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BIBLIOTECA AUSTRIACA

Colección dirigida
por Juan Marcos de la Fuente
Peter J. Boettke
(Coordinador)

Manual
de economía austriaca
contemporánea
Edición y traducción de
Adrían O. Ravier

Con la colaboración de
Pablo Galindo Asensio

Unión Editorial
2017
Título original:
Handbook on Contemporary Austrian economics
© 2010 por Peter J. Boettke
(Edward Elgar Publishing, Cheltenham, UK y Northampton, MA, USA, 2012)

© 2017 Peter Boettke


© 2017 UNIÓN EDITORIAL, S.A.
c/ Martín Machío, 15 • 28002 Madrid
Tel.: 913 500 228 • Fax: 911 812 212
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ISBN (página libro): 978-84-7209-708-7
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A la memoria de mis dos maestros en Economía Austriaca:
Hans Sennholz (1922-2007) y Don Lavoie (1951-2001)
Índice

Lista de autores
Estudio preliminar, por Adrían O. Ravier
Introducción, por Peter J. Boettke

I. LA CIENCIA DE LA ECONOMÍA

1 . Solo los individuos eligen


Anthony J. Evans
2 . La Economía como el estudio de la coordinación y el
intercambio
Christopher J. Coyne
3. Los hechos de las ciencias sociales son lo que la gente cree y piensa
Virgil Henry Storr

II. MICROECONOMÍA

4. Los valores y costes económicos son subjetivos


Edward P. Stringham
5. Precios: la última heurística
Stephen C. Miller
6. Sin propiedad privada no puede haber cálculo económico racional
Scott A. Beaulier
7. El mercado competitivo es un proceso de descubrimiento empresarial
Frederic Sautet

III. MACROECONOMÍA

8. El dinero es no-neutral
J. Robert Subrick
9. Algunas implicaciones sobre el capital heterogéneo
Benjamin Powell
10. Anarquía sin límite: ¿cuánto orden puede crear el orden espontáneo?
Peter T. Leeson
IV. CONCLUSIÓN

11. Regreso al futuro: la Economía Austriaca en el siglo XXI


Peter J. Boettke
Autores

Scott A. Beaulier es Profesor distinguido BB&T sobre Capitalismo y Jefe del


Departamento de Economía en la Mercer University (Macon, Georgia). Es también
director académico del Laffer Center for Global Economic Growth en la misma
Universidad. Recibió su PhD en Economía en la George Mason University en 2004. Ha
escrito en extenso sobre la Economía de los Derechos de Propiedad, y sus
investigaciones en las áreas de Economía Austriaca, Economía del Desarrollo,
Economía de la Educación y Derecho Económico han sido ampliamente publicadas.

Peter J. Boettke es Profesor BB&T para el Estudio del Capitalismo en el Mercatus


Center de la George Mason University, Virginia, y Profesor Universitario de Economía,
también en GMU. El Profesor Boettke es también autor de varios libros sobre historia,
colapso y transición del socialismo en la extinguida Unión Soviética, así como libros y
artículos sobre la historia del pensamiento económico y la metodología. En 1998,
Boettke asumió la dirección del The Review of Austrian Economics. Previamente
Boettke fue editor del Advances in Austrian Economics. Además de la GMU, Boettke
obtuvo posiciones académicas en la London School of Economics, la Institución
Hoover en la Stanford University y la New York University.

Christopher J. Coyne es Profesor Adjunto de Economía en la West Virginia University.


Es también el editor norteamericano de The Review of Austrian Economics,
investigador del Mercatus Center en la George Mason University y en The Independent
Institute, miembro del Board de Académicos del Virginia Institute for Public Policy, y
Académico Distinguido en el Center for the Study of Political Economy en la Hampden-
Sydney College. En 2008 fue nombrado Hayek Fellow en la London School of
Economics. Obtuvo su PhD en Economía en la George Mason University, Virginia.

Anthony J. Evans es actualmente Profesor Adjunto de Economía en la ESCP Europe


Business School. Sus campos de estudio son empresarialidad corporativa, teoría
monetaria y mercados en transición. Publicó en revistas académicas como la Eastern
European Economics, Constitutional Political Economy y The Review of Austrian
Economics, y recientemente fue coautor del libro The Neoliberal Revolution in
Eastern Europe: Economic Ideas in the Transition from Communism, que fue
publicado en 2009 por Edward Elgar. Anthony recibió su MA y PhD en Economía en la
George Mason University, USA, y BA (Hons) en la University of Liverpool, UK.

Peter T. Leeson es Profesor Visitante de Economía en el Centro Becker de la


University of Chicago sobre Teoría de los Precios, y Profesor BB&T para el Estudio
del Capitalismo en la George Mason University, Virginia. Previamente, fue Profesor
Visitante en Economía Política y Gobierno en la Harvard University y F.A. Hayek
Fellow en la London School of Economics.

Stephen C. Miller es Profesor Adjunto de Economía en la Western Carolina University.


Su investigación se centra en el rol que los sesgos y la irracionalidad tienen en la
formación de creencias políticas y económicas en los votantes. Miller recibió su PhD
de la George Mason University, Virginia y su BA de la Towson University, Maryland.

Benjamin Powell es Profesor Adjunto en Economía en la Suffolk University, Boston,


Massachusetts, economista senior en la Beacon Hill Institute de la Suffolk University, e
investigador en The Independent Institute. El Profesor Powell es editor of Making Poor
Nations Rich: Entrepreneurship and the Process of Development (Stanford University
Press, 2008), co-editor del Housing America: Building Out of a Crisis (Transaction,
2009) y autor de más de treinta artículos académicos y estudios de política. Obtuvo su
BS en Economía y Finanzas de la University of Massachusetts en Lowell, y su MA y
PhD en Economía en la George Mason University.

Frederic Sautet es economista del Mercatus Center en la George Mason University.


Obtuvo su doctorado en economía en la Universidad de Paris y estudió, como un
posdoctorado, bajo los auspicios de los Profesores Israel Kirzner, Peter Boettke y
Mario Rizzo en la New York University.
El Dr. Sautet ofrece un curso de teoría y política empresarial en el programa Máster en
Economía en la George Mason University. Ha publicado extensamente en el tópico de
la función empresarial y es autor de An Entrepreneurial Theory of the Firm, publicado
en el año 2000 en Routledge.

Virgil Henry Storr es Investigador Senior y Director del Programa de Estudiantes


Graduados en el Mercatus Center, e Investigador Don C. Lavoie en el Programa de
Filosofía, Política y Economía del Departamento de Economía de la George Mason
University. Obtuvo su PhD en Economía en la George Mason University y completó sus
estudios de grado en la Beloit College, Wisconsin. Virgil es autor de Enterprising
Slaves & Master Pirates (Peter Lang, 2004) y sus escritos en economía política fueron
publicados o serán publicados en la Rationality & Society, el Journal of Urban
Affairs, el Cambridge Journal of Economics, la American Journal of Economics and
Sociology, el Review of Austrian Economics y otras numerosas publicaciones
académicas.

Edward P. Stringham obtuvo su PhD en la George Mason University en 2002.


Stringham es Profesor Adjunto Visitante Shelby Cullom Davis en el Trinity College en
Connecticut, editor del Journal of Private Enterprise, editor de dos libros: Anarchy
and the Law (Transaction, 2006) y Anarchy, State, and Public Choice (Edward Elgar,
2006), y autor de más de 40 artículos y capítulos de libros en publicaciones que
incluyen The Review of Austrian Economics, Quarterly Journal of Austrian
Economics, Journal of Institutional & Theoretical Economics, y Public Choice.

J. Robert Subrick es Profesor Adjunto de Economía en la James Madison University,


Virginia. Obtuvo un BA y un BS de la University of Delaware y recibió el PhD en
Economía de la George Mason University. Antes de unirse a JMU, fue un investigador
asociado del Centro para el Estudio Económico de la Religión de la George Mason
University y del Centro para la Reforma Institucional y el Sector Informal de la
University of Maryland. Su investigación se ha focalizado en el estudio de la economía
política del desarrollo, especialmente en la África subsahariana, y la economía de la
religión.
Estudio preliminar
Por ADRIÁN O. RAVIER[1]

INTRODUCCIÓN

Como lo indica su título, este libro se propone introducir al lector a la «economía


austriaca contemporánea», y lo hace de una manera sistemática, breve, como no se ha
desarrollado antes en otro ejemplar.
Uno puede pensar que el destinatario de este volumen es el economista académico
tradicional que desea conocer la tradición austriaca y en particular lo que la hace única
y diferente. Sin embargo, el volumen atrapará también a los austriacos que ya hayan
realizado un estudio formal de las ideas de la tradición, puesto que cada capítulo logra
sintetizar y sistematizar teorías fundamentales que a la vez se extienden a variados
campos de aplicación.
Está coordinada por el profesor Peter J. Boettke, quien ya tiene escrita una vasta
obra en distintos campos, pero cada uno de sus capítulos fueron escritos por una nueva
generación de economistas de esta tradición que él mismo contribuyó a formar y que
hoy ocupan lugares destacados en cátedras de economía de prestigiosas universidades.
Como buen manual, el libro presenta sistemáticamente aspectos generales de la
economía, de la microeconomía y de la macroeconomía, pero se concentra
específicamente en aquello que hace único al paradigma. A saber, que la economía es
una ciencia donde sólo los individuos eligen; que el estudio del orden de mercado es
fundamentalmente sobre el comportamiento del intercambio y las instituciones dentro de
las cuales tienen lugar estos intercambios; y que los «hechos» de las ciencias sociales
son lo que la gente cree y piensa. En el campo del microeconomía enfatiza que la
utilidad y los costos son subjetivos; que el sistema de precios economiza sobre la base
de la información que la gente necesita para el proceso de toma de decisiones; que la
propiedad privada de los medios de producción es una condición necesaria para el
cálculo económico racional; y que el mercado competitivo es un proceso del
descubrimiento empresarial. En el campo de la macroeconomía nos recuerda que el
dinero es no–neutral; que la estructura de capital se compone de bienes heterogéneos
que tienen usos múltiples y específicos que deben ser alineados; y que las instituciones
sociales a menudo son el resultado de la acción humana, pero no del designio humano.
Boettke agrega un delicioso capítulo final donde suma aspectos de la relevante
metodología austriaca, con su característico apriorismo y enfocada en el ser
«humanamente» racional, aspectos que no encuadra como distintivos de la tradición,
sino como aspectos presentes en la economía de Adam Smith e incluso Frank Knight.
Mi objetivo en este estudio preliminar no es resumir el libro. Ya los autores de los
distintos capítulos se han preocupado por sistematizar las distintas teorías y sus
aplicaciones en un espacio breve. Mi objetivo es más bien complementar el estudio «de
manual», sistemático, que ofrecen los autores, con un estudio evolutivo que comprenda
los autores y las ideas centrales desarrolladas por esta tradición. Debo anticipar que
Boettke lo hace sintéticamente en el capítulo final, pero quisiera agregar aquí
profundidad a ese aspecto, además de rastrear las raíces proto–austriacas de esta
tradición.
Algunos de estas afirmaciones pueden discutirse y quizás el propio Boettke tenga
aclaraciones para agregar a lo que a continuación afirmaré —especialmente a las raíces
griegas y escolásticas de la tradición austriaca—, pero como dice en su propio capítulo
final la Escuela Austriaca no es un pensamiento homogéneo que hay que repetir o del
cual debemos preocuparnos por no desviarnos, sino que es un programa progresivo
sobre el que debemos reflexionar y abrir a nuevas discusiones.
Aclarado esto, diré que la tradición Austriaca encuentra raíces en los pensadores
pre–socráticos de la Antigua Grecia, en Juan de Mariana y la Escuela de Salamanca, en
las contribuciones del irlandés Richard Cantillón, en la Fisiocracia y el laissez faire
francés, en el pensamiento escocés de Adam Smith, David Hume y Adam Ferguson y en
la Escuela Clásica británica que reunió a los «primeros economistas teóricos» a partir
del último cuarto del siglo XVIII. Además, podría destacarse con cierto paralelismo
cronológico a los autores clásicos de las Ciencias Políticas, que desarrollaron una
literatura específica sobre los límites al poder y el control al Leviatán, nutriendo e
influenciando los escritos de filosofía política de los autores austriacos.
La tradición austriaca, sin embargo, surge como «Escuela» en Viena recién a fines
del siglo XIX, tomando en general a 1871 como el año de su fundación. Su máximo
esplendor lo alcanza entre la segunda y tercera década del siglo XX especialmente con
las contribuciones de Ludwig von Mises y Friedrich Hayek, aunque luego —entre 1940
y 1970— sus autores principales caen en el aislamiento. El resurgimiento de los años
1970 le devuelve a esta Escuela algo de protagonismo, abriendo poco después una
etapa de oportunidades para desarrollos modernos en distintos campos de estudio de la
economía.
Nos proponemos en este escrito sistematizar las raíces y las ideas de los autores de
la Escuela Austriaca y la defensa de varios de sus exponentes a favor de la libertad,
aspecto que no debe entenderse como dogmatismo, sino como una posición consecuente
del análisis desarrollado. Nutriremos este estudio preliminar con referencias a las
obras clásicas de la tradición, pero también con el contenido de algunas de las sesenta
entrevistas desarrolladas a autores austriacos o «compañeros de viaje», las que fueron
compiladas en tres volúmenes (Ravier, 2011a, 2011b, 2013).
Es nuestro objetivo que el lector encuentre en este estudio preliminar un
acercamiento a la Escuela Austriaca que complemente a la exposición del libro.

I. LAS RAÍCES DE LA ESCUELA AUSTRIACA

Sería un error tratar la fundación y desarrollo de la Escuela Austriaca, fuera del


contexto de la filosofía occidental que surge en la Antigua Grecia. Como afirmó alguna
vez el profesor Ezequiel Gallo en relación a la tradición del orden espontáneo de Adam
Smith, David Hume y Adam Ferguson, «nada hubiera resultado más incómodo al
espíritu de la obra de nuestros tres autores que suponer que su pensamiento no es
heredero de tradiciones anteriores. Aceptar esto hubiera sido negar los fundamentos en
que descansa todo pensamiento de raigambre evolucionista.» (Gallo 1987, en Ravier
2012a, pág. 128)
Pero un intento por rastrear estas raíces será necesariamente incompleto. No
contamos, ni contaremos jamás, con la cadena de información necesaria para
reconstruir la red de influencias que recibieron los autores centrales de esta tradición.
Consciente de estas limitaciones, trataremos igualmente de formar una línea evolutiva
que intente presentar consistentemente la línea de pensamiento económico y político de
la cual nuestros autores son herederos.

1. Raíces en la Antigua Grecia

En tal sentido, parece correcto comenzar por la Antigua Grecia, y en particular con los
autores pre–socráticos, pues allí «se inicia la epopeya intelectual que construyó los
cimientos de la civilización occidental». Hesíodo, por ejemplo, explicó en el siglo VIII
a.C. —a través de algunos poemas— que «la escasez es una constante en todas las
acciones humanas y cómo la misma determina la necesidad de asignar de manera
eficiente los recursos disponibles.» […] «Tras Hesíodo, destacan los filósofos sofistas
[como Demócrito, Protágoras, Tucídides, Demóstenes y Jenofonte] que, a pesar de la
mala prensa que han tenido hasta hoy, fueron ciertamente mucho más liberales, al menos
en términos relativos, que aquellos grandes filósofos que vinieron después. En efecto,
los sofistas simpatizaban con el comercio, el ánimo de lucro y el espíritu empresarial,
desconfiando del poder centralizado y omnímodo de los gobiernos de las ciudades
estado» (Huerta de Soto 2008, en Ravier 2012a, p. 25).
Sócrates y Platón, por el contrario, no fueron capaces de comprender la naturaleza
del floreciente proceso mercantil y comercial que vivieron y disfrutaron en Atenas.
Varios estudiosos de la historia del pensamiento destacan en Platón sus ataques a la
propiedad privada, su alabanza de la propiedad común, su desprecio por la institución
de la familia tradicional, su concepto corrupto de la justicia y su teoría estatista y
nominalista del dinero. En suma, su ensalzamiento de los ideales del estado totalitario
de Esparta.
Frente a ello, nos enseña Murray Rothbard (1995, pp. 43–44), Aristóteles tuvo una
mirada opuesta, ofreciendo prematuros argumentos en favor de la propiedad privada.

1. La propiedad privada es mucho más productiva, y por tanto facilita el progreso.


Los bienes que son poseídos en común por un elevado número de personas reciben
poca atención, puesto que la gente tiende a guiarse por su propio interés y descuida
cualquier obligación cuyo cumplimiento pueda dejarse a otros. Por contraste, uno
presta el mayor interés y cuidado a lo que es de su exclusiva propiedad.
2. Uno de los argumentos de Platón para favorecer la propiedad comunal es que ésta
supuestamente conduce a la paz social, puesto que nadie envidiará o intentará hacerse
con la propiedad del otro. Aristóteles replica que la propiedad comunal conducirá
más bien a un conflicto continuo y agudo, puesto que cada cual se quejará de que ha
trabajado más duro que los demás y ha obtenido menos que otros que han trabajado
poco y se han aprovechado más del fondo común.
3. La propiedad privada está fuertemente implantada en la naturaleza humana: en el
hombre, el amor a sí mismo, al dinero y a la propiedad están íntimamente ligados en
un afecto natural a la propiedad exclusiva.
4. El gran observador del pasado y el presente que es Aristóteles no deja de apuntar
que la propiedad privada ha existido siempre y en todas partes. Intentar imponer la
propiedad comunal en la sociedad supondría menospreciar lo que es resultado de la
experiencia humana para aventurarse en algo nuevo e inexplorado. Abolir la
propiedad privada probablemente acabaría creando más problemas de los que
resolvería.
5. Sólo la propiedad privada posibilita actuar moralmente, esto es, practicar las
virtudes de la benevolencia y la filantropía. Forzar a una propiedad comunal
destruiría tal posibilidad.

Claro que Aristóteles no pudo apartarse por completo del pensamiento de Platón, y lo
siguió en su lectura del intercambio como un juego de suma cero donde lo que uno gana,
el otro lo pierde, además de condenar el lucro y los préstamos de dinero a interés como
usura. Pero su defensa de la propiedad privada debiera ser considerada una de las
piedras fundamentales en la tradición austriaca moderna.

2. Juan de Mariana y la Escuela de Salamanca

El pensamiento de Aristóteles fue re–descubierto por San Alberto Magno y Santo


Tomás de Aquino (1224–1274). El pensamiento de Aristóteles, sobre todo en
metafísica y antropología, era manejado por los árabes y mirado con recelo en
ambientes cristianos. En economía Santo Tomás no se logra desprender de la crítica
aristotélica al libre mercado, el intercambio, el lucro o el préstamo de dinero a interés.
Esto se replicará también en casi toda la escolástica.
La excepción, quizás, la constituyeron los pensadores de la Escuela de Salamanca.
A partir del trabajo de Marjorie Grice–Hutchinson (1952), surge una extensa literatura
que busca revalorizar el pensamiento de Salamanca como raíz del pensamiento
austriaco, incluyendo a Joseph Schumpeter (1954), Raymond de Roover (1958), Murray
Rothbard (1976a, 1995), Alejandro Chafuén (1986), Leland Yeager (1996) y Jesús
Huerta de Soto (1999, en Ravier 2012a), entre otros.
Juan de Mariana (1536–1623), por ejemplo, fue quizás el principal exponente de la
Escuela de Salamanca y su libro Sobre el rey y la institución real de 1598 ofrecía un
análisis donde el derecho natural es siempre moralmente superior al poder de cada
estado. Esta idea Mariana la tomaba del dominico Francisco de Vitoria (1498–1546)
quien alcanzó su fama por ser el primer escolástico español en denunciar la
esclavización de los indios en la recién descubierta América.
Juan de Mariana también escribió sobre la alteración del dinero, trabajo que se
tradujo al español bajo el título Tratado y discurso sobre la moneda de vellón que al
presente se labra en Castilla y de algunos desórdenes y abusos. En este libro Mariana
distingue entre el rey justo y el tirano argumentando que los bienes de los vasallos no
son propiedad del rey y que la aplicación de impuestos requiere de previa aceptación
de los ciudadanos. Mariana explica además que el valor de las cosas se encuentra en la
estimación subjetiva de los hombres y denuncia la práctica de reducir el contenido de
metal noble en las monedas como una forma de inflación.
A modo de síntesis de las ideas centrales que los modernos austriacos encuentran en
la Escuela de Salamanca y que deben ser motivo de nuevas investigaciones, podemos
citar a Jesús Huerta de Soto (1999, en Ravier 2012a, p. 48): «primero, la teoría
subjetiva del valor (Diego de Covarrubias y Leyva); segundo, el descubrimiento de la
relación correcta que existe entre precios y costes (Luis Saravia de la Calle); tercero,
la naturaleza dinámica del proceso de mercado y la imposibilidad del modelo de
equilibrio (Juan de Lugo y Juan de Salas); cuarto, el concepto dinámico de
competencia entendida como un proceso de rivalidad entre los vendedores (Castillo de
Bobadilla y Luis de Molina); quinto, el redescubrimiento del principio de la
preferencia temporal (Azpilcueta); sexto, la influencia distorsionadora que el
crecimiento inflacionario del dinero tiene sobre la estructura relativa de los precios
(Juan de Mariana, Diego de Covarrubias y Martín de Azpilcueta); séptimo, los
negativos efectos económicos que produce o genera la banca con reserva fraccionaria
(Luis Saravia de la Calle y Martín de Azpilcueta); octavo, el hecho económico esencial
de que los depósitos bancarios forman parte de la oferta monetaria (Luis de Molina y
Juan de Lugo); noveno, la imposibilidad de organizar la sociedad mediante mandatos
coactivos debido a la falta de la información que se necesita para dar un contenido
coordinador a los mismos (Juan de Mariana); y décimo, el tradicional principio liberal
según el cual el intervencionismo injustificado del estado sobre la economía viola el
derecho natural (Juan de Mariana).»
No está demás señalar que existen lecturas opuestas de estos mismos autores como
la desarrollada por Juan Carlos Cachanosky (1994 y 1995) en su tesis titulada
Historias de las teorías del valor y del precio, Parte I y II. Lo cierto es que las raíces
escolásticas de la escuela Austriaca aun son difíciles de rastrear, pero la literatura
mencionada abre la puerta a nuevas investigaciones que puedan conectar la obra clásica
austriaca con estos y otros trabajos del siglo XVI.

3. Las contribuciones de Richard Cantillón

La Conquista de América y las Nuevas Monarquías son acompañadas en el siglo XVI y


XVII por el nacimiento y desarrollo del pensamiento mercantilista, fundado en los
panfletos de ciertos comerciantes que abogaban por políticas proteccionistas. La
literatura ha dedicado mucho espacio a los fisiócratas y el laissez faire, pero poca
atención ha recibido el irlandés Richad Cantillón. Lo cierto es que no se ha encontrado
aun material bibliográfico previo a Cantillón (1755) que haya desmantelado la
argumentación proteccionista mercantilista. Las referencias de William Stanley Jevons
(1881), Friedrich Hayek (1931 y 1985) y Joseph Schumpeter (1954), constituyen más
bien la excepción, aunque han ayudado a reflotar el interés por revalorizar sus
contribuciones.
Cantillón para nosotros reviste especial atención por sus sucesivas contribuciones a
cuestiones metodológicas y de epistemología de la economía; también a cuestiones de
microeconomía como la determinación de los precios, la incertidumbre y la función
empresarial, pero además por sus contribuciones al campo monetario y de ciclos
económicos. (Ravier, 2011c)
Aun a día de hoy, la literatura austriaca nos habla del efecto Cantillón como un
elemento complementario a la teoría austriaca del ciclo económico. (Hayek 1931,
Garrison 2001, Ravier 2010)
La influencia de Cantillón se extendió más tarde a los fisiócratas, a Adam Smith y
los autores escoceses y clásicos, a la Escuela de Chicago, la Escuela Austriaca y a
otros movimientos. Es difícil pensar en una tradición de pensamiento que no deba nada
a la influencia de este autor.

4. La Fisiocracia y el Laissez faire


Revalorizar a Cantillón no debiera ir en detrimento de destacar el laissez faire francés
de François Quesnay (1694–1774) y Anne Robert Jacques Turgot (1727–1781). Poco
después de la publicación del Essai de Richard Cantillón, a mediados del siglo XVIII,
los fisiócratas formaron lo que posiblemente sea la primera escuela de pensamiento
económico. Su contribución estuvo más concentrada en la política económica, que en la
teoría económica. Fueron quizás los más influyentes economistas interesados en
desmantelar las políticas proteccionistas mercantilistas. Exigieron la libertad de
empresa tanto dentro del país, como en el comercio exterior, reclamando el fin de los
subsidios, los privilegios de monopolio y las restricciones. En tales circunstancias, el
comercio y la agricultura florecerían.
No puede negarse la influencia que estos autores recibieron de Cantillón, pero
contribuyeron con nuevos y poderosos argumentos para mostrar las falacias
mercantilistas. En particular, aquella que pretendiera que la nación alcance una balanza
comercial favorable por medio de vender mucho a países extranjeros, mientras se
limitan las compras de estos mismos mercados. Dejaron en claro que vender y comprar
son dos caras de la misma moneda, anticipándose a lo dicho por Adam Smith en La
Riqueza de las Naciones (1776). En el ámbito monetario, explicaron que la
acumulación de dinero no es crucial para alcanzar la riqueza, ya que éste sólo es un
medio de intercambio que permite cambiar bienes por otros bienes reales.
Los fisiócratas no sólo fueron teóricos que elaboraron panfletos anti–mercantilistas.
Además, se ocuparon en la práctica de desmantelar la política económica
proteccionista. Turgot, por ejemplo, fue nombrado ministro de Finanzas en 1774,
tomando rápidamente la decisión de liberar la importación y exportación de granos,
aprovechando el preámbulo de su edicto para redactar bajo una argumentación
fisiocrática el por qué de la medida.
La Escuela sólo duró dos décadas, hasta los años 1770, por dos factores
desencadenantes: el primero, la muerte de Quesnay en 1774; el segundo, la publicación
de La Riqueza de las Naciones en 1776.

5. El pensamiento escocés y la tradición del orden espontáneo

El tratamiento que Adam Smith recibe en la moderna tradición austriaca es materia de


polémica (Véase en particular Murray Rothbard 1995). Por un lado, hay que recordar
que Adam Smith y los clásicos desarrollaron su pensamiento económico sobre la base
de una teoría del valor trabajo que les impidió resolver la paradoja del agua y los
diamantes. Por otro lado, hay que recordar también que la revolución marginal de la
cual forma parte Carl Menger como fundador de la Escuela Austriaca, es justamente una
respuesta crítica a esa idea base–fundamental.
Si se toman en cuenta los desarrollos teóricos previos, entonces la novedad
introducida por Adam Smith no parece tan amplia como en general se asume. Si se
acepta además que las raíces en la Escuela de Salamanca fueron claras en la
comprensión de los diez elementos básicos señalados más arriba por Jesús Huerta de
Soto, entonces Adam Smith no sólo no introdujo la novedad que en general se le asigna,
sino que incluso retrocedió en algunos temas centrales.
Es aquí entonces donde uno debe tomar consciencia de lo importante que fue Adam
Smith en la tradición del orden espontáneo. Junto a David Hume y Adam Ferguson,
Adam Smith nos dejó uno de los elementos que hacen único hoy al enfoque austriaco
(Gallo 1987, en Ravier 2012a).
La idea de orden espontáneo puede expresarse mediante estos tres elementos
centrales: 1) En el complejo orden de la sociedad los resultados de las acciones
humanas pueden ser muy diferentes de lo que los hombres planearon individualmente;
2) los individuos, al perseguir sus propios fines, sean estos egoístas o altruistas,
siguiendo reglas de conducta adecuadas, producen resultados útiles o beneficiosos para
otros; 3) finalmente, el orden de la sociedad es en gran parte el resultado de conductas
individuales que no tienen tal fin como propósito, pero que son canalizados hacia esos
fines por instituciones, prácticas y reglas, muchas de los cuales tampoco han sido
inventadas deliberadamente, sino que han sido aceptadas por haber sobrevivido a un
proceso de evolución durante el cual dichos sistemas de normas guiaron exitosamente a
los grupos o comunidades que los adoptaron. (Ravier 2012b, p. 41)
Es imposible comprender el mundo moderno en ausencia de la comprensión básica
de los órdenes espontáneos, puesto que existen instituciones fundamentales como el
lenguaje, el derecho, el dinero y la banca, el comercio, incluso el proceso de
globalización que sólo pueden ser comprendidos en torno a estos procesos complejos
que surgen de forma inintencionada. (Infantino, 2001)

6. La Escuela Clásica

De la sección anterior puede concluirse que si bien los elementos aislados de la obra
de Adam Smith pueden encontrarse con carácter previo en otros autores, también se
debe enfatizar que la sistematización presentada por Adam Smith y el impacto que
generó con la riqueza filosófica y multidisciplinar de su trabajo en sus colegas
contemporáneos, lo convierten en un autor único de su tiempo.
A su Riqueza de las Naciones (1776) siguieron luego —dentro de la Escuela
Clásica— varios tratados de economía que presentaron de manera sistematizada la
ciencia económica, destacándose aquellos trabajos de Jean Baptiste Say (1841) y John
Stuart Mill (1848).
Basta comparar la sistematización de estos tratados con los desarrollados por la
corriente austriaca moderna para notar una influencia obvia. Los austriacos no se
diferencian de sus colegas economistas de la corriente principal, en la idea de «pararse
sobre los hombros de gigantes para llegar a ver más lejos», siendo los primeros
gigantes los economistas clásicos.
De hecho, son los austriacos posiblemente los mejores continuadores de la tradición
clásica, aspecto que se evidencia en el análisis filosófico y multidisciplinar que
caracteriza sus escritos. El abuso de la economía matemática y el mal uso del concepto
de equilibrio que hoy caracteriza al enfoque tradicional, es algo ajeno para la tradición
clásica y austriaca, lo mismo que la ignorancia de la función empresarial, la
incertidumbre y el tiempo, como elementos centrales del análisis económico.
Se podrá decir que en materia monetaria la mayoría de los clásicos se desvió del
pensamiento de Richard Cantillón, sin embargo, puede trazarse una línea continua desde
el pensamiento de este autor hasta el último de los clásicos John Elliot Cairnes, y de
allí a Menger y los austriacos, para observar un tratamiento desagregado del dinero,
con énfasis en precios relativos.
Cabe notar que John Elliot Cairnes también debería ser identificado —junto a
Cantillón y Turgot— como proto–austriaco, aspecto que constituye una deuda pendiente
en los historiadores del pensamiento económico. Además de su visión desagregada en
el campo monetario, nadie comprendió tan claramente como él la necesidad de
descubrir leyes económicas de carácter universal, aplicables a todo tiempo y lugar, a
priori de la evidencia empírica (Cairnes 1861), como de hecho sostendrá más tarde
Carl Menger (1884) frente al historicismo alemán y que será base metodológica de los
tratados de economía modernos de la tradición bajo estudio.
Sin duda los austriacos habrán desarrollado más tarde aportaciones originales, pero
el corazón de su construcción teórica es eminentemente clásica en la comprensión del
proceso de mercado y los órdenes espontáneos, en la «mano invisible», en la
determinación de los precios de mercado a través de «la oferta y la demanda», en la
comprensión del proceso competitivo, en el tratamiento de la función empresarial y su
relación con la incertidumbre, en las consecuencias del intervencionismo del gobierno
sobre los precios y los salarios, en las causas del crecimiento económico y la
generación de riqueza, entre tantos temas fundamentales que hacen hoy a una
comprensión moderna del análisis económico.

7. Los Clásicos de las Ciencias Políticas

Si dejamos por un lado lo estrictamente económico, podemos notar también otra raíz en
el pensamiento multidisciplinar austriaco. Nos referimos a la tradición de autores de
las ciencias políticas que se han preocupado desde Locke en adelante en intentar
colocar límites al poder, esto es, controlar al Leviatán (Mazzina, 2007).
Claro que puede haber antecedentes a Locke, como la ya mencionada Escuela de
Salamanca, donde encontramos un antecedente a estos escritos, como el mencionado
Juan de Mariana y sus ideas contra el poder absoluto del monarca, incluyendo el
tiranicidio.
Pero si nos concentramos en la literatura clásica sobre filosofía política, todo
comienza con Thomas Hobbes quien en 1651 justificaba la existencia del Estado
explicando que en su ausencia prevalece el «estado de naturaleza» o de guerra de
«todos contra todos», ahuyentando los incentivos para la creación de una industria, «ya
que su futuro es incierto». En tal estado, la vida sería «solitaria, pobre, desagradable,
brutal y breve». (Este punto lo retomará críticamente Peter Leeson en el capítulo 10)
John Locke, en sus Ensayos sobre el gobierno civil de 1690 (en Mazzina 2007, pp.
15–26), compartía con Hobbes la necesidad de abandonar tal estado de naturaleza; sin
embargo, entendió que éste justificaba las monarquías absolutas, carentes de cualquier
límite al poder. Locke entendía que «los hombres se unen en comunidades políticas y se
ponen bajo el gobierno de ellas para preservar su propiedad», pero deben crear una ley
conocida, fija, promulgada, recibida y autorizada por común consentimiento para
resolver controversias. Locke, incluso, advertía la necesidad de que el gobierno se rija
por normas del legislativo y no por decreto, dictados repentinos y resoluciones
arbitrarias.
Montesquieu continuó la tradición de «controlar al Leviatán», mediante la división
de poderes. En sus escritos sobre El espíritu de las leyes de 1748 (en Mazzina, 2007,
pp. 45–51) explicaba que «todo hombre investido de autoridad abusa de ella», y
agregaba que «cuando el poder legislativo y el poder ejecutivo se reúnen en la misma
persona o el mismo cuerpo, no hay libertad». Montesquieu también comprendió la
necesidad de la democracia e insistió en que «todos los ciudadanos de los distintos
distritos deben tener derecho a la emisión de voto para elegir su diputado».
Hamilton, Madison y Jay agregaron en El Federalista de 1787 y 1788 (en Mazzina,
2007, pp. 61–76) la necesidad de una Constitución, respetando además cierto
federalismo. La constitución federal no abolía a los gobiernos de los estados
provinciales, sino que los convertía en parte constituyente de la soberanía nacional,
manteniendo autonomía y permitiéndoles estar representados directamente en el
Senado. «Los poderes delegados al gobierno federal por la constitución propuesta son
pocos y definidos», lo que implicó un chaleco de fuerza para el abuso de poder.
La división de poderes, la democracia, el federalismo, planteados en una
constitución permitió que las industrias de muchas naciones florecieran, mientras el
poder se encontró limitado. Esta herencia también fue recibida por la Escuela
Austriaca, lo que se refleja en la obra política de Mises y Hayek, y especialmente en el
moderno Public Choice o Escuela de la Elección Pública que es a su vez heredera de la
tradición austriaca (Buchanan, en Ravier 2011b y 2012a).
II. LA ESCUELA AUSTRIACA

Notará el lector familiarizado con la tradición austriaca que varios de los elementos
que hacen único al enfoque, como su metodología de trabajo o su concepción dinámica
del proceso de mercado son en realidad elementos descubiertos con carácter previo a
la fundación de esta Escuela. Hay que destacar entonces que la Escuela Austriaca es
heredera de tradiciones anteriores, pero que en la actualidad sólo ella mantiene la
atención sobre algunos de estos temas en la forma en que fueron elaboradas por
aquellos economistas. Véanse tres ejemplos concretos en: 1) el interés de Menger por
construir una teoría económica abstracta, a priori de la evidencia empírica, 2) el origen
espontáneo de las instituciones que hoy son fundamento de la sociedad moderna y 3) el
carácter no neutral del dinero, tal como Richard Cantillón y John Elliot Cairnes lo
desarrollaran en sus trabajos de 1755 y 1854 respectivamente. (J. Robert Subrick
profundiza en la no neutralidad del dinero en el capítulo 8 de este volumen).
En lo que sigue intentaré estructurar el pensamiento austriaco en cinco etapas,
destacando en cada una a aquellos autores que fueron centrales en la evolución de esta
tradición de pensamiento, al tiempo que se mencionarán las contribuciones centrales
con sus respectivas fuentes bibliográficas.

1. La Fundación: Carl Menger y Eugen von Böhm Bawerk

La obra fundacional de la Escuela Austriaca se titula Principios de Economía Política


y fue publicada por Carl Menger en Viena en 1871. El contexto en el que se publica este
libro muestra un predominio de la Economía Clásica británica y de la Escuela Histórica
alemana. Si el libro tuvo éxito (aunque no inmediato) y se constituyó en un clásico fue
porque logró romper con las ideas prevalecientes. Por un lado, atacó la teoría del valor
trabajo en la que se basaba todo el pensamiento clásico, siendo parte de la revolución
marginal. A partir de este libro, y junto con las obras de William Stanley Jevons (1871)
y León Walras (1874) ya nadie en economía —con la excepción de un disminuido grupo
de marxistas— explica la formación de precios a través de otra teoría que no sea la de
la utilidad marginal. Por otro lado, enfrentó al historicismo alemán con la formulación
de leyes económicas universales y atemporales que este enfoque negaba.
Juan Carlos Cachanosky destaca que:

En la década de 1870 en Alemania había solamente cuatro revistas profesionales


dedicadas a la economía. Los Grundsätze aparecieron comentados en tres de
ellas. El comentario del Zeitschrift pierde la idea central del libro; el del
Vierteljahrschrift es un poco mejor. En cambio, el Jahrbücher, fundado por el
historicista Bruno Hildebrand, deplora que el libro sea breve y esté escrito por
una persona joven. El Schmoller Jahrbuch no hizo ningún comentario.
(Cachanosky 1984, en Ravier 2012a, p. 230).

Esta es la razón por la que Menger decide interrumpir su actividad docente para
escribir un segundo libro titulado Investigación sobre el método de las ciencias
sociales y de la economía política en especial (1883) enfatizando su crítica al método
historicista y defendiendo la posibilidad de formular una teoría económica universal y
atemporal. Este libro sí abrió un polémico intercambio entre Menger y Schmoller,
reaccionando este último en un tono muy ofensivo en la revista Jahrbücher. Menger
respondió más tarde con 16 cartas que fueron compiladas en el libro Los errores del
historicismo en la economía política alemana (1884), trabajo que Schmoller se negó a
reseñar, cerrando con ello el debate. El intercambio sin embargo fue muy importante
para la historia del pensamiento económico y lógicamente para la Escuela Austriaca.
Hoy se conoce como Methodenstreit a aquella clásica disputa, a la que se sumaron más
tarde alumnos de ambos. A partir de allí se conoció como «Escuela Austriaca» a
Menger y sus discípulos, teniendo «austriaco» una connotación peyorativa.
Entre 1884 y 1889 surgieron una serie de libros que pusieron a Menger en el centro
de la escena:
Dos alumnos directos de Menger publicaron sendos libros acerca de las
ganancias empresariales; Victor Mataja publicó Der Unternehmergewinn (1884)
(La ganancia empresarial) y G. Gross Lehre vom Unternehmergewinn (1884)
(Principios de la ganancia empresarial). Otro alumno directo de Menger, Emil
Sax, publicó en 1884 un libro sobre el método de la economía, Das Wesen und
die Aufgaben der Nationalökonomie (Esencia y objeto de la economía política),
y tres años más tarde otro que lleva el nombre de Grundlegung der
theoritischen Staatswirtschaft (Fundamentos de la economía teórica).
Otros nombres destacados en estos primeros años de la Escuela Austríaca
fueron los de Johann von Komorzynski, Hans Mayer, Robert Meyer y Eugen
Philippovich von Philippsberg. Sin embargo, las figuras que más fama
alcanzaron fueron las de Friedrich von Wieser y Eugen von Böhm–Bawerk, a
pesar de que ninguno de los dos fue alumno directo de Menger. Recibieron su
influencia a través de la lectura de los Grundsätze. (Cachanosky 1984, en Ravier
2012a, p. 232).

Menger dejó planteado el esquema, pero no pudo llenar los espacios. Por supuesto
que sus contribuciones exceden el campo de la metodología destacando la literatura la
distinción entre bienes de orden superior e inferior o su teoría del origen espontáneo
del dinero, pero Menger aun estaba lejos de completar su ambicioso proyecto.
El desafío estaba planteado, y serían sus discípulos, y los discípulos de sus
discípulos quienes llevarían adelante la difícil tarea de «completar» el proyecto. En
1884 Böhm Bawerk publica Historia y crítica de las teorías del interés, que constituye
la primera parte de su libro en tres tomos Capital e Interés. El mismo año von Wieser
publica Origen y principios del valor, que tuvo una influencia todavía mayor. Pero fue
la serie de artículos que Böhm Bawerk publicó dos años más tarde bajo el título
Fundamentos de la teoría del valor económico lo que más ayudó a difundir la teoría
de la utilidad marginal, por su gran claridad y fuerza de argumentación. (Hayek 1981,
citado por Cachanosky 1984).
De estos dos autores sólo Böhm Bawerk siguió la línea planteada por Menger. Es
cierto que Wieser publicó en 1914 el único tratado de este primer grupo bajo el título
Fundamentos de la economía social, pero sus planteos ya habían tomado otra
dirección, más familiarizada con la Escuela de Lausanne.
En 1889 Böhm Bawerk publica el segundo volumen de su libro Capital e Interés
con el título Teoría positiva del capital, en el cual realiza una nueva exposición de la
teoría del valor y de los precios; vuelve sobre el tema en 1898, con la publicación de
su famoso trabajo sobre las falacias y contradicciones del sistema marxista (Böhm
Bawerk, 1983), lo que constituye un antecedente para el debate posterior entre los
austriacos y los defensores del socialismo.
Böhm Bawerk ocupó un cargo en el Ministerio de Hacienda de Viena, y sólo cuando
abandonó la función pública aceptó dirigir un seminario en la Universidad de esa
misma ciudad, el que contaba con alrededor de 50 ó 60 asistentes, en general alumnos
de Menger o de él mismo. Tres nombres destacaban en aquel grupo: el marxista Otto
Bauer, Joseph Alois Schumpeter (quien, igual que Wieser, terminó acercándose más al
pensamiento de la Escuela de Lausanne), y Ludwig von Mises, quien posteriormente se
convertiría en el continuador más destacado de la línea mengeriana. En 1913, un año
antes de la muerte de Böhm–Bawerk, el tema de discusión en el seminario fue el libro
La teoría del dinero y del crédito (Mises 1912).

2. La Consolidación: Ludwig von Mises y Friedrich Hayek

Es precisamente con este primer libro de Mises, y quizás también con «La teoría del
desenvolvimiento económico» de Joseph Schumpeter (1912) que la Escuela Austriaca
comienza una fase de consolidación. Y es que si bien Schumpeter se aleja con el tiempo
y en posteriores trabajos de la tradición austriaca, aquel libro de 1911 es
eminentemente austriaco tanto en cuanto al método, como en sus contribuciones acerca
de la función empresarial y la innovación, la soberanía del consumidor, su comprensión
del mercado y su enfoque dinámico (Ravier, 2006).
Dicho esto, las dos figuras más importantes de la tradición austriaca en esta etapa de
consolidación son la de Ludwig von Mises y Friedrich Hayek.
Mises se doctoró en 1906 y muy rápido se convirtió en Privat–Dozent, es decir, un
profesor ad honorem de la Universidad de Viena. Al igual que su maestro Böhm
Bawerk constituyó un seminario privado con reuniones cada quince días. Destacan de
aquel grupo Gottfried von Haberler, Paul Rosenstein–Rodan, Felix Kaufmann, Fritz
Machlup, Oskar Morgenstern, Alfred Schutz, Richard von Strigl, Karl Menger (hijo
matemático del fundador de la Escuela Austriaca), Albert Hart y Friedrich Hayek,
siendo quizás este último quien más profundizó en las contribuciones del propio Mises.
En los diez años siguientes al fallecimiento de Böhm Bawerk, Mises escribió dos de
sus libros centrales, cada uno con aportaciones de enorme impacto en el pensamiento
económico.
En primer lugar, el ya mencionado tratado del dinero y del crédito de 1912, libro
que al día de hoy continúa siendo fundamental en la tradición austriaca. Mises presenta
allí la hoy famosa teoría austriaca del ciclo económico, combinando aportaciones de
David Ricardo, Knut Wicksell y Eugen Böhn Bawerk. Al tratamiento tradicional que los
economistas clásicos hacían del dinero y su efecto inflacionario, Mises agregó la
distinción entre la tasa de interés natural y de mercado que tomó de Wicksell. Señaló
que los intentos de la autoridad monetaria por reducir el tipo de interés de mercado por
debajo del nivel natural terminan generando una fase de mala–inversión que constituye
el auge del ciclo económico. Cuando se desea evitar el impacto inflacionario de esa
política y se suben los tipos de interés, aparece la fase de crisis y depresión, porque los
proyectos de inversión que se hicieron rentables gracias a la política crediticia no se
sostienen. Pero Mises no se detuvo sólo en ello, sino que agregó también el modo en
que esta política crediticia afecta la estructura productiva, para lo que debió apoyarse
sobre la teoría del capital de su maestro Böhm Bawerk.
Primero con un artículo corto en 1920, y luego con un libro más extenso en 1922,
Mises retomó el debate con el socialismo, que ya había iniciado Böhm Bawerk, su
padre intelectual. En Socialismo (1922) Mises presentó su teoría de la imposibilidad
del cálculo económico en el socialismo, donde argumentó que en ausencia de propiedad
privada de los medios de producción, no habrá mercados para esos medios de
producción. Sin mercado para esos medios de producción, no habrá precios. Sin
precios, no habrá cálculo económico. Sin cálculo económico, los empresarios no
pueden guiar sus inversiones, lo que definitivamente conducirá a la economía a un caos
total y su lógico derrumbe. El socialismo, en definitiva, es imposible por ignorar la
importancia de la propiedad privada. (Stephen C. Miller profundiza en el significado
de los precios en el capítulo 5 y Scott A. Beaulier trabaja la tesis del cálculo
económico en el capítulo 6)
Es gracias a esta última obra mencionada que Hayek aparece en escena. En su
introducción a este libro, escrita en 1978 e incorporada en la versión en español, Hayek
comenta que regresaba de la Primera Guerra Mundial junto a otros idealistas con la
esperanza de abrazar el socialismo como un sistema alternativo, «más racional y más
justo» que el capitalismo, pero sus sueños chocaron con esta teoría de Mises. Fue ese
el comienzo de la sociedad Mises–Hayek como centro de esta tradición de
pensamiento. Peter Boettke (1992) lo expresa con mayor claridad:

La mejor forma de comprender la vasta contribución de Hayek a la economía y


al liberalismo clásico es verla a la luz del programa para el estudio de la
cooperación social establecido por Mises. Mises, el gran constructor de
sistemas, le proporcionó a Hayek el programa de investigación. Hayek se
convirtió en el gran analista. El trabajo de su vida se comprende mejor como un
esfuerzo por hacer explícito lo que Mises había dejado implícito, por reafirmar
lo que Mises había esbozado y por responder los interrogantes que Mises había
dejado sin respuesta. De Mises, Hayek dijo: ‘No hay ningún otro hombre al que
le deba más intelectualmente’. La conexión con Mises se hace más evidente en
sus trabajos sobre los problemas del socialismo. Pero la originalidad de Hayek,
derivada del análisis del socialismo, permean todo el cuerpo de su obra, desde
de los ciclos de los negocios hasta el origen de la cooperación social.

Recordemos que el artículo original de 1920 había sido una respuesta a un libro del
marxista Otto Neurath, abriendo un debate con el socialismo de los primeros años del
siglo XX. Fueron muchos los socialistas que intentaron desarrollar una respuesta crítica
a la teoría de la imposibilidad del cálculo económico en el socialismo, pero todos
fracasaron en el intento. Las figuras centrales que aparecieron en ese tiempo incluyen a
Karl Kautsky, Otto Leichter, Friedrich von Wieser, Enrico Barone, Gustav Cassel, Erik
Lindhal, Fred M. Taylor, H. D. Dickinson, K. Tisch y H. Zassenhaus, Alan y Paul
Sweezy y Wassily Leontief. (Huerta de Soto 1992; Ravier 2011d).
Más tarde, apareció la figura de Oskar Lange (inspirado por los alemanes Eduard
Heimann y Karl Polanyi), con «la solución competitiva», seguidos por Durbin (1936),
Dickinson (1939) y Lerner (1944), pero chocaron con las respuestas de Hayek (1948),
que lo condujeron –casi sin saberlo– a elaborar nuevos argumentos en el debate. El
énfasis de Hayek en el «conocimiento», elaborado en distintos ensayos académicos
publicados entre 1935 y 1947, y compilados en un solo libro Individualism and
Economic Order (Hayek 1948), se sumaba a los problemas de incentivos y de cálculo
económico enfatizados previamente en la literatura crítica del socialismo.
Destaca entre esos ensayos El uso del conocimiento en la sociedad (1945), donde
Hayek plantea adecuadamente el «problema económico», de una manera alternativa a
como se lo concibe aun en nuestros días. El lector familiarizado con el pensamiento
económico recordará la definición de Lionel Robbins (1932), donde el problema se
basa en la escasez de recursos y lo ilimitado de las necesidades humanas. Luego, el
problema económico se basa en asignar esos recursos escasos a esos fines ilimitados.
Es un problema de optimización. Pero Hayek dice que no, que el problema no es
matemático, sino de conocimiento. Nadie tiene conocimiento formal acerca de cuáles
son los fines que queremos alcanzar, y cuáles son los medios de los que disponemos
para alcanzarlos. Más bien, el conocimiento acerca de los bienes y servicios que la
gente quiere consumir se encuentra disperso en el mercado, en forma de bits de
información que genera cada individuo. Ningún líder político jamás tendrá acceso a ese
conocimiento, argumento que Hayek luego politiza en su famosa obra Camino de
servidumbre (1944).
Pero además, Hayek agrega que tampoco sabemos cuáles son los medios de los que
disponemos. Es necesario que la función empresarial descubra estos recursos, o nuevas
combinaciones para esos recursos, para poder satisfacer las necesidades que surgen del
mercado, es decir, de los individuos que interactúan en las operaciones de compra–
venta.
Esto nos conduce a una teoría subjetiva, dinámica y heterogénea del capital donde
los bienes de capital resultan ser algo «subjetivo». Un par de ejemplos sirven para
observar el punto. ¿Es una computadora un bien de capital o un bien de consumo? El
lector comprenderá que si la utiliza quien estas líneas escribe para el trabajo será un
bien de capital, pero si las utilizan sus hijos para jugar será un bien de consumo.
Otro modo de verlo es con unas cuatro botellas de vidrio abandonas en una calle. Si
alguien las ve y no las considera útiles para nada, entonces estas botellas no son un bien
de capital, tampoco de consumo, ni siquiera son un bien económico. Pero si otra
persona las ve y entiende empresarialmente que pueden ser útiles en un proceso de
producción, reci​cladas, para producir un jarrón, entonces y sólo entonces, tales botellas
serán un insumo o un bien de capital. Fíjese el lector que los bienes serán económicos o
no en función de la «utilidad» que cada individuo les brinde.
Si en la Antigua Grecia hubieran encontrado un pozo petrolero, ¿habría sido aquello
un bien económico? Pues claro que no. Lo empezó a ser cuando alguien advirtió un uso
económico para ese recurso.
Este es uno de los tantos elementos fundamentales que está presente en la teoría
austriaca del capital y que es la base de su enfoque macroeconómico, aspecto que
profundizará Benjamin Powell en el capítulo 9 de este volumen.
Aquí sólo tenemos espacio para agregar unos pocos elementos de la teoría, como la
conocida teoría de la imputación elaborada por Wieser (1889, pp. 69–113). Esta
teoría enfatizaba que los precios no vienen determinados por los costos, como sostenían
los clásicos, sino que es al revés. Es la valoración que la gente tiene de los bienes
finales de consumo lo que «imputa» valor a cada insumo. La valoración del cuero
depende, por ejemplo, de la valoración que la gente tiene de los zapatos de cuero. El
salario que percibe Lionel Messi como jugador de fútbol, depende del interés que
millones de personas de todo el mundo colocan en el fútbol y el interés particular que
tienen en verlo jugar.
Otro aspecto central que han enfatizado los austriacos sobre el capital es su lado
dinámico. La estructura del capital es dinámica, porque incluye el tiempo. Los
austriacos insisten en que los procesos de producción toman «tiempo», «etapas», y es
por ello que su macroeconomía se apoya sobre una estructura «intertemporal» de la
producción.
Al respecto hubo una controversia entre Frank Knight (1934, 1935a, 1935b) por un
lado y Friedrich Hayek (1931, 1939) por el otro, a la que se sumaron también Nicholas
Kaldor (1937) y Fritz Machlup (1935) y donde se cuestionaba la relación entre el
capital y el interés. Israel Kirzner (1966), Peter Lewin (1994) y Mark Skousen (2001)
fueron algunos de los tantos economistas que con el tiempo se sumaron a la disputa.
Esta etapa de consolidación no queda circunscripta únicamente al debate sobre el
socialismo y el capital, sino que también se extendió a los ciclos económicos. Sobre la
base de la teoría austriaca del ciclo económico que Mises elaboró en 1912, Hayek
enfatizó la importancia de la teoría del capital en su famoso Precios y Producción
(1931), lo que luego continuó con otros escritos del mismo autor (1933, 1937, 1939 y
1941).
La controversia Hayek versus Keynes (Butos 1994) que comienza con la reseña
crítica de Hayek —en dos partes—del libro de Keynes (1930), y que recibe luego una
réplica de Keynes al libro de Hayek (1931), además de una extensa correspondencia
(compilada por Bruce Caldwell en el libro Contra Keynes y Cambridge de Hayek
1996), tuvo inicialmente a Hayek como triunfador (Caldwell 1995), aunque el resultado
de la batalla se revirtió con la publicación de la Teoría General (1936), obra que
Hayek no reseñó sino hasta varias décadas después en su campaña contra la inflación
keynesiana, publicada en sus Nuevos Estudios (Hayek 1978). El debate con el
socialismo y el capital lo tuvieron ocupado, lo cual fue un inoportuno episodio de la
historia del pensamiento económico. Sólo cuando la política keynesiana dio lugar a la
estanflación de los años 1970, los economistas volvieron a prestar atención a Hayek y
su teoría de los ciclos económicos, olvidada por unos 30 años.

3. Aislamiento

Resulta complejo intentar sistematizar las razones por las cuales la Escuela Austriaca,
en pleno apogeo, termina extinguiéndose en las dos o tres décadas siguientes a 1940.
Claro que Mises y Hayek no detuvieron su producción científica, pero ya no había en
Viena entre 1940 y 1970 —y tampoco lo habrá después— un grupo de economistas que
siguiera a estos grandes maestros, ni tampoco había en las revistas especializadas
debates en los cuales la economía austriaca tuviera una destacada participación.
Las causas de ello se pueden identificar en una serie de factores. Recordemos, como
primer factor, que la mayoría de los defensores de esta tradición eran judíos y que
fueron atacados y perseguidos por los nazis. Mises, por ejemplo, abandonó Austria
para instalarse en Ginebra durante algunos años, hasta que tuvo que partir a Estados
Unidos para salvar su vida. Hayek, por su parte, también abandonó Viena y a partir de
1931 fue contratado por la London School of Economics, instalándose en Londres hasta
1960. El seminario de Mises lógicamente fue disuelto, y la Escuela Austriaca —
entendiendo por Escuela a cada uno de sus miembros— se dispersó en todo el mundo
abriendo desarrollos individuales, más que una estrategia conjunta. Entre estos
desarrollos individuales —además de aquellos de Mises y Hayek— se destaca
especialmente el de Fritz Machlup, quien elaborará contribuciones fundamentales al
campo de la metodología (Machlup 1955).
El segundo factor relevante fue el idioma. Los austriacos publicaron sus obras
clásicas en alemán, y sólo décadas después fueron traducidas al inglés y a otros
idiomas. Esto fue una desventaja enorme en relación con sus colegas de Estados Unidos
e Inglaterra, puesto que no pudieron ser parte de los debates a los cuales los alumnos se
enfrentaban como jóvenes profesionales. Si la figura de Hayek tuvo mayor
preponderancia en el mundo académico que la de Mises, quizás se debe a este hecho,
ya que los prematuros viajes de Hayek a Estados Unidos en los años 1920 y a Londres
en los años 1930 le permitieron manejar el idioma mejor que a Mises, quien recién
consigue un cargo en la Universidad de Nueva York en 1945. Recordemos que para
Israel Kirzner, su alumno predilecto en esta universidad y en el nuevo seminario
privado que formará a partir de 1948, Mises «hablaba inglés a la perfección, pero creo
que todavía pensaba en alemán» (Kirzner, en Ravier 2011a, p. 112).
Un tercer factor fue el avance de la microeconomía neoclásica, con modelos en
equilibrio general o parcial, y el avance del uso de la matemática en economía. Como
sostuvimos más arriba, la economía austriaca era heredera de las formas de la
economía clásica, donde los modelos de desequilibrio, el tiempo y la incertidumbre
resultaban imposibles de ser abandonados.
Por último, como cuarto factor, la economía austriaca fue siempre asociada con el
liberalismo clásico, aspecto que resultaba contradictorio con la filosofía política que la
mayoría de la opinión pública apoyó por aquellos tiempos, en particular a partir de la
gran depresión de los años 1930. Mientras Keynes ofrecía un modelo novedoso y
creativo que se ajustaba a las preferencias políticas del momento, los austriacos
perdían relevancia por ir contracorriente junto a sus predecesores de la economía
clásica.
Varios biógrafos de Mises recordaron recurrentemente las dificultades que tuvo en
su inserción a la docencia norteamericana justamente por ser un autor asociado al
liberalismo y contrario al socialismo.
Lo cierto es que ante la revolución keynesiana, Mises y Hayek pasaron a ser dos
autores aislados de la academia de primer nivel.
Mises, sin embargo, encuentra —a partir de 1940— un ambiente académico
apropiado para desarrollar su trabajo, lo que le permitió completar aquel proyecto que
Menger sólo había llegado a esbozar. Se trataba de un edificio de teoría económica que
se construiría sobre los cimientos de la acción humana como axioma central y la
deducción lógica de teoremas fundamentales, a partir de los cuales se derivarían otros
teoremas conformando leyes económicas abstractas y de aplicación universal. Con este
Tratado de Economía La Acción Humana (1949), Mises fundó el pensamiento
económico en el individualismo y el subjetivismo metodológico (tratados en los
capítulos 1, 2 y 3 de este volumen por Anthony Evans, Christopher J. Coyne y Virgil
Henry Storr), pero además logró presentar de forma sistemática el pensamiento
económico de la Escuela Austriaca, mostrando que esta escuela de pensamiento no
consistía en una serie de aportes aislados acerca de teoría del capital, de los ciclos
económicos y las críticas al socialismo, sino que se presentaba como una continuación
de la economía clásica, ahora «corregida» o «actualizada» con un método axiomático–
deductivo definido, con la «utilidad marginal» en la determinación de los precios, y con
un entendimiento más acabado acerca de la teoría heterogénea del capital y de los
ciclos económicos, y también acerca de las consecuencias de la política económica
intervencionista sobre los distintos mercados de bienes y servicios, sobre el mercado
laboral, sobre el mercado crediticio y también sobre el mercado cambiario.
En materia de filosofía política, Mises agregó a su defensa inicial del Liberalismo
(1927), un par de trabajos centrales. Para Mises «el liberalismo es el primer
movimiento político que quiso promover, no el bienestar de grupos específicos, sino el
bienestar general.» En sus escritos la función del Estado no es la de un ingeniero que lo
planifica todo, sino la de un jardinero que crea el ambiente adecuado para que
florezcan los órdenes espontáneos. Ese marco institucional de respeto por la propiedad
privada y la libertad individual es un rol que el Estado no puede delegar. Bajo este
Estado de Derecho, dice Mises, surge la cooperación entre los individuos y los
pueblos, siendo la iniciativa individual y la sociedad civil las protagonistas del
desarrollo económico.
Mises, sin embargo, no era ingenuo. Sabía también que la existencia del mismo
Estado crearía incentivos en los empresarios para buscar privilegios y rentas (rent-
seeking), pero entendía que la única forma de luchar contra esa amenaza era a través de
las reglas constitucionales, la división de poderes, el federalismo y hasta el derecho de
secesión, entre otras herramientas desarrolladas bajo la tradición de liberalismo
clásico que incluye una larga lista de autores y literatura.
Al respecto, Mises publicó también durante esta etapa de aislamiento sus libros
Burocracia (1944a) y Gobierno omnipotente (1944b), trabajos que quizás pueden
entenderse hoy como base de filosofía política de la obra posterior de Hayek, y al
mismo tiempo, como la continuación de la mencionada tradición política de establecer
límites al poder y también como el origen del Public Choice o Escuela de la Elección
Pública, que precisamente profundiza hoy sobre distintos modos de controlar al
Leviatán.
Por el lado de Hayek, una vez completado su debate frente al socialismo, pero
preocupado por su avance, decide convocar durante diez días del mes de abril de 1947
a los 38 principales intelectuales liberales de todo el mundo, incluyendo filósofos,
economistas e historiadores, tanto de la Escuela de Chicago como de la Escuela
Austriaca, y también de la Economía Social de Mercado y autores independientes, con
el objeto de crear la Sociedad Mont Pelerin cuya finalidad sería la de preservar la
sociedad libre y oponerse a todas las formas de totalitarismo. Muchos de estos
intelectuales se convirtieron más tarde en presidentes de la sociedad, incluyendo a
Hayek, Wilhelm Ropke, Bruno Leoni, Milton Friedman, George Stigler, James
Buchanan, Gary Becker y Pascal Salin.
Simultáneamente con este hecho, Hayek comienza a abandonar la economía técnica
para ocuparse de otros temas que personalmente le eran más interesantes, lo que abarca
la psicología y la antropología, la filosofía de la ciencia y la filosofía política, la
filosofía del derecho y la historia del pensamiento económico. Sus Estudios (1967) y
Nuevos Estudios (1978) contienen una serie de escritos en «economía» que son
enormemente relevantes, pero sus Fundamentos de la Libertad (1960) o su Derecho,
Legislación y Libertad (1973, 1976 y 1979) abre una influencia fundamental en el
renovado interés de los economistas por las instituciones, que derivará a partir de los
años 1970 en la formación de nuevas escuelas de pensamiento, que a la vez resultarán
en «compañeros de viaje» de la tradición austriaca.
En su biografía, sin embargo, Hayek recordaba:

Son estos años en Londres, antes de la guerra, los que retrospectivamente me


parece los más activos intelectualmente y en cierto modo los más satisfactorios
de mi vida. A decir verdad, nunca pude volver a despertar el mismo apasionado
interés por los aspectos técnicos de la economía teórica o beneficiarme en igual
medida de conversaciones con mentes de primera clase con quienes compartía
los mismos intereses. En particular, aprendí mucha más economía en el
seminario (realmente dirigido por Robbins, aunque nominalmente
compartiéramos responsabilidades) que en ningún otro sitio (Hayek, 1994, p.
121).

Lo cierto es que esta etapa de aislamiento le permitió a la Escuela Austriaca,


retroceder unos pasos, pero para tomar carrera y emerger con mayor fuerza. Mises
reabre en 1948 su seminario privado en el marco de las actividades de la Universidad
de Nueva York, el que se extenderá con decenas de alumnos que se forman bajo su
tratado de economía hasta 1969.
Por el lado de Hayek, no sólo basta recordar su influencia académica y su trabajo,
sino también el rol que la Sociedad Mont Pelerin jugará en defender la sociedad
abierta, observando cómo varios de sus miembros alcanzan fama en la Academia
internacional, además de influenciar la política económica de varios países. Entre los
más destacados podemos mencionar quienes han obtenido el premio Nobel, como el
propio Hayek (1974), Milton Friedman (1976), George Stigler (1982), James M.
Buchanan (1986), Maurice Allais (1988), Ronald Coase (1991), Gary Becker (1992) y
Vernon Smith (2002).

4. El Resurgimiento: Ludwig Lachmann, Israel Kirzner y Murray Rothbard

Hubo dos factores centrales en el contexto en el que resurge la Escuela Austriaca. Por
un lado, los economistas profesionales comprendieron que había que ir más allá de la
economía matemática, ofreciéndole a la Escuela Austriaca y a otros enfoques
heterodoxos la apertura que necesitaban para re–introducirse. Por otro lado, en los años
1970 el dominio keynesiano de las tres décadas anteriores llegó a su fin, cuando se
tornaron evidentes los efectos de las políticas que esta tradición de pensamiento había
apoyado. Si en los años 1930 Keynes ofreció una respuesta al desempleo que otros
economistas negaban, en los años 1970 Friedman y Hayek ofrecen respuesta al
problema inflacionario que el keynesianismo nunca comprendió.
No es casual que la contrarrevolución monetarista generada por la Escuela de
Chicago se generara a partir de los años 1970 sobre las ideas olvidadas de Irving
Fisher a principios del siglo XX. Lo cierto es que hubo un giro en la opinión pública
nuevamente hacia la ortodoxia y una política económica más conservadora que la que
existió en las décadas anteriores. (Friedman, 1980)
La Escuela Austriaca acompañó a la Escuela de Chicago en esta contrarrevolución.
Para ese entonces Hayek ya había obtenido un lugar en la Universidad de Chicago,
aunque se lo identificaba más con la filosofía política, que con la economía neoclásica
monetarista.
El resurgimiento de la Escuela Austriaca tiene una fecha precisa: se trata de la
semana del 15 al 22 de junio de 1974, hace exactamente 40 años. En esa semana el
Institute for Humane Studies organizó una conferencia de «Economía Austriaca» para
cuarenta participantes en South Royalton, Vermont. Mises había fallecido ocho meses
antes y Hayek, si bien había sido invitado, no pudo asistir por problemas de salud que
le impidieron viajar desde Europa hacia Estados Unidos. Nadie pudo anticipar
entonces que Hayek recibiría el Premio Nobel sólo cuatro meses más tarde. (Ebeling
2006)
Los conferencistas principales en aquella ocasión fueron Ludwig M. Lachmann,
quien estudió con Hayek en la London School of Economics en los años 1930; Israel M.
Kirzner, quien estudió con Mises y recibió su dirección de tesis doctoral en la New
York Unversity en los años 1950; y Murray N. Rothbard, quien atendió al seminario de
Mises en Nueva York por muchos años, comenzando a fines de los años 1940, y recibió
su doctorado en economía de la Universidad de Columbia.
Las presentaciones fueron compiladas más tarde por Edwin G. Dolan (1976),
incluyendo trabajos de estos tres autores y de Gerald O´Driscoll sobre el método y la
praxeología —aspecto lamentablemente olvidado en la Escuela Austriaca
Contemporánea—, el proceso de mercado y la noción de equilibrio, la función
empresarial y el proceso competitivo, la teoría del capital y una crítica a la
macroeconomía y al keynesianismo —con énfasis en la estanflación de los años 1970—
y una teoría austriaca del dinero y del ciclo económico, profundizando lógicamente en
el impacto de la expansión monetaria sobre la estructura productiva y en las
expectativas.
La participación de Hayek en los años 1970 siguió siendo fundamental para la
Escuela Austriaca, lo mismo que el trabajo inagotable de Leonard Read y Henry Hazlitt
difundiendo los principios básicos, o el trabajo más académico de Hans Sennholz y
George Reisman –quienes también se doctoraron bajo la dirección de Mises–, pero la
revitalización del movimiento se asoció más bien al trabajo de estos tres «nuevos»
exponentes.
En realidad, Ludwig Lachmann había recibido influencia de Hayek en la LSE en los
años 1930 —en la etapa de consolidación—, por lo que en 1970 ya era un autor
maduro. Lachmann recibió también influencia de Shackle cuyo mensaje a los
economistas se lo puede resumir en tres palabras: «¡las expectativas importan!»
(Shackle 1949, ver también su entrevista en Ravier 2013). Fue así que desde 1942
Lachmann se preocupó por desarrollar un concepto de expectativas subjetivas que —
desde el humilde punto de vista de quien escribe— todavía hoy los economistas no han
abordado correctamente. En pocas palabras, Lachmann: 1) integró estas expectativas
subjetivas en el proceso de mercado; 2) distinguió con realismo entre fuerzas
equilibrantes y desequilibrantes en la tendencia al equilibrio y 3) también integró las
expectativas subjetivas a la teoría del capital y de los ciclos económicos. (Lachmann,
1977 y 1978)
A diferencia de Lachmann, Israel M. Kirzner conoce a Mises en la Universidad de
Nueva York en un momento en que prácticamente no había Escuela Austriaca. Kirzner
nos recuerda incluso que Mises —con enorme humildad— le sugirió buscar otro
director de tesis, pero éste prefirió mantener su guía y con ello logró ofrecer al
pensamiento económico numerosas contribuciones, publicar sus libros y enseñar
economía en la prestigiosa Universidad de Nueva York (Kirzner, en Ravier 2011a).
Será Kirzner el primer economista austriaco después de Hayek y Machlup en intentar
publicar sus artículos en las revistas científicas tradicionales, compitiendo con la
economía mainstream y haciéndose un lugar en la élite de la profesión.
Kirzner se ubicó siempre en un «camino intermedio» (Garrison 1986). Rechazó de
entrada el «equilibrio siempre» de la economía neoclásica de Chicago —donde no
habría lugar para la función empresarial—, pero también se negó al «equilibrio nunca»
—que niega las tendencias que podrían guiarnos a la regularidad—. Kirzner rechazó
ambos extremos, sosteniendo que el equilibrio es una herramienta útil en economía,
aunque a veces se abuse de ella.
Kirzner (1973, 1979, 1985, 1989, 1991) complementó el estudio de Schumpeter
sobre la función empresarial. Mientras Schumpeter nos habla de innovación e irrupción,
Kirzner nos habla de perspicacia empresarial, creatividad, coordinación y
descubrimiento. (Frederic Sautet profundizará en este proceso de mercado como
descubrimiento empresarial en el capítulo 7).
Para verlo simplificadamente, si imaginamos un pueblo antiguo con carretas y de
repente aparece la innovación del automóvil, Schumpeter enfatiza que se rompe un
equilibrio, que irrumpe en las expectativas de muchas personas que perderán sus
empleos relacionados a la fabricación y mantenimiento de las carretas. Pero Kirzner
agrega que cuando el empresario introduce el automóvil no irrumpe la calma
simplemente, sino que descubre algo que esperaba ser encontrado. Evita que los
empresarios sigan operando de forma ineficiente corrigiendo la descoordinación
existente. Kirzner reconoció que en 1973 estaba muy preocupado por marcar la
diferencia, pero luego retrocedió y entendió que una lectura del ejemplo no rechaza la
otra. (Kirzner, en Ravier 2011a)
Al igual que Kirzner, Murray Rothbard también toma contacto con Mises en la etapa
de aislamiento, ya instalado en Nueva York. Asiste al seminario privado durante
muchos años y se convierte en un autor enormemente prolífico. Si nos concentramos en
lo estrictamente económico, deberemos destacar su tratado El Hombre, la Economía y
el Estado (1963), donde ofrece una nueva sistematización del pensamiento económico
austriaco, de forma parecida a la de Mises en La Acción Humana. Un análisis
comparado de estos dos volúmenes entiendo que todavía no se ha escrito.
Pero la literatura reconoce en Rothbard aportes concretos como su lectura de la gran
depresión de los años 1930 (Rothbard 1962), aquel del debate sobre el socialismo
(Boettke y Coyne 2004), y también sobre el tema de los monopolios (Huerta de Soto
2005).
Su contribución a la historia del pensamiento económico es quizás la más polémica
donde toma distancia de Adam Smith, la tradición del orden espontáneo y el
pensamiento clásico, aunque es muy rica en redescubrir autores y contribuciones
previas a Adam Smith. (Rothbard 1995)
En el campo monetario mantiene la crítica a la banca central (Rothbard 1974), —y
en particular a la Reserva Federal norteamericana (Rothbard, 1976b y 1984)—,
defiende la banca libre, descentralizada y competitiva —en sintonía con la posición de
Mises y Hayek—, pero al mismo tiempo sugiere la aplicación de un encaje del 100 por
cien que generó una ruptura entre los economistas austriacos. (Rothbard, 1988)
Su Ética de la libertad y su programa de investigación sobre el anarcocapitalismo
ha corrido el eje del debate y nos obliga a repensar los fundamentos para cada función
del estado e incluso para el estado mínimo del liberalismo clásico. (Rothbard, 1982)
Contradice los fundamentos de la filosofía política austriaca tradicional, pero lo hace
sobre una comprensión dinámica del mercado que es propia de la tradición austriaca.
(Rothbard, 1973). Peter Leeson extiende este programa de investigación en el capítulo
10 de este volumen.

5. Las Oportunidades

Decía Mario Rizzo en la nueva introducción de La economía del tiempo y de la


ignorancia, un libro publicado en coautoría con Gerald O´Driscoll que:

La economía austríaca ha cambiado en los últimos diez años y ese cambio ha


sido positivo. Los austríacos se cuentan ahora entre los economistas más
creativos, innovadores y menos dogmáticos. …. Mientras que la corriente
principal neoclásica continúa dando vueltas a sus ruedas, los ‘austríacos’ (en el
sentido amplio de escuela de pensamiento subjetivista y del proceso de
mercado) se están preguntando y respondiendo cuestiones profundas en la
frontera de conocimiento científico–social ... Entienden que la aplicación del
modelo mecánico de la física del siglo XIX bien puede que haya alcanzado los
límites de sus contribuciones útiles. No tienen miedo a desafiar muchas
creencias aceptadas amplia pero pasivamente entre los economistas. Saben que
el siglo XX está casi acabado y que no todos sus desarrollos intelectuales han
sido beneficiosos. Entienden que un nuevo siglo demandará no solamente
«nuevas» técnicas (quizás muchas de ellas sean viejas técnicas), sino también
nuevas divisiones entre las disciplinas académicas (Rizzo, 2009 [1985]:17-18).
Concretamente, Rizzo se refiere a una «explosión» de trabajos publicados en
revistas reconocidas como la Review of Political Economy (Edward Arnold),
Advances in Austrian Economics (JAI Press), Review of Austrian Economics (Kluwer
Academia Press), las series del libro tituladas, «Foundations of the Market Economy»,
publicada por New York University Press (Rizzo, 1996:18), y quien escribe agregaría
el Quarterly Journal of Austrian Economics (Ludwig von Mises Institute). También debe
prestarse atención hacia la escuela «praxeológica» reflejada en la revista sociológica
Cultural Dymanics (E. J. Brill). Además, las perspectivas austríacas en macroeconomía
están recibiendo ahora reconocimiento al mismo nivel que los desarrollos de la
corriente central. Ver, por ejemplo, Snowden, Vane y Wynarczyk (1994). Otras
corrientes intelectuales derivan del trabajo sobre realismo en el pensamiento
económico, principalmente por Lawson (1994a, 1994c) y Mäki (1990). También hay
una doctrina, vivamente inspirada por los austríacos, sobre banca competitiva en los
trabajos de White (1989), Selgin (1988), Selgin y White (1994) y Cowen y Kroszner
(1994).
De forma similar, se han producido trabajos austríacos (es decir, basados en el de
Böhm Bawerk) sobre teoría del capital por Faber (1986). En el campo de la
comparativa de sistemas económicos están Lavoie (1985), Boettke (1990c, 1993),
Prychitko (1991) y Kornai (1992). La economía evolutiva ha mostrado intentos de
combinar lo austríaco con otras líneas de pensamiento en el trabajo de Langlois (1992)
y Witt (1992). No se puede dejar de mencionar, asimismo, la dedicación internacional
al análisis y crítica del trabajo de Friedrich A. Hayek. Las contribuciones a esta
literatura son vastas, sin embargo hay que mencionar a Birner y van Zijp (1994) y
Colonna y Hagemann (1994a, 1994b).
¿A qué se deben estas notables contribuciones en tan variados campos? Rizzo y
O’Driscoll apuntan a la superioridad del marco analítico subjetivista de la Escuela
Austríaca frente al utilizado por la corriente principal (Ravier 2012c, pp. 133-134).
Pero desde aquel libro, el movimiento se ha extendido aun más. En una conferencia
de Peter Boettke en Nueva York a la que tuve la fortuna de asistir –auspiciada por
FEE–, explicó que hay tres elementos que se necesitan para hacer la diferencia: 1)
buenas ideas; 2) capital; 3) posiciones. En el primer caso, las ideas están, y las
publicaciones continuas que se pueden observar en distintas revistas especializadas son
muy claras respecto de la ebullición que el movimiento está atravesando precisamente
en estos últimos años. En el segundo caso, se puede afirmar que hay inversores para
acompañar o financiar al movimiento, con donantes o donors que apoyan congresos
internacionales, publicaciones e instituciones. Pero lo que siempre faltó, decía Boettke,
fueron las posiciones. Boettke se refería a las posiciones en las universidades. Los
austriacos habían sido excluidos de los cargos docentes por mantener una metodología
contraria al análisis neoclásico. Esto ha cambiado en los últimos años, y el mismo
programa de la George Mason University que lidera Boettke está formando e
impulsando jóvenes profesionales que alcanzan su doctorado y consiguen posiciones de
distintas cátedras en universidades de Estados Unidos, Inglaterra y el mundo. Estos
mismos profesionales, apoyados sobre sus cuantiosas publicaciones ocupan cargos de
catedráticos y forman también a sus propios alumnos, asegurando un efecto
multiplicador.
Sin ánimo de ser exhaustivo, se pueden detectar campos de estudio y autores
fundamentales en la tradición austriaca, que merecen ser estudiados por los jóvenes
profesionales que se introducen a la investigación bajo esta tradición. Me refiero por
ejemplo a los aportes de Fritz Machlup en el campo de la metodología, recordando la
última publicación de Gabriel Zanotti y Nicolás Cachanosky (2014), donde se replantea
una lectura machlupiana de la praxeología de Mises en oposición a la lectura radical
de Rothbard. Esta lectura moderada de la praxeología promete abrir nuevos debates en
un campo de estudio que permanece estancado hace mucho tiempo.
En historia del pensamiento económico, y tras la crisis subprime de 2008, emergió
nuevamente el interés por conocer aquel debate entre Hayek y Keynes de los años
1930, destacándose los trabajos de Bruce Caldwell (1995). Se debe agregar a su vez,
que la crisis del enfoque neoclásico que había considerado prácticamente inútil a la
historia del pensamiento económico, hoy queda en desuso, re–descubriendo los jóvenes
académicos a autores clásicos que habían sido olvidados.
En microeconomía, el proceso de mercado y la función empresarial ya mencionamos
la relevancia de Ludwig Lachmann e Israel M. Kirzner. Encontrándose este último
retirado, ya hay varios autores que tomaron la posta como Peter Lewin, Peter Klein,
Nicolai Foss y Richard Langlois, elaborando una teoría austriaca de la firma sobre la
base de los estudios austriacos sobre el capital. En el mundo hispano la tesis doctoral
de Leonardo Ravier, desarrollada bajo la supervisión de Jesús Huerta de Soto, promete
nuevas extensiones en este campo de estudio.
En teoría e historia monetaria aparecen Lawrence H. White, George Selgin y Kevin
Dowd, autores que corrigieron uno de los defectos del pensamiento austriaco en su
carencia por desarrollar trabajo empírico. Ahora mismo decenas de alumnos formados
por estos autores continúan ampliando este programa de investigación a decenas de
países en los que habría evidencia de banca libre.
En macroeconomía destaca Roger W. Garrison y Steven Horwitz, este último con un
conocido análisis sobre micro–fundamentos para la macroeconomía. El primero por
elaborar el modelo la macroeconomía del capital, que compite con el IS–LM
keynesiano. Las aplicaciones de este modelo están corriendo la frontera del
conocimiento y permitiendo a los austriacos formar parte de debates que le eran ajenos
(Salter y Cachanosky 2014), acerca de los ciclos económicos con dinero fiat y en
economías abiertas (Cachanosky 2014a, Cachanosky 2014b). Me permito aquí
mencionar mi propio estudio de Curva de Phillips (Ravier 2013).
En finanzas públicas aparece Randall Holcombe, campo que se complementa con la
filosofía política donde ya destacamos a los autores clásicos de las ciencias políticas,
además de Ludwig von Mises, Friedrich Hayek, James Buchanan y Murray Rothbard.
En la actualidad Peter Leeson es uno de los tantos jóvenes profesionales que continúa
ampliando este programa de investigación.
Para cerrar, un campo que recibe cada vez mayor atención es el del desarrollo
económico, donde prepondera la figura de William Easterly, quien enfrenta a los
expertos de la planificación central en el desarrollo como Jeffrey Sachs con Hayek y
los órdenes espontáneos, mostrando las numerosas aplicaciones que la teoría austriaca
puede tener en variados campos (Easterly, 2009). Easterly defiende la idea de que la
pobreza requiere seekers o «buscadores», más que planificadores (Easterly, 2006).
III. REFLEXIÓN FINAL

Podrá parecer paradigmático, pero la sensación que queda es que la Escuela Austriaca
aislada, tal como se la conoció desde 1940 en adelante, ha muerto. La evolución de la
tradición, y en esto seguramente han jugado un rol destacado Mises y Hayek y la
Sociedad Mont Pelerin, la ha conducido hacia una integración del movimiento junto con
otros enfoques complementarios, «compañeros de viaje», que nos permiten hoy hablar
de una tradición aun más amplia que aquella.
En palabras de Peter J. Boettke (en Living Economics):

La Economía Austriaca es un programa de investigación científica —


históricamente una rama de los principios de la economía neoclásica, y en el
discurso contemporáneo una parte de la nueva rama de la economía institucional
y economía política que se levantó en la segunda mitad del siglo XX para desafiar
la hegemonía de la síntesis neoclásica. Mises y Hayek fueron de manera muy
significativa los pioneros en este programa de investigación, y su idea de una
teoría unificada de la ciencia social basada en el individualismo metodológico y
en explicaciones de tipo mano invisible dio como resultado a nuevos campos de
estudio: Alchian y los derechos de propiedad; Buchanan y la elección pública;
Coase y los costos de transacción; Leijonhufvud y la coordinación macro: North
y la Nueva Historia Económica; Olson y la acción colectiva; Ostrom(s) y el
policentrismo; Tullock y la búsqueda de rentas; Yeager y la teoría monetaria del
desequilibrio y , por supuesto, Kirzner y la teoría empresarial del proceso de
mercado; y Rothbard y la teoría del anarcocapitalismo.

Desde luego que seguirán habiendo rupturas y debates internos en esta tradición de
pensamiento, lo que habla de un programa de investigación abierto. Pero enfatizar los
consensos, por ejemplo en la defensa de la cataláctica, el individualismo y el
subjetivismo metodológico, en la importancia del costo de oportunidad, en el proceso
competitivo y la información (nótese que no escribo «conocimiento»), en la relevancia
de la función empresarial y las instituciones o en la noción de desequilibrio, permite a
estos científicos sociales dialogar y alcanzar un entendimiento que con el enfoque
neoclásico era difícil.
Insisto: el resurgimiento de la Escuela Austriaca no emerge en el vacío, sino en un
momento de la historia del pensamiento económico en el que el paradigma neoclásico,
con su conocido abuso por la matemática y la noción de equilibrio siempre, les ha
generado limitaciones que la profesión ya no puede ignorar. En esto los austriacos
llevan ventaja y deben darse la mano con el marxismo y el keynesianismo ortodoxo o el
post–keynesianismo, además de escuelas heterodoxas que vienen reclamando el fin de
la economía neoclásica.
La Escuela Austriaca ya ha cambiado. No necesita cambiar nuevamente en los
próximos años para alcanzar una nueva explosión en sus publicaciones, porque las
puertas ya están abiertas. La base de ideas es muy sólida, lo que permite augurar un
futuro promisorio para los jóvenes profesionales que integren esta tradición de
pensamiento y que se propongan ampliar sus aplicaciones.
Mientras el mundo siga siendo inestable —y lo serán en mayor magnitud mientras el
dinero y la banca sigan estando en manos de los gobiernos—, el keynesianismo y el
socialismo estarán latentes. Los austriacos deben permanecer atentos para preservar la
propiedad privada, la libertad individual y la economía pura de mercado.

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Economic Thought, de próxima publicación.
Introducción[2]
Por PETER J. BOETTKE

La Escuela Austriaca de Economía fue fundada en el año 1871 con la publicación de


los Principios de economía de Carl Menger. Menger, junto con William Stanley Jevons
y León Walras, desarrolló la revolución marginalista en el análisis económico. Menger
dedicó sus Principios de economía a su colega alemán William Roscher, la figura
principal en la Escuela Histórica Alemana de Economía. La Escuela Histórica
dominaba el pensamiento económico en los países de habla alemana. En su libro,
Menger postuló que el análisis económico era susceptible de aplicación universal y que
el ser humano y sus elecciones constituían la unidad de análisis apropiada. Estas
elecciones, sostenía Menger, están determinadas por las preferencias subjetivas
individuales y por el marco en el cual estas decisiones son llevadas a cabo. La lógica
de la elección, creía Menger, es el elemento esencial para el desarrollo de una teoría
económica de validez universal.
La Escuela Histórica, por el contrario, sostenía que la ciencia económica es incapaz
de generar principios de validez universal y que, por tanto, la investigación científica
debía estar enfocada hacia análisis minuciosos de las circunstancias históricas. En la
Escuela Histórica se pensaba que los economistas clásicos ingleses estaban
equivocados al creer que existían leyes económicas que trascendían el tiempo y las
fronteras nacionales. La obra de Menger venía a restablecer el punto de vista clásico de
la economía política, que afirmaba la existencia de leyes universales; y para su
demostración apeló al análisis marginal. Los estudiantes de Roscher, especialmente
Gustav Schmoller, se opusieron totalmente a la defensa que Menger hizo de la «teoría»
y etiquetaron la obra de Menger —y por extensión a sus seguidores Eugen Böhm-
Bawerk y Friedrich Wieser— con el término peyorativo de «Escuela Austriaca»,
debido a que la mayoría de los profesores implicados ejercían la docencia en la
Universidad de Viena. Con el paso del tiempo, el término se impuso.
Sin embargo, desde la década de 1930 ningún economista de la Universidad de
Viena ni de ninguna otra universidad austriaca ha sido una figura relevante de la
Escuela Austriaca de economía. Durante los años treinta y cuarenta, la Escuela
Austriaca se trasladó a Inglaterra y a los Estados Unidos, y los académicos asociados
con esta línea de pensamiento económico se encontraban principalmente en la London
School of Economics (1931-1950), en la New York University (1944-), en la Auburn
University (1983-) y en la George Mason University (1981-). Muchas de las ideas de
los principales economistas austriacos de mediados del siglo XX, tales como Ludwig
von Mises y F.A. Hayek, están fundadas en las ideas de economistas clásicos tales
como Adam Smith y David Hume, o en las de algunas figuras de principios del siglo XX
como Knut Wicksell, además de Menger, Böhm-Bawerk y Friedrich von Wieser. Esta
diversidad de tradiciones intelectuales en la ciencia económica es todavía más evidente
entre los economistas de la Escuela Austriaca en la actualidad, quienes han recibido la
influencia de algunas de las figuras más relevantes de la economía contemporánea.
Estos incluyen a Armen Alchian, James Buchanan, Ronald Coase, Harold Demsetz,
Axel Leijonhufvud, Douglass North, Mancur Olson, Vernon Smith, Gordon Tullock,
Leland Yeager y Oliver Williamson, además de Israel Kirzner y Murray Rothbard.
Mientras que algunos pueden afirmar que una única Escuela Austriaca de Economía
opera dentro de la profesión económica en la actualidad, también se podría argumentar
con cierta sensatez que el rótulo «austriaco» ya no posee ningún significado sustantivo.
En este artículo, me concentraré en los principales postulados sobre la economía en los
que creen los denominados «economistas austriacos».

I. LA ECONOMÍA COMO CIENCIA

Proposición 1: Solo los individuos eligen


El hombre, con sus propósitos y planes, es el principio de todo análisis económico.
Solo los individuos eligen; las entidades colectivas no hacen elecciones. La tarea
principal del análisis económico es hacer inteligible el fenómeno económico,
apoyándolo en los propósitos y planes de los individuos. La tarea secundaria de la
economía consiste en indagar las consecuencias no intentadas o no previstas que pueden
surgir como consecuencia de las elecciones individuales.

Proposición 2: El estudio del orden del mercado versa fundamentalmente sobre el


comportamiento de intercambio y las instituciones dentro de las cuales tiene lugar el
intercambio
El sistema de precios y la economía de mercado se entienden mejor bajo el término
«catalaxia», y la ciencia que estudia el orden de mercado cae bajo el dominio de la
«cataláctica». Estos términos se derivan de la palabra griega katalaxia —que
significaba la acción de intercambiar y convertir a un extraño en amigo, como
consecuencia del intercambio—. La cataláctica centra el análisis en las relaciones de
intercambio que surgen en el mercado, la negociación que caracteriza el proceso de
intercambio, y el contexto institucional en el que estos intercambios tienen lugar.

Proposición 3: Los «hechos» de las ciencias sociales son aquellos que las personas
creen y piensan
A diferencia de las ciencias físicas, las ciencias humanas involucran los planes y
propósitos de los individuos. Mientras que la eliminación de los propósitos y planes en
las ciencias físicas condujo al progreso en la investigación, en la medida en que ello
permitió superar el problema del antropomorfismo, en las ciencias sociales la
eliminación de los planes y propósitos de los individuos da como resultado la
extirpación, en la ciencia de la acción humana, de su materia de estudio primordial. En
las ciencias humanas, los «hechos» del mundo son lo que los actores creen y piensan.
El significado que los individuos dan a las cosas, las prácticas, los lugares y las
personas determina la forma en que se orientarán a sí mismos en la toma de decisiones.
El objeto de las ciencias de la acción humana es la inteligibilidad, no la predicción.
Las ciencias humanas pueden lograr este objetivo porque nosotros mismos somos lo
que estudiamos, o porque somos capaces de tener un conocimiento intrínseco de la
acción humana. Por el contrario, las ciencias naturales no pueden perseguir un objetivo
de inteligibilidad intrínseca, puesto que se apoyan en un conocimiento extrínseco.
Nosotros somos capaces de comprender los planes y propósitos de otros actores
porque nosotros mismos somos actores humanos.
El ejemplo clásico utilizado para ilustrar esta diferencia esencial entre las ciencias
de la acción humana y las ciencias físicas es el siguiente: imaginemos a un marciano
analizando los «datos» que le ofrece la observación de la Estación Central (Grand
Central Station) de Nueva York. Nuestro marciano podría observar que, cuando la
pequeña aguja de un reloj que cuelga en la pared apunta hacia un número, el ocho, se
produce un gran movimiento de cuerpos que salen de unas cajas a su vez en
movimiento. Asimismo, cuando esa pequeña aguja señala el número cinco, el marciano
observa que un gran número de cuerpos vuelven a introducirse en esas enormes cajas.
El marciano podría desarrollar toda una teoría predictiva acerca de ese pequeño
círculo colgado en la pared —el reloj— y la relación de movimiento de los cuerpos
con respecto a las cajas. Pero, a menos que el marciano logre entender los planes y los
propósitos de esas personas (el significado de expresiones como «ir al trabajo»,
«volver del trabajo a casa»), su comprensión «científica» de los datos obtenidos en la
Estación Central será muy limitada. Las ciencias de la acción humana son distintas de
las ciencias naturales y nosotros empobrecemos nuestra comprensión de las ciencias
humanas cuando las forzamos para amoldarlas a los criterios y cánones del modelo
filosófico-científico propio de las ciencias naturales.

II. MICROECONOMÍA

Proposición 4: La utilidad y el coste son subjetivos


Todos los fenómenos económicos son filtrados por el tamiz de la mente humana.
Desde 1870 los economistas han coincidido en que el valor es subjetivo; sin embargo,
siguiendo a Alfred Marshall, muchos sostuvieron que el lado del coste de la ecuación
estaba determinado por condiciones objetivas. Marshall insistía que, así como las dos
hojas del filo de una tijera son necesarias para cortar un pedazo de papel, del mismo
modo el valor subjetivo y los costes objetivos son necesarios para determinar el precio
de los bienes. Pero Marshall se equivocó al no entender que los costes también son
subjetivos, dado que ellos mismos igualmente son determinados por el valor de los
usos alternativos de los recursos escasos. Es cierto que ambas hojas de la tijera son
necesarias para cortar un papel, pero la hoja de la oferta es determinada por las
valoraciones subjetivas de los individuos.
Al inclinarse por cursos de acción uno debe decidir; es decir, uno debe elegir un
curso de acción y no otros. La atención a las distintas alternativas en las elecciones
conduce a uno de los conceptos centrales del modo de pensar económico: la noción de
coste de oportunidad. El coste de cualquier acción es el valor que tiene la alternativa
más valorada a la que se ha renunciado, a la hora de realizar esa acción. En tanto que la
acción que no se elige es, por definición, una acción que nunca se llevará a cabo,
cuando uno decide lo que hace es ponderar las expectativas de beneficios de una acción
respecto de las expectativas de beneficio de otros cursos de acción alternativos.

Proposición 5: El sistema de precios es un medio de economizar la información que


la gente necesita procesar para la toma de decisiones
Los precios sintetizan los términos de intercambio en el mercado. El sistema de
precios transmite a los participantes en el mercado la información relevante,
ayudándoles a obtener ganancias mutuas mediante el intercambio. De acuerdo con el
famoso ejemplo de Hayek, cuando la gente se da cuenta de que el precio de la hojalata
ha subido, no necesita saber si la causa está en el aumento de la demanda de hojalata o
en la disminución de la oferta. En cualquier caso, el aumento en el precio de la hojalata
hace que la gente tienda a economizar su uso. Los precios en el mercado cambian
rápidamente cuando varían las condiciones subyacentes, lo que conduce a que las
personas se ajusten rápidamente a las nuevas circunstancias.

Proposición 6: La propiedad privada en los medios de producción es una condición


necesaria para la racionalidad del cálculo económico
Los economistas y los científicos sociales han reconocido desde hace largo tiempo
que la propiedad privada provee de poderosos incentivos para la asignación eficiente
de los recursos escasos. Pero los simpatizantes del socialismo pensaron que el sistema
socialista podía superar los problemas de incentivos mediante la transformación de la
naturaleza humana. Ludwig von Mises demostró que incluso si se asumiera que la
transformación de la naturaleza humana fuera posible, el socialismo fracasaría debido a
la incapacidad de los planificadores económicos de calcular racionalmente el uso
alternativo que se le otorgue a los recursos. Sin propiedad privada en los medios de
producción, sostuvo Mises, no habría mercado para los medios de producción y, por lo
tanto, no habría precios monetarios para los medios de producción. Sin precios
monetarios que reflejaran la escasez relativa de los medios de producción, los
planificadores económicos serían incapaces de calcular racionalmente el uso
alternativo de los medios de producción.

Proposición 7: La competitividad en el mercado es un proceso de descubrimiento


empresarial
Muchos economistas consideran la competencia como un estado de cosas. Sin
embargo, el término «competencia» evoca una actividad. Si la competencia fuera un
estado de cosas, el empresario no tendría ningún papel que desempeñar. Pero, puesto
que la competencia es una actividad, el empresario tiene un gran rol que ocupar. En
efecto, el empresario es el agente de cambio que empuja y arrastra los mercados hacia
nuevas direcciones.
El empresario se mantiene alerta ante las oportunidades de ganancia mutua no
reconocidas. Al reconocer oportunidades, el empresario puede obtener un beneficio. El
proceso de mutuo aprendizaje a partir del descubrimiento de las ganancias que surgen
del intercambio fomenta que el sistema logre una asignación más eficiente de los
recursos. El descubrimiento empresarial asegura que un mercado libre se mueve hacia
el uso más eficiente de los recursos. Además, el atractivo por obtener beneficios
arrastra a los empresarios a que constantemente busquen las innovaciones que permitan
aumentar la capacidad productiva. Para el empresario que reconoce la oportunidad, las
imperfecciones de hoy representan las ganancias de mañana[3]. El sistema de precios y
la economía de mercado son instrumentos de aprendizaje que guían a los individuos a
descubrir ganancias mutuas y a emplear eficientemente los recursos escasos.

III. MACROECONOMÍA

Proposición 8: El dinero es no-neutral


El dinero es definido como el medio de intercambio comúnmente aceptado. Si la
política gubernamental distorsiona la unidad monetaria, el intercambio también resulta
distorsionado. Minimizar estas distorsiones debería ser el objetivo de toda política
monetaria. Cualquier aumento en la oferta monetaria no compensado por un incremento
en la demanda monetaria conducirá irremediablemente a un aumento en el sistema
general de precios. Pero los precios no se ajustan de manera inmediata en todos los
ámbitos de la economía. Algunos ajustes de precio se producen antes que otros; ello
conduce a una distorsión en los precios relativos. Cada uno de estos cambios ejerce su
influencia en los patrones de intercambio y producción subsiguientes. En conclusión, el
dinero, por su misma naturaleza, no puede ser neutral.
La importancia de este principio se hace evidente al analizar el problema de los
costes de la inflación. La teoría cuantitativa del dinero afirma, correctamente, que la
mera emisión monetaria no aumenta la riqueza. De este modo, si el gobierno duplica la
oferta monetaria, la aparentemente mayor capacidad adquisitiva de bienes que
adquieren los tenedores de moneda queda neutralizada por la duplicación de precios.
Pero mientras la teoría cuantitativa del dinero supuso un importante avance en el
pensamiento económico, una interpretación mecánica de la teoría cuantitativa del
dinero condujo a que se subestimaran los costes que generan las políticas inflacionistas.
Si los precios simplemente se duplicaran cuando el gobierno duplica la oferta
monetaria, los agentes económicos serían capaces de anticipar este ajuste de precios
mediante el seguimiento cercano de los números referidos a la oferta monetaria y, de
este modo, ajustarían su comportamiento de la forma apropiada. El coste de la inflación
sería, entonces, mínimo.
Pero la inflación es socialmente destructiva en varios niveles. En primer lugar,
incluso la inflación prevista daña la confianza básica entre el gobierno y sus
ciudadanos, porque implica que el gobierno utiliza la inflación para confiscar la
riqueza de las personas. En segundo lugar, la inflación imprevista cumple un rol
redistributivo (negativo) en la medida en que los deudores ganan a expensas de los
acreedores. En tercer lugar, en tanto las personas no pueden anticipar perfectamente el
proceso inflacionario y en tanto el dinero se introduce en algún lugar específico del
sistema —por ejemplo, a través de la compra de bonos del gobierno—, algunos precios
(el precio de los bonos, por ejemplo) se ajustan antes que otros, lo que significa que la
inflación distorsiona los patrones de intercambio y de producción.
En la medida en que el dinero es el vínculo para casi todas las transacciones en la
economía moderna, las distorsiones monetarias afectan a esas transacciones. El fin de
la política monetaria, por tanto, debería ser el de minimizar estas distorsiones
monetarias, precisamente porque la moneda no es neutral[4].

Proposición 9: La estructura de capital consiste en bienes heterogéneos que


presentan usos multiespecíficos que deben ser alineados
En este mismo instante, gente en Detroit, en Stuttgart y en Tokio están diseñando
vehículos que no serán adquiridos sino hasta dentro de una década. ¿Cómo pueden
saber el modo adecuado de asignar los recursos para lograr este objetivo? La
producción siempre está orientada hacia una demanda futura que es incierta, y el
proceso de producción exige diferentes etapas de inversión, que van desde las más
remotas (minería para la extracción de hierro, por ejemplo) a las más inmediatas (el
concesionario de vehículos). El valor de todos los bienes de producción en cada etapa
de la producción deriva del valor que los consumidores otorgan al producto fabricado.
El plan de producción alinea varios bienes en una estructura de capital que produce los
bienes finales, de modo ideal, de la forma más eficiente. Si los bienes de capital fueran
homogéneos, ellos podrían ser utilizados en producir todos los productos finales
deseados. Pero los bienes de capital son heterogéneos y multifacéticos; una planta de
producción de vehículos solo puede fabricar vehículos, no puede producir chips
electrónicos para computación. La intrincada organización del capital para producir
distintos bienes de consumo es gobernada por las señales que provee el sistema de
precios y el cuidadoso cálculo económico que hacen los inversores. Si se distorsiona el
sistema de precios, los inversores cometerán errores en la organización de los bienes
de capital. Una vez que el error se hace manifiesto, los agentes económicos reordenarán
sus inversiones, pero en el ínterin se habrán perdido recursos muy valiosos[5].

Proposición 10: Las instituciones sociales suelen ser el resultado de la acción


humana, pero no del designio humano
Muchas de las instituciones y de las prácticas sociales más importantes no son el
resultado del diseño directo, sino que son un subproducto de acciones que se realizaron
para alcanzar otros fines. Un estudiante en el Medio Oeste de los Estados Unidos que
intenta llegar rápido a clase durante el mes de enero (invierno boreal), a fin de evitar el
frío decide tomar un atajo a través de un jardín en lugar de seguir el camino más largo
alrededor de este. Al haber acortado su trayecto caminando por el jardín, el estudiante
ha dejado algunas huellas en la nieve; en la medida en que otros estudiantes sigan estas
huellas, harán que las marcas en el camino queden cada vez más definidas. Aunque el
objetivo de cada uno de estos estudiantes es simplemente llegar a clase tan pronto como
sea posible, y evitar así las frías temperaturas, en el proceso han creado un sendero en
la nieve que, de hecho, sirve a otros estudiantes, que llegarán más tarde, para alcanzar
su objetivo más fácilmente. La historia del «sendero en la nieve» viene a ser un
ejemplo gráfico de lo que es un «producto de la acción humana, que no es resultado del
designio humano» (Hayek, 1948, p. 7).
La economía de mercado y su sistema de precios son ejemplos de un proceso
similar. Las personas no se proponen crear el complejo entramado de intercambios y
señales de precios que constituyen una moderna economía de mercado. Su intención,
simplemente, es mejorar la propia situación vital, pero sin embargo su comportamiento
da como resultado el sistema de mercado. El dinero, el derecho, el lenguaje, la ciencia,
entre otros, constituyen fenómenos sociales cuyo origen no obedece al designio humano,
sino a las personas que se esfuerzan en lograr su propio progreso, y que durante ese
proceso generan un resultado que beneficia al todo social[6].
Las consecuencias de estos diez principios son, en buena medida, radicales. Si se
probaran como verdaderos, la teoría económica se fundaría en la lógica verbal y el
trabajo empírico enfocado a la narrativa histórica. En lo que atañe a las políticas
públicas, se podrían expresar severas reservas en torno a la habilidad de los agentes
gubernamentales para intervenir óptimamente en el sistema económico, por no
mencionar que no podrían manejar racionalmente la economía.
Tal vez los economistas deberían adoptar el credo de los médicos: «Lo primero es
no hacer daño». La economía de mercado se desarrolla a partir de la inclinación natural
de las personas por mejorar su propia situación, que al hacer eso descubren que el
beneficio surgido de los procesos de intercambio mutuo les permitirá alcanzar ese
objetivo. Adam Smith fue el primero que sistematizó esta tesis en La riqueza de las
naciones (1776). En el siglo XX, los economistas de la Escuela Austriaca de Economía
fueron los defensores más intransigentes de este mensaje, no porque estuvieran
sometidos a una actitud ideológica negativa, sino por la propia convicción presente en
la lógica de sus argumentos.

OTRAS LECTURAS

Lectura general

BOETTKE, P. (ed.) (1994): The Elgar Companion to Austrian Economics, Edward


Elgar, Aldershot, UK-Brookfield, VT, USA.
DOLAN, E. (ed.) (1976): The Foundations of Modern Austrian Economics, Sheed and
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Clásicos

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Libertarian Press.
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Press, Chicago.
KIRZNER, I. (1973): Competition and Entrepreneurship, University of Chicago Press,
Chicago.
MENGER, C. (1949): Principles of Economics, Yale University Press, New Haven.
MISES, L. VON (1949): Human Action: A Treatise on Economics, Yale University
Press, New Haven.
O’DRISCOLL, G. y RIZZO, M. (1985): The Economics of Time and Ignorance, Basil
Blackwell, Oxford.
ROTHBARD, M. (1962): Man, Economy and State, 2 vols., Van Nostrand Press, Nueva
York.
VAUGHN, K. (1994): Austrian Economics in America, Cambridge University Press,
Cambridge.
Historia de la Escuela Austriaca de economía

BOETTKE, P. y LEESON, P. (2003): «The Austrian School of Economics: 1950-2000»,


en Jeff Biddle y Warren Samuels (eds.), The Blackwell Companion to the History of
Economic Thought, Blackwell, Londres.
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Encyclopedia of the Social Sciences, Macmillan, Nueva York.
MACHLUP, F. (1982): «Austrian Economics», en Encyclopedia of Economics,
McGraw-Hill, Nueva York.

Textos introductorios en lengua española


(agregado por traductores)

CACHANOSKY, J.C. (2012): La escuela austriaca de economía, Libertas n.º 1,


ESEADE, 1984. Reimpreso en Ravier, A., Lecturas de historia del pensamiento
económico, Madrid: Unión Editorial.
HUERTA DE SOTO, J. (2008): La escuela austriaca. Mercado y creatividad
empresarial, Síntesis, Madrid.
RAVIER, A. (2011-2013): La Escuela Austriaca desde dentro, vols. I, II y III, Unión
Editorial, Madrid.
ZANOTTI, G. (2012): Introducción a la Escuela Austriaca de Economía, Unión
Editorial, Madrid.
I
LA CIENCIA ECONÓMICA
1. Solo los individuos eligen
ANTHONY J. EVANS [7]

1. Introducción

Cuando Margaret Thatcher declaró que «no hay tal cosa como la sociedad», parecía un
ejemplo de una filosofía política que elogiaba el egocéntrico individualismo por
delante de la solidaridad colectiva. Si alguna vez una frase se pudiera convertir en
sinónimo de una doctrina económica profundamente controvertida, sería esta. Sin
embargo, intencionadamente o no, se tropezó con una de las discusiones filosóficas más
importantes del siglo XX. Si solo los individuos eligen, entonces la manera de entender
conceptos culturales como la «sociedad» pasa a través de un análisis de la acción
individual. Puede parecer contradictorio, pero si perdemos de vista a los individuos la
«sociedad» no tiene sentido.
El grado en que los individuos son el producto de su entorno social es uno de los
problemas perennes de las ciencias sociales. ¿Hasta qué punto debemos colocar a la
persona en el centro del análisis económico? ¿Qué papel causal debemos dar a los
factores culturales? ¿Tenía razón Adolphe Quetelet al afirmar que «la sociedad prepara
el crimen, y la persona culpable es solo el instrumento»?[8]. Este debate se encuentra en
el corazón no solo de cómo los científicos sociales deberían realizar investigaciones,
sino también en la comprensión de cómo los individuos libres dirigen la acción
humana, enfrentándose a nuestra concepción de la condición humana.
Tanto la génesis como la subsiguiente aparición del individualismo metodológico
están indeleblemente ligadas al desarrollo de la economía austriaca; sin embargo, el
uso más común se ha desviado de estos caminos. En lugar de proporcionar una defensa
y una nueva reformulación de una determinada interpretación del individualismo
metodológico, voy a reconocer la ambigüedad inherente del término, y argumentar que
la forma particular de individualismo metodológico —concepto del individualismo
institucional (1975) de Joseph Agassi— no es solo una etiqueta más consistente y
precisa para el método tradicional austriaco, sino también un motor más útil para
investigaciones futuras.

2. Los individuos son los componentes básicos de las ciencias sociales


«Individualismo metodológico» es la práctica de ver a las entidades sociales como
producto de la acción individual, y por lo tanto se pone la elección individual en el
centro de investigación técnica. El término fue utilizado por primera vez por Joseph
Schumpeter (en alemán en 1908 y en inglés en 1909) (Heath, 2005; Hodgson, 2007),
aunque fue principalmente etiquetado de ser un concepto previamente elaborado por su
contemporáneo Max Weber. La interpretación sociológica de Weber vio al individuo
singular como la unidad básica, o «átomo» de la investigación social, y Schumpeter
describió cómo la premisa del individualismo metodológico coloca al individuo en el
punto de partida para explicar las relaciones económicas. Sin embargo, Carl Menger, el
fundador de la Escuela Austriaca de Economía, mostró una mayor participación en la
generación del concepto. Menger y Weber fueron influenciados el uno por el otro y no
hay razón para creer que el principal postulado del individualismo metodológico haya
sido formulado por solo uno de ellos, y no por el otro. Aunque Menger nunca utilizó
este término, su «método atomístico» de la teoría pura pone claramente a la elección
individual como la piedra angular de las ciencias sociales (unificadas). Trató de
encontrar las leyes que constituyeron fenómenos económicos partiendo de los
«verdaderos» elementos de la acción individual, y este enfoque se convirtió en
sinónimo de austriaco, considerando que «tenemos aquí dos tareas para la economía
[...] el seguimiento de las consecuencias no intencionadas de la acción [...] [y] el
requisito económico de que el mundo que nos rodea es inteligible en términos de la
acción humana» (Kirzner, 1976a, p. 41). Ludwig Lachmann también enfatizó que las
explicaciones de los fenómenos sociales, en última instancia, debían conducir a los
planes humanos, pero es importante hacer una distinción entre si esto es verdad solo en
principio o si debe seguirse al pie de la letra. En otras palabras, las declaraciones
agregadas como «Rumanía ha decidido unirse a la UE» podrían ser usadas como
taquigrafía o como declaración provisional, pero después las explicaciones, en
principio, deberían ser consistentes con las expectativas y las acciones de los
individuos que las han provocado.
Dicho esto, individualismo metodológico no implica que se deba favorecer al
individuo sobre el colectivo —es, sobre todo, una posición sobre qué tipo de
explicación deben llevarse a cabo—. Tal es el alcance de este principio que es
compartido con los marxistas analíticos, que pueden aceptar la posición metodológica
ausente de cualquier connotación política (o ideológica). Demostrado este aspecto
apolítico, Jon Elster define el individualismo metodológico como «la doctrina en la que
todos los fenómenos sociales (su estructura y su cambio) son, en principio, explicables
solo en términos de individuos —sus propiedades, metas y creencias—» (Elster, 1982,
p. 453).
Esto contrasta con la posición metodológica del holismo, que representa la acción
individual, apelando a las grandes totalidades. Este enfoque implica que los fenómenos
sociales determinan las preferencias individuales y que los hechos sociales existen por
encima y más allá de las constituyentes piezas individuales. En efecto, la sociedad
podría incluso ser vista como una forma de entidad orgánica —un agente con sus
propios derechos, demandas e intereses—. La preocupación de Karl Popper era que un
conflicto entre los planes individuales y los planes colectivos dieran lugar al
totalitarismo; sin embargo, una forma más común del holismo es ver esta entidad
orgánica en términos biológicos, como un fenómeno evolutivo (o mimético). Pero es
importante darse cuenta de que el holismo metodológico surgió del esfuerzo de Emile
Durkheim para hacer de la sociología una ciencia autónoma. Aunque para esto se utilizó
un método consistente con las ciencias naturales, requería una temática distinta para no
quedar reducida a la psicología. La implicación es que la comprensión subjetiva de la
acción humana es posiblemente superflua a una explicación de la actividad social, ya
que es la red de relaciones sociales en la que se encuentran la que, en última instancia,
determina el resultado.
La génesis del individualismo metodológico se deriva de la Escuela Austriaca y de
la la sociología interpretativa de Weber.[9], exportándose a otras disciplinas «a través
de la trinidad austriaca de Schumpeter, Von Mises y Hayek» (Hodgson, 2007, p. 1).
Pero antes de mirar la interdisciplinariedad y evolución del término, es importante que
primero nos centremos en la historia en el ámbito de la economía.

3. El ascenso y la caída del homo economicus

La economía neoclásica está construida sobre los cimientos del individualismo


metodológico, donde se supone que el sistema económico es la agregación de agentes
independientes, y estos agentes constituyen la unidad básica del análisis. Se trata de
seres a-culturales que responden de manera racional, previsible y pasivamente a los
precios cambiantes. Sin embargo, las características peculiares de estos agentes (sus
gustos y expectativas) son en gran parte tratadas como dadas, y la formación de estas
características se tiene en cuenta explícitamente. Complejos fenómenos sociales se
reducen a ser simplemente los resultados agregados de los análisis de la optimización
individual. Se sigue el método de Robinson Crusoe como abstracción de un ambiente
social para concentrarse en la elección aislada, pero, en vez de usar esto como base
para contrastarla con los resultados generados por la interacción compleja, se lo utiliza
como base para la agregación. Esta forma atomista del individualismo metodológico
asume que uno puede generar una concepción del hombre «presocial», y utilizar esto
para predecir el resultado cuando estos agentes interactúan entre sí. Sin embargo, «no
se ha avanzado en ninguna explicación significativa de los fenómenos sociales en
términos de individuos. En la práctica siempre hay un residual social y relacional que
no se reduce por completo a los términos individuales» (Hodgson, 2007, nota 12, p. 8).
Esto sugiere que las ciencias sociales no pueden reducir los fenómenos sociales a los
factores psicológicos, y que la psicología tiene una dimensión irreductiblemente social
(Heath, 2005).
En este sentido, la noción de acción humana intencional de Mises y la idea del
hombre que economiza de Robbins son ambas compatibles con la definición de
individualismo metodológico (ya que los fenómenos del mercado son vistos como el
resultado de la interacción de los individuos), pero la forma del individualismo
metodológico difiere sustancialmente (Kirzner, 1976b). De hecho, resulta notable cómo
tantos economistas pueden seguir atribuyendo falsamente el entendimiento neoclásico
del individualismo metodológico de los austriacos, teniendo en cuenta que los
austriacos han demostrado explícitamente las diferencias (Hayek, 1948). Mises se
refiere al homo economicus como una «ficción» (1949, p. 244). Prefiere ver al hombre
como una fuerza activa, creativa, con todos sus defectos:

La ciencia económica se ocupa de la efectiva actuación del hombre tal como este
opera en el mundo. Sus teoremas jamás se refieren a tipos humanos ideales o
perfectos, a un fabuloso hombre económico (homo oeconomicus) ni a
abstracciones estadísticas tales como la del hombre medio (homme moyen). Su
objeto de estudio es el hombre con sus flaquezas y limitaciones, cómo en
realidad actúa y vive. Toda acción humana interesa a la praxeología (Mises,
1949, p. 769).

Mientras que el individualismo metodológico no implica automáticamente el


positivismo epistemológico, no puede haber ninguna duda de que la hegemonía
positivista —impulsada por el encanto de la autoridad científica— condujo a una
distinción entre el neoclásico homo economicus y el austriaco «actor con propósito».
Zwirn (2007) muestra que el individualismo atomista es compatible con una premisa
metodológica de que los individuos son independientes del contexto, ya que en las
ciencias naturales los laboratorios pueden crear tal aislamiento. Pero esto supone que
los métodos de las ciencias naturales y sociales pueden ser iguales. Los fallos
subsiguientes del positivismo dentro de la economía han generado una oportunidad para
alejarse de los modelos formales, y la evidencia de que esto ocurra se puede encontrar
en una amplia gama de tendencias: la aparición de los microfundamentos (que exigen el
fin de los agregados libres y flotantes), la revolución de las expectativas (colocando a
la cognición individual en el corazón de la investigación), y el surgimiento de más
métodos cualitativos (especialmente los que permiten el acceso a la interpretación,
como la etnografía). Al hacer hincapié en la acción individual, la interacción y el
comportamiento estratégico han dado lugar al surgimiento de la teoría de juegos, que en
particular fue vista por muchos como el antídoto a los modelos formales que borran al
hombre actuante del análisis económico. Y, por último, la ampliación del conductismo
(en particular, del comportamiento financiero) se ha concentrado en la naturaleza de las
decisiones humanas y la naturaleza heterogénea y polifacética de la agencia. De hecho,
las principales lecciones de la investigación experimental son (1) que el homo
economicus no mejora nuestra comprensión de la acción humana en el mundo real, y (2)
que el contexto institucional de elección puede influir, en gran medida, en los resultados
de la interacción.
Como hemos visto, se ha producido una divergencia en el uso del individualismo
metodológico dentro de la economía, y este abismo es una de las características
definitorias de un paradigma único de la economía austriaca. También es importante
darse cuenta de que el desarrollo de la economía no ha sido uniforme, y que una serie
de influyentes estudiosos han utilizado un concepto más débil del individualismo
metodológico que la corriente dominante. Economistas de la talla de James Buchanan,
Mancur Olson, Ronald Coase, Vernon Smith y Douglass North persiguen el
individualismo metodológico y admiten a las instituciones sociales como variables
centrales y una parte necesaria de la investigación.
Muchas de las críticas al individualismo metodológico son válidas, pero solo en la
medida en que se dirigen a los «pilares» o a la forma atomista. El análisis neoclásico
ha generado una rica «economía de la vida», pero al mismo tiempo rechaza «la vida de
la economía». Sugiero que la aclaración se haga a través de dos aspectos: en primer
lugar, haciendo explícita la posición ontológica; y segundo, aclarando el rol causal de
las fuerzas institucionales. Aunque voy a tomar el material principalmente de
economistas austriacos, es importante reiterar que este es un tema que abarca todas las
ciencias sociales. Mientras que la disciplina de la economía podría estar haciendo un
cambio en U en sentido metodológico, no quiero dar a entender que esto es toda la
historia. A lo largo de este proceso, otras disciplinas —la sociología y la ciencia
política en particular— han desarrollado y refinado la idea del individualismo
metodológico. En otras palabras, un debate interdisciplinario ha ocurrido fuera de las
fronteras de la economía que ha demostrado que la distinción entre el individualismo y
el holismo es demasiado simplista. En realidad, hay todo un espectro de posiciones
metodológicas que caen dentro de la etiqueta de «individualismo metodológico», y el
verdadero debate es sobre qué forma se debe perseguir. El debate es en realidad un
diálogo a tres bandas entre atomistas, institucionalistas y holistas.

4. El individualismo metodológico está de hecho basado en una concepción de la


realidad

Los críticos del individualismo metodológico tienen un punto válido cuando desafían el
razonamiento detrás de esta premisa fundamental. ¿Por qué la acción individual es a
menudo vista como la piedra angular de la ciencia social? Como se mencionó
anteriormente, la definición de Schumpeter sobre el individualismo metodológico no
está exenta de ambigüedad, y aunque Mises dedica un capítulo de su magnum opus La
Acción humana (1949) al tema, no aclara el punto desde una posición puramente
metodológica. La razón de esto es que se mezcla la prescripción metodológica de que
«los fenómenos sociales deben explicarse en términos de los planes individuales» con
una justificación ontológica en que «solo los individuos tienen planes». Udehn (2002)
se refiere a esto como el «giro ontológico», pero el punto clave es que Mises reconoce
que el individualismo metodológico solo podría tener sentido dentro de la premisa
ontológica correspondiente. Mises vio un «obstáculo insuperable» en tomar las
unidades colectivas como punto de partida por el hecho de que en cualquier momento
los individuos pertenecen a una serie de diferentes (y posiblemente conflictivos) grupos
sociales. Él ve el postulado del individualismo como una herramienta para hacer frente
a «esa multiplicidad de entidades sociales coexistentes y su mutuo antagonismo» (1949,
p. 53). Lejos de negar la relevancia de las totalidades sociales, Mises puso atención a
la persona como la única manera de estudiar esto, porque «la vida colectiva se plasma
en las actuaciones de quienes la integran» (ibíd., p. 52). En efecto:

Los individuos y su toma de decisiones sirven como el inicio del análisis


austriaco, no debido a un rechazo de sujetos colectivos, sino porque es solo
mediante la interpretación de entidades sociales como el resultado compuesto
de individuos actuantes como podemos llegar a comprender su significado e
importancia (Boettke, 1995 p. 27; énfasis en el original)[10].

Mises hace mención explícita de los fundamentos ontológicos de su concepción del


individualismo metodológico: «Siempre es un solo individuo quien dice Nosotros; aun
cuando se trate de varios que se expresen al tiempo, siempre serán diversas
manifestaciones individuales» (1949, p. 53). Parafraseando a Jon Elster, uno no puede
presuponer un propósito sin identificar a una persona cuyo propósito estamos
presuponiendo. Pero ¿cuál es la base de este concepto de la realidad?
Como se mencionó anteriormente, las dos defensas y críticas del individualismo
metodológico se han basado en la suposición de métodos compartidos en todas las
disciplinas científicas. Sin embargo, Frank Knight fue solo uno de la amplia corriente
de economistas influenciados por los austriacos en argumentar que las ciencias sociales
y las ciencias naturales son fundamentalmente distintas. Contamos con lo que llamamos
«conocimiento desde adentro» sobre la actividad económica, no a través de la
observación, sino a través de la intuición: la intuición que poseemos como actores
económicos. Las proposiciones económicas se derivan de nuestra capacidad única para
la auto-consciencia, junto con una empatía que puede relacionar ese conocimiento con
los demás seres humanos. Para Max Weber el concepto de acción era importante debido
a que nuestro acceso interpretativo crea una capacidad de comprender los motivos
subyacentes de los demás. El hecho de que podamos apreciar las intenciones y los
planes de los demás (y por lo tanto «horizontes de fusibles» con nuestro tema) es una
fuente de conocimiento que está por completo ausente dentro de las ciencias naturales.
En consonancia con los gustos de John Watkins, nosotros —como individuos— tenemos
«acceso directo» a los hechos sobre los individuos, mientras que cualquier
conocimiento que podamos obtener sobre las totalidades sociales solo debe ser
adquirido a través de la derivación (Udehn, 2002, p 489).
Según Martin Hollis, el racionalismo proporciona una unidad epistemológica de la
humanidad y por lo tanto la posibilidad de creencias universales (1994). Como Vincent
Ostrom dice: «Nosotros, como individuos, utilizamos nuestros propios recursos como
seres humanos para tratar de entender a los demás, presumiendo, como Hobbes, que
existe una similitud básica de los pensamientos y las pasiones para todos los personajes
de toda la humanidad» (1997, p. 105). Por lo tanto, Hodgson (2007) está en lo correcto
al afirmar que el individualismo metodológico no es simplemente un dispositivo
metodológico neutral. Tiene una suposición implícita acerca de la forma de la realidad
social, y esto debe ser reconocido más explícitamente: es una premisa metodológica
basada en la perogrullada ontológica de que «todos los fenómenos sociales se crean, o
son causados ​por los seres humanos» (Udehn, 2002, p. 489). Mises y Hayek fueron
claros en que los métodos deben corresponder a las concepciones realistas de la
realidad, y esto claramente distingue el uso austriaco del individualismo metodológico,
tanto del atomismo como del holismo.

5. Hay una forma institucional del individualismo metodológico

La segunda forma en que la economía austriaca ofrece un fundamento único y


esclarecedor del individualismo metodológico —resaltando el papel de las
instituciones— es que ha reivindicado directamente los avances logrados por una serie
de epistemólogos en los años subsiguientes. En resumen, demuestra que el
individualismo metodológico no presupone agentes atomizados y autónomos, pero
reconoce el papel causal de las costumbres sociales. Incorpora constructos sociales
como los productos y formaciones resultantes de la acción individual. Los primeros
austriacos reconocen explícitamente la importancia causal de las instituciones sociales,
y rechazan la premisa de que los temas de la economía son los agentes aislados:

Al nacer [el hombre], no es que irrumpa, sin más, en el mundo, sino que surge en
una determinada circunstancia ambiental [...] La herencia y el entorno moldean la
actuación del ser humano [...] No vive el individuo como simple hombre in
abstracto; por el contrario, es siempre hijo de una familia, de una raza, de un
pueblo, de una época [...] Ni sus ideas ni sus módulos valorativos son obra
personal, sino que adopta ajenos idearios y el ambiente le hace pensar de uno u
otro modo (Mises, 1949, p. 56).

Pero el reconocer el rol de las instituciones sociales en la elección individual no


lleva a la acción inevitable, a la falta de libertad o al determinismo social. Por el
contrario, la omnipresencia de los grupos sociales significa que el deseo consciente de
suscribirse a ellos es a veces inevitable. Más que instituciones que actúan únicamente
como limitaciones a la elección humana, son también su manifestación. Rutinas, hábitos
y costumbres son nuestra guía de lo que hacemos dado el consentimiento de adoptarlas.
Los fenómenos colectivos bien podrían actuar como un piloto automático para algunos
de nosotros, pero el ego permanece detrás del volante. Tal vez sea tácitamente, tal vez
por consentimiento implícito; elegimos dejar que las instituciones piensen por nosotros.
En efecto, esta aplicación institucionalmente contingente del individualismo
metodológico ha sido la fuerza impulsora de la investigación austriaca aplicada. Para
Mises, la acción social debe entenderse como un caso especial de la acción humana. Si
la atención se ha centrado en el descubrimiento de la evolución del dinero, los precios,
los idiomas o la ley, tales instituciones sociales han aportado los objetos principales de
la investigación empírica.
La forma institucional del individualismo metodológico es imperativa si los
economistas desean generar teorías del cambio social. La posición holista considera
principalmente a las instituciones como restricciones o determinantes en el
comportamiento individual. Los puntos de vista atomistas de las instituciones son un
poco más que una abreviatura de las diversas formas de acción individual. Debe quedar
claro que un enfoque híbrido tiene la obligación de mediar entre estos dos extremos, ya
que es la interacción entre el análisis institucional (evaluaciones de la estructura de
incentivos) y la reforma institucional (la acción creativa) la que genera el cambio
social.
Originario en Karl Popper, la expresión «individualismo institucional» fue utilizada
por primera vez (con cierto grado de ambigüedad) por Joseph Agassi (1960) —quien
lo presentó de forma más completa en 1975—. A pesar de que a menudo ha sido
presentado como una alternativa al individualismo metodológico, sigo la línea de Ian C.
Jarvie, que vio el individualismo institucional como una forma particular del
individualismo metodológico, que trata las instituciones sociales como algo tan tangible
como nuestro entorno físico.
Siguiendo a Toboso (2001) me gustaría presentar tres proposiciones fundamentales:

1. Los propósitos y los intereses solo pueden ser perseguidos por los individuos.
2. Las instituciones —entendidas como reglas formales e informales a las que se
enfrentan los individuos en un contexto de toma de decisiones— afectan a las
interacciones y, por lo tanto, deben formar parte del fenómeno explicativo.
3. El cambio institucional es una consecuencia de las interacciones individuales, y
se lleva a cabo dentro de marcos institucionales más amplios.

Lo que esto implica es que «ninguna entidad impersonal activa con objetivos
aparentes, intereses y fuerzas impulsoras propias está incluida en el discurso como
variable explicativa, ni cualquier otro factor impersonal sistémico que posee su propia
dinámica para que la responsabilidad no pueda, incluso indirectamente, ser atribuida a
cualquier persona» (Toboso, 2001, p. 10). Pero esto difiere sustancialmente del
individualismo metodológico, porque «además de la acción individual [...] esta
estructura institucional debe ser tomada en cuenta» (ibíd., p. 14; énfasis agregado). Si
las condiciones materiales no son suficientes para determinar el comportamiento, se
deben incluir explícitamente las instituciones sociales; el arraigo social debe estar a la
vanguardia de la investigación y no como una idea de último momento. En resumen, este
esquema afirma lo siguiente: solo los individuos son capaces de elegir, las instituciones
afectan a nuestras decisiones, y las instituciones evolucionan a través de la acción
humana[11].
Hodgson (2007) rechaza la expresión «individualismo institucional» porque «le da a
una de las mitades de la historia el estado de adjetivo, mientras que a la otra mitad le
otorga el prestigio de ser sustantivo» (p. 9). Pero la razón por la que el individualismo
debe tener prioridad explicativa se debe simplemente a la posición primaria de que
solo los individuos eligen. Las estructuras y los individuos son dos facetas necesarias
de explicación social, pero, mientras que los fenómenos sociales no son estrictamente
reducibles a este último, las estructuras sociales son siempre un producto de, y
dirigidas por, los propósitos y los planes individuales.

6. Conclusión

La expresión «individualismo metodológico» es problemática por un número de


razones. Como hemos visto, su definición ha evolucionado en el tiempo hasta el punto
de que se ha hecho compatible con una amplia gama de técnicas metodológicas en
conflicto. Su uso predominante sugiere una primacía puramente metodológica para el
individuo sobre la colectividad e implica que una correcta aplicación debería y debe
realmente reducir todos los eventos sociales a nivel individual, a pesar de ser
imposible e innecesario. Sin embargo, el «individualismo institucional» hace hincapié
en la elección individual e implica que no está aislada ni totalmente determinada por
nuestro entorno social. Se distinguen claramente los ricos enfoques institucionales de
las formas fuertemente asociadas tanto con el individualismo atomista como con el
individualismo holístico.
Austriacos como Menger, Mises, Hayek y Kirzner utilizaron una forma
fundamentalmente diferente del individualismo metodológico a la que usaron los
economistas neoclásicos, y este capítulo ha sostenido que (1) su posición metodológica
implicó una justificación ontológica que debería ser más explícita, (2) que dio espacio
a las explicaciones causales que provinieron de factores institucionales no
reducibles[12]. Estas dos cuestiones son dos caras diferentes de una misma moneda, ya
que es la propia existencia de las instituciones sociales la que da lugar a significados
intersubjetivos (Boettke, 1995, p. 28). En efecto, una concepción de las personas como
actores decididos permite el estudio de los órdenes espontáneos, y proporciona las
técnicas metodológicas que nos permiten admirar cómo, a través de los mercados, los
recursos se asignan sin la necesidad de una planificación central. Aunque no existe una
relación automática entre el individualismo metodológico y el político, la economía
clásica liberal —y las instituciones sociales de una economía de mercado
descentralizada— solo puede ser comprendida adecuadamente mediante el recurso del
individualismo metodológico. Esta proposición principal es un amplio principio unido
a la premisa de que sólo los individuos tienen propósitos, planes o elección. Al
formularse de esta manera queda claro por qué Jon Elster lo calificó de «trivialmente
verdadero». Aunque algunos critican definiciones que son «tan amplias que sería difícil
encontrar un científico social que no esté de acuerdo con ellas» (Hodgson, 2007, p. 5),
no hay razón para rechazar el consenso a favor de la algarabía. La fuerza del concepto
es su sencillez, y al mismo tiempo el que sea trivialmente cierto, pues las implicaciones
de la coherencia en la aplicación son enormes, tanto en términos de los procedimientos
de la ciencia social como también en la noción de la acción individual. La conclusión
de este punto de partida es que solo podemos atribuir significado a los fenómenos
sociales a través de la lente de una forma institucionalmente contingente del
individualismo metodológico. Solo los individuos eligen… y lo hacen a través de las
instituciones.

Referencias bibliográficas

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2. La economía como el estudio
de la coordinación y el intercambio
CHRISTOPHER J. COYNE[13]

1. Introducción

En 1963, en su discurso presidencial ante la Southern Economic Association, James


Buchanan preguntó: «¿Qué deben hacer los economistas?». Al hacerlo, Buchanan estaba
desafiando a la ortodoxia prevaleciente que trata el problema económico de la
sociedad como uno de asignación de recursos escasos entre fines competitivos. Según
Buchanan, el paradigma de asignación es una malinterpretación de la naturaleza de la
ciencia económica, así como del papel que debe desempeñar el economista. En lugar
de centrarse en la cuestión de la asignación, Buchanan argumenta que los economistas
deberían centrarse en las relaciones de intercambio y las instituciones dentro de las
cuales se efectúa este intercambio.
Según Buchanan, lo atractivo del cientificismo tiende a alejar a los economistas del
paradigma de cambio y a empujarlos hacia el paradigma de la asignación. El paradigma
de la asignación se centra en el «problema» de cómo asignar recursos que son escasos
y a su vez presupone que la solución a ese problema debe ser encontrada por los
economistas. El resultado es que el estudio de la economía se convierte en un estudio
sobre el cálculo y optimización en lugar de centrarse en la acción intencional humana y
en el proceso a través del cual los individuos interactúan y coordinan sus planes y
metas, a menudo divergentes. El paradigma de la asignación, argumenta Buchanan,
mermó el estudio de la economía de la acción individual intencionada, así como el
proceso de aprendizaje y de elección. La elección es fundamentalmente una actividad
humana plagada de incertidumbre en lugar de un procedimiento mecánico realizado por
autómatas. El estudio de la economía no es sobre la maximización. Es un estudio que
debe centrarse en la comprensión de los diversos contextos institucionales en los que
los seres humanos, que son imperfectos, deben interactuar e intercambiar.
El mensaje que transmitió Buchanan en su discurso presidencial no era para nada
nuevo. El énfasis que hizo sobre la coordinación, la interacción y el intercambio ya
había sido destacado en la obra de David Hume y de Adam Smith, en los escritos de los
economistas ingleses no ricardianos como el obispo Whatley y Philip Wicksteed, y en
el trabajo de los economistas franceses como A.R.J Turgot y Jean-Baptiste Say.
Además, estos temas han sido siempre un objetivo central para los que escriben en la
tradición austriaca, incluyendo a Carl Menger, Ludwig von Mises, F.A. von Hayek e
Israel Kirzner.
El objetivo de este capítulo es enfocarnos en la proposición que sostiene que el
estudio de la economía y del orden de mercado es, fundamentalmente, sobre el
intercambio y sobre el contexto institucional en el que los intercambios se llevan a
cabo. Esta proposición enmarca el estudio de la economía focalizando nuestra atención
en la acción individual intencionada, en las condiciones de la interacción y el
intercambio, y en el proceso de descubrimiento y de aprendizaje. En concreto, el
cambio de paradigma hace hincapié en el proceso a través del cual los individuos,
imperfectos y con diferentes intereses y fines, realizan acuerdos de cooperación con los
demás. Este paradigma obliga a los economistas a centrarse en el surgimiento y en la
evolución continua de un conjunto complejo de relaciones que facilitan la interacción,
la negociación, los acuerdos y los intercambios. Este paradigma se contrapone
completamente al paradigma de la asignación, que carece de contemplar la
incertidumbre, los errores humanos y el aprendizaje. Dentro de este contexto, una
solución para el problema de la asignación emerge a través de un conjunto de variables
exógenas en lugar de surgir de un proceso endógeno.
Este capítulo procede de la siguiente manera. En la próxima sección se explican,
brevemente, las principales diferencias entre el paradigma de la asignación y el
paradigma del intercambio. En la sección 2.3 se discute la ciencia de la cataláctica en
relación con el estudio de la economía. En la sección 2.4 se consideran dos conceptos
diferentes de «coordinación» utilizados por economistas. En la sección 2.5 se analiza la
importancia de las instituciones en el paradigma del intercambio. Por último, en la
sección 2.6 se concluye con una discusión sobre la relevancia del paradigma del
intercambio.

2. El paradigma de la asignación frente al paradigma del intercambio

Meir Kohn (2004) remite respecto al paradigma de la asignación a la obra de Paul


Samuelson y John Hicks[14]. Samuelson buscó reafirmar la teoría económica en términos
matemáticos con el fin de proporcionar claridad y precisión en los argumentos
económicos. Hicks trató de reformular la economía en términos de «valor», lo que
implica centrarse en los precios relativos y en la asignación de recursos. El marco
walrasiano, que trata de analizar todos los mercados simultáneamente, es quizás el
mejor ejemplo de la teoría del valor. Como señala Kohn, mientras que los objetivos de
Samuelson y Hicks eran diferentes, sus trabajos se complementaban muy bien. El
enfoque de Hicks sobre la teoría del valor encajaba bien con el deseo de Samuelson de
matematizar la economía. El resultado final de esta iniciativa fue que «los seguidores
del programa de Hicks y Samuelson llegaron a ver la teoría del valor como si eso fuera
economía; vieron a ambas como idénticas e indistinguibles» (Kohn, 2004. p. 305;
énfasis en el original). En otras palabras, en la medida que el paradigma de la
asignación se fue estableciendo, el estudio de la economía se fue convirtiendo en
sinónimo de equilibrio, centrándose fundamentalmente en la asignación de recursos. El
resultado fue que ciertos temas como el intercambio, las instituciones y el proceso de
coordinación fueron empujados hacia fuera del camino.
Para fines de claridad, tiene sentido examinar tanto las similitudes más importantes
como las diferencias principales entre el paradigma de la asignación y el paradigma del
intercambio. La principal similitud es que ambos paradigmas se centran en las
implicaciones que tiene la hipótesis que sostiene que los individuos actúan con
intencionalidad realizando las ganancias del intercambio. La diferencia principal entre
los dos paradigmas se debe a la disparidad de los supuestos relacionados con el
producto del intercambio (Kohn, 2004. p. 308)[15]. El principal supuesto del paradigma
de la asignación es que el resultado del intercambio es un equilibrio en el que todas las
ganancias posibles del intercambio quedaron agotadas. En otras palabras, el resultado
del intercambio es un equilibrio estático. El paradigma de la asignación también asume
que el intercambio se lleva a cabo en un entorno caracterizado por precios
determinados, por productos homogéneos e información perfecta. La implicación
principal es que, al no haber problemas de información relacionados con el intercambio
el comercio, no tendría costes. Además, la perpetua conciliación de planes significa
que no hay incertidumbre y no hay necesidad para el descubrimiento de lo desconocido,
ya que todas las personas son conscientes de todos los posibles estados del mundo. Los
supuestos básicos del paradigma de la asignación permiten a sus adherentes ignorar la
importancia de las instituciones en el intercambio. En un entorno caracterizado por
precios dados, productos homogéneos y perfecta información, no hay lugar para las
instituciones. No hay un papel para cosas tales como reglas o normas informales —
tales como la confianza, el capital social, la amenaza de ostracismo, entre otras—, que
facilitan las relaciones comerciales, y tampoco parece haber necesidad de un gobierno
que establezca o haga cumplir las reglas formales.
En contraste con el paradigma de la asignación, el paradigma del intercambio
concluye que un equilibrio estático nunca se consigue en economías del mundo real.
Información imperfecta, error humano y descubrimiento empresarial tienen por
consecuencia constantes cambios en los precios, en los bienes y en los servicios.
Además, el paradigma del intercambio se caracteriza por el reconocimiento de la
variación en las estructuras de mercado, de la existencia de productos heterogéneos y
de la información imperfecta. En lugar de asumir que los precios están establecidos, el
paradigma del intercambio se centra en el proceso a través del cual los precios
emergen y cambian con el tiempo. Contrariamente a la suposición de los precios
establecidos del paradigma de la asignación, el paradigma del intercambio enfatiza que
los precios surgen mediante el proceso de interacción, de intercambio y de competencia
(véase Hayek, 2002). La consecuencia de esto es que los precios no están
exógenamente establecidos, sino que emergen endógenamente a través del intercambio.
En el paradigma del intercambio el énfasis se coloca en el emprendedor como
mecanismo central a través del cual se lleva a cabo el proceso de coordinación. La
función empresarial implica un estado de alerta hacia las oportunidades de beneficio,
así como la voluntad de apostarle a las oportunidades percibidas. Los empresarios
impulsan el cambio económico a través del arbitraje (es decir, comprando barato y
vendiendo caro) y la innovación (por ejemplo, a través de mejoras en productos
existentes o en las técnicas de producción, o también con la introducción de un nuevo
producto o una nueva técnica de producción).
Una implicación importante del paradigma del intercambio es que las herramientas
de la economía nos permiten realizar predicción de patrones, pero no predicciones
puntuales. En otras palabras, la economía nos proporciona los medios para hacer
predicciones generales respecto al patrón o la tendencia de los precios relativos, así
como también del proceso económico en diferentes condiciones. Sin embargo, la
economía no proporciona las herramientas para predecir resultados específicos o para
discutir un equilibrio estático único.
Una última característica del paradigma del intercambio es el énfasis sobre la
información imperfecta y el conocimiento disperso. En realidad, las personas rara vez
están conscientes de todos los participantes en el mercado y de todas las oportunidades
existentes para el intercambio. Además, muchas interacciones e intercambios se
caracterizan por las asimetrías de información. Los partidarios del paradigma del
intercambio se enfocan en la comprensión de los mecanismos que permiten a las
personas superar esas imperfecciones y asimetrías. En otras palabras, una cuestión
central planteada por los partidarios del paradigma del intercambio es: ¿Bajo qué
arreglos institucionales pueden los individuos aprender mejor acerca de las
oportunidades de intercambio y superar los problemas asociados con la asimetría de la
información y la dispersión del conocimiento? En la sección 2.5 se discuten con más
detalle el papel de las instituciones, el cambio institucional y su evolución, temas
centrales para el paradigma del intercambio, ya que las instituciones enmarcan todas las
interacciones e intercambios.

3. Cataláctica, la ciencia del intercambio

Al considerar por qué el paradigma de la asignación emergió como el marco dominante


de la economía ortodoxa, James Buchanan identificó que el uso de la palabra
«economics» es parte del problema (1964, pp. 215-16). Según Buchanan, al enfocarse
únicamente en el comportamiento que economiza, los economistas se ven forzados a
pensar en términos de maximización y distribución en lugar de en términos de
coordinación y de intercambio. En lugar de usar la palabra «economics», Buchanan
sugirió el uso de la palabra «catalaxy» o «symbiotics» para llamar la atención sobre la
interacción, la asociación y el intercambio. El término «catalaxy», o en español
«cataláctica», deriva del verbo griego katallattein (o katallassein), que significa
«intercambio», y «admitir dentro de la comunidad», así como también «convertir al
enemigo en amigo» (véase Hayek, 1976, pp. 108-9).
Al llamar la atención sobre el papel de la retórica en la elaboración de la forma en que
los economistas se acercan a su materia, Buchanan forma parte de una larga línea de
pensadores que enfatizan la importancia de la noción de catalaxia. El reverendo
Richard Whatley sugirió por primera vez «cataláctica» como reemplazo de «economía»
en 1831. La llamada de Whatley para un cambio en la terminología fue impulsado por
sus críticas al limitado enfoque que tiene la economía como ciencia de la riqueza
(Rothbard, 1987). Whatley pidió a los economistas retroceder en el estudio de la
riqueza y ampliar el enfoque sobre el estudio del intercambio.
Ludwig von Mises fue el primer economista en integrar ampliamente la noción de la
cataláctica en el estudio de la economía. De acuerdo con Mises, el sistema de precios y
una amplia economía de mercado se entienden mejor como una cataláctica, por lo que
la ciencia que estudia el orden de mercado cae bajo el dominio de la cataláctica. La
cataláctica es parte de una disciplina más amplía, la praxeología, que se focaliza
específicamente sobre «todos los fenómenos del mercado con sus raíces,
ramificaciones y consecuencias» (Mises [1949] 1996, p. 233). La cataláctica se basa en
la acción humana deliberada y se centra en cómo los resultados de la actividad del
mercado resultan en el surgimiento de relaciones de intercambio y en un sistema
precios (ibíd., p. 234).
Después de Mises, Hayek (1976) también hizo especial hincapié en el concepto de
cataláctica. Hayek no estaba satisfecho con el uso del término «economía», ya que «una
economía, en el sentido estricto de la palabra, sería una casa, una granja o una empresa,
que contienen un complejo de actividades por medio de las cuales ciertos medios son
asignados en concordancia a un plan dentro de un abanico de fines que compiten de
acuerdo a su importancia relativa» (véase p. 107). Para Hayek, la cuestión central es
que el término «economía» es usualmente utilizado para referirse no a una sola
empresa, sino al conjunto de redes e interacciones dentro de una amplia variedad de
economías individuales. De cualquier manera, las numerosas redes e interacciones de
actores individuales no están gobernadas por una sola jerarquía de fines como las de
las economías individuales. En su lugar, el amplio abanico de economías se compone
de muchos actores individuales, cada uno con una jerarquía diferente de intereses y
fines. Ante esto, Hayek prefirió el término «cataláctica» sobre el término «economía»,
porque el primero se refiere a la orden que resulta de «la adaptación mutua de muchas
economías individuales en el mercado» (ibíd., p. 109).
El uso de «cataláctica» como una alternativa a la utilización de «economía» es más
que mera semántica. Las palabras tienen un significado y esos significados son
importantes en la elaboración del enfoque analítico del que hacen uso los economistas.
La cataláctica centra nuestra atención analítica sobre las relaciones de intercambio,
incluidos el surgimiento y la evolución de esas relaciones e instituciones dentro de las
cuales se lleva a cabo la actividad de intercambio.

4. Dos tipos de coordinación

Un principio central de la economía austriaca es que el estudio de la economía es


fundamentalmente sobre el comportamiento del intercambio. El intercambio requiere de
la coordinación de los diferentes planes y fines de los individuos. Ante esto, una
comprensión clara del concepto de «coordinación» es de vital importancia. Como
Klein (1997) señala, dos nociones de coordinación han surgido en la literatura
económica. Estos dos conceptos tienen implicaciones importantes para la forma en la
que vamos a encuadrar y estudiar las cuestiones económicas.
El primer uso del término «coordinación» se ilustra mejor con el trabajo del premio
Nobel Thomas Schelling. El uso que da Schelling a la palabra «coordinación» implica
«algo que esperamos lograr en nuestra interacción con los demás» (Klein, 1997, p.
324). Este tipo de coordinación puede ser ilustrado por un sencillo «juego de
coordinación» mediante el cual los individuos tratan de coordinar sus acciones con las
acciones de otros. Entre los ejemplos más comunes de este tipo de coordinación
encontramos juegos que incluyen conducir en el mismo lado de la carretera o reunirse
en alguna ubicación acordada.
El segundo uso del término «coordinación» se basa en la noción de orden
espontáneo y se puede encontrar en los escritos de Adam Smith, Carl Menger, F.A.
Hayek y Michael Polanyi. El concepto de orden espontáneo al que se refieren es un
orden que surge como consecuencia de la acción humana intencional, pero no del
designio humano. Ejemplos comunes de órdenes espontáneos incluyen la aparición del
dinero y el lenguaje. Estos órdenes emergentes facilitan la coordinación, la interacción
y el intercambio.
Los que se centran en el segundo tipo de coordinación reconocen que cara a cara la
interacción implica coordinación entre individuos, como enfatiza el primer tipo de
coordinación. Además, reconocen que los individuos emplean ciertas normas comunes
y la heurística para lograr sus fines. Sin embargo, el segundo uso de la coordinación es
más amplio que el primero porque se centra en un metaorden, entendido como el hecho
de que los individuos deben actuar en función del contexto específico de conocimiento
de «tiempo y lugar» en el que se encuentran (véase Hayek, 1945).
El segundo uso de la coordinación reconoce que, en muchos casos, los individuos no
son conscientes de la existencia de otros actores específicos y tampoco de sus fines
específicos. Por ejemplo, cuando el empresario produce un bien o producto no
necesariamente conoce a los individuos específicos que utilizarán el producto o
servicio en periodos futuros. Como lo señala Klein, el contexto de la segunda
aplicación de la coordinación implica que el individuo «está respondiendo a las
señales de precios y oportunidades locales; está tratando de obtener un conocimiento
intuitivo de lucro [...] Él no se percibe a sí mismo jugando a un juego de coordinación
con miles de personas distantes» (1997, p. 325). Mientras que el primer uso del
concepto de coordinación puede ser ilustrado con un juego de coordinación estándar, el
segundo uso del concepto no puede ser modelado utilizando la teoría de juegos, ya que
hace referencia a un metaorden, una visión amplia de orden conformado por numerosos
actores que no están directamente interactuando entre sí.
Según Klein, el primer tipo de coordinación —el de Schelling— es evidente desde
el punto de vista del actor, mientras que el segundo tipo de coordinación —el de Smith,
Menger, Hayek y Polanyi— es abstracto desde el punto de vista del actor (ibíd., pp.
326-7). Mientras que el primer tipo de coordinación busca resultados que sean
aceptables para los que interactúan, el segundo tipo de coordinación genera una forma
de orden general global que puede ser agradable para un observador exógeno. El
primer tipo de coordinación se centra en las interacciones específicas (por ejemplo, la
conducción en el mismo lado de la carretera), mientras que el segundo tipo de
coordinación se ocupa del más amplio «meta-fin», incluyendo las reglas sociales que
generan ese orden. Desde este punto de vista, el segundo tipo de coordinación va más
allá de examinar las convenciones recurrentes que permiten a los individuos
coordinarse con otros en situaciones específicas (por ejemplo, elegir un tiempo y lugar
de reunión). No es que estas convenciones sean poco importantes, es solo que ofrecen
una visión limitada de un más amplio y complejo metaorden.
Cuando los economistas se dan cuenta de la importancia de la coordinación, tienden
a centrarse en el primer tipo de coordinación (el de Schelling), descuidando el segundo
tipo (el de Smith, Menger, Hayek y Polanyi). Una razón para esto es el uso generalizado
de la teoría de juegos, que es más propicia para modelar situaciones tipo Schelling de
coordinación. No hay nada inherentemente malo en centrarse en el primer tipo de
coordinación, y de hecho encaja muy bien con muchos puntos de la economía austriaca
(ver Langlois, 1994, pp. 537-8; Foss, 2000, pp. 49-51).
Sin embargo, además del primer tipo de coordinación, los austriacos también
enfatizan la importancia del segundo tipo de coordinación. En concreto, se centran en la
importancia del orden espontáneo y las meta-reglas de la interacción y del intercambio.
Reconocer el segundo tipo de coordinación permite a los economistas considerar la
complejidad del sistema en su conjunto y centrarse en las metainstituciones que
permiten, o impiden, la coordinación del primer tipo.
5. Las instituciones como las reglas de juego del intercambio

Los dos tipos de coordinación mencionados en el apartado previo tendrán lugar dentro
de las instituciones. Las instituciones son las reglas formales e informales que
gobiernan el comportamiento humano, y el enforcement de estas reglas da lugar a la
internalización de ciertas normas de comportamiento, la presión social que el grupo
ejerce sobre el individuo, o el poder de los ejecutores de ese enforcement que pueden
utilizar la amenaza de la fuerza sobre los violadores de estas reglas (North, 1990,
2005). Las reglas formales consisten en reglas codificadas en constituciones, leyes,
reglamentos, estatutos, y así sucesivamente, mientras que las reglas informales
consisten en reglas no escritas, tales como las tradiciones, las normas sociales y las
costumbres. Las instituciones crean las «reglas del juego» dentro de las cuales la
interacción y el intercambio tienen lugar. Por lo tanto, crean incentivos que influyen en
el comportamiento humano para bien o para mal.
Existe una clara relación entre las instituciones y los dos tipos de coordinación
discutidos en la sección anterior. Las soluciones al «problema» de la coordinación
están asociadas con el primer tipo de coordinación (coordinación según Schelling) y
pueden ser proporcionadas por ciertas instituciones formales e informales. Por
ejemplo, las normas informales y las convenciones pueden proporcionar «puntos
focales», permitiendo a la gente coordinar una hora de reunión y un lugar. Del mismo
modo, las metainstituciones de una sociedad influyen en el segundo tipo de
coordinación (coordinación según Smith, Menger, Hayek y Polanyi) mediante la
creación de reglas generales que facilitan o complican el orden social. Por ejemplo,
Hayek (1960) abogó por la importancia de meta-reglas generales que permitan a los
individuos la libertad de participar en el descubrimiento de lo que no saben. La base
del argumento de Hayek fue la constatación de que el conocimiento del tiempo y el
lugar está disperso en toda la sociedad. A fin de que las personas puedan descubrir lo
que no saben, necesitan la libertad para actuar e interactuar con los demás.
Los escritos en la tradición austriaca siempre han hecho hincapié en la importancia
de las instituciones (ver Garrouste, 2008). No puede decirse lo mismo en la economía
ortodoxa. Hasta la década de 1960 el papel de las instituciones ha sido descuidado por
la corriente principal de la profesión económica. El trabajo de Ronald Coase El
problema del coste social (1960) fue importante por enfatizar el rol de las
instituciones. Coase desplazó el debate desde las externalidades de la economía
estándar del bienestar hacia la consideración de los arreglos institucionales
comparativos. Harold Demsetz (1967) aplicó el conocimiento de los costes y
beneficios para comprender el surgimiento y evolución de los arreglos institucionales.
Sostuvo que las instituciones de propiedad privada surgirían donde había un beneficio
neto para la existencia de esas instituciones y que los costes de transacción no son
prohibitivos.
La obra de Douglass North en la década de 1970 (véase North y Thomas, 1973)
también llamó la atención sobre la influencia de las instituciones sobre los resultados
económicos. En su obra, North exploró la relación entre los cambios en las
instituciones y las variables tales como el crecimiento demográfico y las rentas
políticas. Durante este periodo de tiempo, el trabajo de Oliver Williamson (1975)
sobre la economía de la empresa también atrajo la atención hacia la importancia de las
instituciones. De hecho, la aparición del subcampo de «la nueva economía
institucional» suele ser relacionada con el trabajo de Williamson. Si bien existen
muchas similitudes entre el nuevo enfoque institucional y el enfoque institucional
austriaco, también hay algunas diferencias fundamentales.
La teoría austriaca de las instituciones se centra en el proceso causal-genético a
través del cual las instituciones surgen y evolucionan. En otras palabras, hacen hincapié
en la comprensión de la cadena de eventos que conducen a la existencia de instituciones
en su forma actual. Los intentos de analizar las instituciones en el marco neoclásico
tienden a descuidar este proceso y a centrarse en las condiciones necesarias para el
equilibrio. Esto se debe a que el marco neoclásico es de naturaleza estática, lo que
impide contemplar elementos dinámicos de cambio y evolución.
Por ejemplo, mientras que el enfoque basado en los costes de transacción para las
instituciones reconoce arreglos institucionales alternativos, esas alternativas son a
menudo tratadas como unidades discretas con costes y beneficios claros que
normalmente, se supone, son conocidos por todos los actores relevantes. Este enfoque
tiende a descuidar el proceso de descubrimiento y aprendizaje a través del cual las
instituciones se descubren y se adoptan con el tiempo. El enfoque austriaco de las
instituciones, en contraste, pone de relieve que el proceso institucional, al igual que el
proceso de mercado, se compone de actores con conocimientos limitados que están
involucrados en el descubrimiento continuo a través del ensayo y error.
Sin embargo, otra característica de la teoría austriaca de las instituciones es la
importancia colocada en las instituciones informales (por ejemplo, la cultura, las
normas, las tradiciones, los valores, las creencias, etc.). Los austriacos destacan que
estas instituciones informales sirven como base para las instituciones formales. Cuando
las instituciones formales e informales están alineadas, el involucrado funcionará de la
manera deseada. Sin embargo, cuando hay una desconexión entre las instituciones
formales e informales, el primero tiende a ser disfuncional (ver Boettke, 2001).
Por ejemplo, considere la discusión de Hayek sobre las condiciones necesarias para
una democracia constitucional eficaz y sostenible. Señaló, respecto a la importancia de
las creencias y de las disposiciones informales, que «afortunadamente en muchos países
han hecho funcionar sus constituciones en las que las contemplan de forma explícita o
que ni siquiera existen de forma escrita» (1979, pp. 107-8). El punto de vista de Hayek
es que, cuando las instituciones formales son efectivas, codifican los sistemas de
creencias que ya forman parte de la dotación cultural de una sociedad. Hay numerosos
ejemplos de esfuerzos fallidos por establecer o imponer constituciones formales sobre
sociedades (ver Coyne, 2007). Estos esfuerzos fracasaron, en gran parte, debido a que
las instituciones informales subyacentes se enfrentaron con las instituciones formales.
Al destacar estas diferencias, es importante tener en cuenta que las personas que
trabajan en el ámbito de la nueva economía institucional han tomado, recientemente,
medidas para abordar algunas de las cuestiones planteadas por los austriacos. Por
ejemplo, North (2005) ha incorporado los sistemas de creencias y los elementos
cognitivos en su análisis de los cambios institucionales y de la evolución institucional.
Esto incluye un enfoque institucional «dependiente del camino» que reconoce que las
instituciones y las creencias se desarrollan en periodos anteriores gracias a la
secuencia de elecciones de los actores individuales (véase North, 1990; 2005). La idea
de que «las instituciones importan», por su influencia en los resultados económicos, ha
recibido un amplio reconocimiento desde que Douglass North fue galardonado con el
Premio Nobel en 1993 por su trabajo en las instituciones y el cambio institucional. El
resultado ha sido un aumento tanto en el trabajo teórico como empírico sobre las
instituciones. Los estudios empíricos en esta área se han basado, típicamente, en dos
métodos: estudios de caso detallados y estudios con técnicas econométricas estándar.
Tal vez el mejor ejemplo del método de estudio de caso es el trabajo de Hernando
de Soto. En El otro sendero (1989) de Soto y su equipo de investigadores recopilaron
la lista de procedimientos pasando, literalmente, por todo el proceso de creación de
una empresa en Perú. De este modo, de Soto pudo documentar cómo el actual entorno
institucional formal influye en la toma de decisiones del emprendedor. El impulso que
estaba detrás de este estudio fue el reconocimiento, por parte de Soto, de que un
significativo sector de la economía peruana está compuesto por la economía informal.
Él quería saber por qué el Perú sigue siendo pobre a pesar de que claramente había una
actividad empresarial llevándose a cabo. Llegó a la conclusión de que las instituciones
oficiales se enfrentaron con las instituciones informales subyacentes, lo que condujo a
resultados perversos. Las reglas formales y las regulaciones han sofocado el
emprendimiento productivo, a medida que los emprendedores se vieron obligados a
trabajar en la economía informal. Mientras que las instituciones informales facilitan la
coordinación y la cooperación en la economía informal, el desarrollo fue limitado
debido a las restricciones creadas por las instituciones formales.
Ha habido numerosos estudios cuantitativos que exploran el papel de las
instituciones en la actividad económica. Estos estudios suelen analizar la relación entre
las instituciones (capturadas a través de alguna medida agregada de las instituciones o
de la calidad institucional) y los productos diversos. Los trabajos seminales en esta
área son de Acemoglu et al. (2001, 2002), que consideran el papel de las instituciones
en el desempeño económico. Después de controlar una serie de variables que podían
explicar el desarrollo económico, encontraron que la institución de la propiedad
privada es la más importante en el desempeño económico. En la misma línea, Rodrik et
al. (2004) analizan empíricamente el papel de las instituciones, de la geografía y del
comercio en los ingresos. Ellos encuentran que las instituciones triunfan sobre la
geografía y el comercio para explicar las diferencias de ingresos entre los países.
Sobre la base de este trabajo previo, Acemoglu y Johnson (2005) desglosan las
instituciones de propiedad privada. Ellos marcan una diferencia entre las «instituciones
de contrato» (por ejemplo, los tribunales), que hacen cumplir los acuerdos entre los
particulares, y las instituciones de «derechos de propiedad», que protegen a los
ciudadanos contra la expropiación gubernamental. Ellos encontraron que las
instituciones de «derechos de propiedad» son más importantes que las «instituciones de
contrato» para el desempeño económico. En otras palabras, la expropiación pública, a
través de violaciones de los derechos de propiedad, es más perjudicial para el
rendimiento económico que la violación de los mismos derechos por algunos
particulares contra otros particulares. Una explicación para esto es que los individuos
pueden evitar la violación de los derechos de propiedad a través de mecanismos
privados o evitando la interacción con ciertas personas. Por el contrario, cuando el
gobierno se dedica a la violación de los derechos de propiedad, es difícil para los
ciudadanos evitarlos, ya que el alcance del gobierno suele ser más amplio que el de los
particulares.
Los estudios empíricos suelen depender de las medidas agregadas de las
instituciones o de la calidad institucional. Por ejemplo, los estudios antes mencionados
por Acemoglu et al. utilizan encuestas sobre indicadores de la calidad de las
instituciones acuñados por la International Country Risk Guide (ICRG), que
proporcionan un análisis mensual de los riesgos económicos, políticos y financieros
para numerosos países. El ICRG pone especial énfasis en el riesgo de expropiación de
la propiedad. El estudio de Rodrik et al. se basa en el Governance Matters [Asuntos
del gobierno], un índice que intenta medir la calidad de la prestación del servicio al
público, la calidad de la burocracia, la independencia de la función pública de las
presiones políticas y de la credibilidad del gobierno con respecto a los anuncios
políticos. Otros estudios empíricos de instituciones confían en el índice Polity, que
proporciona una medida global de la democracia o autocracia en un país. Existen varias
preocupaciones y problemas con el uso de estas medidas para el análisis de las
instituciones.
Por ejemplo, Glaeser et al. (2004) señalan que estas encuestas e índices son
medidas pobres de las instituciones. Sostienen que estas medidas están capturando los
resultados institucionales en lugar de proporcionar una medida directa de las
instituciones actuales. Por ejemplo, la amenaza de expropiación es el resultado de una
serie de otros derechos de propiedad existentes en lugar de una medida directa de las
instituciones. Además, sostienen que las medidas de restricciones políticas no reflejan
las instituciones, sino más bien los resultados de las recientes elecciones o recientes
eventos políticos. Glaeser et al. argumentan que las medidas utilizadas en estos
estudios no logran captar la esencia de las instituciones y que se caracterizan por su
durabilidad y un sentido de permanencia.
Los economistas austriacos plantearían un problema adicional con los intentos de
agregación institucional. En concreto, los austriacos hacen hincapié en los esfuerzos,
para proporcionar una medida agregada, de las entidades de enmascarar el proceso
subyacente a través del cual las instituciones surgen y evolucionan. Estas medidas se
abstraen de la acción deliberada y del conjunto de los diferentes planes individuales
que las personas persiguen. Además, la agregación deja de lado el proceso de
descubrimiento a través del cual surgen y evolucionan las instituciones. Por ejemplo, el
descubrimiento de nuevas tecnologías o la aparición de nuevas normas cambian los
precios relativos de las alternativas institucionales y, por lo tanto, su viabilidad. El uso
de medidas agregadas no logra captar el proceso de estos movimientos de los precios
relativos.
Recordemos el énfasis austriaco sobre la importancia de la cataláctica para
describir las innumerables asociaciones, redes e interacciones que se producen entre
individuos a través de la sociedad (ver sección 2.3). Al igual que las discusiones sobre
una «economía nacional» pasan por alto la compleja gama de relaciones subyacentes,
así también lo hacen los esfuerzos para desarrollar una medida agregada de las
instituciones. Los fenómenos sociales y económicos que sustentan las instituciones
formales e informales son, simplemente, inobservables de forma estadística.
Sin embargo, otro problema con la mayor parte del trabajo empírico sobre las
instituciones es que es, en gran medida, ateórico. En otras palabras, muchos de estos
estudios exploran las correlaciones entre las diversas medidas institucionales y los
resultados económicos sin especificar los mecanismos causales precisos. Por ejemplo,
hay una literatura que explora el papel de las instituciones legales y de las instituciones
financieras en el crecimiento económico (véase Demirgüç-Kunt y Levine, 2001;
Glaeser y Shleifer, 2002). Si bien esta literatura ofrece una visión de la relación entre
estas variables, ofrece poca información sobre qué instituciones surgieron, cómo lo
hicieron o cómo eso afecta en los resultados económicos.
En resumen, el paradigma del intercambio nos lleva a centrarnos en el entorno
institucional en el que tienen lugar las interacciones. Las instituciones crean las reglas
del juego que facilitan o impiden el intercambio. En contraste con el paradigma del
intercambio, el paradigma de asignación tiende a excluir a cualquiera de las
instituciones en conjunto, o las tratan como cualquier otra variable de elección.
Trabajando dentro del paradigma del intercambio, la economía austriaca se centra en
los procesos que subyacen y a través de los cuales las instituciones surgen y
evolucionan. Esto implica el descubrimiento y el aprendizaje continuo a través del
ensayo y error. Además, este enfoque hace hincapié en que el complejo conjunto de
instituciones que facilitan la interacción y el intercambio son en gran parte el resultado
del orden espontáneo. Como dice Hayek:
Para entender nuestra civilización, se debe apreciar que el orden extendido no es
el resultado del diseño o intención humana, sino que surge espontáneamente:
surgió de forma involuntaria conforme a ciertas prácticas tradicionales, en su
mayoría morales; muchas de las cuales generan aversión a muchos de los
hombres y cuyo significado, por lo general, no logran comprender, cuya validez
no se puede probar y que, no obstante, se han extendido bastante rápido por
medio de un proceso de selección evolutiva (Hayek, 1988, p. 6).

La consecuencia de todo esto es que para una sola mente es imposible comprender
el conjunto de instituciones que facilitan la cooperación y el intercambio. Desde el
punto de vista del paradigma del intercambio, la teoría adecuada para las instituciones
es causal-genética y da seguimiento al proceso a través del cual las instituciones surgen
y evolucionan. Por último, reconoce las limitaciones de la acción humana, tanto dentro
de un determinado conjunto de instituciones como para el diseño de esas mismas
instituciones.

6. La pertinencia del paradigma del intercambio

Según Kohn (2004), el programa de investigación de la economía basada en el


paradigma de la asignación se encuentra en un callejón sin salida. El estancamiento se
debe a la incapacidad del paradigma para proporcionar conocimiento relevante sobre
el mundo real y comunicar información para la política económica. Debido a que las
personas que trabajan en la tradición austriaca siempre han abrazado el paradigma del
intercambio, están en una posición única para influir en la dirección de este programa
de investigación emergente. Además, un examen de las tendencias recientes de la
profesión económica, debe ser razón suficiente para un aire de optimismo entre los
austriacos. De hecho, muchos de los interesantes temas de investigación y muchas de
las tendencias que han surgido en las últimas décadas tienen un sabor austriaco distinto.
Consideremos los siguientes ejemplos.
En 1991, Ronald Coase ganó el premio Nobel «por su descubrimiento y
clarificación del significado de los costes de transacción y derechos de propiedad para
la estructura institucional y el funcionamiento de la economía». Del mismo modo, en
1993, Douglass North obtuvo el Premio Nobel (junto con Robert Fogel) «por haber
renovado la investigación en historia económica aplicando la teoría económica y los
métodos cuantitativos para explicar el cambio económico e institucional». Del mismo
modo, como se discutió en la sección anterior, gran parte del trabajo más reciente de
reconocidos economistas como los de Daron Acemoglu, Simon Johnson, James
Robinson, Dan Rodrik y Andrei Shleifer, entre otros, se han concentrado en la
influencia de las instituciones en los resultados económicos. Por supuesto, no todos
estos economistas han adoptado plenamente el cambio de paradigma, sino que se
ocupan de cuestiones relacionadas con las instituciones y con el contexto en el que la
interacción y el intercambio toman lugar[16]. Estas cuestiones han estado en el centro de
la economía austriaca desde sus orígenes (ver Garrouste, 2008).
Asimismo, hay que tener en cuenta el renovado interés de la «economía de la
información», y lo demuestra el premio Nobel otorgado en el 2001 a George Akerlof,
Joseph Stiglitz y Michael Spence, «por sus análisis de los mercados con información
asimétrica». Los temas de la economía de la información fueron abordados décadas
antes en la obra de F.A. Hayek y de los austriacos que cuestionaron el supuesto,
ortodoxo, de la información perfecta. Aunque muchos austriacos no están de acuerdo
con las conclusiones de los que trabajan en el campo de la economía de información
(véase, por ejemplo, Boettke, 1996), el hecho de que estos temas estén siendo
abordados y debatidos en la corriente principal de la profesión económica debe ser
visto como algo positivo.
La economía austriaca, a menudo, ha sido marginada en la amplitud de la profesión
económica. Parte de esto se debe al predominio del paradigma del valor y parte se
debe al hecho de que las personas que trabajan en la tradición austriaca no participan
de manera efectiva en la profesión. Dicho esto, con la aparición de un nuevo programa
de investigación basado en el paradigma del intercambio, la economía austriaca es tan
relevante como siempre. Es mucho lo que los austriacos pueden aportar, tanto a la
comunidad académica como a los debates políticos. Kohn (2004; 2007) ofrece varias
vías de investigación para los que trabajan dentro del paradigma del intercambio.
La primera vía de investigación se centra en el estudio de la historia del
pensamiento económico. Desde este punto de vista, el paradigma del intercambio
proporciona un medio de clasificar las contribuciones pasadas (ver Meijer, 2007;
Wagner, 2007). También puede ayudar en la solución de controversias existentes en la
disciplina de la economía (véase Marciano, 2007).
El trabajo en la teoría económica es una segunda vía en la que el trabajo sobre el
paradigma de cambio puede hacer una contribución. Por ejemplo, Potts (2007) sostiene
que el paradigma del intercambio debería convertirse en una teoría clara y operativa.
Sostiene que la forma en que esto se puede lograr es mediante la fusión del paradigma
del intercambio con la economía evolutiva. Axtell (2007) sostiene que los modelos
basados en agentes ofrecen la mejor forma de articular claramente el paradigma del
intercambio.
Una última vía en donde los partidarios del paradigma del intercambio pueden hacer
una contribución es en la historia económica. La investigación en esta área se basa en la
evidencia histórica para entender cómo diversos arreglos institucionales influyen en la
interacción y el intercambio, así como los resultados económicos obtenidos. El método
narrativo analítico, que combina las herramientas de análisis de la economía con la
forma narrativa de exponer los comunes de la investigación histórica, es propicio para
este tipo de investigación. Este método se ajusta bien con la teoría austriaca de las
instituciones, ya que permite al investigador localizar los procesos causales a través de
los cuales emergen y evolucionan los diversos mecanismos institucionales.
De las tres posturas de investigación, la enraizada en la historia ofrece a los
economistas austriacos el mejor medio para influenciar la amplia gama de la disciplina
económica. Desafortunadamente, en el panorama actual de la disciplina económica
muchos de los economistas no están enteramente preocupados por la historia del
pensamiento económico[17]. La teoría económica ofrece una mejor oportunidad para
influir en otros economistas, pero su alcance es también limitado porque muchos
economistas se centran en cuestiones empíricas en lugar de enfocarse en cuestiones
teóricas. La historia económica nos ofrece la herramienta más efectiva para demostrar
el poder interpretativo del marco teórico de la Economía Austriaca. Se suma que el
interés de aquellos que se enfocan a asuntos empíricos también puede contribuir a los
debates políticos actuales.
En última instancia, los que trabajan en la tradición austriaca deben perseguir su
ventaja comparativa en la investigación, sin importar dónde se encuentren. Sin
embargo, no importa lo que cada uno elija seguir; los economistas austriacos efectivos
deben involucrar a otros académicos, así como a los responsables políticos y a los
ciudadanos. Esta es la única manera de demostrar el poder y la relevancia de las ideas
austriacas y del paradigma del intercambio en los que se basan.

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3. Los hechos de las ciencias sociales
son lo que las personas creen y piensan
VIRGIL HENRY STORR[18]

Sin importar cómo interpretamos la acción humana, sea en sentido deliberado o a


través de su significado, ya sea que lo hagamos en la vida cotidiana o con el
propósito de las ciencias sociales, nosotros tenemos que definir tanto los objetos
de la acción humana como los diferentes tipos de acciones en sí, no en términos
físicos sino en términos de opiniones e intenciones de la persona que actúa.
(HAYEK, 1948, P. 62)

1. Introducción

El objetivo de las ciencias sociales consiste en explicar y comprender fenómenos


sociales. Están interesadas en cómo la acción deliberada de los individuos, operando
sobre la base de su propio conocimiento acerca de las circunstancias particulares de su
tiempo y lugar, crean, espontáneamente, un orden que ninguna mente por sí sola jamás
pudo ni podría diseñar deliberadamente. El entendimiento de la acción deliberada y,
así, el surgimiento de los fenómenos sociales, implica el entendimiento de las opiniones
y creencias que guían la toma de decisiones individual.
Los hechos de las ciencias sociales son, por consiguiente, el significado que los
individuos les asignan a sus acciones y a sus ambientes. Los datos esenciales de las
ciencias sociales son de carácter subjetivo. Como Mises (1963, p. 26) sostiene en La
Acción Humana, «no podemos aproximarnos a nuestra materia si dejamos de lado el
significado que quien actúa atribuye a su situación». De igual manera Hayek (1979, p.
53) sostiene, en La Contrarrevolución de la Ciencia, «al menos que podamos entender
lo que la persona que actúa quiere significar con sus acciones, cualquier intento de
explicarlas [...] está condenado al fracaso». Las ciencias sociales, si tienen que
explicar los fenómenos sociales, deben interesarse por lo que las personas piensan y
sienten, sus evaluaciones y sus valoraciones, su forma de ver el mundo y su lugar en él,
así como también la importancia que ponen sobre sus relaciones particulares vis a vis
con otros.
Las opiniones y creencias que guían las acciones de los individuos estudiados
simplemente no pueden ser ignoradas, incluso cuando esas creencias son erróneas,
irracionales o están basadas en la superstición más que en la razón. Las interacciones
entre dos individuos, por ejemplo, son explicables solo en términos de lo que ambos
creen acerca de la naturaleza de su relación (Hayek, 1948, p. 60). Si Jack cree que Tom
es su pariente consanguíneo, el hecho que Jack esté equivocado o no es irrelevante a
cualquier explicación de la conducta que Jack sostiene hacia Tom. Del mismo modo, si
Jack y Tom de hecho estuviesen emparentados consanguíneamente, aun cuando ninguno
de los dos supiera eso, una explicación válida de la interacción entre Jack y Tom no
puede basarse en la relación genética. Lo mismo es cierto, por supuesto, para los
esfuerzos por explicar los rituales religiosos. No es la evaluación «objetiva» del
científico social sobre la eficiencia de la oración, sino la evaluación «subjetiva» de las
percepciones del individuo sobre el poder de la oración lo que explica por qué algunas
personas rezan y otras no.
Si los significados son importantes, por consiguiente el desafío central de las
ciencias sociales es la manera de llegar a los significados con los que los individuos
endosan sus acciones y sus circunstancias. A diferencia de las acciones, los
significados no son observables directamente. Por otra parte, las opiniones y las
creencias sostenidas pueden diferir de las opiniones y creencias reales que informaron
la acción. Parece, en primera instancia, que los hechos de las ciencias sociales están,
irremediablemente, enterrados en los cerebros de los sujetos actuantes.
Afortunadamente para el científico social, el significado subjetivo no está simplemente
encerrado en las cabezas de las personas, sino que está disponible públicamente en las
instituciones culturales. Intentar aprehender el significado no quiere decir obtener
acceso a los mundos internos de las personas, pero sí implica hacer comprensible el
mundo intersubjetivo de significados compartidos, el lenguaje y la cultura.
En este capítulo se explora el carácter subjetivo de los hechos que estudian las
ciencias sociales y las estrategias que los científicos sociales pueden utilizar para
desenterrar esos hechos. En las sección 3.2 se discutirá por qué Mises, Hayek y Schutz
han hecho hincapié en que las ciencias sociales deben ser ciencias del significado. En
la sección 3.3, así, se exploran los métodos aplicados que están disponibles para los
científicos sociales que están interesados en el significado que los individuos adjuntan
a sus acciones y a sus circunstancias. Por último, en la sección 3.4 se ofrecen las
observaciones finales.

2. El significado como hecho: de lo subjetivo a lo intersubjetivo y a la cultura

La característica que define a la Escuela Austriaca es, sin duda, su compromiso con el
subjetivismo. Como Hayek (1979, p. 52) escribió: «Probablemente no es exageración
decir que cualquier avance importante en la teoría económica en los últimos cien años
ha sido un paso en la consistente aplicación del subjetivismo». El principio de
subjetividad puede pensarse como un reconocimiento de que los hechos de las ciencias
sociales son las opiniones y las creencias que los individuos adhieren a sus acciones y
al ambiente en el que se encuentran. Es un requisito que remite a los propósitos
subjetivos, a las percepciones y a los planes individuales; es decir, a los significados,
especialmente cuando intentamos comprender y explicar el comportamiento. Aunque
entre austriacos ha habido desacuerdo en cómo interpretar el dictamen de Hayek,
difiriendo en hasta qué punto debería ser aplicado el principio de subjetividad, no hay
ningún desacuerdo en que el estudio de la acción humana requiere enfocarse en el
significado. No es discutible afirmar que nuestra ciencia es del significado. Como
Mises (1963, p. 51) escribió, «la tarea de las ciencias de la acción humana es la
comprensión del significado y de la relevancia de la acción humana». El trabajo de
Alfred Schutz fue, quizás, de más de una manera la forma austriaca de clarificar
exactamente a qué nos referimos cuando describimos la praxeología, la ciencia de la
acción humana, como la ciencia del significado. Como resalta Schutz, «el significado
es, de cierta manera, una forma directa de observar los elementos de nuestra propia
experiencia» ([1932] 1967, p. 42; énfasis añadido).
Decir que la experiencia de un individuo es significativa, explica Schutz (véase p.
41), es decir que él, seleccionando de su riqueza de experiencias y reflexionando
conscientemente sobre ella, la ha constituido como tal. Añadir un significado es un acto
de voluntad siempre consciente. Cuando conscientemente dirigimos nuestra mirada
sobre este o aquel acontecimiento que ha ocurrido en el pasado, tal o cual oportunidad
que se ha presentado en el presente o también sobre este u otro resultado que pueda
ocurrir en el futuro, hacemos que la experiencia vivida, la circunstancia actual o el
resultado sean significativos. Las experiencias subjetivas, las percepciones y las
expectativas que motivan las acciones pueden ser lo que Schutz (véase p. 91) llama
«genuinos motivos del porqué» de las acciones, pero no constituyen el significado
(único) de una acción.
¿De qué otra manera, entonces, son acciones las acciones con propósito,
significativas? ¿Qué más, aparte de los «genuinos motivos del porqué», constituye el
significado de una acción con propósito? Según Schutz, el motivo de la acción
constituye, también, su significado. Como escribe (véase p. 61), «el significado de una
acción es su acto correspondiente proyectado» (énfasis en el original). Una persona
antes de actuar escoge sus metas. Luego se imagina el proyecto completo. La persona
piensa, también, en las metas intermedias que debe completar para poder consumar la
totalidad del proyecto.
La proyección del acto consumado es lo que motiva su acción. Sus acciones y las
acciones intermedias que se requieren para completar el acto proyectado no tienen
sentido fuera del proyecto final que las define (véase p. 63). La persona se mueve con
el fin de llevar a cabo el acto que se imagina. Piense en el deseo de una persona para
leer un libro que se encuentra, actualmente, en su biblioteca al final del pasillo.
Después de decidir sobre la meta (obtención y lectura del libro), se imagina el acto
completo (leyendo su libro en el estudio o en el dormitorio) y también las diferentes
acciones que necesita para llevar a cabo el fin de completar el acto (levantarse de su
escritorio, abre la puerta de la habitación, camina por el pasillo, entra en la biblioteca,
encuentra el libro, luego camina de regreso a su habitación, toma asiento en su
escritorio, abre el libro y empieza a leer). Sus acciones, entonces, son entendidas como
una sucesión de acciones emprendidas con el fin de completar el proyecto (conseguir y
leer el libro). Su meta final, su motivo, es lo que constituye el significado de sus
acciones.
Según Schutz (véase p. 31), «el método científico debe establecer el significado
subjetivo mediante la comprensión de los motivos». Se requiere una consideración de
los motivos del actor y no solo su comportamiento externo. Llegar a los motivos, sin
embargo, parece exigir que heroicamente tengamos acceso a los mundos internos de sus
sujetos. En efecto, la observación, por sí sola, no es probable que funcione. Aunque la
observación nos permite suponer los fines y los sucesivos actos previstos que dan
sentido a una acción, aun cuando se trata de actos simples, la observación por sí sola no
puede revelar los significados detrás de la acción de un individuo. Por lo menos, el
observador debe poseer una cierta penetración en el marco de medios y fines que la
persona emplea. Adicionalmente, el observador necesita algún sentido de qué fines se
encuentran al alcance de la persona y cuáles son los que ha descartado. En ausencia de
esto, el observador no podría determinar si una acción tuvo éxito o no, si el individuo
logró el resultado o fue sorprendido por este, si se trataba de un paso intermedio que
era parte de un plan más complejo o un acto independiente que debe ser considerado
por sí solo.
Kirzner (1976) hace una observación similar con el simple ejemplo de un marciano
que hace investigación observando la tierra a través de su telescopio. Si este marciano,
señala Kirzner, dirigiera su telescopio hacia cualquier gran ciudad de EE.UU.,
finalmente se daría cuenta de un patrón bastante obvio. En primer lugar percibiría filas
de cajas. A continuación observa que las pequeñas cajas pasan por delante de otras
filas de cajas en intervalos regulares. Él, además, descubrirá que una vez al día, cuando
las cajas más pequeñas pasan por delante de las más grandes, hay cuerpos que emergen
de los cuadros más grandes y se mueven hacia las cajas más pequeñas, para luego ser
devorados por esas cajitas. El investigador marciano, al observar este patrón, puede
muy bien postular «la ley definitiva del movimiento de las cajas y de los cuerpos»
(Kirzner, 1976, p. 45). En el desarrollo de esta ley, sin embargo, porque la ley no da
ninguna idea de los significados detrás de los movimientos de estos cuerpos y tampoco
de las cajas, el investigador marciano no ha dicho todo lo que hay que aprender acerca
de esta situación. Una teoría sobre el movimiento de las cajas y de los cuerpos que no
tome en cuenta la dimensión del propósito solo nos ofrece una visión truncada del
mundo real. Afortunadamente somos capaces de ir más allá para construir teorías
sociales más significativas sobre las acciones humanas que el investigador de Marte.
Lavoie (1991) ha argumentado de manera convincente que la adopción del
subjetivismo no significa necesariamente basarse solamente en la introspección. El
hecho de tener muchas cosas en común los unos con los otros es también una
herramienta importante para los científicos sociales y a su vez una verdadera ventaja
sobre los científicos naturales y sobre los investigadores marcianos, quienes estudian
personas humanas con las que no pueden participar de su introspección para obtener
información sobre su subjetividad. Sin embargo, señala Lavoie (véase p. 481), los
científicos sociales tienen a su disposición más que solo la introspección. En lugar de
tener que penetrar en el proceso mental de muchos otros individuos, una hazaña que
suena casi absurda por su dificultad, podemos entendernos los unos a los otros por el
simple hecho de que pasamos una cantidad significativa de tiempo siendo culturizados
en lo común de la vida cotidiana (véase p. 482).
A pesar de no tener acceso directo a los mundos internos de los demás y de lo
incompleto que puede ser nuestro conocimiento sobre los esquemas interpretativos de
los fines y los medios, todavía podemos dar sentido a sus acciones, todavía podemos
captar una aproximación de sus intenciones, ya que todos pertenecemos a un «mundo
intersubjetivo que nos es común a todos» (véase p. 218). Dicho de otra manera, las
acciones de un individuo son inteligibles debido a que estas son moldeadas por su
colección social de conocimiento subjetivo (Schutz y Luckmann, 1973, p. 262). Como
Schutz y Luckmann escribieron (véase p. 100), cuando un individuo se encuentra y
experimenta una novedad o una situación que le es familiar en el mundo, «esta estará
siendo definida y dominada con la ayuda la su colección de conocimientos». Cuando un
evento ocurre, la persona «consulta» su acervo de conocimientos para decidir cómo
pensar acerca de su situación y decidir qué hacer a continuación. El acervo subjetivo de
conocimiento que posee una persona consta de todo lo que ha aprendido a lo largo de
su vida, desde la forma de caminar y hablar, hasta los rituales culturales más
apropiados para situaciones dadas. Sería un error, afirman Schutz y Luckmann (véase p.
254), pensar que todo «el acervo de conocimiento de una persona está enteramente
modelado por la biología [...] está, en su gran mayoría, socialmente derivado». Para
Schutz y Luckmann (véase p. 262), «el acervo de conocimiento subjetivo consiste, en
parte, de los resultados independientes de experiencia y explicación. Principalmente
está derivado de elementos del acervo de conocimiento colectivo». El acervo social de
conocimiento es el conocimiento disponible en una sociedad. El acervo individual de
conocimiento está socialmente condicionado y el acervo social de conocimiento está, a
su vez, compuesto por toda la interacción entre las experiencias subjetivas de los
individuos. Aun así, no es tan simple como la suma de todos los acervos de
conocimiento subjetivos individuales. Es «más» y «menos» que la suma de cada acervo
individual. «Más» porque ninguna persona podría poseer, enteramente, el acervo de
conocimiento subjetivo social, y «menos» porque el acervo de conocimiento subjetivo
social no contiene la cantidad de experiencias novedosas, recetas e ideas que
conforman el acervo de conocimiento subjetivo individual.
Indiscutiblemente el acervo social de conocimiento se puede considerar como
cultura. De hecho, esto es exactamente lo que Geertz (1973, p. 5) tenía en mente cuando
hizo referencia a «redes de significación» en las cuales se encuentra suspendido el
hombre y que él mismo contiene; así como el acervo social de conocimiento, el de una
persona, también contiene esquemas interpretativos, sistemas de relevancia,
habilidades, conocimiento relevante y recetas que los miembros de las sociedades han
llegado a definir para superar situaciones. Como afirmó Geertz (véase p. 89), por
cultura entendemos «un patrón de significados transmitidos históricamente [...] un
sistema hereditario de concepciones [...] por medio de las cuales los hombres pueden
comunicar, perpetuar y desarrollar su propio conocimiento sobre las actitudes ante la
vida». La cultura es un marco de referencia, un telón de fondo, una manera de ver el
mundo y un sistema ético en el que ciertas creencias, acciones, resultados son posibles
y permisibles, mientras que otros no.
Decir que los hechos de las ciencias sociales son aquellas creencias y pensamientos
que las personas sostienen es conceder a las ciencias sociales la obligación de
preocuparse por la cultura. Aunque no se pueda acceder directamente a los mundos
interiores de las personas, podemos tener acceso a sus sistemas culturales. En otras
palabras, el trabajo empírico de las ciencias sociales deben parecerse a la etnografía y
emplear fuentes de información almacenada y métodos de historia oral para aprender
los hechos relevantes.

3. Aprendiendo los hechos: la etnografía y las descripciones robustas

¿Qué métodos deben complementar a la ciencia del significado? Si los hechos de las
ciencias sociales son aquellas cosas que las personas creen y piensan, entonces cómo
pueden los científicos sociales aprehender esos hechos. Los economistas austriacos han
sido reacios a adoptar métodos empíricos cuantitativos porque tienen dudas sobre la
capacidad de los métodos estadísticos para cumplir, solitos, esta tarea.
Es cierto que hay algunas cuestiones que solo pueden ser exploradas adecuadamente
mediante el uso de medidas cuantitativas y el empleo de métodos estadísticos. Piense
que quiere medir la correlación entre el alfabetismo y la prosperidad económica. Si,
por así decirlo, los índices de alfabetismo y los indicadores de satisfacción económica
están correlacionados, entonces debe haber una razón, pero no una razón definitiva para
creer que dicha correlación existe. Si por otro lado estas medidas no parecen estar
correlacionadas entonces debe de haber una razón, pero no una razón definitiva, para
creer que no existe tal correlación. Lo mismo se aplica aun cuando hacemos uso de
técnicas estadísticas más avanzadas, como el análisis de regresión que revela la
relación entre una variable y otra que se cree es la que explica la relación.
Hay varias razones por las que descubrir una relación cuantitativa de este género
nunca nos permite, por sí sola, estar seguros de la relación entre dos fenómenos.
Continuando con el ejemplo anterior, es posible que las medidas que hemos utilizado
para medir la alfabetización y el bienestar económico sean medidas escuetas de los
fenómenos reales. Si nuestras medidas son imperfectas, entonces el significado de
cualquier relación entre ellas será sospechosa. Además, aun cuando nuestras medidas
fueran perfectas, la relación estadística con la que nos encontramos todavía podría ser
espuria. Es posible que el aumento de la alfabetización no conduzca a una mayor
prosperidad y también puede ser que más prosperidad tampoco conduzca a una mayor
alfabetización, a pesar de que los dos hechos estén relacionados. Podría darse el caso
de que una tercera variable, aún por determinarse, pueda explicar a las anteriores dos.
A pesar de las sofisticadas técnicas estadísticas que han sido desarrolladas para mitigar
este peligro, nunca puede erradicarse por completo. En última instancia el recurso
último para una proposición teórica que intenta aludir y argumentar a favor de una
particular relación causal e interpretar los resultados cuantitativos en un contexto
relevante deberá, inevitablemente, dar sentido a los resultados.
En concreto, entonces, no es el uso de los métodos cuantitativos lo que preocupa a
los economistas austriacos; sin duda, los métodos cualitativos también tienen sus
propias dificultades. En cambio, están especialmente preocupados por el privilegio que
tienen los métodos cuantitativos sobre los métodos cualitativos; ellos creen que este
privilegio de los métodos empíricos cuantitativos sobre los métodos cualitativos
distorsionan los esfuerzos empíricos de la investigación dentro de las ciencias sociales.
Como escribe Rizzo (1978, p. 53), «no todos los temas de interés son cuantificables. Si
tratamos de explicar fenómenos complejos solo por referencia a variables
cuantificables, entonces es probable que estemos descartando información que de hecho
ya poseemos». Privilegiar el enfoque cuantitativo sobre los enfoques cualitativos anima
a los científicos sociales para perseguir ciertas preguntas y a hacer caso omiso de todo
lo demás. También les limita a ofrecer ciertos tipos de respuestas cuando tratan de
responder a una pregunta. Y, en el peor de los casos, empuja al científico social a
asignar medidas cuantitativas a fenómenos que podrían no ser medibles. Hayek ([1952]
1979, p. 89) ha argumentado que esta tendencia a privilegiar los métodos cuantitativos
sobre los métodos cualitativos en las ciencias sociales:

es, probablemente, responsable de las peores aberraciones y disparates


producidos por el cientificismo en las ciencias sociales. No solo conduce, con
frecuencia, a la selección para el estudio de los aspectos más irrelevantes de los
fenómenos solo porque resultan ser medibles, sino que también atribuyen
«medidas» y asignación de valores numéricos que son absolutamente carentes de
sentido.
Si un enfoque tiene que ser privilegiado sobre el otro, es probable que, para una
ciencia que reconoce los pensamientos y las creencias como los datos esenciales,
privilegiar los métodos cualitativos respecto a los métodos cuantitativos para
aprehender la historia sea lo más apropiado. Una vez más, un enfoque empírico que
espera ilustrar y complementar una ciencia social que tiene como objetivo recuperar los
significados que los individuos atribuyen a sus acciones y a sus ambientes debe
necesariamente asemejarse a la etnografía y hacer hincapié en descripciones densas.
Mises ([1957] 1985, p. 280) ha argumentado que «el análisis timológico»,
entendido como aquel que descubre cómo y por qué las personas actúan diferente en
determinados momentos y en diferentes circunstancias, «es esencial para el estudio de
la historia». Del mismo modo, Hayek ([1952] 1979, p. 88) ha criticado «la tendencia
común de hacer caso omiso a los fenómenos “meramente” cualitativos y concentrarse
en el modelo de las ciencias naturales, únicamente en los aspectos cuantitativos que
pueden ser medibles». Aunque, como Hayek ([1952] 1979, p. 26) sugiere, podría ser
apropiado confiar en la introspección y en la extrapolación a otras mentes cuando
estamos teorizando, no podemos hacerlo mucho mejor cuando nos involucramos en la
investigación empírica/histórica. En lugar de hacer suposiciones basadas en la
introspección, en las creencias y los pensamientos, posiblemente es mejor tener ese
acceso a ello observando lo que hacen y preguntar qué es lo que ellos creen y piensan,
mirando de cerca su entorno social, político, económico y cultural, mediante el examen
de sus rituales religiosos y credos, escuchando las historias que ellos se cuentan los
unos a los otros, los poemas que recitan y las canciones que cantan. El economista que
quiera comprender la vida económica en un contexto determinado, en este caso, tendrá
que prestar atención a los fenómenos que pueden influir o ser influidos por factores
económicos, además de enfocarse a los fenómenos puramente económicos. Como
Weber (1949) ha señalado, existen tres categorías pertinentes de fenómenos para el
economista que tiene por objeto entender la vida económica: (1) fenómenos
«económicos» puros (por ejemplo, salarios, precios, ganancias, etc.), (2) fenómenos
«económicamente relevantes» (por ejemplo, los sistemas religiosos y culturales), y (3)
fenómenos «económicamente condicionados» (por ejemplo, la política).
Geertz ha descrito este proceso como un intento de «ver las cosas desde el punto
vista de los nativos». Como él explica (1983, p. 57), el objetivo es «producir una
interpretación de la forma en que las personas viven, que no es ni encarceladas dentro
de su horizontes mentales —una etnografía de la brujería escrita por la bruja— ni
tampoco se trata de sistemáticamente hacer oídos sordos a las tonalidades distintivas de
su existencia —una etnografía de la brujería escrita por un geómetra—». El científico
social no representa arbitrariamente lo que el nativo ha expresado. Tampoco es su
papel asumir que su modo de ver las cosas es necesariamente superior a las opiniones
de las personas que está estudiando. Él no está «dotado de una especie de súper-mente,
con algún tipo de conocimiento absoluto, que le hace completamente innecesario
empezar por lo que es conocido por las personas cuyas acciones estudia». (Hayek
[1952] 1979, p. 90). Él no se limita meramente a expresar los sentimientos de los
actores ni tampoco se designa para hablar en nombre de ellos.
«Ver las cosas desde la perspectiva del nativo» requiere que tratemos de
comprender mejor cómo las personas se ven a sí mismas y sus situaciones revisando
sus archivos, leyendo su literatura y viviendo entre ellas. Sin embargo, también
significa que debemos tratar de situar y explicar lo que Geertz llama «conceptos
cercanos a la experiencia» (lo que la gente cree y piensa) con la ayuda de «conceptos
lejanos a la experiencia» (las herramientas teóricas que tenemos a nuestro alcance
como la elección racional de la teoría económica). La tarea del etnógrafo no es ponerse
«en los zapatos del otro», sino «comprender conceptos que, para otra persona, pueden
ser cercanos a la experiencia y para conectarlos correctamente con conceptos lejanos a
la experiencia los teóricos han encontrado la forma de capturar los aspectos generales
de la vida social» (ibíd., p. 58).
Además, representando «conceptos cercanos a la experiencia» con la ayuda de
«conceptos distantes a la experiencia» sugiere que (en nuestro trabajo empírico)
deberíamos estar desarrollando descripciones gruesas en lugar de descripciones finas.
Recordemos la famosa idea de Ryle (1971) sobre que no podemos entender el
significado de una acción sin un cierto conocimiento del contexto y de las motivaciones
de los actores. De hecho, no podemos distinguir entre una acción y un reflejo habitual
sin saber algo acerca del contexto y lo específico de las intenciones del actor. Como
Ryle pregunta, ¿cómo podemos distinguir entre un parpadeo como un gesto
conspiratorio entre compatriotas y un parpadeo como una respuesta involuntaria ante un
estímulo irritante sin saber algo del contexto? Por supuesto que no podemos.
Una descripción delgada (por ejemplo, el ojo izquierdo de Fred se cierra y se abre
rápidamente) no será suficiente para distinguir entre un guiño y una contracción
nerviosa. Necesitaríamos una descripción más gruesa de la escena (por ejemplo, Pete y
Fred son amigos a punto de hacer una broma a la maestra) para concluir que se trataba
de uno o de otra. Dado que cualquier buena exposición empírica de la situación nos
permitiría distinguir entre el guiño de Fred y un simple parpadeo, el objetivo del
trabajo empírico es, necesariamente, dar sentido al mundo social en un lugar y en un
momento determinado. Por esta razón las descripciones densas son mejores que las
descripciones delgadas.
Cabe señalar que reconocer que los hechos de las ciencias sociales son lo que la
gente cree y piensa es privilegiar a la etnografía y a las descripciones densas en
aplicaciones empíricas, lo que de ninguna manera sugiere que deberíamos abandonar
descripciones finas del mundo social en nuestros esfuerzos teóricos. Por el contrario,
las descripciones gruesas solo son posibles si se acompañan de las descripciones finas.
Como escribe Boettke (2001, p. 253):
Necesitamos, en otras palabras, ambas descripciones «densas» y «delgadas»
para que nuestra teoría social tenga significado y relevancia —coherencia y
congruencia, por así decir [...]—. La justificación de las descripciones
«delgadas» en la teoría económica es que nos permiten descripciones «gruesas»
más convincentes sobre la experiencia social en un lugar y en un momento
determinado.

Sin descripciones «finas» de lo que distingue un guiño de un parpadeo (uno es


involuntario y el otro un gesto conspiratorio), las descripciones «gruesas» de la
situación también fallarían en distinguir entre las dos. Dicho de otra manera, sin
modelos/teorías que expliquen fenómenos que abstraigan los detalles sociales —que
carezcan de «conceptos alejados de la experiencia» para usar la formulación de Geertz
—, los científicos sociales aplicados no podrían darle sentido a la vida social, no
podrían ofrecer descripciones «gruesas».
A lo sumo, estarían en condiciones de ofrecer explicaciones detalladas sobre los
fenómenos sociales que ofrecerían muy poco a nuestro entendimiento. A pesar que los
detalles son necesarios para una ciencia social aplicada que trata de capturar lo que las
personas creen y lo que las personas piensan, no es suficiente.

4. Conclusión

Las disciplinas de las ciencias sociales son a la vez teóricas y aplicadas/históricas.


Mientras que las teorías de las ciencias sociales apuntan a la explicación del mundo
social, las ciencias sociales aplicadas, al igual que la historia social, tiene por objeto
entender determinados fenómenos sociales. Como escribió Mises (1963, p. 51, cursiva
añadida):

La tarea de las ciencias de la acción humana es la comprensión del significado y


la relevancia de la acción humana. Ellas aplican, para este propósito, dos
diferentes procedimientos epistemológicos: abstracción y entendimiento.
Abstracción es la herramienta de la praxeología (leer teoría social);
entendimiento es la herramienta mental específica de la historia (leer ciencias
sociales aplicadas).

Mientras que la teoría social y la historia social son distintas y se pueden dividir
conceptualmente, no puede llegar muy lejos la una sin la otra. La fe sin obras es una fe
muerta y una fe muerta no puede conducir a la salvación. Como McCloskey (1991)
resalta, los teóricos sociales, principalmente, construyen modelos (usando metáforas), y
los científicos sociales aplicados escriben historias (ellos relatan historias).
«Las metáforas y las historietas, los modelos y las historias», escribe (ibíd., p. 61),
«son dos maneras de responder “por qué” [...] las metáforas y las explicaciones
analíticas se responden las unas a las otras». A medida que continúa (ibíd., p. 63), «el
punto es que los economistas y los científicos sociales [en general] son como los demás
seres humanos que utilizan metáforas y cuentan historias. Se preocupan tanto por
explicar como por entender, erklären y verstehen. Como McCloskey sugiere, la mejor
ciencia social combina los dos. «Pero, ¿estás dispuesto a admitir, oh hombre vano, que
la fe sin obras es estéril? ¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre
cuando ofreció a Isaac su hijo sobre el altar? Ya ves que la fe actuaba juntamente con
sus obras, y como resultado de las obras la fe fue perfeccionada» (Santiago 2: 20-22).
Reconocer que los hechos de las ciencias sociales son lo que la gente cree y piensa
tiene importantes implicaciones tanto para abstraer como para entender (erklären y
verstehen). Se sugiere que los teóricos sociales, por ejemplo, articulen la teoría social
que añade los significados que los individuos atribuyen a sus acciones y a sus
circunstancias (es decir; los enfoques metodológicos individualistas), y que también
presten atención a cómo la cultura y el contexto influyen en los significados y en los
«porqués» de las acciones de los individuos (es decir; los actores sociales deben
considerarse como incrustados en la sociedad, la política y la economía). Del mismo
modo, se sugiere que los científicos sociales aplicados utilicen sus herramientas
teóricas para describir gruesamente y darle sentido al mundo social (por ejemplo, los
métodos etnográficos y los métodos de archivos no solo deben acompañar, sino que
deben estar por encima de los métodos empíricos cuantitativos).

Referencias bibliográficas

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Transitional Political Economy, Routledge, Nueva York.
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WEBER, M. (1949): The Methodology of the Social Sciences, The Free Press, Nueva
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II
MICROECONOMÍA
4. El valor económico y los costes son subjetivos
EDWARD P. STRINGHAM[19]

1. Introducción

¿Qué hace que los bienes sean valiosos? ¿Son objetos intrínsecamente valiosos, son
valiosos por la cantidad de trabajo que se necesita para hacerlos, o son simplemente
valiosos por lo mucho que satisfacen las preferencias subjetivas de la gente? En cierto
sentido, puede que sea preciso exclamar: «Ahora somos todos subjetivistas»1[20]. Con
unas pocas excepciones, casi todos los economistas modernos creen que los bienes se
valoran en función de la manera en que satisfacen las preferencias subjetivas de los
individuos. Sin embargo, no hay acuerdo acerca de lo que significa creer en el
subjetivismo económico. El economista Bryan Caplan (1999), de la George Mason
University, critica a los escritores de la tradición austriaca de enmarcar a los no
austriacos como no subjetivistas. Escribe: «Innumerables ensayos y libros austriacos
utilizan la palabra subjetivismo en el título. Esto nos deja con la impresión de que otros
economistas no abrazan el subjetivismo; una impresión simplemente falsa». Caplan
sostiene que, aunque mucho de la visión austriaca sobre la subjetividad es correcto,
«simplemente no es suficiente para caracterizarla como una escuela de pensamiento».
Caplan está indudablemente en lo correcto cuando dice que casi todos los
economistas modernos sostienen algún tipo de subjetivismo económico. Sin embargo,
sería equivocado decir que todos los economistas creen en el subjetivismo económico
exactamente de la misma manera. En lugar de utilizar una distinción dicotómica para
clasificar a los economistas ya sea como subjetivistas o no, voy a argumentar que hay
que reconocer que los economistas pueden creer en el subjetivismo económico de
varias maneras diferentes. En este capítulo se presentan diez preguntas que exploran las
formas en que los economistas creen en el subjetivismo económico. Estas diez
preguntas no son ciertamente exhaustivas, muchas más se podrían escribir, pero son un
primer paso para reconocer que los economistas pueden ser subjetivistas en más de un
sentido. Se pueden usar estas diez preguntas como guía, incluso se podría crear una
«prueba de pureza subjetivista» casi de la misma manera que Bryan Caplan ha creado
una «prueba de pureza libertaria». Aunque casi todos los economistas se clasificarían
como subjetivistas, en cierta medida, algunos economistas serían clasificados como
subjetivistas más profundos que otros.
Hacer estas distinciones es más que un interesante ejercicio académico. Qué tanto
cree uno en el subjetivismo económico tiene muchas implicaciones importantes sobre
cómo se practica la economía positiva y las recomendaciones normativas que uno
puede o no prescribir. Por ejemplo, los economistas que creen que la utilidad del
consumidor es subjetiva pero que los costes de producción son objetivos pueden llegar
a conclusiones muy diferentes que a las que llegarían los economistas que creen que la
utilidad de los consumidores y los costes de producción son ambos subjetivos. Del
mismo modo, los economistas que creen que observadores externos pueden saber lo
que va a satisfacer la función de utilidad subjetiva de un individuo llegarán a
conclusiones muy diferentes que el economista que cree que solo las personas saben lo
que a ellas mismas les funciona. O los economistas que creen que la utilidad (que está
subjetivamente determinada con base en las preferencias individuales) se pueden
observar, agrupar y comparar entre muchas personas llegan a conclusiones muy
diferentes a los economistas que creen que los niveles de utilidad de las personas no
son observables y son inconmensurables.
La pregunta 1 comienza discutiendo sobre un área del subjetivismo donde la
mayoría de los economistas están de acuerdo: ¿Es el valor económico subjetivo? Esta
área es lo que diferencia a los economistas más modernos de los economistas clásicos
y de otros muchos no economistas. La pregunta 2 aborda un área en donde muchos, pero
no todos los economistas están de acuerdo: ¿Son los costes subjetivos? Esta área es lo
que diferencia a muchos austriacos y algunos economistas neoclásicos ortodoxos de los
economistas neoclásicos que siguen la tradición de Alfred Marshall. Las preguntas 3, 4,
5, y 6 discuten las áreas en las que aún menos economistas están de acuerdo: ¿Podemos
estudiar la preferencia subjetiva de las personas? ¿Podemos medir la utilidad de un
individuo? ¿Podemos comparar la utilidad entre los individuos? ¿Puede agruparse la
utilidad de muchas personas? Para estas preguntas se pueden encontrar economistas
austriacos y neoclásicos en ambos lados del debate. Las preguntas 7, 8, 9 y 10 ofrecen
una mirada a enfoques alternativos para hacer comparaciones sobre el bienestar de una
nación que no dependan de la medición de la utilidad subjetiva, como observar el
ingreso per cápita, los patrones migratorios, la amplitud de los costes sociales medidos
en dólares como la unidad de medida, y una demostrada preferencia por la Regla de
Pareto. Cuando uno se encuentra con estos temas depende de hasta qué punto se esté
dispuesto a extender la lógica del subjetivismo económico. El punto de vista que se
tenga sobre la cuestión del subjetivismo económico tiene importante influencia sobre
cómo se analiza y qué se recomienda para el mundo.

2. Pregunta 1: ¿Qué hace que los bienes sean valiosos?

Existe un amplio consenso entre los economistas sobre que los bienes de consumo son
valiosos en la medida en que los consumidores creen que van a satisfacer sus
preferencias con ellos. Esta idea ha revolucionado la forma en que la economía se ha
practicado en los últimos 130 años. Esta perspectiva se refiere a lo siguiente: «La
economía de la utilidad marginal es a menudo llamada economía del valor subjetivo y
la revolución doctrinal también lleva este nombre» (Buchanan, 1969, p. 9). Antes de
1870, cuando Stanley Jevons, Carl Menger y Léon Walras expusieron la teoría de la
utilidad marginal, muchos teóricos creían, de alguna manera, en la teoría del valor-
trabajo, en la que se exponía que el valor de un bien estaba determinado por la cantidad
de tiempo que se debía invertir en su fabricación. Muchos economistas han
reflexionado sobre las diferencias entre el «valor de uso» y el «valor de cambio» y
afrontaron muchas dificultades tratando de explicar muchas cosas, como por ejemplo
por qué los diamantes son más valorados que el agua.
Hoy en día, la mayoría de los economistas rechazan legítimamente la teoría del
valor-trabajo. Los economistas reconocen que una hora de trabajo de una persona
promedio no genera el mismo valor que una hora de trabajo de Bill Gates. Ciertas
personas son más inteligentes, otras trabajan más o tienen diferentes herramientas, por
lo que no todos tienen la misma productividad. Los economistas también señalan que,
aun cuando todos tuviesen la misma productividad, la teoría del valor-trabajo seguiría
siendo deficiente. Un cocinero puede pasar una hora produciendo un delicioso pastel de
manzana y una segunda hora produciendo un pastel de otro modo idéntico sustituyendo
las manzanas por tierra, y se necesita no más que sentido común para ver que el valor
de los dos pasteles es diferente.
La mayoría de los economistas modernos aceptan que el valor de los dos pasteles
sería determinado por las percepciones subjetivas de los individuos acerca de su
utilidad marginal en lugar ser determinado por un valor intrínseco que pudieran poseer
dichos pasteles. Los planteamientos de Jevons, Menger y Walras tenían algunas
diferencias importantes, pero llegaron conclusiones similares[21]. En la explicación de
Carl Menger, para que un bien pueda ser útil debe existir una necesidad humana, un
objeto que la satisfaga y el conocimiento de que ese objeto la satisface. Un bien es
valioso en la medida en que ese bien pueda satisfacer nuestras necesidades, nada más y
nada menos. Así que los bienes no son objetivamente valiosos, sino que solo son
valiosos cuando las personas los consideran útiles. El mismo bien físico puede ser útil
en un momento dado e inútil en otro. Como explica Buchanan (1969, p. 9), «las
utilidades marginales [...] fueron reconocidas como dependientes de las cantidades».
Esta perspectiva permitió a los economistas explicar la paradoja de los diamantes y el
agua. A pesar de que el agua es necesaria para la vida y los diamantes no lo son, la
utilidad marginal de una unidad adicional de agua (ya que tenemos tanta) es muy baja,
mientras que la utilidad marginal de un diamante adicional es alta. Este sencillo
enfoque cambió enteramente el enfoque de la economía. Casi todos los economistas
modernos aceptan una teoría subjetiva de la utilidad marginal, por lo que en este
sentido «ahora somos todos subjetivistas».
3. Pregunta 2: ¿Son los costes subjetivos?

Aunque la mayoría de los economistas creen en una forma de subjetivismo económico


cuando se trata de los bienes de consumo, en uno de los puntos en los que no existe un
acuerdo sobre el subjetivismo económico es en el concepto de los costes. Como James
Buchanan explica:

Una distinción debe hacerse entre la economía neoclásica ortodoxa, que


incorpora la revolución subjetiva del valor, o utilidad marginal, en la teoría del
valor, y entre la economía subjetivista de los austriacos de los últimos días,
sobre todo Mises y Hayek. La dependencia del precio (valor) en la utilidad
marginal, subjetivamente determinado, puede ser plenamente reconocida, aunque
esencialmente una teoría objetiva de los costes se mantiene (1969, p. 23).

Los economistas neoclásicos, como Alfred Marshall, describieron la oferta y la


demanda como un par de tijeras que cortan papel para determinar el precio. Para
Marshall el lado de la demanda fue determinado por la utilidad subjetiva, pero la oferta
fue determinada por el coste objetivo de la producción. Desde este punto de vista el
precio está determinado por la valoración subjetiva de la curva de demanda, siendo
intersectada por la curva objetiva de la oferta.
En contraste, los economistas austriacos como Mises y muchos economistas
neoclásicos modernos ven la curva de oferta esencialmente como la otra cara de una
curva de demanda. Al igual que las preferencias subjetivas de un comprador influyen en
la cantidad que se está dispuesto a pagar para comprar cualquier cantidad de unidades
de un bien, las preferencias subjetivas de un vendedor influyen en todo lo que tendrá
que pagar al vender unidades de un bien. En palabras de Mises: «El coste es un
fenómeno de valuación. El coste es el valor atribuido a la necesidad más valiosa que
queda insatisfecha por haber empleado los medios requeridos para su satisfacción en
atender aquella otra de cuyo coste se trata» ([1949] 2001, p. 475). Cuando el vendedor
entrega una unidad de un bien, debe considerar la insatisfacción que ha dejado de
satisfacer. Cada persona valora las oportunidades perdidas de una manera diferente,
por lo que cada persona tendrá una curva de oferta diferente. Por ejemplo, el individuo
apegado a sus libros de historietas infantiles tendrá una curva de oferta distinta al de un
individuo que con un grado menor de apego por sus libros de historietas infantiles. Se
podría pagar a los propietarios de cómics diferentes cantidades para conseguir que los
vendan, ya que tienen diferentes preferencias subjetivas para separarse de sus
pertenencias. De acuerdo con esta perspectiva, la curva de oferta es simplemente
determinada por la evaluación de los vendedores sobre su coste de oportunidad o, en
otras palabras, lo que los vendedores prevén que dejan de percibir por realizar la
venta. Al igual que los compradores sopesan la utilidad marginal subjetiva de obtener
una unidad adicional de un bien, los vendedores sopesan la utilidad marginal subjetiva
de tener una unidad menos de un bien. Haciendo una referencia a la analogía de
Marshall, Rothbard concluye (1962, p. 360) que «los costes en sí mismos son utilidades
subjetivas, por lo que las hojas de las tijeras están gobernadas por la utilidad subjetiva
de las personas».
Así que tanto las curvas de oferta como las curvas de demanda están determinadas
por preferencias subjetivas en lugar de estar determinadas por algún coste objetivo de
producción. Esta perspectiva se analiza en detalle en la obra de James Buchanan Coste
y elección (1969). Buchanan llega a las siguientes conclusiones sobre la noción
subjetivista del coste:

1. Lo más importante: el coste surge exclusivamente de la toma de decisiones; no es


posible que los costes se desplacen hacia los demás o se les impongan.
2. El coste es subjetivo, no existe más que en la mente de quien toma las decisiones
y en ninguna otra parte.
3. El coste se basa en anticipaciones, es necesariamente un concepto a futuro ex
ante.
4. El coste no puede ser realizado por el hecho de elección en sí mismo: a lo que se
ha renunciado ya no se puede disfrutar.
5. El coste no puede ser medido por una persona distinta a quien tomó las
decisiones, porque no hay manera de observar la experiencia subjetiva directamente.
6. Por último, el coste puede ser fechado en el momento de la decisión o elección
(Buchanan, 1969, p. 43).

Los costes se basan en las percepciones individuales sobre utilidad del momento de
la elección. Esta utilidad percibida no es algo objetivo y la gente no lo puede medir.
Que uno adopte una noción subjetivista de los costes tiene algunas implicaciones
importantes en la manera en la que se practica la economía. Muchos economistas en
muchos campos de la economía se basan en la medición de costes para su análisis y
para sus conclusiones normativas. Por ejemplo, los economistas que acusan a las
empresas de cobrar por encima de su coste marginal (o por debajo del coste marginal,
según sea el caso) están suponiendo que los costes pueden ser medidos desde una
perspectiva positiva y que la divergencia entre precio y coste es un problema. Por el
contrario, muchos economistas de este ámbito que creen en el subjetivismo económico
piensan que estos costes no pueden observarse, y que tiene tanto sentido preocuparse
por los proveedores que venden por encima del coste marginal como por los
compradores que compran por debajo de su beneficio marginal[22].
Aquellos que creen en el subjetivismo en el reino de los costes sostienen que tanto
el valor como el coste son subjetivos. Muchos economistas neoclásicos podrían estar
en total acuerdo con Buchanan sobre los puntos anteriores. Pero hay campos enteros de
la economía que parecen descansar sobre los fundamentos que niegan que los costes
son subjetivos, y por ello no todos los economistas pueden ser clasificados dentro del
subjetivismo de los costes.

4. Pregunta 3: ¿Podemos estudiar las preferencias subjetivas de la gente?

Muchos economistas aceptan alguna teoría de la utilidad marginal subjetiva y muchos


también aceptan una teoría subjetiva del coste marginal de oportunidad. Sin embargo,
no hay acuerdo sobre cuánto pueden saber agentes externos acerca de las preferencias
subjetivas de los individuos. Muchos economistas creen que terceros puedan observar
o estudiar las funciones de la utilidad de los individuos con el objetivo de ayudar a
formular las políticas futuras. Algunos de los economistas subjetivistas más profundos,
sin embargo, sostienen que las preferencias no son constantes y que no tiene mucho
sentido hablar de preferencias de cierta persona con cierta independencia de su tiempo
y lugar específicos.
El pensamiento económico consiste en pensar en términos marginales, y los
subjetivistas más profundos argumentan que un pensamiento marginal consistente solo
tiene sentido para ver cómo la gente valora los bienes en su situación específica.
Cuánto valora alguien un bien en un punto dado en el tiempo se verá influido por un
gran número de factores, incluyendo cuántos bienes se han consumido recientemente.
Una cartografía de todos los bienes de una persona en función de su utilidad subjetiva
se ha vuelto cada vez menos posible en la medida en la que consideramos el número de
cosas que influyen en una persona en el día a día. Pequeñas cosas pueden alterar el
estado anímico de las personas, lo que provocaría cambios en la valoración de otros
bienes, por lo que sería sumamente complicado para los economistas realizar una
cartografía que incluya todas las cosas que podrían influir en el estado anímico de las
personas y su propensión a consumir algo en un momento determinado.
El subjetivismo económico puede extenderse más si se rechaza la idea de la
constancia de las preferencias. Murray Rothbard (1956, pp. 228-30) critica a quienes
tratan de observar o preguntar a la gente acerca de sus preferencias y entonces piensan
que pueden realizar un mapeo de las preferencias de las personas para el futuro. Las
elecciones pasadas sí representan las preferencias de una persona en el momento en que
se tomaron las decisiones, pero tratar de crear un mapa de preferencias de alguien
implica estar limitado al tiempo pasado en el que justamente se realizó la elección. Por
ejemplo, sería una locura observar a una persona tomando decisiones en su juventud y
asumir que tomará las mismas decisiones en una edad más avanzada. Aun dentro de un
período de tiempo, en dos días muy similares, las personas toman diferentes decisiones.
Y sí, puede que algunas personas consuman un mismo producto con todas sus comidas,
pero este hecho es tan raro que solo nos debería llevar a cuestionar toda teoría que nos
empuje a asumir que las decisiones pasadas revelan las preferencias futuras.
Las situaciones cambian y parece imposible conocer todos los factores que influyen
en las elecciones de las personas. Algunas personas incluso pueden tomar una decisión
similar sobre una base regular, pero eso no implica que siempre vaya a hacer esa
misma elección. F.A. Hayek escribe ([1968] 2002, p. 12): «Podríamos ser capaces de
darnos cuenta de la presencia de ciertas regularidades (“leyes empíricas” en el sentido
específico en el que Carl Menger las comparaba con las leyes teóricas) en el
comportamiento observado de estas variables. A menudo estas regularidades se
aplican, pero muchas otras veces no». Los economistas austriacos afirman que la
economía también se diferencia de las ciencias naturales, porque la economía se ocupa
de los seres humanos y estos siempre pueden cambiar su forma de reaccionar. Así que
la observación de las elecciones pasadas solo revela las preferencias cuando la
persona tomó la decisión, pero eso no implica que esas preferencias reveladas
permanezcan constantes en el tiempo. Desde este punto de vista, no tiene mucho sentido
hablar de lo que alguien prefiera, independientemente de su situación específica.
También se puede aplicar esta lógica a las encuestas que piden a la gente
información acerca de sus preferencias. Por ejemplo, muchos análisis de coste-
beneficio intentan utilizar encuestas para tratar de averiguar hasta qué punto la gente
valora los servicios ambientales o proyectos de obras públicas. Pero muchas de las
críticas acerca de inferir la demanda futura sobre la observación de preferencias
pasadas también se pueden aplicar a las encuestas. Las encuestas son aún más
problemáticas que esto, ya que intentan que las personas consideren sus demandas en
situaciones en las que ni siquiera han estado. Boudreaux et al. (1999, p. 791) escribe:

Pedir a las personas que identifiquen sus curvas de demanda para todos los
bienes, servicios e instalaciones y bajo un cúmulo de diferentes circunstancias es
algo imposible de satisfacer. La imposibilidad de trazar una calendarización de
las preferencias para cada encuestado significa que muchas alternativas deben
ser excluidas del abanico de opciones sobre las cuales estaría, hipotéticamente,
dispuesto a gastar su dinero.

Para estos economistas, no tiene mucho sentido hablar de la cantidad de gente que
valora algo independientemente a estar en una situación específica en la que tienen que
hacer su elección. Hasta qué punto una persona valora las cosas siempre estará
condicionado por el tiempo y el lugar.
Si se adopta esta posición, ¿pueden los economistas decir algo sobre las
preferencias de las personas? Rothbard sostiene que los economistas no pueden decir
que un individuo valora un mismo bien en todas las circunstancias; lo único que podrían
decir es que en cierta situación específica un bien fue valorado por un individuo. Al
observar a alguien tomando una decisión, Rothbard argumenta que un economista puede
deducir que la persona prefirió su elección ex ante en ese momento. Rothbard (1956, p.
225) escribe: «La selección actual revela o demuestra la preferencia de un individuo;
es decir, que sus preferencias son deducibles de lo que él ha escogido en la acción».
Cuando alguien pide una cerveza en lugar de una copa de vino podemos decir que la
persona prefirió la cerveza al vino en ese momento, pero no podemos decir que la
cerveza es siempre preferible al vino.
La implicación de este aspecto del subjetivismo económico es que los economistas
no pueden ir por ahí diciendo a los gobiernos lo que la gente realmente quiere. Las
preferencias no solo difieren entre los individuos, sino que las preferencias de las
personas difieren en el tiempo. Cuando los gobiernos toman decisiones para las
personas en lugar de dejar que los individuos tomen sus propias decisiones, están
asumiendo que pueden saber lo que las personas realmente quieren independientemente
al proceso de mercado. Pero de acuerdo con Hayek, el resultado del proceso de
mercado no puede ser conocido de antemano. Hayek ([1968] 2002, p. 9) dice que
debemos «considerar la competencia como un procedimiento sistemático para
descubrir hechos que, si el procedimiento no existiera, seguiría siendo desconocido».

5. Pregunta 4: ¿Se puede medir la utilidad para un individuo?

La siguiente área de subjetivismo, donde no todos los economistas están de acuerdo, es


sobre si la utilidad subjetiva es medible. Algunos economistas creen que los individuos
valoran bienes en función de sus preferencias subjetivas, pero también creen que el
cuánto valoran esos bienes puede ser medido por las partes externas. La idea detrás de
esto es que, así como los médicos observan las frecuencias cardíacas utilizando
estetoscopios, los economistas pueden medir los niveles de utilidad de los individuos.
Los economistas subjetivos más profundos, por otro lado, argumentan en contra de esta
perspectiva. En representación de este punto de vista, James Buchanan (1969, p. 9)
escribe: «La utilidad es un fenómeno subjetivo y no es algo que puede ser externo o
medido objetivamente».
La primera pregunta es ¿qué haría falta para medir los niveles de utilidad? En
primer lugar, los economistas tendrían que crear la unidad que van a medir, y en
segundo lugar también se necesita una forma de medir esa unidad. Tal vez esto se
podría lograr si los economistas pudiesen inventar una utilómetro para medir la
cantidad de utilidad. El problema, sin embargo, es que no existe tal dispositivo y, de
acuerdo a economistas como Rothbard, tampoco podría existir. Rothbard (1956, p. 232,
énfasis en el original) escribe: «Las magnitudes psicológicas no se pueden medir, ya
que no existe una unidad objetiva extensa, un requisito necesario de la medida. Además,
la elección real, obviamente, no puede demostrar ningún tipo de utilidad medible, solo
puede demostrar una alternativa que se prefiere a otra». Puesto que no hay tal medida
como un útil, no es posible medir el nivel total de la utilidad de un individuo.
Para el subjetivismo económico, los economistas pueden observar si alguien
prefiere algo al margen, pero no pueden observar las magnitudes. Mises escribe: «Ni el
preferir ni el rechazar ni las decisiones y elecciones que de ello resultan son actos de
medición. La acción no mide la utilidad o el valor; se limita a elegir entre alternativas»
([1949] 2001, p. 146). Los individuos ordenan los bienes en la medida en la que son
más o menos útiles al margen, pero considerar la utilidad al margen no implica que la
utilidad total exista. Como Rothbard (1956, p. 234; énfasis añadido) argumenta, «no
existe tal cosa como la utilidad total; todas las utilidades están al margen». En
palabras de Mises ([1949] 2001, p. 146): «No se trata del problema abstracto de
determinar la utilidad total o el valor total».
Mientras que algunos economistas derivan la utilidad marginal matemáticamente
como la primera derivada de la función de utilidad total de una persona, los
economistas austriacos como Mises hablan de analizar la utilidad marginal de un
individuo como la distribución ordinal del valor relativo de más unidades de un bien.
En palabras de Mises (ibíd., p. 829), «el hombre, al actuar, no mide ni cifra la utilidad.
Sino que las ordena en meras escalas valorativas». Cuando observamos a alguien hacer
una elección, podemos decir que un individuo prefiere una copa de vino a una cerveza,
pero no podemos decir cuanto prefirió el vino sobre la cerveza. Esa persona no pueden
decir cuánto más se prefirió la copa de vino porque no hay manera alguna de medir
magnitudes de utilidad. Rothbard ([1962] 2004, p. 258) escribe: «Las escalas de valor
de cada individuo son puramente ordinales y no hay forma alguna de medir la distancia
entre cada unidad de la clasificación; de hecho, cualquier concepto de esa distancia es
una falacia». En esta perspectiva, la utilidad es ordinal, no cardinal. Un bien puede
proveer una utilidad marginal, pero nosotros no podremos medir los niveles totales de
utilidad porque no existe tal cosa como un «útil».

6. Pregunta 5: ¿Podemos comparar la utilidad entre individuos?

Otra forma en la que muchos economistas creen de manera diferente en el subjetivismo


económico, es acerca de la posibilidad de comparar la utilidad entre diferentes
personas. Uno podría estar de acuerdo en que la utilidad de los bienes está determinada
por las preferencias subjetivas, pero también creer que esta utilidad se puede comparar
entre personas. Considere el ejemplo clásico de tomar un dólar de una persona rica y
dárselo a una persona pobre. Economistas como Arthur Pigou argumentaban que el
principio de la utilidad marginal decreciente explica por qué un hombre rico no valora
el dólar tanto como un hombre pobre, por lo que las políticas de redistribución hacen
que la sociedad sea mejor. Un tipo similar de argumento se utiliza a menudo para la ley
antimonopolio, diciendo que la prevención de prácticas monopolísticas hará que los
consumidores tengan más que lo que las empresas pierden[23].
A pesar de la popularidad de estos argumentos en los debates de política, Lionel
Robbins sostiene que los argumentos intentan ir más allá de lo que la lógica puede
probar. Él dice que el principio de la utilidad marginal decreciente es válido para los
individuos y que no podemos extender esta discusión entre ellos. Robbins escribe:

Una cosa es suponer que las escalas pueden mostrar el orden en el que los
individuos pueden preferir una serie de alternativas y comparar ese
ordenamiento con la escala de otro individuo. Pero es muy diferente suponer que
detrás de ese ordenamiento existen magnitudes que pueden ser comparadas como
las escalas individuales (1932, p. 122; cursivas en el original).

Un individuo puede clasificar la forma en que valora algunas decisiones con


respecto a otras, pero los economistas, como Robbins, no pueden mirar y comparar
cómo dos personas diferentes valoran opciones confrontándolas entre ellas. Toda la
comparación entre los niveles relativos de satisfacción se basaría en las valoraciones
interpersonales de utilidad, que Robbins y Rothbard discuten si son válidas. Rothbard
([1962] 2004, p. 258) escribe: «No hay manera de hacer comparaciones
interpersonales y medirlas y no hay base para decir que una persona se beneficia
subjetivamente más que otra».
Consideremos el ejemplo de tomar un dólar de un hombre rico para dárselo a uno
pobre. ¿Cómo podemos decir que el pobre disfrutará más del dólar? ¿Qué pasa si la
persona rica era un alma alegre y el pobre era avaro y amargado? Rothbard (ibíd., p.
302) escribe: «Sin duda, es posible que un Rockefeller disfrute de los servicios de
cada dólar más que un pobre, pero lo hace muy ascético e individual». El hecho es que
no podemos hacer un juicio de cualquier manera, porque no hay forma de comparar las
satisfacciones relativas entre diferentes personas.
Robbins nos lleva a una pregunta interesante acerca de la posibilidad de medir las
utilidades de las personas mediante el examen de su torrente sanguíneo. Pero para
Robbins ni siquiera esto nos permitiría medir comparativamente niveles de utilidad.
Robbins (1932, p 124, énfasis del original) escribe: «No hay manera de probar la
magnitud de la satisfacción de A, en comparación con B. Si probamos el estado de su
flujo de sangre, eso sería una prueba de la sangre, no de la satisfacción». Robbins
añade: «La introspección no habilita a A a descubrir lo que está pasando en la mente de
B, ni a B descubrir lo que está pasando en la mente de A». La utilidad es un fenómeno
subjetivo que únicamente ocurre en la mente de quien hace una elección. Uno no puede
hacer comparaciones sobre dos individuos separados que tienen diferentes
valoraciones subjetivas sobre el mundo.
Robbins y Rothbard sostienen que todo el conjunto de argumentos sobre el aumento
del bienestar social mediante la redistribución de ricos a pobres descansa en
suposiciones inválidas. Juzgar que la redistribución hace bien a la sociedad requiere
que los economistas puedan medir la utilidad perdida por los ricos y compararla con la
utilidad obtenida por los pobres. Nos guste o no, tal medida no existe. Robbins escribe:

De ahí que la extensión de la ley de la utilidad marginal decreciente, postulada


en las proposiciones que estamos examinando, sea totalmente ilegítima. Y, por
ello, todos los argumentos que se basan en ella carecen de fundamento
científico... La ley de la utilidad marginal decreciente no justifica la conclusión
de que las transferencias de los ricos a los pobres puedan incrementar la
satisfacción total (1932, p. 125).

Bajo esta perspectiva, no se puede decir que el pobre valora algo más de lo que lo
valora un rico. Siguiendo esta lógica, y llevándola a sus consecuencias más extremas,
los economistas no pueden decir que cualquier persona obtiene una mayor utilidad de
algo que otra persona de ese mismo algo. Podemos observar que tengan voluntad de
pago diferente o disposición a pagar, pero no podemos concluir que una persona deriva
una mayor utilidad que otra. Para el subjetivista económico profundo, no hay manera de
medir o comparar la utilidad entre diferentes personas.

7. Pregunta 6: ¿Podemos juntar la utilidad de muchas personas?

Para los economistas subjetivistas más profundos, la utilidad es subjetiva, no es


cardinal, no es comparable entre personas y no puede ser medida. Sin embargo,
algunos economistas que han hecho importantes contribuciones a la teoría subjetiva del
valor no parecen tener clara las enormes implicaciones de su teoría. Un tema sobre el
que todavía hay desacuerdo es el asunto de si el número total de utilidades de todas las
personas en la sociedad se pueden medir. A pesar de los argumentos a favor de la
subjetividad del valor, algunos economistas enuncian, sorprendentemente, argumentos
no subjetivistas cuando defienden sus conclusiones normativas. Desde esta perspectiva
muchos economistas no deberían clasificarse como subjetivistas profundos.
Uno de los ejemplos más prominentes de los economistas que mejor se ajusta a este
asunto es el de Ludwig von Mises. Después de formular muchos de los argumentos
subjetivistas mencionados anteriormente, Mises hace una serie de argumentos en
desacuerdo con aspectos importantes del subjetivismo económico. En varios lugares de
sus escritos, Mises hace uso de argumentos extremadamente no subjetivistas al utilizar
frases como el «bienestar» de una nación, de «bien común», «utilidad social» y
«bienestar social» (Mises [1949] 1996, pp. 157, 174, 175, 271, 497, 721). De hecho, la
defensa de Mises del liberalismo se basa en su creencia de que las políticas deben
evaluarse con respecto al criterio de «bienestar humano» (ibíd., p. 147). Mises escribe:

En este sentido, puede decirse que mediante la cooperación social el hombre


pretende conseguir la mayor felicidad para el mayor número posible de
personas. Es realmente difícil encontrar alguien que no estime del máximo
interés social alcanzar este objetivo o que llegue a afirmar que no se debe
procurar hacer lo más feliz posible al mayor número de personas. Los ataques
dirigidos contra la célebre frase de Bentham se basan en ambigüedades o errores
acerca del concepto de felicidad, pero siempre queda la tesis básica: que
conviene procurar que el bien (sea el que fuere) alcance al mayor número
posible de personas (ibíd., p. 986).

Mises defiende la idea de Bentham de que la propiedad se valora por su utilidad y


no tanto por otras razones externas a la economía, tales como la moralidad (ibíd., p.
175). Es curioso que Mises se agrupe, a menudo, con personas mucho más subjetivistas
que él.
Además del hecho de que «la mayor felicidad para el mayor número de personas»
apunta a dos objetivos contradictorios (¿debemos aspirar a la felicidad máxima de un
número menor de personas o debemos aspirar a un poco menos de la máxima felicidad
para el mayor número de personas?) el concepto está completamente indefinido. En
ninguna parte Mises especifica qué entiende por «utilidad social», «bienestar social», o
el «bienestar» de una nación. La noción de Mises, si es que significa algo, parecen
tener mucho en común con los economistas de Harvard y MIT, Abram Bergson y Paul
Samuelson, quienes parecen creer que se puede examinar el bienestar social de una
sociedad y que sobre esta base se deben formular políticas.
Parece que Mises, Bergson y Samuelson fueron todos seguidores de Bentham, pero
la principal diferencia entre Mises y sus homólogos de Massachusetts es que estos
últimos eran más explícitos acerca de lo que querían decir. Mientras que Mises no
habla de las curvas de indiferencia social para evaluar si «una política es beneficiosa
para el bien común» (algo que él apoya; [1949] 1996, p. 175), Mises tenía que creer
que esto podría medirse de alguna manera; de lo contrario su estándar sería inútil. Pero
si se acepta el subjetivismo económico de escritores posteriores, hay que concluir
precisamente en eso. Rothbard (1956, p. 255) escribe:

No es posible, sin embargo, para un observador comprobar científicamente las


utilidades sociales resultado del mercado libre de un período de tiempo al
siguiente. Como hemos visto anteriormente, no se pueden determinar las escalas
de valor de un hombre durante un periodo de tiempo. No digamos lo imposible
que es hacerlo para todas las personas.
Para Rothbard, un individuo puede decidir si le gusta la opción A sobre la opción B
en un momento determinado, pero él no está en condiciones de clasificar la opción A y
la opción B frente a diferentes puntos en el tiempo. Cuando se trata de investigar cómo
la política afecta la «utilidad social», habría que encontrar la forma de cuantificar el
estado preferido del mundo de acuerdo con el «bienestar común» en ausencia de esa
política.
Pero si se acepta que las utilidades son ordinales en lugar de ser cardinales, nos
enfrentamos a un enigma. Kenneth Arrow intentó derivar una función del bienestar
social basada en las preferencias ordinales de los individuos y encontró que, bajo
ciertas condiciones posibles, el estado socialmente más preferible del mundo no está
definido. No se puede decir que la utilidad social es mayor en la situación 1 del mundo
que en la situación 2 del mundo. Un dictador podría decir que uno y otro estado del
mundo tienen mayor utilidad de acuerdo con sus preferencias subjetivas; sin embargo,
un economista no puede decir que uno y otro estado tienen mayor utilidad social. Desde
esta perspectiva, el famoso economista y matemático Kenneth Arrow es un economista
aún más subjetivista que Mises.

8. Pregunta 7: ¿Es el ingreso monetario un parámetro de la utilidad nacional?

Hasta ahora hemos estado discutiendo las formas en que muchos economistas tratan de
medir la utilidad subjetiva de los individuos, formas que no se pueden realizar de
acuerdo a las posturas más profundas de los subjetivistas. Muchos economistas
coinciden que no existe la unidad de media «útil», pero aun así se niegan a renunciar a
las comparaciones de bienestar total. Es por ello que dependen de otras medidas para
poder aproximarse a medir el bienestar de las personas. Una de las aproximaciones o
parámetros de bienestar más mencionadas es el ingreso per cápita. Mucha literatura
sobre crecimiento económico descansa en estadísticas sobre el ingreso per cápita como
un parámetro de comparación entre naciones.
El dinero permite a las personas comprar cosas y dado que más es mejor que menos,
muchos economistas asumen que la maximización de los ingresos monetarios debe ser
una meta normativa para la sociedad. Este estándar no se basa en comparaciones
interpersonales de utilidad, sino que en algo que realmente se puede medir, es decir,
dólares. ¿Está esta norma de acuerdo con el subjetivismo económico? Rothbard ([1962]
2004, p. 300) escribe: «Podemos —al menos teóricamente— medir los ingresos
monetarios mediante la adición de la cantidad de ingresos en dinero que cada persona
obtiene, pero esto de ninguna manera es una medida del ingreso psicológico». Para
Rothbard, las personas se preocupan más por el ingreso psicológico que solamente por
el ingreso monetario: «Es el ingreso psicológico y no el ingreso monetario el que está
siendo maximizado» (ibíd., énfasis en el original).
Esta posición se puede explicar haciendo uso de la más simple economía, ya sea
desde un enfoque neoclásico o misesiano. Como Mises señala, los ingresos monetarios
son positivos, pero tener que trabajar para obtener ingresos monetarios es algo negativo
(lo que Mises [1949] 1996, p. 65, llamaba la desutilidad del trabajo). Cuando una
persona es libre de hacer su propia elección, elegirá la combinación preferida de
trabajo y de ocio. En la combinación ideal de un individuo no tendrá que trabajar ni
más ni menos. Sin embargo, si un individuo se ve obligado a trabajar más y, por ende
consumir más tiempo libre del que él hubiera preferido, está en una situación de menor
satisfacción porque, aunque tenga más dinero, no tiene el tiempo libre que había
preferido. De la misma manera, si una persona se ve obligada a trabajar menos, y por
consiguiente cuenta con más tiempo libre del que habría preferido, también se
encontraría en una situación de menor satisfacción ya que, en este caso, contará con
menos dinero. Además de los ejemplos obvios de trabajo forzoso, la microeconomía
básica demuestra que hay muchas maneras de lograr que las personas trabajen más de
lo que habrían deseado. Un impuesto, por ejemplo, empobrece a una persona sin
reducir las ganancias monetarias marginales de trabajo, ya que induce a consumir
menos tiempo libre (trabajar más) de lo que habría preferido (Rothbard [1962] 2004, p.
915). En este caso, el ingreso monetario de la sociedad ha aumentado haciendo que las
personas estén menos satisfechas que antes. O, en el caso del trabajo forzado, el ingreso
monetario también podría aumentar, pero aquellos que fueron forzados a trabajar están,
obviamente, menos satisfechos.
Esto significa que todas las políticas orientadas a maximizar los ingresos
monetarios, por sí solas (sin tener en cuenta todos los beneficios psicológicos de los
individuos) no harán que las personas sean más felices. Cuando los individuos son
libres para maximizar su ingreso psicológico van a elegir la combinación óptima de
trabajo y ocio, lo que para algunos supone trabajar más en profesiones mejor pagadas.
Sin embargo, otros elegirán una combinación diferente que podría incluir formas no
monetarias de ingreso psicológico; como vivir una vida contemplativa. ¿Podemos decir
que uno tiene mayor satisfacción que el otro? Rothbard escribe: «El ingreso
psicológico, siendo puramente subjetivo, no se puede medir». Además, desde el punto
de vista de la praxeología, ni siquiera podemos comparar ordinalmente el ingreso
psicológico ni tampoco la utilidad de una persona con respecto a otra. No podemos
decir que el ingreso o «utilidad» de A es mayor que la de B ([1962] 2004, p. 300). Los
observadores externos pueden medir los ingresos monetarios, pero no pueden medir el
ingreso psicológico, que es, al final, lo que importa (Block, 1977, p. 115). Dado que el
ingreso psicológico es inmensurable, no se pueden comparar dos individuos y decir que
uno está mejor que el otro.
Una implicación de este punto de vista es que uno no puede mirar los ingresos
monetarios de las diferentes regiones y concluir que un grupo está mejor que el otro. La
persona promedio en Alaska tiene un mayor ingreso monetario que la persona promedio
en Hawái, pero no podemos decir que el promedio de Alaska es más feliz que el
promedio de Hawái, ya que no tenemos manera alguna de observar su utilidad
psicológica. Sucede lo mismo con la persona promedio en México comparada con la
persona promedio de los Estados Unidos[24]. Mirar los ingresos monetarios, sin
embargo, tiene un uso. Un lugar con bajo ingreso monetario puede indicarnos que el
gobierno interfiere en el área del intercambio de bienes, pero es enteramente posible
para un país tener un ingreso alto y un gobierno que también interviene[25]. Un mayor
ingreso monetario puede ser un indicador; sin embargo para un economista subjetivista
puede no ser el único indicador.

9. Pregunta 8: ¿Los patrones de migración son un parámetro de la utilidad


nacional?

Otra forma de la que los economistas hablan de conseguir un parámetro del bienestar es
con la observación de los patrones de migración entre países. Siguiendo el modelo de
Tiebout hasta su extremo, Dinesh D’Souza (1999) pregunta: «¿No es una medida
bastante objetiva de aquellos países que trabajan bien el que algunas personas quieran
trasladarse a ellos?». Los ejemplos comúnmente utilizados son los de migraciones de
Berlín Oriental hacía Berlín Occidental o desde México a los Estados Unidos. Esta
comparación no está sujeta al mismo problema que el de mirar el ingreso monetario,
porque cuando una persona decide emigrar toma en cuenta no solo el ingreso monetario,
sino también el ingreso psicológico entre los dos países. Si observamos a un individuo
eligiendo entre el país A y el país B, podemos decir que el individuo ha contemplado
que el paquete de opciones del país B es preferido al paquete de opciones del país A.
Podemos decir que esa persona ha demostrado preferencias sobre el país de su
elección. Pero esto no requiere de los economistas observar el ingreso psicológico o la
utilidad, solo requiere observar las decisiones de las personas.
A pesar de las buenas cualidades de esta teoría, uno podría cuestionar hasta qué
punto puede ser eficaz el estándar. Si bien es cierto que 10 millones de mexicanos han
emigrado a los Estados Unidos y demuestran una preferencia actual de un país sobre el
otro, ¿podemos decir que la utilidad promedio de los Estados Unidos es mayor a la de
México? México todavía cuenta con 100 millones de habitantes que han demostrado
que no prefieren a los Estados Unidos sobre México, por lo que una interpretación de
sus acciones es que esos 100 millones han preferido vivir en México antes que en los
Estados Unidos. ¿Demuestra esto que México se prefiere más que los Estados Unidos?
Se podría argumentar que en un mundo en el que los costes de transacción son cero,
sin restricciones de inmigración, más de 10 millones de mexicanos emigran a los
Estados Unidos, y esto podría ser verdadero[26]. Pero si observamos la migración de 50
millones de personas y la permanencia de otras 60 millones de personas en México,
¿podríamos decir que Estados Unidos es preferible a México? Si tan solo tomamos en
cuenta el número, más mexicanos están demostrando que prefieren vivir en México de
los que están demostrando que prefieren vivir en los Estados Unidos. Aun si el número
de migrantes fuese 70 millones, en comparación con 40 millones que deciden no ir, a
menos que los economistas tengan una manera de medir y comparar el total de ingresos
psicológicos de las personas que salen con respecto a las que se quedan, no está claro
qué es exactamente lo que mide el número de personas que tomaron esa elección. El
excedente de los ingresos psicológicos de los migrantes puede ser muy pequeño
comparado con el excedente de los ingresos psicológicos de los que se quedan. La
economía no es solo la suma de números de personas que realizan una elección. Seguir
dicho estándar solo implicaría que el valor relativo de los bienes podría ser
determinado por votación de la mayoría, y esta perspectiva viola por completo nuestro
más básico principio de la economía subjetivista.
Otra forma en la que los patrones de migración podrían ser útiles es mirar más allá
de la cantidad de mexicanos que migraron y quienes permanecieron, y en su lugar
comparar el número de los mexicanos que migraron a los Estados Unidos y el número
de americanos que migraron a México. Esto elimina el problema del hecho de que
muchos americanos y mexicanos prefieren vivir en su país de nacimiento. Pero este
estándar también tiene sus problemas. Alrededor de 10 millones de mexicanos viven en
los Estados Unidos y un sobre 1 millón de americanos viven en México. Muchos de
este millón de americanos parecen ser expatriados muy ricos que han elegido vivir en
otra parte del mundo, mientras que los 10 millones de mexicanos que viven en los
Estados Unidos tienen recursos bastante más limitados. ¿Qué grupo de migrantes se ha
beneficiado más de su movimiento? Aunque el número real de americanos que
prefirieron trasladarse a México es menor que el número de mexicanos que prefirieron
trasladarse a los Estados Unidos, a menos que se pueda medir la utilidad marginal
obtenida por los 10 millones de mexicanos que se mudaron a los Estados Unidos y
compararla con la utilidad marginal ganada por ese millón de estadounidenses que se
trasladaron a México, los patrones de migración neta dicen muy poco acerca de la
utilidad total de un país. Llegar a esta conclusión sería similar a decir que los 3
millones de consumidores de autos Ford obtienen más utilidad en su compra que los
300.000 consumidores de Mercedes. Podemos deducir que los 3 millones de
consumidores de Ford preferían su elección a todo los demás, y podemos deducir que
los 300.000 consumidores de Mercedes preferían su elección a todo los demás, pero
no podemos decir que los consumidores de Ford preferían su elección más de lo que
los compradores de Mercedes han preferido su elección. Sería totalmente erróneo tratar
de inferir a partir de los datos que Ford es mejor que Mercedes[27].
10. Pregunta 9: ¿Puede el coste-beneficio de la eficiencia ser un indicador de
utilidad?

La medición de los ingresos monetarios o la observación de los patrones de migración


no se puede utilizar para hacer comparaciones sobre el bienestar nacional, ya que no
captan aspectos importantes de la utilidad, como la renta psíquica del consumidor o el
excedente del productor. La manera más popular de tomar en cuenta los excedentes
tanto del consumidor como del productor es analizar el coste-beneficio en la sociedad.
Este constructo, conocido como la eficacia de Kaldor-Hicks, la eficiencia de costes y
beneficios, o simplemente la eficiencia económica, tiene en cuenta la medida del
excedente del consumidor y del excedente del productor calculado en dólares. Al mirar
la voluntad neta asociada con pagar potenciales resultados, los economistas han
cuantificado figuras con las que pueden comparar diferentes políticas. Bryan Caplan
(1999, p. 835) escribe: «Este criterio de eficiencia tiene muchas ventajas sobre el
enfoque de Rothbard. En particular, lo que realmente le permite a uno hacer juicios de
eficiencia sobre el mundo real: juzgar, por ejemplo, que el comunismo era ineficiente, o
que el control de alquileres es ineficiente, o que la piratería era ineficiente».
La eficiencia económica no es útil únicamente para el análisis positivo; muchos
economistas sostienen la eficiencia de Kaldor-Hicks como la normativa ideal.
Políticas, soluciones legales y derechos de propiedad deberían determinarse en función
de lo bien que maximiza la eficiencia económica. Los partidarios de la eficiencia
económica argumentan que es el mejor indicador para medir el bienestar, ya que no
solo tiene en cuenta factores como el ingreso monetario, sino también factores como el
excedente del consumidor y del productor. Este constructo tiene sus ventajas sobre los
constructos tradicionales de bienestar social, ya que no trata de resumir la utilidad
imaginaria, trata de resumir una unidad objetiva y cardinal: dólares. Los diferentes
estados económicos del mundo se pueden comparar midiendo los excedentes de los
consumidores y los excedentes de los productores, y de esta manera determinar qué
estado económico tiene una disposición mayor para asociarse a ellos.
Sin embargo, para ciertos economistas subjetivistas, el comparar la voluntad neta a
pagar con respecto a todos los diferentes estados del mundo, es mucho más fácil de
decir que de hacer. Para el economista subjetivo, la eficiencia Kaldor-Hicks requiere
de observadores externos que conozcan las funciones de utilidad de los individuos, lo
que es imposible que pueda llegar a ocurrir. Una cosa es observar una transacción y el
precio de mercado, pero ¿cómo puede uno observar el excedente del consumidor o del
productor para todos los bienes? Y ¿cómo se pueden comparar los excedentes de
producción netos con los de consumo en todos los estados posibles del mundo?
Sabemos que en el actual margen de elección, la mayoría de los estadounidenses
están dispuestos a gastar un quinto de centavo adicional para consumir su octogésimo
galón de agua en un día determinado, y también sabemos que la utilidad marginal de la
octogésima unidad excede la utilidad marginal de la quinta parte de la condonación de
un centavo. Pero, ¿Cuál es mi excedente como consumidor para los 80 galones? ¿Cuál
es su máxima disposición a pagar, hipotéticamente hablando, para el galón
septuagésimo, su décimo galón, o su quinto galón? Si alguien tenía cuatro galones de
agua y estaba contemplando la compra de su quinto galón, podríamos ser capaces de
observar su disposición a pagar por el galón quinto. Pero, teniendo en cuenta que
estamos tan lejos de esa situación, es difícil para la mayoría de la gente pensar acerca
de lo que haría con solo cinco galones o cuánto estaría dispuesta a pagar por cada uno
de ellos.
Pero si calcular el excedente del consumidor de una persona no fuera lo
suficientemente difícil, el análisis del coste-beneficio de la eficiencia requiere el
cálculo de los excedentes de consumidor de agua para todas las personas. Y, una vez
que se ha calculado el excedente del consumidor para el agua, el economista, entonces,
tiene la tarea de calcular el excedente del consumidor para todos los demás bienes[28].
Una vez que se hace el cálculo total del excedente del consumidor y del excedente del
productor, para todos los bienes, para todas las personas en la sociedad, uno entonces
tiene que comparar la red de excedentes asociados a ese estado del mundo con el
excedente neto de todos los demás estados imaginables del mundo[29].
Para la economía subjetivista más profunda, no solo la eficiencia económica es
incalculable para el análisis positivo simple, sino que también carece de sentido por
cuestiones normativas. Para aquellos cuyo ideal normativo es la maximización de la
eficiencia económica, los derechos de propiedad y todas las demás políticas se deben
formular de tal manera que permitan maximizar la riqueza; para los simpatizantes de la
economía subjetivista hay un problema de regresión infinita. Cuando los derechos de
propiedad están aún por definirse, la disposición a pagar es indeterminada, y cuando la
voluntad de pago es indeterminada no existe una asignación única de los derechos de
propiedad que maximiza la riqueza. Gerald O’Driscoll (1980, p. 357) escribe: «La
maximización tiene sentido si sabemos quién tiene qué derechos y qué reglas rigen el
proceso de elección. La sugerencia sobre si el principio de maximización se puede
utilizar para determinar la distribución de los derechos y de las normas legales es
completamente incoherente». ¿Cómo se puede determinar la disposición a pagar por los
derechos de propiedad cuando la disposición a pagar se determina por los derechos de
propiedad?[30].
Dado que la disposición a pagar solo tiene sentido dentro de un sistema de derechos
de propiedad definidos, tenemos un problema de circularidad de la utilización de la
economía al hacer política. Los economistas tendrían que saber quién es el dueño de la
propiedad para resolver estos problemas de maximización. A menos que los
economistas asuman que todas las personas son exactamente las mismas y gastan su
dinero de la misma manera, la asignación de los derechos de propiedad tendrá
importancia solamente para la evaluación de los resultados económicos. Esto significa
que los economistas no pueden decir que un determinado resultado es socialmente
preferible a otro aunque la norma sea la disposición a pagar. El problema se refiere a la
Paradoja de la Reversión de Scitovsky, que muestra la inconmensurabilidad potencial
de los niveles de eficiencia. Este es el caso en el que la disposición de pago adherida
al resultado excede a otra bajo cierta asignación de los derechos de propiedad, pero
una vez los derechos de propiedad son reorganizados el ranking es completamente
opuesto al anterior. Este problema puede surgir si las preferencias varían entre los
individuos o si las preferencias de los individuos varían en el tiempo. Dado que los
cambios en los derechos de propiedad pueden alterar la frontera de las posibilidades
de producción, incluso en un mundo sencillo de dos personas podemos tener una
situación en la que la Persona 1 prefiere el paquete que solo es alcanzable en la
situación del Mundo A y en el que la Persona 2 prefiere el paquete que solo es
alcanzable en el estado del Mundo B. ¿Qué mundo ofrece un estado socialmente más
eficiente? (es decir, ¿qué estado del mundo va a tener la mayor voluntad de pago
asociada a ella?). La respuesta dependerá de la distribución de los derechos de
propiedad. Cuando a la Persona 1 se le asigne una gran parte de los derechos de
propiedad, la disposición neta para ver el estado del Mundo A será más alta que para
ver el estado del Mundo B, pero cuando la porción asignada de los derechos de
propiedad es mayor para la Persona 2, el resultado, ahora, es completamente opuesto al
escenario anterior.
Consideremos un ejemplo, de un vecino que quiere tocar su música por la noche
cuando un vecino quiere dormir en silencio absoluto. Si la persona que desea dormir es
un viejo rico y la persona que desea utilizar el equipo de música es un joven pobre, lo
más probable es que el hombre rico esté dispuesto a pagar mucho más dinero para la
tranquilidad de lo que el joven está dispuesto a pagar para tocar su música. En este
caso, es un barrio tranquilo de Kaldor-Hicks eficiente. Pero si los derechos de
propiedad fueron reasignados a fin de que el anciano se convierta en un pobre
miserable, y el joven se convierte en un soltero rico, la voluntad de pago asociada con
tranquilidad disminuirá y la voluntad de pago asociado con la música aumentará. ¿Es la
sociedad con música más rica que la sociedad con tranquilidad? Dado que los dos
tienen diferentes preferencias, la disposición a pagar asociada a cualquiera de los dos
resultados serán diferentes de acuerdo con la asignación de derechos de propiedad.
No ser capaz de determinar el resultado eficiente es un tema que surge cada vez que
los derechos de propiedad están en el aire. Considere la posibilidad de que alguien
accidentalmente dañase la estatua de Stalin frente a la residencia de un funcionario
gubernamental. ¿Es esta acción eficiente o ineficiente? Si la disposición neta a pagar
atribuida a la estatua en el lugar es positiva, el daño a la estatua es ineficiente; pero si
la voluntad neta de pago es negativo (suponiendo que los costes de transacción de las
negociaciones para quitar la estatua sean prohibitivos), entonces dañar el estatua es
eficiente. Sin embargo, la evaluación estará claramente supeditada a la asignación
existente de los derechos de propiedad. En las sociedades donde los dictadores tienen
una gran parte de los recursos, observamos altos precios asociados con las estatuas de
Stalin (ya sea en términos de la disposición a pagar o la disposición a pagar para
eliminar las estatuas), pero cuando los derechos de propiedad se reorganizan lejos de
los dictadores estas estatuas se hacen inútiles e históricamente se han destruido. Cuando
un dictador simpatizante de Stalin es dueño de la mayoría de la propiedad una sociedad
con estatuas de Stalin, se considera más eficiente. ¿Será una sociedad con numerosas
estatuas más rica que otra sin las estatuas? Nosotros no podemos responder a esa
pregunta a menos que tengamos en cuenta la distribución de los derechos de propiedad.
Rizzo (1980, p. 646) escribe: «No hay forma, entonces, de ubicarse fuera de la ley y
observar las mediciones contra un estándar externo».
Por si hacer comparaciones acerca de qué estado del mundo es más rico en una
sociedad no fuera lo suficientemente difícil, estas cuestiones son aún más problemáticas
cuando se hacen comparaciones de ingresos entre las distintas sociedades. Hay que
tener en cuenta no solo cómo en una sociedad se clasificarían dos resultados sociales,
sino también cómo sería comparar los resultados de dos sociedades con diferentes
conjuntos de preferencias. Cuando los vectores de precios, preferencias y tamaño de la
población en las dos sociedades difieren, las comparaciones sobre cuál sociedad está
mejor es aún más difícil (Sen, 1976).
Tiene sentido examinar cómo la gente valora las cosas al margen en sus situaciones
actuales, y los especuladores también podrían adivinar cómo la gente va a reaccionar
en situaciones ligeramente diferentes. Pero la cantidad de gente que está dispuesta a
pagar por los bienes es consecuencia de la influenciada del tiempo de cada persona y
de su lugar. Como Hayek ha argumentado, es precisamente porque nadie conoce el
resultado de los mercados por lo que necesitamos esos mercados. Un observador
externo no puede escudriñar en las mentes de todos los individuos y calcular los
precios de mercado o el excedente total del consumidor y de todos los bienes en todo
los posibles estados del mundo. Sin poder comparar superávits netos entre los
diferentes estados del mundo, los economistas no pueden hacer comparaciones sobre
cuáles de las sociedades son más económicamente eficientes.

11. Pregunta 10: ¿Puede un enfoque basado en las preferencias y aplicado al


principio de Pareto permitirnos hacer comparaciones relativas a la utilidad
social?

Si ya se rechazaron todas las formas anteriores de hacer comparaciones del bienestar


entre los diferentes estados del mundo, ¿qué más da rechazar otra? En el Elgar
Companion to Austrian Economics, en la parte sobre «Austrian Welfare Economics»,
Tyler Cowen (1994, p. 304) escribe: «La economía del bienestar ha recibido solo
esporádica atención por parte de los economistas que generalmente son clasificados
como austriacos. En algunos casos, los austriacos afirman explícitamente que la
economía del bienestar es una caja vacía». Un conjunto de argumentos que Cowen
menciona nacen del texto de Rothbard Hacia una Reconstrucción de la Utilidad y el
Bienestar Económico (1956), donde Rothbard critica las concepciones actuales de la
economía del bienestar y luego al final presenta un punto de vista diferente.
La propuesta de Rothbard puede ser vista como un giro en el concepto de eficiencia
de Pareto. La concepción dominante de la eficiencia de Pareto dice que algo es una
mejora si hace que al menos una persona pueda estar mejor sin que nadie más esté peor,
y dice que el mundo es eficiente si no hay mejoras de Pareto pendientes por hacer.
Aunque muchos economistas simpatizan solo de palabra con esta concepción de la
eficiencia, pocos economistas la utilizan para recetas políticas en el mundo real, porque
con solo que una persona no esté dispuesta a ver ganar a otras, ya no habrá mejora de
Pareto. Con la propuesta de Rothbard (1956, p. 250; cursivas en el original), por otro
lado, «no estamos interesados en las opiniones sobre los intercambios que puedan
realizar otros, desde el momento en que las preferencias que no son demostradas por
medio de una acción son, entonces, irrelevantes», y concluye sosteniendo que el
intercambio hace que las partes involucradas estén mejor sin empeorar la condición de
nadie. La intervención del gobierno, en contraste, puede beneficiar a algunos, pero
sabemos que, necesariamente, está afectando a al menos una persona, empeorando su
condición. Siguiendo estas premisas de la economía paretiana, Rothbard arremete
contra el estado:

En general, incluso los economistas más rigurosos, como Wertfrei, han estado
dispuestos a permitirse un juicio ético: se sienten en la libertad de recomendar
cualquier cambio o proceso que incremente la utilidad social en virtud de la
regla de la unanimidad. Cualquier economista que persigue este método tendría
que defender (a) el libre mercado como siempre beneficioso y (b) abstenerse de
defender cualquier acción gubernamental. En otras palabras, él tendría que
convertirse en un defensor del «ultra» laissez faire (ibíd., p. 253).

Así como la intervención del gobierno hace que al menos una persona empeore en su
situación, los mercados permiten a todas las personas maximizar su utilidad individual
(sujetas a las restricciones de mercado); es por esto que Rothbard dice: «El libre
mercado maximiza la utilidad social».
Este argumento ha recibido mucha atención, aunque más comentarios negativos que
positivos. Autores como Laurence David Moss y Prychitko han criticado la discusión
de Rothbard sobre la utilidad social. Otros argumentan que Rothbard intenta,
ilegítimamente, mezclar la economía positiva con conclusiones políticas libertarias; y
algunos otros sostienen que Rothbard está haciendo declaraciones ilegítimas acerca de
la utilidad cardinal de la sociedad. ¿Podría ser que Rothbard no sea tan profundamente
subjetivista como mucha gente cree?
A pesar de la controversia de esas páginas, un hecho interesante y poco conocido es
que Rothbard mismo no las tomaba demasiado en serio: En una serie de conferencias,
en una de las cintas grabadas y con poca circulación, «A Short Course on Free Market
Economics» [Un breve curso sobre la economía de libre mercado], Murray Rothbard
realmente dice[31]: «Yo solía divertirme mucho con esto [...] en mi primer artículo que
nunca salió». Describe cómo el comercio aumenta la utilidad de ambas partes y luego
agrega: «Si queremos utilizar el término “sociedad”, que de todos modos no me gusta,
entonces podemos decir que la utilidad social se incrementa». Luego, «cuando el
gobierno entra en escena lo que hace es disminuir la utilidad social de alguien,
usualmente la del contribuyente». Rothbard después declara:

Por desgracia he sido acusado, aunque este término es desafortunado [...] ha sido
sostenido que toda mi base para el laissez faire descansa en la idea de que la
utilidad social es una tontería [énfasis añadido]. Por supuesto que no lo es. Todo
esto solo ha sido para resaltar y demostrar que si nos inclinamos en la eficiencia
de utilidad social de Pareto entonces tenemos que confinarnos al laissez faire.
Este no es mi mayor argumento para el laissez faire. En cualquier caso, el
problema de esas personas que piensan que este es mi principal argumento es
que están tan absortas que no pueden realmente comprenderlo (Rothbard, cinta 6,
«Cost of the Firm» [«Coste de la firma»] Lado B, 35:57 a 37:44).

Así, mientras que algunos economistas han regañado al presunto formalismo de


Rothbard sobre la economía del bienestar como una pretensión de conocimiento, y otros
la han defendido, todos ellos parecen estar leyendo demás dentro de sus escritos.
Rothbard no pretendía declarar que era capaz de comparar los niveles de utilidad
social en el mercado libre y contrastarlos con otros sistemas. En última instancia, lo
que Rothbard sostuvo fue que la defensa del libre mercado no depende de la
comparación entre utilidades, sino de los derechos.

12. Conclusión

Los principios del subjetivismo económico caracterizan una gran parte de la economía
moderna y su importancia no puede ser exagerada. Sin embargo, a pesar de que casi
todos los economistas creen que los bienes se valoran sobre la base de lo mucho que
satisfacen las preferencias subjetivas de una persona, algunos economistas creen en el
subjetivismo económico de maneras diferentes que otros. En lugar de clasificar a los
economistas como subjetivistas o no-subjetivistas, este capítulo ha discutido algunas de
las maneras en que los economistas pueden o no ser subjetivistas. Si se administra una
prueba en el subjetivismo económico, ciertos economistas neoclásicos se puntúan más
alto que los demás. Bryan Caplan, por ejemplo, podría estar de acuerdo con el
subjetivista más profundo en las cuestiones de 1 a 8. En ese sentido, un economista
como Caplan obtiene mejores calificaciones en una prueba de subjetivismo económico
que alguien que cree en la utilidad social, como Ludwig von Mises. Pero cuando se
trata de la pregunta 9, de la eficiencia de costes y beneficios, las puntuaciones de
Caplan serán más bajas en la prueba de subjetivismo económico que un Lionel Robbins
o un Murray Rothbard. Los subjetivistas más profundos dirían que los observadores
externos no pueden saber hasta qué punto un individuo estaría dispuesto a pagar por
todas las unidades de un bien en diferentes circunstancias, por lo que no se puede
calcular y tampoco comparar entre los excedentes de los consumidores de los
diferentes estados del mundo. Sí, Caplan, está en lo correcto sobre que muchos
economistas pueden clasificarse como creyentes de algún tipo de subjetivismo, pero
muchos solo pueden clasificarse como subjetivistas en el sentido más débil del
concepto. Muchos economistas estarán en desacuerdo sobre si consideran óptimo el
espectro económico del subjetivismo, y estarán de acuerdo en que no todos los
economistas son subjetivistas en el mismo grado.
El subjetivismo económico tiene muchas implicaciones desde un punto de vista
positivo y normativo. Desde un punto de vista positivo, las reglas de la economía
subjetivista dejan fuera a muchas de estas implicaciones que se podrían considerar
poco científicas. Robbins (1932, p. 125) escribe: «En efecto, toda aquella parte de la
teoría de las finanzas públicas que se ocupa de “utilidad social” se va por la borda».
La economía positiva todavía tiene mucho que decir sobre el mundo, siempre y cuando
no intenten hacer cosas como comparar los niveles totales de utilidad. Desde el punto
de vista normativo, aunque el subjetivismo económico está completamente libre de
valores, abrazarlo significa que uno es más propenso a descartar muchos tipos de
prescripciones normativas. Por ejemplo, una persona que rechaza comparaciones
interpersonales de utilidad es menos propensa a apoyar sistemas que forzosamente
hacen que algunas personas estén en condiciones insatisfactorias por el bienestar de la
mayoría. Nada detiene a los economistas subjetivistas de apoyar una política específica
por razones normativas, pero sería ilógico que rechazara la suma de las utilidades y
luego apoyara una política destinada a aumentar la utilidad total.
Exactamente, hasta qué punto uno esté apegado al subjetivismo económico
significará su propensión a apoyar cierto tipo de políticas. Veamos algunos ejemplos.
Los economistas que abrazan incluso un subjetivismo moderado son mucho menos
propensos a favorecer leyes que obligan a que los precios de un bien estén
determinados en función del número de horas que tarda en fabricarse[32]. Esta podría ser
una de las razones por las que los socialistas son más raros entre los economistas en
comparación con otros grupos. Para los economistas que profundizan en el subjetivismo
económico hay otras implicaciones aún. Los economistas que abrazan el subjetivismo
de los costes son menos propensos a apoyar leyes que fijen impuestos sobre las
empresas. Los economistas que reconocen que las preferencias individuales difieren,
que no son constantes y que no son fácilmente evidentes independientemente de la
elección real, tenderán a favorecer menos los planes gubernamentales para
proporcionar «bienes» en beneficio de todas las personas.
Muchas de las justificaciones que usan los gobiernos son argumentos utilitaristas,
que asumen que la utilidad subjetiva es cardinal y comparable entre diferentes
personas. Sin embargo, los economistas subjetivistas más profundos rechazan estas
premisas. ¿Cómo podemos maximizar la suma de las utilidades en la sociedad cuando
no tenemos forma de sumar o medir incluso los útiles imaginarios?[33]. Además, al
rechazar el utilitarismo, los subjetivistas más profundos rechazan otros intentos de crear
sustitutos de bienestar de la sociedad, tales como ingresos monetarios, los patrones de
migración o el análisis de coste-beneficio. Cada una de estas políticas mide algo, pero
ninguna mide la utilidad psicológica. Si las teorías consecuencialistas, como el
utilitarismo o la norma de eficiencia económica, están carentes de sentido, entonces
¿qué nos queda? El subjetivismo económico no proporciona ningún argumento a favor
de los derechos, pero descarta una serie de regímenes consecuencialistas. Tal vez por
eso muchos economistas subjetivistas suelen criticar exhaustivamente la política basada
en los derechos. Y ellos también resultan ser libertarios.

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5. Precio: La más alta heurística
STEPHEN C. MILLER

1. Introducción

La principal diferencia entre los dos premios Nobel de 2002 en Ciencias Económicas,
Daniel Kahneman y Vernon Smith, gira en torno a la proposición siguiente: el sistema
de precios economiza la información que los agentes económicos tienen que procesar
en la toma de sus propias decisiones. Mientras que ambos investigadores se centran en
la toma de decisiones de los individuos en un mundo de información incompleta ambos
llegan a conclusiones esencialmente opuestas. Uno hace hincapié en las limitaciones de
la cognición humana, mientras que el segundo se concentra en cómo los ajustes del
mercado permiten a las personas superar sus limitaciones cognitivas. La verdad es que
la gente no «supera» sus limitaciones cognitivas en presencia de precios de mercado y
de incentivos, pero sí descartan aquellos sesgos y aquellos atajos mentales que puedan
resultar contraproducentes. En su lugar, se basan principalmente en las señales emitidas
por los precios. De acuerdo con las investigaciones actuales del comportamiento, los
individos tienden a ser más objetivos y tenases en condiciones de mercado, es decir, se
parecen más al Homo economicus. De este argumento se desprende la idea que el
sistema de precios estimula el comportamiento social.
Cuando los participantes de un experimento económico presentan algún tipo de
«irracionalidad», parecen tomar las decisiones con sesgos sobre el valor esperado y no
necesarimante calculando el valor esperado. En cambio, parecen usar atajos mentales,
llamados heurísticas, para tomar las desiciones. Por ejemplo, las decisiones pueden
incluir: aceptar una oferta durante una subasta o si vende un bien por debajo del precio
de compra conocido. La observación comportamental revela que los sujetos adivinan
los valores esperados en lugar de calcular. Ellos parecen «adivinar» los excedentes del
comprador y del vendedor, los costos de transacción, entre otras cosas. El programa de
investigación de Kahneman es identificar cuándo y cómo es que estas «adivinanzas»
tienden a ser equivocadas. Mientras que el programa de investigación de Smith busca
identificar cuándo estas «adivinanzas» tienden a ser correctas. Cuando analizamos los
resultados comportamentales podemos concluir que cuando el costo de cometer errores
es más alto la tendencia a cometerlos decrece. En cierto sentido, los sujetos en
condiciones experimentales, muestran comportamientos racionales del más alto nivel
—cuando toman desiciones ellos economizan el pensamiento sobre el problema.
Los actores del mercado no son perfectos calculadores de costos y beneficios. El
sesgo existe y es a menudo costoso. La negociación puede fallar, las oportunidades de
beneficio viable pueden ser abandonadas y los consumidores a menudo experimentan
remordimientos. La economía del comportamiento proporciona un enfoque valioso para
la comprensión de estos eventos y puede ser una herramienta útil para identificar
maneras de mejorar el status quo.
Sin embargo, la economía del comportamiento no necesariamente apoya la
intervención del gobierno en los mercados. Una crítica obvia de este punto de vista es
que los actores políticos presumiblemente son tan propensos al sesgo y otros fracasos
cognitivos como actores del mercado. Además, los mercados tienen un mecanismo de
ganancias y pérdidas que no está presente en el ámbito político. El mecanismo de
ganancias y pérdidas se basa en precios de mercado, y en última instancia, es a causa
de los precios de mercado que los mercados pueden superar los obstáculos de la
limitada información y el conocimiento imperfecto.

2. La heurística versus el sesgo

La heurística solo parece «irracional» cuando los individuos la aplican mal. Una
heurística, por definición, es imperfecta —y no se podrá aplicar en ciertas situaciones.
Si una persona desea minimizar los costos cognitivos, entonces existe la posibilidad de
tomar «malas» decisiones —es decir, la posibilidad de usar una heurística, que de otra
manera sería eficaz, puede fallar en ciertos entornos. Los atajos tienen una utilidad
limitada, pero han sido adoptados por los individuos racionales hace tanto tiempo
debido a que tienden a tener éxito más a menudo de lo que sulen fallar. A veces los
términos «heurística» y «sesgo» se usan indistintamente[34], pero hay una importante
distinción entre los dos: el uso de la heurística es una forma de reducir los costos de la
toma de decisiones, desde la búsqueda de información hasta el análisis consciente de
los costos y beneficios; pero muchas definiciones de sesgo pueden incluir algún
concepto de parcialidad o prejuicio. La verdad es compleja, quizás incognoscible. La
heurística es una herramienta para aproximarnos a la verdad, mientras que el sesgo es
una herramienta para evitar la verdad. Sin duda, es posible que un individuo pueda
aferrarse a un atajo mental hasta el punto en el que se convierta en una tendencia. Pero
el uso de atajos mentales no está necesariamente (o incluso especialmente) relacionado
con el sesgo. Una heurística apropiada y eficiente incluso tenderá a reducir el sesgo.
La mente humana evolucionó en un ambiente de no-mercado —antes de la aparición
de la compleja actividad del mercado y de la multitud de opciones que ello conlleva.
La heurística y otras herramientas de toma de decisiones son apropiadas para la
supervivencia en grupos pequeños homogéneos con necesidades de subsistencia. Los
resultados de la economía experimental/conductual sobre el sesgo cognitivo y sobre el
sesgo de disponibilidad hasta el de aversión a la pérdida, sugieren que mucho de la
heurística que ha evolucionado puede inhibir el intercambio y con ello los beneficios
mutuos del comercio. Sin embargo, las presiones de la oferta y la demanda tienen la
tendencia de castigar a los que se aferran a una heurística ineficaz. El sesgo puede
reducirse en la medida en la que el coste del sesgo aumenta, y en un ambiente de
mercado, los precios juegan un papel importante en dicho proceso.
Tanto como los consumidores y los productores, los actores del mercado utilizan una
variedad de atajos mentales, es decir; heurística para tomar decisiones. El precio de
mercado de una entrada o resultado final de un bien es lo más importante, y la heurística
que por definición caracteriza la configuración del mercado. Los precios proporcionan
información de un tipo único: información mezclada con los incentivos. Ellos no solo
transmiten la relativa escasez de los bienes y servicios, sino que también proporcionan
un claro incentivo para comprar más o comprar menos. Las personas tienen graves
limitaciones cognitivas; simplemente somos incapaces de darnos cuenta de todas las
condiciones de mercado a la vez. Sin embargo, en las economías de mercado, las
decisiones en el rostro de información incompleta son ayudados por las señales de
precios. Los precios son la principal heurística que permite a los agentes del mercado
superar sus limitaciones cognitivas. Sin precios de mercado, las limitaciones cognitivas
que los austriacos y los economistas conductuales destacan evitarían por completo el
cálculo económico racional.

3. Heurística y racionalidad

Una forma de ver el punto de vista de la economía del comportamiento es que sus
conclusiones apoyan, en general, la intervención del gobierno en los mercados, debido
a su énfasis en la intersección de la irracionalidad y la ignorancia —tradicionalmente
un punto ciego en la economía neoclásica. La ignorancia es mejor definida como una
falta de conocimiento, pero la definición de «irracionalidad» está en disputa entre los
economistas: algunos adoptan una definición sustantiva, mientras que otros utilizan una
noción procedimental de la racionalidad. En este capítulo, la irracionalidad se refiere a
la tendencia de los seres humanos a verse obstaculizados por los sesgos en las tomas de
decisiones. La irracionalidad es a menudo acerca de cómo las personas hacen frente a
su falta de conocimiento; la teoría neoclásica estándar presume que la ignorancia obliga
a los individuos a adivinar. Un visión típica sobre «adivinar» está normalmente
distribuída alrededor de una especie de media de la «verdad». Mientras haya
suficientes personas que supngan, la estimación promedio tenderá a ser correcta
(Caplan, 2002). La gente tiene un conocimiento imperfecto, pero hacen sus conjeturas
mejor informados acerca de las probabilidades de eventos en un contexto de
incertidumbre.
Tanto la irracionalidad como la ignorancia son obstáculos que se deben superar en
los mercados, la simple identificación de los obstáculos no implica necesariamente que
esos obstáculos son insuperables. Si no hubiesen obstáculos a superar, habrían muy
pocas oportunidades de beneficio para ser encontradas por el empresario. Por ejemplo,
es debido a la información asimétrica en los mercados de autos usados ​que el
fabricante certifica como rentables los autos usados. La reputación termina siendo un
activo muy importante en los mercados, y para construir una reputación positiva los
vendedores tienden a compartir sus excedentes con los consumidores, aún cuando la
asimetría de la información podría permitir extraer más en el corto plazo. A menudo, el
«juego del ultimátum» se utiliza como un ejemplo de cómo la gente no es siempre
económicamente racional. El juego del ultimátum es un experimento en el que un sujeto
debe hacer un trato tómalo-o-déjalo, es decir, un ultimátum de unos a otros. El jugador
1 recibe una suma de dinero, por ejemplo, $ 10, y hay que dividirla con alguien más, un
jugador 2 desconocido para él. Supongamos que el jugador 1 ofrece $ 3 para el jugador
2, dejando $ 7 para sí mismo. Si el jugador 2 acepta la oferta, entonces el jugador 1
recibe $ 7 y el jugador 2 recibe $ 3. Pero si el jugador 2 rechaza la oferta, ningún
jugador recibe ningún pago. Una persona perfectamente «racional» en la posición de
jugador 2 acepta cualquier oferta positiva, ya que incluso si el jugador 1 ofrece un
centavo, hasta un centavo, sigue siendo preferible a nada.
Algunos investigadores del comportamiento creen que la tendencia general a
rechazar las ofertas por despecho es relevante en mercados, sobre todo en los
intercambios en los que una de las partes tiene un fuerte poder de mercado, es decir,
donde los vendedores (o compradores) tienen un poder de monopolio significativo (o
monopsonio). Thaler (1992, p. 31) dice: «Así como el destinatario de un juego del
ultimátum podrán rechazar una oferta pequeña, pero positiva, el comprador podrá
abstenerse de comprar a un precio que deja un poco de excedente del consumidor pero
es visto como la división del excedente de una manera injusta». La extensión del
interesante hallazgo del comportamiento en la actividad del mercado es profundamente
errónea. Thaler ofrece una noción equivocada de lo que es el excedente del
consumidor.
Si el excedente del consumidor es la diferencia entre el máximo que un consumidor
está dispuesto a pagar por un bien y el precio pagado; ahora bien, no puede haber un
excedente por parte del consumidor en una situación en la que el comprador no está
dispuesto a pagar el precio del vendedor. La renuencia de los consumidores a comprar
puede basarse en una noción de justicia o una multitud de otros factores. Pero cuando un
consumidor no está dispuesto, esa persona, por definición, no tiene excedente del
consumidor. El precio de demanda del comprador es fundamentalmente subjetivo,
basado en valores y creencias subjetivas, por lo que es absurdo suponer que uno de
esos valores (justicia) es de alguna manera exógena o aparte de la demanda de los
consumidores.
Los experimentos de comportamiento muestran que los seres humanos tenemos
alguna noción de justicia que afecta nuestra valoración de los viene y servicios. Sin
embargo, los experimentos también muestran que la justicia tiene sus límites —las
apuestas más altas se acompañan de un comportamiento estrictamente más «racional».
[35]
Esto no significa que las nociones de justicia y equidad obstaculizan las acciones
económicas, sino que las nociones de justicia son otro valor subjetivos que los
vendedores (y compradores) toman en cuenta al momento de participar en intercambio.

4. Cálculo y el papel de los precios de mercado

La teoría microeconómica básica es fundamentalmente una historia de precios de


mercado. Los teóricos microeconómico del mainstream, definen como el punto de
equilibrio cuando el precio de mercado es estable; el precio es estable solo cuando la
cantidad ofrecida es igual a la cantidad demandada. Si el precio está por encima del
equilibrio, la cantidad ofrecida sobrepasa la cantidad demandada, lo que conocemos
como un superávit, y que obliga a los vendedores a bajar sus precios. Si el precio está
por debajo del equilibrio, entonces la cantidad demandada es mayor que la cantidad
ofrecida, y se produce una escasez. La escasez empuja a los vendedores a subir sus
precios.
Es solo en un estado de equilibrio que no hay presión sobre los precios para subir o
bajar. A pesar de que las condiciones, las funciones de oferta y demanda, estén en
constante cambio, estas presiones empujan los preción hacia un punto de equilibrio.
Esta comprensión de los precios coincide con las explicaciones dadas en la gran
mayoría de los más modernos libros de texto, e incluso parece ser compartida por los
editores de The Washington Post, en donde se escribió en respuesta a los llamamientos
para la regulación de los precios de la gasolina:

Cuando los precios del petróleo alcanzaron su pico, fue a causa de la escasez —
por ejemplo, la escasez causada por el daño a la infraestructura petrolera por
huracanes en la Costa del Golfo. La mejor manera de manejar esa escasez es que
los productores hagan un esfuerzo especial para conseguir petróleo e ingresarlo
al mercado y que los consumidores hagan un esfuerzo especial para reducir su
consumo. Los precios más altos fomentan esas dos respuestas, en lugar de
quejarse de la especulación de precios, el Congreso debe celebrar las señales de
precios. Por el contrario, los precios controlados no generan presión para la
producción adicional o la conservación. Simplemente crear líneas de gasolina:
Testigo de la década de 1970. (11 de noviembre de 2005, p. A24).

La representación estándar de los precios parece pasiva, los precios se mueven


cuando los vendedores observar un superávit o déficit. La idea es que cuando los
precios suben o bajan, el cambio transmite un bit de información importante y relevante.
Los compradores están alertados por la escasez, y, en respuesta al incentivo de un
mayor precio, compran menos. Esa información es una señal de precios. Las señales de
precios, en opinión de los austriacos, sugiere una doble relación entre los cambios
relativos de escasez y los precios de mercado: la escasez aumentó en relación a las
alternativas y empujaron el precio; el movimiento del precio que transmite la
información —que el bien en cuestión tiene se vuelven relativamente escaso— en todo
el mercado. Este papel de las señales de precios es tan importante que, Ludwig von
Mises dijo la famosa frase, en ausencia de señales de precios el cálculo económico
racional es imposible.
En su clásica crítica al socialismo, Mises ([1920] 1990) argumenta que solo los
ajustes de los precios de mercado pueden generar utilidades. En la jerga del
comportamiento, Mises argumenta que mediante la eliminación de los precios de
mercado, se roba a los productores en todos los niveles de su mejor heurísticas
disponibles. Joseph Salerno (1990, p. 36) explica: «Mises... su visión central es que el
cálculo monetario es la herramienta indispensable para elegir el óptimo entre la amplia
gama de planes de producción estrechamente relacionados y que están disponibles para
el empleo de los factores de producción en el marco de la división social del trabajo».
La aclaración de Salerno sobre Mises es, en esencia, que en los mercados los precios
son el último recurso heurístico —que hacen posible la actividad económica racional.
El socialismo, un sistema sin propiedad privada, es fundamentalmente un ambiente de
no-mercado. Alguna autoridad puede asignar precios, pero fuera de un entorno de
mercado, los precios no son simplemente una guía efectiva para la toma de decisiones.
Ganancias y pérdidas contables se convierte en conjeturas y, por lo tanto, las decisiones
sobre qué y cuánto producir pierden su significado.
Sin precios de mercado, por ejemplo, los productores pueden con gran dificultad
decidir qué elementos usar en su proceso de producción. F.A Hayek (1945) reforzó este
caso con el argumento de que, a lo largo de toda una economía con, esencialmente
infinitas combinaciones de insumos para crear miles (¿O millones?) de productos
finales, las desiciones son muy difíciles de tomar cuando el conocimiento de lo que se
puede hacer y de la forma en la que se puede hacer, no está en manos de una sola
persona. Esto se aplica al conocimiento necesario para producis cualquier bien de
consumo, por simple que sea. Los precios de mercado de varios elementos de
producción sustitutos no provee a los productores con toda la información necesaria
para la apropiada producción. Pero esos precios les indican cuánto pueden arriesgarse
para producir para vender. Los precios de mercado también permiten la alternativa de
sopesar las diversas alternativas de elementos de producción con otras a través de
contabilizar las ganancias y las pérdidas.
5. ¿La economía del comportamiento es compatible con la economía austríaca?

¿Qué hace «austriaca» la afirmación de que los precios proporcionan incentivos y


envían señales? Sin duda, el economista neoclásico prototipo no estaría de acuerdo
que, por ejemplo, el aumento del precio de la gasolina va a inducir a los consumidores
a cambiar su comportamiento en consecuencia. Veltheus (2004, p. 373) resume la
diferencia entre la visión neoclásica y austríaca:

Considerando que, según el punto de vista austriaco los precios juegan un papel
activo en el proceso de descubrimiento, mediante la difusión de información aún
desconocida para los actores en una situación de desequilibrio del mercado, se
limitan a «resumir» el conocimiento ya conocido en una situación de equilibrio
de acuerdo con la economía neoclásica.

En desequilibrio, la teoría neoclásica estándar del precio parece contar solo una
historia de los incentivos. Si la cantidad ofrecida supera la cantidad demandada en un
mercado en particular, existe un superávit. La historia neoclásica es que el superávit
genera una presión a bajar el precio, y el precio de mercado a la baja induce a los
consumidores a comprar más y los vendedores a ofrecer menos. Para ellos el precio
proporciona un incentivo para actuar, pero no para informar a los actores.
Pero, en cierto sentido, este ejemplo de un rápido descenso de los precios, en sí,
puede ser una indicativa de superávit, en otras palabras, los vendedores y los
compradores están recibiendo señales importantes. Este es un punto enfatizado por F.A.
Hayek (1945, p. 525), cuando explica que el «hombre en escena» necesita saber
«cuánto más o menos difícil de conseguir [recursos] se han convertido en comparación
con otras cosas con las que él también está preocupado, o cuánto más o menos urgente
le son». En el paradigma neoclásico, si la gente quiere algo más urgente, eso implica un
aumento de la demanda que, ceteris paribus, da lugar a un precio más alto. La
diferencia entre las escuelas es de énfasis: la historia neoclásica estándar enfatiza el
mecanismo por el cual el precio se mueve hacia un nuevo equilibrio. El énfasis
austriaco está en el mecanismo por el cual los demandantes dan una buena respuesta al
movimiento del precio.
Para «el hombre en escena» de Hayek la información es necesaria. Pero está claro
que lo que esa persona necesita aún más es información relevante. Hayek (Ibíd., énfasis
original) sostuvo que para tal individuo una gran cantidad de información es
irrelevante:

No hay casi nada de lo que pueda suceder en cualquier parte del mundo que no
tenga un efecto en la decisión que se debía tomar. Pero no tiene por qué saber de
estos eventos, como tal, ni de todos sus efectos. Para él no importa por qué en un
momento en particular quería más tornillos de un tamaño que de otro ¿Por qué
las bolsas de papel son más fáciles de obtener que las bolsas de lona, o por qué
la mano de obra calificada, o herramientas específicas de la máquina, tienden,
por un momento, a ser más difícil de adquirir?

Hay mucha información irrelevante. Además, mucha de la información para «el


hombre em escena» de Hayek sobre el terreno podría ser una pérdida de tiempo o
incluso engañosa. El punto de vista de Hayek, en contraste con el tratamiento
neoclásico de la información en la teoría de búsqueda, está enmarcado. La teoría de la
búsqueda en realidad no habla de la heterogeneidad de la información, tampoco pone
en relieve el hecho de que alguna información no es solo irrelevante sino que puede
inducir al error. Las personas que carecen de información, según el mundo que plantea
la teoría de la busqueda, buscan más —y su búsqueda tiene un costo. La presunción, por
encima de todo, es que la información es directa (aunque no necesariamente lineal) en
función del tiempo de búsqueda. Este enfoque solo tiene sentido si la información es
fundamentalmente no-neutral, es decir, objetiva. En un mundo donde la «información»
incluye no solo los hechos, sino, reglas empíricas «sentido común», y otros tipos de
mecanismos heurísticos, es posible para una búsqueda continúa siendo
contraproducente y dificultan la toma de decisiones. En tales casos, una representación
gráfica de la relación entre el tiempo de búsqueda y la información no puede pasar una
«prueba de la línea vertical» y, por lo tanto, no ser una función matemáticamente
tratable.
En esencia, esta crítica es otra manera de expresar la inquietud de los austriacos
sobre cómo la gente realmente toma decisiones de cara a la información imperfecta.
Bryan Caplan (2002) ha señalado cómo los sesgos le presentan un problema al enfoque
neoclásico de cómo tratar el error y cómo se distribuyen al azar en torno a algún grado
de «verdad»:

Admito que hay un defecto importante en el enfoque neoclásico en relación al


conocimiento imperfecto. Pero ¡es un defecto que casi nunca mencionan los
austriacos! El problema: ¿Las probabilidades que las personas asignan encanjan
con los hechos? Por lo menos, como investigadores, muchos economistas asumen
que las creencias acerca del mundo, en promedio, son correctas. Pero
empíricamente sabemos que eso no siempre es así. Sabemos que,
estadísticamente, es más seguro volar en avión que manejar autos; sin embargo
muchas personas se rehúsan a aceptar dicho hecho. Un enorme campo ahora
conocido como «Economía del comportamiento» ha documentado dichos sesgos.
… ¿Qué diría el Profesor Boettke? Sospecho que él va a decir que solo el
centrarse en las creencias erradas de las personas «me hace un austriaco»[36].
El énfasis de Caplan sobre el sesgo sistemático en su investigación no puede hacer
de él un «austriaco», pero sin duda lo separa de la ortodoxia neoclásica. Además,
Caplan y Stringham (2005) establecieron la importancia del sesgo sistemático en la
economía política de Mises y Bastiat. Los puntos de vista de la economía del
comportamiento o «behavioral economics», incluyendo la investigación de Caplan, se
consideran austriacos ya que tienen raíces austriacas y son temas importantes para los
que los economistas austriacos tomen en cuenta. En muchos sentidos las ideas (junto
con la investigación empírica) puede servir para fortalecer las críticas austriacas de la
visión neoclásica de la información imperfecta.
Visto a través de la lente del sesgo sistemático, es posible considerar que la
economía austriaca y la economía del comportamiento o «Behavioral Economics»
puedan ser complementarias y pero no sustitutivas. Algunas de las cosas que separan a
los austriacos de los economistas del comportamiento es la incapacidad de reconocer
las diferencias entre las interacciones de mercado y en otros entornos sociales. Así
como Mises y Hayek hicieron hincapié en la importancia de los precios de mercado
hace ya más de 80 años en el debate sobre el cálculo económico en el socialismo, las
actuales generaciones de economistas austriacos deben hacer lo mismo en los debates
actuales sobre las anomalías del comportamiento y el sesgo cognitivo. Tomando
prestada la frase de John List, los economistas conductuales necesitan «conocer el
mercado», para entender que la gente cambia su comportamiento cuando los cambios de
mercado en los precios y los incentivos se encuentran presentes. La nueva generación
de economistas austriacos de influencia están bien equipados para hacer la
presentación.

6. Conclusión

Al parecer, la mitad de las películas hechas en la década de 1980 que contiene al


menos una escena de una oficina de corretaje en Wall Street en la que el fondo de
pantalla del monitos está la transmisión de los precios. Invariablemente, alguien recibe
una llamada telefónica o ve un titular de periódico que le da alguna información vital
que afecta la negociación de una acción en particular. Por el momento el protagonista
salta a mirar a la pizarra, el precio de esa población ya está cayendo en picado (o
disparadose hacia arriba) y reaccina a la noticia. La mayoría de las personas que ven el
transmisor de precios no saben por qué el precio está cambiando tan rápidamente, pero
el cambio le fuerza a que consiga sus teléfonos y se ocupen de comprar o vender. Para
esas personas, como para el «hombre en escena» de Hayek, no es necesario saber por
qué el precio ha cambiado, el cambio de precio es en sí mismo suficiente —ellos saben
cuando tienen que actuar y qué hacer.
El teletipo es un dispositivo puramente heurístico, no puede transmitir toda la
información potencialmente relevante. Pero proporciona un acceso directo, una guía
rápida y sencilla para que los distintos individuos actúen. De una manera muy sencilla,
de manera directa, los personajes de la película están respondiendo a los precios de
mercado de la manera en la que cualquiera lo hace. El tiempo que tardan en reconocer
lo que está pasando, que arrojan los sesgos cognitivos que puedan tener, y adoptar las
nuevas señales de precios a su valor nominal.
Solo cuando las señales de precios no están disponibles o sustancialmente
distorsionadas por la intervención es que otros dispositivos heurísticos pueden hacerse
cargo. Es importante no exagerar esto —las nociones de equidad, aversión a la pérdida,
y así sucesivamente, no desaparecen en la configuración del mercado. Se limitan a
disminuir, la investigación del comportamiento confirma que las mayores
participaciones de mercado y la experiencia de producir cambios drásticos en la forma
en que las personas interactúan, y en general el cambio es siempre hacia sesgo
reducido. No es necesariamente que el precio supere cualquier otra información, sino
que obliga a las personas a examinar la relevancia de la información y la utilidad de
sus instrumentos mentales actuales.
Es precisamente por el énfasis en el conocimiento imperfecto austriaco que el
enfoque sobre los precios es tan importante para el cálculo económico racional. La
visión de Mises-Hayek sobre el papel de los precios en el cálculo es la razón clave
para comprender la diferencia entre Vernon Smith y Daniel Kahneman en sus enfoques
para el estudio de los mercados. Si los seres humanos no tienen limitaciones cognitivas,
si es que no dejan de cometer errores sistemáticos en sus razonamientos, los precios
serían innecesarios. Los precios permiten a las personas evitar la tarea difícil y quizás
imposible de determinar la verdad objetiva detrás de las condiciones del mercado.

Referencias bibliográficas

«A Call to Inaction», editorial del Washington Post, 11 de noviembre de 2005,


A24. 

CAPLAN, B. (2002): «Why I Am Not an Austrian Economist... and Why You Shouldn’t
Be Either», en Opening statement to the Boettke-Caplan Debate at George Mason
University, 21 de noviembre, disponible en:
<http://www.gmu.edu/departments/economics/bcaplan/capdebate.htm>. [Consulta:
21 de enero de 2010].
— y STRINGHAM, E. (2005): «Mises, Bastiat, Public Opinion, and Public Choice:
What’s Wrong With Democracy», en Review of Political Economy 17(1), pp. 79-105.
HAYEK, F.A. (1945): «The Use of Knowledge in Society», en American Economic
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LIST, J.A. (2006): «The Behavioralist Meets the Market: Measuring Social
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— y CHERRY, T.L. (2000): «Learning to Accept in Ultimatum Games: Evidence from
an Experimental Design that Generates Low Offers», en Experimental Economics
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MISES, L. [1920] (1990): Economic Calculation in the Socialist Commonwealth,
Ludwig von Mises Institute, Auburn. 

SALERNO, J. (1990): «Why a Socialist Economy is “Impossible”», en Economic
Calculation in the Socialist Commonwealth, Ludwig von Mises Institute, Auburn. 

THALER, R. (1992): The Winner’s Curse, Princeton: Princeton University Press. 

VELTHEUS, O. (2004): «An Interpretive Approach to Meanings of Prices», en Review
of Austrian Economics 17(4), pp. 371–86.
6. Sin propiedad privada, no puede haber
cálculo económico racional
Scott A. Beaulier

Apenas sería injusto afirmar que aquí la postura racionalista se opone a casi
todo lo que es producto definido de la libertad o concede a esta última su valor.
Quienes creen que todas las instituciones útiles son deliberadamente ideadas y
que no se puede concebir nada eficaz para los propósitos humanos sin ir
precedido de una consciente planificación son, casi por necesidad, enemigos de
la libertad. Para ellos la libertad significa caos.

(F.A. HAYEK, Los fundamentos de la libertad, 1960, p. 93)

1. Introducción

Los economistas en general se centran en los incentivos positivos que crean los
derechos de propiedad. Quizás el resultado positivo más reconocido de los derechos de
propiedad claramente definidos es la prevención de la «tragedia de los comunes»
(Hardin, 1968). Cuando a las personas se les permite perseguir sus propios intereses en
un ambiente carente de derechos de propiedad, a menudo aparecen resultados sociales
indeseables, también conocidos como la tragedia de los comunes. Por ejemplo, en la
década de 1800, cuando no existían regulaciones sobre la caza de búfalos, se produjo
sobreexplotación, llevándolos casi a la extinción en los Estados Unidos.
Por otro lado, sabemos que cuando los derechos de propiedad están bien definidos y
son protegidos, las personas tienen un fuerte incentivo para ser buenas administradoras
de sus recursos. De hecho, si los recursos son suficientes y valiosos y los derechos de
propiedad están bien definidos, la gente va a participar en y/o fomentar la producción
de bienes que podrían, en algún momento, haberse pensado en peligro de extinción o
desaparición. Por ejemplo, las poblaciones de búfalos han aumentado en Occidente
ahora que se han creado los derechos de propiedad sobre el búfalo, lo que significa que
el búfalo puede ser propiedad privada y se venden para obtener una ganancia. Dar a la
gente los incentivos adecuados para el cuidado de los recursos es tan solo un aspecto
beneficioso de los derechos de propiedad. Una ventaja igualmente importante, aunque
menos tangible de los derechos de propiedad claramente definidos, es que esos
derechos permiten la comunicación de los valores de mercado y la relativa escasez de
determinados productos. Por ejemplo, cuando los derechos al agua son privados, y las
personas tienen que comprar el agua de los propietarios privados, el precio del agua
refleja la verdadera escasez y el valor del recurso. Por el contrario, esta información es
a menudo oscurecida por los subsidios gubernamentales y los controles de precios, lo
que significa que el mercado no es capaz de transmitir con precisión el valor del agua.
Los economistas se han centrado durante mucho tiempo en la función que
desempeñan los derechos de propiedad haciendo que los mercados funcionen, en su
mayoría, gracias a la información creada y comunicada cuando los individuos y las
firmas intercambian privadamente sus bienes y servicios. Adam Smith enfatizó la
importancia de los derechos de propiedad cuando escribió:

El comercio y las manufacturas pocas veces pueden florecer del todo cuando el
Estado no disfruta de una administración regular de la justicia, en la que las
personas no se sienten seguras sobre la posesión de sus bienes, en la que la fe de
los contratos no está amparada por la ley y en el que la autoridad del Estado no
se presume que sea regularmente empleada para el cumplimiento de pagar
deudas que somos capaces de pagar ([1776] 1981, p. 910).

Ludwig von Mises, F.A. Hayek y otros economistas austriacos se basaron en este
tema en el trabajo de Smith. Para los economistas austriacos, los mercados solo pueden
enviar señales apropiadas sobre la escasez relativa de los bienes cuando un
determinado conjunto de instituciones, a saber, la propiedad privada y el Estado de
derecho, están en su lugar. Mises ([1927] 1996, p. 184) fue bastante explícito acerca de
la importancia de la propiedad privada cuando sostuvo que el «intervencionismo», que
tiene por objeto regular y restringir los derechos de propiedad, «no puede lograr los
fines que sus defensores pretenden alcanzar». De acuerdo con Mises ([1932] 1981, p.
125, énfasis añadido):

Es una ilusión suponer que en la economía socialista podría reemplazarse el


cálculo monetario por el cálculo en especie. Este último no se puede aplicar, ni
aun en la sociedad sin cambio, más que a los bienes listos para el consumo. Es
totalmente inservible cuando se trata de bienes de orden superior: desde el
momento en que se abandona la libre formación de los precios de estos bienes en
dinero, se hace absolutamente imposible una producción racional. Cualquier
paso que nos aleje de la propiedad privada de los medios de producción y del
uso de la moneda nos aleja al mismo tiempo de la economía racional.

Para Mises, las intervenciones en el mercado son contraproducentes, ya que


distorsionan la información creada por los derechos de propiedad. En el límite, la
completa abolición de los derechos de propiedad haría imposible el cálculo económico
racional.
El argumento austriaco de la «imposibilidad» es bien conocido y está muy bien
resumido por Peter J. Boettke ([1998] 2001, p. 31):

1. Sin propiedad privada de los medios de producción no habrá mercado para los
medios de producción.
2. Sin un mercado para los medios de producción no habrá precios monetarios
establecidos para los medios de producción.
3. Sin precios monetarios, que reflejen la escasez relativa de los bienes de capital,
los encargados de tomar decisiones económicas serán incapaces de calcular
racionalmente el uso alternativo de los bienes de capital.

En otras palabras, cuando la institución capitalista de la propiedad privada es


abolida, el cálculo económico racional ya no es posible.
Los austriacos suelen hablar de los derechos de propiedad como existirían en una
sociedad puramente capitalista o puramente socialista. Sin embargo, los derechos de
propiedad en el mundo real son complejos y a menudo están mal definidos. Dado que
los derechos de propiedad son fundamentales para la coordinación de las actividades
económicas, la cuestión central para los economistas y los políticos se convierte en el
asunto de cómo reunir información precisa acerca de la escasez de recursos en un
mundo con los derechos de propiedad imperfectos. La recopilación de información es
muy complicada por el hecho de que el mercado es una institución social grande,
compleja y rápidamente cambiante; ningún individuo podría esperar adquirir la
información necesaria para controlar o explotar el mercado. Como Hayek ([1945]
1980, p. 78) sostiene:

[El problema del conocimiento] es más bien un problema de cómo asegurar la


mejor utilización de los recursos conocidos por cualquiera de los miembros de
una sociedad, para fines cuya importancia relativa solo estas personas conocen.
O, por decirlo en pocas palabras, se trata de un problema de uso del
conocimiento que no se le da a cualquier persona en su totalidad.

El conocimiento de «las circunstancias particulares de tiempo y lugar» en el


mercado (ibíd., p. 80) está inextricablemente vinculado a los derechos de propiedad.
Por lo tanto, los cambios en los derechos de propiedad, tales como los programas de
privatización, pueden afectar a la dispersión del conocimiento dentro de una economía,
que en última instancia afecta el comportamiento individual y el desempeño económico
general.
2. Privatización neoclásica

En la teoría económica estándar, los derechos de propiedad se dice que reducen la


incertidumbre, internalizan las externalidades y proporcionan a las personas un
incentivo muy necesario para cuidar de las cosas que poseen. Por lo tanto, parece que
la mejor manera de lidiar con los problemas resultantes de la propiedad de los recursos
del fondo común sería la de «privatizar, privatizar, privatizar» (Friedman, 1991). Sin
embargo, los esfuerzos de privatización por parte del estado en la práctica han
producido consecuencias distributivas desiguales y muchas veces han hecho de malas
situaciones otras aún peores. Muchos esfuerzos de privatización por parte de los
gobiernos han fracasado porque los políticos responsables de la privatización
malinterpretan el papel que desempeñan los derechos de propiedad en la comunicación
de información en el mercado. Los responsables políticos a cargo de los esfuerzos de
privatización, que suelen ser formados en la economía neoclásica, actúan como
describe Adam Smith ([1759] 1982, pp. 233-4), a través del «hombre del sistema»;
tratando de permanecer fuera del sistema económico y actuando como si tuvieran toda
la información sobre todos los precios relevantes, los costes y las consecuencias de sus
propuestas de reforma. En un mundo ideal, estos planificadores tendrían la suerte de
contar con información plena y completa y por lo tanto el enfoque neoclásico de la
reforma económica podría ser defendido porque sería cuestión de solo diseñar una
solución única en la que la sociedad pueda maximizar el bienestar general.
En el mundo real la planificación económica, sin embargo, tiene lugar en un entorno
de incertidumbre en el que las culturas y las expectativas varían. En tal entorno, nuestro
conocimiento sobre el sistema económico no es ni siquiera probabilístico. Para ser
capaz de formar un modelo probabilístico útil, tiene que haber una idea general de los
posibles resultados y la confianza de que los posibles resultados son exhaustivos. En
los complejos sistemas económicos, sin embargo, el conocimiento está fragmentado y
disperso. Como resultado, la mayoría de los planificadores solo puede aspirar a
realizar estimaciones muy imprecisas e imperfectas sobre los posibles resultados.
Tal vez la manera más fácil de entender los problemas económicos que se presentan
en los esfuerzos de las reformas centralizadas es mirar experimentos recientes con la
privatización. En Europa oriental y la antigua Unión Soviética, economistas muy
inteligentes, como Anders Aslund, Jeffrey Sachs y Andréi Shleifer fueron puestos a
cargo de programas poscomunistas de reforma y privatización. Cuando los expertos
llegaron a escena, una serie de industrias clave, que fueron nacionalizadas
anteriormente, estaban dispuestas a ser privatizadas. Trataron de llegar a los planes de
reforma integral en la que se introdujeron «olas» de privatización. Los valores iniciales
de las industrias en proceso de privatización se basan en el precio-más-beneficio de los
valores de los activos. Una vez establecidos, las privatizaciones se llevaron a cabo a
través de subastas, los empleados (gestión de compras MEBO) y los planes de cupones
de privatización.
Si bien la idea de privatizar las industrias estatales fue muy noble, los resultados
reales de las privatizaciones poscomunistas han sido considerados generalmente como
decepcionantes. Las predicciones de «despegue» en el crecimiento económico post-
privatización no se produjeron. Muchos países de Europa están luchando por encontrar
su camino en el período poscomunista. La economía de Rusia, donde las reformas
estuvieron fuertemente influenciados por Aslund, Sachs y Shleifer, ha «disfrutado» de
una tasa global de crecimiento cercana a cero desde el colapso del comunismo (Leeson
y Trumbull, 2006). Han surgido problemas de corrupción en muchos de los programas
de privatización. Los beneficios de los programas de privatización alcanzaban, muchas
veces, en primer lugar a los políticos y las personas leales a los nuevos gobiernos.
Muchos de los anteriores propietarios de facto vieron los programas de privatización
como ilegítimos y también se vieron comprometidos en conductas destructivas contra la
nueva clase de propietarios, lo que ocasionó disturbios y robo de capital antes de que
los nuevos propietarios estuvieran a cargo. Tales comportamientos aumentaron los
costes de ejecución de la privatización y bajó el bienestar general de las economías que
están reformando.
Los deseos de los nuevos gobiernos por crear equidad entre sus ciudadanos con
frecuencia se priorizaron por delante de las preocupaciones de la eficiencia económica,
dado que los objetivos principales de los programas de privatización consistieron en
dispersar los beneficios de la privatización entre todos los ciudadanos, crear una clase
media y «comprar» el apoyo del público para la privatización; muchos gobiernos
trataron de «democratizar» la apropiación dando a los ciudadanos los viejos recursos
estatales. Sin embargo la privatización, en la práctica, no suele producir los resultados
ideales que los reformadores esperaban, los programas resultaron engorrosos y los
recursos eran difíciles de valorar inicialmente. Como resultado, los programas de vales
con objetivos bien intencionados terminaron beneficiando a una pequeña minoría de los
accionistas más influyentes.
Estos resultados eran a menudo inesperadamente pobres debido al hecho de que
muchos de los activos en proceso de privatización no valían tanto como los
reformadores pensaron que valían. Por ejemplo, algunas empresas estatales tenían poco
valor positivo y deberían haber sido cerradas en vez de privatizadas. El historial mixto
de privatización poscomunista es en gran parte resultado de las políticas económicas
basadas en un modelo neoclásico erróneo del comportamiento económico. Los
reformistas carecían de la información necesaria para valorar adecuadamente y vender
la propiedad que anteriormente estaba controlada por el Estado, por lo que sus planes
de privatización no pudieron alcanzar el nivel de éxito que los reformadores habían
esperado. Peter Boettke ([1994] 2001, p. 192) explica el problema de la siguiente
manera:

El problema con el paquete de privatización convencional, sin embargo, es que


no se pueden valorar bienes sin mercado, pero un mercado confiable no puede
existir sin la propiedad privada. El punto entero de los planes de privatización
de cupones o subasta pública es la creación de la propiedad privada. Pero,
¿cómo se determina el valor de los activos, en primer lugar, sin un mercado? En
otras palabras, un programa de bonos se basa en la capacidad de valorar los
activos, a pesar de que el punto de este ejercicio es crear mercados que permitan
a los participantes evaluar el valor de los activos. Si la valoración pudiese tener
lugar independientemente del contexto de la propiedad privada, entonces la
privatización sería redundante e innecesaria.

3. Privatización espontánea

El enfoque austriaco de la privatización, en contraste con el modelo neoclásico, destaca


la naturaleza subjetiva y contextual de los derechos de propiedad. Los economistas
austriacos quieren que el gobierno sea retirado del proceso de reforma. Cuando el
gobierno toma un enfoque de laissez faire en la privatización, cada industria puede
encontrar su propio camino hacia el mercado, libre de la dirección central. En muchas
industrias, los propietarios de hecho se convierten en los nuevos accionistas. Si bien la
privatización espontánea podría crear nuevos sesgos, hace un mejor trabajo al poner el
conocimiento local a trabajar, ya que los dueños de facto tienen un firme entendimiento
de valores, de los recursos pertinentes y los derechos de propiedad existentes. Cuando
se producen las privatizaciones espontáneas, el papel del gobierno en las reformas
económicas es limitado; esta forma de privatización es preferible a un proceso de
privatización controlada por el gobierno, ya que los conocimientos necesarios para la
reforma solo pueden surgir de los mercados descentralizados.
El enfoque neoclásico «de arriba hacia abajo» de la privatización y la privatización
espontánea difieren en muchas formas importantes. Un enfoque centralizado de la
privatización implica un intento de coordinar las acciones de las diferentes personas
dentro de un conjunto de instrucciones claramente definidas y que idealmente producen
resultados económicos eficientes. El Laissez faire o privatización espontánea, por el
contrario, no hace suposiciones sobre las reglas necesarias para obtener resultados
eficientes. En su lugar, las reglas generales abstractas saldrán del mercado
descentralizado. El éxito de la privatización y de la coordinación se producirá cuando
la gente tome en cuenta el comportamiento de los demás. Si, por ejemplo, muchas
personas están negociando sobre los derechos de un recurso, la privatización
espontánea permitirá que tales derechos aumenten en valor, lo que hará que algunos
propietarios potenciales pierdan el interés en derechos de propiedad caros y busquen
las oportunidades en otra parte. Al mantener los valores de los activos fijos, el enfoque
neoclásico de la privatización, por el contrario, envía una señal falsa a los propietarios
potenciales acerca de la escasez relativa de los derechos. En última instancia, los
programas de privatización neoclásicos son problemáticos porque representan un
intento de diseñar de forma centralizada instituciones económicas. Los reformadores
especifican ciertos objetivos, como aumentar la eficiencia económica, una mayor
igualdad entre los ciudadanos de una nación y esperan que los programas de
privatización puedan ayudar a alcanzar algunos de los objetivos fijados. Una vez que
los objetivos están claramente definidos, los recursos se asignan de acuerdo con alguna
visión centralizada de objetivos y oportunidades. Cuando una dosis completa de
política real o «robusta» se introduce en los esquemas de la política de privatización,
empiezan a tornarse sombrías las perspectivas de los países en la reforma de
crecimiento.
Los economistas austriacos rechazan generalmente el enfoque de la privatización
tradicional o neoclásica, ya que funciona bajo el supuesto de que el problema de la
privatización es simplemente un problema de ingeniería. Como los economistas
austriacos reconocen, el diseño de un sistema de derechos de propiedad no puede ser
reducido a un problema de fórmulas con una solución fácilmente disponible. La actitud
más apropiada para los responsables políticos que quieren evitar los errores del
constructivismo racional es verse a sí mismos como jardineros y no ingenieros. Vernon
Smith (2003, p. 502), entre otros, hace una distinción entre las normas y reglas
constructivistas desarrolladas cuando escribe:

Las reglas emergen como un orden espontáneo que no se encuentra


deliberadamente diseñado por una mente calculadora. Inicialmente las
instituciones constructivistas están sometidas a un cambio evolutivo más allá de
la adaptación de las circunstancias que les dio vida. Lo que surge es una «mente
social» que resuelve problemas complejos, una organización sin conocimiento
consciente.

Para Smith y para los economistas austriacos, los responsables políticos se


enfrentan a un obstáculo epistemológico insuperable si tratan de controlar el proceso de
privatización. En lugar de tratar de controlar el proceso, el acto de privatización en sí
debe ser entregado al mercado para que el conocimiento local sea capaz de surgir.
A pesar de que la privatización neoclásica podría ser defectuosa en la teoría y en la
práctica, la alternativa no es un sistema de planificación central en el que se suprimen
los derechos de propiedad, sino, más bien, laissez faire o privatización espontánea. La
privatización espontánea puede ser entendida como «todos los esfuerzos de
cuantificación privativa que se producen fuera de la dirección central de la iniciativa y
del Estado» (Hill y Karner, 1996, p. 81). En otras palabras, la privatización espontánea
viene de abajo hacia arriba. Los derechos de propiedad espontáneos surgen lentamente,
la definición y la aplicación de los derechos emergentes no vienen de una sola vez, sino
más bien se desarrollan como los derechos a ser más legítimos y valiosos. Hernando de
Soto (2000, pp. 164-71) ofrece un buen resumen de los derechos extralegales y de
privatización espontánea. Según De Soto (p. 165), «el derecho de acceso universal a la
propiedad es ahora reconocido por casi todas las Constituciones del mundo y por
muchos convenios internacionales». Sin embargo, como señala de Soto, a pesar de que
los derechos de propiedad son necesarios para el desarrollo económico y el alivio de
la pobreza, las privatizaciones a menudo han fracasado debido a que:

La mayoría de los procedimientos legales para crear la propiedad formal no


están preparados para superar las pruebas extralegales de propiedad que carecen
de cualquier cadena visible de título...
Lo que el gobierno no había tenido en cuenta era que, cuando la gente finalmente
adquiere la propiedad, tienen sus propias ideas acerca de cómo usarla e
intercambiarla. Si el sistema legal no facilita las necesidades y ambiciones, se
trasladarán fuera del sistema en tropel (ibíd., pp. 166-7).

Según algunos estudiosos del derecho como Holmes y Sunstein (1999), los derechos
extralegales que estamos discutiendo no tienen sentido porque los derechos de
propiedad no pueden existir sin el estado. Sin embargo, aunque los eruditos legales
puedan disputar la situación de los derechos extralegales, son significativos y deben ser
examinados porque las personas dan sentido a los derechos extralegales. El problema
básico de la privatización impulsada por el Estado, y la razón principal por la que los
economistas austriacos ven la privatización espontánea como favorable, es que los
funcionarios rectores del Estado carecen de los incentivos y la información correcta
para privatizar los recursos escasos. Cuando se hace de arriba hacia abajo, los
propietarios de hecho se enfrentan a incentivos perversos para resistirse a la reforma,
reducen el valor o ambas cosas.
Los críticos del argumento a favor de la privatización espontánea suelen interpretar
el argumento como una defensa de la anarquía y el caos, en lugar de orden y
racionalidad. Estos críticos apuntan a la jerarquía, a menudo exitosa, de la toma de
decisiones de los empresarios dentro de las empresas como ejemplos de cómo los
enfoques graduales y racionales en el confuso mundo de los negocios pueden producir
los resultados deseados. Además, los críticos de la privatización espontánea
argumentan que, en un entorno en el que los costes de transacción son altos, la
centralización y la planificación son a menudo superiores a la descentralización
(Coase, 1937); ya que los costes de transacción elevados parecen ser un síntoma de la
reforma y de las economías en transición, un enfoque más centralizado de reforma
podría estar justificado.
La privatización laissez faire no es un argumento en contra de la planificación o de
la racionalidad. El argumento a favor de la privatización espontánea es aquel que se
abraza a la racionalidad de los individuos en el control de los recursos. Los defensores
de la privatización espontánea desean permitir que los propietarios de facto de los
recursos puedan aprovechar el conocimiento local, con el argumento de que este
enfoque es más eficaz en comparación con los programas centralizados de planificación
burocrática. De hecho los propietarios tienen una mejor idea acerca de qué activos son
lo suficientemente valiosos como para ser privatizados y cuáles no. Por otra parte, los
propietarios de facto tienen un mejor sentido de cómo los problemas de simultaneidad
y secuencia de la privatización deben tratarse; cuando un recurso se privatiza, a veces
crea una necesidad apremiante para que otros puedan ser privatizados.
Aunque los economistas austriacos en general están a favor de la privatización
espontánea en comparación con los que están a favor de la privatización que va de
arriba hacia abajo, la privatización espontánea no está libre de problemas. En primer
lugar, la privatización espontánea no puede tener lugar en una sociedad que no valora ni
respeta los derechos de propiedad privada. Las normas culturales prevalecientes en un
país determinado actúan como un obstáculo difícil en los esfuerzos de la privatización.
Sin el entorno cultural adecuado, los sistemas de propiedad no serían robustos. Como
dice Peter Boettke ([1996] 2001, p. 257): «Las reglas son solo reglas si lo dictan
prácticas consuetudinarias». Sin embargo, los problemas culturales no son exclusivos
de los programas de privatización espontánea, y de hecho actúan como una restricción
en contra de cualquier tipo de reforma, ya sea de arriba hacia abajo o espontánea. Por
otra parte, no está claro hasta qué punto la cultura es maleable y lo rápido que puede
cambiar.
Cuando hablamos en serio acerca de la privatización espontánea, los problemas de
aplicación son también una causa obvia de preocupación. Desde la privatización
espontánea el problema es extralegal. ¿Cuáles son los mecanismos de resolución de
conflictos? Las fuentes formales de autoridad, como los tribunales y los organismos
reguladores, son insuficientes para hacer frente a tales conflictos, ya que estas fuentes
de autoridad son contrarias a la naturaleza de los derechos extralegales. Sin el
enforcement formal, la titulación y la transferencia de derechos son más costosas. Por
otro lado, los derechos informales evolucionan y se vuelven sofisticados durante el
curso de la privatización espontánea. Con el tiempo, algunos de los derechos que
surgen del reconocimiento al sector informal ganan la aceptación por los sistemas
legales formales, por lo que es posible para los sistemas formales hacer cumplir los
derechos de propiedad que han surgido a través de un proceso orgánico y legítimo.
Por último, los flujos de capital y las oportunidades de inversión extranjera directa
no pueden llevarse a cabo cuando los derechos de propiedad son descentralizados. El
problema del «capital muerto» descrito por De Soto (2000) se debe a que los bancos
requieren que los derechos de propiedad sean formales y claros para que funcione un
sistema de préstamos. Debido a su situación extralegal, los derechos informales pueden
no ser eficaces en la promoción de inversiones de capital y el crecimiento económico
generalizado. Aunque puede ser más difícil para los empresarios obtener capital
operando fuera del sistema formal de propiedad, esto no es imposible. Los programas
de microfinanzas y los esfuerzos colectivos de ahorro son enfoques ascendentes que han
surgido para hacer frente a este desafío.

4. Conclusión

Los derechos de propiedad desempeñan un papel fundamental en la difusión de


conocimiento e información a través del sistema económico. Los economistas
austriacos están a favor del laissez faire o de la privatización espontánea, ya que este
enfoque reconoce la información importante y sensible a disposición de los
propietarios de facto. Los propietarios de facto tienen un fuerte incentivo para reclamar
las instituciones adecuadas cuando privatizan; por el contrario, cuando los expertos
económicos en privatizaciones cometen errores, los reclamos son residuales. De hecho
los propietarios son los que pierden riqueza cuando las cosas van mal; los responsables
políticos, como Jeffrey Sachs, quien está a cargo de las privatizaciones de vez en
cuando, podrán perder los contratos de consultoría si las cosas van mal, pero en su
mayor parte no se ven afectados. Por lo tanto, la privatización espontánea fomenta la
privatización eficiente, reduciendo al mínimo el papel del estado y de sus
planificadores centrales.
Las privatizaciones de arriba hacia abajo, no obstante, persisten. Este tipo de
reformas continúan con el apoyo de los responsables políticos que piensan que un
cierto grado de control y jerarquía es necesario. A pesar de la popularidad de la
privatización de arriba hacia abajo, el valor de las privatizaciones espontáneas pronto
podría hacerse realidad en algunas partes del mundo desesperadamente necesitadas
como el África subsahariana, ya que los resultados mixtos de privatización neoclásica
han llevado a muchos a repensar su interpretación convencional de los derechos de
propiedad. Como las frustraciones con el enfoque neoclásico de la privatización
continúan aumentando, los economistas austriacos pueden tener un papel importante que
desempeñar para el caso de la privatización espontánea.

Referencias bibliográficas

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7. El mercado competitivo es un proceso
de descubrimiento empresarial
FREDERIC SAUTET[37]

1. Introducción

A lo largo de la mayor parte del siglo pasado, la escuela austriaca de economía ha


mantenido una visión diferente del mercado y la competencia en comparación con sus
colegas de la corriente principal. Un cumplimiento estricto de ciertos principios
metodológicos (detallados en los otros capítulos de este libro) dio lugar a un enfoque
totalmente subjetivista de los principales conceptos que hoy definen la visión austriaca
de los mercados. En el núcleo de este enfoque está la idea de la empresarialidad, que
ha sido uno de sus constructos teóricos centrales desde los escritos de Carl Menger (y
otros antes que él, si tenemos en cuenta a economistas como Richard Cantillon y Jean-
Baptiste Say como proto-austriacos).
Introducir la función empresarial en el análisis económico tiene implicaciones
significativas en términos de la forma en que se comprende y aprecia el funcionamiento
de la economía de mercado. La diferencia principal (con un análisis económico que
ignora la función empresarial) reside en la idea del mercado como un proceso. La idea
de proceso no se refiere a una misteriosa propiedad de los mercados. Más bien, se hace
explícita la forma en que los mercados constantemente reasignan recursos en el tiempo
con el fin de satisfacer a los consumidores tanto como sea posible. Se refiere a la idea
de que la economía de mercado es un sistema que genera los incentivos y la
información necesaria para descubrir y corregir sus propios desajustes en la asignación
de recursos. Esto puede parecer paradójico para algunos, pero mientras que los
mercados han estado omnipresentes en el discurso de los economistas, también a
menudo se han visto simplemente como una metáfora donde la oferta iguala la demanda
en equilibrio. Los mercados reales, sin embargo, son algo más que una metáfora, y son
algo más que un espacio sobre el cual las personas intercambian bienes y servicios. El
mercado es un proceso impulsado por el descubrimiento empresarial (es decir, el
espíritu empresarial). El espíritu empresarial más o menos puede ser entendido como la
propensión humana para descubrir ganancias del comercio hasta ahora desconocidas.
Una distinción importante que se discutirá en este capítulo es entre los conceptos de
descubrimiento empresarial, por un lado y el proceso (del mercado) empresarial por el
otro. En el enfoque austriaco, el proceso del mercado empresarial trata sobre la
competencia: ​medios de competir para ser emprendedor. Entender los mercados como
un proceso empresarial enriquece nuestra comprensión de la economía de mercado y
nos ayuda a apreciar mejor la forma en que el orden social viene a la existencia.
La idea de que los mercados competitivos son un proceso de descubrimiento
empresarial es una de las proposiciones más contundentes en las ciencias sociales. Esta
proposición contiene tres conceptos distintos: el mercado, la competencia y el espíritu
empresarial. Con el fin de comprender el significado de la proposición entera, procedo
a examinar, en las tres secciones siguientes de este capítulo, cada uno de estos
conceptos. En la quinta sección, ofrezco todas las ideas en conjunto y trataré de dar una
imagen completa del mercado como un proceso de descubrimiento impulsado
empresarialmente.

2. El mercado

Desde sus inicios la economía se ha preocupado por la noción de intercambio de bienes


a cambio de otros bienes. El comercio está en el centro de la Riqueza de las Naciones
de Adam Smith ([1776] 1981), que comienza con la exposición de los principios de la
división del trabajo y la extensión del mercado.
Si bien durante mucho tiempo, el enfoque de la disciplina estaba en la riqueza y su
generación (con muchos errores a lo largo del camino, el principal de ellos era el punto
de vista mercantil y la teoría del valor-trabajo), los elementos clave a través de los
cuales la riqueza se genera fueron el comercio y el capital. Como explicó el famoso
Smith, hay una «cierta propensión en la naturaleza humana... a permutar, comerciar e
intercambiar una cosa por otra» (ibíd., p. 14). Debido a que está en el centro de la vida
económica, el comercio es también el punto de partida de Smith para explicar la
división del trabajo y sus consecuencias. Esto llevó a la primera noción del «mercado»,
concepto en la teoría económica, que fue desarrollado por los economistas clásicos: el
mercado como un espacio para los intercambios. Esta noción misma dio a luz a dos
puntos de vista diferentes del mercado: por un lado, una noción del mercado como una
metáfora (o un tipo ideal) y, por otro lado, una visión del mercado como un proceso
(véase la Figura 7.1).
Los economistas clásicos definen el comercio de la manera que el hombre común lo
entendería. Fue un acto de intercambio de bienes a cambio de otros bienes. Este acto de
intercambio se llevaría a cabo en los «mercados», que no eran más que los lugares
donde las personas se reunían para comerciar. Esto se remonta a las ciudades
medievales donde compradores y vendedores se reunían en lugares específicos (por
ejemplo, ferias) en ciertos momentos para regatear los precios de los productos que se
ofrecían. Bajo este punto de vista, los mercados son fundamentalmente un espacio
donde se realizan los intercambios (ver Figura 7. 1).
Muchos economistas del siglo XIX siguieron este punto de vista. En los Principios
de Economía de Alfred Marshall ([1890] 1936), el mercado está en el fondo como el
espacio donde la oferta y demanda existen y se encuentran, pero la atención se centra
en la utilidad, el valor y los precios. Con el tiempo, este enfoque se vio reforzado con
la aparición de la teoría del equilibrio general walrasiano y, siguiendo con las ideas de
Frank Knight, la teoría de la competencia perfecta en los años 1920.

FIGURA 7.1.
TRES VISIONES DIFERENTES DEL «MERCADO» EN LA TEORÍA ECONÓMICA

En la obra de León Walras, el mercado ya no tiene cuerpo y no es más un espacio


físico. Los compradores y los vendedores no regatean los precios, ya que son
individualmente demasiado pequeños como para afectarlos. Los precios se determinan
fuera del propio mercado por la casa de subastas que encuentra el equilibrio del
mercado a través de un proceso de tanteo o prueba y error. Walras supone la pre-
conciliación de los planes individuales. No existe un mercado como tal en la teoría, y
no hay necesidad de ello. En la mayoría de las teorías que surgieron a partir de Walras
los mercados de trabajo son redundantes, ya que no son el medio a través del cual los
precios de los bienes se determinan. Son simplemente una metáfora donde la oferta
iguala la demanda en equilibrio (ver el segundo punto de vista del mercado en la Figura
7.1).
Tenga en cuenta que el concepto de equilibrio por sí mismo no es el problema. De
hecho, el concepto de equilibrio puede ser útil. Como un método de contraste, que
permite al economista para entender la complejidad de un mundo cambiante aislando el
cambio en estudio. Esta es la manera que muchos economistas como Marshall utilizan
el concepto. Esta es también la manera en que Ludwig von Mises usaría el equilibrio o
una variación en la idea (es decir, la economía en rotación uniforme). Surgió un
problema en la economía, sin embargo, cuando el análisis de equilibrio llegó a ser
usado como una metáfora o un tipo ideal (que supuestamente describe la realidad) y,
eventualmente, como una acusación de lo que realmente sucede en los mercados. [38]
Mientras que la noción de mercado ha estado presente en la economía
contemporánea, la atención se ha centrado más en el estado final (equilibrio) que en el
proceso real por el cual los precios y las cantidades emergen. Desde la década de
1930, la economía se ha encontrado en una situación extraña. Mientras que los
mercados son omnipresentes en el discurso de los economistas, rara vez se explicaron.
Esta es la razón por la que a sociólogos como John Lie les resulta extraño que los
economistas insistan tanto en la función de los mercados, mientras que nunca se
describa su papel real. Como Lie (1997, p 342) señala: «El mercado es una categoría
central de la economía... Es entonces curioso que el mercado no reciba prácticamente
ninguna discusión extendida en la mayoría de las obras de teoría económica o historia...
El mercado, resulta que es el núcleo hueco en el corazón de la economía.
Paradójicamente el mercado se ha convertido en una caja negra, que, bajo ciertas
condiciones, garantiza un resultado específico. Incluso con el advenimiento de la
economía de la información y la influencia del enfoque neo-institucionalista, el
mercado sigue siendo un misterio».
Esto viene en agudo contraste con la visión austriaca - en especial en las obras de
Friedrich Hayek, Ludwig von Mises, e Israel Kirzner —que ve el mercado en el centro
de la economía. Los mercados están en el núcleo del enfoque Austriaco, ya que son los
medios por los cuales el orden social llega a existir en armonía. En la visión de Mises
el mercado no es ni un lugar ni un núcleo conceptual hueco, sino que es un proceso. Va
más allá del primer punto de vista de los mercados como se ha descrito anteriormente y
que se refiere a la feria o el bazar.
Los economistas austriacos evitan la confusión que a veces se puede encontrar en la
economía entre la noción de comercio, por un lado y la del mercado, por otro.
Comercio y mercado son dos temas de análisis diferentes, y su confusión es una de las
razones por las que en la economía contemporánea, el mercado no se entiende como un
proceso. En un modelo de economía de dos individuos, el comercio puede llevarse a
cabo sin necesidad de cualquier mercado. Los dos individuos pueden negociar sobre la
relación de intercambio entre dos bienes. Este proceso de negociación está dirigido por
sus propias preferencias sobre los bienes en su poder y los bienes alternativos que
pueden producir. Este es un comercio, pero no es parte de un mercado. Mientras que el
mercado se compone de las operaciones individuales, su naturaleza va más allá de la
suma de las operaciones individuales.
Para Mises, el mercado es algo más que una serie de operaciones simultáneas entre
las partes. Es el proceso mediante el cual la armonía social, a través de la utilización
de los precios monetarios y los derechos de propiedad privada, viene a la existencia.
La armonía social es el resultado de un proceso de mercado a través del cual se
determinan los precios y los recursos son asignados. Mientras que el segundo punto de
vista empobrece al primero, considerando el mercado simplemente como una metáfora,
el tercer punto de vista enriquece el primero al ir más allá del espacio para el
intercambio y considerándolo como un proceso (ver figura 7.1).
Israel Kirzner a menudo comenta haber escuchado a Mises explicando que el
mercado es un proceso.[39] En un primer momento, Kirzner no entendía el significado de
la afirmación de Mises. Mises quería significar que el mercado no es solo un espacio
donde las personas pueden regatear los precios, sino que también es un proceso
mediante el cual se genera el conocimiento, la información llega a ser conocida, y se
determinan los precios en toda la sociedad (por ejemplo, la ley del precio único es el
resultado del proceso de mercado trabajando). El énfasis de Mises sobre la noción de
mercado como un proceso (que abarca el mercado como un espacio físico donde tienen
lugar las operaciones) es lo que separa a la teoría del mercado tradicional de la visión
austriaca. El mercado es central en el enfoque Austriaco porque es un proceso.
Entender el mercado como competitivo es entender el mercado como un proceso.

3. Competencia

El segundo concepto importante de la propuesta en estudio es el de la competencia. La


evolución del concepto de competencia va desde la primera visión a la segunda.
Existen fundamentalmente dos significados detrás del concepto de competencia en la
economía.
El primer significado se refiere a la competencia como un estado de cosas, según el
desarrollo de Frank Knight en la década de 1920. El segundo significado se refiere a la
competencia como un proceso de descubrimiento empresarial desarrollado por Mises,
Hayek y Kirzner.[40] Es importante mencionar aquí que no estoy discutiendo acerca de la
definición de la competencia. Al igual que en el caso del concepto de mercado, los
economistas de diversas escuelas son libres de definir la competencia a su antojo. Mi
objetivo aquí es hacer hincapié en la existencia del proceso de mercado como un
aspecto clave de la competencia que no debe ser ignorado.
El significado de la competencia entre los economistas del siglo XIX fue bastante
claro. La competencia significa la rivalidad entre las personas para la consecución de
ciertos fines. Competir es lo que hicieron cuando se discutía sobre los precios en ferias
o cuando se ofrecen productos más baratos y mejores servicios a sus clientes. Esta
visión cambió en el siglo XX, a medida que el significado de la competencia
evolucionaba, siguiendo las ideas de Knight, de «rivalidad» como «un estado (estático)
de las cosas» (Machovec, 1995).[41] En este enfoque, una situación competitiva existe
cuando ni productores ni consumidores individualmente pueden influir en el resultado
final del mercado. Los actores del mercado tienen poca o ninguna capacidad para elegir
la forma de competir. El resultado del mercado no es el resultado de las elecciones que
hacen los individuos con respecto al precio y la cantidad. En otras palabras, el fin de la
competencia que surge es independiente de las decisiones (en términos de precios y
cantidades) que los actores hacen[42]. Los actores individuales son demasiado
«pequeños» para influir en el resultado del mercado.
Hay algo muy poderoso en esta visión de la competencia, ya que representa la
interconexión de todos los actores en el mercado. Sin embargo, se basa en una
comprensión ideal del mercado, ya que solo se refiere a un equilibrio ya alcanzado,
donde la competencia (como proceso de mercado) está ausente[43]. La interconexión de
todos los actores en el mercado es, de hecho, ilusoria, porque la reconciliación de los
planes se asume desde el principio (en lugar de explicarla). En cambio, los
economistas austriacos han argumentado que, paradójicamente, es gracias a la
introducción del elemento empresarial creativo e impredecible que muchas
características de los mercados reales, tales como la conciliación de los planes, pueden
ser entendidos. El orden social aparente de los mercados reales se puede explicar
mejor a través de la introducción del elemento empresarial en la acción humana.[44]
En el mercado real, el orden que emerge es el resultado de las acciones y
decisiones de muchos individuos que están interconectados a través del sistema de
precios. Es precisamente porque los individuos eligen los precios y las cantidades que
el mercado genera un orden en el que existe una tendencia de los precios a que se
orienten hacia el costo de producción marginal y medio. Es debido a la rivalidad que
emergen los precios significativos indicando la escasez relativa de todos los bienes.
Estos precios son esenciales para el cálculo económico racional. El fin de la
competencia real es el resultado de la toma individual de decisiones con respecto a
precios y cantidades. Más específicamente, es el resultado de las elecciones de las
personas en su calidad de empresarios. En el enfoque austriaco, «competir» es actuar
como un emprendedor, lo que significa ser emprendedor (ver más abajo)
La rivalidad está en el corazón del proceso de mercado. El uso laico de la noción de
competencia muestra una realidad científica que es capturada por prestar atención a la
noción de proceso de mercado. Los economistas austríacos consideran a la
competencia como una actividad (de tratar de superar la oferta de sus rivales) que
genera el proceso que es el propio mercado. El proceso de mercado es en realidad un
proceso de competencia mediante el cual los individuos toman decisiones con respecto
a lo que quieren lograr y cómo lo quieren lograr.
Para ser justos, los economistas neoclásicos han llegado a ver, a través del tiempo,
algunos aspectos de la competencia que han sido destacadas por los economistas
austriacos. Este es el caso por ejemplo de la noción de William Baumol de la libre
competencia de mercado y su intento de reintroducir al empresario en los modelos de
competencia. [45] Por otra parte, muchos economistas neoclásicos han tomado distancia
del enfoque de Henry Simon y George Stigler sobre competencia (y políticas anti-
monopolio) en las décadas de 1940 y 1950.
Dicho esto, lo que distingue a los economistas austriacos de sus colegas neoclásicos
es la comprensión compleja del papel de la función empresarial y la forma en que da
lugar al proceso de mercado.
La concepción tradicional de la competencia es limitada porque se basa en un marco
«cerrado» que no puede incorporar la novedad. [46] Los economistas austriacos han
llamado la atención sobre la necesidad de un macro abierto, en que «las oportunidades
pertinentes pueden existir sin que hayan sido reconocidas desde el principio del
análisis». [47] Como explica Kirzner, en un marco abierto «no hay límites conocidos a lo
posible. Una economía que busca lidiar con las circunstancias del mundo real de
carácter abierto debe trascender un marco analítico que no pueda adaptarse a la
verdadera sorpresa. La economía austriaca ha tratado de lograr este objetivo centrando
la atención en la naturaleza y función del descubrimiento empresarial puro».[48] Pasamos
ahora a la noción de espíritu empresarial y descubrimiento empresarial.

4. Empresarialidad

Hemos establecido anteriormente que el mercado es un proceso y que la competencia es


un proceso de rivalidad. El elemento clave que explica la naturaleza del mercado y la
competencia es la función empresarial —que a grandes rasgos se puede entender como
la propensión humana para descubrir las hasta ahora desconocidas ganancias del
comercio. Con el dominio de la idea del mercado como metáfora, la economía
tradicional ha llegado a suponer que la explotación de los beneficios del comercio se
lleva a cabo de forma automática. En el segundo punto de vista, los mercados siempre
están en un estado de perfecta coordinación: los individuos no tienen que afrontar las
ganancias del comercio, puesto que ya han sido automáticamente comprendidas y
explotadas. En otras palabras, los planes individuales se coordinan plenamente desde
el principio, y no hay margen para el empresario.

a) La noción del descubrimiento empresarial

Los economistas austriacos, y esto comenzó ya en Carl Menger, siempre han mantenido
que no hay razón para suponer que los beneficios del comercio sean conocidos y
explotados desde el principio. Esto significa que uno debe presentar un mecanismo por
el cual las ganancias del comercio llegan a ser percibidas y explotadas. Este
mecanismo es el descubrimiento empresarial.
El concepto de espíritu empresarial es uno muy difícil de precisar. El espíritu
empresarial se puede entender de dos maneras. Muchos, si no la mayoría, de los
economistas entienden la función empresarial como aquella de iniciar un negocio o
como «capitán de industria». Esto puede ser referido como la behavioral view o visión
del comportamiento de la empresarialidad. En este punto de vista, el empresario es un
hombre de negocios que lleva a cabo un plan para iniciar o desarrollar un negocio
mediante la combinación de los factores de la producción necesarios. Si bien este es un
papel importante en una economía de mercado, la teoría se mantiene dentro de los
límites del comportamiento optimizador y de equilibrio.[49]
Mises y Kirzner desarrollaron otro enfoque de la función empresarial. En este punto
de vista, el empresario descubre los beneficios del comercio que eran hasta ahora
desconocido para los participantes del mercado. Esto no quiere decir que quien abre un
negocio no puede ser también un empresario (en el sentido de Kirzner) —en el mundo
real, los dos por lo general van de la mano. Se trata simplemente de que el elemento
clave en el espíritu empresarial es el descubrimiento, que se manifiesta en todo tipo de
situaciones, y no solo en el caso de la creación de empresas.
El enfoque de descubrimiento también puede ser referido como el cognitive view o
visión cognitiva de la iniciativa empresarial. No considera el emprendimiento como un
problema de optimización o un tipo ideal (como en el caso del método de
comportamiento) sino más bien como una función universal en la acción humana. Un
ejemplo fuera del mercado puede aclarar la razón por la cual el descubrimiento es la
función esencial de la iniciativa empresarial.[50]
Supongamos que Robinson Crusoe, solo en su isla, va a pescar cada mañana con una
línea que ha mantenido con él después del naufragio de su barco. Este método de pesca
no es muy productivo ya que gasta una media de dos horas antes de que llegue un pez.
Mientras reflexiona sobre su situación, Crusoe tiene lo que puede ser una idea brillante.
Se ha notado que hay un número considerable de lianas alrededor de la isla. Algunas de
ellas son muy grandes, pero otras son delgadas y muy resistentes. Se da cuenta de que,
con cuidado, combinando una serie de lianas bien escogidas, él podría ser capaz de
hacer una red y utilizarla para mejorar su productividad durante la pesca. La aplicación
de esta idea toma una buena cantidad de trabajo y tiempo. Crusoe tiene que encontrar
las lianas derechas, y ponerlas juntas en una forma que le permita pescar el tamaño de
los peces que él quiere. Además, no está seguro de cuánto tiempo durará la red en el
agua, pues las lianas se pueden disolver y resultar inapropiadas para la construcción de
la red. Sin embargo, podemos suponer que después de algunos experimentos, se
encuentra en posesión de una red completamente funcional que le permite capturar, en
promedio, cinco ejemplares por hora. En otras palabras, su productividad ha aumentado
diez veces.
Para lograr esta hazaña, Crusoe ha desplegado los recursos disponibles (las lianas,
así como su propio tiempo y energía). A medida que se va reflejando su trabajo en el
número de peces que ahora puede pescar en una hora, Crusoe puede tener la tentación
de atribuir este resultado por completo a los recursos utilizados en la construcción de la
red. Sin estos recursos, no podría haber tenido su red. Sin embargo, en un sentido más
profundo, el uso de la red se puede atribuir por completo, no a esos recursos, sino más
bien a la «brillante idea» que Crusoe tenía al principio. Sin la idea de construir una red,
las lianas de la isla y el tiempo y energía de Crusoe no se hubieran visto como recursos
(es decir, bienes de capital) para utilizar en el curso de acción. Fue a causa de la idea
inicial que sus métodos de producción completos de pesca ha cambiado, y con ello la
productividad. La idea brillante es un descubrimiento empresarial y por lo tanto es el
elemento empresarial en la actividad pesquera de Crusoe.
Crusoe es un empresario, no porque él fue capaz de construir la red (que podría ser
visto como el equivalente de iniciar un negocio), sino porque tenía la idea de construir
una red y se dio cuenta de que podía hacerlo con las lianas de la isla (por lo tanto, la
importancia de la visión cognitiva de la empresarialidad).
La situación de Crusoe inspiró su nueva idea. Es porque él estaba destinando
demasiado tiempo en la pesca y se dio cuenta de lo que necesitaba para mejorar sus
capacidades de producción. Aquí es donde la noción de estado de alerta, como lo
explica Kirzner, entra en escena. El cambio de situación de Robinson Crusoe no ocurre
automáticamente, ya que tenía que advertir o darse cuenta de que habría ganancias para
ser capturadas por cambiar su método de producción. Como parte de este proceso, tuvo
que darse cuenta de que las lianas se podrían utilizar para hacer una red. Es a causa de
su estado de alerta a las nuevas soluciones «rentables» que Crusoe pudo ver las lianas
como insumos para la construcción de su red. Hasta entonces, las lianas eran plantas sin
ningún tipo de utilidad. Reconoció el papel potencial de las lianas en su proceso de
producción, porque se dio cuenta de lo insatisfactorio de su productividad pesquera
anterior. Su estado de alerta para el nuevo uso de las lianas se deriva de su
insatisfactoria situación de pesca, pero no fue causado por ella.
El ejemplo de Robinson Crusoe ilustra la idea de que el descubrimiento empresarial
puede estar presente en todo tipo de contextos, incluidos aquellos fuera del mercado.
Esto debe ser distinguido de la noción de empresarialidad dentro del proceso de
mercado, el que consta de descubrimientos empresariales continuos y simultáneos
creando un proceso sistemático de ajuste en la asignación de recursos en la sociedad
(continúa más adelante).

b) Temas contemporáneos en la Teoría Austriaca de la función empresarial

El estado de alerta es fundamental en la visión de Kirzner del descubrimiento


empresarial. En la obra de Kirzner, el espíritu empresarial es el estado de alerta
necesario para el descubrimiento de oportunidades.[51] El estado de alerta no es una
forma de capital humano y por lo tanto uno no puede invertir intencionalmente en él.
Más bien, es la propensión humana a notar lo que no era conocido antes y que está en el
propio interés de conocer. Kirzner ha sido a menudo criticado por poner demasiado
énfasis en el estado de alerta frente a otras características que uno puede encontrar
necesarias para la iniciativa empresarial, como el juicio y la imaginación. Pero la
insistencia de Kirzner en la idea de alerta no significa que está ciego al papel de la
creatividad, la imaginación y el juicio en el espíritu empresarial. Simplemente significa
que antes de que uno de rienda suelta a su propia creatividad, la imaginación y el
juicio, uno tiene que llegar a reconocer la propia creatividad, la imaginación y el
juicio. Un momento «eureka» siempre es necesario para que la realización de una nueva
visión sea posible —imaginar lo que la visión aproximadamente es, solo puede venir
una vez que uno se da cuenta de esa nueva visión.[52] Esto significa que para que un
empresario aplique su criterio empresarial, tiene primero que ser conscientes de qué es
lo que tiene que aplicar a su juicio. [53] Estar alerta permite a los economistas teorizar
sobre la emergencia de la novedad de una manera que no es posible en el marco de
composición de modelos económicos tradicionales. Da cuenta de la experiencia
humana de la realización (es decir, el descubrimiento) de nuevos fines y nuevos medios.
En otras palabras, permite una visión abierta de los fenómenos económicos.
Esta es la razón que explica por qué la afirmación de que el estado de alerta es la
capacidad de reaccionar solo a las oportunidades existentes (y no a la creación de
nuevas oportunidades) es engañosa.[54] Estar alerta es la propensión que permite el
descubrimiento de lo que es posible crear en el estado actual del mundo y con
respecto a lo que uno puede imaginar para el futuro. En otras palabras, la creación
empresarial se ve limitada por el estado actual del mundo, pero no se limita la forma en
que se puede aplicar la propia imaginación para el futuro. En este sentido, la creación
pura es parte de lo que permite el estado de alerta. El concepto de estado de alerta es
parte del descubrimiento empresarial dentro de lo posible y lo real (es decir, la
realidad actual del mundo) y, al mismo tiempo, permite que la imaginación humana
(teniendo en cuenta el estado actual del mundo) cree el futuro. Esto es especialmente
importante en el contexto de las transacciones de mercado donde la creatividad humana
está restringida por los precios de los factores, por un lado, y por las preferencias
individuales, por el otro.[55] Sin embargo, dentro de estos límites, la imaginación
empresarial puede vagar libremente. En el contexto de mercado, mientras que Crusoe es
libre de imaginar todo tipo de maneras de ir de pesca (incluyendo el uso de dinamita,
por ejemplo), esto se ve limitado por la realidad de su mundo. En este sentido, el
estado de alerta es la tendencia a introducir nueva información en el mundo (es decir,
ser creativo), lo que debe ser distinguido del hecho de estar limitado por el estado de la
realidad (las vides, y no la dinamita, están disponibles en la isla).
El estado de alerta no funciona en el vacío. Como Don Lavoie (1991) enfatizó, estar
alerta a la oportunidad puede ser interpretativo. Es difícil de saber, por qué algunas
personas están más alerta que otras a las oportunidades de beneficio. La forma como
los individuos pueden dirigir su mirada se puede ver afectada por las actitudes
culturales y otros factores tales como la experiencia personal.[56]
En el escenario de ausencia de mercado de Crusoe, la ganancia monetaria no tiene
ningún papel que desempeñar en el descubrimiento empresarial. Sin embargo, el
escenario sigue siendo uno en el que las ganancias han inspirado el descubrimiento. Es
porque Crusoe dio cuenta de que un nuevo proceso de producción podría mejorar su
suerte que estaba alerta ante el nuevo uso potencial de las lianas. Su descubrimiento fue
(1) motivado ex ante por una ganancia pura (tal vez en función de las actividades que
pudiera realizar con el tiempo que pudieran salvarlo de la pesca), a pesar de que este
aumento no era monetario, y (2) generado ex post a la ganancia pura (Crusoe se
encuentra en una situación superior en un mundo en el que ha pasado el tiempo y ha
utilizado su energía para construir una red que aumente su productividad diez veces
respecto de la situación inicial). La brillante idea de Crusoe fue «rentable».
Cuando el espíritu empresarial se manifiesta en los mercados, una idea brillante
toma la forma de un empresario que se da cuenta de que ciertos insumos se pueden
adquirir por una suma determinada de dinero y ser utilizados en un proceso de
producción que da lugar a un producto que puede ser vendido. Ningún proceso de
producción físico de la economía de mercado puede producirse sin que alguien advierta
antes su posibilidad. La idea rentable consiste en la percepción de una diferencia de
precios positiva entre los precios de los insumos y los precios a los que los productos
se puedan vender, (que representa el costo de oportunidad del capital). En otras
palabras, en el contexto del mercado, el descubrimiento empresarial es (1) impulsado
ex ante por el potencial beneficio económico puro que se puede generar, y (2) advertido
ex post por la ganancia monetaria (o pérdida si la idea estaba equivocada) en la que
incurrimos como resultado de la actividad. En las condiciones institucionales
adecuadas, el mecanismo de pérdidas y ganancias determina en última instancia si el
descubrimiento empresarial era socialmente beneficioso, es decir, si la compra de los
insumos convertidos en producción tenía sentido desde el punto de vista de las
alternativas disponibles para esos recursos.
Existe ganancia monetaria debido a que los precios de mercado no reflejan del todo
la información disponible en el mercado sobre las preferencias de los consumidores, la
tecnología y la disponibilidad de recursos. Cuando la oportunidad de obtener una
ganancia pura es descubierta por un empresario, ello refleja el hecho de que existe un
espacio (en el conocimiento) en el mercado entre lo que se sabe y lo que puede ser
conocido. El descubrimiento empresarial consiste en el descubrimiento de una brecha
de conocimiento. A nivel social, el proceso emprendedor tiende a abordar el
«problema del conocimiento» (identificado por Hayek) que existe en la sociedad
(Hayek, 1945; Kirzner, 1973, 1984; O’Driscoll, 1977). Las oportunidades de lucro y
los vacíos de conocimiento en el mercado son cosas diferentes, y la misma a la vez. [57]
Uno debe insistir en la idea de que el beneficio económico no es un retorno sobre el
estado de alerta o sobre el espíritu empresarial. El espíritu empresarial y el estado de
alerta no son factores productivos porque sean necesarios para el despliegue de los
factores productivos. El elemento de la iniciativa empresarial no es en sí mismo un
recurso (en el sentido en el que la tierra, la madera, el acero, el trabajo y la maquinaria
son recursos). [58] Como resultado, la ganancia monetaria no es un retorno, sino un
residuo, que existe debido a las condiciones de incertidumbre radical en el mercado.
La cuestión de la utilidad pura y el cálculo monetario también se refiere a otro
debate entre los economistas austriacos. Murray Rothbard (1985) y Joseph Salerno
(1990, 1993) sostienen que la posición de Mises sobre el espíritu empresarial no es
sobre el estado de alerta y el descubrimiento, sino sobre el cálculo económico y la
coordinación de precios. Tienen razón en insistir en este aspecto de la iniciativa
empresarial, pero esto constituye solo una parte de la teoría. El cálculo económico
significativo solo puede realizarse una vez que se conoce el objeto sobre el que el
cálculo se llevará a cabo (es decir: descubrir). No se puede calcular (es decir, evaluar
y comparar las alternativas), si uno no ha tomado conciencia primero de la existencia
de esas alternativas. En otras palabras, se necesita tener una idea antes de hacer
cualquier cálculo monetario (por ejemplo, uno tiene que tener la idea de que un
restaurante se puede construir en un lugar determinado antes de hacer cualquier cálculo
sobre los recursos necesarios para construirlo). A menos que el empresario sepa cuáles
oportunidades y cuáles insumos potenciales podrían ser parte de su oportunidad, no
podrá hacer ningún cálculo monetario.
Al mismo tiempo, cualquier descubrimiento de una oportunidad de beneficio se debe
a los precios actuales de recursos, que en sí mismos determinan si una oportunidad de
ganancia pura podría ser aprovechada. Esto significa que un descubrimiento solo es
posible (en el contexto de mercado) a causa de cálculo monetario basado en los precios
actuales del mercado. Por lo tanto, estar alerta a una oportunidad de ganancia pura
también necesariamente implica cálculo monetario (para calcular si existe un potencial
de beneficio puro). La actividad empresarial en el mercado depende del cálculo
monetario, tanto para (1) descubrir cuáles recursos deben ser reasignados y (2) una vez
reasignados, si era deseable esa reasignación de los recursos, desde una perspectiva
social.
De ello se desprende que el cálculo monetario va de la mano con el descubrimiento:
son dos caras de la misma moneda. Rothbard y Salerno tienen razón al insistir en el
aspecto del cálculo enfatizado por Mises. Sin embargo, al introducir el concepto de
estado de alerta, Kirzner ha mostrado la importancia del descubrimiento en el cálculo
monetario en el que se ven envueltos los empresarios. El cálculo monetario, sin
descubrimiento, no es suficiente para describir el espíritu empresarial per se (puede ser
simplemente un caso de «maximización Robinsoniano» como diría Kirzner)[59]: el
espíritu empresarial se compone principalmente de descubrimiento.
Otro tema que se ha discutido entre los economistas austriacos en las dos últimas
décadas tiene que ver con la posibilidad de concebir al empresario «desposeído».[60]
En su obra, Kirzner aísla la función empresarial: el emprendedor es puro y sin
propiedad (algo que otros economistas como John Bates Clark y Mises han hecho antes
que él).
Aislar la función empresarial no solo nos permite aclarar la imputación de los
distintos ingresos de los factores (como mostrara Clark), sino que también permite a los
economistas establecer la naturaleza de esa función. La función empresarial introduce
la novedad en el sistema económico. Esto es aquello de lo que se trata el
descubrimiento de nuevos medios y fines. Este papel es impensable en el universo
cerrado de equilibrio neoclásico. Por esta razón, todos los factores (capitalista,
trabajador y terrateniente) están presentes en el mundo neoclásico, excepto la función
empresarial. Del mismo modo, todos los elementos neoclásicos están vinculados a la
propiedad (de bienes de capital, trabajo y tierra), excepto la función empresarial.
Se ha sostenido que el concepto de pérdidas empresariales muestra que los
empresarios desposeídos no pueden existir en el mundo real.[61] Seguramente las
pérdidas empresariales recaen en el propietario de los recursos (en el ejercicio de su
función de capitalista), pero no en la persona que hizo el descubrimiento inicial. La
función capitalista puede consistir en tomar los (ya reconocidos) riesgos mientras se
prestan recursos, los que pueden ser separados analíticamente de la función empresarial
(por ejemplo, el descubrimiento de nuevas oportunidades). De hecho, uno puede
imaginar un caso en el que el empresario presenta la oportunidad ya reconocida (de
riesgo) para el capitalista. En tal caso, el capitalista actuará como un «maximizador
Robbinsoniano» en la elección que persigue. Las pérdidas reflejan la incertidumbre del
futuro, no la imposibilidad de aislar la función empresarial.
Es cierto que la realidad del sujeto que ejerce su función empresarial tiene siempre
al menos un factor: su propio trabajo. Pero el hecho de que las funciones empresariales
y capitalistas se encuentren a menudo en los mismos individuos, no significa que el
espíritu emprendedor debe ser analíticamente conectado a la propiedad de los factores.
Por último, otro importante debate ha girado en torno al papel de la iniciativa
empresarial en el equilibrio. En la obra de Joseph Schumpeter (1942, 1982), el
empresario, como es sabido, a través de un acto de destrucción creativa, conduce a la
economía más allá de su anterior trayectoria de equilibrio antes de llegar a un nuevo
equilibrio.[62] Esto contrasta con Mises y Kirzner que ven el rol de la función
empresarial como aquel que conduce a las variables inducidas a un nivel más en línea
con las subyacentes, realizando de esta manera, en algún nivel, un papel equilibrante. [63]
Pero si las tendencias de equilibrio dominan o no, ha sido objeto de acalorados
debates. Todo el mundo reconoce ahora que, después de dos décadas de debate sobre el
equilibrio, es difícil hacer una declaración definitiva sobre el impacto final de la
actividad empresarial en relación con la trayectoria de equilibrio. [64]
Es cierto que el «equilibrio» es un concepto difícil de alcanzar en la «economía de
la vida». En el contexto del mercado, sin embargo, el papel de la iniciativa empresarial
solo puede entenderse con referencia a «precios falsos», es decir, los precios que no
reflejan del todo la información contenida en las variables fundamentales del mercado.
[65]
En este contexto, Mises (1966, pp. 407) establece que:

[L]a competencia entre los empresarios afanosos de lucro la que impide el


mantenimiento de precios falsos para los factores de producción. La propia
actuación de los empresarios, si no ocurrieran nuevos cambios, daría lugar a la
—por lo demás, irrealizable en la práctica— economía de giro uniforme.

Así, cuando Mises (y Kirzner) hablan del rol equilibrador de la función empresarial,
es en el contexto en el que se congelan todas las variables subyacentes. En este
contexto, solo, la actividad empresarial traería equilibrio.[66] En la economía dinámica,
la actividad empresarial puede ser vista como correctiva de las decisiones de mercado
anteriores y de adaptación a las nuevas condiciones de mercado, pero esto no implica
que el logro de cualquier equilibrio es posible (e incluso significativo). Es solo
mediante los ausentes cambios imprevistos en los descubrimientos empresariales que
podemos alcanzar un modelo perfecto de coordinación en el lugar. El conocimiento
acerca de la naturaleza correctiva de la iniciativa empresarial es importante porque
demuestra que el proceso de mercado no es una serie aleatoria de cambios, sino más
bien un proceso sistemático, de auto-ajuste.
El proceso de mercado empresarial consiste en continuos y simultáneos
descubrimientos empresariales que causan desequilibrios de la estructura de precios.
La fuente de estos desajustes se puede encontrar en los (todavía no revelados)
cambios en las variables fundamentales del mercado (preferencias de los
consumidores, las condiciones de suministro de recursos, etc.).
Una vez establecida la naturaleza y el rol de la iniciativa empresarial en los
mercados, pasemos ahora a la imagen completa, explicando cómo el mercado
competitivo es un proceso impulsado empresarialmente.

5. El mercado competitivo como un proceso impulsado empresarialmente

En las secciones anteriores, argumenté que el mercado es un proceso, que la


competencia es una actividad de rivalidad entre los productores que compiten por cada
dólar que gasta el consumidor, y que el descubrimiento empresarial es la fuerza motriz
del orden social. «Lo que distingue a la Escuela Austríaca y habrá de proporcionarle
fama inmortal», escribió Mises (1978, p. 36), «es precisamente el hecho de haber
desarrollado una teoría de la acción económica y no de la “no acción” o “equilibrio
económico”». En el sistema de Mises-Kirzner, la acción humana está siempre presente
y es la explicación clave detrás de los fenómenos del mercado. Lo que es extraño,
desde la perspectiva de la economía austriaca, es que los economistas neoclásicos
nunca negaron el aspecto irrealista de su punto de vista de los mercados y de la
competencia, pero no obstante, encontraron bastante aceptable acusar a la realidad
cuando ésta se desvió del modelo.
Mises vio el mercado como un proceso incesante impulsado empresarialmente. Este
es el tema de la Parte IV de La Acción Humana, que detalla el funcionamiento de la
gran sociedad basada en el intercambio de mercado —Mises usa el término
«cataláctica». Mises (1966, p. 310) escribe que «la fuerza motora del mercado, el
impulso que engendra la innovación y el progreso, procede del inquieto promotor,
deseoso siempre de incrementar todo lo posible su beneficio personal». En otro pasaje
(Ibíd, p. 403), afirma: «La actuación de ágiles empresarios deseosos de aprovechar las
diferencias existentes entre los precios de mercado de los factores de la producción y
los previstos precios futuros de los bienes de consumo impulsa el mercado». Está claro
que en la mente de Mises el mercado es un proceso impulsado empresarialmente.
Argumenté anteriormente que la idea del mercado como un proceso de
descubrimiento empresarial implica algo más que la idea del mercado como un espacio
para el intercambio. La diferencia entre los dos puntos de vista es la idea de la
interconexión entre las actividades humanas.
La interconexión del mercado solo se puede explicar si uno ve el mercado como un
proceso. Este es un punto importante, ya que esta interconexión se supone en la teoría
del equilibrio (es decir, en el segundo punto de vista del mercado, que vimos más
arriba), pero se concreta en el enfoque austriaco. El mecanismo que crea la
interconexión de las actividades humanas es el cálculo monetario empresarial. Este
mecanismo se basa en la existencia de un medio de intercambio y también de la falta de
especificidad del trabajo como factor de producción.
Como el dinero está presente en todos los intercambios y, por tanto vincula a las
decisiones de todas las personas en virtud de ser un medio de intercambio, los
empresarios son capaces de descubrir las oportunidades que pueden requerir para su
explotación una gran división del trabajo y del conocimiento. La explotación simultánea
de numerosos descubrimientos empresariales crea una concatenación de relaciones
entre los diferentes actores económicos, simplemente porque los empresarios alejan sus
recursos de sus usos alternativos. Este proceso de licitación (basado en el cálculo
monetario empresarial) crea interrelación entre las actividades humanas. Los precios
no son elementos aislados en el mercado, son el resultado de las complejas relaciones
que prevalecen en cada momento en la sociedad.[67]
Imagínese que todos los factores sean puramente específicos y fueran utilizados
solamente para la producción de una mercancía y nada más. Cada factor tendría un solo
uso. En un mundo así los empresarios no podrían asignar recursos a fines alternativos.
Como consecuencia de ello, no habría ninguna conexión entre un tipo de producción y
otro. En un mundo de factores puramente específicos, la interconexión de las
actividades humanas estaría ausente, y los empresarios no calcularían cómo reasignar
los factores de recursos para nuevos usos. En un mundo así, el problema de la
asignación de recursos desaparece.
Hay un proceso de mercado, ya que los empresarios hacen descubrimientos,
calculan (a través de la utilización de los precios monetarios) cómo reasignar los
factores de recursos que no son estrictamente específicos de nuevas líneas de
producción. Esto crea una interconexión general entre las actividades humanas
precisamente porque la mayoría de los factores pueden ser utilizados en más de un
proceso de producción. Aunque muchos factores pueden ser no específicos, Mises vio
al trabajo como aquel recurso particularmente crucial en la creación de este
interconexión. «Cada empresario procura adquirir al precio más barato posible los
tipos de trabajo que precisa», explica Mises. «Sin embargo, el salario que ofrece tiene
que ser lo suficientemente elevado para atraer al trabajador que le interese separándole
de la solicitación de los demás empresarios que igualmente pretenden contratar sus
servicios». (1966, p. 703). Son los empresarios que compiten por contratar los
servicios de mano de obra los que crean interconexiones entre las actividades humanas.
Si el trabajo fuera absolutamente específico, los empresarios solo podrían utilizar cada
tipo de trabajo con aquel que sea compatible con su producción y nada más —esto
impediría la capacidad de comparar las diferentes alternativas disponibles para los
empresarios y para las personas que suministran la mano de obra. Pero «el que un
cierto factor, el trabajo, se requiera en cualquier producción, y además sea, dentro de
límites definidos, de carácter no específico, origina la general conexión de todas las
actividades humanas. Esta circunstancia integra los precios en un conjunto orgánico
cuyas partes se influyen mutualmente, y da lugar a que el mercado sea una
concatenación de fenómenos interdependientes» (ibíd, p. 471; énfasis en el original).
El mercado es un proceso empresarial de descubrimiento, ya que se basa en los
cálculos monetarios que los empresarios hacen mientras compiten por el uso de
diferentes factores, en especial el del trabajo. Este proceso crea una conexidad general
de las actividades humanas, que no «solo determine la estructura de precios, pero no
menos la estructura social, la asignación de tareas concretas a los diferentes
individuos» (ibíd., p. 311). En otras palabras, el proceso de mercado crea la
cooperación social humana bajo la división del trabajo.
Esta es la razón por la que Mises entiende que en el mercado cada producto compite
con cualquier otro producto. Es la razón por la cual el mercado (libre y abierto) es
siempre competitivo. En la medida en que la entrada en un mercado sea libre, el
implacable proceso de mercado empresarial no se detiene, y no depende del número de
productores o consumidores. La mera posibilidad de entrada de cualquier persona
interesada en competir con los operadores tradicionales (incluso si los costos de
entrada no son triviales) define un resultado competitivo (es decir, precios
competitivos). En este sentido, los mercados son siempre competitivos, siempre y
cuando no existan barreras de entrada.[68]
La cuestión de la competencia pone en juego la cuestión institucional. Para que el
proceso de mercado empresarial funcione a pleno es necesario (pero tal vez no
suficiente) que operen tres condiciones conjuntamente: (1) Los derechos de propiedad
deben estar (formal o informalmente) definidos, protegidos y ser libremente
transferibles, [69] (2) un medio de intercambio (fiable) debe ser utilizado para establecer
los precios (monetarios) relativos, y (3) la entrada en los mercados debe estar abierta
(es decir, sin restricción de entrada a través de la legislación). Si al menos estas tres
condiciones están presentes, los empresarios pondrán en marcha el proceso de
mercado. Atenuar los derechos de propiedad (por ejemplo, a través de la zonificación),
aplicar diversas regulaciones de mercado (por ejemplo, las leyes de salario mínimo), o
imponer privilegios en algunos mercados puede afectar su buen funcionamiento, pero
esto no necesariamente destruirá el proceso emprendedor. Estas condiciones son
conjuntamente necesarias porque si una (o más) de ellas está completamente ausente, el
proceso empresarial (de mercado) no puede operar. [70]
Un caso muy conocido donde se altera el proceso de mercado es aquel en que la
entrada en un mercado está restringida por la legislación.[71] Este es el caso cuando un
gobierno concede un privilegio en la producción de un bien a un productor o grupo de
productores. De este modo, el gobierno permite que el productor reciba un privilegio
de cobrar un precio más alto (es decir, un precio de monopolio, que resulta de la
producción limitada) en comparación con lo que habría si estuviera compitiendo
directamente con otros en el mercado. Mientras exista la libertad de entrada, el
mercado será siempre competitivo. En la medida en que se restringe la entrada (por el
gobierno), los precios de monopolio se hacen posibles. En este sentido, el gobierno es
siempre la fuente de los precios de monopolio [72]. Sin embargo, el productor principal
no puede obtener rentas de monopolio de la situación, ya que esto depende de la
demanda de su producto. Con el tiempo, es difícil mantenerse protegidos contra el
efecto del proceso empresarial, a medida que se desarrollan sustitutos y el valor del
privilegio al productor disminuye [73].
En última instancia lo que va a determinar la existencia y el tipo de la iniciativa
empresarial es la calidad del marco institucional (es decir, las normas que rigen la
interacción humana y su aplicación), que determina si (y en qué medida) las tres
condiciones anteriores están presentes.
Dependiendo de su calidad, las instituciones dirigirán el proceso empresarial de
diferentes maneras. Como resultado, algunos descubrimientos empresariales pueden ser
de beneficio social, mientras que otros pueden ser socialmente improductivos (como la
búsqueda de rentas)[74].

6. Conclusión
Sin el proceso de descubrimiento empresarial, el conocimiento del mercado y la
competencia es muy limitada. Es debido a las acciones incesantes de los empresarios
que el mercado es visto como un proceso continuo de actividades correctivas
simultáneas. El desarrollo de esta idea se remonta, al menos, a la obra de Carl Menger.
Pero fue realmente con Mises (y con Schumpeter), que el papel del empresario en el
mercado se hizo más conocido. El aporte de Mises estuvo en explicar la naturaleza
dinámica de los mercados al señalar cómo los individuos son capaces de reconocer lo
que nunca antes habían advertido y mostrar cómo esta actividad explica las
propiedades sistemáticas y de auto-ajuste del sistema de mercado.
Se dejó a Kirzner explicar los detalles de ese mecanismo, poniendo en contacto el
trabajo de Hayek sobre el conocimiento y el de Mises sobre el rol del empresario.
Kirzner desarrolló una teoría del descubrimiento empresarial que representa la
aparición de la novedad a través del concepto de estado de alerta. Se incrusta el
espíritu empresarial dentro de la realidad del cálculo económico, mientras integra su
enfoque con el énfasis en el conocimiento, la ignorancia, la creatividad y la
incertidumbre. Kirzner hace explícita la idea de que el proceso de mercado empresarial
va más allá del descubrimiento empresarial puro (que está presente en todo tipo de
situaciones de no mercado); es el implacable proceso de corrección de errores a través
del cual se efectúa la introducción de nuevos datos en el mercado.
A pesar de los desacuerdos contemporáneos (marginales) entre los economistas
austriacos sobre la naturaleza de la iniciativa empresarial, es el reconocimiento del
carácter emprendedor del proceso de mercado lo que le ha dado a estos economistas la
munición para resistir las tentaciones de la comprensión mecanicista de los fenómenos
sociales, como se ve en la mayor parte de la teoría económica del siglo XX. Como
destacara Lavoie, fue gracias a la originalidad de la posición austríaca sobre la
naturaleza del sistema de mercado que los economistas formados en esta tradición
evitaron, por ejemplo, la falacia de las soluciones de cuasi-mercado al socialismo y
entendieron desde el principio los efectos negativos de la política anti-monopólica.
Mientras que en otros aspectos (por ejemplo, el salario mínimo), las conclusiones de
los economistas neoclásicos son similares a la de la posición austriaca, es solo a través
de la comprensión empresarial del proceso de mercado que se puede comprender la
naturaleza completa del sistema de mercado y el orden que éste crea. Del modo en que
uno reflexiona sobre la naturaleza de la competencia empresarial y el proceso de
mercado, uno solo puede estar temeroso al contemplar un fenómeno social de una
complejidad asombrosa que Mises, Hayek y Kirzner nos han ayudado a comprender
mejor.

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III
MACROECONOMÍA
8. El dinero no es neutral
J. ROBERT SUBRICK

1. Introducción

La neutralidad del dinero ocupa un lugar central en la macroeconomía moderna y en la


economía monetaria. A largo plazo, los cambios en la oferta de dinero no afectan a las
variables reales tales como el nivel de producto interno bruto (PIB), la tasa de
crecimiento del PIB o la tasa de desempleo. Cambios en la oferta de dinero no alteran
los precios relativos, es decir, que la relación entre los precios de los bienes y
servicios sigue siendo la misma después que ocurre una contracción o expansión
monetaria. Las variaciones en la oferta monetaria solo influyen en el nivel general de
precios. Todos los precios cambian de la misma manera cuando la oferta de dinero
varía. Los aumentos o disminuciones en la oferta monetaria solo alteran el nivel de las
variables nominales. La mayoría de los modelos macroeconómicos aceptan esta
proposición, al menos para el largo plazo. Por ejemplo, tanto el monetarismo como el
nuevo Keynesianismo aceptan la neutralidad del dinero en el largo plazo. Los Modelos
del ciclo económico real comienzan con la suposición de que el dinero es neutral, tanto
en el largo como en el corto plazo.
En contraste, la no neutralidad del dinero juega un papel central en el enfoque
austriaco de la economía monetaria. Los aumentos en la oferta de dinero sí afectan los
precios relativos y variables reales en el corto plazo. Los cambios en la oferta de
dinero alteran los precios relativos, los cuales influyen en la toma de decisiones
individuales sobre los tipos de bienes y servicios a consumir. Tanto los aumentos como
las disminuciones en la oferta monetaria afectan a la tasa de interés de mercado. Como
resultado, el ahorro y los patrones de inversión cambian. El dinero tiene un impacto no
neutral en la economía.
De acuerdo con Ludwig von Mises, F.A. Hayek y sus seguidores, la no neutralidad
del dinero constituye uno de los pilares centrales para explicar el ciclo económico.
Cuando la autoridad monetaria aumenta la oferta de dinero, la tasa de interés cae y los
precios relativos entre el consumo y los bienes de inversión se modifican como
consecuencia. Aumenta la inversión. Como la gente realiza más inversiones y consume
menos, surgen diferencias entre la cantidad y el tipo de bienes producidos y los tipos de
bienes demandados. Con el paso del tiempo, se llevan a cabo malas inversiones dado
que algunos mercados tienen un exceso de oferta de bienes y otros tienen exceso de
demanda. La crisis se produce entonces una vez que la divergencia entre ellos se hace
demasiado grande.
F. A. Hayek introdujo el término de dinero neutral en la economía de habla inglesa
en la década de 1930. Atribuyó el crédito de este término a Knut Wicksell, aunque
Wicksell no lo utiliza y otros escritores citados por Hayek sí lo hacen (Patinkin y
Steiger, 1989). Hayek criticó el uso de Wicksell y usó el término neutro para explicar
cómo un cambio en la tasa de interés inducida por la política monetaria afecta los
precios relativos entre el consumo y los bienes de inversión. El dinero tuvo un impacto
neutral cuando no alteró los precios relativos. Sirvió como un objetivo de la política
monetaria.
El concepto de dinero neutral es previo a Hayek por varias décadas. David Hume
([1742] 1987), en sus ensayos Of Money y Of Interest contiene declaraciones iniciales
de los aspectos no-neutral de dinero como también lo hace Richard Cantillon ([1755]
1931) en su Ensayo sobre la Naturaleza del Comercio en General.[75] Estos autores
discutieron los efectos de esos cambios, tanto a corto como a largo plazo. Los
Monetaristas y los Nuevos Clásicos han reivindicado a Hume como un predecesor pero
han ignorado los cambios en los precios relativos que se derivan de los cambios en la
oferta monetaria que impulsa parte de su análisis (Mayer, 1980; Lucas, 1996).
Keynes enfatizó la no neutralidad del dinero en su Tract on Monetary Reform
(1923). Su famosa frase de que «en el largo plazo estamos todos muertos»[76] hace
referencia a la irrelevancia de la proposición de neutralidad monetaria a largo plazo
discutida por los defensores de la teoría cuantitativa del dinero. Al igual que los
austriacos, Keynes hizo hincapié en la no neutralidad del dinero.
En este capítulo se reafirma la lógica de las declaraciones de neutralidad monetaria.
A continuación se examinan las fuentes relativas a la no neutralidad mencionadas por
Hayek y también por escritores posteriores, dentro y fuera de la tradición austriaca.
Luego se vuelve hacia la cuestión de por qué el dinero no neutral importa en la
economía austriaca. En particular, se coloca el dinero no neutral dentro de la teoría
austriaca del ciclo económico. Por último, se considera el desafío de los Nuevos
Clásicos; en particular, las afirmaciones hechas por los macroeconomistas basados en
expectativas racionales y las razones que nos llevan a esperar mayores desarrollos de
sus implicancias para la comprensión de las fluctuaciones en el PIB.

2. ¿Qué es el dinero neutral?

La definición neoclásica del dinero neutral enfatiza la relación a largo plazo entre los
cambios en la oferta monetaria y el nivel agregado de precios. El dinero cuenta con la
propiedad de neutralidad cuando un aumento o disminución en su suministro solo afecta
el nivel de precios y no a las variables reales.
Formalmente, el dinero neutral se refiere a una función de demanda homogénea de
grado cero en los precios del dinero y en la cantidad inicial de los activos financieros.
Pero la definición neoclásica es solo una de las posibles definiciones de dinero neutral.
Hay por lo menos cuatro proposiciones diferentes que la describen (Visser, 2002, p.
527). Todas las proposiciones tienen una cosa en común: los cambios en la oferta
monetaria no afectan a las variables reales. Las cuatro proposiciones son:

1. El dinero solo actúa como un velo. La introducción de dinero no afecta la


asignación de recursos y la economía actúa como si fuera una economía de trueque.
2. El equilibrio monetario se mantiene en todo momento, es decir, no hay exceso de
demanda ni de oferta de dinero.
3. Los cambios en la oferta monetaria solo afectan al nivel general de precios como
se describe en la teoría cuantitativa del dinero.
4. Los cambios en la tasa de inflación no afectan a las variables reales. Esta es la
proposición de super-neutralidad.

Hayek (1935, p. 130) discute la propuesta de que el dinero solo sirve como un velo
y no afecta a las variables reales. Escribió que el concepto de dinero neutral «se refiere
al conjunto de condiciones bajo las cuales se puede concebir que puedan tener lugar los
acontecimientos de una economía monetaria, y en particular en dicha economía, los
precios relativos se formarían, como si fueran influenciados solamente por los
“verdaderos” factores» (itálica del original). El dinero solo sirve como un velo. La
introducción de dinero en el sistema económico no modifica los precios relativos. Los
factores reales únicamente determinan los precios. El dinero solo proporciona una
escala para facilitar el intercambio mediante la reducción de los costos de transacción
pero no influye en las decisiones de producción o consumo. Esta definición de dinero
neutral era un ideal poco probable de alcanzar en el mundo moderno.
La tradición austriaca ha abordado el impacto de desequilibrio monetario con mayor
profundidad. La obra de Hayek pone de relieve los efectos de los cambios en el
mercado de dinero sobre los resultados generales. El equilibrio monetario se produce
cuando no hay exceso de oferta ni de demanda de dinero.
Las personas mantienen su cantidad óptima de dinero basándose en sus expectativas
subjetivas y la información que poseen. Cuando la autoridad monetaria introduce nuevo
dinero en el sistema económico, los individuos modifican su demanda por dinero. Los
precios cambian a medida que los nuevos destinatarios utilizan su dinero para comprar
bienes y servicios. El aumento de los precios que resulta del nuevo dinero obliga a
otros a cambiar la cantidad de dinero que poseen para el consumo.
Los individuos alteran su comportamiento para adaptarse a la nueva situación
monetaria. Del mismo modo, cuando suceden cambios en la productividad, la demanda
por dinero cambia y se produce un desequilibrio monetario. Por ejemplo, un aumento
de la productividad reduce los precios y los individuos demandan menos dinero. Al
ajustar la cantidad de dinero que poseen, los precios y los recursos se reasignan.
La tercera definición de dinero neutral se desprende de la teoría cuantitativa. En la
ecuación de canje (MV = PQ, donde M es la oferta monetaria, V es la velocidad de
circulación del dinero, P es el nivel general de precios, y Q es la cantidad de
producción), el dinero tiene un efecto neutral cuando V y Q se mantienen constantes.
Bajo estos supuestos, los cambios en M solo afectan a P. Esta es la verdad fundamental
de la teoría cuantitativa. Como Milton Friedman declaró: «la inflación es siempre y en
todas partes un fenómeno monetario». (1963).
Hayek (1935, p. 4) desestimó la teoría cuantitativa como relativamente inútil
porque: «ninguna de estas dimensiones, como tal, ha ejercido influencia en las
decisiones de los individuos; sin embargo, es en el supuesto del conocimiento de las
decisiones de los individuos en que se basan las proposiciones principales de la teoría
económica no monetaria». En otras palabras, la neutralidad del dinero en la teoría
cuantitativa se refiere a las propiedades de largo plazo de una economía monetaria.
Pero, de nuevo, como Keynes tan memorablemente escribió: «En el largo plazo estamos
todos muertos». En el mundo real, la proposición de neutralidad es válida solo después
de que hayan pasado varias décadas y los altibajos del ciclo económico se hayan
producido. No aborda los problemas que surgen cuando la economía cambia de un
equilibrio a otro. El proceso de cómo cambian los precios permanece sin explicación o
es silenciado o ignorado. Milton Friedman (1969), en una bien conocida analogía,
representa el proceso de oferta monetaria como la autoridad monetaria arrojando
dinero desde un helicóptero a todos los ciudadanos por igual.
En la economía moderna, los helicópteros no tienen ningún papel en el proceso de
introducir dinero al mercado. El nuevo dinero no se distribuye por igual. Como
resultado, el dinero tiene efectos no neutrales.
La cuarta proposición de neutralidad se refiere a la super-neutralidad del dinero. Un
aumento en la oferta monetaria puede no afectar las variables reales y mantener los
precios relativos, pero los cambios en la tasa de crecimiento de la oferta de dinero
pueden afectar a la economía real. En otras palabras, los cambios en la tasa de
inflación pueden tener efectos sobre la economía real, especialmente en la tasa de
crecimiento económico y la distribución del ingreso. La inflación tiene efectos
distributivos. Por ejemplo, los ricos suelen tener los medios para ajustar su cartera de
valores a activos menos afectados por la inflación que los pobres. Como resultado, los
efectos nocivos de la inflación son un aliado desproporcionado a cargo de los pobres.
Del mismo modo, los cambios en la varianza de la inflación pueden afectar el
crecimiento económico por la creciente incertidumbre en una economía. Mientras los
inversores se vuelven menos capaces para predecir las futuras tasas de inflación, ya
que carece de estabilidad, eligen invertir sus recursos en otra parte. Como la inversión
cae, también lo hace la tasa de crecimiento económico. Los enfoques tradicionales
austriacos han dicho poco sobre la probabilidad de dinero super-neutral aunque no
presenta un problema analítico.
En resumen, el dinero neutral tiene varias definiciones. La sabiduría convencional
de la macroeconómica sostiene que el efecto del dinero en el largo plazo es neutral. Los
cambios en la cantidad de dinero no afectan a las variables de la economía real. Casi
toda la evidencia empírica ha respaldado las afirmaciones de que el dinero tiene
efectos neutros en el largo plazo. Al parecer, el enfoque austriaco de la economía
monetaria tiene poco o ningún apoyo empírico.
Sin embargo, los estudios sobre el efecto a corto plazo de los cambios en la oferta
monetaria sí encuentran efectos no neutrales. Los cambios en la oferta monetaria afectan
a la verdadera economía.

3. Fuentes de no neutralidad

Existen varias razones para explicar la no neutralidad del dinero. Hayek ofreció varios
argumentos en sus trabajos de la década de 1930. Incluyeron el ahorro forzado, los
precios rígidos, el efecto Cantillon o de distribución, y los efectos de contratos a largo
plazo sobre la flexibilidad de los precios. Los economistas clásicos han incluido
razones adicionales como también lo han hecho contribuciones recientes a la
macroeconomía.
Los modelos recientes destacan temas austriacos tradicionales, como la importancia
de información imperfecta y la formación de expectativas subjetivas.
Humphrey (1984) y Visser (2002, p. 530) resumen las razones del dinero no neutral.
Sus listas combinadas incluyen las siguientes:

a) Efecto Cantillon;
b) Ahorro forzoso;
c) Ilusión monetaria;
d) Rigidez de precios y contratos a largo plazo;
e) Efecto Mundell-Tobin;
f) Dinero-mercancía.

a) Efecto Cantillon

La fuente más conocida de los efectos no neutrales de dinero en la tradición austriaca se


deriva de las ideas recogidas en el Essai ([1755] 1931) de Cantillon (y los escritos
económicos de David Hume [1742] 1987) y se extendieron hasta Hayek en sus
conferencias de LSE. Cantillon destacó la trayectoria por la que el dinero entra en una
economía. Cuando la autoridad monetaria aumenta la oferta monetaria, no todos los
consumidores reciben la cantidad necesaria para evitar que los precios relativos se
modifiquen. El dinero termina en las manos de unos y no de otros. Las contracciones o
expansiones monetarias no afectan a todos por igual. Las primeras personas que reciben
el dinero lo gastan en bienes y servicios de su preferencia. Han aumentado su poder
adquisitivo con relación al resto de la ciudadanía. Como consecuencia, los precios de
estos bienes y servicios aumentan. Los inversores y las empresas responden mediante la
asignación de más recursos para la producción de estos bienes y servicios, debido a los
precios más altos. Tiene lugar entonces cierta reasignación de recursos.
El proceso descrito por el efecto Cantillon continúa mientras el dinero pasa por las
manos de diversos miembros de la sociedad. Las personas que reciben el dinero
temprano en el tiempo tienen mayor poder adquisitivo que los que la reciben después.
Esto altera la estructura de los precios relativos. Cuando el dinero se convierte en
neutral en el largo plazo, una nueva distribución de los precios ha surgido. El efecto
Cantillon se produce, en parte, porque los ciudadanos carecen de información relevante
acerca de la fuente de la variación de los precios. Confunden cambios reales y
nominales y el dinero tiene un efecto no neutral. Han interpretado los cambios en la
oferta de dinero con un cambio en la oferta o la demanda. Como resultado, el dinero
tiene un efecto no neutral.

b) Ahorros forzosos

Aunque la doctrina del ahorro forzoso se originó con Jeremy Bentham, Hayek
desarrolló la idea para explicar cómo los cambios en la oferta de dinero afectaron los
precios relativos entre el consumo y la inversión de capital. Cuando aumenta la oferta
monetaria, la formación de capital aumenta por una reducción en la tasa de interés. La
inflación sigue al aumento en la oferta monetaria y aquellas personas con ingresos fijos
se ven obligadas a utilizar sus ahorros con el fin de adquirir bienes. Sus ahorros
existentes han perdido algo de su poder adquisitivo. Horwitz (2000, p. LIS) resumió al
ahorro forzoso como «la reducción forzosa del poder adquisitivo de aquellos que no se
benefician del nuevo dinero creado».

c) Ilusión monetaria

El supuesto fundamental detrás de la neutralidad del dinero es que los individuos no


sufren de ilusión monetaria (Patinkin, 1987). La gente entiende la diferencia entre un
cambio en las variables reales y las variables nominales. Solo los cambios en las
variables reales afectan el comportamiento, los cambios en las variables nominales no
lo hacen. Por ejemplo, un cambio en las tasas de crecimiento económico (una variable
real) conducen a los consumidores a modificar su comportamiento, mientras que un
cambio en la inflación (una variable nominal) no produce un cambio en el
comportamiento de nadie. Gran parte de la teoría monetaria moderna supone que la
ilusión monetaria no existe.
Los valores nominales no afectan a las variables reales. Formalmente, Patinkin
(1965, p. 22) escribió que «se dice que un individuo sufre de tal ilusión si sus funciones
de exceso de demanda de mercancía no depende únicamente de los precios relativos y
la riqueza real». La teoría microeconómica estándar apoya la ausencia de ilusión
monetaria, ya que solo los precios relativos afectan el comportamiento. James Tobin
(1972, p. 3) escribió que «un teórico de la economía puede, por supuesto, no cometer
ningún crimen mayor que asumir la ilusión monetaria». Sin embargo, el enfoque
austriaco permite la ilusión monetaria y no ha cometido ningún crimen. La confusión
entre cambios nominales y reales acosa a las personas. Cualquiera que haya enseñado
sobre principios de la economía sabe que muchos estudiantes confunden la diferencia
entre variables reales y nominales.
La Ilusión monetaria complementa a otras fuentes de no neutralidad monetaria.
Horwitz (2000, p. 163) trata la ilusión monetaria como una fuente de rigidez de los
precios. Escribió que «es posible que la gente no entienda que los recortes de los
salarios nominales, cuando los precios finales están cayendo, los dejará más o menos
en la misma posición que antes». Una explicación común para la ilusión monetaria se
origina en los costos de obtener información. Si los precios nominales cambian
lentamente y en cantidades relativamente pequeñas, ¿qué incentivos tienen las personas
para recopilar información sobre los precios ajustados a la inflación? De manera
similar, las personas a menudo no recogen información sobre el origen de los cambios
de precios.
Comprender si la oferta o la demanda han cambiado debido a causas reales o
nominales implica asumir un costo que la gente a menudo ve como relativamente alto.
En la mayoría de los costos, desconocer el precio real de un bien tiene un impacto
pequeño en el comportamiento.
Existe una explicación austriaca alternativa, pero no ha sido explorada en
profundidad. En El orden sensorial (1952) Hayek argumenta que las percepciones de
las personas evolucionan en respuesta a interacciones repetidas con el ambiente
externo. Si las personas operan dentro de un entorno de precios nominales (como de
hecho lo hacen), entonces pensarán en términos nominales. No debería sorprender que
confundan variables reales y nominales dado que sus mentes han evolucionado para
operar dentro del mundo nominal. Las investigaciones futuras podrían examinar la
relación entre los escritos psicológicos de Hayek y su relación con la economía
monetaria.
d) Rigidez de precios y contratos a largo plazo

Para que el dinero tenga efectos neutros, los salarios y los precios deben ajustarse a los
cambios en las condiciones de la demanda y la oferta. Si los precios responden a los
cambios en la contracción o expansión monetaria, el dinero es neutral. Sin embargo, en
muchos mercados, los precios no se ajustan inmediatamente a las nuevas condiciones.
Se mantienen iguales luego de que la autoridad monetaria ha adoptado un plan de
acción que o bien reduce o aumenta la oferta monetaria. Una serie de razones han sido
propuestas para explicar el retraso en el cambio de los precios luego de un cambio en
la oferta monetaria.
La contratación a largo plazo limita la neutralidad del dinero en el corto plazo.
Hayek (1935, p. 131) escribió que «la existencia de un medio de intercambio
generalmente aceptado siempre dará lugar a la existencia de contratos a largo plazo con
relación a este medio de intercambio, que se han celebrado con base en expectativas de
un nivel de precios futuro cierto». Los individuos estiman cuáles serán esos precios
futuros. A veces estiman correctamente los precios futuros y a veces no. Negocian
contratos con el fin de minimizar la incertidumbre sobre el futuro. Cuando se estima
incorrectamente sobre el futuro, el dinero tiene un efecto no neutral. Por ejemplo, los
contratos salariales están denominados en términos nominales. Si la inflación real
supera la inflación esperada, entonces el salario real cae. Si los trabajadores se dieran
cuenta que sus salarios reales han caído, pueden responder mediante la reducción de la
productividad.
Los nuevos modelos keynesianos formalizan y amplían las fuentes de rigidez de
precios. Los costos de menú ofrecen un ejemplo sencillo. Cuando los cambios de
precios son pequeños, puede ser demasiado costoso imprimir nuevos menús. Los
beneficios de publicar los nuevos precios son inferiores que el costo. Aunque la
literatura empírica no ha encontrado mucho apoyo para los modelos de costos de menú,
estudios más recientes que incluyen los costos asociados con decidir si cambiar o no
los precios, indican que los costos de menú pueden explicar cómo el dinero tiene un
efecto no-neutral.

e) El efecto Mundell-Tobin

El efecto Mundell-Tobin se produce cuando las tasas de interés nominales aumentan


menos de uno por uno con la inflación, debido al impacto de los cambios en el
comportamiento individual que se derivan de una mayor inflación. Los aumentos en la
oferta monetaria hacen que el tipo de interés nominal difiera de la tasa de interés real.
El aumento de la inflación reduce el valor del dinero. Los consumidores responden
conservando menos dinero. Ellos conservan otros activos en su lugar y, como resultado,
demandan menos dinero. Como consecuencia las tasas reales de interés bajan. El
cambio en la tasa de inflación ha provocado cambios reales en la economía.

f) Dinero-mercancia

Cuando el dinero tiene una base de mercancías, tiene efectos no neutrales. Cuando
Hayek escribió por primera vez, todavía quedaban ciertos restos del patrón oro.
Implícitamente, aceptó que algunos recursos reales proporcionarían el valor del dinero.
Pero desde el colapso del sistema de Bretton Woods en el marco de la presidencia de
Nixon, el dinero fiduciario se ha convertido en la norma (al menos para los países
desarrollados). Bajo el dinero mercancía, el aumento de la oferta de oro o plata
aumentaría el nivel de precios y cambiaria los precios relativos entre el oro y la plata,
y otros productos y servicios se llevarán a cabo. Verdaderos cambios se efectuarán en
la economía. La introducción de dinero fiduciario no afecta los precios relativos entre
la base del dinero-mercancía y otros bienes y servicios. El cambio de dinero-mercancía
a dinero fiduciario eliminó a esta como una fuente de dinero no neutro.

4. Dinero no neutral y fluctuaciones económicas.

La explicación Austriaca de las fluctuaciones económicas subraya cómo los factores


monetarios causan cambios reales que aumentan y disminuyen el PIB en el corto plazo.
El dinero ejerce un gran efecto sobre la economía global y se convierte en una fuente de
los ciclos económicos. La explicación austriaca para las fluctuaciones económicas
comienza con la comprensión del rol del interés en una economía monetaria. Las tasas
de interés reflejan las preferencias subjetivas de los ahorradores y de aquellos que
quieren pedir prestado. Los tipos de interés se desprenden de sus interacciones.
Supongamos que las preferencias inter-temporales no cambian. Esto es, la tasa de
interés no cambia porque la gente ha alterado su equilibrio preferido entre el consumo
presente y futuro. Esta es la tasa natural de interés. Es natural en el sentido de que
refleja las preferencias y limitaciones de los prestatarios y los prestamistas.
Supongamos ahora que el banco central expande la oferta monetaria, aumentando por lo
tanto la oferta de crédito disponible. Esto es, la tasa de interés de mercado. La tasa de
interés de mercado baja como resultado de la mayor disponibilidad de crédito. Está por
debajo de la tasa natural de interés. El ahorro baja y la inversión aumenta a una tasa de
interés más baja. Disminuye el consumo y aumenta la inversión.
El enfoque austriaco se diferencia de los enfoques más convencionales, en que hace
hincapié en los efectos de la inyección de crédito en la estructura de capital. El banco
central proporciona el dinero a los bancos y el gobierno central mediante la compra de
bonos. Si utilizan el nuevo crédito para hacer inversiones en capital, los precios de
esos bienes aumentan. Los receptores iniciales del nuevo dinero han aumentado su
poder adquisitivo en relación a los que no lo han recibido. Los efectos no neutrales de
dinero se producen debido a los aspectos «coyunturales relajados» del dinero. El
dinero impregna todos los mercados. Cuando el nuevo dinero entra en una economía, la
gente tiene que ajustar sus tenencias de dinero.
Horwitz (2000, pp. 96-103) hizo hincapié en la comprensión del desequilibrio
monetario del dinero neutral y su relación con la estructura de capital. El capital es un
bien heterogéneo que se caracteriza por la complementariedad y sustituibilidad, lo que
implica que el camino por el cual el dinero entra en la economía importa (véase el
capítulo 9). Horwitz escribió que:

Si la estructura del capital se entiende compuesta por diversos precios inter-


temporales existentes en el mercado, entonces el dinero es neutral si la política
monetaria o régimen actual no es una causa de la distorsión sistemática en los
precios, que conducen a la potencial y sostenida habilidad de dicha estructura.
Cambios derivados del proceso de oferta monetaria no proporcionan demasiada
o insuficiente inversión en comparación con el ahorro voluntario, creando la
posibilidad de una estructura de capital sostenible. En el desequilibrio
monetario, el desajuste entre ahorro e inversión implica una falta de sincronía
entre las señales que enfrentan los empresarios y las preferencias de los
consumidores, dando lugar a la creación de una estructura de capital que es
insostenible y, finalmente, debe ser revertida. Es en este sentido que el dinero es
neutral en el equilibrio monetario.

El dinero no es neutral cuando los precios relativos esperados cambian y los


recursos son reasignados a actividades que no se asignarían si el dinero nuevo no
hubiera sido introducido.

5. El desafío de los Nuevos Clásicos

La aparición de un nuevo enfoque clásico sobre la economía monetaria y la


macroeconomía en general ha reducido en gran medida la importancia del dinero en la
explicación de los efectos de los cambios en su oferta. Su ascenso ha eliminado
prácticamente cualquier discusión de los enfoques austriacos sobre el dinero no neutral.
Los primeros Nuevos Clásicos silenciaron las fuentes de dinero no neutral. Los
cambios en la oferta monetaria llevan de forma casi simultánea a cambios en los
precios. Muchos modelos de ciclos económicos reales postulan un ajuste de precios
instantáneo. Si los precios se ajustan rápidamente a los cambios en la oferta monetaria,
entonces la neutralidad monetaria se convierte en la regla. Además, se han silenciado
las preocupaciones en materia de distribución, ilusión monetaria y expectativas,
sistemáticamente incorrectas. Dados estos supuestos, no hay necesidad de incluir a la
macroeconomía austriaca en la discusión de los problemas macroeconómicos de corto
plazo, ya que comienza con un punto de partida de análisis fundamentalmente
incorrecto. Como resultado, la macroeconomía austriaca ha desaparecido prácticamente
de la discusión académica y de las políticas públicas.
El desafío de los Nuevos Clásicos va más allá de simplemente negar la no
neutralidad del dinero. Los teóricos de los ciclos económicos reales han cuestionado el
impacto causal del dinero en la producción. No interpretan la prueba como el apoyo a
que las contracciones monetarias conducen a reducciones en la producción. En cambio,
sostienen que la causalidad va hacia otro lado, los cambios en la producción provocan
cambios en la oferta monetaria. Por ejemplo, aumentos en la producción causan que los
individuos aumenten la demanda de dinero. Como aumenta la demanda de dinero, la
autoridad monetaria aumenta la oferta de dinero. La expansión económica provoca la
expansión monetaria. Si la producción cae, disminuye la demanda de dinero y la
autoridad monetaria disminuye la oferta monetaria. Ellos argumentan que la
macroeconomía austriaca (y el monetarismo) lo entienden al revés. Los cambios en la
oferta monetaria no conllevan a cambios en la producción. Sino que, los cambios en la
producción causan que la oferta monetaria se modifique.[77]
Por último, el enfoque de los Nuevos Clásicos supone que la gente tiene
expectativas racionales. En su forma más simple, la hipótesis de las expectativas
racionales afirma que los individuos forman las expectativas racionalmente. Ellos
consideran los costos y beneficios de la recopilación de información adicional y
optimizan en consecuencia. La hipótesis de las expectativas racionales implica que las
personas no cometen errores sistemáticos debido a su elevado costo. Si cometen un
error, entonces actualizan sus expectativas. Los errores sistemáticos no persisten. Los
individuos con expectativas racionales también tienen una teoría correcta de cómo
funciona la economía. Ellos entienden que los cambios en la oferta monetaria solo
afectan a las variables nominales. No sufren de ilusión monetaria y solo incluyen
variables reales en la función de toma de decisiones.
Los modelos austriacos han respondido al primer desafío acerca de la cantidad de
tiempo entre los cambios en los precios. Ellos han ofrecido explicaciones plausibles
sobre precios rígidos que tienen apoyo empírico. Sobre el segundo punto (cambios en
la producción conducen a cambios en la oferta monetaria) hay aun escasa investigación
austriaca que haya abordado la cuestión directamente. Por ejemplo, Horwitz (2000) y
Garrison (2000) no abordan la cuestión de la dirección causal del dinero y la
producción. Poca evidencia empírica ha sido proporcionada para apoyar las
afirmaciones causales de la teoría austriaca desde una perspectiva austriaca. Friedman
y Schwartz (1963) y Romer y Romer (2004) han documentado el impacto causal de la
oferta de dinero en la producción, mediante el examen del registro histórico.
Finalmente, en el tercer punto, los austriacos han respondido a las hipótesis de las
expectativas racionales. En una primera contribución, Haberler (1980, p. 836)
argumenta que «las expectativas racionales contenían una verdad básica en la que los
agentes del mercado no deben asumir simplemente que pueden extrapolar
mecánicamente la actual tasa de inflación ... sino que pueden hacer uso de toda la
información disponible, incluidas las consecuencias probables de las políticas de
gobierno». Y luego continuó señalando que «decir que las políticas sistemáticas son
ineficaces incluso en el corto plazo parece ser inaceptable». Irónicamente, el enfoque
de los Nuevos Clásicos comenzó a partir de bases austriacas. Los primeros modelos de
los Nuevos Clásicos, como el modelo de la isla de Lucas, fue construido explícitamente
sobre las ideas de Hayek en los años 1930. Aceptaron la no-neutralidad del dinero.
Más tarde, rechazaron la no neutralidad del dinero y ofrecieron otras explicaciones
para el rol de los cambios en la oferta monetaria sobre la producción.
La información sobre el comportamiento de la autoridad monetaria puede ser
recogida de forma relativamente barata. Del mismo modo, los verdaderos modelos del
ciclo económico se iniciaron con la noción de Eugen von Bohm-Bawerk de que el
capital es un proceso que consume tiempo.
Los ciclos reales de negocios inicialmente hicieron hincapié en el momento de
construir los aspectos de la estructura del capital para producir nuevos productos y la
cantidad de tiempo necesario para reasignar capital a las perturbaciones aleatorias.
Más tarde se alejaron de la noción austriaca de la estructura intertemporal del capital.
La respuesta austríaca a esta evolución se ha centrado principalmente en los primeros
modelos y relativamente poco se ha centrado en el modelo del ciclo económico real.[78]

6. Conclusiones

La no neutralidad del dinero constituye la base de los reclamos austriacos con respecto
al papel del dinero en una economía dinámica. Como señaló Hayek, el dinero sirve
para aceitar el sistema económico. El dinero impregna todo mercado formal, y algunos
mercados informales. Cuando el mercado de dinero se encuentra fuera del equilibrio,
afecta a todos los mercados, ya que la gente ajusta sus saldos de efectivo a la estructura
cambiante de los precios. El proceso de ajuste refleja los efectos no neutrales de
dinero. Ya sea por razones tradicionales relacionadas a precios rígidos o contratos a
largo plazo no indexados o razones menos convencionales basadas en la ilusión
monetaria, el aumento de la oferta monetaria afecta las variables reales y su
comportamiento. No es simplemente un velo que ejerce un impacto en la economía real
en el corto plazo.
Aunque la macroeconomía austriaca comenzó en la década de 1930 con la no
neutralidad monetaria como piedra angular de su enfoque, las décadas posteriores han
generado relativamente poca investigación sobre los orígenes de la no neutralidad (los
Nuevos Keynesianos hicieron gran parte del trabajo de campo). Además, aún falta la
incorporación de los efectos de la super no-neutralidad del dinero. Dado que el dinero
es no neutral en las explicaciones austriacas del ciclo económico, parece probable que
la integración de los efectos de la super no-neutralidad del dinero no será difícil. Puede
ofrecer nuevas pistas sobre cómo los cambios en la tasa de crecimiento de la oferta
monetaria afectan a la evolución de las economías en las últimas décadas.
Los avances en los fundamentos psicológicos de la teoría económica ofrecen una
oportunidad para reevaluar la teoría monetaria austriaca. Dada la limitada capacidad
de los agentes económicos para entender todas las interdependencias de una economía
moderna y el surgimiento del interés en los escritos de Hayek sobre psicología, una
nueva mirada a la macroeconomía austriaca puede estar en el orden del día.
La introducción de Hayek del dinero neutral en el análisis macroeconómico ha
mejorado en gran medida la comprensión de los ciclos económicos. El proyecto más
grande de desarrollar las implicancias de la no-neutralidad del dinero en el corto y
largo plazo ofrece muchas avenidas para la investigación adicional. Varias escuelas de
pensamiento han ofrecido explicaciones sobre la no neutralidad del dinero. La escuela
austriaca, muy probablemente, continuará ofreciendo contribuciones al desarrollo
empírico de la teoría macroeconómica y también ofrecerá aportes a su evolución.

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9. Algunas implicancias
de la heterogeneidad del capital
BENJAMIN POWELL[79]

1. Introducción

Un tractor no es un martillo. Ambos son bienes de capital, pero por lo general sirven
para propósitos diferentes. Sin embargo, ambos pueden ser utilizados para llevar
adelante más de un objetivo. Un tractor puede usarse para arar un campo, tirar de un
remolque, o cualquier otro número de tareas. Un martillo puede ser utilizado por un
carpintero para construir una casa o por un mecánico para arreglar un automóvil. El
hecho de que un tractor y un martillo sirven a propósitos diferentes, y al mismo tiempo,
cada uno es capaz de servir a más de un propósito, debe parecer obvio. Sin embargo, la
aplicación coherente de esta observación a la teoría económica es característica
únicamente en la Escuela Austríaca y ha llevado a esta tradición a conclusiones únicas
en áreas que van desde el cálculo socialista, a los ciclos económicos y al desarrollo
económico, entre otros.
Los bienes de capital son aquellos bienes que son valorados por su capacidad para
producir otros bienes cuyo objeto último es el consumo. Debido a que estos bienes de
capital son heterogéneos y tienen un uso multi-específico debemos coordinar la
actividad económica para alinear mejor la estructura de bienes de capital para producir
bienes de consumo más eficientemente sin dejar insatisfechos los deseos de consumo de
mayor valor. La coordinación de los planes de consumo con los miles de millones de
formas en que la estructura del capital puede combinarse para satisfacer esos planes de
consumo, es una de las principales tareas que cualquier economía debe lograr. Sin
embargo, a menudo los modelos económicos formales reducen el capital a una sola
población homogénea «K», y haciendo esto silencian una de las tareas más importantes
de coordinación que una economía tiene que resolver.
A continuación se describe brevemente la teoría del capital austríaca. Las secciones
que siguen delinean las implicancias de la heterogeneidad del capital en una variedad
de áreas de investigación aplicada. El cálculo socialista, los ciclos económicos, el
desarrollo económico a través del modelo de Solow, la ayuda del Banco Mundial para
los programas de inversión y la planificación industrial no aprecian la importancia de
la heterogeneidad del capital. Aquí serán estudiados y contrapuestos con las
conclusiones de la Escuela Austriaca.
2. La teoría de capital Austriaca

La teoría del capital es un área importante que hace que la economía austriaca sea
única. De hecho, Horwitz (2000, p. 41) ha afirmado que «aunque su teoría del capital
no define a la economía Austriaca, comprender esa teoría y sus implicaciones dará una
buena comprensión de lo que es precisamente distintivo del enfoque austriaco». La
teoría de capital austriaca se basa en otros aspectos claves de la economía austriaca,
como el subjetivismo, expectativas, el papel del tiempo, y los mercados como un
proceso de ajuste para ilustrar la importancia de la heterogeneidad del capital. Cuando
estas ideas se aplican a las áreas de investigación, su teoría del capital es a menudo lo
que diferencia a las explicaciones Austriacas del fenómeno de las conclusiones de otras
escuelas.
La primera tarea de la teoría del capital austríaca es explicar por qué la
heterogeneidad del capital es importante. Es obvio que un martillo no es un tractor pero
¿por qué ese hecho va a ser importante para la teoría económica? ¿Por qué no es el
supuesto simplificador de homogeneidad del capital, justificado? En primer lugar
debemos definir de qué manera el capital es heterogéneo.
Por supuesto, un martillo y un tractor tienen diferentes propiedades físicas. Sin
embargo, esa no es la única característica que los hace heterogéneos. También son
heterogéneos debido a los diferentes planes que satisfagan para un actor humano en
particular. De hecho, si un bien es capital o no depende de manera crucial de los planes
de su propietario. Una computadora ubicada en un hogar para jugar a los videojuegos es
un bien de consumo, no un bien de capital. Pero si esa misma computadora se coloca en
una oficina donde una persona planea escribir artículos económicos en él, entonces será
un bien de capital. Los bienes son heterogéneos tanto por sus dimensiones físicas como
también debido a los diferentes planes que puedan satisfacer.
Esto nos lleva al problema de agregar el capital social. ¿Cómo puede sumarse?
Lachmann escribió una frase que luego se hizo famosa: «[N]o podemos añadir barriles
de cerveza para altos hornos ni camiones a metros de cable de teléfono (1978, p. 2)».
Ya que estos son todos bienes diferentes que obviamente no pueden ser unidos
directamente. Un denominador común es requerido. La economía neoclásica
normalmente adiciona el valor monetario de estos bienes de capital heterogéneos para
arribar a un valor de capital social.[80] Sin embargo, esto se justifica sólo si todos los
planes heterogéneos de toda la gente que usa todos los bienes de capital están
perfectamente coordinados.
Para ver por qué, consideremos cómo es que los bienes de capital obtienen su valor.
Los bienes de consumo se valoran porque satisfacen los deseos subjetivos de los
individuos que los consumen. Los bienes de capital se valoran por su capacidad para
producir los bienes de consumo que son el objetivo final de la producción. Sin
embargo, como los bienes de capital son heterogéneos, no pueden ser perfectamente
sustituidos entre sí para producir los bienes de consumo. Aún los bienes de capital son
también multi-específicos, cada uno es capaz de encajar en más de un plan de
producción para un solo bien de consumo. Así que, el valor de los bienes de capital
deriva de los empresarios que pujan por ellos con el fin de incorporar los bienes de
capital en un plan específico para producir los bienes de consumo de la valoración
final. El valor monetario de los bienes de capital será el resultado del proceso de
licitación de los empresarios, que se basó en el cumplimiento de sus expectativas de
cumplimiento de planes concretos para una producción ventajosa de determinados
bienes de consumo final.
Debido a que el valor monetario de los bienes de capital se deriva de los valores
impuestos sobre la base de las expectativas de su incorporación en planes individuales
de producción, los valores de los bienes de inversión pueden sumarse sólo si todos los
diferentes planes individuales son mutuamente compatibles. Si todos los planes de
producción individuales no son mutuamente compatibles, parte del capital utilizado no
producirá los bienes de consumo final que se pretenden producir. Por lo tanto, no va a
crear el valor final que su precio monetario ex ante reflejó. No tiene sentido añadir el
valor monetario del bien de capital A al valor monetario del bien de capital B si la
única manera que el plan de producción de bienes de capital A podría ser cumplido es
si utiliza otros recursos que impidieron la posibilidad de que avanzara el plan de
producción para el bien de capital B. El resultado final de estos dos planes de
producción no creará los bienes de consumo requeridos por los planes. Por lo tanto la
adición de sus valores monetarios ex ante sigue siendo similar a sumar altos hornos a
barriles de cerveza.
El único momento en que el capital se puede sumar utilizando valores monetarios es
si todos los planes están perfectamente coordinados para que todos lleguemos a buen
término final y se produzcan los bienes destinados al consumo final. Esto sólo ocurre en
equilibrio. Pero como han reconocido desde hace tiempo los austriacos, la economía
real nunca se encuentra en equilibrio. Una economía real siempre está en un proceso de
ajuste en el que aprendemos y descubrimos nueva información y continuamente
ajustamos nuestros planes. Siempre estamos moviéndonos hacia un equilibrio que es en
sí mismo cambiante. Ya que nunca estamos en equilibrio general, los planes nunca son
perfectamente coordinados y los precios de los bienes de capital no son precios de
equilibrio que puede ser significativamente agregados.[81] Por lo tanto, la teoría del
capital austriaca no se centra o mide «el» capital social. En cambio, la teoría del
capital austriaca se centra en la estructura del capital social.
Dado que el capital es a la vez heterogéneo y multi-específico, la teoría de capital
austriaca se centra en cómo estas unidades individuales de capital encajan entre sí, o en
otras palabras, estudian la estructura de capital. Esto es precisamente el lugar donde la
teoría del capital austríaca se diferencia de la corriente neoclásica. Los austriacos
tienen que lidiar con los problemas de complementariedad y sustituibilidad del capital,
mientras que estas cuestiones se ignoran si el capital se modela como homogéneo.[82]
La complementariedad del capital se deriva del hecho de que a menudo se requiere
más que un solo bien de capital para producir el bien de consumo final. Pocos
automóviles se producirán si se construye sólo el edificio para la línea de montaje,
pero las máquinas de montaje individuales no se incluyen en la estructura. Las máquinas
de montaje y el edificio se complementan entre sí y hacen una mayor producción de
vehículos posible. Una de las tareas de los empresarios en la economía de mercado no
es sólo para invertir y crear nuevo capital, sino invertir en la creación del capital
adecuado que mejor complemente al capital existente. Esto significa la creación de
capital que ajusta y complementa otros planes de producción.
Toda inversión tiene lugar en el tiempo. Desde el momento en que se tomó la
decisión de invertir, hasta que el bien de capital es creado, el tiempo ha transcurrido y a
menudo se revela que los planes originales tendrán que ser alterados. También, debido
a que el capital es a menudo duradero, aunque en un principio sirve a su propósito
original, la evolución posterior puede indicar que el plan debe ser cambiado. Debido a
que las decisiones de inversión se toman ex ante y el mundo es incierto, algunos planes
tendrán que ser modificados a medida que las condiciones del mercado evolucionan.
Esto plantea la cuestión de la sustituibilidad del capital. Si todo el capital fuera
perfectamente homogéneo, la sustituibilidad no plantearía ningún problema. Cada bien
de capital sería un sustituto perfecto para cada otro bien de capital y los planes
cambiantes no conllevarían pérdidas. Si cada bien de capital fuera perfectamente
específico (capaz de cumplir una única función en un solo plan) entonces la
sustituibilidad sería imposible y cuando los planes necesiten cambiar, el capital
existente sería inútil. Dado que el capital es a la vez heterogéneo y multi-específico la
sustituibilidad del capital se convierte en un problema.
Cuando un plan de producción existente cambia para no contar con un bien de
capital que fuera creado para servir a ese plan, el bien de capital debe integrarse en
otro plan o de lo contrario ya no se mantiene. La sustituibilidad suele ser una cuestión
de grado. Es una cuestión de cuán correctamente un bien de capital existente responde a
un nuevo propósito para el que no estaba previsto y que tan grandes son los costos de
ajuste para poner el bien de capital en el nuevo uso.
Si una sociedad está prosperando o estancada no sólo depende de la cantidad de
capital que tenga, ni tampoco si está inmersa en el proceso de formación de capital
debido a su complementariedad y sustituibilidad. La prosperidad depende tanto de la
cantidad de capital que hay, como también de lo bien ensamblada que esté la estructura
de capital existente.
Horwitz (2000, p. 40) ha llamado a la teoría del capital austriaca el «eslabón
faltante» que une los fundamentos microeconómicos al análisis macroeconómico.
Debido a su diferente teoría del capital, los austriacos hacen preguntas
macroeconómicas diferentes que otras escuelas de pensamiento. Cuando el capital es
heterogéneo y multi-específico, la teoría del crecimiento económico no sólo pregunta
cómo crear una mayor inversión. Se pregunta cómo obtener el tipo de inversión que
mejor complemente el capital social existente. Los responsables políticos ya no tienen
que estimular la demanda agregada para salir de una crisis, pero en su lugar deben
enfrentar una situación en la que existe un grupo de errores en la planificación que
genera capital heterogéneo que ahora tendrá que cumplir fines distintos de aquellos
para los cuales fue creada. La teoría del ciclo económico austriaco se pregunta cómo
debería reasignarse el capital.
Antes de pasar al rol de la heterogeneidad del capital y su multi-especificidad en el
crecimiento a largo plazo y en los ciclos económicos en primer lugar vale la pena
examinar el papel que juega en uno de los debates más importantes en el siglo XX —El
debate sobre el cálculo socialista.

3. Calculo socialista

El debate suscitado en el artículo publicado por Mises en 1920, «Economic Calculation


in the Socialist Commonwealth» [El Cálculo Económico en la Comunidad Socialista]
es probablemente uno de los debates más importantes que se produjeron en el siglo XX
en la profesión económica. En muchos aspectos, el debate ilustra cómo el paradigma
neoclásico en evolución difería de la Escuela Austriaca. De hecho, Boettke (2001)
sostiene que cálculo económico es la contribución de la economía austriaca a la
política economica en el siglo XX: «[T]odas las singulares contribuciones de la Escuela
Austriaca de economía a la economía sustantiva se puede remontar a la importancia
fundamental del cálculo económico para la cooperación humana» (p. 30, énfasis en el
original). Sin embargo, durante gran parte del siglo XX la mayoría de los economistas
consideraron que los austriacos perdieron el debate del cálculo económico.
La corriente dominante de la profesión económica no tuvo en cuenta la contribución
austriaca al debate sobre el cálculo socialista, tanto por su preocupación por el análisis
del equilibrio como también por su tendencia para modelar el capital como homogéneo.
La preocupación de la corriente dominante por el análisis de equilibrio los ha llevado a
asumir conocida gran parte de la información que en realidad es descubierta mediante
los procesos de mercado. Este problema ha sido tratado ampliamente en la literatura
austriaca y en otra parte de este libro (véanse los capítulos 5 y 7) por lo que no se
discutirá aquí. Sin embargo, el supuesto de homogeneidad del capital es directamente
relevante para nuestros propósitos.
Mises ([1920] 1990) adopta la definición de socialismo como propiedad colectiva
de los medios de producción. Una versión postal de su argumento dice lo siguiente:
1. El socialismo es la propiedad colectiva de los medios de producción (MDP).
2. Sin propiedad privada en los MDP no existe un mercado para los MDP.
3. Sin un mercado para los MDP no hay precios para los MDP.
4. Sin los precios para los MDP no hay indicadores de escasez relativa para los
MDP.
5. Sin indicadores de escasez relativa, el cálculo económico es imposible.

Es decir, que no hay manera de saber qué bienes de capital combinar y en que
proporciones para producir bienes de consumo final de forma más económica.
Debido a que el socialismo se define como la propiedad colectiva de los medios de
producción, que los bienes de capital sean homogéneos o heterogéneos es crucial
porque el problema del cálculo económico deriva del hecho de que no tenemos
indicadores de escasez relativa para estos bienes de capital.
Si los bienes de capital son perfectamente específicos, entonces no surge ningún
problema cuando no se tiene ningún indicador de la escasez relativa de ellos. Cada uno
es adecuado para sólo una tarea. Una economía sólo necesita conocer los bienes de
consumo final que quiere y entonces el planificador puede optar por acumular el capital
necesario para hacer esos bienes. Del mismo modo, si todos los bienes de capital son
perfectamente homogéneos su escasez relativa no importa. Cada uno puede ser
perfectamente sustituido por cualquier otro. Un planificador sólo tiene que saber el tipo
deseado y la cantidad de bienes de consumo. Cualquier estructura de bienes de capital
utilizada para producir esos bienes de consumo es igualmente eficaz.
Con una especificidad perfecta de capital o perfecta homogeneidad, el problema de
cálculo económico se derrumba en un problema de producción técnica. Schumpeter
(1942, p. 175) argumenta que una economía podría tener cálculo económico de los
factores de producción sin propiedad privada para los MDP porque «[E]n la
evaluación de los consumidores (demanda) de los bienes de consumo ipso facto suelen
también evaluar los medios de producción que entran en la producción de estos
bienes». Sin embargo, el «ipso facto» no se sostiene precisamente porque el capital es
heterogéneo. Si cada bien de capital sólo podría producir un bien de consumo luego de
la valoración de los bienes de consumo sería suficiente valorar el bien de capital. Pero
debido a que los bienes de capital son multi-específicos es que necesitamos saber la
escasez relativa de los bienes de capital en sus usos alternativos con el fin de tener
eficiencia económica. Hayek (1945) señaló que el Ipso facto de Schumpeter sólo se
cumple si todos los hechos se dan para un mismo propósito.
Como alternativa, también es preciso decir que con el conocimiento disperso el ipso
facto se mantendría sólo si todo el capital es perfectamente específico o todo capital
fuera homogéneo.
El problema del cálculo económico sólo existe porque el capital es heterogéneo y
multi-específico. Estos mismos factores también conducen a la teoría de ciclo
económico austríaco, gran parte del cual se desarrolló contemporáneamente con el
debate sobre el cálculo socialista.

4. Ciclo económico

Su teoría del capital es una característica distintiva de la teoría de los ciclos


económicos austriacos (ABCT por sus siglas en inglés). La mayoría de las escuelas de
pensamiento macroeconómico modelan el capital (o inversión) como homogéneo. Por
lo tanto, cuando se examinan las fluctuaciones del ciclo sólo se puede hablar de
aumentos o disminuciones en el cantidad de inversión. ABCT integra su teoría del
capital para modelar la naturaleza heterogénea y multi-específica de capital. Por lo
tanto ABCT examina cómo ocurren los desajustes en la estructura de la producción.
ABCT a veces se caracteriza como una teoría de la sobreinversión, pero en realidad es
mejor descripta como una teoría de la mala inversión, ya que se refiere a la naturaleza
des-coordinada de la estructura del capital.
La teoría del capital austríaca es a la vez la micro-fundamentación para la
macroeconomía (Horwitz, 2000) y la relación entre el corto y el largo plazo (Garrison,
2001). Los empresarios toman decisiones basándose en las señales de precios de
bienes de consumo, bienes de capital y la tasa de interés para tomar decisiones de
inversión. La primera de estas señales consisten en saber qué bienes de consumo se
desean, la segunda señal es la forma más económica para su producción, y la tercera
provee la coordinación intertemporal. Las inversiones de los empresarios toman la
forma de bienes de capital heterogéneos multi-específicos. Debido a que estos bienes
son duraderos y tienen múltiples usos es que proporcionan un puente entre el corto y el
largo plazo.
No todas las previsiones empresariales ex ante son correctas. Así que los bienes de
capital tendrán que ser reasignados ex post a procesos de producción alternativos.
Un ciclo económico se produce cuando hay un grupo de errores empresariales
sistemático. De acuerdo con la teoría de los ciclos económicos reales (RBC por sus
siglas en inglés), el grupo de errores podría ser creado por un shock tecnológico o una
inesperada regulación gubernamental. Sin embargo, a diferencia de la teoría RBC, los
austriacos creen que el dinero no es neutral (véase el capítulo 8), lo que implica que el
cúmulo de errores podría también ser creado mediante manipulaciones monetarias que
distorsionan la coordinación intertemporal.
Cuando el cúmulo de errores se deriva de reducir artificialmente la tasa de interés,
se generará un «alargamiento» de la estructura de la producción, que hará posibles
procesos de producción más largos de lo que es óptimo. Está más allá del alcance de
este capítulo examinar y evaluar todas las posibles fuentes de la agrupación de los
errores o entrar en profundidad en la naturaleza del auge de crédito insostenible (véase
Garrison, 2001). Para nuestros propósitos estamos interesados ​en las implicancias de la
heterogeneidad y multi-especifidad del capital, una vez que un grupo de errores se ha
producido.
Donde los keynesianos y monetaristas ven una falta de demanda agregada, y los
teóricos de la teoría del RBC ven un equilibrio óptimo como consecuencia de un shock,
los teóricos Austriacos ven un desajuste en la estructura de bienes de capital
heterogéneo y en la estructura de los bienes de capital necesarios para la satisfacción
de deseos de los consumidores. No hay falta de demanda agregada, sino una falta de
suficiente demanda particular para los bienes de consumo producidos por las actuales
combinaciones de bienes de capital. Para recuperarse de una crisis la teoría austriaca
muestra que las malas inversiones deben ser liquidadas y el capital reasignado. Las
crisis pueden persistir mientras la estructura de la producción no esté en línea con las
preferencias de los consumidores para los bienes de consumo.
Las implicancias políticas de la ABCT son consecuencia directa del hecho de que el
capital es heterogéneo y multi-específico. Se llevaron adelante malas inversiones. Los
bienes de capital son sustitutos imperfectos de lo que el capital debería haber creado,
pero los bienes de capital, si se transforman en otro plan de producción, todavía pueden
ser útiles. ¿Cuál es la mejor manera de hacer esto? En primer lugar, dejar de
distorsionar el sistema de precios de una manera que conduzca a la agrupación de
errores. Esto significa que si se trataba de una política inflacionaria que conducía al
ciclo de auge, crisis y depresión, lo que se debe hacer es dejar de inflar la moneda. En
segundo lugar, no hacer rescates de malas inversiones de manera que se preserve la
estructura actual de la producción. El fracaso empresarial no va a destruir los bienes de
capital heterogéneos, los liberará para ser reasignados de acuerdo con las preferencias
del consumidor.
Estas recomendaciones están en marcado contraste con las propuestas keynesianas y
monetaristas que llaman a intentar estimular la demanda agregada ya sea a través de la
política monetaria o fiscal. De hecho, como una cuestión histórica, los intentos
gubernamentales de estímulo fiscal a menudo sirven para crear artificialmente demanda
de los bienes producidos por la estructura de producción existente y así frenar la
recuperación económica. Rothbard en su publicación de ([1963] 2000) America’s Great
Depression argumenta enérgicamente que las intervenciones que comienzan con el
gobierno de Hoover mantuvieron una estructura de producción existente y de
recuperación económica tardía. Powell (2002) formula un argumento similar sobre la
crisis de Japón en la década de 1990.
Dado que la ABCT permite distorsiones monetarias para cambiar la estructura del
capital alejándose de las preferencias del consumidor, también es capaz de explicar la
estanflación. Durante la estanflación, debemos advertir que una política inflacionaria
anterior distorsionó la estructura del capital alejándola de la exigida para el pleno
empleo, mientras que una nueva política inflacionaria impedirá la reorganización del
capital social y la recuperación económica.
La mayoría de las escuelas de pensamiento macroeconómicas se enfocan en los
niveles agregados de la actividad económica. Al hacerlo pierden la oportunidad de
describir las maneras en que el capital se combina y recombina para producir bienes de
consumo final. Debido a la singular teoría de capital de la Escuela Austriaca es que son
capaces de centrarse en la des-coordinación dentro de una categoría global como la
inversión. La teoría del capital austriaca permite a los austriacos explicar las crisis, la
recuperación, y la estanflación.

5. Desarrollo económico

Los bienes de capital han desempeñado un papel prominente en las explicaciones de los
austriacos sobre la riqueza de las naciones. Mises escribe: «La herencia del pasado
está incluida en nuestra oferta de bienes de capital que es nuestra riqueza y el medio
principal de progreso en materia de bienestar». Tal vez incluso con más fuerza,
Rothbard se refiere a «la falta de importancia relativa de la tecnología en la
producción, en comparación con la oferta de capital ahorrado» ([1962] 1993, p. 490).
Sin embargo, irónicamente el modelo de manual de crecimiento neoclásico demostró
que el capital no fue la causa del crecimiento de largo plazo. Es la heterogeneidad de
capital nuevamente lo que explica las diferentes conclusiones.
En el modelo de crecimiento de Solow, la producción es una función del capital y
del trabajo. El ahorro es una fracción de la producción total, pero no se supone que
están disminuyendo los rendimientos del capital. Así como el capital social crece, los
incrementos marginales en la producción son cada vez más pequeños llevando
eventualmente a un estado estacionario con un crecimiento no mayor debido a la
acumulación de capital. Una vez que se llega a este punto solo el cambio tecnológico
puede causar crecimiento a largo plazo.
El capital homogéneo es una de las razones para los rendimientos decrecientes.
Cuando el capital es heterogéneo podría haber rendimientos constantes o crecientes
debido a la complementariedad de los factores, en lugar de la disminución de los
rendimientos del modelo de Solow. Hayek (1937, p. 174), al escribir sobre los ciclos
económicos previó, mucho antes de que el Modelo de Solow fuera creado, lo siguiente:

El efecto que la actual producción de bienes de capital tendrá en la futura


demanda de fondos invertibles no dependerá tanto de la cantidad de bienes de
capital producidos, como en el tipo de bienes de capital que se produjeron... un
aumento de la actual producción de bienes de capital tendrá frecuentemente el
efecto, no de bajar, sino de elevar la demanda futura de fondos invertibles, y por
lo tanto de la tasa de interés [de la productividad marginal].

La heterogeneidad del capital no hace que el modelo de Solow sea erróneo en la


teoría, sino que puede hacer que sea irrelevante en la práctica. El modelo mide lo que
le sucede a la producción cuando el capital por trabajador es aumentado. Dado que el
modelo está midiendo el ingreso per cápita, cualquiera sea la tasa de crecimiento de la
población, la tasa de acumulación de capital debe superarla para que haya crecimiento,
por lo que finalmente deben establecerse rendimientos decrecientes cuanto más y más
capital por trabajador es acumulado. La unidad de «trabajador» es esencialmente fija
para que eventualmente haya rendimientos decrecientes. Sin embargo, el supuesto tácito
cuando se invoca el modelo de crecimiento de Solow es que los países ricos están
ahora en algún lugar aproximadamente cerca del estado estacionario. Debido a que el
capital es heterogéneo es que podríamos tener complementariedad de capital y el
crecimiento que deviene de la acumulación de más capital a niveles de ingresos mucho
más altos. Si los niveles de ingresos en el estado de equilibrio es de $1 mil millones
por habitante debido a la heterogeneidad de capital esto no significa que el modelo de
Solow es teóricamente incorrecto, pero significa que el modelo no es una descripción
precisa del crecimiento en el estado actual del mundo. La heterogeneidad del capital
permite a los austriacos alegar coherentemente que en el futuro previsible el
crecimiento a largo plazo puede resultar de la acumulación de capital.
El modelo de Solow fue el modelo teórico líder sobre crecimiento durante el siglo
XX, pero el modelo de financiación del déficit del Banco Mundial puede ser el modelo
de crecimiento más implementado durante los últimos 60 años. La idea detrás del
modelo de financiamiento del déficit es que los países pobres se encuentran en un
equilibrio de bajo crecimiento donde no tienen suficientes ahorros para financiar la
acumulación de capital por lo tanto las ayudas a la inversión se deben utilizar para
crear acumulación de capital.
El modelo de financiación del déficit no aprecia plenamente la importancia de la
heterogeneidad de capital y del cálculo económico. De hecho, se ha inspirado incluso
por un ¡ex modelo socialista de planificación central! Los países pobres no necesitan
simplemente «inversiones». Se necesitan inversiones de capital que complementen la
estructura existente de producción. Las inversiones deben hacerse sobre la base de las
ganancias y pérdidas esperadas. La inversión privada logra esto. La ayuda para la
inversión a menudo toma la forma de inversión en infraestructura o de otro tipo de
proyectos que no son comprados y vendidos en el mercado. Por lo tanto, gran parte de
la inversión financiada por el modelo de financiación del déficit ha estado fuera del
ámbito del cálculo económico. El impacto de la falta de incentivos creados por la
ayuda para programas de inversión ha sido bien documentado. Los problemas
epistémicos asociados con el uso de ayudas para financiar el capital heterogéneo
correcto han sido menos destacados pero no son menos reales.
La planificación nacional del desarrollo económico es otra área en la que un
reconocimiento de la heterogeneidad del capital ha llevado a los teóricos austriacos a
conclusiones diferentes de aquellas de la corriente principal. Los defensores de la
planificación estatal de desarrollo no suponen que el capital es homogéneo. De hecho,
su argumento para la planificación es que el capital es heterogéneo, pero asumen que
pueden seleccionar el capital mejor que el mercado. El problema es que al promover
selectivamente a algunas industrias, alejan capital de otras industrias, y haciéndolo
interfieren con el proceso mismo que revela la relativa escasez de los bienes de capital
heterogéneos. Lavoie (1985, p. 95) resume el problema:

La misma falta de conocimiento por parte de cualquier persona u organización


que hace imposible una planificación completa para reemplazar el mercado
también hace que sea irracional para una agencia de planificación intentar
simplemente «guiar» el mercado. Si el organismo rector es menos informado que
el sistema que está tratando de guiar —y peor aún, si sus acciones se traducen
necesariamente en consecuencias más indeseables en el funcionamiento de ese
sistema— entonces lo que está sucediendo no es planeamiento, sino, la
interferencia ciega de algunos agentes en los planes de otros.

Cuando el estado activamente planea el desarrollo, fuerza la asignación de ciertos


bienes de capital heterogéneos a determinadas industrias. Los tomadores de decisiones
de la oficina de planificación del gobierno no tienen ningún método para evaluar el
costo de oportunidad del uso potencial de otra industria de los bienes de capital. El
costo de oportunidad es la pérdida subjetiva sufrida por la persona que habría recibido
recursos si el gobierno no hubiera interferido con el proceso de mercado.
Dado que la oficina de planificación no tiene ninguna manera de evaluar esta
pérdida, no puede determinar si la pérdida en la producción de otras industrias causada
por la promoción de una industria es mayor o menor que el beneficio producido. La
agencia de planificación no tiene manera de saber si se está promoviendo el desarrollo
o retrasándolo. Dado que el capital es heterogéneo y multi-específico, en la medida que
las fuerzas competitivas del mercado no puedan dictar la estructura de capital, la
economía no va a generar el nivel de prosperidad del que es capaz.

6. Conclusión

El hecho de que el capital es a la vez heterogéneo y multi-específico debe ser obvio.


Pero los modelos económicos que no han logrado incorporar este hecho han realizado
un trabajo pobre en explicar los fenómenos del mundo real. Algunos de los mayores
acontecimientos económicos del siglo XX como el fracaso de la planificación socialista,
la duración y severidad de la Gran Depresión, la estanflación y el fracaso de la
asistencia oficial para el desarrollo, han sido explicados coherentemente por los
economistas austriacos. En cada caso, las conclusiones austriacas únicas derivan, en
parte, del hecho de que los austriacos se basaban en modelos realistas de capital
heterogéneos y multi-específico mientras competían con teorías que modelaban el
capital como homogéneo. Boettke afirmó que todas las contribuciones únicas a la
economía sustantiva formuladas por los economistas austríacos se derivan de la
importancia del cálculo económico. Él puede estar en lo cierto, pero es porque la teoría
del capital austríaca se enfrenta seriamente con el hecho de que el capital es a la vez
heterogéneo y multi-especifico, que permite a los teóricos Austriacos llegar a
conclusiones únicas sobre el cálculo económico y, por lo tanto, llegar a conclusiones
igualmente singulares en otras investigaciones en áreas aplicadas.

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10. Anarquía sin límite:
¿cuánto orden puede crear el orden espontáneo?
PETER T. LEESON

1. Introducción

Estrictamente hablando, el orden espontáneo es «el resultado de la acción humana, pero


no del designio humano» (Ferguson [1767] 1966: Parte III, Sección 2, p. 122).
Hablando de manera más general, el orden espontáneo es un orden que los agentes
privados generan. Tanto en la concepción más estrecha y más amplia, el orden
espontáneo es «descentralizado», en oposición al orden central creado del Estado. Del
mismo modo, en ambas concepciones el orden resultante surge endógenamente a partir
de los particulares que actúan «en el sistema» en lugar de ser creado e impuesto por los
agentes políticos que actúan «fuera del sistema».[83]
En este capítulo se considera el orden espontáneo en el sentido más amplio de la
palabra, que incluye, pero no está limitado, a procesos del tipo mano invisible.
También considera el orden espontáneo resultante de manos privadas pero visibles. El
orden espontáneo siempre ha sido central en la economía austriaca. El fundador de la
escuela austriaca Carl Menger ([1871] 1950) argumentó que el dinero tiene un origen
espontáneo. Después de Menger, F. A. Hayek enfatizó que el lenguaje, el derecho, e
incluso el sistema de precios que coordina los mercados tienen orígenes espontáneos
(véase, por ejemplo, Hayek 1948, 1973 - 79). Mucho tiempo antes de que cualquiera de
estos hombres discutieran el orden espontáneo, sin embargo, existió Adam Smith
([1776] 1976), cuya «mano invisible» describió el mercado en sí como un orden
espontáneo.
Ya sea que se refieran a estas instituciones como «órdenes espontáneos» o no, hoy
en día, la mayoría de los economistas reconocen que muchas instituciones importantes
que facilitan la cooperación social tienen su origen en las actividades de interés propio
de los particulares, no en los diseños intencionales de gobierno.
Pero el reconocimiento de que existe un orden espontáneo no nos dice nada sobre el
alcance del orden que crea. De acuerdo con la sabiduría convencional, el orden
espontáneo puede ser capaz de crear un orden limitado en la «sombra del Estado». Pero
no puede crear suficiente orden para que el Estado sea innecesario. El orden
espontáneo puede florecer dentro de la meta-regla del orden social, creada por el
gobierno. Pero no puede crear este tipo de meta-reglas por sí mismo. Aunque las
«meta-reglas» espontáneamente ordenadas fueran posibles, la mayoría de los
economistas dudan de su capacidad para facilitar el mismo nivel de cooperación que
las instituciones diseñadas por los gobiernos facilitan. Por ejemplo, no tenemos
ejemplos de sociedades espontáneamente ordenadas que generan volúmenes de
cooperación suficiente para crear los niveles de riqueza que observamos en los lugares
donde las autoridades políticas diseñan meta-reglas de manera central.
Este capítulo investiga estos temas y trata de arrojar luz sobre la pregunta de cuánto
orden puede crear el orden espontáneo. Para hacer esto, considero tres «clases»
diferentes de aparición y funcionamiento de orden espontáneo. En primer lugar,
considero el «caso fácil», el orden espontáneo en la «sombra del Estado». A
continuación, considero el «caso difícil», el orden espontáneo sobre meta-reglas donde
el gobierno está ausente. Por último, considero el «caso más difícil», la posibilidad de
un orden espontáneo capaz de generar cooperación que iguala o supera los niveles que
se observan en las sociedades que dependen del gobierno para este fin.
Me parece que el orden espontáneo es posible en los casos «fácil» y «difícil».
Todavía no hay un veredicto sobre el «caso más difícil». Pero hay razón para ser
optimista sobre el orden espontáneo, incluso aquí. Además, como explico más adelante,
mientras que es importante para el análisis del orden espontáneo ir más allá de las
meras «pruebas de existencia» —evidencia de que algún acuerdo espontáneo
institucional emergerá sin gobierno— es igualmente importante para obtener el derecho
de referencia para evaluar la capacidad del orden espontáneo de producir cooperación
en relación con el gobierno. Tomar la referencia correcta hace que la posibilidad del
«unicornio de orden espontáneo» —la sociedad ordenada de forma privada, que es tan
o más productiva que la sociedad gobernada por el Estado— no sea tan inimaginable
después de todo.

2. El caso simple: orden espontaneo en la sombra del Estado

Aun cuando el gobierno exista y funcione bien, el costo y la imperfección de la


aplicación del Estado crea un amplio espacio para el orden espontáneo. Uno de los
ejemplos más frecuentes de este son las instituciones extra-legales de ejecución de
contrato, como la reputación. Demandar a Jimmy B. ‘s Burger Shack porque le dio una
bebida pequeña en vez de la bebida grande que usted ordenó y pagó, por ejemplo, es
prohibitivamente costoso. Incluso si usted gana su pleito contra Jimmy B. por perpetrar
este fraude, es probable que se encuentre en una peor situación que si no se hubieras
molestado en demandarlo en primer lugar. El simple costo-tiempo del procedimiento es
mayor que lo que usted puede esperar recuperar por una comida promedio. Situaciones
como esta crean una libertad para el oportunismo post-contractual por parte de socios
comerciales a pesar de la existencia de ejecución por parte del Estado. Si las personas
no pueden evitar dicho oportunismo, no realizarán acuerdos comerciales con otros y el
mercado se contraerá junto con la capacidad de los individuos para capturar los
beneficios de la cooperación. Los contratos con un componente de crédito crean otro
tipo de oportunismo post-contractual. En este caso, ya que el pago está separado de la
provisión, el deudor tiene un incentivo para incumplir pagos con el mismo efecto
pernicioso sobre la cooperación y el intercambio como casos de fraude, como en el
ejemplo anterior. Muchas otras variedades de oportunismo post-contractual potencial
plantean esencialmente el mismo problema.
La reputación —un mecanismo ordenado de forma espontánea de ejecución contractual
— a menudo resuelve este problema si la ejecución estatal es un medio costoso o poco
práctico de asegurar el cumplimiento contractual.
En lugar de demandar a Jimmy B., por ejemplo, puede boicotear su establecimiento
y animar a otros a hacer lo mismo, advirtiéndoles de su afición por el fraude. Al
boicotear a Jimmy B. y dañar su reputación, se reduce su flujo de ingresos futuros.
Siempre que no se descarte que en el futuro también en gran medida, frente a esta
posibilidad, se encuentra con que gana más dinero satisfaciendo a sus clientes que
engañándolos. Debido a la reputación, los contratos de Jimmy B. con sus clientes son
de auto-cumplimiento.
Esta idea básica se puede extender a intercambios mucho más valiosos y a muchos
tipos de contrato. Por ejemplo, como explico más adelante, los comerciantes
internacionales se basan en un mecanismo similar espontáneamente ordenado para
asegurar el cumplimiento de contratos de sus compañeros comerciales valorados en
muchos millones de dólares, que suponen un movimiento transnacional de bienes.
Además, en Internet, la reputación apoya los acuerdos de intercambio a través de la
calificación del vendedor y sistemas de retroalimentación, como es el caso de eBay.
Estos sistemas parecen funcionar bastante bien. Según eBay, menos de una centésima
parte del uno por ciento de sus intercambios en línea implican fraude u otro tipo de
oportunismo post-contractual. A continuación trataré la evidencia igualmente
impresionante de cumplimiento contractual en el ámbito internacional.
La reputación no es la única institución privada creada para el cumplimiento
contractual. Hay otras que trabajan en conjunto con la reputación para mejorar su
eficacia. Las inversiones, especialmente las costosas, son un ejemplo de esto (ver, por
ejemplo, Williamson, 2005). Los productores se comprometen de forma creíble a
cooperar con los clientes potenciales haciendo, por adelantado, costosas inversiones
específicas que sus empresas pierden si se van a la quiebra.
Las inversiones concretas de la empresa en capital físico, logotipos, y aún letreros
son ejemplos de tales inversiones. Dado que estas inversiones solo tienen valor para el
productor si su empresa se mantiene abierta, y su empresa solo puede permanecer
abierta si sus clientes están satisfechos, estas inversiones mejoran el incentivo del
productor para cumplir con sus contratos, lo que reduce la tentación de comportarse de
manera oportunista.
Actúan como una especie de rehén o vínculo donde el productor pierde si no cumple
con los acuerdos de sus clientes, imponiendo un gran costo en el productor que él
quiere evitar.
El uso frecuente y el éxito de estos órdenes espontáneos particulares en la
prevención del oportunismo ha llevado a algunos a sugerir que las interacciones
sociales en general podrían basarse en estas disposiciones (véase, por ejemplo,
Stringham, 2006). Una objeción común a esta sugerencia es que los órdenes
espontáneos, como la reputación y la vinculación, aparecen y funcionan con precisión
porque el espectro del Estado espera y permanece listo para hacer cumplir los acuerdos
contractuales, si por alguna razón los arreglos privados se rompieran. Si, por ejemplo,
Jimmy B. es muy impaciente y por tanto, no le importa si pierde algunos futuros clientes
si los defrauda o, por ejemplo, el valor de una inversión especifica de la empresa del
productor por alguna razón cae por debajo de lo que se puede ganar por el
incumplimiento de sus contratos, la amenaza del Estado por aparecer puede facilitar no
obstante el cumplimiento contractual.[84] De acuerdo con este razonamiento, en última
instancia, es el orden creado por el gobierno el que hace que el orden espontáneo
funcione.
Los que sostienen esta posición popular señalan que el Estado apoya los órdenes
espontáneos de otra manera importante: proporciona la seguridad física que las
personas necesitan para sentir confianza al interactuar. Si, por ejemplo, el gobierno no
garantiza que no será apuñalado o asaltado cuando salga de su casa en la mañana, usted
no sería capaz de comprender los beneficios de la cooperación sea que la aplicación
del contrato espontáneamente ordenado haya sido exitoso o no en impedir el
oportunismo post-contractual. Esta crítica de la magnitud del orden que el orden
espontáneo puede crear está estrechamente relacionada con otra, que sostiene que los
órdenes espontáneos solo funcionan bajo ciertas condiciones, bastante limitadas, tales
como en pequeñas poblaciones (a pesar que eBay parece desmentir esto) y donde los
individuos son socialmente cercanos (aunque el comercio internacional, tratado más
adelante, contradice esto).
Nada de esto significa lo que aquellas personas que más frecuentemente hacen estas
críticas creen que significa, que es que el orden espontáneo por lo tanto, puede crear
muy poco orden. Más bien, lo que significa es que el orden espontáneo debe ir más allá
de simples mecanismos de reputación para conseguir un orden social más generalizado.
Y esto es precisamente lo que observamos.

3. El caso difícil: orden espontaneo sin gobierno

La limitación de la «sombra del Estado» en el orden espontáneo no es una limitación, si


de hecho las acciones de los individuos privados son capaces de generar «meta-reglas»
ordenadas espontáneamente —es decir, si son capaces de ir más allá y facilitar la
ejecución contractual donde la legislación comercial ya existe y puede producir dicha
ley en sí mismo, así como producir y hacer cumplir las leyes que regulan la violencia,
el robo y otras formas de comportamiento socialmente destructivo.
Para que las meta-reglas de creación de orden espontáneo surjan, tienen que existir
«focos de anarquía» o «anarquía total», que creen la necesidad de meta-reglas privadas
en primer lugar. Para ambos tipos de anarquía, las meta-reglas espontáneas no surgen
porque las instituciones de gobierno existen pero no son prácticas o son costosas de
usar. Surgen porque para algunos o todos los tipos de interacción, las instituciones
gubernamentales no existen.
Los focos de anarquía implican la ausencia de un gobierno con el poder para
gobernar las interacciones sociales particulares y limitadas. Si, por ejemplo, no
existieran leyes formales que rigen ciertos tipos de acuerdos comerciales y los
tribunales estatales no existieran o no tuvieran la autoridad para hacer cumplir los
contratos comerciales, o la tuvieran pero sean demasiado débiles o no tuvieran interés
para hacerlo, tendríamos un foco de anarquía para estos contratos.
Oficios criminalizados, como la prostitución y la venta de drogas ilegales, por
ejemplo, constituyen focos de anarquía. Lo mismo ocurre con muchas otras
interacciones comerciales en partes del mundo en desarrollo, donde en principio los
sistemas legales estatales existen, pero son tan disfuncionales que en la práctica no es
así.
Además de los focos de anarquía, puede haber también «anarquía total». En la
anarquía total, la anarquía es un fenómeno generalizado, los focos de anarquía tratados
previamente cubren todas las interacciones de manera tal que no hay un monopolio
centralizado (eficaz) de la violencia para crear o hacer cumplir las reglas para
cualquier interacción social. Somalia, que se trata en la Sección 10,4, es un ejemplo de
esto. Apátridas sociedades tribales, algunas de los cuales existían en el siglo XX, y en
algunos casos existen al día de hoy, son otro ejemplo. Remontándonos más en la
historia, muchas otras sociedades también existían en la anarquía total. Varias de ellas
son tratadas a continuación.
En la superficie, por lo menos, parece que el surgimiento de las meta-reglas
espontáneamente ordenadas es mucho menos probable que el orden espontáneo en la
sombra del Estado. Esta intuición sin embargo no ha sido confirmada. Las pérdidas
potenciales —ganancias no realizadas provenientes de la cooperación— asociadas con
la ausencia de meta-reglas funcionales son considerablemente mayores que las
asociadas con reglas ausentes o disfuncionales en los niveles inferiores. Si las personas
no pueden salir de sus hogares por temor a ser fusilado, la sociedad será mucho más
pobre que si las personas no pueden hacer cumplir sus acuerdos crediticios. Por lo
tanto, el incentivo de los individuos para encontrar soluciones privadas en ausencia de
meta-reglas creadas por el gobierno es proporcionalmente más grande que el incentivo
para desarrollar las instituciones privadas de orden donde el gobierno ofrece estas
normas.

a) Focos de anarquia: comercio internacional

Uno de los mejores ejemplos de esto es el «derecho mercantil» medieval, o lex


mercatoria. El excelente documento de Bruce Benson (1989), «The Spontaneous
Evolution of Commercial Law», trata este orden espontáneo.
El comercio internacional de finales del siglo X y principios del siglo XI, como el
comercio internacional en la actualidad, se llevó a cabo en ausencia de un organismo
supranacional formal de ejecución de contratos comerciales, —es decir, en ausencia de
un gobierno o de un sistema legal mundial. La persistencia de larga data de «anarquía
internacional» creó un gran intersticio sin gobierno formal, —un foco importante de
anarquía. Como no existía una ley comercial formal universal para regular el comercio
internacional, y no existía un sistema judicial formal para juzgar las controversias
comerciales internacionales, incluso si esa ley hubiera existido, los intercambios de
carácter internacional enfrentaban un obstáculo importante para aprovechar los
beneficios del cambio. En lugar de abandonar y renunciar a estos beneficios, en
ausencia de una ley comercial creada por el gobierno, los comerciantes internacionales
se basaron en las costumbres para regular sus intercambios y en los «tribunales
mercantiles» —lugares privados específicamente para dirimir desacuerdos comerciales
internacionales, dirimidos por los propios comerciantes— para resolver disputas. Con
el tiempo, este orden espontáneo se convirtió en un cuerpo de reglas de derecho
privado comercial internacional llamada lex mercatoria. Este sistema jurídico
ordenado de forma espontánea rigió gran parte del comercio internacional europeo
hasta el siglo XVI.
Dado que el considerable foco de anarquía que dio origen a la lex mercatoria
medieval —anarquía internacional— continúa hasta el día de hoy, el comercio
internacional moderno también está regido por este sistema espontáneamente ordenado.
La moderna lex mercatoria se aplica a contratos comerciales internacionales en
asociaciones internacionales de arbitraje privadas en vez de tribunales de
comerciantes. Pero la esencia del sistema es similar. Centenares de esas asociaciones
existen a nivel mundial. El más grande y más importante de ellos es la Corte
internacional de arbitraje de la Cámara Internacional de Comercio (ICC por las siglas
en inglés). El noventa por ciento de las partes en contratos comerciales internacionales
privados prevén el arbitraje privado en sus acuerdos en caso de tener una disputa
(Volckart y Mangels, 1999). Las Partes podrán seleccionar el lugar de arbitraje y, en
algunos casos, es posible seleccionar quiénes serán los árbitros específicos, también
pueden designar la ley que quiere aplicar a su contrato, incluyendo la lex mercatoria, y
otros aspectos del proceso de adjudicación privado.
Debido a que las asociaciones internacionales de arbitraje son privadas, no pueden
formalmente hacer cumplir sus decisiones. Sin embargo, un mecanismo de reputación
entre los operadores internacionales similares al proceso descrito en la Sección 10.2
garantiza el cumplimiento. La Cámara Internacional de Comercio, por ejemplo, estima
que el 90 por ciento de todas las partes que buscan sus servicios de arbitraje,
voluntariamente cumplen con las decisiones de los árbitros a pesar de que no son
vinculantes (Craig et aI., 2000). Al parecer, las «meta-reglas» espontáneamente
ordenadas de comercio internacional están funcionando muy bien. El comercio
internacional ahora constituye entre el 20 y el 25 por ciento del PIB mundial —un
notable volumen de comercio con el apoyo de un orden espontáneo.
Los que creen que el orden espontáneo no puede funcionar fuera de la «sombra del
Estado» insisten en que en el comercio internacional, también, la sombra del Estado es
responsable del intercambio floreciente bajo la lex mercatoria.
Reconocen que la anarquía internacional es muy real, pero las decisiones arbitrales
internacionales privadas son de hecho ejecutables por los tribunales estatales. La razón
por la que hay un 90 por ciento de cumplimiento voluntario de los comerciantes de las
decisiones arbitrales privadas, se debe a que ante incumplimiento, un tribunal estatal
puede obligarlos a cumplir.
Aunque nunca he encontrado un adherente a esta posición que pueda identificar lo
que específicamente permite a los tribunales nacionales hacer cumplir los laudos
arbitrales internacionales privados, existe una verdad parcial detrás de su afirmación.
En 1958 varios de los gobiernos del mundo firmaron un tratado llamado la Convención
de Nueva York sobre el Reconocimiento y la Ejecución de las Sentencias Arbitrales
Extranjeras de las Naciones Unidas. De acuerdo con este tratado, los Estados
signatarios se comprometen a cumplir las decisiones privadas de arbitraje internacional
de los comerciantes que las acercan a sus tribunales estatales. En principio, entonces, la
Convención de Nueva York (NYC por sus siglas en inglés) proporciona el
cumplimiento formal de los contratos internacionales privados.
Los que (sin saberlo) apuntan al NYC como evidencia de que el orden espontáneo
de la lex mercatoria opera a la sombra del Estado están, sin embargo, equivocados. En
primer lugar, el NYC no existió hasta 1958. Y, sin embargo, el comercio internacional
era grande y estaba creciendo antes de esa época (aunque es cierto que no tan rápido
como lo ha hecho desde entonces). Este comercio internacional no tenía el beneficio
aparente de respaldo definitivo por aplicación estatal y no obstante floreció. En
segundo lugar, he investigado empíricamente el efecto de la NYC en el comercio
internacional moderno con un modelo de gravedad de comercio bilateral y encuentro
que su efecto en el comercio ha sido positivo pero económicamente pequeño (ver
Leeson, 2008).
En tercer lugar, los términos del NYC permiten a los Estados signatarios firmar con
condiciones de reserva, tales como la condición de que los laudos arbitrales que
buscan su aplicación formal deben haber sido dictados en un país miembro de NYC, o
la condición que requiere que los laudos arbitrales que se quieren ejecutar se
relacionen con asuntos estrictamente comerciales, siendo su comercialidad decidida
por el tribunal del Estado en que deba ejecutarse. Dado que las condiciones de reserva
ponen un número potencialmente grande de los laudos arbitrales privados
internacionales fuera del ámbito de ejecución estatal, reducen significativamente
incluso el alcance teórico de ejecución estatal bajo el NYC. Y son ampliamente
utilizados por los miembros del NYC. De los 109 países que han firmado el NYC hasta
1999, por ejemplo, 68 de ellos, o más del 62 por ciento, fueron solo «calificados»
como firmantes sujetos a la condición de reserva con respecto a la reciprocidad.
Además, no todos los países son miembros del NYC. Más de 50 países permanecen
como no miembros hasta nuestros días y varios «grandes jugadores», como el Reino
Unido, no fueron miembros hasta finales de 1975. Del mismo modo, Estados Unidos no
se unió al NYC hasta 1970.
Por último, y principalmente, el NYC es un tratado multinacional y, como todos los
tratados de ese tipo, no es en sí mismo formalmente exigible debido a la ausencia de
una soberanía supranacional. Lo que da al NYC su fuerza, si tiene alguna, es la simple
promesa de sus signatarios a cumplir con sus términos. El no poder hacer valer esa
promesa no trae sanciones formales. Los demás Estados signatarios no ruedan los
tanques a la nación renegada del NYC. En muchos casos, los Estados firmantes no
tienen forma de saber siquiera si sus socios signatarios están haciendo cumplir las
sentencias arbitrales extranjeras, por sus promesas, o no. Las condiciones de reserva
del NYC, mencionados anteriormente, que permiten a los signatarios retirarse a
discreción del NYC, agravan el problema de monitoreo.
Por estas razones, los mecanismos de ejecución espontáneamente ordenados, como
la reputación, deben ser la fuente de todo efecto que el NYC tenga sobre el comercio.
En este sentido, en vez de órdenes espontáneos existentes en la sombra de acuerdos
interestatales, en realidad son acuerdos interestatales que existen en la sombra del
orden espontáneo. El argumento de que la sombra del Estado, en última instancia,
subyace al éxito del orden espontáneo en el ámbito internacional, no es solo erróneo.
Tiene cosas precisamente contradictorias.

b) Anarquia total: La sociedad pirata de principios del siglo XVIII

La lex mercatoria es un ejemplo de «meta-reglas» comerciales ordenadas


espontáneamente, fuera de la sombra del Estado. Ilustra el surgimiento del orden
espontáneo en un foco de anarquía creado por la ausencia de una soberanía
supranacional en el ámbito internacional. Pero el orden espontáneo ha surgido también
frente a anarquía total, donde las personas no podían confiar en el gobierno para ningún
propósito en absoluto, y donde, por lo tanto, requieren un orden espontáneo integral que
pueda gobernar no solo sus interacciones comerciales, sino todo tipo de otras
interacciones potenciales, incluida la violencia y el robo.
Uno de los ejemplos más notables de esto viene de los piratas de principios del
siglo XVIII. En muchos sentidos, los barcos piratas eran como las sociedades flotantes.
Y, al igual que otras sociedades, los barcos piratas enfrentaban problemas de robo y
violencia. Como estaban fuera de la ley, los piratas no disfrutaron de la protección del
Estado para ninguna de sus interacciones. El gobierno no hizo cumplir los acuerdos
laborales entre piratas u otros «contratos» piratas, ni previno o castigó el robo o la
violencia entre los piratas, y así sucesivamente. Los piratas existían en un Estado de
anarquía total.
Cabe destacar que el ambiente totalmente anárquico en que los bandidos marítimos
operaban no condujo a abandonar la idea de su empresa criminal. Por el contrario, la
perspectiva de los beneficios mutuos de la organización de esta empresa, proporcionó a
los piratas del incentivo para encontrar maneras de asegurar la cooperación y el orden
de forma privada. Incluso para los estándares modernos, el orden espontáneo que apoyó
a la sociedad pirata era muy sofisticado.
Los piratas crearon constituciones escritas que llamaban sus «artículos», las cuales
codificaron muchas de las leyes que rigieron sus barcos, así como los castigos para los
infractores de la ley. Estas leyes incluyen la especificación de la división del botín,
leyes contra el robo y la violencia, y de seguro social para apoyar a miembros de la
tripulación heridos en batalla. Para aplicar sanciones y resolver los conflictos entre
miembros de la tripulación, los piratas crearon una oficina llamada «intendencia». Los
miembros de la tripulación controlaban a los intendentes tanto a través de sus
constituciones, que prescriben las leyes que los intendentes podrían aplicar y cómo
podrían hacerlas cumplir, y mediante la elección democrática de los miembros de la
tripulación.
La oficina del intendente pirata permitió superar otro obstáculo que la anarquía
planteaba para su organización —limitación de capitanes piratas potencialmente
abusivos. Un capitán dotado de autoridad ilimitada sería capaz de aprovecharse de su
tripulación, defraudarlos sobre el botín, maltratar a miembros de la tripulación y otros.
Para evitar estos abusos, los piratas introdujeron un sistema de separación de poderes,
que transfirió autoridades susceptibles a abusos del capitán a la intendencia. En
conjunción con la elección democrática de sus capitanes, el control y contrapeso de los
piratas superó la amenaza de la rapacidad del capitán.
El sistema privado de gobierno de los piratas parece ser muy eficaz.
Los conflictos entre piratas eran raro, el orden se mantenía, y los piratas cooperaban
con regularidad, lo que les permite tomar botines masivos. Lo que es notable sobre el
orden espontáneo de la sociedad pirata no es solo su éxito; sino el éxito de ese orden en
una sociedad de violentos, deshonestos y corrompidos pícaros - Una sociedad
literalmente de criminales.
El excelente estudio de Terry Anderson y P.L. Hill (2004) The Not So Wild, Wild
West (El no tan Salvaje, Salvaje Oeste) es otro ejemplo de «meta-reglas» ordenadas de
forma espontánea —esta vez en una sociedad de ciudadanos en su mayoría respetuosos
de la ley en vez de delincuentes. Entre 1830 y 1900, gran parte del oeste de Estados
Unidos no contaba con un gobierno efectivo. En lugar de que esta ausencia lleve a la
sociedad al colapso, la sociedad parece haber funcionado bastante bien dependiendo
del orden espontáneo. A comienzos del siglo XIX, los norteamericanos comenzaron a
emigrar hacia el oeste en busca de oro, tierra, y todo lo que la expansiva e inestable
región podía ser capaz de ofrecer a una familia de recursos. Sin un gobierno oficial
para promover la cooperación en el oeste de Estados Unidos, las personas que
Anderson y Hill denominaron «emprendedores institucionales» desarrollaron de forma
privada asociaciones y acuerdos para proporcionar ley y orden a las interacciones del
oeste.
Para crear y hacer cumplir los reclamos de propiedad de tierras previamente sin
dueño, por ejemplo, los pioneros establecieron una variedad de «clubes de
reclamaciones», cada uno completo con su propio conjunto de estatutos que creaban
procedimientos para el registro y la protección de los reclamos de propiedad y
tribunales privados para resolver conflictos relacionados con la tierra. Para proteger el
ganado de los individuos del oeste y crear cooperación al efecto del pastoreo y la
recuperación de los animales domésticos, también crearon «asociaciones de
ganaderos». Al igual que los clubes de reclamaciones, las asociaciones de ganaderos,
también en forma privada, establecieron normas para sus miembros y contrataron a
detectives, protectores de ganado, para prevenir el robo de ganado y recuperar los
animales robados. Los mineros y los miembros de caminos para carretas idearon sus
propias instituciones de gobierno, de forma similar para facilitar la cooperación en el
oeste americano.
Estas instituciones privadas de gobierno parecen haber funcionado bastante bien. La
ficción Popular del «Wild West» (Salvaje Oeste) ha promovido la idea de caos
diseminado por el oeste, con vaqueros sin ley, enfrentamientos a punta de pistola, y
frecuentes tiroteos como el de O.K Corral. Pero la evidencia de la eficacia del orden
espontáneo en el «Wild West» pinta una imagen un tanto diferente. Entre 1870 y 1885,
por ejemplo, en cinco de las más grandes ciudades de ganaderas del oeste de Estados
Unidos, Abilene, Ellsworth, Wichita, Dodge City, y Caldwell, hubo un total de 45
homicidios en un período de 15 años en las cinco ciudades ganaderas combinadas. Eso
es un promedio de alrededor de 1,5 homicidios por cada temporada comercial de
ganado (Dykstra, 1996). El historiador Robert Dykstra proporciona algunos datos
adicionales sobre el no tan salvaje Oeste. En el primer año del infame campamento
minero Deadwood, cuando no había ningún gobierno para proteger a las personas o la
propiedad, había un total de cuatro homicidios. O consideremos a la infame pandilla de
bandidos de Jesse James, que en promedio efectuaron un asesinato por año a lo largo
de su carrera (ibíd., p. 512).
A pesar de las afirmaciones en contrario, las «meta-reglas» espontáneamente
ordenadas, que abarcan instituciones privadas de orden social, evidentemente puede
surgir y asegurar la cooperación social. En el ámbito internacional, la ley mercantil
espontáneamente ordenada y un sistema de resolución de controversias desarrollado
para facilitar el comercio internacional a pesar del foco de anarquía que varios
soberanos internacionales crean. En las sociedades piratas y el oeste de Estados Unidos
había anarquía total. Lejos de evitar el surgimiento del orden social, la ausencia total
de gobierno formal en estos casos creó fuertes incentivos para que los individuos creen
soluciones privadas de gobierno que les permita obtener los beneficios de la
cooperación. En el caso de los piratas, el resultado fue un sistema privado de la
democracia constitucional y de separación de poderes que son anteriores a su adopción
por los gobiernos en el mundo legítimo de los siglos XVII y XVIII. En el caso del oeste
norteamericano, el resultado fueron asociaciones privadas que definieron e hicieron
cumplir los derechos de propiedad que antes no existían. Ambos sistemas de «meta-
reglas» espontáneamente ordenados lograron generar orden social.
A pesar de este éxito, ninguno de esos sistemas generó la riqueza para sus
participantes que se acerque al nivel de riqueza del que disfrutan los ciudadanos en
algunos de los gobiernos actuales. A los críticos de la idea de que el orden espontáneo
puede crear orden significativo, les gusta señalar esto. Quizás el orden espontáneo
puede funcionar sin la sombra del Estado, tal vez puede generar meta-reglas del orden
social, pero no puede hacerlo de manera más eficiente que el gobierno. ¿Cuales, se
preguntan estos críticos, son los ejemplos de sociedades ricas, espontáneamente
ordenadas?

4. El caso más difícil: más allá de la prueba de existencia

Para abordar la cuestión a la que se refiere esta pregunta y, más generalmente, para
evaluar la efectividad del orden espontáneo en la facilitación de la cooperación social
en relación con el gobierno, es importante para el análisis del orden espontáneo ir más
allá de las «pruebas de existencia», que señalan que el orden espontáneo surgirán o han
surgido, pero no si el orden que generan es tan eficaz como el orden creado por el
gobierno. Esto no quiere decir que la identificación, la aparición de orden social
espontáneo y el análisis de su funcionamiento en casos particulares, no sea importante.
Precisamente porque los críticos de la aplicabilidad generalizada del orden espontáneo
tradicionalmente han establecido sus argumentos en la forma de: «Problemas X, Y, y Z
significa que las instituciones privadas del gobierno no pueden emerger/funcionar en
los escenarios A, B​, C», mostrando que la acción privada individual ha de hecho
superado los problemas X, Y, y Z en los escenarios A, B, y C, es importante y valiosa
en sí misma. Pero la existencia, por supuesto, no implica superioridad.
Surgen varias dificultades al evaluar la efectividad comparativa entre el orden social
creado por el gobierno versus el creado espontáneamente. En primer lugar, simplemente
no hay mucha evidencia contemporánea con que trabajar desde el lado del orden
espontáneo de las cosas. Oficialmente, al menos, la mayor parte del mundo de hoy tiene
gobierno. Solo un país en la historia reciente —Somalia— ha hecho la transición de
gobierno a la anarquía sostenida, lo que permite realizar una razonable comparación
(más sobre los resultados de esta comparación a continuación).
Los críticos del orden espontáneo a menudo invocan la prevalencia casi universal
del gobierno como si existiera de algún modo evidencia de que el gobierno es superior
a los acuerdos privados y espontáneos en la producción de orden social. No puedo
entender por qué. Hay todo un campo de la economía política llamado elección pública.
El punto principal de aquel es que los resultados políticos ineficientes abundan. Por
supuesto, esta idea básica se aplica también a la existencia misma del gobierno. No se
podría concluir del hecho de que esencialmente todos los países del mundo tienen
aranceles que el proteccionismo debe ser más económicamente eficiente que el libre
comercio. Es extraño, entonces, que cualquier persona llegará a la conclusión de que el
hecho de que casi todos los países del mundo tienen gobierno es que el gobierno debe
ser económicamente más eficiente que orden espontáneo. La falacia involucrada en
ambas conclusiones es la misma.
La dificultad de evaluar la eficacia comparativa de orden espontáneo no es que
sabemos que es siempre relativamente ineficiente debido a que casi todo el mundo tiene
gobierno. La dificultad es que debido a que casi todo el mundo tiene gobiernos,
tenemos pocos casos contemporáneos de sociedades ordenadas de forma espontánea
que podrían arrojar luz empírica sobre la pregunta de eficiencia comparativa.
Dado que la mayor parte del mundo durante la mayor parte de su historia no tenía un
gobierno efectivo, hay muchos ejemplos históricos de orden espontáneo a tener en
cuenta. Sin embargo, como se señaló anteriormente, con el tiempo, prácticamente todos
estos órdenes fueron suplantados por gobiernos. Por lo tanto, no sabemos cómo se
podrían haber desarrollado si ello no hubiera ocurrido y qué nivel de progreso podrían
haber soportado. Pero sí sabemos esto: es erróneo concluir de la pobreza de, por
ejemplo, la Islandia medieval ordenada de forma espontánea, con relación a la riqueza
de cualquier sociedad con gobierno en el mundo de hoy, que el orden espontáneo no
puede soportar mayores niveles de vida, comparable a, o incluso superiores, a las que
algunos gobiernos modernos soportan.[85] La comparación pertinente no es la Islandia
medieval frente a, por ejemplo, el actual EE.UU. Los niveles de vida del actual Estados
Unidos no se encontraban disponibles ni eran disfrutados por ninguna persona —ya sea
que su sociedad estaba ordenada de forma espontánea o mediante gobierno— en la
Edad Media. La comparación correspondiente es la situación de la Islandia medieval
espontáneamente ordenada en relación con, por ejemplo, los países europeos
medievales ordenados de manera central. La pobreza de la Islandia medieval desde la
perspectiva actual no dice absolutamente nada acerca de la habilidad del orden
espontáneo para generar riqueza si se hubiera permitido que florezca, ni cómo esta
riqueza se compara con lo que el gobierno entrega.
Este punto es bastante simple y tiene muchas contrapartes que los economistas
conocen y aceptan cuando se trata de hacer otras comparaciones. Por ejemplo, los
economistas suelen señalar que la Revolución Industrial, a la que los no son
economistas comúnmente ven como una época de retroceso económico para el
trabajador promedio del siglo XIX, de hecho generó un notable progreso para estos
trabajadores. El error de los que no son economistas es comparar los salarios y las
normas de trabajo del siglo XIX con los que disfrutamos hoy en día. Los salarios y
condiciones de trabajo modernas son, por supuesto, irrelevantes. Ellos no estaban
disponibles —no eran accesibles— para la sociedad del siglo XIX. El punto de
referencia relevante de comparación para evaluar el impacto de la Revolución
Industrial sobre el bienestar de los trabajadores, entonces, no es el contemporáneo
Estados Unidos o Europa Occidental. Se trata de los salarios y condiciones de trabajo
que posibles disposiciones económicas alternativas podrían haber generado en el siglo
XIX —a saber, el enfoque continuó en la producción agrícola. Estos salarios y
condiciones de trabajo representan el costo de oportunidad de los salarios y
condiciones laborales de la revolución industrial. Y, la evidencia claramente indica que
durante la Revolución Industrial el trabajador promedio se benefició de pasar de la
granja a la fábrica (véase, por ejemplo, Hayek, 1963).
Lo que es difícil de entender es por qué los economistas que aceptan fácilmente y
confían en esta lógica cuando se habla de la Revolución Industrial, son incapaces de
hacerlo cuando se trata de discusiones sobre la capacidad de aumentar la prosperidad
bajo orden privado. La primera objeción en los labios de cada persona que cree que el
orden espontáneo nunca podría ser tan eficaz, y mucho menos más eficiente, de
gobierno, es que ninguno de los ejemplos históricos que tenemos del orden social
espontáneo demuestran altos niveles de riqueza.
Mi pregunta es, ¿con respecto a qué? En relación a los gobiernos de alto
rendimiento actuales esto es cierto. Pero con respecto a las alternativas de gobernanza
política actual que estas sociedades enfrentan al presente, puede no ser así. Esta es una
cuestión empírica que los economistas deberían estudiar en lugar de simplemente
anunciar la obviedad de la respuesta sin siquiera considerar la evidencia. En cualquier
caso, cuando este punto de referencia se utiliza en lugar del punto de referencia
irrelevante de la riqueza en los países con gobiernos actuales, incluso en el peor de los
casos para el orden espontáneo, la «brecha de la riqueza» entre lo que el orden
espontáneo y el gobierno puede proporcionar transforma en considerablemente más
pequeña que la sugerida por la mayor parte de los críticos del orden espontáneo.
Esto me lleva al punto final que quiero hacer sobre la evaluación de la efectividad
comparativa del orden espontáneo para asegurar la cooperación frente a utilizar el
gobierno para este propósito. Como se señaló anteriormente, los críticos del orden
espontáneo están encantados de señalar que todos menos uno de los países del mundo
tienen gobiernos. Ya he abordado por qué esta observación no implica lo que estos
críticos piensan que implica. Pero mucho más curioso es lo que los críticos del orden
espontáneo inevitablemente dejan de señalar que es que, entre los aproximadamente
200 países y por lo tanto los experimentos con el gobierno en el mundo actual, más de
la mitad, si se evalúa en términos de su capacidad de promover la cooperación social,
debe ser contado como fracasos absolutos.
Según el Índice de Estados Fallidos del Fondo de Política Exterior para la Paz,
casi el 14 por ciento de los países del mundo (28) tienen oficialmente «Estados
fallidos» (Índice de Estados fallidos, 2006).[86] En ellos, los gobiernos están al borde
del colapso total. Otro 39 por ciento de los países del mundo (78) tienen Estados en
peligro inminente de fallar. Esto no es exactamente un historial para alardear.
El hecho de que solo una minoría de los experimentos con gobierno en realidad han
producido un orden social en el sentido que los críticos del orden espontáneo sugieren
que el gobierno produce rutinariamente tiene una importancia enorme, pero
implicancias totalmente olvidadas para la evaluación de la efectividad potencial y por
lo tanto deseable del orden social creado de forma espontánea-vs-el orden social
creado por el gobierno.
Por supuesto, el fracaso del gobierno para producir eficazmente el orden social en
la mayor parte del mundo no significa necesariamente que el orden espontáneo lo haría
mejor. Pero, al menos, los defensores del orden creado por el Estado deben
comprender que lo que tienen en mente cuando se habla de lo indispensable del
gobierno para la riqueza y la prosperidad es en realidad una minoría de gobiernos
notablemente exitosos —a saber, las situadas en el norte de América y Europa
Occidental. Lo que tienen en mente es la excepción, no la regla.
Además, si bien hasta la fecha no tenemos sino un ejemplo de un Estado fallido que
finalmente se derrumbó por completo dejando una estela de anarquía total —Somalia
—, las pruebas aquí favorecen la superioridad del orden creado de forma privada en
oposición al creado políticamente en este caso. Somalia no es un lugar agradable para
vivir. Es uno de los países más pobres del mundo y tiene muchos otros problemas
graves.
Aun así, la Somalia espontáneamente ordenada ha obtenido mejores resultados en
casi todos los indicadores de bienestar cuyos datos se encuentran disponibles, que lo ha
hecho bajo el gobierno. La razón de esto no es necesariamente el trabajo increíble que
el orden espontáneo ha hecho en Somalia en la creación de mejoras.[87]
En primer lugar, parece que la mejora del bienestar de Somalia sin Estado es el
resultado de un gobierno verdaderamente terrible que precede a la anarquía.
Esto no es, sin embargo, en detrimento de la superioridad del orden espontáneo en
este caso. Numerosos factores, especialmente los culturales e históricos, limitan
gravemente el grado de desarrollo que Somalia probablemente podría disfrutar, al
menos en el corto plazo, bajo cualquier régimen de gobierno. Por lo tanto, sería
irrazonable esperar una Somalia rica con su dependencia de gobierno o bajo orden
espontaneo. Pero Somalia espontáneamente ordenada parece ser más rica en términos
de desarrollo general que Somalia ordenada de forma centralizada[88]. Y esta es la
comparación relevante.
Es preciso tener en cuenta que la comparación pertinente no es Somalia
espontáneamente ordenada frente a, por ejemplo, los Estados Unidos con gobierno.
Aquellos que enfatizan la urgencia de volver a establecer un gobierno en Somalia
suelen invocar esta comparación (a menudo implícitamente), similar a la forma en que
los críticos del orden espontáneo ilegítimamente invocan las comparaciones entre la
riqueza en sociedades históricas ordenadas en forma espontánea y riqueza de las
sociedades modernas ordenadas mediante un gobierno, para sugerir que una Somalia
ordenada de forma central superaría a una Somalia espontáneamente ordenada. Pero al
igual que su primo, discutido anteriormente, esta comparación es ilegítima a menos que
la calidad de gobierno de Estados Unidos- que es un gobierno transparente, muy
limitado, que protege los derechos de propiedad privada de los ciudadanos y ofrece
importantes bienes públicos —sea una verdadera opción institucional para Somalia. Si
no lo es, entonces esta comparación es irrelevante.
Ser los Estados Unidos no es el costo de oportunidad de Somalia para confiar
exclusivamente en el orden espontáneo. Pero ser Sierra Leona, un país con una historia
similar a Somalia y por lo tanto de similares limitaciones institucionales —o Somalia
cuando estaba bajo gobierno—, lo es. Y la evidencia sugiere que espontáneamente
ordenada Somalia es superior a estas alternativas institucionales (véase, por ejemplo,
Leeson, 2007; Powell et al, en prensa).

5. Observaciones finales

En este capítulo, he investigado la cuestión de cuánta cantidad de orden puede crear el


orden espontáneo teniendo en cuenta tres «clases» de surgimiento y funcionamiento del
orden espontáneo. Estas tres clases se corresponden con lo que he llamado los casos
«fácil», «difícil», y «más difícil» de orden espontáneos. El primero es el orden
espontáneo en la sombra del Estado. El segundo es el orden espontáneo, fuera de esta
sombra, bajo la anarquía. El tercero es el orden espontáneo fuera de la sombra del
Estado que genera riqueza y cooperación, incluso más que la cantidad que genera el
gobierno. Aunque mi discusión fue breve, algunos conocimientos amplios se pueden
extraer de este análisis.
En primer lugar, como se reconoce comúnmente, el orden espontáneo puede surgir y
funcionar con éxito en entornos en los que: (1) existe un Estado en buen funcionamiento
para proporcionar meta-instituciones de orden social, como un sistema legal general
que se ocupe tanto de la violencia y el robo, y proporcione un método de aplicación de
la ley que incluya los tribunales y la policía, y el (2) sistema legal del Estado cubre
violaciones contractuales de manera que en el caso de que una institución
espontáneamente ordenada de cumplimiento contractual falla, el gobierno puede tomar
el relevo. En resumen, el orden espontáneo puede surgir y funcionar donde es útil, pero,
en sentido estricto, no es realmente necesario.
Las razones por las cuales tales órdenes pueden aparecer en estas circunstancias, es
debido a las ventajas de las instituciones de cumplimiento contractual ordenadas de
forma espontánea frente a las instituciones del Estado en algunos casos, tales como ser
más rápido, más fiable y más rentable.
En segundo lugar, una conclusión más polémica: el orden espontáneo no requiere de
la sombra del Estado para surgir o funcionar. Cuando, debido a focos de anarquía, que
conducen a una ausencia genuina de creación y cumplimiento de ley del gobierno para
ciertos tipos de interacciones, o debido a la absoluta anarquía, lo que lleva a una
ausencia genuina de aplicación de la ley del gobierno en general, las personas no
pueden confiar en las meta-instituciones creadas por el gobierno para facilitar la
cooperación, no solo se evitan entre sí o terminan en un equilibrio de violencia y
saqueo de la selva hobbesiana. En cambio, las personas diseñan meta-instituciones
privadas precisamente para hacer realidad los beneficios de evitar este resultado. Estas
instituciones surgen para regular el oportunismo contractual, la violencia, el robo, y
otra forma de comportamiento antisocial según sea necesario dependiendo de la
situación particular y el tipo de anarquía (es decir, «foco» o «absoluta») involucrada.
El comercio exterior, histórico y actual, es un ejemplo de tales instituciones privadas
surgidas espontáneamente frente a un gran foco de anarquía —el ámbito internacional.
Las sociedades piratas de comienzos del siglo XVIII y el oeste de Estados Unidos son
dos ejemplos de estas instituciones emergentes para proporcionar orden social más
generalizado frente a las situaciones de anarquía absoluta que estos ambientes
presentaban. Orden espontáneo, entonces, es capaz de producir considerablemente más
orden que el que tradicionalmente permite la sabiduría convencional.
Por último, y lo más polémico: aunque no tenemos ejemplos de sociedades
puramente ordenadas de forma espontánea generadoras de niveles de riqueza en
consonancia con lo que generan las sociedades modernas que funcionan con gobiernos
en buen funcionamiento, esto no significa, como se supone comúnmente, que el orden
espontáneo es incapaz de generar esos niveles de riqueza.
Debemos permanecer agnósticos sobre la cuestión de la eficiencia comparativa de
orden social creado espontáneamente, frente al orden social creado por el gobierno,
como una proposición general. Teóricamente, hay condiciones bajo las cuales el orden
social creado espontáneamente puede superar al creado por el gobierno, y viceversa.
En la práctica, lo que importa es la situación específica en que el orden espontáneo o el
gobierno opera, la variedad particular de instituciones sociales surgidas
espontáneamente o instituciones estatales que existe, y así sucesivamente. Sería absurdo
pretender que todos los casos de orden social espontáneo superen a todos los casos de
orden social creado por el gobierno. Suiza, por ejemplo, no mejoraría claramente su
situación cambiando hacia las instituciones de autogobierno de Igbo en África pre-
colonial.
Pero los economistas no están en peligro de llegar a esa errónea conclusión general.
El peligro más inminente se acerca a la igualmente errónea conclusión general en el
sentido contrario: todos los casos de gobierno son superiores a todos los casos de
orden espontáneo. Esta idea, aunque comúnmente sugerida, es a todas luces falsa, no
solo teóricamente, sino también empíricamente, como resalta el caso de Somalia. El
factor clave a considerar en la evaluación de la eficiencia de instituciones de orden
social creadas de forma espontánea vs las creadas por el gobierno, es el tipo de
gobierno que represente el costo de oportunidad institucional del orden espontáneo. El
gobierno de Suiza es bastante diferente del gobierno que actualmente gobierna la
República democrática del Congo. Si la alternativa del gobierno al orden espontáneo
en un caso particular parece, o es más probable que parezca, la última variedad en vez
de la variedad anterior, el orden espontáneo puede producir resultados superiores,
aunque en condiciones ideales no facilita tanta cooperación como el gobierno bajo esas
condiciones.
En otras palabras, un «gobierno óptimo» —que con éxito protege los derechos de
propiedad privada, suministra importantes bienes públicos, y no utiliza su poder para
acosar a los ciudadanos— puede superar a un «orden espontáneo óptimo». Pero esto es
irrelevante para la evaluación de las ventajas de eficiencia comparativas del orden
espontáneo y el gobierno, a menos que la alternativa institucional al orden espontáneo
sea un caso particular de gobierno óptimo. El segundo, o incluso el tercer mejor orden
espontáneo, por ejemplo, puede superar al segundo o tercer mejor gobierno, aunque el
orden espontáneo pierde el concurso de eficiencia al compararlos con los primeros
mejores u óptimos. Dicho de otra manera, desviaciones con respecto al primer mejor
gobierno puede implicar mayor pérdida de bienestar que las desviaciones del primer y
mejor orden espontáneo, aunque el primer y mejor gobierno supere al primer y mejor
orden espontáneo.
Si esto es así, la pregunta: «¿Dónde están las sociedades ricas espontáneamente
ordenadas?» es incorrecta y nada útil para evaluar la conveniencia del orden
espontáneo real, frente al, gobierno real. En cambio, la pregunta relevante es: «En este
caso particular del mejor gobierno x y el mejor orden espontaneo y, ¿cuál producirá un
resultado superior?
«Como la mayoría de los gobiernos del mundo están lejos de ser primeros mejores u
óptimos, las perspectivas de superioridad del orden espontáneo son en efecto bastante
fuertes».

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IV
CONCLUSIÓN
11. De vuelta al Futuro:
La economía austriaca en el siglo XXI
PETER J. BOETTKE

En el momento de escribir esto, las economías de mercado del mundo están sufriendo
una crisis financiera de proporciones significativas. El sistema capitalista se encuentra
bajo un ataque intelectual que le era desconocido desde la Gran Depresión. Y la
disciplina económica y, en particular, los modelos ortodoxos de racionalidad y
competencia perfecta, a menudo se ridiculizan. La macroeconomía moderna es objeto
de particular desprecio por su incapacidad para predecir la crisis actual y la teoría
financiera moderna es a menudo señalada como la culpable detrás de este gran
problema.
Esto no es solo evidente en los excesos retóricos de los políticos de izquierda y los
periodistas. Incluso los comentaristas económicos calificados (tanto desde dentro como
desde fuera de la academia) hacen esta evaluación de la situación de la economía y las
políticas públicas. La era del laissez-faire de Reagan/Thatcher debe llegar a su fin, y el
retorno de la economía de estilo keynesiano y la política pública debe ser re-
introducida.
El destino de la escuela austriaca de economía en todo esto es —por decirlo sin
rodeos— bastante extraño. La escuela austriaca a menudo es ridiculizada por la
izquierda por haber proporcionado la justificación intelectual para las políticas de
laissez-faire de Reagan/Thatcher, mientras que las ideas en la economía y las finanzas
modernas que se exponen al escrutinio especial están en directa oposición a la
metodología y los procedimientos de la escuela austriaca de economía. Además, los
comentaristas que saben que la escuela austriaca está en desacuerdo con la economía
convencional moderna, utilizan esa tensión para desestimar la posición austriaca única
en el debate económico por no ser científicamente legítima. Así que si uno está
prestando suficiente atención, debería tener en cuenta que la escuela austriaca es
criticada por ser responsable de la transformación de la economía y la política pública
al punto de introducir el laissez-faire en el mundo, a la vez que es criticada por ser
irrelevante y estar fuera de la corriente principal del pensamiento económico.
Si esto fuera de hecho cierto, el fenómeno de la escuela austriaca de economía sería
digno de un estudio serio, no solo por economistas, sino por todos los científicos
sociales. ¿Cómo pudo un movimiento intelectual, tan pequeño y tan inconsistente,
transformar el mundo de la política pública? Cabe tener en cuenta lo que realmente
atestiguamos en todo el mundo desde la década de 1970 —la caída de la hegemonía
keynesiana en el pensamiento y la política, el colapso del comunismo en Europa Central
y Oriental y la antigua Unión Soviética, el reconocimiento generalizado del fracaso de
la planificación del desarrollo en América Latina, Asia, y África, y la integración en la
economía mundial de algunos de las naciones más pobres del mundo a través de la
liberalización y la globalización.
Estos son algunos hechos sorprendentes para enfrentar, incluso si en el final de esa
era también fuimos testigos de la creciente tensión por la amenaza del terrorismo dando
lugar a un conflicto militar; mayor debate sobre las consecuencias de desarrollo sobre
el medio ambiente y la demanda de políticas para hacer frente a el cambio climático
global, y una crisis financiera mundial que amenaza con llevar a la quiebra a las
naciones. ¿Qué tan poderosas se supone que son exactamente las ideas de los
economistas? Keynes fue quizás quien lo expresó mejor cuando reflexionó sobre el
poder de las ideas afirmando que «De hecho, el mundo está gobernado por poco
más»[89].
Este volumen tiene una ambición más humilde que contrarrestar la retórica de
nuestra era, o rastrear la influencia fundamental de las ideas de Mises y Hayek sobre la
transformación global hacia políticas orientadas al mercado, o aclarar de una vez por
todas las contribuciones de la escuela austriaca frente a la los modelos neoclásicos de
agentes omniscientes e hiper-racionales que interactúan en entornos de mercado de
competencia perfecta, o los modelos de agente representativo de la macroeconomía
moderna. En su lugar, se trataba simplemente de exponer la moderna escuela austriaca
de economía tal como se la practica al comienzo del siglo XXI como un programa de
investigación progresivo en la economía contemporánea y la economía política.
Tomando la iniciativa de mi Introducción, la idea era «reducir» la pretensión Austriaca
a un enfoque único para la investigación económica a un conjunto de diez proposiciones
y así desentrañar las implicancias de esas proposiciones.
Los autores son todos, parte de la nueva generación de economistas de la escuela
austriaca y representan la tercera generación desde el resurgimiento del interés por la
escuela austriaca tras el premio Nobel a Hayek en 1974 y los esfuerzos organizativos
de Israel Kirzner y Murray Rothbard para crear una escuela austriaca de economía
moderna a partir de una conferencia en South Royalton, VT en el verano de 1974.
Kirzner y Rothbard (y también Ludwig Lachmann) dieron una serie de conferencias
sobre metodología, análisis del proceso de mercado, dinero, capital y macroeconomía.
Los presentes formaron la primera generación de la moderna escuela austriaca, e
incluyó a personas tales como Don Lavoie, Mario Rizzo, Gerald O’Driscoll, Jack High,
Randy Holcombe, Karen Vaughn, Roger Garrison, Joe Salerno, Walter Block, y Richard
Ebeling, entre otros. Siguieron otras conferencias, se estableció una serie de libros y
surgió un Programa de becas de doctorado en la Universidad de Nueva York para los
estudiantes interesados en el estudio de la economía austriaca. Richard Langlois, Peter
Lewin, Bruce Caldwell, Bill Butos, y Lawrence White se unieron a esa primer
generación de economistas en la tradición austriaca moderna a mediados y fines de
1970 y principios de 1980.
A medida que estos individuos se establecieron dentro de la profesión económica,
nuevos programas de doctorado se establecieron en la Universidad de Auburn y George
Mason University que proporcionaron un espacio intelectual para el estudio de la
moderna escuela austriaca de economía. Con estos nuevos programas, también se
crearon revistas como The Austrian Economics Newsletter y Market Process, y
posteriormente Review of Austrian Economics, Advances in Austrian Economics, y el
Quarterly Journal of Austrian Economics.
Los tres últimos siguen publicándose, los dos primeros ahora han desaparecido
(pero creo que se encuentran disponibles en internet). Esa primera generación, con la
guía que ofrecía el camino recorrido por Kirzner y Rothbard, y la ayuda de varias
fundaciones y personas emprendedoras establecieron una comunidad de eruditos
austriacos dentro de la profesión económica. El Ludwig von Mises Institute fue creado
en la década de 1980, así como también el Center for the Study of Market Process,
instituciones que se sumaron a la infraestructura existente de la Foundation for
Economic Education, el Institute for Humane Studies, Liberty Fund y el Cato
Institute.
Una nueva generación de economistas comprometidos con el avance de las ideas de
la escuela austriaca moderna surgió a mediados y finales de 1980 y principio de 1990.
Esta segunda generación de la escuela austriaca moderna consistió en los productos de
estos nuevos programas[90] e incluye nombres como George Selgin, Roger Koppl, Dan
Klein, Don Boudreaux, Mark Thornton, Steve Horwitz, Emily Chamlee-Wright, David
Prychitko y yo. Mientras nos establecimos en la década de 1990 con nuestras
enseñanzas e investigación, un nuevo grupo de estudiantes surgió en la década de 2000
y son los que se han integrado en este volumen. Dentro de este grupo hay superestrellas
emergentes dentro de la profesión de la economía en general, mientras que otros se
están convirtiendo rápidamente en reconocido líderes intelectuales en el movimiento
austriaco clásico y liberal/libertario. El más mayor tiene unos cuarenta años, el más
joven aún se encuentra en sus veinte. Sin embargo, tenemos editores de revistas,
antiguos presidentes de sociedades profesionales, presidentes de departamento,
directores de centros, y máquinas de publicación. En otras palabras, a pesar de su
juventud esta nueva generación ya está generando impresión profesional.
La escuela austriaca contemporánea no es un cuerpo unificado de pensamiento, y
sería un gran error sugerir que lo era.[91] Y, en realidad, no lo ha sido desde mediados
de 1970. Kirznerian, Rothbardian y Lachmannian han sido diversas etiquetas que han
sido utilizadas para caracterizar a los individuos y sus contribuciones. Misesian y
Hayekian son meta-etiquetas que han sido utilizadas a menudo por los amigos y
enemigos de las respectivas cadenas de pensamiento dentro de la escuela austriaca
moderna. A mi modo de ver, la economía austriaca contemporánea es un programa de
investigación progresivo, no es un cuerpo inmóvil de pensamiento, y ese es el único
camino hacia adelante - lo que significa que no debemos preocuparnos por la fidelidad
a la obra de cualquier pensador pasado o presente y en cambio solo buscar la verdad
cuando lo consideramos necesario y tomar ideas productivas donde podamos
encontrarlas. También creo que este era en realidad la forma en que Mises y Hayek
encaraban las ciencias sociales por lo tanto esto no es nada nuevo para la escuela
austriaca.
La fertilización cruzada de las ideas de Menger y Böhm-Bawerk con la de los
economistas ingleses como Wicksteed, de los economistas suecos como Wicksell, y los
economistas estadounidenses como Knight era la manera en que Mises y Hayek
pensaron la actividad intelectual de un economista. La fertilización cruzada no se trata
de una coherencia total, sino sobre mezclar de forma selectiva para mejorar el
razonamiento económico. Muchos austriacos contemporáneos han estudiado con y/o han
aprendido de forma continua el trabajo de: Alchian, Baumol, Becker, Boulding,
Buchanan, Coase, Demsetz, Friedman (Milton, Rose, y David), Leijonhufvud, Loasby,
McCloskey, North, Olson, Phelps, Schelling, Vernon Smith, Tullock y Williamson. Otras
influencias de los campos de la política, el derecho, la sociología, la filosofía, así
como de la economía también podrían ser enumerados.
Como editor, estoy seguro que este volumen parte desde mi propio punto de vista de
la escuela austríaca y mi resumen en la introducción de las diez proposiciones que
considero claves para la contribución Austriaca a la economía moderna es una muestra
de ello. En este sentido, el volumen está enmarcado por mi interpretación incluso
aunque no se espera que ninguno de los contribuyentes esté de acuerdo conmigo en la
perspectiva más amplia, ni se les impuso ningún requisito de que persigan las
implicancias de las propuestas como las veo. De hecho, algunos de ellos llevan el
argumento en direcciones que yo no lo haría, pero ese es el punto de un programa de
investigación progresivo —nadie tiene el control de la misma, y los intentos para
controlarlo simplemente frustran la creatividad y el crecimiento.
Permítanme añadir una nota importante sobre algunos términos relacionados con la
escuela austriaca de economía, es decir, la praxeología y la apriorística naturaleza del
razonamiento económico. Estos términos no se utilizaron en mi Introducción, pero yo
personalmente creo que nada de lo que he dicho contradice la posición metodológica de
Mises correctamente entendida. En primer lugar, el tema de la praxeología es la acción
humana. En segundo lugar, el apriorismo es una posición epistemológica justificada por
Mises en el ámbito del neo-kantianismo, pero como Rothbard ha demostrado, puede ser
filosóficamente justificada en términos aristotélicos también. Los economistas en su
calidad de economistas no tienen por qué tomar una posición en la justificación
filosófica de la naturaleza a priori de la teoría económica a fin de implementar la lógica
de la economía para fines teóricos y aplicados. En tercer lugar, Mises argumentó que la
praxeología no es nueva, y tampoco lo es su insistencia en el carácter a priori de la
economía. De hecho, insistió en que la buena economía se hizo de esta manera, tanto
antes que él como entre sus contemporáneos. De Smith a Knight, en otras palabras, se
encuentra la misma tradición básica, incluso aunque no comprendieran que la manera en
que trataron su economía fue la misma en que lo hizo Mises. Este es un enfoque que
pone al actor que elige (con su/sus propósitos y planes) en el centro del análisis, y
construye a partir de allí para entender las complejas estructuras sociales de una
economía. En cuarto lugar, mientras que la economía, o cataláctica, era la mejor rama
desarrollada de la praxeología, deben esperarse nuevos desarrollos de la praxeología
en campos fuera del ámbito propio de la economía.
El lenguaje común en la academia moderna para la praxeología es el enfoque del
«actor racional». La praxeología no reduce el cálculo de medios y fines de los
individuos en el comportamiento maquinal de autómatas. Muchos modelos de la
elección racional, de hecho cometen la falacia de tratar al Agente selector como un
robot. Mises, en cambio, hizo hincapié en la elección racional teorizando con
selectores humanos. Esto lo llevó a rechazar en su época las ideas de Homo
economicus, al igual que Hayek. Pero esto no significa que en su trabajo el «actor
racional» no está en el centro de todos los análisis. De todos modos, cuando se lee
«actor racional» o «elección racional» en la literatura austriaca contemporánea, la
entendemos como la praxeología y el enfoque individualista metodológico de las
ciencias sociales.
La cuestión epistemológica que Mises procuró atender con su insistencia en el
apriorismo, más exótico en su tratamiento filosófico de sus predecesores, se reduce a la
afirmación de que la teoría viene antes de la observación.
Utilizamos la teoría para darle sentido al mundo económico que nos rodea. La
elección para el analista nunca es teoría o no teoría, sino siempre teoría que se ha
articulado y defendido o teoría que se encuentra inarticulada y oculta a la mirada
crítica. El analista no se enfrenta a la «data» pura y simple. Dicho de esta manera, no
hay nada en la reivindicación de Mises para la naturaleza apriorística del razonamiento
económico que sea nuevo y sorprendente. Menger, por supuesto, hizo este argumento en
contra de las pretensiones del historicismo, pero puede uno también leerlos en todo el
período clásico de la economía política en varios autores. Pero es un error creer que
estos argumentos afirman que todo el campo de la economía era a priori o que la
economía se encuentra completamente aislada de las críticas de carácter empírico.
La economía como un campo de investigación se pueden dividir en (1) la teoría
pura, (2) la teoría aplicada, y (3) la historia económica y/o la historia contemporánea
(es decir, la política pública). El ámbito de la teoría pura es un elemento esencial de la
economía, pero se limita en el rango. A menudo se refiere a ella como la lógica pura de
elección. Las primeras 100 páginas de La Acción Humana (1949) de Mises son la
lectura esencial sobre esta posición para los austriacos, pero también se puede obtener
declaraciones sistemáticas de esta posición en Menger, Bohm-Bawerk, y por supuesto
en Epistemological Problems ([1933] 1960)de Mises.[92] Nature and Significance of
Economic Science (1932) de Lionel Robbins también podría ser consultado con
provecho, como también podría serlo una lectura cuidadosa de Risk, Uncertainty and
Profit (1921) de Knight. El ámbito de la teoría aplicada, por otro lado, se mueve más
allá de la lógica pura de la elección y constituye la mayor parte del razonamiento
económico. En esta área, la lógica pura de la elección se combina con diversos
supuestos institucionales (empíricamente verificables) para explicar tanto las
manifestaciones de racionalidad en contextos alternativos y la eficacia de las relaciones
de intercambio dentro de esos entornos. La obra de 1937 de Hayek «Economics and
Knowledge» es la lectura principal en este punto para los Austriacos.[93]
A menudo interpretado como una ruptura con la comprensión de la ciencia
económica praxeológica de Mises, la posición que Hayek resalta en su obra es
consistente con Mises en la lectura que propongo. La lógica pura de la elección es un
elemento necesario, pero no suficiente, de la teoría de la economía de mercado y el
sistema de precios. Argumentos subsidiarios de una naturaleza empírica son requeridos
para trabajar en combinación con la lógica pura de la elección para dar una explicación
de cómo funcionan los mercados, y cuando el sistema es capaz de coordinar con éxito
las actividades económicas y cuando el sistema puede tener problemas de
coordinación.
El terreno de la historia económica y/o de la historia contemporánea es donde el
analista toma los argumentos que uno construye en la teoría pura y aplicada, y a
continuación, se desarrolla un marco de análisis que ayuda a la interpretación empírica
de eventos y proporciona una evaluación económica de esos eventos. Las evaluaciones
económicas están limitadas a análisis de medios y fines estrictos, y no declaraciones
normativas sobre la «bondad» o «maldad» de la situación. El socialismo, por ejemplo,
falla en sus propios términos, no debido a una evaluación moral del colectivismo frente
al individualismo. Los medios del socialismo no permiten que se realicen los fines del
socialismo desde el punto de vista de los defensores del socialismo. La propiedad
colectiva por efecto de la eliminación de la capacidad de los agentes económicos para
participar en el cálculo económico racional destruye la capacidad del sistema
socialista para cumplir con su fin de producción de materiales avanzados y por lo tanto
la armonía entre las clases a través de post-escasez. Si el socialismo cambiara
cualquiera de sus medios o sus fines, la demostración de Mises tendría que ser
modificada dado que su argumento específico es que el cálculo económico racional es
imposible sin la propiedad privada en los medios de producción. Cuando el socialismo
signifique la propiedad privada en los medios de producción, el cálculo económico
racional podría ser de hecho posible, siempre que un mercado para los medios de
producción esté permitido. Y cuando el objetivo del socialismo ya no sea la producción
de materiales avanzados, racionalizado como para marcar el comienzo de la post-
escasez, sino un voto de pobreza, entonces el argumento contra el socialismo hecho por
Mises pierde mucha de su fuerza.[94] El análisis económico tiene sus límites, pero
también proporciona conocimientos esenciales a un proyecto más amplio de la filosofía
social y moral[95].
Nada de lo que he dicho antes debe interpretarse como aislador de los argumentos
austriacos de la refutación, pero en su lugar como clarificador de los términos en que se
produzca la refutación. Las pruebas estadísticas en sí mismas no proporcionan
orientación aquí. Pero los argumentos pueden probarse falsos, y lo son, en cada paso si
se puede demostrar un error lógico en la derivación del teórico.
Por otra parte, las teorías pueden demostrar ser lógicamente válidas, pero no
sólidas. Las teorías pueden ser inaplicables a la situación porque los supuestos
empíricos subsidiarios no son verdaderos para que el caso sea examinado.
Finalmente, siempre existe la cuestión de la magnitud. En un mundo complejo,
muchos factores pueden estar en juego y algunos más importantes que otros.
Consideremos la crisis financiera actual. Hay evidencia de que los factores que
contribuyen al problema son la expansión del crédito (desviaciones de la regla de
Taylor) por la Reserva Federal, incentivos perversos en el mercado de la vivienda, y la
confusión causada por los cambios en las normas que regulan las altas finanzas.
¿Podemos decir que cualquiera de ellos es la causa, o tenemos que admitir simplemente
que una tormenta perfecta de incentivos perversos e información distorsionada como
resultado de un masivo cúmulo de errores que requirieron ajustes masivos de capital y
mano de obra para volver al camino económico correcto? Como Deirdre McCloskey ha
subrayado continuamente, las dos preguntas más importantes que el economista debe
hacer de su trabajo y el de otros es: (1) ¿Y entonces?, y (2) ¿qué tan relevante es? Los
economistas austriacos necesitan hacer esas preguntas, tanto como cualquier otra
persona haciendo economía y economía política.
La praxeología, el apriorismo, y el valor de la libertad, todos siguen siendo
demandas básicas de la Escuela austriaca de economía, aunque el argumento debe
actualizar y reestructurarse para enfrentarse con los argumentos en contra de esta
generación de pensadores y dirigido hacia los intereses de sus contemporáneos. Para
poner esto de otra manera, Mises desarrolló su argumento para responder a las
objeciones que eran planteadas a la economía y sus enseñanzas por los opositores
intelectuales del siglo XIX y principios del siglo XX; Hayek desarrolló su argumento
para responder a las objeciones planteadas por sus opositores intelectuales a mediados
del siglo XX; de forma similar Kirzner dirigía sus argumentos a los opositores de las
décadas de 1960-80; Rizzo y Lavoie a los opositores de los años 1980 y 1990, y así
sucesivamente. Esta nueva generación de economistas tendrán que dirigir sus
argumentos a los retos que ofrecen los modernos historicistas, formalistas, y
positivistas (aún más difícil de hacer, dado que la auto-conciencia filosófica de la
corriente principal de los economistas parece haber disminuido desde la década de
1980).
Al mismo tiempo que esta discusión de los fundamentos metodológicos de la
economía contemporánea y la economía política son difíciles de abordar, el campo de
la economía y la economía política se han abierto a las nuevas ideas y nuevos métodos.
En muchos sentidos, la economía ha entrado en una nueva era de entusiasmo intelectual.
El enfoque narrativo analítico a la historia económica asociado con Avner Grief y
Barry Weingast, la conducta y economía cognitiva y la economía política de Timur
Kuran y Bryan Caplan, y los modelos basados ​en agentes, de sistemas complejos
asociados con Rob Axtell y Peyton Young , todo debe ser visto como una gran
oportunidad para los interesados ​en las ideas de Mises y Hayek para desarrollarlas en
el contexto de la ciencia social contemporánea. Tópicamente, el trabajo en los orígenes
coloniales, los orígenes legales, constitucionales y política económica, la organización
y la gestión, y los estudios empresariales también abren grandes oportunidades para una
nueva generación de traer las ideas de Mises y Hayek al primer plano del discurso
profesional. Muchos de los autores de este volumen están de hecho haciendo esto,
desarrollando sus propias voces en el contexto de la economía contemporánea y la
economía política.
Por último, debemos reconocer la gran oportunidad proporcionada a los
economistas de todas las tendencias por los problemas acuciantes prácticos del mundo
que demandan explicación y comprensión. Nos encontramos en medio de una crisis
financiera global, la causa fundamental de lo que parece ser un auge y caída del ciclo
inducido por el crédito (es decir, la teoría austriaca del ciclo económico). Por otra
parte, vivimos en una época donde una gran parte del mundo sufre bajo el yugo de
estados fallidos y débiles. En un mundo así, el enfoque de la economía tradicional de
tratar las instituciones como dadas no es apropiado. En su lugar, los avances en la
economía deben buscar endogeneizar instituciones. Examinar situaciones en que las
instituciones dentro de las cuales la actividad económica tiene lugar se está
construyendo ya sea a través del diseño o la evolución.
Esto es cierto ya sea que estemos hablando de desarrollo en África, o
reconstrucción en el Medio Oriente, estamos, de hecho confrontados con problemas de
vida y muerte, y problemas que aún pueden tocar a la supervivencia de la civilización
tal como la conocemos, y el economista tiene una ubicación única para proporcionar la
necesaria comprensión filosófica y el conocimiento de las políticas públicas para
comprender tanto el problema esencial y ofrecer la solución requerida.
Cuando estaba en la misma etapa de mi carrera que los colaboradores de este
volumen, una vez describí que la economía austriaca es humanista en su método, y
humanitaria en su preocupación. Esto es lo que me atrajo a la escuela. Prometía
comprensión filosófica del complejo mundo que nos rodea, y cuando se combina con
algunos conceptos básicos de la moral produce un poderoso argumento a favor de una
sociedad de individuos libres y responsables. Veinte años más tarde todavía encuentro
que esta descripción es apta. Es mi sincera esperanza que los estudiantes de economía y
economía política lean este libro, y vean la sabiduría del sentido común de los distintos
criterios austriacos de la economía, como también el poder intelectual de la escuela
austriaca como un marco de análisis de los problemas más acuciantes de nuestra época.
Este libro no es una oportunidad para el adoctrinamiento en un cuerpo establecido de
pensamiento económico, sino una invitación a consulta para la próxima generación de
estudiantes guiados por una nueva generación de estudiosos/ profesores que han
aprendido de los pensadores del pasado a pensar mucho sobre lo que la disciplina en
su conjunto tiene para ofrecer, y ahora están introduciendo argumentos económicos en
direcciones nuevas y novedosas para avanzar en nuestra comprensión del mundo
económico y social.
Para más información,
vease nuestra página web
www.unioneditorial.es
[1] El autor es doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y profesor de Economía
en la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín y en la Facultad de Ciencias Económicas y
Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa.
[2] Este artículo apareció originalmente en la 2.ª edición de la Enciclopedia Concisa de Economía, editada por
David Henderson. Agradezco el permiso para la reimpresión.
También me gustaría aprovechar la oportunidad para agradecer el apoyo permanente a mi investigación y las
actividades educativas por el Fondo J.M. Kaplan, la Fundación Earhart, la familia Tejedor y el Mercatus Center en la
George Mason University. Además, agradezco enormemente la hábil y agradable asistencia del Sr. Peter Lipsey.
[3] La empresarialidad puede ser caracterizada por tres momentos distintos: serendipia (descubrimiento),
búsqueda (deliberación consciente) y capacidad evaluadora de las oportunidades de ganancia.
[4] La búsqueda de soluciones para este objeto difícil de asir generó algunos de los trabajos más innovadores en
la Escuela Austriaca y condujo al desarrollo en la década de los setenta y los ochenta a la literatura sobre la banca
libre (free banking) de F.A. Hayek, Lawrence White, George Selgin, Kevin Dowd, Kurt Schuler y Steven Horwitz.
[5] Las proposiciones 8 y 9 constituyen el eje central de la teoría austriaca del ciclo económico (TACE o ABCT
por sus siglas en inglés), que explica cómo la expansión del crédito impulsada por los gobiernos genera malas
inversiones en la estructura del capital durante los períodos de auge (boom), que deben ser corregidos durante el
período de crisis y depresión (bust). En la economía contemporánea, Roger Garrison es una de las figuras principales
en el desarrollo de esta teoría.
[6] No todos los órdenes espontáneos son beneficiosos, por lo que esta proposición no debe ser leída como un
ejemplo de la falacia de Pangloss. El que los individuos, al perseguir su propio beneficio, generen beneficios públicos
depende de las condiciones institucionales dentro de las que ellos persiguen sus intereses. Tanto la «mano invisible» de
la eficiencia del mercado como la «tragedia de los comunes» son el resultado de la acción de individuos que luchan por
sus propios intereses; sin embargo, en un contexto social esto genera beneficios sociales, y en otro genera pérdidas.
Los nuevos economistas institucionales han recuperado la atención de la academia a la importancia de la relación entre
los resultados sociales y el contexto institucional en el que los individuos interactúan. No obstante, es importante
recordar que los economistas políticos clásicos y los primeros economistas neoclásicos ya habían reconocido el punto
básico que señalan los economistas neoinstitucionalistas, y que fue solo a mediados del siglo XX, con la fascinación
producida por el modo de demostración propio de los modelos formales del sistema de equilibrio general de
competencia, por una parte, y la preocupación keynesiana por las variables agregadas, por la otra, cuando se perdieron
de vista las precondiciones institucionales requeridas para la cooperación social.
[7]1 Agradezco los comentarios constructivos de Perri 6, Paul Dragos Aligica, André Azevedo Alves, Peter Boettke,
Andy Denis, T. Clark Durant, Geoffrey Hodgson, John Meadowcroft, Ioana Negru y Nikolai Wenzel. Todos los
errores de contenido son míos.
[8]
Esta cita es del libro más influyente de Quetelet, Sur l’homme et le Developpement de ses facultés, essai
d’une physique sociale, publicado en 1835.
[9]
Hay que tener en cuenta que Mises usa el término «praxeología» para referirse a lo que entendemos como la
sociología.
[10]
La miríada de tradiciones culturales, las relaciones sociales, normas legales, las normas de la comunidad
epistémica, son las que constituyen la «sociedad». Precisamente para entender cómo estas surgen y se desarrollan los
austriacos insisten en la primacía de la persona, ya que solo a este nivel el significado se puede atribuir a los
fenómenos sociales. «El individualismo metodológico, lejos de cuestionar la importancia de tales entes colectivos,
entiende que le compete describir y analizar la formación y disolución de estos; porque aspira a resolver tales
cuestiones de un modo satisfactorio, recurre al único método realmente idóneo» (Mises, 1949, p. 51).
[11]
Si se profundiza aún más en la atención a estas instituciones, podemos investigar el papel de las estructuras
sociales. Esta forma estructural del individualismo institucional (derivada de los gustos de Reinhard Wippler o James
Coleman) está más allá del alcance de este capítulo, pero tenga en cuenta que la relajación de la estricta
forma/atomista del individualismo metodológico es un requisito previo para una discusión sobre estos temas.
[12]
Este capítulo no pretende profundizar en las sutilezas (y conflictos posibles) entre estos estudiosos. Por el
contrario, está escrito como un intento de ser compatible con tales discusiones.
[13]1 El autor fue el F.A. Hayek Fellow en la London School Economics and Political Sciences en el momento de
realizar esta investigación, y agradece el apoyo de la Suntory and Toyota International Centres for Economics and
Related Disciplines (STICERD), en la LSE.
[14]
Kohn diferencia entre el «paradigma del valor» y el «paradigma del intercambio». Aunque yo uso la expresión
«paradigma de asignación» para ser consistente con Buchanan (1964), ya que se centran en la asignación, el lector
debe tener en cuenta que este es el equivalente al uso que hace Kohn de «paradigma del valor». Wagner (2007) traza
las diferentes visiones del paradigma del valor y el paradigma del intercambio de regreso a Carl Menger y Léon
Walras. Un número especial de la Review of Austrian Economics (vol.20, n.os 2/3, 2007) se dedicó a un simposio
sobre Kohn (2004).
[15]
A pesar de que no lo discutiremos aquí, también hay diferentes implicaciones normativas de los dos
paradigmas (véase Kohn, 2004, pp. 320-30).
[16]
Kohn (2004, pp. 331-4) discute la posibilidad de una «teoría híbrida» que combina aspectos del paradigma de
la asignación y del paradigma del intercambio. Él rechaza esta posibilidad y ofrece una serie de razones por las cuales
los dos paradigmas son incompatibles.
[17]
Esto no es una acusación contra el campo de la historia del pensamiento económico, sino más bien una
declaración de información sobre el estado actual de la disciplina de la economía.
[18] Me gustaría dar las gracias a Dan Lavoie y Emily Chamlee-Wright por las conversaciones fructíferas que
mantuvimos sobre este tema. La norma de exención de responsabilidad se aplica.
[19] Gracias a Nick Snow y Wayne Thurman Pugh por la asistencia en la investigación, y a Peter Boettke y a
Benjamin Powell por sus útiles comentarios y sugerencias.
[20]
Aquí nos estamos refiriendo al subjetivismo económico, que dice que aquello que las personas consideran
valioso es subjetivo. No tiene nada que ver con el subjetivismo ético o el subjetivismo metafísico.
[21]
Para una discusión de algunas de las diferencias véase Rothbard ([1962] 2004, p. 315).
[22]
Esto es solo un subconjunto de los argumentos en el ámbito de la competencia y los monopolios. Los
argumentos de defensa de la competencia sobre la base de la eficiencia de Kaldor-Hicks son diferentes.
[23]
Una vez más quisiera subrayar que esto es solo un subconjunto de los argumentos en el ámbito de la
competencia. Los argumentos de defensa de la competencia sobre la base de la eficiencia de Kaldor-Hicks son
diferentes.
[24]
La cuestión se complica cuando los precios y productos disponibles varían entre países, por no hablar de las
preferencias de los individuos (Rothbard [1962] (2004), p. 301).
[25]
Restricciones sobre el alcohol, las drogas o el juego pueden encajar en este proyecto de ley.
[26]
Por otra parte, en realidad podría no resultar de esa manera. En un mundo en el que los costes de transacción
son cero, podría darse el caso en el que todos los trabajadores inmigrantes serían contratados en países con salarios
más bajos, como Vietnam, y no en países con salarios relativamente más altos, como México. Los mexicanos solo
podrían ir a los Estados Unidos debido a que los costes de transacción no son cero y, por ello, se contrata a
trabajadores inmigrantes.
[27]
Es aún más problemático utilizar los patrones de migración para mostrar la superioridad del libre mercado.
Aunque muchos inmigrantes tienden a huir a un país con más oportunidades económicas, la investigación económica
muestra también que el aumento de las prestaciones sociales son otro factor de motivación en el margen. No basta con
observar el número neto de migrantes para desentrañar estos dos factores.
[28]
Una vez, cuando estaba en una universidad en un evento social, un profesor bien calificado de la Universidad
de Chicago preguntó: «¿Cómo se calcula el excedente del consumidor para el aire?». Le respondí: «Simple, tomamos
la integral con respecto al aire».
[29]
El defensor de la eficiencia económica podría argumentar que las comparaciones de eficiencia no requieren
el cálculo del excedente del consumidor y del productor, en todos los bienes, en todos los estados del mundo; sino que
solo se requiere el cálculo de los cambios marginales en los consumidores y en los productores entre los dos estados
del mundo. Realizar comparaciones entre dos estados de mundos muy similares sería muy simple, si solo eso fuese lo
que debiera hacer el economista, y no tenemos garantía de que los estados fuesen globales en contraposición con un
estado óptimo de eficiencia.
[30]
Los siguientes cuatro párrafos se basan en White y Stringham (2004, pp. 378-80).
[31]
Doy las gracias a Bryan Caplan, ya que se gastó 200 dólares cuando estas cintas estaban disponibles y me
permitió escucharlas.
[32]
Nada podría detener a un economista subjetivista respecto a abogar por una política de este tipo, dado que el
subjetivismo económico trata solo sobre economía positiva, pero muchas personas encontrarían esta postura
cuestionable.
[33]
Tales críticas se aplican igualmente tanto al actuar utilitario como a la regla utilitarista; aunque las teorías
tienen diferencias, ambas tratan de maximizar utilidades en la sociedad.
[34]
Por ejemplo, en la literatura del comportamiento el «sesgo de disponibilidad» es también llamado la «heurística
de disponibilidad».
[35]
La diferencia entre el «laboratorio» y la configuración del mercado puede ser bastante pronunciada, como
demostró en varios artículos de John List y varios co-autores. Un buen ejemplo de dicho trabajo se puede encontrar en
el trabajo de List (2006).
[36]
Caplan va desde aquí para ofrecer su objeción del tipo «Hayek dijo que el cielo es azul», es decir,
simplemente estar de acuerdo con Hayek y Mises sobre un punto en particular (el cielo es azul, el error sistemático es
un rasgo de la política, etc.) y esto no lo hace ser un economista austriaco.
[37] Quisiera agradecer a Kyle McKenzie, Israel Kirzner, Virgil Storr y Bryce Wilkinson por sus comentarios a
versiones preliminares de este capítulo. Aplican aquí las aclaraciones habituales.
[38]
Para más información sobre la evolución del uso del equilibrio y la noción de los mercados, vea Boettke
(1997). Véase también Machovec (1995).
[39]
Véase Kirzner (1996, 2000a y 2000b). Véase también Mises (1966, p. 257 y siguientes) y Boettke y Sautet
(2009).
[40]
Véase Hayek (1946, 1978), Kirzner (1973) y Mises (1966).
[41]
Knight sostuvo que ningún estudio científico del mercado en el que la incertidumbre radical está presente es
posible. En la segunda parte de su libro Risk, Uncertainty and Profit [Riesgo, incertidumbre y beneficio] (1921) se
presenta el modelo de competencia perfecta, que fue finalmente aceptado por la profesión económica, ya que se
acomodaba bien a la utilización de las matemáticas.
[42]
Esto se refleja en el siguiente pasaje en el que Kenneth Arrow explica que la teoría de los precios todavía no
puede explicar lo que está destinada a explicar: «Incluso si aceptamos toda esta historia [de equilibrio general de la
competencia], todavía hay un elemento no individual [es decir, que no está relacionado con las acciones individuales],
esto es, los precios que enfrentan las empresas y los individuos ¿Qué individuo originó los precios? En la teoría formal,
al menos, ninguna. Son determinados (o no) por las instituciones sociales conocidas como mercados, que equilibran la
oferta y la demanda» (1994, p 4).
[43]
Véase la siguiente sección para una presentación de la competencia como descubrimiento empresarial.
[44]
Otros economistas también han hecho esa afirmación. Por ejemplo, George B. Richardson explicó que en
ausencia del proceso de generación de información (es decir, el proceso empresarial), no puede emerger ningún orden.
Como él mismo dijo: «Es muy importante recordar que las condiciones del mundo real no son las de la competencia
perfecta y que, si lo fueran, tal orden podría no ser posible». (1960, p. 12)
[45]
Véase, por ejemplo, Baumol (2002).
[46]
Esto también es válido para las teorías neo-schumpeterianas, que intentan integrar los conocimientos del
trabajo de Schumpeter sobre empresarialidad en los modelos cerrados de cambio tecnológico. Véase, por ejemplo, el
trabajo de Lipsey y Carlaw (2004) y Carlaw et al. (2006). Véase también el trabajo sobre los fundamentos de
desequilibrio del equilibrio por Franklin Fisher (1989).
[47]
Véase Kirzner (2000b, p. xiii).
[48]
Ibíd.
[49]
Véase Kirzner (1973) para una elaborada crítica de ese punto. Kirzner utiliza el término «maximización
Robinsoniana» para describir el comportamiento de optimización.
[50]
Véase también Kirzner y Sautet (2006).
[51]
En palabras de Kirzner (1979, p. 181): «La esencia de la función empresarial individual es que se compone de
un estado de alerta en el que se incrusta la decisión en lugar de ser uno de los ingredientes desplegados en el curso de
la toma de decisiones.» Las cursivas están en el original.
[52]
Como afirma Kirzner (1994, p. 109): «Para todo descubrimiento empresarial, la creatividad nunca es
suficiente: es necesario reconocer la propia creatividad. En otras palabras, un ingrediente esencial en cada innovación
creativa exitosa es la visión de la innovación de lo que puede lograr de manera creativa». Esto también se relaciona
con la idea de corazonada «pre-científica» en el campo de la investigación científica. Los investigadores necesitan
tener una idea de dónde buscar cuando quieren participar en la investigación, incluso antes de haber ideado una teoría
y haber hecho algún experimento.
[53]
La idea de que el estado de alerta es la esencia del espíritu empresarial ha dividido a los economistas de
tradición austriaca durante algún tiempo. Rothbard (1985), por ejemplo, ha argumentado que esto es incompatible con
la comprensión de Mises de la iniciativa empresarial. Véase también el trabajo de Klein (2007) para una respuesta en
defensa de la función empresarial básica. Véase a continuación una breve síntesis de la posición de Salerno y
Rothbard.
[54]
Véase Klein (2007), por ejemplo, sobre este punto.
[55]
Esto se relaciona con la distinción schumpeteriana (1947) entre invención e innovación. La innovación puede
ser definida como invención socialmente beneficiosa. Si bien un inventor está limitado por el estado de la realidad
actual, es libre de inventar objetos que no son deseados socialmente. Un innovador por su parte aporta su invención en
el mercado y su objetivo es servir a los clientes.
[56]
Véase Harper (2003) y Lavoie (1991).
[57]
El papel de la ganancia monetaria en relación al conocimiento y descubrimiento empresarial se puede
encontrar también en Mises. Como Mises explica en Las ganancias y las pérdidas (1962, p. 260): «Lo que hace
aparecer las ganancias es el hecho de que el empresario que juzga más correctamente que otros los precios futuros de
los productos compra alguno o todos los factores de producción a precios que, desde el punto de vista de la situación
futura del mercado, son demasiado bajos. De esta manera, los costes totales de producción —incluido el interés sobre
el capital invertido- quedan rezagados con respecto a los precios que el empresario recibe por el producto. Esta
diferencia constituye la ganancias empresarial».
[58]
Como explican Kirzner y Sautet (2006): «La tierra, la madera, el acero y el resto, son recursos en el sentido
de que se han implementado deliberadamente en el curso de los procesos de producción. Una persona que desee
construir una casa debe reunir tierra, trabajo, acero, madera, etc., con el fin de construir la casa. Debe adquirir tierras
y el uso de estos recursos. Sin embargo, la idea de que la construcción de la casa sería una empresa rentable no se ha
implementado. Uno no inicia un emprendimiento productivo al entrar en el mercado para adquirir una buena idea. Más
bien, uno tiene la buena idea de que puede ser rentable para adquirir recursos en el mercado adquirir procesos de
producción específicos. Uno no produce deliberadamente ideas empresariales, sino que solo una casualidad las
descubre».
[59]
Véase Kirzner (1973). Mises no se refiere a la maximización Robinsoniana de su propio trabajo cuando
discutió el tema del cálculo monetario en el contexto del emprendedor. Yo diría que esto se debe a que el tema del
descubrimiento estaba implícito en su obra.
[60]
Véase Salerno (2008) para una reciente discusión sobre este punto.
[61]
Por ejemplo, véase a Jack High (1982, p. 166) quien señaló: «Si el espíritu empresarial es totalmente
independiente de la propiedad, ¿tiene sentido hablar de la pérdida empresarial? ¿Pueden las pérdidas recaer sobre el
empresario o deben recaer sobre el propietario del recurso?»
[62]
Véase Rothbard (1987) para una interesante crítica del enfoque de Schumpeter.
[63]
En comparación con su posición en 1973, Kirzner (1999), ahora ve una diferencia menor entre su
comprensión del empresario y la de Schumpeter.
[64]
Véase también a Rizzo (1990) para un análisis de las tendencias de equilibrio en el trabajo de Hayek.
[65]
Los precios de mercado son precios «falsos», ya que solo reflejan la parte revelada de las variables
fundamentales del mercado (es decir, el conocimiento actual de los participantes del mercado). El descubrimiento
empresarial consiste fundamentalmente en desenterrar las piezas hasta ahora no reveladas de las variables
subyacentes de tal manera que los precios de mercado estén más de cerca de reflejar las verdaderas preferencias
subyacentes de los consumidores. Este es un proceso gradual. Es importante señalar que, si bien los precios de
mercado son falsos, son también de equilibrio del mercado, ya que reflejan el conocimiento actual revelado a
disposición de los participantes del mercado. Sin embargo, no son los precios de equilibrio en el sentido neoclásico, ya
que sigue habiendo información que no está reflejada en los precios de mercado y que podría ser descubierta.
[66]
Rothbard (1985, p. 284) también observó un rol para las tendencias equilibrantes en el mercado. Como él
mismo dijo: “Una cosa es decir, como sostuvo Mises y sus seguidores, y en contraste con los economistas neoclásicos,
que el equilibrio no es y nunca puede existir en el mercado. Otra cosa es decir que el mercado no tiene y ni siquiera
alberga tendencias equilibrantes.”
[67]
Como sostuvo Mises (1966, p. 471): «Lo que se denomina precio es siempre una relación dentro de un
sistema integrado por relaciones humanas».
[68]
Para un desarrollo de esta idea, véase Kirzner (2000a) y Sautet (2007).
[69]
Además de la alienabilidad, un aspecto importante de los derechos de propiedad para el descubrimiento
empresarial es la divisibilidad. Los empresarios pueden encontrar nuevas maneras de asignar recursos al dividir los
derechos de propiedad existentes de nuevas maneras.
[70]
Para una discusión sobre empresarialidad e instituciones, véase Harper (2003), capítulos 4 y 5.
[71]
Véase también Ikeda (1996) y Kirzner ([ 1978] 1985) para un análisis detallado del intervencionismo y el
proceso de mercado.
[72]
Mises sostuvo la opinión de que los precios de monopolio podrían, en algunos casos muy raros, surgir en el
mercado libre. Para una presentación detallada de su punto de vista, véase Kirzner (2001). Véase Rothbard (1993)
para una crítica de la visión de Mises. Véase también Sautet (2002).
[73]
Para más información sobre este tema véase, por ejemplo, Sautet (2007).
[74]
Véase Baumol (1990) para una discusión sobre el impacto de las instituciones en el espíritu empresarial.
[75]
Thornton (2007) ofrece evidencia convincente de que el ensayo significativo de Cantillon influyó en Hume.
Hayek sospecha que esto es cierto. Humphrey (1984) documenta una serie de razones ofrecidas por los economistas
clásicos de por qué el dinero no tiene efectos neutros.
[76]
Tratado sobre la Reforma Monetaria (1923), Capítulo 3.
[77]
Freeman y Kydland (2000) ofrecen apoyo empírico a las afirmaciones de que los cambios en la producción
conducen a cambios en la oferta monetaria.
[78]
Por supuesto, hay excepciones. Ver Cochran (2001).
[79] Agradezco a Jeffery Hummel y Andrew Young por sus útiles sugerencias sobre una versión preliminar de este
trabajo. Se aplican las salvedades habituales.
[80]
Los austriacos ciertamente no están solos en la crítica de la teoría neoclásica del capital. Para una crítica
alternativa ver las Controversias de Cambridge. Un breve resumen retrospectivo del debate fue publicado en el
Journal of Economic Perspectives 17 (1), pp. 199 - 214, «Whatever Happened to the Cambridge Capital Theory
Controversies?», en De Avi Cohen y Gc Harcourt (2003).
[81]
La inexactitud de medición puede ser una cuestión de grado. Con una fuerte tendencia hacia el equilibrio y
una gran parte de los planes que han resultado ser ex post compatible luego sumando el valor monetario del capital
daría una aproximación del capital social. Estos argumentos no debem ser tomados como una condena total de la
teorización del equilibrio en la economía austriaca. Clásicos de Hayek, Prices and Production ([1931) 2008) y Pure
Theory of Capital ([1941) 1975) y más recientemente Time and money de Garrison y (2001) todo fructíferamente
comenzó con un análisis de equilibrio macroeconómico de la estructura de capital y las desviaciones de estudio de ese
equilibrio.
[82]
Esto no quiere decir que el problema de la heterogeneidad del capital no se ha planteado en la corriente
principal. Ciertamente Solow y otros involucrados en las controversias de Cambridge lo debatieron y todavía hay
intentos de algunos economistas de la corriente dominante para incorporar la heterogeneidad en sus modelos. El punto
es que el principal objetivo de la teoría de crecimiento neoclásico, sea que el modelo de Solow, o la posterior teoría del
crecimiento endógeno, no ha logrado incorporar adecuadamente la heterogeneidad de capital y por lo general opta por
asumir distancia de ella.
[83]
Aunque, no hay razón para rechazar posiblemente esta dicotomía. Véase Wagner (2007). Carl Menger, por
ejemplo, sugirió que el propio Estado era un orden espontáneo ([1883) 1963).
[84]
Por supuesto, si las razones por las cuales los individuos se basan en mecanismos espontáneamente
ordenados de ejecución de contratos es el costo prohibitivo de la ejecución contractual estatal, incluso la «sombra del
Estado» no puede garantizar el cumplimiento contractual. Sin embargo, para aquellos contratos en los que una
institución de ejecución de contratos ordenada de manera espontánea se utiliza porque es más barata que la de
ejecución estatal (cuando el primero es eficaz), aunque la aplicación de Estado permanece más rentable si hay que
confiar en ella, la «sombra del Estado» puede asegurar el cumplimiento contractual aunque el orden espontáneo
colapse.
[85]
Para el orden espontáneo medieval de Islandia véase el magnífico trabajo de David Friedman (1979).
[86]
Ver http://www.fundforpeace.org/web/index.php?option=com_content&task=view&id=104&ltemid=324;
consultado el 27 de enero de 2010.
[87]
Aunque, como analiza el importante escrito de Tim Harford y Tatiana Nenova (2004), los actores del sector
privado han sido muy innovadores en la anárquica Somalia.
[88]
Enfatizo «ricos» aquí para resaltar el hecho de que, mientras trato de dejar en claro lo anterior, no estoy
alegando que Somalia es rica. Esperemos que esto se desprenda de mi análisis completo en la sección —que la
referencia no es de ricos o pobres de algún idealizado inalcanzable (es decir, moderno norteamericano o europeo
occidental) y por lo tanto irrelevante punto de referencia, sino más bien, en el caso de Somalia, lo que precedió al orden
espontáneo, que era un gobierno brutal y depredador— alternativa institucional de Somalia. Si la historia es un
indicador, solo un pequeño porcentaje de los lectores «entenderán esto». La mayor parte erróneamente inferirá que
estoy diciendo que Somalia es grande o que Somalia es evidencia de que el orden espontáneo es siempre mejor que
cualquier gobierno.
[89]
Keynes, John M. The General Theory oj Employment, Interest and Money, Macmillan, Londres, 1936, p.
383.
[90]
Hubo varios otros eruditos jóvenes emergentes que no eran producto de estos programas, como Tyler Cowen,
Peter Klein, Nikolai Foss, Paul Lewis y Guido Hülsmann para nombrar unos pocos.
[91]
La escuela austriaca, al igual que todos los organismos vivos de pensamiento científico, siempre tuvo disputas
internas entre sus miembros desde su fundación y maduración en Viena y continuando a través de su dispersión en la
década de 1930 en Europa y en los Estados Unidos. Mises, Hayek, Machlup, Morgenstern y Habeler, por ejemplo, son
todos estudiosos muy diferentes de la economía, pero también hay algo muy similar en su trabajo que puede ser
reconocido en sus respectivos argumentos en la metodología, método, y aplicación del razonamiento económico a los
problemas de política pública. Clamorosos debates acerca de la teoría económica y sus fundamentos filosóficos han
sido evidentes a lo largo de la larga historia de la Escuela Austriaca de Economía.
[92]
Mises, Ludwig von, Epistemological Problems of Economics, D. Van Nostrand Co., Nueva York
[1933],1960.
[93]
Hayek, Frederich von, «Economics and Knowledge», en Economica, 4(13), pp. 33-54.
[94]
El argumento de Mises sobre el cálculo económico racional permanecería pero la implicancia sería diferente.
La propiedad pública de los medios de producción, precisamente elimina la posibilidad de participar en el cálculo
económico racional, lo que puede ser de hecho el medio más eficaz para obtener los fines de pobreza, miseria y
destrucción.
[95]
La economía, en otras palabras, no puede saber si los beneficios son merecidos o no, pero la economía puede
informarle sobre lo que serán las consecuencias de su respuesta a esa pregunta en un desierto.