ESCRITORAS ESPAÑOLAS EXILIADAS
Cuando Neus Català, última superviviente española del campo de concentración nazi de
Ravensbrück, hablaba de las olvidadas entre los olvidados, pensaba seguramente en
mujeres de todos los estratos sociales. Mujeres que, de forma más o menos directa,
defendieron los ideales de la II República y que, al terminar la guerra, se vieron obligadas
a abandonar su país, mujeres condenadas al olvido, en muchos casos de una forma
mucho más acusada que sus compañeros varones.
De entre las escritoras que partieron al exilio, solo en los últimos años se ha comenzado a
reeditar y valorar su obra. Hasta hace no mucho, Concha Méndez o Ernestina de
Champourcín eran recordadas, respectivamente, como las esposas de Manuel Altolaguirre
y de Juan José Domenchina, poetas ambos de la generación del 27. Y, sin embargo, tanto
Méndez como Champourcín pertenecen por mérito propio a la misma generación, con una
interesante trayectoria poética, antes y durante su exilio.
Si hay un elemento común que encontramos en la obra de casi todas estas autoras, es el
deseo de narrarse a sí mismas, de hacer que su historia y la de su país sea recordada a
través de sus escritos. La necesidad de dejar testimonio, de salvar y salvarse del olvido,
impregna los libros de memorias que publicaron muchas de ellas i pero el tono vivencial
está igualmente presente en novelas como Celia en la revolución, en donde Elena Fortún
nos ofrece un impactante relato de los años de la guerra civil a través de la mirada de su
protagonista adolescente, o Tea room, novela social de preguerra de claro tono feminista a
la que su autora, Luisa Carnés, traslada su experiencia como empleada de un salón de té
en el Madrid de los años 30.
Y la infancia. Los niños como destinatarios o protagonistas de muchas de las obras de
estas escritoras. Carmen Conde o Elena Fortún son pioneras en la creación de obras
escritas para un público infantil pero también los niños transterrados protagonizan algunos
de los relatos más desgarradores de Luisa Carnés ii o tienen su lugar en algunos libros de
memorias.iii Las novelas más importantes de Rosa Chacel iv están escritas desde la mirada
atónita e inteligente de sus jóvenes protagonistas, niñas en un mundo adulto que no
terminan de encontrar su lugar, tal vez como estas autoras que, tras el exilio, se vieron a
menudo forzadas a ocupar un espacio marginal en la historia de la literatura.
Justo es decir para terminar que, en la nómina de estas escritoras, algunos nombres
aparecen asociados a los más importantes galardones y reconocimientos de literatura en
lengua española. María Zambrano obtuvo el Premio Cervantes en 1988 y Rosa Chacel el
Nacional de las Letras en 1987. Carmen Conde, ejemplo del conocido como exilio interior,
ya que eligió permanecer en el país en lugar de partir al destierro, fue la primera mujer en
ingresar como académica en la Real Academia de la Lengua en 1979.
i
Algunos de estos libros de memorias serían Memoria de la melancolía de María Teresa León, Delirio y destino de
María Zambrano, Una mujer por caminos de España de María Lejárraga o incluso los Diarios que Zenobia Camprubí
escribió durante casi 20 años.
ii
“Sin brújula” en Trece cuentos, Luisa CARNÉS, editorial Hoja de Lata.
iii
Una mujer por caminos de España, María Lejárraga, editorial Renacimiento, p.p. 233-243.
iv
Memorias de Leticia Valle y Barrio de Maravillas.