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¿Cómo afecta las variaciones climáticas (temperatura, precipitación,

elevación, etc.) en el crecimiento y edad de las formaciones vegetales?

La relación existente entre el clima y las plantas ya fue puesta de manifiesto por
TEOFRASTO ene] s. III a.C. (HORT, 1916> que resalté la importancia del clima en
la distribución de los vegetales mediante la observación directa y experimental.

Las ideas de este pensador no se desarrollaron hasta finales del siglo XVIII y
principios del XIX (a lo que debemos añadir la invención del termómetro y el
barómetro en el siglo XVII) con los trabajos de WILLDENOW (1792), von
IJIUMBOLDT (1807), WAHLENBERG (1811) y GRISEBACH (1838) en los cuales
se evidenció que el clima era el principal factor gobernante de la distribución de los
vegetales y las comunidades que forman, apareciendo una nueva ciencia que se ha
denominado BIOCLIMATOLOGIA.

El clima de un territorio es una compleja entidad de numerosos elementos-como


precipitación, temperaturas, radiación, humedad, régimen de vientos, etc.- cuya
combinación superpuesta a la de otros factores ambientales (topografía, suelos),
ejerce una gran influencia sobre el desarrollo de las plantas y, consecuentemente,
sobre su distribución.

El clima es sin duda el factor natural más importante que afecta a la vegetación, y
es que las plantas están plenamente condicionadas por la temperatura y la
disponibilidad de agua. Hay plantas que no soportan el frío, otras que se llevan mal
con el calor, algunas que requieren grandes cantidades de agua de forma regular y
otras pueden soportar largos períodos sin ella.

Los suelos también tienen una enorme influencia sobre la vegetación. La variedad
de climas y rocas tiene su correspondencia en los distintos tipos de suelos, que son
el elemento orgánico mineral que sirve de sustento y alimento a las plantas.

Dentro de la variable climática, las condiciones térmicas e hídricas, la intensidad


lumínica y la duración del día son los elementos más relevantes para analizar debido
a que son determinantes para el crecimiento y desarrollo de las plantas.
El agua es una variable esencial en la vida vegetal porque define, por ejemplo, la
variación de la estructura y forma de las hojas en las angiospermas. En este sentido,
existe una clasificación de las plantas de acuerdo con los requerimientos de agua:
mesófitas (requieren abundante agua en el suelo y una atmósfera medianamente
húmeda), hidrófitas (dependen de una abundante cantidad de agua o bien crecen
sumergidas en el agua) y xerófitas (adaptadas a ambientes áridos).

La respuesta de las plantas a su medio se lleva a cabo de diversas maneras como


por ejemplo la luminosidad que tiene efectos sustanciales en el desarrollo del
tamaño y grosor de la hoja. En lugares con alta intensidad de luz se desarrollan
hojas más pequeñas y gruesas que aquéllas que se desarrollan en la sombra y que
se forman en condiciones de baja intensidad lumínica. Otra adaptación a los
ambientes de clima árido y semiárido es la transformación de las hojas en espinas.
Éstas son de consistencia dura, seca y no fotosintética. También hay especies
suculentas que poseen tejidos especializados para el almacenamiento de agua.
Estas características surgen de los conceptos de ecoclina y ecotipo. El primero hace
referencia a la distribución geográfica de una especie y el segundo a la modificación
que experimenta cada especie en su arquitectura corporal como respuesta a las
adaptaciones al clima local.