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CUANDO VIVIMOS

CONFORME AL PLAN DE DIOS


PASAJE CLAVE: Colosenses 1.9-12

LECTURAS DE APOYO: Éxodo 20.1-17 | Salmo 16.11; 32.8 | Proverbios


3.5, 6 | 1 Tesalonicenses 4.1-5

INTRODUCCIÓN

Algunos creyentes, después de ser salvos, se preguntan cuál es el


próximo paso que deben dar. ¿Acaso solo deben asistir al templo y
esperar hasta ir al cielo?

Quizás no se les enseñó lo que la Biblia dice acerca de la vida cristiana, o


nunca hayan considerado lo que Dios desea para ellos como hijos suyos.
Sin embargo, al leer las Sagradas Escrituras, podemos darnos cuenta de
que el Señor tiene un plan específico para cada persona.

DESARROLLO DEL SERMÓN

NUESTRO PADRE CELESTIAL DESEA QUE CONOZCAMOS SU


VOLUNTAD.

Colosenses 1.9-12 deja esto muy claro y explica cuáles son los planes de
Dios para los creyentes.

(9) “Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos
de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su
voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual,
(10) para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo,
llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios;
(11) fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para
toda paciencia y longanimidad;
(12) con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de
la herencia de los santos en luz”.
Este pasaje bíblico describe lo que Dios quiere para nosotros; y lo primero
que enfatiza es su deseo de que conozcamos su voluntad. Debemos vivir
cada día para el Señor, y no solo conformarnos con ser bautizados y asistir
a la iglesia, para entonces hacer lo que queramos.

Hemos sido creados con personalidades y destrezas únicas; por tanto, el


Padre celestial tiene un plan específico para cada uno de nosotros. Su
voluntad puede ser definida como aquello que Dios aprueba y determina
llevar a cabo. Se refiere a las decisiones de Dios en cuanto a lo que
debemos y no debemos hacer.

Ninguno de nosotros puede poner excusas, y decir que no tenemos los


conocimientos o las aptitudes adecuadas para servir al Señor de acuerdo
con su voluntad. Él nos conoce a cada uno y diseñó un plan para nuestra
vida antes de que naciéramos. Por tanto, nunca debemos subestimar lo
que el Señor puede hacer en nosotros, incluso cuando creamos que
tenemos poco que ofrecer.

LOS TRES ASPECTOS DE LA VOLUNTAD DE DIOS.

Su voluntad predestinada.
Se refiere a la voluntad soberana con la que Dios obra en el mundo y en
nuestra vida. Estos acontecimientos son irresistibles, inmutables, e
incondicionales porque han sido ordenados por Dios todopoderoso. Un
buen ejemplo es la muerte de Jesucristo en la cruz. Ese evento fue
predestinado mucho antes de la creación del mundo.

Su voluntad moral
Estas son las normas morales de Dios bajo las cuales debemos vivir. Se
ejemplifican en los Diez Mandamientos (Ex 20.1-17) y se describen en
diversos pasajes del Nuevo Testamento, como el que encontramos en 1
Tesalonicenses 4.1-5, el cual nos habla de la santificación del cristiano.
Su voluntad deseada. Esta abarca el deseo que Dios tiene para sus hijos,
e incluye aspectos de nuestra salvación, como el bautismo, el servicio, la
oración, las decisiones sabias y un carácter que evidencia el fruto del
Espíritu Santo.
¿POR QUÉ DEBEMOS ANHELAR OBEDECER A DIOS?

La manera en que nos comportamos es importante porque tenemos la


responsabilidad de vivir de acuerdo a la voluntad de Dios. La Biblia nos
dice que nos presentaremos ante el tribunal de Cristo para rendir cuenta
de nuestras acciones.

Quienes afirmamos que Cristo es nuestro Salvador y nos aferramos a la


Palabra, estamos bajo la ley espiritual de Cristo, quien vive en nosotros por
medio de su Espíritu. Por tanto, debemos esforzarnos en obedecerlo en
cada aspecto de la vida. Dios se encargará de equiparnos, fortalecernos y
guiarnos a tomar decisiones sabias de acuerdo con su voluntad.

Una de las razones por las que a veces dudamos de que el Señor pueda
tener un plan para nuestra vida es porque nos comparamos con otros que
parecen tener mejores oportunidades e intelecto. Sin embargo, es Dios
quien otorga la vida y quien determina lo que confiará a cada ser humano.

Puede que no entendamos por qué algunas personas parecen tener más
ventajas en la vida, mientras que otras sufren, pero sabemos que todos los
juicios de Dios son de acuerdo a su buena y perfecta voluntad. Nuestra
tarea es ser fieles y obedientes en el uso de las capacidades,
oportunidades, e incluso, dificultades que nos ha dado.

PODEMOS EMPEZAR A VIVIR SEGÚN LA VOLUNTAD DE DIOS HOY


MISMO.

Incluso si no hemos estado viviendo como el Señor desea, Él está


dispuesto a recibirnos tal como estamos y comenzar a guiarnos a su
voluntad si lo obedecemos. Este siempre ha sido su deseo para quienes
están en Cristo; que seamos “llenos del conocimiento de su voluntad en
toda sabiduría e inteligencia espiritual” (Col 1.9).

Es asombroso lo que el Señor puede hacer en una persona que se rinde a


Él por completo. Si bien nuestro pasado no puede cambiar, Cristo nos
capacita para seguir su voluntad mientras vive en y por medio de nosotros,
una vez que nos arrepentimos de nuestros pecados.

Incluso aquellos que han odiado a Dios y rechazado a su Hijo son


invitados a buscarlo para que puedan tener una vida nueva. Saulo de
Tarsos es un buen ejemplo de esto. Perseguía a los cristianos hasta que el
Señor se le apareció, cegó su vista y lo transformó en uno de sus
apóstoles. Nadie es demasiado malo para no poder ser salvo por Dios si
deposita su fe en Cristo.

DIOS SE DELEITA EN MOSTRARNOS SU VOLUNTAD.

Salmo 16.11. “Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay


plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre”.
Salmo 32.8. “Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes
andar; sobre ti fijaré mis ojos”.
Proverbios 3.5, 6. “Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en
tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus
veredas”.

¿QUÉ NOS IMPIDE DESCUBRIR Y HACER LA VOLUNTAD DE DIOS?

Voluntad propia. Deseamos que nuestro deseo se cumpla.


Influencia de otras personas. Escuchamos a otros en vez de confiar en
Dios.
Ignorancia acerca de la Palabra de Dios. Desconocemos sus promesas.
Duda. Dudamos del poder del Señor.
Sentimientos de demérito. No creemos que Dios puede usarnos.
Temor. Dudamos de nuestras habilidades.
Pecado conocido. No deseamos cambiar.

REFLEXIÓN

¿Algo le impide seguir la voluntad de Dios? ¿Está dispuesto a entregarse a


Cristo para comenzar a vivir dentro de su buena, agradable y perfecta
voluntad?
¿La condición en la que hoy vive le impide creer que el Señor pueda
perdonarle y transformarle si se arrepiente y acude a Él con fe?
CUANDO HACEMOS PLANES SIN DIOS
PASAJE CLAVE: Génesis 11.1-9

LECTURAS DE APOYO: Génesis 9.7 | Proverbios 3.5, 6 | Mateo 7.7

INTRODUCCIÓN

En ocasiones nos preguntamos por qué nuestro plan no ha resultado tal y


como teníamos pensado.

Tuvimos cuidado de planificar cada paso, pero no funcionó. Quizás porque


dejamos a Dios fuera de ese plan. En vez de confiar en Aquel que todo lo
sabe y quien tiene todo el poder, dependimos de nuestro conocimiento,
nuestro entendimiento y nuestros recursos para determinar lo que
deseábamos alcanzar, hacia dónde deseábamos ir y cómo
completaríamos nuestro plan.

DESARROLLO DEL SERMÓN

Un ejemplo de esta manera de pensar la encontramos en Génesis 11.1-9.


Después del diluvio, el Señor les dijo a los hijos de Noé, que debían
“fructificad y multiplicaos; procread abundantemente en la tierra, y
multiplicaos en ella” (Gn 9.7). Pero sus descendientes se reunieron en una
llanura en la tierra de Sinar, y dijeron: “Vamos, edifiquémonos una ciudad y
una torre, cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre, por si
fuéremos esparcidos sobre la faz de toda la tierra” (Gn 11.4).

Aunque Dios ya les había dicho de manera específica que deseaba que
los seres humanos llenaran la Tierra, las personas en Babel optaron por
seguir su propio plan, sin importarles las instrucciones del Señor. Como
respuesta a su rebelión, Dios confundió su idioma, para que no pudieran
comunicarse entre sí, ni construyeran esa torre. Como resultado, su
voluntad se cumplió, pues todos fueron esparcidos sobre la faz de la
Tierra.
En ocasiones actuamos neciamente como las personas de Babel, al dejar
de considerar lo que Dios desea que hagamos. El Señor desea guiar
nuestras decisiones y dirigirnos hacia su voluntad si lo consultamos antes
de avanzar. Su plan es mucho mejor que el nuestro.

Si afirmamos que Jesucristo es nuestro Señor y Salvador, debemos


buscar su dirección en cada decisión.
Dios nos ama, comprende nuestras debilidades, sabe lo que es mejor para
nosotros y cómo podemos alcanzarlo; y además, puede evitarnos sentir el
dolor que proviene de seguir nuestro propio camino. Al dirigir nuestros
pasos, se asegura de que todo sea hecho conforme a su voluntad, pues
tiene el poder para lograrlo.

Necesitamos la dirección de Dios para cada aspecto de nuestra vida


(decisiones financieras, matrimoniales, laborales, académicas y todo
lo que nos concierne).
A veces avanzamos por el camino correcto, pero no llevamos el paso
adecuado. El Señor no solo sabe lo que debemos hacer, sino también la
manera y el tiempo adecuado. Algunas decisiones pueden parecer
maravillosas desde nuestra perspectiva, pero si no son parte del plan de
Dios, eventualmente nos arrepentiremos de ellas. Como seguidores de
Cristo contamos con el Espíritu Santo, quien mora en nuestro interior, para
guiarnos hacia la verdad. Pero si despreciamos su liderazgo divino e
insistimos en seguir nuestro propio camino, el Señor nos dejará enfrentar
las consecuencias, hasta que nos arrepintamos y regresemos a su
voluntad.

CONSECUENCIAS DE HACER PLANES SIN DIOS

Ya no contamos con la promesa divina de provisión y protección. No nos


dará su ayuda para alcanzar aquello que no es parte de su voluntad.
Ya no contamos con la bendición divina.
La meta es orar por dirección y no pedirle que bendiga lo que ya hemos
planificado hacer. Como hijos de Dios le pertenecemos, y el Señor se
compromete a guiarnos y darnos lo que necesitemos, aunque no
comprendamos su plan.
Limitamos lo que podemos hacer. La voluntad de Dios para nuestra vida
nos ofrece más ganancia que todo lo que pudiéramos hacer separados de
Él.
La única manera en la que podemos tomar decisiones de acuerdo a su
voluntad es dependiendo completamente de la guía del Espíritu Santo.
Para nosotros es imposible diseñar el plan de Dios.
Revela nuestro orgullo. Puede que algunos piensen que no necesitan la
guía del Señor, pero esa es una actitud orgullosa. Al comienzo de cada día
debemos buscar su dirección para lo que enfrentaremos; y, al final del día
agradecerle por su protección, provisión y dirección.

Podemos llegar a escoger menos de lo que está dispuesto a darnos.


Quizás al examinar una situación determinada, pensamos que sabemos
cuál es la mejor opción; pero si esperamos en el Señor, puede que nos
guíe hacia aquello que es mucho mejor de lo que hubiéramos escogido.
Para recibir la bendición de Dios, debemos pedirle que nos guíe para
hacer su voluntad, en su tiempo y a su manera.

RESULTADOS DE LA DESOBEDIENCIA A DIOS

Cuando nos rehusamos a buscar a Dios, pues estamos determinados a


seguir nuestro camino, podemos esperar los siguientes resultados:

Confusión.
Cuestionamos nuestras decisiones y nos preguntamos si hemos hecho
una mala elección. La acción de Dios en la torre de Babel nos muestra la
confusión que ocasiona el tomar decisiones sin contar con Él. El plan que
tenían no solo fue frustrado, sino que además el Señor cumplió su
voluntad al esparcirlos sobre la faz de la Tierra.

Conflicto.
Enfrentaremos un conflicto interno, pues el Espíritu Santo llenará nuestro
corazón con desasosiego, inquietud y dudas.
Pagaremos un alto precio. La desobediencia siempre es costosa, pues
dejamos de hacer lo correcto, en el tiempo indicado y de la manera
adecuada.

Pérdida.
En algún momento de nuestra vida la desobediencia traerá pérdidas
emocionales y físicas.

Lamento.
Dios siempre nos mostrará la mejor opción. Así que, si escogemos seguir
el camino opuesto, o no esperar por su tiempo, o hacerlo todo a nuestra
manera, nos perderemos sus bendiciones y nos lamentaremos.

Dolor.
Puede que la desobediencia traiga dolor físico, pero lo peor siempre será
el dolor emocional. Es al reflexionar acerca de nuestras decisiones en el
pasado, que nos preguntaremos qué hubiera sucedido si hubiéramos
obedecido al Señor.

Desastre.
Puede ser de índole financiero, emocional o de cualquier otro tipo; pero
podemos estar seguros de que una vida desastrosa es consecuencia de
no seguir la voluntad de Dios.

Disciplina.
Si no escuchamos y obedecemos al Señor, nos disciplinará. Su meta es
que aprendamos a confiar en Él con todo nuestro corazón, en vez de
apoyarnos en nuestra propia prudencia (Pr 3.5, 6). Solo entonces nuestros
caminos serán enderezados.

REFLEXIÓN

Al trazar planes, ¿le pedimos a Dios que nos guíe?


¿Qué situaciones le hacen recordar a usted que debe clamar por la
dirección divina?
¿Cuáles son las decisiones que usualmente toma por sí solo?

¿Qué ha aprendido de esas ocasiones en las que ha dejado a Dios fuera


de sus planes, o de esos momentos en los que se ha adelantado al tiempo
del Señor?
¿Qué bendiciones ha disfrutado como resultado de haber buscado la
dirección de Dios y de haberle obedecido?
La voluntad de Dios
en nuestra vida
PASAJE CLAVE: Lucas 22.39-42

LECTURAS DE APOYO: 2 Pedro 3.17, 18 | Hebreos 9.27

INTRODUCCIÓN

¿Le pide al Señor que le muestre su voluntad, o decide cada día cómo
desea vivir y qué es lo que hará?

La realidad es que rara vez la gente le da mucha importancia a Dios


cuando se trata de su vida cotidiana. Esto es aceptable para aquellos que
no lo conocen, pero para los que ya hemos reconocido a Cristo como
Señor y Salvador, el buscar su dirección y provisión diaria debe ser
prioridad en nuestros pensamientos, oraciones y decisiones.

DESARROLLO DEL SERMÓN

A pesar de que podemos sentirnos tentados a relegar la voluntad de Dios


tan solo a los asuntos espirituales, si Cristo es en verdad nuestro Señor y
Salvador, no hay ningún aspecto de nuestra vida que no le concierna y que
no tenga derecho a gobernar.

LA VOLUNTAD DE DIOS ES EL PRINCIPIO POR EL CUAL DEBEMOS


VIVIR CADA DÍA.

Vivir de manera independiente y sin pedirle al Señor su guía y provisión


revela que creemos no necesitarlo. Aunque quizás lo neguemos, no es
solo por medio de nuestras palabras que expresamos lo que creemos, sino
también por medio de nuestras actitudes, conductas y costumbres.
Si de verdad creemos lo que la Biblia enseña acerca de Dios, entonces
también sabemos que es Soberano sobre cada aspecto de nuestra vida y
que debemos vivir en sumisión a su señorío. Por tanto, tenemos que tratar
de complacerlo y honrarlo en todo lo que hagamos, al tomar su dirección
en nuestras relaciones personales, en las decisiones financieras, en los
problemas laborales y en cualquier otra situación.

JESUCRISTO ES NUESTRO EJEMPLO A SEGUIR.

Incluso el Hijo de Dios vivió en completa dependencia y sumisión a su


Padre celestial. Cuando la perspectiva de la cruz fue inminente, no la
enfrentó solo.

Lucas 22.39-42 “Y saliendo, se fue, como solía, al monte de los Olivos; y


sus discípulos también le siguieron. Cuando llegó a aquel lugar, les dijo:
‘Orad que no entréis en tentación’. Y él se apartó de ellos a distancia como
de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, diciendo: ‘Padre, si quieres,
pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya’”.
En su tiempo de aflicción, Jesucristo le preguntó al Padre celestial si había
alguna otra manera de redimir a la humanidad; pero no la había. Su anhelo
principal era cumplir la voluntad de su Padre, y no la suya. Y es así como
debemos pensar ante cualquier situación que enfrentemos.

LA VOLUNTAD DE DIOS CONSISTE EN LO QUE APRUEBA Y


DETERMINA LLEVAR A CABO.

Tiene que ver con las decisiones de Dios en cuanto a qué hacer y qué no
hacer. Como es Omnisciente, podemos confiar en que conoce cuál es el
mejor camino para nuestra vida. Nos creó para que solo encontráramos
nuestra satisfacción y plenitud en Él. Así que, es de necios ignorar su
voluntad y vivir como si no le perteneciéramos. Por mucho que nos
esforcemos por dirigir nuestra vida, no obtendremos el gozo verdadero y la
paz que deseamos, pues no existe una satisfacción duradera para los que
viven sin someterse a la voluntad de Dios.

VIVIR DENTRO DE LA VOLUNTAD DE DIOS NOS PROTEGE.

Segunda de Pedro 3.17, 18 enseña: “Así que vosotros, oh amados,


sabiéndolo de antemano, guardaos, no sea que, arrastrados por el error de
los inicuos, caigáis de vuestra firmeza. Antes bien, creced en la gracia y el
conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo…”.

Si no buscamos la dirección diaria del Señor, tropezaremos y caeremos.


Aunque no podemos saber lo que nos depara el futuro, Dios sí. Solo Él
posee el conocimiento y la sabiduría para dirigir nuestro camino, no solo
durante los momentos decisivos, sino también en nuestro diario vivir. Y es
al considerar todo esto, que debemos tomar la decisión de darle al Señor
la prioridad de nuestra vida cada día.

¿EN QUÉ CONSISTE LA VOLUNTAD DE DIOS?

En primer lugar, nuestro Padre celestial desea que depositemos nuestra


confianza en Jesucristo como Salvador y que nos rindamos ante su
autoridad. El Señor conoce cada detalle de nuestra vida y nos ha dado
diversos dones y talentos, que nos capacitan para alcanzar lo que ha
dispuesto para nosotros. Por tanto, debemos evitar caer en el error de
compararnos con otros y añorar aquello que ha confiado a otra persona.
En su sabiduría, Dios ha provisto todo lo que necesitamos para
complacerlo, y ha prometido guiarnos si nos entregamos a Él.

NECESITAMOS AL SEÑOR EN CADA ÁREA DE NUESTRA VIDA.

Así que debemos orar y leer la Biblia cada día, para conocer la manera en
la que desea que vivamos y para clamar por su dirección. Necesitamos su
sabiduría en nuestros matrimonios, con nuestros hijos, con los problemas
laborales y con cualquier otra circunstancia. En ningún momento debemos
vivir alejados de nuestro sabio y amoroso Creador.

Aquellos que no han reconocido a Jesucristo como Salvador, viven sin


Dios.

Esta es la razón por la que algunos tienen una vida desordenada. Tratan
de llenar el vacío de Dios con sustitutos, pero el vacío permanece porque
solo hay una persona que puede satisfacer los anhelos profundos del
corazón humano, y ese es Jesucristo.

Dios ama tanto a la humanidad, que envió a su amado Hijo, para que
muriese por nosotros y que todos los que creen en Jesucristo puedan ser
perdonados y reconciliados con Él. Sin embargo, muchas personas nunca
buscarán al Señor, pues no desean que nadie, ni tan siquiera Dios, les
diga cómo deben vivir. Como resultado, se perderán la oportunidad de
disfrutar una vida mejor, pues la paz genuina, el gozo y el contentamiento
solo se encuentran en una relación personal con Dios por medio de
Jesucristo.

Este es un asunto muy serio, pues después de la muerte viene el juicio


(Heb 9.27). Como nuestro Creador, Dios tiene derecho a ser el centro de
nuestra vida. Nuestra sociedad es un caos porque las personas piensan
que no necesitan a Dios y no quieren obedecerlo. Y si no confiesan sus
pecados, ni reciben a Cristo como Salvador, ni se rinden ante su autoridad,
nunca serán salvos.

Sin embargo, quien acuda a Jesucristo en arrepentimiento, fe y sumisión,


recibirá la dirección de Dios para cada paso de la vida. Es Él quien nos
redime de nuestro pasado y nos da un nuevo corazón y una nueva vida, en
la que Jesucristo viene a ocupar el lugar principal. Aunque sus planes no
sean fáciles siempre, sí son los mejores para nosotros.

REFLEXIÓN

- ¿Está usted haciendo la voluntad de Dios?


- ¿Cómo puede estar seguro?
- ¿Busca al Señor cada día o solo cuando enfrenta una situación con
la que no puede lidiar?
- ¿Se siente incómodo ante la idea de rendirse a la autoridad de Dios,
o esto es algo que le provee una sensación de seguridad y paz?
- ¿Qué indica esto en cuanto a su relación personal con el Señor?