La nación española

SUSO DE TORO
EL PAÍS - Opinión - 23-09-2005
El principal rasgo de la sociedad española actual seguramente sean la delgadez y fragilidad del
suelo sobre el que se levanta. Y debajo de ese suelo, un vacío cultural y aun moral. Un vacío que
nace de la falta de continuidad, de la ruptura. Una ruptura que se hizo en dos fases brutales y
consecutivas primero, la guerra civil y la amputaci!n, mediante un verdadero genocidio de las
minorías m"s activas y preparadas pueblo a pueblo y ciudad a ciudad. Y luego, aquel cuerpo
social debilitadísimo y aterrorizado se vio obligado a metamorfosearse y e#iliarse del rural al
arrabal$ un tremendo %#odo del campo a la ciudad que cre! en apenas una d%cada masas
informes. &ada sobrevivi! a esos '( años, ni la poca cultura cívica ganada por las clases
intelectuales urbanas, ni la memoria y el orgullo de las clases trabajadoras, ni la cosmovisi!n y la
identidad de los campesinos. )!lo sobrevivi! el instinto de supervivencia, elevado al absoluto. Y
disueltas previamente todas las estructuras cívicas, la supervivencia s!lo podía canalizarse de
forma individual o a trav%s de la familia.
*a fortaleza de la familia a+n hoy es un rasgo específico de la sociedad española que en sí mismo
es ben%fico, pero que est" originado en tiempos recientes por la debilidad de las estructuras
cívicas. *os rasgos de la familia tradicional son el ,-& de nuestra cultura cívica personas
fuertes afectivamente, con e#presiones abundantes de afecto y moment"neo altruismo,
individualistas pero gregarios, y con un desprecio por los bienes comunes y un incivismo
profundo. .uiz" seamos m"s generosos que otras sociedades, pero somos peores ciudadanos.
/orresponde mejorar lo segundo sin perder lo primero.
, cada familia se le ofreci! el pan blanco, becas para los hijos, las gradas de los campos de f+tbol
y la quiniela del domingo. , cambio, los dueños del pan, de las becas, de las gradas y de la
quiniela pedían no la amnesia, pues no se produce de modo voluntario, sino algo peor la
traici!n al pasado, a la propia identidad. &egar lo vivido. El pan por la dignidad, o al menos por
la sumisi!n. Y la sumisi!n crea s+bditos.
0ero la democracia, la vida nacional, la crea la ciudadanía, las personas libres que pactan la
convivencia sobre derechos y deberes. 1sos que corren en motos que braman o en 23s
atronantes sin importarles atropellar a niños o ancianos son nietos de los que antes iban
caminando o en burro a trabajar a la finca, o luego en bici o motocicleta a la obra. 4uimos
siervos embrutecidos y somos brutales consumidores. Y el consumidor dionisíaco, guiado
+nicamente por el deseo, es el enemigo del ciudadano apolíneo, que pretende un equilibrio entre
sus deseos y lo posible y deseable.
3ambi%n es cierto que, e#terminada la cultura política democr"tica en la que se bas! tan
precariamente la 55 6ep+blica, las organizaciones de la oposici!n al 6%gimen nacional cat!lico
despreciaban o no sabían c!mo relacionarse con la cultura democr"tica, todo ello pertenecía a lo
7burgu%s7. *a oposici!n de izquierdas, la que luch! por la democracia, parad!jicamente se
sentía confusa ante la democracia, no podía ser así una buena maestra de la sociedad. 3ampoco
la lucha de las nacionalidades podía serlo, pues, como la izquierda sindical, traían
reivindicaciones y agendas políticas que habían caducado. Eran culturas políticas reivindicativas
de lo perdido, de resistencia, pero que necesitaban adaptarse al mundo e#istente, a vivir nuestro
tiempo.
3ras el pacto fundacional donde todos tuvieron que sacrificar algo, nuestros políticos se han
dirigido m"s al consumidor que al ciudadano. 8an sido m"s maleducadores que educadores,
han usado m"s del populismo electoralista, del halago a las masas de votantes que del di"logo
con personas maduras, que implica la autocrítica y el esfuerzo por conocer. 4ueron años en que
mejoraron nuestras vidas, pero perdidos en cuanto a crear ciudadanía.
0ero esta sociedad d%bil carece, adem"s, de un proyecto nacional, un proyecto com+n claro. *a
3ransici!n ofreci! un estado de "nimo compartido, una esperanza. El sentimiento de alivio, un
horizonte en principio despejado y los buenos deseos parecieron bastar para trazar ese espacio
com+n de convivencia. 0ero las cosas no siguieron de ese modo, hasta hoy. 8oy, el imaginario
que nos une, la conciencia de ser conciudadanos, de pertenecer a un mismo espacio social, es
muy d%bil. 0or un lado, la oposici!n democr"tica tuvo que aceptar símbolos como el himno o la
bandera modificada del 6%gimen$ por otro, una instituci!n que es clave en el sistema
institucional y aun en el ideol!gico como es la 9onarquía naci! como un compromiso entre los
que combatieron al 6%gimen y los que eran sus partidarios, y se mantiene desde entonces en
una posici!n de equilibrio, aunque en la pr"ctica sea aceptada por la gran mayoría. 0ero lo que
m"s ha distorsionado y retrasado el crear una conciencia compartida, una conciencia nacional
com+n, es la persistente resistencia a buscar un encaje a la diversidad nacional interna. En estos
años pasados se han asentado en la sociedad distintos discursos nacionales y nacionalistas,
pr"cticamente todos ellos particularistas. 3odos discursos centrípetos pero que chocan entre sí,
el resultado es como una caja llena de peonzas, una m"s grande y otras m"s pequeñas, que
danzan sobre sí mismas tropez"ndose.
Y ahora, esa tarea de acomodarnos todos sin tropezarnos y de buena fe vuelve a estar sobre la
mesa, ha llegado bajo distintas palabras 7la España plural7, 7plurinacional7, 7federal7, 7naci!n7,
7reforma estatutaria7... )e ha plantado de nuevo en el centro y est" bien que así sea, pues es
tema central en todos los sentidos. 0or eso es decisivo que se comprenda que por un lado la
democracia se asienta sobre la conciencia com+n de una sociedad, la democracia es la naci!n$
del modo en que son hoy las naciones en nuestra Europa y en nuestro tiempo, claro. Y la naci!n
democr"tica se construye por la adhesi!n de los ciudadanos, por un movimiento voluntario de
inclusi!n en un espacio imaginario com+n. *os ciudadanos españoles, si hemos de convivir y
hacerlo del modo m"s beneficioso para nosotros y para los dem"s, precisamos compartir un
espacio com+n, nacional$ sin ello, una sociedad carece de nervio moral, de cultura cívica, y ser"
siempre insegura y d%bil, a merced de populismos y vaivenes. Y es decisivo tambi%n que se
comprenda que la e#istencia dentro del Estado de comunidades con conciencia de ser naciones
es un hecho real y consistente, con honda raíz hist!rica y con el apoyo consciente y constante de
millones de ciudadanos que apoyan a partidos que e#presan esa demanda de reconocimiento
nacional. Es una evidencia hist!rica y social tan s!lida que no haría desaparecer una imagina
:da reforma de la ley electoral que pretendiese impedir la e#istencia parlamentaria de esos
partidos. Eso sería el fin del sistema político y haría inviable la e#istencia de España. 8ay que
aceptarlo, España es así, nacionalmente compleja. 0orque la vida es compleja y el día a día nos
enseña que en nuestro entorno conviven la conciencia de ciudadanía con conciencias de
pertenecer a un pueblo. Es lo que hay, es lo que somos. Y creo que es para estar contentos.
,l tiempo, es necesario que todos los partidos democr"ticos hagan un esfuerzo por revisar
autocríticamente el recorrido político anterior y sustituir la actitud de reafirmaci!n
particularista por el respeto, atenci!n y di"logo, iniciar un movimiento inclusivo. 4altan
puentes. Y falta tambi%n un espacio imaginario nacido del reconocimiento de los otros y con la
necesaria actitud amistosa que une a ciudadanos y pueblos. 0ero los espacios imaginarios, esa
conciencia com+n, tienen que encarnar y tomar tierra. Y ahí es donde entra en juego 9adrid. &o
el 9adrid de los vecinos con sus ansias cotidianas, sino su doble, esa otra ciudad imaginaria o
imaginada que se le superpone y que es la ciudad que debe ser el lugar de encuentro. /reo que
;arcelona tiene los merecimientos sobrados para ser una segunda capital del Estado, pero no
tendría sentido discutirle a 9adrid su papel central. Y de eso se trata, de que ese 9adrid de
instituciones, de poderes y medi"tico sea un espacio central c!modo para todos un 9adrid
federal y abierto. -e que junto a los mensajes particularistas que hoy lo atestan y encierran se
abran paso mensajes de reconocimiento y de llamadas al di"logo y la adhesi!n. -e que se creen
ahí lugares de encuentro que hoy faltan.
0ero las actitudes y esfuerzos particulares no bastan para crear un espacio español com+n si no
acompañan las fuerzas políticas, especialmente aquellas que tienen m"s poder y, por tanto, m"s
responsabilidad. 1ste es un momento de debate nacional en muchos planos. En el plano de la
política, los partidos que buscan el reconocimiento nacional para sus comunidades, que
consideran ahogadas, tendr"n que hacer un esfuerzo de empatía y comprensi!n, pues no s!lo los
ciudadanos de esas comunidades tienen una demanda de identidad nacional$ tambi%n los dem"s
ciudadanos que se sienten nacionalmente españoles a secas tienen la necesidad de una
certidumbre. &o es sensato ni justo reclamar el legítimo derecho a ser ciudadanos de una naci!n
propia sin tener en cuenta los sentimientos, intereses y el derecho de los otros a tener una
naci!n clara a la que pertenecer, una naci!n que no les resulte insoportablemente amputada. )u
tarea es construir esa naci!n que desean sin quitarles naci!n a otros.
3iene m"s responsabilidad que %stos el 00, que hasta ahora est" instalado en una posici!n
meramente retardataria y obstaculizadora. &o sabemos si ser" capaz de salir de las posiciones
hiperideol!gicas en que se encuentra, donde las palabras 7naci!n7 y 7España7 no est"n siendo
+tiles para ordenar la convivencia, sino instrumentos para uso partidario. )u idea nacional est"
demasiado cercana a+n a la que sostuvo el 6%gimen nacional cat!lico como para ser tomada en
serio por todos. )i no la revisan, se quedar"n al margen de la realidad social. 5U se muestra
abierta a las discontinuidades culturales y políticas que componen el Estado, aunque
seguramente su debate interno no le ayude a ofrecer un modelo de Estado claro.
0ero es el partido socialista el que tiene la gran responsabilidad, pues no s!lo ocupa el 2obierno$
tambi%n tiene responsabilidades en los gobiernos de las comunidades aut!nomas m"s
implicadas en este gran debate que debe ser com+n. El 0)<E es el partido de "mbito estatal que
m"s poder territorial gestiona, y ocupa un papel singular en Eus=adi, /ataluña y 2alicia$
tambi%n en ,ndalucía. Y ha sido su m"#imo dirigente y presidente del 2obierno quien nos ha
lanzado a todos una invitaci!n para una tarea compartida, la 7España plural7. Es sobre los
socialistas sobre quienes recae ahora la gran responsabilidad de integrar, de incluir, de crear ese
espacio com+n que no puede levantarse de ning+n modo sobre la negaci!n de lo evidente$
somos diversos, plurinacionales, plurales, como se quiera. Esa conciencia com+n es en la que
podr"n incluirse luego inmediatamente todos esos nuevos ciudadanos que llegan con lenguas,
culturas, religiones diversas, que ya est"n cambiando nuestras ciudades y pueblos de un modo
que a+n no estamos viendo, pero que debe preocuparnos. En ese argumento com+n y
compartido es donde deber"n integrarse.
Es una gran responsabilidad, sin duda, pero con seguridad no estar"n solos si a lo que se
convoca es a renovar la ilusi!n de una España en la que voluntariamente queramos estar todos.