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VIDA

CRISTIANA
PRÁCTICA
Primera Parte Discipulado

©Manual de Discipulado I
Vida Cristiana Práctica

Ps. Fernando Alexis Jiménez

Ministerio de Evangelismo y Misiones


Heraldos de la Palabra

“...Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id y haced discípulos a


todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y
enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado. Y yo estoy con vosotros
todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:18-29).

Para reproducción masiva pedir permiso al autor o sus editores escribiendo a:


oficina@demiami.org ó elheraldo1@yahoo.com.mx
Manual de Discipulado I -Autor: Ps. Fernando Alexis Jiménez Pág. 2 de 34

Manual de Discipulado I
Creciendo en la Vida Cristiana Práctica

El Señor Jesús dijo: “Yo soy la vid, y ustedes las ramas. El que permanece unido a mí, y yo
unido a él, da mucho fruto; pues sin mí no pueden ustedes hacer nada.”
Juan 15:5, 6. Versión Popular.

Presentación
¡Fuiste llamado a ser un vencedor en Cristo!
Una de las verdades más maravillosas que encontramos en el Nuevo Testamento proviene del
apóstol Pablo. Él escribió: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”(Filipenses 4:13). Es uno
de los principios de victoria de mayor impacto en la vida de cualquier ser humano.

Una lectura detenida del texto nos revela lo que había en el corazón de uno de los más grandes
evangelistas de todos los tiempos: el convencimiento de que todo hábito negativo, toda situación
traumática que nos impide avanzar en el propósito de crecer en todas las áreas, así como la
convicción de que cualquier obstáculo que encontremos de camino hacia las metas que nos hayamos
fijado, son posibles de vencer porque el Señor Jesús está con nosotros y camina de nuestra mano.
¡No estamos solos! Fuimos llamados a ser vencedores!.

En el Ministerio de Evangelismo y Misiones “Heraldos de la Palabra” estamos seguros de


que tras aceptar al Señor Jesucristo como único y suficiente Salvador, todo ser humano inicia el
maravilloso proceso de crecimiento espiritual y personal que le llevará al Éxito y a la realización plena
en su existencia.

¿Cómo lograrlo? En esencia hay por lo menos tres fundamentos: el primero, abrir el corazón al
obrar poderoso de Dios quien, como alfarero, moldea nuestro carácter y personalidad de tal manera
que lleguemos a ser la persona que Él concibió en sus planes desde antes de la fundación del
mundo; el segundo, aprender y aplicar principios de Vida Cristiana Práctica que fortalezcan nuestro
testimonio como cristianos y nos permitan permanecer firmes frente a cualquier adversidad, y el
tercero, mantener una íntima relación con Dios mediante Su Espíritu Santo que mora en cada uno de
nosotros. He aquí los tres pilares que transforman a todo aquél que desea ser un cristiano auténtico.

Dentro del objetivo que nos anima de capacitar hombres, mujeres y jóvenes para que se
constituyan en vencedores en Cristo, tu inicias hoy el primer nivel de la Vida Cristiana Práctica, el
sistema de Discipulado que te guiará a través de las Escrituras para que te edifiques en la fe.

Cada semana aprenderás una nueva Lección. Los temas han sido preparados con fundamento
en la Biblia, por los cuales hemos orado a Dios pidiendo que tome forma en tu ser y puedas honrar y
glorificar al Creador con tus pensamientos, palabras y acciones.

Ánimo, esfuerzo y disciplina: tres principios que te sugerimos para que alcances un nivel de
Excelencia como cristiano. Jamás olvides que ¡Fuiste llamado a ser un vencedor en Cristo!
Manual de Discipulado I -Autor: Ps. Fernando Alexis Jiménez Pág. 3 de 34

Introducción:

¡La conquista del mundo comienza contigo!

Siempre me ha impactado una enseñanza que impartió el Señor Jesús a sus discípulos y que
cobra particular vigencia en nuestro tiempo. “Jesús se acercó a ellos y les dijo:--Dios me ha dado
toda autoridad en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, a las gentes de todas las naciones, y
háganlas mis discípulos; bautícenlas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y
enséñenles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Por mi parte, yo estaré con
ustedes todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:18-20. Versión Popular).

Este pasaje está estrechamente ligado a una promesa bíblica que el Señor ha colocado en la en
el Ministerio de Evangelismo y Misiones “Heraldos de la Palabra” el cual hallamos en el libro de
los Salmos: “Pídeme que te de las naciones como herencia y hasta el último rincón del mundo
en propiedad, y yo te los daré” (Salmos 2:8).

Son dos pasajes bíblicos que encierran un profundo significado. El primero, el mandado del
amado Hijo de Dios para que compartamos las Buenas Nuevas a todas las criaturas sin importar su
raza, idioma, ubicación geográfica o condición económica. ¡Todos y cada uno son llamados a la
Salvación por la predicación del Evangelio!

La segunda, llevarlas a formar parte del cuerpo de la Iglesia mediante el testimonio de su fe que
se materializa a través del testimonio, y la tercera, la instrucción de enseñarles los principios
contenidos en el Evangelio que conocemos como Doctrinas, las que deben hacerse reales en cada
creyente que las asume en una Vida Cristiana Práctica. Hacia ese objetivo nos enfocamos: que la
vida cristiana deje de ser mera teoría y religiosidad para que se torne algo práctico, evidente a todos.

Si lo hacemos, tú y yo nos convertimos en agentes de cambio donde quiera que estemos.


Nuestra predicación será más efectiva porque antes que palabras, será realidad a través de los
hechos. Todos dirán: “En este hombre o en esta mujer hay algo diferente y yo quiero tenerlo también
en mi”. Habremos dado el primer paso, y el de mayor trascendencia, para que el Evangelio de
Jesucristo se difunda en el mundo. ¡La conquista del mundo comienza contigo!

Hoy comienzas el primer nivel del Discipulado Vida Cristiana Práctica. Como autor del texto,
tengo el firme convencimiento de que las oraciones a Dios serán respondidas mediante tu crecimiento
espiritual y personal.

Sigue adelante siempre, a pesar de los obstáculos que halles en el camino. No será fácil, pero
recuerda: tampoco imposible. ¡Tú fuiste llamado a ser vencedor en Cristo! Nada podrá detenerte. Y si
consideras que estás a punto de renunciar a todo, vuelve tu mirada a Jesús el Señor. Él te dará la
fortaleza necesaria para proseguir el camino.

Estoy convencido que, guiado por el Discipulador, acabas de comenzar una serie de Lecciones
que enriquecerán tu crecimiento personal y espiritual...

©Ps. Fernando Alexis Jiménez


Manual de Discipulado I -Autor: Ps. Fernando Alexis Jiménez Pág. 4 de 34

Lección 1
¡Algo fabuloso ha ocurrido contigo!
¡Extraordinario! Aceptaste al Señor Jesucristo en el corazón como tu único y suficiente Salvador...
¿Sabes lo que eso significa? Por lo menos tres cosas:

1.- Dejas atrás una vida de pecado.


2.- Eres una nueva criatura en Cristo.
3.- Ahora comienzas una nueva vida como hijo de Dios.

Es probable que digas: “Vamos despacio; lo que dice es maravilloso pero quiero entender a
cabalidad qué significado tiene la decisión que tomé de recibir al Señor Jesucristo, y también, ¿qué
sigue ahora?”.

De acuerdo. Se trata de algo muy grandioso. Estudiémoslo juntos, paso a paso.

1.- Dejas atrás una vida de pecado

Dios creó al hombre con un propósito maravilloso: que disfrutara la vida por siempre. “Dios el
Señor había plantado un jardín en Edén, al oriente, y allí puso al hombre que había formado.
Tomó, pues, Dios el Señor al hombre y lo puso en el jardín del Edén, para que lo cultivara y lo
guardara. Y Dios el Señor mandó al hombre: “Puedes comer de todo árbol del huerto; pero del
árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás. El día que comas de él, de cierto
morirás” (Génesis 2:8, 15-17).

Obrando en contravía con los planes divinos, el hombre hizo justamente lo que el Señor le
advirtió que no hiciese. Esa decisión errada que conocemos como pecado (Lea por favor Génesis
3:1-7) separó al género humano de Dios. “Porque la paga del pecado es la muerte. Pero el don
gratuito de Dios es la vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23).

Esa era la condición en la que tú y yo estábamos cuando aceptamos al Señor Jesucristo como
Salvador...

2.- Eres una nueva criatura en Cristo.

Aunque estábamos distanciados del Dios y Padre como consecuencia del pecado, el Señor
Jesucristo murió en la cruz por ti y por mí. Él vertió su sangre en la cruz. Fue un sacrificio vivo para
cargar con todos tus pecados. Nos hizo libres de toda atadura de pecado.

El apóstol Pablo lo explica de manera clara y sencilla: “A vosotros que estabais muertos en
pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida con Cristo, y perdonó todos
vuestros pecados. Canceló la nota de nuestra deuda que consistía en ordenanzas
desfavorables a nosotros; la quitó y la clavó en la cruz” (Colosenses 2:13, 14).

Tu pasado fue borrado. No importa cuánta maldad hayas cometido, ahora frente a tus ojos se
abren las páginas en blanco de los nuevos capítulos que debes escribir. Todo será nuevo.

¿Qué leemos en la Palabra? “Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación.
Las cosas viejas pasaron, todo es nuevo. Y esto proviene de Dios, quien nos reconcilió
consigo por medio de Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación” (2 Corintios 5:17, 18).
¡Tú eres una nueva creación en Cristo!
Manual de Discipulado I -Autor: Ps. Fernando Alexis Jiménez Pág. 5 de 34

3.- Ahora comienzas una nueva vida como hijo de Dios.

Cuando tú andabas inmerso en un mundo de pecado, estabas distanciado de Dios. No tenías


esperanza. Tu vida era un caos. Estando en una situación de perdición, no tenías conciencia de tu
verdadera condición. ¡Ibas camino al abismo!

En la Palabra leemos: “En otro tiempo, debido a vuestras malas obras, vosotros erais
extranjeros y enemigos en vuestra carne. Pero Cristo os ha reconciliado por su cuerpo de
carne, por medio de la muerte, para presentaros santos, sin mancha e irreprensibles ante él...”
(Colosenses 1:21, 22).

¡Esto es maravilloso! ¿Te das cuenta? Eres una nueva criatura. El pasado quedó en el pasado.
La condición de pecado fue limpiada. ¡Eres limpio, por la obra del Señor Jesucristo, ante los ojos de
Dios! ¡Eres su hijo!

Aplicación personal:

1.- ¿Qué ha ocurrido contigo ahora que Cristo mora en tu corazón?


2.- ¿Cuál era el maravilloso plan que tuvo Dios originalmente con el hombre? (Gén. 2:8, 15-17).
3.- ¿Cuál era la situación en la que nos encontrábamos antes de aceptar al Señor Jesús como
Salvador? (Romanos 6:23).
4.- ¿Qué pasó con nuestros pecados como consecuencia de la obra redentora del Señor
Jesucristo? (Colosenses 2:14).
5.- ¿Qué ocurrió al aceptar al Señor Jesús como Salvador personal? (Colosenses 1:22).

Versículo para memorizar durante la semana:

“Por lo tanto, si alguno está en cristo, es nueva criatura. Las cosas viejas pasaron, todo es
nuevo” (2 Corintios 5:17).
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Lección 2
Primer Principio de Victoria: La oración

¿Sabías que una vez tenemos plena conciencia de qué ocurrió con nuestra vida al recibir a Jesucristo
como Señor y Salvador, es necesario adoptar tres Principios de Victoria? Te preguntarás, ¿de qué se
trata todo este asunto? Es sencillo. Veras: para asegurar crecimiento en nuestra vida cristiana, hay
tres elementos fundamentales que debemos aprender. ¿Quieres saber cuáles son? Los describimos
a continuación:

1.- El principio de la oración


2.- El principio del estudio de la Palabra de Dios: la Biblia.
3.- El principio de congregarse con otros creyentes en Jesucristo.

Estos tres elementos son esenciales, sin embargo en esta lección definiremos el...

Principio de la Oración

¿Cuál es en tus propias palabras el significado de orar? ¿Qué significa para ti? Es probable que
tengas las ideas preconcebidas que nos forjaron desde la iglesia tradicional a la que asistías en la
cual orar era una concatenación de frases, muchas veces sin mayor trascendencia para nosotros,
conocidas como oraciones, novenas y letanías.

El primer paso entonces es determinar qué es oración. He aquí una descripción sencilla: “La oración
es un diálogo con nuestro amado Dios bajo la certeza de que Él nos escucha”.

El propio Señor Jesucristo pasaba tiempo en oración

¿Tú deseas aprender del Señor Jesús? Sin duda que sí. Una de sus motivaciones era la oración. ¿Lo
sabías? Es lo que aprendemos en las Escrituras: “En aquellos días se fue al monte a orar, y pasó
la noche orando a Dios. Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, escogió a doce de ellos, a
los cuales llamó también apóstoles...” (Lucas 6:12, 13).

El texto nos enseña tres aspectos importantes:

1.- La oración formaba parte fundamental de las acciones diarias del Señor Jesús.

2.- Pasaba largas horas delante de Dios el Padre en oración.

3.- No tomaba ninguna determinación—como aquella de escoger a sus discípulos—sin antes


orar.

El Evangelio también registra el hecho de que el Señor Jesús comenzaba su jornada diaria con
oración. También apreciamos en la Biblia que terminaba sus actividades cotidianas yendo a la
presencia del Padre:"En seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él
a la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud. Despedida la multitud, subió al monte
a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo” (Mateo 14:22, 23).

¿Has comprendido hasta el momento el significado de la oración? Ahora es probable que tengas un
interrogante:
Manual de Discipulado I -Autor: Ps. Fernando Alexis Jiménez Pág. 7 de 34

¿Por qué cosas debemos pedir?

Una pregunta de suma importancia. Si bien es cierto, en la Escritura encontramos que Dios conoce
cuáles son tus necesidades y las mías, no estamos eximidos de ser específicos en nuestras
oraciones. Pueden ser por crecimiento espiritual, salud, provisión financiera, paz para nuestro ser, la
conversión de un familiar y que el Señor te revele cuál es Su plan para tu vida, entre otras.

Aquí hay tres elementos que debes conocer. Se trata de los tipos de oración:

1.- Oración general.- Cuando tú hablas con Dios y le refieres todo lo que concierne a tu vida, tus
necesidades y la petición que tienes de ayuda. También puede estar orientada a expresar gratitud
a Aquél que todo lo puede.
2.- Oración de intercesión.- Cuando nuestras oraciones son a favor de otras personas: por su
conversión a Cristo Jesús, por sanidad física, por provisión financiera etc.
3.- Oración de guerra espiritual: Se trata de un concepto que desarrollaremos más adelante, pero
para adelantarte un poco te diremos que es el tipo de oración que hacemos –entre otras cosas--
para que Dios nos fortalezca cuando vienen tentaciones y asedios de parte de nuestro enemigo
espiritual: Satanás.
4.- Oración de clamor: Cuando nos humillamos delante del Señor para elevarle una petición
específica. Oramos intensamente hasta tanto vemos una respuesta. En algunas ocasiones
nuestras oraciones van acompañadas con ayuno.

¿Qué aspectos estorban nuestras oraciones?

¿Has escuchado frases como: “A pesar de mis oraciones parece que Dios no me escucha”? Sin duda
que sí. En tales casos pueden estarse manifestando impedimentos a la oración. Te preguntarás, ¿por
qué ocurre? Hay varios aspectos que describimos a continuación.

1.- La falta de santidad.


2.- No perdonar a quienes nos provocan mal. La Biblia dice: “Por tanto, si traes tu ofrenda al
altar, y allí te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda, reconcíliate
primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda”(Mateo 5:23, 24).
3.- Una mala relación matrimonial tal como advierte el apóstol: “Vosotros, maridos, igualmente,
vivid con ellas (la esposa) sabiamente, dando honra a la mujer como a vaso más frágil, y
como a coherederas de la gracia de vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo”
(1 Pedro 3:7).
4.- La vana repetición de palabras. Para que nuestras oraciones sean eficaces, no es necesario
abundar en palabras floridas, tratando de impresionar a Dios: “Y orando, no uséis de vanas
repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería, serán oídos. No os
hagáis, pues, semejante a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis
necesidad, antes que vosotros se lo pidáis” (Mateo 6:7, 8).

¿Cuántas veces debemos orar?

Tal vez te preguntarás, ¿cuántas veces sea necesario orar? Tal como lo aprendemos en las
Escrituras: “También les refirió una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no
desmayar” (Lucas 18:1). ¿Te das cuenta? No desmayar implica perseverar, que es una palabra
clave cuando clamamos.

El apóstol Pablo recomienda:”Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias”


(Colosenses 4:2). Y más adelante exhorta:”Orad sin cesar” (1 Tesalonicenses 5:17). ¿Lo observa?
No existe basamento Escritural para asegurar que con orar una vez, basta. Es necesario perseverar,
persistir, no desmayar hasta tanto veas la respuesta de Dios.
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Aplicación personal:

1.- ¿Explique con sus propias palabras qué son los Principios de Victoria?

2.- ¿Podría decir cuáles son los tres Principios de Victoria?

3.- ¿Qué aspectos aprendemos del Señor Jesucristo en su disposición de orar? (Lucas 6:12, 13).

4.- ¿De qué manera concluía el Señor Jesucristo sus actividades cotidianas? (Mateo 14:22, 23).

5.- ¿Podría describir algunas de los tipos de oración?

6.- ¿Hay aspectos que impiden nuestras oraciones? ¿Podría describir algunos de ellos? (Mateo 5:23,
24; 1 Pedro 3:7; Mateo 6:7, 8).

7.- ¿Cuántas veces debemos orar? (Lucas 18:1).

Versículo para memorizar durante la semana:

“Y orando, no uséis de vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su
palabrería, serán oídos. No os hagáis, pues, semejante a ellos; porque vuestro Padre sabe de
qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros se lo pidáis” (Mateo 6:7, 8).
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Lección 3
Segundo Principio de Victoria: Estudio de la Palabra de Dios

¡Vas muy bien en tu caminar con el Señor Jesucristo! Eso es extraordinario. Hoy aprenderemos el
Segundo Principio de Victoria Cristiana: el estudio de la Palabra de Dios: la Biblia.

El primer interrogante que nos formulamos, recién comenzamos a asistir a una congregación cristiana
es: ¿Por qué todos llevan una Biblia? Tal vez durante mucho tiempo ese libro fue algo extraño para ti,
y el solo mencionarlo, provocaba pereza. Ni siquiera contemplaste la posibilidad de leerlo. Y si alguna
vez lo intentaste, es probable que no hayas pasado del primer capítulo del libro del Génesis.

Esa situación la hemos enfrentado la mayoría de los creyentes. Pero llegó la hora de conocer mucho
más de un texto que es el más vendido en toda la historia, y en todos los países, y que es ciertamente
apasionante: la Biblia.

Desde el Génesis hasta el Apocalipsis, encontrarás principios prácticos que te ayudarán en todas las
áreas de tu vida. Para fortalecer tu relación con Dios, en tu relación contigo mismo y con las personas
que te rodean, bases para manejar bien las finanzas o planificar tus sueños y metas hacia el futuro.
También encontrarás temas sobre relaciones humanas, psicología y todo un abanico de instrucciones
que enriquecerán tu existencia.

Te preguntarás: ¿Qué es la Biblia y de dónde provino?

Muy buena pregunta. La Biblia se compone de 66 libros, de los cuales 38 corresponden al Antiguo
Testamento y 27 al Nuevo Testamento. La Biblia católica tiene además libros conocidos como
Deuterocanónicos.

Los primeros escritos –correspondientes al Antiguo Testamento-- se hicieron papiros y pergaminos en


Hebreo y Arameo, pero no se tienen disponibles. Su contenido se transmitió de generación en
generación con la ayuda de copistas, que eran hombres dedicados a transcribir pasajes conforme se
iban requiriendo. El Nuevo Testamento está escrito en griego.

Los escritos más antiguos, en griego, de los cuales se conservan ejemplares en el Museo Británico
de Londres, corresponden a una selección conocida como el Códice Sinaítico, y otros fragmentos del
Códice Vaticano, que se guardan en la Biblioteca de la Ciudad del Vaticano, en Roma.

También existen antiguos fragmentos de papiro del Nuevo Testamento en griego. Rollos de papiro,
incluyendo el libro completo de Isaías fueron descubiertos en una cueva cerca del mar Muerto. Estos
rollos, conocidos como "Los Manuscritos del Mar Muerto", sin duda se usaron cuando nuestro Señor
caminó por la Tierra. Tienen más de 1,000 años, más que ningún libro anterior en hebreo de la Biblia.
Algunos manuscritos descubiertos después del 1947 podrían ser mucho más antiguos.

Estudiar la Biblia te ayuda en el crecimiento personal y espiritual

Es probable que a simple vista consideres que el Estudio Bíblico es complicado, y tras intentarlo
varias veces, hayas desechado ese propósito por considerar que definitivamente sacar enseñanzas
de sus Páginas es tarea de sabios y eruditos.

Sin embargo, estás equivocado. La Biblia contiene principios y pautas que transforman su existencia.
Y leerla es muy fácil. ¿La razón? Fue escrita por más de treinta autores, en su mayoría hombres
sencillos, sin dotes de científicos o profesores de cátedra universitaria. La redacción se hizo en un
período aproximado de 1.500 años.
Manual de Discipulado I -Autor: Ps. Fernando Alexis Jiménez Pág. 10 de 34

¿Cómo confiar que se trata de la Palabra de Dios?

Para responder este interrogante, que seguramente ya te has hecho, el apóstol Pedro escribió en el
primer siglo: “... porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos
hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1:21).

Un segundo interrogante es, ¿qué beneficios obtenemos de leer la Palabra de Dios? En su


memorable carta a uno de sus discípulos, Timoteo, el apóstol Pablo escribe:”Toda escritura es
inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a
fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”(2
Timoteo 3:16, 17).

La lectura de la Biblia, un hábito saludable

Leer la Biblia cada día, comenzando por un capítulo, y avanzar progresivamente, conforme tomes
gusto por su estudio y aplicación práctica, será sumamente saludable para tu crecimiento espiritual.
Quizá no te hayas dado cuenta todavía cuenta, pero poco a poco, abiertos al mover del Espíritu
Santo en nuestra existencia, la Palabra irá tomando vida en ti y te transformará en cristiano que sabe
cómo y de qué manera desenvolverte, conforme a la voluntad divina.

Ármate de lápiz, de papel, de un buen diccionario y toma tiempo para ir estudiando cada capítulo.
Toma nota de aquellos aspectos que te llaman poderosamente la atención. Aquellos asuntos que no
entiendas, consúltalos con tu líder. Es una forma de crecer en el conocimiento Escritural. Además, te
permitirá despejar todos tus interrogantes.

Una vez tengas cierto manejo de la temática bíblica, tu llamado es a formar a otros en el sendero de
la Salvación. Es una recomendación del Señor Jesús: “Enseñándoles que guarden todas las
cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del
mundo” (Mateo 28:20) y, también, le recomendó al apóstol Pablo en su carta a Timoteo: “Lo que
has oído de mi ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para
enseñar también a otros” (2 Timoteo 2:2).

¿Por dónde comenzar?

Con mucha frecuencia quienes manifiestan interés en la Biblia, comienzan desde el libro de Génesis,
tratando de seguir un orden lógico. Sin embargo, lo más aconsejable es comenzar por el Nuevo
Testamento, y en particular, por los evangelios. Hay dos sumamente ilustrativos respecto al
nacimiento y desenvolvimiento ministerial de Jesucristo: el de Mateo y el de Lucas. El primero, un
cobrador de impuestos para Roma, el segundo, un médico y definitivamente, consagrado historiador.
Los dos consignan qué hizo el Señor Jesús, cómo murió en la cruz por nuestros pecados y de qué
manera resucitó, haciéndonos hijos de Dios por su obra redentora.

Después puedes proseguir con el libro de los Hechos de los Apóstoles y con las cartas apostólicas de
Pablo, Pedro, Juan, Santiago y Judas. Pospón Hebreos y el Apocalipsis hasta que hayas avanzado
un buen trecho del camino en el estudio bíblico.

Concluida esta primera fase, puedes emprender la lectura del Génesis y así sucesivamente.

¡Felicitaciones por emprender el sendero del crecimiento personal y espiritual con fundamento en las
enseñanzas del Señor Jesucristo!
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Aplicación personal:

1.- ¿Podrías recordarnos cuál es el Segundo Principio de Victoria?

2.- ¿Alguna vez intentaste leer la Biblia? ¿Te desanimaste? ¿Qué produjo el que no siguieras
adelante?

3.- ¿Qué podemos encontrar en la Palabra de Dios y de qué manera se aplica a nuestra vida?

4.- ¿Recuerdas cuántos libres integran el Antiguo Testamento y cuántos el Nuevo


Testamento?

5.- ¿En qué material se escribieron los primeros libros de la Biblia?

6.- ¿Recuerdas cuánto tiempo tomó redactar los diferentes libros de la Biblia?

7.- ¿Por qué podemos confiar en que la Biblia es la Palabra de Dios? (2 Pedro 1:21).

8.- ¿Qué le enseñó el apóstol Pablo a Timoteo respecto a las Escrituras?

9.- ¿Cuál es nuestra encomienda una vez hayamos sido formados en los principios bíblicos?
(Mateo 28:20; 2 Timoteo 2:2).

Versículo para memorizar durante la semana:

”Toda escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para
instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para
toda buena obra”(2 Timoteo 3:16, 17).
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Lección 4
Tercer Principio de Victoria: Congregarse
Seguramente te has pregunta más de una vez, ¿por qué debo congregarme en una iglesia cristiana?
Y a éste interrogante has sumado una segunda pregunta: ¿En qué congregación de creyentes debo
asistir?

Son dos inquietudes muy importantes que intentaremos atender en esta lección y que está ligada con
el Tercer Principio de Victoria: Congregarse.

En la Biblia encontrarás que uno de los principios que caracterizó el ministerio del Señor Jesús, fue la
proximidad y la unión con los discípulos.

Cada cual no andaba por ahí, viviendo como quería. Estaban estrechamente unidos. Incluso, cuando
se produce su resurrección, el primer registro Escritural señala que el maestro los encontró a todos
reunidos: “Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las
puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos,
vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros.” (Juan 20:19). Aún en momentos de
incertidumbre como ese, estaban unidos.

Esa situación persistió. La observamos en la segunda aparición que hizo nuestro Señor Jesús tras la
resurrección: “Después de esto, Jesús se manifestó otra vez a sus discípulos junto al mar de
Tiberias; y se manifestó de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás llamado el
Dídimo, Natanael el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo, y otros dos de sus discípulos.”
(Juan 21:1, 2).

Ahora bien, cuando la Iglesia primitiva comienza, momentos antes de la ascensión, el Maestro estaba
con ellos. “Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la
promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí.” (Hechos 1:4).

Un último hecho lo representa la unidad que siempre se observó en los primeros creyentes y a lo
largo de la historia. Lo evidencia el primer concilio o reunión en la que se discutieron temas de fe. Lo
hallamos en el capítulo 15 del libro de los Hechos. La decisión respecto a qué hacer y qué pautas
seguir, la tomaron todos en unidad.

Congregarte te ayudará en el crecimiento espiritual

Sin duda, el crecimiento espiritual es una de las ventajas que encontrarás al congregarte.

Cualquier desánimo se puede compensar con el apoyo y oración de otros creyentes.

Los interrogantes se despejan cuando hay unidad en el cuerpo de Cristo. Y además, se cumple un
principio Escritural y es el de la integración que hay entre los creyentes, que están reunidos para
alabar y glorificar a Dios.

Una recomendación bíblica a los primeros cristianos fue precisamente la no persistir en reunirse: “No
dejemos de congregarnos, como acostumbran hacerlo algunos, sino animémonos unos a
otros, y con mayor razón ahora que vemos que aquél día se acerca” (Hebreos 10:25. NVI).

Observa que el animar a alguien que no se reunía con otros creyentes, era una sugerencia hecha a
los cristianos. No era presionarles, sino animarlos. Sin alguna vez encuentras a alguien desanimado,
tu tarea es estimularlo para que regrese al seno de la iglesia en la que te reúnes o encaminarlo a la
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congregación más próxima a esa persona, en cuanto a ubicación, si no ha vuelto a reunirse porque
se le dificulta desplazarse.

¿Y si conozco cristianos de mal testimonio?

Un argumento frecuente entre quienes no desean congregarse es decir: “He visto muy mal testimonio
entre algunos cristianos”. ¿Debería esto afectar tu decisión de reunirte en una iglesia cristiana? En
absoluto.

En todas partes escuchamos una frase que encierra una filosofía práctica enorme. Dice: “No busque
la iglesia perfecta porque seguramente, el día que la encuentre, usted terminará con ella”. Y tiene
toda la razón. No podemos pretender el lugar perfecto, sobre todo tu y yo que, a pesar de avanzar
con ayuda de Dios, siempre tendremos en nosotros la condición de imperfectos.

En momentos así cabe recordar un principio. Nuestra meta es Jesucristo. Si el objetivo lo volcamos
en el ejemplo del hombre, seguramente sufriremos desilusión porque el género humano está poblado
de fallas. La prioridad es Cristo. A eso se refiere el autor sagrado cuando escribe: “Por tanto,
nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos
de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos
por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo
puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono
de Dios.” (Hebreos 12:1, 2). La esencia es: puestos los ojos en Jesucristo, no en el hombre.

¿Te das cuenta? Estás a las puertas de dar un nuevo paso en la vida cristiana: congregarte. Así lo
hacían los creyentes del primer siglo y todavía lo hacemos hoy.

¡Anímate! Una experiencia maravillosa de unidad entre cristianos te espera...

Aplicación personal:

1.- ¿El congregarse tiene asidero bíblico?

2.- ¿Permanecían unidos los cristianos del primer siglo? (Juan 20:19).

3.- ¿Cuál fue el mandato del Señor Jesús a sus discípulos? (Hechos 1:4).

4.- ¿Qué podemos decir si conocemos cristianos de mal testimonio?¿Justifica acaso que no
volvamos a la iglesia?

Versículo para memorizar durante la semana:

“Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa
del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí.”(Hechos 1:4).
Manual de Discipulado I -Autor: Ps. Fernando Alexis Jiménez Pág. 14 de 34

Lección 5
La tentación... ¡Tú puedes vencerla!
Conforme vas avanzando en el conocimiento de Dios y Su Palabra, aprenderás cosas nuevas que
están relacionadas con tu crecimiento personal y espiritual. La tentación es una de ellas.

¿Te resulta familiar el término? Sin duda que sí. Es una palabra muy pequeña que encierra un
enorme significado. ¿Te has preguntado alguna vez qué es la tentación y de qué manera afecta tu
existencia?

Probablemente antes no habías reflexionado en el asunto, pero ahora que estás caminando de la
mano del Señor Jesucristo te ves confrontado con el hecho de ser tentado y las funestas
consecuencias que se derivan de ceder...

¿Quién genera la tentación?

La tentación proviene de nuestro enemigo espiritual, Satanás. El primer registro que tenemos de
alguien que fue tentado y sucumbió a ella, lo encontramos en el libro del Génesis. Ocurrió cuando
plantó a Adán y Eva en el jardín de Edén. ¿Recuerdas el incidente?

En las Escrituras leemos que “Dios el SEÑOR tomó al hombre y lo puso en el jardín de Edén
para que lo cultivara y lo cuidara, y le dio este mandato: <<Puedes comer de todos los árboles
del jardín, pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no deberás comer. El día que de
él comas, ciertamente morirás>>” (Génesis 2:15-17. NVI).

Era una clara prescripción del Señor para el bienestar del género humano. ¿Recuerdas qué ocurrió?
Satanás puso duda y codicia en Eva. Él creó el escenario y la sedujo con sutileza, como busca hacer
hoy contigo. Las ocasiones de caer en maldad no lucen aterradoras sino atrayentes. Y por esa razón
puedes enfrentar la indecisión, y si no estás firme, tomado de la mano del Señor Jesús, podrías
sucumbir.

Observa lo que se produjo después: “Pero la serpiente le dijo a la mujer:--¡No es cierto, no van a
morir! Dios sabe muy bien que, cuando coman de ese árbol, se les abrirán los ojos y llegarán a
ser como Dios, conocedores del bien y del mal. La mujer vio que el fruto del árbol era bueno
para comer, y que tenía buen aspecto y era deseable para adquirir sabiduría, así que comió de
su fruto y comió” (Génesis 3:4-6. NVI).

¿Te das cuenta? La Biblia es clara cuando advierte que la serpiente era astuta. Y enredó en sus
engaños a la mujer.

Caer trajo como consecuencia que todo el género humano fuera contaminado con el pecado tal como
lo explica el apóstol Pablo. “Por medio de un solo hombre el pecado entró en el mundo, y por
medio del pecado entró la muerte; fue así como la muerte pasó a toda la humanidad, porque
todos pecaron” (Romanos 5:12. NVI).

Estar sometidos a una vida pecaminosa nos torna vulnerables e insensibles de tal manera que
las caídas se producen una y otra vez sin que, en muchos de los casos, tengamos conciencia
de que estamos errando.
Manual de Discipulado I -Autor: Ps. Fernando Alexis Jiménez Pág. 15 de 34

Mantenerse en alerta

En la Biblia encontrarás una advertencia que no debes pasar por alto. La escribió el apóstol Pedro:
“Practiquen el dominio propio y manténgase alerta. Su enemigo el diablo ronda como león
rugiente, buscando a quien devorar” (1 Pedro 5:8. NVI).

¿Qué nos enseñan estas líneas? Que la batalla que libras contra Satanás y sus asechanzas es
permanente. Él no descansa en su propósito de llevarnos a ti y a mí a un revés espiritual o una caída.

Hay personas para las cuales la tentación está representada en poner freno a su lengua porque
hablan de más; otros se sienten atraídos por el consumo de alucinógenos y hay quienes consideran
que no pueden sustraerse al alcohol. Otro buen número de hombres y mujeres se ven tentados –
aunque no lo revelen públicamente—con sus apetitos sexuales. Tú tienes tus propias batallas
internas.

Si tratas de definir lo que es tentación podríamos decir que es la atracción de cometer un acto
imprudente o inmoral, especialmente por una recompensa que se puede palpar o sentir. Cada día,
cada instante, nos vemos confrontados con la tentación. Es un hecho que no podemos ocultar.

Llamados a vencer

Somos vencedores. El Señor colocó en nosotros esa condición. Tu naturaleza y la mía son diferentes
ahora. Leemos en la Palabra una recomendación especial: “... no permitan ustedes que el pecado
reine en su cuerpo mortal, ni obedezcan sus malos deseos” (Romanos 6:12).

Jamás olvides que nuestros deseos naturales nos fueron dados por Dios y que son legítimos. ¿En
qué momento entramos –entonces—en el terreno de lo pecaminoso? Cuando tu y yo sobrepasamos
los límites del amor que Dios ha estipulado. La primera reacción en el momento de ser tentados es
culpar a otra persona o quizá tú lo atribuyes a defectos de tu personalidad; pero ¡Cuidado! Cada
quien debe asumir responsabilidad por las decisiones que toma. Y tú tienes la capacidad de decidir
qué es bueno o qué es malo.

¿Sientes desfallecer ante la tentación? Busca a Dios en procura de ayuda. Él trae fortaleza a nuestro
ser cuando sentimos que la tentación rebasa nuestra fortaleza. Como lo dice el texto, tú puedes ir al
Padre celestial en procura de ayuda para vencer porque gracias a la obra del Señor Jesús en la cruz
tenemos entrada en Su presencia.

¿Qué hacer?

La pregunta apenas natural que te estarán haciendo es, ¿qué hacer? En primera instancia entender
que la tentación cuando nos seduce, conduce al pecado y el pecado a la muerte, tal como lo señala el
apóstol Pablo: “Porque la paga del pecado es muerte, mientras que la dádiva de Dios es vida
eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor.” (Romanos 6:23. NVI).

Sin embargo vencer es posible. Si tú caminas tomado de la mano del Señor Jesús, podrás
sobreponerte a cualquier tropiezo. En la Palabra de Dios leemos que: “... no tenemos un sumo
sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que ha sido tentado en
todo de la misma manera que nosotros, aunque sin pecado. Así que acerquémonos
confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude
en el momento que más la necesitemos.” (Hebreos 5:15, 16).

Ánimo. ¡Tú puedes vencer...!


Manual de Discipulado I -Autor: Ps. Fernando Alexis Jiménez Pág. 16 de 34

Aplicación personal:

1.- ¿Te has preguntado alguna vez qué es la tentación y de qué manera afecta tu existencia?

2.- ¿De dónde proviene la tentación?

3.- ¿Podrías recordar en qué libro de la Biblia se menciona el primer registro de una persona que
es expuesta a la tentación? ¿Recuerdan quién fue la primera, según la Biblia, que fue tentada?

4.- ¿Qué ocurrió con toda la humanidad cuando la primera persona pecó? (Romanos 5:12).

5.- ¿Qué recomienda el apóstol Pedro a todos los cristianos? (1 Pedro 5:8).

6.- ¿Cada cuánto enfrentamos tú y yo tentaciones provenientes de Satanás?

7.- ¿Qué recomendación nos hizo el apóstol Pablo respecto al pecado y los deseos de la
naturaleza humana? (Romanos 6:12).

8.- ¿Cuál es el camino a seguir cuando enfrentamos la tentación? (Hebreos 5:15, 16).

Versículo para memorizar durante la semana:

“Practiquen el dominio propio y manténgase alerta. Su enemigo el diablo ronda como león
rugiente, buscando a quien devorar” (1 Pedro 5:8. NVI).
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Lección 6
Título: ¿Por qué debes perdonar?
¿Sabías que la falta de perdón es una de las principales causas de estancamiento en tu vida
cristiana? Es probable que hayas aprendido a vencer la tentación con ayuda del Señor Jesucristo;
aún así sientes que tu avance es lento, como si caminaras sobre la arena. Te preguntas, ¿qué
ocurre...?

Hoy aprenderás algo de suma importancia para tu crecimiento espiritual y personal: ¡Debes perdonar!

Tres actitudes de quien no perdona

Quien se niega a perdonar asume tres actitudes: la primera es: “Déjame el privilegio de guardar
rencor o resentimiento hacia ti así el incidente haya ocurrido mucho tiempo atrás”; la segunda:
“Permíteme continuar arrastrando mi amargura porque, aunque puedo ser libre al perdonarte, prefiero
seguir sumido en esta situación angustiosa” y, la tercera es: “Aunque Dios perdona mis pecados, me
inclino por desconocer el amor divino sembrado en mi corazón al aceptar al Señor Jesús como
Salvador para seguir cosechando tristeza fruto de no perdonar”.

Si cierras la puerta al perdón es tanto como que optes por vivir con un pesado bulto a cuestas. Te
seguirá a todas partes, como una sombra. ¿Por qué decides proseguir así? Porque quizá estás
luchando en tus propias fuerzas y no en las de Dios.

¿Qué pasos seguir?

Te preguntarás “¿Qué debo hacer para perdonar?”. Es un proceso en el que irás paso a paso. El
Señor Jesucristo estará contigo. No estás solo. Y, ¡podrás vencer!

1.- Examina tu corazón


En primera instancia, es necesario examinar tu corazón y aceptar que la falta de perdón hacia
quienes te rodean, se convierte en una enorme barrera para crecer a nivel espiritual y personal.

En cierta ocasión hablé con un escalador. Sube altas montañas de nuestra amada Colombia.
“Conforme uno escala, el peso del equipaje se torna más difícil de llevar. En ocasiones es necesario
abandonarlo en la montaña. Es la única forma de poder ascender”, me explicó.

Igual con el peso del rencor, el odio y el resentimiento. Te ata. Impide que crezcas espiritualmente.
Incluso, pone una barrera en tu relación con Dios porque sientes la conciencia acusándote por no
perdonar. ¿Estarías dispuesto a continuar así? Sin duda que no.
2.- Identifica por quién sientes falta de perdón
Un ejercicio sumamente edificante es que, tras haber orado a Dios quien conoce lo más profundo de
tu corazón (Salmo 7:9), revises mentalmente a qué personas se te dificulta perdonar. Es fundamental
para que puedas ser sano. Incluso, evalúa si vale la pena que sigas manteniendo rencor o
resentimiento cuando el incidente ya pasó y, como tal, quedó en el pasado. Es probable incluso que
el ofensor haya olvidado la falta.
3.- ¡Abandona tus cargas!
Recuerda siempre que en la vida cristiana debes guardar una constante disposición a revisar dónde
has fallado, qué correctivos debes aplicar y –por supuesto-- proseguir.

Hacerlo, debe llevarte a tomar tiempo para un examen sincero, exento de toda permisividad, acerca
de dónde estás errado.

El apóstol Pablo, a las puertas de ser sacrificado, escribió: “No que lo haya alcanzado ya, ni que ya
sea perfecto; si no que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por
Manual de Discipulado I -Autor: Ps. Fernando Alexis Jiménez Pág. 18 de 34

Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago:
olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está por delante, prosigo
a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3:12-14).

Tú y yo no somos perfectos. Siempre será necesario revisar todo cuanto haces. Una y otra vez
descubrirás muchas fallas, tanto en el carácter como en la forma de pensar y de actuar. Recuerda
que quienes sufren con tu actitud de no perdonar, además de ti, son aquellos que nos rodean. ¿Qué
debes hacer entonces? Arroja las cargas de ti. ¡Hoy es el día para abandonarlas!
4.- No luches en tus propias fuerzas
Si pretendes perdonar dependiendo de tus fuerzas humanas, de seguro fracasarás. En tu condición
de ser humano tienes un extraordinario mecanismo que te permite guardar incidentes, imágenes y
recuerdos, en un lugar específico que se conoce como el subconsciente. Y esos hechos afloran
cuando menos lo esperas. De ahí que tu esfuerzo por perdonar se ve traicionado cuando estás frente
a la persona que te hizo daño. Entonces, dependiendo de tus capacidades es casi imposible lograr
hacerlo.

El apóstol Pablo era consciente de las limitaciones que tenemos para muchas cosas. Y por esa razón
que escribió: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13).

Alguien expresó su desilusión porque siempre fracasaba en su propósito de perdonar. “Lo intento.
Mantenía resentimiento hacia alguien. Transcurrieron una o dos semanas en calma pero de nuevo caí
en ese estado de resentimiento”, decía. ¿Cuáles alternativas tenía? Dos opciones. La primera,
reconocer que no es literalmente “imposible” cambiar si nos movemos en nuestras fuerzas. La
segunda, que sólo es posible cuando le decimos: “Señor, no puedo en mis fuerzas, pero si me
ayudas, sé que podré vencer el problema que tengo con la falta de perdón”. ¡Tú puedes vencer!

Si no perdonas, te haces daño

La falta de perdón trae problemas a tu vida material, física y espiritual.

Perdonar es un precepto bíblico. El Señor Jesús lo expresó así: “...Amad a vuestros enemigos,
bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os
ultrajan y os persiguen... Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No
hacen también lo mismo los publicanos?” (Mateo 5:44-46).

Debes tener claro, entonces, que estás llamado a perdonar. Es fundamental para que alcances la
meta de crecer a nivel personal y espiritual, que sin duda el propósito te has fijado ahora que conoces
al Señor Jesús como tu único y suficiente Salvador.

Aplicación personal:
1.- ¿De qué manera la falta de perdón afecta nuestra vida espiritual?
2.- ¿Recuerda cuáles son las tres actitudes de quien se niega a perdonar a su prójimo?
3.- ¿Recuerda por qué es importante examinar nuestro corazón como paso previo hacia el perdón?
4.- ¿Por qué es importante a quienes tienes dificultad para perdonar?
5.- ¿Qué nos dice la Biblia en cuanto al corazón? ¿Conoce Dios lo que guardamos en él? (Salmo 7:9)
6.- ¿Qué plantea Pablo en torno a hechos traumáticos que nos ocurrieron en el pasado? (Filipenses
3:12-14).

“...Sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios
los perdonó a ustedes en Cristo” (Efesios 4:32. NVI
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Lección 7
¿Cómo puedes vencer los períodos de desierto?
Ahora que haz comenzado a caminar tomado de la mano del Señor Jesús es probable que aún sigas
experimentando períodos difíciles que identificamos como “desiertos”. Son aquellas etapas de tu vida
en las que, fruto de alguna situación imprevista, dejas de orar, de leer la Palabra de Dios y, agobiado
por el desánimo, no quisieras siquiera volver a la iglesia. ¿Te ha ocurrido? Si es así, vamos a
compartirte algunas estrategias bíblicas que te serán sumamente útiles. En caso contrario, estarás
preparado para saber qué hacer...

Imagina por un instante la escena: El profeta Elías acaba de recibir un extraordinario respaldo de Dios
quien se manifestó con hechos milagrosos al poner al descubierto las estratagemas de engaño de
Satanás, el cual utilizaba líderes de maldad al servicio de Jezabel, la esposa del rey Acab (Puedes
leerlo en 1 Reyes 18:16-46). Fue un éxito rotundo.

Sin embargo, transcurrido poco tiempo y cuando la alegría todavía debía embargar el corazón de este
poderoso ministro del Señor, fue notificado sobre amenazas contra su vida por parte de Jezabel.

“Elías se asustó y huyó para ponerse a salvo. Cuando llegó a Berseba de Judá, dejó allí a su
criado y caminó todo un día por el desierto. Llegó adonde había un arbusto, y se sentó a su
sombra con ganas de morirse. « ¡Estoy harto, SEÑOR!—Protestó--. Quítame la vida, pues no
soy mejor que mis antepasados.»” (1 Reyes 19:3, 4).

Su paso de un estado de exaltación gozosa a la crisis fue abrupto. ¿Te ha ocurrido? Probablemente
después de estar caminando con el Señor Jesús de pronto te has visto asaltado por la desesperanza
o quizá por el deseo de renunciar a todo.

Muchas personas han enfrentado una situación así. Tú no eres el primero y, sin duda, tampoco serás
el último.

Hace muchos siglos, presa de un estado de desasosiego, un hombre oró a Dios con las siguientes
palabras: “Vuelve a mí tu rostro y tenme compasión, pues me encuentro solo y afligido. Crecen
las angustias de mi corazón; líbrame de mis tribulaciones.” (Salmo 24:16, 17. NVI).

Otros hombres y mujeres quienes al igual que tu han deseado fervientemente vivir para Dios,
experimentaron momentos difíciles. La pregunta que nos ocupa es, ¿qué hacer?

Un panorama oscuro

Cuando atraviesas por un estado de crisis, es natural que todo lo veas oscuro. Es la primera de las
características que nos permiten identificar el grado de desierto por el que cruzamos. En instantes
así, es posible que llegues a pensar que todos están en contra tuya. Un problema pequeño, lo
dimensionas. Pareciera que se sale de las manos.

Cuando has identificado que atraviesas por una situación que escapa, de un lado a tu voluntad, y de
otro, al manejo, has dado el primer paso y el de mayor significación. Decenas de personas se niegan
a admitir que están mal debido a los problemas que enfrentan, y que su situación afecta a quienes le
rodean.

Los desiertos son previsibles

Los cristianos enfrentamos desiertos. Tu mismo es probable que ya los conozcan. Unos en mayor o
menor grado que otros, pero desiertos al fin. En esos períodos están abiertas dos alternativas: la
primera, tratar de resolver la crisis a tu manera, y la segunda, volver tu mirada al Dios de poder en
procura de ayuda.
Manual de Discipulado I -Autor: Ps. Fernando Alexis Jiménez Pág. 20 de 34

El libro del Éxodo encontrarás un texto maravilloso que ilustra este asunto. Se encuentra en el
capítulo 16 y relata el momento en que el pueblo de Israel, atravesando el desierto de Sin, le reclamó
a Moisés pan y carne.

En medio de su desesperación, Moisés y Aarón clamaron al Señor. Pudieron intentar calmarlos,


razonar con los líderes quejosos o quizá, hacer una colecta para tener provisión. Pero entendieron
que la salida al laberinto era acudir a Aquél que todo lo puede. Cuando oraron, Dios respondió. “Y
hablando Aarón a toda la congregación de los hijos de Israel, miraron hacia el desierto, y he
aquí la gloria de Jehová apareció en la nube” (Éxodo 16:10). Cuando se lo permitimos, Dios toma
control de las circunstancias adversas.

Dios escucha tus oraciones

Con frecuencia pensamos que Dios no escucha nuestras oraciones. Pero no es así. Él nos oye.
Atiende tu clamor y el mío. Por esa razón es en medio de la crisis cuando debemos buscar a Dios.

Tus oraciones, elevadas incluso desde la angustia, llegarán a Su presencia. Él lo prometió en su


Palabra cuando, por inspiración divina, el salmista escribió: “Entonces clamaron a Jehová en su
angustia, y los libró de sus aflicciones... Cambia la tempestad en sosiego... Vuelve el desierto
en estanques de aguas, y la tierra seca en manantiales... (Salmo 107:6, 13, 19, 28, 29, 35).

Un consejo oportuno

Las personas pueden aconsejarte, y eso está bien. Pero los mejores consejos cuando atraviesas una
crisis, deben provenir de Aquél que todo lo puede.

Justamente uno de los autores sagrados atravesó un momento de crisis del que, supuso, no podía
salir.

Es fácil intuir que llegó el momento en que pensó que no había nada por hacer. Lo embargó la
sensación de que estaba al borde del abismo. Que nada tenía sentido. Y clamó a Dios. Y fue en Dios
que encontró paz. Ese hecho, reflejado en la recuperación del clima de sosiego en su existencia, fue
el que le llevó a escribir: “Porque has sido mi socorro, y así en las sombra de tus alas me
regocijaré... Tu diestra me ha sostenido” (Salmos 63:7, 8).

Manejo de la ansiedad

Tratar de resolver las crisis y desiertos a tu manera, no conducirá sino a una concatenación de
fracasos.

Nos traiciona la razón y con frecuencia, las alternativas de solución por las que nos inclinamos, traen
consecuencias más graves... En momentos así a quien debes llevar tus preocupaciones y angustia,
es al propio Señor Jesucristo. Esa fue la recomendación que Él nos hizo: “Venid a mi todos los que
estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y
aprended de mí que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras
almas, porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo 11:28-31).

Es importante que vayas a su presencia en oración, y te desahogues, sacando todo lo que hay en tu
corazón. Es una forma de hallar descanso, y de encontrar respuesta cuando el panorama futuro está
poblado por densos nubarrones, tal como lo recomendó el apóstol Pedro: “Humillaos, pues, bajo la
poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra
ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros” (1 Pedro 5:6, 7).

Tú necesitas vivir el hoy. Ya el mañana traerá, como decía el Señor Jesucristo, su propio afán: “Así
que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada
día su propio mal” (Mateo 6:34).
Manual de Discipulado I -Autor: Ps. Fernando Alexis Jiménez Pág. 21 de 34

Antes, cuando Cristo Jesús no vivía en tu corazón, te dejabas arrastrar por la crisis. Ahora puedes
sobreponerte a los desiertos porque sabes que Él vendrá en tu ayuda cuando vayas a Su presencia
en oración... Jamás olvides: El propósito de Dios es que haya paz en tu corazón y puedas superar las
crisis...

Aplicación personal:
1.- ¿Cómo podríamos definir los períodos de desierto?
2.- ¿Qué situación difícil enfrentó el profeta Elías y qué estado de ánimo enfrentó? (1 Reyes 19:3,
4).
3.- ¿Qué paso es fundamental en el proceso de atender los períodos desérticos nuestra vida?
4.- ¿Los cristianos enfrentan desiertos? ¿Por qué razón pueden ocurrir?
5.- ¿Qué hacer cuando atravesamos períodos de crisis y desierto?
6.- ¿Qué seguridad tienes de que Dios atenderá tu clamor en medio de la crisis? (Salmo 107:6,
13, 19, 28, 29, 35).
7.- ¿Quién es el socorro oportuno cuando los desiertos tocan a tu vida? (Salmos 63:7, 8).
8.- ¿Qué recomendación hizo el Señor Jesús a sus discípulos cuando los embargaban las crisis?
(Mateo 11:28-31).
9.- ¿Qué recomendó el apóstol Pedro a los cristianos en crisis? (1 Pedro 5:6, 7).

Versículo para memorizar durante la semana:

“Dios es nuestro amparo y nuestra fortaleza, nuestra ayuda segura en momentos de angustia”
(Salmo 46:1. NVI)
Manual de Discipulado I -Autor: Ps. Fernando Alexis Jiménez Pág. 22 de 34

Lección 8
¿Es posible perder la Salvación de Cristo?
Es probable que conforme vayas avanzando en el proceso de crecimiento personal y espiritual te
hayas hecho una y otra vez el mismo interrogante: “¿Es posible perder la Salvación?”, O quizá: “Si
Cristo Jesús ya nos Salvo por su sacrificio en la cruz, ¿qué podría impedir que yo recibiera los
beneficios de la condición de ser Salvo?”.
Se trata de incógnitas de suma importancia porque pueden determinar dónde pasarás la eternidad.
Para despejar tus incógnitas es necesario formularnos y responder otras preguntas que están
estrechamente ligadas a este tema:

1.- Si soy Salvo, ¿puedo seguir pecando como antes?


El concepto de que si eres Salvo lo serás por siempre, indistintamente de tu forma de vida, toma
origen hace muchos siglos y sienta bases en lo que llaman “Gracia irresistible”. ¿En qué consiste? En
el planteamiento de que si Dios ha decidido salvarte, lo hará sin importar lo que hagas y sigas
haciendo. De acuerdo con esta creencia errada, tú no puedes resistir el plan y el poder divino. Es algo
que te alcanza así no lo quieras. Su gracia salvadora vence al libre albedrío de sus elegidos, es decir
quieras o no, Dios te Salva.
En las Escrituras puedes leer que es necesario vivir a Cristo y caminar con El cada día. “Así que,
hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne; porque si
vivís conforme a la carne, moriréis...” (Romanos 8:12, 13 a.). ¿Qué entiendes entonces? Que si
bien es cierto al aceptar a Jesús como Señor y Salvador fuiste Salvo, es necesario que camines en el
sendero cristiano.
Ahora, si habiendo sido salvo vuelves al camino de perdición en el que antes andabas ¿Qué ocurre?
¿Nos salva Dios a pesar de nuestra renuncia a movernos en el sendero de la rectitud?
Para tener la respuesta sería bueno considerar una afirmación Escritural del Maestro. “Dijo entonces
Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis
verdaderamente mis discípulos” (Juan 8:31). También es oportuno que recuerdes el mensaje de
Jesús a las siete iglesias de Asia y en particular a la de Sardis cuando dice: “El que venciere será
vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su
nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles” (Apocalipsis 3:5).
Vencer está asociado con permanencia en el camino de Salvación...

2.- ¿Acaso Dios escogió arbitrariamente quiénes habrían de ser Salvos?


Un segundo planteamiento de la doctrina que proclaman muchos es que la Salvación no se pierde,
sin importar el mal testimonio de vida que den, o gira en torno a la “Elección incondicional”
¿Qué significa la “Elección incondicional”? Que Dios decidió antes del principio del mundo, quién
sería salvo y quién se perdería por la eternidad. Según la elección incondicional, su fin eternal fue
decidido con mucha antelación. ¡Nada que usted hiciera podría cambiar su destino!
¿Qué dice la Biblia? ¿Respalda esta tesis? En algunos pasajes se podría decir que sustenta este
principio, sin embargo hay otros pasajes como Apocalipsis 22:17 que señalan la posibilidad que tú
tienes de elegir. “.. y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente”.
Leamos juntos otro pasaje revelador. Lo hallarás en el evangelio de Juan. El Señor Jesús dijo: “Mis
ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán
jamás, ni nadie las arrebatarán de mi mano” (Juan 10:27, 28).
Observa con cuidado que te corresponde a ti y me corresponde a mí “escuchar la voz de Jesucristo,
el Hijo”. Dios no nos obliga, cada uno toma su propia decisión. Tú estás en libertad de elegir. Sobre
esta base, no tiene sentido que haya quienes afirmen que Dios escogió de manera arbitraria a
quienes iba a Salvar.
Manual de Discipulado I -Autor: Ps. Fernando Alexis Jiménez Pág. 23 de 34

3.- ¿El sacrificio del Señor Jesús en la cruz fue solamente para que un número reducido de
cristianos recibiera la Salvación?
Un tercer elemento que podrás escuchar entre quienes creen que si eres Salvo lo seguirás siendo así
continúes pecando, que el Cristo Jesús derramó su sangre solamente por los elegidos, a los que Dios
determinó salvar de antemano.
¿Qué enseña la Biblia al respecto? De acuerdo con mi viejo ejemplar de las Escrituras Dios “...quiere
que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:4). De
igual manera hallamos que “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por
tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que
todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9).

¿Por qué debes perseverar tomado de la mano de Cristo Jesús?


Es al Señor Jesús a quien los evangelios atribuyen la amorosa declaración de que no vino a llamar a
justos sino a pecadores.
¿Qué dice la Biblia? Las Escrituras señalan que las Buenas Nuevas son “...poder de Dios para
salvación a todo aquél que cree” (Romanos 1:16). ¿Te das cuenta? La oportunidad la ofrece la
misericordia de Dios para todos nosotros. También leemos en el evangelio que el apóstol dijo al
carcelero: “Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo” (Hechos 16:31).
Encontramos en la Palabra de Dios una recomendación del apóstol Pedro: “Procurad hacer firme
vuestra vocación y elección...” (2 Pedro 1: 10 a.).
Nos asalta un último interrogante: Si tú vuelves atrás, al pecado, y aún así no perdieras la condición
de ser Salvo, ¿por qué razón escribiría el apóstol Pedro “Procurad hacer firme vuestra vocación y
elección...”?
Tu compromiso y el mío están en caminar siempre de la mano del Señor Jesús. Perseverar en esa
Salvación preciosa ganada a precio de sangre por el Señor Jesús en la cruz...
Aplicación personal:
1.- ¿Qué dijo el Señor Jesús en cuanto a permanecer en el camino de Salvación? (Juan 8:31).
2.- ¿En qué consiste la doctrina de la “Elección incondicional”?
3.- ¿Nos obliga Dios a aceptar la Salvación?
4.- ¿Por qué razón ha demorado el regreso del Señor Jesús? (2 Pedro 3:9). ¿Qué propósito tiene esa
tardanza? (1 Timoteo 2:4).
5.- De acuerdo con la Lección de hoy, ¿A quiénes vino a llamar el Señor Jesús?
6.- ¿De dónde proviene el poder para que tú y yo seamos Salvos? (Romanos 1:16).
7.- ¿Qué es necesario para recibir la Salvación? (Hechos 16:31).
8.- ¿Qué dijo al apóstol Pedro en cuanto a perseverar en la vida cristiana? (2 Pedro 1:10 a.)
9.- ¿Cuál es el compromiso nuestro como cristianos en lo que respecta a la Salvación?

Versículo para memorizar durante la semana:

“Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi
palabra, seréis verdaderamente mis discípulos” (Juan 8:31).
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Lección 9
Si eres cristiano ¿Por qué debes bautizarte?
Es probable que con mucha frecuencia te preguntes ¿Qué significa el bautismo? ¿Por qué
nuevamente debo ir a las aguas bautismales si se supone que nos bautizaron en la niñez? Y también,
¿Es acaso “necesario” o se puede obviar ese paso?
Para responder a estos interrogantes, nada mejor que ir a la fuente de guía en cuanto lo que Dios
quiere para nosotros: la Biblia. ...¡Acompáñanos!
Desde el comienzo de los cristianos...
En primera instancia es necesario aclarar que desde un comienzo, los cristianos una vez aceptaron al
Señor Jesús en sus corazones, optaron por el bautismo como un testimonio del nuevo camino que
habían emprendido.
El apóstol Pablo explica que esta práctica no es otra cosa que una forma de simbolizar que hemos
muerto al pecado y nacemos a una existencia totalmente renovada: “¿O no sabéis que todos los
que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque
somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo
resucitó por los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros entremos en vida
nueva”(Romanos 6:3, 4).
Este es un hecho esencial en nuestro caminar con Cristo porque testimoniamos que estamos
pasando a una nueva etapa, como lo describe magistralmente el autor sagrado: “... sepultados con
él en el bautismo, en el cual también fuisteis resucitados con él mediante la fe en el poder de
Dios que le levantó de los muertos” (Colosenses 2:12). El bautismo entonces, representa la
libertad del pecado, libertad que Jesús compró por nosotros en la cruz.
A continuación que invitamos a considerar algunas razones por las cuales el esencial que te inclines
por el paso grandioso del bautismo...
1.- El bautismo es un mandato bíblico.
2.- El bautismo parte también de una motivación personal.
3.- El bautismo toma sus raíces en el comienzo del cristianismo

1.- El bautismo es un mandato bíblico


Desde el primer siglo, los creyentes, además de testimoniar de Jesucristo con sus vidas, asumieron
esta práctica recordando que fue una de las pautas que el maestro impartió a sus discípulos días
antes de ascender a los cielos.
“Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.
Por tanto, id, y hacer discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre,
del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarde todas las cosas que os he mandado; y
he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”(Mateo 28:16-20).
Esta enseñanza fue llevada a su forma de vida por los creyentes, tal como lo describen las Escrituras
cuando después de la predicación del apóstol Pedro a una multitud reunida en Jerusalén: “... los que
recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas. Y
perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento
del pan y en las oraciones” (Hechos 2:41, 42).
Un incidente similar ocurrió cuando el evangelista Felipe compartió las Buenas Nuevas en la ciudad
de Samaria: “Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el
nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres. También creyó Simón mismo, y
habiéndose bautizado, estaba siempre con Felipe...” (Hechos 8:12, 13).

2.- El bautismo parte también de una motivación personal


Nadie puede obligarte para que tomes el bautismo. Es una decisión que nace en el corazón cuando
comprendes que hay bases bíblicas para hacerlo. Quizá te preguntes: “Si fui bautizado cuando niño,
¿por qué debo hacerlo ahora de adulto?”. La respuesta está en el interrogante: Porque ahora tú eres
Manual de Discipulado I -Autor: Ps. Fernando Alexis Jiménez Pág. 25 de 34

consciente de lo que hace. Antes no. Estabas sujeto a que otros decidieran por ti, que eras un infante.
Incluso, fueron tus padres o quienes estaban a cargo, quienes decidieron a qué denominación
religiosa pertenecerías. No te dieron la opción de elegir. De ahí que cuando tenemos uso de razón,
vamos a las aguas.
Un alto funcionario africano lo hizo. Fue motivado en su corazón cuando escuchó el mensaje del
evangelio de Jesucristo. “Entonces Felipe, abriendo su boca, y comenzando desde esta
Escritura, le anunció el evangelio de Jesús. Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y
dijo el eunuco: Aquí hay agua ¿Qué impide que yo sea bautizado?... y mandó parar el carro; y
descendieron ambos al agua, Felipe y el Eunuco, y le bautizó” (Hechos 8:35-38).
Esa disposición la observaron otros cristianos del primer siglo, como lo describe la Biblia: “Y Cristo, el
principal de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su casa; y muchos de los corintios, oyendo,
creían y eran bautizados”.

3.- El bautismo toma sus raíces en el comienzo del cristianismo


¿Dónde y cuándo comenzó la práctica del bautismo? Tratar de identificar fechas sería temerario. Pero
un hecho evidente es que desde el mismo momento en que Juan comenzó a predicar en El Jordán, lo
hacía. Esa es una de las razones por las que se le conoció como Juan el Bautista.

“Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo de arrepentimiento para perdón de


pecados, y salían a él toda la provincia de Judea, y todos los de Jerusalén; y eran bautizados
por él en el río Jordán, confesando sus pecados” (Marcos 1:4, 5).

Es más, el propio Señor Jesús fue a las aguas, como lo registra el autor sagrado: “Entonces Jesús
vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él. Mas Juan se le oponía diciendo: Yo
necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque
así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó” (Marcos 3.13).

Aplicación personal:
1.- ¿Se bautizaban los primeros cristianos? ¿Podría explicar por qué razones?
2.- De acuerdo con el apóstol Pablo, ¿qué significa el bautismo? (Romanos 6:3, 4).
3.- ¿Qué representa el bautismo? (Colosenses 2: 12).
4.- ¿Cuáles son algunas de las razones por las que es esencial que nos bauticemos?
5.- ¿Qué instrucciones impartió el Señor Jesús a sus discípulos en torno al bautismo? (Mat.
28:16-20).
6.- ¿Qué hicieron los creyentes cuando aceptaron el mensaje del evangelio de Jesucristo?
(Hechos 2:41, 42; 8:12, 13).
7.- ¿Qué decisión tomó el funcionario de la reina de Candace cuando recibió de manos de Felipe
el mensaje del evangelio? (Hechos 8:35-38).
8.- ¿Qué dicen las Escrituras en cuanto a Juan llamado el bautista? (Marcos 1:4, 5).
9.- ¿Se sometió el Señor Jesús al bautismo?
10.- ¿Está dispuesto a ir a las aguas bautismales? ¿Por qué razón?

Versículo para memorizar durante la semana:

“... sepultados con él en el bautismo, en el cual también fuisteis resucitados con él mediante
la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos” (Colosenses 2:12).
Manual de Discipulado I -Autor: Ps. Fernando Alexis Jiménez Pág. 26 de 34

Lección 10
La Santa Cena, ¿qué es, qué significa y por qué la toman los cristianos?
¡Felicitaciones! Sigues avanzando con paso firme en tu crecimiento personal y espiritual. Sin duda
has descubierto principios en la Biblia que te ayudan a alcanzar cada vez mayor solidez en todas las
áreas. Sin embargo habrá, como en la Lección de hoy, enseñanzas que despierten muchos
interrogantes en tu ser. ¿A qué nos referimos? A la Santa Cena.

Te preguntarás, ¿qué significa y por qué razón debo tomarla? ¿Todos pueden participar de la Cena
del Señor?

Estas preguntas son comprensibles junto con otros cuestionamientos que vengan a tu mente. Incluso,
es probable que te interrogues sobre ¿Qué diferencia hay entre la comunión que se tomaba en el
sistema religioso católico y la Santa Cena de la iglesia cristiana evangélica?

¿Dónde se originó la Santa Cena?

Horas antes de ser condenado a morir en la cruz por tus pecados y los míos, el Señor Jesús instituyó
la Santa Cena.

Estaba en Jerusalén con sus discípulos. Se celebraba la fiesta de los panes sin levadura cuando se
sacrificaba el cordero de la Pascua en conmemoración de la salida de los israelitas de la cautividad
egipcia (Cf. Éxodo 12:1-28).

El evangelista Mateo quien estuvo en aquella ocasión, relata que “Mientras comían, Jesús tomó en
sus manos el pan y, habiendo dado gracias a Dios, lo partió y se lo dio a los discípulos,
diciendo:--Tomen y coman, este es mi cuerpo. Luego tomó en sus manos una copa y,
habiendo dado gracias a Dios, se la pasó a ellos, diciendo:--Beban todos ustedes de esta copa,
porque esto es mi sangre, con la que se confirma la alianza, sangre que es derramada a favor
de muchos para perdón de sus pecados. Pero os digo que no volveré a beber de este producto
de la vida, hasta el día en que beba con ustedes el vino nuevo en el reino de Dios” (Mateo
26:26-29. Versión Popular).

¿Te das cuenta por qué razón esta celebración reviste especial significación para quienes
profesamos fe en el Señor Jesús? Es un recordatorio de la muerte, sepultura, resurrección y pronto
regreso de Jesucristo por su iglesia.

El apóstol Pablo lo explica de una manera muy sencilla: “Cuando bebemos de la copa bendita por
la cual bendecimos a Dios, participamos en común de la sangre de Cristo; cuando comemos
del pan que partimos, participamos en común del cuerpo de Cristo. Aunque somos muchos,
todos comemos de un mismo pan, y por eso somos un solo cuerpo” (1 Corintios 10:15-17.
Versión Popular).

Al reunirnos los creyentes, estamos recordando la ocasión en que el amado Hijo de Dios vertió su
sangre para limpiar nuestros pecados.

Una celebración permanente desde el primer siglo

Te sorprenderá descubrir que celebrarla Santa cena es un principio que toma origen entre los
cristianos del primer siglo, fieles a las instrucciones del Señor Jesús; ha persistido hasta nuestros
días.

Pocos días después de la ascensión a los cielos por parte del Señor Jesús (Hechos 1:6-11) y tras
predicar el primer mensaje evangelístico de su ministerio, el apóstol Pedro, se produjo una conversión
de multitud de judíos a la fe de Cristo. “...los que hicieron caso del mensaje fueron bautizados; y
Manual de Discipulado I -Autor: Ps. Fernando Alexis Jiménez Pág. 27 de 34

aquel día se agregaron a los creyentes unas tres mil personas. Y eran fieles en conservar la
enseñanza de los apóstoles, en compartir lo que tenían, en reunirse para partir el pan (Santa
Cena) y en la oración” (Hechos 2:41, 42. Versión Popular. Paréntesis del autor).

Era una práctica que persistía entre quienes se iban sumando al número de redimidos por la Sangre
de Cristo Jesús. “Todos los creyentes estaban muy unidos y compartían sus bienes entre sí...
Todos los días se reunían en el templo, y en las casas partían en pan (Santa Cena) y comían
juntos con alegría y sencillez de corazón” (Hechos 2:44, 46. Versión Popular. Paréntesis del
autor).

Es evidente que los cristianos del primer siglo conocían la enorme significación de una celebración
conmemorativa como la Santa Cena.

¿Quiénes toman la Santa Cena?

Como habrás podido darte cuenta tomaban la Santa Cena quienes formaban parte del cuerpo de
creyentes en Cristo Jesús. En nuestros días recomendamos que tomen la Cena del Señor quienes
han ido a las aguas bautismales para testimoniar su fe.

El apóstol Pablo en su primera carta a los creyentes de Corinto, cuestionó el hecho de que al reunirse
a partir el pan, lo hacían sin reverencia y bajo absoluto desorden (1 Corintios 11:17-22).

El autor sagrado advirtió: “Así pues, cualquiera que comen del pan o bebe de la copa del Señor
de manera indigna, comete un pecado contra el cuerpo y la sangre del Señor. Por tanto, cada
uno debe examinar su propia conciencia antes de comer del pan y beber de la copa. Porque si
come y bebe sin fijarse en que se trata del cuerpo del Señor, para su propio castigo come y
bebe” (1 Corintios 11:27-29. Versión Popular).

Como seguidores del Señor Jesús tomamos la Santa Cena en recuerdo del sacrificio en la cruz que
nos limpió de todo pecado, y lo seguiremos hasta su regreso por la iglesia de la que formamos parte
tu y yo...

¿En qué radica la diferencia?

Aquí cabe que despejemos una pregunta que tal vez te asalta: ¿Qué diferencia hay entre la
comunión católica a la que quizá estabas acostumbrado y la Santa Cena que celebra el pueblo
cristiano evangélico?

Para el cristiano católico la Santa Cena toma la figura de sacramento y se le llama eucaristía o
comunión. La reciben durante la celebración litúrgica que se conoce como misa.

Para que tengas una idea de qué significa para el catolicismo esta ceremonia, te invitamos a leer la
definición que tienen en uno de los textos que les rigen como es el Catecismo. Explican que“En el
corazón de la celebración eucarística se encuentran el pan y el vino que por las palabras de Cristo y
por la invocación del Espíritu Santo, se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Cristo” (Catecismo
Católico pp. 1333 y 1357. Editorial San Pablo, Santafé de Bogotá (Colombia) año 2000).

A este proceso se le conoce como transubstanciación, o sea, el convencimiento de que el pan y el


vino, con las oraciones del sacerdote, se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. En cada
celebración eucarística o misa se produce, de acuerdo con la fe católica, la conversión. Es como si se
produjera nuevamente la muerte del Salvador.

Como cristianos evangélicos no compartimos esta práctica porque va en contravía de las propias
Escrituras en donde leemos: “Y así como todos han de morir una sola vez y después vendrá el
juicio, así también en Cristo ha sido ofrecido un sacrificio una sola vez para quitar los pecados
del mundo” (Hebreos 9:27, 28. Versión Popular).
Manual de Discipulado I -Autor: Ps. Fernando Alexis Jiménez Pág. 28 de 34

¿Te das cuenta? No es esa conmemoración la que Dios espera. Para los cristianos evangélicos, el
Pan sigue siendo pan, y el Vino de uvas sin fermentar, sigue siendo vino. Nosotros lo llamamos
consubstanciación. ¿Estos dos elementos significan algo para nosotros? Por supuesto que sí, los
valoramos como símbolos de la muerte de Jesucristo para limpiar nuestros pecados y concedernos
una nueva vida.

Aplicación personal:

1.- ¿Recuerdas quién instituyó la Santa Cena? (Mateo 26:26-29).


2.- De acuerdo con la Lección de hoy, ¿podrías definir qué es la Santa Cena?
3.- ¿Recuerdas qué nombre se le da a la ceremonia mediante la cual se considera que el Pan se
convierte en el Cuerpo y el Vino en la Sangre de Cristo?
4.- ¿Por qué razón no es necesario que Cristo muera una y otra vez? (Hebreos 9:27, 28).
5.- ¿Por qué razón decimos que para los cristianos evangélicos el Pan y el Vino son símbolos
únicamente?
6.- ¿Desde cuándo se celebra la Santa Cena? (Hechos 2:41, 42; 44, 46).
7.- ¿Quiénes toman la Santa Cena?
8.- ¿Qué cuestionamiento hizo el apóstol Pablo a los cristianos corintios? (1 Corintios 11:17-22).

Versículo para memorizar durante la semana:

Jesús les dijo: “--Beban todos ustedes de esta copa, porque esto es mi sangre, con la que se
confirma la alianza, sangre que es derramada a favor de muchos para perdón de sus pecados”.
(Mateo 26:27, 28. Versión Popular).
Manual de Discipulado I -Autor: Ps. Fernando Alexis Jiménez Pág. 29 de 34

Capítulo 11
Nuestras ofrendas... Lo mejor para el reino de Dios

¿Te has preguntado alguna vez qué importancia tiene contribuir con tus diezmos y ofrendas a la
extensión del reino de Dios? Hay quienes restan importancia al asunto; sin embargo sí la tiene, y es
muy grande.

Para ilustrarte este principio de vida cristiana práctica, te invitamos para que nos acompañes a leer el
evangelio:

“Jesús estaba una vez sentado frente a los cofres de las ofrendas, mirando como la gente
echaba dinero en ellos. Muchos ricos echaban mucho dinero. En esto llegó una viuda pobre, y
echó en uno de los cofres dos moneditas de cobre, de muy poco valor. Entonces Jesús llamó
a sus discípulos, y les dijo: Les aseguro que esta viuda pobre ha dado más que todos los otros
que echan dinero en los cofres; pues todos dan lo que les sobra, pero ella, en su pobreza, ha
dado todo lo que tenía para vivir”(Marcos 12:41-44. Versión Popular).

El texto nos enseña dos aspectos que debemos considerar tocante a lo que ofrendamos para la obra
de extensión del reino de Dios:

1.- El Señor Jesús tenía especial cuidado de la motivación que tenían quienes ofrendaban: unos lo
hacía por compromiso—como el hombre rico--; y otros, de corazón—como la viuda pobre--.
(Versículos 41, 42).

2.- El Señor Jesús valoró a la viuda quien daba lo mejor que tenía para Dios, y cuestionó la actitud del
rico quien daba de lo que le sobraba. (Versículos 43, 44).

¿Cuál es tu actitud al ofrendar?

Un principio nuestro como cristianos es diezmar y ofrendar para la proclamación de las Buenas
Nuevas. Ahora, delante del Padre es fundamental la actitud que asumimos. Hay quienes pueden dar
poco, pero lo hacen con el convencimiento de que de esta manera se suman a la difusión del
mensaje de Salvación; entre tanto hay también quienes lo hacen porque lo sienten como “una
obligación”. En la primera actitud hay bendición, en la segunda se cumple simplemente con un
ritualismo y viene a ser una manifestación de religiosidad.

En torno a la disposición que hay en el corazón, el apóstol Pablo escribió: “Acuérdense de esto: El
que siembra poco, poco cosecha; el que siembra mucho, mucho cosecha. Cada uno debe dar
según lo que haya decidido en su corazón y no de mala gana o a la fuerza, porque Dios ama al
que da con alegría” (2 Corintios 9:6, 7. Versión Popular).

El Dios de poder y de gloria en quien tú has creído conoce la actitud que nos motiva realmente. Sabe
a ciencia cierta si en verdad quieres ofrendar o no.
Manual de Discipulado I -Autor: Ps. Fernando Alexis Jiménez Pág. 30 de 34

Dios quiere bendecirte

¿Acaso necesita Dios que le demos algo? En absoluto, pero como observaremos a continuación, el
ofrendar constituye un paso para ser bendecidos por el Señor, como anota el autor sagrado: “Dios
puede darles a ustedes con abundancia toda clase de bendiciones, para que tengan siempre
todo lo necesario y además les sobre para ayudar en toda clase de buenas obras” (2 Corintios
9:8. Versión Popular).

Se trata de una promesa que encontramos incluso en el Antiguo Testamento en donde leemos:
“Traigan sus diezmos al tesoro del templo, y así habrá alimentos en mi casa. Pónganme a
prueba en eso, a ver si no les abro las ventanas del cielo para vaciar sobre ustedes la más rica
bendición. No dejaré que las plagas destruyan sus cosechas y sus viñedos.” (Malaquías 3:10,
11. Versión Popular).

Cuando ofrendamos a Dios de corazón, lo hacemos por amor a su obra y no porque esperemos
recompensa. No obstante, en Su bondadoso corazón prima el deseo de traernos bendición.

¿Qué debemos darle a Dios? Sin duda, lo mejor, tal como lo aprendemos en las propias Escrituras.
Refieren la advertencia que Dios hizo a los israelitas en la antigüedad, quienes ofrendaban lo primero
que encontraban para salir del paso: “Ustedes dicen: ¡Ya estamos cansados de todo esto!. Y me
desprecian, Y todavía suponen que voy a alegrarme cuando vienen a ofrecerme un animal
robado, o una res coja o enferma. ¡Maldito sea el tramposo que me promete un animal sano de
su rebaño y luego me sacrifica uno que tiene defecto! Yo soy el gran Rey, y soy temido entre
las naciones. Esto dice el Señor Todopoderoso” (Malaquías 1:13, 14. Versión Popular).

Tus aportes deben provenir de lo íntimo de tu corazón y deben estar acompañados por la convicción
de que aportas para la obra de Jesucristo en la tierra.

¿Qué destino tienen los diezmos y ofrendas?

Es probable que te hayas preguntado: “¿Qué destino tienen mis diezmos y ofrendas?”. No eres el
primero en formularse tal interrogante, y sin duda tampoco serás el último.

Los recursos se orientan a la extensión del reino de Dios a través de la Iglesia que lo representa en la
tierra, la cual somos tú y yo. Los recursos se orientan a cubrir los gastos que se derivan del
funcionamiento de las instalaciones físicas o templo, pago del pastor y personal administrativo y
atender los costos que demandan actividades como evangelización, enseñanza y envío de
misioneros.

Los dineros son recaudados a través de los líderes—quienes representan a la membresía de la


congregación—y, terminado el conteo, el pastor firma el acta donde se estipula cuáles fueron los
ingresos por concepto de diezmos y de ofrendas. Los libros contables están a disposición de
cualquiera de las personas que se congregan y tienen registrada su membresía.

El pastor tiene un cuerpo de líderes que secundan sus planes y acciones. Como ministro del
evangelio es el ordenador del gasto, desembolsos que son notificados a quienes le ayudan en la obra
para que en todo momento haya transparencia en el manejo de los recursos.
Manual de Discipulado I -Autor: Ps. Fernando Alexis Jiménez Pág. 31 de 34

Aplicación personal:
1.- ¿Cuál es tu actitud cuando ofrendas para contribuir a la proclamación del reino de Dios? (Marcos
12:41-44).
2.- ¿Qué hacemos cuando traemos los diezmos y ofrendas al templo?
3.- ¿Está bien que contribuyamos con los diezmos y ofrendas porque se trata de una “obligación”?
4.- ¿Cuál es la actitud de Dios hacia el dador alegre? (2 Corintios 9:6, 7).
5.- ¿Por qué afirmamos que al diezmar y ofrendar Dios quiere bendecirnos? (2 Corintios 9:8).
6.- ¿Qué dice el Señor en cuanto a las ofrendas que se imparten para “salir del paso”? (Malaquías
1:13, 14).
7.- ¿Qué destino tienen tus diezmos y ofrendas en la Iglesia?

Versículo para memorizar durante la semana:

“Acuérdense de esto: El que siembra poco, poco cosecha; el que siembra mucho, mucho
cosecha. Cada uno debe dar según lo que haya decidido en su corazón y no de mala gana o a
la fuerza, porque Dios ama al que da con alegría” (2 Corintios 9:6, 7. Versión Popular).
Manual de Discipulado I -Autor: Ps. Fernando Alexis Jiménez Pág. 32 de 34

Capítulo 12
Y ahora, ¿cuáles son mis metas como cristiano?
Hasta el momento has dado tres pasos de gran significación: el primero, aceptar a Jesucristo como tu
único y suficiente Salvador; el segundo, emprender el proceso de aprender y llevar a la cotidianidad
una serie de principios de Vida Cristiana Práctica. Terminada la lección de hoy esperamos de ti que
continúes el crecimiento personal y espiritual que es lo que Dios tiene planeado para ti.

Tú caminas tomado de la mano del Señor Jesús con el propósito de que se refleje: 1.- En tu relación
con Dios. 2.- En tu relación contigo mismo. 3.- En tu relación con los demás.

Se trata de un propósito eterno que nace en el propio corazón de Dios y que fue explicado por el
Señor Jesús quien dijo: "No hay árbol bueno que pueda dar fruto malo, ni árbol malo que pueda
dar fruto bueno. Cada árbol se conoce por su fruto: no se cosechan higos de los espinos, ni se
recogen uvas de las zarzas. El hombre bueno dice cosas buenas porque el bien está en su
corazón, y el hombre malo dice cosas malas porque el mal está en su corazón, Pues de lo que
abunda en el corazón, habla la boca” (Lucas 6:43-45. Versión Popular).

Si conforme avanzas en el camino de la vida cristiana, asimilas principios prácticos que además de
comprenderlos llevas a la cotidianidad, es decir en todo cuanto piensas, dices o haces, sin duda se
tornará evidente que estás experimentando un cambio significativo.

Recuerda que todo queda guardado en nuestro corazón, que en el lenguaje bíblico no es otra cosa
que la parte más profunda e íntima de nuestro ser que se manifiesta con nuestras acciones.

¿Es fácil el crecimiento?

Probablemente razones que el crecimiento cristiano no es fácil. Estamos identificamos. Se trata de un


proceso. Recuerda que estás cambiando toda una serie de principios que aprendiste en una vida
sujeta a la mundanalidad.

¿Cómo es posible entonces que puedas crecer? En primera instancia, dejando de depender de tus
fuerzas. Si lo intentas basado en tus conocimientos o capacidades, pronto estarás dándote por
vencido. Apenas surjan los primeros tropiezos, corres el peligro de volver atrás y el revés espiritual es
sumamente doloroso y, además, muy peligroso.

Crecer es posible si dependes del Señor Jesús y no de ti mismo. El amado Maestro nos enseñó: “Yo
soy la vid, y ustedes las ramas. El que permanece unido a mí, y yo unido a él, da mucho fruto;
pues sin mi no pueden ustedes hacer nada. El que no permanece unido a mí, será echado
fuera y se secará como las ramas que se recogen y se queman en el fuego” (Juan 15:5, 6.
Versión Popular).

Tú puedes dar mucho fruto, pero si sigues íntimamente unido a Cristo y dejas de caminar
dependiendo de tus propias capacidades.

Tu testimonio impactará al mundo

Conforme crezcas a nivel espiritual y personal, se hará evidente para quienes te rodean. Es probable
que pienses que no has cambiado; sin embargo sí lo has hecho.

Imagina por un instante que tu vida es como una película grabada en videocasette. La única forma de
comprobar en qué aspectos has avanzado y cuáles de las áreas de tu existencia son transformadas
por el Señor Jesús, es que devuelvas la videocinta. Una forma práctica es que tomes tiempo a solas y
medites en tu vida. Sin duda encontrarás fortalezas producto de abrir tu corazón al obrar del Hijo de
Dios.
Manual de Discipulado I -Autor: Ps. Fernando Alexis Jiménez Pág. 33 de 34

El amado Maestro ilustró esta enseñanza con una parábola que hallamos en el evangelio: “También
Jesús les dijo: “¿A qué se parece el reino de Dios, o con qué lo podremos compararlo? Es
como una semilla de mostaza que se siembra en la tierra. Es la más pequeña de todas las
semillas del mundo, pero una vez sembrada, crece y se hace mayor que todas las otras plantas
del huerto, con ramas tan grandes que hasta las aves pueden posarse bajo su
sombra”(Marcos 4:30-32. Versión Popular).

¡Tú tienes todas las condiciones para ser un cristiano que avanza exitosamente en su crecimiento
espiritual y personal! El desarrollo será evidente ante quienes están a tu alrededor gracias a un
testimonio que se fortalece si dependes de Jesucristo y no de ti.

Los escalones al Éxito

La Vida Cristiana Práctica, cuyo primer Nivel concluyes hoy, es como una escalera a través de la cual
avanzas progresivamente, de escalón en escalón. No puedes pretender un cambio inmediato. Toma
tiempo. Deja que el Señor Jesús vaya aplicando en tu existencia las transformaciones que considere
oportunas.

Para ilustrar esta enseñanza que nos dirige hacia el crecimiento espiritual y personal, es importante
que leamos lo que planteó el apóstol Pedro a los cristianos del primer siglo:

“Y por esto deben esforzarse en añadir a su fe la buena conducta; a la buena conducta, el


entendimiento; al entendimiento, el dominio propio; al dominio propio, la paciencia; a la
paciencia, la devoción; a la devoción, el afecto fraternal; y al afecto fraternal, el amor. Si
ustedes poseen estas cosas y las desarrollan, ni su vida será inútil no habrán conocido en
vano a nuestro Señor Jesucristo.” (2 Pedro 1:6-8. Versión Popular).

Toma nota con cuidado de los ocho principios que nos enseña el autor sagrado:

1.-Fe 2.- Buena conducta


3.-Entendimiento 4.- Dominio propio
5.- Paciencia 6.- Devoción
7.- Afecto fraternal 8.- Amor

Observa que no se trata de algo ni inmediato ni fácil, por el contrario, es progresivo. A un principio
sumas otro, y otro más hasta completar estos ocho pilares de vida cristiana que, como lo anota el
apóstol Pedro, te llevarán a alcanzar una vida cristiana productiva, firme, fuerte y de testimonio.

¡Animo! Tú tienes todas las potencialidades para ser un vencedor en Cristo. Él te fortalece y te lleva
de victoria en victoria...

Aplicación personal:

1.- ¿Hasta el momento qué pasos has dado en tu vida cristiana de acuerdo con el párrafo inicial de
esta lección?

2.- ¿De qué manera se debe ver reflejado tu caminar con Cristo Jesús?

3.- ¿Qué dice el Señor Jesús en cuanto a los frutos? (Lucas 6:43-45).

4.- ¿Qué ocurre si sigues dependiendo de tus propias fuerzas para cambiar?

5.- ¿De qué manera es posible que sigamos firmes en el proceso de crecimiento personal y
espiritual? (Juan 15:5, 6).

6.- ¿Con qué comparó el Señor Jesús tu crecimiento espiritual y por qué razón? (Marcos 4:30-32).
Manual de Discipulado I -Autor: Ps. Fernando Alexis Jiménez Pág. 34 de 34

7.- ¿Cuáles son los siete peldaños de la Escalera del Éxito describa por el apóstol Pedro a los
cristianos del primer siglo? (2 Pedro 1:6-8).

Versículo para memorizar durante la semana:

“Yo soy la vid, y ustedes las ramas. El que permanece unido a mí, y yo unido a él, da mucho
fruto; pues sin mí no pueden ustedes hacer nada. El que no permanece unido a mí, será
echado fuera y se secará como las ramas que se recogen y se queman en el fuego” (Juan 15:5,
6. Versión Popular).
Segunda Parte Discipulado

©Manual de Discipulado II
Vida Cristiana Práctica

Ps. Fernando Alexis Jiménez

Ministerio de Evangelismo y Misiones


Heraldos de la Palabra

“...Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id y haced discípulos a


todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo,
y enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado. Y yo estoy con
vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:18-29).

Para reproducción masiva pedir permiso al autor o sus editores escribiendo a:


Ps.Fernando@adorador.com

Pág.35
Manual de Discipulado II – Vida Cristiana Práctica

INTRODUCCIÓN

Cuando tomamos el tiempo necesario para hacer un análisis concienzudo sobre la situación
de Evangelización en Latinoamérica, generalmente llegamos a dos conclusiones: la primera, que
actualmente no se está haciendo especial énfasis a la evangelización masiva en las calles, y la
segunda, que es necesario fortalecer los procesos de discipulado y liderazgo para asegurar la
conservación en la fe de quienes hicieron decisión de fe por Jesucristo.

Aunque a primera vista luzcan como hechos aislados, una mirada más cuidadosa nos
mostrará que si nos limitamos a evangelizar solamente a quienes van a nuestros templos,
habremos retrocedido en el proceso que nos enseñó el Señor Jesús, y que era el de buscar las
almas donde quiera que estuvieran. Él no esperó que las multitudes fueran a Él. Fue Él quien
salió en búsqueda de las multitudes para anunciarles la venida del Reino de Dios.

Otro elemento que aprendemos, es que si bien es cierto hay registro de nuevos creyentes, a
menos que sea una iglesia en la que se haga un pastoreo personalizado a cada persona que
llega, éstas terminarán por irse tan sorpresivamente como vinieron. Las vicisitudes de la
cotidianidad así como las asechanzas de nuestro enemigo espiritual, Satanás, llevarán a que
experimenten un revés en el crecimiento personal y espiritual al que están llamadas.

Y un tercer aspecto que no podemos ni debemos desconocer: a menos que se formen


nuevos líderes que asuman la tarea de extender las Buenas Nuevas y discipular a los
convertidos a Cristo, cada pastor habrá construido su “propio reino” a partir de la iglesia que fue
llamado a ministrar.

Al revisar lo que acabo de decir, encontrará que todo forma parte de una cadena:
1.- Evangelizamos masivamente. 2.- Discipulamos a los convertidos. 3.- Formamos nuevos
líderes que prosigan la obra.

Tres componentes de una misma tarea. Ninguna funciona bien sin la otra. Están ligadas
entre sí, intrínsecamente.

Para sumarnos a este proceso, iniciamos la publicación del MANUAL DE DISCIPULADO II,
que pretende afianzar aquellas bases que aprendió el creyente en el Señor Jesús, y proyectarlo
hacia el Liderazgo. Las Ovejas traen más Ovejas. Y si preparamos a los cristianos para ganar
más almas para el Reino de Dios, avanzaremos a pasos sólidos y agigantados hacia la meta que
tenemos: Colmar a América Latina con el Evangelio de Salvación.

Para quienes hemos trabajado en la elaboración del material, y aquí deseo hacer especial
reconocimiento a mi hermano en la fe René Mondejar, constituye un gozo presentárselo a
pastores, obreros y líderes de todos los países.

Nuestra oración es que sirva como instrumento de capacitación y además, de apoyo en el


crecimiento del pueblo cristiano.

© Fernando Alexis Jiménez - Ministerio de Evangelismo y Misiones “Heraldos de la Palabra

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Manual de Discipulado II – Vida Cristiana Práctica

LECCION 13
LA SANTIDAD EN EL CRISTIANO

I.- VERSICULO PARA MEMORIZAR

"Como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera
de vivir; porque escrito está: sed santos porque yo soy santo". (I Pedro 1:15-16).

II.- ¿QUÉ DICE LA BIBLIA ACERCA DE LA SANTIDAD?

Cuando damos una mirada a la vida cristiana, descubrimos que tú y yo estamos llamados a
vivirla a plenitud pero también, a conciencia. No es asunto simplemente de pasar al frente
cuando escuchamos al predicador y decir que “recibimos a Jesús” como nuestro Señor y
Salvador. Ser cristiano es mucho más. Implica compromiso. Y el compromiso lo testimoniamos
con santidad de vida.

El texto con el que iniciamos la Primera Lección, en la primera cara de Pedro, capítulo 1
versículos 15 y 16, nos enseña varios aspectos que debemos tener presentes siempre:

1.- Un llamamiento específico.- Tú y yo no somos el producto de un accidente histórico y


no profesamos la fe cristiana porque sea parte de la moda. En absoluto. Somos cristianos
porque con esa designación se identifica a quienes somos seguidores del Señor Jesucristo.
Militamos en su ejército. Hemos adoptado la decisión firme de caminar tomados de su mano.

Dios nos llamó. Nos sacó de una vida sin sentido y sin propósito. Él quiere que nuestra
existencia tenga un norte. No que andemos, como un barco a la deriva, de aquí para allá, sin un
puerto seguro en el cual atracar. ¿Has meditado en ese llamamiento? Ir a la iglesia o quizá
escuchar al predicador en la radio o la televisión o aquella persona que te habló de Cristo, no
llegaron a tu camino así como así; sin duda, el que te testificaran del Hijo de Dios obedece a un
Plan concebido con antelación por Dios el Padre para que seas salvo.

2.- Dios es santo.- Quien nos llamó es Dios. Lo hizo para que viviéramos una existencia
plena, absolutamente renovada, dinámica, con un crecimiento permanente en todas las áreas. A
nivel personal y espiritual. Y Dios es santo. Es algo que no podemos olvidar jamás. No comparte
el pecado. No es lo que espera de nosotros. Espera, como lo describe el apóstol Pedro, que
haya en ti y en mi, santidad en nuestros pensamientos y acciones.

3.- La santidad, un compromiso.- Si fuimos llamados por Dios, y Él es santo, sin duda lo
que espera de nosotros es que seamos un pueblo escogido, santo, que camina siempre delante
de su presencia sin mancha.

El imperativo de nuestro amado Padre para nosotros es que “sean santos, como yo soy
santo”. No es algo opcional. Es lo que Él espera de ti y de mí. Santidad por encima de las
circunstancias. Santidad en todo momento. Santidad como característica esencial de nuestro
testimonio cristiano.

La santidad es necesaria

Cuando hacemos un estudio cuidadoso acerca de los planteamientos que hallamos en la


Biblia respecto de la santidad, hallamos que es una necesidad para el cristiano. Se debe reflejar
en nuestro desenvolvimiento cotidiano, tal como lo plantea el autor sagrado: “Procuren estar en

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paz con todos y llevar una vida santa; pues sin la santidad, nadie podrá ver al Señor”
(Hebreos 12:14. Versión Popular).

Pero hay algo más que deja expuesto, y es que sin la santidad, nadie verá a Dios. O sea que
no es posible andar con un pie en la mundanalidad y otra en las cosas sagradas, y pretender que
en nuestro desempeño estamos agradando a Dios.

Quien obra así, está gobernado por la carne y por mucho que se esfuerce, no hará más que
desagradar a Dios. ¿La razón? Es común escuchar a quienes dicen amar al Señor, pero lo
niegan con sus hechos.

Sin duda tú que ya cumpliste una primera fase en tu formación de Discipulado: “La Vida
Cristiana Práctica”, deseas ser un Líder, alguien útil en la obra de extensión del Reino de Dios
que lleve otras almas a los pies de Cristo. Si es así, debes tener en cuenta que un imperativo
para ti es la Santidad.

¿Es posible lograrla? Sin duda que sí, en la medida en que dependemos del Señor
Jesucristo como nuestro Salvador y Guía. Si por el contrario pretendemos lograrlo en nuestras
fuerzas, estaremos irremisiblemente condenados al fracaso.

Definiendo qué es una vida santa

Ahora, es probable que te preguntes. ¿Qué es una vida santa? ¿Cómo podríamos definirla?
Pues bien, una vida santa es la que lleva quien se aparta de toda práctica de pecado y consagra
sus esfuerzos al servicio a Dios y a sus semejantes. En esencia es marginarse de todo aquello
que, a conciencia, sabemos que es desagradable delante del Señor.

El apóstol ofreció una definición bastante sencilla pero práctica acerca de lo que significa la
santidad que el amado Padre celestial espera de nosotros: “Lo que Dios quiere es que
ustedes lleven una vida santa, que nadie cometa inmoralidades sexuales y que cada uno
sepa dominar su propio cuerpo en forma santa y respetuosa, no con pasión y malos
deseos como las gentes que no conocen a Dios. Que nadie abuse ni engañe en este
asunto a su prójimo, porque el Señor castiga duramente todo esto, como ya les hemos
advertido. Pues Dios no nos ha llamado a vivir en impureza, sino en santidad. Así pues, el
que desprecia estas enseñanzas no desprecia a ningún hombre, sino a Dios, que les ha
dado a ustedes su Espíritu Santo.” (1 Tesalonicenses 4:3-8. Versión Popular).

Observe que santidad está estrechamente asociada con un cambio de pensamientos y


actitudes hacia Dios y hacia nuestro prójimo. Lo uno no puede estar al margen de lo otro.

Pero si ahondamos más, encontraremos la concepción que Jesucristo transmitió a sus


discípulos, y por supuesto a nosotros, en torno a lo que es la santidad y cómo se evidencia
“Jesús le contestó: —El primer mandamiento de todos es: ‘Oye, Israel: el Señor nuestro
Dios es el único Señor. Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con
toda tu mente y con todas tus fuerzas.’ Pero hay un segundo: ‘Ama a tu prójimo como a ti
mismo.’ Ningún mandamiento es más importante que estos.” (Marcos 12:29-31. Versión
Popular).

La santidad, entonces, glorifica a Dios. Es nuestro tributo y reconocimiento a la Salvación


que trajo a nuestra existencia.

Cuando se pone de manifiesto en nuestro ser que hay santidad, es evidente también que se
produce un crecimiento en el área espiritual. Está íntimamente relacionado con la disposición de
ser santos, en consonancia con lo que Dios espera de ti y de mí.

Una pregunta final, ¿qué impide la santidad en nosotros? Ante todo, el ánimo carnal o
pecado heredado. Nacimos con él. Pero podemos sobreponernos, si andamos tomados de la
mano del Señor Jesucristo. Él nos dará la victoria.

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III.- RETOS EN LA VIDA CRISTIANA PRÁCTICA

1.- Tú estás dando pasos firmes hacia el servicio en la obra de Jesucristo. ¿Te has
preguntado qué implica la santidad para ti?

2.- ¿Has identificado los elementos que impiden que haya santidad en tu vida?

3.- ¿Es posible alcanzar la santidad en nuestras fuerzas? Explica por qué.

4.- ¿Recuerdas qué espera Dios de su pueblo?

5.- ¿Podrías mencionar una de las características de Dios que hemos estudiando en la
presente Lección?

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Manual de Discipulado II – Vida Cristiana Práctica

LECCIÓN 14
LA CONSAGRACIÓN EN EL CRISTIANO

I.- VERSICULO PARA MEMORIZAR

“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros
cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional” (Romanos
12:1).

II.- ¿QUÉ DICE LA BIBLIA ACERCA DE LA CONSAGRACION?

Cuando vamos a las Escrituras en procura de descubrir qué nos enseñan respecto a la
Consagración, aprendemos dos cosas. La primera, es que parte de una decisión personal, de
caminar agradándole al Señor en todo cuanto pensamos y hacemos. La segunda, como verás un
poco más adelante, es que Dios es la santificación y consagración misma. Es decir, Dios nos
consagra para Él.

El apóstol Pablo escribió un pasaje extraordinario que te ampliará al respecto: “Así que,
hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en
sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional” (Romanos 12:1).

Observe cuidadosamente por lo menos tres cosas:

1.- Dios nos ayuda en el proceso de consagración. No estamos solos. Jamás lo hemos
estado ni lo estaremos en el proceso de crecimiento personal y espiritual. Por esa razón Pablo
les “ruega” a los cristianos de roma e, inmediatamente, invoca la misericordia divina. Porque
era en Dios y con ayuda de Dios como ellos se consagraban. ¿Te das cuenta, el asunto no
resulta tan difícil?

2.- Cada cual toma la decisión de consagrarse o no. Dios no nos obliga. Nos ofrece su
ayuda, pero no nos obliga. Y la consagración tiene estrecha relación con nuestro cuerpo. Es
tanto como someterlo a Él. Permitirle que se glorifique en nosotros. Que sea nuestro Padre
pero además, quien gobierne nuestros pensamientos y acciones.

3.- Nuestra consagración, agrada a Dios. Dios espera hijos entregados a Él. Que le
honren. Que le glorifiquen. Que anden en su temor. Por este motivo, estamos llamados a
reevaluar cómo está nuestra vida delante de Él y pedirle que nos ayude aplicando los ajustes y
transformación que somos conscientes, necesitamos en nuestro ser.

¿Y la inclinación al pecado?

Somos conscientes que, como hombres y mujeres de Dios, estamos siempre expuestos a la
tentación del pecado. Sin embargo, si avanzamos tomados de la mano del Señor Jesucristo,
podemos vencer. Nada nos detendrá. “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a
nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es
fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:8,
9).

Por supuesto, Dios sabe las enormes luchas que libramos cada día; sobre todo con el deseo
de hacer lo que—sabemos de antemano—no agradará al Creador. Pero si estamos en el
propósito de consagrarnos, cuando esas tentaciones vengan a nuestra existencia, iremos a

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Jesucristo en procura de su fortaleza para vencer. ¿Has meditado en el asunto o quizá sigues
batallando en tus fuerzas? Hoy es el día de que dependas de Jesucristo para vencer en todas las
áreas de tu vida.

El plan original de Dios es que tú y yo vivamos en santidad, consagrados a Él, tal como lo
describe el autor sagrado: “Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante
su propia sangre, padeció fuera de la puerta. Y de hacer el bien y de la ayuda mutua no
os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios” (Hebreos 13:12, 16).

No es algo opcional. La consagración y santidad delante de Dios, son un mandato para tu


existencia.

Tú tienes la capacidad de elegir

Si en tu corazón hay una determinación de consagrarte y ser santo delante de Dios, podrás
lograrlo. Él te ayudará. La Biblia deja claro que se trata de una determinación personal, en lo
más profundo de nuestro corazón, que nos alienta a seguir adelante: “En este día pongo al
cielo y a la tierra por testigos contra ustedes, de que les he dado a elegir entre la vida y
la muerte, y entre la bendición y la maldición. Escojan, pues, la vida, para que vivan
ustedes y sus descendientes; amen al Señor, séanle fieles, porque de ello depende la vida
de ustedes y el que vivan muchos años en el país que el Señor juró dar a Abraham, Isaac y
Jacob, antepasados de ustedes” (Deuteronomio 30:19, 20. Versión Popular).

Si estamos en consagración delante de Dios, podremos servirle eficazmente en la


proclamación del Evangelio transformador de Jesucristo. ¿Habías meditado en este aspecto tan
importante de la vida cristiana?

Infinidad de personas anhelas ser poderosos ministros en manos del Señor, pero pese a ello,
no dan testimonio de vida. Estás más desubicados que cualquier pecador. Claro, alguna vez
aceptaron a Cristo pero, antes que serle fieles, caminan con un pie en el mundo y otro en las
cosas de Dios. Son senderos no son rectos.

Es importante que recuerdes aquí las enseñanzas del Señor Jesús. “Y llamando a la gente
y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mi, niéguese a si mismo, y
tome su cruz, y sígame” (Marcos 8:34).

Tus elecciones deben ser correctas. Y en lo que respecta a la vida cristiana, mucho más. La
Biblia es clara en cuanto a la consagración y santidad. La decisión en torno a qué camino
tomar, es tuya y nada más que tuya.

III.- RETOS EN LA VIDA CRISTIANA PRÁCTICA

1.- ¿Has tomado la decisión de consagrarte a Dios? Este día es propicio para hacerlo. Des de
ahora. Ya mismo.
2.- ¿Has meditado en el hecho de que decidir consagrarte es una decisión personal y que, si
bien es cierto, nadie te obligará, tampoco nadie tomará la decisión por ti?
3.- ¿Ya descubriste cuáles son los elementos de tu vida personal, quizá los hábitos
pecaminosos, que te impiden una plena consagración delante de Dios?
4.- ¿Estás dispuesto a depender del Señor Jesucristo para vencer el asedio de las
tentaciones que te llegan a diario?
5.- ¿Has meditado en el hecho de que, si deseas servir en la obra del Señor, debes andar en
consagración?
6.- ¿Qué piensas respecto a las enseñanzas que aprendemos en la Biblia respecto a la
consagración y la santidad?

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Manual de Discipulado II – Vida Cristiana Práctica

LECCIÓN 15
LOS DONES ESPIRITUALES

I.- VERSICULO PARA MEMORIZAR

"Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos
administradores de la multiforme gracia de Dios". 1 Pedro 4:10.

II.- ¿CUÁL ES LA PERSPECTIVA BIBLICA RESPECTO DE LOS DONES?

Cuando vamos a las Escrituras aprendemos que Dios otorga dones –entiéndase un regalo
inmerecido en materia espiritual—a cada uno de los creyentes, con el propósito de que puedan
ejercer su ministerio al interior y exterior de la iglesia, edificando a los demás en la fe.

Tales dones no se alcanzan por méritos propios, capacitación teológica o tras escalar
determinados peldaños en la vivencia de Cristo, sino como una gracia de nuestro amado Padre.

Es necesario que diferenciemos los dones de los talentos. Los primeros son provistos por
Dios desde el ámbito espiritual aunque ejercen influencia en el plano material, y los segundos
son el conjunto de características y habilidades en un creyente, que le permiten ser
instrumentos útiles en el reino de Dios. Son materiales, tienen aplicación en el mundo material
aunque con ellos se puede influenciar positivamente en el mundo espiritual.

Se adquiere un don esencialmente por fe. Y son para ministrar al pueblo de Dios. Aquél que
hace buen uso de los dones es a quien llamamos ministro. Usted como creyente, ahora que está
activo sirviendo al Señor en su iglesia o se prepara para ello, es un ministro. ¿Por qué ministro?
Porque ministra la multiforme gracias de Dios a su pueblo.

Es necesario que tengas en cuenta que:

1.- Hay que poner los dones al servicio de la iglesia.

Cuando hacemos una lectura cuidadosa del texto de Pablo en su carta a los Romanos
capítulo 12 versículos del 4 al 8 y tomamos especial cuidado del versículo 6 que a la letra
dice:”Pero Dios en su generoso amor le ha dado a cada uno dones diferentes” (Versión La
Biblia, la Palabra de Dios para todos).

Posteriormente en su primera carta a los Corintios (12:8-10) complementa el asunto y dice:


“Todo lo hace un solo Espíritu y él decide lo que le da a cada cual”.

Observe que es Dios quien dispone de qué manera nos dota con los dones. No es por
nuestra condición o bajo la pretensión de presionar a Dios. Él lo hace en su infinita voluntad.

2.- Dios concede dones específicos.

Cuando lees Efesios 4:11, aprendes que Dios concede dones específicos conforme nos vaya
a utilizar en la obra del reino. “Cristo mismo le dio dones a la gente: a unos, el don de ser
apóstoles; a otros el ser profetas; a otros el de anunciar las buenas noticias; y a otros el
de ser pastores y maestros.” (Versión La Biblia, la Palabra de Dios para todos).

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Cuando se produce la manifestación de tales dones, es para que seas siervo fiel y útil en la
iglesia, como anota el apóstol Pablo: “Él dio esos dones para preparar a su pueblo santo
para el trabajo de servir al cuerpo de Cristo. Este trabajo debe continuar hasta que
estemos todos unidos en la misma fe y en el mismo conocimiento del Hijo de Dios.
Debemos seguir creciendo hasta que seamos maduros como Cristo y compartamos su
perfección” (Efesios 4:12, 13. Versión La Biblia, la Palabra de Dios para todos).

Tú no puedes quedarte quieto. Debes estar activo. Es lo que Dios espera de ti cuando sirves
en Su obra.

Es importante aquí que recordemos el origen griego de la palabra “don”. Significa


“carisma”. Lo interpretamos en nuestro contexto como una gracia, facultad milagrosa o un
favor especial. Es sin duda algo que el creyente no merece ni puede obtener por fuerza propia.

3.- El Espíritu Santo se manifiesta en el cristiano con los dones.

En las Escrituras aprendemos que recibimos el sello del Espíritu Santo cuando recibimos la
Salvación en el Señor Jesús. Y, es el texto sagrado el que nos dice que el Espíritu Santo se
manifiesta en el cristiano con los dones: “El Espíritu se muestra de manera diferente en
cada uno para beneficio de todos” (1 Corintios 12:7. La Biblia, la Palabra de Dios para
todos).

¿Qué papel juega en todo éste proceso tu pastor o líder? Un papel muy importante como
quiera que son quienes nos orientan en el proceso de descubrimiento y el desarrollo de los
dones entre los miembros de la iglesia.

4.- Descubriendo los dones espirituales.

Como quiera que en las Escrituras que hemos visto aprendemos que cada creyente tiene
como mínimo un don, es necesario identificarlo y usarlo para el cuerpo de Cristo. ¿Tienes claro
este aspecto? Pues bien, a continuación te sugerimos algunos pasos que consideramos
esenciales en el descubrimiento y desarrollo de los dones espirituales.

4.1.- ¿Estás cumpliendo los deberes de la vida cristiana?

En consonancia con Romanos 12:1-3, es esencial que cumplas con los deberes que te
asisten como discípulo del Señor Jesús. Tu vida es el sacrificio vivo a Dios. Debes agradarle en
tu andar. ¿Cómo hacerlo? Mediante una estrecha dependencia de Él. No en tus fuerzas sino en
las de Él.

Es necesario que se produzca una transformación en nuestra forma de pensar y de actuar,


que son los pilares de una vida de testimonio cristiano.

4.2.- ¿Estás sirviendo en la obra de Dios?

Es probable que no estés sirviendo, no tanto porque no hayas tenido una manifestación del
Espíritu Santo con un don, sino porque todavía albergas temores, ansiedad, incertidumbre,
inseguridad o simplemente no quieres comprometerte con la iglesia.

Pídele a Dios en oración que te muestre el don con el cual has sido bendecido y la forma
como vas a utilizarlo en la extensión del reino.

4.3.- ¿Siento alguna inclinación especial por el servicio o área específica en la que
puedo ser útil para la iglesia?

Constituye sin duda un indicador muy útil el que revises si hay alguna área del servicio en
la iglesia en la que sientes libertad y pleno desarrollo, porque probablemente allí es donde hay
un don manifestándose y será de bendición para el pueblo de Dios.

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III.- RETOS EN LA VIDA CRISTIANA PRÁCTICA

1.- ¿Has tomado conciencia de que, como cristiano, Dios te ha concedido dones que debes
mantener al servicio de Su reino?

2.- ¿Tienes clara la diferencia entre dones y talentos?

3.- ¿Has descubierto en tu vida negligencia o diligencia al hacer uso de los dones y talentos
en la extensión del reino de Dios?

4.- ¿Has hablado con tu pastor o líder acerca de la utilización de tus dones en el servicio en
la obra del reino de Dios? Si no lo has hecho, esta semana es el período oportuno para hacerlo.

5.- ¿Estás sirviendo en alguna área de la iglesia y te sientes cómo en ella, porque sabes que
eres útil? Si no has hecho esta reflexión, la harás esta semana.

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Manual de Discipulado II – Vida Cristiana Práctica

LECCIÓN 16
LA NECESIDAD DE SER PERDONADO Y PERDONAR

I.- VERSÍCULO PARA MEMORIZAR

"Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándonos unos a otros, como
Dios también os perdonó a vosotros en Cristo". Efesios 4:32.

II.- ¿QUÉ IMPORTANCIA TIENE EL PERDÓN?

Cuando vamos a las Escrituras, aprendemos que el perdón reviste una importancia única. Es
trascendental para ti. ¿Por qué razón? Porque se orienta en tres direcciones: de un lado
recibimos el perdón de Dios, en segundo lugar recibimos el perdón de aquellos a quienes hemos
ofendido, y tercero, tú y yo debemos perdonar a quienes nos han causado algún daño.

Cuando el apóstol Pablo aborda el asunto e instruye que seamos “benignos”, no está
diciendo otra cosa que es menester que tú y yo seamos moralmente buenos, benevolentes,
amables. Ese es su significación en el griego. Y es apenas natural corroborar que aquél que es
benigno, mantiene unas excelentes relaciones interpersonales, además de que su relación con
Dios es óptima.

1.- El proceso comienza con pedir perdón

Si comprendes que el perdón no es un asunto trivial sino que por el contrario es muy serio
para tu crecimiento personal y espiritual, debes comenzar pidiendo perdón a Dios por tus
fallas.

Esa es la instrucción que recibimos del apóstol Juan: “Si decimos que no tenemos pecado,
nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos
nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda
maldad” (1 Juan 1:8, 9).

Toma nota del hecho de que si recibes el perdón divino, se te quita un gran peso de
encima, retorna la tranquilidad a tu vida y puedes comenzar de nuevo. El perdón del Señor es
posible gracias al sacrificio de Jesús en la cruz. El murió por tus pecados y los míos y nos limpió
en la cruz.

Sin duda Satanás vendrá a inquietarte a recordar tus pecados de antaño, pero debes tener
en cuenta que cuando Dios perdona, lo hace de una vez y para siempre, como lo indica el autor
sagrado: “Cuando está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras
rebeliones” (Salmo 103:12).

No tiene sentido, entonces, que nos sigamos atormentando por lo que hicimos ayer ya que,
si hemos ido a la presencia de Dios con arrepentimiento sincero y con una auténtica decisión de
cambio, el perdón es nuestro.

2.- Si Dios me perdonó, debo perdonar a los demás

Recibir el perdón de Dios pero guardar rencor hacia quienes nos ofendieron, sería una
actitud egoísta y por supuesto, muy distante de lo que Dios espera de ti.

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El Señor Jesús enseñó: “Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que
tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda,
reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda”(Mateo 5:23,
24).

Nuestro amado Hacedor espera que no solo expresemos exteriormente nuestra fe y amor
hacia Él sino que también lo manifestemos con nuestras acciones, limpiando el corazón de
resentimiento, odio y amargura. Sin duda alguna, ése no es el plan que tiene para ti y para mí.

3.- Perdonar mejora mi relación con Dios, conmigo y con los demás

¿Has meditado en los muchos beneficios que trae pedir perdón y ser perdonado? En primera
instancia mejora tu relación con Dios, segundo, contigo mismo y tercero, optimiza tus
relaciones interpe4rsonales.

Dice el autor sagrado: “Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no


me habría escuchado. Mas ciertamente me escuchó Dios; atendió a la voz de mi súplica”
(Salmo 66:18, 19).

La Biblia nos enseña además que si perdonamos a otros, Dios nos perdonará. Y por supuesto
que deseas el perdón divino, ¿cierto? Aquél que no perdona, tal como lo aprendemos en las
Escrituras, es estorbado por una profunda raíz de amargura que echa a perder su vida (léase
Hebreos 12:15).

Es importante que revises hoy tu vida y te dispongas a ser tratado por Dios en el área de
recibir perdón y perdonar. ¡Tu vida será transformada!

III.- RETOS EN LA VIDA CRISTIANA PRACTICA

1.- ¿Has pedido perdón a Dios por tus pecados?

2.- ¿Piensas dejar para otro día el paso de ponerte a cuentas con Dios?

3.- ¿Albergas rencor y resentimiento en tu corazón hacia otras personas?

4.- ¿Qué pasos has dado para perdonar?

5.- ¿Descubriste ya qué es lo que te dificulta en el proceso de perdonar?

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LECCIÓN 17
VIDA CRISTIANA CON HECHOS

I.- VERSÍCULO PARA MEMORIZAR.

"No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.
Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien, y mayormente a los de la familia de la
fe". (Gàlatas 6:9, 10).

II.- ¿QUÉ IMPORTANCIA TIENEN LOS HECHOS DEL CRISTIANO?

La Vida Cristiana Práctica, como su expresión lo manifiesta, lleva al plano real lo que dices.
No puedes quedarte únicamente en la dimensión de la teoría. Aprender versículos, saber
mucha teología pero no materializar el amor al prójimo y brindarles ayuda cuando más lo
necesitan, es vivenciar la religión a nuestra manera, sin sentido, con muchos vacíos.

1.- Obrar bien es un imperativo, no una opción.

Obrar bien no es algo que decidamos si queremos hacerlo o no. Pablo escribe: “No nos
cansemos, pues, de hacer bien” (versículo 9a). Es imperativo. En otras palabras, ineludible.
Por supuesto, alrededor tuyo encontrarás quienes aplican los versículos bíblicos que les
convienen. Son especialistas en recordar pasajes Escriturales para su conveniencia. Pero
llegado en momento, se quedan en meras palabras. ¿Has meditado en este asunto? ¿Acaso eres
tú uno de aquellos cristianos de imagen únicamente? Si es así y conforme avanzas en este
proceso de discipulado, debes pensar en la necesidad de imprimir cambios a tu caminar con
Jesucristo.

Es probable incluso que te hayas tornado insensible. Suele ocurrir. Estamos tan
acostumbrados a lo que ocurre alrededor, que nada nos conmueve. Pues bien, debes tener
mucho cuidado porque ser cristiano implica justamente vivir a Cristo, seguirle a Él, obrar
conforme nos enseñó y aprendemos en las Escrituras.

2.- Obrar bien trae bendición

Detrás de hacer el bien, se encierra una maravillosa promesa, como lo describe el apóstol
Pablo: “… porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.”(Versículo 9 b). De acuerdo
con lo que leemos, si perseveramos obtendremos bendición. El bien que hagamos se revierte.
Es un premio a nuestra actitud, de corazón y de pensamiento.

Pero observa además que debes ser perseverante. Obrar bien un día a la vez, sin dejar de
lado esta disposición. No puedes ser bondadoso hoy y mañana querer actuar a tu manera. Ese
no es el plan de Dios para ti.

El pasaje bíblico que leemos hoy, nos enseña asimismo es necesario manifestar nuestro
amor y solidaridad cristianas a todas las personas, sin dejar de lado a aquellos que pertenecen
a la familia de la fe, es decir, quienes se congregan contigo en la iglesia.

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3.- Una actitud de servicio

Como creyentes, estamos llamados a manifestar un espíritu de servicio a los demás. Y sólo
podemos desarrollarlo en la medida en que cultivemos la humildad y la sencillez en nuestro
corazón. Recuerde que se puede ser sencillo pero no humilde e igual, ser humilde pero no
sencillo.

El Señor Jesús nos ofreció una tremenda lección en un pasaje bíblico muy conocido por
todos: “Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el
Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los
unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, así también
hagáis” (Juan 13:12-15).

Aquél a quien todos seguían, se despojó de su investidura para ser el más humilde. Ellos
mismos no podían creer lo que estaba ocurriendo. Y en tu vida, ¿estás dispuesto a servir con
entrega total o siempre encuentras una razón para no hacerlo?

Por último hay un versículo que vale la pena considerar. Forma parte de las enseñanzas del
amado Hijo de Dios: “así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido
ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos” (Lucas
17:10).

Nuevamente pone de relieve la trascendencia de servir y hacer mucho más de aquello que
nosotros consideramos, es único y sobresaliente.

III.- RETOS EN LA VIDA CRISTIANA PRÁCTICA

1.- ¿Has meditado acerca de si llevas a la práctica todo aquello que has aprendido en las
Escrituras?

2.- ¿Qué has hecho para modificar aquellas actitudes que, con base en lo aprendido en la
Biblia, sabes que no agradan al Señor?

3.- ¿Cuál es tu actitud frente a hermanos en la fe cristiana cuando enfrentan algún tipo de
necesidad?

4.- ¿Ha descubierto si en ti hay un espíritu de servicio a los demás o por el contrario, elude
prestar ayuda a quienes lo necesitan?

5.- ¿Acaso has descubierto que todavía anidan en tu corazón el orgullo y la autosuficiencia?
¿Qué aprendiste hoy en las Escrituras para aplicarlo a la vida cristiana práctica?

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Manual de Discipulado II – Vida Cristiana Práctica

LECCIÓN 18
EL CRISTIANO Y LAS RELACIONES INTERPERSONALES

I.- VERSÍCULO PARA MEMORIZAR.

"Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres".
Romanos 12:18

II.- ¿QUÉ IMPORTANCIA TIENEN LAS RELACIONES INTERPERSONALES?

¿Por qué dedicarle una Lección específicamente dirigida a abordar el tema de las
relaciones interpersonales? Si te has formulado esta pregunta, la respuesta es sencilla: porque
es cuando tenemos buenas relaciones con los demás, cuando comenzamos a evidenciar si en
verdad Jesucristo está obrando en todas las áreas de nuestro ser o por el contrario, seguimos
actuando en la carne.

1.- En cuando dependa de nosotros

En el cristiano debe existir la mejor y mayor disposición para mantener unas buenas
relaciones con su prójimo. Parten de una comunicación eficaz, en la que no impongamos
nuestros criterios y comprendamos que, en cada momento, estamos construyendo una relación.

El apóstol Pablo es muy claro al advertir que es necesario tú y yo no podemos desechar el


trato con los demás cuando surge la más mínima desavenencia. Por el contrario, debemos
tomar nota de su instrucción: “Si es posible, en cuanto dependa de vosotros...”

Analiza con detenimiento y descubrirás que muchas veces pudiste zanjar alguna diferencia
pero, fruto de tu orgullo, no quisiste admitir un error. Preferiste que la diferencia se
profundizara hasta convertirse en un problema.

Cuando es posible, es menester que tengamos un trato afable, comprensivo y tolerante con
todas las personas que se encuentran alrededor. Es cierto que algunas son difíciles, pero, ¿has
pensado que Cristo Jesús les ama y cuál sería el grado de amor que les brindaría a pesar de sus
defectos?

2.-La paz en nuestra vida, ¿para qué sirve?

Para que podamos tener paz en nuestras relaciones interpersonales, es importante que
primero haya paz en nuestro corazón. Tú tienes que anidarla en lo más profundo de tu ser.

Si nos remitimos al Antiguo Testamento, descubrimos que la palabra hebrea que traduce
paz es “Shalom”, que significa salud, bienestar y prosperidad. En el Nuevo Testamento, el
término para paz es usado con la significación de unidad, prosperidad, quietud y reposo.

Sobre esta base, aprendemos que paz no solamente está estrechamente relacionada con la
ausencia de conflicto, sino también con armonía y tranquilidad interior.

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3.- ¿Cuál es el propósito de Dios?

El propósito eterno de Dios para nosotros es que la paz reine en nuestras relaciones. Como
recordarás, hemos visto que esa paz debe primar en nuestra relación con Dios, con nosotros y
por supuesto, con los demás.

Ese grado de armonía interior es posible tenerlo con nuestro Supremo Hacedor como con
nosotros, cuando leemos cuidadosamente el texto de Romanos 5:10: “Porque si siendo
enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando
reconciliados, seremos salvos por su vida.”.

Si bien es cierto estábamos distanciados del Padre, el sacrificio en la cruz de su amado Hijo
eliminó la brecha que nos separaba. Trajo paz. Es real. Tú puedes y debes experimentarla.
Significa que no hay nada que te acuse ni se convierta en carga para el corazón, porque Dios te
perdonó. Lo hizo por amor. Y así mismo tú debes perdonar a tu prójimo.

Este principio queda ilustrado con otro pasaje bien importante, que tú encontrarás en la
carta del apóstol Pablo a los cristianos de Roma: “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz
para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo...” (Romanos 5:1).

En tales circunstancias, tenemos la sensación de tranquilidad que tanto anhelábamos. “Y


todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el
ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo,
no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra
de la reconciliación. “ (2 Corintios 5:18, 19).

¿Qué hay que impida que tú—con todas las características de un vencedor que te rodean
ahora—puedas relacionarte bien con todos?

Hoy es el día para comenzar una existencia renovada, pidiendo a Dios la fortaleza
necesaria para mantener un adecuado y satisfactorio canal de comunicación con quienes te
rodean, lo que traerá paz a tu mundo interior y una buena relación con el Señor-

III.- RETOS EN LA VIDA CRISTIANA PRÁCTICA

1.- ¿Has meditado en el buen número de ocasiones en que pudiste mantener una buena
relación con tu prójimo pero fruto de tu orgullo, no aceptaste algún error?

2.- ¿Miras a los demás desde la perspectiva humana, sujeta a rencores y motivos para
odiar, o por el contrario con el amor de Jesucristo?

3.- Si haces un análisis cuidadoso en tu interior, ¿puedes decir que tienes paz en todos los
órdenes? ¿Haz identificado qué roba tu armonía interior?

4.- ¿has evaluado qué es lo que impide que mantengas unas buenas relaciones
interpersonales con tu prójimo?

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Manual de Discipulado II – Vida Cristiana Práctica

LECCIÓN 19
EL CRISTIANO Y EL AMOR A LOS ENEMIGOS

I.- VERSÍCULO PARA MEMORIZAR.

“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió
por nosotros” (Romanos 5:8).

II.- ¿QUÉ POSICIÓN DEBEMOS ASUMIR FRENTE A LOS ENEMIGOS?

Sin duda tendrás, como suele ocurrir, personas alrededor que por diversas circunstancias,
motivadas o no, se convierten en antagonistas. Son enemigos que, si no han desarrollado la
capacidad de perdonar, te seguirán odiando por siempre. ¿Cuál ha sido tu posición frente a una
situación así? El propósito de la Lección de hoy es que analicemos el tema del amor a los
adversarios a la luz de la Biblia.

1.- Dios nos amó, aun cuando éramos sus enemigos.

Es evidente que al asumir una posición contraria a lo que Dios esperaba de nosotros, nos
convertimos en sus enemigos. Él desde siempre nos manifestó su amor, pero estábamos
distantes de Él porque queríamos hacer las cosas a nuestra manera.

Pese a ello, su amor siguió siendo ilimitado al punto de que, para eliminar la brecha que
nos separaba de Él, envió a su Hijo Jesús a morir por nuestros pecados. “Mas Dios muestra su
amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.”
(Romanos 5:8).

Se trata, sin duda, de un texto contundente. Fue necesario que Jesucristo vertiera su
sangre en la cruz para limpiar nuestras trasgresiones.

2.- Dios espera que perdonemos a los enemigos

Aquellos a quienes tú ves como enemigos, e incluso llegas a odiarlos, Dios en su infinita
misericordia los aprecia como seres que necesitan ser transformados y no abandona su amor
hacia ellos. ¿Irónico, verdad? Quien se desgasta odiando y manteniendo vivo el resentimiento
en su corazón eres tú.

Te invito para que leas un pasaje Escritural que arroja luces en torno al tema que venimos
tratando: “Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero
yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los
que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de
vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que
hace llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa
tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? Y si saludáis a vuestros hermanos
solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? Sed, pues, vosotros
perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.” (Mateo 5:43-48).

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El amor hacia quienes nos causan daño, es imperativo no opcional para ti y para quienes
profesamos fe en el Señor Jesús. Es más, el Señor Jesús nos invita a orar por ellos.
Preocuparnos porque las bendiciones lleguen a todos, pese a que ellos estén anhelando para
nosotros maldiciones.

¿Choca esto con la concepción que tenías de tiempo atrás, respecto a qué hacer con los
antagonistas? Sin duda que sí. Pero ahora, en tu condición de creyente, “las reglas de juego”
no son a tu manera, sino conforme Dios lo dispone.

Es la forma de agradar al Padre celestial, ahora en nuestra condición de hijos suyos.

3.- Dios obrará justicia frente a los ataques de los enemigos

La tendencia natural es que busquemos aplicar la justicia a nuestra manera. Pero, ¿es
acaso lo que espera Dios? Sin duda que no. Con base en nuestros criterios lo que haríamos sería
atizar el fuego del rencor.

El procedimiento a seguir fue marcado por el Señor Jesús cuando dijo: “No os venguéis
vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía
es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de
comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás
sobre su cabeza.” (Romanos 12:19, 20)

Dios es quien toma en sus manos la justicia. Él espera que no lo hagamos nosotros. Por el

contrario, estamos llamados a ser comprensivos, tolerantes y hasta amorosos con aquellos que

nos causan daño. Así no querramos admitirlo. Es una actitud a la que estamos llamados.

Desde hoy debes evaluar cuál es tu actitud frente a los enemigos y tomar la determinación
de avanzar, a pasos firmes aunque algunas veces parezcan lentos, en el propósito de ser
transformador en nuestros pensamientos y acciones con relación con quienes se convierten o
nosotros consideramos, los enemigos.

III.- RETOS EN LA VIDA CRISTIANA PRÁCTICA

1.- ¿Cuál es tu actitud frente a quienes se oponen e identificas como adversarios?

2.- ¿Se te ha dificultado perdonar a tales personas?

3.- ¿Has avivado el rencor hacia quienes tienes identificados como antagonistas?

4.- ¿Has meditado en el hecho de que Dios ama infinitamente a aquellos a quienes
consideras tus enemigos?

5.- ¿Oras por tus enemigos? Es hora que, desde hoy, comiences a hacerlo.

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Manual de Discipulado II – Vida Cristiana Práctica

LECCIÓN 20
EL CRISTIANO Y LA GUERRA ESPIRITUAL

I.- VERSÍCULO PARA MEMORIZAR.

“Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra
potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes
espirituales de maldad en las regiones celestes.” (Efesios 6:12).

II.- ¿QUÉ POSICIÓN DEBEMOS ASUMIR ANTE LA GUERRA ESPIRITUAL?

Cuando recibiste al Señor Jesús como único y suficiente Salvador, comenzaste un proceso que
no concluye cuando vas a la congregación, oras o lees la Biblia. Es mucho más complejo. Te
desenvuelves en dos mundos: el material y el espiritual.

Desde el plano material, enfrentamos oposición de quienes están alrededor y no quieren que
experimentemos el cambio y crecimiento personal y espiritual. En el plano espiritual, son
Satanás y sus demonios los que buscarán ponernos tropiezo. En esta Lección aprenderemos
valiosas pautas, con fundamento en la Biblia, para saber de qué manera enfrentar
exitosamente la guerra en la que estamos inmersos.

1.- Peleamos contra un ejército organizado.

Con frecuencia nos enfrascamos en librar la batalla que tenemos frente a nuestros ojos, pero el
apóstol Pablo advierte que el asunto va mucho más allá: “Porque no tenemos lucha contra
sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de
las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones
celestes.” (Efesios 6:12).

Además de adversario constante, Satanás y sus huestes son muy organizados. Observe que su
organigrama lo componen principados, potestades y gobernadores de las tinieblas de este siglo.

Aunque no podamos verlos, los demonios ejercen una singular influencia y así como Dios tiene
instrumentos para usarlos en la extensión de Su Reino y en hacer el bien, los espíritus de
maldad se valen de personas que están abiertas a la maldad.

Es evidente entonces que no debemos ni podemos librar la batalla en las fuerzas humanas sino
en las de nuestro amado Señor y Dios.

3.2.- El cristiano debe estar preparado para la batalla

Cuando leemos Efesios 6:10-20 que alude a la guerra espiritual de los hijos de Dios, indica que
se requiere de un lado de la intervención divina, de otra la humana y todos estos componentes
protegidos con una armadura especial que le invito a examinar cuidadosamente en las
Escrituras.

Es imperativo que no pasemos por alto esta realidad y, tal como expone el apóstol Pablo,
estemos dispuestos a dar la batalla: “Pues aunque andamos en la carne, no militamos según
la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios
para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta

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contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a
Cristo... ” (2 Corintios 10:3-5).

No podemos retroceder en nuestra lucha. Es necesario seguir firmes, adelante, dispuestos a no


rendirnos y menos, a volver atrás.

3.3.- Estamos llamados a vencer en la guerra espiritual.

Aunque Satanás y sus demonios nos venden la idea de que son muy poderosos, el verdadero
poder lo tenemos los hijos de Dios quienes somos llamados a vencer en el Nombre y poder de
Jesucristo.

No estamos ajenos al conflicto espiritual y físico y no podemos creer tampoco que el ser
cristianos nos torna exentos a los problemas que desencadena. Por el contrario, es algo
previsible, como describen las Escrituras: “Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado
de Jesucristo.... en el cual sufro penalidades, hasta prisiones a modo de malhechor; mas
la palabra de Dios no está presa. Por tanto, todo lo soporto por amor de los escogidos,
para que ellos también obtengan la salvación que es en Cristo Jesús con gloria eterna.” (2
Timoteo 2:3, 9, 10)

No obstante y aunque arrecien las batalles, nada ni nadie nos podrán vencer porque quien va
adelante, como poderoso capitán, es Cristo Jesús.

Sobre el particular, hay un texto revelador que debemos recordar ahora: “Tú, enemiga mía, no
te alegres de mí, porque aunque caí, me levantaré; aunque more en tinieblas, Jehová será mi
luz.” (Miqueas 7:8).

El propio apóstol Pablo, uno de los hombres de mayor reconocimiento en la propagación del
cristianismo, admitió: “Porque de cierto, cuando vinimos a Macedonia, ningún reposo tuvo
nuestro cuerpo, sino que en todo fuimos atribulados; de fuera, conflictos; de dentro,
temores.” (2 Corintios 7:5).

Quizá se pregunte, pero ¿cómo podemos vencer si por momentos nos sentimos débiles?

Jamás olvide que el Señor Jesús vertió su sangre por usted en la cruz. Esa sangre, como anotan
las Escrituras, es la que le lleva a la victoria: “Y ellos le han vencido por medio de la sangre
del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la
muerte.” (Apocalipsis 12:11).

Una de las tareas que tenemos para esta semana, es meditar en el conflicto en el que nos
vemos inmersos, aprestarnos a pelear con la armadura de Dios y depender en todas las
jornadas, hoy y mañana, del Señor Jesucristo.

III.- RETOS EN LA VIDA CRISTIANA PRÁCTICA

1.- ¿Cuál es tu percepción respecto a la guerra espiritual?


2.- ¿Habías meditado antes en la trascendencia de la guerra espiritual en la vida del cristiano?
3.- En el mundo espiritual, ¿has librado batallas en tus fuerzas o en las de Dios?
4.- ¿Estás preparado para librar la batalla, armado con la armadura espiritual?
5.- ¿Estás dispuesto a enfrentar los ataques del mundo espiritual fortalecido en Jesucristo el
Señor?

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LECCIÓN 21
EL ENEMIGO ESPIRITUAL AL DESCUBIERTO

I.- VERSÍCULO PARA MEMORIZAR.

“Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en
vosotros, que el que está en el mundo.” (1 Juan 4:4).

II.- ¿CONTRA QUIEN PELEAMOS?

Lo más difícil en todo enfrentamiento, es que cada uno de los bandos—al momento de la
batalla—conozca con quién se enfrenta. A menos que con antelación se hubiera contado con el
apoyo de espías, en el momento de la confrontación ni uno ni otros saben cuál es la capacidad
de guerra de sus contendores, cuántos son, qué planes tienen y el grado de efectividad en el
terreno de la pelea.

Es un cuadro gráfico respecto a la lucha militar. ¿Por qué lo compartimos contigo ahora? Porque
es esencial que estés preparado para guerrear contra Satanás y, si lo ponemos al descubierto,
tenemos asegurado que daremos pasos hacia la victoria, la cual como veremos un poco más
adelante, se materializa en el poder de Jesucristo.

1.- ¿Quién es Satanás?

Resulta interesante que, cuando vamos a las Escrituras, nos hallamos con una descripción muy
clara de quién es y de dónde proviene nuestro enemigo, Satanás.

El primer texto que te invito a considerar se encuentra en Isaías 1214, 15: “¡Cómo caíste del
cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las
naciones. Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de
Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte;
sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo. Mas tú derribado eres
hasta el Seol, a los lados del abismo.”

Con un análisis muy sencillo podrás descubrir varios aspectos interesantes:

1.- Satanás tuvo una posición privilegiada en el cielo, pero fue derribado.

2.- La decisión de arrojarlo fuera de la corte celestial, fue de Dios.

3.- Satanás ejercía poder –como aún lo hace pero ahora con engaños—sobre las naciones.

4.- El motivo por el que fue desterrado de la presencia de Dios fue por su orgullo, ambición de
poder.

5.- Satanás será condenado para siempre al infierno. No será él quien mande allí, sino uno de
los que pasará por siempre en el lago de fuego.

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Cuando tomamos conciencia del origen y peligros que encierra para la humanidad confiar en un
poder que no es el de Dios, hemos dado un paso de significación para desenmascarar a Satanás
y ponerlo en evidencia, junto con sus mentiras.

2.- ¿Que hará Cristo Jesús?

Actualmente Satanás ha desplegado todo su poder—limitado por supuesto—de ataque contra los
hijos de Dios. Contra ti y contra mí. Esa es la razón por la que muchos cristianos son
perseguidos, cuestionados o señalados por la sociedad y se dificulta la proclamación del
Evangelio. Pero no será siempre así.

Para descubrir lo que acontecerá con él, te invito para que vamos al libro de Apocalipsis, el
último de la Biblia: “Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama
diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles
fueron arrojados con él. Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido
la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha
sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de
nuestro Dios día y noche.” (Apocalipsis 12:9, 10).

Observa cuidadosamente que su papel, tal como lo leemos en ese pasaje, es “engañar al
mundo”. No obstante, cuando Jesús regresa por Su pueblo, se produce el juzgamiento de
nuestro adversario, y será lanzado a la perdición eterna.

Su labor de estar instigando a los creyentes, ponerles trampas y ridiculizarlos ante el mundo,
habrá terminado.

Satanás no es invencible como hace creer. Por el contrario, ya fue vencido por la preciosa
sangre que vertió nuestro Señor Jesús por tus pecados y los míos en la cruz.

3.- ¿Por qué Satanás tiene tanta acogida?

Cuando vemos por doquier el ocultismo y sus diferentes manifestaciones, entre ellas el
indudable y satánico avance de la Nueva Era, encontramos que las manos del adversario
espiritual están en medio.

Quienes le siguen son aquellos que se dejaron arrastrar por todas sus maquinarias y enredos,
tal como lo advirtió el Señor Jesús: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos
de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha
permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo
habla; porque es mentiroso, y padre de mentira.” (Juan 8:44).

La estrategia del diablo y su séquito de ayudantes es la mentira. Y siempre está en función de


esas maquinaciones. Por esa razón tú debes permanecer alerta. No permitir que te siga
engañando. Y si descubres que has caído en sus garras, renunciar ahora, hoy mismo, en este
instante, a todo aquello en lo que participaste y que, sabes, no honra ni glorifica al Padre
celestial.

Nunca permitas que, a fuerza de estratagemas y artilugios, él tome fuerza y gane terreno en tu
vida. Recuerda que, tal como advierten las Escrituras por mano de Pablo: “Y no es maravilla,
porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz.” (2 Corintios 11:14). También
advierte el apóstol: “Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva,
vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo.” (2
Corintios 11:3).

Como podrás apreciar es asunto de cuidado, del cual debemos tomar atenta nota.

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4.- ¿Cómo obtenemos la victoria?

La victoria sobre Satanás y sus artimañas está asegurada por la obra que el Señor Jesús hizo en

la cruz al morir por tus pecados y los míos. Puso al descubierto a Satanás.

El apóstol Juan describió el hecho de que tú y yo fuimos llamados a obtener el triunfo sobre los
ataques del adversario espiritual: “Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido;
porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo.” (1 Juan 4:4).

Tú tienes que tomar autoridad en Jesucristo. Él y nadie más que Él es quien nos hace

vencedores. Recuerda que en la cruz donde murió Jesús, que está vacía porque Él resucitó y

está con el Padre y pronto viene por Su pueblo—que somos tú y yo--, es donde vencemos:

“Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo,

y tome su cruz, y sígame.” (Mateo 16:24).

Por supuesto, los creyentes en Cristo Jesús enfrentamos dificultades. Pero no damos pie atrás.

Sabemos que fuimos llamados a sobreponernos a toda dificultad, por el poder de Jesucristo y

en el gobierno de Jesucristo.

III.- RETOS EN LA VIDA CRISTIANA PRÁCTICA

1.- ¿Has tomado tiempo para estudiar en las Escrituras quién es Satanás? En adelante, cada vez
que leas sobre este personaje malo, nuestro enemigo, tomarás atenta nota. Descubrirás que no
es tan “poderoso” como él le hace creer al mundo a través del ocultismo.

2.- ¿Estás prendido del Señor Jesús en oración para vencer los ataques que constantemente
envía Satanás en contra tuya?

3.- ¿Descubriste ya que Satanás será juzgado? Su destino será la condenación eterna. Una de
tus tareas es meditar en el hecho de que el Dios de poder en el que hemos creído sí es
poderoso, y en cambio, Satanás es un fanfarrón que anda formando problemas sin poseer el
poder que dice tener.

4.- ¿Estás moviéndote en el poder de Jesucristo o en tus fuerzas en la lucha que libras
diariamente contra los ataques de Satanás?

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Manual de Discipulado II – Vida Cristiana Práctica

LECCIÓN 22
LA INTEGRIDAD DEL CRISTIANO EN UN MUNDO SIN VALORES

I.- VERSÍCULO PARA MEMORIZAR.

"Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará en tu monte santo? El que


anda en integridad y hace justicia, y habla verdad en su corazón". Salmo 15:1,2.

II.- ¿ES IMPORTANTE LA INTEGRIDAD EN EL CRISTIANO?

La respuesta a este interrogante que sin duda te habrás formulado con frecuencia, es
definitivamente sí. La integridad identifica a los seguidores del Señor Jesús. Es como su
sombra. Una actitud que está estrechamente ligada a su existencia.

1.- Integridad, ¿cuándo evidenciarla?

La integridad debe estar presente en todos los pensamientos y acciones de quienes somos
seguidores del Señor Jesucristo.

Como lo podemos aprender en las Escrituras, constituye una actitud de vida que honra y
glorifica al Padre celestial, como lo describe el salmista: “Jehová, ¿quién habitará en tu
tabernáculo? ¿Quién morará en tu monte santo? El que anda en integridad y hace justicia,
y habla verdad en su corazón” (Salmo 15:1, 2. Ver Salmo 26:2).

Observa con detenimiento que andando rectamente, Dios se sentirá reconocido de ti, su hijo a
quien Él ama.

2.- Una lucha constante

Sin duda razonarás: “¿Qué hacer con mi naturaleza humana?” pensarás incluso que eres
proclive a fallar. Sin embargo, no puedes justificarte en absoluto.

El hecho de que tu condición de persona sujeta a la condición de pecado, te quiera arrastrar


constantemente, no puede llevarte a la resignación con una actitud similar a la que asume la
mundanalidad. ¡Tú fuiste llamado a ser diferente! Jamás olvides que ahora eres cristiano y,
como tal, llamado a ser íntegro. Es lo que se espera de ti en todo momento y bajo toda
circunstancia.

3.- Integridad: andar en el camino recto

Nuestras actitudes como cristianos se construyen a partir de asimilar las enseñanzas y ponerlas
en práctica.

Recordemos lo que leemos en la Biblia: “La integridad de los rectos los encaminará; pero
destruirá a los pecadores la perversidad de ellos” (Proverbios 11:3). Como es fácil deducir,
ser íntegro guía al andar de hombres y mujeres. Por tanto, te guiará a ti.

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III.- RETOS EN LA VIDA CRISTIANA PRÁCTICA

1.- Meditaré en la importancia que tiene asumir la integridad en mi vida como cristiano.

2.- Examinaré mi vida para determinar hasta qué punto la integridad está presente en mis
pensamientos y acciones.

3.- Revisaré los textos bíblicos para evaluar de qué manera tienen aplicación para mi vida.

4.- Asumiré la actitud cristiana de caminar en el sendero de la integridad.

© Fernando Alexis Jiménez - Ministerio de Evangelismo y Misiones “Heraldos de la Palabra

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Manual de Discipulado II – Vida Cristiana Práctica

LECCIÓN 23
¡ROMPE LAS CADENAS DE LA MUNDANALIDAD!

I.- VERSICULO PARA MEMORIZAR

“No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor
del Padre no está en él, porque nada de lo que está en el mundo—los deseos de la carne,
los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida—proviene del Padre, sino del mundo. Y el
mundo pasa, y sus deseos, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”
(1 Juan 2:15-17).

II.- ¿QUE SIGNIFICA APARTARSE DEL MUNDO?

Cuando hablamos de “apartarse del mundo” por supuesto habrá quienes salgan al paso para
orientarse hacia los extremos. Asocian la expresión con marginarse de todo y de todos. Pero,
¿es eso lo que espera Dios de ti y de mí? La respuesta a este interrogante es el asunto en torno
al cual gravita la Lección de hoy.

1.- Apartarse del mundo, un gran reto

Lo primero que debes es aprender es que “apartarse del mundo” representa un enorme reto
para el cristiano. ¿La razón? La sociedad circundante te ofrece múltiples alternativas a las que
deberás hacer frente si no quieres desviarte del camino de Salvación.

No hay lugar para opciones a medias. Estás en Cristo o no lo estás. Esa es la única respuesta.

2.- El Señor Jesús es quien te fortalece

Consciente de los enormes peligros que encierra el mundo y que se ciernen sobre el creyente,
el Señor Jesús clamó al Padre al referirse a los discípulos y también a nosotros: “No ruego que
los quites del mundo, sino que los guardes del mal” (Juan 17:15).

Un interrogante apenas natural: Si es tan complejo, ¿qué es el mundo? Si bien es cierto entre
los hebreos no había un término que describiera “mundo”, los griegos que influenciaron la
época y mundo en donde se desempeñó terrenalmente el Señor Jesús, lo identificaban como
“cosmos” tal como lo hallamos 183 veces en el Nuevo Testamento.

En primera instancia se refiere al universo. En segundo lugar, se refiere a la tierra, habitada


por los hombres. Por último, está relacionada con un sistema en el que se desenvuelve la
existencia, totalmente al margen de los principios de Dios y gobernado por Satanás, el
adversario (véase Juan 12:31; 2 Corintios 5:9 y 1 Juan 5:9).

El apóstol Pablo advierte que a los creyentes en Jesús les corresponde mantenerse al margen
de la mundanalidad y aconseja “… que seáis irreprochables y sencillos, hijos de Dios sin
mancha en medio de una generación maligna y perversa” (Filipenses 2:15. Cf. Efesios
2:2).

¿Cómo puedes vencer? Tomado de la mano del Señor Jesucristo. No hay otra posibilidad, ya que
de quienes no andan en Cristo dice el apóstol Juan: “Ellos son del mundo; por eso hablan de

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las cosas del mundo, y el mundo los oye” (1 Juan 4:5). Es necesario que te mantengas firme,
en Cristo.

2.- El Señor Jesús te libera de la atadura de la mundanalidad

Es probable que al revisar tu existencia descubras que estás todavía sujeto a los pensamientos
y deseos que te inclinan a la mundanalidad. ¿Qué hacer? La respuesta la ofreció el propio Señor
Jesucristo. Él dijo: “Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres” (Juan 8:36).

Por supuesto, esto implica que asuma en sus principios de vida cotidiana, la instrucción que
impartió el Maestro: “No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama
al mundo, el amor del Padre no está en él, porque nada de lo que está en el mundo—los
deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida—proviene del Padre,
sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos, pero el que hace la voluntad de Dios
permanece para siempre” (1 Juan 2:15-17).

¿Qué ocurrirá entonces? Que como es apenas natural, experimentaremos no solo el rechazo de
la sociedad sino también, las persecuciones.

Pero es esencial que tú seas radical en la decisión No se puede tener parte con el mundo y con
las cosas de Dios. ¿Recuerdas la parábola de Jesús acerca del sembrador? La hallarás en el
capítulo 18 del Evangelio de Lucas.

El versículo 18 explica, en palabras del Señor Jesús, que quienes no llevan fruto porque
cayeron entre los espinos son aquellos amadores de los placeres. No significa que nos
encerremos en casa distanciados de todo cuanto acontece alrededor sino, permanecer alerta a
las maquinaciones de Satanás porque siempre, a ti y a mí, querrá engañarnos (2 Corintios
2:11).

Siempre ten presente que, en la condición de cristianos, hemos sido llamados a ser luz del
mundo, con valores y principios diferentes, no con los mismos que mueven a todos aquellos que
no tienen a Cristo en su corazón.

El Señor Jesús lo expresó enfáticamente cuando dijo: “Buscad primeramente el reino de Dios
y su justicia” (Mateo 6:33) al tiempo que el apóstol Pablo lo plantea de la siguiente manera:
“Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo
sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba.” (Colosenses 3:1, 2).

¿Estás dispuesto a asumir el reto? Recuerda que tienes asegurada la victoria.

III.- TAREAS PARA LA SEMANA


Las tareas que ocuparán esta semana mi proceso de crecimiento en la Vida Cristiana Práctica
son:
1.- Revisaré cuidadosamente cuál es el concepto que tengo respecto a “apartarse del mundo”,
verificando si mi concepción—tal vez errada--, me ha llevado a irme hasta los extremos.
2.- Revisaré mis pensamientos y acciones para evaluar si se encuentran en línea con la
“mundanalidad” o, por el contrario, se acompasan con los principios bíblicos.
3.- Aplicaré a mi cotidianidad principios bíblicos que son contundentes respecto a lo que es
vivir en el plan de Dios y lo que representa moverme en el plano de la mundanalidad, para no
caer en lo mismo.

© Fernando Alexis Jiménez - Ministerio de Evangelismo y Misiones “Heraldos de la Palabra

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Manual de Discipulado II – Vida Cristiana Práctica

LECCIÓN 24
EL CRISTIANO FRENTE AL ESTUDIO DE LA BIBLIA

I.- VERSÍCULO PARA MEMORIZAR

"El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra
que sale de la boca de Dios". Mateo 4:4.

II.- ¿QUÉ IMPORTANCIA TIENE EL ESTUDIO DE LA BIBLIA?

Ningún ser vivo puede mantenerse activo sin aire, alimento y condiciones propicias. Igual
ocurre con el cristiano. Debe permanecer en estrecho contacto con Dios mediante la oración, y
conocer de Su santa voluntad a través de lo que lee en la Biblia. Por eso su actitud hacia ella
debe ser de expectativa para aprender y asimilar los principios contenidos allí.

1.- Una buena salud espiritual

La lectura progresiva y sistemática de la Biblia nos ayuda a mantener una buena salud
espiritual. Por esa razón el estudio de porciones de las Escrituras debe ser a diario.

Un excelente método es iniciar el estudio de un libro específico, leer y releer los versículos
cuantas veces sea necesario, con el fin de facilitar el proceso de asimilación de las enseñanzas.

El Señor Jesús fue especifico al referirse a lo que significaban para Él los Escritos sagrados:
“Jesús les respondió y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió. El que
quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o su yo hablo por mi
propia cuenta” (Juan 7:16, 17).

Es evidente que todo cuando hacía el Maestro, estaba en plena consonancia con las Escrituras.
Por esa razón, su desenvolvimiento era absolutamente bíblico. Él amaba las Escrituras.

Incluso, Él fue más allá y dijo: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”
(Mateo 24:35).

Como creyentes, tú y yo debemos estar consultando lo que dice la Biblia. Nuestra doctrina
tiene que tener fundamento en ella, no en meras palabras y emociones.

2.- El Señor Jesús confirmaba el cumplimiento de las Escrituras

Nada de lo que hay en las Escrituras, está allí por capricho. El propio Señor Jesús aseguró que
textos de Isaías se tornaban realidad con su ministerio terrenal, tal como lo podemos leer en
Lucas 4:16-21.

Es lo mismo que se puede apreciar cuando se cumple su muerte y resurrección. En su conjunto


era el cumplimiento de lo anunciado por los Profetas. Es el grado de importancia y de seriedad
que tiene la Biblia.

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Hay otros versículos que te invito a leer para que tengas una comprensión de la perspectiva que
tenía el Señor Jesús de todo el contenido de los escritos sagrados (Juan 15:3; Juan 17:17 y Juan
6:63).

3.- Llevar a la práctica

Con sus diferentes pronunciamientos, el Señor Jesús nos enseño que las Escrituras deben, más
que leerse para llenar una inquietud academicista, estudiarlas para llevarlas a la práctica en
nuestra vida cotidiana.

Pregúntate qué significan las Escrituras para ti. ¿Las valoras como guía para tus pensamientos y
acciones? Al meditar en el asunto, recuerda que el amado Hijo de Dios las tenía muy en cuenta.
Eran para Él una base de obediencia e identificación con Dios el Padre, que debe ser nuestra
misma actitud

III.- RETOS EN LA VIDA CRISTIANA PRÁCTICA

1.- ¿Cuál es tu actitud frente a las Escrituras?

2.- ¿Aplicas en tu vida cotidiana lo que aprendes en las Escrituras?

3.- ¿Qué te dificulta aplicar a tu vida cotidiana lo que aprendes en las Escrituras?

4.- ¿Podrías mencionar algunos de los principios bíblicos que has llevado a la práctica?

© Fernando Alexis Jiménez - Ministerio de Evangelismo y Misiones “Heraldos de la Palabra

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