Está en la página 1de 2

La Ratonera del 2019

La Ratonera del 2019


Shakespeare utiliza en Hamlet el interesante artilugio de exponerle al rey Claudio la
verdad de su crimen a través de una obra de teatro adentro de otra obra de teatro.
Hamlet se enteró por el fantasma de su padre que Claudio, su tío, había envenenado a
su padre, el rey. Así Claudio asumió el papel de rey de Dinamarca y a los dos meses del
acontecimiento se casó con Gertrudis, la reina y viuda del hermano que asesinó. Para
validar esta trágica verdad, Hamlet, hijo del rey muerto y de Gertrudis, promueve y
guiona una obra de teatro en la cual se exhibe un crimen similar. Los gestos que
exponga el rey Claudio como audiencia durante la exhibición de la obra corroborarán o
no los dichos del fantasma de su padre. La obra se tituló “La Ratonera”, pues ese era el
objetivo de Hamlet, hacer que Claudio entrara en una trampa para ratones. Y lo logró:
Claudio, descubierto en su conciencia por esta ratonera, hace detener la obra y se
retira. Fue una suerte de muñeca rusa delatora, una Mamushka detectivesca: adentro
de la muñeca yacía otra muñeca igual que lo delataba en su crimen. Dentro de la obra
“Hamlet” estaba la obra denunciante “La Ratonera”. Y al rey Claudio le resultó
intolerable. Con ¨La Ratonera” comenzó a desencadenarse la tragedia.
¿Cómo articulamos esta Mamushka shakesperiana detectivesca con la realidad
argentina del 2019? Bien. El año en curso es un año primordialmente eleccionario.
Elegiremos presidente, gobernadores, etc. Ya están apareciendo los pocos que viven
de la política -y del pueblo, los muchos- a exhibir el interés por dirigir y gestionar un
supuesto Bien Común. También ya están hablando de desdoblar elecciones para
favorecer posiciones políticas. Extraña salida para un gobierno que está
permanentemente anoticiándonos de las economías personales que tenemos que
hacer. A sabiendas que más actos electorales son más costos, más pedidos de
préstamo al FMI. Aun así, cuando este mayor costo está destinado a perpetuar
poderes políticos, pareciera no ser tan relevante. Podemos concluir que para un
gobierno empresarial, los ciudadanos somos clientes cautivos. Y no nos queda otra que
el ser aprovechados, y extraído nuestro excedente del consumidor.
Y aquí aparece nuestra Mamushka electoral, nuestro teatro adentro del teatro.
Esperamos que un gobierno no se comporte como sabemos que nos comportamos
todos, sino que proceda como sabemos que debiéramos proceder nosotros. Y ello no
ocurre. Los gobiernos terminan siendo una reproducción ad nauseam de lo que somos
nosotros. El teatro adentro del teatro reproduce como una Mamushka pauperizada
nuestro egoísmo, nuestro sálvese quien pueda, nuestro arribismo, nuestra viveza
criolla, nuestros crímenes, nuestra paupérrima comunidad. Es correcta la analogía: la
Mamushka viene a representar la perpetuidad de lo mismo, la fertilidad. Y en nuestro
caso perpetuará el fracaso comunitario, el seguir repitiendo la decadencia in
aeternum, el teatro que reproduce al teatro de una mala obra.
¿Cómo salirse de la ratonera? La formula que todos conocemos es la del rey Claudio de
Hamlet: aún a sabiendas de nuestra responsabilidad, el ofendernos, pararnos, y buscar
una salida oscura y de interés propio. Ir a votar cuantas veces sea necesario y siempre
votar por la persona que creemos que nos conviene a cada uno de manera tan
La Ratonera del 2019

individual como el voto. Del bien Común, ni hablar. Y no me molestará ir a votar las
veces que sea requerido.
Pero hay otras formas. Y aquí podemos también apoyarnos en un recurso teatral: en la
Grecia clásica las tragedias, además de los hipócritas actores (una metáfora de los
políticos) que simulaban ser lo que no eran, se contaba con un grupo de coreutas. Los
coreutas eran ciudadanos elegidos -y beneficiados- que creaban el clima apropiado al
momento de la obra (terror, felicidad, consternación, etc.). Y nuestra salida es no
ejercer el papel de coreutas. Los coreutas eran simultáneamente víctimas y
victimarios. Como victimarios, apoyaban a la tragedia. Como víctimas, eran afectados
por esa misma tragedia que ayudaban a acontecer. Creaban el clima y eran víctimas de
ese clima.
Volviendo a Hamlet, no siento que una obra universal pueda ser espoileada, pero al
final, Fortinbrass de Noruega conquista el Reino de Dinamarca. Las internas y las
luchas intestinas de la familia de Dinamarca terminan por destruir la propia sangre y
entregar el reino a intereses foráneos. ¿No será lo que hacemos continuamente desde
nuestras onanísticas grietas internas?
Para cerrar, pienso que la vida está plagada de causalidades y casualidades. Hamlet
será una de las primeras obras de la temporada 2019 del Teatro General San Martín.
Quizá sea un llamado a que no seamos nuestra propia ratonera.
Alejandro Fabri