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Técnicas para disminuir la conducta agresiva en los alumnos

Sesión 2
La agresión en niñas, niños y jóvenes

OBJETIVO
Identificar los rasgos de la conducta agresividad en niños en edad escolar a través
de distintas investigaciones, con el fin de distinguir los puntos de intervención para
su disminución
Técnicas para disminuir la conducta agresiva en los alumnos

Presentación

Como pudimos ver en la sesión anterior, la agresividad tiene dos dimensiones por
las cuales se puede desarrollar: la parte biológica- instintiva y la parte social. Las
observaciones de ambas dimensiones permite generalizar el desarrollo de la
agresividad en los individuos a lo largo de su crecimiento.
En la siguiente sesión, veremos las distintas etapas en las que las niñas y niños
presentan mayor frecuencia en cuanto a las conductas agresivas, así como los
factores que hacen que esto ocurra.

Así mismo, pondremos especial atención en la etapa de la adolescencia, pues es


determinante en la conformación de la personalidad, en la cual los rasgos agresivos
pueden tornarse en violencia y adoptarse como un rasgo de personalidad, por lo
que resulta importante intervenir para controlar e inhibir la agresividad y disminuir el
riesgo de agresiones entre pares.

Por último, abordaremos la importancia de la detección de conductas agresivas a


partir de distintos instrumentos, con el fin de contar con un diagnóstico completo
para comenzar a planear estrategias de intervención y prevención de las agresiones
y la violencia escolar.

Actividad de inicio “Foro”

Para comenzar con el estudio del tema, te invitamos a participar en el foro de


reflexión “El desarrollo de la agresividad”, siguiendo las instrucciones que se
indican en la sección de “Actividades” de la plataforma. Al finalizar la actividad,
continúa con la lectura de la sesión.

Desarrollo del tema

1. La agresividad en la infancia y adolescencia


Técnicas para disminuir la conducta agresiva en los alumnos

La agresividad es una conducta natural del ser humano, más no es normal que
se exprese o se torne en un rasgo de personalidad. En esta sesión, observaremos
el desarrollo de la agresividad en la etapa de la infancia y la adolescencia.

Además, abordaremos la importancia de atender la agresividad en la etapa de la


adolescencia, así como sus repercusiones en la formación de la personalidad en
las y los jóvenes.

1.1. Desarrollo de la agresividad en las niñas y niños

Cuando se habla de agresividad en la infancia y adolescencia, se asocia a la


violencia entre alumnos, la cual a su vez es limitada al acoso entre pares o
Bullying. Hay que distinguir estos hechos de la agresividad, pues los primeros son
actos de una escala mayor, ya desarrollada y dirigida, mientras que la segunda
es únicamente una conducta que manifiesta intención de dañar, más no de
ejercer un control o poder como el caso del Bullying.

La agresividad por sí misma, se manifiesta de distintas formas, a lo largo de la


infancia. Eliana Sabeh expone en su documento Comportamiento agresivo en
niños y adolescentes: una perspectiva desde el ciclo vital, en el cual muestra las
manifestaciones de agresividad en cada etapa de desarrollo, las cuales se
muestran a continuación:

● Niños de 0 a 2 años: La conducta agresiva, en especial la agresividad


física, comienza al final del primer año de la vida del niño. Alrededor de los
17 meses de edad los niños presentan diversas conductas agresivas, tales
como quitar cosas a los otros (17,7%-52,7%) o empujarlos (5,9%-40,1%)
(Sabeh, 2017).
● Niños preescolares (2 a 5 años): Existe una actitud general de desafío
frente a los adultos, desobediencia, arrebatos de ira, rabietas, agresiones
físicas hacia otras personas (golpear, dar patadas, morder). A los dos o
tres años las agresiones se producen sobre todo con el objetivo de
conseguir algo deseado, es decir que son de carácter instrumental. Suelen
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pelearse con sus pares por la posesión de objetos, incluso cuando poseen
uno igual a mano. No tienen la intención de hacer un daño. A partir de los
tres años, se presenta ya una tendencia a vengarse, en la medida en que
el desarrollo cognitivo le va permitiendo al niño atribuir una intención al
atacante, por lo tanto, responder en consecuencia. Dado que la capacidad
para la autorregulación y la inhibición se desarrolla en los 30 primeros
meses, la frecuencia de la agresividad física se incrementa hasta los tres
o cuatro años de edad y, posteriormente, experimenta un descenso.
Progresivamente, su agresión será menos instrumental y menos física. En
general, se observa que las interacciones agresivas irán disminuyendo.
(Sabeh, 2017).
● Niños en edad escolar (6 a 11 años): Suele disminuir la frecuencia de
interacciones agresivas, aunque aumenta la intensidad de las agresiones
como respuesta a las provocaciones o para hacer daño al provocador.
Reaccionan ante cualquier provocación, sea intencionada o no. En esta
etapa la agresión física da paso a otro tipo de agresiones,
predominantemente las de tipo verbal así como también las de tipo
indirecta y relacional. En esta etapa del desarrollo pueden empezar a
presentarse insultos, mentiras, robo de pertenencias a otras personas
fuera de casa, infracción persistente de las normas, peleas físicas,
intimidación a otros niños, acoso escolar. Diversas investigaciones han
venido señalando el aumento de este tipo de agresiones relacionales en
las que se produce una manipulación social por parte del agresor, quien
utiliza al grupo de iguales para atacar a su víctima, sin verse
personalmente implicado en el ataque, por medio del rumor, la exclusión
de actividades o del grupo de amigos. Se ha demostrado que los efectos
sobre el desarrollo personal y social son comparables a los de las
agresiones directas (Heras y Navarro como se citó en Sabeh, 2017).
● Preadolescentes y adolescentes (de los 12 hasta los 17 años):
Nuevamente se produce un incremento de las conductas agresivas. La
agresividad física alcanza un punto álgido en los comienzos de la
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adolescencia y sus agresiones tienen efectos más dañinos, en la medida


en que se produce un aumento de la fuerza física. Luego estas conductas
agresivas tienden a decrecer. En esta etapa de la vida, por otra parte, se
pueden añadir comportamientos antisociales, tales como crueldad y daños
a otras personas, asaltos, robos con uso de la fuerza, vandalismo,
destrozos e irrupciones en casas ajenas, huidas de casa. La preocupación
por este tipo de problemáticas ha llevado a diversos autores a analizar las
funciones tanto de la agresividad como de la conducta antisocial en este
período. (Sabeh, 2017).

La agresividad, como podemos observar en el texto de Sabeh, se presenta en


todas las personas, más allá del contexto en el que se desarrolla y del desarrollo
de su personalidad, siendo estos factores, potenciadores que determinan el
ejercicio o inhibición de la agresividad en una edad más avanzada, siendo la
adolescencia, un punto crítico en la expresión agresividad y definición de la
personalidad, donde puede adoptarse la violencia como un rasgo.

1.2 . Agresividad y conducta antisocial durante la adolescencia

La adolescencia es definida por la Organización Mundial de la Salud como el


periodo de edad entre los 10 y 19 años de edad, misma que la UNICEF divide en
Adolescencia temprana (10 a 14 años) y Tardía (14 a 19 años), la cual precede a
la juventud.

Esta etapa se define socialmente, según Sabeh, como un periodo “turbulento, en


el cual los comportamientos de oposición y rebeldía hacia las figuras de autoridad
son muy frecuentes y las normas de convivencia” (2017, p.85). Además, de las
conductas propias de la edad, los adolescentes cuentan ya con una gran carga
de aprendizajes que afectan directamente en la formación de personalidad, por
lo que ya podemos hablar de un adolescente agresivo, como aquel que no ha
tiene el control sobre los impulsos de agresividad.
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La manifestación de la violencia en esta etapa es totalmente dependiente del


contexto pues, como afirma Álvarez-Cienfuegos, “La respuesta (violenta o no)
ante los estímulos que nos rodean depende de la percepción de las situaciones.
El adolescente agresivo se ve a sí mismo en un mundo amenazante, sus
experiencias dolorosas (abuso, abandono) le han enseñado que el entorno es
hostil” (2003, p.40)

Hablar de agresiones, también es hablar de agresores y víctimas.


Específicamente en la adolescencia y en el ámbito escolar, podemos identificar
el perfil de un adolescente agresivo y de una adolescente, ya que se van
definiendo como rasgos de personalidad. Gómez, Gala, Lupiani, Bernatte, Mirnet,
Lupiani y Barreto describen ambos perfiles en el texto “El “bullying” y otras formas
de violencia adolescente” (2007)
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Fuente: Gómez, A., Gala, FJ., Lupiani, M., Bernatte, A., Mirnet, MT., Lupiani, S y Barreto, MC,
2007, El “bullying” y otras formas de violencia adolescente. Elaboración Propia.

Es importante mencionar que las atenciones a las conductas agresivas no deben


dirigirse únicamente a los agresores, pues las víctimas se convierten en
potenciales agresores ante la amenaza de una nueva agresión.

La descripción de los perfiles nos es útil para prevenir y trabajar en los aspectos
que conforman estas personalidades, para así ser atendido uno a uno o en
conjunto, realizando actividades específicas para la atención de cada uno de
ellos.
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2. Detección de agresividad

Una parte importante en la atención de las conductas es su temprana detección


para poder crear estrategias y técnicas que impidan que esta se manifieste y se
torne en violencia.

Por ello, en este tema, abordaremos la importancia de la detección de conductas


agresivas, así como la utilización de instrumentos ya probados para el diagnóstico
de actitudes que pueden manifestar agresividad y violencia

2.2 Detección para la prevención de agresiones

Para Carrasco y González, es importante tener claro el origen de la agresividad


y su conceptualización, con el fin de no evaluar otras conductas que se pueden
asimilar a ella. “la agresividad es, en ocasiones, evaluada con instrumentos
específicos de ira, hostilidad, impulsividad o a través de instrumentos diseñados
para evaluar otros constructos” (Carrasco y González, 2006, p.68).

Para poder evaluar y detectar conductas agresivas, se deben tener varias


consideraciones, se enlistan en el documento Evaluación de la conducta agresiva
de Carrasco y González. Estos aspectos se muestran en la Tabla 1.

Aspecto Descripción
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Selección de Como se mencionó anteriormente, es necesaria la


medidas existencia de instrumentos específicos para la
apropiadas y evaluación de la agresividad, sin confundirse con otras
especificidad de conductas que se asemejan a ella.
las mismas
“La selección de una medida, dada la limitada oferta
disponible en castellano, nos obliga, en muchas
ocasiones, a elegir instrumentos diseñados para otro fin”
(Carrasco y González, 2006,p.68).

Evaluación Los instrumentos para detección de la agresividad deben


multifuente- contar con información obtenida por distintas fuentes y
multimétodo a través de diferentes métodos para evitar un sesgo en
el diagnóstico.

Importancia de “La conducta agresiva es activada bien por un


la evaluación del acontecimiento externo, bien por un acontecimiento
contexto interno al sujeto y tiene unas consecuencias que
funcional de la instauran o mantienen su emisión (...) Por lo tanto, el
conducta estudio de las relaciones funcionales de esta conducta
agresiva con el contexto externo o intrapersonal en el que se
produce, puede ser de gran importancia para la
comprensión futura y modificación de esta conducta”
(Carrasco y González, 2006, p.69).
Técnicas para disminuir la conducta agresiva en los alumnos

Evaluación “La agresividad puede manifestarse de diversas y


comprensiva complejas formas, de ahí la necesidad de una evaluación
comprehensiva, que abarque distintos aspectos de la
misma, así como los factores asociados al
comportamiento agresivo. La evaluación de variables,
entre las que destacan, la historia de agresión previa,
impulsividad, empatía, personalidad, desarrollo moral,
conducta pro social, asertividad, resolución de conflictos,
autocontrol o estado emocional, pueden resultar de
especial interés” (Carrasco y González, 2006, p.69).

Tabla 1. Fuente: Carrasco, M y González, J,2006, Evaluación de la conducta agresiva.


Elaboración propia.

2.1 Instrumentos para la detección

Existen distintos instrumentos y técnicas para detectar las conductas agresivas,


que surgen precisamente desde las necesidades de los grupos docentes de
detectar distintas variables que pueden producir la manifestación de la
agresividad.

Carrasco y González muestran distintas categorías en las que se pueden


distinguir los instrumentos para la detección de la agresividad, según su forma de
obtener la información. Estas categorías se muestran en la Tabla 2
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Forma de
Recolección Descripción Instrumentos
de datos

Consta del historial de


manifestaciones, historia ● Historia clínica
clínica, y cualquier otro ● Historial
Archivos elemento marqué un penitenciario
precedente en la cultura ● Reportes
violenta de forma escolares
documentada

Este método se da de forma


natural, más necesita que el
evaluador se capacite para
observar conductas más allá
de lo evidente. Sin embargo,
Técnicas de ● Bitácora de clase
este método cuenta con
observación ● Diario grupal
muchas contras, como lo son
la modificación de
comportamiento según el
escenario y la subjetividad de
la interpretación

Estas técnicas constan del


acercamiento con los sujetos
involucrados directamente, así
como sus círculos cercano y
observadores. ● Entrevistas
● Autoinformes
Informes
Los informes de fuentes ● Cuestionarios
Verbales
directas, permiten acceder a ● Test de
dimensiones personales como personalidad
los sentimientos, mientras que
los grupales pueden servir
como para reforzar y validar
esta información.
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Estas técnicas consisten en la


● Test del árbol
utilización de instrumentos
● Figura Humana
Técnicas creados desde la psicología,
● Test de la casa
Proyectivas para poder detectar conductas
● Respuesta de
que por algún motivo, se
formas
buscan ocultar.

Tabla 2. Fuente: Carrasco, M y González, J, 2006, Evaluación de la conducta agresiva.


Elaboración propia.

Estas técnicas e instrumentos deben de ser aplicadas por los docentes de forma
responsable, y su uso debe ser en medida de las necesidades que muestran los
grupos con los que trabajan.

Contar con esta información, es parte del proceso de diagnóstico, que más
adelante abordaremos con mayor profundidad, ya que nos ayudarán a construir
estrategias de intervención y contar con un plan de convivencia que prevenga la
aparición de conductas agresivas.

Para conocer más…

Si quieres conocer más acerca de Instrumentos de detección de conductas


agresivas a partir de instrumentos psicométricos, explora el documento “Test de la
persona bajo la lluvia” de Silvia Querol y María Chaves, que se encuentra disponible
en la sección de descargas de la plataforma

Actividad de aprendizaje 2

Para contribuir con el aprendizaje de la sesión, te invitamos a realizar la actividad


“La agresividad en mi grupo” que se encuentra en el apartado de “Actividades”
de la plataforma.
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Conclusiones
Como pudimos ver en esta sesión, la agresividad puede proceder de distintos
aspectos, por lo que es necesario hacer una evaluación multidimensional para poder
obtener una mejor información. Así mismo, este proceso es un paso esencial en el
diagnóstico de la problemática

Otro aspecto que resulta relevante en el diagnóstico, es el acompañamiento de


parte de los docente y padres de familia, así como su ejemplo y comportamientos,
son factores que tienen una mayor relevancia en los alumnos.

Por ello, en la siguiente sesión, abordaremos estos dos aspectos en dos sentidos:
las conductas de parte de los mayores que fomentan la agresividad y violencia, así
como la importancia que tiene su inclusión dentro de las estrategias para disminuir
estos comportamientos, convirtiéndolos en un apoyo de mucho peso para sus hijos.

Fuentes de consulta
● Álvarez-Cienfuegos, A y Egea, F. (2003). Aspectos psicológicos de la
violencia en la adolescencia. Revista de Estudios Juveniles, (62), 37-44.

● Carrasco, M y González, J. (2006). Evaluación de la conducta agresiva.


Acción Psicológica, 4 (2), 67-81.

● Sabeh, E., Caballero, V y Contini, N. (2017). Comportamiento agresivo en


niños y adolescentes: Una perspectiva desde el ciclo vital. Cuadernos
Universitarios, (10), 77-95.

● Organización Mundial de la Salud (OMS). (2013). Prevención de la violencia:


la evidencia. Suiza: OMS.

● Gómez, A., Gala, FJ., Lupiani, M., Bernatte, A., Mirnet, MT., Lupiani, S y
Barreto, MC.( abril-julio 2007). El “bullying” y otras formas de violencia
adolescente. Revista Cuad Med Forense, 13(48-49),164-177.