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Me educaron en el catolicismo. De pequeña, me encantaba ir a misa.

Mi familia iba todos los domingos a la capilla de St. Peter, un edificio


blanco y alto situado en el campus de la Universidad de Nigeria, donde
me crie. Commented [R1]: Se vale de una narrativa. Experiencia
propia, para construir un discurso. Propio de las feministas
es hablar de su experiencia y después teorizar
El párroco era profesor universitario. Y en la medida de lo posible para
una iglesia católica romana, era un lugar abierto, progresista y
acogedor. Los sermones del domingo eran benignamente aburridos.

Años después, oí que la parroquia había cambiado de manos y que el


nuevo párroco era un hombre particularmente obsesionado con el
cuerpo de las mujeres.

Nombró una policía religiosa, una brigada de chicos, cuyo trabajo


consistía en situarse a la puerta de la iglesia, examinar a cada mujer y
decidir quién podía entrar y quién no. Rechazaban a las abuelas por
llevar vestidos excesivamente escotados.

Después de llevar años fuera, fui a casa a visitar a mis padres. Y fui a
misa. Llevaba una falda larga y blusa de manga corta con un
estampado tradicional, un atuendo normal y de uso común. En la
entrada de la iglesia, un joven se interpuso en mi camino. Su
expresión era una forzada máscara de rectitud que en circunstancias
diferentes me habría parecido muy divertida. Commented [R2]: Doble parámetro. Habla de los
hombres que aplican normas. No hay el mismo parámetro
para medir a mujeres o para medir hombres. No habla sobre
Me pidió que me fuese. Llevaba unas mangas demasiado cortas, dijo. el decoro de los hombres y su indumentaria.
Enseñaba demasiado los brazos. No podía entrar en la iglesia a no ser
que me tapase los hombros con un chal.

Estaba furiosa. Esta iglesia formaba parte de mi feliz niñez, parte de


mis recuerdos de una época llena de alegría. Y ahora se había
convertido en un lugar que no trataba a las mujeres como seres
humanos sino como cuerpos que había que controlar y acosar. ¿Y
para qué? Para proteger a los hombres de sí mismos. Commented [R3]: Estereotipo de que el cuerpo de la
mujer debe taparse porque si no tienta. La mujer como algo
amenazante y el control que tiene que hacer el hombre por
De modo que decidí escribir un artículo sobre este incidente en un eso
periódico nigeriano de gran tirada. Pensé que el artículo haría que se
tomaran medidas, que la comunidad universitaria se levantaría por fin
y diría “basta”, y que presentaría una petición al obispo o al Papa o a
quien fuera que tomara estas decisiones, y echarían a este párroco y
volverían a convertir la parroquia en un lugar acogedor, libre de
misoginia.

Pero no fue así. En lugar de eso, me asombró la recepción hostil que


tuvo el artículo. El resumen de la misma fue: cállate. ¿Cómo te atreves
tú, una mujer joven, a retar a un hombre de Dios?

Me pareció interesante que tanto la respuesta a mi artículo como la


actitud del sacerdote hacia las mujeres procediesen de un impulso
similar: la necesidad de controlarnos.

Y este impulso de negar a las mujeres total autonomía sobre su


cuerpo, esta incapacidad para ver a las mujeres como seres humanos
plenos, existe en todo el mundo: la mujer de Oriente Próximo que no Commented [R4]: Carácter universal del patriarcado, sin
embargo ha dicho antes que hay matices de patriarcado. No
quiere pero es obligada a cubrirse, la mujer occidental a la que llaman en todos los lugares se ejerce de igual manera, hay que
puta por ser un ser sexual, la mujer asiática grabada secretamente en examinar los contextos en los que se da el patriarcado. No
hay una identidad completa, la iglesia cambió y ella no lo
un baño público. entiende porque ella estuvo afuera mucho tiempo. Está
condicionado por el tiempo y la geografía, el patriarcado.
Y este impulso existe también en el mundo literario progresista, en el Ver el contexto de la sociedad nigeriana

que se espera que las escritoras hagan a sus personajes femeninos


“simpáticos”, como si toda la humanidad de una persona del sexo
femenino debiese, a fin de cuentas, encajar en las cuidadosas
limitaciones de la simpatía. Commented [R5]: A la mujer se le exigía cortesía en su
forma exterior de conversación y en las maneras de relación
social. Si existe cortesía, a la mujer se le exige el doble.
Y para terminar el relato de lo ocurrido ese día en la iglesia.
Evidentemente mi reacción se basó en una cuestión de principios: de
la misma manera que los hombres podían decidir qué ponerse para ir
a la iglesia, las mujeres también deberían poder hacerlo. Pero desde Commented [R6]: Doble parámetro
un punto de vista práctico, ese día hacía calor y los ventiladores de la
iglesia no funcionaban y lo último que yo quería era echarme un chal
rasposo sobre los hombros.

De modo que hice caso omiso del policía religioso, entré y me senté.
El sacerdote fue informado de que una persona testaruda había
entrado sin permiso en la iglesia, y que era culpable de mostrar en
exceso los brazos. Me amonestó desde el altar, y después de la misa
intercambiamos unas palabras. Decir que esas palabras fueron
desagradables sería quedarse muy corto, la verdad.

Esa experiencia me hizo abandonar mi idea boba y romántica de que


“hablar claro” va unido a la certeza de un apoyo generalizado. Pero me
aclaró la importancia de hablar de lo que importa: no se debe hablar
porque uno esté seguro de que le van a apoyar, sino porque no puede
permitirse el silencio. Yo sabía lo que había sido la iglesia en otro
tiempo, y vi en qué se había convertido, y no podía mantenerme
callada. Commented [R7]: El cambio de la iglesia

A veces me llaman activista. Y a menudo siento que me tira la


contrariedad, que mi espíritu se resiste, porque no es una palabra que
yo utilizaría jamás para describirme. Quizá porque crecí en Nigeria y vi
a los que yo considero activistas de verdad, personas que dan su vida
por causas, gente que muestra el tipo de dedicación extraordinaria al
que yo solo puedo aspirar.

Me veo a mí misma como escritora, como narradora, como artista.


Escribir es lo que le da significado a mi vida. Es lo que más feliz me
hace cuando va bien. Es lo que más me entristece cuando va mal. Commented [R8]: Capacidad diferenciada de orientación

Pero también soy una ciudadana. Mi responsabilidad como artista es


mi arte. Mi responsabilidad como ciudadana es la verdad y la justicia.

Esta distinción entre la artista y la ciudadana me la dejó clara un


conocido que —en respuesta a la hostilidad nigeriana por algo que yo
había comentado acerca del feminismo— me dijo: “Los nigerianos no
tienen problemas con tus libros; tienen problemas con tu política. Lo
único que quieren es que te calles y escribas”.

Hace unos años, el Gobierno nigeriano aprobó una ley que declara
ilegal la homosexualidad, una ley que no solo me parece
profundamente inmoral sino también cínica desde el punto de vista
político. Commented [R9]: El contexto. La realidad en Nigeria. Està
el ejercio de las instituciones. Cuáles son los valores de la
iglesia y el Estado.
Fue este mismo conocido quien me dijo que no entendía por qué
decidí manifestar mi oposición a esta ley que muchos nigerianos
apoyan de hecho.

“No tienes nada que ganar”, me dijo. “Y posiblemente mucho que


perder”. Su intención era buena. A su manera, intentaba protegerme.
Pero se equivocaba respecto a que yo no tenía nada que ganar.
Porque vivir en una sociedad que trata a cada ciudadano de manera
justa e igual es una ventaja.
Si puedo cambiar una mente, si puedo conseguir que una persona
piense de manera crítica y se oponga a la ley, he ganado mucho,
porque he contribuido a dar un pequeño paso en el largo camino hacia
el progreso.

El arte puede iluminar la política. El arte puede humanizar la política.


Pero a veces, eso no basta. A veces es necesario involucrarse en la
política como política. Y esto no podría ser más urgente hoy en día. Commented [R10]: Le habla a artistas y trata de
convencer que el arte no está desligado de la política

El mundo está virando; está cambiando; se está oscureciendo. Ya no


podemos jugar según las viejas reglas de la complacencia. Debemos
inventar nuevas formas de hacer, nuevas formas de pensar. El país
más poderoso del mundo parece hoy una corte feudal llena de intrigas,
alimentada de mendacidad, ahogada en su propia soberbia. Debemos
saber qué es verdad. Debemos decir cuál es la verdad. Y debemos
llamar mentira a la mentira. Commented [R11]: Contexto de lo conservador. Lo
conservador tiene fuerte presencia mundialmente. Este es
el contexto de trump
Este es el momento de la valentía, y para mí la valentía no es la
ausencia de miedo. Es la determinación de actuar a pesar de tener
miedo.

Es el momento de relatos más complejos: no basta saber cómo sufren


los refugiados o de qué modo no encajan en una nueva sociedad;
también debemos saber qué hiere su orgullo, a qué aspiran, y quién
arma las guerras que los convirtieron en refugiados para empezar, de
quién es la responsabilidad. Commented [R12]: Contexto. Montón de refugiados en
Alemania

Es el momento de proclamar que la superioridad económica no


significa superioridad moral.

Es el momento de analizar el tema de la inmigración, de ser sinceros


respecto a ella. De preguntar si la cuestión es la inmigración o la
inmigración de tipos concretos de personas: musulmanes, negros,
morenos.

Es el momento de la audacia en la narrativa, el momento de los


nuevos narradores. Es importante tener una amplia diversidad de
voces, no porque queramos ser políticamente correctos, sino porque
queremos ser precisos. No podremos entender el mundo si seguimos
fingiendo que una pequeña parte de él representa al mundo en su
totalidad.
Es el momento de replantearnos cómo pensamos los relatos. La
cuestión de los derechos humanos no hace referencia solo a las
grandes historias de represión gubernamental. Trata también de
relatos íntimos. La violencia doméstica es tanto una cuestión de
derechos humanos como lo es el asilo de refugiados. Eleanor
Roosevelt dijo de los derechos humanos: “Sin una acción ciudadana Commented [R13]: Argumento de autoridad
concertada para defenderlos cerca de casa, buscaremos en vano el
progreso en el mundo en general”.

Hoy en día, en todo el mundo, las mujeres están hablando alto, pero
sus historias siguen sin oírse realmente.

Es hora de que dediquemos más que simple palabrería al hecho de


que los relatos de mujeres son para todos, no solo para las mujeres.
Sabemos por las investigaciones que las mujeres leen libros escritos Commented [R14]: Cuàles? Argumento de conocimiento
por hombres y por mujeres, pero los hombres leen libros escritos por
hombres. Es hora de que los hombres lean a las mujeres. Es hora de Commented [R15]: Doble parámetro
poner fin a esa pregunta de “qué quieren las mujeres”, porque ya es
hora de que todos sepamos que las mujeres quieren simplemente ser
miembros de pleno derecho de la familia humana.

Hoy en día existe un gran vacío en el espacio imaginativo de muchas


personas en todo el mundo. Es imposible sentir empatía por las
mujeres porque las historias de mujeres no se conocen
verdaderamente; las historias de mujeres no se consideran
universales. Esta es, en mi opinión, la razón de que parezca que
vivimos en un mundo en el que muchas personas creen que un gran
número de mujeres pueden simplemente despertarse un día e
inventarse historias de abusos sexuales. Conozco a muchas mujeres
que quieren ser famosas. No conozco a una sola mujer que quiera ser
famosa por haber sufrido acoso sexual. Creer esto es pensar muy mal
de las mujeres.

La jueza del Tribunal Supremo estadounidense Ruth Bader Ginsburg Commented [R16]: Autoridad. Relato de mujer
ha contado que en una ocasión le preguntaron cuántos jueces del
Supremo deberían ser mujeres para que a ella le pareciese equitativo.

Y su respuesta fue “las nueve”.

Y explicaba que a menudo la gente se escandalizaba, y que le decían


que eso “no es equitativo”. Pero, por supuesto, durante muchos años
los nueve jueces fueron hombres, y parecía normal. Al igual que hoy
parece normal que la mayoría de los cargos de poder real en el mundo
estén ocupados por hombres.

Las mujeres siguen siendo invisibles. Las experiencias de las mujeres


siguen siendo invisibles. Es hora de que todas nosotras seamos
osadas y reconozcamos que, en palabras de Pablo Neruda, Commented [R17]: Neruda.
“pertenecemos a esta gran humanidad, no a los pocos sino a los
muchos”.

A veces se me conoce como un icono feminista. Tengo un sombrero


que dice “icono feminista”, aunque hoy no me lo he traído. Commented [R18]: Identidad dada por otros y mía

Pero ser un icono feminista significa que la gente a menudo se dirige a


mí para hablar de feminismo. Soy bilingüe; hablo igbo e inglés. Con mi
familia y amigos, solemos hablar los dos idiomas al mismo tiempo. Y
una amiga muy cercana me contó que había ido a ver a alguien para
que la asesorase. Lo dijo en inglés. Debo decir que el igbo no tiene
pronombres de género, de modo que se usa la misma palabra como
pronombre para hombres y mujeres.

Mi amiga me dijo: “He ido a ver a una persona para que me asesore”,
y yo cambié a inglés y le pregunté: “¿Y él qué te dijo?”.

Mi amiga se echó a reír. “Siempre estás dándonos sermones sobre


que no demos cosas por sentadas, pero tú acabas de dar por sentado
que la persona que me asesoraba era un hombre. De hecho, era una
mujer”.

Bajé la cabeza muy avergonzada. Pero eso también hizo que me diera
cuenta de lo profundamente inscrito que está el patriarcado en nuestro
ADN social.

La literatura es mi religión. He aprendido de la literatura que todos


tenemos defectos, que todos los humanos tenemos defectos. Pero
también he aprendido que podemos ser bondadosos, que no
necesitamos ser perfectos para poder hacer lo que es justo y correcto.

Tengo dos casas, en Nigeria y en Estados Unidos. Antes me sacaba


de quicio que la gente, cuando se le preguntaba dónde vivía,
nombrara dos lugares. Pero me he convertido en una de esas
personas (y a veces me saco de quicio a mí misma).

Pero cuando fui por primera vez a Estados Unidos para estudiar en la
universidad, hace más de 20 años, descubrí que tenía una nueva
identidad. En Nigeria pensaba en mí misma desde el punto de vista de
la etnia y la religión —era igbo y cristiana—, pero en Estados Unidos
me convertí en algo nuevo: me volví negra. Commented [R19]: No hay una esencia, hay una variante
de nacionalidad, de religión, ser pobre o rica, condición
social y nacionalidad. No existe una única mujer, es
No traslado a menudo escenas de mi vida a la ficción, pero en una performativo, va cambiando en el tiempo
ocasión lo hice con una escena concreta en la que por primera vez
empecé a entender lo que significaba ser negra.

Una editora me dijo que la escena era completamente increíble. La


había falseado para poder decir algo relativo a la raza. Me dijo que eso
nunca habría sucedido en la vida real.

Quise decirle que en realidad sucedió así.

Pero no lo hice, porque cuando enseño redacción creativa les digo a


mis alumnos que “no pueden usar la vida real para justificar su ficción”.
Si la ficción es increíble para el que la lee, el que la ha escrito ha
fracasado en su arte, que es el de usar el lenguaje para alcanzar la
suspensión de la incredulidad.

Se lo decía a mis alumnos porque yo solía creerlo. Pero estoy


descubriendo que lo cuestiono cada vez más. Porque lo que creemos
o lo que no creemos, lo que nos parece creíble y lo que nos parece
increíble, es en sí un marco de nuestras propias experiencias.

¿A cuántas personas negras conocía esa editora? ¿Cuántas


experiencias sinceras de personas negras había oído? ¿En qué se
basaba para decidir qué creer y qué no creer?

Es hora de ampliar nuestros límites, de ampliar el marco, de saber que


lo que ya existe puede ser en ocasiones demasiado limitado como
para abarcar la compleja multiplicidad de las experiencias humanas.

Pienso que necesitamos más relatos abiertamente políticos, más


relatos que miren al mundo a la cara. Pero también creo que
necesitamos relatos que no sean abiertamente políticos.
Todos los años doy un taller de redacción en Lagos. Y a la hora de
seleccionar a los participantes, hago un esfuerzo consciente por tener
diversidad de voces: diversidad de clase, de región, de religión.

Hace dos años asistió al taller un joven llamado Kelechi. Era de clase
trabajadora, inteligente, un periodista. Durante el taller, uno de los
participantes escribió un relato, un relato sin trama, una celebración
del lenguaje, una meditación sobre la maduración.

El relato me pareció hermoso. A Kelechi lo dejó perplejo.

“Pero en este relato no ocurre nada. Y no nos enseña nada”, dijo.

Ahora que lo pienso otra vez, me avergüenza la respuesta que le di.

“Bueno”, le respondí, “siento que el relato no te enseñe a construir una


casa y a encontrar trabajo”.

Mi respuesta, en su vergonzoso esnobismo, estaba influida por una


idea muy de moda entre quienes hacen literatura, quienes la enseñan
y quienes la promocionan: que cuestionar la utilidad de la literatura es
ignorancia en su forma más pura.

Más tarde, al pensar en ello, comprendí que lo que Kelechi planteó


ese día fue una pregunta mucho más profunda y mucho más
importante.

¿Tiene importancia la literatura? ¿Es útil?

Podemos seguir hablando de literatura como un culto que no puede


cuestionarse, o podríamos suavizar los límites de nuestras
definiciones. ¿Qué significa ser útil? ¿Acaba la utilidad en lo concreto?

Los humanos no somos una colección de huesos y carne lógicos.


Somos seres emocionales en igual medida que seres físicos. La
utilidad debería estar vinculada a todas las partes que nos hacen
humanos.

Ojalá le hubiera dicho a Kelechi aquel día lo que pienso ahora, que
nuestra definición de útil se queda demasiado corta.
La literatura nos enseña. La literatura importa.

Leo para que me consuelen, leo para que me conmuevan, leo para
que me recuerden la gracia, la belleza y el amor, pero también el dolor
y la pena. Y todas estas cosas importan. Todas son lecciones útiles.