Está en la página 1de 2

I La Revolución alemana niega ante Dios y el Mundo la atadura que ha provocado la

mentira de la culpabilidad de Alemania, que mediante la brutal tiranía de los "tratados de paz"
de Versalles y St. Germain, e infatigable y fanáticamente lucha por todos los medios para la
destrucción total de esta dictadura y todas las consecuencias que tienen su origen en aquellos.

II La Revolución alemana proclama la libertad de la nación alemana en un Estado alemán


fuerte, unificador de todos los pueblos de tronco alemán asentados en el territorio
centroeuropeo. Estado que acogerá, de Memel a Estrasburgo, de Eupen a Viena, a todos los
alemanes de la Madre Patria y de los territorios irredentos de alrededor, y que constituyen con
su fuerza y capacidad la espina dorsal y el corazón de la Europa blanca.

III La Revolución alemana renuncia desde este momento, a gobernar y expoliar pueblos y
naciones extranjeras; sólo quiere, nada más y nada menos, su propio espacio vital para la joven
nación de los alemanes, con el mismo derecho otros pueblos y naciones que reconocen la
decisión de la guerra como una voluntad del destino.

IV La Revolución alemana proclama que el único propósito del Estado es la unión de todas
las fuerzas de la nación, una concentración de fuerzas para asegurar la vida y el futuro de esta
nación, afirmando cada medio que para dicho objetivo precise, y destruyendo todo aquello que
lo impida.

V La Revolución alemana exige desde aquí, que se vertebre el más radical poder estatal
central contra aquellas fuerzas que, de manera individual o simplemente por su propio empeño,
obstaculicen dicha construcción, ya sean aquellas destructivos entes estatales, de índole
partidista o confesionales.

La unidad del Estado de la nación alemana une a las crecientes fuerzas de la tierra y el pueblo,
dirigiéndolas hacia una poderosa unidad.

VI La Revolución alemana da campo libre a la libertad individual de las fuerzas que el


denostado sistema liberal oprime, para que aquella pueda desarrollarse armoniosamente en el
sentido adecuado para los objetivos estatales. Se procederá a crear un sistema vivo de
representación sindical y corporativa, con responsabilidad personal de los dirigentes en vez del
antinatural parlamentarismo en el que nadie tiene responsabilidades y se cede a una masa
anónima.

VII La Revolución alemana proclama la unidad de destino de la nación alemana. Está


convencida de la obligación de convertirse en una comunidad de destino, no de necesidades,
que precisa construir una comunidad del pan, y para ello dirigirá todas sus fuerzas en pos de
dicho objetivo convencida de este principio fundamental: "Interés general antes que el interés
particular".

VIII La Revolución alemana rechaza, por tanto, el sistema económico individualista del
capitalismo, y su derrocamiento es el primer objetivo que se impone la revolución alemana para
su triunfo. Su identidad se reconoce por completo en el sistema corporativo del socialismo, en la
que la medida exacta o la finalidad de toda la economía es, no ansiar la riqueza o las ganancias,
sino la satisfacción de las necesidades de la nación.

IX La Revolución alemana proclama, de esta forma, que la propiedad última de la tierra, el


subsuelo y los recursos naturales, recae únicamente en la nación, y que los "titulares" no pueden
ser sino considerados como mandatarios de la nación, con obligación de rendir cuentas,
mientras que toda la nación tiene la obligación de defenderla.

X La Revolución alemana proclama, bajo las mismas coordenadas, la participación


colectiva de todos los productores en el beneficio y a la gestión de la economía nacional, sin que
ninguna discriminación se pueda ejercer en razón de la función o de la responsabilidad
desarrollada por cada uno. Reconoce el interés personal en la medida en que es motor de
actividad humana, y lo incorpora para que coadyuve a la creación de bienestar general.

XI La Revolución alemana no cree que el bienestar general se encuentre en la persecución


de valores materiales ni en una elevación ilimitada del estándar de vida, sino en el retorno y el
mantenimiento de un orden sano, el orden nacional, conforme a la voluntad divina y en la que la
nación alemana pueda cumplir con el deber asignado por su destino.

XII La Revolución alemana encuentra este deber en el pleno desarrollo del espíritu
tradicional de su pueblo. En consecuencia, combate por todos los medios, contra los
degeneradores de la raza, contra toda influencia cultural foránea, en pos de una renovación
racial popular y por la cultura alemana. Lucha, en particular, contra el Judaísmo que, unido a las
fuerzas supranacionales de la francmasonería y el ultramontanismo, dificultan
premeditadamente la vida del espíritu alemán.

XIII La Revolución alemana combate, igualmente contra el absolutismo del Derecho judeo-
romano, por un Derecho alemán, cuyos ejes residen en el Ser y el Honor alemanes, afirmando y
valorando las desigualdades de los hombres. El Derecho alemán reconoce como ciudadano
únicamente al compatriota y como medida el bienestar general.

XIV La Revolución alemana derribará la visión del mundo de la Gran Revolución francesa, y
será el modelo del siglo XX.

Es nacionalista –contra la esclavitud del pueblo alemán- ; es socialista –contra la tiranía del
dinero- ; es popular –contra la destrucción de la alma alemana-, y únicamente tiene en su meta
en el bienestar de la nación.

Y en pos de esta voluntad colectiva de la nación, la Revolución alemana no se retirará de


combate alguno, y ningún sacrificio por muy grande que sea le parecerá excesivo, ante ninguna
guerra por sangrienta que sea, pues... ¡Esta Alemania debe vivir!