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01/11/2015 - 01:57

 Clarin.com
 Sociedad
Los entrenadores de la mente.

Este es mi “coach”: ayudan a


tomar decisiones de la vida y
tienen cada vez más trabajo
Son los nuevos “personal trainers”. Acompañan a alcanzar
metas o a dar giros drásticos en las rutinas cotidiana de la gente.
La disciplina ya se enseña en 23 escuelas y egresan más de 600
profesionales por año.

Un día te das cuenta de que no parás de quejarte de tu trabajo, que jurás


que querés renunciar y como no tenés idea de qué hacer después de la
renuncia, terminás no haciendo nada (y quejándote otra vez). Otro día, te
das cuenta de que te gustaría estudiar una carrera pero como repetís que
“nunca terminás nada de lo que empezás”, ni siquiera te anotás. Otro día,
te das cuenta de que te gustaría correr una maratón pero como creciste
escuchando que “un buen jefe es el primero que llega y el último que se
va”, ni se te ocurre pensar en irte antes del trabajo para entrenar y la idea
de la maratón se te escurre en las manos. Para lograr ese tipo de
objetivos concretos nació el “Lifecoaching”, una suerte de “personal
trainers” que ayudan a tomar decisiones difíciles y tienen cada vez
más trabajo.

“Un coach –el término viene del deporte– es un entrenador que ayuda a
potenciar las habilidades de cada persona. Lo que hacemos es
acompañarlos en los procesos para que lleguen de un punto A a un punto
B”, explica Denise Muchnik, licenciada en Relaciones Públicas y coach.
“¿Por qué no llegamos solos de un punto a otro? Porque muchas veces
tenemos creencias o juicios que nos limitan y nos cierran posibilidades”,
sigue.

“Lo que decimos genera realidad. Por ejemplo –sigue Iara Trujillo,
psicóloga y coach–, alguien cuenta que hace mucho que quiere aprender
inglés y no lo hace. Lo primero que hace el coach es plantear un
objetivo, en este caso, empezar clases de inglés y disfrutarlas. Después,
se busca entender qué está limitando a esa persona, es decir, qué cuento
se está contando para no hacerlo. ‘¿Ya estoy grande para estudiar?’, ‘¿no
tengo constancia?’, ‘¿no soy bueno para los idiomas?’. La idea es
desafiar esos juicios y preguntarse para qué nos sirven: por ejemplo,
decir ‘ya estoy grande para estudiar’ sirve para quedarte como estás y no
hacer nada”.

Es que uno se llena la boca diciendo que quiere cambios pero


hacerlos no es fácil. “Cuando uno habla de cambios siempre va a haber
algo que molesta, porque está saliendo de su zona de confort. Cuando
uno se queja, también está en su zona de confort (la de la queja): estás
acostumbrado a quejarte de tu trabajo y pensar en correrte de ese lugar y
estar contento en el trabajo, a veces incomoda”, dice la psicóloga y
coach vocacional Natalia Tabak. “Muchas veces lo que hay de fondo es
miedo, baja autoestima e inseguridad”.

El error es pensar que hacer un cambio es jugársela a todo o nada: “Uno


puede sentir que está en ‘crisis laboral’ pero eso no significa que para
hacer un cambio haya que dar un salto al vacío, como renunciar o
cambiar de profesión. Como del 0 al 1 hay una brecha muy grande,
muchos se quedan en el 0: no hacen nada. Pero existe el 0,1, el 0,2. A
veces, el objetivo no es ‘patear el tablero’ sino descubrir otro espacio,
más allá del trabajo. Una vez, con una contadora desmotivada
descubrimos que le encantaba lo que hacía pero necesitaba sumar una
actividad más creativa para que no fuera todo tan rígido”.
El objetivo a trabajar depende de uno. Entre los más comunes está el
“coaching para mujeres modernas” (las que no quieren ser “mamis full
time”) y el “coaching vocacional” (¿eso a lo que nos dedicamos nos
sigue haciendo bien?). Pero basta con que uno sienta desmotivación o
ganas de cambiar, para que el coach entre en acción. Para algunos será
atreverse a irse a vivir afuera, empezar una carrera, ponerse un
negocio, correr una maratón. Para otros, mudarse, aprender a
manejar y hasta ordenar un placard.

“Parte del trabajo es aprender a vendernos. No digo ‘venderse’ como


traicionarse sino todo lo contrario: entender quién soy y salir con esa
oferta al mercado laboral y también al mercado del amor. Porque estar
sin pareja muchas veces es el lugar cómodo y conocido: aprender a
venderse es buscar lo mejor de uno, para animarse también a encontrar el
amor”, dice Muchnik. La idea –cierra Tabak– es “reinventarse”, ver qué
nos pasa para que la vida no sea un genérico y cada uno se anime a vivir
su propio viaje.

Cómo elegirlo

Para ir a lo seguro, tiene que haber estudiado en una escuela de Coaching


avalada por la ICF (International Coach Federation). En el país hay 23
escuelas, en 11 provincias. De allí egresan más de 600 profesionales por
año. Durante su formación, un coach debe pasar por un proceso de
aprendizaje de 11 competencias básicas que debe tener a la hora de ser
evaluado y certificar. En la primera etapa, debe hacer un trabajo personal
(revisar su forma de escuchar, de pedir, de diseñar “conversaciones
posibilitantes”). En la segunda, hace prácticas con un coachee.