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| JACQUES MARITAIN PRIMACIA DE LO ESPIRITUAL Riv BUENOS AIRES Ee propiedad. Queda hecho el registro que determinan ts lyr ‘Argentina, Chile, Uroguay, Méaio, Cubs, et (© CLUB De LECTORES. 1967 Primers edicn canellana de a lions ‘enon trancean de PRIMAUTE DU SPIRITUEL ‘Tradujo: Manne Anconato ‘dice baja diteccidm de Joan Masons Forres Printed in Argentina mpree en a Argentina PREFACIO Si me veo Wevado a water equi cuestiones que con- ciernen, a la vez, a la politics y a la religién, deberdse penser que no es para tratar de usurpar, ello seria ridiculo, lo que es de competencia de la Iglesia docen- 1, ni para dejar el terreno filosdfico por el de las con- tingencies de la accién préctice, a las cusles deseo més (que munca permanecer eztrsiio, Mas, ciertos princi- bios esenciales parecen baber sido perdidos de viste por ‘muchos, ¢ importa ante todo recordarlos. Diré la ver- ded, o fo que tal me parece, sin miramiento por otra cosa, Credidi, propter quod locutus sum. Una sole palabra eterna de Cristo baste para arreglar todo, y para sear el sentido de los tiempos en los que ‘entramos, Buscad primero el reino de Dios y su juti- ia y todo lo dems se os deré por shadidura ‘Sin embargo, tenemos necesidad de mtitiples expli- ‘caciones, Estat deben epoyarse en la teologie. Nos et ‘ieceserio, pues, comencar por una exposicion de prin ipios, que tomemos a esa ciencia. A pesar de este pedido:becho 4 los teélogos, et pre- sente estudio continia siendo el trabejo de un filbsofo, que observa, desde su punto de vista, ls acontecimien- tos contemporincos. Si se trata la crisis que atraviesen, oy, los catlicos de la Action frangaise y de las deci- siones de la Santa Sede que les conciernen, sin embargo emtiende enfocar un problema més general. A lo sumo, tw es tn estudio completo de est crisis, en modo algu to; no encara més que un aspecto, el que nos parece, prictcsmente el mis importante para los increses ge rerales dele cultura y que creemos responde de la ma- rnera mis urgente a las preocupaciones de muchos es- pirituz. Por ell sin desconocer todo lo que compete, cn el caso actual, al magitteio puramente doctrinal de Ia Iglesia, y 2 su poder directo sobre lo espiritul, be- ‘mos preferido llevar muestra atencién al punto mis sagudo del debate, quero decir, «la conexin de lo e- piritual y de lo temporal, de Io doctrinal y de lo poli- fico. Dejumos de lado, 0 no tocanos sino de paso, unt camtidad de consideraciones ties. Pero, al mismo tiempo, podemos elevarnos mis fcilmente a un punto de perspective superior a los casos periculaes, y po- nner en claro ciertos principios esencales que concier- nen al exado presente de le civilzacin, a las indicacio~ nes providencales de la Iglesia y «la primacia general de lo espiritual, que nos interesan ante todo. Sea permitido al autor, volver « tomar agui las ii- ‘mas palabras de su maestro Tomés de Aquino. Espera aber no escrito nada que ofenda a ls diving Verdad. Si lo ba hecho es por ignorancia y no se obstina en si cpinién; y si alguna cose ba dicho mal, todo lo deja ¢ correccién de la Santa Iglesia Romane. 2 de mayo de 192, en le flese de Sen Gregori Vil INTRODUCCION ‘Amenazada por una ei degradada, que deja sl hombre librado alo indefinido de la materia, es ne- ‘esatio que la intligencia se defiends,reivindique su derecho y su esencial supérioridad. Pero el mal ha partido de ella misma. Ha tratado de retener cautiva Ja verdad, he desconocido lo que sobrepasa el nivel de la razén, y finalmente a la razém misma. Es eastigada por la carne por haber queride' libertarse —negindo- les fa existencia— de las realidades supremas, que son ala medida de Dios, no del hombre. No hay orden y paz en el ser humano sin que el sentido esté sometido ala razén, y sin que la razén misma esté somerida 2 Dios, lo que no se hace sino por la fe y por el amor sobrenatural. En efecto, la primera subotdinacién no s€’ mantiene sino por la segunda. Adin ha roto ésta y aquélla, Cristo ti ha restablecido por su gracia y por Jos dones del Espiritu Santo. El error del mundo mo- demo y de Ia inteligencia moderna ha sido pretender asegurar el reinado de la caz6n sobre la naturaeza, re~ husando el reinado de lo sobrenarual sobre Ia raz6n. Hi sido subvertido ast el orden de los valores, la inteigencia recibe hoy el castigo. Y la ciudad lo mis- mo, Porque la nota animal filitico siendo, como la nota animal dotado de razén, de la que detiva, een- Imente caracterstica del ser humano, es fatal que le historia metafisica del hombre como animal politico —o de la sociedid— se desarrolle segiin las mismas pe- ripecias que las del hombre como animal racional —o de la inteligencia. Lo que del espiritu y de la gracia haa sido arrojado de Ia vida intelectual, es decir, de lo ‘que es propiamente humano, he aqu{ el secreto prin- cipio de esta supremacia de la materia que actualmente ‘nos oprime: ‘A esta supremacia de la materia hay que oponer, no solamente los derechos de la intligencia y de la razén, sino la supremacia de Ia gracia divin, el primado de lo cspiritual, Las soluciones intermediarias pasin a segundo pla- no, el hombre aparece desde luego dividido entre los os extremos, la carne y el espirtu, en el sentido que San Pablo daba a esa palabra —un puro materialism, infrahumano, y una vida divina, suprahumana—: este conflicto parece caracteristico de la época en la que entra la humanidad. Es necesario, si no queremos pe- recer, que la razén se someta a Dios, que es el Espicitu, y.€ todo orden espiritual por él instituido. Es necesa- rio orientar toda nuestra vida hacia esta libertad del cspiritu que da sola, por y en la verdad, la plenitud del amor. En el poder indirecto dé la Iglesia de Cristo sobre el dominio temporal, se realiza concretamente de la ma- nera més sensible, més viva y mds significativa, la pri- rmacia de lo espiitual. Nuestro primer capitulo esté consagrado 2 esta cuestién, ‘Un segundo capitulo examina, desde el punto de vista de esta misma primacta, la crisis que actualmente straviesa cierto nimero de catélicos frances. En un tercer capitulo, hemos ensayado reconocer alguna de las grandes directivas que propone a nuestra reflexin y a nuestra actividad, en el estado aétual del ‘mundo, el principio de la primacfa de lo espiritual en- carado en toda su extensién. CAPITULO PRIMERO LOS DOS PODERES IL. Poe SPIRITUAL ¥ PODER TEMPORAL 1. Nada importa tanto para la libertad de las alma y el bien del género humano como la distincién de es tos dos poderes; para hablar el lenguaje moderno, nada tiene un valor cultural tan grande. Todo el mundo sabe que esta distincin es la obra de los siglos cris- tines, y su honor. La ciudad pagana, que se pretendia nico todo del ser humano, absorbfa el poder espicitual en el tempo- ral, al mismo tiempo que divinizaba al Estado. En vit- tad de una logics interna muy segura debia terminar og adorar a los emperadores. “Los emperadores cris- tidnos mismos, y el primero de ellos, Constantino, no repudian inmediatamente ciertas pruebas de honor di- vino, como templos construidos y juegos dados en su hhonor. Los iconoclastas, en Bizancio, destruyen las imagenes de Cristo y de los santos, pero respetan las del emperador. El titulo de Pontifex Maxinmus no es 2 pistacis oe Lo Espmrruat abandonado, per el emperador Graciano, sino en el si- slo tv. Y para no tener que recorrer toda la serie de la historia, notemos simplemente, que es justamente la civilizacién profane y usurpadora de todos los tiempos ¥ de todos los pafses, Ia que quiere simbolizar el Apo- calipsis én Ia Bestia blafema del Mar y en la de la Tierra, poderosa en prodigios, ambas obteniendo la adoracién rehusada al Cordero” (1).* Jesis Nuestro Sefior ha dicho: Dad al Céser Jo que 8 del César y « Dios lo que es de Dios. Hla distinguido asi los dos poderesy, haciéndolo, ha libertado las alms. 2. Segiin aspectos formales diferentes, cada uno de nuestros actos puede ser referido a la vez al bien par- ticular de nosotros mismos o de otro como persona pri vada, al bien comin de Je familia 0 al de la ciudad, y al Bien comin trascendental de todo el universo, es decir, a Dios mismo, De alli tres ordenaciones jerar- quizadas que conciernen respectivamente a la monds- tica como decia Aristbteles, ola ética privads —la eco nomie®* y la politica, partes de la ética social y Ja mori, o ética general, que domina y rodea el todo (*). Siendo la ciudad més perfecta (es decir, la mis capaz de bastarse 2 si misma) de las comunidades naturales que los hombres puedan constituir aqui abajo, importa ‘Ver nots al fin del voles, ps 24: En el semido arixotdico de cnc del buena conduc de te fami 0 soiead domes. 105 bos PoDenes » soberanamente trazar la distincién y marcar las relacio- nes de subordinacién entre la politica, ordenada a ese todo de la ciudad terrestre como a su fin préximo y especificador, y la moral, ordenada al todo divino tras- ceendente. Como lo eseribiamos recientemente, 1a su- bordinacién de lo politico a lo moral es completa y ain infinite, estando fundada ella misma en la subordina- cin de los fines: pues el bien de Ia ciudad no es Dios ‘mismo, y queda infinitamente debsjo de la sobera- ‘na beaticud del hombre. “Esta subordinacién es tal —puesto que es infinite, que las expresiones mis fuertes empleadas para manifestarla serdn siempre so- brepasadas por la realidad. Los antiguos, y un Arist6- teles mismo, no la han conocido bien (*) porgue no han visto con nitider que el soberano bien de la vida humana es Dios mismo. Ha sido necesario el crstia- nismo para ponerlo en plena luz; y cuando el don de la inteligencia, del cual es oficio propio, muestra al cristiano que todo lo que no es Dios se aniquila delante de Dios —quidguid Deus non est nibil et, et pro nibilo computeri debet (*)—, le muestra del mismo modo que el fin de la politica es nada con respecto al fin de la moral” (°), Los antiguos no han legado tampoco a liberearsuficientemente el acto libre de su pertenencia 4 exte mundo; ha sido necesatio el cristianismo para comprender completamente que el acto libre encarado paramente en su libertad misma, y en el nudo secreto donde toma nacimiento el universo moral, no se liga al mundo, ni en consecuencia, a la ciudad que es algo del mundo, sino solamente a Dics, primer libre, y ala voluntad creads, segundo libee; por manera que, de Jos sccretos de los corszones escapan a la vista navural de los angeles, a los que es debido, sin embargo, todo el especticulo del mundo (*). Ni el principe de este mundo, ni ningin principe de las naciencs, puede beer nada de este cielo espiritual escendido en lo mis invimo de nosotros, y en cuse interior esti el reno de Dios, regu Dei intra vos est: sil Criste penetra all por su ciencia sacerdotal —y después de él, por ¢l sa cramento de la penitencia que les da derecho sobre un tal secreto, los sacerdores de la nueva ley, cubiertos por la sangre de Cristo. ‘Aunque tomado formalmente como parte de la ciu- dad, rodos sus actos pueden ser relacionades al bien co- min de ési,* el hombre tomado en To que su libertad tiene de absolutemente propio e incomaicable, en ‘euento ordenado éirectamente + Dios como a su fin tern, teniendo & mismo, con motivo de ello, la dig- nidad de un todo (més eminentemente que el univers fisico entero, puesto que Dios es mis fntimamente fin de un alma que de todo el universo de los cuerpos), escapa, bajo este aspecto formal, a la ordenacién poli- tica: homo non ordinatur ad commmitatem politicam sectondwm se ror et secundtan onmia su. T Sesto Tose ne Active, Sim Theol, m5. ee Bid, ele, 2, 4,283 Los bos oven 1 3. Pero en este orden de la vida eterna el individuo no se basta més —y aun menos—, que en el orden tem- pporal. En tanto ordenado a la vsién beatfiea forina parte de un todo superior, de una ciudad mucho mis perfectamente una que la ciudad cerrenal (puesto que «5 un solo Cuerpo misterioso viviendo de la vida subre- natural que le comunica Cristo), y de la cual cada uno fs mucho mis estrechamente micmbfo que da la civ- ad terrenal, porque ésta nos es necesaria para tener el desarrollo normal de nuestra naruraleza, no para pa ticipar de la esencia humana misma, mientras que nadie puede ser hecho, por Ia gracia santificante, pa de la naturaleza divina, sin pertenecer a la Iglesia sea visible o invsiblemente (sive re sive voto): los angeles forman parte de ela como los hombres ("), y cuando, al término, nos volvemos dioses por la visién —ego dizi: dit estis—, le pertenecemos més que nunca, porque le es esencial hacernos entrar en sociedad, por la vida dela sgracia, con la Santa Trinidad misma. Verdaderamente divina, pero verdaderamente humana también, y por lo tanto visible, prolongacién entre nosotros de la En carnacién, esta ciudad —a cuyas partes el bautismo imprime acd abajo, la marca de la incorporacién efec- tiva, y a la cual todos los hombres pueden ser incorpo- rados—, tiene por jefe invisible a Jesueristo, por jefe visible a aquel que ha recibido de Cristo la carga de apacentar sus ovejas: es en el mundo —tin ser del man- do y porque no es del mundo—, la sede del poder es- a paineacia DE Lo ESPIRITUAL 108 pos poorars » piritual que la gobiefna hacia su fin, del que el Papa, ‘como vicatio de Dios, es el soberano depositrio. ‘Asi cada uno de mosotros pertenece a dos ciudades, uuna ciudad terrenal que tiene por fin el bien comin temporal, y la ciudad universal de la Iglesia que tiene por fin la vida eterna, “En el mismo recinto y en la misma multitud humana hay dos pueblos y esos dos pueblos dan lugar a dos vidas distintas, a dos principa- dos, 2 un doble orden juridico” (*). Al final del glo v el papa Gelasio escribfa que “hay dos potencias pot las cuales es gobernado soberanamente este mun- do: Ia santa autoridad de los Pontifices y el poder real” (2). Yen el siglo x0x Le6n XIII dirt igualmente: “Dios ha repartido entre el poder eclesistico Y el po- der civil el cuidado de procurar el bien del género hhumano. He antepuesto el primero a las cosas divinas y el segundo a las cosas humanas. Cada uno de ellos, fen su orden es soberano (utraque potesas est, in genere suo, maxima); cada uno de ellos esti encerrado en I- rites perfectamente determinados, y trazados en exac- ta conformidad con su naturaleza y su principio. Cada ‘uno de ellos estd por lo tanto eircunscrito en una es- fera en la que puede obra y moverse en virmud de Ieyes que le son propias” (*) ero es demasiado claro que esos dos poderes dis- tintes no estén en el mismo plano. Uno esti por en ccima del otro. La ciudad terrenal, siendo un todo ‘moral, tiene como tal deberes respecto de Dios ("). En su orden propio esté sometida 2 Ia universal realeza temporal de Cristo (!), porque Cristo, en cuanto hom-+ bbe, ha recibido de Dios “el imperio sobre las obras de sus manos", “todo ha sido puesto bajo sus pies”,* y de al los reyes y ls jefes de Estado, y todo poder hhumano, reciben su autoridad: la ciudad, como tal, esti obligada a observar los preceptos de su moral y de or- denar segiin su ley —bajo modos institucionales y ju- ridicos histricamente variables— la vida terrenal de la multitid, Agente moral y religioso, esté por tanto situado bajo el cielo espritual de la Iglesia. “El Em- perador esti dentro de la Iglesia, no arriba”, decfa San Ambrosio (#). El Estado, por consiguiente, es perfec- tamente soberano en su dominio, pero su dominio est suberdinado, de modo que esta soberania’no sabria ser absoluta y universal. Asi, no hay sino una soberania sbsolutamente universal, la del Creador. La dela Tgle- sia, universal en todo el orden de Ia salvacin, es evi dentemente mas vasta y mis alta que la del Estado. En el momento en que se afirma la dstincién de lo tem- poral y de lo espritual, se firma también, ¥ del mismo ‘modo, la suberdinacién del primero al segundo. :L.2 palabra divina misma que fundamenta la‘dstinciéa no indica también la subordinacién? Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios: lo mismo que os de Césaé no es de Dios antes de ser del César? (*), + Sex Pam: Hebe, Th 8 TL, La soperania espmiruat pe Cuisto, ‘Y DE LA TGLESIA Y EL PODER INDIRECTO 4. La universal realeza de Cristo es doble, espiri- tual y temporal a la vez. Pero es “sobre todo espiritual ¥y conciemne principalmente a las cosas espittuales Esta realeza expirieal de Cristo, fundada sobre su gra- cia capital (') es lo que debemos considerar aqui. En ese orden Cristo es no solamente el principio interior de ‘nuestra vida sobrenatural —lo que compete més expe- cialmente, como se ha notado, 2 su sacerdocio (")—, ‘cominicéndonos sin cesar la gracia merecida pot su Pasién y que Dios nos infunde por “el instrumento ‘unido” de su humanidad, por los movimientos santisi- mos de su pensimiento y corazéq; posee también un poder supremo de gobierno de todo el dominio espi- ritual, que compete més especialmente a Su realeza, y por ei cual conduce a su pueblo de almas hacia ta vida cxerna, legisla, juzga, provee a la ejecucién de sus 6r- denes, y establece su reino triunfando del pecado y de la muerte. Es la cabeza del Cuerpo de la Igle “La cabeza, dice Santo Tomis, ejerce una doble in- fluencia sobre los miembros; una influencia interior, porque la cabeza transmite a los otros miembros I fuerza de moverse y sentir; y una influencia de go- + S.5. Po XI encicicn Quer prima tos bos ovenss » bierno exterior, porque por la vista y los otros senti- dos de los cuales es asiento, la cabeza dirige alos hom- bres en sus actos exteriores”.* Con esas dos influencias se puede relacionar (!?) el doble poder de orden y de jurisdiccién transmitido a la Iglesia; el primero, que concierne 2 la economia sacramental, es sobre todo tuna participacién en el sacerdocio de Cristo (aqui los instrumentus, porque “la influen- sino de Cri to sélo, cuya humanidad, unida a la divinidad, posee la vieeod de justificar"); el segundo, que concierne ala in de Cuerpo mistco por la-ensefanza de la doctrina y por leyes, es una comunicacin de st reale- 2a espritual (alli, los hombres son causss propias, aunque subordinadas, porque la “influencia que Cristo ejerce por su gobierno exterior puede ser comunicada otros: éstos son los jefes de la Iglesia... son jefes, porque reemplazan a Cristo” ‘Asi “en la persona de Pedro, de los otros apéstoles ¥ de sus sucesores, la Iglesia ha recibido directamente de Dios, por Nucstro Sefior Jesucristo la misién de conducit las almas, a la uz del dogma revelado y de 4a moral, hacia la vida de la eternidad. Su poder co- rresponde’a su misién divina, se extiende a todcs los hombres que han recibido el cardeter bautismal, y a to- do lo necesario o itil para conducirlos a su vitimo fin. Suro Tones ve Aguite, Sum. Theol, Il, 8, 6 * Thidem En materia espiritual ese poder es directo. Es el ‘orden de la fe y de las costumbres en el que la Telesia jerce su magisterio infalible ensefiando las verdades de a fe, sobrenaturales y natucales, los preceptos y les consejos, contenides cn el depésito de la revelzcién diving, de la que tiene el cuidado, Le pereenece, en virtud’ de ello, interptetar lo que dice la revelacién sobre el uso de las cosas materiales, de lo que hay que dar a César y de lo que es debido a Dins. A este peder directo pertenece también, evidentemente, la admi- risteaci6n de los sacramentos, fuentes de ia gracia, €l gobierno religioso no solaments de los clérigor sino de los Inicos ccnsiderados como fiele, la direccidn de los extudios teoligicos, la instruccidn religiass en ls sscuelas'y todo lo que es de orden sagrade 0 rvcrsine al culto divino,-como las iglesias dende se celehry at santo sscrificio "Como consecuencia de ella la Igiesin cene jioder indirecto sobre lis cosas tentporates” (3), 5: Lu que asi se designa * es el prder que ix Igle= sia posee sobre lo temporal, no en tanto tal, sine en ‘cuamo concierne + io espiritual y al orden de ia 2 EL casing lee indtcte posta sheer us ef derecho ev ce Devo & lo epi. No, este derecho eto en rst solamente de lo emia, 105 vos povenrs 2 da come eupaoie ie cieresem sample 3m Ascii, qoe eased por todo Ie Seven Prine por el ‘mime icity Sone. Discus ua precspto cuando no venice imanitisrsncate pect, ef eemirado pur ion Padres porgue el ‘ave tomece el yracepzo 30 examen, a hace joer deta sper Sontag ice: “S. jagas Ia ley. 0 compa Ta ee “ata Jn dun 00 propaseion cst trata de lw site wilogon¥ & heréiea... Parque I abednei timp sin decesin del pre: ‘xr es sibada por todos los Santor Padres y por st meno Espiena Sento, ss 7. “Apenas hobo eldo, me obedecid', eto ca fn sepia de oft, prntcimamente in cers dicoson bedi Pero «1 propesicién de Fray Pale.» ccndena ex cbedien:s ‘om mal Fal ebedieate hes 10 de preado. Por el ontario, 4a dacostia deb recep cuando no content manfeto pecndo, «rerendida por los Pains. porque el que dzeate el prepa Ince iver de soperion ¥ Santag, c, dice "St jrgx Ta key 1 cules Le ey” UsuetaramRellanuinan, Le Boe Belarsion 90 sh eespuen. FepNe qe wes Probl csuatganesa 9a +s sfisinte pats autrnr it owed, 9 ee swords fs wouis genera tna pt Suv Ags, ue ofan xd taunt sessees wo Fianents evans etl gure ane epee fhe radi fe onlena coats Dien vy tanbien coun eth seguro si fe msala ake contre 3 Owes porque ot neo de dada ees meceuno seguir! fa Ripoia ad tw hdres, os ‘snare lave Brio Sette a sein Of uo FevuTt a sia, y cosas semejantes.... De hecho, Dios no ha per- aitido jamés que la conciencia de los feles estuviese dividida entre uno de estos preceptos y una obligacion formal impuesta per el Paps en nombre de su autori- dad apostlica: alli mismo’ donde errores prictic tas de prudencia o de oportunidad pueden introduci se, la Iglesia est, codavin protegida contra todo lo que contradecitia radicalmente su misién Se correria riesgo de acusarse a si mismo, mostrando Jo que se picasa de la Iglesia y del Papa de una manera muy temeraria, si se invocara esta clase de excusas para desobedecer a una orden categorica de la Iglesia y del Papa. Si el Papa diera, en defensa de la doctrina caté- lica 0 de la rectitud del espirieu cristiano un decreto que pusiera a una escuela o a un partido en situacién de reformane —pretender entonces'que manda un pe- ceado, porque ese partido no puede reformarse sin des- aparecer, y no puede desaparecer sin que la patria'sea asesinada™, no seria sélo proceder a una inversiéa inaudita del orden de los valores, haciendo prictica- mente del staru quo de un partido un bien superior al bien de las almas y de Ia Iglesia; seria también suspen- der la mis grave de las determinaciones en tn princi- pio inexistente, recurrir al derecho de resistencia en el ‘aso preciso en que no entra en juego: porque ewe, penis incepralmenc eines. blog SeRvib0 PRINERD w, Ademés,y sobre todo, cualquiera sea la urgencia de sus deberes nacionale, las medidas de prudencia que deban tomarse, desde este punto de vist, en el domi nig politico, en euanto.ciudadano de una nacién, per- tenece alos eatéicos procurar al mismo tiempo, en el dominio espciusl, Ia restauracién de esta cristiandad de plegaria, de conocimiento, de amor, sino de dere- cho piblico, de Ia que hablibanios hace un momento; obra supranacional a la que estén convidados, en tan- to catdicos precisamente, por el Espirit Santo y por Ia Iglesia. Hace oportet facere, et illa nom omittere. Esa unin de vireudes, en aparenci, antindmicas es d- ficl, pero es exigida constantemente en la vida crstin fa, y estams obligados a las cosas dficiles. Porque ‘una y ota tarea estin conexas en realidad. Como es cierto que el naturalismo humaniarista y el naturalis- mo racistz son ambos enemigos de Ia patria y de la eristiandad a la vee, es igualmente cierto que la fuerza de la naciém es, con la justia, ls ms prima garantia de paz y que una comunidad espictual aucéntica entre aciones fortifiea a cada una. 27. EL espiritu tiende por si a la universalidad, Hay dos clases de universalidad, como hay dos princi- pados del espirita, Una cierta universalidad exige el principio de su unidad al hombre mismo. considerado, vvomo regla y fin supremo —y mezcla entonces todas las diversidades humanas en una gran confusién desti- nada a disolver los limites nacionales¢ instaurar Ia ci dad universal en ta que nuestra naturaleza se bastard si misma, como la del angel. Ahora bien, el hombre ‘sun ser material; y- como se busca del lado de la materia, que divide, una autosuficiencia absoluta que no ‘xiste ni aun para el Angel es nccesario descender més, asta el espiritu mismo que ha querido bastarse; en un ccomienzo utdpica y humanitaria en su fase de prepa- raciin y de deseo, esta unidad del hombre buscada fuera de Cristo, vuélvese al fin, en su fase de reaiza- idm positiva, el prevexto de una violencia absoluta impuesta al hombre y" de un despotismo inhumano. La ctra universalidad exige [a unidad del hombre con el Padre de las ereaturas, resperando todas las di- versidades naturales, eleva por sobre ls naciones la ver~ dadera cindad universal que es la Iglesia, y en la que cl hombre, por la gracia sobrenacural, llega ata liber- tad de ls hijos de Dios. Estas dos universalidades es tin en oposicidn y guerra incesante. Aqui el hombre quiere divinizarse por su propia fuerza, alli es divini- zado por Ia singre del Dios encarnado. La primera tuniversalidad es la det diablo, homicida desde el prin cipio jefe de la Iglesia del ma* La segunda es Ia del Redentor. El ateismo militante, con todo su esfuerzo imperatica de expansiin mondial, parece anunciar 1a época en que no estaremios en presencia aqui abajo, si ~ Dison est caput ovmninn lon. Saxio Toseis ovine. Simm Theol, I, 87 fo de la universalidad del Anticristo y de Ja universa- lidad de Cristo. Esta se llama catolicdad. La verdadera universali dad, no lo olvidemos, es todo lo contratio del ecleeti- cismo. No une el sf y el no, el cielo y el inferno. Supone un si, pero vasto para lenar el cielo y la tie- Fra —y que por la eternidad excluye el no. La univer- silidad de la verdad y de la fe, que exeluye el error, sla condicién misma de la universalidad del amor, que nada excluye de lo que existe (). La universalidad auténtica esti cenzrads. Una ciudad esti en el centro del universo, y hace su unidad. Astox es el mismo nom- bre que Rona. Hablemos mis profundamente; Cristo es el jefe de la humanidad entera. Todos tos hombres le pertenecen, buenos y malos, fieles e infieles*” To- dos estin hechos para hacerse sus miembros, son sus miembros en potencia. “Su imperio —escribe Piy XT luego de Leén XUII—, no se extiende solamente a las rnaciones catdicas o solamente 2 os que, purificados por cl santo bautismo, perrenecen, de derecho, a su Igl aunque etréness opiniones los hayan desviado 0 el cisma los haya arrancado de la earidad; abraza tani bign a todo el conjunto de hombres que no tienen la fe eristiana, de manera que en verdad, la universaidad del géncro hunano esté sometida al poder de Jesueris- to." ** Por ello, el Papa, al que, como Vicario de Cris- Sew Tostis ve Aquse, Sim, Tivo Il ** Eneilien Quay Primi. asad to, toda ereatura humana esté sometida por necesidad de salvacién (*), tiene autoridad para ofrecer en su oracién todos los hombres a su Creador.* “Seftor, dice, sed Rey no solamente de les fieles que jamés os han abandonado, sino también de los hijos prodigos. ‘Sed Rey de todos los que se hallan perdidos en las nieblas de la idolatria y del islamismo y no os rehus traerlos 2 la luz de vuestro reino, Mirad finalmen- te con misericordia a los hijos del pueblo elegido, que sobre ellos descienda también, bautismo de re- dencién y de vida, la Sangre que un dia contra si re- clamaron.** 28. Todo lo que hiete la catolicidad hire a Cris to. Ela es también la Gltima esperanza del género hu- Seria un error mortal el confundie la causa univer- sal de la Iglesia y la causa particular de una civlza- cién, confundir por ejemplo latininno y catolicinno, uw occidentlismo y caalcismo. El caolicismo no est ligado a la culeua occidental. La vniversalidad no ests encerrada en una de las partes del mundo, Cristo ha muerto por ef Oriente y por el Occidente, 7 Esa autoidad univeral es le que pone en prictics Leén XI cuando consara al Sagrado Corszén al ginero humano todo (eacicles Annum seri) Formula de la conssraciin wivenal al Seprado Corsén, smodiieads por Pio XIenoesin dela fers de Cro Rey. (Acts Apowoliese Sed, 5 de noviembre de 1925) Dios abraza el Oriente y el Occidente en el mismo amor increado. Hombre, ha nacido, “judio, por ex- celencia de naturale", en el centro donde el Oriente s¢ une al Occidente. No ignoro les peigros que represents para el espi- rita el sineretsmo confuso que se disfraza con los co- lores del Oriente, y el encuentco de Ia ideologia con que Europa emponzofia al mundo, y de la cual nos li bramos 2 duras penas. con los demonios amorfos de las falsasreligiones del Asia. Pero ese es preciamente ‘un mal ecmiin, una amenaza comiin que procede no de Orient, sino de la universlidad del diablo que con- tamina el Oriente y el Occidente el uno por el otro. Los seudocristos que pululan son‘ los frutos de esas conjunciones del mal. 1No nos engafiemos; as queias, las maldiciones que hoy el Oriente eleva contra nosotros no son solamente efecto del odio, sino también de una decepcién pro- funda, No se puede escuchar este clamor sin estre- mecerse de tristeza y de vergicnea. Qué seria si co- nocieran el don de Dios, que le debemes, y que hemos guardado para abusar de él —que nuesttas misiones Hevaban pero que nuestros viios detenian? Los tra- Dajos de los misioneros, su caridad, su restimonio, 2 ‘menudo sangriento, son el honor de Europa y quicés su rescate. Pero lejos de ayudarlos como ells debia, sus falta los han constantemente contariado, Y des- de hace un siglo se ha hecho el apéstol de su propia apostasia." Antes de indignarnos contra aquellos que nos acusan, reconazcamus primero que hemos pecado contra ellos, y que la difusidn de nuestra seudoculcura aea, y de ese modernismo sedicente cientifico, que ¢s tun evangelio de la condenacidn, no ha sabido, sino va- ciar de sus fuerzas vivas y de sus reservas esprituales. La pretensidn ostentada por ciertos representantes del Oriente de ser los embajadores del espiritu, denuncia tuna ilusién que no ¢s iofensiva. Disimula también ‘una aspiracién dolorosa que la Iglesia de Jesucristo sola puede contentar. Gatclico, miembro de esta Iglesia universal. no espero del budismo ni del taoismo ningtn mensaje salva- dot, mas respecto de todos esos hombres yo me siento primeramente deudor, en el misterio de la reversibi- lidad. Lo escribiamos en un estudio reciente, “entiende signifiear que Europa nada seria sin la fe, ¥ que su ta- zn de ser ha sido, y permuanece, dispensar la fe al ‘mundo, tiene razin Hilaire Belloc al decir que Europa cs la fe, ;Pero hablando absolutamente, no! Enrcpa no es la fe nila fe es Europa; Europa no es la Iglesia yy Ia Iglesia no ¢s Europa. Roma no ¢s la capital del ‘mundo latino, Roma es la capital del mundo. Urbs ‘caput orbis. La Iglesia es universal porque ha nacido de Dios, todos los hombres encuentran alli su hogar, + Ver ol Aneso Vl 19, los brazos en eruz de su Maesizo estin extendidos por sobre todas las razas y todas lis civilizaciones. No lle- va a les hombres los beneficios de lx ciilzackin, sino Ja sangre de Cristo y la Bienaventuranza sobrenatural. Parece que se prepara en nuestros dias una especie de «pifania admirable de su catolicidad, de la que el des- arrollo progresivo, en lus paises de misiin, de un clero indigena, y, v2, de un episcopado indigena, puede ser mirado como un signo precursor” (#. ‘Antes de ser combatida desde afvera, pur Ia falsa catolicidad del Adversario, esta santa catolicidad ha sido constantemente contraiada desde adentro por cl egofsmo del hombre. No hablemos de los desstres espiritualestraidos en el curso de los sighs sea por ls ‘validades humanas en la Iglesia, sea por las ambicio- nes o el mercantilsmo, las miras interesadas de los go- biernos. Para honor del eatolicismo se ha encontrado tun Las Casas para denunciar desde el origen los escin~ dacs de los que eran victimas los indigems de la An rica Central y del Sud (!), y extender sobre ellos la proteccién de la justia de Cristo (%). ero la rapa cidad fué igualmente la mis fuerte. A los prucedi- ‘mientos ingleses en 1a América del Norte yen la In dia, el cristanismo reformado nada ha sabido oponer. por sus soldades, pero deshonrada por el oro. 1h historia de Ia colonizaciém moderna se ha cargide di iniquidades, de la que Ix “guerra del opio” ("*) no «5 sino una ilustracin, entre muchas otras. Todo ello «3 del dominio de lee negocios del siglo y se pagar Lo que quiero subrayar aqui, es un hecho de orden spiritual, Invadiendo los esprit de les elérigos co- io de los lsicos, yan de muchos entre los mismos fue se consagran al apcstoldo, los prejuicios sobre la inferioridad radical de las razas no blaneas han hecho nirar, durinte mucho tiempo, 2 los misioneros come apéstoles no silo de Jesveristo, sino también de una cerca cultura humana o nacional, a veces, aun ccmo los precursorcs de los culonos y comerciantes, Ese fué tno de los principales obsticuos para la evangeliz del undo. La Iglesia hoy derriba ese obsriculo. Nos reeuctda que sus miscneros deben renunciar a todo in~ terés de aqui abajo, a todo desco de propaganda nacio- nal, no ecnocer sino a Cristo y que son enviados para fandar iglesias que se basten a sf mismas con su clo completo. Sin afirmar que todas ls razas y todas las naciones tengin la misina vocaci histrica y un igual desarrollo humano, firma, por el acto més significa- tivo, que todos son Iamades por Dios, que cada una tiene su Togar legitimo en la unidad espritual de la critandad y puede suministrar cbispos al rebafio de Cristo. Los eristianos de Europa pueden sacar prove- cho de las palabras de uno de Jos obispos chinos re- cientemente consagridos por Pio XT, Monstior Fe- Tipe Chao ("%), que recientemente se dirigfa a los es- tudiantes de Lovainas “Cultivad en vosotos, les dec imanifestad a vuesto alrededor los sentimientos de fra- ‘ernidad catélica que ayer, nos han hecho Worar de alegria... Los corazones paganos, como todos los otros, tienen sed y hambre de caridad. Es necesario primeramente que nosotros catélicas, que somos los hi- jos det mismo Padre, rescatados por el mismo Jesis, rnutridos por la misma Eucaristia, hagamos caer defini tivamente las barreras de raza y de color, los prejuicios y las antipatias de nacién a nacién, y que lealmente, de todo corazin, y si es necesario con toda muestra voluntad, nos ameios los unos a los otros... En este ‘mundo dividide por tantos malentendidos, desgarrado pr tantos odios, el dia en que lus infieles puedan decir de los catdlicas de todos los paises la célebre frase de los viejos crstianos de Roma: ;Mirad edmo se aman!, se dia I Iglesia habri, vencido a Satin. Porque Satin es el odio y Cristo es el amor” (). 29. Seria vano pensar que, librindose de las viejas trabas, la catolicidad no tendri que afrontar nuevos peligros, contra los que ¢s necesario ponerse en guar- dia. El nacionalismo de las jivenes naciones en plena fiebre de liberacién no es menos capaz de excesos que 2l de los pueblos fatigados y de los Estados cargados de historia; su susceptibilidad no es menos sombria; no es seguro que el mundo en marcha hacia el especticulo dde una liberacién, no asista simplemente sino a una smudanza de servidumbre. Mis profundamente, se puede observar que rodo mwmcnto de liberacisn es para ia humanidad un mo mento de peligro, Menester es desconfiae siempre de esas distensiones, porque nuestra naturaleza es débil y encorvada bajo una carga tan pesada, A la menor impresién de alivio, se imagina que todas las trabas,, ‘que tcdo el viejo mal, que toda ley va a ceder. Por ello, después de la gran liberacidn de Ia Cruz y de la Resurreccién y° de Pentecostés, Dios le ha pre- parado una penitencia ean larga y sangrienta. Las per- secuciones de los primercs sighs. la angustia, los do- lores de la alta edad media, era como el noli me tangere del Espiritu Santo: preservaba pur esa noche a ya la Redeneidin en les almas. Atormentadas por las trabas no del ceior sino del amor, ferzados por el su frimiento a hacer, segiin la frase del Padre de Fou- ceauld, declaraciones de amor con prueba, no dejaban ‘que su liberzcidn se deslizara hacia Ia carne. Necesa- ria era tal escuela a los siglos cristianos para aprender donde se encuentra la verdadera libertad. Entonces, sin embargo, se trataba de una liberacién auténtica y'divina, de In tinica liberacién. Mas tarde el mundo ha hecho la experiencia de otea liberacién y é ta no era pura. Cuando la Revolucién, nutrida por Ja larga injustica de los hombres, estallé como un fra toy lo que rechazé fué todo un régimen normal para el set huimano, pero que se habia destruido a si mis- fio por una abundancia de abusos— de trabas conser vadoras del ser, y de Ia fuerza que proregia al hombre bios seneipo PRIMERS em ‘contra si mismo. Abria. como se sabe. la era de la li- bertad. Si del edicto de Milin a la Declaracién de de- rechos, a fuerza humana al servicio de Cristo ha tar ado quince siglos antes de quebrar, un siglo y medio aun menos!— ha bastado 2 Ia libertad humana, li- berada de Cristo, para rodear al universo de un diluvio de males. Parece que hoy las lmas esperan una liberscién to- davia,liberacin verdadera en la universslidad de Cris- to 0 liberacién mentida, en el universaismo del Anti cristo, y que ambs tal vez se exterderén en el mundo, ividido, at mismo tiempo. La liberacién catélica es tuna vietoria del amor. El mis grande peligro para ella, esti dentro: basta sélo que flaquce el espirieu, Ahora bien, esté sometido a dura prueba; a él sélo se le pide hoy el orden que las trabas sociales ayudaban antes al hhombre a mantener en si mismo. El orden esté en el corazén del amor santo. En Dios el amor procede del Padre y del Verbo increado. En nosotres que estamos hhechos a imagen de Dios, es necesario que el amor pro- ‘ceda de la verdad: sino se vuelve destructor: causa el negar el Filioque, En su periodo de formalismo (si puedo arriesgar esa palabra) el mundo moderno ha pe- cado sobre todo contra el amor, ofendido en si mismo la imagen de In Trinidad, eratendo de imponer a ls ‘costs una forma estéril, un verbo que no expire el amor. En su pericdo de liberalinmo, sobre todo tra- ‘ando de esparcit en las cosas un amor que no procede de la verdad, ha ofendido en si la imagen de Dios, pe- caido entonces contra el Verbo, es decir contra el principio del amor. Y el amor sufre otro tanto de este segundo pecado. : He ahi, sin embargo, el peligro que continia ame- nazindonos. Porque hemos asistido a muchos ¢piso- ios del modernismo y de la lucha contra él, pero pueden surgir todavia episodios imprevistos. El pensa- rmiento de Oriente, al mismo tiempo que llegue 2 la fe de Cristo, aportari a la Iglesia admirables disposicio- res para la contemplacién; —el peligro que, aun en- tonces, acompaiiaré a esas riquezas sigue siendo un pe- ligeo de desconfianza respecto del Verbo, al cual el Oriente cuando se extravia, parece prefer, no, sin duds, como el Extremo-Occidente, la accién prictica, sino tna especulaciin sin forma que no es la contem- placién infusa y que quiere ser superior a la razén.- EL aborrecimiento de la latinidad, no vale mis que su ido latria; en muchos no ¢s sino el decorado de una pro- funda intolerancia de la forma de la raz6n, ¥ bien, el peligro que acabamos de sefalar.cierta- mente es evitable, pero con condiciones preciss. El Oriente como el Occidente tienen necesidad de las lee ines de una ibd que orden tds cos in lag jerarqufas de la nacuraleza y de la gracia. tor eae el valve, todavia a un exdio precede te (): Se encuentra, escribfamos, que no estando ‘mantenido ya bajo el orden de la caridad, el orden de la Dios senvi0o Prien 19 ‘az6n se ha corrompido en zodas partes y no basta pa- ‘2 nade, El mal raconalse ha puesto ‘una discordia entre la narurleza y la forma de la razén, Se ha hecho desde entonces, muy dificil el mantenerse en lo hv. mano. Menester es colocar su aputsta, arviba de la ‘azén y por ella sin embargo, 0 debsjo de la raza y contra ella. Ahora bien, s6lo ls vircades teologales y los dones sobrenaturale, y la contemplacidn infos, ex ‘in arriba dela razén. Todo lo sedicente suprarrcio- ral que no est en la catidad no seve al final de cuen- {3 sino a la animalidad. El odio ala razdn no ser ja- ims sino la insurreecin del género conta la diferencia specifi "El mundo por el cual Cristo no ha rogado, tiene hecha su eleccién desde un principio, Liberarse de la forms rations, bu lejos de Dios, en un imposible sui. cidio metafisico, el orden cruel y salvador asignado por la Ley eterna, es el voto con que s¢ estremece la carne del hombre viejo, era el del Viejo de los vicjos, cuando cafa del cielo cemo el rayo "Sin embargo, es error juzgar solamente segin la naturaleca. Alli esté la gracia que reserva sorpresis Mientras ese viejo mundo continés sa resbalén, he aqui el verdadero nuevo, el seereto empuje invencible de saviadivina en el Cuerpo mistco que dura y que munca envejece, el desperar bendito de las alas bajo el signo de la Virgen y del Espiitu, ;Oh sabiduria que aleanza, con fuerza, desde un punto al otro del » pantycia be Lo ESPIRTUAL mundo y vuelve uno los extremos! Instalado en anti- ‘guos errores y rozado ahora por nuestra locures. ¢! Oriente esti tan enfermo como el Occidente e-scaviz- do, y el mundo eslavo presa del vertigo, Pero aqui co- ‘mo alli se ve, en todas partes donde la fe viviente echa races, la adhesién a lo que esti mis alli de la razén, a la Verdad increada, a la sabidutia de los santos, arrastrat al mismo tiempo —no sin cierto trabajo se- guramente—, la restauracién del orden de la misma raz6n, implicado en virtud de condicién para Ia vida sobrenatural. Asi van de consuno Evangelio y filoso- fa, mistica y metafisca, lo divino y lo humano....” yo. Cuando pensamos en Europa, y en particular en la civilizacién'mediterrénea, todas las grandezas de su vocacin y de su pasado nos deslumbren. Un pun- to sin embargo debe retener nucstra atencién. Cuales- auiera sean sus tieulos intrinsecos, la especie de mono- polio histrico de la que esta civilizacién gozaba de hecho, parece hoy vacilante. Es importante compren- der aqui la significacién de la guerra, y el espantoso sorte que ha marcado. La palabra de Benedicto XV sobre el suicidio de Europa va mis lejos de lo que se piensa. Europa ha matado su pasado, Llirese cuanto se quiera sobre los dioses de la Hiélade y sobre todo el pasado clisico, el inmenso cuerpo secular de la cultura profana ctstiana, de la que todo europeo que venia fl mondo recibfa una savia de humanidad nutrtiva, y Dios SERIO paIntERO, Be Aue lo llevaba 2 la vida, lo edueaba, Jo sostenfa por to- das partes, parece ahora inanimado. De hecho, los que tanto han retibido, tienen hoy el sentimiento de no recibir ya més nada. Toda la dulzura y la belleza, las formas los valores, las imégenes mismas de las que han vivido nuestros antecesores, que les hacia ala natura- Jeza fraternal y al universo familiar, y que nos prepa- raba en ellos de generacién en generacién, se nos han vuelto de golpe algo completamente lejano, separado: perfectamente digno de admiracién y de respeto, pe 10 inmovilizado en lo que no es mis. Y he aqui, sin duda, Ia causa profunda de la gran confusién de Ia juventud de hoy en dia. Se pasea en su propia huma- niidad como en una sala de museo, ve su corazén en Jas vitrinas. Demasiadas obras maestras. que el poder espiritua alcanza las cosas temporales, En realidad esta expresin, como Jo muestra Juan Rivigre up. city pigs. 39 y 54) es ya corriente en la época de Tnocencio 1V, es familiar a los glosadores del comienzo Por ejemplo, Vicente el Espafil, que e= cribia por el 1216, glosando la férmula de Inocencio Ill: “"Non enim intendimns judicare de feudo” (no entende- ‘mos juzgar sobre el feudo), agrega: “Directamente; pero indirectemente conociendo si peca ¢ induciendo a lt pe- ¥ asi en consecuencia restieuye el feudo.” Esta distinein seri tomada por Inocencio IV, quien afirmari netamente el poder indirecto sobre lo temporal, ratione peceati. Los historiadores podrin discutir hasta lo in nto sobre las rendencias personales de San Gregorio VII, {de Inocencio IV y de Bonifacio VIII. Sea lo que sea de 168 paineacia DE Lo ESPIRITUAL esas tendencias personales, han professdo, como Papas, sblo Ia doctrina del poder indirect. La doctrina de Belarmino ha sido retomads por Suirez. Retengamos de éste (ed. Vives, «Vy p. 366, n° 3) la férmula siguiente: “No hay en el Sobtrano Pontifice dos poderes, sine uno solo, que te relaciona directamente con las cosas espirtuales y por via de consecuencia, con las cosas remporales” wv Ws THES SI NII DE LA PALABRA "DEMOCRAG “La filosofia deberd, por ejemplo, so pena de embro- Iarlo todo, distinguir tes sentidos en la palabra. demo- "19 La democracia como tendencia social* recomen- ada por los Papas (demofiia, democracia cristina) Y¥ que no es otra cosa que el celo por dar a las clases lar bboriosss, mis que nunca oprimidas en el mundo moderno, condiciones de vida humanas, exigidas, no solamente por Ia caridad, sino primeramente por la justicia. (Siguiendo ‘ata dteccidn se legari sin duda 2 una eritica radical * Es también Jo que Lele XII Tams democracia erinios Hubiamos escrito democracie soci, para indicar que alle cata de las eaciones socialey de los hombres entre si, ¥ 80. de le fonma de gobierno politica. Se nos ha obtervado que eta palt= ‘ra podkiapresare @equlvcos, habiéndolareprobado Lei XI, ‘un sencdo diveso es verdad, en cuanto se relaciona con ef Stems socialita 0 comunita (eciclea Graver de Commun). Més vale, pues, dejar ese témino de Ido; ceemos que In expre- ‘én “democracia como tendencia social, spar tods poublldad ‘de equivoco, "Auogue le democrac, por el eigen de su nombre y so de los fotos, indi vn régimen popaar, con todo ahora debe emenderse como a dejade fads indian politica, no tenes ‘tro significado que ere misma acc crime benfica pore fucblo™ (Leb XIll, encilcn Graves de Comman.) nett régimen econémico, come muchos autores ext fcoe ya to an esbozade.) Se puede deplocur que el apego de is mats catdicas 41s deensa del orden Social y a fucha conta los elemen- tos revolucionrios, hayan demasiado menudo. cine dide con una sion de este Weber esencial, y una ate- imidotsinatenciin las preserpciones de Leon XIlL La democraciapoiien (nvuria) enendida en el sentido de Arisdtelesy de Sano Toms, por empl, democraca sui, qe Ia Iglesia como Ie filoofa consider como nae las formas de gebieran ponibler en derecho (e indieads 0 conersndicadas de hecho, sepin las condiciones ls formas hires). "38 El democratima,o ix democraiaen él sentido de Roost, digamor | mito religesn de lk Demoeraci, aque es algo muy ciferente del regimen democritico le- fitimo (wekrda) (adem ete mico exig, en el comrato Foci una tcoria de los tre regimenesclisices, monit- ‘ico, aisocrtico como tambien democritio, igoalmen- te fale y pericos). La democtcia i entendia se con- funde con el dogma del Pueblo Soberan.* que undo al dogina de la Volunod General y de In Ley exprsén 41 Nimero,consitve, a Himite el error det panto police (la multted:Dis). "Convene sn embargn sea, lo que vuelve trigica ts condicin de los pueblos en ls tempos moderns que, dle hecho, en ls eaidad concreta, el mito cligioso de In + Es decir, deenndor perperu y nico deentador lege de 1a eben 106 TAKS SEN7TIDOS DE LA PALABRA DEMOCRACIA int Democracia ha invadido y contaminado en todas pares la democracia politica y aun codas las formas actules de ‘gobierno. El esfuerzo de la intligencia debe set el upe- rar las dscriminaciones necesarias y advertir,reniendo en ‘cuenta las conexiones de hecho presentadas por le histo- fia, ls condiciones de un enderezamiento prictico que ‘no tendré éxito si no es total” (Una opinién sobre Char- les Maurras y el deber de los catélicos, pigs. 5-29.) Agreguemos que en el voeabulario de Santo Tomis, la demecracia como forma politica legitima (emocracia en 1 sentido a? 2) se lama no democracia sino Repablica (politica). Es ella una forma de régimen mizto, en que €l principio democritieo que, en el estado puro, renderia la dominacién del nimero ("Democracia, est es, el po- der del pueblo, cuando et pucblo de los plebeyas por el poder de la muchedumbre oprime a Jos ricos”, Del go- bierno de les principes 1,1) esté atemperado por el prin- cipio atistocritico (poder de Jos que subresslen en valor ‘en virtud) y sobre todo por el principio oligérquico (poder de los que sobresslen en riquezs 0 en poder) (CE. Comment. in Polit. Aristoteli, 1V, VIL) Es &s3, por tanto, una democrecia mejorada, propiamente (Marcet Denonccor, tesis sobre el régimen mixto, publicada iue- 10 bajo el titulo: El mejor régimen politics segin Santo Tomé, Paris, Blot, 1928) En cuanto 3 la palabra democraca, indica a la ver, en ‘Santo Tomés, a forma corrompida dela poita y el p Cipio democritico tomado en sa estaln puro. v Se sabe que el liberainmo es un error condenado® A 41, ante todo, se dirigia Pio IX cuando condenaba esta proposicién: "El Romano Pontifice debe reconciliarse ¥ avenirse con el progres, el lberaisme y la civilzacién moderna” (Syllabus, prop. 80). Leén XIII resume todo sce error en una sola fSrmula: "Cada uno es para si, sa CE, ls encicicas Miner vor (Gregorio XVD; Quamia cure (Pio IX), Inmorale Dei, Spientie Christiane, Libertat pretane ‘isn (Laéa XM, Pesendi (Pio X), UbI Arcono Del (Pio XD. Las palabras liberal, liberatnmo, se eetenden aqu, no como pueden servic de eiguets a tal o coal pari polio, sino en el Seatido eseeto que tienen en el lenguse de los telogos. Esta ‘isinegn ha sido clarsmente formelads por Leén XI, quien sgregabs, sa emburg, el deseo de que se encomara otra deno- ‘minaién pars derignscion de lor partidos politicos. (Car el cardenal Ramgols a saabipo de Bogot, 6 de abr de 1900: "Por elo, en el presente ‘caso menester es toner present, en mente, jo que Ia Congregscinsoprems del Santo Oficio ha pres ‘rio 4 los obipor dl Canad, el 29 de agosto de 187, a sber, ‘qu ls Igleia condenando et Ibealim, no he tenido inteniéa ‘be condenar odor y cada uno de lor partidos politicos que se Jarado en na cons dcgida bipo de Salamanca por orden del Sobers Poatifice, el 17 de Terero de 191, agregando con todo las siguientes condiciones. ‘Les eatlios que st dicen liberals deberin, ante todo, adhtie rinceramente odor lor puntos ezncials de docria ensefados EL LIBERALISM m propia ley”,* que no es otro que el axioma fundamental ‘de Rousseau en el orden social, y de Kent en el orden moral: “a0 obedecer sino « sf mismo” y que expresa la reivindicacién eseacial del inmanensismo modemo, ‘Sobre este problema ha desarrollado una doctrina muy imporeante y amplia, en particular en las enciclcas fm- ‘mortale Dei y Libertas prastantissmen, doctrina cuys actualidad es siempre utgente, La libertad, dice, recordundo ia ensefanza de Santo Tomis, es propia de los seres dotados de intligencia 0 de razén; ** es esencialmente Ia facut e clegir entre fos medios que conducen al fin, porque cl que viene Ia fa- Dor I Ilsa y ear dapuctos 4 admit Io que fs Igloa poeta tense despés;ademis, nada se propondrin de lo qoe la Ile hh conderado explicka impliciament; fnament, toda vez que Tis ciccanstncis lo exigeren no rehusrin, como en w deber por otra pare, hacer, sbiertamene, saber que su propdsto ext Plenamente conforme con Int doctiar de le Ile, Se deca también en a misma care que es menester dese que los exticor ‘scojan y adopten ctr denominacidn pars desgnar st propioe patios politics, por temor que el tlo de Iersles que re han ado asf mismos no sea pare Is files ocsia de equvoco 0 de ‘sombre; pero que, por lo demis, noe permiido salar con censura ecleisea, ¥ mucho menos denuaciar como heréico A berlin emtendido en un sentido diferente del que a Tgesia ha precisdo cvando lo condend, y eto mienra ells no haya dado ‘rr indiaioaes”™ Enciclca Libertas pastes. ** Suro Tons, Sim. Theo 1,59, 3: "Donde bay cntend- iiemto, ny Hire albedo" 1) 8h, 1: SY por ally er nessa, el hombre tenge lve albedsi, por lo mismo que raio- fal, Telly, 17, nad 2: "La tae dea Uberead como suite 1 Volunead: pero como cao et It iain.” ™ printacia DE Lo EsPIRITUAL ccltad de elegir unt cosa entre muchas, &¢ es duefio de sus actos. La posilidad de escoger el mal no es de ls csencia de le libertad, es una imperfeccién de muesie li bertad: “La facultad de pecar no es una libertad sino ‘ona servidumbre”; y asi ef que comete el pecado, se clavo del pecado,* porque sofre una umpulsin extra Ccontraria al principio interno de accién que especifica la esencia humana, es decir a la razén.** "A. causa de su imperfeccién —y porque, estando some- tidos al devenir, debemas en todo comenzar por lo im- perfecto, para erecer poco a poco hasta Ia edad adults-, Ia libertad humana tiene por tanto necesidad de ser pro- tegida: he ahi la gran palabra. “Y puesto que la libertad cs en el hombre de tal condicién, podia ser fortificads con defensas y auxlios a propésito para dirigit al bien odes gus movimientos y apartarls del mal; de otro modo hhubiera sido gravemente dafioso al hombre l libre bedrio.” “Y, primeramente, Je era necesaria una ley, ordenacién de la razén, wna regia de Jo que es menestet hacer o dejar de hacer. “Y no podria deciese ni pensarse mayor ni mis perverso contrasentido que el pretender texeeptuar de la ley al hombre, porque es de naturslezs bre, y si ast foers, seguriase que es necesario pare It hw, Vill, Len XIN cia aga el comentasio de Santo Teed ; Lo que tn pnbiad de cere mle al ie adi va eniudGS "Se ee eres sn ane La ierad de rfeccén de In turers acon guiorare es nn (n privego del pemsmienro como tl, ai de Sonne EL LineraLisMo vy libertad el no ajustarse 2 la razén, cuando, al contratio, es certisimo que el hombre, precisamente porque es libre, hha de estar sujero a la ley.” “Resulta de todo lo dicho que la naturaleza de la libertad, de cualquier modo que se la mite, ya en los particulates, ya en la comunidad, ‘no menos en los imperantes que en los sibditos, incluye Ja necesidad de someterse a una razén soma y eterna, que no es otra sino la autorided de Dios que mands y que ved, y tan lejos esti este justisimo sefiorio de Dios en los hombres de quitar o mermar siguiera la libertad, que, antes bien, la defiende y perfecciona; como que el diti- ‘tse 2 su propio fin y alcanzarle es perfeccién verdadera de coda naturalena, y el fin supremo a que debe aspicar la libertad del hombre no es otro que Dios mismo. Ast por tanto, si, por fin, hemos de llegar a una per- fecta libertad (que no se realiza plenamente sino en el elo, ¥ de la que los santos, qui spiritu Dei aguntur, tie ren ua simil aqui abajo), nuesera misma naturaleza —nues- ta naturaleza perfeccionada por la gracia, porque plugo a Dios elevarla al orden sobrenaural-, postula, para le- gr a este fin, las normas reguladoras de la ley diving, natural y revelada, y las teabat educadoras de la ciudad Jnumans y de la Iglesia de Cristo. Seguin las palabras de Cayetano que hemos recordado antes," para llegar 2 su felicidad sobrenatural como a su felicidad natoral, pri- vada o politica, el hombre es sito de la soberania de Dios autor de la naturalezs y de la gracia, sibdito de la Labs Xm, encielin Libertas Ver pina 91.