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AULIS AARNIO

En: Lo racional como razonable: un tratado sobre la justificación jurídica (tr. de Ernesto
Garzón Valdés), Madrid: Centro de Estudios Constitucionales, 1991, pp. 29-30.

“[…] Como se ha mencionado, el decidor ya no puede apoyarse en una mera autoridad formal. En
una sociedad moderna la gente exige no sólo decisiones dotadas de autoridad sino que pide razones.
Esto vale también para la administración de justicia. La responsabilidad del juez se ha convertido
cada vez más en la responsabilidad de justificar sus decisiones. La base para el uso del poder por
parte del juez reside en la aceptabilidad de sus decisiones y no en la posición formal que pueda
tener. En este sentido, la responsabilidad de ofrecer justificación es, específicamente, una
responsabilidad de maximizar el control público de la decisión. Así pues la presentación de la
justificación es siempre también un medio para asegurar, sobre una base racional, la existencia de la
certeza jurídica en la sociedad.

La justificación de las decisiones tiene especial importancia en, por lo menos, dos dimensiones.
Como en el caso de las decisiones discrecionales es posible más de una interpretación, la
justificación es importante desde el punto de vista de la apelación. […]

Por otra parte, es específicamente a través de la justificación como el decidor –sin que importe que
se trate de un juez o de una autoridad administrativa– crea la credibilidad en la que descansa la
confianza que los ciudadanos tienen en él. Difícilmente sería equivocado afirmar que, por ejemplo,
el pueblo finlandés no ha puesto en duda a las leyes mismas. Pero, por otra parte, la confianza que
los ciudadanos tienen en quienes aplican la ley ha disminuido. Esto se debe, en parte, al hecho de
que no siempre ha sido posible conocer por qué el asunto fue decidido en la forma como lo fue.
Parece correcto afirmar que la decisión puede ser totalmente comprensible sólo sobre la base de
razones justificatorias y –lo que es más importante– también la parte perdedora aceptará el resultado
si la decisión está basada en razones adecuadas. Teniendo en cuenta este trasfondo, no es
sorprendente que uno de los tópicos centrales de la teoría del pensamiento jurídico sea la teoría de
la decisión jurídica interpretativa. La cuestión no puede ser examinada únicamente desde el punto
de vista de la exigencia individual de certeza jurídica. En un sentido más amplio, la actitud frente a
la justificación de la decisión refleja, en general, creencias acerca del derecho y de la administración
de justicia. […]

Sobre la base de estas condiciones […], podemos derivar el siguiente principio regulativo:
R: La dogmática jurídica debe intentar lograr aquellas interpretaciones jurídicas que pudieran contar
con el apoyo de la mayoría en una comunidad jurídica que razona racionalmente. La aceptabilidad
racional, en tanto principio regulativo de la dogmática jurídica, juega el mismo papel que la verdad
en las ciencias empíricas. Así como las investigaciones empíricas tratan de aproximarse a la verdad,
el objetivo de la dogmática jurídica es maximizar la aceptabilidad racional. Por otra parte, la
aceptabilidad racional confiere sentido a la evaluación de las posiciones normativas desde el punto
de vista de la certeza jurídica. […]”