.
Conseguir los recursos para poder llevar un control médico no fue sencillo
pero cuando confías en DIOS de todo corazón y mente como dice la Biblia todo
es posible. Una vez llegado el día fuimos a realizarnos el eco y mientras se lo
realizaban mi corazón latía como cuando aquella llamada del viernes. El doctor
poco a poco fue mostrándonos partes de su cuerpo, su manito, pies, cabeza y en
ese instante nos pregunta ¿No saben el sexo? A lo cual respondimos que no;
bueno ya vamos a saber respondió. Mi esposa dirigió su mirada hacia donde
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estaba y en ese momento el doctor dice, aquí está; y para nuestra sorpresa era
niña, otra niña más en la familia, finalizado el eco salió contenta del consultorio
diciendo que en su interior sabía que iba a ser hembra.
Ya con la certeza que era niña, comenzamos a llamarla por su nombre, Sara
Isabel. Pasábamos todo el tiempo leyendo artículos sobre embarazos y de cómo
podíamos estimular a la niña. Recuerdo que una compañera de trabajo me
facilitó una música instrumental la cual escuchábamos regularmente acostados
los tres y me sentía muy alegre cuando la veía moverse dentro de la barriga de su
madre. Mi esposa en una ocasión mientras preparaba la cena me comenta que
había leído que a los niños se les podía crear un hábito de lectura así que
planificamos leerle todos los días a las ocho de la noche antes de dormir, al
comienzo no hacía más que uno u otro movimiento pero a medida que lo hacía
parecía que se iba a salir de la barriga, disfrutábamos mucho porque de verdad
era muy emotivo observar cómo se movía.
Antes de comenzar a leer le decía “Hola Sara soy tu papá, te voy a leer” antes
como dije no hacía muchos movimientos pero con los días una vez que le decía
hola Sara ya iniciaba como sabiendo que iba a escuchar a su padre leerle. DIOS
parece haber escuchado la súplica de su madre porque efectivamente sucedió
como lo pensó, mi hermana nos facilitaba todo lo que mi sobrina Isabella iba
dejando. Nos hizo llegar un corral, pañales, ropita, juguetes, y una gran variedad
de cosas que mi sobrina no necesitaba. Eso facilitó mucho nuestra etapa de
preparación porque así nos quedaba dinero para lo más importante que era
pagar todas las consultas y medicinas.
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CAPÍTULO III
LA LLEGADA
La noche del primero de junio resultó ser la más larga de nuestras vidas, los
nervios y las ansias que teníamos para que amaneciera no fueron fáciles de
digerir, cuando por fin llegó la madrugada nos levantamos para preparar todo lo
que llevaríamos a la clínica ya que debíamos estar antes de las seis de la mañana.
Esa noche mi cuñada se quedó acompañándonos para ir con nosotros. Al poco
rato llegó mi suegro a buscarnos y así nos pusimos en camino. Durante el
trayecto por mi mente pasaban muchas cosas, no podía creer que en tan solo
unas horas iba a tener a mi hija en brazos.
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quince minutos de la mañana del dos de junio del dos mil dieciséis para la gloria
de DIOS.
Las horas pasaron y nada que nos llamaban para asignarnos la habitación,
fuimos a preguntar y la razón era que no se encontraban cuartos disponibles.
Esperamos casi hasta el mediodía y por fin nos dijeron que su habitación era la
número doce. Subimos y acomodamos las cosas sobre todo la cama, en ese
preciso momento tocan la puerta, cuando la abrí un enfermero traía a mi esposa
con una pequeña cosita entre sus piernas, era Sara Isabel. Una vez dentro el
enfermero dice ¿Quién es el padre? le respondí “Aquí estoy” tomó a mi hija y me
la colocó en los brazos diciendo “Agárrela que usted fue quien la hizo” no sabía
cómo poner los brazos y las manos, mi corazón latía muy rápido, ese hasta ahora
es el momento y el día más hermoso de mi vida.
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Llegado el medio día nos preparamos para irnos, bajamos con sumo cuidado y
mi suegro ya nos esperaba para llevarnos. Una vez en casa acomodamos a Sara
en su corral dándole la bienvenida a su hogar; además ayudé a mi esposa a
acostarse y salí a comprarle algo de comida para prepararle ya que su dieta era
estricta y debíamos cumplirla al pie de la letra porque estaba amamantando.
Como ella y yo éramos inexpertos en cuidar a una niña recién nacida tanto mi
cuñada como la prima pasaron la noche con nosotros, le daban su tetero o teta y
la prima le sacaba los gases, a partir de esa noche hasta ahora no volveríamos a
dormir como antes, se despertaba cada dos o tres horas para comer y volver a
dormir.
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Inmediatamente nos dijo que le diéramos comida frente a ella para ver qué
sucedía, le dimos el tetero y al momento vomitó, al ver su reacción noté que algo
no estaba bien, nos pidió que la desvistiéramos y la colocáramos en la camilla, la
pesó, la talló y pudo notar que la niña no había subido de peso ni talla desde que
nació. Luego de examinarla se sentó con nosotros y nos explicó un posible
diagnóstico; lo amarillo de su piel y ojos se debía a un aumento de la bilirrubina
por una incompatibilidad de grupo sanguíneo con la madre y eso se trata con
fototerapia y los vómitos podría deberse a una estenosis pilórica (obstrucción
intestinal) que en el peor de los casos requeriría cirugía.
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Sara Isabel
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CAPÍTULO IV
LA PRIMERA BATALLA
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Aproveché para decirle que si ella podría quedarse esa noche con Sara y me
dijo que no había problema, que podía quedarse con mi sobrino y mi cuñada.
Cuando salió Emily su amiga que trabajaba en el hospital pero en la parte de
adultos nos puso al tanto de todo, me explicó lo de los tubos para el laboratorio
que eran un poco costosos y todo lo demás. Me habían conseguido una solución
pero no era la que necesitaba; al mirar a mí alrededor observé a una señora que
venía bajando por la acera, era una representante, me dijo… profesor ¿Qué está
haciendo aquí? Le platiqué lo de Sara y me abrazó, profesor yo llevo aquí cuatro
meses por mi nieto; me quedé perplejo, cuente conmigo para cualquier cosa que
necesite; me están pidiendo una solución pero la que tengo parece no servirle,
así que le mostré la que tenía, mi nieto usa de esa y yo tengo la que usted
necesita así que la podemos cambiar. Aquí encontrará personas no tan buenas
profesor pero otras de muy buen corazón.
Señalando hacía arriba me dijo… por allá es donde se quedan a dormir los que
tienen pacientes hospitalizados y por la pérgola los llaman cuando necesitan algo
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o para las visitas. Si se queda allí este pendiente por las noches con sus
pertenencias, como le mencioné hay personas amigas de lo ajeno, los guardias se
acuestan a dormir y no cuidan o vigilan absolutamente nada. Me informó de
todo y despidiéndose me abrazó nuevamente y muy cerca al oído me susurró la
siguiente frase “oraré mucho por su bebé; pídale a DIOS con fe que ÉL escucha
nuestras oraciones cuando lo hacemos de corazón”.
Esa tarde a punto de caer la noche entré a ver a Sara y mi corazón nunca se
había sentido tan triste como esa vez, tenía sus ojos cubiertos para que la luz no
le diera directamente a los ojos, tenía en su manito unas tablitas con una vía por
donde le pasaban la hidratación y se movía mucho queriendo quitarse todo, mi
hermana me decía que sería una noche difícil porque estar sin comer y con todo
eso encima se pondría más irritable, mi dolor era inexplicable.
En ese ambiente lleno de niños gritar, llorar y ver a sus padres desesperados
por no tener una buena atención, el suelo sucio y al lado de la habitación de mi
hija colocando las bolsas de basura, las moscas alrededor y las madres tratando
de bañar a sus hijos en el baño ubicado en el pasillo, me sentí como huérfano, un
baño putrefacto, de allí emanaba un olor desagradable y me entristecí aún más
al ver esos niños allí dentro corriendo el riesgo de contraer una bacteria. No
entendía y todavía no logro entender en qué nos hemos convertido los seres
humanos, pasar por esas experiencias tan amargas solo por no poseer dinero es
imperdonable, lo material no puede estar por encima del ser humano, no se
necesita tener ninguna posición para recibir atención de calidad en ningún país.
Me despedí de mi hija con la bendición y de mi hermana con un abrazo, Eliza me
esperaba afuera para irnos a casa, le dije que cualquier cosa me avisara sin
importar la hora.
Con el dolor de mi alma dejé a Sara con mi hermana, nos fuimos a descansar
cosa que fue imposible. Imaginen ver a mi esposa recién operada y mi hija en el
hospital con un diagnóstico no confirmado, eso era para literalmente volverse
loco. A la mañana siguiente llegamos muy temprano y mi hermana nos puso al
tanto de cómo habían pasado la noche, la niña estuvo llorando insistentemente
por el hambre y a cada rato se quería destapar los ojos. Le dije que podían irse a
descansar. Al poco rato escuché un doctor hablar con otro y decía que le habían
comentado de una niña que presentaba vómitos cada vez que comía y que iba a
verla en ese preciso momento. Lo seguí y antes de llegar a la habitación le grité,
doctor… esa niña de la cual habla es mi hija; mucho gusto me dijo, mi nombre es
Miguel, vamos a verla.
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Cuéntenme qué pasa con la niña, lo pusimos al tanto de todo y sin perder
tiempo nos envió a realizarle un tránsito intestinal, tienen que realizarlo en un
centro privado porque aquí no lo hacen, acompáñame para darte la orden
médica. Me fui con él y me entregó la orden, pensamos en cómo haríamos para
trasladarla y a qué centro iríamos. Busqué la orden de salida y nos pusimos en
marcha para realizarle el estudio. Mi suegra nos llamó para decirnos que por el
traslado estaba resuelto, un amigo de ella nos haría el favor. Una vez
conseguidos todos los papeles cosa que es bastante difícil, salimos con la niña del
hospital para realizarle el tránsito intestinal, siempre tuve presente a DIOS en
cada instante y le pedía que todo saliera bien. Ese estudió duró alrededor de dos
horas porque hay que esperar que el líquido que le introducen a la persona haga
su recorrido normal.
Los celulares no paraban de sonar para preguntarnos cómo estaba Sara, todos
los conocidos y familiares preocupados por lo que sucedía nos escribían
constantemente. Al momento de cancelar nos dijeron que era solo efectivo
porque el punto de venta no estaba funcionando. Nos vimos las caras y
comenzamos a contar lo que teníamos a la mano, recuerdo que salí a un cajero
automático cerca pero no pude sacar ya que no estaba en servicio, pensé que no
podríamos realizarlo porque nos faltaba un poco. Mi hermana que nos
acompañó nos dijo que la esperáramos que en un momento volvía, cuando
regresó lo hizo con el dinero que faltaba, el esposo de mi hermana mayor
trabajaba en ese lugar y nos dio lo que faltaba. Así comenzó DIOS a colocar en
nuestras manos las cosas que necesitábamos.
Con las placas en mano nos devolvimos al hospital para mostrárselas al doctor
y ver que nos decía. Mi esposa estaba recibiendo muchos mensajes de un ser
especial que a partir de allí se convertiría en una tía más para mi hija, Jenifer; una
compañera de trabajo nos fue a buscar con el chofer del liceo para hacernos el
favor de llevarnos al hospital, en el camino nos preguntó lo que necesitábamos
para pedirlo por las redes entre los conocidos del colegio, nos dio un sobre con
dinero que recaudaron con los alumnos de mi esposa, además de eso nos dio
una caja llena de insumos médicos que posteriormente íbamos a necesitar.
Llegamos al hospital nuevamente y como ya era tarde el doctor no pudo ver las
placas así que nos tocó esperar que la doctora de guardia de la tarde nos
informara.
Ese día se hizo largo y estuve sentado frente a la emergencia mientras nos
daban razón de los resultados del examen y asustado por la caja de insumos que
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Esa noche me quedé solo con mi suegra para que mi esposa fuera a
descansar, una de las noches más largas de mi vida fue esa del miércoles,
recuerdo que mi hermana llegó como a las ocho a ver cómo estábamos y le
comenté que la niña no paraba de llorar y aún sin comer prácticamente seis días,
me dijo que la esperara sentado donde estaba y que ella iría a verla, cuando
volvió me comentó que la solución no le estaba pasando que cuando sucediera
eso le doblara la manguerita y la soltara para que vuelva a pasarle sino que
llamara a una enfermera.
Cuando se fue sentí lo mismo que cuando llegamos, ganas de irme con mi hija
y despertar de ese terrible sueño. Sara desde la media noche no paraba de llorar,
mi suegra y yo hacíamos lo posible para que no lo hiciera pero era inevitable, le
mojábamos el chupón con agua para hidratarle los labios y lo agarraba
desesperada. Cuando se le terminó la hidratación a la media noche salí en busca
de una enfermera para que se la cambiara, una me dijo que en un momento
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vendría y nunca lo hizo, volví a salir y noté que estaba una sola trabajando para
todos esos niños así que le dije que cuando contara con el tiempo se dirigiera
hasta donde estaba mi hija.
La hora llegó y por fin llegaron a buscar a Sara para llevarla al quirófano
después de varios avisos. A medida que la subíamos la veía en brazos de mi
esposa y recordaba muchísimo a Jesús la noche que fue arrestado por los
romanos, Él le dijo a sus discípulos que el espíritu estaba preparado pero la carne
no y por eso fue a orar al Padre. Mi espíritu estaba preparado para ver a mi hija
entrar al quirófano pero mi carne me decía que la tomara y no la soltara de mis
brazos. Con todas las maletas en el segundo piso en el área de espera estaban
varios miembros de la familia.
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Mi esposa entró con la niña para ser preparada mientras me quedaba afuera
esperando a que ella me pidiera lo que necesitara. Me pidió una manta y una
ropita más abrigada por el frio que hacía. Sara lloraba muchísimo y Eliza le
cantaba para calmarla, le pidieron que la acostara en la camilla para ingresarla; la
besó y la bendijo con lágrimas en sus ojos. Al instante salió diciéndome que la
operaría el doctor Miguel junto a otra doctora llamada Adriana. La tomé de la
mano y nos fuimos a sentar con el resto de la familia y así comenzó la larga
espera. Una doctora llamada Susana familiar de un estudiante de mi esposa se
nos acercó y nos explicó lo que normalmente realizan en esas intervenciones,
por ser una obstrucción dejan parte del intestino fuera de la barriga por un
tiempo para que el colon descanse y nuevamente volver a intervenir para unir.
No podía imaginar a mi hija con sus intestinos afuera y con una bolsa ajustada
allí para recoger sus heces y cambiar eso constantemente, nos explicó que se
conoce como colostomía y en otros casos ileostomía, se despidió de nosotros
diciéndonos que confiáramos en DIOS que todo saldría bien. La primera vez que
abrieron la puerta del quirófano dijeron… “Familiares de Sara Rojas” corrimos
para ver lo que necesitaban y nos pidieron una solución. Así nos iban solicitando
cada cosa hasta que la operación finalizó. La doctora de guardia de UTIN llamada
Petra nos esperaba allá una vez bajaran a Sara y que el doctor Miguel nos diera el
informe de la intervención. Además de eso nos entregó una lista de todo lo que
Sara necesitaría estando allí.
Cuando salí me encontré a mis padres y unos amigos que se dirigieron hasta
allá para saber cómo había salido la operación, rompí en llanto por tanta presión
que tenía y me abrazaron para calmarme, me dijeron que les prestara la lista
para ayudarme a conseguir lo que me solicitaban. Les agradecí y me puse en
marcha a buscar esas cosas, gracias a DIOS en casa tenía algunas, otras tenía que
comprarlas con la tarjeta que me había dado mi esposa días antes. Cuando llegué
a casa mi hermana menor nos abrió, me senté en el mueble y sentí que mi vida
no daba más, pensaba en mi hija y en lo que posiblemente vendría de ahora en
adelante, imaginaba sus intestinos colgando en su barriguita y eso me partía el
alma. Mis hermanas y mi cuñado me alentaron, recogimos las cosas que
teníamos y nos dirigimos nuevamente al hospital.
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Cuando llegamos me dicen que suba que el doctor Miguel quería hablar con
nosotros, nos explicó que durante la operación que se le practicó a Sara encontró
unas bridas, una especie de carnosidad que oprimía el intestino lo cual obstruía
el paso de alimentos provocando así los vómitos, como la intervención fue muy
sencilla seguimos revisando para cerciorarnos que todo estuviera en orden,
realizamos una pequeña incisión (corte) en el estómago y cerramos,
continuamos buscando y encontramos un divertículo de meckel una carnosidad
que se encontraba en el intestino y fue retirado porque “podría” causar una
complicación a futuro.
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CAPÍTULO V
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Me fui a descansar un instante nada más para poder estar antes del mediodía
nuevamente en el hospital, las visitas eran a las once y a las cuatro, todo
marchaba bien de acuerdo a los diagnósticos. Cuando llegué Eliza me dice que
debía buscar al doctor Miguel y pedirle la orden médica para hacerle la biopsia al
divertículo que le habían extraído a Sara durante la operación, salí corriendo a
buscarlo y lo encontré en la parte de cirugía pediátrica, me dirigí a la Cruz Roja
porque allí saldría más económico y más cuando vas referido de la CHET (Ciudad
Hospitalaria Dr. Enrique Tejera) me recibieron cordialmente y así fue, lo hicieron
a mitad del precio estipulado.
De la pérgola llamaron diciendo “visita para UTIN” y nos dirigimos hacia allá,
nos colocamos los implementos y entramos. Sara estaba aún con la sonda de
alimentación, la doctora nos explicó que por allí debería botar un líquido
transparente para poder iniciar con la comida pero para ese momento le salía de
color verde. Por la tarde nos informaron prácticamente lo mismo y
aprovechamos el tiempo para hablarle y decirle que la amábamos mucho, que
era una niña muy fuerte y que pronto estaríamos nuevamente en casa.
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tres salas llenas de niños “menos complicados” y a mi modo de ver con pocas
enfermeras. Cuando amaneció para nuestra sorpresa nos enteramos del traslado
porque necesitaban ingresar a un niño que estaba grave. Una vez en RETÉN los
doctores decidieron iniciar con la vía oral, mi esposa en ese momento se fue a
extraer un poco de leche porque no podía darle pecho directamente, las
enfermeras alimentaban a Sara a través de la Sonda, fue así cuando pudo ingerir
alimento después de tanto tiempo; como se sacaba la sonda constantemente
nos llamaban de la pérgola para que lleváramos otra, gracias a DIOS dentro de la
caja de insumos que nos dio Jenifer habían sondas de alimentación. Era difícil
verla comer de esa manera, en realidad era muy poca leche que le introducían
cada tres horas para ver cómo la asimilaba, por nuestra mente solo pasaba orar
en esos instantes y pedirle a DIOS que le cayera bien y no vomitara. Gracias a
que la toleraba se fue aumentando poco a poco la cantidad hasta que Sara
tomara directamente del pecho de mi esposa.
Mi esposa iba cada cierto tiempo a darle de comer, mientras la visita general
era por las tardes, cuando entré la primera vez allí Sara me miró directamente a
los ojos como diciéndome “Hola Papá, estoy bien” coloqué la mano en el cristal y
le dije “Hola Sara, aquí está papá y mamá, te amamos muchísimo hija, eres la
niña más fuerte del mundo” los ojos se me pusieron vidriosos pero no lloré para
que sintiera la buena energía que le dábamos, muchos piensan que los pequeños
a esa edad no entienden y es todo lo contrario, absorben muchísimas cosas y
sobre todo sienten nuestro amor. Esa tarde también le toqué su manito y la
pierna mientras le cantaba una canción de Alex Campos que se titula “Al taller
del Maestro”. Debajo de su incubadora colocaban lo que necesitaría, así que nos
cercioramos que tuviera todo antes de culminar la visita. Después de cada visita
la dejábamos con la bendición; “DIOS te bendiga”.
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Sara… Milagro de DIOS
Luis cantaba por las noches, corría a los rateros que por las noches pretendían
robar las pertenencias de las personas, pedía colaboración a los familiares para
comprar vinagre y cloro, salía a comprarlos y volvía para ponerse a barrer el
pasillo y pasar coleto, cuando nuestros familiares y conocidos nos enviaban
comida le dábamos y se contentaba; pero lo que más me sorprendió de él fue lo
que le escuché decir una noche, se acostó en su hamaca y dijo: “Voy a orar, DIOS
mío escúchame por favor, sana a todos esos niños que están allá en todos los
servicios, no permitas que sigan muriendo por falta de medicamentos, que a
partir de ahora no hayan más niños enfermos y cuando los médicos lleguen se
devuelvan porque no habrá a quien atender” AMÉN. Eso me dejó atónito, fue allí
cuando comprendí la clase de ser humano que era. A partir de allí comenzamos a
relacionarlos mucho más con él.
El tiempo pasaba lento pero gracias a DIOS Sara comenzó a ingerir la leche
tranquilamente incluso directo del pecho de su madre, verla comer de lejos
mientras mi esposa la alimentaba me hacía sentir el hombre más feliz del
mundo. Transcurrida la semana después de la operación me encontré con el
doctor Miguel y la doctora Adriana quienes habían realizado la operación, les dije
que cómo veían el estado de salud de mi hija y me dijeron que precisamente se
dirigían a retirarle los puntos de la herida. Cuando entraron a quitarle los puntos
se percataron que el catéter había sido removido; escuché que el doctor
preguntaba a las enfermeras quién se lo había quitado. Una vez que salieron no
vi un rostro de optimismo en su expresión y solo dije; “Señor que se haga tu
voluntad”.
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Sara… Milagro de DIOS
CAPÍTULO VI
LA SEGUNDA BATALLA
Cuando el doctor Miguel y la doctora Adriana se nos acercan, nos dicen que la
herida de Sara esta drenando un líquido amarillento, lo notaron al momento de
intentar retirarle los puntos de sutura. Esas no eran buenas noticias porque
significaba que algo no estaba bien por dentro, nos enviaron a realizarle un
cultivo a ese líquido y unos laboratorios. Le suspendieron la comida nuevamente
así que tocaba hidratarla por vía otra vez hasta la espera de los resultados. Con
los exámenes en mano hablamos con los doctores y nos informan que a Sara
había que operarla nuevamente porque los puntos de sutura del divertículo se
habían ido, trayendo como consecuencia que lo que ingería se dispersara por su
estómago, el divertículo poseía células ácidas lo que ocasionó que desgastara lo
que estuviera cerca.
Tristes por lo que estaba sucediendo no nos imaginábamos como una niña tan
pequeña, apenas con catorce días de nacida tenía que pasar por una segunda
operación, nos entregaron una lista de insumos que debíamos conseguir para
poder realizar la intervención, no podíamos perder tiempo ya que mientras las
horas transcurrían Sara podría empeorar con dicho diagnóstico; fue difícil y
costoso encontrar todo lo escrito en la lista pero gracias a DIOS logramos
conseguir todo, familiares, amigos, estudiantes y conocidos pusieron todo su
empeño para tal fin; de allí nuestro agradecimiento infinito.
Hacerle los chequeos para ésta segunda batalla resultó más sencillo por la
emergencia que significaba. Quince días transcurridos desde que ingresamos a
Sara en el hospital y llegó el momento de la segunda intervención. La doctora
Adriana conversó mucho con nosotros para explicarnos cómo sería el
procedimiento a seguir, le pregunté que por qué ella lo estaba explicando y no el
doctor Miguel a lo cual me responde que sería la encargada de operar a mi hija
ahora, que no me preocupara porque estuvo en la primera y que conocía muy
bien su historia, la doctora nos transmitía mucho optimismo y buenas energías y
eso hacía que nos tranquilizáramos a pesar de estar conscientes de lo riesgosa y
delicada que sería la intervención.
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Sara… Milagro de DIOS
enfermera dice: “los padres de Sara” ya está todo listo para que la suban. Debido
a falta de camilleros como de costumbre me tocó junto a un compañero y mi
hermana subirla al quirófano; la doctora Adriana iba junto a nosotros al lado de
la incubadora, mientras la llevábamos iba orando por ella para que DIOS le
otorgara las fuerzas y la resistencia que necesitaba, cuando íbamos por el
segundo piso abrió los ojos y me miró fijamente como diciéndome “tranquilo
papá… de ésta también saldremos en victoria” nunca olvidaré esa mirada, una
mirada dulce y tierna de una inocente criatura pero a la vez firme y fuerte. Cada
vez que se hace presente el recuerdo mis ojos se cristalizan y por ende una
lágrima se desliza por mi rostro, ahora que redacto este episodio de mi vida se
intensifica y no paro de llorar como ahora lo hago; es la sensación indescriptible
de un amor profundo, puro y sincero que pocos padres sienten por sus hijos.
Cuando llegamos al quirófano mi esposa entra con Sara y la doctora, por ser
un área restringida solo se le permite el acceso a la madre, me quedé al
pendiente de manera que si necesitaban algo poder suministrarlo lo antes
posible, al poco rato Eliza salió con los ojos cristalinos la abracé y me dijo que ya
se la habían llevado. Todos los familiares amigos y conocidos estaban muy
pendientes, unos allí con nosotros y otros afuera cuidando nuestras
pertenencias. Como me sentía mal caminé hasta el final del pasillo para llorar un
poco y orar, en ese instante miré a mi hermana que estaba a mitad de las
escaleras llorando y fui a abrazarla.
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Sara… Milagro de DIOS
tuve la certeza en la mirada de mi hija, sabía en mi corazón que era y que sigue
siendo muy fuerte, eso me tranquilizaba y solo imaginaba tenerla entre mis
brazos nuevamente siendo una niña sana en el nombre de Jesús, arrojé mis
cargas sobre Él como dice el Salmos 55: 22 y solo así mi cuerpo, mi mente y mi
alma lograban calmarse.
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Sara… Milagro de DIOS
Ahora los gastos serían mayores, laboratorios cada lunes y viernes para tener
un control de su progreso eran muy necesarios, los hemocultivos eran los más
costosos y eran de igual importancia para detectar cualquier infección. Gracias a
la ayuda que recibíamos de todos lados podíamos costear esos gastos; además
era necesario conseguir todos los insumos para su cuidado, pañales, toallas
húmedas, champú, jabón, entre otros. Como mi esposa no daba ya casi leche y
Sara siendo intolerante a la lactosa teníamos que conseguirle una leche especial
hidrolizada que la ayudaría a subir de peso.
La primera visita después de ingresarla en UTIN por segunda vez resultó más
difícil que nunca; fue cuando observamos directamente sus estomas al lado de
su barriguita. A partir allí conocimos a dos enfermeras con las cuales hubo un
acercamiento agradable, sus nombres eran Gloria y Laura. Ellas tenían un don
excepcional para cuidar a los niños, mi esposa prestaba mucha atención a la
manera de bañarla y limpiarla. Como no contábamos con las bolsas de ileostomía
o colostomía las enfermeras le colocaban gasas encima de los estomas de
manera que las heces quedaran acumuladas allí, pronto nos tocaría a nosotros
hacerlo, nos mirábamos asustados e intrigados y fue así como con la ayuda de
DIOS nuestra hija salió victoriosa una vez más.
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Sara… Milagro de DIOS
CAPÍTULO VII
Conseguir las bolsas para la ileostomía de Sara resultó más difícil de lo que
pensamos, en todos lados nos decían que eso ya no llegaba al país, preguntar a
través de las redes sociales fue otro intento pero no obtuvimos respuestas.
Debido a esto el uso de gasas fue la única opción con la que contábamos, la parte
negativa era que había que cambiarla a cada instante apenas salieran restos de
heces, eso evitaba que se le derramara alrededor de los estomas y por ende la
irritación. Comprarlas resultaba costoso por la cantidad que se necesitaban pero
DIOS siempre responde a nuestras súplicas, familiares, amigos, estudiantes y
conocidos nos ayudaban con lo que podían.
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Sara… Milagro de DIOS
A medida que pasaban los días conocíamos más y más personas, al mes de
estar allí conocimos a una pareja de Falcón (Chichiriviche) ellos tenían un bebé
llamado Aramis quien nació con dificultades respiratorias, pasó casi el mismo
tiempo de nuestra hija en el hospital, ellos no contaban con familia cercana por
ser de tan lejos, vivían en la pérgola. En muchas ocasiones los ayudábamos con la
comida, incluso mi cuñado le regaló un par de zapatos al padre de Aramis porque
con los que contaba estaban casi desgastados. Con ellos nos compartíamos los
gastos medicinales ya que en UTIN cuando un niño necesita un medicamento o
antibiótico por lo general a todos se los suministran.
Siempre que se nos estaban acabando los pañales llegaba una persona y nos
donaba algunos; en una oportunidad Jenifer llegó con varios paquetes y no me
dio tiempo de enviar algunos a casa porque ya era tarde, esa noche la pasé casi
en vela vigilando nuestras pertenencias debido a que eso es muy buscado en el
hospital más en el área de maternidad, allí hacen lo imposible por conseguirlo
incluso robarlos. La mañana siguiente enviamos algunos paquetes y nos
quedamos con los necesarios. Existían días en los que no recibíamos visitas, una
tarde las toallas húmedas se nos habían acabado y mi esposa estaba preocupada
porque Sara no tendría con que la limpiaran.
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Sara… Milagro de DIOS
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Sara… Milagro de DIOS
pero las cosas de DIOS son perfectas, la mamá se arrepintió así que les pidió que
se devolvieran para entregárselas. Eso hizo que la embargara un sentimiento
indescriptible y mientras se marchaba su rostro reflejaba una sonrisa de madre
orgullosa. Al principio la señora llamaba para saber cómo estaba la niña y ellos le
respondían que todo marchaba bien. Tuvieron que llevarla con todos los
especialistas para poder curar sus enfermedades. Con el tiempo no llamó más,
hoy Camila es una niña sana gracias a DIOS quien superó todas esas
adversidades, tiene casi la misma edad de Sara y vive feliz junto a sus padres que
la aman muchísimo.
Casi mes y medio en el hospital y los gastos eran cada vez mayores, Sara no
mostraba un avance significativo como para darla de alta sino todo lo contrario.
Comenzó a sufrir un cuadro de desnutrición debido a que no comía lo suficiente
y el esfuerzo que empleaba en tratar de extraerle leche a mi esposa hacía que
disminuyera de peso por lo cual comenzaron a alimentarla por sonda
nuevamente. Inmediatamente nos pidieron una leche especial hidrolizada para
niños intolerantes a la lactosa como la Alfaré, Althéra, Nutramigen u otra
parecida; conseguirlas era difícil, se nos ocurrió publicarlo por las redes sociales
y al instante comenzaron a llegarnos mensajes con el nombre de los sitios donde
podíamos adquirirlas.
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Sara… Milagro de DIOS
Esa tarde le dije a mi esposa que si quería se fuera a casa para que descansara
un poco porque mi hermana mayor se quedaría conmigo. A las siete de la noche
entré a llevarle lo que necesitaría y me dijeron que todo estaba bien que podría
irme tranquilo. A eso de las diez de la noche el cielo se nubló y comenzó a llover
muy fuerte, mientras me levantaba de la hamaca para no mojarme escuché el
teléfono de la pérgola, mi corazón latió muy rápido como avisándome lo que
vendría. “Sara Rojas al teléfono” gritaron. Salí corriendo y cuando contesté me
dijeron… “Papá de Sara” si, contesté casi sin aliento, “diríjase hasta acá que lo
necesitamos, es una emergencia”.
Sé que no es fácil pasar por todo esto pero tu hija acaba de sufrir un shock
séptico y convulsionó producto de eso, ya logramos estabilizarla pero es
necesario que tomes fuerzas, te calmes y te dirijas en este instante hasta la
emergencia de adultos y que envíen un técnico para hacerle unos rayos x, toma
la orden. Corrí inmediatamente bajo la lluvia y no paraba de llorar por ese
camino solitario y despejado. Una vez allí es casi imposible que te atiendan, te
evaden, te ignoran y te sientes con un nudo en la garganta, hablé con la
encargada y me dijo que no podían enviar a nadie porque estaba lloviendo, mi
hija necesitando esos estudios con urgencia y recibí esa respuesta. Mi reacción
en esa oportunidad fue tranquila hasta que llegó mi otra hermana ya que la
noticia se extendió rápidamente.
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Sara… Milagro de DIOS
una señora muy amable diciéndome que no me preocupara que un técnico iría a
realizarle el estudio a Sara. Efectivamente así fue, salió un joven diciéndome que
le prestara mi chaqueta para que no se mojaran las placas. Llegamos a la
emergencia de niños y se le practicó el estudio de rayos x de tórax. Todo esto
ocurría y ni tiempo tuve de avisarle a mi esposa así que la llamé para decirle que
se trasladara hasta el hospital lo antes posible. Cuando ella llegó nos llamaron
nuevamente para informarnos los resultados de los rayos x donde se pudo
observar una mancha en sus pulmones así que los doctores dedujeron que su
convulsión pudo haber sido por una broncoaspiración a causa de la sonda de
alimentación; además de eso nos notificaron que tuvieron que intubarla por su
dificultad respiratoria. Salimos consternados hacia las hamacas mientras nos
esperaban todos cabizbajos y con una sola cosa puesta en mente… la oración.
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Sara… Milagro de DIOS
amigo, profesor, hermano, primo, sobrino, revise su cuenta que le transferí una
ayuda para Sara. Cuando consulté la cuenta simplemente dije Gloria a DIOS,
tenía lo suficiente para realizarle los exámenes a mi hija. Constantemente recibía
mensajes y llamadas para avisarme que me habían enviado su granito de arena.
Mis estudiantes desde el colegio me hacían llegar en sobres su aporte a través de
unas amigas; pero lo más significativo era el contenido que traían consigo; “Sara
te vas a poner bien” “DIOS te bendiga”. Cuando los abría y leía su contenido mis
ojos se ponían cristalinos.
A partir de ese episodio no paraba de irme en moto taxi para llevar las
muestras, se preguntarán si habiendo laboratorios tan cercanos al hospital por
qué no los enviaba allí; pues era debido a la confiabilidad de los mismos. Como
ya los moto taxistas me conocían de tantas veces que me hacían el servicio me
otorgaban descuentos. Una tarde entregamos los resultados a la jefa del servicio
y nos dijo que Sara además de tener una bacteria tenía un hongo, y que los
antibióticos que le estaban suministrando ya no le hacían ningún efecto.
Mientras salíamos de UTIN nos informó de una manera poco sutil que debíamos
conseguir unos antibióticos llamados colistina y tigeciclina, si no lo consiguen su
hija no durará mucho… se muere.
A toda prisa comenzamos a pedir ese antibiótico por todos lados pero no lo
conseguíamos, mi suegra buscó en el hospital Carabobo y logró conseguir al
menos dos ampollas, mi hermana se dirigió a Puerto Cabello donde logró
conseguir además de unas pocas otros insumos por el seguro social.
Comprábamos las pocas que conseguíamos en los centros privados pero aún se
necesitaban muchas, un tratamiento requería alrededor de veinte ampollas. Sin
más alternativas nos pusimos en manos de DIOS. Cuando pensábamos que ya no
podíamos conseguir más ampollas recibí la llamada del sacerdote Mario del
colegio donde trabajo diciéndome que desde los Andes me enviarían el
tratamiento gracias a los salesianos de allá; solo tendría que dirigirme al sitio
indicado donde llegarían.
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Sara… Milagro de DIOS
ayudar. Así sucedía cada vez que Sara necesitaba cualquier cosa, nos sentíamos
afligidos por no conseguir lo requerido pero siempre de alguna u otra manera
aparecía un ángel que nos mostraba la luz; la salida a cada prueba.
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Sara… Milagro de DIOS
CAPÍTULO VIII
Una vez que me presentaron con ellos mi esposa comenzó a contarles lo mal
que se encontraba el estado de Sara y que incluso propusieron que buscáramos
un sacerdote para que la bendijera ya que no le daban muchas esperanzas. Por
mi mente no pasaba otra cosa más que orar en silencio, fue allí cuando mi
esposa se me acercó diciéndome que hiciéramos el intento de hablar con la
doctora para ver si su prima Jenifer podía orar por Sara ya que ellos eran
cristianos. Hablamos con ella y nos dijo que no había problema, que con mucho
gusto lo haría. Nos pusimos en marcha y cuando llegamos al servicio mi esposa
toco la puerta, una de las enfermeras salió y le dijimos que queríamos hablar con
la doctora.
Permitir la entrada a UTIN a cualquier persona que no sean los padres era casi
imposible pero cuando la persona es enviada por DIOS todos los obstáculos se
disipan. Le participamos a la doctora que en vista a su sugerencia de buscar a
una persona que orara por nuestra hija le permitiera a la prima de mi esposa
orar por ella. Su respuesta a nuestro deseo fue un sí rotundo y de inmediato;
solo tendría que ponerse los implementos necesarios para poder entrar. Mi
esposa decidió entrar con ella así que me dirigí de nuevo a las hamacas. Cuando
me vieron llegar sin ellas nos sentimos agradecidos con DIOS por no haber tenido
ningún impedimento.
Ignacio me miró y dijo que por qué nosotros no hacíamos también fuerza
desde afuera y unirnos en oración con Jenifer, todos estuvimos de acuerdo y nos
tomamos de las manos cuando de pronto Ignacio comenzó a orar. Jamás había
visto a una persona orar con tanta energía y entrega; era como estar frente al
Espíritu Santo y sentir su fuerza mientras lo escuchaba. Oraba con tanta firmeza
que cada palabra retumbaba dentro de mi fortaleciéndome cada vez más, pedía
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Sara… Milagro de DIOS
a DIOS por la sanación de Sara y su recuperación; lo que más me hacía creer era
cuando dijo que mi hija iba a dar testimonio de todo esto y que serviría de
ejemplo para muchos incrédulos. Mientras tanto en el otro espacio de guerra
Jenifer impuso sus manos en el cuerpo de Sara y oraba por su salud decretando
su sanidad, mi esposa escuchaba detenidamente las súplicas y también pedía a
DIOS por ello. Fue un momento de concentración y energía espiritual que
doblegaba al enemigo, excluyéndolo de todo niño que se encontraba en esa
habitación, es por ello que cuando terminó de orar por Sara se volteó y
extendiendo sus manos pidió también por aquellos niños que estaban a su
alrededor.
Al terminar se escuchó un gran Amén entre todos; sin duda alguna ese
momento marcó un antes y un después en mi vida y en la de mi hija, razón tenía
Santiago cuando escribió diciendo que la oración con fe sana al enfermo.
(Santiago 5: 15). Esa sensación no la compartí abiertamente, la conservé para mí
a diferencia de mi suegra que si lo expresó a todos. Recuerdo que mencionó
haber sentido que la oración había sido diferente y especial. A lo lejos observé
que venían de regreso mi esposa y su prima. Comentamos la experiencia vivida
en ambos espacios y definitivamente fue reconfortante. Al momento de
despedirse nos dejaron un mensaje de Fe y esperanza, la esperanza de que DIOS
ya había sanado a Sara y que pronto la tendríamos con nosotros.
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Sara… Milagro de DIOS
Muy temprano mi esposa se dirigió para ver cómo estaba Sara y notificar que
nos pondríamos en marcha en la búsqueda del vorcum. La doctora de guardia le
comentó en tono no agradable que ya ese tratamiento se le había comenzado a
suministrar desde esa misma noche porque llamaron insistentemente solicitando
una orden médica para enviar la ampolla desde la maternidad. Mi esposa
asombrada por lo que estaba escuchando pregunto quién había sido esa persona
pero no supieron decirle; además la actitud de la doctora no fue la más correcta,
en vez de alegrarse porque le iban a enviar la ampolla que estaban solicitando se
molestó por tener que hacer el informe a esa hora de la noche expresando que
estaba ocupada.
Eliza venía rumbo a las hamacas pensando quién pudo haber enviado la
ampolla para Sara si apenas esa noche publicamos que la estábamos
necesitando. Al informarnos lo sucedido pensamos en lo grande y maravilloso
que es nuestro DIOS. Inmediatamente me puse en marcha en la búsqueda del
antibiótico pero no lo encontraba por ningún sitio así que la preocupación se
hacía mayor; dentro del hospital nos enteramos que una persona había tenido
hacía tiempo un familiar allí y le había sobrado una; nos pusimos en contacto con
ella y nos la vendió. Mientras estaba esperando afuera de UTIN para entregarla
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Sara… Milagro de DIOS
una enfermera que siempre me encontraba por los pasillos me preguntó qué
ampolla tenía en la mano; le expliqué que hace poco le habían cambiado el
tratamiento a Sara y nos pidieron una llamada vorcum. La miró detenidamente y
me dijo que en su casa tenía una y que en la siguiente guardia me la traería. Fue
así como poco a poco iban apareciendo pero aún nos faltaban más.
Dentro de todo esto la mejora de Sara era cada vez mejor, ya mi esposa
durante las visitas la bañaba, la cambiaba y le daba de comer. Seguía un poco
con pérdida de peso pero ya comía un poco más y le hacían sus terapias de
movimiento. La leche que finalmente logró hacer que aumentara de peso fue la
Alfaré. Mediante trueques y compras en farmacias cuando nos enterábamos que
habían llegado la conseguíamos. Era emocionante ver como Eliza la sacaba de la
incubadora, poder tocarla, acariciarla, cantarle y sobre todo poder hablarle; en
esos momentos me imaginaba verla corriendo en casa haciendo travesuras con
mi sobrina y volviéndonos locos a todos, luego nos enteramos que la hermana de
mi cuñado fue quien envió la ampolla aquella noche.
El dinero se nos agotaba para conseguir los antibióticos y para realizarle los
laboratorios, un sábado por la noche consultaba con Eliza que para el lunes no
tendríamos para eso así que pedí a DIOS que nos enviara la ayuda de cualquier
parte. Al poco rato suena mi celular e imaginé que era cualquier persona para
preguntar por Sara pero no fue así, eran las respuestas a mis súplicas, una amiga
desde otro país me escribía diciéndome que la disculpara porque no había
podido transferirme aún y de esa manera ayudar a mi hija; le respondí que no se
preocupara ya que sólo DIOS sabe el tiempo preciso en que deben ocurrir las
cosas. Cuando me despedí de ella consulte la cuenta para saber con qué contaba
ahora, mi impresión fue tan grande que no pude contener las lágrimas, era la
cantidad exacta que se necesitaba para los laboratorios.
Para terminar de cumplir su tratamiento no nos quedaba otra opción más que
terminar de gastar lo que quedaba en las tarjetas, incluso fui hasta Puerto
Cabello con mi suegro a buscar unas que me habían conseguido gracias a una
doctora que trabajaba en la emergencia de adultos. Llamamos a todos los
lugares posibles donde poder comprar las ampollas pero solo en un sitio las
tenían y a un precio muy elevado. Aprovechamos la ocasión para practicarle en
ese mismo lugar unos estudios que nos pidieron, por ellos no pagamos nada ya
que gracias a una amiga de Eliza se lo practicarían sin ningún costo. Uno arrojó
que Sara había sufrido una endocarditis producto de la infección y el otro salió
normal gracias a DIOS.
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Sara… Milagro de DIOS
Ante esa situación no hice otra cosa más que abrazarla y darle las gracias por
ese gesto tan humano. Solo allí comprendí cuando salía de la farmacia el por qué
me había devuelto y no haberlas comprado antes. DIOS a través de su espíritu
me dijo que no lo hiciera, quizá al momento no entendamos por qué ocurren las
cosas pero de lo que siempre debemos estar seguros es que tarde o temprano
obtendremos las respuestas, el tiempo de DIOS es perfecto.
Cuando mi esposa me ve llegar con tres ampollas me dice que por qué había
gastado más de lo previsto; les comenté lo sucedido a todos y solo pensábamos
en la misericordia y bondad de DIOS. Quedaba poco tiempo para que Sara
estuviera con nosotros en casa, era lo que más anhelábamos; fue así como en
esta parte de su estadía en hospital llegaron a nosotros más personas que
brindaron su granito de arena con un único propósito, ver a Sara completamente
restaurada y sana en el nombre de Jesús.
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Sara… Milagro de DIOS
CAPÍTULO IX
Poco a poco Sara se mantenía estable y comiendo cada vez más. A falta de dos
días para completar nuestra estadía de dos meses en el hospital nos llamaron
después del mediodía del sábado seis de agosto para informarnos que ya no iban
a tomarle más vías a la niña, tanto en sus brazos como en los pies no había
espacio para seguir puyándola y por ende una nueva vía que tomar. La decisión
por parte de la doctora fue suministrarle antibiótico vía oral; mi alegría fue
enorme ya que descansaría tanto ella como nosotros de todo ese proceso.
El antibiótico que nos solicitaron para ese entonces fue longacef así que nos
pusimos en marcha para conseguirlo a la brevedad posible. Salí de inmediato del
hospital en busca del remedió. Recorrí todas las farmacias cercanas y como no lo
encontré me puse en marcha hasta el centro, de allí caminé hasta la avenida
Bolívar y no lo conseguí, al poco rato suena el celular y era Eliza quien me
llamaba, me preguntó si lo había encontrado y le dije que no. Me dijo que no me
preocupara porque una amiga de mi suegro lo tenía, que me quedara donde
estaba para pasarme buscando e irnos al hospital a llevarlo.
Al día siguiente la visitamos y todo era alegría, verla sin ningún tipo de cables
o agujas en manitos o pies era maravilloso; le hablábamos y le decíamos que ya
faltaba un día para salir de allí y que se preparara para recibir todo el amor que
teníamos para ella, otro semblante tenía en sus ojos y en su rostro, se sentía
como liberada y esperanzada en que vendrían tiempos de dicha y gloria. Ver a
muchos familiares, amigos y conocidos irse de alta médica y que ahora nos
tocara a nosotros era una bendición, muchos recuerdos eran inevitables, el
primer día cuando llegamos, llanto, preocupaciones, angustias, cansancio y sobre
todo las oraciones valieron la pena al verla aún con vida.
Si por lo general no dormía por las noches imaginen la noche del domingo
sabiendo que al día siguiente estaríamos en casa con Sara, no pegué un ojo
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Sara… Milagro de DIOS
imaginando como sería todo a partir de ahora y el cuidado que debíamos tener
de ahora en adelante. Toda la mañana estuvimos en las diligencias necesarias
para tramitar la salida, solicitar planillas de egreso y copias nos mantuvieron
ocupados, no fue sino hasta las dos de la tarde cuando nos llamaron para darnos
las orientaciones respectivas sobre la limpieza y el cuidado que debíamos tener
con Sara, tener un hijo con una ileostomía no sería sencillo.
Esa noche sería la primera de muchas en las cuales haríamos todo ese proceso
además de levantarnos a darle el tetero. Al comienzo las evacuaciones eran
pocas porque aún comía muy poco pero cada tres horas como mínimo. Así que
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Sara… Milagro de DIOS
las noches eran bastante movidas tanto para cambiarla como para darle de
comer. La primera semana después del alta médica la pasamos en nuestra casa
pero sentíamos nerviosismo ya que no contábamos con más compañía así que
decidimos irnos a la casa de mi madre para contar con más apoyo. Sara poco a
poco iba tomando más leche y por ende aumentando las evacuaciones lo cual
supondría nuevos retos; conseguir más gasas y la única leche que toleraba, la
alfaré.
Por las noches todo se complicaba más, además de tratar con lo que ya
conocíamos se hacía más angustioso verla no comer a pesar de hacer todo lo
posible para que lo hiciera, ya era suficiente con todo lo que tuvo que aguantar
en el hospital sin ingerir alimento para volver a caer en eso nuevamente. La
agonía y la desesperación nos embargaban porque sabíamos que tenía hambre
pero algo no la dejaba comer. Así fue como enfrentaríamos otro desafío.
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Sara… Milagro de DIOS
CAPÍTULO X
LA NEUMONÍA
Cuando por fin salieron bien nos dirigimos rumbo a donde estaba la doctora.
Ella observó las placas pero nos dijo que no se veían tan bien como esperaba; eso
solo ameritaba un estudio más a fondo, es decir; una tomografía. Nos hizo la
orden para ello y salimos del hospital rumbo a la casa. En el taxi íbamos
platicando cómo pagaríamos semejante estudio. Mientras tanto seguíamos
suministrándole los medicamentos pero en esta ocasión comenzamos a
nebulizarla por las noches y en las mañanas.
Ese tratamiento parecía estar surtiendo algún efecto en Sara pero no con la
eficacia que anhelábamos, ella comía un poco mejor pero volvió a recaer. Cómo
aún contábamos con algo de dinero planificamos realizarle un eco más confiable
en un centro privado muy conocido en Valencia. A partir de aquí comenzamos a
contar como de costumbre con la ayuda del hermano Gerardo, un ser que
transmite un ánimo inigualable, sus palabras te mantienen firme y te ayudan a
conservar la esperanza como muchas veces lo hizo en el hospital. Lo llamamos y
le pedimos el favor que nos llevara hasta el centro, obviamente que no se negó;
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Sara… Milagro de DIOS
bien temprano nos reunimos en casa de mi madre y todos juntos antes de salir
oramos de forma sentida pidiendo por la sanidad de Sara, en el camino el
hermano Gerardo me dice mientras pasábamos por la autopista que fijara mi
mirada hacía una publicidad que decía “las grandes batallas se ganan con la
oración” DIOS nos habla de muchas maneras Máximo y te está hablando.
Llegamos al centro y tuvimos que esperar un poco hasta que nos llamaran,
cuando entró mi esposa con la niña oraba muchísimo para que no le saliera nada
extraño. Con los resultados en mano decidí irme solo hasta el hospital hacía el
área de neumología, milagrosamente me atendieron los doctores jefes del
servicio. Al ver las placas me dijeron que posiblemente la niña podría tener
neumonía pero no se veía muy claro. Me hicieron un montón de preguntas a las
cuales respondía casi entre lágrimas. Uno de los doctores me tomó el hombro y
me dijo que me calmara y respirara profundo; para salir de dudas es necesario
que le mandemos hacer una tomografía para que nos muestre exactamente lo
que no se veía en las placas anteriores.
Salí del servicio visualizando los pasillos y lugares donde había estado
anteriormente hospitalizada mi hija y me preguntaba por qué estaría pasando
todo esto nuevamente. Estaba tan perdido de la realidad que tuve que
devolverme a buscar la orden médica que me habían dado los doctores. Una vez
en casa le comenté a mi esposa lo que me dijeron y de solo pensar en la
posibilidad de volver a estar con ella en el hospital me ponía nervioso.
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transporte también quedó resuelto, las amigas del liceo Jenifer y Josiret nos
vinieron a buscar bien temprano y así nos pusimos en marcha con Sara.
Después que logré calmarme tomé fuerzas de donde no las tenía y salí
caminando por la calle, llamé a mi cuñado y le comenté todo lo que me dijeron.
Si es cierto tienes que llevarla a que la hospitalicen inmediatamente; colgué el
celular e iba sin aliento. Hundido y solo deambulando por las calles del centro.
Dentro de la poca cordura que me quedaba y como pude logré llegar hasta
donde trabajaba mi hermana. Una vez allí le platiqué lo que estaba aconteciendo
y me vine en llanto nuevamente; hay momentos en los cuales los sentimientos y
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Sara… Milagro de DIOS
las emociones se apoderan de nosotros sin poder hacer nada para evitarlo. No
puedes irte así hasta la casa, siéntate allí y espera que me desocupe para que
hablemos. Todo estará bien me decía mi hermana pero seguía sin poder
escuchar nada, mi mente solo estaba puesta en Sara y en lo que tenía.
¿Qué pasó Máximo? ¿Por qué estás así? Eso era lo único que escuchaba de
parte de mi esposa y mi mamá. Mientras me preguntaban les dije que Sara tenía
neumonía y que debíamos llevarla al hospital lo antes posible para que vieran
esas placas. Esa tarde fue una de las más tristes de mi vida; nuevamente al
hospital DIOS mío. Dudaba constantemente e incluso me olvidaba de lo que
había hecho por nosotros anteriormente. El ser humano es así, a pesar de ver su
gloria día tras día y de vivir en carne propia lo que ÉL puede hacer sigue con
dudas en su corazón; pero es parte de la imperfección, no podemos controlar
ese tipo de emociones aun sabiendo que está mal. Pero DIOS es misericordioso y
nos perdona, nos ama y sabe que en el fondo de nuestro corazón seguimos
confiando con fe sin importar por lo que estemos pasando.
Me puse de pié y me fui al cuarto a ver a Sara, la cargué y le dije que no tenía
idea de cuánto la amaba que era lo más grande que DIOS pudo darme, que la
admiraba muchísimo por su valentía, sus ganas de vivir, la capacidad de sanación
y sobre todo por darme el ejemplo de lo que significa la fortaleza. La noche llegó
rápidamente y planificamos para llevarla bien temprano al hospital. Hicimos la
maleta y colocamos todo lo que posiblemente podríamos necesitar. No pude
conciliar el sueño, pensaba y oraba muchísimo para enfrentar lo que al día
siguiente se avecinaba.
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CAPÍTULO XI
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Esa noche fue larga y difícil, cambiar a Sara en esas condiciones no era
sencillo. Recuerdo que cuando me despedí de mi esposa le dije que me quedaría
afuera por si algo se presentaba así que no me fui a casa a dormir. Gracias a Luis
el popular “amarillo” un viejo conocido que me vio sentado a las once de la
noche en la acera fue que pude descansar un poco; me consiguió una perezosa y
me recosté un poco mientras hablaba con él. Cuando desperté ya había
amanecido y tenía como tres llamadas perdidas de mi esposa, salí corriendo
hasta donde estaban ellas y cuando llegué me dijo que la noche fue bastante
movida entre darle la comida y cambiarla, pendiente del oxígeno que no se lo
quitara y que el tratamiento le pasara correctamente.
La preocupación más grande era ver como sufrían para poder tomarle la vía a
Sara, por experiencia sabíamos que era complicado. La puyaban tantas veces que
en ocasiones tenían que desistir e intentar nuevamente hasta que se calmara y
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dejara de llorar. Una noche recibí la grata llamada del hermano Gerardo
preguntándome por Sara y le expliqué que estaban sufriendo para poder tomarle
la vía. Me dijo que me calmara y orara mucho que DIOS haría lo posible porque
fuera lo más sencillo posible. Se despidió diciéndome como de costumbre que mi
fe no mermara y me mantuviera firme. Cuando colgué me arrodillé antes de
entrar junto a mi esposa y mi hija y comencé a orar; al poco rato mientras seguía
con los ojos cerrados sentí una presencia cerca de mí que me hizo dejar de pedir
en oración como diciéndome que parara. Sin abrir los ojos lo imaginé tocándome
el hombro con su mano, me quedé perplejo y sin aliento por un instante; jamás
había vivido una sensación semejante ni como cuando Sara estuvo en UTIN. Al
recobrar el sentido me puse de pie y caminando hacía el cuarto me preguntaba
qué me habría pasado.
Mi esposa al verme me preguntó por qué tardé tanto allá afuera sabiendo que
dentro de poco me iría. Me senté en el piso de la habitación sin importarme
nada, la observé recostada en la cama con su rostro apoyado sobre su brazo
derecho mientras Sara dormía. Allí comencé a hablarle desde que nació Sara
hasta lo que estábamos pasando en ese instante. Reflexionaba que quizá
habíamos sido desagradecidos con DIOS primeramente, que el cuidado que le
dimos a la niña no fue el más adecuado, las discusiones que habíamos tenido sin
detenernos un segundo a pensar en lo vivido, en fin.
Ella solo me miraba sin decir una palabra; a medida que iba hablando me iba
desahogando. Cuando comencé a describirle lo que me había sucedido hace
unos instantes, percibí que alguien vestido de blanco entraba; imaginé que era la
enfermera a colocarles el tratamiento a Sara y al otro niño con quien
compartíamos habitación. Al instante que dejé de hablar volví al contexto en el
que estábamos y le pregunté en qué momento había salido la enfermera que no
me percaté cuando lo hizo. Ella me dijo… ¿Estás loco? Aquí no ha entrado
alguien. Claro que sí, hace un instante vi como alguien entraba. Debes estar muy
cansado; no seguimos hablando de eso hasta que llegó la hora de irme a dormir
afuera, me despedí de ambas con un beso y la bendición para Sara.
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Mi esposa no podía creer lo que estaba escuchando y fue allí donde recordó lo
que le había dicho sobre la persona que vi entrar. Eso fue increíble, como esa
conexión bajo el Espíritu Santo se notó de manera sobrenatural. Era inexplicable
como mi suegra señalaba tal cual lo que observé y sobre todo hasta la manera
como estábamos en ese instante. Esa mañana me fui con mi suegra a la iglesia y
me sentí aliviado; el discurso del hermano me hizo renovar mi fortaleza y al final
logré drenar lo que mi alma y mi cuerpo sentía, le di las gracias a DIOS por sanar
a mi hija y hacerla más fuerte cada día, por tenerla con vida a pesar de todo lo
que había pasado y porque sabía que pronto íbamos a salir de esa batalla gracias
a su voluntad.
Una mañana no podían encontrarle una vía para poder pasarle el tratamiento,
lo máximo que duraba una vía en buen estado era un día y medio, una vez
obstruida requería puyarla nuevamente. Una enfermera de turno me mencionó
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Como notó mi duda me dijo; llame a su esposa para ver si está de acuerdo, la
llamé para decirle y me respondió que si no había más remedio, que lo hicieran.
Así fue, se la tomaron rápidamente y comenzaron a pasarle el tratamiento por la
cabeza, hasta allí pensé que lo había visto todo con mi hija sin embargo me
demostraba cuan fuerte era y eso me hacía sentir muy orgulloso de ella. Durante
la neumonía comenzó a recibir esteroides y transcurridas las dos semanas ya no
era la misma que entró, comenzó a engordar, comía más y creció increíblemente.
Mi cuñada la cargaba muchísimo durante el día, le daba el tetero y se
tranquilizaba con ella.
Los días pasaban rápidamente y la mitad del mes de septiembre llegó y por
ende me tocaba comenzar a trabajar. Gracias a DIOS salía a las doce diariamente
porque las clases como tal comenzarían a principios de octubre. Mientras estaba
en el liceo trabajando mi esposa me llamaba para decirme cómo estaba Sara y
una vez terminada mi labor me iba del colegio al hospital. Todo iba saliendo
conforme a la voluntad de DIOS, cuando por fin se acercaba el día para darla de
alta nos iban solicitando cosas que debíamos tener en casa por si Sara lo
ameritaba, las gotas para nebulizar que eran difíciles de encontrar las
conseguimos gracias a una amiga de ella, nos pidieron bombona de oxígeno e
inmediatamente en el colegio un profesor me dijo que podía conseguirme una y
así iban ofreciéndonos lo que necesitábamos.
Nos mantuvimos con la incertidumbre como tres días para que la dieran de
alta, siempre dicen que mañana o pasado pero surge algo en el proceso que
impide que así sea, a veces llega cuando menos lo esperas. Lo cierto fue que
como los rayos x habían salido bien nos dieron la orden de salida con la
condición que tuviéramos todo lo que ellos nos dijeron y que la lleváramos a
control esa misma semana para chequear que todo estuviera marchando bien.
Salir con Sara del hospital nuevamente y viéndola tan radiante y más hermosa
que nunca fue una alegría inmensa. Esta nueva batalla que acabábamos de librar
y ganar nos fortaleció muchísimo para lo que vendría de ahora en adelante,
siempre con la gratitud puesta en DIOS, toda la gloria y la honra fueron para ÉL.
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CAPÍTULO XII
DE NUEVO EN CASA
La alegría que sentíamos al tenerla de nuevo en casa era inmensa, los que no
pudieron ir a visitarla mientras estaba en el hospital se quedaban sorprendidos al
verla porque había engordado mucho gracias a los esteroides. Acomodar su
corral y sus cosas en el gavetero me hizo pensar en todo el esfuerzo y dedicación
que hacíamos por ella. Soy reiterativo al decirlo pero las emociones suelen
embargarnos la mente y el corazón haciéndonos pensar cosas que no queremos
pero solo DIOS hace posible que desaparecieran totalmente permitiéndonos
gozar de su misericordia.
A medida que los días transcurrieron decidí junto a mi esposa irnos de casa de
mi madre para la nuestra; ya estábamos adaptados al cuidado de Sara y no nos
daba temor de estar solos con ella. Por las noches justo antes de dormir le daban
crisis y se ponía a llorar terriblemente, duraba hasta más de una hora llorando y
sin saber la causa, le dábamos remedio para los cólicos, la cargábamos, le
dábamos agua, el tetero, la sacábamos, le ofrecíamos juguetes, le cantábamos, le
tomábamos la temperatura, la acostábamos de mil maneras y los gritos eran
desgarradores. Los primeros días nos costaba muchísimo porque no sabíamos
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mi esposa intentaba pegársela con sumo cuidado para que todo quedara en su
sitio y sin lastimarla. Para ser la primera vez no quedó tan mal, teníamos la
esperanza que después de tantos intentos esto diera buenos resultados y así
poder tener un poco más de descanso. Gracias a DIOS resultó como
esperábamos, a pesar de lo grande que era no hubo problema con eso porque la
doblábamos y la asegurábamos con cinta plástica, visto que recolectaba las
suficientes heces lo que hacíamos era colocar a Sara de perfil y la vaciábamos en
un recipiente.
En una ocasión y por primera vez nos quedamos sin leche para darle, algo
jamás esperado pero sucedió. Era un sábado por la noche y mi esposa me dice
que encima de la nevera estaba una lata de una fórmula cuya composición era
semi hidrolizada y como el tiempo ya había transcurrido lo suficiente quizá
podría tolerarla. A eso de las ocho de la noche mi esposa le prepara el tetero con
dicha fórmula y ella se lo tomó rápidamente. En la madrugada Sara comenzó a
moverse muchísimo sintiéndose muy incómoda; al poco rato cuando la agarro
para cargarla se vino en vómito, mojó toda la cama y las almohadas. Cuando
encendimos la luz notamos que la bolsa estaba repleta de heces totalmente
líquidas y Sara bastante pálida y descompensada.
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casa para irse con nosotros. Cuando me calmé pensé en llamar a mi casa y
llevársela a mi cuñado para que él la revisara y así fue, gracias al vecino que llevó
a Mary pudimos trasladarnos con Sara hasta donde mi mamá. Mi cuñado cuando
la observó me dijo que lamentablemente la leche la laxo completamente y por
eso los vómitos y la diarrea. Le suministró unos remedios y Sara por momentos
comenzó a tomar el aliento. Esperamos unos minutos para poder darle tetero
nuevamente pero no tenía el ánimo y mucho menos las ganas de comer.
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CAPÍTULO XIII
Recaudar una cifra tan alta para poder costear los gastos de su última
operación no sería tarea fácil; pero con la fe puesta en DIOS comenzamos a
buscar los medios necesarios para lograrlo. Lo primero que hicimos fue pensar
en el doctor que pudiera realizarle esa intervención a Sara; nos imaginamos que
fueran los mismos que la operaron la primera vez pero la doctora Adriana como
estaba embarazada se había ido de vacaciones y el doctor Miguel no nos
generaba la confianza necesaria. Debido a esto empezamos a pedir referencias
de otros doctores en el hospital pero siempre se presentaba una duda hasta que
nos hablaron muy bien de una doctora llamada Jenifer Chirinos, tanto ella como
su familia tenían fama de ser excelentes médicos.
Hubo un tiempo que nos quedamos sin bolsas para colocarle, tuvimos que
volver a las gasas pero ya no resultaban, Sara comía mucho más y por ende sus
heces eran mayores. Esto producía un irritamiento alrededor de sus estomas en
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carne viva y sus gritos por el dolor eran ensordecedores, presenciar eso y tanto
sufrimiento día tras día nos partía el corazón. Pero DIOS siempre escucha
nuestras súplicas. La noticia que ya no teníamos nada para colocarle se esparció
velozmente, al instante recibo la llamada de mi hermana diciéndome que una
amiga de ella tenía bolsas de colostomía y que iba a ir por ellas esa misma tarde;
di gracias a DIOS por eso y por la noche mi hermana llegó a mi casa con una caja
llena de cosas.
Mientras estábamos en el hospital por primera vez, recordé que una persona
cuyo puesto en la sociedad era importante estuvo de visita preguntando a los
familiares de los niños hospitalizados cómo estaba la situación. Cuando se me
acercó noté inmediatamente quién era y me sorprendí cuando una señora que lo
acompañaba me conocía, usted es el profesor Máximo dirigiéndose a mí. Les
comenté lo que se vive estando allí y lo que en un futuro necesitaría para la
próxima operación de mi hija, se despidieron amablemente diciéndonos que
contáramos con ese apoyo.
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esperando que nos llamaran para darnos respuesta pero esa llamada y esa ayuda
nunca llegó, sin embargo no bajamos los brazos, es cierto ese dicho tan común,
cuando una puerta se cierra muchas otras se abrirán y si confiamos en DIOS más
rápido será.
Mis palabras en ese momento eran simples, gracias por el cariño tan grande
que recibo y por el apoyo a mí familia. Era difícil contener las lágrimas. Luego los
profesores y el colegio como tal también me hicieron llegar sus aportes los cuales
siempre llevaré con insondable gratitud. Para la venta de garaje en vacaciones
decembrinas en casa de mi suegra buscamos hasta lo invendible, también nos
hicieron llegar muchas cosas para poder ofrecer y sin esperar grandes resultados
obtuvimos buenos ingresos. En plena venta también se nos ocurrió hacer un
potazo en Mirimire estado Falcón.
Varios primos de mi esposa se pusieron manos a la obra por allá, a ellos los
acompañó mi cuñada y a pesar que llovió muchísimo ese día gracias a la voluntad
de DIOS también se pudo recolectar algo. Hicimos volantes que entregamos a
nuestros familiares, amigos y conocidos para lograr una cadena entre todos y así
poder ir extendiendo la información, representantes me solicitaban volantes
para colocarlos en las bodegas y pedir por sus vecindarios. La mano que ayuda al
prójimo se vio reflejada en cada momento, en cada aporte, en cada granito de
arena que nos llagaba pero sobre todo la oración y la misericordia de DIOS fue lo
que más se percibió.
Así fueron pasando los días hasta que llegó noche buena, esa noche en casa
de mi hermana a Sara le dio una crisis de llanto a la cual ya estábamos
acostumbrados, le vaciamos la bolsa y después de un rato se quedó dormida en
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Sara… Milagro de DIOS
la cama. Como no pudimos compartir mucho nos vinimos a casa de mi mamá. Así
mayormente eran nuestras visitas, no duraban más de una hora. Entrando el año
nuevo solo pedí una cosa a DIOS, mucha salud para mi familia pero sobre todo
para mi hija Sara y comenzando las clases un día antes del día del maestro ella se
comenzó a sentir malita. No quería comer y se descompensó rápidamente, todo
lo que comía lo vomitaba incluido los remedios lo cual nos desesperó muchísimo,
esa noche la sacamos al hospitalito de San Diego gracias a la ayuda de un vecino
que nos llevó hasta allá.
A eso de las diez de la noche sale mi cuñada diciéndome que la habían visto
pero aún no le habían tomado una vía, buscamos en lo que habíamos traído para
ver si contábamos con un catéter amarillo; sacamos todo del bolso sin que nos
observaran mucho las personas que estaban a nuestro alrededor pero no
encontramos alguno. Preguntamos en los negocios que estaban frente a la
emergencia de niños pero ninguno vendía insumos médicos. Mi cuñada volvió a
entrar así que me quedé solo nuevamente. Cuando iban a ser casi las once de la
noche mi esposa salió diciéndome que no le estaban haciendo nada a Sara,
simplemente la observaron y que la mantuviéramos dándole el agua de arroz y
de zanahoria que le habíamos preparado.
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Para estar en esas condiciones mejor nos vamos, Jenifer se puso a la orden de
venirnos a buscar si le avisamos. La llamé sin perder tiempo, mi esposa entró por
Sara y a los pocos minutos Jenifer ya estaba en el hospital por nosotros. En el
camino íbamos conversando qué podíamos hacer ahora, pensamos llevarla a una
clínica para ver si por lo menos podían tomarle la vía y así hidratarla pero en
ninguna cerca de donde estábamos nos atendían. La mamá de Jenifer que nos
acompañaba se puso a la orden para que pasáramos la noche en su casa y así
poder descansar un poco y pensar con claridad lo que haríamos el día siguiente.
Por la mañana salimos rumbo a nuestra casa para ver si llevábamos a Sara al
ambulatorio donde mi cuñado trabaja. Antes de eso pasamos por una farmacia
donde había leche alfaré y logramos comprar algunas, no nos querían vender
varias pero viendo a la niña con nosotros y explicándoles la situación por la que
atravesaba no se negaron. Nos despedimos de Jenifer, le dimos las gracias por
traernos nuevamente y por su enorme apoyo. Una vez en casa nos fuimos con mi
cuñado hasta al seguro donde trabaja pero allí tampoco pudieron hacerle nada y
Sara seguía sin comer. De nuevo en casa pensamos en llevarla al médico, mi
cuñado nos hizo el favor de llevarnos, cuando entramos habían muchas personas
que iban a consulta con el mismo médico y la desesperación se hacía cada vez
mayor.
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utilizó por segunda ocasión para sanar a Sara. En el instante que le quedaba
medía botella de solución la mirada de mi hija y su semblante comenzó a
cambiar rotundamente. Se movía mucho más, abría los ojitos, lloraba más fuerte
e incluso comenzaron a aparecer lágrimas que se deslizaban por su rostro.
Cuando culminó de pasarle la solución esperamos unos minutos para darle su
leche que gracias a DIOS habíamos conseguido, iniciamos con dos onzas y
posteriormente con tres hasta que se quedó dormida y nosotros con la dicha de
tenerla otra vez sana en el nombre de Jesús.
Cierto día recordamos a la prima de mi esposa quien en una ocasión fue a orar
por Sara estando en el hospital y decidimos visitarla a ella y a Ignacio en la iglesia
donde se congregan. Llevamos a Sara con nosotros y le reforzamos bien la bolsa
para que no nos hiciera un desastre por allá. Nos recibieron de una manera
increíble, escuchamos la palabra de DIOS como nunca antes y al final mi amigo
Ignacio me pidió que frente a todos los presentes contara un poco el testimonio
de nuestra hija, de lo que esperábamos en ese momento y de cómo la
misericordia de DIOS se puso de manifiesto en mi familia.
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Las ideas para recolectar las heces de Sara sin la bolsa se agotaban,
desesperadamente tomé una franela y comencé hacer muchas fajas con dos
pequeños orificios para que se ajustara bien a su barriguita. Además de eso
agarré el plástico que nos había enviado la amiga de mi hermana y se lo
colocamos encima de los estomas para que las heces quedaran almacenadas ahí.
Diariamente la cambiábamos como seis veces, eso implicaba lavarlas con agua
caliente, plancharlas y colocarlas en un recipiente bien cerrado. Entre tanto mi
esposa se puso en contacto con la doctora Jenifer Chirinos para que sea ella
quien finalmente operara a Sara.
En varias ocasiones después del trabajo se ponía en contacto con ella para
verse en el hospital y finiquitar ciertas cosas. Entre ellas preguntarle dónde
operaba, los exámenes preoperatorios a los cuales debíamos someterla, verse
con el anestesiólogo y el cardiólogo y conforme a la voluntad de DIOS todo
estaría en condiciones para poder intervenirla. Para nosotros no era sencillo
planificar todo aquello sabiendo que nos faltaba completar el monto de la
operación. La doctora Chirinos nos dijo que operaba en la clínica la Isabelica así
que sin perder tiempo me fui a buscar presupuesto a dicho centro.
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CAPÍTULO XIV
LA ÚLTIMA BATALLA
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como diciéndome si estaba loco que más bien era una doble bendición haber
recibido todos los aportes posibles, que esa idea desapareciera de mi mente,
hizo que su esposo se acercara para decirle lo que le había comentado y él dijo
exactamente lo mismo; lo que DIOS da no puede devolverse. Recordar esta parte
de la historia me es difícil y mis ojos se cristalizan, se colman de lágrimas y
comienzan a deslizarse por mi mejilla. María y su esposo en ese preciso instante
me hicieron recordar al hermano cuando me dijo que además de una fuente
inesperada, nos iba a sobrar dinero. Esa clase de humanismo no lo vemos a
diario y por eso mi corazón estará agradecido infinitamente con ellos.
Por la tarde nos pusimos de acuerdo con un taxista amigo de la familia para
que llevara a mi esposa hasta Caracas a buscar el cheque de la ayuda, debía ir
obligatoriamente la madre de lo contrario hubiese ido. La noche la pasó bien, un
poco incómoda por la herida a su costado. Según lo estipulado con la doctora
Sara debía durar máximo cinco días en la clínica y ya al tercero estuviera
comiendo tranquilamente algunas cosas. Sin embargo, también nos puso al tanto
por su experiencia que ese tipo de operaciones tendían a complicarse por
diversos factores.
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secármelas por estar sujetándola con ambas manos. El doctor se percató de ello
y una vez que culminó la cura nos dijo a todos los que estábamos en la
habitación que Sara era una niña muy fuerte y que poco a poco iba a salir airosa
de todo eso; pero lo que dijo a continuación fue lo que más me dejó
sorprendido. “Acérquense un poco todos, vamos a orar” comenzó a pedir a DIOS
por la sanación de Sara con una vehemencia increíble, cuando culminamos con
un gran amén nos explicó que ellos eran cristianos. Ustedes buscaron a muchos
médicos para que le realizaran esa operación a su hija y no llegaron a nosotros
por simple casualidad, hubo una causa que los guió hacia nosotros y esa causa es
DIOS, tengan fe que todo saldrá bien. La noche anterior pedimos por ella en la
iglesia a la cual asistimos y todos en casa, incluida mi esposa lo hacemos a diario.
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tengamos la convicción que DIOS actuará, más rápido nos llega la bendición.
(Hebreos 11: 1). De inmediato nuestra fe se vio fortalecida. Increíble como
recibiendo esa noticia de la doctora y ellos que no nos habían ido a visitar
llegaron en el momento que más lo necesitábamos, que maravillosas y
grandiosas son tus obras DIOS. En la mayoría de los casos decimos que DIOS no
actúa o sentimos que no nos escucha; pero como profesor sé muy bien que
durante la prueba el maestro esta callado, eso no significa que no esté
simplemente está buscando el momento preciso para actuar como en muchas
ocasiones lo hizo y lo sigue haciendo por mi familia.
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preocupación. Aproveché que la doctora había venido a ver a Sara para insistirle
sobre la hinchazón, ya estaba al borde del colapso de lo gorda e hinchada que
estaba, mandó a bajarle un poco la hidratación y la comida solamente, todos
estaban muy confiados que poco a poco iba a deshincharse. A nosotros nos
parecía que estaban tomando eso muy a la ligera y que definitivamente no nos
hacían caso.
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Otro susto que nos dio Sara le dije a mi esposa, y vaya susto, imaginar irnos al
hospital después de tanto esfuerzo no era lo que esperábamos y por eso mi
reacción de angustia. Esa noche Sara la pasó en la emergencia y mi esposa junto
a mi cuñada se turnaban un rato para ir a descansar. La mañana siguiente
tuvimos que esperar casi hasta al medio día para trasladarla al cuarto
nuevamente ahora con la sonda. De nuevo en la habitación y con más mente
sobria pensamos en cuánto podría haber salido todo eso en los gastos siendo
algo que no esperábamos, ya que en las clínicas te cobran hasta por el aire que
respiras.
Después eso sonó mi teléfono y era Ignacio, las cosas de DIOS son
inexplicables y maravillosas, muy intrigado y acelerado me preguntó… “Máximo
hermano… ¿Qué pasó anoche? Estábamos orando en un retiro todos reunidos
acá y sentí una fuerte conexión contigo, fue como si DIOS me dijera, ponte en el
lugar de Máximo ahora porque lo necesita y pidan en oración por él”. Sin aliento
me quedé y a los pocos segundos fue cuando le expliqué lo que habíamos
pasado y recuerdo que me dijo, “que grande es DIOS hermano, siempre está
pendiente de ti y de tu familia pero sobre todo por Sara. Me alegro que todo
haya pasado y que Sara ya esté mejor”. Le di las gracias por estar pendiente de
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A pesar que tenía el sello de dirección no me querían entregar los tres frascos
que necesitaba, me decían que me esperara y sin ningún motivo porque no había
más personas a quién atender, al poco rato fue que comprendí. Casualmente el
medicamento acababa de llagar y estaban buscando la manera de poder sacarlo
indebidamente como es la costumbre en el hospital, sin embargo allí me planté
insistente hasta que me atendió otra señora y le expliqué por qué y para quién
necesitaba ese medicamento con urgencia. Con lágrimas en los ojos y
mostrándole las fotos de Sara le supliqué que me los facilitara, me miró y me dijo
que me esperara, al instante salió con los tres frascos, me pidió las órdenes y me
susurró al oído lo siguiente… “que DIOS bendiga a su niña vaya a llevárselos”.
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Inesperadamente recibí ese mismo día la visita de un viejo amigo, hacía años
que no sabía nada de él, de hecho no lo reconocí hasta que me hizo recordarlo.
Me explicó que se había enterado por lo que estaba pasando gracias a una
compañera de estudio. Revisó las redes sociales y como trabajaba en el Hospital
buscó la historia de Sara la primera vez que estuvo allá. Para tratar de entender
un poco más me pidió que le contara lo que nos había dicho el médico que la
operó por primera vez así que le dije que se trató de una intervención sencilla,
retiraron las bridas de sus intestinos que impedían el paso de la comida y como
todo había sido muy simple siguieron revisando y encontraron el divertículo de
Meckel el cual fue removido porque “podría” causar complicaciones a futuro.
Todos nos miramos consternados pensando el por qué harían eso los médicos
y él también nos dio la respuesta a eso. El hospital funciona exactamente como
una universidad donde se aprende muchísimo, es por eso que rotan a tantos
médicos y un paciente es examinado por varios para que aprendan un poco de
cada cosa. Ellos al terminar la cirugía como es común siguieron buscando y
encontraron otra posible causa de la obstrucción que fue el divertículo y
decidieron extraerlo. Si a futuro sería un problema o no; eso no lo sabremos,
pero de algo estén seguros, si sucedió de esa manera fue porque DIOS así lo
quiso.
Por instantes imaginé a mi hija siendo conejillo de indias pero luego pensé que
no podemos criticar su voluntad; le di las gracias a mi amigo por esa información
y no solo por eso, sino por la confianza que nos tuvo al contarnos algo tan
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delicado. Por otro lado no debemos dejar pasar que en muchos casos la
negligencia en el campo medicinal también se ve reflejada en algunos doctores y
es allí donde entra la ética y de ponerse como meta no el simple hecho de
retrasar la muerte sino hacer de la vida del paciente algo más placentera,
parafraseando a Patch Adams “Involucrase con el paciente es inevitable; si
vamos a tratar de erradicar un mal que no sea la muerte porque esta tarde o
temprano llegará, erradiquemos definitivamente la indiferencia”.
Quedaban pocos días para darla de alta, lo único que nos detenía era la fiebre
que no se le quitaba, hacerla orinar por sí misma y culminar el tratamiento. Poco
a poco gracias al medicamento fue volviendo a su condición normal, ya lograba
sentarse sola en la cama y comer tranquilamente, quizá para cualquier padre o
madre es desagradable tener que cambiar el pañal a su hijo después de haber
hecho sus necesidades pero para nosotros no lo fue, sentir esa sensación de
verla hacer normalmente y dejar a un lado las bolsas de colostomía, las gasas, las
fajitas, todo lo que milagrosamente hacíamos para recolectar sus heces, no tenía
precio. Era reconfortante recibir visitas de personas que no conocíamos
llevándonos pañales y leche. Sara llegaba a los rincones menos esperados.
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Todo iba saliendo como lo había dicho la doctora. Íbamos a las consultas, ella
le hacía el chequeo y le limpiaba la herida. Cuando ya no ameritaba tener una
gasa sellada le enseñó a mi esposa como curarla para que no fuera hasta la
clínica. Un día notamos un pequeño orificio en la cicatriz. Eso nos preocupó
mucho porque literalmente era profundo a tal punto que podían verse los
tejillos. Cuando la llevamos a la consulta la doctora Chirinos nos dice que de
todas las complicaciones que normalmente se pueden presentar en una
restauración intestinal Sara pasó por cada una; la herida se le infectó y volvió a
abrirse así que nos explicó cómo hacerle las curas nuevamente. Cuando mi
esposa me decía que había que curarla me sentía con la piel de gallina. Verle la
herida abierta completamente era desagradable, se lograban ver los tejidos
totalmente y siempre tomábamos las precauciones e higiene necesaria para ello.
A medida que los huecos fueron apareciendo estos se fueron uniendo hasta
que la piel se deshizo en su totalidad para dar paso a una nueva. A partir de allí la
dedicación y la disposición de la doctora con nosotros y en especial con Sara fue
única, incluso podíamos llamarla un domingo en la tarde para que nos viéramos
y ella sin dudarlo nos decía llévenla al consultorio y allá la examino, siempre la
vio como su paciente favorita dicho por ella misma en una oportunidad. Esa clase
de entrega y vocación vale la pena resaltarla; eso demostraba lo gran ser
humano que es y más que un trabajo; es su pasión y su vida.
El estar tanto tiempo acostada hizo que se pusiera rígida y por ende se hizo
necesario realizarle una serie de terapias para que fuera recuperando sus
movimientos, de hecho en el hospital se las hacían desde la incubadora pero no
eran tan eficaces. Al estar más calmados pensamos en tener que llevarla a un
especialista y como de costumbre DIOS también nos escuchó. En el colegio
donde trabaja mi esposa una compañera se enteró que Sara necesitaba terapias
de movimiento y le sugirió llevar los papeles a la fundación frigilux, ella fue con
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Su primer añito fue increíble, poder hacerle su torta y celebrarlo como ella lo
merecía significó mucho para la familia, verla reír, llorar y caminar es un regalo
que como padre agradezco cada día, es una bendición que no pretendo dejar
pasar por hacer otras cosas que por muy importantes que sean no son tan
grandes y significativas como sí lo es ella. En su segundo año cuando ya dice
claramente palabras y en vez de caminar corre, significa sentirme pleno cada día
junto a ella, es palpar una alegría inmensa en el corazón, al decirle “sopla la vela
hija” y ver como lo hace con tanta energía y entrega, me expresa cuan fuerte es,
sé que todo va estar bien de ahora en adelante porque confiamos en DIOS
plenamente y para ÉL toda la gloria y nuestro agradecimiento.
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CAPÍTULO XV
En la Biblia Lucas narra una historia donde en una oportunidad Jesús sana a
diez leprosos y al momento de quedar limpios solo uno se devolvió a dar las
gracias al gran maestro, y Jesús preguntó ¿Acaso no quedaron limpios los diez?
¿Dónde están los otros nueve? ¿No hubo ninguno que regresara a dar gloria a
Dios, excepto este extranjero? Levántate y vete le dijo al hombre; tu fe te ha
sanado. (Lucas 17:11-19). Actualmente muchos seres humanos transitan por ese
mismo camino, es decir; que después de tantos años no han aprendido el
significado de la gratitud.
Gracias a mi familia por ser el ancla que nos mantuvo firme sin naufragar. La
mayoría de las personas no tienen la misma dicha de decir que cuentan con su
familia por diversos motivos pero aquí y ahora les digo que sí se puede, solo
depende que cada miembro que la integra ponga su granito de arena para que
esa unión nunca se quiebre, más se vea fortalecida, entendiendo que no somos
perfectos, que siempre existirán los problemas pero con inteligencia y fuerza de
voluntad para solventar las cosas todo se puede solucionar, eso sí; buscar a DIOS
es la punta de la lanza.
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Hoy cualquiera que observe a Sara le podrá visualizar las marcas que todas las
batallas le dejaron. Marcas que el mismo Jesús tuvo durante toda su vida y que
las últimas son las que más recordamos, porque gracias a ellas tenemos la
esperanza de una vida eterna, unas están en sus manos las cuales reflejan todo
el trabajo que realizó y con las cuales le pido ahora, con todo el corazón, que me
moldee para así poder hacer su voluntad y las otras en sus pies, que nos dejan el
legado de poder seguir sus pasos y caminar junto a ÉL. Cada día cuando veo esas
cicatrices en mi hija, veo su fuerza y su valor al no darse por vencida, cuando la
baño, cuando la visto, cuando la duermo, cuando la despierto, cuando le doy de
comer, cuando la veo caminar, cuando la veo sonreír, cuando la veo llorar,
cuando la veo cantar, cuando simplemente la miro y me dice que me ama hasta
el cielo. Hoy con dos añitos me pregunta ¿Papá tú me amas? Si hija mía… claro
que te amo, no hay mayor sentimiento en mí.
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CAPÍTULO XVI
A su madre le debo dar las gracias, por darme la dicha tan grande de ser
padre, por demostrar en diversas pruebas lo fuerte que eres y tu paciencia para
sobrellevar las cargas. En constantes aprietos fuiste mi guía y mi inspiración para
seguir manteniéndome fuerte ante tantas adversidades, es por esa razón que a
pasar de todos los obstáculos, mi cariño siempre estará para ti, dicen que detrás
de todo gran hombre hay una gran mujer pero en este caso es todo lo contrario,
me hiciste ser grande. Espero que nuestra familia siempre se mantenga unida
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Una de las cosas que aprendí y eso es lo que nos hace crecer como seres
humanos, es que no debemos decirle “pobrecita o pobrecito” a una persona
cuando atraviesa por una enfermedad, sin importar el tamaño que tenga. Esa
palabra expresa desánimo y no es eso lo que queremos desear. Pedir la sanación
en el nombre de Jesús es lo mejor que podemos hacer, con fe y certeza que lo
que estamos pidiendo sea así. Sara en muchas oportunidades debió escuchar esa
palabra y en ningún momento la sentí desanimada, todo marcha con la palabra
porque la palabra tiene poder. Gracias a DIOS lo que más escuchaba Sara era que
estaba sana bajo el nombre de Jesús.
Voy hacer un apartado especial para aquellos que en este momento están
pasando por la difícil situación de tener un familiar enfermo u hospitalizado, sé
perfectamente que no es sencillo soportar esas cargas y lo que genera atravesar
esa complicada situación. La confianza en DIOS es fundamental y respirar
profundo, el profeta Jeremías lo dejó ver claramente; “Clama a mí, y yo te
responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces”. (Jeremías
33:3). En muchos momentos la oración es un gran alivio, y lo más triste es que
oramos cuando estamos en aprietos. No nos neguemos ante esa posibilidad
porque hasta el ateo, habla de DIOS.
Orar debe ser lo primero que hagamos y no lo último, siempre en clase les
digo a mis estudiantes que cuando abrimos la nevera y la vemos repleta de
alimentos cantamos porque estamos contentos, pero cuando la abrimos y solo
hay agua y hielo, no lo hacemos. Allí es cuando más debe verse reflejada nuestra
fe y cantar aún más fuerte ¿Por qué buscar a DIOS en momentos de angustia y
desesperación solamente? Cuando estemos bien oremos porque siga
proveyendo y cuando estemos en escasez, oremos para que provea. La vida es
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un ciclo donde todo lo que hacemos se devuelve y es por ello que deseo hacer
todo lo que esté a mi alcance para ser feliz y luego hacer feliz a los demás.
La vida es darse, darse sin medidas y sin límites. Hija mía… ahora me dirijo a ti,
escribir estas palabras me hacen tener un nudo en el corazón, revivir lo que
pasaste a través de este escrito no fue sencillo, derramé muchas lágrimas
mientras lo hacía. Debo confesarte que para escribir este capítulo tardé
muchísimo, tantas ideas en mi mente se volvieron una sola. Quería colocar todo
sin que nada me falte. Siempre escuchamos reacciones de escritores
arrepentidos por no haber colocado tal cosa, “me faltó plasmar esta idea”; pero
contigo nada me faltará. Sabes ¿Por qué?… Porque este libro se queda pequeño
para expresarte mi amor, simplemente es una estrella más en el universo, sin
embargo te prometo que será una estrella que no se irá lejos y siempre irradiará
su luz para ti.
Tengo algo mucho más significativo y es tenerte con vida, despertar a tu lado
y escucharte decir papá. No voy a lamentarme porque no dejé algo plasmado
porque prefiero decírtelo en persona, que escuches de tu padre decirte cuanto
te ama. Gracias por ser mi hija, por lo inteligente que eres ahora, por darme la
dicha de verte correr, saltar, cantar, bailar, llevarte al parque, en fin. Estoy muy
orgulloso de ti y de todo lo valiente que fuiste, eres mi razón de ser. No hay amor
más grande como el que ahora siento por ti y por eso cuando ahora me
preguntas ¿Papá tú me amas? Te contesto que hasta el cielo. Y cuando te
pregunto si tú me amas me dices “hasta el cielo papá” dándome un beso.
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A MODO DE CONCLUSIÓN
El camino siempre será más significativo que la llegada. Cuando decidí plasmar
la historia de mi hija no imaginé hasta dónde podría llegar. Siempre imaginé
hacer un libro dirigido a la educación y contar así experiencias que en mi
trayectoria como docente he vivido pero nunca me lo tomé con seriedad. Quizá
no era el tiempo o el momento oportuno. Aunque no era lo que tenía pensado
me siento feliz y orgulloso de ver esta obra hecha realidad. Fue difícil conseguir
la inspiración porque me estremecía al escribir, me sentía nostálgico y
conmovido, algunos tal vez se sientan así al escribir poesía o drama pero cuando
se trata de lo que viví, es otra cosa.
Gracias a DIOS y a mi hija por hacer que lo lograra, por darme las fuerzas para
poder concentrarme. Las observaciones y opiniones de muchos también fueron
de gran ayuda, mayormente necesitamos hablar con otros para expandir la
imaginación y por ende el intelecto. Algunos me preguntaban cómo lo haría, de
qué manera iba a redactar tantas cosas vividas sin que nada se me escapara y
sobre todo cómo lograría darle continuidad a lo que en un principio iba
colocando. A pesar de tenerlo todo en mi mente, tuve que buscar ayuda, leer
libros, documentarme sobre medicina, buscar historias relacionadas a lo que
deseaba transmitir, pero lo que más me ayudó fue observar películas basadas en
hechos reales.
Desde que Sara nació, cada día de mi vida he visto y he sentido muchos
milagros, a la mayoría les pasan frente a sus ojos y ni cuenta se dan, quizá
porque están esperando observar que un mar se divida en dos, que caiga maná
del cielo o que simplemente se les muestre el mismo DIOS en persona. Si
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anhelan eso están muy equivocados y viven una vida decadente y vacía, no
poder sentir y visualizar lo que ocurre más allá de nuestro vivir cotidiano… es
triste. Un milagro sencillo fue verla nacer, cuando necesitaba un medicamento y
al instante aparecía, cuando nos llamaron para darnos la ayuda que
necesitábamos, cuando oraban cada día por ella, hasta el simple hecho de un
abrazo cuando más lo necesitábamos; eso es un milagro.
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Señor DIOS omnipotente, en el nombre de Jesús elevo esta oración hasta los
cielos, gracias por permitirme vivir, por dejarme plasmar estos testimonios.
Bendice a todo aquel que lea este libro y sienta de verdad tu presencia en su
corazón. No los abandones y guíalos por el camino que conduce a la felicidad,
permite que se conviertan en tus sirvientes y sientan lo maravilloso que es tu
amor. Ayúdanos para que cada día seamos más quienes te sigan y proclamen tu
nombre por toda la tierra, danos salud, sabemos que el enemigo es quien pone
esas trabas pero solo TÚ puedes quitarlas. No nos abandones, danos tu
bendición en el nombre de Jesús. AMÉN.
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GLOSARIO
Arteria. Vaso sanguíneo que conduce la sangre desde el corazón a las diversas
partes del organismo.
Ana Frank. Fue una niña alemana con ascendencia judía conocida mundialmente
gracias a su diario “El diario de Ana Frank”. Murió en el campo de concentración
Nazi de Auschwitz (Hoy Polonia).
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Cpap. Aire forzado que se insufla por medio de Cpap (presión positiva continua
en las vías respiratorias).
Estenosis Pilórica. Es una enfermedad causada por una lesión obstructiva del
píloro.
Estoma. Abertura natural o quirúrgicamente creada, que une una parte de una
cavidad corporal con el exterior.
Fernando Savater. Filósofo e intelectual español, autor del libro “El Valor de
Educar”.
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Juana de Arco. Conocida también como Doncella de Orleans. Fue una joven
campesina francesa que aseguraba recibir voces de DIOS guiando al ejército
francés en la guerra de los cien años contra Inglaterra. Fue acusada de herejía
por la inquisición siendo condenada a la hoguera.
Leche Hidrolizada. Leche especial para niños que son alérgicos a alguna proteína
de vaca o cuando presentan problemas intestinales.
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Neumonía. Infección de uno o los dos pulmones causada por bacterias, hongos,
virus o al inhalar líquidos o químicos.
Scalp. Aguja en forma de mariposa utilizada para extraer sangre de los niños.
Shock Séptico. Estado anormal grave del organismo, ocasionado por una
infección grave.
Sonda. Catéter o tubo de material flexible que tiene varios usos, recoger la orina
o suministrar nutrición.
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