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El extraño caso de Dr Jekyll y Mr Hyde: Una novela construida desde la

dualidad. Mariana García, febrero de 2018.

Introducción:

Robert Louis Stevenson nació en 1850 en Edimburgo, en el seno de una


familia acomodada. Desde pequeño, tuvo una salud débil, pero eso no le impidió
viajar alrededor de Europa buscando sitios cálidos donde recuperar su salud. En
1886 publicó el Extraño caso de Dr Jekyll y Mr Hyde mientras encontraba en
cama, recuperándose de la última crisis pulmonar que había tenido. En su reposo,
un sueño revelador invadió su mente, imaginando así una historia protagonizada
por un individuo desdoblado que sembraba el pánico por las calles de Londres.

¿Quién es el siniestro Edward Hyde y qué lo une al honorable Dr. Jekyll?


Dos personalidades opuestas se disputan el alma de un hombre, en un Londres
Victoriano, donde el abogado Utterson se propone responder esta pregunta, a
través de una serie de testimonios, que parten del asesinato de Sir Carew y que lo
llevan a descubrir que eran la misma persona, transformada tras beber una
pócima que el Doctor había inventado y que lo convertía en el siniestro Hyde.
Poco a poco, fue perdiendo el control y la intensidad del mal era tan grande que,
aún sin beber la pócima, se veía transformado de repente. Por ello, usaba el
antídoto continuamente para mantener el control, pero al acabarse uno de los
ingredientes para elaborarlo, comprendió que estaría condenado para siempre y
decide morir.

A continuación se presentará un análisis sobre el contexto que rodea a la


novela, a partir de la literatura, la historia, la sociedad, la religión, la filosofía y la
ciencia para debatir si la novela es o no ciencia ficción.
Contexto literario:

El escritor analiza el bien y el mal que cada uno lleva dentro y la eterna
lucha entre ambas, bajo la necesidad de mantener una conducta y una vida
“aceptable” dentro de unos parámetros sociales establecidos, que encuentra
solución en el antídoto creado. Hyde (Hyde, del verbo “to hide” que significa
“ocultar”) representa el instinto humano, que saca todo lo bestial que hay en Jekyll
(unión entre “Je”, que significa “yo” en francés y “kill”, del verbo “matar” en inglés,
“yo asesino”) y que debe someterse al escrutinio moral y social, disfrutando del no
contenerse, componiendo la mezcla que hay en todos los hombres del mundo,
representados en un personaje que se desdobla y que, ante los remordimientos y
la infelicidad, se apodera de la otra mitad, actuando según su voluntad, sin atender
razones o convenciones , siendo plena y terriblemente feliz, pues todos deseamos
liberar (en algún punto) a nuestra mitad Hyde.

Jekyll + Poción = Hyde. Compuesto.

Jekyll – Antídoto anti-Hyde: Muerte. Lo “escondido” vs lo “real”.

Es importante acotar que la idea central de este relato se encuentra en el


hecho de que el mal está en nosotros mismos, pues Hyde es Jekyll y viceversa.
No se trata de un enfrentamiento a una fuerza exterior, o de ser o elegir entre el
bien o el mal, sino que se basa en reconocerse en la parte negada de nosotros
mismos. Por un lado, Jekyll es civilizado en condiciones determinadas, y por otro
un ser temible que lucha por recuperar su personalidad “normal”. Por ello, la
liberación de sus instintos no da como resultado un personaje maligno, sino que
emerge de Jekyll como una representación pura de sus instintos, que obtienen los
placeres prohibidos sin ser juzgados, cosa que celebra cuando dice:

“Había hombres que contrataban a malhechores para cometer crímenes,


mientras su persona y su reputación quedaban escondidas en la sombra. Yo fui el
primero que podía hacerlo por puro placer. Fui el primero que podía pasearse a la
vista del público con un aire de afable respetabilidad y, un instante después, como
un colegial, despojarme de esa compostura y tirarme de cabeza al mar de la
libertad. Pero, para mí, bajo mi manto impenetrable, la seguridad era completa”.

También hay que reconocer que la figura del malo siempre despierta más
interés que la del bueno, pues nos mantiene a la expectativa de qué sucederá.
Hyde hace lo que no nos atrevemos a hacer, desafiando las reglas sociales y
despertando una admiración secreta por esa fuerza bruta que se revela capaz de
superar todos los obstáculos y que Jelyll define como la pasión de vivir:

“Cuando observo la pasión de su apego a la vida y me doy cuenta de cómo


teme mi poder sobre él por medio del suicidio, no puedo sino apiadarme de él en
el fondo de mi corazón”.

Jekyll proyecta su lado “escondido” en Hyde que no se adapta a ningún


molde social para parecer “real”. Por ello, existe una lucha entre Jekyll, Hyde y
Jekyll cuando Hyde puede más que él. Así, ninguno de los dos es una totalidad,
pues no existe ni el bien ni el mal puro. Si bien hay comportamientos inaceptables
de Hyde, hay rasgos buenos de Jekyll que pesan sobre su otra mitad y viceversa.
El escritor construye una disquisición sobre la dualidad de los principios de bien y
mal, partiendo de la base del concepto opuesto entre maldad y bondad, lleno de
matices, pues no existe el uno sin el otro, cosa que se evidencia en su confesión,
al admitir que, a pesar de su profunda dualidad, no era un hipócrita en ningún
sentido, ya que las dos caras de su personalidad eran absolutamente reales: “era
yo cuando me sumía sin freno en la vergüenza, al igual que era yo cuando
trabajaba durante el día en el avance de la ciencia o en el alivio de mis penas y
sufrimientos”.

Dicha disociación se ve representada en múltiples símbolos, primero,


tenemos a la casa, que es 50 % Jekyll y 50% Hyde. Se compone de dos puertas
que llevan a cada uno a su ámbito: por un lado la postura impecable ante la
sociedad y por otra al placer “sádico” (disfrutar del dolor) nocturno. El personaje no
logra armonizar sus dos dualidades, que encuentran refugio en ese lugar, donde
cada uno tenía su espacio, su vida, su yo propio, sin embargo, comparten una
misma memoria y un mismo cuerpo que los condena, rompiendo su casa y
convergiendo ambas puertas.

Las puertas marcan el inicio y el fin de la obra, pues a través de ellas la


historia se hila, dentro de una casa que, como ellos, es dual y se abre ante los
acontecimientos. Desde la primera escena, la puerta de la casa de Jekyll se
presenta como un misterio que produce temor. Su puerta encierra su parte
maligna, que luego sale a través de la ventana y que le permite a Utterson
contemplar el impacto del horror dentro de Jekyll. Así, se crea una tensión que da
pie a la profunda duplicidad de vida, llegando al autodescubrimiento y la tesis de la
dualidad humana. Hyde es, entonces, un hijo de la sombra de Jekyll, que parte de
la convivencia dinámica entre ambos extremos.

Del mismo modo sucede cuando Utterson entra a la habitación de Jekyll


luego de morir: tenemos a una llave rota como símbolo de sus intentos fracasados
por controlar a Hyde, un libro religioso lleno de blasfemias escritas por Hyde y un
espejo roto, que trae el reflejo de las cosas, que es testimonio y representación de
todo el drama. Porque, en un espejo, quien mira y el objeto que mira son lo
mismo, como sucede con Jekyll y Hyde. Stevenson nos lleva a mirar el reverso de
las cosas, a través de un estilo sarcástico que describe comportamientos que
todos hacemos y que nos hace perder nuestra capacidad de impacto, colocando a
Hyde siempre más allá de los parámetros morales, sin sentimiento de culpa y sin
conciencia de las consecuencias del mal que causa. No obstante, es a través de
Jekyll que consigue explorar su duda sobre la naturaleza humana y lo hace
mediante la figura del espejo donde se reconoce como Hyde, cosa que podemos a
lo largo del libro, pues mientras para la mayoría es un ser demoníaco, incivilizado
y de otro mundo, Jekyll es el único que asume que eso es humano.

Jekyll, en un primer momento, no vacila al identificarse con el horrible reflejo


que le devuelve al verse Hyde, pues ese también era él, bajo un grueso disfraz
que lo protegía en sus incursiones por los bajos fondos; “el ser humano no es uno,
sino dos” dice, presentándosele ante sus ojos “la más viva imagen de mí espíritu
(…) parecía más expresiva y simple que aquella otra imperfecta y dividida que yo
había sido”, y se abre ante una segunda etapa, donde desenvuelve una relación
paterno-filial entre ambos, en una lucha entre lo que quiere ser y lo que realmente
es, que describe como un comportamiento en el que “Jekyll manifestaba más
interés que un padre y Hyde más desinterés que un hijo”. Por último, en la etapa
final, existe entre los dos una guerra entre los componentes de la dualidad, donde
Hyde vence en esa lucha entre el amo y el esclavo, apoderándose de su ser hasta
el último minuto. El orgullo de Jekyll es la raíz y la causa de la débil voluntad que
lo convierte en un sumiso ante Hyde, que se apodera, involuntariamente, de él.

Además, es importante ver que entre ambos existe una interrelación


paterna importante. Jekyll le había dado vida a Hyde, se había convertido en su
protector, hizo todo lo que estuvo a su alcance para protegerlo a pesar de todo,
inclusive sabiendo que él lo odiaba y que quería acabar con él para ejercer su
autonomía y autoridad. Sin embargo, Jekyll también le temía y se avergonzaba de
él, de sus índigos y crueles placeres.

Entonces, el personaje presenta una inquietante ambigüedad moral, pues


su lucidez ante el mal y su capacidad de dudar ante lo establecido sorprende, y se
convierte en un personaje sumamente complejo porque es una mezcla de bondad
y maldad propia de los seres humanos, lo que lo hace volverse más cercano al
lector. Aun así, esa parte civilizada de Jekyll sufre enormemente ante su actitud
salvaje representada en Hyde, ante la tortura de resistir a la tentación de aquello
que sabe que lo va a destruir, pues sus dos partes enfrentadas se odian
irreconciliablemente hasta la muerte física del doctor y la simbólica de su alter ego.

¿Ocultamos todos deseos oscuros y actitudes tan bajas? ¿Es posible que
en el fondo de nuestro espíritu tengamos un Hyde esperando una pócima para
hacer acto de presencia?

Puede verse, entonces, que El extraño caso del Dr Jekyll y Mr Hyde es,
también, una parábola del hombre que se condena tras haber revelado su
verdadero espíritu, pues su pecado real estaba en convertirse en Hyde,
escudándose en sus apariencias para pecar a placer y sin remordimientos.
Stevenson habla del bien y el mal fusionados en nosotros mismos y, tal y como lo
expresa Jekyll cuando duda sobre la división entre los placeres prohibidos y la
ignorancia frente a la maldad, “los términos de este debate eran tan antiguos y tan
habituales como el ser humano”.

Contexto histórico.

Algunos críticos parten de la influencia que tuvo Stevenson de su


Edimburgo natal para crear el concepto de dualidad presente en la novela. La
ciudad escocesa, a principios del siglo XIX, era dos espacios en uno, pues por un
lado estaban los barrios respetables, religiosos y acomodados, y por otro los
lugares bohemios, llenos de burdeles y delincuencia. El escritor, que nació dentro
de este contraste, fascinado por la dualidad de la naturaleza humana, construyó a
dos personajes que encarnan ambos extremos.

Ha sido considerada una gran descripción del período victoriano, donde


existía una formalidad externa, llena de convenciones sociales, y un espíritu
interno contrario, lujurioso y completamente hipócrita. Así, Stevenson expone la
doble moral que existía en aquella época, donde todo era cuestión de exhibirse y
mostrar algo que no eres, mientras que se escondían tras ellos los peores
pecados que criticaban, que puede verse en las atractivas fachadas que Londres
mostraba y en los lujosos trajes que vestían, mientras que la suciedad moral y
social los rodeaba. Otros críticos argumentan que la división de personajes deja
ver la división de clases, políticas y religiosas que existían en la Inglaterra de esa
época.

El escritor reconstruye un ambiente perfectamente londinense, lleno de


contrastes, costumbres y lugares, para hablar de una sociedad que, como Jekyll,
vive de apariencias, con una moral escasa e hipócrita que se concentra en ocultar,
mediante pócimas metafóricas, los pecados que cometen y lo que realmente son.

Coloca a un personaje aparentemente aburrido, como cualquier otro, que


esconde una infinidad de vicios y placeres ocultos tras una máscara que encubre
monstruosas exageraciones de Jekyll, que sale por las noches a desahogar sus
deseos deprimidos, bajo la crueldad de la indiferencia, cuyos placeres lo llevan a
vivir una doble vida, como gran parte de la sociedad inglesa del siglo XIX, llegando
a una transformación inminente que acaba con él.

Stevenson parte de la base de que no importa cuál mal sea, solo importa
creer que es realmente algo muy malo, como sucede con el episodio de la niña,
para criticar a su entorno cubierto de falsas apariencias, tradiciones y costumbres.
Así, permite ver que, si bien no podían dejar de mantener la compostura en
sociedad, sufrían transformaciones que dejaban atrás esa moral intachable y
conseguían lo que su otro ser les impedía, disfrutando de lo que realmente
deseaban hacer. Jekyll mantiene lo que proyecta, bajo una evasión de la realidad,
sin embargo, se engancha a la pócima y es condenado a permanecer siempre
bajo esa presencia que reniega ser.

El siglo XIX se caracterizó por el enfrentamiento entre lo tradicional y el


nuevo espíritu científico, es decir, entre el misticismo y el racionalismo
representados en ambos personajes que, por un lado, se debaten entre la razón y
el corazón. Stevenson parte de allí para hurgar en lo más profundo y oscuro de la
naturaleza del hombre, a través de acciones visibles y cotidianas, como por
ejemplo, la amistad entre Lanyon y Jekyll, las descripciones londinenses, etc.
Habla de pasiones y mueve a un mundo lleno de variedad, donde a partir de lo
“humano” abre experiencias inagotables. Se sitúa al otro lado de lo cotidiano y
entra en contacto con lo insólito y lo sobrenatural llegando a la introspección más
profunda de un personaje que se cuestiona entre el deber y el ser, en una
reflexión que, desde lejos, habla de lo que íntimamente nos concierne.

Vale acotar que la idea del doble parte también de dicho siglo. Su raíz,
según los críticos, se encuentra en la base del romanticismo que parte de la lucha
entre la razón y el sentido, pues dicha realidad era vista como la oposición de algo
demasiado abstracto y vacío, contra un elemento poco fiable. En dicho
movimiento, se apeló por el poder más cálido, vivaz y creador de la imaginación,
que era capaz de trascender la realidad inmediata, bajo el peso de la nostalgia y el
temor del alma que se proyectaba en la figura del doble, sombra o alter ego, que
no era más que la propia conciencia desdoblada, antagónica, en caracteres
complementarios, que llevan la imagen invertida del otro.

Tomando en cuenta esto, la novela entra dentro del movimiento romántico,


pues parte de la introspección para generar una crítica a la sociedad que lo
envuelve. Además, es considerada una novela gótica, por su ambientación y
trama, que se aleja de lo bello y lo sublime, adentrándose en lo extraño y lo
sobrenatural, ya que a partir de la segunda mitad del siglo XIX, el relato de terror
pasa a interiorizar el mal y las fuerzas desconocidas de los personajes cotidianos,
considerando a los entes “paranormales” como proyecciones personales que
permitían incluir elementos que se inmiscuyeran en la psicología interna y el
análisis de los valores sociales vistos en el Romanticismo. Por ende, vemos que
parte del último período victoriano para adentrarse en el romanticismo, con un
héroe dentro de su soledad, que traspasa las barreras éticas, en búsqueda del
desarraigo social que tanto lo presiona.

Contexto social y cultural.

Dualidad, polarización y desdoblamiento son algunas de las palabras que


usaríamos para caracterizar la obra de R. L. Stevenson pero esas mismas
características las encontramos en la sociedad donde esta obra se desarrolla.

La novela gótica de Stevenson se concibe en 1886, en la última etapa de la


sociedad victoriana, una época exacerbada de moralismo y disciplina, donde nos
encontramos con una sociedad puritana, que tomaba a los valores con gran
importancia, haciendo hincapié la moral, la fe y el “descanso dominical”. Una
sociedad donde el varón era el ser dominante ya que la mujer queda excluida a la
privacidad, a ser dominada, a los hijos y al hogar.

La acentuada moral de la época desencadena en el despertar de las bajas


pasiones, de condiciones ligadas al opuesto de la castidad que tanto perseguían
socialmente, desarrollando por un lado una imagen social y por otro una nueva
personalidad antagónica, ya que el hombre de la Inglaterra del siglo XIX se
desenvolvía en un espacio que, más que fomentar su doble moral, naturalizaba
hechos tales como la prostitución, el adulterio, las drogas, las apuestas y los vicios
a la par que los criticaba, afectando directamente al individuo de clase media baja,
ya que la sociedad victoriana fue una época llena de abusos a las clases obreras y
al proletariado por parte de un capitalismo hegemónico controlado por la clase
media-alta, la burguesía y la aristocracia.

Aspectos tales como la explotación infantil eran situaciones normales y de


conocimiento común, por ello, observamos cómo el capitalismo victoriano se valía
de ciertos enredos para mostrar al mundo su mejor cara (la del crecimiento y
producción continuos que permiten forjar el estado de bienestar, fomento de la
creatividad, intercambio libre de bienes y servicios), mientras que en muchas
ocasiones queda oculto su lado más perverso (la generación de pobreza,
desigualdades sociales y competencia feroz de mercado).

Dando por sentado la influencia social que tuvo que vivir Stevenson por
haber crecido en la sociedad victoriana, es válido pensar que su novela sea una
respuesta a las polarizaciones que refleja su entorno. Surgida la idea por un sueño
del autor y encaminada por la recomendación de su esposa de crear una disputa
entre el bien y el mal, la obra entonces es literatura y es espejo del mundo que lo
rodea, la dualidad del ser envuelve todo lo que ha visto el autor y es plasmado en
sus personajes.

Tenemos al Dr. Jekyll, un científico de clase media-alta, que es la viva


imagen del hombre victoriano de la época, ya que transmite la excelencia social
que se escondía tras el moralismo de las clases dominantes de la cotidianidad de
entonces. Henry Jekyll encarna los modales, el orgullo y la alta educación inglesa,
mientras que Mr. Hyde es la contraparte de esa figura, ya que personifica el
salvajismo, las bajas pasiones, la falta de moral y buenas costumbres que se
escondían tras los hombres de la época, pues es un hombre ruin que solo se
mueve por impulsos y se dedica a satisfacer sus instintos primarios y básicos.
Características específicas de Jekyll: vestimenta, casa, contexto.

El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde surge en una época gótica, ligada
estrechamente al ambiente que se manejó en el romanticismo, describiendo las
calles, las edificaciones victorianas, lugares sombríos, el terror y el pesimismo
rodeaban a la obra. En un Londres envuelto en niebla y frío, Stevenson da pie a
sucesos terroríficos, propios de la época, que revelan el lado oscuro del alma
humana.

En la sociedad victoriana del siglo XIX, la necesidad del hombre de llenar


los vacíos que dejaba la moral de la época lo llevan a hacer una catarsis por
medio de sustancias estupefacientes, recordemos que durante esta época se
hacía más y más famoso el uso de drogas como el opio, la cocaína y la morfina ( y
se cree que el autor era adicto a esta) dando paso a la creación de una “salida” a
la vida en sociedad que tanto agobiaba a los hombres de la elite general.

 Papel del autor y de la obra para dicha sociedad. Recibimiento, apreciación,


valor, etc.

A través de la dicotomía Jekyll-Hyde, podemos ver el trasfondo social que


implica, pues el autor parte de una sociedad hipócrita de apariencia y mentiras,
para mostrar la lucha por ocultar aquello que no era moralmente bien visto,
ejerciendo una gran fuerza en la colectividad, teniendo como único escape la
polarización, creando alter-egos que pudieran gozar de todos los placeres que no
podían disfrutar libremente y entonces llevar una vida de bifurcación entre “el bien”
y “el mal” ya que, citando a Stevenson “¿Cómo, pues, podían disociarse?”.

Contexto religioso.

Robert Louis Stevenson, ¿Fue un escritor? ¿un moralista? o ¿o un religioso?,


¿Y si fue un moralista de acuerdo con los valores victorianos? Pero, ¿hasta qué
punto lo fue? esta pregunta, aunque parece sencilla y muy fácil de responder, no
lo es. La publicación de este libro tan famoso, reconocido y analizado por muchos
a nivel mundial, nos abre una amplia brecha para el análisis de esta obra en el
contexto religioso, ya que debido a su educación dada a temprana edad, el
escritor hace una relación sutil de enseñanzas bíblicas y símbolos que a simple
vista el lector no descifrar con facilidad.

No se podría asegurar que Stevenson fuese de una religión en específico


en su adultez, sin embargo, se puede apreciar la influencia de la Sagradas
Escrituras impartidas en su niñez a la hora de expresar entre líneas mensajes que
necesitaba transmitir a través de frases espontáneas. En uno de sus ensayos
titulado “ Los libros que me han influenciado”, se observa el efecto que ejerció el
nuevo testamento en la vida del literato, en especial el libro de mateo (donde hay
alegorías o parábolas expuesta por Jesús), puesto que se refiere a este de una
manera subjetiva comentando que:

“Deslumbrará y conmoverá a todo aquel que haga un esfuerzo de imaginación


y lo lea como un libro, no con la actitud pacata y sumisa de quien lee un
fragmento de la Biblia se tratara, se sentirá asombrado y conmovido.
Descubrirá entonces esas verdades que tan cortésmente aparentamos conocer
como humildemente nos cuidamos de ejercitar. Pero en este punto tal vez sea
mejor guardar silencio”.

La frase “actitud pacata y sumisa” esconde un significado profundo, pues el


escritor manifiesta que si se lee la Biblia con la atención merecida y no con una
actitud insignificante, tomando la información de poco valor y, según la RAE, con
una actitud mojigata, pasaremos por alto muchas de las enseñanzas que allí se
presentan.

Dicho esto, es necesario revisar la infancia de Stevenson a nivel religioso,


puesto que nace en una familia de Presbiterianos, los cuales son una rama del
Protestantismo, que a su vez tienen raíces doctrinales en el Calvinismo, producto
de la Reforma ( un movimiento religioso cristiano iniciado en Alemania en el siglo
XVI por Martín Lutero que llevo a una ruptura de la Iglesia Católica). Su abuelo
materno fue pastor de la iglesia de Escocia y sus padres también eran
practicantes de la religión, a tal punto que Stevenson fue un niño que recibía
enseñanzas bíblicas desde temprana edad, que su niñera Cummy complementaba
con historias truculentas que le hacían sentir pavor y la presencia de los duendes.

La sociedad en la que se encontraba Stevenson en el siglo XIX estaba


sometida a normas demasiados rígidas para el gusto de los habitantes de
Inglaterra, que limitaba sus bajezas viles y despreciables, que era común ver en la
Época Victoriana, donde la política social apoyada en la aplicación de estrictos
valores conocidos describía cualquier conjunto de principios que englobaban una
fuerte represión sexual, baja tolerancia ante el delito y un estrictos códigos de
conducta social.

En 1886 Stevenson publica “El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde”,
donde se observan sus raíces bíblicas que relaciona con los deseos indignos que
vemos en la confesión de Mr Jekyll, donde habla de una infinidad de temas, entre
ellos la homosexualidad, agregando, posteriormente, que «la gente está tan llena
de lujuria y de instintos sexuales invertidos que no es capaz de pensar en nada
que no sea el sexo».

Por ello, en la puerta trasera, Stevenson construye un simbolismo que le


permite a Mr. Hyde entrar y salir de la casa de Jekyll como una alegoría de la
doble vida que llevaban los homosexuales de la época victoriana. Tras la crisis de
fe que existió en la Iglesia Anglicana de Inglaterra donde los ciudadanos no
estaban de acuerdo con las prácticas y la poderosa influencia de los clérigos, los
fieles se debatían entre la teoría de Darwin, sustentada en la ciencia y el debate
de la creación del hombre, y la figura del Dios Todopoderoso.

La casa, que está constituida por puertas y ventanas, es considerada la iglesia


y esta, a su vez, la morada de cada creyente en donde Dios viene a habitar. En 1
Corintios 6:19-20 dice: “¿acaso no saben que su cuerpo es templo del Espíritu
Santo? Ustedes han recibido el Espíritu de Dios y habita en ustedes. Entonces
ustedes no son dueños de su cuerpo, porque Dios los ha comprado por un precio.
Así que, con su cuerpo, honren a Dios”.
El Dr. Jekyll era consiente que su cuerpo era un templo, ya que lo llama
Tabernáculo inmaterial, que simplemente es esa casa donde vive el Espíritu de
Dios que, aun sabiendo que podía dañarla con su descubrimiento, deja salir con
su afán a Mr. Hyde, que sí podía hacer realidad los deseos indignos que él no
podía cumplir por la reputación que debía cuidar.

La ventana es parte importante de la casa, ya que nos permite observar qué o


quiénes habitan dentro de ella, así como apreciar cuando la luz está encendida o
apagada, ya que los vidrios de esta ventanas sirven de espejo para reflejar lo
interno y lo externo de esa casa. En Mateo 6:22-23 se dice que: ¨La lámpara del
cuerpo son los ojos. Si miras a otros con ganas de ayudarles, todo tu cuerpo
estará lleno de luz. Pero si con tus ojos lo miras con envidia, entonces todo tu
cuerpo estará lleno de oscuridad. Si la única luz que tienes es la oscuridad que
horrible oscuridad tendrás¨. Vemos esta palabra en Jekyll cuando dice:

“Mirada profunda que discierne los pensamientos del hombre sean buenos o
malos, es el reflejo de su interior. Al mirar a Hyde se podía ver la maldad que
había dentro de él es decir la horrible oscuridad que estaba en Jekyll que no
quería aceptar pero se podía apreciar a través de la ventana de sus ojos que
son el reflejo del alma por medio del espejo que era Hyde”.

La puerta puede ser abierta para dar entrada a todo tipo de cosas, pero en el
caso de Jekyll, el abrió la puerta como Caín para dejar entrar al pecado. En
Génesis 4:7 dice: “Si hicieres lo bueno, ¿no serías enaltecido?; pero no lo haces,
el pecado está a la puerta, acechando. Con todo, tú lo dominarás¨. Y al igual que
Caín, Jekyll no logro dominar a Hyde (su pecado) y terminó destruyéndose, sin
medir las consecuencias.

A partir de la descripción antes expuesta, se tomará como plano principal la


confesión de Jekyll, pues esta encierra una serie de frases que nos lleva a una
reflexión en otro plano. Comienza a hablar de la ley de la vida, donde se puede
elegir entre el bien o mal y las consecuencias que esto acarrea, según esto,
Gálatas 6:7-8 nos dice: ¨No se engañen: de Dios nadie se burla. Cada uno
cosecha lo que siembra. El que siembra para agradar a su naturaleza pecaminosa,
de esa misma naturaleza cosechará destrucción; el que siembra para agradar al
Espíritu, del Espíritu cosechará vida eterna¨. Tomando en cuenta esto, podemos
decir que Jekyll sabía que él no estaba sembrando para cosechar el bien pues
reflexiona sobre el mal causado en sí mismo y en los demás, dando a entender
que, a través de su cosecha, recibió una lección.

Hace alusión a las raíces de la religión que causan sufrimiento. Aquí se


parte del hecho de conocer las doctrinas y los valores impuestos por la época
basado en la Biblia, para encontrar respuesta a este sufrimiento que el manifiesta
tener en el libro 2 Pedro 2:21-22, que nos dice: ¨ Más les hubiera valido no
conocer el camino de la justicia que abandonarlo después de haber conocido el
santo mandamiento que se les dio. En su caso ha sucedido lo que acertadamente
afirman estos proverbios: «El perro vuelve a su vómito» y «la puerca lavada, a
revolcarse en el lodo»”. En este sentido, Edward Hyde era la huella de la
deformidad de Jekyll, la imagen de su espíritu que lo había apartado de ese buen
camino que hubiera sido mejor no conocer, pues una vez que el crea su pócima
para separar al hombre bueno del malo, declara que esta no era Diabólica ni
Divina, sino que solo abría las puertas de una cárcel donde el cautivo se
preparaba para escapar y cumplir sus placeres indignos.

Jekyll se creía un hombre moralmente sano. pero se dio cuenta de que su


“demonio”, como el mismo lo dice en su confesión, había permanecido enjaulado y
y le abre las puertas a sus propias concupiscencias de la carne de las que nos
habla Gálatas 5:19-20 : ¨Ahora bien, las obras de la carne son evidentes, las
cuales son: inmoralidad, impureza, sensualidad, idolatría, hechicería,
enemistades, pleitos, celos, enojos, rivalidades, disensiones, sectarismos,
envidias, borracheras, orgías y cosas semejantes, contra las cuales os advierto,
como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el
reino de Dios¨. Ya vemos que Jekyll sabía que todos estos deseos englobaban
sus prácticas indignas que él nunca especifica.
El personaje, al hablar de su sentencia, dice que estaba escrita como “el
dedo en las murallas de Babilonia”, lo que nos lleva al libro de Daniel ubicado en el
Antiguo testamento en el capítulo 5:5-7, titulado ¨La escritura en la pared¨ la cual
dice lo siguiente: ¨En ese momento, en la sala del palacio apareció una mano que,
a la luz de las lámparas, escribía con el dedo sobre la parte blanca de la pared.
Mientras el rey observaba la mano que escribía, el rostro le palideció del susto, las
rodillas comenzaron a temblarle y apenas podía sostenerse. Mandó entonces que
vinieran los hechiceros, astrólogos y adivinos, y a estos sabios babilonios les dijo:
―Al que lea lo que allí está escrito, y me diga lo que significa, lo vestiré de
púrpura, le pondré una cadena de oro en el cuello y lo nombraré tercer gobernante
del reino”. Jekyll estaba convencido de que le quedaba poco tiempo, por eso
oraba a Dios desesperadamente en el gabinete, hasta que decidió que para poder
acabar con todo esto debía quitarse la vida, pues Dios le había puesto fin como lo
habla lo anteriormente dicho, que aparece como: Mene, Mene, Téquel, Parsin:
Dios ha contado los días del reino de Su Majestad, y les ha puesto un límite”.

Sin duda alguna, lo más importante es la lucha entre el bien y el mal, entre
las dos caras de la personalidad de este personaje, entre las dos mitades de su
ser donde estaba plenamente consciente de sus actos. Es por ello que Jekyll crea
esa pócima, logrando que el hombre justo fuese independiente del hombre
injusto, para que el pecado que es maldición de la humanidad ( Romanos 5:12)
desapareciera y así el justo no tuviera problemas, pues siempre estaría haciendo
el bien sin sufrimientos y el malo tuviera licencia para pecar si sentir culpa alguna,
y así acabar con la eterna lucha de los gemelos en un solo cuerpo.

Sin embargo, su experimento fracaso y se dio cuenta de que la maldición


de la humanidad también llamada La ley del pecado, le atormentaba la conciencia
continuamente. Pablo hace referencia en el Nuevo Testamento a una ley que en el
libro de los Romanos, en el capítulo 7:14-25, dice lo siguiente: “Así que todos
sabemos que la ley es espiritual, pero yo no soy espiritual porque el pecado tiene
poder sobre mí. Soy como un esclavo del pecado. No sé qué está pasando
conmigo: lo que quisiera hacer no lo hago y resulto haciendo lo que odio. Como no
me gusta hacer el mal que hago, eso significa que reconozco que la ley es buena.
Pero en realidad no soy yo el que hace esas maldades, sino el pecado que vive en
mí. Yo sé que en mí el bien no tiene vida, es decir, no reside en mi naturaleza
humana. Hay en mí el deseo de hacer el bien, pero no puedo llevarlo a cabo. En
efecto, no hago el bien que quiero hacer, sino que hago el mal que no quiero
hacer. Entonces si hago lo que no quiero hacer, no soy en realidad yo el que hace
el mal, sino el pecado que vive en mí. Así que he aprendido esta regla: aunque
quiero hacer el bien, el mal está ahí conmigo. En mi interior yo estoy de acuerdo
con la ley de Dios. Pero veo que aunque mi mente la acepta, en mi cuerpo hay
otra ley que lucha contra la ley de Dios. Esa otra ley es la ley que impone el
pecado. Esa ley vive en mi cuerpo y me hace prisionero del pecado. ¡Eso es
terrible! ¿Quién me salvará de este cuerpo que me causa muerte? ¡Dios me
salvará! Le doy gracias a él por medio de nuestro Señor Jesucristo. Así que mi
intención es servir a la ley establecida por Dios, pero con mi cuerpo actúo como
esclavo de una ley establecida por el pecado”.

Así concluye este análisis, bajo el conocimiento bíblico de Robert Louis


Stevenson, expresado entre líneas a los lectores de una época oscura sin Dios,
debido a ley del pecado que hasta la presente fecha mora en cada uno de
nosotros.

Contexto filosófico.

Los seres humanos somos una amalgama de deseos y sentimientos. Desde


nuestro nacimiento, nos enseñan que existen conductas positivas,
merecedoras de reconocimiento, y negativas, que llevan a un reproche. Sin
embargo, aprender a gobernar los aspectos negativos no significa que estos
dejen de existir, y es de conocimiento popular que nos forjan como personas.
Por ello, no es descabellado afirmar que todos somos seres duales en nuestro
interior.

Haciendo un análisis basado en los postulados de Jung y Freud con


respecto al arquetipo y la sombra, podemos encontrar en El extraño caso de Dr
Jekyll y Mr Hyde un dinamismo psicológico, que surge de un proceso de
degeneración de los placeres de Jekyll. Extrapolando la información obtenida,
vemos en la obra una lucha entre el espíritu y la carne que Stevenson define
como una “perenne guerra entre los miembros”, pues las dos caras de la
moneda se ven y concluyen que “ese también era yo”, en una lucha entre el
bien y el mal, fatalmente condenados si se les une o se les separa, siendo este
el error cometido por Jekyll.

Así, vemos un Yo vs Yo, al estilo Jung, que comienza con el uso paulatino
de pronombres personales, que se alejan de la escritura en 1era persona para
disociar los sucesos y que describen la batalla de su conciencia, que admite
que él era radicalmente ambas personalidades, que se reconocen en el espejo
y que poco a poco fue “perdiendo el dominio de mi yo original, para ir
convirtiéndome poco a poco en el segundo y malvado yo que había
incorporado”. Tomando en cuenta esto, se podría decir que Jekyll habla y
piensa y Hyde ejecuta, en una unidad indisoluble dentro de su propia mente,
viendo al sujeto como un conglomerado de ideas distintas unidas entre sí.

Bajo la propuesta de Freud, el inconsciente guarda todo lo que reprimimos


(Hyde) y la conciencia condiciona dichos pensamientos (Jekyll). Por ello, si
reprimimos toda nuestra maldad en pro de una moral, se desarrolla una
segunda naturaleza, viendo al “yo” como al “otro”, en una división conflictiva del
sujeto, donde los límites de la identidad se borran y comienza la sustitución del
“otro”. Cuanto más represivos son nuestros instintos y mientras más
reneguemos el mal, más aumenta el deseo de expulsar todo lo que hay en
nuestro interior, a través de una transgresión como la que sufre Jekyll, que nos
recuerda que todos llevamos un Hyde dentro y que descubrirlo resulta
sumamente molesto.

Jekyll y Hyde coexisten en planos espacio / temporales distintos, indagando


así sobre la naturaleza del hombre en una meta ficción que se debate en el
planteamiento de ver en el otro lo que no reconozco en mí. A pesar de ello, su
fascinación por el mal lo lleva a extremos imaginados, que no son
comprensibles racionalmente y que conducen al auto rechazo.

Asimismo, el concepto de la sombra expuesto por Jung se encuentra muy


presente en ambas figuras, pues al partir de la definición propuesta de
arquetipo, que expone que es una representación de la experiencia consciente
no visible ni en la psique, ni en el inconsciente, vemos que forma parte de una
conciencia (Jekyll) y una no conciencia (Hyde) colectiva, que se compone de
revelaciones naturales y contenidos ocultos que, mientras más se repriman,
más posibilidades hay de que se escapen (Unión de Jekyll en Hyde).

Lo inconsciente tiene origen en lo individual y se forma de manera personal,


desde el nacimiento, y colectiva, construida, dando origen a arquetipos duales
que son el reflejo del alma. La sombra, por su parte, se compone de cualidades
y atributos no conocidos del yo, propios y grupales, conscientes e
inconscientes, ocultos, que salen a la luz sin ser premeditados (escape de
Jekyll a través de Hyde) y que traen como resultado desenlaces no deseados,
que se evidencian en la obra cuando el escritor nos describe cómo, de manera
inconsciente, Hyde se apodera poco a poco de Jekyll, llevándolo a cometer
atrocidades gracias a reprimir sus deseos.

Se observa que la sombra puede ser tu aliado o el mayor contrincante,


como en el caso de Jekyll que, al rechazarla y despreciarla, se apodera de él y
lo llena del impulso a vivir el lado malo, en un alterego que surge de aquello
que rechaza y que siempre está presente gracias a una falta de control.

De nuevo, parte de la base de una dualidad de la sombra, que atrapa a


Jekyll, vencido por Hyde, representado a través de la pluralidad social y moral
del siglo XIX, intentando ocultar lo que somos. Por ello, Jekyll es el verdadero
asesino y Hyde el ejecutor, pues al esconder lo que no me gusta, le doy poder,
se escapa y se apodera de mí. Por ende, Hyde es una vergüenza para Jekyll
pues saca todo lo que quiere mantener oculto, es su sombra, que lo condena,
ya que saca “el lado más bajo de mis instintos, tanto tiempo complacidos y
recientemente encadenados, que gruñían pidiendo licencia” y lo convierte en
“un animal que lame los placeres de su memoria”.

Bajo la tensión y la angustia, Hyde viene de la parte más oscura de la luz de


Jekyll, apoderándose de manera total y absoluta de él, exponiéndolo ante lo
reprimido, pues nadie reconoce al uno en el otro, bajo la premisa del “yo no soy
eso”. Al enfrentarse a su sombra, muere, demostrando el poder inconsciente sobre
la conducta, por ello, al sentir horror hacia su otro yo, lo alimenta y le permite
adentrarse en su ser, en esa dualidad de odio que crece por igual en ambos lados
y que les permite ver en el otro lo que reniegan de sí, aprovechando sus
momentos de debilidad para aparecer

Así, el escritor plantea la necesidad de aceptar el mal para poder atenderlo


bien. Mientras más negamos que exista, más desarmados quedamos para
enfrentarnos a él cuando aparece. En este aspecto, Jekyll siempre decide, se
equivoca, pierde el control, pero tiene el poder de elegir, abordando así la
capacidad de elección moral, que apela a la libertad y que nos lleva a reconciliar
nuestra parte negativa y positiva para convivir en paz dentro del alma humana.

El impacto del psicoanálisis potencia este análisis introspectivo y permite


construir teorías alrededor del lado oscuro de la mente y los trastornos mentales.
En definitiva, esto da origen a lo que hoy se conoce como trastorno de doble
personalidad, a través del arquetipo ideal de Jekyll que reprime sus instintos y
Hyde, que personifica la sombra, escenificando dicha dualidad que coexiste en el
cerebro y que es una cualidad universal que, al leerla, toca fibras sensibles al ver
partes de uno mismo en la liberación del Yo, pues nos lleva a replantearnos
nuestros aspectos negativos y a reflexionar sobre qué hacemos con nuestra
sombra.

Contexto científico.

Por contrario a lo que se piensa, la ciencia y la literatura no son elementos


distanciados entre sí, pues ambos van más entrelazados de lo que se cree, ya
que ambas, de formas y maneras independientes e inherentes a su contexto,
buscan la explicación de los fenómenos que preocupan al hombre, disipando la
neblina del “misterio”. El deseo de entender la realidad pasa a ser un impulso
común y, por ende, es natural que estas hayan proporcionado contribuciones de
mucho valor a lo largo de la historia. Como ejemplo de esto último, vemos en
obras, como la que abordamos ahora, el avance en temas que posteriormente la
ciencia analiza, estudia y ratifica. La novela El extraordinario caso del Dr. Jekyll y
Mr. Hyde no se aleja de esta realidad, debido a que Stevenson encara una nueva
en la que el hombre se ve a sí mismo.

En el libro, el desdoblamiento del personaje es provocado, en primera


instancia, por él mismo debido a la curiosidad científica, y luego debido a su
angustia existencial. Tomando como base la ciencia podemos, notar cómo esta
pasa a ser el vehículo de transformación, ya que el personaje utiliza sus estudios,
recursos, experiencia académica y habilidades en el campo científico para
solventar un problema existencial, dando solución a la lucha feroz entre sus dos
extremos, dentro del eterno debate del “bien” y del “mal”.

A pesar de que a obra no especifica con claridad las sustancias que el Dr.
Jekyll usa para su transformación, hace referencias vagas a pociones y polvos. No
queda clara su procedencia, sin embargo, se obtienen mediante “mayoristas” y
“laboratorios” a los que recurre por la necesidad de obtener estos elementos
mediante terceros, marcando una clara una adicción por parte de Jekyll a su
propia poción y lo que esta genera, ya que hace que su cuerpo entre en éxtasis,
potencia sus sentidos y, aunque lo vuelve más pequeño, agranda su maldad.

Partiendo del campo teórico, podemos hacer un análisis tomando en cuenta


los factores psicológicos del personaje y el ambiente en el que se desenvuelve,
teniendo como clave el uso de la poción que influye en su personalidad, para
plantear hipótesis sobre qué tipos de sustancias pudo haber empleado el Dr. Jekyll
para crearla.

En el ámbito científico, el abuso del alcohol puede llegar a alterar patrones


de conducta en aquellos que lo consumen, que pueden derivar en una sensación
falsa de confianza, efusividad y un “ánimo” que identificamos en los episodios de
transformación del Dr. Jekyll. Si se llega a una sobredosis, sus efectos pueden ser
más severos como la incapacidad de sentir dolor, vómito, inconsciencia, pérdidas
de la memoria y daño cerebral, presentes en el personaje.

Asimismo, el tan mencionado “polvo blanco” que Henry Jekyll necesita para
terminar su poción nos hace pensar en el uso de la cocaína, con efectos parecidos
al alcohol pero mucho más incrementados. Según estudiosos, “la cocaína
provoca que el cerebro no detecte las consecuencias de su comportamiento,
además de que activa de manera excesiva el “circuito de recompensa” que tiene la
función de llevar a cabo comportamientos automáticos como comer, padecidos por
el Dr Jekyll.

Las teorías del uso excesivo de alcohol junto con la cocaína toma fuerza si
observamos los patrones de conducta del personaje, sin más información sobre la
realización de la poción para convertirse en Hyde, podemos concluir que la misma
era una mezcla de psicotrópicos que, el Dr. Henry Jekyll implementó para polarizar
su propio ser.

¿Es ciencia ficción?

Existe un debate interesante sobre si la novela es ciencia ficción o no. Por


cuestiones de estilo, no puede tomarse como un relato detectivesco, a pesar de
que cuenta con un misterio inicial, un investigador y una revelación final. Esto se
debe a que, gracias a que se compone de un “extraño caso”, la obra se enmarca
dentro de una estética gótica que rechaza la construcción habitual de los relatos
policíacos.

Esta es una de las tantas dualidades de la novela, ya que Utterson puede


ser o no un detective, pues nunca hay claves reales de esto. Por ello, es posible
enmarcar a la obra dentro de la ciencia ficción, sobretodo haciendo hincapié en la
pócima, que es un elemento netamente químico que permite el desarrollo de la
trama.
Stevenson no se para en inventos y métodos científicos para construir su
novela, sin embargo, parte de un conocimiento básico de ellos para analizar la
dualidad en el cerebro humano, al proyectar tensiones y obsesiones del
subconsciente en contextos y circunstancias científicamente extraordinarias, como
la creación de una poción que permita disociar lo bueno de lo malo. Así, se apoya
en un aspecto científico, racional, alejado de lo mítico o lo fantástico, para elaborar
una disociación de personalidades que parte de un producto químico, lo que da
pie a uno de los elementos más comunes de la Ciencia Ficción: el uso incorrecto
de la ciencia.

Jekyll surge como una figura parecida a Prometeo que no puede recuperar
su humanidad perdida, pues al querer sobrepasar esta, se ha convertido en un
monstruo que no controla sus impulsos. Al ser un hombre de ciencia y aplicar el
método científico en sí mismo para librarse de las ataduras sociales y
experimentar la más pura libertad, hace posible su desdoblamiento mediante este
medio.

Se convierte en un Dios que traspasa los límites morales de mano con la


ciencia y construye un monstruo a partir de sí mismo del que no puede escapar,
abriéndole la puerta al mal que se convierte en una fuerza incontrolable que se
apodera de él y del mundo. Así, vemos que la ciencia, en manos equivocadas, es
una puerta abierta a la destrucción (Revolución Industrial).

Mediante la ciencia ficción, se busca entender y explicar al mundo y, por ende,


la vida, siendo este un ejercicio que vemos en la novela. Lo natural es el misterio y
la cotidianidad el enigma por resolver. Así, en ese afán por descubrir el misterio, el
personaje sufre una transgresión hasta conformarse en una totalidad que
encuentra cabida dentro de la Ciencia Ficción, pues este es el instrumento para
llegar a todo el análisis anteriormente presentado.

Conclusión.
En conclusión, “El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr, Hyde”, es una novela
memorable llena de misterio magistral que sucesivas generaciones han leído y
han convertido en un clásico simbólico de la literatura universal, con cabida en
diferentes contextos, que en general representan la época de Robert L.
Stevenson, en la cual la sociedad, la cultura, incluso la misma ciudad de
Edimburgo, poseía una gran división entre su exterior elegante y digno que
mostraban al publico, ósea, a la gente de la alta sociedad o a otros lugares del
mundo, y su interior oscuro, egoísta, pecaminoso y cruel, el cual ocultaban sin
ningún reparo, lo cual se ha convertido en un símbolo del final de la era victoriana
en la cual vivía el mismo Stevenson.

Mientras que en el lado de la religión, la sociedad estaba controlada por


normas muy rígidas que a los habitantes de Inglaterra no les gustaban, todo para
ocultar, o para evitar lo más posible, que la gente cometieran acciones que eran
vistas como despreciables o viles, pero que eran muy comunes en la época.
Además de esto, en la obra se pueden encontrar muchas referencias a la biblia
que solo dan más pie a la idea de que esta obra es un verdadero símbolo de la
lucha entre el bien y el mal, o de una forma simbólica, entre los ángeles y
demonios que se encuentran dentro de cada quien y que debemos aceptar que
ambos lados son parte de nosotros mismos y que sin importar lo que hagamos o
digamos, este lado oscuro nunca se ira, porque siempre existirá para mantenernos
sensatos y siempre teniendo el conocimiento y permitiéndonos hacer la
comparación entre lo que está bien y lo que está mal. Junto a esto está el hecho
de que la obra muestra desde un punto de vista científico, como una persona que
ingiere sustancias de naturaleza dañina o experimental (pues no se conoce el
contenido exacto de la poción de Jekyll), es afectada por estas, con
consecuencias graves a la salud tanto mental como física.

Esta obra puede ser vista como ciencia ficción debido a su temática
principal, pero también se le podría ver como una obra semi-detectivesca, además
de que Stevenson no se para en inventos o métodos científicos para crear su
novela, pero parte de un conocimiento básico de estos, apartándose de lo mítico
para elaborar una disociación de personalidades ocasionada por un producto
químico, mostrando que por el uso incorrecto de la ciencia, Jekyll termina como
alguien que no puede dar marcha atrás, pues al querer hacerlo usando la ciencia,
termina convirtiéndose en un monstruo dominado por sus deseos más oscuros.