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ia | idea de progreso © tori e H 1S de la _ Serie “Mediaciones ; “e ae Se = - gia Bot Forge Lynch, - Laide Ae progreso, la creencia en quela humanidad ha: . “avanzado en el pasado y seguita avanzando en un futuro. + previsible es una fe peculiar-del mundo occidental’ que “tiene una\Jarga historia y un. porvenir inciettd.. Los _ valores qué-han servido de base para nuestra fe €n-él. progreso son considerados actualmente como negati: “vos y'se los responsabiliza por la inevitable’ ancarrota. ~ °° ~ de lahumanidad ¢Logrard la idea deprogreso sobreévivir alas nuevas y.extendidas corrientes pesimistas? * tne @ ‘Nuestro préximo titulo. eee El tema centralgue se desarrollaien este libro és ¢! problema del sersocial pfimitivo, entendide como. forma~ ‘ion social en laque Se weanitiege una logica.especifica. ee Esta antropologia Dolleibaseanaya spieste: Clasiree cr en Ja radical discontinuidad que exis- : te entre las sociedadessin Estado y las Sociedadés de Estado, y;plantea tres Scuestiones; 1.adamentales en lay co- “munidades primitivas: la economia,la ~~ “guerra y.la religion. Como fondo pro- blemitico Clastres se propine diluci-, » : | dar él oscitroorigen de la institucién * a estatal: en el fondo, piensa, se trata de: : Saber cuales son las condiciones qu hacen que una sociedad deje de ser (primitiva, Be Investigacion ~ + <| én antropologia : “politica _ Serie Mediaciones _ disigide For Eariue Lynch previsible es tina fe pelonds del mundo Seaeae que ‘tiene unaJarga historia y un, porvenir inciertd. Los. valores qué-han servido de base para nuestra fe én’¢l ‘progreso son considerados ’ “actualmente ‘cotho negati- < °~ “vos yse los responsabiliza por la inevitable bancarrota’ — de la humanidad ¢Logrard la idea de progres sobrevivir ale las nuevas y.extendidas corrientes esti ease a tas 2. : : El tema central gue se desarrolla'en, este libro és ¢l problema del ser social primitivo, entendide como. forma- cién social en laque se manifiesta una logica.especifica. Esta antropologia politica séapoya en la radical discontinuidad que exis- te entre las sociedadessin Estado y las Sociedadés de Estado, y.plantea wes Scuestiones, 1wadamentales en las co- munidades ptimitivas: la economia, la uerta y.la religion, Como fondo pro- blemitico Clastres se propone diluci | | dar.él osctro origen de la institucion ~ estatal: en el fondo, piensa, se tratade ieee 2 Saber cuales son las condiciones qu hacen es sociedad deje de ser Tnvéstigacion én soso Robert Nisbet HISTORIA DE LA IDEA DE PROGRESO COLECCION HOMBRE Y SOCIEDAD ‘SRIF MEDIACIONES Coecsisa HOMBRE ¥ SOCIEDAD DELEUZE, 6. Empirismo 9 subjetividad LAPASSADE, G. Grupos, orgenizaciones @ instituiones LAPASSADE, G. Autogestion pedagéeica GRAMSCI, A. Pasado y presente LAPLANTINE, F. ‘Las voces ‘de la imeginacion colectiva LAPLANTINE, F. Introducién’ a la etnopsiguiatria LAPASSADE, G. EL analzador 4 ol anliste LAPASSADE, G. Socioandlisis y potencalbumano LEFEBVRE, #. Hacie et cibernintropo Serie Mediacones MICH. FOUCAULT. La verdad las formas juridicas IFAN BAUDRILLARD FF capes de la produccion ROBERT NISBET Historia dete ndoa de. progres HISTORIA DE LA IDEA DE PROGRESO por Robert Nisbet gedisa History‘ the es of prowess {@ Bask Books. Ine. 198 Director de ta Sete Metaciones Envat tvnch Cuber: Tonnes har ea fin em Barcelona, enero de 181 by OEDISA © Nlantanee Wt eto. tra. aie cone SENAY sou Zamors, 8 Barcelona Lunpcso on Expats Pred or Spa INDICE Prefacio Gerais ¥ BESURROLI BL 1.4 ADEA BF PROGRESO Imroduecion Capituto primero. E} mundo clésico Capitulo Segundo, Los primeros cristianos Capitulo tercero. Corrientes medievales Capitulo cnarto. EI Renacimiento, Algunas contra: Capituter quinto. La gran renovacién Sect wy vaRTr Eh PROF ADP OE oR Inroduccion Capitulo ves10. Bl progreso como libertad Capitulo septino. El progreso como poder Capitnto octave, La persistencia det progreso Capituta noveno, EX progress acorralade Epitogo ” ne 151 m 21 ms 258 32 au a 387 A mi esposa PREFACIO Los lectores que conozcan mi libro anterior com probardn que agui vuelvo a estudiar un tema que ya ‘habia tratado con otro objetivo en Social Change and History (Historia y cambio social), 1969, donde quise hhacer una revision critica de las teorias sociales moder- nas a fin de demostrar con argumentos histdricos y analiticos que en sus concepciones del cambio —furt- damentalmente la funcional, la del desarrollo y el evo- lucionismo— hay elementos muy discutibles. En este contexto traté brevemente la idea de progreso, subor- dinando sin embargo el estudio de este campo al de otros mas amplios. Este libro, en cambio, ha sido concebido exclusiva: mente como una breve historia de la idea de progreso. Dentro de los limites que me imponia el espacio, me he esforzado por identificar y situar en la perspectiva mds adecuada los principales personajes, textos, concepcio. nes, climas intelectuales y también wtilizaciones filo soficas e ideoldgicas de esta idea durante los tiltimos veinticinco siglos. Aunque a lo largo de casi toda la historia de Occidente el dogma del progreso ha con- servado un papel preeminente, en nuestro siglo se ha visto arrinconado y enconadamente perseguido, Tal como sugiero en el ultimo capitulo, no puede decirse que tenga un futuro despejado. Pero si puede afirmarse " sin duda alguna que si la idea de progreso Uegase @ ‘morir, también morirlan otras muchas cosas muy que ridas por nuestra civilizacién. En un libro como éste no es posible prescindir de los estudios de otros autores, y aunque én el tex10 he hhecho referencia a todos los que me han ayudado con sus intuiciones e interpretaciones, hay algunos que me recen ser citados agui por el especial valor de sus apor- taciones: Ludwig Edelstein, cuya obra The Idea of Pro- gress in Classical Antiquity (La idea de progreso en la ‘antigiedad clasica) me result6 casi indispensable cuan- do preparé el primer capitulo de este libro; Gerhart B. Ladner, sobre todo por su Idea of Reform (La idea de Reforma) pero también por sus demés escritos, que ‘me guiaron a través del pensamiento cristiano de los primeros tiempos por caminos que con casi absoluta Seguridad yo no hubiera sabido encontrar; Ernst Kan: torowicz, cuya obra The King’s Two Bodies (Los dos cuerpos del rey), a pesar de fo que su titulo pudiera hacer pensar, da acceso a distintas éreas del pensamien: to medieval, y entre ellos a la idea de progreso: Mar. jorie Reeves, cuyo libro The Influence of Prophecy in the Later Middle Ages (flujo de la profecia en la Alta Edad Media) nos ha proporcionado un estudio com. pleto y autorizado sobre ese profeta-genio del siglo x1 Mamado Joachim de Fiore y que investiga asimismo la influencia de su pensamiento hasta el siglo x1x; Ia fi ura de Joachim de Fiore es la que més pesé en la for. ‘macién de la idea que del progreso se hizo la Edad Media; quiero hacer mencidn también de Arthur Lo- vejoy y Arthur Boas por sus estimulantes estudios so- bre las nociones de primitivismo y progreso en los auto- res eldsicos y medievales, y citar a Lovejoy por separa: do por The Great Chain of Being (La gran cadena del ser}, una de las obras maestras de la erudicién del si wlo Xx. Hay, como ya he dicho, o1ros muchos autores cuyas investigaciones y comentarios me han resultado ‘muy valiosos, pero eréo que ya les rindo el tributo que ‘merecen en el texto. Quedan, sin embargo, dos excep- La primera es la de Frederick J. Teggart, que fue durante muchos afios profesor de ta Universidad de California, Berkeley. Fue su fructifero ¢ influyente in terés por la idea del progreso, a comienzos de este si alo, fo que atrajo mi atencién hacia este tema. Varias innerpretaciones y enfoques de este libro estén en abier- ta contradiccién con las opiniones de Teggart, 10 cual no es Sbice para que siga respetdndole como a uno de los mds profundes y originales eruditos de este siglo. Debo rendir también tributo a J. B. Bury por su libro Idea of Progress: An Inquiry into its Origins and Growth (La idea del progreso. Investigacién sobre sus rigenes y expansion), publicado el ano 1920 en Lom dres. Lo mejor que puede decirse de este texto es que se ha convertido en parte de la historia de la idea que estudia 0, por decirlo de un modo mds sucinto, en un eldsico. Sin embargo, se trata de un clésico que tiene zraves imperfecciones. Siguiendo una tradicién que se remonta al menos hasta Auguste Comte, en la primera mitad del siglo pasado, Bury nego que los mundos clasico y medieval tuvieran en realidad una idea del progreso de la humanidad. Por otro lado, siendo como era esencialmente un racionalisia y un librepensador, ‘reia que el cristianismo era el tltimo y definitivo ene: ‘igo del progreso, y que s6lo después de derrotarlo pudieron los hombres tlegar a concebir ta nocién de rogreso, a finales del siglo xvi segun la opinion de Bury. Hoy en dia es imposible sostener legitimamente sta y otras opiniones que él tenia, tras la aparicién de numerosas obras especializadas sobre el pensamiento medieval y el clésico, con posterioridad a la publicacion de su libro. Pero a pesar de sus errores 9 omisiones, la obra de Bury merece respeto tanto por su contenido conto por su amplio influjo, Doy las gracias a fa Fundacion Rockefeller, especial- mente a la seccién de Humanidades que dirige ef Dr. Joel Colton, por le beca que me concedid, pues me per inité llevar a cabo la tarea de investigacion preliminar impreseindible para fa redaccién de este libro. Esa mis. mma beca hace posible que pueda ahora dar también las {gracias a Joseph Lawrence'y a Christopher Kobrak, que hhacian estudios de postgrado en la Universidad de Columbia durante la primere fase de elaboracion de este libro, por su valiosa ayuda en mis investigaciones. ‘Ala propia Universidad de Columbia debo darle las fracias por haberme concedido el privlegio de haber Sido profesor en su cdtedra Albert Schweiteer del de. partamento de Humanidades durante el pertodo 1974. 78. Este libro lo empecé y casi terminé durante esos aitos, yo puede por tanto desvineularse de la estimu lante 9 provechosa atmdsfera que pude respirar en Tos Morningside. Heights Conclut finalmente el libro mientras ocupaba ef puesto de investigador en The American Enterprise Ins titute for Public Policy Research, Washington, 9 apro vecho esta oportunidad para agradecer a William J. Ba raodys Sr. y Ir, por haber sabido comprender que el ‘ema del libro cala dentro del dmbito de investigacion nes de esa institucién. No puedo imaginar ningtin am biente mas adecuado que el que vivi alli tanto para in. vestigar como para escribir Por sitimo, me complace dar les gracias a Martin Kessler, Midge Decter, Maureen Bischoff y otros mem bros del personal de Basic Books por sus consejos y ayuda a fo largo del proceso de produccién de este fi bro durante ef pasado ato. " Primera parte Génesis y desarrollo de la idea de progreso INTRODUCCION It ig Almost the Year Two Thousand inte ae sia te Rie ieee Ea cane Peas From weeding. garden beds ‘And spnotating books ‘Tovwaich this end de xe, Rosent Frost (¥a es casi cl ao dos mil. //Empex6 el mundo anti uo / con una edad de oro / que no hacia falta trabajar fn las minas, /'y dicen algunos que hay signos / de que esti Hegando otfa era igual, / el auténtico Milenio, / el @orado fulgor final / con que acabara el mundo. Si es si / (y 81 lo dice la clencia sera verdad) / bien podrismos levantar la mirada / de los jardines que euidamos / y los libros que anotamos / para contemplar este suntuoso fr nal) No hay duda de que. por su cardcter de Nuevo Milenio, el aflo 2000 suscitara un interés cara vez mas amplio & ” Intenso a medida que se acerque, tanto desde el punto de vista cientifica, erudito e inteleciual como desde el po- pula, ¥ que este interés no se centrara sélo en el afioen Si sing también en la cuestion del progreso de la huma- hidad. Ya han empezado a sonar algunas preguntas: :cémo Serd la vida en Oceidente el aio 2000? zNot aguarda una Edad de Oro, o estamos en un proceso de. dogeneracion y condenados a una era tenebrosa? Qué es lo que define 1 progreso, los elementos morales espirituales o lar: ‘queza material? ZNo seré acaso la pabreza material el sig: No del auténtico progreso? Esto ultimo es lo que han afir mado algunos pensadores a lo largo de la historia de Oc: idente, y también lo que opinan algunos teoricos en la actualidad. Hay sin embargo otra corre otro. sentido, la que i n Is Gr anes y Protagoras,_y que coneibe el progréso como algo inextricablemente vincwlado log efectos de la acumula. clon de conocimientos. A lo largo de casi toda la historiz 4e Occidente, & incluso en la Edad Media, el respeto que se siente por la razon, el conocimiento y la ciencia es tal, que resulta casi inevitable que. los criterios que juzgan cl progreso humano derive de estos valores. Pero en-el siglo xx todo cambia. Porque nunce hasta hoy se habian ado en Is escala que ahora vivimos fendmenos como la rebeldia contra la Giencia y el raciondlismé, el cultivo del Irracionalismo en diversas. formas, tanto réligiosas como seculares, y el'asombroso desarrollo del subjetivismo, de Ja preocupacion asi exclusiva de los individuos por si propio yory sus placcres. Es posible que la idea Ge pro- reso llegue ser totalmente erradicada del campo inte lectual por la accion conjunta de las diversas fuerzas pe Simistas que afirman que las cvilizaciones tienen un desa. ‘rolo celicoy que la nuestra corre ahora precipitadamente hacia su crepusculo? Este libro no pretende encontrar respuestas directas a estas obsesionantes preguntas, aunque me gustaria creer {ue he arrojado un poco de luz sobre esios campos mien- tras perseguia el objetivo que en realidad se propone mi texto, que no es otro que hacer una sencilla ‘historia de Ja idea de progreso desde Grecia hasta la actualidad. Du: ante mas de veinticinco siglos los fldsofos, los clentificos, los historiadores y los tedloges han estudiado, con mayor 9 menor interés, esta idea y también, naturalmente, la puesta, la. que niega el progreso para hablar de Ia de- eneracidn o la repeticin ciclica. Es cierto sin embar- 0. tal como demuestro en este libro, que la fe en el pro. {reso a sido Ia tendencia dominante a lo largo de la historia. Se ha dicho muchas veces que vivimos sometidos 4 Ia fascinacién que en nosotros provocan las ideas, sean éstas buenas 0 malas, verdaderas 0 falsas. Por mucho que fereames. que respondemos directamente a los. aconteci- mientos y'los cambios de la historia de las instituctones, fn realidad nuestra reaccion es indirecta, porque sem: pre esté mediatizada por las posibilidades de compren Sidn que nos dan las fdeas que tenemos en el momento fen que tales hechos se producen. Los hechos sdlollegan a Ser reales © asimilables gracias a esas ideas. Durante unos tres mil afos no ha habido en Occidente ninguna idea més importante, y ni sigulera quizés tan im portante, como la idea de progreso. Ha habldo otras fun- Gamentaies, como las de libertad, justicia, igualdad, co ‘munidad, ete. No pretendo subvaloratlas, pero es necesario recalcar que a Io largo de la mayor parte-de la historia de Oceidente, por debajo de estar ultimas ideas subyace otra, tuna filosofia de la historia que da una importancia fun ‘damental al pasado, el presente y el futuro. Para que lle ‘gue a adquirir auténtica imporiancia, para que obtenga el minimo de crédito imprescindible para ser eficaz, todo Valor moral o politico tiene que Hlegar a ser algo mis que tna cosa que se desea 0 se considera deseable; es necesa Fo que legue a ser entendido como un elemento sen ial del cambio histérico, desde el pasado hacia el futuro, ppasando por el presente, porque s6lo asi abandona el te Freno de'lo. que seria de descar para entrar en el de la necesidad historica, Para decirlo lo més sencillamente posible, fa idea de Dprogreso sostiene que la humanidad ha avanzado en el pesado a partir de una situacion inielal de primitivismo, Darbarie 0 incluso mulidad— y que sigue y seguird avan zando en ef futuro. J.B. Bury lo dice con ona frac muy acertada: Ia idea deT Progreso ex una sir.» del pasado Yuna profesia del futuro, Es tins dea inseparable de otra egin la cual el tiempo fluye de modo unilinear. En Pri Imutivism and Related Tdeas it Antiouity (La idea del pri 9 rmitiviemo y otras ideas afines en la antigiedad), Arthur ©. Lovejoy afirma que la idea de progreso supone ~por un Jado una valoracion del proceso historico en general, y por ttre, una valoracin de la tendencia predominante en ese proceson. La consecuencia, sigue diciendo Lovejoy, de esta Eonciencia del proceso historico es la extendida creencia fen que wla naturaleza o el hombre tienen una tendencia Intrinseca a pasar por una serie de fases de desarrollo 8 través de su historia, de su pasado, su presente y su fu turo. Pete a las desaceleraciones y regresiones que pueda haber, las ttimas fases son superiores a las primeras» Cabe afiadir que lo corriente es que ademas exista una creencla on que estas fases se Siguen unas a otras sin so- lucién de continuided, y que los cambios son graduales, naturales y hasta, para algunos, inexorables. No se entien: de el progreso como producto’ del simple capricho 0 de tmeros accidentes, sino como parte del plan mismo de las cosas en el universo y la sociedad. El paso de lo inferior 2 lo superior es entendido como un hecho tan real y cier to como cualquier ley de la naturaleza, Lar diferencias empiezan cuando se trata de dar un contenido a ta nocién de progreso. :Qué se entiende por Savanzare? A lo largo de estos veinticinco siglos encontre emos dos clases de respuestas estrechamente relaciona: das pero distintas. Para algunos autores el progreso con- siste de hecho en el lento y gradual perfeccionamiento del Saber en general, de los diversos conocimientos técnicos, artsticos ¥ clentificos, de las maltiples armas con que el hombre se enfrenta a los problemas que plantea la. natu raleza'o el esfuerzo humano por vivir en Sociedad. Desde Hesiodo, y con mayor intensidad desde Protégoras, pa sando por romanos como Lucrecio y Séneca, por San AGUS tin y sus descendientes medievales y modernos, y los pit Fitanos del siglo xvi, hasta llegar a los grandes profelas del progreso de los siglos xIx y xx, como Saint Simon, Com. te, Hegel, Marx y Herbert Spencer, podemos constatar la presencia de una conviccién casi omnipresente septin la ual el cardcter mismo del conocimiento —del conocimien {0 objetivo como el de la cienciay la tecnologia consiste en avanzar, mejorar y perfeccionarse, 1a otra respuesta o tendencia que aparece en la historia ie Ia idea de progreso se centra més bien en la situacion 2» moral o espiritual del hombre en la terra, en su felicidad, su eapacidad para liberarse de los tormentos que le inf ten la naturaleza y la sociedad, y por encima de todo en Su serenidad o su tranquilidad. Pata esta corviente el ob- jetivo del progreso, el eriterio del avance, es la consecu Cidn en la tierra de esas virludes morales 0 espirituales ¥en Ultimo término, el perfeccionamiento cada vez mayor dela naturaleza humana, Ha habido, hay, y, sin duda, se fuird habiendo, quienes creen que estas dos tendencias fstén en relacin inversa, es decir que para aleanzar la felicidad espiritual y el perfeccionamiento moral es nece sario que no aumenten los conocimientos que tiene el hombre sobre el hombre mismo y el mundo sino que, por cl contrario, tales conocimientos sean repudiados. Saber fs peear, 0 echar los cimientos del pecedo. En la leyenda igviega de Ia caja de Pandora se ensefa esta leecion; todos los males morales de la terra (uvieron su origen en el lrreprimible deseo de Pandora de conocer el contenido ela caja que, por orden divina, tenia prohibido abrir. Cuando la abrié Salieron de su interior los monstruos de Ja avarica, fa codicia, Ia crueldad, la enfermedad y otros, Otro. mito’ ain més tamoto es ei mito judio del Jardin del Eden, en el que Adan y Eva, inocentes al principio, chan a perder su felicidad por culpa de su insatiable de: seo de_conocimientos. En todas las eras posteriores de In historia de Occigente ha habido siempre una u ofa variante de esta opinién segin la cual existe una relacién inversamente proporcional entre felieidad y conocimiento, En A Study of History (Estudio de la histori) A. 3. Toyn- bee afirma que basta detectar Ia aparicion de un momento de avance teenolégico para estar seguro de que al mismo tiempo se esté dando una decadencia desde el punto de vista moral Pero aunque esta idea sea antigua y se haya repetido multitud de veces, nunca ha sido aceptada por la totalidad de tos intelectuales de ninguna época determinada, En las Ghocas cldsica y cristiana ha habido pensadores conven: ldos de que hubo al principio de los tiempos una edad de oro a Ta que siguid una degeneraci6n. Pero en las pé- iinas que siguen veremos que también hubo griegos y ro- ‘manos que cfelan lo contrario, que los comienzos de la hhumanidad fueron desgraciados y que la salvacién s6lo era 1 posible mediante un aumento de los conocimientos. Tam- bien ha habide hombres que han pensado de esta otra ma snera_en los comienzos del cristianismo, durante el me- dioexo y sobre todo en la epoca moderna. Es evidente que no se puede verificar empirica o légh camente una proposicién como la de la idea de progreso {al como acabamos de formularla mis arriba, Si puede afirmarse, en cambio, que el arte de la medicina o la gue Fra han avanzado, Poseemos medios perfectamente. obje- tivos para estudiar los resultados obtenidos a To largo de I historia por los diversos medios utilizados a fin de lo rar el propésito de cada una de esas artes: curar enfer- medades y salvar vidas, y destruir lo mas efieaz y comple. tamente posible a los enemigos. La penicilina es superior 2 otres remedios anticuados como Ia sangria y la aplien ion de sanguijuclas, y este es un hecho que puede ser demostrado. Del miso modo, la artilleria moderna es su perior @ Tas ballestas o las eatapultas, ero las cosas se complican, incluso dentro de cual quiera de estos dos terrenos especializados y_téenicos Cuando nos preguntamos por los efectos globales de tales innovaciones, por las consecuencias ambientales, socials, morales, demograticas, espirituales, et, que tiene su apli ‘acion, cuando nos pregumtamos qué clase de progreso estS ‘experimentando el arte de la medicina, Basta fijarse en ‘un nuevo campo de pensamiento que ahora crece rapids. mente, el de la étiea de la medicina —que trata temas tan ‘spinosos como el derecho a morir con dignidad en medio Ue todos los logros teenoldgicos que permiten conservar du ‘ante largulsimos periodos Ta vida de los agonizantes—, para recordar que hasta las mas antiguas discusiones i: as pueden ser traidas de nuevo a colacién por los éxitos fie In tecnologt Adem, todas estas cuestiones se hacen casi desesperan- temente complicadas y polémicas cuando tratamos de re ferir ese concepto de progreso (0 regresién) a ideas como Jas de shumanidad» 0 ccivilizciéns. Pero a pesar de todas las complicaciones, conflicios y paradojas que trae consi fg el sprogreso», ha habido muchos sabios y eminentes Filosofes. clentiices, historiadores y politicos que han de fendido la posibilidad y la realidad del progreso. Entre cellos estén Protigoras, PlatGn, Aristételes, Lucrecio, Sé n neca, San Agustin, Jean Bodin, Tsaae Newton, Robert Boyle, Joseph Priestey, Com, Hegel, Darwin, Marx, Herbert Spencer y en lo Estados Unidos una coriente iniiada por Couton Maher y Jonathan Edwards, y ‘continuada, por Tetferson, John Adams y Franklin, y eat todos ls ram des pensadores que les sigueron, Estos no son mis que siguncs de los hombres gue, en Ocidents, han erldo que liprogreso de la humanidad, sobre todo en las artes ins lenis, cra algo realy tan fuera de dda como al: Quiet Tey billie 0 ska Lo que qulero subrayar aqui no es que estos hombres que ereyeron sn el progreso pensaran siqucra cn la pro Sabiidado la posbliad de Negar alguna ver conseguir tna verficacion empirea de Ia realidad del progres, pues todos tenlan en cuenta lo. abstractos vastos que son Conceptos como el dela humanidad el dla cvilzaién. Lelimportante es que minguno de elle ereyo que su fe ne Sean a tc ST Gel ion no gee no hacen falta pruebas emplifeas para-demostrar Ta valides Ae una proposcion geometrica, pars lor hombres re igiosos~ inde un mandamiento.0 cualquiera de los otros tandator que aparecen en Ta Biblia. Para ellos el progreso fa un axioma, o un dogma, J, por insensato que Bueda Pa feceries a fos infeloetutes ‘Je la segunda miiad. del a fio Xt Ia idea de progreso era tan evident como eval ‘lera‘de los postlados de Euclides al menos hasta co thlenzos de nuestro siglo "No. pedemos elvidarnos tampoco de Ias masas. Desde toe primeros afos del siglo Xi hasta hace pocas décadas, ta cfeencia en el progreso de la humanidad en el que Dccidente estaba consiseraco como fs fuerr de rangi diaw= era practicmente una eligign universal tanto. en América como en Europa. Es mass por lamentable que sea {estado de ess ercenea en Oclgente hoy en di iy 0. tivos mis que suficientes para pensar que es una de lat ideas més atralgadas al Este del continente europeo 20 Ore todo cn ls Union Sovieuca 9 en pram pare de Ass Es cierto que incluso en épacas muy recientes a ha: bido siempre ssedpricos © incredulos profundamente con ‘enelaos de sus opiniones. Algunos dello: setan stadia for en el ultimo capitulo de este libro, pero por ahors baste ctar los nombres de Tocqueville, Burekhatit, Net 23 che, Schopenhauer, Max Weber, Sorel, W.. Inge y Spen- fle, que sor Tor mas impotantes de ent Suicnes no creyeron munce que la siteacion de Occideme Sehcjra Rada que merecierael‘nombre de progres. Fue fon, en iu epoca, pegueias minorae, pero contitayen el Grigen directo del mafestar intletusl yiterario que tanto Sho extendido en Oceidente. ‘Sin embargo, y como he inaicado snteiorment. a. pesar Ue im presenca do estos Ctetptcos la abrumadora mayoria de Tos mas grandes pen- Sores dela historia ocidefal se imocstrapartdars Gl Sogma sel progese Ente doginas como veremos, no tuvo siempre un efecto ssludable par In humanignd; angus on general hay te ho uns inflancia benticios Em) opinion, lo encon {tamor al lado mismo de Tos impulsos,deseos incentives Gruciaes que han Tewado ala consecucion de los extaor Sinrios logos de in evlzacion occidental. Lat Nstoriae dea religton, Ia clenia ef racionalismo, la cha por iberta, fm igvidady Ta stci, ant como Tas dela fe lowoli,ias artes, ee, estén empapados dela creenci de {ue lo que cada ‘uno hace en su propa cpa cx si mismo tempo tn homenae ala grandeza yal carder indispen ‘ble cel pasaco yun factor qu contribu 9 un Fair® ‘ue scr, Sin Goda, cada ver mes brilante Pero, tal como be dich, la creencia en el progreso no siempre ha producide un impalso hacia adalat. La fe fnvel progrzo de la humanidad he convo y conve Son otras reencas que In mayor pate de tos ocidenales ‘Sonsideramos repugnantes y detestable. Detri de las ma nifestaciones" dc poder sbvolute,policernlitar aoe cm onteamer en los Yotaltartmos dt sigio tant los de derecha como ou de faquienda hay una flosotia que ha- bin de un progreso inexorable. Lo mismo ocurre com el rr Eismo que loecio en el silo ix y 8 comiensoe dsl Gobineas, Houston Stewart, Chamberain Madson Grant reian en cl propresoo. como minimo, en gue e progres ra posible, ¥ todos clos opinaban gus au base Faccabe cn determina raza Pere, por mucha corrpeioncs que haya experimentado In len de propreso Tan dor que he citado no son las tnias, slg Eonvencido de que esta idea he contrbuigo mis que cstguir ota lo largo de veintiinco siglo de Fa Ja historia de Occidente, tanto a fomentar la creatiidad en Jos mas diversos campos como alimentar Ia esperanza y la confiana’ de Ta Fumiantdad y de Tos individos en la post bilidad de esmbiar y mejorar el mundo. Podria afirmarse gue el elemento que, en tiltimo término, resulta més cru Gal es la voluntad de cambiar y mejorar, y que éste solo puede darse en el individuo. ¥ que, come el individuo no recesita para nada ese dogma indemostrable, paradéjico y ésmico, no tiene ninguna importancia que la idea de pro- {preso muera, Podria afirmarse que los impulsos y aspira: ‘ones del propio individuo bastan para que haya. pro- agreso, y que la desaparicién de una idea tan global y abs tracta como la idea occidental de progreso no seria grave. 'No estoy de acuerdo. Los muelles que disparan la ac tividad humana —la voluntad y Ia ambicién— se apoyan en una serie de ideas acerca del universo, el mundo, 1a Sociedad y el hombre que escapan a todos los eéleulos ra Cionales y no tienen relaeién con los Instintos fsiopsico. ldgices. Estos muclles se apoyan en lo que llamamos dog- mas. La palabra dogma procede de dos términos griegos {cuyo sentido literal es «parece bueno». Tal como escribi6 Tocqueville, «ninguna sociedad, puede prosperar ni exis: tire sin dogmas. Del mismo modo, pars el individio «la fe en unos dogmas es indispensable para su vida personal» fgue_shombres (que“no-moverlan"us dedo por una conclusiin raclonal, se ran-eapaces de morir por un dogma». La idea de que la hhunmanidad va avanzando gradualmentey de forma inexora- ble hacia estadios cada vez més clevades de conocimien. tos, cultura y perfeccién moral es uno de esos dogmas los’ que Tocqueville y Newman se referfan Sin embargo, todo hace pensar en estos momentos que 1a fe occidental en el progreso se va. marchitando répida: richté"eft todos los niveles y todos 168 campos, a lo largo de la dltima parte del siglo xx. Tal como trate de demos trar en ef ultimo capitulo, los motivos de este fendmeno no son, como pudiers peniarse, Iss guerras muindiales, los {otalitarismos, las depresiones econémicasy los demas pro- Diemas politicos, militares y econémicas que ha habido en este siglo sino otros hechos menos espectaculares aunque ro por ello menos Fatales. De ellos el mas importante es la erosién que estén padeciendo todas las premisas intelec * tuales y espirituales en tas que se ha apoyado la idea del progreso alo largo de su historia Es posible que esté exagerando. Pero no puedo dejar de pensar que antes de que transcurra mucho tiempo $3 bbremos si es posible seguir tenicndo una civilizacion com- parable a la que hemos conocido en los altimos veinticineo Sielos en Oceidente sin el sostén que proporciona la fe en el progteso que ha animado toda ese civilizacién. En los Sluimos afios del siglo xx debemos hacer frente al proble: ‘ma que plantea el hecho de que el dogma del progreso sea tuno de los principales de las [ilosofias o religiones de las haciones que constituyen las mds temibles amenazas que Pesan sobre Ia cultura occidental y sus valores espiritus- [es y morales. Un hecho que representa otro ejemplo de la capacidad que tienen las téenicas y los valores occiden- tales para ser exportados, corrompidos y luego dirigidos contra ese mismo mundo occidental que los cre, CarirvLo PReweRe EL MUNDO CLASICO El contenido de este capitulo mostrar que el mundo clisico griego y romano conocis Ta idea de progreso, la! dea de que la humanidad ha ido avenzanda lenta, gradual { Ininterrumpidamente desde unos arigenes marcados por ta incultura, la ignorancia y la inseguridad a unos niveles dle eivilizacién cada vex més altos, ¥ que este avance con: Tinuard, pese a Tos reveses que pueda padecer de vez en ‘cuando, on el presente y tambien en el futuro, ‘Seria una falta de sinceridad, sin embargo, no referirse ‘aqui a una opinion que afirma exactamente lo contrario yYique ha sido sostenida durante muchisimo mas. Uempo {ue la que acabo de exponer. Como minimo desde los tiem pos de Auguste Comte, cuyos libros de filosofla positiva, Aparecides en la década de los trcinta del siglo pasado, es. {ablecieron Ia eley del progreso» como piedra fundamental Ae su concepto de la civilzacion, casi nadie ha discutido tl supuesto desconocimiento por parte de los antiguos de la idea de progreso histérico de la civiizacion. Un erudito como Walter Bagehot lleg6 a escribir en 1872 que los any tiguos no tenian nocién del progreso, No es que recha- aaran cen idea, sino que ‘ni siquiera la concebian». J. B. Bury, on su [dee of Progress, también negé. que ch el Pensamiento grlego y romano (y hasta en el cristiano) Gxisticra Ia idea de progreso, bassndote, en primer lugar, fen que sur fildsofos na tenfan conciencia de un Targo pa Sado en que hubleran podido discernir progreso; en se: n {qundo lugar, en el hecho de que esos pensadores eran vie fimas de ss creencia en una teoria de la degeneracion his {rica (la vision de la humanidad sumida en un largo cre ppsculo tras el esplendor de la edad de oro inicial); y en Sitimo lugar, en que los filésofos gricgos y romanos es {aban casi todos de acuerdo en que la historia humana pasa por ciclos repettivos, debido a lo cual resulta impo- sible pensar en un avance lineal a través de las eras. La valoracién que hizo Bury de este tema —que, como he sefalado, no ex més que un eco de las opiniones de ‘Auguste Comte y un gran nimero de fidsofos, cientificos erhistoriadores del siglo XIX sigue siendo ain hoy el niicleo de lo que suele pensarse generalmente sobre la an- tigiedad. Por cjemplo, John Baillie dice en The Belief in Progress (Ja creencia en el progreso) que la idea de pro- fgreso.tuvo sus origenes al’ comienzo de Ta cristiandad, FM, Cornford afirma en The Unwritten Philosophy (La Filosofia no escrita) que en Grecia hubiera sido imposible concebir el progreso debido a lo extendida y arraigada que estaba la idea de la degeneracién histériea, El erudito W.R: Inge, dein de la catedral de St. Paul de Londres, eclaré en tus «Romances Lecture» —pronunciadas en 1520, flo en que se Publicé el libro de Bury— que la xperni lose. supersticién» —Ia idea de progreso— era un pro acto de'la era moderna y que no habia ni hucllas de nada parecido en los pensamientos clisico o cristiano. En Of History (Idea de la historia), R. G. Collingwood dice ‘que Tos griegos no tenian ni siquiera idea del tiempo 0 la Historia, y mucho menos del progreso. Por fin, Hannah ‘Arendt, ue con tanta penetracion supo captar Ia Verda dera naturaleza de Ia Idea de progreso y su capacidad de alimentar tanto el bien como el mal, niega tajantemente {que existiera nada parccido a Ia nocidn de progreso de la hhumanidad antes del siglo x01, Hay que admitir que son opiniones importantes. Pero ‘reo que la verdad se les escapa. Gracias a fos estudios de ‘specalistas en el mundo eldsico tan eminentes como Lud ‘wig Edelstein, M. T. Finley, W. K.C. Guthrie y Eric R. Dodds —sin olvidar naturaimente los trabajos anteriores de Frederick J. Teggart, Arthur O. Lovejoy y George Boas—, hemos Hlegado a comprender que, contra lo que afirmaban las interpretaciones convencionales, los griegos 2 y los romanos tenfan una clara conciencla de haber sido precedides por un largo pasado, veian que las artes, las lencias y In siuacion del hombre en la tierra habia ido avanzando poco a poco, y hasta se referian en algunas ‘ocasiones a un futuro en el que, pensaban, la civlizacién Superaria con mucho el estado que habia sicanzado en sus tiempos. A finales del siglo v1 Jendfanes eseribié que los dioses no revelaron a los hombres todas las cosas desde principio, pero los hombres, gracias a su propia biisque- da, encuentran en el curso del tiempo lo que ce mejor para ellos». Ludwig Edelstein, para quien esta afirmacion fe Tendfanes es Ja primera declaracion en Occidente de idea de progreso, nos ascgura que Jenéfanes hacia esta afirmacién aplicindola no solo al pasado y el presente sino tambien al futuro, "En The World of Odysseus (El mundo de Ulises), M. 1 Finley sugiere que incluso en Homero puede encontrarse lun reconocimicnto de que el mundo va. avanzando con el paso. de los siglos. Para Ulises los temibles ciclopes eran linos seres carentes de toda cultura, desconacedores incl. 0 de la agricultura («ni siembran ni siegans,escribe Ho- zero); pero tambien eran una muestra de lo/que los pro- pios griegos habian sido cuando su cultura no habia em pezado a.evolucionar. Detris de la historia de los ciclopes, tice Finley, subyace «una clara vision de Ia evolueion ‘social. En Tos tiempos primitivos, parece sugeric el pocta, ‘el hombre vivia en un estado de lucha y guerra permancn fe contra el extranjero. Entonces intervinieron fos dioses Yy gracias a sus preceptos, a su themis, los hombres con- iBieron un nuevo ideal.» Un ideal, concluye Finley, que ontribuiria ‘en gran medida a generar el progreso que fectivamente experimentaron los griegos alo largo del erucial siglo v antes de Cristo. Cuando legamos al siglo V antes de Cristo comproba- mos que la conciencia de la idea de progreso, y Ia fascina- ign que esta cjerce, han empezado a extenderse bastan- te. A comienzos del siglo Protagoras dijo que Ta historia del hombre habia sido y seguiria siendo una historia de ‘continuo progreso. «Llegado a su periodo clasico, el pent Samiento griego habla abandonado'ya en muchos casos la idea de una edad de oro iniial —escribe W. K. C. Ox thrie— para empezar a creer que la situacién del hombre » en épocas pasadas habia. sido “brutal” y “turbulenta” Estas palabras —robre todo lot términos «brutal» y sani ‘mal las repiten como un eco numerosos autores. En texte capitulo veremos abundantes prucbas de la crecncia friega y romana en cl progreso de la humanidad a lo lar fo de las eras, concretamente través de los escritos de Hesiodo, Protigoras, Esquilo, Sofocles, Platon, Aristowe les, Epicuro, Zenon, Lucrecio v Séneca. Un progreso que se da ven ef curso del tempo» segtin palabras de Prot 4oras, spoco a poco» como dijo Platén. 0 pedetemtin pro- [redicntes, «paso a paso» en Ta expresion de Lucrecio, No digo que la perspectiv= del progreso ex la tnica ‘que sosiuvieron los clisivos. Huo otros convencidos de ‘Que Ia historia de la humanidad se divigia mis hacia una dlegeneracion que hacia un progreso, que hubo una edad ‘de oro original v que todo lo ocurride Jespués fue empo- brecimiento y decadencia. Algunos de los autores que es- fudiaremos cn este capituls Iucron cspaces de sostener Al mismo tiempo lis klcas de progress» degeneracisn No hay por qué negar ninguna de estos hechos. Pero habia ‘gue pensar que también en mucstro siglo xx hay hombres para’ quienes Ta humanidad avanza y otros que afirman To contrario. ¢ incluso los hay que defienden teorias ck clicas. No, pretendo, alismar. que. gtiegos.y romanos jgno- rasen el fonomena de. Ia degeneracidn, nique no creveran fn und Glad de oro siiuada en el Comichvo de los tiempos, ‘in6'@ie-mienifas gue algunos ereian en esto dltimo otros tenian fe en ef progreso. del hombre a lo largo del tiem- po. Aunque la preocupacisn por el futuro no era para los [Pensaddores clasicos tan obsesiva como luego lo fue para fos fildsofos de los siglos suit'v AUIHL, a To Targo del pe- iodo que se extiende desde Tenéfanes hasta Seneca exis 16, tal como ha demostrado detalladamente Edelstein, la creencia en un progreso va obtenido respecto del pasado ‘que seguiria produciendose en el futuro. Las palabras de Séneca vienen aqui muy 2 propésito: «Habra un dia en que la perspicacia y cl estudio iluminarén lo que ahora Dermanece aculto. Habra un dia en que nuestros suceso. Fes se maratillaran al ver que nosotros ignorsbamos cosas tan evidentes para ellose. Empezaremos nuestra historia con Hosfodo, un autor superado solamente por Homero cn la influcncia que tu¥o 2 zo solamente sobre los filésofos griegos sino también en innumerables pensadores europeos hasta el comien20 de Ja era moderna HESIODO Es inevitable que empecemos nuestra relacién de Ia fe em el progreso entre los antiguos griegos con este cam pesinofilésofo extraordinario y tan frecuentemente incom: Dprendido que vivié en Boccia al final del siglo Vii antes fe Cristo. Casi siempre se lo sitia entre los pesimistas endencia ésta que no Te cra extrafa) y aquellos que cereen que el presente es una degeneraciin del pasado y fl futuro no nos reserva nada bueno. Pero, aparte de este Hesiodo convencional hay otro, més auténtico y muchisimo mds fértl, que es el que aqui estudiaremos. Porque es la verdadera fuente en la que se origina la creencia griega fen el progreso histdrico y la valider de las reformas. Su Teogonia es un libro de mbito eésmico, una histo: rig de Ia formacion de la tierra, ol ciclo y el océano (los tres estrechamente vineulados a un dios © diosa), de los convulsivos emparejamientos de dioses y diosas y del con- Secuente nacimiento de otros. Una historia que durante largo tiempo mantuvo sl universo en un estado de guerre {al que, en comparacién, el cuadro que pinta Hobbes de Ja naturaleza resulta casi agradable. »En verdad, al prin Cipio fue el Caos, nos dice Hesiodo, Pero poco despues apatecié Ia Tierra y luego, inevitablemente, Eros 0 Amor (tres siglos después, en ol Simposio, Socrates rindié tribu a en escena de Eros). Después vino el Cielo, que copulé con Ia Tierra en uno de los abrazos mis treméndos que haya narrado la literatura universal, y de esta unidn nacié Cronos que, @ su vez, engondré a Zeus, lun hijo a quien acabé odiando por celos. El mayor logro de Zeus fue, declara Hesiodo, la creacién de un estado fe orden y estabilidad en ef mundo, después de librar te rribles batallas contra los temibles Titanes y de robarles Tos pavorosos rayos con que estaban armados, Creo que ningin lector de Ta Teogonia puede negatle a Hesiodo un a sentido muy real tanto del paso de periodos muy largos de tiempo como del proceso gradual de mejora que ex: perimento el mundo en el que acabaria por surgir la hur ‘manidad Pero, por mucho interés que susciten las ricas imagenes, relativas a la sexualidad y los partos, asf como los episo- dios de guerra terrorista, las mutilaciones, las destruccio- res ya vietoria final del bien, que aparecen en la Teog fla, nos vemos obligades, para seguir con el objetivo que Aqui persigo, a pasar a Los trabajos y los dias. Segun los expertos, Hesfodo escribio. esta obra después de Ia Teo. gonia. Uno de los comentaristas declara que Hesiodo fue el primer escritor que, dentro de la tradicign europea, ut: liz6 la poesia con fines educativos morales y religiosos, ¥ tambien politicos, sociales y econémicos. En muchos sen tidos este libro es una miscelanea. En él encontramos con- sejos extremadamente pricticos sobre la forma de labrar Jn tierra y el mejor modo de hacer la cosecha, la manera rms apropiada de llevar unas relaciones comerciales, el estado. de la administracién de la justicia en tiempos de Hestodo (que era desastroso), y sobre otras muchas cues tiones arraigadas en el pasado, el presente, y también, im- plleitamente, en el futuro, De todo el legado que dejé este libro a Ia posteridad hay dos historias que han tenido una influencia Inmensa nel pensamiento occidental: Ia que cuenta el mito de las Sucesivar edades de los metales! la edad de oro, la de plata, la de Bronce y Ia de hierro (a las que se summa una dad de Tos heroes situada entre la tercera y la cuarta de Ja serie); y, en segundo lugar, la historia del mito de Pro- rmeteo, que robs el fucgo 2 los dioses del monte Olimpo para dérsclo a los hombres, y que abrié de este modo la posibilidad de pasar de las privaciones y el micdo de los rimeros tiempos a la civilzacion, Hay ademas un tercer mito, el de Ia caja que Pandora abrié a pesar de Ia prohi- Bieién divina y que hiao caer sobre Ta humanidad toda luna serie de ‘calamidades desconocidas hasta entonees. Este mito podria ser considerado como el origen del ma. cchismo en el pensamiento occidental pero, como no tiene luna relacién estrocha con nuestro tema, no 10 analizaré ‘come haré con los dos primeros. ‘Comencemos con el mito de las eras, La idea de una 32 sucesién de épocas a Jo largo de grandes periodos de tiem- po no es original de Hesiodo ni de los griegos. Hay otras Iiteraturas més antiguas, como Ia egipcia o la babilénica, que ya hacen referencia en uno wu otro contexto a esta elase' de periodizaciones. Frecuentemente se ha sefalado ‘ue esta sucesion de periodos clasificados segan los diver Sos metales tiene un parallismo con los hallazgos arqueo- logicos, pues existe una correspondencia (dejando por su- puesto a un lado toda connotacién moral 0 espiritual) en: tre la sucesién que va del oro al hierro, y la sucesion his {rica de las culturas de Ia prehistoria europea. No hay fduda de que e} oro fue el primer metal que se utilizd con fines ornamentales, que sélo luego se usé la plata y que cel cobre y el hierro son posteriores. Pero es patente que Hesiodo utiliza tos nombres de los metales en otro sen- tide, como simbolos de valores espirituales y morales. Hay que observar, ante lodo, que Hesiodo no se refiere cn Los Urabajos y los dias a eras propiamente dichas sino a ra. tas. Segiin su relato los dioses erearon en primer lugar la “taza de oro» que se caracterizaba por su desconocimiento 4e as artes. prictieas pero que, por otro lado, vivis. un lima de honrade moral, paz, en general, felicidad. Esta Faza existié en tiempos de Cronos, el predecesor de Zeus, icon el tiempo desaparecis v quedd ocults bajo tierra, A sta Te sigue la raza de plata» que sera completamente Aistinta dela primera, tanto en el cuerpo como en la ‘mentes. Tan malvada cra esta segunda r37a, tan partida- Fla de Ta guerra y de troy tipos de lucha, que Zeus —a estas alturas. ya dominabs cl Olimpo— a exterming. A tontinuacion Zeus eres otra tava, la de bronce, que ama: bha'tos combates marciales por encima de today las cosas Eran unos hombres duros de corsain pero de tna adm rable valentia. Sus armas, casas v utenslios eran de Bron. ©. EI hierro no exista ain. Lox miembros de esta raza de bronce, cuenta Hesiodo, se destruyeron a sf mismos Al eabo de interminables guerras que acabaron con la 37a Loy hombres de bronce eayeron en el Hades, y entonces Zeus eres una cuarta raza, lade los «héroess, habiles tam: bica en las artes de la guerra, que demostraron sv valor y osadia en Tebas ¥ Troya, Sin embargo, a diferencia de sus antecesores, conociam y respetaban la justia, Con el Tiempo tambicn ellos desaparecieron —en el campo: de 33 batalla en buena parte— pero, gracias a ta providencia de Zeus, los superviientes obtuvieron permiso para vivir tternamente, feices y honrados, en las Tslas ATortunadas, En ultimo lugar aparece la «rez de hierron, de In que el propio Hesiodo formaba parte y sobre la que nos cuenta mpliamente que vive sometida a esfuerzos, tormentos, Injusticias y crueles privaciones. De’ ahi Ia famosa frase = Djali no hublera vivido entre los miembros de esta quinta ara de hombres, y hubiese muerto antes o nacido des pices Esti claro que puede hacerse una interpretacion con- vencional del mito de las eras: un ciclo de degeneracion ‘que empieza con Ta r3za de oro y culmina en la de hierto: tin ciclo que se repite cternamente y que hace que Hesiodo pronuneie su deseo de haber nacido antes, cuando existia ta raza de oro al comienzo de su propio ciclo, 0 desputs, al comenzar de nuevo el ciclo con otfa raza de oro. Est interpretacion del texto me parece, rept, fundamentada, y de hecho asi lo lela yo hasta hace tres o cuatro afos. Pero ahora ya no. Si se lee detenidamente el mito y se lo situa al Iado de los otros temas de Hesiodo, aparece lina visién muy diferente, En primer lugar, la secuencia {que nos da Hesiodo no habla exactamente de un gradual ‘empeoramiento del desting de la humanidad. Es indudable {que para Hesfodo Ta primera raza, la de oro, era una raza Dura y feliz a pesar de carecer de Ins técnieas y artes que Eon ef paso del tiempo llegarion a aumentar fas comodi- dades materiales de que gozavia el hombre. Pero la raza Siguiente (Hesfodo no suyiete ‘nunea que haya una re Incion genstien entre unas razas y otras) no es inferior Ja primera en ningun sentido. Es mas bien lo contrario, Ia raza de Bronce que aparece en tercer lugar es notable: mente mejor que su antecesora, ta de plata, y la que si gue, que es lade los heroes, mejor ain Como hemos di tho, la raza de los héroes es Ia que gractas a su valentia Consiguié que Zeus Hibrase de Ia muerte a aquellos de sus ‘miembros que no habian perecido en el campo de batalla. Ta raza de hiervo, por fin, no es tan monoliticamente mala como intenta acernos ver Ia interpretacién conven: Clonal, Fsta es la cuestién que més nos interesa ahora. Por otro lado, a pesar de sus injusticias e inmoratidad, Zeus no condena a esta raza a una extincign temprana, Es ver u liad que Hesiodo nos dice que Zeus acabari destruyén- ‘ola, pero esta dectaracién termina con las palabras «cuan- {lo los hombres de la raza de hierro nazcan con las slenes tencanecidase, Hesiodo no parece considerar inminente esta posibilidad. Su comentario debe ser entendido mas bien fomo una referencia a la improbabilidad de que tal he- cho Hlegue a ocurrir, como una frase al estilo de la castiza “cuando meen las gallinas». Por otro lado hay un pasaje Namativo de Los trabajos y los dias, que aparece despues de tne de lot diversos momentos en que Hesfodo con. dena a quienes se olvidan de actuar con justicia y prove. can Ia devdicha de otras En cambio, los que jutgan rectamente a los extranjeros xy a sus conciudadanos, po se spartan de Ta justia, hacen {que su ciudad florezea'y que prosperen sus habltanies. La paz, nodrza de los nifios, ina en su tierra y Zeus, el que todo ‘ove, jamds hace cacr sobre clog Ia cruel gut. Ni elhambre y ni los desastres persiguen 2 los hombres que Ma fen. autenica justia: sino que alegremente. se dedican a uidar sus campos. La verra les da abundantesvituallas, y en fos montes Ta ereina Tes da Tas bllotas de su copa y los pans: Jez de nbejas de st centro. Lae_oveja lee dan mucha Tans; sus mujeres les dan hljos parecidos a sus padres. Las cosas Ienae florecen continuamente. para ellos, y no tienen que ajar en bareos, pues la Ura les de sus frutes Hesfodo no hablaba aqui de una pasada edad dorada sino dea clase de vida que su propia raza podia esperar ‘"iograra liberarse de las injusticiss que vive en el pre Sente para dedicarse a una vida recta. Lo que Hesiodo nos insinda es que una reforma progresiva puede conseguir ‘que la vida de los hombres de la raza de hierro sea no Solo soportable sino incluso feliz. EI eminente estudioso ‘el mundo elisico George M. Calhoun Hlegs a esta concl: sion hace medio siglo en The Growth of Criminal Lav in “Ancient Greece (El desarrallo del codigo penal en Grecia) En cuanto te penetra un poco en Les trabajos y tos dias se claramente "que ahi re encuentra la nese de nuestvo ensaminta politica. For vex primera: un escritor so Tliere ESmetene y elieradamente & los problemas sociale incor des propa epoca Hesiodo ‘presenta una vigor de Eripein de Ie situaclon, y tambien un programa de reform’ 38 fundado en un doble evangelio: la necesdad de que el in duo sea industrioso por un lade, » que quienes goblernan 1 Estado Jo hayan con Justicia. St bien cl poeta sente amar ura debide a Tos padcimientos que el misme sure. este sen fimiento cast desaparcce ‘cuando a medida que. protundiza mvc: Teina que tata, brota ch cl una Justa indignacton contra ‘males mucho iis: generates, unos males soesales de lor que St propio caso no es mas que una muestra individual Volvamos a los famosos versos en que Hesfodo so la- ‘menta de los infortunios © injusticias de su epoca: «Pues In-de ahora es, clertamente, una raza de hierro. Los hom bres no encuentran descanso para sus ininterrumpidos es fucrzos y trabajos diurnos ni para sus sufrimientos no turnos, y los dioses les dispensaran dolorosas inguicludes. Sin embargo, incluso para estos hombres el bien y el mal fstardn mesclados». (La cursiva vs_min) Si se lee esta Sltima frase sin apssionamiento, Hesiodo no aparece como lun profeta de la catésirofe final sino como una mente ue ve v comprende que el bien es el resultado de Ia dis: Ciplina, ef trabajo la honradez Qué motivor podeia tener Hesiodo para reprender a su hermano Perser como lo hace cn Ios frases que siguen, sf te su opinidn el futuro no reservara pata los hombres mas fue una inexorable decadencla ‘Te hablo. Perses, con buena intencisn.. Es largo y em: pinade ol camino, 6 esta mucho trabajo ascen. {i pero en cusnig sa lega la cumbre'el resto es facil aun. ‘ie #09 duro. Los dioses los hombres se enfurecen contra ‘Quines viven en ocionidad, porque son como los tanganos ‘gue ne aprovechan del trabajo de fav abo v comen sin tra Btar: culdate de" hacer tw trabajo ordenadamente a fin. de ‘Que tus gfaneros estcn Memos en e! momento adecuado, POF fnstlo Uc trabajo fos hombres se enriquscen poraue ereeen NA'iebatios sux cosschas, a abajan son Bien vstos © fiwridos. por low inmortales, No es trabajo ignominiosd, Sino a octonidad Estas palabras no habrian podido ser escritas por un hombre que crevera en la decadencia inexorable J on la eventual extincion de su raza, sino que nos hacen pensar te alguien que eree mas bien vn una filsofia de Ia vida y del trabajo que no se aparla demasiado de la ctica pro 36 lestante de Ia era moderna; sus consejos son aproxima dlamente los mismos que hallamos en el Poor Richard's Almanack (Almanaque del pobre Richard), En la advertem ‘ia que Hesfodo dirige a su hermano hay esperanza, y fe fungue, por supuesto, no son gratuites, Su precio, sin em: Dargo, es solamente el-del trabajo y Is honradee ‘A principio he dicho que habia dos mitos en los es- critos de Hesiodo que habian producido gran impacto en l pensamiento occidental, empezando por los propios gric fgos. Hemos examinado el primero de esos mitos, el se- undo ce el de Prometeo, Hesiodo cucnta que la hums hidad vivia al principio en unas condiciones de gran es- ‘asez material, desdich y miodo. Pero Prometeo, desafian- do la ira y el terrible castigo de Zeus, y compadecido por Ja desgraciada situacién de los hombres, les regalé el Tego y, de esta forma, generé ol progreso de la huma dad que posteriormente Megaria a crear la civilizacin. Es un mito claramente dirigido hacia el progreso, el paso dle Ia escasez a la abundancia, Por otro lado, aparte de Lor trabajos los dias, hay otros textos de la época que ha blan de un pasado malo superado por un presente bueno. En el Hino a Hefaestos se establece una contraposicion centre «los hombres antiguos que vivian en Iss cuevas de los montes como si de fieras salvajes se tratases (como los efelopes en el relato de Homero), y los hombres del presente que, gracias a que han recibido de Hefaestor el Tegado de as teenicas y las artes