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El control de precios en la Argentina, una

historia repetida
Distintos gobiernos, desde Perón a Alfonsín, intentaron hacer lo mismo; en ningún
caso tuvieron éxito.

El congelamiento de precios impuesto por el Gobierno a las cadenas de supermercados


y electrodomésticos, no es algo nuevo. La experiencia argentina de los últimos treinta
años muestra varios intentos similares para frenar la inflación y la caída del poder
adquisitivo de la población.
Más allá de la contradicción misma entre la declaración de la Presidenta que, el 25 de
enero pasado aseguró en un discurso que "está demostrado por el paso de la historia
que obligar y acordar no sirve" ya que es "el propio usuario y consumidor el que tiene
que hacer valer sus derechos", y el hecho de que diez días después el Secretario de
Comercio Interior, Guillermo Moreno, haya convocado sorpresivamente a las cadenas
de supermercados para comunicarles la decisión de no tocar los precios de los productos
hasta el primero de abril , conviene hacer un repaso de los intentos llevados a cabo por
los distintos gobiernos argentinos aplicando una mécanica similar.
Entre febrero de 1967 y noviembre de 1989 transcurrieron 24 ministros de economía y
274 meses. Según informe de la consultora FIEL, sólo en el 10% de ese tiempo hubo
libertad de precios ya que en ese lapso estaban controlados por la autoridad pública. Sin
embargo, la inflación fue devastadora en todo el período y en sólo uno, de esos 23 años,
fue menor al 10%.

El control de precios ha sido implementado por diversos gobiernos argentinos, siempre sin éxito.
Foto: Archivo

El propio Néstor Kirchner, a mediados del 2005, había implementado controles luego de
criticar duramente a los supermercados . Pero, la primera vez que un gobierno argentino
realizó congelamientos de precio se remonta a 1973, a la presidencia de Juan Domingo
Perón.
El ministro de Economía de entonces, José Ber Gelbard, firmó un acuerdo llamado Acta
de Compromiso Nacional entre la CGT y la entonces poderosa Confederación General
Económica (CGE), mediante la cual se convenía mantener estables los precios y los
salarios durante un plazo de dos años. Sin embargo, a los 10 meses hubo que revisar tal
medida porque los empresarios adelantaron sus precios, previendo el triunfo del
peronismo, recuerda el historiador Roberto Cortés Conde en su libro "Progreso y
declinación de la economía argentina".
El aumento de los precios y las pujas salariales motivaron la salida de Gelbard,
reemplazado por Alfredo Gómez Morales, que más tarde dejó su lugar a Celestino
Rodrigo. El autor del célebre "Rodrigazo", en 1975, dispuso una devaluación que duplicó
el valor del dólar y elevó las tarifas públicas y los combustibles más del 100 por ciento.
El 10 de marzo de 1976, pocos días antes del golpe militar, el último ministro de
Economía de Isabel Perón, Emilio Mondelli, anunció el estado de "emergencia
económica", que incluyó nuevos precios tope para el pan, fideos, quesos, manteca,
leche en polvo y aceite. La medida rigió hasta el comienzo del gobierno militar.
El control de precios volvió el 13 de septiembre de 1982, con Reynaldo Bignone en la
presidencia y Jorge Wehbe como ministro de Economía. "Rige un nuevo control de
precios", tituló LA NACION al día siguiente. Entre los argumentos se cita la necesidad de
"resguardar el salario real", amenazado por una "estructura industrial monopólica",
argumentos sorprendentemente parecidos a los que se esgrimen hoy. Esta medida puso
bajo control del Gobierno los productos de 675 empresas.
El 13 de diciembre de 1983, el recién asumido Raúl Alfonsín y su ministro de Economía,
Bernardo Grinspun, anunciaron un nuevo sistema de regulación de precios. Este plan
estableció márgenes máximos en la comercialización de alimentos. En el caso de los
mayoristas, el margen no podía exceder el 20%, mientras que, en los minoristas, el tope
era del 40%. Los aumentos debían ser aprobados por la Secretaría de Comercio, que
publicaba las listas con los precios indicados para los productos de la canasta básica
familiar.
La situación fiscal era muy complicada, lo que llevó a la inflación "a magnitudes inéditas",
refiere Cortés Conde en su libro. "En 1984 los precios habían trepado a más del 600%
anual", señala.
En febrero de 1985, Grinspun es reemplazado por Juan Vital Sourrouille, que en junio
anunció el Plan Austral, que congeló los precios, los salarios y los servicios públicos.
También se publicaban listas con precios máximos de los productos. Nueve meses
después de lanzado el plan, el Gobierno decidió abandonar el congelamiento. En julio
de 1987 la inflación fue del 12%; en septiembre se anunció el Plan Primavera, que
estableció un nuevo acuerdo.
La hiperinflación se desató en julio de 1989; el 8 asumió la presidencia Carlos Menem, y
su ministro Néstor Rapanelli anunció el 17 de julio que se congelaban durante 90 días
los precios de 300 empresas líderes, y se publicaba una lista orientativa de precios
máximos de 30 productos. El año siguiente volvió la zozobra en materia de inflación,
hasta que se liberó el control con la llegada de la convertibilidad, en 1991.
Hoy, el problema no es el congelamiento de precios, sino que no es una solución a una
emisión monetaria de más del 33% anual del Banco Central que, incluso llegó al 38% el
año pasado, la circulación monetaria creciendo a un 35%, y el déficit fiscal que se ubica
en torno al 3% del Producto Bruto Interno (PBI).
Fuente
Redacción Diario La Nación. (6 de febrero de 2013). El control de precios en la Argentina, una
historia repetida. Publicado en: Diario La Nación, sitio web. Cita Online:
http://www.lanacion.com.ar/1552317-el-control-de-precios-en-la-argentina-una-historia-
repetida