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Una respuesta clara, profunda e inteligente. econémicas, culturales y de todo orden que hoy libran su batalla en Espafia y en el conflictivo mundo que nos ha tocado en suerte vivir, mueven sus piezas, como en un TABLERO, sin que, en ocasiones, resulte facil entender el alcance final de cada jugada. A este entendimiento, de la mano de los mas calificados especialistas en las distintas materias, pretende contribuir la Coleccion que bajo el signo editorial de PLANETA y del INSTITUTO DE ESTUDIOS ECONOMICOS inicia hoy su andadura. Alain de Benoist, La nueva derecha A pesar de Ia vigilancia de los bomberos del orden establecido, la nueva derecha se encendié como una gran hoguera en el verano de 1979, sembrando el panico en las residencias secundarias del mandarinato ideolégico. Desde Nueva York hasta Moscu, de Londres a Paris, de Napoles a Hamburgo, varios centenares de articulos de prensa y numerosas emisiones Ny con atencion, éCuales son, pues, las ideas de la nueva derecha? De qué modo aspira a enderezarlas? A estas preguntas responde Alain de Benoist, joven teérico dotado de una curiosidad verdaderamente enciclopédica, de una agilidad conceptual temible y de una independencia que hace estremecer a los funcionarios del pensamiento. Alain de Benoist abre brecha en las carcomidas murallas del conformismo intelectual y desenmascara las alienaciones ideoldgicas para dejar el campo libre a una idea del hombre fundada en el respeto a las diferencias, el respeto a si mismo y una voluntad de vivir de una intensidad singularmente comunicativa. A la mayoria de los grandes interrogantes que hoy en dia paralizan a los intelectuales, el primer escritor de la nueva derecha aporta respuestas claras, profundas e inteligente Planeta/ Instituto de Estudios Econémicos Planeta/Instituto de Estudios Econémicos Coleccién Tablero Consejo de Direccién: Rafael Borras, Victor Mendoza y Baltasar Porcel Consejo de Redaccién: Maria Teresa Arb6, Marcel Plans y Carlos Pujol Titulo original: Les idées A 'endroit Traduccién del francés por César Armando Gémez. © Editions Libres-Hallier, 1979 Editorial Planeta, S. A., Corcega, 273.271, Barcclona-8 (Espafia) Disefio coleccién y cubierta de Hans Romberg (foto Salmer y realizacién de Jordi Royo) Primera edicién: junio de 1982 Depésito legal: B. 18247 - 1982 ISBN 84.320-7317-2 ISBN 2-86297-031-X cditor Editions Libres-Hallier, edicién original Printed in Spain - Impreso en Espaiia Talleres Grificos «Duplex, S. A.», Ciudad de Ia Asuncién, 26D, Barcelona30 Indice _ - Prélogo (de circunstancias) 1. Ex estito E! estilo es el hombre Fundamentos nominalistas de una actitud ante la vida La historia como despropésito El mundo como caas No da todo igual Un subjetivismo heroico El hombre creador de sf mismo La ética del honor Veinticinco principios de «moral» 2. LA DERECHA Vieja y nueva derecha La derecha inencontrable El error del liberalismo 3. Posiciones Una nueva antropologia gE orden? éLa tradicién? gLa élite? El arraigo 4. Los TOTALITARISMOS Contra el racismo Ni odio de razas ni odio de clase E] totalitarismo igualitario La «diferencia», idea antitotalitaria El «boichevismo de la antigiiedad» Monoteismo y totalitarismo Svrenr 5. ¢Novepapes? Los enuevoss fildsofos Los «nuevos» roménticos Los «nuevos» economistas 105 113 13 123 124 126 129 144 149 149 154 156 6. CULTURA El paradigma de la cultura humana El poder cultural 7. Europa A propésito de una derrota norteamericana Contra las superpotencias La ascensién de Europa Epilogo. Et Mayo DE 1968. (Un didlogo entre Jean-Edern Hallier y Alain de Benoist) Indice onomdstico 163 163 191 201 201 208 ae 229 A Michel Marmin PROLOGO (DE CIRCUNSTANCIAS) Alla por el solsticio de 1979 se descubrié que habia en Francia una «Nue- va Derccha», Hace ya tiempo que, como alguien ha dicho, nuestra época se alumbra con «neve, y Je tocaba el turno de la novedad a la derecha. «Ah, la pérfida!», exclamé Jean Cau en Paris-Match, y aquéllo fue un reguero de pélvora. ¢Qué digo? Ur incendio forestal, un huracdn. Para mi, periodista no siempre orgulloso de serlo, el especticulo results rego- cijante. Les aseguro que fue un verano de antologia. Todo empez6 con un articulo de Thierry Pfister, en Le Monde (22 de junio de 1979), seguido a los pocos dias por un dossier del Nouvel Obser- vateur (2 de julio). El doble clarinazo respondia claramente a un acuerdo, fruto de rcuniones previas. La campaiia se abria entre los casos de con- ciencia en impecable trajc con chaleco de la rue des Italiens y los estados de alma en gabardina de la rue d'Aboukir. Fue como si alguien hubiese dado la sefial apretando el botén. La maquina se puso en marcha. ¢Qué maquina? Por supuesto, la parisiense, tan cadtica como bien engrasada, con su cortejo de rumores, subcultura, ideas plagiadas y pompas de jabén. En menos de ocho dias, la Nucva Derecha, empujada inuy a su pesar frente a las candilejas, se convertia en el tema de moda. Mas atin: en el Acontecimicnto. Los primers calores estivales, lejos de aplacar el bullebulle, lo hicieron crecer. Como vagones que van enganchdndose unos a otros, todos los periédicos franceses se lanzaron a comentar aquel extrafio fenémeno, monstruo de} lago Ness, ternero con cinco patas del que nadie sabia gran cosa (y menos aun intentaba enterarse en serio): la Nueva Derecha, pronto abreviads, siguiendo la inoda, en «ND». Va, pues, por la ND. Los dias 5 y 6 de julio, Gay Hocquenghem hacia, en Libération, si no ¢l mas exacto, si el mds honrado de los andlisis de la ND. Por eso su en- foque diferia sensiblemente del de Nouvel Observateur, 6rgano oficial de Ja Prefectura de la Policia de las ideas de moda. «Lejos de ser naciona- listas y oscurantistas —escribia Hocquenghem—, los pensadores de la Nueva Derecha tienen todos los rasgos de la modenidad. Nouvelle Ecole, su lujosa revista cultural, condena el “modelo american” y Ja xenofobia francesa, reivindica la libertad de costumbres, se intcresa por la ecolo- gia (...). De todos los “nuevos” que nos han piesentado en los ultimos tiempos, la Nueva Derecha cs tal vez la unica novedad auténtica. Tratarla a base de desprecio y suficiencia mal informada, considerarla simplemente 9 como “un nuevo disfraz de la vieja derecha fascistizante”, es hacerle el triunfo demasiado facil. Una vez més, la izquierda leva una guerra de Tetraso.» Fueron palabras que hicieron rechinar los dientcs a mas de uno, y el que hubiesen aparecido en un periddico cumo Libération tenia su importancia. En efecto, a partir de entonces abandondbamos la vieja oposicién «derecha-izquierda», para entrar cn una problematica de cuatro términos: vieja derecha, vieja izquicrda, nueva derecha, nueva izquierda. La aclaracién modificaba muchas cosas. No tardé France Soir cn organizar una «mesa redonda», El nivel fue mas bien pobre, Para empezar, Pierre Sainderichin pidis a los participes que evitasen las ideas demasiado abstractas: el gran publico obliga. Pero, sino se hablaba de ideas, de qué se iba a hablar? Por supucsto, de poli tica; de esa politica-politica en la que la ND no tiene realmente nada que hacer. Y asi se encontraron reunidos en torno a la mesa, para discutir acerca de la Nueva Derecha, representantes de las diversas corrientes de opinién que en su mayoria no tenian ni idea de las tesis y los trabajos de ja tal Nueva Derecha y venian a hacer su numero basdndose en fichas policiacas 0 en recortes de la prensa reciente. Pero gdesde cuando hace falta en Paris saber de qué se habla? Jean Lecanuet, que en el curso del debate no tuvo inconveniente en reconocer que no sabia muy bien cudles eran mis ideas, no por ello dejé de atirmar, con su bien estudiada son- risa fotogénica, que era preciso «denunciarlas». Hacia pocos dias que h: bia aparecido en Le Monde (11 de julio) un articulo acerca del cédigo penal chino, que convierte ta delacién en un deber civico, Pero, por lo visto, no hace falta ir a China para ver a calilicados representantes de la clase politica incitar a la delacién. La izquierda estaba represcntada, como es de rigor, por dos hijos de millonarios: BH. Lévy y Laurent Fabius. Este ultimo, enarca pontificante, ascguré que el mejor medio de tratar a la Nueva Derecha era no hablar dv ella. En cuanto a Lévy, tras haberse negado a estrecharme la mano, acabé por decirme que me «odia- ba», Yo, que nunca he sido capaz de odiar a nada ni a nadie, deduje que me encontraba ante un auténtico liberal. El 25 de julio, Le Matin empcz6 a publicar una encuesta-rio sobre la que volveré mas adelante. Su representacién iba acompafiada por comen- tarios tan «escandalosos» como éste: «La clase politica, mas acostum- brada a contar batallones de electores que a calibrar la potencia de fuego de una artilleria ideoldgica, da por sentado que la Nucva Derecha sdlo existe en sus escritos y no es, bien mirado, mas que una especie de tigre de papel, lo que resulta tan inteligente como decir que Voltaire y Rousseau no eran mas que unos escritores». A todo esto, ya habia entrado en danza la prensa extranjera. Articulos, entrevistas, reportajes, television... Mientras en Le Monde se sucedian las tribunas libres en las que cada cual echaba su cuarto a espadas, cole- gas britanicos, italianos, norteamericanos, espaiioles y alemanes tomaban el relevo. Del Time al Spiegel, del New Yorker al Corriere detla Sera, el tema acabé por trascender a oscuras publicaciones cuyo nombre me asombraba no haber ofdo pronunciar cn mi vida. Pensé, que, una vez lle- gado a la Gaceta de Oklahoma o el Noticiero de Abidjan, el huracan se calmaria, pero no fue asi. Tras los paises vecinos, intervinieron los holan- deses, los noruegos mandaron a su television, y hasta la prensa de Para- 10 guay, los diarios norteafricanos y la radio de Toronto acabaron por po- nerse en movimiento.! Lo cosa duré todo el verano, hasta que no faltaba un solo trofeo en la panoplia: editorial de Raymond Aron, andlisis de René Rémond, cri- ticas de Annie Kriegel, dossiers de Le Matin, entrevista cn Play Boy, jue- go para la playa de Minute... Hubo titulos preciosos que merecian los honores del marco. Por ejemplo, esta declaracién de Guy Hermier, en nombre del PCF: «Al oir a Valéry Giscard d’Estaing, uno creeria estar leyendo a Alain de Benoist.» (L'Humanité, 17 de julio; Le Monde, 18 de julio). O esta proclama de los maoistas de Drapeau rouge (agosto): «jLa Nueva Derecha es el PCI!» En total, cerca de trescientos articulos y unas cuarenta entrevistas, en espera de lus libros, los coluquios y los ndmeros especiales de revista. Reacciones hostiles junto a otras muy favorables. En conjunto, una indudable toma en serio. Poco a poco, la maquina habia ido volviéndose contra quienes la ma- nejaban. Y es que cuando los comentarios Iegan a alcanzar cierto volu- men, el contenido del discurso cuenta menos que el propio discurso. Es un principio que conocen muy bien los encargados de las relaciones con la prensa no importa que hablen mal de un libro con tal que hablen de él, MacLuhan lo habia resumido ya en su formula «cl mensaje es el me- dio», Quizd por eso en plena campafia surgicron vacilaciones. Los mis- mos que habian lanzado la formula «Nuc\a Derccha» Ie negaban ahora el estatuto de novedad, e incluso la importancia que ellos mismos le ha- bian conferido. Curioso razonamienty. Tres meses de polémica acalorada sobre un fenémeno «desdehable» no deja de ser algo extratio, Si ef ruido era excesivo para tan pocas nueccs, ¢por qué hacerlo? El 13 de julio, Alain Jaubert escribia en Libération: «Cuanto se diga o haga en torno a Alain de Benoist sdlo sirve para haccrle publicidad.» Lo sicnto por él, pero se trata de una publicidad que no he solicitado. No soy de los que piden. La ND desdefta el star system, aun cuando pueda bencticiarla. Ante tal explosion, e! observador podria Hegar a pensar que la ND acababa de hacer su aparicién, que era [ruta del tiempo, una especie de «serpiente de verano». No hay tal cosa. Por «nueva» que sea la Nueva Derecha —conjunto informal de asociaciones culturales, clubs de refle- xién, revistas tedricas y periddicos—, no ha nacido ayer. El GRECE (Groupement de recherche et d'études pour la civilisation curopéenne} publicé en 1978 una obra colectiva titulada Dix ans de combat culturel pour une renaissance. La revista Nouvelle Ecole fue fundada en marzo de 1968. Yo mismo hace ya tiempo que publico en periddicos de audiencia nada desdefiable. En vista de lo cual, se impone la pregunta: por qué ese repentino «descubrimiento» de la ND al cabo de diez afios de existen- 1. Dentro de la prensa extranjera, los comentaristas mas honestos me han pare- cido Ios italianos. gon tambien los que trabajan. mas, scriamente, los que. viajan, van a las fuentes y hacen comprobaciones. Los pores han sido los alemanes, v me he querellado por difamacion ‘contra Der Spiegel y ‘Die Zeit. En general, los autores se han contentado con copiar Jus articulos de sus colcgas franceses, sin olvidar las faltas de ortografia, lo que permitia identificar sus fuentes. W cia? Por qué han glosado tan ampliamente su «auge» quienes tan dis- cretos se habjan mostrado acerca de ella afio tras afio? La respuesta es de cajén para quien esté algo familiarizado con las modas parisienses. Desde hace al menos treinta afios, lo que por rutina seguimos llamando izquierda y extrema izquierda no ha ostentado nunca el poder politico en Francia (ni en otras partes). Por el contrario, si ha disfrutado de un cuasi monopolio en el terreno cultural. Creo que nadie negaré esto. Ahora bien, resulta que la Nueva Derecha no se situa en el plano politico, sino en el culural. De entrada, se fij6 como meta poner fin al monopolio cultural de que hasta entonces venia beneliciandose la ideologia dominante. Es evidente que ese objetivo no podia aspirar a en- contrar la menor simpatia en las filas de esa ideologia dominante, de la intelligentsia igualitaria en sus multiples formas. Por eso, durante diez afios no hubo mas que silencio, un silencio casi total, slo roto de forma ocasional por el camino de la amistad y el talento. Hay, por lo demas, cierta izquierda que apuesta siempre por ese muro de silencio. Los alemanes lo Haman fotschweigen, «matar por el Sc trata de eludir un debate que puede ser fatal. Le Matin (31 de julio) lo confirmaba con maravillosa ingenuidad: «Los partidos de izquierda se niegan en general a entrar en un debate en el que ven como principal sgo el de conferir titulos de nobleza a unas ideas cuya expresién ni siquiera deberia tener sitio en la sociedad democratica.» Si, no habéis leido mal: ideas cuya expresion ni siquiera deberia (ener sitio en la so- ciedad democrdtica. Tendran que explicarme en qué se distingue a estos efectos semejante «sociedad democratica» de las sociedades totalitarias. Se esperaba, pues, que Jos jovencitos de la futura ND acabarian por desanimarse, que sus prédicas cacrian en el vacio, sus publicaciones de- saparecerian, y tanto sus organizaciones como sus energias se desmoro- narfan, Pero no hubo tal cosa. Lejos de estancarse, o incluso de retroceder, la ND ha crecido sin tregua, en un desarrollo lento pero continuo. No ha caido en las trampas que le han ido tendicndo en la oscuridad de un silencio arterv. Al no pretender ningtin objetivo inmediato, tampoco ha sucumbido a ningdn tipo de impaciencia. Ha respondido con la indife- rencia de los dossiers «kriticos» que ciertos chantajistas hacian circular por Paris, Y no sélo sus representantes no se han visto reducidos a las chambres de bonnes de sus pequefios cenaculos, sinv que pocu a poco han ido procurandose los medios para destilar a plena luz por los beaux quartiers. Afi tras afio, sus empresas han ido afirmandose y diversifi- c4ndose. Han conseguido 1a simpatia o la amistad de un numero cada vez mayor de investigadores, escritores y universitarius, sus trabajos han encontrado aprecio en los mas diversos sectores de la clase politica y al- gunos han sido invitados a colaborar en publicaciones de gran tirada. En consecuencia, el silencio era ya imposible. Reconozcamos que no habian faltado sintomas de lo que iba a ocu- rrir. Hacia aproximadamente dos afios que el tcma estaba en el aire. En mayo de 1977 publiqué una «antologia critica de las ideas contempora- neas», titulada Vu de droite (Copernic), que suscité buen numero de co- mentarios elogiosos. La Academia Francesa le concederia al afio siguiente su Gran Premio de Ensayo. Sin embargo, las innumerables recensiones a ella dedicadas no consiguieron romper el silencio de las dos grandes a columnas del progresismo burgués: Le Nouvel Observateur y Le Monde. Pero meses més tarde, Le Monde daba cuenta (por vez primera) del XII coloquio nacional del GRECE, que acababa de reunir en el Palacio de Congresos a un millar de personas en torno al tema «Las ilusiones de la igualdad», con la participacién de Julien Cheverny, del Partido Socialista; Thierry Maulnier, de la Academia Francesa; Henry Gobard, profesor en Vincennes, y el director del Instituto de Psiquiatria de la Universidad de Londres, Hans J. Eysenck, cuyo ensayo sobre la desigualdad del hombre (L'Inégalité de homme, Copernic, 1977) suscitaba entonces violentas po- lémicas. Por la misma época, al encargarme Louis Pauwels de la cré- nica del «movimiento de las ideas» en el Figaro-Dimanche (més tarde pasaria al Figaro-Magazine), las tesis de la ND, ya bien representadas en la prensa, encontraron un nuevo «reducto» donde expresarse. En Nueva York, Thomas Molnar hablé en el semanario National Review de «golpe de estado cultural». En el curso de Jos tres o cuatro ultimos afios, decia, «al menos la mitad de la vida cultural ¢ intelectual francesa ha pasado a estar dirigida por Ja derecha». Por su parte, André Harris y Alain de Sédouy publicaban Qui n'est pas de droite?, obra con la que esperaban contribuir al inicio de una discusién sobre el tema. Su esperanza se vio defraudada. Jean Bothorel escribiria mas tarde, en La République mon- daine (Grasset, 1979), palabras reveladoras acerca de la absoluta negativa de la intelligentsia a entrar en el debate. En marzo de 1978, Gilbert Comte —quizds el unico periodista de Le Monde con una cultura de derecha— publicaba una serie de articulos titulados interrogativamente Une nouvelle droite? La hipoteca que su- ponia ese signo fue levantada pocos meses mas tarde. El 18 de septiembre, Claude Roy se preguntaba en Le Nouvel Observateur: «¢Para qué sirve esa Nueva Derecha?», por los mismos dias en que Le Point (11 de sep- tiembre) publicaba una encuesta sobre «la gran colada de las ideas», en la que Pierre Billard afirmaba: «Se ha armado el zafarrancho en el mun- do de las ideas aceptadas (...). La izquierda pierde entre la intelligentsia su funcién de ideologia dominante. Alguien ha levantado la pesada tapa de la marmita marxo-socio-freudiana, y al fin se respira en los jardines del pensamiento.» Como vemos, el monopolio cultural llevaba ya plomo en el ala. Mien- tras la intelligentsia pudo beneficiarse de él, se conformé, mal que bien, con esa especie de reparto de poderes que habia llegado a implantarse. Podia soportar frente a ella a una derecha liberal economizante, gestio- naria y desdefiosa de las ideas (aunque presta a dejarse tentar por todas las ideologias de moda). Tampoco tenia inconveniente en tolerar a una vieja derecha nostdlgica, crispada en sus rencores, errores y prejuicios. Eran los adversarios ideales, un modo de hacerse valer. La intelligentsia tenfa en su mano las riendas de las ideas gencrales y los valores impli- citos, y sobre todo las de los mitos sociales de que se nutre el espiritu de nuestra época. Frente al realismo un tanto inquietante de la derecha liberal, frente al folklore de la derecha arcaica, encarnaba la cultura, el saber, Ja buena conciencia, la conciencia moral. Y he aqui que en el mismo momento en que, a los seis u oho afios de las barricadas, el «mo- vimiento de mayo» se desintegraba a golpes de amarguras y desilusiones, la Nueva Derecha, nacida también en 1968 (aunque de forma mucho més 13