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Resumen y Reflexión Filosófica de “El extraño caso del Dr. Jekyll y del Sr.

Hyde”

El señor Utterson, un notario y abogado londinense, escucha de su amigo y pariente, el señor Richard Enfield,
una historia acerca de cómo un hombre llamado Hyde atropella y golpea cruelmente a una niña sin motivo.
Esta historia despierta su curiosidad, pues sabe que este hombre es el heredero de todos los bienes de su
antiguo y respetado amigo, el Dr. Jekyll, quien lo dispuso así en su testamento en caso de su muerte o
desaparición. Con esta información acerca de la naturaleza del señor Hyde, se dispone a conocerlo para juzgar
por sí mismo su carácter, descubriendo a un hombre de pequeña estatura, repulsivo y siniestro. Ante esto,
ruega a su amigo que cambie su testamento, pero el doctor logra calmarlo y le pide que olvide el asunto.

Sin embargo, luego de un año, la situación cambia, pues Utterson se entera de que el señor Hyde ha
asesinado brutalmente a un respetado parlamentario inglés, Sir Danvers Carew, existiendo un testigo.
Utterson asiste en la investigación del crimen y busca nuevamente a su amigo Enrique Jekyll, quien le asegura
que ha terminado toda relación con el señor Hyde y que éste no volverá a aparecer. Por un tiempo, el doctor
Jekyll retorna a su vieja forma de ser, realizando eventos sociales y numerosas obras de caridad, pero luego se
torna solitario e indiferente, aislándose completamente de todos.

La situación se torna aún más extraña cuando recibe un sobre de su amigo en común, el Dr. Lanyon, quien
tiene un súbito empeoramiento de su otrora buen estado de salud y termina por fallecer. Dentro de este sobre
hay otro sobre con la indicación de no ser abierto a menos que su amigo el doctor Jekyll haya fallecido o
desaparecido, condición que decide respetar.

Un día, el señor Poole, mayordomo de Jekyll, lo busca angustioso pues asegura que el hombre que se ha
encerrado en el gabinete de su amo es otro y que algo terrible debe haber sucedido. Utterson lo sigue a la
propiedad de su amigo y escucha que la voz que surge del gabinete es la del señor Hyde. Ante esto, rompen la
cerradura, derriban la puerta y se encuentran con el cadáver del señor Hyde, quien había acabado con su
propia vida tomando arsénico. Ambos creen que él asesinó al doctor Jekyll, pero tras una búsqueda extensa su
cuerpo no aparece. Para esclarecer el misterio decide abrir la carta enviada por el Dr. Lanyon, quien en ésta
narra cómo recibió a su vez una extraña carta de Jekyll solicitándole que recoja una caja de su casa que
contiene una serie de sustancias químicas y que luego es buscada por Hyde, quien al consumir su contenido se
convierte frente a sus ojos en Jekyll. Fue el horror de este descubrimiento el que lo llevó a terminar con su
amistad y luego a la muerte.

Finalmente, lee el último documento escrito por el doctor Jekyll, encontrado en su gabinete y que contiene su
última confesión. En ésta cuenta como en su juventud tomó conciencia de la dualidad que existe en el hombre
en la forma de bien y mal, y cómo él, hombre bueno y respetable, escondía a la vez un lado oscuro de deseos y
placeres innobles que atormentaban su conciencia y debía constantemente reprimir. Por ello inventa una
pócima capaz de separar estas dos naturalezas, transformándolo en el malvado y monstruoso Hyde como
materialización de su propio lado innoble. De esta forma, con el cuerpo de Hyde, podía saciar sus placeres y
cometer todas las maldades que le apetecieran. Pronto, decide transformarse en el señor Hyde cada vez más
frecuentemente, quien adquiere más y más fuerza. Con esto, el Dr. Jekyll empieza a perder el control de su
metamorfosis, cambiando a la forma de Hyde espontáneamente hasta no poder volver a ser él mismo. Busca
el ingrediente que necesita para hacer más de su brebaje, pero no logra que éste surta efecto. Con ello, decide
escribir este documento antes de que sea demasiado tarde y luego, como Hyde, acabar con su vida.

La novela se centra en la dualidad existente en la naturaleza humana, en la que coexiste el bien y el mal. La
noción de bien en un sentido moral y más perfecto diferencia al animal humano del animal puro. Para el
animal, un bien es aquello que a lo que tras conocer, se inclina afectivamente y se mueve, actúa, para
obtenerlo y satisfacer su apetito sensible. Así también lo malo es aquello que le repulsa a su apetito sensible y
de lo que huye o evita. En el hombre, sin embargo un bien es esto y más, distinguiéndose un bien subjetivo
(aquél que colma su apetito sensible) y un bien objetivo (aquél que es lo que debería ser, lo acabado y
perfecto), aspirando así a más cosas que a las que básicamente necesita. Esta diferencia aparece en el ser
humano, pues éste consta de inteligencia, voluntad y libertad como facultades inherentes a su alma y
naturaleza. Su inteligencia le permite ordenar los bienes percibidos en su relación al bien total al que aspira y
consiste en su capacidad de estar y aprehender la realidad como tal. La voluntad es un apetito que dirige la
conducta por sobre los apetitos sensibles, según los bienes presentados por la inteligencia. Finalmente, la
libertad apunta al dominio que posee sobre alguno de sus actos en contraste con los animales no humanos,
esclavos de sus inclinaciones sensibles. Está en su poder querer o no querer, hacer o no hacer. Sin embargo,
muchas veces los apetitos y bienes deseados están en conflicto dentro del hombre, enfrentándose a veces los
bienes subjetivos y aquellos objetivos que apuntan a un bien total. Este constante conflicto es lo que
atormenta al doctor Jekyll, un hombre bueno que posee inclinaciones innobles con las que debe luchar. Para
liberarse de esta lucha decide romper la dualidad existente en él y al hacerlo distorsiona la esencia misma que
conforma al ser humano, ser espiritual y corpóreo, que al no ser perfecto lleva en él una mezcla de bien y mal.
Esta distorsión toma la forma de Hyde, quien encarna a la maldad en su estado puro y carece de una
conciencia que module su conducta. Queriendo liberar una parte del hombre de la otra (en términos de
bondad y maldad), termina realmente creando un esclavo de sus pasiones, pues Hyde no es verdaderamente
libre. Hyde actúa, ejecuta sus pasiones careciendo de la opción de escoger un bien más perfecto, pues esta
faceta ha sido despojada de él, simplemente no tiene esta capacidad, encarnando el lado más salvaje y animal,
lo malo dentro de Jekyll y nada más que su perversidad que se ha materializado. Como explica el mismo Jekyll,
para Hyde “la tentación equivalía literalmente a pecar” al ser despojado de sus “instintos moderadores”(1). No
existe por tanto en Hyde un verdadero dominio de sus actos, una libertad verdadera. Al contrario, es Jekyll
quien es realmente libre al tener la facultad de escoger hacer o no hacer; es más, al reprimir sus deseos
innobles está usando su libertad en consecución de los verdaderos bienes de la persona humana, como lo son
la amistad, el respeto, la bondad, la verdad. Es en este uso de su libertad, en esta consecución donde radica la
moralidad presente en el doctor Jekyll.

Por otra parte, si Hyde carece de este apetito por un bien superior y objetivo que capacita al hombre de
inhibir otras conductas, no solo carece de libertad sino que también de voluntad, pues es ésta justamente ese
apetito. Al carecer entonces de libertad y voluntad, Hyde, aunque con materia de hombre, carece de la
substancia y forma de hombre y persona. Es así que la personificación de lo malo en estado puro se contradice
con lo que es ser un ser humano y se reafirma que el hombre no es esencialmente malo. Ser un ente humano
es ser un Enrique Jekyll y no un señor Hyde.

Con lo anterior viene también la pregunta acerca de si es Hyde responsable de sus actos. Aunque sea un ser
monstruoso y repulsivo, siniestro y malvado, no es posible juzgarlo como hombre, como un ser capaz de
escoger y dominar sus actos, y por tanto, al no ser libre, no es verdaderamente responsable. La
responsabilidad atañe exclusivamente al doctor Jekyll al escoger libremente inventar y tomar la pócima que
rompe con la dualidad propia de la naturaleza humana. Es él quien debe asumir las consecuencias, y de cierta
manera lo hace al perderse a sí mismo.

(1) Robert L. Stevenson, “El extraño caso del Dr. Jekyll y del Sr. Hyde”, editorial Andres Bello, 1998, pg
103

-Caterina Foradori

-Sección B