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Sinopsis Traducido por Simoriah Para los cinco sexys dioses del rock de Sole Regret, encontrar

Sinopsis

Traducido por Simoriah

Para los cinco sexys dioses del rock de Sole Regret, encontrar el amor es fácil, mantenerlo es difícil.

Una noche más…

Por casi un año, Madison ha sido el enganche de Adam cada vez que su banda, Sole Regret, pasa en su gira por Dallas. Pero a pesar de la forma en que él enciende su cuerpo con pasión, la ocasional noche de sexo que sacude su mundo no es suficiente. Necesita un compromiso y sabe que eso no tiene lugar en el estilo de vida de estrella de rock de Adam. Madison se tomará una noche caliente con el sexy músico antes de cortar para siempre con todos los lazos que la unen a él. Incluso si debe romper su propio corazón para hacerlo.

Para tentarlo…

La vida no son todo luces brillantes y adulación de los fans para el guitarristas principal de Sole Regret. Madison ha visto a Adam en lo peor y aun así se las arregló para sacar lo mejor de él. Su lado travieso, astutamente oculto, también saca la bestia en él. Nunca ha conocido a una mujer más tentadora en su vida.

Madison no tiene problemas en tentar a Adam hasta llevarlo a su cama pero, ¿puede tentar a su corazón a darle una oportunidad al amor?

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Índice Capítulo 1 Capítulo 2 Capítulo 3 Capítulo 4 Capítulo 5 Capítulo 6 Capítulo 7

Índice

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Capítulo 12

Capítulo 13

Capítulo 14

Sobre la autora Olivia Cunning

“Take Me”, sinopsis y portada

Staff

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Capítulo 1 Traducido por Clau12345 Corregido por Curitiba El corazón de Adam se aceleró mientras

Capítulo 1

Traducido por Clau12345

Corregido por Curitiba

El corazón de Adam se aceleró mientras esperaba que Madison contestara el teléfono. La simple anticipación de oír su voz lo emocionaba. No tenía problemas tocando un solo de guitarra ante quince mil fans, pero la perspectiva de hablar con una dulce mujer le hacía sudar las palmas de las manos. Condenadamente patético. Si sus compañeros de banda se enteraban de su obsesión, se burlarían de él sin parar.

Todo el grupo tendía a conspirar en contra de cualquier miembro que estuviera encaprichado con una mujer, y Adam no quería ser su objetivo actual. Ése era el papel de Gabe esta semana. De pie cerca de la parte posterior del bus de la gira en el pasillo entre las literas, Adam le dio la espalda a la zona común. Owen y Kellen habían robado el teléfono celular de Gabe cuando se había quedado dormido en el sillón y estaban enviándole mensajes de texto a alguna chica con la que Gabe se había acostado la noche anterior. Adam no tenía idea de cómo Gabe podía dormir con la cantidad de risitas a su alrededor. Tal vez todo ese tamborileo en la batería había dañado permanentemente su audición.

Ahora escribe, “te mostraré el mío, si me muestras el tuyo" dijo Owen mientras Kelly escribía en el teléfono sus palabras. Envíalo, amigo. Más risitas.

Adam se alegraba de que estuvieran ocupados torturando a Gabe mientras él intentaba esconder su debilidad actual.

Hola respondió Madison en el oído de Adam.

Había pasado demasiado tiempo desde la última vez que la había visto. El simple sonido de su voz hacía que sus jeans se apretaran.

Hola, nena dijo en voz baja.

No puedo esperar a verte después del concierto dijo ella.

Es por eso que estoy llamando.

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— Oh. La decepción en la voz de ella hizo que su corazón girara. Maldita

Oh.

La decepción en la voz de ella hizo que su corazón girara. Maldita sea, esta mujer podía reducirlo a papilla con una sola sílaba. Consideró bromear con ella y hacerle pensar que no serían capaces de verse esa noche, pero si hubiera sido al revés y él creyera que estaba cancelando una de sus muy infrecuentes citas, estaría devastado.

Deberíamos llegar a Dallas alrededor de las cinco. Adam echó un vistazo a la litera donde Shade estaba descansando. El entrometido cantante de Sole Regret probablemente estaba dormido, pero su cortina estaba cerrada, así que no había ninguna garantía de que no estuviera escuchando la conversación de Adam. Se aseguró de no alzar la voz cuando preguntó. ¿Quieres que nos veamos para cenar antes del concierto?

¡Sí!

Ahora ya no pudo resistirse a bromear con ella.

¿No? ¿Por qué no?

Sí, Adam. Dije que sí. ¡Sí!

Él rió entre dientes.

¿Sí?

S. I. ¿Dónde? ¿A qué hora? El hecho de que ella estuviese tan emocionada dividió el rostro de Adam en una sonrisa verdaderamente vergonzosa. Gracias a Dios nadie le prestaba atención. Si alguien lo veía sonriendo como el ganador del premio mayor de la lotería, estaría terminado.

Italiano. Cinco y media. Nos vemos dentro. No tenía que decirle qué restaurante. Durante casi un año, había estado viendo a Madison cada vez que el bus de giras de Sole Regret pasaba por Dallas. Su lugar favorito servía unas fantásticas barras de pan y tenía un baño de estilo familiar con una cerradura resistente. El alto tocador que llegaba a la cadera había venido muy bien en más de un encuentro rápido entre el insaciable cuerpo de Madison y el suyo.

¡Hey, Adam! llamó Owen desde su asiento en el sofá. ¿A quién le hablas? ¿A tu novia?

Adán hizo una mueca.

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— Nadie sería tan estúpido como para salir con un promiscuo como él — dijo

Nadie sería tan estúpido como para salir con un promiscuo como él dijo Kellen.

Adam frunció el ceño a la pared y cubrió el teléfono celular con la mano, con la esperanza de que Madison no hubiese escuchado.

Me tengo que ir dijo.

No puedo esperar a verte.

¿Madison? No estaba listo para colgar todavía.

¿Sí?

¿Vas a hacer galletas?

Ella rió suavemente.

No tienes que preguntar, Adam. Ya las hice.

Sus galletas de jengibre hechas en casa eran para morirse, pero sobre todo le encantaba la idea de ella haciéndolas para él, sobre todo porque la imaginaba horneando en un delantal con volantes blancos, botas de vaquero negras y nada más. Sus pechos suaves y redondos estarían totalmente expuestos. Cuando se diera la vuelta y se inclinara para deslizar las galletas en el horno, él tendría una visión clara de su espectacular culo y mucho más. El lazo blanco en el centro de su espalda le rogaría ser desatado y revelar lo que estaba escondido debajo de la parte delantera de ese delantal de fantasía. O quizás si él rogaba de buena manera, ella levantaría la tela y le mostraría sus secretos. Piedad.

Perdido en su fantasía, la entrepierna de los jeans de Adam se contrajo una talla más.

¿Sigues ahí? preguntó ella.

Él volvió a su aburrida realidad.

Sí. Um, ¿Madison?

¿Sí?

¿Podrías usar un vestido para mí? Ella no accedería a vestir sólo un delantal en público, pero un vestido al menos le daría una visión de esas espectaculares piernas suyas. Con una falda corta.

Está bien dijo ella sin aliento.

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Dios querido, ya estaba imaginando la falda fruncida alrededor de su cintura y su ropa

Dios querido, ya estaba imaginando la falda fruncida alrededor de su cintura y su ropa interior apretadas en su puño.

Hasta luego. Él colgó y, lejos de ser tan confiado como Gabe, enterró su teléfono profundamente en el bolsillo, donde los bromistas no pudieran llegar a él.

Adam ajustó su ansiosa polla en una posición donde marcara una tienda menor, tomó una Mountain Dew de la nevera y se metió en la silla vacía al otro lado de Owen y Kellen. Intentó con todas sus fuerzas no sonreír como un imbécil, pero era un desafío con pensamientos de Madison filtrándose a través de su cabeza.

Gabe todavía estaba inconsciente en el sillón a juego junto a Adam. Su baterista debía haber pasado una noche increíble con esa chica contadora de la noche anterior.

Todavía en posesión de Kellen, el teléfono celular de Gabe sonó avisando la llegada de un nuevo mensaje de texto.

¿Qué dijo? preguntó Owen entusiasmado.

¿Mostrarte mis qué? Leyó Kellen en la pantalla.

Pechugas exclamó Owen.

Kellen puso los ojos en blanco.

Gabe no los llamaría pechugas.

Curvas.

Kellen meneó la cabeza.

¿Tetas? sugirió Adam.

Kellen mandó una respuesta.

¿Senos? Leyó Owen por encima del hombro de Kellen. ¿Qué clase de tipo los llamaría así?

Gabe.

Al oír su nombre, Gabe se frotó la nariz con el dorso de la mano y respiró hondo. Sus ojos se abrieron un poco. Le sonrió confiadamente a Adam y de inmediato se volvió a dormir. El teléfono sonó de nuevo.

¿Envió una foto? preguntó Owen en un susurro.

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— No — dijo Kellen — . Dice, “Tú primero. Muéstrame tu pezón y te

No dijo Kellen. Dice, “Tú primero. Muéstrame tu pezón y te mostraré el mío. Ver tus piercings hace que mis pezones se endurezcan tanto”. Kellen leyó el texto en un tono monótono, como si verbalizara las cotizaciones de la bolsa de valores.

Whoa dijo Owen. Y se veía tan dulce.

Adam sabía cuán traviesas podían ser esas chicas con caras dulces.

Hey, Tex llamó al conductor. ¿Cuánto falta para llegar a Dallas? Y a Madison.

Un par de horas dijo Tex desde la parte delantera del bus.

¿Deseoso de ver a tu novia? preguntó Owen con una sonrisa perspicaz.

No es mi noviadijo Adam. Sólo un gran pedazo de culo que me gusta follar. Sabía que lo dejarían en paz si pensaban que Madison no significaba nada para él.

¿Cómo tomamos una foto del pezón de Gabe? preguntó Kellen. Miró el pecho de Gabe apreciativamente, inclinando la cabeza de derecha e izquierda y usando ambas manos para hacer un pequeño marco con los dedos para su inspirada obra maestra, Chico con Aro de Perla en el Pezón.

Tú lo sujetas dijo Owen. Yo tomo la foto.

Kellen negó con la cabeza.

Adam bebió su trago lleno de azúcar y esperó a que Kellen y Owen hicieran su movimiento sobre Gabe. Realmente no podía esperar a ver la venganza de Gabe.

Bien dijo Owen. Yo le salto encima, tú tomas la foto y la envías antes de que sepa lo que está sucediendo.

Tal

vez

deberíamos

condenadamente duro.

tranquilizarlo

primero

dijo

Kellen.

Golpea

La mano de Gabe de repente cubrió su barriga. Sus ojos se abrieron de golpe.

¿Dónde está mi teléfono? preguntó, la voz espesa por el sueño.

Kellen lo metió debajo del muslo de Owen.

No tengo idea.

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El aparato sonó con el tono característico de Gabe desde debajo del bajista que lucía

El aparato sonó con el tono característico de Gabe desde debajo del bajista que lucía como alguien que no tramaba nada bueno. Gabe fijó a Owen con la mirada. Gabe lucía peligroso. Mohawk negro y carmesí. Tatuajes tribales de dragón en el cuero cabelludo. Un largo, enjuto cuerpo de baterista, todo músculo y tendones que golpeaba con fuerza. Pero todos conocían a Gabe demasiado bien como para estar intimidados por su aspecto. Sus puños, por otro lado

¿Qué estás haciendo con mi teléfono, imbécil?

Owen, con los grandes ojos azules luciendo de lo más inocentes, sacó el teléfono de debajo de su pierna y miró la pantalla.

Oh sí, éstas sí que son unas lindas tetas. Podría lamerlas por horas.

Supongo que realmente no tenía necesidad de ver los piercings de Gabe para que sus pezones se pusieran duros dijo Kellen mientras miraba la pantalla por encima del hombro de Owen.

¿Melanie? Los ojos de Gabe se entrecerraron peligrosamente.

Oh, sí dijo Owen. Definitivamente me gustaría presionar esas bonitas tetas alrededor de mi polla y darle a la novia de Gabe un bonito collar de perlas 1 .

El rostro de Gabe se puso tan rojo como las puntas carmesí de su mohawk.

No deberías haber ido allí, Owen dijo Adam con una risa ahogada.

Gabe se lanzó fuera del sillón y sobre Owen. Kellen tuvo el sentido de trepar fuera de su camino.

Oh, Melanie incitó Owen a Gabe. Sí, nena, lame la cabeza de mi polla mientras follo esas redondas tetitas.

¡Te haré pagar!

Claro, pagaré por ello dijo Owen, riendo a través de los fuertes golpes de Gabe. Tengo tus cinco dólares justo aquí, cariño. Se tomó la entrepierna sugestivamente.

Adam recogió el teléfono de Gabe, que había aterrizado en el suelo junto a sus pies. ¿Qué mejor manera de mantener su propio interés romántico por debajo del radar que unirse a acosar a Gabe? La imagen de los pechos de Melanie insinuaba una

1 N. de T.: acto sexual en el que el hombre eyacula sobre el cuello y pecho de la mujer.

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belleza poco común, pero Adam estaba seguro de que la borrosa foto no les hacía

belleza poco común, pero Adam estaba seguro de que la borrosa foto no les hacía justicia. Sin embargo, silbó largo y fuerte.

Lindo. Tal vez nos muestre más. Adam presionó el botón de responder, sumándose a la miseria de Gabe. Son tan hermosas como recuerdo de anoche dijo Adam mientras componía un nuevo mensaje de texto. Pero sabes lo que realmente quiero ver. Presionó enviar y le pasó el teléfono a Kellen, que ahora estaba de pie entre los dos sillones reclinables para mantenerse fuera del camino de la pelea entre el baterista y el bajista.

Muéstrame lo que hay en tu ropa interior dijo Kellen mientras escribía. Y envíalo.

La distracción de Kellen efectivamente llamó la atención de Gabe. Gabe abandonó a Owen, que estaba inmovilizado en el suelo ya fuera de dolor o de risa. Se frotó las costillas con una mano y se agarró el estómago con la otra mientras jadeaba en busca de aire entre risas. Gabe se tambaleó hasta ponerse de pie y agarró a Kellen por la parte posterior del cuello. Kellen tomaba su cuarto de herencia Comanche muy en serio. Además de mantener siempre su cabello negro lacio largo y bien cuidado, también tenía una vendetta personal contra el uso de camisas. Hacía que agarrarlo bien fuera un desafío.

Dame mi teléfono, Kellen.

Kellen lo entregó con calma.

para

masturbarte que puede ayudarte en tu intento de mantener una relación

monógama a larga distancia.

Deberías

estar

agradeciéndonos

dijo.

Ahora

tienes

material

Nunca va a durar dijo Owen, todavía tendido en el suelo, jadeando en busca de aire.

El teléfono de Gabe sonó de nuevo y él bajó la mirada a la pantalla. Sus ojos se abrieron ante cualquiera fuera la imagen que Melanie le había enviado.

Dulce Jesús juró por lo bajo.

Déjame ver. Owen utilizó el sofá para levantarse del suelo. Toma su teléfono, Kelly.

El par de amigos acorraló a Gabe contra el refrigerador.

Gabe sostuvo las manos por encima de sus cabezas.

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— Aléjense. Nadie ve esto excepto yo. Adam se preguntó si Madison le enviaría una

Aléjense. Nadie ve esto excepto yo.

Adam se preguntó si Madison le enviaría una imagen sexy. A él le encantaría tener algo para recordarla en todas esas largas y solitarias noches en la carretera. Quizás le permitiría tomar una foto con su teléfono mientras tenían sexo, una toma de su hermoso coño lleno con su polla.

Adam tiró del cierre de su pantalón. Maldita sea, pero estos jeans que se achicaban increíblemente eran incómodos. Y ya tenían que estar cerca de su destino.

Tex le gritó al conductor. ¿Cuánto tiempo falta para llegar a Dallas?

Una hora y cincuenta y nueve minutos gritó Tex. Mantén tus pantalones puestos, semental. Su coño todavía estará caliente cuando llegues allí. Tex se rió con tanta fuerza que Adam pensó que le estallaría una vena en el cuello ancho y colorado.

Adam miró hacia la parte trasera del bus para ver si estaba a punto de convertirse en el nuevo blanco de las burlas de su banda. Afortunadamente, Kellen y Owen estaban demasiado ocupados tratando de arrancar el teléfono de Gabe de su asidero mortal como para haber escuchado la pulla de Tex.

Adam apoyó los codos en sus rodillas y tomó otro sorbo de su lata. El camino entre Tulsa y Dallas tenía que ser el más largo de la existencia.

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Capítulo 2 Traducido por Dai Corregido por Nanis Madison intentó reprimir sus revoloteos excitados cubriéndose

Capítulo 2

Traducido por Dai

Corregido por Nanis

Madison intentó reprimir sus revoloteos excitados cubriéndose el vientre con ambas manos y respirando hondo varias veces. Los intentos de calmar sus nervios agitados no sirvieron de nada. Entre las mariposas y la sonrisa perpetua, era un desastre. Habían pasado semanas desde la última vez que había visto a Adam, y no había sido capaz de pensar en otra cosa en todo el día sino en estar en sus brazos, su cama y, con suerte algún día, en su corazón.

Se encontraría con Adam en media hora para cenar. Los segundos pasaban tan lentamente que se preguntaba si las pilas del gran reloj de madera de pared iban a agotarse. Aunque sabía que su relación con Adam no era exclusiva (¿acaso los guitarristas conocidos mundialmente tenían alguna vez relaciones comprometidas?), nunca se sentía viva a menos que él estuviera cerca. Adam le había abierto los ojos, la mente, el corazón y sí, los muslos, a todo lo que era maravilloso en el mundo. Sólo la perspectiva de verlo la abrumaba con asombro, anticipación, alegría y sí, lujuria jadeante.

No estoy segura de por qué estás sonriendo, Madi dijo su hermana gemela. Kennedy puso ambas manos en los hombros de Madison desde atrás y atrapó sus ojos azules con los suyos en el antiguo espejo de la cómoda. Todo lo que siempre hace es lastimarte.

Madison frunció el ceño. Estar con Adam era la mayor alegría en una vida ya plena. Sólo que Kennedy no entendía.

Sólo me lastima cuando se va.

Y eso es lo que mejor hace. Irse.

Tiene que hacerlo dijo Madison. Sole Regret todavía está de gira.

—Madi… —El labio inferior de Kennedy sobresalió en un mohín infeliz.

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— No me hagas esto, Kennedy. Sabes que lo amo. No hay nada que pueda

No me hagas esto, Kennedy. Sabes que lo amo. No hay nada que pueda hacer.

¿Qué hay acerca de no ir corriendo cada vez que te llama? ¿Qué hay con decirle que si no se compromete contigo, entonces terminaron? ¿Qué hay con recordarle cómo era cuando lo conociste?

¿Cómo podía olvidarlo?

Ahora está limpio.

Tú más que nadie deberías darte cuenta cuán improbable es que permanezca así.

Como una consejera licenciada en dependencia química, Madison era muy consciente de cuán común era para un adicto volver a caer en la red del abuso de sustancias, pero nunca se rindió con ninguno de sus clientes, incluso con los casos más desesperados, y Adam no era la excepción. Haría cualquier cosa para evitar que cayera en el profundo y oscuro infierno en el que lo había encontrado.

Ahora está limpio repitió.

Los brazos de Kennedy se deslizaron alrededor de la cintura de Madison, y dejó caer su frente contra la parte de atrás del hombro de su hermana.

¿Cuánto tiempo estará en la ciudad esta vez?

El corazón de Madison se estrujó en su pecho, sabiendo cuán triste se sentiría cuando tuviera que despedirse de él en la mañana.

Sólo una noche. Iremos a cenar temprano antes de su concierto y más tarde se comprometió a pasar tiempo a solas conmigo. Mañana salen hacia Austin.

Los brazos de Kennedy se apretaron alrededor de ella.

Entonces supongo que te veré mañana. Iremos a cabalgar este fin de semana. Eso debería alegrarte un poco. Bufó. Y tal vez Papá escuche cuando le digamos cuánto los caballos necesitan ejercicio.

Realmente, Madison debería visitar a sus padres más a menudo. Estaban a unos pocos kilómetros de distancia en la mitad sur del rancho que su padre había heredado de los abuelos de Madison. Su padre les había regalado a sus hijas la antigua granja donde él había crecido después de construir un nuevo lugar por la carretera con grandes establos para los caballos. Trasladarse a Dallas cada día laborable hacía que su vida fuera agitada, así que Madison no tenía mucho tiempo para los pasatiempos que amaba. Aun cuando Kennedy y ella vivían en la misma

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casa, las dos estaban tan ocupadas con sus carreras que raramente pasaban tiempo juntas. Extrañaba

casa, las dos estaban tan ocupadas con sus carreras que raramente pasaban tiempo juntas. Extrañaba sus largos y polvorientos paseos a caballo a través del campo.

Me encantaría dijo Madison.

Si dio vuelta para darle a su hermana un abrazo apropiado. Sabía que Kennedy sólo quería que encontrara amor verdadero y duradero. Y Madison había encontrado alguien a quien amar. Desafortunadamente, Adam no era el tipo de hombre que pudiera ser atado… ni siquiera por una antigua reina del rodeo.

El suelo de madera crujió bajo sus botas cuando Madison se alejó de Kennedy y comprobó su apariencia una vez más. Sacó un cabello suelto de su vestido, alisó una arruga y tiró del corto dobladillo de su falda para asegurarse de que todo estuviera cubierto. Normalmente no vestía pequeños vestidos negros sexys que apenas cubrían su trasero. Se sentía medio desnuda. Y traviesa. La forma en que le gustaba sentirse cuando estaba con Adam. La forma en que ningún otro hombre la había hecho sentir.

Luces hermosa dijo Kennedy. Siempre fuiste la bonita.

Madison rió. Eran idénticas en todas las formas excepto por el pequeño lunar en el extremo del ojo izquierdo de Madison.

Y tú siempre fuiste la inteligente, Dra. Fairbanks.

Kennedy acababa de conseguir su doctorado en psiquiatría. Todavía tenía que completar años de residencia, pero Madison no podía estar más orgullosa de su hermana siete minutos menor. Era casi como si los logros de Kennedy fueran suyos. La felicidad de Kennedy era suya. Compartían más que sólo apariencia. Madison entendía por qué Kennedy se oponía a que viera a Adam. Si Kennedy hubiera sido la que dejara todo tirado por pasar una noche con un hombre, Madison habría sido la que tratara de hacerla entrar en razón. Pero entender el consejo de Kennedy y seguirlo eran dos cosas diferentes.

Eso es evidente dijo Kennedy. Soy demasiado inteligente como para dejar que una egoísta estrella de rock me maneje de la nariz.

No me maneja de la nariz. Madison le frunció el ceño a Kennedy, pero pensamientos de Adam pronto la tuvieron sonriendo. Su poder sobre mí está un poco más al sur. Si alguna vez tuvieras sexo con el hombre, lo entenderías.

Siempre podría hacerme pasar por ti y descubrir qué me he estado perdiendo. Kennedy le guiñó un ojo. Madison sintió la sangre abandonar su rostro, dejándola

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un poco mareada. Ya era suficientemente malo que Adam sin duda durmiera con mujeres sin

un poco mareada. Ya era suficientemente malo que Adam sin duda durmiera con mujeres sin nombre durante la gira, pero si tenía sexo con su propia hermana, Madison estaría devastada. Sabes que nunca te haría eso dijo Kennedy, su sonrisa burlona esfumándose. Lo sabes, ¿verdad? Kennedy la golpeó en el brazo con el dorso de la muñeca. ¿Madison?

Madison asintió.

Ahora, si el lindo bajista de su banda quiere introducirme a su psiquis, no me negaría.

¿Owen?

¿El hermoso con el pene perforado? Kennedy sonrió y movió las cejas.

El rostro de Madison ardió. No estaba segura de por qué había compartido esa porción de información privilegiada con Kennedy. Madison había estado tan sorprendida por la idea que había tenido que decírselo a alguien.

Eso he oído.

¿Estás segura de que no lo viste? Estás sonrojándote como loca.

Madison negó vehementemente con la cabeza. Había oído a Adam bromeando con Owen sobre eso, eso era todo. Con la curiosidad despierta, había buscado en internet cómo lucía un pene perforado y descubrió que había más de una forma de perforar un pene. Una vez que hubo levantado su quijada del piso y volvió a poner los ojos en sus órbitas, le contó a Kennedy sobre la, um, modificación de Owen. Su hermana parecía un poco obsesionada con eso.

Podría presentártelo. Si quieres.

Tal vez dijo Kennedy. Me gustaría saber qué impulsa a un hombre a hacerle algo así a su propio cuerpo.

Madison soltó una risa ahogada. Debería haber sabido que Kennedy estaría más interesada en el estado mental de Owen que en sus atributos físicos.

Madison giró la cabeza para comprobar la hora. Mientras que el maldito reloj había avanzado lentamente todo el día, inexplicablemente había avanzado rápidamente quince minutos desde la última vez que lo había mirado. Su agitado estómago se cayó.

Tengo que irme. Voy a llegar tarde.

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Kennedy cruzó los brazos sobre el pecho y tamborileó los dedos sobre sus bíceps. —

Kennedy cruzó los brazos sobre el pecho y tamborileó los dedos sobre sus bíceps.

Quizás deberías hacer que te espere por una vez.

Tal vez. Pero la idea de perder siquiera un momento con él hizo que sus ojos ardieran con lágrimas no derramadas. Oh Dios, estoy tan loca por él. Sabía que era una tonta. ¿Qué podría salir de un amorío unilateral con una estrella de rock?

La próxima vez. Corrió por el pasillo, el cual estaba decorado con fotografías de la familia en marcos que no combinaban. Por costumbre, se besó la punta de los dedos y los presionó contra la foto de su difunta abuela en su camino hacia el comedor. Madison todavía sentía su energética presencia con autoridad en la vieja casa, razón por la cual dudaba en mudarse a la ciudad.

Adiós, abu. No me esperes despierta. En la pequeña y ordenada cocina, Madison tomó su bolso y el recipiente cerrado con galletas de jengibre que había pasado horas horneando esa mañana, antes de salir corriendo por la puerta trasera.

Llámame si necesitas algo gritó Kennedy tras ella.

Lo haré. ¡Te quiero! Madison estaba segura de que Adam tenía todo lo que posiblemente podría necesitar latiendo dentro de su pecho musculoso. No tenía esperanzas de conseguir lo que realmente quería de él, aunque conformarse con lo que tenía en su pantalón no era una gran dificultad.

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Capítulo 3 Traducido por Dai Corregido por La BoHeMiK Había pocas cosas que hacían que

Capítulo 3

Traducido por Dai

Corregido por La BoHeMiK

Había pocas cosas que hacían que el corazón de Adam retumbara como un tambor de batería en un concierto de heavy metal: el primer aplauso de la multitud cuando aparecía en el escenario; ver a Madison Fairbanks entrar a una habitación; cualquier criatura con seis o más patas; ver a Madison Fairbanks lucir ansiosa y perdida cerca de la entrada de un restaurante; sirenas de tornado en la noche; ver a Madison Fairbanks revisar una habitación buscándolo.

Madison todavía no lo había visto, lo que le dio un momento para admirar su inocente belleza. Vestía un pequeño vestido negro que se ceñía a sus ligeras curvas con un amplio y bajo escote que mostraba la piel bronceada de su garganta y su pecho. Sus clavículas estaban visibles.

Él tenía una debilidad por las clavículas. ¿Le había dicho eso? Debía haberlo hecho, porque ella nunca lo decepcionaba. Sonrió al verla con sus sexys botas negras de vaquera. Los muslos de Adam se apretaron ante el grato recuerdo de sus piernas alrededor de él y de esas distintivas botas enterrándose en la parte posterior de sus piernas. Incluso si las gastadas botas no iban exactamente con su elegante vestido, sí iban con Madison.

El cabello rubio de Madison estaba recogido por una pinza en la nuca. No podía esperar a liberar esos sedosos mechones y deslizar los dedos a través de ellos. Para probar sus dulces labios, su piel, sus jugos. Para oler su delicado perfume, el champú frutal, la almizclada evidencia de su excitación saliendo de su sexo. Para sentir sus brazos y sus piernas envolviéndolo, el toque tímido de sus manos, las uñas clavándosele en la espalda mientras su cuerpo desnudo se agitaba contra el suyo en su orgasmo. Demonios, la había extrañado.

Adam tamborileó los dedos en la superficie de la mesa como si estuviera tocando tripletes en su diapasón y esperó a que su sexy cita lo divisara. Un grupo de lo que tenían que ser asistentes al concierto, vistiendo camisetas de Sole Regret y un aura de anticipación, había entrado al restaurante unos minutos antes que ella, y él no

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quería atraer atención sobre sí mismo. Se alegraba de haber solicitado la mesa en la

quería atraer atención sobre sí mismo. Se alegraba de haber solicitado la mesa en la esquina trasera. Tenía una buena vista de la entrada, pero las divisiones de vidrio teñido en la parte superior de cada reservado ofrecían suficiente privacidad de las mesas adyacentes. La decoración también hacía difícil que Madison lo encontrara. Aparentemente, no podía oír su mantra telepático de “aquí, por aquí”.

A la mierda. No podía esperar más. Justo cuando Adam abría la boca para

llamarla, Madison le dijo algo a la anfitriona, quien asintió en dirección a él. Madison se volvió y dio un paso en su dirección. Su corazón dio un vuelco. Cuando la mirada de ella lo encontró, sus bonitos ojos azules se iluminaron y una sonrisa de bienvenida se extendió sobre su encantador rostro. De toda la gente que él conocía,

ella era la única que lo miraba así. La única. Mostraba abiertamente cuán feliz estaba de verlo, no porque él fuera el guitarrista principal de Sole Regret, ni porque pudiera ganar fama o regalos caros al relacionarse con una estrella de rock, sino porque genuinamente le gustaba por quién era. En el interior. Totalmente desconcertante.

Adam no tenía idea de qué era lo que ella veía en él. Cuando se conocieron, él había tocado fondo. Recuperándose en el hospital de una sobredosis casi fatal, había lucido como el infierno. Se había sentido como la mierda.

Había estado tan furioso con el mundo y con todos lo que vivían en él que había actuado como un completo idiota. Madison había hablado con él por horas, nunca criticándolo, jamás renunciando a él, sólo hablando. Y lo que era más importante, lo había escuchado. No porque tuviera que hacerlo como parte de su trabajo, sino porque le importaba. Le importaba él. Sus problemas. Su dolor e ira. No banalizó nada. Ella era la única razón por la que él siquiera intentaba mantenerse limpio. La idea de decepcionarla lo desgarraba por dentro.

Sosteniendo un recipiente de plástico de lo que él esperaba fueran galletas, Madison se apresuró hacia la mesa, sus sexys botas pisando fuerte las baldosas. Demonios, llevaba bien esas botas. Sus largas piernas eran musculosas por los años de montar. Verlas hizo que quisiera tenerla en su regazo. Montando.

La sangre de Adam se calentó más e inundó su ingle.

Oh, Dios dijo ella. ¿Llegué tarde? Espero que no hayas esperado mucho.

Llegaste a tiempo dijo. Yo llegué temprano. Prácticamente había corrido a toda velocidad desde el bus hasta la limusina, pero no tenía por qué saberlo. Ella pensaba que él era genial.

Madison se inclinó hacia él para ofrecerle un casto beso, que él aceptó gustosamente. Mmm. Era tan dulce y pura. Y tan fácilmente corruptible. La mano de

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Adam se movió hacia la parte trasera de su cabeza mientras persuadía a sus labios

Adam se movió hacia la parte trasera de su cabeza mientras persuadía a sus labios para que se separaran, buscando el beso profundo e íntimo que ansiaba. Su lengua rozó la de ella, saboreando el gusto a menta de su boca. Ella emitió un ronco gemido de anhelo. Mierda, era sensual. Y tan inconsciente de su sensualidad. Se excitaba despertando eso en ella una y otra vez. Al descubrir lo que ella encontraba placentero… lo cual usualmente sorprendía a ambos. No se precisaba mucho para sacar a relucir el lado travieso de Madison y tenerla buscando nuevas experiencias. Adam se permitía creer que ella sólo le mostraba su lado más oculto a él, porque si otro hombre la tentaba a tener sexo, se sentiría obligado a romperle la cara al tipo. Luego los testículos. Después su cara de nuevo.

Te extrañé susurró ella cuando él se apartó.

Su corazón se calentó, y él sonrió. Conocía el sentimiento.

¿En serio?

Ella asintió y tomó su mandíbula con la mano, deslizando su pulgar por su mejilla como si fuera precioso para ella. Era la única que alguna vez lo había hecho sentir apreciado. La única. Ella le sostuvo la mirada cuando preguntó.

¿Has estado cuidándote?

Él sabía lo que realmente estaba preguntando. ¿Has estado limpio y sobrio?

Mayormente.

Ella lo inmovilizó con una mirada evaluadora, y él quiso meterse debajo de la mesa.

Se supone que tienes que llamarme cuando tienes esos impulsos dijo ella.

Él prefería llamarla cuando tenía impulsos diferentes. Tenía que estar harta de oír sus problemas.

Madison dejó el recipiente en la mesa, se deslizó en el puesto frente a él y tomó ambas manos entre las suyas. Era la persona más afectuosa que había conocido. No entendía cómo manejaba ser una consejera en el abuso de sustancias. Había visto a más de uno de sus clientes morir de sobredosis. Le habían gritado, insultado e incluso varias veces golpeado.

Algunos no aceptaban su ayuda. Otros se aprovechaban de su infalible bondad. Madison tomaba todos esos casos como una afronta personal, pero en vez de dejar que la destruyeran, los usaba como combustible. Su fortaleza lo dejaba atónito.

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— Habla — insistió ella, sosteniendo su mirada. Él desvió los ojos para concentrarse en

Habla insistió ella, sosteniendo su mirada.

Él desvió los ojos para concentrarse en las manos de ella, que sostenían las suyas confiadamente, y abrió la boca para mentir.

No he tomado nada desde la última vez que te vi. Considerando que la última vez que la había visto fue cuando entró al restaurante, era verdad.

¿De verdad? Ella sonó tan feliz y orgullosa que no se atrevió a mirarla a los ojos.

Había disfrutado de un par de pitadas de un porro entre bastidores la noche anterior; nada importante. Técnicamente, ni siquiera había estado drogado y había sido su primer desliz en semanas. Entonces, ¿por qué se sentía como el mayor perdedor del planeta?

Porque la había defraudado. Había roto su promesa de mantenerse limpio. No importaba que hubiera sido fuerte cuando su padre había vuelto a entrar en su vida unos meses atrás. Adam no había sido fuerte cuando Rico había sacado ese porro esa última noche y lo había engatusado para que lo fumara. Madison había hecho tanto por Adam, todavía lo hacía, y lo único que le había pedido era que la llamase si las ansias se apoderaban de él, para hablar de sus elecciones. Él ni siquiera había sido capaz de mantener esa promesa.

Ella apretó su mano.

Dime la verdad, Adam.

Antes de conocer a Madison, él no sabía lo que era sentirse avergonzado. No era un sentimiento por el que se preocupara particularmente. La culpa arañaba su vientre mientras se obligaba a mirarla para que le creyera. Lo último que quería era que sus problemas se entrometieran en su noche juntos.

No hay nada que contar.

Los ojos de ella buscaron en los de él, ¿podía ver esa mentira inofensiva detrás de su mirada?, pero él la mantuvo firme y finalmente la tensión se evaporó de sus hombros. Ella volvió a apretar sus manos.

Me preocupo por ti, Adam. Por favor, sé bueno contigo.

Palabras que lo inspiraban y lo aplastaban al mismo tiempo.

Volvió su mirada hacia el techo, deseando poder decirle que él también se preocupaba por ella, y que lamentaba haberla decepcionado dándole dos pitadas al

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porro, pero las palabras se atoraron en su garganta. ¿Qué veía en él, de todos

porro, pero las palabras se atoraron en su garganta. ¿Qué veía en él, de todos modos? ¿Acaso no se daba cuenta de cuán bastardo era? Todos los demás parecían reconocerlo.

No te olvides de llamarme si estás en apuros. Puedo ayudar.

Ya había ayudado suficiente. Él podía manejarlo desde aquí.

¿Ha terminado, Consejera? No te invité a cenar para que acoses mi trasero toda la noche.

Lo sé dijo en voz baja, un encantador rubor subiendo por su cuello. Preferiría que tú acoses el mío.

Una explosión de lujuria lo golpeó en el estómago.

Ella sonrió suavemente y tomó su menú.

Probablemente deberíamos ordenar pronto dijo.

Necesito estar a solas contigo. ¿Está libre el baño?

Ahora luciendo una palpitante erección, Adam giró su cabeza para comprobar el estado de su baño favorito. Incluso desde la distancia, pudo ver que el letrero encima de la cerradura estaba rojo. Su corazón se hundió con decepción.

Ocupado.

Hazme saber cuándo se desocupe, ¿sí? La mirada acalorada que ella le dio podría haber fundido hierro. Madison abrió su menú y se escondió detrás de él para esconder esa sonrisa retorcida que él tanto deseaba.

Dios, amaba pasar tiempo con ella. Pensaba en ella constantemente, pero no la veía lo suficiente. Desde que habían comenzado una relación íntima, ni siquiera había dormido con otras mujeres. Mucho. Ninguna otra mujer lo excitaba como Madison o lo hacía sentir tan especial. Pero nunca podría decirle eso. No necesitaba el dolor de cabeza de una relación permanente. O incluso de una semi-permanente. Así que disfrutaba de ella cada vez que podía y fingía que no la extrañaba como un loco cuando estaba de gira.

¿Ésas son para mí? preguntó. Hizo una seña hacia el recipiente sentado en el borde de la mesa. Casi podía saborear la dulzura especiada de las delicias que esperaba estuvieran adentro.

Depende dijo ella. ¿Vas a comportarte esta noche?

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Él levantó una ceja y ella rió. — Sí, son para ti — dijo. Él

Él levantó una ceja y ella rió.

Sí, son para ti dijo.

Él abrió el recipiente e inhaló el aroma celestial a jengibre y azúcar morena.

Los chicos van a estar tan celosos cuando coma esto frente a ellos.

Podrías compartir dijo Madison, mirándolo por encima del menú. Hay dos docenas de galletas ahí.

Soy demasiado egoísta para compartir. Éstas son mías. Incapaz de resistir la tentación, Adam seleccionó una galleta y cerró la tapa. Le dio un mordisco y la mezcla de melaza y especias que se derritió en su lengua hizo que sus ojos se pusieran en blanco. Oh Dios, Madison, eres tan buena conmigo.

Ella sonrió.

Sé cómo puedes agradecerme correctamente. ¿Baño?

Él miró la puerta.

Todavía ocupado.

El camarero de aspecto agobiado puso dos copas de agua sobre la mesa.

Mi nombre es James. Seré su camarero esta noche. ¿Están listos para ordenar? preguntó.

Adam tomó su menú.

Ordena algo rápido le dijo a Madison. Tengo una prueba de sonido a las seis y media.

¿Y qué tienes que hacer después de la prueba de sonido? preguntó ella.

A ti.

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Capítulo 4 Traducido por Vanehz y Simoriah Corregido por Vannia Madison trató de no mirar

Capítulo 4

Traducido por Vanehz y Simoriah

Corregido por Vannia

Madison trató de no mirar a Adam mientras él desbarataba su panini, pero quería guardar todo de él en su memoria, así cuando estuviera lejos, ella pudiera torturarse preguntándose qué estaba haciendo, con quién se estaba acostando.

El espeso cabello negro de Adam estaba cortado en un estilo lanudo que enmarcaba sus rasgos masculinos y rozaba su frente. Su nariz era algo grande, su labio inferior algo grueso, su mandíbula demasiado marcada para ser considerada perfecta como la de un modelo, pero le quitaba el aliento. Tupidas pestañas oscuras enmarcaban sus ojos grises como el acero. Fácilmente eran los ojos más hermosos en los que ella se había perdido, pero él tenía la tendencia de mirar fijamente, como si buscara una razón para enfurecerse. Se preguntó cuántas personas lo conocían lo suficiente para ver más allá de ese enojo.

Madison no había tardado mucho en encontrar lo bueno en él. Esos magníficos y tormentosos ojos siempre eran gentiles cuando la miraban. Un único hoyuelo burlaba la comisura de su boca, y sólo se mostraba cuando sonreía ampliamente. Debido a que él no repartía sonrisas de forma regular, sólo lo había visto un par de veces.

La niñez de Adam había sido un desastre. Sólo su música había evitado que se despedazara. Solía usar drogas porque había aprendido del ejemplo de su padre, y los narcóticos se habían convertido en su muleta para hacerle frente a las turbulencias. Sabía todo esto porque una vez que finalmente logró que hablara, le había contado todo lo que se había guardado herméticamente por años. Le había confiado sus secretos. Ella no tomaba a la ligera esa confianza. Y no podía negar que la vulnerabilidad de Adam, que él ocultaba tan cuidadosamente detrás de su apariencia exterior de chico rudo, era su vicio número uno. Él no dejaba que nadie, excepto ella, viera sus debilidades.

Sí, estaba mal por ese chico.

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Los dedos de Madison picaban de deseos de trazar los tatuajes en el fuerte antebrazo

Los dedos de Madison picaban de deseos de trazar los tatuajes en el fuerte antebrazo de Adam, por acariciar sus talentosos dedos, por enrollarse en esas cadenas alrededor de su cuello y tirar de él hasta acercarlo y poderlo besar con la enloquecedora desesperación que sentía cada vez que lo miraba.

Miró sobre su hombro hacia el baño al otro lado del salón. Necesitaba estar a solas con Adam; sumergirse en él en una forma que no podía hacer en público. Justo cuando estaba a punto de informarle que el baño estaba libre al fin, alguien entró y cerró la puerta, cambiando el cerrojo a ocupado. Maldición.

Con un suspiro, Madison regresó su atención a la mesa. Adam cogía trozos de pollo que habían caído de su panini y se los metía a la boca con los dedos. Incluso sus rudos modales en la mesa la hacían sonreír. Un hombre aprendía modales de su madre. Si no supiera ya que su madre había huido y lo había abandonado con su padre drogadicto cuando tenía siete años, Madison habría imaginado que la mujer no había estado mucho en su vida. Pero Madison quería estar en su vida. Al verlo esta noche, los sentimientos que había estado analizando por semanas se habían consolidado. No sentía simplemente lujuria o afecto por Adam. Lo amaba. Sin ninguna duda. Pero, ¿era capaz de amarla?

El no saber qué esperar de él la estaba comiendo viva.

Madison regresó su atención de los hermosos rasgos de Adam hacia su propio plato y picó su ensalada. Estaba casi segura de que si le daba un ultimátum, él huiría y nunca miraría hacia atrás. Lo perdería para siempre. Sólo la idea de no verlo nunca más abrió un profundo y vacío abismo en el centro de su pecho.

Antes de que hubieran comenzado a intimar, cuando él aún estaba en tratamiento, le había preguntado cómo mantenía relaciones románticas mientras estaba en la carretera. Él había respondido que no necesitaba ni quería una relación. Estaba satisfecho con el sexo. Las relaciones complicaban las cosas y eran imposibles de mantener.

Imposibles.

Madison trató de convencerse a sí misma de que era especial para él. Que una relación era posible. Quizás él sólo necesitaba tiempo para darse cuenta de que sólo la quería a ella y de que ella valía la pena las complicaciones. Podía darle tiempo. Podía ser paciente con él. Mientras lo tuviera cuando estaba en Dallas, podía hacerlo.

Cobarde, la acusó la vocecita en su cabeza. Siempre sonaba como Kennedy. Sabes que te mereces más que esto.

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Madison nunca había pensado que acabaría en una situación tan desesperada. Nunca pensó que entregaría

Madison nunca había pensado que acabaría en una situación tan desesperada. Nunca pensó que entregaría su corazón de buena voluntad a alguien que no lo quería particularmente.

¿Está todo bien? preguntó Adam.

Ella levantó la mirada de su ensalada y asintió. El solo vistazo de su hoyuelo al sonreír le dio vértigo. Sonrió tan ampliamente, que sus mejillas dolieron. Su corazón se alivió y pareció flotar en su pecho como un globo de helio. No quería renunciar a este sentimiento. Si tenía una adicción, era Adam Taylor.

Estás callada esta noche dijo él. ¿En qué estás pensando tanto? Rompió por la mitad un palillo de pan y puso una parte en su plato.

Ella vaciló. Ve por ello, Madison.

En nosotros.

Él se puso rígido y se enderezó en su asiento.

¿Qué hay de nosotros?

Casi podía verlo huyendo del compromiso. Retrocede, Madison. Retrocede. Se encogió de hombros.

Sólo me preguntaba cuán poco sueño podríamos soportar. Estoy muy caliente.

Él rió.

Lucías bastante seria para alguien que está pensando en echarse un polvo.

Cuando tú estás involucrado, me tomo el echar un polvo muy seriamente.

La mirada de Adam se posó en su garganta, y se mojó los labios.

Nada dijo.

¿Qué?

Esa es la cantidad de sueño que puedes esperar conseguir esta noche.

Ella rió.

Qué bueno que no tengo que trabajar mañana temprano.

Madison tomó un bocado de su picante ensalada César, haciendo crujir el pan frito y la lechuga como una mujer con una venganza contra el Imperio Romano. No

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era culpa de él que su relación girara en torno al sexo. No cuando ella

era culpa de él que su relación girara en torno al sexo. No cuando ella se acobardaba cada vez que tenía la oportunidad de decirle lo que realmente quería. Esta noche se olvidaría de su necesidad de compromiso. Lo tenía aquí y ahora. Aprovecharía su tiempo juntos. Y cuando él se fuera otra vez, suspiraría por él hasta la próxima vez que pudiera verlo.

Tuvo la poderosa urgencia de golpearse la cabeza contra la superficie de la mesa repetidamente.

¿Tendrás pronto un descanso de tu gira? preguntó, esperando no sonar tan desesperada como se sentía.

¿Por qué?

Podría tomarme un tiempo del trabajo y podríamos pasar unos días juntos.

Estaremos de gira todo el verano dijo él.

Su corazón se hundió.

Oh.

Pero la próxima vez que estemos unos días en Austin, vendré a visitarte.

Estaba

pensando

que

podría

esperanzada sonrisa.

No.

ir

a

visitarte.

Le

ofreció

una

brillante

y

Su corazón estaba en alguna parte al nivel de sus rodillas ahora.

Oh.

Podríamos salir un viaje sugirió él.

La postura del hombre provocó una sospecha.

¿Por qué no quieres que te visite?

Evitando su mirada al mirar inexpresivamente el menú de postres, él se encogió de hombros.

Ella imaginó una mujer cariñosa y tres hijos esperándolo en Austin.

¿Estás ocultándome algo?

Él quitó su mirada de la foto de un tiramisú y le sonrió.

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— Sí. — Bufó — . Mi departamento. — ¿Qué tiene de malo? Él se

Sí. Bufó. Mi departamento.

¿Qué tiene de malo?

Él se encogió de hombros.

Nada, hasta donde me compete, pero está decorado con pinturas de chicas desnudas.

Ella rio.

Sé cómo luce la figura femenina. Resulta que yo misma tengo una.

Con un brillo taimado en los ojos, él la recorrió con la mirada.

Me di cuenta.

Como una experta en leer gente que intentaba ocultarle cosas, ella no pudo dejar pasar su vacilación al responder a sus preguntas.

¿Ésa es realmente la razón? No tienes que inventar cosas.

Él se estiró para tomar su bebida y sorbió gaseosa del vaso casi vacío, con la atención concentrada en la pajilla. Todavía sin mirarla, dijo:

Ésa es realmente la razón.

Podrías sacar las fotos si te avergüenzan.

No me avergüenzan. Estaba más preocupado por ti.

¿Se preocupaba por ella? Se recordó a sí misma no analizar cada una de sus palabras, buscando indicaciones de que le importaba.

Me llevó años acumularlas dijo él.

¿Acumulas pornografía?

Las cejas de él se juntaron, y sacudió la cabeza.

No es pornografía; es arte.

Ella imaginó que su definición de arte y la de él eran tan diferentes como los conejos lo eran de los tiburones tigre.

Prometo que no estaré avergonzada dijo. Me gustaría ver dónde vives.

Finalmente él fijó su mirada en la de ella.

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— ¿Tienes planes de volverte paparazzi conmigo? — Por supuesto que no — dijo ella

¿Tienes planes de volverte paparazzi conmigo?

Por supuesto que no dijo ella. ¿Por qué pensarías eso? Oh Dios, debía estar causando la impresión de una desesperada chica acosadora.

No le digo a la gente dónde vivo porque me gusta la privacidad cuando no estoy de gira. Necesito relajarme de la locura de este negocio. Además, el tiempo a solas me recuerda que, de hecho, soy un perdedor bueno para nada cuya única cualidad compensadora es una habilidad para hacer salir sonido de seis cuerdas de acero.

Eres un talento increíble, pero hay más en ti que la música dijo ella, extendiéndose para tomar su mano y apretándola. Y no eres un perdedor. Eres bueno. Tienes un buen corazón, Adam.

Él se rio entre dientes.

¿En serio crees eso?

Sí. Lo he visto.

Él sostuvo su mirada lo suficiente para que su atención hiciera que su ritmo cardíaco se acelerara. Oh Dios, sus ojos. Quería mirarlos por siglos.

¿Estás intentando convencerme, Madison Fairbanks?

Sólo si está funcionando.

Él levantó la mano de ella hacia sus labios y besó los nudillos.

Está funcionando. Siempre sabes exactamente qué decir.

Entonces, ¿cómo decía lo que realmente tenía en mente? Lo miró, armándose de coraje.

¿Terminaste de comer? preguntó él.

Ella bajó la mirada a su plato casi lleno y luego al baño todavía ocupado. Váyanse, gente.

¿Es hora de irse? Madison sacó el teléfono celular del bolso y revisó la hora. Todavía no son las seis. Levantó la mirada hacia él y lo encontró mirándola con ojos hambrientos. Pensé que tu prueba de sonido era a las seis y media.

No creo que llegue en horario.

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— AAC está a sólo unos minutos de aquí — dijo ella, señalando hacia donde

AAC está a sólo unos minutos de aquí dijo ella, señalando hacia donde se encontraba el estadio cubierto. Te llevaré; conozco las mejores rutas para evitar el tráfico.

Ésa no es la razón por la que voy a llegar tarde.

La expresión de él estaba completamente en blanco. Ilegible. En sus primeras sesiones de orientación, siempre había mirado al mundo desde detrás de ese muro, pero ¿por qué ahora?

¿Sucede algo? preguntó ella.

Sólo una cosa en la que puedo pensar.

Las manos de él se deslizaron hacia sus muñecas, los pulgares descansaron contra los puntos de su pulso. El cuerpo de ella conocía su contacto y lo bien que la complacía. Sólo ese pequeño contacto tuvo sus terminaciones nerviosas vibrando con excitación y a sus músculos derritiéndose en rendición.

¿Qué? preguntó ella.

Todavía tienes puesto ese vestido.

Ella ahogó una fuerte risa. En su mayoría.

Bueno, el maldito baño ha estado ocupado toda la noche, y yo no voy a remediar esa situación aquí en la mesa.

Es por eso que vamos a llegar tarde. Él levantó una mano hacia un camarero que pasaba. La cuenta, por favor.

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Capítulo 5 Traducido por Vanehz, flochi y otravaga Corregido por V!an* La banda había rentado

Capítulo 5

Traducido por Vanehz, flochi y otravaga

Corregido por V!an*

La banda había rentado una limusina para llevarlos y traerlos del hotel, pero como Adam planeaba acapararla, los chicos tendrían que encontrar una forma diferente de llegar al lugar del concierto.

¿Estás seguro de que está bien que deje mi auto aquí? preguntó Madison mientras esperaban a que la alargada limusina se detuviera frente al restaurant.

Si lo remolcan, pagaré los gastos de depósito municipal.

—Simplemente podría seguir a la limusina hasta el estadio cubierto y…

Él la calló con un beso. Cuando se apartó, ella lo miró con esa expresión confiada y sensual que hacía su corazón palpitara y que su polla levantara una tienda.

Estará bien, Madi susurró.

Ella miró su polvoriento sedán azul pálido una última vez y luego se subió al asiento trasero de la limusina. Adam le alcanzó al chofer unos cuantos cientos de dólares.

Maneja por ahí por un rato. El conductor asintió como si no supiera por qué Adam quería pasar tiempo a solas con la hermosa mujer que esperaba en el asiento trasero de la limusina.

Sí, señor. ¿A qué hora le gustaría llegar al estadio?

Adam estimó cuán tarde podría llegar para hacer que estallara un vaso sanguíneo en la cabeza de Shade. Probablemente quince minutos.

Un poco antes de las siete.

Sí, señor. Asumo que no desea ser molestado.

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— Asumes correctamente — dijo Adam antes de meterse al asiento trasero con aire acondicionado

Asumes correctamente dijo Adam antes de meterse al asiento trasero con aire acondicionado con Madison.

Ella estaba inspeccionando el mini bar. Las copas repiqueteaban mientras su esbelta figura se enderezaba y cerraba la tapa. ¿Había estado espiando? ¿Sospechaba que él ocultaba drogas o qué? Había estado actuando un poco extraña toda la noche. Perceptiva hasta la exageración, probablemente había adivinado que él había mentido sobre no tomar drogas, o quizás sospechaba de su razón para negarse a que visitara su apartamento. Esperaba que no insistiera con el asunto. No estaba seguro de cómo ocultaría a su recientemente obtenido compañero de habitación. Adam le había prometido a Madison que su padre estaba fuera de su vida para siempre, y no quería que supiera que no era capaz de enfrontar al hombre y decirle que desapareciera. Ella no necesitaba saber eso. Madison pensaba que él era fuerte.

Adam puso sus galletas en el asiento y señaló el mini bar.

¿Te gustaría un trago?

El chofer cerró la puerta y fueron bañados por el suave brillo de una luz en lo alto.

Ella sacudió la cabeza, apretando las manos en el regazo.

Bien dijo él. Estoy demasiado impaciente para permitirte beber de todos modos.

Extendió una mano hacia ella y tiró de su cuerpo esbelto hacia él. Siempre le preocupaba ser demasiado rudo con ella. Sentía que debía ser gentil, pero a ella le gustaba lo rudo. Rogaba por el tratamiento duro. La excitaba. La volvía loca de lujuria. Adam envolvió el cabello de su nuca en la mano y tiró su cabeza hacia atrás para poder chupar su cuello y clavícula.

Adam susurró. ¿Deberíamos estar haciendo esto aquí?

Él deslizó los tirantes de su vestido por los hombros, revelando más carne para darse un festín.

Absolutamente.

No había manera de que soportara el concierto esta noche en su estado actual. Demonios, ni siquiera soportaría la prueba de sonido. Un rapidín en la limusina para compensar la oportunidad perdida en el baño del restaurante no era lo ideal, pero estaba bajo una restricción de tiempo. Se tomaría su tiempo con ella más tarde.

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Adoraría su cuerpo en la forma en que estaba hecho para ser adorado. Le daría

Adoraría su cuerpo en la forma en que estaba hecho para ser adorado. Le daría todo el placer que ella merecía, porque era lo único que tenía para ofrecerle.

Adam dejó un sendero de besos desde el lunar junto a su ojo izquierdo hasta su oreja.

Ya me tienes listo para explotar dijo. No puedo pensar en nada más que en estar dentro de ti. Veinticuatro horas al día.

Una corriente de aire escapó de los sensuales labios de Madison.

Sí.

Movió las manos bajo su vestido y deslizó su ropa interior por las

piernas. Quítalas.

Mujer, me tientas más allá de la razón. Él le sacó las botas negras de vaquero de un tirón y tiró de sus bragas por las piernas. Después de haber tirado el trozo de raso color lavanda a un lado, deslizó las manos hacia arriba por sus muslos, llevando la falda del vestido hasta su cintura. Su trasero desnudo descansaba contra el borde del flexible asiento de cuero; sus piernas extendidas por todo el espacioso suelo.

Adam se arrodilló entre sus muslos y bebió la visión de su carne expuesta. Se había afeitado completamente la región púbica. La primera vez que la había comido, en el escritorio de su oficina, le había dicho que le gustaba un coño bien afeitado. Ella había estado mortificada de que él tuviera que parar varias veces para remover vellos sueltos de su lengua. La siguiente vez que la había visto, se había hecho el brasileño. Le había hecho confesar que se había depilado antes de su cita, esperando que tuvieran relaciones en su oficina. Después de que ella admitiera que había estado fantaseando con que él la follaba durante semanas, él no la había decepcionado. Su oficina había sido un completo desastre para cuando él terminó de follarla sobre cada superficie disponible. Un año y copiosas caídas más tarde, ella todavía hacía que su sangre se calentara.

Adam miró sus pliegues femeninos por un largo momento, su boca haciéndose agua con la anticipación. Tan dulce. Tan pura. Tan suya. Grabó la imagen en la memoria, sabiendo que tendría suficiente inspiración la próxima vez que se sentara con su tablero de dibujo y lápiz de carbón. Amaba dibujar su cuerpo de memoria.

Inesperadamente, las manos de Madison se movieron para cubrir su montículo, bloqueando la gloriosa vista de su sexo. Tal belleza debía ser celebrada, no ocultada. Él levantó la mirada hacia ella y la encontró sonrojada, su mirada fija en algún lugar por encima de su cabeza.

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— No me mires así — susurró — . Es vergonzoso. — ¿Por qué es

No me mires así susurró. Es vergonzoso.

¿Por qué es vergonzoso? Es hermoso. La cosa más hermosa que Dios creó jamás. Él urgió a sus manos para que se apartaran y a sus rodillas para que se separaran más. Ella apenas se resistió. Bajo su atención, su coño enrojeció, se hinchó más, se mojó más. Haciéndole hacer cosas que normalmente no siempre la excitaban, y verla en este estado tenía a su miembro forzando su cremallera. Tenía que tenerla. Ahora.

Adam se desabrochó la bragueta y sacó su rígida y palpitante polla.

Lo único que podría ser posiblemente más hermoso… —Frotó la cabeza de su polla contra sus tibios y resbaladizos pliegues, rozando su clítoris, provocando su entrada hasta que ella se estremeció. Es verlo lleno de mí. Entró en ella unos pocos centímetros para probar su punto, pero se perdió en la sensación. Sus ojos se cerraron. Dicha.

¿Adam?

Él

abrió

los

ojos,

esperando

verla

ruborizada

de

placer,

pero

la

encontró

mordisqueándose la punta del dedo, luciendo insegura.

Relájate, cariño susurró él, sus manos deslizándose sobre sus caderas, los pulgares moviéndose hacia arriba sobre los huesos de su cadera.

Él empujó más profundo y bajó la mirada para ver su vaina caliente tragar su polla. Sus bolas se apretaron. Mierda, no duraría mucho. No estaba seguro de qué era lo que ella tenía que destruía su habitual control.

Adam retrocedió y se hundió más profundo, viendo el cuerpo de ella aceptarlo. Amaba cómo su carne se ajustaba a la de él. Saboreaba cómo su cuerpo estaba diseñado para darle el máximo placer. Quería que ella sintiera tanto como daba. Adam frotó las puntas de los dedos sobre su clítoris para ayudarla a encontrar una liberación rápidamente. Más tarde jugaría con ella. La tocaría. La complacería. Más tarde. Ahora, ahora simplemente tenía que follarla. Cuando retrocedió una vez más, su polla, resbaladiza con los jugos de ella, fue revelada un centímetro a la vez, y luego su coño la tragó cuando él empujó hacia adelante una vez más.

Madison tomó una de las cadenas que Adam llevaba al cuello y tiró.

la mirada de donde sus cuerpos se unían en

espléndida perfección. Ella no lo estaba mirando; sus horrorizados ojos azules

estaban enfocados en la ventana lateral. Él puede vernos.

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¡Adam! gritó. Él arrancó

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Estaban detenidos en el tráfico. El conductor del auto junto al suyo los estaba mirando

Estaban detenidos en el tráfico. El conductor del auto junto al suyo los estaba mirando directamente.

Adam sabía que no había manera de que el hombre pudiera verlos a través del oscuro polarizado de la limusina.

No puede vernos, cariño.

¿Estás seguro?

Adam le mostró al sujeto el dedo medio. La curiosa expresión del sujeto no cambió.

Estoy seguro dijo Adam.

Ella volvió su cabeza para mirarlo.

No estás cómoda haciéndolo aquí, ¿verdad? le preguntó.

—Es sólo… me siento realmente expuesta. Todo esto se ve en público.

Él no consideraba esto como público, pero no quería que se sintiera incómoda. Sabía que ella tenía problemas con las muestras públicas de afecto. Probablemente no quería que fotos de ella intimando con un sujeto como él aparecieran en los tabloides. No podía culparla. Pero cuando estaban juntos a solas, incluso en un lugar como el baño cerrado de un restaurante italiano, toda esa timidez desaparecía. Ella se convertía en una criatura desinhibida y sensual que quería experimentar todo lo que él le daba. Debían ser las ventanas lo que la detenían. Aun cuando nadie podía ver hacia adentro, ella podía ver hacia afuera.

Nena, te prometo que nadie puede ver a través de esas ventanas.

—Quizás si… —Se bajó la falda para esconder la espectacular vista que él había estado disfrutando.

Él tiró de la tela hacia arriba.

Cuidado, Madi. Acabarás con semen en el vestido.

Los ojos de ella se agrandaron.

Oh.

Ella lo apartó. Él gimió cuando su polla cayó libre de su delicioso cuerpo.

Siéntate insistió ella, palmeando el asiento junto a ella.

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Él se preguntó qué planeaba. Esperaba que no hiciera que guardarse su polla. Estaba tan

Él se preguntó qué planeaba. Esperaba que no hiciera que guardarse su polla. Estaba tan dura, que temía que su piel fuera a romperse. Cuando él se acomodó en el asiento junto a ella, ella se sentó a horcajadas en su regazo, de cara a él.

Ponlo dentro le susurró en el oído. Nadie será capaz de ver que estás dentro de mí debajo de la falda.

Incluyéndolo a él, qué maldito infortunio. No era lo suficientemente estúpido para señalar que incluso si un espectador no podía ver que ella estaba empalada por él, aun así serían capaces de decir qué estaban haciendo bajo su vestido. Pero si ella estaba más cómoda haciéndolo así, él aceptaría lo que pudiera conseguir. Podría observar la acción entre sus cuerpos luego del concierto, cuando estuvieran a solas en la habitación del hotel y ella se entregara a él completamente.

¿Puedo follar tu culo más tarde? le preguntó mientras su resbaladizo calor lo envolvía. Le encantaba la manera en que ella respondía al ser golpeada con fuerza en el culo. Estaba bastante seguro de que le gustaba más el sexo anal que el sexo vaginal. Me hace sentir traviesa, le había susurrado cuando él le había preguntado por qué seguía solicitando la entrada trasera. Hazme sentir traviesa, Adam.

Puedo hacerlo.

Madison se estremeció contra él, su polla enterrada hasta el fondo dentro de ella.

No hablemos de eso ahora rogó ella. Cuando hablas de eso, me hace quererlo y no podemos hacerlo aquí.

¿Qué más te hace quererlo, nena? ¿Qué tal cuando hablamos sucio por teléfono? preguntó él. ¿Cuándo te llamo sólo para decirte todas las cosas sucias que quiero hacerte? ¿Para decirte cuanto me gusta meter con fuerza mi polla en tu pequeño culo caliente hasta que ruegas por más? Él sabía la respuesta; solo le gustaba verla ruborizarse. Lo excitaba. Al igual que todo lo que tenía que ver con ella lo excitaba.

La manera más rápida de hacer que se ruborizara era hablarle sucio e intentar hacer que respondiera.

Después de que cuelgas, me meto a la cama y me oculto bajo las sábanas susurró ella en su oído. Su rostro ardía contra el de él.

¿Desnuda? preguntó. Cuando

ella no

desnuda bajo las sábanas, Madison? Dime.

respondió, presionó. ¿Te metes

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Ella sacudió la cabeza. — Con la ropa interior baja. — ¿Usas el juguete que

Ella sacudió la cabeza.

Con la ropa interior baja.

¿Usas el juguete que compré para ti? ¿Te follas el culo con fuerza con él? Recordó cuando le había dado ese juguete y la había hecho usarlo en sí misma mientras él observaba.

Ella había estado avergonzada al principio y luego se había entusiasmado de verdad. Se lo había dado a sí misma con tanta fuerza que él había acabado sobre sí mismo con solo mirarla.

No dijo ella cerca de su oído. Ordené un juguete más grande. El pequeño que me compraste no es lo suficientemente grueso, no como tu polla.

¿Te gusta una polla grande y dura en tu culo, Madison?

Ella se estremeció como si la idea la tuviera cerca del orgasmo. Asintió contra su rostro.

Oh, sí. Amo tener tu polla grande y dura en mi culo. Ninguno de esos juguetes se siente la mitad de bien de lo que tú te sientes cuando me tomas. Lo follas tan bien. Tan duro. Hasta me duele por dentro. Ella gimió. Oh Dios, Adam, te quiero ahí dentro ahora.

Maldita sea, ella lo calentaba.

Más tarde. Te lo prometo. Enterró el rostro contra el cuello de ella, las manos enredadas en su falda. Tienes que moverte, nena. Necesito acabar dentro de ti. Si no lo hago pronto, moriré.

Ella le besó la mejilla.

Estás seguro de que nadie puede vernos aquí. Ella revisó el tráfico por la ventanilla trasera.

Estoy seguro.

Ella comenzó a moverse. Se levantó y cayó sobre su regazo, acariciando toda la longitud de su polla demasiado sensible con su calor resbaladizo. Hecho para él. Su cuerpo tenía que haber sido hecho sólo para él. Encajaba tan bien. Se sentía tan bien. Adam quería mirarla, tocarla, saborearla, pero todo lo pudo hacer fue aferrarse al vestido arrugado en sus caderas y deleitarse con el placer que ondulaba a través de su carne.

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— Oh, Adam — susurró ella sin aliento — . Se siente increíble. — Se

Oh, Adam susurró ella sin aliento. Se siente increíble. Se movió más rápido, enterrándolo profundamente, montándolo tan fuerte como podía. Rotando sus caderas. Trabajándolo dentro de ella. Volviéndolo loco de placer. Él tomó su culo, separándole las nalgas para atormentarla. Ella agarró su cabello, empuñándolo con ambas manos. Dios, sí. Méteme un dedo en el culo.

Más tarde.

Por favor.

Él acercó sus dedos a su apertura trasera, y ella se retorció. Se levantó y cayó sobre él más rápido. Más rápido. Machacando su clítoris contra él cada vez que se hundía. Su placer aumentó.

Él corazón de él se aceleró. Luchó contra su liberación, queriendo que ella encontrara su orgasmo antes de que él se entregara al éxtasis. Sabía que deslizar un dedo en su culo la haría acabar. Siempre lo hacía.

Sus dedos se acercaron un poco más a donde ella los quería.

Sí, Adam jadeó. Lo necesito.

El instante en que la punta de su dedo rozó su agujero vacío, todo el cuerpo de ella se puso rígido, arqueándose hacia atrás. Él movió los brazos alrededor de su espalda para evitar que cayera y se golpeara la cabeza con la consola detrás. Su coño caliente y apretado se contrajo con fuerza sobre su polla en espasmos que lo succionaban mientras ella gritaba en éxtasis. Adam estaba tan consumido por su propio placer que no pudo obligar a sus ojos a que se abrieran para ver sus expresiones cuando acababa. Ella hacía las caras más sexys cuando estaba atrapada en medio de un orgasmo. Más tarde. La vería acabar más tarde. Ahora, ahora se dejó ir, gritando su nombre mientras su semilla estallaba en su interior. Cada pulso de liberación provocó un fuerte estremecimiento en todo el cuerpo. Mierda, ella siempre lo hacía acabar con tanta fuerza. Le alegraba tanto ya no tener que usar un condón con ella. Le agregaba tanto que ella hubiese confiado en él cuando había prometido mantenerla a salvo.

Nunca rompería esa confianza, porque estar dentro de ella lo hacía volar alto… en cuerpo y alma.

No había nada tan emocionante como bombear su semen en su pequeño cuerpo receptivo.

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Madison se relajó y se dejó caer contra su pecho. Su respiración cálida y agitada

Madison se relajó y se dejó caer contra su pecho. Su respiración cálida y agitada agitó el cabello en el cuello de él. Aspiró su olor: una mezcla de lirios dulces, sexo y Madison.

Dios, la había echado de menos.

La limusina se sacudió al detenerse de repente, enviándolos a ambos rodando hacia el suelo. Adam cayó sobre Madison entre el asiento y el bar. Instintivamente, la acunó con ambos brazos.

Lo siento dijo Adam. ¿Estás bien? Besó suavemente su clavícula.

Eso creo. Estás sobre mi pierna.

Adam cambió de posición para que ella pudiera liberar la pierna y luego forcejeó para levantarse del piso. Todavía luchando por recuperar el aliento, Madison tiró de él para acercarlo y enterró el rostro en su cuello.

Espera dijo ella, abrazándolo con fuerza. No te muevas todavía. Necesito esta parte.

Él se relajó y le permitió que lo sostuviera. Nunca admitiría ante ella lo mucho que

él también necesitaba esta parte. Una cacofonía de ruidosas palmadas llegó desde el exterior del auto, seguida por los excitados gritos de los que debían ser fans.

Su tiempo a solas con Madison había llegado a su fin. Por ahora. ¿Pero más tarde?

Más tarde tenía preparada una impresionante agenda para ella.

Adam besó las encendidas mejillas de Madison y la ayudó a encontrar su ropa interior. Ella forcejeó para ponérselas a toda prisa y localizó sus botas bajo el asiento orientado hacia atrás.

Riesgos de estrella de rock bromeó él cuando la multitud en el exterior se volvió aún más ruidosa.

A medida que manos y rostros se apretaban contra las ventanillas desde el

exterior, Madison se encogió contra la esquina del asiento. Adam reacomodó su ropa y se abrochó los pantalones.

Hablaré con ellos durante unos minutos. Quédate aquí y escóndete.

Ella bajó la mirada hacia sus manos, que estaban aferradas en su regazo. Él tocó su suave mejilla con el dorso de los nudillos.

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— Continuaremos esto más tarde — prometió — . Te follaré tan duro por el

Continuaremos esto más tarde prometió. Te follaré tan duro por el culo que no serás capaz de caminar. ¿Te gustaría eso?

Ella se mordió el labio y asintió.

Él se trasladó al asiento más cercano a la ventanilla del lado del pasajero y la hizo bajar una rendija.

Hey le dijo a la multitud que rodeaba el auto. La limusina ahora estaba fuera del estadio cubierto, por lo que la multitud se había imaginado que alguien famoso estaba dentro del auto. ¿Están aquí para ver a Sole Regret?

Oh Dios mío, es Adam Taylor gritó alguien.

La pequeña multitud se hizo enorme. Encerrado con seguridad en el interior del auto, Adam estrechó manos y firmó autógrafos a través de la ventana abierta. Se alegró de que nadie notara a Madison escondida en las sombras frente a él. Intentó no atraer la atención sobre ella, pero su expresión preocupada mientras se miraba las manos lo desconcertaba. Tuvo que esforzarse para no preguntarle qué sucedía. Ella no querría que todos los que rodeaba el auto supieran que estaba con él.

Él tenía que proteger la reputación de ella. Cualquier mujer vista con él era calificada automáticamente de puta, y no sería capaz de vivir consigo mismo si ella resultaba lastimada porque él había nacido idiota.

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Capítulo 6 Traducido por Simoriah y rihano Corregido por Nanis Dentro del estadio, Madison estaba

Capítulo 6

Traducido por Simoriah y rihano

Corregido por Nanis

Dentro del estadio, Madison estaba de pie entre el equipo del escenario y observaba a Adam trabajar con el técnico de sonido. Había demasiada retroalimentación en los amplificadores, así que les estaba tomando mucho más de lo esperado alistar el equipo para el show. Un pesado telón negro bloqueaba la vista de los fans del escenario, pero ya se estaban filtrando al estadio cubierto para la apertura de las bandas. Sin embargo, debían haber reconocido que Adam era el guitarrista escondido, porque cada vez que tocaba una seguidilla de notas, estallaban en vítores. A veces Madison olvidaba que él era famoso. No necesariamente cuando tenían sexo en una limusina (¿quién hacía eso aparte de la gente famosa, recién casados cachondos y la ocasional pareja en la graduación?), o cuando dicha limusina era rodeada por fans y veinticinco guardias de seguridad tenían que ser llamados para controlar a la multitud, pero estos recordatorios le hacían sentirse incluso más confusa sobre el estado de su relación con Adam.

En la limusina, él se había asegurado de que se mantuviera oculta de la multitud, obviamente sin querer que ellos supieran que estaba con él. Cuando habían corrido desde la limusina a la puerta trasera del estadio cubierto, había hecho que se cubriera la cabeza con la chaqueta de algún guardia de seguridad. El orgullo de Madison había sido herido porque él no había afirmado públicamente que estaban juntos, pero realmente no podía culparlo. Podía tener a cualquier mujer que quisiera, ciertamente más glamorosas, más sexys y más ricas de lo que Madison jamás podría aspirar. ¿Por qué dejaría eso de lado por ella?

Sabía que a él le gustaba ella. Sabía que eran compatibles sexualmente y que disfrutaban la compañía del otro. Pero también sabía que en el minuto en que ella comenzara a hacer demandas sobre su tiempo y le pidiera que fuera honesto con ella, él se iría. Quizás si hubiera sido una súper modelo o una actriz famosa, él consideraría admitir que estaban involucrados. Pero era sólo la ordinaria Madison Fairbanks, con aspiraciones ordinarias y apariencia ordinaria y una vida ordinaria. Nunca sería suficiente para él.

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Incluso así, ¿cuánto más tiempo podía permanecer en una relación dónde ella era la única

Incluso así, ¿cuánto más tiempo podía permanecer en una relación dónde ella era la única parte monógama? Quizás se sentiría mejor si encontrara a otro hombre con quien divertirse en ausencia de Adam. Rechazó la idea tan pronto como se le ocurrió. No tenía interés en otros hombres. Ningún otro hombre la hacía arder y doler y desear y… amar. Tendría que haber superado a Adam completamente antes de abrir las piernas para alguien que no fuera su inalcanzable dios del rock.

¿Estás esperando a Adam? preguntó Owen, el bajista de la banda. No se había dado cuenta de que estaba de pie junto a ella.

Su mirada automáticamente bajó a la entrepierna de él, como si tendría su verga con piercing colgando para que la mirara con la boca abierta. Realmente deseó no saber sobre esa pieza de joyería oculta.

—Um… —Ella resopló, exasperada por su conducta tosca, y levantó la mirada hacia la de él.

Eran de un bonito azul, el cual iba bien con su rostro apuesto, y cabello castaño con un poco de gel.

Sí. Él no pensó que tomaría tanto tiempo. De otra manera probablemente la hubiera escondido en el cuarto de almacenamiento con una bolsa sobre la cabeza o la hubiera hecho esperarlo en el hotel sola.

Algún roadie 2 derribó un montón de amplificadores cuando estaban descargando el camión esta tarde. No pueden determinar cuál fue dañado. Suenan bien individualmente, pero cuando están todos conectados a la mesa de sonido, ésta recoge retroalimentación.

Oh.

Owen soltó una risa ahogada.

Como si te importara.

Es interesante dijo ella. No sé mucho sobre música.

Sólo como mantener cautivado a un guitarrista. Owen le dio un suave codazo en las costillas.

Ella sintió su rostro arder.

No realmente.

2 Roadie: encargado del transporte y montaje de los equipos de los grupos de música.

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— Le gustas, saber. Lo he conocido por casi diez años. Nunca ha estado interesado

Le gustas, saber. Lo he conocido por casi diez años. Nunca ha estado interesado en la misma mujer por más de unas pocas semanas. ¿Cuánto tiempo han estado viéndose ustedes dos?

Un año. Ella sacudió la cabeza, porque eso lo hacía sonar como si él fuera serio con respecto a ella. Pero no nos vemos a menudo.

Él nunca pierde la oportunidad de verte cuando puede. Está ocupado, ¿verdad?

Sí me llama cuando está en la ciudad. Y tarde a la noche cuando quiere tener una charla sucia.

Sí, le gustas. Pero tengo que advertirte.

¿Advertirme?

Owen asintió.

No lo presiones.

Entonces, ¿no es buena idea que lo obligue a declararme su amor eterno y que se comprometa conmigo solamente? Estaba medio bromeado y medio queriendo saber la respuesta.

No dijo él, arrastrando la sílaba por una indecente extensión de tiempo. Él rompería contigo si tan siquiera lo sugieres. Así es él.

Temía eso. Odio que tenga tantas mujeres diferentes.

Entonces no pienses en él con ellas.

El corazón de Madison se retorció. Se mordió el labio para detener su temblor. Owen había básicamente confirmado sus sospechas: Adam dormía con otras mujeres. Sabía que lo hacía, pero había estado haciendo un muy buen trabajo fingiendo que él era sólo suyo. Algo caliente cayó del rabillo de su ojo. Secó la molesta lágrima y se concentró en respirar regularmente. No quería estallar en sollozos frente a Owen. Eso probaría que no tenía lo que se necesitaba para ser la novia de una estrella del rock. Porque, francamente, no lo tenía.

Oh mierda, no luzcas tan triste, linda dijo él, palmeándole la espalda. Sólo recuerda que esas chicas no significan nada para él.

¿Entonces por qué se molesta en dormir con ellas? dijo mucho más fuerte de lo que había querido.

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Owen se encogió de hombros y se rascó la cabeza. — ¿Conveniencia? Y eso era

Owen se encogió de hombros y se rascó la cabeza.

¿Conveniencia?

Y eso era todo lo que ella era para Adam. Su conveniencia apostada en Dallas, Texas.

Discúlpame dijo. Necesito usar el baño. Para no llorar en público. Ya no podía hacer esto. No importaba cuánto lo amara si él no sentía lo mismo por ella. Un amorío de un solo lado nunca sería suficiente para ella. Ni siquiera con Adam Taylor.

Seguro dijo Owen, su atención ya yendo hacia otra cosa.

A Madison se le permitió navegar por la zona detrás del escenario sin

interferencia. Tanto la seguridad como el equipo la reconocieron. Unos pocos incluso le ofrecieron un amistoso asentimiento en saludo, lo cual era incomprensible. ¿No se daban cuenta que ella no era lo suficientemente famosa para estar allí?

Encontró un baño y se encerró en un cubículo vacío. No se permitió derrumbarse, sólo permitió que cayeran unas pocas lágrimas. No quería que nadie supiera que siquiera había considerado llorar. Quizás si hubiera estado interesada en Adam porque era legendario, esto sería más fácil, pero no lo amaba porque fuera una estrella de rock. Lo amaba a pesar de eso.

Antes de que fuera presentada a la banda y que hubiera interactuado con la escena que rodeaba la vida profesional de Adam, había pensado en la música como su trabajo. Pero era más que eso. La música era su vida. Y ella no cabía en esa vida.

Era diferente cuando estaban juntos a solas. En esos momentos, se sentía conectada a él, una parte de él, y sentía que él era parte de ella, pero aquí, rodeada del equipo y la banda y los fans y la prensa y los cientos de otras personas que eran necesarios para ayudar a llevar la carrera de Adam, sabía que su relación era una ilusión. No había forma de que ellos estuvieran juntos en una manera normal. Ni siquiera sabía si él recordaba lo que era normal.

Se sonó la nariz con un poco de papel higiénico y salió del cubículo. Miró su

rostro en el espejo, preguntándose por qué tenía que enamorarse del inalcanzable Adam Taylor. ¿Por qué no podría haberse enamorado de un agradable plomero? ¿O un ingeniero civil? No, tenía que entregarle su corazón a uno de los guitarristas de rock más famosos del mundo. Y sabía que nunca podría tenerlo. No

completamente.

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Observando su expresión acongojada en el espejo, se dio cuenta de que la única manera

Observando su expresión acongojada en el espejo, se dio cuenta de que la única manera de superar a Adam era si cortaba las cosas. Renunciar a él sin vuelta atrás. Y tenía que hacerlo pronto; no tenía sentido postergar lo inevitable. Ésta sería su última noche juntos. Y se aseguraría de que fuera una noche para recordar para poder atesorarla para siempre.

Con el corazón pesado, Madison respiró profundamente, enderezó la columna y salió del baño para encontrar a Adam. Sabía que a él le gustaba cuando mostraba su lado travieso y como no quería ser la única que recordara su última noche juntos, usaría eso en su favor.

Él

ardería por ella para cuando subiera al escenario dentro de dos horas.

El

sonido de su guitarra ya no llenaba el estadio cubierto, pero se dirigió en esa

dirección de todos modos.

No estaba segura de que él estuviera en el camerino de la banda o en el bus.

O hablando con alguna hermosa pelirroja con una falda corta de cuero.

Madison se detuvo abruptamente, mirando a la mujer con dagas en los ojos. Se preguntó qué tan íntimamente Adam la conocía. Seguro estaban parados cerca. Y la mujer estaba sonriéndole en una abierta invitación. Aun cuando Madison no podía ver el rostro de Adam, no había forma de no reconocerlo desde atrás. Si el cabello de rockero y todo el atuendo negro no lo habían delatado, ese ardiente trasero lo hacía.

Madison se movió para pararse detrás de él. ¿Te gustan las zorras? Puedo fingir ser una zorra. Deslizó la mano por su trasero y apretó. Él se dio vuelta rápidamente.

¿Madison? dijo, obviamente pasmado de que ella fuera la que le estuviera dando un apretón a su trasero en público. Probablemente hubiera estado menos sorprendido si una mujer que nunca había conocido lo hiciera.

¿Estás ocupado? preguntó ella.

Estaba preguntándome dónde habías ido dijo él. Miró a la pelirroja, que estaba frunciéndole el ceño a Madison.

Lamento meterme en tu buen momento, perra, pero él es mío esta noche. Madison entrecerró los ojos hacia la mujer.

Los ojos de la pelirroja se entrecerraron hacia ella.

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— Tenía que usar el baño — dijo Madison, los ojos prácticamente cerrados de tan

Tenía que usar el baño dijo Madison, los ojos prácticamente cerrados de tan entrecerrados que estaban ahora. Espero que no hayas estado demasiado solo sin mí.

La comisura de la boca de la pelirroja se elevó.

Nunca permitiría que eso sucediera dijo en un ronroneo bajo y deslizó su palma sobre el brazo musculoso de Adam.

A menos que ella apretara los párpados hasta cerrarlos completamente, era

físicamente imposible que Madison entrecerrara más los ojos, así que tomó el otro brazo de Adam y lo apartó de un tirón de su depredadora.

¿Hay alguien en el bus? le preguntó.

Él se encogió de hombros.

No estoy seguro. Podemos ir a ver. Asintió hacia la pelirroja. Nos vemos más tarde, um…

Sarah.

Correcto dijo él.

Madison se obligó a no darle a Sarah una mirada engreída mientras Adam tomaba su mano y la guiaba hacia la parte trasera del estadio cubierto donde el bus de la gira estaba estacionado.

¿No vas a preguntar? dijo él mientras caminaban.

¿Preguntar qué?

Cómo conozco a esa mujer. Por un momento pensé que ibas a arrancarle los ojos.

Realmente no importa cómo es que la conoces dijo ella, la columna tan rígida que estaba sorprendida que no se rompiera bajo la tensión.

Él se encogió de hombros.

Si tú lo dices.

Madison se aferró con más fuerza a su mano. Era tan mentirosa. Sí quería saber cómo la conocía. Si estaba interesado en ella. Si alguna vez había tenido sexo con ella o si ella le había chupado la verga o si él siquiera la había besado, pero no era asunto suyo.

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— ¿Te acostaste con ella? — dejó salir y luego se cubrió la boca con

¿Te acostaste con ella? dejó salir y luego se cubrió la boca con la mano libre. ¿De dónde demonios había salido esa pregunta?

No dijo él simplemente.

¿Quieres hacerlo?

—¿Cuándo te tengo aquí? ―Él le besó la sien y le apretó la mano.

Pero, ¿si yo no estuviera aquí?

Eso sería diferente.

Y ésa era la razón por la que tenía que decirle adiós. Técnicamente, podrían seguir así, con ella dejándolo todo para estar con él cuando él estaba en la ciudad y con esos siendo los momentos por los que vivía, pero no podía seguir así para siempre. Se lo diría en la mañana. Ni siquiera estaba segura de que a él le importara. Una fila de mujeres esperaba para tomar su lugar en el segundo en que ella se hiciera a un lado.

—Pero estoy aquí ―le recordó.

Exactamente.

Madison se decepcionó al encontrar el bus repleto con el resto de la banda, algunos otros tipos que Madison no reconocía y un grupo de chicas a las que no parecía importarles quién acariciaba qué. Una de las jóvenes estaba obviamente muy borracha y estaba desnuda de la cintura para arriba. Cuando divisó a Adam de pie cerca del asiento del conductor, se tambaleó hacia él.

Mi amiga apostó que no podría conseguir que todos los miembros de la banda chuparan mis tetas. ¡Tu turno! ―Ahuecó las manos contra los pechos y se los ofreció a Adam―. ¡Alguien tome una foto de esto! Necesito pruebas.

Adam le levantó una ceja.

No, gracias, cariño. En otra ocasión.

—Ustedes no son divertidos ―declaró.

—Yo las chuparé ―se ofreció un tipo que estaba empapado en lo que debía ser cerveza; apestaba a ella.

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—No quiero que tú las chupes, Henry ―dijo Apuesta Fácil―. Force ―gr itó cuando vio

—No quiero que tú las chupes, Henry ―dijo Apuesta Fácil―. Force ―gritó cuando vio al baterista de la banda saliendo de la habitación en la parte trasera del bus―. Todavía no las has chupado. ¿Qué estás esperando?

Él la miró, regresó al dormitorio y cerró la puerta.

No quiero ir a una cita con el extraño hermano de Katie ―se quejó―. Por favooooooor no me hagan perder esta apuesta. ―Dio un golpe con el pie contra el piso en agitación.

—Tomaré otro turno ―se ofreció Owen con una sonrisa torcida. Estaba sentado junto al siempre sin camisa Kellen en el sofá.

—De acuerdo. ―Ella se apresuró para empujar la teta en su cara y no pareció preocuparse por la apuesta cuando la boca de Owen se pegó a su pezón―. Cuff ―gimió, tomando un puñado del largo y oscuro cabello de Kellen y tirando de él hacia su pecho libre―. Tú chupa el otro.

Madison miró a los tres con la boca abierta. ¿No tenían vergüenza? ¿Era eso lo que hacía falta para pasar el tiempo con estrellas de rock? ¿Ser desvergonzada? Ella no podía ser desvergonzada.

Quizás.

Miró a Adam, sabiendo que había decidido dejarlo ir después de esta noche, pero la sola idea de que ésta era su última noche juntos le robaba el aliento. Quizás podía intentar ser más como la chica que había logrado que dos tipos a la vez le chuparan las tetas. Quizás eso era lo que hacía falta para mantener la atención de Adam. Quizás si soltaba un poco de decoro, estaría de acuerdo con que él viviera la vida de una superestrella y con que él se acostara con cualquiera mientras ella pudiera ser su enganche en Dallas.

Estaba tan confundida que no podía ver bien. Todo lo que podía ver era lo mucho que lo quería.

—¿Quieres pasar el rato aquí? ―preguntó Adam.

Ella afirmó su resolución y agarró su entrepierna, sabiendo que estaba ruborizada hasta la raíz del cabello, pero no tenía ningún control sobre eso. Sí tenía control sobre sus palabras.

—No a menos que quieras que te la chupe delante de una audiencia ―dijo. Se obligó a mirarlo y apretó su asidero en el creciente bulto en sus pantalones para que su mano dejara de temblar.

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— Me encantaría que me la chuparas delant e de una audiencia ―dijo él en

Me encantaría que me la chuparas delante de una audiencia ―dijo él en voz baja.

Oh, Dios. ¿Qué había hecho? Nunca había esperado que él realmente aceptara su oferta. Ella deslizó su mano a la hebilla del cinturón y por un momento, mientras miraba fijamente sus suaves ojos grises, se olvidó de que él no era la única persona en la Tierra. De repente, quería chupársela. Madison le desabrochó el cinturón y luego sus dedos buscaron torpemente su bragueta.

Él le atrapó la mano.

—Madison, ¿qué sucede? ―preguntó―. No estás actuando normalmente esta noche.

Con el corazón martilleando, abrió el primer botón de sus vaqueros.

No sé qué quieres decir. No es una gran cosa. ¿Las mujeres no hacen esto por ti todo el tiempo?

No todo el tiempo.

¿Pero no es esto lo que quieres? Una puta que te haga acabar.

No había nada de la habitual gentileza en sus ojos cuando él le frunció el ceño.

Si quisiera eso, no estaría contigo, ¿verdad?

—¿Estás conmigo? ―dijo ella en voz alta.

—Sí, me ves aquí, ¿no? ―Su voz también se alzó con cólera. Ella lo había visto enojado, pero nunca había sido la causa―. ¿Qué quieres de mí, Madison? Estás actuando tan extraña.

Ella se dio cuenta de que la razón por la que la voz de él sonaba alta era porque todo el bus estaba repentinamente en silencio. Miró alrededor del cuerpo de Adam a los demás ocupantes del bus. Todos estaban mirándolos. Captó la mirada de Owen, y él le dio una sacudida apenas perceptible de la cabeza.

No lo presiones. Sus palabras regresaron a ella fuerte y claro.

—¿Podemos ir a algún lugar y hablar en privado? ―le preguntó a Adam.

Tengo que estar en el escenario en una hora.

—No tomará tanto tiempo ―prometió ella.

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—¿Hay alguien en el camarín? ―le preguntó Adam al cantante principal, Shade, quien al igual

—¿Hay alguien en el camarín? ―le preguntó Adam al cantante principal, Shade, quien al igual que los demás estaba mirando su pequeña discusión.

Si es así, sácalos a patadas ―dijo Shade, mirando a Adam como si fuera el idiota más grande que jamás había conocido.

Adam se volvió y salió pisando fuerte del bus. Porque estaba prendiéndose el cinturón, no sostuvo la mano de Madison mientras caminaban hacia el lugar donde se llevaría a cabo el concierto. Se preguntó de no haberla detenido, qué habría hecho. ¿Le habría chupado descaradamente la polla sólo para mantener su atención? Honestamente no lo sabía.

Adam hizo que los dos miembros del equipo que tomaban un descanso en el camarín de la banda se fueran y luego encerró a Madison en la habitación con él. Ella abrió la boca para hablar, ya habiendo inventado la línea perfecta de excusas para explicarle su comportamiento, pero antes de que pudiera comenzar, él la envolvió con sus brazos y la atrajo hacia él. Enterró el rostro en su cuello.

—Vas a dejar de verme, ¿no es así? ―susurró.

Ella estaba tan aturdida que no lo negó de inmediato.

¿Por qué, Madison? ¿Es porque estaba hablando con otra mujer?

¿Hablando con otra mujer? No, no dejaría de verte por eso.

Su cuerpo se hundió con alivio, y el corazón de ella se retorció.

Se obligó a continuar. Mantente fría, Madison. Es la única manera.

—Pero esta noche tendrá que ser nuestra última noche juntos. ―Su corazón golpeaba con tanta fuerza que amenazaba con atravesarle el esternón.

Sus brazos se apretaron alrededor de ella.

—No ―dijo con dureza―. No te dejaré ir.

Adam, no puedo hacer esto más.

¿Hacer qué?

Salir contigo. Necesito saber que estás comprometido conmigo. Y sé que no puedes estarlo.

Él se alejó y la miró.

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— ¿Cómo sabes eso? —Bueno, porque eres famoso y las mujeres te persiguen y… —

¿Cómo sabes eso?

—Bueno, porque eres famoso y las mujeres te persiguen y…

Siempre me perseguirán, Madison.

¿Y quién podría culparlas? Ella lo miró fijamente, sabiendo que ni siquiera iba a conseguir una última noche con él. Ésta sería la última vez que lo viera. La última vez que la sostuviera en sus brazos. Owen se lo había advertido. ¿Por qué no lo había escuchado?

Tratando de encontrar la voluntad para salir por la puerta y retener un ápice de su dignidad, bajó la mirada hacia su pecho y respiró profunda y temblorosamente. Los fragmentos de su corazón roto atravesaron sus pulmones, robándole el aliento. La camiseta negra de Adam se borroneó detrás de tontas lágrimas. Cerró los ojos con fuerza. No llores. No llores. No.

Adam la tomó por los brazos y la sacudió.

—Maldita sea, Madison ―dijo en un gruñido áspero―. No tengo que dejar que me atrapen.

Todo el aire salió de golpe de los pulmones de Madison y su cabeza se levantó para poder buscar la sinceridad en su expresión.

—Adam,

¿estás

diciendo

?

―Ya

?

reparando―. ¿Estarías dispuesto a

los

jirones

de

su

corazón

se

estaban

Madison, eres la única mujer que me importa. Si tengo que renunciar a follar chicas que no me importan una mierda para estar contigo, ¿qué crees que voy a elegir?

Ella bajó la vista para mirar su pecho de nuevo.

No lo sé.

Él la soltó bruscamente y retrocedió. Ella se obligó a levantar la mirada.

No estaba preparada para la torcida expresión de angustia en su apuesto rostro.

Él sacudió la cabeza.

¿En serio no lo sabes? Madison, pensé que eras la única persona que me entendía.

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— Tenía la esperanza. Esperaba que me eligieras, Adam, pero no lo sabía, así que

Tenía la esperanza. Esperaba que me eligieras, Adam, pero no lo sabía, así que yo… yo sólo iba a renunciar a ti sin obligarte a elegir. Mi corazón no podría soportarlo si no me eligieras a mí.

Él tomó su cabello con ambos puños y tiró de ella para acercarla.

Por supuesto que te elegiría a ti.

La besó, un beso duro, profundo y castigador, que la dejó desorientada y sin aliento.

¿Cómo pudiste dudar de mí, Madison? ¿Dudar de tu valor? ―susurró contra sus tiernos labios―. Eres mucho mejor que yo, nena. ―Su voz se quebró.

Ella sacudió la cabeza.

Podrías tener a cualquier mujer que desearas.

Eso no importa. Sólo te quiero a ti.

¿Podía ella permitirse creer eso? Quería. Pero si confiaba en él con el corazón, no

Se aferró a él, temiendo que

se guardaba nada, le daba todo, y la traicionaba convirtiera su corazón en una pulpa.

Adam soltó una mano de su cabello. Frotó su lado, su mano deslizándose por debajo de la falda. Un toque relajante, y a la vez no tanto.

¿Crees, Madison?

No estaba segura. Nunca antes había tenido estas inseguridades. Tenía que ser su fama lo que la tenía sintiéndose tan insegura de sí misma. Y el engaño. No podía soportar la idea de que él abrazara a otra mujer de esta manera. La tocara de esta manera. Pero, ¿era engaño? Él probablemente no lo había pensado de esa manera, pero aun cuando nunca habían forjado una relación de verdad, se sentía como si la hubiera engañado. Y que no era lo suficientemente buena para mantener su atención.

—¿Por qué no soy suficiente para ti? ―dijo, los ojos anegados en lágrimas―. ¿Por qué duermes con otras mujeres?

Nena, eres más que suficiente para mí. Es sólo que saludable ―dijo él.

tengo un apetito sexual

Ella rio a medias, cerrando los ojos con fuerza y tragando el nudo en la garganta.

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— Soy muy consciente de ello. — No creía que te importaran las otras mujeres.

Soy muy consciente de ello.

No creía que te importaran las otras mujeres. En cierta forma, van con el territorio y nunca dijiste nada al respecto. Nunca estuvimos de acuerdo en que éramos una pareja exclusiva.

Parecía justo.

—Lo sé. Pero sí me importa ―dijo. Una parte de ella temía que él huyera de ella, sus dedos aferrados a su camiseta. No quería que huyera y no quería abandonarlo de golpe. Quería lo que pensaba que él estaba ofreciendo. Quería estar con él. Quería creer que era posible―. La idea de que estés con otra mujer es agonizante. Me ha estado volviendo loca desde nuestro primer beso.

Las cejas de él se unieron como si acabara de tener un pensamiento de lo más inquietante.

¿Has estado con otros hombres desde nuestra primera vez?

No. Dios, no. Sólo te quiero a ti, Adam. Siempre te quiero sólo a ti. No podía hacer que las palabras salieran. Intentando calmarse, bajó la vista y respiró hondo. Tantas emociones se agitaban dentro de ella que no podía decidir si quería reír o llorar.

¿Quién mierda es? La mano de él se apretó en su cabello y tiró su cabeza hacia atrás. La fulminó con la mirada, y el ritmo cardíaco de Madison se duplicó instantáneamente. Sí, necesitaba que él fuera brusco con ella ahora. Todas las emociones que se revolvían dentro de ella eran demasiado para poder soportarlas. Y esa mano en su culo era deliciosamente, increíblemente distractora.

¿Me azotarías si te digo que me abrí de piernas para otro hombre? preguntó ella.

Porque Dios, le vendría bien una buena y dura azotaina en este momento.

¿Follaste a otro hombre? Él apretó los dientes, un músculo saltando en su fuerte mandíbula.

¿Follaste a otras mujeres? contratacó ella.

No tantas como en el pasado dijo él defensivamente.

En otras palabras, sí, había follado a otra mujer. O más precisamente, a otras mujeres.

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Lo odiaba. — ¿Se supone que eso tiene que hacerme sentir mejor? El agarre de

Lo odiaba.

¿Se supone que eso tiene que hacerme sentir mejor?

El agarre de él en su cabello se aflojó, y alejó los largos mechones del rostro de ella. Sus labios rozaron su frente tiernamente.

Desearía

que

así

fuera.

Lamento

haberte

lastimado.

No

sabía

que

te

importaría. Debería haberme dado cuenta, yo sólo… lo lamento, nena.

Sobrepasada por la emoción, se apartó bruscamente. No podía soportar que él fuera tierno con ella. No cuando estaba tan cerca de llorar.

Necesito que me azotes, Adam. Ahora mismo. Los ojos de él buscaron en los de ella por un momento, y luego la mano se apretó de nuevo en su cabello.

Nunca entenderé por qué te gusta lo duro, Madison. Le golpeó el trasero con un fuerte chasquido y su coño latió con excitación. Algunas de las fuertes emociones agitándose dentro de su cuerpo se fueron para hacer lugar a la lujuria primitiva. Era mucho más fácil lidiar con esos sentimientos.

Oh, gracias.

Sólo me gusta duro contigo, Adam. Porque él era el único hombre que le había hecho sentir tantas emociones profundas y confusas en su vida. Y era el único hombre que la había hecho sentir lo suficientemente segura con su sexualidad para siquiera pedir tal tratamiento.

¿Cuántos

hombres

has

follado,

Madison?

preguntó

él,

su

fuerte

mano

conectando con el trasero que le ardía por segunda vez. Dime.

Ella gimió, tan consciente del dolor vacío en su coño que puso la pierna de él entre las suyas y frotó su montículo contra su muslo.

¿En toda mi vida? preguntó. Le gustaba que estuviera celoso, aun cuando no tenía por qué estarlo.

Desde que nos conocimos. La azotó de nuevo. Todo su cuerpo tembló con necesidad.

Se movió torpemente debajo de su vestido para bajar su ropa interior. Quedó atrapada en el muslo de él, pero no pudo encontrar la fuerza para alejarse. Lo quería enterrado profundamente dentro de ella mientras la azotaba.

Uno admitió. Sólo uno.

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La palma de él conectó una vez más, y pensó que moriría si no la

La palma de él conectó una vez más, y pensó que moriría si no la llenaba pronto.

¿Cuál era su nombre?

Adam dijo ella. Su nombre era Adam Taylor.

Él se quedó quieto, su mano descansando contra su sensible nalga. Queriendo que continuara, gimió.

Los ojos de Adam se agrandaron y sacudió la cabeza en sorpresa.

¿Soy el único?

inundaron

emocional una vez más.

Lágrimas

los

ojos

de

ella

y

asintió.

Maldición.

Era

un

desastre

Por favor, Adam, no me hagas llorar. Necesito que me folles y me azotes al mismo tiempo.

Él se movió tan rápido, que ella se tropezó. En un instante se encontró doblada sobre el respaldo del sofá con sus bragas alrededor de las rodillas y una gran y dura verga buscando entrar a su coño hinchado. Él se movió, llenándola con una embestida dura y profunda.

Siempre tengo las mejores intenciones de complacerte con sexo lento y tierno, y termino metiéndote mi verga como un animal. Con la polla enterrada profundamente, azotó su trasero y ella gritó, retorciéndose contra él. ¿Por qué es eso, Madison? ¿Por qué me tientas hasta que te tomo tan bruscamente?

Me gusta gimió, su rostro presionado contra un almohadón del sofá. Me gusta que me folles, Adam. Nunca nadie me ha follado duro. Ni me ha azotado. Ha tirado de mi cabello. Ni me ha follado por el culo. Lo amo. Todo. No hagas que ruegue.

Él golpeó su trasero una vez más, y ella gimió.

Quizás me guste oírte rogar, nena. Quizás sea la razón por la que dudo y me digo a mí mismo que debería tratarte gentilmente. Porque sé que si me tomo tiempo, rogarás ser follada.

Agitó las caderas contra él, impaciente por los empujones profundos y duros que deseaba. ¿Por qué se quedaba quieto?

Adam susurró desesperadamente. Por favor.

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— ¿Por favor qué? — Muévete. Él frotó su trasero, el cual ardía pero aun

¿Por favor qué?

Muévete.

Él frotó su trasero, el cual ardía pero aun así deseaba otro azote.

Tu culo está realmente rojo dijo él. ¿Te azoté demasiado fuerte?

¿Estaba volviéndola loca intencionalmente?

No, me gusta. Quiero que me azotes fuerte. Y quiero que me folles aun más fuerte. Removió las caderas, esperando que se diera cuenta de la pista que le estaba dando. Finalmente, comenzó a empujar. Profundo y con fuerza, justo como ella quería. Cuando su mano golpeó su trasero una vez más, ella gritó, su coño apretando su verga.

Maldición, eso se siente bien dijo él. Azotó la nalga que no había tocado y ella se apretó una vez más, el dolor ardiente haciendo que sus músculos se contrajeran automáticamente. Con unos pocos empujones y azotes, ella llegó a su pico y estaba gritando su liberación contra el almohadón del sofá.

Dios, desearía tener un poco de lubricante conmigo. Tengo tantas ganas de castigar tu culo en este momento.

Frotó el agujero arrugado con el dedo, y ella gimió. No creía que pudiera querer más después del increíble orgasmo que acababa de experimentar, pero su trasero de repente se sentía desesperadamente vacío. Se retorció, intentando hacer que el dedo entrara en ella. Soltó un quejido.

Por favor. Toma mi culo.

Él salió de ella. Estaba mareada por estar de pie inclinada hacia adelante por tanto tiempo, así que le tomó un momento darse cuenta de que la cosa suave, tibia y mojada que frotaba contra el doliente agujero de su culo era la lengua de él. Nunca la había lamido ahí antes. Sus piernas comenzaron a temblar a la vez que el placer atravesaba su centro. Lo travieso y sucio de sus acciones alimentó su excitación hasta que fue un infierno de lujuria.

Adam llamó entrecortadamente. Oh Dios, esto es lo más caliente.

Su lengua se metió dentro de ella y sus rodillas se doblaron. Se aferró al respaldo del sofá para no hundirse en el suelo. Él dejó un sendero de besos por la raya de su trasero y baja espalda hasta que se levantó una vez más. Lo oyó abrir un condón y

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su coño se apretó. Sólo usaba condones cuando la follaba por el culo. Oh sí,

su coño se apretó. Sólo usaba condones cuando la follaba por el culo. Oh sí, no podía esperar.

Apresúrate rogó.

Él frotó su verga a través de los jugos que mojaban su juntura y luego la punta de su verga rozó el agujero mojado con saliva. Se esforzó para entrar.

No

está

lubricado.

lo

suficientemente

mojado

dijo

él.

Incluso

con

el

condón

A ella no le importaba. Empujó contra él, tomándolo en ella unos pocos centímetros. Amaba esa sensación llena y caliente que hacía que el calor hormigueara en su piel mientras él se deslizaba en su receptivo culo. Incluso las plantas de sus pies cosquilleaban con la consciencia de su invasión.

Es suficiente insistió. Entra profundo.

Los dedos de él se deslizaron dentro de su coño, recolectando sus jugos y

de

frotándolos

centímetros más.

sobre

la

conexión

entre

sus

cuerpos.

Su

verga

entró

un

par

¿Estás segura?

Siempre estaba tan preocupado de no lastimarla. Que ella fuera frágil. Que se rompiera. Suponía que debía estar agradecida de que fuera tan cuidadoso, pero no necesitaba que lo fuera. Si quería que se detuviera, se lo diría. Quizás por eso él se contenía. Quizás no creía que fuera capaz de decirle que no, porque nunca lo hacía. No porque no pudiera o porque temiera hacerlo. Nunca quería hacerlo.

Te diré si necesito que te detengas dijo sin aire.

¿Lo prometes?

Ella asintió.

No la tomó tan profundo como a ella le gustaba, pero sus rápidas y superficiales embestidas tiraban de su trasero en la forma correcta y pronto estuvo retorciéndose contra el respaldo del sillón en éxtasis. Con cada embestida, él entraba más profundo. Más profundo. ¡Sí! Más profundo, Adam. No estaba segura de si estaba pensando el pedido o repitiéndolo en voz alta.

Cuando él azotó su trasero inesperadamente, su espalda se arqueó y lo sintió dentro de ella incluso más claramente. ¡Oh! Enderezó la espalda lentamente y se

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elevó hasta estar derecha, cada una de sus profundas embestidas estimulándola en un lugar ligeramente

elevó hasta estar derecha, cada una de sus profundas embestidas estimulándola en un lugar ligeramente diferente a la vez que el ángulo de penetración cambiaba.

Dios, Madison gimió Adam. Una de sus manos se metió entre su cabello y tiró de ella hasta enderezarla, la otra se movió a su pecho, masajeando la carne sensible, tirando del tierno pezón hasta que éste dolió casi tanto como su coño vacío.

No sabía por qué esto la excitaba tanto… ser llenada desde atrás. Él estaba acercándose. Su mano se movió de su pecho a entre sus muslos. La curva de su mano frotó su clítoris; los fuertes y callosos dedos se deslizaron a través de su centro, hundiéndose esporádicamente en su húmeda abertura.

Vuela

conmigo,

nena

dijo

demandante. Vuela.

sin

aire,

dándole

a

su

cabello

un

tirón

Ella se dejó ir, tensándose contra su mano y su verga mientras tomaba su liberación. El placer era tan exquisito que lágrimas salieron de sus ojos.

Adam susurró mientras su cuerpo se sacudía detrás de ella.

Él

jadeó

separadas.

sin

aire

y

gritó

un

mantra

indistinguible

de

maldiciones

y

sílabas

¿Cómo podría alguna vez haber pensado que sería capaz de alejarse de él? La dejaba incapaz de caminar. Figurativamente y, después de esa maravillosamente dura follada en el culo, literalmente.

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Capítulo 7 Traducido por Carmen 170796 y Otravaga Corregido por Curitiba Adam soltó su asidero

Capítulo 7

Traducido por Carmen 170796 y Otravaga

Corregido por Curitiba

Adam soltó su asidero en el cabello de Madison y tiró de ella para acercar su cuerpo, la mano aún ahuecada posesivamente sobre su montículo. Acarició sus empapados labios con dos dedos, provocando intermitentes estremecimientos en su delgado cuerpo. Amaba poder darle tanto placer. Amaba que ella se abriera a él. La amaba.

Nunca antes había sentido esta dominante necesidad de poseer a una mujer. Tenía que ser más que lujuria. Más que afecto. Más que amistad. Más que incluso gratitud por todo lo que ella había hecho por él. Muchísimo más que una simple infatuación. No había otra palabra para ello. La amaba. ¿Por qué no se había dado cuenta hasta que lo había amenazado con abandonarlo?

¿Madison? murmuró contra su fuerte por debajo de las costillas.

¿S- sí?

cuello húmedo. Su brazo la apretó más

¿Lo amaba? ¿Podría a una mujer tan maravillosa y esencialmente buena como Madison Fairbanks importarle un carajo alguien como él?

Adam respiró profundo.

—Te a…

Un abrupto golpe sacudió la puerta del camarín.

Diez minutos exclamó alguien desde el pasillo.

Madison se tensó y se alejó bruscamente. Observarla luchar por subirse la ropa interior por sus temblorosos muslos casi le rompió el corazón. Su incapacidad de encontrar su mirada. El rubor de vergüenza en su hermoso rostro. Después del concierto, la llevaría a la cama, sostendría su cuerpo desnudo contra el suyo cuanto

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quisiera, la tomaría gentilmente, le diría que la amaba. Unas miles de veces. De miles

quisiera, la tomaría gentilmente, le diría que la amaba. Unas miles de veces. De miles de maneras.

Se lo diría. Se lo mostraría. La amaría.

Eres hermosadijo, besándole el hombro desnudo mientras ella trabajaba para regresar su vestido a su ubicación apropiada.

Ella sonrió tímidamente, y su corazón sintió una punzada de dolor. Estaba tan enamorado de ella.

Los ojos azules de ella se movieron rápidamente hacia arriba para encontrarse brevemente con los suyos y se ruborizó aun más.

Gracias.

¿Quieres ver el concierto hoy?

Por supuesto. No me lo perdería. Le besó la mejilla. ¿Hay un baño aquí? ¿O tengo que hacer la caminata de la vergüenza? Dio un paso al costado e hizo una mueca. ¿La cojera de la vergüenza?

¿Estás bien?

Nunca he estado mejor dijo ella sin aliento.

Él colocó una mano en la parte baja de su espalda y la guió hacia el baño. Ella se encerró en uno de los dos cubículos mientras él se deshacía del condón usado y se limpiaba en el lavabo.

Otro golpe sonó en la puerta del camarín.

Adam, ¿estás ahí dentro?

Un minuto gritó.

No tienes un minuto.

Madison, ¿estás lista? Rápidamente metió su polla recién lavada y aún mojada en los pantalones.

Adelántate dijo. Te alcanzaré.

Realmente la quería a su lado cuando llegara tras bastidores. Quería jactarse de ella.

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Esta mujer hermosa, maravillosa y sexy como el pecado es mía. Pueden mirar, y echar

Esta mujer hermosa, maravillosa y sexy como el pecado es mía. Pueden mirar, y echar humo de envidia, pero nunca tocar. Desde que se habían conocido, ella sólo se había entregado a un hombre. Él. Y se iba a quedar de esa manera. ¿Debería saber que le había sido fiel, aun cuando él no se lo había pedido, hacer que su pecho se hinchara de orgullo? Quizás no, pero lo hacía.

No empezarán sin mí dijo. Puedo esperar unos minutos.

—Yo… uh… necesito un poco de privacidad.

Él rio por lo bajo. ¿Como podía todavía ser tímida con él hiciese su cuerpo?

por cualquier cosa que

De acuerdo, me iré, pero quiero verte parada en mi esquina del escenario para el final de la primera canción

Estaré ahí.

Cuando Adam llegó a la parte trasera del escenario, la banda al completo estaba esperando en bastidores. Sus mordaces miradas de odio rebotaban. A Adam no le importaba una mierda si estaban enojados. Estaba enamorado. Jack le entregó su guitarra plateada y sujetó su transmisor inalámbrico a la parte trasera de su cinturón.

El show empezó hace cinco minutos gruñó Shade

No escucho nada de música.

Sé que tu polla significa mucho para ti, pero necesitas ordenar tus prioridades.

No empieces advirtió Adam. ¿Podían pasar un solo día sin discutir? Sí, había llegado cinco minutos tarde, ¿y qué? Había estado preocupado por Madison. Tenía que estar dolorida. En el futuro, se aseguraría de llevar lubricante en el bolsillo cuando fuera que su sexy y siempre deseoso culo estuviese al alcance.

Owen, quien comenzaba el show, le sacudió la a ambos.

¿Vamos a pararnos aquí y oírlos atacarse, o debería proceder?

Adam metió un audífono en su oído y un tapón en el otro.

¿Cuál es el retraso? gritó en su oído el jefe del equipo de sonido.

Adam estaba teniendo sexo. De nuevo dijo Shade. Sabes como es. Dos chicas en una noche. Tres. Cuatro. No discrimina si tienen una vagina.

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Como si él fuera el más indicado para hablar. — Cállate — dijo Adam. No

Como si él fuera el más indicado para hablar.

Cállate dijo Adam. No estaba seguro de merecer su reputación. Especialmente en los últimos meses. ¿Un año atrás? Seguro. Había follado todo lo que se quedaba quieto lo suficiente para que él lo montara. ¿Pero ahora? Estaba ordenando sus prioridades. O intentándolo. Nadie parecía notar sus esfuerzos por mantenerse limpio y sobrio o de forjar una relación estable. Ya no era un niño irresponsable. ¿Alguna vez superaría los errores del pasado? Madison parecía ser la única que veía en quién se estaba convirtiendo. Todos los demás lo habían clasificado mucho tiempo atrás y lo habían puesto en el hoyo que habían elegido para él. ¿Era siquiera posible que saliera de ese hoyo a esta altura?

Adelante, Owen dijo Hawkeye, el técnico de sonido, por los audífonos. El resto se las arreglará.

Owen entró al escenario, tocando su solo de bajo respaldado por el ritmo fuerte y pesado de la batería de Gabe.

Adam sacó una púa de la cinta pegada al diapasón de la guitarra. Se rascó la nariz con la parte trasera de su muñeca y fue instantáneamente envuelto por el aroma de Madison. Inhaló su esencia profundamente en sus pulmones y luchó contra la urgencia de lamerse los dedos. ¿Cómo se suponía que se concentrara en el show con el olor de su dulce coño en su mano izquierda?

Tan condenadamente egoísta e irresponsable murmuró Shade por lo bajo.

Adam se tensó y bajó la mano para poder concentrarse en lidiar con Shade.

¿Cuál es tu problema?

Tú, Adam contestó Shade. Revisemos tu comportamiento solamente en las últimas veinticuatro horas. Fumar hierba antes de un concierto. Contó con sus dedos los crímenes de Adam. Tomar la limusina sin decirle a nadie para que el resto de nosotros tuviéramos que buscar un taxi. Treinta minutos tarde para la prueba de sonido. Casi comenzaste un disturbio frente al estadio. Demasiado ocupado follando alguna puta para presentarte al concierto a tiempo.

Adam le lanzó un puñetazo. Meterse con él era una cosa; llamar puta a Madison era ir demasiado lejos. Desafortunadamente, Kellen se interpuso entre ellos antes de que el puño de Adam pudiera conectar con el rostro de Shade.

Ahora no es momento para esto dijo Kellen. Adam, tu entrada.

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A la mierda con el concierto. Adam quería cagar a golpes a Shade. El hecho

A la mierda con el concierto. Adam quería cagar a golpes a Shade. El hecho de

que Adam hubiera querido pasar tiempo con Madison a expensas de sus otras responsabilidades no lo convertía en irresponsable. ¿Verdad? Y aunque así fuera, ¿por qué Shade creía que era de su incumbencia? Adam no era responsabilidad de Shade. Que se fuera a la mierda.

Adam oyó el redoble que señalaba el inicio de su entrada de guitarra. Sus manos encontraron cuerdas familiares y comenzó a tocar automáticamente. Ya debería estar en el escenario bajo la luz roja junto a su pedalera 3 . Si Shade dejara de meter su arrogante nariz donde no pertenecía y dejara de hacer hervir su sangre, Adam podría ser capaz de concentrarse en lo que estaba haciendo. Tocó mientras hacía su camino por las escaleras del escenario y fingió que su entrada era parte del show. El público no reconocería la diferencia. Cuando el reflector lo bañó en un aura de color carmesí, la multitud estalló en gritos de entusiasmo. Sí, sólo intenta continuar con esta banda sin mí, imbécil.

Shade se precipitó por el escenario y se situó en el centro, lanzando un grito de guerra a todo pulmón que habría hecho temblar a los espartanos. La multitud rugió aún más fuerte. Hijo de puta.

Si Adam no amara tanto la música de Sole Regret, habría dejado la banda, y la

mierda de Shade, mucho tiempo atrás.

Con los dedos volando sobre las cuerdas cerca del cuerpo de su guitarra mientras tocaba uno de sus solos más elaborados, Adam percibió un movimiento en la esquina del escenario. Volteó la cabeza para encontrar a Madison mirándolo con ambas manos apretadas sobre el corazón. Él debería tocar algo sólo para ella. Se preguntó si eso le gustaría. Cerca del final de su solo levantó el cuello de la guitarra verticalmente junto a su rostro y captó la fragancia de ella en su mano una vez más. Inhaló profundamente y sus ojos se cerraron. Piedad, olía a pecado acaramelado.

Reacio a mover la mano, Adam se tomó su tiempo para bajar su guitarra y apoyarla sobre su repentinamente atenta polla. No era el mejor momento y lugar para excitarse, pero no podía evitarlo. Su aroma le hacía eso. Todo en ella le hacía eso.

El estadio estalló en aplausos cuando terminó su solo y él retrocedió desde el borde frontal del escenario. Tan ruidoso como era el público, el único vítor que hizo

3 Stomp Pad (stomp box): instrumento de percusión simple que consiste en una pequeña caja de madera colocada debajo del pie, que se toca o se golpea rítmicamente para producir un sonido similar al del bombo de una batería. El pedal le permite al intérprete (cantante o guitarrista) crear un sencillo ritmo de auto-acompañamiento.

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golpear su corazón fue el puño que Madison lanzó al aire con emoción. Nunca antes

golpear su corazón fue el puño que Madison lanzó al aire con emoción. Nunca antes lo había aclamado así en uno de sus shows. Siempre se quedaba atrás, lejos de la acción, e intentaba pasar inadvertida. Se preguntó por su repentino cambio. Le alegraba que estuviera disfrutando, pero no estaba seguro de querer que cambiara. Ella era su ancla, así como el viento en sus velas. Necesitaba saber que ella estaba ahí para él cuando no la viese durante semanas, a veces meses, a la vez.

La canción terminó y Shade caminó a grandes pasos hacia la parte delantera del escenario, hablándole a la multitud como los vocalistas eran propensos a hacer.

¿Cómo nos sentimos esta noche, Dallas-Fort Worth?

El público rugió ante esa señal. Adam echó un vistazo a Madison. Ella le ofreció un tímido saludo y luego sonrió y bajó la mirada. No podía ver el color en su rostro a la distancia, pero sabía que estaría ruborizada. Amaba cuando ella se ruborizaba.

Shade seguía parloteando con la multitud. Bien podría haber estado hablando como un adulto en una caricatura de Snoopy por todo lo que Adam oyó. El pesado golpe sordo del bombo de Gabe espabiló a Adam cuando comenzó la siguiente canción. Realmente estaba desconcentrado esta noche; necesitaba esforzarse más. Tenía fans que entretener. Podría concentrarse en entretener a Madison en aproximadamente una hora.

Adam trotó hacia el frente del escenario junto a Shade “busco atención” Silverton, y se inclinó para tocar un riff duro y pesado para un grupo de aficionados en el foso.

¡Adam, eres un dios! gritó alguien.

Él sonrió. ¿Oíste eso, Shade? Creen que soy un dios.

Te amo, Shade gritó alguien más como una banshee con un megáfono.

Hijo de puta.

Adam notó las sonrisas divertidas en los rostros de varias personas en la audiencia y supo que Kellen estaba haciéndole burla a sus espaldas. Lo hacía en cada show. El público pensaba que era divertido, así que Adam lo dejaba pasar. Sabía que Kellen nunca haría algo para dañar intencionalmente a una persona; bueno, excepto quizás a esas amantes que ataba a su cama. Pero ellas rogaban por recibir su castigo. Adam se preguntó si Madison disfrutaría de algo así. Todas las indicaciones señalaban a que demonios, sí.

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Shade cargó frente a Adam de modo que pudiera cantarle a los fans que Adam

Shade cargó frente a Adam de modo que pudiera cantarle a los fans que Adam estaba favoreciendo con una atención personalizada. ¿En serio, amigo? Adam le puso los ojos en blanco y trotó hacia el extremo opuesto del escenario, subiéndose a una plataforma y tocándole al público en los asientos del estadio. Apuntó con la culata de su guitarra a la multitud emocionada y ellos gritaron con entusiasmo.

Hizo retroceder el diapasón de su guitarra y luego lo lanzó hacia adelante una vez más. La mitad del estadio rugió ante la señal. Pronto los tuvo cantado a su voluntad. Y cuando él rebotó en la punta de sus pies, ellos saltaron al unísono.

Una descarga de adrenalina inundó su cuerpo, y brincó al ritmo de la música. Su audiencia siguió su señal, saltando con la música. Adam amaba interactuar con el público. Especialmente uno con tantas ganas de seguir su ejemplo. De vez en cuando tenían una audiencia de porquería, pero la mayoría de sus seguidores eran locamente divertidos. La audiencia en el lado opuesto del estadio comenzó a rugir, y Adam echó un vistazo para encontrar a Shade parado cerca de Madison, que apenas estaba oculta tras bastidores. Shade estaba lanzando el puño al aire para conseguir que la otra mitad de la audiencia entrara en un frenesí.

Y entonces comenzó la competencia. ¿Quién podía lograr que su lado del estadio gritara más fuerte, saltara más alto, se volviera más loco? Owen y Kellen se movieron hacia abajo al centro del escenario para involucrar a los miembros de la audiencia que se retorcían en el hoyo. Los hijos de puta más locos siempre sacudían la admisión general. Varios círculos de mosh 4 se formaron en el suelo y pronto los cuerpos estuvieron rebotando entre sí en un caos total.

Para el final de la segunda canción, Adam ya estaba empapado en sudor. La camiseta se le pegaba a la espalda y su cabello a su rostro. Se limpió la palma de la mano en los jeans para que sus dedos no se resbalaran sobre las cuerdas de la guitarra cuando interpretara su siguiente canción. Le gustaría decir que su mitad del estadio era la que estaba más estimulada ahora, pero tenía que admitir que todo el público estaba alborotado.

Adam regresó al micrófono abierto de Owen y gritó.

¡Ustedes hijos de puta sí que saben rockear!

4 MoshPit: el Mosh (o Moshing) es un tipo de danza en cuyos participantes saltan, hacen acrobacias y chocan violentamente unos con otros al ritmo de la música. Suele ser asociado con estilos musicales “agresivos” como el hardcore punk, el thrash metal, el death metal o el groove metal. Se realiza sobre todo en los conciertos.

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Considerando el rugido que el público produjo, era evidente que estaban de acuerdo. Shade le

Considerando el rugido que el público produjo, era evidente que estaban de acuerdo.

Shade le ofreció una sonrisa.

¿Qué dices, Adam? ¿Estás listo para prender fuego tus dedos?

Al igual que el vapor, la tensión entre ellos se evaporó. En ese momento, lo único que importaba era la música que compartían.

Enciéndeme dijo Adam.

La multitud rugió su aprobación cuando Adam comenzó la introducción de “Light Me”. Para cuando el resto de la banda entró en la canción y él le dio a su mano izquierda medio segundo de descanso, sus dedos sí se sentían como si estuvieran en llamas. Amaba el reto de interpretar esa introducción en vivo. Solamente el solo de la canción, de un minuto de duración, ofrecía mayor prueba de sus habilidades. Adam había estado tan drogado cuando escribió “Light Me”, que le sorprendía que hubiese sido capaz de encontrar las cuerdas, y mucho menos componer su pieza de música más inspirada. Se preguntó qué magia que sería capaz de crear ahora que estaba sobrio. Sólo tenía una persona a la que agradecer por la bendición de su sobriedad.

Adam buscó a Madison tras bastidores y la encontró mirándolo con reverente asombro. Él preferiría poner esa expresión en su rostro en la cama, que tener la completa atención de quince mil personas, porque era su opinión la que más importaba.

Para cuando finalizó la actuación de Sole Regret, Adam estaba sobrecalentado y su ropa estaba empapada de sudor. A pesar de la cantidad de energía que había gastado, estaba demasiado excitado para estar cansado. Tenía un montón de energía de sobra y cuando Madison dio varios pasos hacia el escenario para poder tomarlo en sus brazos, supo exactamente qué quería hacer para agotar las fuerzas que le quedaban.

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Capítulo 8 Traducido por Nanami27, rihano & Xhessii Corregido por Clau12345 A Madison no le

Capítulo 8

Traducido por Nanami27, rihano & Xhessii

Corregido por Clau12345

A Madison no le importó la humedad de la camiseta de Adam cuando lo envolvió en un fuerte abrazo y hundió el rostro en su hombro. No pudo evitar que su lengua recogiera el salado sabor del sudor de su cuello. La guitarra que se apretaba contra su vientre sólo incrementaba su consciencia de él.

Mirar la presentación de Adam y ver lo mucho que su música significaba para tanta gente la llenó de orgullo. Y preocupación. No podía competir con la multitud o con su música. Quizás podía robárselo al mundo y mantenerlo todo para ella, pero no tenía derecho a ponerse en el camino de su carrera musical. No tenía derecho a hacer demandas sobre su tiempo que pudieran interferir con su éxito continuo. Sin embargo, ¿podría ella darle todo a esta relación y esperar tan poco a cambio? ¿Alguna vez sería feliz con él? ¿Alguna vez sería feliz sin él?

Sus brazos se apretaron, acercándolo aún más. Nunca tenía estos confusos pensamientos cuando estaban solos, sólo cuando era confrontada con su infamia. Y la fama era parte de quien él era. Tenía que comprender eso de alguna manera o esta relación nunca funcionaría.

Necesito una ducha. Él frotó la nariz contra su oreja, su trabajosa respiración agitando los cabellos sueltos contra su cuello. ¿Te importaría unirte?

Ella asintió y lo abrazó con más fuerza.

Vamos al hotel le susurró él al oído. No puedo esperar a estar solo contigo. Puedo oler tu coño en mi mano izquierda. Cada vez que capturaba tu aroma, quería decir a la mierda con el concierto y arrastrarte a un rincón aislado para otra vigorosa follada.

Ella no sabía si celebrarlo por decirle cuánto la deseaba o si debía sentirse culpable por romper su concentración en el escenario. Había gente que dependía de que él hiciera su mejor presentación.

Lo siento dijo ella contra su pecho.

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— ¿Por qué? — Por hacerte las cosas difíciles. Él se apartó y capturó su

¿Por qué?

Por hacerte las cosas difíciles.

Él se apartó y capturó su rostro entre ambas manos, inclinando su cabeza hacia atrás para que no tuviera más remedio que mirarlo a los ojos.

No estoy seguro de qué te preocupa tanto, pero detente. Está comenzando a molestarme. No sonaba enojado en lo más mínimo. Sonrió y le besó la punta de la nariz. No quiero que te preocupes por nada durante el resto de la noche, excepto por cómo quieres que te haga el amor la próxima vez.

Ella empujó a sus inquietudes a la parte trasera de su mente. Sabía que cuando estuvieran solos juntos, todas las preocupaciones que la asolaban ni siquiera serían consideraciones. Él tenía una manera de hacerle olvidar todo, excepto el momento. Todo menos él.

Quizás la suite del hotel tiene una bañera hecha para dos susurró ella.

Nena, en lo que a nosotros respecta, todas las bañeras están hechas para dos.

Él le entregó su equipo a un ansioso roadie, tomó la mano de Madison y la condujo hacia la parte trasera del estadio, donde la limusina estaba esperando a la banda. Owen y Kellen ya estaban dentro del auto.

Owen había descubierto el contenedor de galletas de jengibre de Adam y las estaba engullendo una tras otra. Parecía inconsciente de la jovencita que tiraba de su cinturón.

Quiero verlo dijo su acompañante. Le bajó la cremallera y metió la mano dentro antes de que Madison y Adam siquiera se hubieran ubicado en el asiento frente a ellos. Adam se aclaró la garganta para llamar la atención de Owen y luego asintió en dirección a Madison con las cejas levantadas. Owen tomó la mano de la dama y la sacó de sus pantalones de un tirón.

Después dijo él. Tenemos compañía.

Aparentemente, Kellen no contaba como compañía. Madison se dio cuenta de que Owen se estaría divirtiendo mucho más ahora si ella no hubiera aparecido.

No te preocupes por mí dijo Madison. De hecho, ella también quería verlo; asumiendo que la mujer que luchaba para devolver su mano a la entrepierna de Owen estuviera interesada en su piercing.

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— ¿Ésas son mis galletas? — gritó Adam y sacó el recipiente de las manos

¿Ésas son mis galletas? gritó Adam y sacó el recipiente de las manos de Owen de un tirón. Una sola galleta de jengibre traqueteó en la parte inferior del tazón. Adam se la metió en la boca y luego lanzó el recipiente a la cabeza de Owen. Hijo de puta dijo con la boca llena de galleta.

Estaban deliciosas. ¿Te las hizo tu novia? dijo Owen en un tono burlón.

Sí, las hizo para mí. No para ti.

El hecho de que Adam no hubiera negado que ella era su novia tuvo a Madison luchando por encontrar aire. Él le tomó la mano y le dio un apretón alentador. ¿Acaso lucía tan asustada? Se sentía como un caballo asustadizo siendo ensillado por primera vez. ¿Esto estaba sucediendo realmente?

¿Adam estaba reclamándola como su novia? ¿Públicamente? ¿Cómo sería su vida si los medios de comunicación descubrían que eran novios? ¿Su rostro sería publicado en todo Internet y los tabloides?

¿Las celosas fans encontrarían cada defecto de Madison e insistirían en que no era lo suficientemente buena para la perfección que era Adam Taylor? ¿Estaba lista para esto? No había duda de que estaba lista para amar al hombre, pero no estaba tan segura de amar a la estrella de rock.

¿Dónde están Force y Shade? preguntó Adam. Estiró el cuello para mirar por la ventanilla.

¿No te gusta esperar a los demás? preguntó Owen. ¿Te molesta cuando tus amigos no valoran tu tiempo?

Adam resopló y sacudió la cabeza.

No empieces tú también.

¿De qué está hablando? preguntó Madison.

Shade estaba enojado porque llegué cinco minutos tarde al recital. Adam puso los ojos en blanco como si Shade fuera el bastardo desconsiderado.

¿Te retrasaste por mi culpa? preguntó Madison.

Está bien dijo Adam. Lo superará.

Oh wow, lo siento, Tags dijo la compañera de Owen. Tenía toda la mano dentro de los pantalones de Owen y estaba moviéndola dentro de la parte

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delantera de sus jeans — . ¿Cómo se siente cuando estás duro? ¡Oh! ¿Te lo

delantera de sus jeans. ¿Cómo se siente cuando estás duro? ¡Oh! ¿Te lo dejas puesto cuando follas?

Ésa es la única razón para hacerse uno. Se siente fantástico.

Madison hizo una nota mental para compartir ese pedacito de información con Kennedy. Su hermana estaría aliviada de saber que Owen había atravesado su quinto apéndice por placer, no por dolor.

La mano libre de la jovencita se movió hacia la entrepierna de Kellen. Estaba sentado junto a Owen, sin camisa y sudoroso, con el largo y oscuro cabello pegado a su pecho desnudo. Un rubor caliente hacía que sus fuertes pómulos parecieran aún más pronunciados.

¿Tú también tienes uno, Cuff? preguntó ella, acariciándolo a través de los jeans. ¿Puedo sentirlo?

Uh, no. Kellen levantó la mano de ella de su entrepierna y la dejó caer en el muslo de Owen.

Luego, ella se volvió y se inclinó a través de la limusina hacia Adam. Reconociendo su intención, Madison se deslizó sobre el regazo de Adam, bloqueando a Señorita Tocadora para que no encontrara su objetivo. Madison fulminó a la osada mujer con la mirada, cuyos ojos se levantaron del regazo repentinamente oculto de Adam hacia el rostro de Madison.

¿Adam tiene la polla perforada? preguntó.

No es asunto tuyo dijo Madison.

Estoy segura de que sus dedos se mueven realmente rápido cuando te acaricia ahí abajo, ¿eh? Deberías pedirle que toque el solo de “Light Me” en tu clítoris. Eso debería hacerte acabar en, como, cinco segundos. La fan asintió hacia el regazo de Madison, levantó y bajó las cejas y luego rio hasta que soltó un bufido.

Cuando Madison sólo se la quedó mirando como si hubiera escapado de un manicomio para putas, a Señorita Tocadora dejó de reír e hizo una pedorreta.

Vieja mojigata.

Madison se erizó.

Realmente me estás poniendo de los nervios dijo Owen, sacando la mano de su acariciadora de los pantalones, reacomodándose tan discretamente como pudo y subiéndose la cremallera. Hasta luego.

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Se inclinó para abrir la puerta, le dijo algo a uno de los guardias de

Se inclinó para abrir la puerta, le dijo algo a uno de los guardias de seguridad afuera y en un instante, la chica se había ido.

¿Desde cuándo te importa cuán odiosamente se esté portando una chica siempre que te puedas echar un polvo? preguntó Kellen.

Madison no necesita ver a alguien actuando de esa manera dijo Owen. Ella es… agradable.

Agradable. No se sentía como un cumplido. Madison seguía encontrándose con las mujeres que naturalmente pasaban el tiempo con la banda y “agradable” no era la primera descripción que le venía a la mente. Quizás por eso se sentía tan fuera de lugar.

También hace las mejores galletas de jengibre que he probado en mi vida añadió Owen.

Adam gruñó y trató de patearlo, casi desacomodando a Madison en el proceso.

El baterista de la banda, con su mohawk rojo y negro, el cuero cabelludo tatuado y ojos asombrosamente verdes, se deslizó en el asiento junto a Owen. Si Adam estaba húmedo y Kellen estaba mojado, entonces Gabe estaba empapado. Madison no estaba segura de cómo Owen se las arreglaba para lucir como si acabara de salir de un salón de belleza. No tenía un solo cabello fuera de lugar.

Oye, Gabe, ¿dónde está Shade? preguntó Adam.

Ahora que la Señorita Groupie, o mejor dicho Señorita Grope-y 5 , estaba fuera del coche y Adam ya no estaba en peligro de acoso sexual, Madison intentó de salirse de su regazo. Él la envolvió con los brazos para evitar que se alejara.

Creo que una vez más está al teléfono discutiendo con Tina dijo Gabe.

Puede hacer eso en el hotel dijo Adam. Vamos.

Mantén tus pantalones puestos, Adam dijo Kellen.

Si

tuvieras

puestos?

esta

mujer

en

tu

regazo,

¿querrías

mantener

los

pantalones

Madison se sonrojó. No podía creer que él acabara de decir eso.

5 N. de T.: juego de palabras entre “groupie” y “grope-y”, palabra derivada de “grope”, que significa “toquetear”.

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— Bueno, no. Yo ya me habría sacado los pantalones si estuviera en tu situación

Bueno, no. Yo ya me habría sacado los pantalones si estuviera en tu situación dijo Kellen. Pero podrías no querer molestar a Shade más de lo que ya lo has hecho. Está teniendo un mal día.

De lo que estoy seguro me culpa dijo Adam. Igual que siempre me culpa por todo.

Shade se deslizó dentro del coche junto a Adam y cerró la puerta. Alguien palmeó el techo del coche y éste se movió hacia adelante.

Shade todavía aferraba su teléfono celular y no les dirigió la mirada, no que fuera fácil saber en qué ésta estaba fija cuando siempre usaba un par de gafas de sol de aviador.

Mientras Owen le describía con entusiasmo un club de sexo en San Antonio a Kellen, que parecía interesado, y a Gabe, que no, la mano de Adam vagabundeaba bajo la falda de Madison para acariciar la parte interna de su muslo. Shade miraba por la ventana polarizada y no le dijo una palabra a nadie. La necesidad de Madison de aconsejarlo era abrumadora. Extendió una mano en su dirección y abrió la boca para hacerle una pregunta, pero lo pensó mejor y frunció los labios.

Vamos, Gabe dijo Owen. Lo pasarás bien.

Te lo dije dijo él, pasando un dedo a lo largo de la cabeza en el límite de su mohawk. Tengo esta cosa en la que estoy trabajando con Melanie.

¿Qué cosa? preguntó Owen con una sonrisa. ¿Involucra baterías o un generador de gasolina?

Con las cejas juntas, Gabe se mordió el labio y golpeó a Owen en el muslo.

Una relación. Ya sabes, ¿compromiso?

Nunca oí hablar de eso afirmó Owen mientras le daba un codazo en las costillas a Kellen.

La atención de Madison se volvió hacia Gabe. Nunca había sabido que alguno de los miembros de la banda se comprometiera con una mujer en todo el año que había estado familiarizada con ellos. Si Gabe podía arreglárselas, entonces tal vez Adam podía pasar el tiempo con él mientras los otros tres salían y tonteaban con sus grope-ies. O iban a clubes de sexo. O cualquier otra actividad en las que tomaran parte que pudiera implicar la indiscreción de la polla de Adam.

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Los ojos azules de Owen pasaron a Adam y luego inmediatamente se desviaron a Shade.

Los ojos azules de Owen pasaron a Adam y luego inmediatamente se desviaron a Shade. Al parecer, sabía que no debía preguntarle a Adam frente a Madison.

Vendrás, ¿verdad, Shade?

Ante el sonido de su nombre, Shade sacó su estricta concentración de las calles oscuras fuera del auto.

¿Qué?

Este club del que oí en San Antonio. Vas a venir, ¿verdad?

¿Club de sexo? preguntó Shade, como si fuera su excursión más típica.

Oh, sí.

¿Cuándo?

Pasado mañana.

¿Exclusivo? preguntó Shade.

Sí.

Estoy dentro.

Owen miró a Adam una vez más. Madison podía decir que quería preguntarle a Adam si iba a ir, y ella quería oír la respuesta de Adam. ¿Iba a clubes de sexo a menudo? ¿Era ahí donde había aprendido a ser un amante tan increíble? Ella ni siquiera estaba segura de qué sucedía en los clubes sexuales. Sexo, supuso, pero, ¿sería como un burdel, una orgía de todos con todos, o qué?

¿Qué haces en un club de sexo? le preguntó Madison a Owen.

Los muslos de Adam se tensaron bajo su cuerpo.

Owen miró nerviosamente a Adam. Madison volvió la cabeza y se encontró a Adam lanzando dagas de hielo con la mirada al bajista.

Nada que te interese, cariño dijo Owen. O a Adam añadió con un gesto de la mano.

Por supuesto que Adam nunca estaría interesado en algo así. Seguro. No iba a ser disuadida tan fácilmente.

¿Sólo tienes sexo con desconocidos al aire libre frente a todos?

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— Si ésa es tu perversión — dijo Kellen. El corazón de Madison se aceleró.

Si ésa es tu perversión dijo Kellen.

El corazón de Madison se aceleró.

¿Es la tuya? le preguntó, perdida en sus ojos marrón oscuro. El hombre tenía una fuerza incuestionable en él. No decía mucho cuando ella estaba ahí, pero siempre estaba consciente de él. Owen llamaba la atención por la interacción incesante, Kellen por su sola presencia.

¿Actuación de sexo? Kellen sacudió la cabeza. No especialmente, no. Eso es más cosa de Adam.

No le digas eso dijo Adam. Es propensa a creerte.

Shade se reclinó sobre el asiento trasero y deslizó una mano sobre la rodilla de Madison.

y unírtenos, cariño. Siempre me

pregunté qué era lo que tenías que mantenía interesado a Adam. Me pareces bastante vainilla. ¿Qué escondes detrás de ese acto inocente? ¿Y bajo esa falda?

Creo

que deberías venir a

San Antonio

Adam agarró la mano de Shade y le aplastó los dedos.

No la toques.

Shade rio entre dientes.

¿Ves? Ahora esta todo cabreado. Oye, Adam, ¿qué hay tan genial en ella de todos modos? ¿La chupa bien o qué?

Antes de que ella pudiera decirle a Shade que se fuera a la mierda, Madison se encontró rebotando en el asiento junto a Adam cuando él la echó de su regazo y saltó sobre Shade. En cuestión de segundos, una pelea completa hacía estragos en la parte de atrás de la limusina. Adam consiguió dar un par de buenos golpes antes de que Shade encontrara la fuerza suficiente para mandarlo volando hacia el asiento trasero. Adam se inclinó hacia las piernas de Kellen y Owen antes de lanzarse una vez más en dirección a Shade.

Con el corazón tronando fuera de control, Madison agarró la parte posterior de la camiseta de Adam para tratar de separarlo de Shade.

¡Alto!

Al instante encontró su espalda asegurada contra un duro pecho con ambas muñecas atrapadas a los costados.

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— Déjalos pelear — dijo la profunda voz de Kellen en su oído — .

Déjalos pelear dijo la profunda voz de Kellen en su oído. Esto ha estado construyéndose por semanas.

Madison luchó para ser liberada, pero Kellen no sólo era fuerte, parecía conocer alguna técnica para mantenerla fácilmente inmovilizada.

Uno de ellos va a resultar lastimado dijo Madison.

Los rápidos golpes de Adam y Shade ya estaban disminuyendo y se volvían menos castigadores. Después de menos de un minuto, se separaron, lanzándose miradas ácidas. Las gafas de sol de Shade estaban dobladas y torcidas. El lleno labio inferior de Adam estaba sangrando. Una marca roja oscurecía su mejilla.

Estoy harto de tu mierda, Shade gritó Adam. Me cansé.

¿Qué? ¿Vas a irte? devolvió Shade. Adelante. Vete. Entonces quizás podríamos encontrar a alguien para tomar tu lugar que se presente a las pruebas de sonido a tiempo, que no crea que follar es más importante que respirar, que no sea tan estúpido como para fumar marihuana tras bastidores durante su libertad condicional, y que no sea el más completo y desconsiderado imbécil que he conocido jamás.

El corazón de Madison se estrelló contra su caja torácica. ¿A qué se refería Shade con que Adam había fumado marihuana tras bastidores? ¿Recientemente? ¿Por qué le escondería algo así? ¿Por qué mentiría? Y si mentía sobre algo como eso, ¿cómo podía creer nada de lo que le dijera?

Sí, quizás me vaya gritó Adam. Al menos no tendré que soportar discutir con un ególatra como tú.

Nadie se va a ir dijo Kellen. Ustedes necesitar dejar de molestarse el uno al otro a propósito. Es infantil.

Adam y Shade miran boquiabiertos a Kellen con asombro.

Es jodidamente obvio que lo hacen dijo Owen. Mientras que Adam y Shade no estaban de acuerdo en nada, Owen y Kellen parecían estar de acuerdo en todo. Adam sabe cuánto le molesta a Shade que llegue tarde, así que cualquier oportunidad que tiene para llegar tarde, la toma.

Adam bajó la vista y miró sus nudillos enrojecidos.

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— Y Shade hará cualquier cosa para conseguir sacar de quicio a Adam — continuó

Y Shade hará cualquier cosa para conseguir sacar de quicio a Adam continuó Owen. Sabía que molestaría a Adam que hiciera un movimiento sobre su chica, así que, ¿qué hace? Hace un movimiento sobre su chica.

Quizás estoy genuinamente interesado en ella dijo Shade, su voz profunda ronca. Se quitó las gafas de sol arruinadas y las metió en un bolsillo.

Shade tenía hermosos ojos azul oscuro realzados por espesas y negras pestañas. Había todo tipo de emociones girando en esas profundidades. Madison se preguntó por qué escondía esos hermosos ojos detrás de gafas de sol a todas horas del día y la noche.

¿Sí? preguntó Adam. Si estás tan interesado en ella, ¿cuál es su nombre?

Shade se encogió de hombros y sacudió la cabeza.

Como si me importara una mierda.

Owen lanzó un profundo suspiro.

—Quizás sea hora de que ustedes dos se disculpen…

No me voy a disculpar con él se quejó Adam.

¿Por qué mierda tengo que disculparme? gritó Shade.

Owen puso los ojos en blanco y sacudió la cabeza con disgusto. Gabe, que estaba sentado directamente frente a Shade, levantó un pie y le dio un golpecito a Shade en la rodilla con la punta del zapato. Gabe le dio a Shade una mirada significativa, y Shade se volvió a hundir en su asiento para mirar por la ventana una vez más.

Madison liberó el aliento que no se había dado cuenta de que había estado conteniendo.

La limusina frenó y viró para tomar un camino de entrada. Cuando el auto se detuvo frente al hotel, Shade salió antes de que el conductor pudiera venir a abrirle la puerta.