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Los retos y desafíos de la paz en seis municipios del Meta

Emilio Garcia Gutiérrez, agosto de 2017

Los retos y desafíos para la paz en seis


municipios del Meta

Foto: Equipo de trabajo de Encuentros Ciudadanos por la paz de la ESAP, Regional Once.

Emilio Garcia Gutiérrez


Contratista ESAP, Regional Once
Villavicencio, agosto de 2017

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Emilio Garcia Gutiérrez, agosto de 2017

Los retos y desafíos para la paz en seis municipios del Meta


Emilio Garcia Gutiérrez
Contratista ESAP, Regional Once
Villavicencio, agosto de 2017

Introducción
Este ejercicio académico se basa en opiniones de los miembros de las
administraciones municipales de San Carlos de Guaroa, Barranca de
Upia, San Martin, Puerto Lleras, San Juan de Arama y Lejanías en el
departamento del Meta, y muestra algunas de las opiniones de las
comunidades de corte rural manifestada verbalmente y por escrito en
los Preencuentros ciudadanos por la paz, realizados con amplia
participación ciudadana durante el mes de agosto del 2017.
El informe toma como punto de partida el día de la firma del acuerdo
del Teatro Colón, en noviembre 24 de 2016, pero destaca lo ocurrido en
el segundo trimestre del 2017. Es un documento analítico que evalúa los
avances, problemas y retos que se han identificado en la implementación
de los acuerdos de paz entre el Gobierno Nacional y la guerrilla de las
FARC.
El acontecimiento enorme y positivo del primer trimestre ha sido la
dejación de las armas de dotación de las FARC y la declaración y entrega
de las 949 caletas donde reposan el resto de los recursos bélicos de esta
guerrilla a la misión de la ONU. Hubo, sin embargo, cosas que
empañaron esta gran victoria de la paz. El 17 de junio del 2017 se
produjo un grave atentado terrorista en el Centro Comercial Andino en
Bogotá con un saldo trágico de tres mujeres muertas y nueve heridos. Al
lado de esto la oposición uribista desató una campaña mediática
orientada a sembrar dudas sobre el número de las armas y la calidad de
ellas y sobre posibles trampas de las FARC en el proceso. En esta
oportunidad, como en otras en las que la paz ha mostrado su noble
rostro, se presentó una triste indiferencia de las ciudades del país y en
especial en el Meta, realidad que obliga a los partidarios de la
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reconciliación a redoblar sus esfuerzos en la disputa por la opinión


pública.
Creo que estos hechos sirven de cimientos para mantener la confianza
en este proceso. Los temas que iban por mal camino, pero que, debido a
diferentes acciones institucionales, han comenzado a mejorar y, claro,
también los aspectos que no terminan de despegar y que llaman a una
gran preocupación.

2.El posconflicto como oportunidad de participación


El énfasis de la Constitución de 1991 es la democracia participativa y se
entiende que se estipuló para que la ciudadanía se vincule directamente
en la toma de decisiones públicas. Con lo anterior, el Estado lo que busca
es que su gestión se asimile a las necesidades de los ciudadano/as. Con
base en éste principio se diseñó el Acuerdo de Paz.
Pese a los avances durante los últimos años en Colombia no sea logrado
responder de una manera adecuada a las necesidades de la población y
como resultado la credibilidad en la institucionalidad del Estado no ha
incrementado.
La formulación de los Acuerdos de Paz tiene como eje central: la
participación, y uno de sus objetivos es recuperar la confianza en los
territorios. El Acuerdo contiene cerca de 70 ejercicios de participación
para que todo/as hagan parte del proceso de implementación.
Borja Paladini, coordinador del Instituto KROC de la Universidad de
Notre Dame en Indiana, afirma que el Acuerdo de Paz es integral porque
aparte de finiquitar la confrontación armada con las Farc, incluye
medidas para transformar las causas del conflicto.
El informe acerca del posconflicto de la Fundación Ideas para la Paz,
asegura: el posconflicto constituye una oportunidad de oro para saldar
la deuda de la participación ciudadana del país. Con lo anterior se
contribuye con un requisito central para construir Paz, la
profundización de la democracia.

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Para la construcción de paz, Lederach (1994) señala que el


reconocimiento de las capacidades locales para la transformación de
conflictos es un asunto sustantivo en el horizonte de brindar
sostenibilidad a los avances de la paz. En perspectiva de lo anterior,
plantea, el recurso más importante son los ciudadanos, sus grupos y
comunidades. Al efecto, construir una base social para la paz implicará
fijar el “lente” en el refuerzo de la población nativa y considerar la
relevancia de la cultura en diferentes contextos (Lederach, 1994, p. 12).
En desarrollo de su argumentación, Lederach (1994) asume que será
necesario “crear espacios para la participación activa en la
transformación del conflicto” (Lederach, 1994, p. 13) mediante los cuales
se reconozcan los conocimientos, prácticas y formas de ver y vivir el
conflicto de las personas y grupos más afectados por sus efectos en
contextos específicos. Reforzar la población nativa, significa la
posibilidad de partir de lo existente en diferentes territorios para
construir sobre ellos las distintas iniciativas de paz, fortaleciendo el
compromiso de las comunidades en la identificación de sus problemas,
la generación de soluciones y la puesta en marcha de los cambios
sociales constructivos (Lederach, 1994, p. 13)

3. El departamento del Meta y el posconflicto


El Meta es una zona de colonización y frontera agropecuaria del país,
atravesada por un complejo entramado de conflictividades sociales y
una débil presencia del Estado.
En un escenario de post acuerdo, el principal reto que enfrenta la
sociedad del departamento del Meta es superar los desafíos para
construir propósitos colectivos que permitan la reconstrucción del tejido
social, la recuperación de la confianza en las instituciones democráticas,
la concertación del ordenamiento sostenible del territorio, la
construcción de paz desde los territorios, vigencia plena de los derechos
humanos y la satisfacción de los derechos de las víctimas con énfasis en
las garantías de no repetición.
Frente a esta nueva situación, empezamos preguntando si ¿El
departamento del Meta está listo para el fin del conflicto armado? La
respuesta es paradójica: pese a que el departamento y muchos
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municipios tienen no poca experiencia en desmovilizaciones,


reintegración de excombatientes, atención a víctimas, la verdad es que,
como a todos los demás colombianos, a alcaldes y gobernadores, muchos
de ellos inmersos en la diaria intensidad de la confrontación, les cuesta
imaginarse a Colombia y al departamento en paz y actuar en
consecuencia. Sin embargo, hay excepciones.
¿Cómo se ve en la región del Meta estudiada la posibilidad de mantener
un acuerdo entre las Farc y el gobierno que ponga verdadero fin al
conflicto? No pocos alcaldes han manifestado al Gobierno que, más allá
de las circunstancias concretas que reúna tal acuerdo, lo más
importante es que este no caiga “como en paracaídas” sobre instituciones
y mandatarios locales que tienen ya demasiados problemas sin contar
con la posibilidad de atender una nueva desmovilización. El gobierno
creó una Red de Alcaldes y Gobernadores por la Paz con el objetivo de
mantener informados a los mandatarios sobre los logros de la
negociación en La Habana e impulsar la preparación de las regiones
para el fin del conflicto.
A la hora de evaluar qué tan preparadas están las regiones hay que
tomar en cuenta varios elementos. Las regiones tienen experiencia en
posconflicto. Nadie puede decir que las regiones son unas recién llegadas
al posconflicto. Pero una cosa es atender excombatientes y víctimas y
otra encarar una situación de transición en la que la construcción de paz
implica una verdadera revolución en la sociedad. Para esto, creo que los
municipios del Meta no están listos. Aunque hay algunas excepciones,
que muestran caminos, sectores de la sociedad, entre otros temas. Hacia
fines de este año se planea tener instalada una Mesa Departamental de
Paz.
Para los alcaldes más alejados de la órbita central, “El tema de la
guerrilla es el más chiquito. El tema central de construir paz es cómo
transformar esta sociedad y las realidades de los territorios”. Necesitan
estas localidades inversión en desminado, reintegración de
excombatientes, restauración del tejido social, en cambiar la manera de
hacer política, generación de empleo y memoria, entre otros.
Hay municipios en los que, aun sin contar con planes elaborados, el
interés por lo que puede venir es inusualmente elevado. Así parece ser
en Lejanías, San Juan y Puerto Lleras, que han tenido una alta

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participación en promover que sus habitantes envíen a La Habana


propuestas sobre la negociación.
De todas maneras, no son muchos los casos en los que los gobiernos
locales están pensando en serio en un país sin conflicto armado. Para los
mandatarios locales es una perspectiva lejana y abstracta. A lo cual hay
que sumar el cúmulo de debilidades institucionales y presupuestales tan
frecuentes a nivel local. Aunque hay otro elemento que debe tenerse en
cuenta: si hay un país en el mundo que haya construido toda suerte de
iniciativas de paz en medio del conflicto es Colombia.
Lo cierto es que, para su implementación, es indispensable que las
regiones, donde va a aterrizar todo lo que, pactado en la Habana, estén
preparadas. El gobierno planea intensificar su actividad en este sentido,
pero el tiempo corre y es necesario mucho más para que alcaldes–y todos
los colombianos– le den toda la prioridad que demanda la tarea de
imaginar cómo va a ser un país en paz.

4. El enemigo 1: La corrupción en el Meta


Se dice en distintos medios y en repetidas ocasiones, que el espinoso
asunto de la “corrupción” es un problema no solamente político, sino
además religioso. Ahora doy un paso más. Y digo que la “corrupción” es
el ataque más directo y más grave que podemos hacer al sistema político,
económico, social y cultural en que vivimos.
Quiero decir, por lo tanto, que, si no se controla y se suprime el virus de
la “corrupción”, ese virus acabará liquidando el sistema de sociedad, de
convivencia y de creencias en el que vivimos. O sea, si este problema no
se ataja de raíz, lo más probable es que la sociedad en que vivimos no
tendrá futuro. Y conste que no sería la primera vez que esto ocurre. Ya
tendríamos que haber aprendido, de los antiguos imperios, que se
hundieron precisamente cuando menos lo esperaban sus tranquilos
ciudadanos, los “corruptos” de entonces.
Me explico. El conocido historiador irlandés (profesor en Oxford) Peter
Heather, en su voluminoso estudio sobre “La caída del Imperio
Romano”, nos informa de que, en el siglo IV, no se percibía ningún signo
de que aquel imperio estaba “a punto de derrumbarse”. Y, sin embargo,
el derrumbe, cuando nadie lo esperaba, no tardó en producirse. Por
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supuesto, y como es sabido, los ejecutores del derrumbe fueron los


“bárbaros”, que vinieron de fuera del imperio. Pero la verdadera causa
de aquel derrumbe estuvo dentro, en el imperio mismo, cuando en aquel
imperio de siglos se traspasaron con creces “los límites de la
gobernanza”.
Sencillamente, se produjo lo que se ha denominado “la corrupción del
sistema romano”. Que no fue otra cosa que el destrozo de la relación
normal (y honesta) entre el poder y el lucro. Quienes eran designados
para ocupar cargos de poder, utilizaban aquel poder, no para servir al
imperio y sus ciudadanos, sino para robar a la gente indefensa. Esto
ocurrió cuando el nepotismo resultó ser un componente del sistema. La
cosa era tan simple como destructiva.
Por lo general “el nombramiento para un cargo se aceptaba como una
oportunidad para hacer el agosto, y se daba poco menos que por
descontado que se produciría un moderado grado de malversación” (P.
Heather). Lo cual, dicho de forma más clara y contundente, significa
que, si para algo se inventó el Derecho romano fue para defender y
asegurar la propiedad, al tiempo que, si para algo se ejercía el poder y
los cargos públicos, era para robar esa propiedad a quienes les
correspondía.
Como es lógico, en un imperio en el que se había instalado semejante
contradicción, tal imperio se veía minado en sus cimientos y en sus
raíces. Y así fue. Es verdad que hubo emperadores, como fue el caso de
Valentiniano (364-375), que tomaron enérgicas medidas contra la
“corrupción”, pero ni siquiera Valentiniano trató de cambiar el sistema.
Porque lo decisivo no era castigar determinados casos de corrupción,
sino atajar la raíz de tales comportamientos en todo cuanto se movía
utilizando el poder y sus privilegios, no para servir a los ciudadanos,
sino para robar a tales ciudadanos.
Pero eso no se podía evitar desde el momento en que los cargos públicos
en aquella sociedad no eran ocupados por las personas más competentes
y honestas, sino por quienes gozaban de la desmedida preferencia que
el emperador (y sus más allegados) daban a sus parientes, amigos o
personas del propio partido, que eso – ni más ni menos – viene a ser el
nepotismo. Pero, es claro, un sistema que funciona así, termina por
destrozar sus propios cimientos.

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4.1. Corrupción y corruptos


Si nos limitamos a explicar el significado lingüístico de estos términos,
tropezamos en seguida con una dificultad inesperada: resulta casi
imposible encontrar, en un diccionario, la definición adecuada que
corresponda a las conductas y al hecho social de la “corrupción”, tal como
todo el mundo habla de ella. Y tal como la estamos viviendo en el Meta
y en Colombia. Las ciencias sociales llegan, casi siempre, con retraso.
Primero se producen los hechos. Luego, cuando esos hechos se analizan,
se les encuentra la adecuada definición. Es lo que está sucediendo ahora.
En efecto, en las últimas décadas, se ha generalizado el fenómeno social
de la corrupción, que preocupa, indigna e irrita cada día más y más a la
mayoría de los ciudadanos. No es posible, como es lógico, analizar (aquí
y a fondo) este asunto tan grave y de tan graves consecuencias. Sobre
todo, si pensamos que se trata de un estado de cosas en el que entran en
jugo la política, la economía, el derecho, la moral, la religión, la
educación y tantos otros factores, imposibles de analizar y desentrañar
hasta el fondo.
Por eso, en esta breve reflexión, me limitaré a destacar un hecho que,
según creo, es capital para que nos demos cuenta de lo que realmente
está pasando. Me explico.
Por supuesto, que hay corrupción porque hay corruptos. Pero, con decir
eso, nos quedamos a medio camino. Porque la corrupción no es
solamente la suma de los corruptos, tal como se suele entender el
calificativo de “corrupto”. Tenemos tanta corrupción porque tenemos
unas instituciones sociales (derecho, economía, política, educación,
religión…) que no están ni pensadas, ni preparadas, para remediar (y
menos, evitar) un fenómeno como el que estamos sufriendo.
Pero no solo esto. Lo más grave, que está ocurriendo, es que nos
quejamos de los gobernantes corruptos, pero el hecho es que la mayoría
de los ciudadanos los siguen votando. Con lo que, sin darnos cuenta, lo
que la mayoría estamos diciendo es: “siga usted robando, que yo le
seguiré votando”. Lo cual quiere decir que, en el fondo, corruptos somos
todos. Unos, por acción; otros, por permisión, y casi todos, por omisión.

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Concluyo: desde el momento en que el propio interés y la propia


ganancia es el valor dominante en la sociedad, se hace inevitable que se
haya generalizado el criterio según el cual, aquí el que “no se
aprovecha”, es que es tonto. Así, ¿qué podemos esperar?
5. Contexto general del Meta
El Departamento del Meta, se ubica en la región central de Colombia,
limita al Norte con los departamentos de Cundinamarca y Casanare, al
Sur con los departamentos de Caquetá y Guaviare, al Este con Vichada,
al Oeste con el Departamento del Huila y con Bogotá, Distrito Capital.
El Departamento del Meta está ubicado en la Zona de Convergencia
Intertropical (ZCIT), por lo cual es una zona de alta pluviosidad durante
los meses de marzo a noviembre, y con un periodo más seco que se
presenta entre diciembre y marzo. Aunque la geografía del territorio
brinda los pisos térmicos de páramo, frío, medio y cálido, este último, se
presenta en casi el 90% del Departamento. El clima del Departamento
oscila entre los 6°C, en el páramo, y los 24°C en la llanura.
La capital del Departamento es Villavicencio y administrativamente
está dividido en 29 municipios. La extensión territorial del
departamento es de 85.635 km ocupando el cuarto puesto de mayor
extensión de los 32 departamentos del territorio nacional. Los 29
municipios del Departamento del Meta, se agrupan en cuatro regiones
naturales: Ariari, Capital, Piedemonte y Río Meta (Gobernación del
Meta ,2013. Nuestro Departamento. Recuperado el 25 de octubre de
2016, del Sitio Web: http://www.meta.gov. co/es/el-meta/identificación-
del-departamento/.
La composición de la población por edades y sexo, y su comparación con
años anteriores, brinda la posibilidad de observar patrones de
crecimiento demográfico, lo cual es un factor importante que incide en
el comportamiento económico y en las necesidades del gasto social actual
y futuro (Lora, 2011).
Según las proyecciones de población, Colombia muestra el paso de altas
tasas de mortalidad y natalidad, a bajas tasas. Este fenómeno llamado
transición demográfica, trae consigo cambios demográficos y socio-
económicos importantes, un claro ejemplo es que el país, puede contar

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con una mayor proporción de población en edad de trabajar, ahorrar,


invertir y producir.
Los cambios demográficos se observan particularmente en dos fases: la
primera es el angostamiento de la base de la pirámide poblacional, y la
segunda, es el ensanchamiento del vértice. En otras palabras, se trata
de la desaceleración en el crecimiento del segmento de niños y jóvenes
menores de 20 años y en el incremento de la participación de la población
mayor de 30 años (PNUD, 2012). Para el mismo lapso de tiempo, el
Departamento del Meta muestra un patrón similar al registrado a nivel
nacional, donde se evidencia la reducción del tamaño de la población
entre los 0 y 24 años de edad, y un aumento de la población entre los 25
y 69 años de edad.
Ahora bien, la reducción en el tamaño de la población de niños y jóvenes,
se puede traducir en una menor inversión en salud y educación para
este grupo etario; pero la baja mortalidad, dada la mejoría de las
condiciones sanitarias, trae consigo un aumento de población mayor de
65 años de edad, y, por consiguiente, este grupo poblacional demandará
una mayor inversión en servicios sociales. Esto se hará más evidente en
los casos en los cuales no se hayan acumulado los ingresos suficientes
en el ciclo laboral para acceder a una pensión.
Por otra parte, las proyecciones de población del DANE para 2014, en el
Departamento del Meta, estiman que la población está distribuida en
un 76% en zona de cabeceras y 24% en la zona resto. (Definición de
cabecera y resto, de acuerdo al DANE. Cabecera es el perímetro urbano
establecido por acuerdos del Concejo Municipal, que corresponde a un
núcleo de población en donde se encuentra ubicada la sede
administrativa del municipio. La denominación resto incluye todo lo
demás, es decir centros poblados y población rural dispersa). Sin
embargo, el último Informe Nacional de Desarrollo Humano 2011,
plantea que lo rural en Colombia es mayor de lo que se cree. De acuerdo
a este informe, el Departamento del Meta presenta una participación
del sector rural del 43,9%. (El índice de ruralidad propuesto por el
“Informe Nacional de Desarrollo Humano 2011, Colombia, razones para
la esperanza” plantea la combinación de la densidad demográfica y la
distancia de los centros poblados). Es decir que el DANE, estima la
población rural del Departamento en 229 000 habitantes, mientras que
según el IDH la población rural es cercana a 413 .552 personas.
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Según la información del DANE, la distribución de la población de


acuerdo a cabecera–resto en el Departamento, ha registrado
incrementos importantes en la década de los noventa; donde la
proporción de población urbana aumentó en 8 puntos porcentuales,
mientras que entre 2000 y 2010 el aumento fue de 4,4 puntos. Esta
tendencia de concentración, en las zonas de cabecera, se observa en gran
parte del territorio nacional.
La utilización de información cartográfica permite identificar los
asentamientos urbanos del Departamento, con lo cual se destacan por
su perímetro urbano los municipios de Villavicencio, Acacias y Granada.
Los cuales concentran de la población urbana del Departamento, el 63%,
8% y 7%, respectivamente. En otras palabras, de los 713.000 habitantes
residentes en las zonas urbanas del Departamento, estos tres
municipios concentran 557.000 habitantes (es decir, un 78% de la
población urbana del departamento del Meta).
Además de los municipios de Villavicencio, Acacias y Granada, los
municipios que superan los 20.000 habitantes son: La Macarena, Puerto
Concordia, Puerto López, San Martín y Vista Hermosa.
La recuperación del Departamento del Meta es excepcional, mostrando
un promedio de crecimiento anual, durante los últimos 13 años, de
11.4%. Lo cual supera por 5 puntos porcentuales al segundo
departamento con mayor crecimiento (Departamento del Cesar), y por
7.1 puntos porcentuales al promedio nacional. Este crecimiento registró
su punto más alto en 2010, con un crecimiento del 25%.
El PIB per cápita nacional para el año 2013, a precios de 2005, fue de $
10.460.964 pesos. De los 32 departamentos de Colombia y el Distrito
Capital, el Meta ocupa el primer puesto siendo su PIB per cápita de $25
228 383 pesos, lejano del promedio nacional y alejado del departamento
de Vaupés, último en el ranking, con $3.223.019.
Ahora bien, medir la pobreza a partir de los ingresos, facilita las
comparaciones y permite establecer diferencias por departamento.
Además, el ingreso se asocia con el comportamiento del mercado de
trabajo y con el capital humano que es un determinante importante del
nivel de vida de las personas.

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El porcentaje de personas con ingresos por debajo de la línea de pobreza


($225.272 para el mes de diciembre de 2013) en el departamento del
Meta, presentó una reducción, al pasar de 32,2% en 2008 a 27,1% en
2013. Aunque, el Departamento del Meta logra anticipadamente las
metas fijadas por el gobierno nacional para 2015 (de 28,5%), muestra la
menor reducción del periodo analizado de los 23 departamentos, con 5,1
puntos porcentuales (la mayor reducción la reporta el Departamento de
Sucre).
La medición de pobreza clasifica como pobres extremos a quienes no
tienen un ingreso suficiente, que cubra un consumo básico para acabar
con el hambre. Para el Departamento del Meta, el porcentaje de
personas, con ingresos por debajo de la línea de pobreza extrema ($95.
213 para diciembre de 2013), también se redujo al pasar de 10.7% a
7.6%, entre 2008 y 2013. Es así que el Departamento del Meta presenta
un logro anticipado, para la meta nacional fijada al 2015, que es de 8,8%.
En el contexto nacional, de los 23 departamentos recopilados en la Gran
Encuesta Integrada de Hogares (GEIH), y ordenado de mayor a menor
incidencia de la pobreza extrema, el Departamento del Meta presenta el
puesto 18 con menor incidencia de la pobreza, antes de Valle del Cauca,
Antioquia, Cundinamarca, Atlántico y Santander.
Igualmente, en términos de pobreza por ingresos en 2013, el
Departamento del Meta ocupa el puesto 20 en el escalafón, de menor a
mayor incidencia de la pobreza, por encima de departamentos como
Antioquia, Santander y Cundinamarca. En términos absolutos, las
tendencias anteriores significan que 5 000 personas salieron de la
pobreza en el Meta entre 2008 y 2013. No obstante, lo anterior, la
población del Departamento creció en casi 80.000 personas entre esos
años, con lo cual el número de pobres en el departamento se ubica en
250.000 para este último año.
En términos absolutos, el número de personas en condición de pobreza
extrema se ubica en alrededor de 70.000 personas hacia el 2013, cifra
que representa alrededor del 7,6% de los habitantes proyectados de
Meta para ese año.
La reducción de la pobreza en el departamento del Meta, se explica en
gran medida por el aumento de su Producto Interno Bruto (PIB), que
registra tasas de crecimiento anual promedio de 19,1% entre 2008 y
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2012. Sin embargo, es importante resaltar que el Departamento del


Meta registra los avances más altos de la nación, en términos de
crecimiento económico en la última década, pero la reducción de la
pobreza medida por ingresos, es escasa frente al crecimiento económico.
6. San Martin de los Llanos y la paz
El 27 de julio del 2017 se realizó en el auditorio del Hospital municipal
de San Martin de los Llanos el primero de seis Preencuentros
Ciudadanos por la paz, programados por las autoridades municipales,
la ESAP Regional Once y los comités operativos creados en el convenio.
La comunidad de San Martin participo ampliamente con 68
representantes, las autoridades civiles y militares del municipio y el
Director Regional de la ESAP y el equipo de Encuentros Ciudadanos por
la Paz.
6.1. Metodología de trabajo de los Preencuentros
El coordinador de la ESAP de los Encuentros ciudadanos por la Paz de
la ESAP, presento los ejes señalados para este ejercicio limitando su
ejercicio al municipio de San Martin.
Los PDT son un instrumento para la construcción de paz en todos los
municipios y departamentos, sin embargo, en los territorios más
afectados por el conflicto armado se identifican una serie de condiciones
comunes que favorecieron o permitieron la reproducción y prolongación
del mismo por décadas.
A continuación, y como referente, se proponen cinco (5) ejes temáticos
que recogen estas problemáticas y conflictividades, algunas de las cuales
han sido identificadas como retos en el Plan Nacional de Desarrollo
2014-2018 en el marco de los diálogos de paz.
6.1.1. Desarrollo rural integral sostenible y ordenamiento territorial.
El conflicto armado ha afectado principalmente a territorios que
enfrentan grandes desafíos en términos de desarrollo integral,
sostenibilidad ambiental y ordenamiento territorial. El 88% de los
municipios donde la incidencia del conflicto es alta y muy alta, son
municipios clasificados como rurales y rurales dispersos.

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Dentro de este eje temático se identifican problemáticas y


conflictividades relacionadas con: propiedad y uso de la tierra, presencia
de zonas de reserva ambiental, disponibilidad de recursos naturales,
planes de ordenamiento territorial, actividad agropecuarias, forestales
y mineras en el territorio, oferta para el campo en infraestructura,
bienes y servicios públicos, seguridad alimentaria, y productividad
rural, necesidades de resguardos indígenas, consejos comunitarios y
zonas de reserva agrícola, entre otros.
Los asistentes al Pre Encuentro de San Martin señalaron entre otros
estos problemas locales: Deterioro en las vías terciarias del municipio
(Exigen el mejoramiento de las vías terciarias Merey – San Carlos de
Guaroa, Vereda Matupa – Mapiripán); Falta de control de precios ; Sin
Asistencia técnica oficial ; Ausencia de acompañamiento a los
productores rurales para la comercialización; Ni existe un centro de
acopio; Sin presencia de transformación de los productos primarios; Baja
adopción en la tecnología; Falta de fortalecimiento y acompañamiento
para el pequeño y mediano productor; Inexistencia de Inclusión de las
personas en condiciones vulnerables y necesidad de Creación de la
ADEL.
6.1.2. Víctimas del conflicto armado.
Colombia cuenta con 6,1 millones de víctimas del conflicto armado sujeto
de reparación cuyas afectaciones se presentaron en territorios de alta
presencia de grupos armados ilegales, pobreza y baja institucionalidad.
Colombia cuenta con una Política de Atención, Asistencia y Reparación
Integral a las Víctimas del Conflicto Armando Interno. Además, las
víctimas han sido el centro de los actuales diálogos de paz, priorizando
la garantía de derechos y la reparación integral a las víctimas como
temas en los que la nación y los gobiernos territoriales tendrán que
hacer enormes esfuerzos.
Este eje temático recoge las problemáticas y conflictividades asociadas
a la violación de derechos humanos en el marco del conflicto armado
(homicidio, desplazamiento, secuestro, víctimas por minas
antipersonales, reclutamiento forzado y utilización de niños, niñas y
adolescentes, entre otros) y a la implementación de los componentes de
la Ley de Víctimas y Restitución de tierras.

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De manera unánime, los asistentes al Pre Encuentro por la paz de San


Martin de los Llanos, señalaron como problemas en esta mesa, entre
otros: Amenaza a líderes comunitarios y defensores de derechos
humanos; Mala educación para la primera infancia; Necesidad de
formación en principios y valores; requieren una verdadera aplicación y
efectividad de la Ley de Victimas; Necesitan claridad y agilidad en los
casos de víctimas y frenar los existentes falsos positivos en el Municipio.
6.1.3. Fortalecimiento institucional y participación.
En la mayoría de los casos, el conflicto armado se ha ubicado en
territorios con bajo desempeño institucional y con pocas condiciones
para el ejercicio del derecho a la participación por parte de la sociedad
civil. Según el Índice de Desempeño Integral del DNP, el 57% de los
municipios con incidencia alta y muy alta del conflicto armado, tienen
un desempeño institucional medio, bajo o crítico (DNP, 2015).
Por su parte, siguiendo datos de la Encuesta de Cultura Política del
DANE, solamente el 7% de ciudadanos que conocen los mecanismos e
instancias de participación ciudadana los han usado alguna vez, 74% de
las personas no cree que dichos dispositivos beneficien a todos por igual,
el 72% considera que no sirven para reivindicar derechos, y el 65%
asegura que no permiten el cumplimiento de planes, programas y
proyectos para la comunidad.
Dentro de este eje temático se identifican las problemáticas y
conflictividades relacionadas con una débil gestión institucional de los
municipios (capacidades de planeación, ejecución, seguimiento y
evaluación, rendición de cuentas, articulación con la sociedad civil), y
con una débil o baja participación de la sociedad civil en espacios de
participación, veeduría ciudadana, construcción de agendas de
desarrollo y paz, iniciativas de paz existentes, interlocución con la
institucionalidad, entre otras. En este eje también se identifican las
capacidades de la institucionalidad y de la sociedad civil frente a la
construcción de paz (abordaje de conflictos, diálogo, concertación,
mecanismos de resolución pacífica).
Los asistentes al Pre Encuentro por la paz opinan que la falta de apoyo
Institucional del orden nacional y departamental a los municipios de
categoría sexta, ha originado esta violencia, además creen que no
existen recursos suficientes para la salud y educación y no hay
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Los retos y desafíos de la paz en seis municipios del Meta
Emilio Garcia Gutiérrez, agosto de 2017

conciencia y existe temor para la participación. Dos problemas resaltan


la comunidad: la falta de capacitación a las veedurías ciudadanas y las
juntas de acción comunal y la ausencia de recursos de la Alcaldía para
crear un enlace municipal con las juntas de acción comunal
6.1.4. Economías ilegales y alternativas productivas.
El 60% de los cultivos ilícitos censados en 2013 y 2014 se concentraron
en municipios y departamentos con alta afectación por conflicto. En
estos mismos años, las fronteras con Perú, Brasil y Panamá se
consolidaron como los principales focos de minería ilegal y explotación
ilícita de recursos naturales (DNP, 2015). Para atender este problema,
el PND ha planteado los objetivos de fortalecer la articulación del Estado
en un marco de política criminal coherente, eficaz y con enfoque
restaurativo y de enfrentar el problema de las drogas desde una
perspectiva integral y equilibrada. (Objetivo 4, Literal C
“Fortalecimiento de la inteligencia económica y financiera para el
control del lavado de activos”, y Objetivo 5 del PND 2014-2018). Además,
desde los diálogos de paz se ha propuesto una solución con un enfoque
de desarrollo rural, lucha contra el crimen organizado y el narcotráfico,
y programas para tratar el consumo de drogas como un problema de
salud pública.
Las principales problemáticas asociadas a este eje temático son la
presencia de cultivos ilícitos, de economías ilegales, la carencia de
alternativas productivas sostenibles y el consumo de sustancias
psicoactivas. En San Martin de los Llanos los asistentes al Pre
Encuentro con relación al tema presentado, opinan que existe aumento
del microtráfico; consumo de drogas alucinógenas por parte de los
infantes y adolescentes y hay falta de apoyo del sector educativo y
padres de familia en el tema del consumo de drogas. Otro de los temas
mencionados es la economía petrolera en algunas veredas del municipio,
la falta de empleo entre la ciudadanía y el incremento en la extorción.
6.1.5. Justicia y seguridad.
El acceso a la justicia y la seguridad en el territorio son dos condiciones
necesarias para conseguir una paz estable y duradera en el país. De
acuerdo con el PND 2014-2018, existe un patrón demográfico de
concentración de la impunidad como resultado de un bajo desempeño de
la justicia en departamentos de alta afectación por conflicto e
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Los retos y desafíos de la paz en seis municipios del Meta
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inseguridad; mientras que departamentos de baja intensidad del


conflicto registran bajas tasas de impunidad. Estos temas representan,
además, enormes desafíos en un escenario de posconflicto, donde un
gran número de excombatientes estarán pasando por un proceso de
desmovilización e incorporación a la vida civil, en comunidades y
territorios donde habrá que reconstruir el tejido social y generar
condiciones de convivencia pacífica, solidaridad y confianza.
El eje de justicia y seguridad recoge las problemáticas asociadas a la
inseguridad en el territorio (presencia de actores armados, crimen
organizado, minas antipersonales y otros artefactos similares, entre
otros), a la inseguridad ciudadana y humana, a la baja capacidad en la
prestación de servicios de justicia por parte del Estado, a la
subutilización de mecanismos alternativos de solución de conflictos y a
los retos para la incorporación a la vida civil de desmovilizados, entre
otras. También se identifican las problemáticas relacionadas con el
ejercicio de los derechos civiles y políticos de personas, organizaciones y
comunidades. (DNP, Oficina del Alto comisionado para la paz “Los
Planes de Desarrollo Territoriales como un instrumento de construcción
de paz “Bogotá, DC, pp 11-13).
Este tema de justicia y seguridad, la ciudadanía cree que se debe
aumentar el pie de fuerza de la inteligencia militar y no existe
acercamiento y acompañamiento de las fuerzas militares y de la policía
con la comunidad civil, esto conlleva a que no existe confianza en el
sector del comercio por la falta de seguridad y la comunidad manifiesta
que la ausencia de programas real de reinserción y que existe impunidad
a nivel municipal.
6.2. Los retos y desafíos para la paz en San Martin de los Llanos
De los retos y desafíos señalados en la reunión del 27 de julio por la
comunidad de San Martin, creo necesario señalar como retos
principales: la competitividad de la leche de los pequeños productores
frente al TLC; las bandas criminales y el posconflicto y el despojo de
tierras.
6.2.1. La competitividad de la leche de los pequeños productores de San
Martin de los Llanos frente al TLC

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Los retos y desafíos de la paz en seis municipios del Meta
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Los productores de leche se quejan de los bajos precios del mercado, al


igual que del bajo precio de los otros productos agropecuarios, entonces
veamos algunas consideraciones que resultan válidas para estudiar los
retos y desafíos de la paz en esta localidad respecto a la leche
Veamos. El sector agropecuario en Colombia es uno de los más
importantes del país, pero igualmente uno de los más vulnerables, este
sector presenta grandes deficiencias para lograr competir con el mismo
sector europeo. Factores como la alimentación ganadera, la genética, las
técnicas antiguas de ordeño, los altos costos de producción y las
deficiencias en tecnología e innovación hacen de la lechería en Colombia,
una actividad económica desventajosa para enfrentar las condiciones
que propone el Acuerdo Comercial con la Unión Europea.
El sub sector lechero metense tal y como se refleja en este documento se
encuentra amenazado no solo por los importadores de leche de la UE
sino por las importaciones de otros países como Estados Unidos, Chile,
Argentina, entre otros. Es un sector relativamente pequeño en el
contexto internacional, toda vez que, la producción de leche representa
menos del 1% de la producción mundial.
Las importaciones de leche de otros países y las que lleguen por el TLC
con la UE afectan negativamente los precios nacionales y el ingreso de
las familias productoras, que de por sí ya se encuentran afectados por la
gran diferencia que existe en el incremento en costos de producción y los
precios recibidos por el pequeño y mediano productor de leche.
Otra de las amenazas encontradas para los medianos y pequeños
productores de leche en Colombia se da por la diferencia en
productividades entre países de la UE y el departamento del Meta. Por
tanto, en el primero el promedio es 21 litros por vaca al día mientras que
en el segundo es de 3 litros por vaca al día. Esta diferencia tan
significativa (siete veces), es otro aspecto que debieron haber tenido en
cuenta los negociadores del tratado por cuanto es un elemento que incide
en la rentabilidad de las explotaciones ganaderas y en la perdurabilidad
de las mismas.
Además, los precios promedios de la leche en Colombia para los últimos
seis años estuvieron un 62% más altos que los precios en la UE. Esto da
como resultado unas mayores productividades por vaca en la UE, unos
mayores volúmenes de producción y unas mejores técnicas de ordeño y
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Los retos y desafíos de la paz en seis municipios del Meta
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manejo de los productos; esta es otra situación que debería ser analizada
a profundidad por los tomadores de medidas de política agropecuaria, si
se piensa en la perdurabilidad de los medianas y pequeñas explotaciones
pecuarias en el país.
Este acuerdo representa para los pequeños y medianos productores de
leche un desafío, obligándolos a enfrentar importantes retos en poco
tiempo, de forma que puedan aprovechar las oportunidades que ofrece
este acuerdo comercial y disminuir los posibles efectos desfavorables que
contenga para que puedan consolidarse como un sector fuerte en el país
y lograr ser más competitivos ante los demás mercados.
Los cambios que debe enfrentar el sector lechero del Meta son enormes
y requieren de inversión. Definitivamente se necesita un plan de
gobierno para mejorar las condiciones actuales y de la disposición de los
productores para contribuir con dicho plan. La investigación y desarrollo
no será suficiente si no se mejoran los sistemas de enseñanza y
educación. Las costumbres de los campesinos y las técnicas que usan no
están sustentadas científicamente para mejorar la productividad del
ganado, sólo emplean los métodos tradicionales, y apostarle a la
inversión tecnológica es un tema desconocido que incluye riesgo que no
están dispuestos a asumir.
La perdurabilidad de los pequeños y medianos productores de leche se
ve limitada y amenazada por las desventajas del sector frente al TLC
con la Unión Europea. Las actividades y decisiones que se tomen con
respecto al sector son primordiales para aminorar los efectos que este
tratado contenga y mejorar la competitividad.
Las reflexiones anteriores nos señalan que se puede encontrar que el
acuerdo comercial presenta una gran amenaza para el sector si no se
toman las medidas necesarias para afrontar este desafío y tomar este
acuerdo como una oportunidad de crecimiento para el sector y el país.
El sector tiene una gran deficiencia en la innovación e inversión
afectando su productividad y mejor desempeño para ser más
competitivos frente a otros países.
Por esta razón se recomienda una mayor atención y apoyo por parte del
gobierno; Primero se ve que es necesario realizar un estudio más
profundo del sector y consolidar los datos, pues se encuentra una gran
ambigüedad en cuanto a la información del sector en el departamento
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Los retos y desafíos de la paz en seis municipios del Meta
Emilio Garcia Gutiérrez, agosto de 2017

y en muchos casos o la información era diferente según las fuentes


oficiales o no se encontraba la información necesaria, lo cual afecta la
exactitud de los diagnósticos del sector para poder tomar las medidas
necesarias.
Segundo se recomienda que el gobierno departamental haga un fuerte
control y vigilancia en cuanto a las medidas sanitarias y fitosanitarias,
para que se mejore la imagen de la leche de los pequeños y medianos
campesinos. Además, brindarles un constante apoyo en todo lo necesario
para que tengan pleno conocimiento de las ventajas y desventajas que
tendrá este acuerdo, con la Unión Europea, como deben prepararse y
tomar el mayor provecho posible de este acuerdo. Pues muchas veces la
desinformación es uno de los problemas que afecta el desarrollo del
sector.
Tercero, debe tomarse como prioridad la participación de I+D
(Investigación y desarrollo) en el sector lechero, es primordial que este
sector innove en todos sus procesos para mejorar su productividad y
competitividad, siendo este uno de las oportunidades que brinda el
acuerdo que no se puede desaprovechar, pero es necesario en este
proceso un total acompañamiento del gobierno, al igual que el apoyo
financiero para que este crecimiento y desarrollo sea posible y no quede
estancado.
Sería de capital importancia, que en vista de los resultados encontrados
y que hacen relación con las grandes diferencias que existen en los sub
sectores lecheros en la UE y el departamento del Meta y
específicamente en lo que se relaciona con los pequeños y medianos
productores, que para el caso del país Latinoamericano representa
578.000 empleos, se trabaje en conformar alianzas entre los sectores
público, privado y la academia de forma tal que para el mediano plazo,
se pudieran lograr avances significativos en temas relacionados con el
mejoramiento de los hatos ganaderos y la productividad de los mismos,
para que el Meta encuentre unas condiciones diferentes a las actuales
que permita afrontar con mayores posibilidades de éxito las amenazas
que un acuerdo como el TLC con la UE representa.
6.2.2. Las bandas criminales en San Martin y el posconflicto
Los acuerdos de paz firmados en Colombia han disminuido
temporalmente todas las violencias y han creado un ambiente de
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esperanza. Esa es una conclusión inapelable que se saca al mirar las


estadísticas. Fue así después del acuerdo del Frente Nacional. Desde
1958 -que fue el punto culmen de la violencia partidista- se empezaron
a reducir los homicidios hasta finales de los años setenta. Sólo a
principios de los años ochenta, con la aparición de organizaciones
criminales ligadas al tráfico de cocaína y con la intensificación del
conflicto con las guerrillas, empezó nuevamente a crecer la violencia y
se gestaron los magnicidios y se desató la agresión a los partidos de la
izquierda.
El acuerdo con el M19 y seis grupos guerrilleros más, la muerte de Pablo
Escobar y la promulgación de una gran reforma constitucional a
principios de los años noventa, volvieron a reducir significativamente
las violencias entre 1991 y 1995. Lo mismo ocurrió después de
culminada la desmovilización de los paramilitares. Todo esto se puede
ver en estas dos gráficas, la una elaborada por el Grupo de Memoria
Histórica con base en datos del Iepri la Universidad Nacional y del
Cerac; y la otra elaborada por el equipo de la Fundación de Paz y
Reconciliación con base en los datos del Observatorio de Derechos
Humanos de la Vicepresidencia de la República y la Policía Nacional.
¿Qué ocurrió después de los acuerdos? ¿Por qué no se mantuvo la
disminución de la violencia? La respuesta no es difícil. Porque los
acuerdos de paz no cobijaron a todos los grupos que participaban en el
conflicto y porque no se desarrolló un plan nacional integral de
postconflicto con énfasis especial en los territorios. Por esas dos cosas,
pasado un tiempo, se gestó otro ciclo de violencias.
Evolución de Civiles muertos en el Conflicto armado en Colombia,
1958-2010.

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Los retos y desafíos de la paz en seis municipios del Meta
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Fuente: Base de Violencia política Letal del IEPRI. Actualizada y depurada por el GMH/Base de
datos del conflicto armado colombiano de CERAC. Versión 11.2

Tasa de homicidio en Colombia 1990 – 2010

Fuente: Procesado por Fundación de Paz y Reconciliación con base en los datos del Observatorio de
Derechos Humanos de la Vicepresidencia de la República y la Policía Nacional.

Ahora las cosas parecen ir en una dirección contraria. En el gobierno


hay conciencia de que es necesario tener un plan integral de paz que
incluya acuerdo político con las guerrillas, sometimiento a la justicia de
las bandas criminales y una movilización del Estado y la sociedad para
el postconflicto.
También las bandas criminales dan señales de querer el sometimiento
a la justicia. Tanto el gobierno nacional como el Fiscal General de la
Nación han recibido mensajes de los Urabeños para adelantar contactos
con miras a negociaciones de tipo judicial. Se está poniendo de presente
en estos mensajes que estas organizaciones ven el riesgo de que luego
de terminado el conflicto con las guerrillas la presión del Estado se
concentré en ellos. Es esa una ventana de oportunidad que el gobierno
no puede dejar escapar.
Ahora bien, si para el caso de la negociación con las guerrillas se ha
necesitado una fina y sofisticada planeación con la participación de
importantes asesores internacionales y con una aplicación
extraordinaria de un grupo de experimentados líderes y funcionarios del

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Los retos y desafíos de la paz en seis municipios del Meta
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gobierno, para trazar una política de sometimiento a la justicia y una


estrategia de desmonte del crimen organizado es necesario hacer una
cosa parecida.
De la negociación con los paramilitares no se ha podido hacer una
evaluación equilibrada, una reflexión que ponga en la balanza los
aciertos y los errores. Es bueno hacer eso antes de tomar una iniciativa
seria con las bandas criminales. Pero hay algo que serviría de punto de
partida de la evaluación. No puede haber ambigüedad en el tipo de
negociación que se establezca y tiene que haber completa transparencia.
El gobierno del presidente Uribe cometió un grave error al ilusionar a
los paramilitares con una negociación política. El comisionado Luis
Carlos Restrepo se inventó la idea de que los paramilitares podrían ser
considerados sediciosos y por esa vía podría darles un status político. La
Corte Constitucional en la sentencia C 340 tumbó completamente esa
pretensión en la ley de justicia y paz. Fue el momento en el que una
parte de los paramilitares empezó a desistir del proceso tal como lo
enuncia Báez en su carta.
Otra cosa atrabiliaria que se hizo en esa negociación fue excluir el delito
de narcotráfico de los beneficios jurídicos. Nadie puede entender cómo
se negocia con un grupo manifiestamente vinculado al narcotráfico y se
excluye este comportamiento criminal de la ley que los cobija. Por eso
después se acudió al expediente de que una parte de los jefes
paramilitares desde las cárceles seguía en el negocio y con esa acusación
se les envío en extradición hacia los Estados Unidos. La trampa fue tan
grande que ahora, si se quisiera, se les podrían abrir investigaciones a
todos los paramilitares que están a punto de salir de las cárceles
colombianas por cumplimiento de sus penas para mantenerlos allí.
Nada de eso puede ocurrir en esta coyuntura vital para el país. Desde el
principio las reglas tienen que estar claras: no cabe la negociación
política, y es indispensable que haya un sometimiento a la Justicia.
Pero no puede ser sólo sometimiento a la justicia porque la naturaleza
de estas organizaciones es más compleja que la proclamada al momento
de roturarlas como bandas criminales. Es preciso que el gobierno
nacional y la Fiscalía General de la Nación tengan un diagnóstico y un
mapa de las bandas criminales antes de abordar el sometimiento a la

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justicia y un proyecto integral para desmontar o reducir drásticamente


el crimen organizado.
Deben saber cuántos son, dónde están, qué actividades realizan, en qué
tipo de estructuras se han organizado, cuáles son las rutas y los
territorios que controlan, qué alianzas tienen, qué incentivos esperan
del Estado para su entrega y a qué compromisos están dispuestos.
Para que el proyecto de superación de las bandas criminales se eficaz
tiene que haber ocho estrategias:
1. Persistir en el debate global sobre la liberalización de las drogas
sicoactivas y alucinógenas y avanzar en nuestro país por ese camino de
acuerdo a las posibilidades que ofrezca la comunidad internacional.
2. Un plan consistente de sometimiento a la justicia.
3. Un diálogo nacional para buscar un pacto en torno a las industrias
extractivas que ofrezca alternativas sociales a las comunidades.
4. Un compromiso entre los partidos para cerrarle las puertas a
militantes y candidatos que presenten indicios de vinculación a
organizaciones ilegales.
5. Un proyecto de depuración y reforma de la Fuerza Pública.
6. Una intervención en los juegos de azar para le regularización y
depuración de estas rentas.
7. Una línea de perfeccionamiento de los acuerdos entre los gobiernos
y las policías de toda América Latina para atacar al crimen
transnacional.
8. Una ofensiva policial y militar que eleve la presión sobre todas las
estructuras de las bandas criminales una vez firmado el acuerdo de paz
con las guerrillas.

6.2.3. El despojo de tierras en San Martin de los Llanos.


La informalidad de la propiedad de la tierra facilitó el robo de más de
340 mil hectáreas en los departamentos de Meta y Casanare y dificulta
la devolución a sus legítimos dueños, tarea que recién en 2012 empezó
con el actual gobierno Santos.
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Los territorios que hoy conforman los departamentos de Meta y


Casanare han sido escenario de guerras desde hace medio siglo. En los
años cincuenta vino la violencia liberal-conservadora. En las siguientes
dos décadas llegaron y se asentaron las Farc, y desde finales de los
noventa, tres grupos paramilitares llegaron a disputarles su dominio.
Sólo contando los últimos diez años estas guerras cruzadas forzaron a
por lo menos 142.000 personas a abandonar sus fincas para salvar sus
vidas. El despojo en los Llanos Orientales ha sido de tal magnitud, que
el 40 por ciento de la tierra que hoy están reclamando los colombianos
que han sido despojados como consecuencia del conflicto armado, está
en estos dos departamentos, según datos de la Unidad Nacional de
Restitución, la entidad creada en el Ministerio de Agricultura por la Ley
de Víctimas de 2011.
Hasta junio de 2012, Meta registra 808 reclamaciones de restitución por
267.000 hectáreas y Casanare 114 peticiones por 91.000 hectáreas. En
total, casanareños y metenses le están solicitando al gobierno que les
devuelva 358.000 hectáreas que dejaron tiradas en su huida, o que les
fueron despojadas a las malas por los violentos. No es poca la tierra
usurpada, tiene once veces la superficie de Bogotá.
Dueños sin títulos. La mayoría de campesinos del Meta y Casanare ha
trabajado sus tierras por décadas sin tener una escritura que certifique
su propiedad.
En los Llanos Orientales el problema del campo colombiano donde
escasean las tierras debidamente tituladas, es aún mayor. Los
campesinos apenas si tienen cartas-venta informales en las que
registran los negocios de tierras acordados entre familiares, vecinos o
amigos, sean por herencia, trueques o dinero. “No necesitaba uno de un
documento para tener la posesión”, dice Alberto Abril, un campesino
casanareño. “Éramos señores de nuestro predio porque lo habíamos
comprado, lo estábamos explotando, porque era reconocido, aceptado y
respetado por el vecindario, las autoridades y porque pagábamos
impuestos”.
El Observatorio del Territorio de la Universidad de los Llanos
documentó que hasta los años sesenta, la gran mayoría de las tierras de
esta región eran baldías y por ello eran de la Nación. Luego fueron
colonizadas por campesinos que llegaron huyendo de la violencia
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Los retos y desafíos de la paz en seis municipios del Meta
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bipartidista de Tolima, Caldas, Valle del Cauca, los Santanderes,


Cundinamarca, Huila, Antioquia y Boyacá. Los colonos tumbaron selva
y empezaron a cultivar sus parcelas con maíz, plátano, yuca y otros
cultivos de pancoger. Organizaron de mutuo acuerdo el uso del agua. Si
alguien vendía, solía registrar la transacción sólo en documentos
informales privados.
Algunos más informados acudieron al Incora para que les titularan
formalmente los baldíos que, según la ley, podían ser suyos si los habían
habitado por cinco años o más y si habían trabajado al menos dos
terceras partes del predio que buscaban titular a su nombre. Pero el
instituto fue particularmente lento en titularles tierras a los
campesinos, y la mayoría nunca vio el final de trámites eternos para
conseguir que una resolución oficial les adjudicara formalmente su
propiedad.
Hubo, sin embargo, algunos privilegiados que sí consiguieron títulos
formales con facilidad, dice el estudio de la Universidad del Llano, como
quienes hicieron el servicio militar o colaboraron con el Ejército en sus
batallas. También consiguieron documentos de propiedad formales los
hacendados que les compraron mejoras a colonos para formar grandes
haciendas productivas.
Hoy en el Ministerio de Agricultura, cuyos funcionarios tienen el reto de
restituir las tierras a las víctimas de despojo de los conflictos armados
de los Llanos, consideran que esta informalidad en la propiedad de la
tierra facilitó el despojo en el Llano. Mientras los campesinos se
quedaron con sus acuerdos comerciales de palabra y sus carta-ventas,
los violentos que los despojaron corrieron a conseguir títulos formales,
incluso cooptando o amedrentando a los funcionarios encargados de
tramitarlos.
Aunque el estudio realizado por el Observatorio del Llano no analizó
todos los municipios, encontró que por ejemplo en Vista Hermosa, Meta,
sólo 28% del total del área tiene escrituras.

6.3. Los retos y desafíos para la paz en Puerto Lleras


El tres de agosto del 2017 se realizó en el auditorio del CERES de San
Juan de Arama el segundo de seis Preencuentros Ciudadanos por la paz,
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programados por las autoridades municipales, la ESAP Regional Once


y los comités operativos creados en el convenio.
La comunidad de San Juan de Arama participo en la reunión, miembros
de la administración municipal, mas no el Alcalde, y la delegada del
Director Regional de la ESAP, la ingeniera Nancy Yolanda Erazo y el
equipo de Encuentros Ciudadanos por la Paz.
De los retos y desafíos señalados en la reunión del 3 de agosto por la
comunidad de San Juan de Arama, creo necesario señalar como retos
principales: los cultivos ilícitos en San Juan de Arama, la baja
participación ciudadana y apoyo integral para la economía campesina.
6.3.1. Erradicación de cultivos de uso ilícito.
Diferentes organizaciones sociales y de derechos humanos, en el país,
como la Corporación Humanas, Coca Nasa y el Observatorio de cultivos
y cultivadores declarados ilícitos (OCCDI Global), han denunciado en
una misiva publicada el pasado viernes, que en varias regiones donde
existen cultivos ilícitos de coca, ha habido una “intensificación de
operaciones de erradicación forzosa por parte del Ministerio de Defensa”
y el Esmad.
Según aseguran, estas operaciones han terminado en enfrentamientos
entre las fuerzas armadas y los pobladores de estas regiones y en
muchos casos, estos últimos han sido directamente agredidos. Es el caso
de territorios como el municipio de El Retorno (Guaviare), en donde
según denuncias de la comunidad, se han registrado “choques con la
población civil, estigmatización por parte de las autoridades, acciones
violatorias del Derecho Internacional Humanitario y de los derechos
humanos, y detenciones arbitrarias” de los campesinos.
Agrega el documento que no es el único caso que se registra. En lugares
en los cuales ya se han firmado acuerdos de sustitución voluntaria, a
partir del acuerdo de paz firmado entre el Gobierno y las Farc, como
como Puerto Rico (Meta), San José del Fragua (Caquetá), Piamonte
(Cauca) y Tibú (Norte de Santander) se ha evidenciado el uso de la
fuerza y la violencia por parte de las autoridades.
La carta no solo se sustenta en testimonios de los habitantes sino
también en el seguimiento que hace la Defensoría del Pueblo a los

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Los retos y desafíos de la paz en seis municipios del Meta
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programas de sustitución voluntaria y erradicación forzosa de los


cultivos de uso ilícito del Gobierno.
Según el informe de esta entidad, “se han presentado hechos de
amenazas y homicidios perpetrados contra líderes y comunidades
involucradas en la implementación de estos programas”. También
asegura que el hecho de que coexista la erradicación manual forzosa y
los acuerdos de sustitución voluntaria “ha derivado en el
resquebrajamiento de la confianza institucional, rupturas de los
espacios de concertación y protestas sociales”.
Así lo manifiesta la carta, en la que se cuestiona el papel de la Consejería
del Posconflicto y el Programa Nacional Integral de Sustitución de
cultivos de uso ilícito (PNIS) y agrega, además, que la erradicación
forzosa debería implementarse como última herramienta en dado caso
de que sea imposible realizar pactos voluntarios.
Este incumplimiento ha motivado manifestaciones en Tumaco y
Llorente (Nariño); en Argelia y Tambo en Cauca; en varias poblaciones
del Caquetá y Meta; en Antioquia; y ha motivado que la Coordinación
de organizaciones de cultivadores de coca, amapola y marihuana
(COCCAM) del Suroccidente de Colombia, anuncie movilizaciones y
protestas durante agosto y septiembre del 2017.
El motivo final de la carta es que se reevalúe la sincronía que debe haber
entre la Dirección de Sustitución de la Presidencia y el Ministerio de la
Defensa, y que a su vez se dé cumplimiento cabal de lo acordado en el
punto 4 del Acuerdo Final, para que efectivamente la erradicación
forzada sea último recurso y se den mayores garantías a los programas
de sustitución voluntaria.
Veamos. La Coordinadora Nacional de Cultivadores de Coca,
Marihuana y Amapola tiene unos antecedentes históricos. Cuando los
diálogos del Caguán se realizó una audiencia pública que se llamó
“Medioambiente y cultivos de uso ilícito”, a la que asistieron muchas
organizaciones campesinas y cerca de 25 embajadores de la Unión
Europea. Allí se conformó la COCCA, que era la Coordinadora de
Cultivadores de Coca del país, pero con los ires y venires de que el
Gobierno no cambiaba su política antidrogas, se acabó. En 2013, a partir
de los diálogos de paz de La Habana y de las asambleas y audiencias
que hizo Naciones Unidas para consultar el punto cuatro de la agenda,
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Los retos y desafíos de la paz en seis municipios del Meta
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precisamente el de solución al problema, se volvió a intentar hacer una


coordinación.
Los campesinos siempre han estado organizados en veredas, municipios
y departamentos donde hay coca en comités de cocaleros, esto no es un
secreto para nadie. Lo que han hecho ahora es recoger todos estos
procesos locales y regionales, y conformar la coordinación nacional con
el fin de convertirnos en un actor determinante en el tema de la solución
al problema de los cultivos de uso ilícito.
Entonces el propósito es avanzar rápidamente en la implementación del
punto cuatro. Eso lleva a hacer la presentación formal de la
Coordinadora. Agregan los campesinos que… “nosotros no estamos
defendiendo los cultivos de coca ni de amapola ni de marihuana, lo que
estamos diciendo es que la actividad que hacen nuestros campesinos es
porque no tienen otra opción. No vamos a obstaculizar el proceso de
sustitución que se vaya a adelantar ni estamos diciendo que queremos
perpetuar esos cultivos. La idea es avanzar con una verdadera solución
al problema, lo cual tiene que ver con el desarrollo rural integral”.
Sostiene los entrevistados … “que hay una malinterpretación. Es
normal que el Gobierno tenga preocupaciones, pero por eso queremos
hacer el lanzamiento público y decir quiénes son los voceros, que vean
que detrás de esto hay campesinos, indígenas y negros, pequeños
cultivadores de coca, marihuana y amapola. Aquí no hay
narcotraficantes, eso hay que dejarlo claro. Además, hay que partir del
hecho de que los acuerdos de La Habana reconocen que los campesinos
han sido abocados a meterse en el tema de los cultivos de uso ilícito
porque no tienen otra opción y que la implementación lo que tiene que
hacer es generar condiciones para que salgan del problema. Y nosotros
estamos en esa línea. Lo que a mí me dijo Eduardo Díaz es que tenían
preocupaciones en términos de que de todas maneras ellos pretenden
adelantar la política de erradicación forzada, por un lado, y por otro la
de sustitución, y que pareciera que la Coordinadora se pudiera oponer a
la primera “.
Frente a la erradicación forzosa proponen “revisar esa situación, porque
si va a ser de manera forzada, eso va a generar conflicto social,
emergencia humanitaria y va a desesperanzar a la gente que tanto
empeño y fuerza le ha hecho al proceso de paz, pues creen que sí se va a

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solucionar su problema de fondo. Pero si lo que llega es represión, la


gente va a dejar de creer y pensará que esto va a continuar igual o peor.
La idea es que en la medida en que se vayan acabando los cultivos
ilegales y los campesinos vayan haciendo tránsito hacia una economía
lícita, sigan siendo parte de sus asociaciones campesinas como siempre
lo han hecho, ya no como cocaleros sino como productores agrícolas
lícitos. El Gobierno, en lugar de criticar y “despelucarse”, lo que debería
es ver que aquí hay una gran oportunidad de encontrar a todos los
campesinos reunidos bajo una sola línea y aprovechar para que la paz
sea mejor en los territorios. Y que permita que haya veeduría, que los
recursos no se pierdan, que los proyectos sean concertados, que se
puedan construir los planes de desarrollo, que implique una gran
participación y eso nos dé la posibilidad de encontrarnos, reconciliarnos
y salir de ese agujero negro”.
“La gente está cansada de tanta persecución, de tanta guerra y lo que
quiere es hacer tránsito a recuperar su verdadera vocación de
agricultores, que siempre la han tenido, pero que infortunadamente se
ha tenido que utilizar para cultivar coca, que es lo único que la gente
puede hacer en esas regiones. Los campesinos no cultivan coca porque
quieran ser cocaleros, cultivan coca porque no tienen otra opción, pero
si llegan las soluciones de tierras, de asistencia técnica, de
infraestructura agropecuaria y todo lo que se está planteando para
mejorar la calidad de vida de toda esta población, pues ya no habrá
razón para cultivar coca y los campesinos saldrán de esa situación.
También, en algunas zonas, la gente está reclamando que se le respete
y no se erradique forzosamente”.
“En muchas regiones del país hay una emergencia humanitaria en este
momento como en Guaviare, por todo el río Guayabero, donde entró un
proceso de erradicación forzada muy fuerte en diciembre y a la gente la
dejaron sin nada, sin qué comer. Igualmente, en Caquetá, cerca de San
José de Fragua, y hay algunas zonas del Cauca que han erradicado. Lo
que dijo el Gobierno la semana pasada es que van para el Catatumbo,
Nariño y Putumayo a erradicar. Uno dice: por qué mejor no anuncian
que se van a sentar para que nos pongamos de acuerdo en la ruta de
implementación. En el Catatumbo, por ejemplo, hay un fuerte proceso
organizativo con el que pueden arrancar ya todo el proceso de
sustitución voluntaria y concertada”.

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“Por ahora hay 14 departamentos involucrados, sobre todo los que


tienen mayor densidad de cultivos de coca como Nariño, Cauca,
Putumayo, Catatumbo, Magdalena Medio, Guaviare, Arauca, Córdoba,
Antioquia y Chocó. La Coordinadora quedó conformada con dos
delegados por cada departamento, acompañados por dos delegados de
cada región. Somos casi 43 personas que estamos trabajando en el tema
de la coordinación nacional, elegidos por los comités veredales,
municipales y departamentales de cultivadores y trabajadores en todo
el país.
Finalmente, en San Juan de Arama proponen como sistema de trabajo
que “La asamblea deliberativa, tiene como propósito trabajar una
propuesta de ruta de implementación del punto cuatro, que
posteriormente será presentada al Gobierno, porque sabemos que los
acuerdos ya están firmados, pero la ruta todavía no está acordada.
Nosotros que sí conocemos el territorio y las características, queremos
hacerle una propuesta y por eso lo convocamos para que asista a la
reunión. Tanto estamos defendiendo la sustitución de cultivos, que lo
que vamos a presentar es precisamente una propuesta de
implementación de la paz. Estamos absolutamente comprometidos
todos. La idea es que el primer día de la asamblea trabajemos 600
delegados de todo el país y si hay asistencia del Gobierno, las Farc y la
comunidad internacional, podremos tener un espacio deliberativo con
ellos. El segundo día vamos a hacer una marcha por la ciudad y un acto
público para presentar de manera formal tanto las conclusiones y la
propuesta como a los integrantes de nuestra Coordinadora. No estamos
haciendo nada a espaldas del país, todo es público.
Proponen los campesinos de San Juan de Arama que se debe poner de
acuerdo en cómo va a ser la implementación. “Estamos contemplando
unas fases para el inicio, la continuación y eso pasa por saber si el
Gobierno efectivamente está pensando en hacerlo en todo el país o si
está pensando priorizar regiones. Para nosotros sería espectacular que
el Gobierno tuviera los recursos y todo para iniciar de una vez en los 14
departamentos, nos daría una celeridad muy importante y que en lugar
de pensar en erradicar 50 mil hectáreas se den cuenta que la sustitución
funciona y que realmente se resuelve el problema de fondo y de pronto
reconsideren y piensen que todo el proceso debe ser totalmente por vía
sustitución. Eso no significa que se tenga que descartar que tendrán que

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Emilio Garcia Gutiérrez, agosto de 2017

hacer erradicación a la gente que no quiera entrar en los programas y


en eso nosotros también somos claros. Sabemos que hay medianos y
grandes cultivadores a los que nos les gusta esa solución. Nosotros
estamos trabajando con los pequeños cultivadores, con los que, si
quieren sustituir, salir de ese problema y hacer un tránsito hacia la
economía lícita “.
6.3.2. Apoyo integral para la economía campesina
La soberanía alimentaria es el derecho de cada pueblo a definir sus
propias políticas agropecuarias y en materia de alimentación, a
proteger y reglamentar la producción agropecuaria nacional y el
mercado doméstico a fin de alcanzar metas de desarrollo sustentable, a
decidir en qué medida quieren ser autosuficientes, a impedir que sus
mercados se vean inundados por productos excedentarios de otros países
que los vuelcan al mercado internacional mediante la práctica del
„dumping‟… La soberanía alimentaria no niega el comercio
internacional, más bien defiende la opción de formular aquellas
políticas y prácticas comerciales que mejor sirvan a los derechos de la
población a disponer de métodos y productos alimentarios inocuos,
nutritivos y ecológicamente sustentables.
A lo largo de los últimos 40 años se ha discutido la importancia de la
economía campesina como una alternativa para el desarrollo
socioeconómico, cultural, político y agrario, en Colombia. Pero hasta
donde se ha avanzado, cuando el Estado enfatiza en que la problemática
de la economía campesina se debe dar exclusivamente asociada a
problemas de bienestar y de pobreza, llevando a crear políticas,
programas y planes asistencialistas, dejando atrás un modelo que
supere estas problemáticas más allá de lo inmediato y que genere una
verdadera alternativa de desarrollo integral para los campesinos, el
sector agrario y la sociedad en general.
Planteado el problema de esta manera podemos decir que existen por lo
menos tres razones por las cuales la economía campesina desempeña un
papel importarte en el desarrollo del país.
En primera instancia encontramos la autonomía alimentaria. Aunque
Colombia no tiene grandes índices de dependencia alimentaria, en
comparación con los demás países de la región (las importaciones en
Colombia subió en un 30.1% en el 2010 con respecto a las importaciones
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del 2009, la importación de alimentos subió un 3.1 % del total de las


importaciones, en comparación con Venezuela que aumento la
importación de alimentos en el año 2010 en un 20.9 %, y Bolivia quien
incremento las importaciones en un 24 % en los últimos 4 años,) las
tendencias y estudios hacia el futuro nos hacen pensar que el problema
de autonomía alimentaria se convertirá en un problema de seguridad
alimentaria en los próximos años.
Lo anterior se convierte en un problema enmarcado en una política de
globalización y con un tratado de libre comercio impulsado por los
últimos gobiernos, donde como es apenas lógico que con el TLC se
perjudica el agricultor colombiano, ya que van a llegan productos
agrícolas subvencionados de Norte América y la Unión Europea, además
tienen que competir con una producción agrícola mecanizada y
altamente tecnificada. En contraste, en nuestro país, ya sea para dar
trabajo o porque no hay esa mecanización, a los grandes hacendados no
les interesa automatizar el campo, debido en gran parte, a la destinación
del uso del suelo; a mantener el latifundio, la explotación ganadera, la
producción de biocombustibles.
Tal vez los esfuerzos que hagamos para impedir las importaciones de
alimentos sean poco útiles, sin que se resuelva de manera inmediata el
problema interno de la oferta y del equilibrio del mercado. Nos veremos
avocados a mantener las políticas globales para mantener los canales de
comercialización de los alimentos, donde se benefician las
multinacionales y las empresas nacionales que controlan la
distribución, los precios y los volúmenes de producción, en
contraposición de los pequeños y medianos productores y los
consumidores que no tienen fácil acceso al mercado de los alimentos, ya
sean estos por dificultades de transporte, vías de acceso, o simplemente
por la desigualdad y trabas que se les han impuesto a la hora de entrar
a competir con las grandes empresas.
Si bien es cierto hoy las pequeñas economías campesinas no son
visibilizadas como parte fundamental del desarrollo agrario o económico
del país, o así se hace notar por parte de las políticas del actual gobierno,
quien prioriza como pilar de la economía 5 grandes retos como la
diversificación de la inversión extranjera, donde la industria petrolera y
minera representa un 55% del total de inversión; crear “empleo digno”,
donde los niveles de desempleo suben a más de 2.293.000 para el año
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2010, y el nivel de subempleados llega a 10.065.000 personas, basados


en la ley de primer empleo que en materia de seguridad social y
prestaciones no es benéfico para el trabajador; como tercer reto se busca
bajar el déficit fiscal, donde no se prevén gastos que se producen por
efectos de cambio climático y calentamiento global, como los producidos
por la gran ola invernal que azotó a las zonas más vulnerable en el
segundo semestre de 2010, y que claramente lleva a un endeudamiento
interno y externo de más de 27 billones de pesos; por otra parte tenemos
la inversión en salud que lo que busca es tapar las falencias que dejo la
reforma a la salud aprobada por el congreso y que asciende a más de 3
billones de pesos y que aún no se sabe cómo financiarlo, por último el
reto de las exportaciones es crucial para la política económica del estado,
aunque es claro que hoy las exportaciones van más a la consolidación
del sector energético, minero e industrial; lo anterior demuestra que
para este Estado la economía agraria no tiene significancia para el
desarrollo económico del país, al tanto que dentro del Plan Nacional de
Desarrollo no está estructurada una solución para el desarrollo integral
agrario.
Aun así, son varias las razones por las cuales se puede pensar que hoy
la economía campesina aporta al desarrollo económico y a la
problemática de seguridad alimentaria, hoy la cantidad sembrada de
alimentos transitorios inferiores a 20 hectáreas. Es de un 38% según la
Encuesta Nacional Agraria 2009, convirtiéndose en fuente importante
de oferta de alimentos para el mercado y de materias primas para la
transformación. Aunque el volumen de producción puede ser alto es
necesario fortalecer los procesos de calidad para lograr desarrollar
canales de comercialización especializados con niveles de organización
más elevados.
Hay varias razones por las que hoy las economías campesinas aportan
al crecimiento agrario:
*La zona central de Colombia tiene características topográficas
especiales dadas por sus montañas y valles interandinos donde no son
rentables grandes extensiones de cultivos mecanizados e industriales,
dando espacio a medianas y pequeñas unidades familiares de
producción rentable.

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*Los pequeños y medianos productores han sido importantes


proveedores de alimentos no tanto por la cantidad sino por sus
características:
• Localización: los productores campesinos están diseminados por todo
el país especialmente en la región central y en el sur del país, y están
cerca de los puntos centrales de los mercados, bien sea estos pequeñas
poblaciones o grandes ciudades como la capital del país. Esta
localización cerca a los centros de consumo les permite reducir los costos
de transporte, aunque es necesario generar políticas públicas locales y
regionales que logre fortalecer estos procesos de transporte para
hacerlos más eficientes.
• Producción continua y regularizada: debido a las diferencias micro
climáticas y al gran número de productores los campesinos producen
casi durante todo el año y suministran en forma continua sus productos
con intervalos de una semana o menos, algunos tres o cuatro veces por
semana, de acuerdo con los mercados que se trabaje.
De igual forma debido al gran número de productores individuales, la
oferta es permanente, cada uno es reemplazado por otro en cada
mercado de modo que, en conjunto, la oferta total tiene una regularidad
a través del tiempo, reduciendo las fluctuaciones y el crecimiento de los
precios.
• Pequeñas cantidades. Los productores campesinos ofrecen pequeñas
cantidades en los mercados, en cada oferta se entregan productos
frescos, manteniendo un equilibrio con la demanda y evitando grandes
procesos de almacenamiento y transformación.
• Variedad de productos: su producción se ajusta a las características de
cada región y a las necesidades de los consumidores de los mercados, en
muchas ocasiones teniendo en cuenta la vocación de la tierra o las
condiciones culturales del campesinado, esta variedad se debe a la
localización en toda clase de climas.
Para finalizara podemos decir que el campesinado es generador de
fuerza de trabajo para todos los sectores de la economía.
Independientemente de su magnitud es muy importante para la
regulación y normalización del abastecimiento de alimentos del país,
pero, para que esta capacidad pueda ser aprovechada es necesario

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contar con recursos y tecnología, con el fin de aumentar su eficiencia y


capacidad.
En segundo plano la economía campesina puede generar productos de
agricultura permanente distintos a los que hoy muestra la Encuesta
Nacional Agropecuaria como el cacao, la palma de aceite, la caña,
algunos frutales de exportación, y productos de producción no
alimentaria. La economía campesina pueda hacer grandes aportes al
crecimiento de la agricultura y la economía a través de la producción de
alimentos especialmente con una capacidad de producción de hortalizas
(122.306ha), frutales (208.994ha), tubérculos(283.405ha) y leguminosas
(94.891ha) ; generando una contribución significativa al desarrollo
económico, esto asociado al papel que tienen los precios de los alimentos
de origen agrícola en la estabilidad económica, cuando nuestro país
gasta una proporción considerable de su ingreso en bienes básicos:
alimentos y vivienda, entonces el precio, o el equilibrio de los precios de
los alimentos se convierte en un elemento básico dentro de los procesos
de generación de ahorro interno y aun dentro de los procesos de
crecimiento económico.
En tal sentido encontramos el hecho que existen varias experiencias
locales, promovidas por las organizaciones campesinas de carácter
nacional y regional, las cuales tienen como objetivo “posicionar la
economía campesina en una propuesta de seguridad alimentaria para la
región central, estableciendo una interlocución con entidades
gubernamentales, organismos de cooperación internacional e
instituciones para lograr incidir en las políticas públicas para el sector
agropecuario”. Desde el año 2004 han venido desarrollando el proceso
de Mercados Campesino como una alternativa de solución a los procesos
económicos, organizativos, culturales y políticos del sector agropecuario.
Estas experiencias, han permitido una relación directa entre más de
2500 productores (de la ruralidad de Bogotá y 68 municipios de los
departamentos de Boyacá, Meta, Tolima y Cundinamarca) y
consumidores generando una serie de beneficios económicos, sociales, y
culturales, abriendo además canales de comercialización directos con
plazas de mercado, Fruver, tiendas y restaurantes, logrando abastecer
y proporcionar un 65 % de los productos de la canasta familiar a los siete
millones de habitantes de Bogotá.

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Finalmente podemos decir que la economía campesina puede fortalecer


el desarrollo socioeconómico si se generan una serie de políticas de
construcción colectiva que logre mantener los procesos productivos
agrarios, resolviendo el problema crítico del desarrollo rural,
solucionando definitivamente los problemas de bienestar y pobreza que
tiene la mayoría de sociedad colombiana, pensándonos en una
recomposición total del crecimiento económico y en particular del
crecimiento del sector agropecuario.
En el año 2010 se logró incidir en 38 municipios de la región central del
país a través de los Comités Campesinos Municipales con la aprobación
de los acuerdos municipales que van dirigidos a la creación de los
sistemas de apoyo a la economía campesina. La aprobación por parte del
Concejo de Bogotá del acuerdo 455 del 16 de diciembre de 2010 “por el
cual se promueve la integración regional rural a través de mercados
temporales campesinos, indígenas, afro descendientes y demás etnias",
es una muestra de la importancia de articular los procesos productivos
con el desarrollo de políticas que benefician al campesinado y a las
familias colombianas.
Se puede plantear que en Colombia existen tres tendencias divergentes
frente a las políticas agropecuarias y que, desde posiciones y opiniones
distintas, todas dicen ser suficientes e incluyentes, coherentes con el
equilibrio ambiental, con el desarrollo tecnológico y productivo y con la
inmersión al sistema agroalimentario:
a) Tenemos la posición adoptada por las Organizaciones no
Gubernamentales de carácter ambiental y agraria, quienes proponen
como única opción la agricultura orgánica (cero insumos agroquímicos y
prácticas agrícolas destructivas). Estas organizaciones cumplen un
papel importante en la construcción de una agricultura y un desarrollo
rural sostenible, incluso desde una mirada académica e investigativa
han logrado obtener desarrollos prácticos alternativos para beneficio del
sector agropecuario. Pero es difícil pretender que aporten a la
formulación de políticas públicas que beneficie de manera estructural al
agro en general. El hecho de lograr un desarrollo hacia la obtención de
una agricultura orgánica sostenible es solo un elemento para la
consolidación de una política integral agraria.

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b) Por otra parte tenemos las posiciones de técnicos y académicos que


tienen una tendencia hacia la política económica nacional e
internacional, que priorizan sus intereses hacia la articulación con las
grandes cadenas agroindustriales y con las cadenas de supermercados.
Quienes a través de políticas globalizadoras dejan por fuera la gran
mayoría de productores ya que manejan un 97% de las instalaciones
logísticas para manipular los canales de comercialización.
c) Por último tenemos la propuesta de los campesinos expresada en el
mandato agrario declarado después del congreso nacional agrario
realizado en el 2003, el cual prioriza el papel político del campesinado
en la transformación de las estructuras agrarias impuestas y
dominantes, y señala en 14 puntos unos elementos generales para la
creación de una política pública para el sector agrario que beneficie
principalmente a los pequeños y medianos productores campesinos,
indígenas y afro descendientes.
6.3.3. La participación en los Consejos Territoriales de Planeación
Municipal (CTP) en San Juan de Arama
La enunciación de los Consejos Territoriales de Planeación Municipal
(CTP) se restringió estrictamente a su funcionamiento y a valorar la
participación efectiva de las organizaciones sociales en cada uno de los
municipios considerados. Es de advertir que otro tipo de problemáticas
asociadas a la participación no fueron estudiadas porque, entre otros
factores, desbordaban la intencionalidad de la investigación. Uno de los
temas asociados a los escenarios de participación que más llamó la
atención del coordinador del Equipo de trabajo de la ESAP fue el de los
mecanismos, las formas y la manera en que se seleccionan las personas
que han de representar la ciudadanía y las organizaciones sociales en
los espacios de participación ciudadana, e incluso la legitimidad tanto
de su designación o elección como de su carácter “representativo”.
Entre las dificultades asociadas al funcionamiento de los CTP en el
Meta, que fueron inicialmente señaladas por los participantes de los
DRP y posteriormente contrastadas por el coordinador del Equipo de
trabajo en terreno. estuvieron: a. A pesar de la importancia que la ley
de ordenamiento le otorga a los CTP en el proceso de elaboración de los
planes de desarrollo, se pudo constatar que a principios de marzo,
cuando debía iniciar el proceso de estudio y análisis del proyecto de plan

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de desarrollo municipal por parte de los miembros del CTP, la mayoría


de ellos no se encontraban formal y plenamente conformados, razón por
la cual, al no estar en funcionamiento y por el poco tiempo (sólo un mes)
que tienen los CTP para emitir concepto sobre los planes, tenían
dificultades para promocionar la discusión del documento entre los
diversos sectores sociales que los habrían de conformar y, desde luego,
para emitir sus conceptos y recomendaciones de ajustes a los planes que
en ese momento estaban proyectando las administraciones municipales.
b. Como lo establece la Ley de Ordenamiento Territorial, quienes sean
designados para conformar los CTP han de integrarlo durante un
periodo comprendido por dos mandatos de gobierno municipal, es decir,
por ocho años. Así mismo, también dispone la ley, cada vez que una
nueva administración municipal inicia su periodo de gobierno, es
potestad del alcalde renovar y elegir por terna sugerida por las
organizaciones y las autoridades locales el 50 % de quienes han de
conformar el CTP que ha de funcionar durante su periodo de gobierno
(Congreso de la República de Colombia. Artículo 10, Ley 152 de 1994.
Ley Orgánica del Plan de Desarrollo, 15 de julio de 2015). Esto implica
que para que las administraciones municipales puedan cumplir con el
calendario de formulación y aprobación de los planes de desarrollo, y que
éstos incluyan la participación efectiva de los CTP durante este proceso,
es necesario que tanto la convocatoria como la conformación y
formalización de éstos sea realizada por las alcaldías entre los meses de
enero y febrero, al inicio de cada periodo de gobierno, y que incluso las
administraciones mismas dirijan para su revisión el proyecto de plan de
desarrollo tanto a los CTP como a los concejos municipales antes de la
finalización del mes de febrero mismo.
El no cumplimiento del calendario de conformación de los CTP en el
periodo estimado para ello implica en sí mismo un incumplimiento de
parte del Estado de las obligaciones que respecto de la garantía del
derecho fundamental a la participación le fueron subrayadas en la Ley
Estatutaria 1757 de Participación Ciudadana de 2015 y que en su
artículo 104 hace referencia a los Deberes de las administraciones
nacionales, departamentales, municipales y distritales en la promoción
de instancias de participación ciudadana formales e informales, creadas
y promovidas por la ciudadanía o el Estado.

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c. Así mismo, y en relación con lo anterior, algunas de las personas que


participaron de los DRP advirtieron el alto grado de deserción que se
manifiesta en la conformación de los CTP una vez este cumple con la
función de emitir su concepto frente al proyecto de plan de desarrollo, es
decir, una vez pasados los cinco primeros meses de iniciado cada nuevo
periodo de gobierno. Como lo ha señalado también la Fundación Foro en
una de sus investigaciones dedicadas a valorar el funcionamiento de los
CTP, una vez pasado este tiempo, en éstos tiende a aumentar el
ausentismo, y un número importante, aproximadamente un 50 % de
quienes los conforman, empiezan a eludir gradualmente sus labores.
Esto hace que durante gran parte de todo el periodo de gobierno (tres
años y siete meses), por deserción, los CTP funcionen con un número
reducido de sus integrantes y finalicen aún más limitados (Velázquez,
Fabio; González, Esperanza. La participación ciudadana, el sistema
nacional de planeación y los presupuestos participativos en Colombia.
Fundación Foro Nacional por Colombia. Medellín. Noviembre de 2010.
Págs. 331-32).
d. Son varias las razones que pueden explicar el alto porcentaje de
deserción que caracteriza la participación ciudadana en los CTP; dar
cuenta de ellas o analizarlas no es objeto de este trabajo. No obstante,
se referencia por cuanto este grado de ausentismo no sólo es aquél con
el que suelen finalizar las administraciones territoriales, sino que es el
mismo con el que se inauguran las administraciones siguientes para las
que la renovación de los CTP resulta fundamental. Esta situación podría
resolverse en el transcurso de cada administración, por cuanto las
alcaldías podrían sustituir las ausencias y los abandonos que durante
su periodo vayan resultando.
Dicha acción no sólo mejoraría la planeación del desarrollo de los
municipios para el periodo siguiente, sino que, sobre todo, facilitaría un
mejor funcionamiento de los CTP y permitiría instalarlas en la
institucionalidad estatal a escala municipal, como instancias garantes
del derecho de la ciudadanía a participar tanto en la planeación del
territorio como en la gestión de las políticas y los asuntos públicos; como
instancias de potenciación de la sociedad civil para la trasformación de
la democracia, para la construcción de una mejor ciudadanía, de mejores
instituciones, así como de elaboración y concertación de políticas
territoriales más eficaces e incluyentes.

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e. El periodo de elaboración de los DRP, entre los meses de febrero y


abril del año en curso, coincide con aquél en el que las administraciones
municipales del departamento del Meta acopiaban información y
establecían encuentros intergubernamentales, interinstitucionales y
hacían consultas con la sociedad civil en función de la elaboración de
diagnósticos territoriales y de construcción de información y relaciones
que les permitiera elaborar sus respectivos planes de desarrollo locales.
Particularmente, entre febrero y marzo cada una de las
administraciones municipales y la del departamento, convocaron a
funcionarios, autoridades territoriales, grupos de ciudadanos y
organizaciones de la sociedad civil para realizar el tradicional plan,
convertido en uno de los más importantes escenarios de planeación
territorial: las mesas sectoriales de diagnóstico para la formulación
participativa de los planes de desarrollo municipales y
departamentales.
f. Es indiscutible el hecho de que las mesas sectoriales son un
importante escenario en el que diversos sectores de la sociedad civil se
encuentran con las entrantes administraciones municipales para
diagnosticar las problemáticas asociadas a sus municipios o
departamentos y, a partir de allí, identificar temas y prioridades para
tener en cuenta en el diseño de las acciones, programas y proyectos que
han de definir las políticas públicas territoriales que puedan
considerarse en los futuros planes de desarrollo.
g. Si bien las mesas están soportadas en el artículo dos de la
Constitución Política de Colombia, según el cual uno de los fines
esenciales del Estado es facilitar la participación de sus ciudadanos en
las decisiones que los afectan, así como en la vida económica, política,
administrativa y cultural de la nación, es importante señalar que las
mesas sectoriales, al tener por objeto diagnosticar las problemáticas de
los municipios y los departamentos para elaborar los planes de
desarrollo, no son escenarios permanentes y de muy corta existencia
(máximo dos semanas); es decir, se convocan cada cuatro años a inicios
de cada administración; de allí que sean un mecanismo de participación
y no una instancia de participación, como sí lo son los CTP, escenarios
cuya característica fundamental es su posible permanencia en el tiempo.
h. Las mesas sectoriales como mecanismo, al igual que los CTP como
instancia, están orientadas a promover la participación democrática de
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la ciudadanía en la planeación territorial, como principio constitucional


y derecho fundamental. Sin embargo, las mesas sectoriales tienen
limitaciones con respecto al carácter de la participación ciudadana en
los CTP, y es que mientras en las mesas la participación es
fundamentalmente para diagnosticar problemáticas sociales, en los
consejos, implica el ejercicio de seguimiento, evaluación e
involucramiento de la ciudadanía en todo el ciclo de las políticas públicas
y no sólo en la etapa inicial de su formulación.
Es necesario señalar que, aunque no haya sido el objetivo de este
estudio, dada la experiencia del trabajo de campo realizado por el
coordinador de los Encuentros para paz del Meta de la ESAP , resulta
sugerente preguntar por la calidad de la participación ciudadana que se
ejerce en las mesas sectoriales como escenarios de participación, por la
previa preparación de los asistentes a los encuentros sectoriales, por la
forma en que se convoca a la ciudadanía a participar en ellas, por la
representación social-sectorial en las mesas, por las metodología que se
usan en las jornadas y sus respectivos productos, por el destino de los
insumos y las consideraciones aportadas por quienes a ellas asisten, por
el eventual formalismo con el que parece que se convocan para dar
respuesta a un estricto requisito, e incluso, por la extraña confusión
manifiesta por las administraciones territoriales cuando no suelen
diferenciar con mediana claridad si las mesas son un escenario de
diagnóstico, de elaboración o de socialización del plan de desarrollo.
i. Por lo anterior, llamó la atención que los esfuerzos, realizados hasta
finales del mes de febrero por parte de las administraciones municipales
en los lugares en los que para ese momento se habían adelantado los
DRP, se habían concentrado más en la convocatoria para conformar las
mesas sectoriales que en la convocatoria, conformación y puesta en
funcionamiento de los CTP. Este hecho resulta significativo para
interpretar la poca importancia que desde las administraciones
municipales se le suele otorgar a un tipo de escenarios de participación
respecto de otros, énfasis que, por lo demás, no deja de ser problemático,
en la medida en que da cuenta de las predisposiciones que con el tiempo
se han institucionalizado en las administraciones municipales, desde las
cuales se tiende a preferir la promoción de un tipo específico de
escenarios de participación, en detrimento de otros.

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j. Para quienes integran los CTP, emitir un concepto sobre el proyecto


de plan de desarrollo en tan sólo un mes ya demanda considerables
esfuerzos de tiempo. Además, teniendo en cuenta que el plan lo compone
una parte general de tipo estratégico y otra que contiene el plan de
inversiones de carácter operativo, para los consejeros resulta
adicionalmente difícil emitir un concepto sobre este documento si se
valoran los escasos conocimientos técnicos con los que cuenta para el
análisis de un documento que suele ser denso, construido con un
lenguaje especializado, y que está asociado a los recursos públicos con
los que ha de disponer la administración municipal para ejecutar las
políticas públicas durante los siguientes cuatro años de gobierno.
Es de señalar que ese escaso conocimiento técnico de quienes integran
los CTP, los condiciona y dificulta valorar la calidad de la información
que por las administraciones territoriales se pone a su disposición. Más
aún cuando, según fue señalado en los DRP, la información suele
entregarse incompleta, sin un número suficiente de copias para
distribuirlas entre todos los integrantes del consejo y en muchas
ocasiones a tan sólo una o dos semanas de terminarse el plazo límite con
el que el CTP cuenta para entregar su concepto a la administración
municipal. Este último hecho contraviene la Ley Estatutaria de
Participación, cuando consagra expresamente en su artículo 102 el
derecho de los ciudadanos a “recibir información oportuna y veraz para
poder ejercer las acciones de participación” (Congreso de la República de
Colombia. Artículo 102, Ley Estatutaria 1757 de 2015, 6 de julio de
2015).
k. Un último y específico aspecto señalado en los DRP está relacionado
con el poco conocimiento de quienes integran los CTP sobre las funciones
y los alcances de esta instancia, más allá de su comúnmente conocida
participación en el proceso de formulación de los planes de desarrollo.
El hecho de que los consejeros consideren fundamental esta función de
los CTP y no se proyecten en relación con el resto de funciones, limita
las posibilidades de ejercer una mejor y mayor participación ciudadana
en este valioso escenario local. Como consecuencia, se tiende a
considerar como la etapa más importante en el funcionamiento del CTP,
aquella en la que de forma activa participan en la formulación del plan
de desarrollo municipal, que abarca un máximo de cinco meses una vez
iniciado cada periodo de gobierno, y se desestima el resto de etapas que

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conforman el ciclo de las políticas públicas como son las de seguimiento,


ejecución y evaluación de las políticas, que en total abarcan un periodo
de tres años y siete meses; tiempo durante el cual los CTP suelen reducir
significativamente su actividad.
l. Al dificultarse la apropiación de los alcances de los CTP por parte de
sus integrantes, más allá de la etapa de formulación de los planes se
genera una especie de atrofia del resto de sus funciones, que incluso
fueron potenciadas por la Corte Constitucional en la sentencia C-524 de
julio de 2003 al señalar que la función consultiva de los CTP “no se agota
en la fase de discusión del plan de desarrollo, sino que se extiende a las
etapas subsiguientes en relación con la modificación de dichos planes”.
Este carácter le permite hacer seguimiento a la política pública
municipal, ejercer control social sobre los recursos y las políticas
territoriales y hacer recomendaciones de ajuste para optimizar sus
resultados sin desconocer, además, la posibilidad que los CTP ganaron
con este pronunciamiento de la Corte, para promover permanentemente
entre la ciudadanía la discusión de temas de gran interés y afectación
pública relacionados con las políticas municipales.

6.4. Los retos y desafíos para la paz en Puerto Lleras


El 3 de agosto del 2017 se realizó en el Polideportivo de Puerto Lleras
el tercero de seis Preencuentros Ciudadanos por la paz, programados
por las autoridades municipales, la ESAP Regional Once y los comités
operativos creados en el convenio.
La comunidad de Puerto Lleras participo ampliamente con XXX
representantes, el Alcalde municipal, las autoridades civiles y militares
del municipio y la señora delegada del Director Regional de la ESAP y
el equipo de Encuentros Ciudadanos por la Paz.
De los retos y desafíos señalados en la reunión del 3 de agosto por la
comunidad de Puerto Lleras, creo necesario señalar como retos
principales: Baja participación de la comunidad en Consejos
Municipales de Desarrollo Rural (CMDR); el arruinamiento de los
productores pobres de la leche en Puerto Lleras y la tierra, el control
sobre ella y la ruralidad

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Los retos y desafíos de la paz en seis municipios del Meta
Emilio Garcia Gutiérrez, agosto de 2017

6.4.1. La participación en los Consejos Municipales de Desarrollo Rural


(CMDR) en Puerto Lleras.
Se señala en esta parte del documento, el tipo de obstáculos que suelen
dificultar el goce efectivo del derecho a la participación ciudadana. La
base la constituye la información de campo que se construyó para esta
investigación con el apoyo de aproximadamente 20 delegados de un
número similar de organizaciones de Puerto Lleras en el Meta, quienes
por medio de la conversación y el análisis grupal compartieron sus
propias consideraciones y valoraciones con respecto a la forma en que
sus organizaciones han experimentado la participación ciudadana en el
municipio de Puerto Lleras y otros municipios del departamento,
seleccionados para el presente contrato.
Los CMDR, creados por la Ley 101 de 1993 (Ley General de Desarrollo
Agropecuario y Pesquero), son a escala municipal los más importantes
escenarios en los que la ciudadanía local puede concertar con las
autoridades municipales y con las entidades públicas, el tipo de políticas
y programas dirigidos a desarrollar los territorios rurales, y así
participar en el proceso de toma de decisiones que en materia de
desarrollo rural y ambiental los afecte. Según lo establecido
posteriormente en la Ley 160 de 1994 (Ley de Reforma Agraria y
Desarrollo Rural Campesino), su función principal es coordinar y
racionalizar las acciones y el uso de los recursos destinados al desarrollo
rural, al igual que priorizar los proyectos que sean objeto de
cofinanciación en el municipio (Congreso de la República de Colombia.
Artículo 89, Ley 160 de 1994, 3 de agosto de 1994).
Igualmente, con base en la consideración de la participación ciudadana
como principio constitucional, en el mismo artículo la ley resaltó este
derecho fundamental al establecer que “La participación de los
miembros de las comunidades rurales deberá ser amplia y pluralista, de
manera que garantice la mayor participación y representación
ciudadana en las deliberaciones del Consejo”; y destacó, además, que en
cuanto a su conformación deben estar integrados en su mayoría por
representantes de esas comunidades(Congreso de la República de
Colombia. Artículo 89, Ley 160 de 1994, 3 de agosto de 1994).
La existencia y el buen funcionamiento de los CMDR posibilitan que el

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Estado, en el nivel municipal, cumpla con sus obligaciones, y pueda


garantizar el goce efectivo del derecho a la participación de la población
rural. Ello implica, incluso, que quienes integren los CMDR, al ser un
escenario de existencia permanente, puedan incidir en la gestión de las
políticas públicas incluidas en los planes de desarrollo municipal y estén
relacionadas con el desarrollo rural local; y por lo mismo, hacerles
seguimiento, valorarlas y hacer sugerencias frente a su implementación,
y desde luego, solicitar periódicamente a las administraciones
municipales la rendición de cuentas respecto de los alcances y
resultados de las políticas, al igual que de la inversión, el destino y la
administración de los recursos públicos.
A pesar de ello, durante los DRP realizados, un grupo significativo de
participantes de varios de los municipios, manifestaron como
problemático la no existencia del CMDR, su deficiente funcionamiento o
que se dé su activación sólo de forma ocasional cuando las
administraciones municipales lo requieren de urgencia para situaciones
específicas. También señalaron que en los municipios en los que se
crearon, su funcionamiento se restringió estrictamente al interés de las
administraciones pasadas en promover proyectos productivos y acceder
a los recursos públicos que fueron destinados por el gobierno nacional
por medio del Pacto Agrario (creado en 2013), y que le exigían a las
administraciones municipales la creación o la activación de los CMDR,
al ser los escenarios de participación institucional en los que habrían de
definirse los cinco proyectos, de todo un conjunto de ellos, que habrían
de ser priorizados para el municipio y serían ejecutados con recursos del
gobierno nacional.
El Pacto Agrario (Pacto Nacional por el Agro y el Desarrollo) fue
producto de los acuerdos logrados entre el gobierno nacional y un sector
importante del campesinado colombiano luego del paro agrario que
conmocionó al país durante los meses de agosto y septiembre de 2013.
Con el fin de hacer efectivo el pacto, el gobierno nacional conminó a las
administraciones departamentales y municipales de todo el país para
“Crear o reactivar los Consejos Seccionales de Desarrollo Agropecuario
(Consea) y los Consejos Municipales de Desarrollo Rural (CDMR), de
conformidad con lo consagrado en Ley 101 de 1993 y la Resolución 00164
de 2004 del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural. Para los
efectos del cumplimiento del pacto, es de vital importancia que dichas

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Los retos y desafíos de la paz en seis municipios del Meta
Emilio Garcia Gutiérrez, agosto de 2017

instancias estén creadas o activas antes del próximo 10 de noviembre de


2013” (Directiva presidencial 09, dirigida a gobernadores
departamentales y alcaldes municipales. Asunto: Pacto Nacional por el
Agro y el Desarrollo Rural, numeral 1, 16 de octubre de 2013).
No obstante, a pesar del impulso que tuvieron los CMDR para su
creación/reactivación en 2013, como señalan la mayoría de los delegados
y de las organizaciones sociales del Meta que participaron en la
realización de los DRP, estas instancias, conformadas por las alcaldías
de forma irregular por la premura del tiempo, funcionaron de forma
excepcional y atropellada sólo durante esta coyuntura presupuestal,
para regresar posteriormente a su estado de inactividad y volverse de
nuevo irrelevante para las administraciones, a pesar de que son los
alcaldes quienes las presiden, y sus administraciones las responsables
y obligadas a garantizar su permanente y correcto funcionamiento.
Es así como una importante instancia de participación ciudadana, que
habría de garantizar el derecho fundamental de participación a la
ciudadanía en contextos rurales y permitir su incidencia en la buena
gestión de las políticas públicas y la administración apropiada de los
recursos públicos comprometidos en los planes de desarrollo municipal,
resulta ser lo suficientemente precaria como para considerarla incluso
inexistente, a pesar de que un acuerdo del Concejo Municipal dé cuenta
de su momento de creación y de la vigencia de su existencia.
El fortalecimiento organizativo y de la capacidad de incidencia de los
procesos municipales constituye uno de los desafíos en el proceso de
construcción de una paz estable y duradera que derive de la
implementación efectiva de un acuerdo final entre el gobierno nacional
y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC-EP), puesto
que la paz territorial depende de la capacidad de los procesos sociales de
los territorios de apropiar y exigir a las partes la concreción efectiva de
los acuerdos derivados de la mesa de conversaciones de La Habana.
Muestra de la importancia que las organizaciones sociales otorgan al
fortalecimiento de sus propios procesos es que, pese a las dificultades
identificadas y analizadas, los participantes también formularon
propuestas o formas de promover el mejoramiento de la participación e
incidencia de sus organizaciones en las instancias de participación

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Los retos y desafíos de la paz en seis municipios del Meta
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consideradas, las cuales pueden extenderse a los otros escenarios de


participación existentes.

6.4.2. La incertidumbre del sector lácteo en Puerto Lleras


A septiembre del año 2016, Colombia exportó tan solo 631 toneladas de
leche y productos derivados, mientras se importaron 47.000 toneladas,
según el Ministerio de Agricultura y desarrollo rural.
José Antonio Martínez es uno de los campesinos que hacen parte de los
lecheros de Puerto Lleras, que trabaja por los pequeños y medianos
productores de leche en el municipio.
Se juntaron con el objetivo de hacerle frente a la difícil situación por la
que estaban pasando después de que Colombia firmara un Tratado de
Libre Comercio (TLC) con la Unión Europea y Estados Unidos que,
dicen, los dejó rezagados en el mercado. Martínez tiene 50 años y 48
vacas que le producen 400 litros de leche por día. Cada litro, sumando
gastos de ordeño, concentrado, medicamentos, vitaminas,
desinfectantes, melazas, henos y demás, le cuesta $650 y Parmalat se lo
compra después a $954.
“Este es un gremio golpeado, llevamos diez años en los que nos vienen
pagando la leche al mismo precio de siempre, mientras todos los insumos
ganaderos suben drásticamente. Muchos han decidido migrar a las
ciudades porque aquí no les alcanza la plata, las familias se están
desintegrando”, comenta Martínez, con tono de decepción.
El Gobierno colombiano, consciente de que el sector lácteo no contaba
con las herramientas suficientes para hacerle frente a esa oleada
internacional que se avecinaba, firmó un acuerdo con la Unión Europea
(UE) por 30 millones de euros, cerca de 90.000 millones de pesos, para
mejorar así la competitividad del gremio, a través de la disminución de
los costos de producción, el incremento de la productividad y la
diversificación del mercado interno y externo.
La idea era concebir al sector como un aliado fundamental en la
economía nacional, en la generación de empleo, en la seguridad
alimentaria, la superación de la pobreza y el desarrollo regional. Más

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Los retos y desafíos de la paz en seis municipios del Meta
Emilio Garcia Gutiérrez, agosto de 2017

ahora cuando el país se enfrenta a un escenario de posconflicto, con


especial atención en el campo y los campesinos.
Y es que el sector no es cualquier cosa, 22 departamentos en Colombia
son productores lácteos, siendo Antioquia, Boyacá, Cundinamarca,
Nariño, Caquetá y Cesar las zonas más destacadas. El sector representa
el 2,3 % del PIB nacional y el 24,3 % del PIB pecuario del país, además
de generar cerca de 717.434 empleos directos.
“Este es un tema de desarrollo, de idear las condiciones de la paz y de
sustituir la ganadería extensiva por explotaciones más eficientes que
generan más empleo y son más amigables con el medio ambiente”,
explica Francisco García, jefe de cooperación de la UE en Colombia.
Según datos de García, en los últimos cuatro años se han logrado
implementar cerca de 60.000 hectáreas de praderas mejoradas y
sistemas silvopastoril, lo que significa que son pastos más productivos,
contaminan menos y reducen los gastos de alimentación del ganado.
También se han capacitado técnicamente a 257 productores y se ha
aumentado la cantidad de leche que pasa por control de calidad,
llegando a 3.381 millones de litros, lo que aumenta su valor en el
mercado hasta un 8 %.
Para la directora de Propaís, María Lucía Castrillón, la apertura de los
mercados con el TLC es “muy importante para que las empresas que
han conquistado el mercado interno puedan conquistar ahora los
internacionales. Esta sana competencia ayuda para que los productores
trabajen para fortalecerse y así tener productos con los más altos
estándares de calidad”.
Sin embargo, para Yuri Marentes, directora del departamento de
estudios económicos de la Asociación Nacional de Productores de Leche
(Analac), el sector lácteo está muy quedado para competir con los precios
internacionales, entre muchas razones, porque muchos de los
fertilizantes y pesticidas que usan los productores son importados, lo
que eleva los costos de manera significativa.
“Tenemos registro de 395.215 unidades productoras de leche en
Colombia, de las cuales el 80,7 % corresponden a pequeños productores,
que tienen entre una y 15 vacas, y no pueden producir a gran escala
para competir con un mercado internacional tan robusto. Tampoco hay

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Los retos y desafíos de la paz en seis municipios del Meta
Emilio Garcia Gutiérrez, agosto de 2017

una cultura de asociatividad donde puedan mejorar conjuntamente, ni


buenas vías en todos los municipios para facilitarles el transporte, ni
tecnologías novedosas, ni una política pública clara donde se vean los
resultados”, comenta Marentes.
En 2015, según Analac, la producción de leche nacional fue de 18
millones de litros por día, pero sólo el 50 % tuvo una comercialización
formal, que es aquella que puede distribuirse a cadenas reconocidas
como Parmalat, Alpina y Colanta, gracias a que cumplen con los
estándares de calidad. La otra mitad se quedó en el escenario informal,
por lo que no es apta para competir con otros mercados.
El mismo Ministerio de Agricultura reconoce la situación y asegura que
“Colombia no es un país exportador de leche y sus derivados”, aunque
los esfuerzos público-privados han servido para abrir el mercado a Chile,
Costa Rica, EE.UU., México, Panamá; Rusia y Bangladesh.
A septiembre de este año, por ejemplo, Colombia exportó tan solo 631
toneladas de leche y productos derivados, mientras se importaron
47.000 toneladas provenientes, principalmente, de Estados Unidos,
México, Francia, Uruguay, Polonia y Ecuador.
El costo de producción es el principal problema para los campesinos, que
sienten que no se les paga lo suficiente y tampoco reciben la capacitación
necesaria para mejorar sus estándares y sacarles mayor provecho a sus
productos.
Según Analac, en los últimos siete años lo que se le ha pagado al
productor ha disminuido en 12 %, mientras al consumidor, en los
supermercados, se le aumenta hasta un 20 %.
Pese a que el panorama es incierto para el sector lácteo, el Gobierno
Nacional, con el apoyo de la Unión Europea, espera seguir fortaleciendo
el sector lácteo con programas de asistencia técnica, financiamiento y
laboratorios de alta calidad para que los productores nacionales
aumenten su competitividad y alcancen mercados internacionales.

6.4.3. Control territorial y ruralidad en Colombia


El desarrollo rural en amplias regiones de Colombia ha sido marcado
desde los inicios de la República por la predominancia del rentismo en
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las relaciones y los comportamientos sociales en el campo. El rentismo


es entendido aquí como la reproducción de prácticas impuestas de facto
por grupos poderosos en usufructo de su privilegiada posición en la
estructura política, económica y social, para la satisfacción egoísta y
excluyente de intereses propios incluso a costa de los intereses del resto
de la sociedad y sin una retribución/corresponsabilidad social que
guarde una proporción de los beneficios capturados para provecho
propio. Es de aclarar que este concepto de rentismo corresponde a una
óptica teórica que va más allá de la tradicional sobre la “búsqueda de
rentas” –rent seeking–.
El exacerbado rentismo como práctica social ha privilegiado a agentes
poderosos (legales, opacos/grises –que se mueven entre la legalidad y la
ilegalidad– e incluso abiertamente ilegales) no necesariamente
distinguidos por su capacidad innovadora para aprovechar las aptitudes
de la tierra, a la vez que ha marginado/desconocido a otros como el
campesino –“falla de reconocimiento” o “desvalorización del
campesinado”–, consecuente con prácticas a favor de la
acumulación/concentración de tierras para fines tanto de adquisición de
poder político, económico e incluso militar como especulativos/no
productivos. Ha conducido a un desaprovechamiento de la tierra, a una
reproducción de inadecuados patrones de especialización en amplias
regiones del país –como la ganadería extensiva en cerca de 40 millones
de hectáreas en lugar de 12-15 millones según la vocación/aptitud de la
tierra disponible– y a una transgresión de la frontera agrícola y de las
reservas forestales, entre otros, promovida por políticas públicas que
han impedido la consolidación de la tierra como un verdadero factor de
producción –por ejemplo, una política impositiva y predial que no grava
a las ganancias ni a las rentas derivadas del uso o la especulación de la
tierra–.
Ante lo cual se ha reproducido en la práctica un modelo de desarrollo
rural de carácter excluyente, consecuente con una elevada
concentración de la propiedad de la tierra, un exagerado nivel de
informalidad de la relación con la tierra por parte del campesinado (una
gran mayoría son poseedores sin escritura de propiedad debidamente
registrada o tenedores) y, por ende, una excesiva precariedad de sus
expectativas de derecho de propiedad, una profunda exclusión social y

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Emilio Garcia Gutiérrez, agosto de 2017

marginamiento, y un escaso acceso a servicios sociales básicos y bienes


públicos de una gran proporción de la población rural (Garay 2013a).
Este proceso, como lo señala Garay (2013b), “a la vez que se
retroalimenta, resulta potenciado con el bloqueo a la construcción de un
verdadero mercado de tierra, al reproducirse la predominancia de un
elevado grado de desconfianza en la vigencia/ estabilidad de los derechos
de propiedad, la inexistencia de una institucionalidad adecuada a la
eficiencia, la competitividad y la competencia entre agentes (una
tributación inadecuada si no inexistente sobre la rentabilidad en el uso
de la tierra) y la fragilidad de un Estado de Derecho. Lo que lleva a que,
en condiciones normales, los precios observados de la tierra no reflejen
estrictamente su costo de oportunidad económico y social en una
perspectiva perdurable –es decir, el costo competitivo en un verdadero
mercado de tierra–, para no citar sino un ejemplo”.
“La lucha por el control de territorios y la apropiación de tierras es un
elemento indispensable en el ejercicio del rentismo a través de
actividades ilegales e incluso aparentemente legales.”
Todo ello ha configurado un entorno propicio para una
desagriculturización relativa, incluso en comparación con otros países
de ingreso medio, y un relegamiento de la agricultura para adquirir el
papel de fuente promotora del crecimiento para la economía colombiana.
Ahora bien, la lucha por el control de territorios y la apropiación de
tierras es un elemento indispensable en el ejercicio del rentismo a través
de actividades ilegales e incluso aparentemente legales a lo largo de la
historia de un país como Colombia. Es decir, el rentismo exacerbado, la
ilegalidad y el dominio territorial configuran un trípode de condiciones
indispensables en el desarrollo de la ilegalidad y la reproducción de
múltiples violencias de carácter sistémico, observado tradicionalmente
hasta la actualidad en amplias regiones del país, aunque con
modalidades, agentes y dinámicas variables según el periodo de tiempo.
Ahora bien, en el contexto de reproducción de la ilegalidad bajo la
modalidad de macro-criminalidad1 durante las tres últimas décadas en
el país, en medio de las múltiples violencias, se exacerbó la lucha por el
control territorial entre diferentes grupos y redes ilícitas (narco-
paramilitares, guerrillas y bloques narco-guerrilleros, bandas
criminales, etc.) para el control militar, el poder político y la realización
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Los retos y desafíos de la paz en seis municipios del Meta
Emilio Garcia Gutiérrez, agosto de 2017

de múltiples actividades ilícitas como el narcotráfico, el tráfico de armas,


la apropiación y explotación de riquezas naturales o la usurpación de
tierras. Y para ello se empleó la violencia y la coacción, cosa que produjo
una masiva y sistemática victimización de poblaciones campesinas y
comunidades ancestrales en diversas regiones.
Esta victimización consistió en el uso del poder de intimidación/coacción
y en el ejercicio de la violencia por grupos armados ilegales/redes ilícitas
criminales conducentes al sometimiento, desplazamiento y despojo
forzado de comunidades campesinas con propósitos de la mal llamada
“limpieza del territorio” de supuestos o verdaderos reductos de otros
grupos criminales con miras a adquirir predominio y propiedad
territorial de facto como requisito para el ejercicio de poder político y
para el favorecimiento de actividades de índole ilegal y también legal
como fuente indispensable de financiación de tales grupos.
“Entre 1980 y julio de 2010 se ha desplazado de manera forzada a más
de un millón cien mil familias campesinas, cosa que significa el despojo
forzado de más de 6,6 millones de hectáreas.”
En efecto, según las cifras de la Tercera Encuesta Nacional de
Verificación de la Comisión de Seguimiento a la Política Pública sobre
Desplazamiento Forzado (Comisión, 2011), se estima que entre el año
1980 y julio de 2010, como consecuencia del accionar sistemático de
grupos violentos legales e ilegales, se habrían desplazado de manera
forzada más de un millón cien mil familias campesinas, lo que habría
implicado el abandono y/o despojo forzado de más de 6,6 millones de
hectáreas (sin contar con el despojo de territorios ancestrales y
comunitarios, ni de tierras baldías del Estado colombiano), equivalente
al 15,4% de la superficie agropecuaria de todo el país; es decir, el proceso
de despojo se compagina con el carácter masivo de la victimización
ocurrida en el país: más del 11% de la población colombiana en 30 años.
Esta magnitud del proceso estuvo concentrada, en su mayor proporción,
en el periodo 1998- 2008.
Ante estas circunstancias, se requiere la implantación de un modelo de
desarrollo rural con enfoque territorial que propenda por una progresiva
inclusión social y un reconocimiento del campesinado como agente
social, productivo y político para la transformación de la ruralidad en

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Los retos y desafíos de la paz en seis municipios del Meta
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Colombia, aparte de instituir a la tierra como un verdadero factor de


producción y no de acumulación de poder.
Ello impone al Estado la responsabilidad de propugnar por el acceso y
formalización de la propiedad de campesinos en tierras de adecuada
calidad y situación geográfica, y por el establecimiento de condiciones
propicias para el aprovechamiento de la tierra y la potenciación de las
capacidades del campesinado (con la implantación de un régimen
tributario progresivo tanto predial como sobre la renta de la tierra, la
provisión de crédito, asistencia técnica, vías de acceso, bienes públicos,
etc.).
Para avanzar hacia un modelo rural incluyente se ha de corregir la “falla
de reconocimiento” a partir de la cual se desconocen los derechos del
campesinado, se niega una clara redistribución de activos a su favor –
“falla de redistribución”– y conduce a que la sociedad ni reaccione ni se
conmueva frente a fenómenos como el masivo y sistemático
desplazamiento forzado interno.
Así mismo, se ha de superar la falsa premisa que el actor fundamental
o cuasi-único sujeto social capaz de integrarse en la dinámica global es
el “empresario”, con lo cual aparte de reproducir la desvalorización del
campesinado, desconoce las potencialidades de los sistemas productivos
campesinos y de pequeños productores en el abastecimiento de
alimentos y bienes agrícolas y en el aprovechamiento productivo de la
tierra. Es decir, el modelo prevaleciente reproduce una falla de
reconocimiento de los sistemas productivos campesinos y de pequeños
productores como promotores potenciales de la productividad sistémica
del campo en un país como Colombia.
“La productividad, eficiencia técnica y rentabilidad económica relativa
de los sistemas de producción de pequeños productores, bajo condiciones
adecuadas, no son significativamente inferiores a las de sistemas de
producción a mediana y gran escala.”
En efecto, en contraposición a la óptica oficial predominante en
Colombia, de acuerdo con resultados preliminares de un estudio pionero
que ha venido realizando la Comisión de Seguimiento con la
Universidad Javeriana (2013), al menos en principio se podría
argumentar que la productividad, eficiencia técnica y rentabilidad
económica relativa de los sistemas de producción de pequeños
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productores bajo condiciones adecuadas no son significativamente


inferiores con relación a las de sistemas de producción a mediana y gran
escala, sino que incluso llegarían a ser superiores en algunos casos de
zonas y producciones especializadas.
Ello implica que en la medida en que se logre proveer las condiciones
adecuadas en términos de especialización-diversificación de productos,
calidad de la tierra, métodos de producción, estabilidad jurídica y social,
acceso a mercados, entre otros, en ciertas zonas y alrededor de
determinados productos, los sistemas de producción de pequeña escala
pueden llegar a ser incluso más eficientes en el uso de los recursos y
factores de producción disponibles que los sistemas de producción de
mediana y gran escala.
Por supuesto, no podría afirmarse lo mismo en el caso de sistemas de
producción campesina pauperizados de mera subsistencia y sujetos a
inadecuadas condiciones por la baja calidad de los suelos, alejados y de
difícil accesibilidad y precaria estabilidad social y jurídica, entre otros.
Ello demostraría contundentemente la necesidad y la conveniencia
económica y social de implantar un modelo de desarrollo rural que
reproduzca el entorno adecuado para la potenciación de sistemas
productivos campesinos y de pequeños productores que, a la vez que
mejore su eficiencia y competitividad, contribuya de manera
socialmente benéfica al abastecimiento alimenticio, al mejoramiento del
nivel de vida de la población rural, al reforzamiento de la competitividad
sistémica de la producción agraria, y que tome provecho de formas
novedosas de organización asociativa y de modelos de inserción de la
producción campesina a pequeña escala a cadenas de valor en
condiciones de equidad de oportunidades con los otros eslabones de la
producción empresarial.
Todo ello sólo sería posible con la condición indispensable de
abolir/desmantelar las raíces del rentismo y la ilegalidad y de reforzar
los fundamentos de un Estado de Derecho en amplias regiones del país
consecuente con unas relaciones sociales no sustentadas esencialmente
en el ejercicio del poder sino más bien en el ejercicio democrático
ciudadano y la observancia de los derechos fundamentales.
1. Una red macro-criminal es una red social o conjunto de agentes
heterogéneos que establecen múltiples interacciones psico-sociales bajo
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Los retos y desafíos de la paz en seis municipios del Meta
Emilio Garcia Gutiérrez, agosto de 2017

una estructura flexible y dúctil mediante la configuración de sub-redes


–con una jerarquía no estrictamente piramidal e inflexible y a través de
sub-redes componentes con cierta especialización–, durante un periodo
determinado, para lograr propósitos criminales mediante la realización
de diversas actividades tanto delictivas como no propiamente delictivas.
Algunas posibles características empíricas de una red macro-criminal
son: Participación activa de múltiples tipos de nodos/agentes:
supuestamente legales, abiertamente ilegales/criminales y
opacos/grises que se mueven entre la legalidad y la ilegalidad;
establecimiento de múltiples tipos de interacciones en un periodo
determinado, tanto ilegales/delictivas como legales/lícitas, y la
infiltración, manipulación o reconfiguración institucional, en distinto
grado y alcance, con efectos de mediano y largo plazo (Garay et al.,
2012).
2. El patrón de despojo devela claramente la estructura rural del país:
la excesiva concentración de la propiedad y el elevadísimo grado de
informalidad en la relación jurídica del campesinado con la tierra. En
general se puede decir que más del 40% de la tierra en Colombia no está
formalizada, en términos jurídicos, por parte de los campesinos, puesto
que no cuentan con los derechos adquiridos en calidad de propietarios,
según la normatividad prevaleciente, al no disponer de escrituras
debidamente registradas. Entonces, solamente el 21,5% de los
campesinos que han sido despojados o han tenido que abandonar
forzosamente su tierra cuentan con escritura registrada, es decir, son
estrictamente propietarios en el sentido jurídico del término según el
Código Civil colombiano.
6.5. Los retos y desafíos para la paz en Lejanías.
El 13 de agosto del 2017 se realizó en el Salón principal de las Juntas de
Acción Comunal de Lejanías el cuarto de los seis Preencuentros
Ciudadanos por la paz, programados por las autoridades municipales,
la ESAP Regional Once y los comités operativos creados en el convenio.
La comunidad de Lejanías participo ampliamente, las autoridades
civiles y militares del municipio, el Director Regional de la ESAP y el
equipo de Encuentros Ciudadanos por la Paz.
De los retos y desafíos señalados en la reunión del 13 de agosto por la
comunidad de Lejanías, creo necesario señalar como retos principales:
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Los retos y desafíos de la paz en seis municipios del Meta
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El campesinado de Lejanías y la tierra; la educación para el postconflicto


y la competitividad de los lecheros de Lejanías frente a los TLC.
6.5.1. El campesinado como clase social en Lejanías

EL PDM y la tierra
El municipio de Lejanías se ubica entre los siete municipios del
departamento del Meta que cuentan con índice de informalidad en la
tenencia de la tierra entre el 50% y 75%. En términos de tamaño de la
propiedad rural, Lejanías se caracteriza por tener mayormente predios
dentro de las categorías de minifundio, pequeña propiedad y mediana
propiedad, con lo que cobra mayor fuerza los procesos de caracterización
para la formalización y fomento de la asociatividad. Basados en lo
anterior se aprecia el bajo índice de concentración sobre la propiedad de
la tierra, el cual se ubica entre 2,625 y 4,372.
Con relación a los conflictos que se presentan en el municipio de
Lejanías por el uso del suelo, el IGAC en el año 2012 identifica que existe
una subutilización del 10,49% del territorio, una sobreutilización en
1,59% del territorio, un conflicto por áreas pantanosas de 0,83% del
territorio y conflictos urbanos en 0,05% del territorio.
Esta información evidencia las tensiones identificadas que ha llevado a
generar serias problemáticas por los impactos ambientales
especialmente de la producción agrícola sobre la zona del Parque
Nacional Natural Sumapaz, zona de Preservación, las fuentes de agua,
los bosques y la fauna.
Para nadie es un secreto que el problema del conflicto armado en
Colombia tiene sus orígenes en la distribución inequitativa de la tierra
y que ese bien tan preciado representa poder, dominación social,
acumulación de riqueza y sometimiento (García, 1973). Entender quién
es el actor opuesto en un escenario de construcción de paz es
fundamental para continuar la reivindicación democrática que necesita
este país, es decir, una reforma agraria de alcances nacionales.
Un libro pequeño, concebido como una cartilla, redactado por el maestro
Orlando Fals Borda (1975) y titulado Historia de la cuestión agraria en
Colombia, ayuda a comprender cuál es la clase social histórica de ese

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Los retos y desafíos de la paz en seis municipios del Meta
Emilio Garcia Gutiérrez, agosto de 2017

espacio rural colombiano amplio que siempre ha solicitado re


conocimiento socioeconómico, tierra y participación política: el
campesinado.
¿Cuál es la clase social del campesinado según la reflexión histórica y
sociológica que recoge Fals Borda (1975)? El campesinado está
compuesto por los colonos, los afrocolombianos y las comunidades
indígenas. Cada uno tiene cosmovisiones diferentes y siempre han
estado excluidos de la participación política y del acceso real y en
condiciones dignas a la tierra. Así, estas carencias o exclusiones son lo
que los une en el marco del conflicto armado y lo que los debe unir aún
más en la construcción de paz.
¿Cuál es entonces la clase social que se opone al campesinado? Algunos
pensarán que es el gobierno de turno o el Estado. Y no se equivocan,
pero ese estamento sólo representa a la junta directiva de una sociedad
en la que los grandes propietarios de la tierra y la riqueza, los
banqueros, las multinacionales y otros agentes con antecedentes
históricos o emergentes limitan desde el ejercicio del poder la posibilidad
de la participación activa, justa y democrática, y del acceso digno a la
propiedad de la tierra a las comunidades étnicas y campesinas del país
(PNUD, 2011).
Así, en Colombia el 4% es propietaria del 65% del área productiva, la
mayoría, con un uso ineficiente y especulativo de la propiedad (el 80%
de dicha área está dedicada a pastos para la ganadería), lo que se opone
al 96% restante de los habitantes rurales compuesto por indígenas,
afrocolombianos y campesinos, que apenas tienen acceso a
aproximadamente al 3% del área productiva, y representan cerca del
80% de las unidades básicas de producción, siendo la mayoría, en
esencia, microfundistas. Este es parte del panorama en materia de
concentración de la propiedad de la tierra expuestos en los resultados
del Censo Nacional Agropecuario (DANE, 2015) ejercicio de recolección
de información que, de hecho, desconoció la categoría campesina en su
medición, una muestra más de que el reconocimiento es una de las
principales luchas de la gente que ha habitado históricamente el sector
rural.
Seguramente, si en esta lucha del colono- campesino por su
reconocimiento a nivel constitucional (no solamente como “trabajador

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Emilio Garcia Gutiérrez, agosto de 2017

agrario”) se sumaran el resto de los actores que componen la clase social


del campesinado (u otra denominación consensuada de su lucha, para
no utilizar la del maestro Orlando Fals Borda [1975]), una iniciativa
como el Proyecto de Acto Legislativo de 2016, “por medio del cual se
reconoce al campesinado como sujeto de derechos, se reconoce el derecho
a la tierra y a la territorialidad campesina y se adoptan disposiciones
sobre la consulta popular” (Congreso de Colombia, 2016), sería más fácil
de ganar.
Ahora bien, esto no es un descubrimiento, ya lo comprendió de alguna
manera el movimiento social hace mucho tiempo atrás y lo sigue
comprendiendo así, de lo contrario, no existiría un proceso social como
el de la Cumbre Agraria, Étnica y Popular, por citar un ejemplo. Sin
embargo, falta mucho por fortalecer la capacidad de acción de estos
actores sociales rurales para defender su territorio. Estos actores
sociales rurales pueden constituirse en una unidad de acción, y la tesis
que se expone a continuación consiste en que dicha unidad será posible
si tales actores logran agruparse bajo la sombrilla de la conciencia de
clase social. Lo anterior bien puede ser un reto o, mejor, un resultado
potencial del denominado postconflicto.
Se pueden considerar muchos enfoques para analizar la situación de lo
rural y los retos para transformar la realidad del campo, en particular,
la estructura. En efecto, concebir las relaciones sociales como
estructuras alrededor de un núcleo común, es significativo en este caso.
En Colombia persiste una estructura agraria bimodal que impide la
garantía de los derechos al grueso de la población rural, veamos al
respecto en que consiste esta estructura.
El propio Presidente de la República ha mencionado que “en el campo
cabemos todos” (Sala de Prensa, 2013) y por “todos” no se refiere
solamente a la clase social del campesinado, sino que hace alusión a las
grandes empresas mineras, petroleras, agroindustriales, comerciantes
de servicios ambientales, entre otros. Es decir, la clase social opuesta,
consolidada o emergente busca ampliar sus dominios. Esto acontece
porque al modelo económico actual no parece satisfacerle un indicador
de Gini de concentración de la propiedad de 0,89, sino superior,
indicador que en los últimos tiempos ha mostrado una elevación
preocupante (Ibáñez y Muñoz, 2010).

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Emilio Garcia Gutiérrez, agosto de 2017

Cabe anotar que en este documento sólo se analizan dos componentes


de la estructura agraria: el reconocimiento territorial y el acceso efectivo
al derecho al territorio de los actores que componen la clase social del
campesinado. Al respecto, alguno podría atreverse a señalar como
mentirosa la afirmación según la cual las comunidades étnicas del país
no disponen de tierra suficiente para garantizar su existencia o
sobrevivencia física y cultural. Esto ya lo afirmó un exministro de
agricultura “exiliado” en Estados Unidos, señalando a las comunidades
indígenas como los mayores terratenientes en Colombia (González,
2011).
De acuerdo con Roldán y Sánchez (2013), para 2012 se contaban 768
resguardos indígenas en Colombia, con una población aproximada de
1.071.482 personas. Así las cosas, el lector puede concluir que es mucha
tierra para poca gente. Pero, ¿cuánta de esa extensión territorial es apta
para la producción? ¿Cuánta tiene vocación agrícola y forestal?
Por ejemplo, cruzar la información sobre la vocación del suelo con los
territorios de los resguardos existentes, apenas el 1,4% del área total
tiene vocación agrícola (454.782 hectáreas) y otro 1% tiene vocación
pecuaria (300.950 hectáreas) (IGAC, 2012). Es decir, un poco más de
750.000 hectáreas para una población aproximada de 1.071.482
personas en 2012 (Roldán y Sánchez, 2013). ¿Qué pasa entonces con el
área restante? Pues bien, son áreas que se traslapan con parques
nacionales, con Zonas de Reserva Forestal, entre otras figuras de
ordenamiento territorial y de protección ambiental.
Se puede realizar un análisis igual para el caso de las comunidades
afrocolombianas. En cuanto al traslape de los territorios colectivos de
comunidades negras con la vocación del suelo, se halla que, de los 5
millones de hectáreas aproximadamente que comprendían estos
territorios en 2009, apenas el 7,3% (363.635 hectáreas) tenían vocación
agrícola y el 2,5% (122.607 hectáreas) tenía vocación pecuaria. El resto
del área correspondía en un 82,2% a vocación forestal y agroforestal, y
el 8,1% restante a áreas de conservación de suelos.
De lo anterior, se desprende que las comunidades indígenas y
afrocolombianas, lejos de ser terratenientes, son microfundistas y que
su reivindicación por ampliar sus territorios colectivos es una necesidad
para garantizar su pervivencia física y cultural. Si esto sucede en el caso

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de las comunidades étnicas que tienen un reconocimiento legal y


constitucional (República de Colombia, 1993), ¿cómo será en la situación
de las comunidades campesinas que carecen de este estatus jurídico y
socioeconómico? Pues bien, en lo que se refiere al desarrollo de la figura
de Zonas de Reserva Campesina, ZRC, las cifras hablan por sí solas: en
Colombia sólo existen siete Zonas de Reserva Campesina constituidas,
que abarcan cerca de 831.000 hectáreas. Otras están en proceso de
constitución, pero eso no ha sido posible hasta la fecha por obstáculos
burocráticos o por falta de voluntad política por parte del gobierno
nacional. El área dedicada a ZRC en relación con la demanda de tierra
de los campesinos en Colombia es extremadamente pequeña.
Ahora, no solo de tierra vive el campesinado, no son lombrices, como
afirman algunos líderes. Habría que sumar la destinación específica del
presupuesto público para comunidades étnicas y campesinas, y darse
cuenta que es una cifra irrisoria. Citemos algunas para tener en cuenta.
La Agencia de Renovación del territorio ha emprendido una labor de
recolección de información financiera y administrativa con el fin de
sustentar una línea base agropecuaria para la materialización de los
acuerdos de paz de La Habana (Cuba) y encontró que entre 2013 y 2014
fueron invertidos por el gobierno en las ZRC constituidas $1.680
millones de pesos, es decir, un poco más de 2.000 pesos por hectárea
(Suescún, 2013).
Ni hablar de los recursos que prometió el gobierno nacional a las
comunidades indígenas en los últimos tiempos. No en vano estas
comunidades hablan de hacer una minga para exigir el cumplimiento de
lo acordado en el Plan Nacional de Desarrollo 2014-2018,
correspondiente a 11 billones de inversión en sus territorios. En las
condiciones actuales, se puede afirmar que, del total pactado, en los tres
años que le quedan al gobierno nacional para ejecutar este Plan de
Desarrollo, no alcanzará, ni siquiera, el 10% de esa cifra, según la alertó
el órgano de control fiscal hace pocos días (Redacción Economía y
Negocios, 2016).
Con lo anterior queda claro que las comunidades étnicas y campesinas
comparten una misma lucha: acceder a la propiedad de la tierra y el
territorio. Si en esta lucha no se entiende quién es el contradictor, el
conflicto entre actores diferenciados pero pertenecientes a una misma
clase, aflorará. Esta búsqueda es necesaria, dado el anhelo que une a
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toda nación de vivir en paz, hay que saber entender la dinámica y la


naturaleza de los conflictos.
Las cifras oficiales del Censo Agropecuario 2015 (DANE, 2015) revelan
que en Colombia se destinan 42,3 millones de hectáreas para uso
agropecuario, de las cuales, el 80% corresponden a pastos (33,9 millones
de hectáreas) y el 20% restante (8,4 millones de hectáreas) a cultivos
agrícolas. Esto evidencia que en Colombia las vacas tienen más
hectáreas para pastar de lo que tiene un campesino para cultivar, lo que
claramente incumple la función social de la propiedad. De esas tierras
en pastos, por lo menos (y atinando a lo bajo), podrían redistribuirse 10
millones de hectáreas para comunidades étnicas y campesinas, sujetos
de derechos que alimentan a la población colombiana con microfundios
¿cómo sería entonces si tuvieran tierra suficiente?
¿Cuál es la apuesta de Colombia en todos estos asuntos vinculados con
la paz en particular, con el sector rural? La realidad es que el conflicto
social no va a desaparecer, pero la forma de darle salida a estos
conflictos es el diálogo democrático. Los actores sociales históricos del
campo colombiano, como clase social en el marco de la construcción de
paz, deben acompañarse para lograr así la edificación de una nación que
aspira a la justicia social. Es importante que estos actores reconozcan la
naturaleza y coincidencia de sus luchas, como también definan
claramente al opositor, para así, continuar el ideal de una reforma rural
integral fundada en la profundización de la democracia. La organización
como clase debe conducir a caminos de mayor representación política a
nivel territorial y nacional, y de la mano con esta, se fortalezca la
economía propia, el respeto por la diferencia, la garantía de derechos y,
en sí, el ideal de bienestar para una sociedad que en ese espacio amplio
que es Colombia no conoce el significado de ese término.
Desafíos a resolver identificados
1.Desde hace cerca de cinco años se ha venido presentando en el
municipio de Lejanas un crecimiento desordenado en los corregimientos
de Cacayal, vereda el Brillante, vereda la 24 y el casco urbano, esta
situación ha sido ocasionada por la venta de predios rurales por parte
de particulares que han loteado parte de sus terrenos y vendido sin
ningún tipo de licencia o bajo el cumplimiento de la normatividad.

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Esta situación ha ocasionado un conflicto social a cerca de 80


familias(400 personas) que han construido sus viviendas en estos
predios sin acceso a servicios públicos, sin la demarcación de vías y
rompiendo con los esquemas de urbanismo, la situación además ha
generado una pérdida de recursos económicos a la administración
municipal debido a que no se ha podido implementar el cobro de las
licencias de construcción, el cobro del impuesto de subdivisión y la
obligatoriedad a la misma a atender nuevas demandas de servicios
públicos y resolver problemáticas que se generan sobre el urbanismo, la
situación ha ocasionado una crisis por el reconocimiento de la autoridad
de la Administración Municipal en los procesos de urbanismo, la
expansión y construcción de las áreas urbanas de manera desordenada
sin el cumplimiento de los principios de ordenamiento territorial y lo
dispuesto en el EOT del municipio.
La situación se ve reforzada por lo que se observa como una negligencia
y debilidad administrativa de la oficina de planeación, así como un
aumento de la demanda de vivienda en el municipio y un Esquema de
Ordenamiento Territorial que no está acorde con las dinámicas del
territorio y su población.
La titulación de tierras por parte del INCORA hace 30 años a la
población campesina en zonas de reserva natural del PNN del Sumapaz
en el sector noroccidental y en la Zona de Protección de la Vertiente
Oriental sector sur occidental está generando un conflicto en el uso del
suelo por la explotación agrícola y ganadera no sostenible que allí se
desarrolla, así como por la imposibilidad de la administración municipal
para invertir recursos públicos para subsanar necesidades sociales a la
población asentada en estas zonas debido al cumplimiento de la
legislación nacional que impide cualquier tipo de intervención en las
zonas de parques naturales, esta situación viene ocasionando pérdida
de la biodiversidad en alrededor del 30% del territorio protegido,
impactos en el suelo y problemáticas sociales a la población allí asentada
que cada vez refleja mayores necesidades que requieren de la inversión
estatal para mejorar sus condiciones de calidad de vida tales como el
mejoramiento de las vías terciarias, el mejoramiento de las
infraestructuras para la educación, entre otras.
Se debe mencionar además que la implementación del EOT (2005) sin
los estudios técnicos y reales del territorio han permitido el desarrollo
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desordenado del casco urbano al igual que la no implementación de


planes parciales para los centros poblados, situación que ha generado
malas interpretaciones a la norma afectando a cerca de 4.686 Hab.
generando un mal concepto del uso del suelo y por ende el cambio de uso
de este.
Existe además carencia de planos catastrales rurales en la oficina de
Planeación municipal que permitan tomar decisiones precisas en torno
al ordenamiento del territorio lo que da origen a la formulación de
políticas sin un fundamento de construcción participativa, existen
además normas que parecen genéricas y que son poco específicas en
relación a las particularidades del territorio.
2.El mal estado de las vías terciarias del municipio de Lejanías ha
afectado al 100% de la población rural desde hace cerca de 15 años y
causado por ausencia o mal estado de los puentes, pontones,
alcantarillas (box culver) generando sobrecostos en el transporte de las
cosechas, daños en los vehículos, aumento de los precios de artículos,
pérdidas de oportunidades para el desarrollo de actividades turísticas
en el sector rural, sobrecostos en el transporte de personas y
desmotivación de estudiantes para transportarse a los centros
educativos, existe además una problemática sobre las vías terciarias que
comunican a las comunidades ubicadas en las zonas del Parque Natural
Nacional Sumapaz y la Zona de Protección de la Vertiente Oriental en
mal estado que no pueden ser intervenidas por la administración
municipal y que generan serios impactos sobre el desarrollo rural en
estas zonas.
El puente la Reconciliación que se vio gravemente afectado por la
temporada invernal del año 2014 se encuentra en mal estado impidiendo
el tránsito desde la zona urbana a las veredas (La Española, Angosturas
del Guape, Alta cristalina, Baja Cristalina, Agua linda, Lusitania, Alto
y Bajo Yucapé, La Albania, y Caño Rojo lo cual genera aislamiento de la
población y perdidas económicas junto con riesgos en el acceso a salud
prioritaria de la población. Adicionalmente afecta la comunicación con
los municipios del Castillo, El Dorado y Cubarral (vía alterna
intermunicipal)
3. Las poblaciones rurales del municipio de Lejanías han visto como los
acueductos veredales que existen se han desmejorado y han perdido

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capacidad de transporte del líquido con calidad, esta situación se viene


presentando debido a que no se han desarrollado obras de
mantenimiento a los acueductos existentes, mientras que en otras zonas
del municipio el agua se obtiene principalmente de pozos profundos o de
aguas superficiales por la inexistencia de acueductos rurales, la
situación se presenta hace cerca de 10 años y ocasiona dificultades para
el acceso de agua con calidad, afectaciones a la salud y la presencia de
enfermedades diarreico agudas en la población, algunas de las veredas
con mayor impacto sobre esta tensión son Cristalina, Agualinda,
Angosturas, Cafetales, Cacayal, La 24, El Brillante, Naranjal, Buenos
Aires, El Roble, La Aurora, Guarumal y cerca de 20 veredas más en
donde no existe el servicio de acueducto municipal y aunque el impacto
es menor, la situación es crítica para el mejoramiento de la calidad de
vida de las poblaciones rurales.
La problemática se refuerza debido a la contaminación de las fuentes de
agua por la utilización de productos agroquímicos y la inexistencia de
alcantarillados sanitarios en algunas zonas rurales.
El sistema de alumbrado público del casco urbano tiene un deficiente
desempeño generándose problemas de inseguridad para la población,
así como riesgos de accidentes en las calles, ello sugiere la necesidad de
mejorar el servicio a través del mantenimiento de redes y luminarias
como la ampliación de la cobertura del servicio en el casco urbano y
centros poblados del municipio donde se amerita dicha inversión.
4.Los productos agropecuarios que se producen en el municipio de
Lejanías son comercializados a intermediarios en cada una de las fincas
de los productores quienes además no se encuentran asociados, así
mismo, la producción es vendida sin la generación de valor agregado lo
que genera la pérdida de oportunidades económicas, la imposibilidad de
negociar grandes volúmenes a mercados nacionales con productos
diferenciados, esta situación genera la pérdida de oportunidades
económicas para la región y la generación de empleo de calidad
diversificado.
Tierra y territorio en Lejanías
Frente a la problemática se dijo que era una estrategia promovida por
el gobierno para no afectar la gran propiedad y romper la unidad entre
campesinos, así como a nivel interno de estos sectores, que se apoya en
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Los retos y desafíos de la paz en seis municipios del Meta
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las dificultades derivadas del problema estructural del acceso a la tierra


que se vive en las zonas de frontera territorial y con la intención clara
de generar conflictos mediante mecanismos como la doble titulación, el
desconocimiento o la negación de títulos.
Se sugirió no compartir el término de tierras baldías usado por la
institucionalidad por negar la presencia de comunidades y pueblos que
han habitado esos territorios centenariamente; igual que apropiarnos de
propuestas de origen popular y campesino, como el mandato agrario y el
proyecto ley de tierras que se opone a la iniciativa del gobierno nacional.
Al enfocar el tema de la concentración de la tierra y el microfundio, se
analizaron situaciones problemáticas referidas a los damnificados de
invierno y a los desplazados por la violencia que generó, en la última
década, el abandono forzado en Colombia de 8,5 millones de hectáreas;
preguntando cómo se responderá al 94 por ciento de desposeídos y
pequeños propietarios, ahora que se están discutiendo las políticas de
restitución de tierras y la Ley del Plan y estrategias de desarrollo rural
con equidad, donde proponen reformar la Unidad Agrícola Familiar,
cuando se conoce que la tierra en Colombia se concentra en grandes
propietarios que tienen macrofundios que abarcan desde 500 hasta
30.000 hectáreas.
Los informes identificaron que las nuevas políticas institucionales en
materia de desarrollo rural promueven la desterritorialización y el
repoblamiento desde las indicaciones neoliberales, indicando la
necesidad de una política de desarrollo humano rural y de crecimiento
productivo que venza el prejuicio de la improductividad de la pequeña
producción y que glorifica la supuesta competitividad de los
macrofundios agroindustriales o ganaderos, ya que el 50 por ciento de
los desplazados son microfundistas y pequeños agricultores, por lo cual
debería hablarse de desarrollo rural desde la equidad y la
redistribución, es decir, dando soluciones de tierra, vivienda y servicios,
tecnología, capacitación del recurso humano, crédito, infraestructura,
tributación progresiva y gestión. Otra estrategia del gobierno es la
extranjerización de la tierra que se vende al capital transnacional.

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6.6. Los retos y desafíos para la paz en Barranca de Upia.


El 20 de agosto del 2017 se realizó en el Salón principal de la Biblioteca
municipal de Barranca el quinto de los seis Preencuentros Ciudadanos
por la paz, programados por las autoridades municipales, la ESAP
Regional Once y los comités operativos creados en el convenio.
La comunidad participo ampliamente, las autoridades civiles y militares
del municipio, la Delegada de la ESAP, la Coordinación de Asesorías y
el equipo de Encuentros Ciudadanos por la Paz.
De los retos y desafíos señalados en la reunión del 20 de agosto por la
comunidad de Barranca de Upia, creo necesario señalar como retos
principales: Inquietudes en torno a la expansión de la palma; y la
educación para el posconflicto.

6.6.1.Inquietudes en torno a la expansión de la palma


A partir de la administración de Andrés Pastrana se promueve la
industria palmicultora como uno de los ejes del desarrollo rural del país.
Los derivados del fruto de la palma aceitera se han destinado a
satisfacer la demanda nacional de grasas y aceites, y las exportaciones.
Recientemente, luego de diferentes estudios que datan desde finales de
los años 80, así como de las tendencias globales, el gobierno de Álvaro
Uribe definió como una de las estrategias para el campo colombiano la
producción de combustibles vegetales, inicialmente de etanol a base de
caña de azúcar y luego de biodiesel a partir del aceite de palma.
En esa línea se han creado diferentes estímulos e incentivos para el
sector palmicultor en materia tributaria, fiscal y en el acceso a tierras y
otros factores de producción. Así mismo, se ha gestionado y obtenido la
vinculación de la cooperación internacional, principalmente de la
estadounidense, en la siembra de palma como estrategia para consolidar
el control del territorio, el combate a los cultivos de uso ilícito y el
desarrollo alternativo, pilares de la lucha contra las drogas y “el
terrorismo”, principal fundamento de la seguridad democrática. En ese
sentido, la expansión de los cultivos de palma se plantea como el
componente social complementario a la recuperación territorial.
Adicionalmente, la palma hace parte de los productos de la agenda

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exportadora base de la política de apertura e inserción en nuevos


mercados.
A la par, en el contexto internacional y nacional se han recrudecido los
cuestionamientos en torno a la industria palmicultora debido a sus
impactos ambientales y sociales. Dentro de los primeros se encuentra la
conversión a usos agrícolas de bosques tropicales y ecosistemas de
conservación. Se estima que en Indonesia y Malasia desaparecieron más
de 5 millones de hectáreas de bosque tropical como efecto de las
plantaciones de palma de aceite. Mientras que quienes defienden dicha
industria argumentan que contribuye a la reducción de las emisiones de
gases de efecto invernadero, sus opositores aducen que éstos aumentan
y son causa del cambio climático debido, de una parte, a la destrucción
de la biodiversidad para la implantación de monocultivos y, de la otra,
como efecto de las técnicas para producir el biodiesel.
En lo que respecta a los impactos sociales, se denuncia el
desconocimiento de los derechos de los trabajadores, de las comunidades
locales y de los grupos étnicos. En torno a los primeros, se cuestionan
los esquemas de vinculación -alianzas y cooperativas de trabajo asociado
– por inobservar el pago de salarios y demás prestaciones laborales, a la
vez que cercenan el derecho a la asociación y conformación de sindicatos.
Frente a las comunidades locales, particularmente de los pueblos
indígenas y tribales, no existen mecanismos idóneos que garanticen su
derecho a la participación en decisiones que pueden afectarlos directa e
indirectamente. Concretamente, frente a los grupos étnicos se cuestiona
la omisión de la consulta y del consentimiento libre e informado, así
como las violaciones a sus derechos fundamentales al territorio y a su
capacidad de decidir sobre los recursos localizados en ellos.
Concretamente en Colombia, se advierte sobre los riesgos de legalizar
recursos y tierras adquiridas como efectos del narcotráfico y/o del
desplazamiento y destierro de miles de familias a través de la expansión
de plantaciones de palma.
De otra parte, se enfatiza que el aumento de la superficie sembrada con
cultivos de tardío rendimiento se opone a la producción de alimentos y
a la seguridad alimentaria de los sectores más pobres y vulnerables. Al
respecto, el ex relator de Naciones Unidas para el derecho a la
alimentación, Jean Ziegler, manifestó que "usar tierras agrícolas

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productivas para producir comida que será quemada como


biocombustible es un crimen contra la humanidad".
Finalmente, existen inquietudes en torno a la viabilidad de los proyectos
de expansión asociadas a enfermedades y plagas de la palma,
limitaciones y carencias de infraestructura, y de estudios especializados
de investigación y tecnología en los diferentes eslabones de la cadena
productiva, entre otros factores.
En síntesis, como se detalla a continuación, todavía subsisten serias
deficiencias e interrogantes en torno la agroindustria palmicultora que
ameritan estudios, correctivos y políticas encaminadas a su adecuación
a los estándares internacionales que definen los deberes de respeto y
observancia de los derechos humanos. Estos aspectos son sustanciales
para la obtención de las certificaciones exigidas a la industria de
oleaginosas y agrocombustibles en los mercados internacionales.
De conformidad con el estudio realizado por Corpoica y Cenicaña, en el
país hay 6,1 millones de hectáreas donde se pueden establecer cultivos
de palma, de las cuales, según criterios edafoclimáticos 3,5 millones,
localizadas en Meta, Casanare, Magdalena, Cesar, Bolívar, Córdoba, La
Guajira, Norte de Santander, Santander y Antioquia, poseen la aptitud
suficiente para ese fin (Corpoica y Cenicaña, 1999).
Por su parte, el Departamento Nacional de Planeación ha señalado que
existen casi 25 millones disponibles para cultivos destinados a la
producción de agrodiesel –palma y jatropha –y etanol –caña de azúcar,
remolacha y yuca– (DNP, 2008 –a)
Frente a estos pronósticos, desde el 2004, en su programa Visión 2020,
Fedepalma estimó que para este año se podría llegar a una superficie de
750 mil hectáreas sembradas de palma, y recomendó revisar el citado
documento de Corpoica (Fedepalma, 2004). Al respecto, en el Conpes
3477 se señala que el IGAC, el IDEAM, el MADR y CENIPALMA
adelantarán los estudios de identificación y caracterización de zonas
aptas para el cultivo de la palma de aceite, a una escala 1:100.000.
En este sentido, el Instituto Von Humboldt – IVH – recomendó, además,
apoyar a las entidades territoriales en la formulación de sus planes de
ordenamiento. Sin embargo, el crecimiento de la palma se ha adelantado
sin dichos estudios, lo que ha propiciado conflictos por ese recurso,

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ocupación de territorios étnicos, concentración y especulación en los


precios de la tierra (Fedepalma, 2007 –c). Específicamente, en la región
de Catatumbo, en el conversatorio adelantado en Cúcuta, se denunció la
compra masiva de predios por parte de algunas compañías con destino
a la siembra de palma. Incluso se han utilizado medios para desconocer
los efectos de las medidas de protección derivadas de la declaratoria de
riesgo de desplazamiento, realizada por el comité departamental de
atención a población desplazada (con base en el Decreto 2007 de 2001)
, como firmas adulteradas, pago de valores inferiores al avalúo catastral
sin actualizar desde hace más de ocho años y poderes sin el lleno de los
requisitos.
Todas estas situaciones atentan contra los derechos de las víctimas del
destierro y el despojo, e incluso permiten la legitimación del expolio. En
similar sentido, en el encuentro adelantado en Villavicencio se indicó
que en la región ha aumentado el valor de los inmuebles rurales,
particularmente hacia los departamentos de Cundinamarca y Guaviare,
en los que se presentan grandes plantaciones sin que sea posible
identificar los propietarios, situaciones que se agudizan dada la
informalidad en la tenencia de la tierra y el abandono forzado por parte
de sus legítimos titulares como efectos de amenazas, asesinatos y
masacres, entre ellas la sucedida en Mapiripán, en donde proliferan las
ofertas de fincas para cultivos de palma.(Ver:
http://www.veoyalquilo.com/propiedades/enventa/finca_en_puerto_conc
ordia- 2137.html)
En la citada Visión 2020, Fedepalma sugería la necesidad de incorporar
en la definición de las tierras aptas para la siembra de palma la variable
ambiental, principalmente en lo que respecta a ecosistemas de especial
relevancia (áreas de bosques naturales en Chocó, Cauca, Nariño y
región del Catatumbo; zonas de humedales en Magdalena Medio y
Córdoba; zonas de influencia de parques nacionales naturales como el
PNN Tinigua, en el Meta; ríos Duda y Lozada, junto con sabanas de la
Orinoquía que ameritan conservación). Esta recomendación se plasma
en los estudios de caracterización que se adelantan actualmente.
Sin embargo, la expansión de la palma en Guapi, Cauca, en los
municipios del Catatumbo y en la Orinoquía y Amazonía ( en la
Orinoquia se incentiva el aumento de los cultivos bajo el supuesto de
que se trata de “sabanas bastante improductivas” (Palabras del
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Presidente Uribe en la inauguración de la primera planta de alcohol


carburante, en Miranda, Cauca, octubre de 2005 y palabras en la
clausura del Congreso de ACOLOG, agosto de 2005),se adelanta sin la
adecuación del citado estudio y, en ocasiones, sin el concurso de sus
respectivas autoridades.
Sobre el particular, en el conversatorio adelantado en Villavicencio, se
comentó que con el apoyo del Programa de Naciones Unidas para el
Desarrollo – PNUD –, la Cámara de Comercio promovió la conformación
de un grupo de trabajo dirigido a que los empresarios de la palma y otros
productos les informen sobre las iniciativas previstas en los Llanos
Orientales.
En este sentido, el representante de la WWF en la reunión de Bogotá
ratificó la recomendación de ese organismo de identificar las áreas con
alto valor de conservación (AVC) como insumo para la identificación de
áreas con alta sensibilidad ambiental, social y cultural en el ejercicio de
actualización del mapa de áreas aptas y con restricciones para el cultivo
de palma de aceite en Colombia. Igualmente, informó sobre la
conformación de una alianza estratégica, mediante el convenio que
suscribieron Fedepalma-Cenipalma-WWF y el IVH.
De otra parte, no existen estudios conducentes al uso de prácticas
apropiadas sobre la calidad y disponibilidad de las aguas superficiales y
subterráneas y el mantenimiento y mejora de la fertilidad del suelo, el
control de la erosión y de su degradación. Ciertamente, se aspira a
diciembre de 2018 conocer los resultados de la caracterización de suelos
que adelanta Cenipalma del 15%, el área sembrada de palma.
La expansión de la palma enfrenta graves riesgos y problemáticas en
materia de derechos ambientales, sociales, laborales, así como a la
propiedad y posesiones ejercidas de manera individual o colectiva. Sin
desconocer los esfuerzos de Fedepalma, la WWF y los institutos de
investigación ambiental, la implementación de los principios y criterios
de la RSOP -P&C- de la Mesa Sostenible de Aceite de Palma no es
suficiente para garantizar soluciones que resuelvan las inquietudes
formuladas; complementariamente es necesario que
Fedebiocombustibles inicie una gestión similar en torno a los P&C de
la mesa de biocombustibles sostenibles, pues si bien algunas empresas
coinciden no significa que sean las mismas.

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Las denuncias y advertencias sobre las violaciones a los derechos de los


grupos étnicos, las garantías de protección y restitución de las
propiedades y posesiones de los desplazados y desterrados, debe ser un
tema de obligatorio seguimiento y vigilancia, dadas las eventualidades
de que los causantes del despojo legitimen las expoliaciones y
ocupaciones ilegales.
A su vez, los temores de prácticas de lavado de activos y especulación en
los precios de la tierra, sumados a otros factores que inciden sobre la
viabilidad de los proyectos – ausencia de paquetes tecnológicos y de
controles de las enfermedades y plagas, carencia de infraestructura, etc.
- ameritan acciones preventivas y el concurso de las autoridades
concernidas. Ante estos riesgos y la ausencia de una caracterización de
las zonas aptas, así como la incontrolada expansión de los cultivos por
fuera de la frontera agrícola, se amerita que el gremio palmicultor,
conjuntamente con las entidades que conforman las instancias creadas
en los documentos Conpes, dispongan de una moratoria en el
otorgamiento de estímulos e incentivos a los nuevos proyectos.
Particularmente, esta moratoria debe imponerse a aquellas iniciativas
que se pretender adelantarse en zonas reconocidas de protección y
conservación, específicamente en la Orinoquía, la Amazonía y el Chocó
Biográfico.
Dado que casi el 50% del aumento del aumento de la superficie
cultivable a 2010 corresponde a los cultivos para producir combustibles
vegetales se impone contar con instrumentos de planeación, monitoreo,
seguimiento y control de las actividades, obras y proyectos vinculados a
las distintos eslabones de la cadena agroindustrial, dentro de ellos, en
primer lugar están los planes de ordenamiento territorial y los estudios
de impacto ambiental y social que deben acompañarse de licencias
ambientales otorgada por las respectivas autoridades competentes.
Finalmente, se exige un debate abierto con la participación de los
sindicatos, los trabajadores, los gremios y las entidades estatales y el
acompañamiento de la Organización Internacional de Trabajo en torno
a las cooperativas de trabajo asociado y las alianzas productivas
estratégicas.
6.6.2. La educación en el posconflicto

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La educación tiene un papel importante en la etapa del posconflicto


porque “la educación suministra protección física, psicológica y
cognitiva” (Infante, 2013, p. 226), ya que dentro de la educación no tan
solo se construye un saber sino una reflexión sobre el entorno. A partir
de lo comentado, la educación en Colombia ha iniciado un proceso de
reflexión sobre su papel en la solución de conflictos a partir de
programas tales como el Programa Nacional de Competencias
Ciudadanas, que busca que estas competencias estén presentes en las
áreas del conocimiento en la escuela, para permitir construir procesos
de convivencia, pluralidad y participación
Se ha querido que estos estándares sean una prioridad en la escuela, ya
que buscan formar una ciudadanía con la perspectiva de los derechos
humanos. “Las competencias ciudadanas son el conjunto de
conocimientos y de habilidades cognitivas, emocionales y comunicativas
que, articulados entre sí, hacen posible que el ciudadano actúe de
manera constructiva en la sociedad democráticas” (MEN, 2003, p. 8).
También se ha implementado Aulas en Paz, proyecto originario de
Canadá, enfocado en el desarrollo de las competencias ciudadanas a
partir de tres componentes: “un curriculum, talleres con los padres y
talleres con refuerzos con los padres” (Chaux, 2013, p. 500).
Estos proyectos están vinculados con la resolución de problemas; sin
embargo, se deben crear espacios de reflexión pedagógica sobre el área
de historia del conflicto, ya que esta temática debe vincularse a un
proceso de aprendizaje político sobre nuestra sociedad. Al entender el
estudio de la historia y su presencia en la escuela para cumplir un rol
de orden social, debemos cambiar paradigmas en nuestra educación y la
forma de vernos, puesto que esta posición no dará cuenta de los sucesos
de nuestro conflicto a nivel temporal. Pero para esto debemos definir el
concepto de posconflicto, ya que en la actualidad se habla de este como
un suceso después de la firma de un proceso de paz. Para Infante (2013,
citando a la Fride) es el “periodo de tiempo en el cual las hostilidades
del pasado se han reducido al nivel necesario para las actividades de
reintegración y rehabilitación se pueden iniciar” (p. 228).
Esta definición indica la temporalidad y la disminución de las
hostilidades; se pasa de una etapa de baja intensidad militar, donde los
contrincantes comiencen un escenario de diálogo, como sucesos
posteriores al conflicto, que conduzcan a una legitimidad del estado. Sin
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embargo, para Rettberg (2003), esta etapa debe existir con una
anticipación de los sucesos ya que “una vasta experiencia internacional
enseña que anticipar los temas de los que una sociedad tendrá que
ocuparse en el post-conflicto presiona y precipita el fin del conflicto y
sienta las bases para una paz duradera” (Rettberg, 2003, p. xix); esto es,
es necesario anticiparnos a los acontecimientos y no esperar la etapa
posterior. Esta anticipación de los sucesos parte, por un lado, de una
justicia transicional y, por otro lado, de la preparación de la sociedad
para la paz.
La justicia transicional “se entiende como el esfuerzo por construir paz
sostenible tras un período de conflicto, violencia masiva o violación”
(Van Zyl, 2011, p. 43), ya que la paz sostenible se basa en un
reconocimiento y no en un olvido parcial de la historia para seguir
adelante, tampoco se trata de estancarnos sino de reflejarnos como
sociedad. Ahora, la sociedad debe estar dispuesta al proceso de paz, ya
que “la construcción de la paz es principalmente un reto y una
responsabilidad de carácter nacional, y sólo los actores nacionales
pueden abordar de una forma sostenible las necesidades de y las [sic]
metas de una sociedad” (Rettberg, 2013, p. xxv). La paz es una
responsabilidad de todas las personas, y la escuela debe construir
nuevas formas de pensar y, con estas perspectivas nuevas, podremos
construir una cultura del debate (Tamayo y Martínez, 1992).
Es decir, una acción que se puede interpretar como acontecer del
presente y del pasado, para indagar estos sucesos, ya que uno de los
problemas de un posconflicto es la “verdad” de las partes, cada una de
ellas tratará de justificar las acciones cometidas; pero esto no puede
llevar a la impunidad. Esto es importante porque, al finalizar el
conflicto, las tareas que se establecen son muchas, pero se vinculan más
a nivel económico para reconstruir una base sólida, ya que los conflictos
en este sector son por las condiciones económicas y sociales, pero un
factor importante es la legitimidad del Estado, por eso se debe evitar la
impunidad. Esto implica la formación permanente de los maestros y
maestras en la creación de estrategias para la enseñanza de la historia,
que permitan la creación de espacios propicios para que el conflicto
pueda ser llevado a una reconciliación, donde el presente y pasado
puedan ser vistos de forma crítica.

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Con lo anterior se destaca que el papel de la historia no es neutral y


constituye una posibilidad de construir identidad nacional, pero esta
está inscrita en interés ideológicos, que puedan causar la construcción
de una historia oficial que niega la presencia de otros grupos de la
población que no se inscriben en los estamentos de poder. A partir de
esto, el aprendizaje de la historia debe ser una reflexión sobre las
múltiples causas que permitieron ciertos sucesos en la sociedad,
también visibilizar grupos sociales que no han sido nombrados por la
historia oficial, permitiendo que el aprendizaje de la historia desarrolle
un pensamiento histórico contextualizado y con una lectura global de la
realidad. Con esto se destaca que el posconflicto en Colombia será un
proceso arduo de reconciliación, no tan solo se tratará de la firma de un
tratado, sino de la posibilidad de entender los sucesos que han generado
semejante conflicto.
Para esto, la escuela debe tener un discurso pedagógico ético, no que
legitime una posición, sino que permita diversas posibilidades para
entender el posconflicto. La importancia de la enseñanza de la historia
del posconflicto es podernos ver como sociedad y construir democracia
entendiendo a la democracia como Zuleta la plantea: “diálogo entre
iguales” (Tamayo y Martínez, 1992, p. 35), un diálogo que la escuela
debe generar. Entonces, debemos entender que el posconflicto no se
trata de un romanticismo o de una época dorada; es tan solo una
posibilidad de transformar nuestra realidad y para esto se necesitan
esfuerzos y no simplemente negar los sucedidos; para esto la academia
debe abrir sus puertas a estos debates, que causen nuevos paradigmas
ayudando a legitimar la paz.
Dicha legitimidad debe darse por vías pedagógicas, construidas por los
elementos históricos y, para esto, debe entender que la escuela tendrá
una tarea ética: construir una propuesta pedagógica posconflicto, la cual
será reflexionar sobre qué clase de sociedad quiere y, por tanto, su
“verdad” no puede pasar por encima del olvido. Finalmente, queda claro
que es importante pensar en la enseñanza del posconflicto y que esta
situación debe ser dada en el presente. Entonces, es un llamado a seguir
indagando sobre alternativas y posibilidades para que no se sigan
contando historias sin un contexto adecuado.

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