VAMOS A DISCUTIR

Manuhermon. ‘Arian seis’
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PRESENTACIÓN El nuevo folleto que cuelgo en ‘Scribd’, ‘Vamos a discutir’ y ‘Sobre el conocimiento’, -dos aspectos de un solo trabajo-, fue escrito en septiembre de 2002, pensado para publicar en una revista, ‘Tiempos Salvajes’, que sacó pocos números. La pretensión inicial era señalar un tema en el que tropezamos muchos españoles y por descontado grupos e individuos rojiverdes en las izquierdas. Posteriormente fueron publicados en ‘Arian seis’ en enero de 2010, que es de donde se vuelcan aquí, porque ayudaba a la presentación de intenciones de lo que pretendía en el blog. Entonces se añadió al trabajo, el post ‘Economía, matemáticas, y política’, que le daba mayor sentido a la concepción del blog. Durante estos años de crisis hemos tenido la oportunidad de comprobar hasta la saciedad, la poca propensión a discutir y debatir, tanto antes como ahora, y la tendencia a la dicotomía entre los españoles, buen ejemplo de lo cual era la abultada opinión entre votantes azules de que la culpa de la crisis eran los factores internos, personalizados en Zapatero, mientras que la mayoría de votantes rojos culpaban al sistema financiero internacional. En este terreno, con esas ideas, pensaba viajar con ‘Arian seis’ a través de la política, la economía y los problemas de las izquierdas. Una muestra la escribí en marzo de 2012 ‘Son ambos. Aquello y esto, lo uno y lo otro’. ‘’.../… ¿Era tan difícil ver que caminaba con las dos piernas? Que tan importante fue la crisis financiera internacional como las particularidades españolas de la burbuja inmobiliaria y de crédito que se vieron afectadas por la crisis global. Tan importante la debacle financiera internacional como nuestra abundante cifra de paro que denotaba una enorme pérdida de competitividad, tan importante la falta de crédito internacional como nuestro atraso industrial, sector en el que no se invirtió durante muchos años porque todo el dinero lo desviaron a arena y ladrillos, manteniendo un considerable atraso industrial. Tan importante era el despegue y desarrollo industrial de los emergentes, China, India, Rusia, Brasil, como nuestro atraso anclado en un sector de la construcción que aporta poquísimo valor añadido, que necesita poquísima educación y al que se dedicaron ingentes recursos que no teníamos y nuestros bancos, cajas y empresas pidieron prestados al exterior…
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Tan importante era una cosa como la otra, la deuda y el déficit, el crecimiento y la contención derrochadora, la lucha por aumentar la competitividad y no mirando solo a los salarios, los trabajadores y los parados, los impuestos y los gastos,… ambas, todas nos afectaban. Todavía en la campaña electoral del 20-N he escuchado a militantes socialistas y de otras izquierdas hablar de la crisis refiriéndose exclusivamente al aspecto financiero internacional, a las famosas ‘subprime’, y nada a la crisis interna española que secó repentinamente de ingresos a las administraciones que siguieron gastando como si nada ocurriera, o como si fuera algo pasajero de unos meses. No ha pasado tanto tiempo desde que los partidos ponían en sus programas el objetivo del pleno empleo, PSOE y PP, pero también IU proyectando sueños de creación de millones de puestos de trabajo. Tampoco ha pasado mucho tiempo desde que los grupitos de todo tipo hablan de salidas imposibles para problemas irreales, problemas que se retuercen hasta hacerlos irreconocibles en la realidad, y por tanto con salidas aparentes pero absurdas porque nadie las apoyará… Mientras tanto la regresión derechista, aprovechando la crisis, comenzó imparable a marchar hacia atrás por todas partes y continuará profundizándose porque su fuerza electoral y social aumentó considerablemente en estos años de crisis cegadora mientras se desvanecieron las fuerzas roji verdes malvas fragmentadas y perdidas entre sus visiones de realidades soñadas. ‘’ Manuel Herranz Montero

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VAMOS A DISCUTIR Discutir, según los diccionarios es ‘’examinar y tratar una cuestión o una materia, presentando consideraciones favorables y contrarias sobre la misma, investigar sobre sus circunstancias, alegar razones contra el parecer de otro‘’. Muchas personas sienten temor ante esta palabra dicen: ‘no me gusta la bronca, hablamos si quieres pero no discutimos’, huyen de los significados de pelea o riña que para ellos tiene este concepto. Sin embargo, discutir es sano, necesario y conveniente tanto individual como colectivamente. No podemos vivir como personas civilizadas sin discutir, ya que es imprescindible contrastar ideas para avanzar en el conocimiento de la realidad, opinar sobre los problemas y trazar caminos para resolverlos. Discutir ha sido y es progresista, concede prioridad a los fundamentos de la razón y del conocimiento humano sobre los sermones de hechiceros y charlatanes proclamando verdades reveladas por un espíritu sin derecho a verificar por personas, eso que hoy se llama el pensamiento único, que era del único pensamiento del cual se permitía hablar a favor, discurso siempre emitido por los diversos poderes que han querido aprisionar y dominar al ser humano. La discusión dignifica a la persona distinguiéndola de animales y plantas fundamentalmente por utilizar la razón y el lenguaje, sin los cuales no avanzaría la humanidad. La razón posibilita ordenar los estímulos que recibimos por nuestros sentidos, trabajar con las ideas y crear conocimientos sobre la realidad, en tanto que el lenguaje permite comparar los conocimientos con otros individuos ya que sin ponerlos en duda, sin enfrentarlos a otros, no sabremos si hemos elegido la mejor alternativa. Razón y lenguaje interactúan entre sí. Sería imposible trabajar o asistir a un concierto, montar en tren o avión, ver la televisión o cualquiera de las muchas cosas que hacemos en nuestras vidas, si antes millones de personas no hubieran discutido sobre la mejor forma de volar, de transmitir imágenes, o sobre qué compuestos químicos y en qué proporciones deben mezclarse para combatir una enfermedad, o de cómo sembrar una semilla y qué cuidados prestarle para producir más y mejores alimentos, o de cómo organizar el trabajo para construir una casa, un auto o una orquesta. A muchos poderosos les disgusta profundamente discutir, quieren eliminar el contraste de ideas y acuden al extremo, expresado en la idea de ‘estás
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conmigo o contra mí’ la han formulado todos los dictadores del mundo, acompañada en cada momento por campañas y persecuciones de los que no opinaran lo mismo. En la experiencia española tenemos buenos representantes de esa forma de proceder excluyente de todos los que no piensan como ellos, desde los reyes Caóticos, pasando por Felipe II, hasta llegar al siglo XX con Franco. El último representante de ese pensamiento dicotómico es el Sr. Aznar, quien tiene interiorizado este comportamiento. Para comprender mejor esta postura citaré un ejemplo: a primeros de septiembre del 2002 proclamará en el Congreso, 'todo aquel que no esté de acuerdo en apoyar la guerra contra Irak está a favor del terrorismo'. Por tanto, según su esquema mental, se permite acusar de terroristas a los que se oponían a la guerra en esa fecha, como era la ONU, diversos organismos internacionales, Jacques Chirac, presidente de Francia o Shlomo Ben Ami, ex ministro de Exteriores de Israel o Jimmy Carter, ex presidente de EEUU, quien escribe ‘Irak no representa actualmente ningún peligro para EEUU’. ('El País' del día 12-09-2002, sendos artículos en páginas de opinión, especialmente esclarecedor el de Cárter) En demasiadas ocasiones escuchamos voces de agitadores repetir la frase: ‘no hay otra salida, es la única alternativa posible’, cuando la vida precisamente nos ha enseñado lo contrario, que todo tiene siempre más de una alternativa. ¡Discutan ustedes y aparecerán alternativas diferentes! Estos dictadores no aceptan mas opinión o forma de vida que la suya despreciando la forma esencial de un gobierno moderno que es la discusión con todos los que tienen intereses diferentes, grupos, clases, países, nacionalidades, partidos, etc. Discutir es un valor ciudadano, un valor social, implica adoptar postura activa ante la vida, tomar una actitud interesada en lo que sucede a nuestro alrededor, evidencia una actitud de rebeldía ante la idea de que todo esté dicho o hecho y colocado en su sitio. Contrastar opiniones y pareceres sobre las cosas para encontrar salidas a nuestros problemas forma parte de la vida en común. La discusión la realizan personas que se sienten en sociedad, conscientes de vivir colectivamente junto con otros seres humanos a los que les afectan en muchas ocasiones problemas similares y, por tanto, deben encontrar soluciones comunes, personas conocedoras de que menor debate implica menores posibilidades de acertar en las alternativas elegidas. Discutir forma parte de la educación humanista, contribuye a fomentar personas participativas en el entorno donde viven, seres responsables socialmente, lo contrario de los individualistas tan difundidos por el cine, aparentemente tan majos pero tan poco convenientes para la vida diaria. La sociedad democrática es impensable sin la discusión. Discutir asusta, tiene muchos enemigos. Algunos son permanentes y fáciles de identificar, otros simplemente tienen actitudes temporales negativas ante la discusión. Enemigos permanentes, serán todos aquellos que solo desean que repitamos sus ideas, los poderosos poco acostumbrados a escuchar argumentos. Muchos de los que mandan, cuando opinan, quieren oír
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aprobación o silencio y no argumentos que los contradigan, a veces ni siquiera escucharán de buen grado aquellos que desarrollen sus opiniones. Entre la gente que nos rodea aparecerán diversos tipos con actitudes negativas ante el debate; los hay que no quieren contrastar sus ideas simplemente porque no tienen ideas, otros para los que tiene un matiz de bronca y se alejan; los que piensan que es moralmente malo tratar de convencer al otro de determinadas ideas, o aquellos que se escudan en el tópico de que todas las ideas son iguales y tienen el mismo derecho; los poco interesados por la vida defensores del 'todo es igual y no merece la pena discutir'. No olvido a otros, los incultos enemigos de toda discusión porque no pueden argumentar sus creencias, los que defienden como modelo de conversación aquella en la que sueltan cuatro palabras mientras otro suelta dos, vengan o no a colación, los defensores de la trivialidad, o aquellos que se sienten molestos por tener que argumentar sobre cualquier tema porque carecen de orden y lógica para la exposición. Todos ellos respetables como personas, aunque no así necesariamente sus ideas. A la hora de conversar no encontrarás la persona perfecta, puedes hallar contertulios excelentes en todos los rincones y torpes y mezquinos por los mismos lugares. Muchos votantes de tu partido tendrán ideas diferentes a ti, podrías coincidir en algún tema político nacional y no internacional, puede que sí en economía y no en ecología, dentro de la cual las divergencias pueden ser enormes, o bien os separarán opiniones sobre el feminismo, o sobre el comportamiento humano y las relaciones personales. A la inversa, es fácil encontrarse con votantes de otros partidos que coinciden con nosotros en variadas cuestiones sobre el mundo actual. La transversalidad de ideas y posturas crece cada día en nuestra sociedad. Vivimos inmersos en un mundo con mayor diversidad y complejidad que en épocas anteriores lo que obliga a polemizar, a considerar las opiniones de los otros, a tener en cuenta los matices, las cifras, las diferentes alternativas y lo cambiante de la realidad. Las dificultades de discutir en nuestro entorno. Los problemas para discutir los padecemos en la actualidad en muchos lugares, en el trabajo, en la calle, entre los que nos rodean, no se producen únicamente en el entorno del Gobierno, igualmente los encontraremos en sindicatos y partidos, comunidades y asociaciones, grupos de amigos y de compañeros de trabajo, entre grupos de afines ideológicamente y entre adversarios, cuando menos lo esperemos estaremos rodeados por las verdades reveladas del momento y del grupo social de que se trate, todos tenemos verdades reveladas, todos tenemos parcelas de pensamiento único. La idea ‘este problema solo tiene esta solución’ dicha por una persona como tú, carece de importancia, para eso está la discusión. Por el contrario, sí constituye un problema cuando la misma idea expresa la intención de mantenernos al margen de los asuntos, lo cual sucede cuando es proclamada
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por un gobierno, comité ejecutivo, director general, consejo de administración, presidente, jefe del trabajo, agente de policía, secretario de la federación o candidato, en definitiva cuando esa idea es expresada por alguien que se apoya en un cargo que le confiera superioridad sobre el interlocutor. No permitamos que la discusión quede restringida a los profesionales, parlamentarios o científicos. Al contrario, debemos conseguir que sea práctica habitual entre aficionados, sean éstos militantes políticos, sindicalistas o miembros de un club, compañeros de trabajo o colegas. El debate puede realizarse de muchas maneras con alcance y profundidad diferente y utilizando formas distintas, desde libros con teorías enfrentadas, artículos y cartas en medios de prensa, exposiciones en conferencias, ponencias en congresos, discursos en reuniones, tertulias y charlas de café. Discutir debe ser una experiencia a practicar con todos aquellos que compartimos una actividad en nuestra vida cotidiana. Nuestra experiencia no es la única realidad. Hace años comentaba, con una compañera de trabajo, sobre las viudas en España. Yo decía que veía mayor número de viudas que de viudos, a lo cual ella respondió que no era así, y que las mujeres morían antes y añadió intensamente ‘conozco el problema de primera mano’, su padre estaba viudo. Alegué que mirando por las calles o en las cafeterías de los pueblos y ciudades se apreciaban más mujeres mayores y además que las cifras publicadas sobre el tema indicaban la existencia de más mujeres que hombres en ese estado. Su respuesta fue insistir en lo que había dicho, aportando como nuevo argumento definitivo una frase típica en las discusiones ‘ya sabemos que las estadísticas mienten’. (Los mayores de 70 años en España eran en el año 2.000, 1.885.260 hombres y 2.843.330 de mujeres, según datos del INE.) Para mucha gente las estadísticas están falseadas y dan cifras erróneas, desprecian los datos y sistemas estadísticos de organismos nacionales e internacionales y tratan de contraponer, como datos más fiables, los obtenidos por ellas mismas, sus propias cifras, los diez o doce casos que los rodean son los únicos existentes. Lo que ocurre es que huyen de todo lo que suponga racionalidad, de todo lo que significa estudio y preocupación por los problemas, de la necesidad de contar, evaluar, chequear, ponderar y contrastar para poder conocer. Cuando discutimos respetamos a los otros. Porque atender sus argumentos prestar atención a sus puntos de vista es un signo de consideración hacia la persona que habla. Aquel que no responde a su interlocutor y aparenta dar por bueno todo lo que dice sin discutir nada, poco reconocimiento le dispensa al atender pobremente sus opiniones, sin demostrar interés por sus ideas al no contrastarlas. El mayor desprecio que se puede hacer a una persona es no responder a lo que cuenta, no hacer caso de sus juicios.

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SOBRE EL CONOCIMIENTO La verdad de hoy no fue la de ayer y puede no ser la de mañana. La Tierra desde el inicio de los tiempos gira alrededor del Sol, sin embargo para la Iglesia católica era considerada el centro del Universo. Durante cientos de años no fue posible discutir sobre ello y aunque hubo intelectuales que hablaron como Copérnico o Galileo el pensamiento único hizo prevalecer su criterio. Hoy después de muchas muertes y sacrificios, casi todo el mundo, incluidos los perseguidores de antaño, acepta la verdad, pero en el camino quedaron miles de personas aterrorizadas perseguidas y torturadas. Las cosas han cambiado poco, ahora la insistencia de la Iglesia en condenar el preservativo ocasiona miles de muertos por SIDA en Afrecha y Asia o la negativa a la investigación científica con embriones madres impide avances médicos considerables en la curación de gran número de enfermedades. Es importante el concepto de verdad, el cual determina la aproximación del saber a la realidad en cada momento histórico. El conocimiento que se tiene de un asunto varía en cada coyuntura, además, la realidad es inabarcable en su totalidad, por consiguiente, es un concepto susceptible de transformación en el tiempo. Aceptaremos diferencias dentro de niveles determinados, la Tierra gira, no está parada no es el centro del Universo. Las teorías que tenía la humanidad hace 2.000 años sobre un tema concreto seguramente no serán iguales a las que tenemos hoy sobre el mismo tema, pudiendo, por tanto, modificarse el sentido de verdad, pero siempre respetando unos criterios aceptados en la sociedad, como son la posibilidad de verificar y contrastar públicamente los estudios realizados, e intentar demostrar su falsedad. Una verdad lo será mientras no haya argumentos que la desmientan o más completos que la desarrollen, pero no todo dará igual, en cada momento algo será más verdad, más correcto. Para tratar la enfermedad del Parkinson está probado que la levodopa es más adecuado que la aspirina, aunque posteriormente pueda demostrarse que otra medicina sea mejor, hoy no dará lo mismo tratar a un enfermo con una u otra. Conectar un cable a un terminal (+) no será igual que conectarlo a otro (-), en el caso correcto un ordenador funcionará, en el incorrecto vaya usted a saber el estropicio que organizamos. Como decimos anteriormente no hay verdades absolutas, perennes e inmutables, una verdad no lo será para siempre y por todo, aunque, insistimos, de ello no se deduce que todas las apreciaciones tengan el mismo valor. Esta perniciosa idea 'democratita' pero nada democrática se extiende entre nosotros por todos los campos, fomentando por ejemplo, una falta de profesionalidad en los trabajos que se realizan, del que todos salimos
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perjudicados diariamente, empezando por la dignidad del trabajo bien hecho. Los matices son necesarios en una discusión, y en la búsqueda de la verdad, a veces determinantes respecto a marcar la dirección o los resultados de la misma, ya que por ejemplo no es igual estar afectado por sífilis que por SIDA, aunque las dos pueden aparecer como enfermedades de transmisión sexual, una tiene tratamiento conocido con respuesta favorable, la otra es muy difícil de tratar y curar. En otras ocasiones los matices aportarán diversidad o añadirán mas aspectos de realidad en la misma dirección enriqueciendo el diálogo. Recuerdo la discusión con un amigo que defendía determinados puntos de vista sobre un país concreto, el cual durante los últimos años había tenido un superávit comercial, cuando históricamente durante largos periodos había tenido déficit. Mi amigo defendía sus ideas con argumentos soportados en la idea del déficit histórico de ese país, y al poner sobre la mesa las últimas cifras que mostraban el cambio de los tiempos hacia el superávit su respuesta fue un clásico de las discusiones, ‘da lo mismo, el caso es que…’, y siguió repitiendo como si nada todos los argumentos anteriores. Ni siquiera son iguales todos los gobiernos de la derecha, en España o en Francia, como no son iguales los gobiernos de EEUU demócratas o republicanos. Desconfiemos del interés que muestren por un asunto, aquellos que no vean aspectos diferentes en realidades y personas distintas. Otra cuestión distinta será la generalización que adoptaremos para definir realidades, mayor cuanto más nos separemos de los elementos analizados, las diferencias en este caso quedarán en segundo plano respecto de las similitudes. Ambos criterios de generalización y diferenciación serán utilizables y solo dependerán del objetivo de nuestros análisis. Las cifras, los datos, son importantes, si elaboramos un discurso basado en hechos soportado en cifras concretas y éstas cambian, lo lógico sería abandonar los argumentos defendidos e incorporar los nuevos. Conocemos colegas que pensaban que el Gobierno PP era lo mismo que el Gobierno PSOE, ‘todos son iguales, además lo gordo lo determina la Unión Europea’ dicen, (por cierto las instituciones de la Unión Europea las forman los parlamentarios de partidos políticos nacionales). Han pasado varios años de gobiernos, franquistas, UCD, PSOE, PP, PSOE, ahora podemos medir, comparar y revisar cifras con cierta proyección en las que vemos disminución o aumentos de las inversiones en sanidad, educación, seguridad ciudadana, investigación y desarrollo, militar, etc. Claro está que además podemos comparar actuaciones entre sí y con otros gobiernos de otros países, del mismo signo o diferente. Interesante en este caso comparar gobiernos conservadores europeos con el PP nacional, respecto a derechos y libertades, por ejemplo divorcio, penalización del aborto, respeto institucional, separación de poderes Iglesia Estado, impuestos a los ricos. No resisto la tentación de recordar aquí la idea
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laborista de crear un impuesto especial sobre los grandes beneficios de las empresas públicas inglesas privatizadas. Es posible comprender aquello que no vives directamente, aunque hay una dañina idea introduciéndose en diversos grupos sociales que defiende lo contrario. Si esta idea se generalizara la humanidad retrocedería cientos de años. Hoy podemos mantener que el saber se genera en el cerebro mediante la facultad de pensar, que es mediante el pensamiento como podemos conocer y dominar realidades no vividas directamente por el ser humano. La experiencia directa puede ser una forma de entrada de materiales para preparar el conocimiento pero no determinante para su elaboración, el conocimiento se fabrica hay que elaborarlo, requiere de un trabajo intelectual específico, no entra por la sangre ni atraviesa la piel. Por el mero hecho de vivir inserto en una determinada realidad no se comprende ésta mejor. Recuerdo una discusión en el trabajo con un jefe, vasco de Bilbao, el cual defendía la idea de que ni yo ni nadie podíamos hablar del País Vasco por no ser de allí. La idea está en los medios de prensa ampliamente difundida por los nacionalistas en general. Con esa argumentación lo que realmente pretenden es que no opinemos sobre el tema, en contra de sus alegatos, claro está. Lo dañino de esa idea es que trata de limitar el conocimiento a la sangre, al color de la piel y a la pertenencia a un determinado grupo humano o social, apartando al resto de la gente de esa problemática. Aceptar esta argumentación haría retroceder la humanidad cientos de años, sería condenarse a no intervenir en el mundo, a no comprender la naturaleza de la explotación, o del hambre y las guerras en África, o del imperialismo y la globalización, o del Islam y otras religiones, o los problemas del SIDA y las drogas, o los efectos del cambio climático o la represión sexista. Estas personas con sus criterios quieren conducirnos a un mundo en el que nunca podríamos hablar más que de nuestros problemas de vecindario, de feminismo solo hablarían las mujeres, de Irak solo los iraquíes, sobre esclavitud sólo hablarían los esclavos, de la explotación infantil y de su represión sólo podrían hablar los niños etc. Lo anterior no contradice que quien vive en palacios pensará como un rey y quien viva en chabolas pensará como un mendigo, o dicho de otra forma, nuestro entorno y condiciones de vida, todo cuanto nos rodea, influye en nuestra forma de pensar. El ser humano sin ser perro o pez, estudia y conoce cómo viven los peces y los perros, sin ser asteroide y sin haber viajado al sistema solar, analiza el Sol y los planetas. Un ejemplo interesante sobre la elaboración del conocimiento, (relatado por Mario Bunge en '‘La ciencia: su método y su filosofía’' Editorial Siglo Veinte, Buenos Aires 1978), fue el descubrimiento del planeta Neptuno por parte de Adams y LeVerrier. Los investigadores, sin partir de una observación directa previa y utilizando la lógica con datos y mediciones teóricos que mostraban irregularidades de la
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teoría general respecto a la realidad de los movimientos efectuados por otros planetas, determinaron su existencia, llegando a la conclusión de que debería haber otro planeta en esa parte del universo que explicara el desajuste, prediciendo el lugar del cielo donde se encontraría en un día determinado, como así fue. Está suficientemente demostrado por miles de trabajos que existen personas que estudian y conocen la problemática de otros seres humanos diferentes a ellos, procedentes de otras clases o grupos sociales, económicos, ideológicos, sexuales, raciales o nacionales. La realidad es que personas que utilizan estos juicios excluyentes, cuando discuten luego en su vida diaria tratan de defender sus intereses y toman otras ideas y opinan sobre todos los asuntos que quieren, no solo los supuestamente suyos. En el caso del vasco que pretende impedir que opines de Euskadi por no haber nacido allí, encontrará normal que cuando es trasladado a Madrid el sí pueda opinar sobre todo lo madrileño o sobre toda la política estatal o mundial. Faltaría más, pero tú de allá arriba no hables. Sabemos de compañeros o vecinos que viajan a un país durante quince días y nos quieren convencer de que lo conocen mejor que cualquiera que lo haya estudiado durante meses, aunque no haya viajado nunca a ese país. Identifican analizar un país con la descripción de lo que vieron y sintieron en sus excursiones, lo cual explicaría poco respecto a cuanta población hay como está distribuida, por grupos, clases, segmentos, edades, sexos, qué artículos y servicios producen y en qué proporciones, cuanto venden dentro o exportan, cuanta gente trabaja en cada sector, qué forma de representación o gobierno tienen, que tipos de elecciones, como es el sistema sanitario y educativo a que porcentajes de población da servicio y así un largo etcétera. Estos conocimientos no se pueden obtener con un viaje turístico, son necesarios estudios para ello utilizando mecanismo intelectuales específicos, dentro de los cuales podría ayudar un viaje pero desde luego no sería el equivalente a los quince días de turismo. Podemos llevar la idea al extremo con la anécdota de aquel que viajó a París teniendo que pernoctar en la estación de tren, donde encontró una persona durmiendo en un banco. Al regreso del viaje ante la pregunta de ¿qué tal los franceses?, responderá ‘muy bien, pero raros, duermen en las estaciones’.

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EPÍLOGO A pesar de vivir en el siglo XXI, en todo el planeta se defienden proclamas y dogmas, se imponen ideas por la fuerza, a veces de las armas y se utilizan argucias para impedir el debate a los ciudadanos: ‘hasta aquí hemos llegado, de esto no se discute’, parecen decir, tratando el pensamiento y la realidad de forma dicotómica. Muchos de los problemas citados tienen su fuente en la poca importancia que se concede a la discusión en escuelas y universidades españolas, en las norteamericanas parece ser obligatorio el defender puntos de vista públicamente y contrastarlos entre alumnos. En las televisiones se fomentan posturas opuestas que no favorecen nada el contraste de pareceres, muchos programas tiran por tierra todo sentido positivo del debate. Presentadores y regidores conceden el mismo valor a una argumentación de cualquiera que a la de un experto sobre el tema, ellos fomentan la idea de que todos tienen derecho a dar su opinión, en el mismo momento y que todas las ideas son iguales, y nada más lejos de la realidad. No puede tener el mismo valor la opinión de alguien que lleva estudiando e investigando un tema varios años, que la de aquella persona que dice lo primero que le viene a la cabeza sobre el asunto. Con lo cual cada asistente/espectador suelta una o dos frases con las que quiere contar su experiencia personal, pensando con ello que ha desarrollado un tema o aclarado un concepto, así todos piensan que su aportación individual es la que tiene valor, sin darse cuenta que hay millones de casos particulares que contradicen el suyo y en el plató nadie se toma la molestia de extraer lo que de general tengan esos casos particulares. En esos programas hablan todos a la vez, no se entienden y chillan, los locutores animan, solo cuenta el espectáculo, los provocan para que se enzarcen en discusiones estériles que no aportan nada produciéndose una sopa de frase sueltas, como si de una partida de ping-pong se tratara. El ‘flasheado’ de los actuales programas saltando de un sitio a otro rápidamente, de una frase a otra, no deja tiempo para la reflexión, ninguno de los intervinientes puede fabricar un discurso coherente ni siquiera puede argumentar para desarrollar ideas, el espectáculo así se convierte en enemigo de la discusión, no enriquece al oyente sobre los temas debatidos y las pautas de comportamiento difundidas serán una pesada losa que se instalará junto a nosotros. ¡Ah!, 'La clave', ¿donde estás? Una de las frases manidas de las discusiones es aquella que dice ‘esa será tu
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opinión’ que te sueltan como un tortazo, y tú que ya sabías que era la tuya esperas que muestren la suya y ambas se pongan a bailar, pero no quieren eso, lo dicen en plan agresivo, como un insulto, como si les pareciera detestable que tengas opinión sobre los asuntos y la expongas para que sea conocida y utilizada. Hay momentos en los que te encuentras con otra frase que cierra la anterior ‘tu tienes tu opinión y yo la mía’, sin que te muestren la suya quizás porque piensen que se la vayas a quitar, siempre que me han dicho esto, que ha sido muchas veces, he pensado: para que querrán sus opiniones, porque sin usarlas se pudren, pierden valor, caducan como los alimentos. Fernando Savater escribe ‘’ La tendencia a convertir las opiniones en parte simbólica de nuestro organismo y a considerar cuanto las desmiente como una agresión física (‘’ ¡ha herido mis convicciones!’’) no sólo es una dificultad para la educación humanista sino también para la convivencia democrática. Vivir en una sociedad plural impone asumir que lo absolutamente respetable son las personas, no sus opiniones, y que el derecho a la propia opinión consiste en que ésta sea escuchada y discutida, no en que se la vea pasar sin tocarla como si de una vaca sagrada se tratase. ’’ Publicado en el libro ‘El valor de educar’ Editorial Ariel, múltiples ediciones, de recomendable lectura y en el que aporta muchas ideas sobre el tema. Para terminar, no olvidemos que son enemigos de la discusión, aquellos que se exceden en su argumentación y no cuidan las formas, agrediendo al interlocutor sin distinguir entre contertulios y enemigos al no diferenciar los círculos de debate, también son peligrosos para el debate los provocadores que convierten toda polémica en una batalla final por la supervivencia, o los tramposos que utilizan trucos y artimañas para ganar la contienda en la que convierten cada conversación. Asimismo serán enemigos aquellos que insultan, ‘es que tú hablas ex cátedra’, como si existiera esa forma de hablar en la vida corriente, lo cual solo sería posible si los receptores creyeran intocable lo expuesto por uno de ellos que estuviera situado en un nivel jerárquico superior, ya que en el mismo plano de igualdad nadie está impedido para aportar argumentos. Solo en medios religiosos o en aquellos otros que obligue la obediencia ciega al líder, podría darse algo parecido. Tampoco ayudan al debate aquellos que encontrándose sin argumentos, a modo de insulto lanzan tópicos, por ejemplo ‘siempre quieres llevar razón’. Lo cual debería parecer lógico cuando se debate, debería ser lo normal que cuando estemos discutiendo utilicemos argumentos, pensando ambos contertulios, que son lo más cercanos a la verdad, esa es la finalidad de la discusión, contrastar argumentos unos con otros para tomar los más adecuados, por tanto, en buena lid todos los interlocutores deberían querer llevar razón porque de lo contrario estarían falseando el espíritu del debate mintiendo a los intervinientes. Para terminar, conviene resaltar que después de todo, la discusión es uno de los placeres más gratificante del que se puede disfrutar con amigos o cualquiera de las personas que nos rodean, elemento claramente diferenciador de las otras especies.
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Economía, matemáticas, y política Decir que las matemáticas están dentro de la ciencia económica, es correcto, también lo están en otros lugares del saber, defender que las matemáticas están escalando posiciones y se utilizan ahora más que antes, es verdad, entre otras razones por la existencia de la informática que permite trabajar con ellas mejor y más rápido, un ordenador produce miles de cálculos a velocidades de vértigo. Pero no veo que se pueda deducir de ello que la aplicación de la economía sea más perfecta, ni exacta, incluso podría profundizar más en los errores, su utilización puede dar la misma carga positiva o negativa, política o socialmente hablando. Las teorías económicas, son diferentes en su aplicación práctica respecto de su marco teórico, se ven influidas por innumerables aspectos políticos y sociales y serán diferentes los resultados de ser aplicadas por unas personas u otras, en un lugar u otro en un tiempo u otro, así, los protagonistas, las fuerzas sociales que estén a favor y las que estén en contra, el lugar y el tiempo darán resultantes diferentes a la aplicación de iguales teorías. Ni que decir de la aplicación de las diferentes. Los que dirigen políticas económicas, sean gobiernos, multinacionales, empresarios o teóricos, son personas que intentarán aplicar teorías a grupos sociales, personas que cuando actúan no lo hacen ‘’asépticamente, de libro’’, sus decisiones están basadas en: conocimientos, los que tenga cada uno y diferentes en cada momento, pero también están basadas en impresiones, en expectativas, lo cual está vinculado a su particular ánimo, que en muchos casos dependerá de la cantidad de sustancias químicas que generan internamente, está vinculado a su estado emocional general y al concreto del momento, incluso sus decisiones estarán influidas por si follan o no, (no es broma, decisiones empresariales de extrema importancia se tomarán más arriesgadas durante una aventura o después de una noche tórrida), o de si han discutido o no con seres queridos o con enemigos. Sus decisiones también están basadas en la ideología, en su concepción del mundo que va más lejos y es más amplia que la interpretación de cualquier ciencia, (iteran mutuamente), que determina escalas de valores y concepciones morales, creencias y no postulados científicos, en la mayoría de los casos con intereses transversales respecto a las cuestiones a decidir. Por supuesto también las decisiones estarán basadas en cual sea su percepción de la realidad , los conocimientos previos, y lo que pretendan modificar o conseguir con ella, por lo que tendrán que definir sus objetivos, para ello tendrán en cuenta cuales serán los de sus enemigos, los de sus compañeros y aliados, lo externo. Al mismo tiempo cada decisión que tomen necesita ser aplicada lo cual dependerá de la fuerza que se tenga en relación a otros, también implica un
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tamiz sobre la pretensión inicial por parte de quienes lo apliquen, que no serán el mismo impulsor, dependerá de las dificultades con las que se encuentren en su aplicación, de la competencia, de los amigos que quieren torcer esa política para adaptarla a sus necesidades, etc. Podemos seguir complicando la realidad, que es mucho más compleja que lo aquí testimoniado, y que varía constantemente, y ya no estaremos hablando de economía sino de política o de sociología o del conjunto de los múltiples aspectos de los seres humanos y sus relaciones. Desde que alguien elabora una teoría hasta su aplicación suceden tantas y tan variadas cuestiones que nunca se aplicará tal cual. En definitiva entraremos en el terreno de la política, del poder y de las luchas entre clases, sexos, razas, religiones, grupos de personas, etc. igual que ocurría antes del desarrollo de las matemáticas en la economía. A pesar de lo anterior, ni por asomo todo es igual, la aplicación de la teoría de los ‘chicago boys’, incluso aceptando cambios, no daría como resultado en España un estado de bienestar tipo socialdemócrata, al modo europeo. Nada más alejado de mi intención que sacar conclusiones de ese tipo, lo que intento es destacar la necesidad de estudiar la diferencia y las múltiples interrelaciones de los seres humanos porque las cosas no se producen por una sola causa, sino por un conjunto diverso de ellas, con diferente importancia de unas y otras. En las sociedades modernas, (también en las antiguas aunque en menor grado), todo es complejo y diverso y la aplicación de cualquier teoría nunca será limpia y seca, sino que será una resultante de la complejidad de fuerzas en lucha que irá más o menos en una dirección.

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