Está en la página 1de 8

CLAUDE LOUIS MARIE HENRI NAVIER

Nacido en Dijon 15 de febrero 1785, Jean-Marie-Claude-Louis Navier era el hijo de un


abogado de gran prestigio que, después de ser un miembro de la Asamblea de Notables y de
la Asamblea Legislativa, murió prematuramente a causa de los daños que le habían causado
los excesos de la Revolución (Prony, Aviso de Navier, en los Anales de Carreteras y Puentes,
1837). Huérfano a los 14 años, la educación del joven Navier fue confiada al cuidado de su
tío Gauthey, primero ingeniero de Borgoña y luego Inspector General de Puentes y Caminos,
y conocido por trabajos notables, especialmente por la ejecución del canal del Centro. Bajo
tal sentido, Navier hizo un rápido progreso en la ciencia y en 1802 fue admitido entre los
primeros en la Escuela Politécnica. Dos años después ingresó en la Escuela de Ingeniería
Civil. Gracias a la atmósfera que ya había respirado, ahora se sentía tan a gusto en medio de
este tipo de estudios que le encantó colaborar en la obra de su tío, que le permitió adquirir
pronto una notable facilidad para las aplicaciones de la teoría a la práctica.

Pero Gauthey murió en 1807, un año antes de que


Navier se convirtiera en ingeniero ordinario. Este
último consideró el deber de completar el trabajo de
quien le había formado y, como él no era el heredero,
se impuso verdaderos sacrificios para permanecer
dueño de todos los manuscritos. Comenzó a
publicarlos en 1813 empezando por el Tratado de
Puentes, en que Prony dijo que se valía de su utilidad
por la gran cantidad de notas que Navier insertó en el
mismo. La redacción fue interrumpida durante un
tiempo por una misión que le dio el conde Mole al joven ingeniero para la reconstrucción
de los muelles del Tíber en Roma; misión que los acontecimientos de 1814 dejaron pronto
inútil.

En 1816, Navier, continuando su obra de piedad casi filial, publicó los canales de navegación
de Gauthey, con notas detalladas sobre el Canal du Centre. Al mismo tiempo participó en la
ejecución de obras importantes, como el puente de Choisy, la puerta de entrada a la ciudad
y los puentes de Asnières y Argenteuil.

En 1818 Navier publicó en los Anales de Química y Física, un importante memorándum,


donde mostró el alto grado de simplicidad y claridad que prestó a la solución de la mayoría
de los problemas de la mecánica, el uso del principio de las fuerzas vivas. Al año siguiente,
transformó su declaración mediante la introducción de lo que Coulomb llama la cantidad de
acción, un término que pronto se reemplazará en el trabajo de Coriolis. Estos
títulos designaron al autor para el profesorado. Así que fue nombrado en 1819 en la Escuela
de Ingeniería Civil, profesor suplente del curso de Mecánica Aplicada, del que se convertiría
en profesor titular en 1831. Pronto se justificó esta elección vívidamente por la publicación
de su memoria en 1821 de las Leyes de equilibrio y el movimiento de los sólidos. Este
memorándum establecería época porque él fundó lo que puede llamarse la mecánica
molecular y la teoría general de la elasticidad, que recibiría casi de inmediato todos sus
desarrollos de Cauchy, Poisson, Lame, Clapeyron. Fue por parte del autor, una verdadera
conquista de haber sabido, en aquel momento, la práctica del cálculo previo de la energía
potencial o trabajo virtual de todas las fuerzas en juego.

A pesar de ser el teórico consumado, Navier no negligía las aplicaciones. Así, en 1822, al
regresar de un viaje a Inglaterra, entregó una nota a la administración sobre los
procedimientos de Mac Adam, donde se establecieron las causas de la superioridad que
tenían entonces los caminos ingleses. Al año siguiente dio nuevas pruebas de la fecundidad
de este trabajador excepcional. De hecho, él publicó una reedición de dos de las grandes
obras de Belidor: Ciencia del ingeniero, enriquecida con notas personales sobre la presión
de tierra, muros de contención y teoría de bóvedas; Arquitectura hidráulica, que Navier había
dado a la corriente al duplicar la capacidad de la obra original. Pero sobre todo es en este
año de 1823 cuando publicó su artículo sobre los Puentes Colgantes, resumen de las
misiones que había reunido más de una vez con este fin en Inglaterra y Escocia. Era un
nuevo y completo tratado sobre la materia, y Charles Dupin, quien se dio cuenta, se
complació en hacer la siguiente declaración: “Gracias a los esfuerzos del Sr. Navier, Francia,
que ha entrado la última en este nuevo tipo de construcciones, estará pronto en la
vanguardia.» Nuevo ejemplo de lo que la intervención de la politécnica ha producido tan a
menudo gracias a su educación científica a través de la cual ha entrado en los dominios de
la naturaleza, promoviendo el crecimiento de la industria, habiendo permitido a otros de
anticiparse a ellos.

El 26 de enero de 1824, la Academia de Ciencias ratificó el voto de Dupin, llamando al autor


de la memoria sobre puentes colgantes para sentarse en la sección de Mecánica, y el recién
electo consiguió en el mismo año, la conquista de un nuevo título por sus lecciones sobre la
resistencia de los sólidos. Por primera vez se corrigió el error que todos los autores se habían
comprometido previamente en la determinación de la línea las fibras invariables; de nuevo,
vinculando más completamente la noción de resistencia a la elasticidad de los sólidos,
Navier hizo hacer a la teoría un paso juzgado como considerable.
Desafortunadamente, después de tantos triunfos auténticos, ganados por el científico, el
ingeniero experimentaría menos por su culpa que por la de las circunstancias, una gran
decepción, destinada a oscurecer toda su carrera posterior en la que este fracaso sin duda
aceleró el desenlace.

Como prueba de sus estudios sobre puentes colgantes, Navier había planeado establecer en
el Sena, frente a la explanada de los Inválidos, un puente cuya apertura fuera de 155m, es
decir, algo menos que la del famoso puente de Menai en Gales. De esta manera, la capital
habría sido dotada de una obra de arte que durante mucho tiempo habría atraído la atención
universal. La construcción del puente, precedida por un fabuloso conjunto de estudios
teóricos y experimentales, había dado a Navier la oportunidad de establecer nuevas reglas
para los puntos de apoyo o anclaje y un aparato ingenioso para someter a un esfuerzo de
67.000 kg 5000 al sistema de componentes piezas de suspensión.

El puente se había terminado, cuando un ligero movimiento se manifestó en los pozos y en


los contrafuertes de retención. Por el lado de los Campos Elíseos, el efecto de este
movimiento se vio agravado por accidente, en la noche del 6 al 7 de septiembre de 1826,
por la ruptura de una conducción principal de agua de la Ciudad de París. En realidad, fue
una cosa de muy poca importancia, y con 100 o 200 metros cúbicos de escombros, todo
pudo ser reparado fácilmente. Pero la opinión pública, que siempre había sido hostil a esta
construcción, en que los viandantes lamentaron el hecho, se asustó en aquel momento. Se
dijo que la reparación no se completaría antes del invierno, que había peligro, en previsión
de heladas, de taponar el río por los andamios. En definitiva, todo tipo de intrigas se
mezclaban y se decidió el abandono de la obra.

En vano, Navier escribió para su defensa, una memoria donde se justificó por el exceso de
ahorro, con el argumento de que en estos casos el coste “es menor para reparar un error que
para proporcionar toda la fuerza superflua de trabajo.” Su único defecto, reconocido por él,
fue de descuidar la influencia que la fricción de las cadenas tendría en la dirección tomada
por la resultante de las dos tensiones, antes y después del codo precedente a la bajada de las
cadenas en el pozo (Saint-Venant). Al proclamar de nuevo, algunos años más tarde, que este
accidente no tuvo nada de extraordinario, que la cura era tan fácil como barata, que el
abandono de la empresa fue lamentable, el ilustre Prony, en el registro Biográfico dedicado
a su estudiante, añadió: “Navier vio esfumarse de pronto uno de los mejores títulos que pudo
tener para la estima de los hombres cultos, la recompensa más noble por sus honorables
trabajos. “
Los años 1828 y 1829 estuvieron marcados por un acalorado debate entre Navier y Poisson.
Este último criticó el método utilizado para el cálculo de la resistencia de los materiales,
alegando que era inaplicable a cuerpos discontinuos. Tras la verificación, se acordó en
general que las críticas formuladas por el gran matemático eran o infundadas o muy
exageradas. Por contra, en 1828, Navier debió ver con placer llegar de Rusia una memoria
donde Lamé y Clapeyron, buscando establecer la teoría de las bóvedas, lograron ecuaciones
que él mismo había propuesto previamente. Si a esto añadimos que se trata del primero para
quien el problema de la resistencia viva, bajo el esfuerzo de un choque, se había resuelto por
completo y en su verdadero sentido, podemos medir el alcance de los servicios que este gran
erudito ha prestado al arte de la ingeniería.

En 1830 Navier tuvo la satisfacción de ser nombrado profesor de Análisis y Mecánica en la


Escuela Politécnica. Notable por el método y la claridad de su enseñanza y por la maravillosa
facilidad con la que dibujaba, se entregó por completo a su tarea y, al igual Monge, puso su
título de profesor por debajo de todos los honores a los que podía aspirar. Para un mejor
desempeño de sus funciones, se hizo suplir en 1832 por Coriolis. Así que cuando, en agosto
1836 una muerte inesperada truncó una carrera ya bien rellena, los doscientos alumnos de
la Escuela Politécnica, en el momento máximo de exámenes, no dudaron en dejarlo todo
para acompañar, hasta su última morada, los restos de su maestro venerado.

Espíritu justo y positivo, de carácter un poco flemático pero susceptible de sentir un apego
sincero y duradero, Navier se concilió por la reputación de su existencia, una consideración
unánime. Él fue el amigo de Fourier y Prony, que había sido alumno, que se celebró a
pagarle, en los Anales de los Puentes y Calzadas, un “tributo de estima y amistad”, dijo,
“que habría recibido probablemente de él si el orden natural de las supervivencias no se
hubiera intercambiado entre nosotros “.

Comentario: esta biografía escrita 60 años después de la muerte de Navier, no menciona dos
aspectos importantes de su obra y de su vida:

1821-1822 su trabajo sobre las ecuaciones de los fluidos incompresible y de los fluidos
viscosos, conocido bajo el nombre de ecuaciones de Navier-Stokes
La influencia de Auguste Comte y los Saint-Simoneros tuvieron en el pensamiento de
Navier.
APORTES AL ANALISIS ESTRUCTURAL

La teoría de la flexión de Paret/Coulomb se convirtió en la teoría de Coulomb/Navier.


Claude Louis Marie Henri Navier (1785-1836) estudio en la École Polytechnique de 1802 a
180, y después se trasladó a la École des Ponts et Chaussées. Al graduarse se convirtió en
Ingénieur des Ponts et Chaussées y, finalmente, él mismo enseño en la escuela. En 1813
edito una nueva revisión de Bélidor y en seguida comenzó a publicar artículos científicos
sobre muchos temas estructurales que incluían la flexión de placas, la teoría de los puentes
colgantes, etc. Sin embargo, su obra más influyente fueron sus lecciones, publicadas en
1826: los Résumé des Lecons données á l´ École des Ponts et Chaussées. Estas lecciones
contienen todavía algunos errores teóricos; el gran estudioso de las elasticidades Barré de
Saint-Venanat edito a Navier en 1864, y corrigió e incremento enormemente el texto
mediante las notas a pie de página. Entre otras cuestiones Navier no tenía una idea clara de
cómo analizar la tensión de cortante, que se estudiará más adelante.

La importancia de las Lecons de Navier de 1826 reside en la gran variedad de cuestiones


tratadas. No solo se analizan problemas en el campo de la resistencia de materiales – por
ejemplo, el fallo local en flexión (problema de Galileo); también se expone la teoría del
pandeo, y se desarrolló una teoría general para el análisis de estructuras hiperestáticas que
marca el comienzo de la teoría de estructuras propiamente dicho. El libro es, efectivamente,
el primer texto moderno sobre análisis de estructuras: en él se utiliza la teoría científica para
calcular los tamaños de los elementos estructurales que han de desempeñar funciones
estructurales específicas.

Hay una idea unificadora común a todo el análisis de Navier. Naviera forma, implícitamente,
que el ingeniero no está interesado en estado final de colapso de la estructura; la intensión
del ingeniero es, precisamente, prevenir el colapso. Así, el cálculo galileano de la resistencia
de rotura de una viga no es del tipo correcto; la preocupación del ingeniero es garantizar la
seguridad de una estructura que soporta una cierta carga. El ingeniero debe, entonces,
calcular las tensiones en la estructura sometida a esas cargas, y verificar que dichas tensiones
se hallan por debajo del límite elástico del material.

De este modo, en los escritos de Navier de 1826 emerge y cristaliza una filosofía del cálculo
estructural. La teoría lineal de la flexión, formulada por Mariotte y desarrollada por Parent
y Coulomb es interpretada físicamente, con referencia a la ley de Hoock, como una teoría
elástica lineal. Las deformaciones elásticas son recomendables; una estructura cargada y
descargada después, no sufrirá una “deformación” permanente. Más aun, todas las
ecuaciones lineales - una carga doble (dentro de los limites elásticos) duplicara las
deformaciones. La piedra, en efecto, es mucha más “rígida” que la madera y, con frecuencia,
se consideró como tal; pero realmente la piedra, al menos comparada con la madera, es frágil
y se comporta de un modo más o menos elástico lineal cuando se carga hasta su punto de
rotura. Como contraste, la madera “cede” más; no solo las deformaciones estructurales son
mas evidentes, sino que hay una cierta “ductibilidad” – el comportamiento pasa a ser no
lineal por encima de una cierta tensión limite, que no está bien definida.

Además de estos dos materiales, el hierro se estaba empezando a usar estructuralmente en


época de Navier. El hierro fundido también es frágil, produciéndose la fractura poco después
de que se ha excedido el limite elástico; el hierro forjado es más dúctil y puede admitir una
pequeña cantidad de deformaciones permanentes sin romper.

Ingenieros como Brunel, que a mediados del ciclo XIX estaban introduciendo el hierro en
sus estructuras, se dieron cuenta de que le material próximo al centro de la viga estaba
sometida a esfuerzos menores que el material de las superficies y resultaba, en cierto modo.
“desperdiciado”. Idearon entonces las vigas armadas en sección en I. En este tipo de vigas
el metal el metal se concentra en la parte superior e inferior, las alas, que se conectan (por
medio de angulares y roblones o tornillos y, más tarde, de soldadura) a una tercera chapa, el
alma. Así, las alas, la superior traccionada y la inferior comprimida, dan la resistencia a la
flexión de la sección, y el alma mantiene las dos alas separadas para lograr una estructura
estable.

El alma en una viga de sección en I desempeña, además, otra función estructural. La carga
puntual sobre el voladizo, que produce la flexión, debe ser trasladada de sección a sección a
lo largo de la longitud de la viga y, finalmente impone un esfuerzo hacia abajo sobre la
estructura de apoyo en el empotramiento del voladizo. Esta fuerza vertical se trasmite por
cortante – cualquier sección vertical imaginaria de la viga trata de “arrastrar” a la contigua.
El efecto se halla presente en la viga de sección trasversal rectangular y, al parecer, fue
Coulomb el primer en observarlo. En una viga de este tipo tiene poca importancia y Coulomb
lo ignoró de forma consiente. El alma de una viga en I también traslada las fuerzas verticales
de sección a sección mediante el esfuerzo de cortante, pero ahora su cálculo tiene cierta
importancia. El alma no debe ser demasiado delgada, por ejemplo, o podría fallar bajo la
acción de las elevadas tensiones tangenciales producidas por las cargas verticales.

La tención tangencial de cortante, una tensión de cizalladura sobre la sección transversal, es


de tipo diferente a las de compresión y tracción generadas por la flexión. El análisis es
veradderamente complejo desde un punto de vista matemático, y Navier fue incapaz de
realizarlo en 1826, aunque los matemáticos ya habían empezado a considerar el problema
por esa época. Fue Saint – Venant en su edición de 1864 quien ordeno la cuestión en la
medida necesaria para el cálculo técnico, y así aparecieron reglas sencillas para el cálculo
de vigas de sección en I, reglas que llegaron finalmente a los manuales de cálculo de
estructuras.
Bibliografía

 Información extraída de http://www.sabix.org/bulletin/b5/navier.html

 https://es.wikipedia.org/wiki/Claude-Louis_Henri_Navier#Biograf.C3.ADa

 Imagen extraída de https://fr.wikipedia.org/wiki/Henri_Navier

 https://books.google.com.pe/books?id=MGJgc_6mmHAC&pg=PA74&lpg=PA74
&dq=claude+louis+marie+henri+navier+aportes+al+analisis+estructural&source=
bl&ots=DTjkPOTg3O&sig=ACfU3U2Z_AM5q0zf-
s9hSE5vRUOKG7Lwqw&hl=es-
419&sa=X&ved=2ahUKEwjM2KTUjsDkAhXIxlkKHXb9CakQ6AEwDXoECAk
QAQ#v=onepage&q=claude%20louis%20marie%20henri%20navier%20aportes%
20al%20analisis%20estructural&f=false