100% encontró este documento útil (2 votos)
2K vistas2 páginas

El Pargo Rojo

Magdalena es una mujer que vive en Tolú comprando y vendiendo pescado. Tiene seis hijos de tres padres diferentes. Un día, al limpiar un pargo rojo, encuentra un diamante dentro. Esto le da la idea de regalar el pescado a su vecina adinerada que la había molestado por años. Magdalena irrumpe en la casa de la vecina y le ofrece el pargo rojo para que lo disfruten en familia, en un gesto de reconciliación.

Cargado por

Stephany Bula M
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
100% encontró este documento útil (2 votos)
2K vistas2 páginas

El Pargo Rojo

Magdalena es una mujer que vive en Tolú comprando y vendiendo pescado. Tiene seis hijos de tres padres diferentes. Un día, al limpiar un pargo rojo, encuentra un diamante dentro. Esto le da la idea de regalar el pescado a su vecina adinerada que la había molestado por años. Magdalena irrumpe en la casa de la vecina y le ofrece el pargo rojo para que lo disfruten en familia, en un gesto de reconciliación.

Cargado por

Stephany Bula M
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

EL PARGO ROJO

Por: DAVID SANCHEZ JULIAO


Magdalena Santiago vive sigue viviendo de comprar, limpiar y desescamar pescados a la orilla del mar. Se levanta con
los primeros ardores del alba y se va al puerto a esperar el retorno de los pescadores. All canta, invariablemente,
todos los das a idntica hora, la misma cancin; una tonadilla de aliento africano cuya letra ella lo ignora, tiene origen
en el romancero espaol: Rey que sabe / leer y contar / dime cuntas olas / manda la mar. Acaso aquella liturgia es,
adems de una orden de su porcin de sangre negada, la expresin del sueo incumplido de ser alfabeta. Porque, por
el contrario del rey del estribillo, Magdalena ni sabe leer ni sabe contar. Pero tiene un don especial: cuando ha
cantado, sin contarlas, diez veces el estribillo, seala en el horizonte las primeras canoas. Magdalena nada sabe de
nmeros o letras, pero el cantar le otorga un acertado manejo del tiempo.
No es el nico don que posee. Tambin carga claro en la cabeza que, comprando los pescados al precio del puerto y
vendindolos de puerta en puerta pueblo adentro, el dinero sobra en casa. Magdalena llama el milagro de la vida a
aquella elemental abstraccin, como de impuros logaritmos. Pese a asistir da a da a ese milagro, dice no entender
nada pero lo entiende todo. Por ejemplo: es madre de seis hijos de tres padres diferentes; y no sabiendo al cabo de los
aos adnde han ido a parar los padres luego del abandono, se llama a s misma viuda triple de muertos vivos. Sus
hijos, ya crecidos, trabajan all en Tol o en otros pueblos del Caribe en forma marginal: cargando bultos o vendiendo
baratijas a los turistas de la playa, hoy; cocinando en una casa de familia, maana; despus, tal vez...
Magdalena, sin embargo, se dice feliz; aunque desde los das en que el cinematgrafo lleg a Tol, a ratos ni ella
misma lo cree. La noche en que fue a ver por primera vez una pelcula, recuerda, empez a sospechar sin que lograra
volver razones las sospechas que el meridiano de la felicidad pasaba por lo cotidiano. Entonces, muy fcil dice con
frecuencia: dej de ir al cine y ya est, volv a vivir contenta. Adems, qu otra cosa quiere? se pregunta en sus
noches de hamaca. Conoce un oficio, produce con qu comer, guarda plcidos recuerdos de cada marido en cada
cama del segundo, sobre una mesa, es amada por sus hijos y estimada por los pescadores y la gente del barrio. Y lo
ms importante: ninguna de sus hijas le ha salido vagabunda, y ninguno de sus hijos ha estado en la crcel. Son muy
unidos, comenta: Cada uno es capaz de quitarse el pan de la boca para drselo al otro. Y no se queda en la superficie,
pues agrega: Ojal nunca sean ricos; porque poco dinero evita preocupaciones; mucho dinero, las trae. Y remata: Dios
quiera que nunca vayan al cine.
Magdalena vive contina viviendo all, aun despus del incidente en una calle a la que la gente bautiz como
Bocagrande. Su nombre oficial tiene que ver con un hroe de la Independencia, Francisco de Paula Santander. Pero los
desocupados de la plaza lo han cambiado por aquel ms sonoro, debido a que en esa calle las vecinas rien a diario
en insultos que se vociferan de acera a acera, con frases cargadas de dobles sentidos e imprecaciones.
En la misma calle de Bocagrande, puerta seguida a la casa de Magdalena, vivi una vez una mujer adinerada que
odiaba a los pescadores y a las revendedoras. No es extrao que estas cosas sucedan en la Amrica Hispana, puesto
que en sus pequeos pueblos conviven prncipes y mendigos, ricos y pobres en una misma calle, en una constante
ebullicin de la vida que ante todo los ricos niegan disfrutar. En estos poblados, los modernos barrios residenciales
jams tuvieron futuro, pues no tardaron en convertirse, de tan tediosos, en una antesala de la muerte.
Aquella vecina la del incidente odiaba a Magdalena, en razn tal vez de lo que el profesor socialista de la escuela
pblica llamaba marxismo al revs ; es decir, el desprecio de los de arriba por los de abajo. La vecina, sin embargo,
amaba la ldica del humilde vecindario, pero siempre dese que su torrente de vida bullera, no all sino en el barrio
residencial de las afueras al que un da se mud, hasta que se aburri... por falta de vida. Cuando regres a vivir al
antiguo vecindario, continu hacindole la vida imposible a Magdalena: le corra la cerca del jardn, ordenaba a las
sirvientas que desaguaran la cocina hacia el patio vecino, y sacaba en voz al sol ciertos trapos sucios que Magdalena
prefera lavar en casa; como aquello de la triple viudez de muertos vivos, los seis hijos de tres maridos; y la pobreza y
el mal vestir, cosas que Magdalena sobrellevaba con inadvertida dignidad.
La vecina insolente es viuda de verdad, y tiene tres hijos casados cuyas mujeres le desean la muerte para heredarle la
hacienda que ha comprado en las mejores tierras del Sin. Hoy, en los tiempos posteriores al incidente, la hacienda es
manejada a distancia, mediante despachos de correo y llamadas telefnicas. Porque la que fue vecina de Magdalena,
es ahora una mujer muy rica; y ya no vive en la calle de Bocagrande de Tol, sino a muchas leguas de distancia, en un
sector del mismo nombre que es parte de la hermosa Cartagena de Indias. Aun as, viviendo lejos, dos de las tres
nueras han tratado de envenenarla, tres de sus hijos varones no la visitan, dos de ellos no le dirigen la palabra ni
siquiera por telfono y el tercero, el menor, no le permite ver a los nietos los domingos. Y todo, por culpa de
Magdalena; al menos, eso comenta la gente. Magdalena es en extremo cuidadosa al respecto; jams ha dicho que
aquello es cierto, pero tampoco lo ha negado. Se limita, eso s, a contar la historia tocada de un airecillo de
satisfaccin.
Un da, mientras desescamaba pescados en las escalinatas del puerto, vio que algo brillaba entre el espeso amarillo
de las hueveras de un pargo rojo. Se trataba de un brillo poco comn, como de estrella en el cielo, emitido por una
piedrecilla de aristas pulidas con esmero. Magdalena jams haba visto uno en su vida, pero por lo que siempre
escuch, estuvo segura de que la piedrecilla no era tal sino un diamante. Pens de inmediato en sus hijos yendo al
cine, en sus nueras tratando de envenenarla, en sus maridos regresando a buscarla uno a uno o los tres al tiempo,
pero con la misma cara de arrepentimiento; pens en ella misma, liviana y desafirmada, viviendo la muerte de un
barrio residencial y comprando pescados en la puerta a sus compaeras de trabajo; y pens, lo ms grave, en no
poder ver a sus nietos los domingos. En ese instante tom la decisin de regalar el pargo rojo. Alguien, cuenta ella, se
ofreci a comprarlo en el puerto. No est para la venta dice Magdalena que dijo. Lo tengo reservado para alguien muy
especial.
Irrumpi en la casa de la vecina en el momento en que la mujer discuta con las tres nueras sobre qu cosa preparar
para el almuerzo.
Perdonen si interrumpo dice Magdalena que entr diciendo, pero la pesca de hoy ha sido excelente y me he acordado
con cario de todas ustedes. Les he trado este hermoso pargo rojo para que lo disfruten en la santa paz de la familia.

Para que escuchen tanto la biografa del autor como el cuento narrado:
https://soundcloud.com/majo_29/el-pargo-rojo-david-s-nchez

También podría gustarte