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-1AEROPUERTO Carlos Ibáñez del Campo. Pta. Arenas.

Sábado/ Marzo/ 19:15 PM

Mucha gente entraba al recinto, la gran mayoría, empujados por el gran viento helado
que se presentaba. Pasos ligeros y el sonido de las ruedas de las maletas, se repetían
constantemente. Al parecer era un día muy ajetreado.
Ya dentro del lugar, en el segundo piso, se encontraban dos muchachos, ambos
abrazados y con tristes gestos en sus rostros.

- Nunca me han gustado las despedidas – dice la muchacha, mirando a la gente pasar a
la sala de embarque.
- A mi tampoco – responde la voz firme del muchacho - ¿Me prometes que te vas a
cuidar y que no vas a estar saliendo mucho?
- Te lo prometo – dice la joven apartándose de su hombro para mirarlo a los ojos.
- Te voy a estar llamando siempre ¿Ok?
- Me vas a hacer feliz cada vez que te escuche – dice ella con una sonrisa.
- Eres tan linda Catalina... Mi gatita – dice el joven juntando sus labios con los de ella.
- Tu igual Pablo – dice ella acariciando el claro y suave cabello de su pololo.

De pronto por los altoparlantes se escucha un molesto chirrido.

- Tercer llamado para los señores pasajeros del vuelo 298, con destino a Santiago, escala
en Pto.Montt. Se les ruega pasar a la sala de embarque, estamos próximos al despegue.

Una última mirada profunda se entregan ambos, Catalina a punto de llorar, abraza a
Pablo, el cual poco a poco comienza a sentir ese nudo en la garganta.

- Prométeme que me vas a estar esperando – dice Pablo.


- ¿Por qué dices esas cosas? Es obvio que te voy a estar esperando. No creas que esto es
fácil para mi – dice Catalina sin entender los encargos de su pololo.
- Mírame – dice Pablo tomando por los hombros a la muchacha – Te Amo mi gatita, y la
distancia no nos va a jugar en contra. Vamos a ser fuertes. ¿Ya?
- Ok – responde Catalina dejando caer una lágrima.
- Ya, amor. Te cuidas mucho – dice Pablo mientras toma su mochila del suelo. Catalina se
baja los lentes oscuros que tiene sobre su cabeza y se acomoda un poco el pelo.
- Tu igual te cuidas.
El muchacho le da un dulce beso de despedida y comienza a caminar hacia la sala de
embarque. Catalina observa, limpiando sus lágrimas por debajo de sus lentes, el como se
aleja su pololo de 1 año y medio.

Cap. 01 X 01
Somos Libres

Aún en el Aeropuerto, un muchacho que se encontraba observando la situación de los


tórtolos, se acerca, con paso lento, hacia Catalina y le susurra al oído.

- ¿Quieres tomar un café antes de irte?


- No gracias, Vicente. Prefiero que nos vayamos. Me carga sentir como despegan los
aviones – dice Catalina decidida.
Los dos amigos salen del recinto, recibiendo al viento de frente, lo cual los hace
tambalear por unos segundos.
- ¡No puedo creerlo! – grita de repente Catalina.
- ¿Qué cosa? – consulta Vicente.
- ¡Por fin estoy sola! ¡Ya no más Pablo! ¿Acaso no sabes lo que significa eso? Voy a poder
salir, voy a poder conocer gente nueva. ¡Dios Mío gracias! ¡Por fin se fue este pegote! –
exclama la muchacha mientras da unos saltos de alegría, dejando atrás a la polola triste
de hace unos minutos.
- ¿Por qué no le dijiste que querías terminar con él?
- No. Quizás iba a ser capaz de quedarse si le decía eso. Era mucho riesgo – dice ella
tratando de controlar su pelo.
Ambos llegan al auto, que se encontraba estacionado, Vicente abre la puerta del
conductor y por dentro, abre la de su amiga.
- ¡Soy tan feliz amiguito! – dice Catalina con una radiante sonrisa, a lo que Vicente se
mantiene serio – No te pongas así. Tú sabes como es Pablo de sobreprotector conmigo.
- Sí, pero yo de ti hubiese terminado. Es fome lo que haces – dice mientras enciende el
auto.
- ¡Ay! Bicho, las mujeres necesitamos un poco de libertad, y cuando nos sentimos
encerradas estamos dispuestas a todo – Catalina por casualidad mira el asiento trasero,
encontrándose con la bufanda de su pololo – ¡Ay! Mi gatito dejó su bufanda olvidada.
- Cómo puedes ser tan cínica Cata. ¡Menos mal no me gustan las mujeres! – dice Vicente
soltando una carcajada, con lo que Catalina se une a él.

Vicente hace partir el auto, cancela el estacionamiento y toma el camino del aeropuerto.
Antes de salir a la carretera, para llegar a Punta Arenas, se abre el vidrio de Catalina, lo
único que se ve es el brazo de ella, sosteniendo en su mano la bufanda de Pablo, flamea
por unos segundos, para luego ser regalada al viento.

Catalina y Vicente se conocían hace años, específicamente desde la enseñanza media.


Ahora, Vicente se encontraba estudiando Diseño Gráfico en Inacap, y Catalina estaba a
cargo de un taller de Artes, el cual había sido obtenido tras presentar un proyecto
fondart. Ambos amantes de la pintura, de la música y de las caminatas por el cementerio,
estaban dispuestos a tener un poco de libertad. Catalina, feliz de zafarse de su pololo y
Vicente pensando en encontrar el momento preciso para confesarle a sus padres, su
homosexualidad.

Villa El Golf, Casa de Christian.


21:57 PM

En una casa de dos pisos, ubicada frente a la costanera, un muchacho rubio mira por la
ventana el gran temporal de viento en el mar.

- ¡Wow! Ni cagando voy a poder ir a la disco hoy – dice el joven haciendo un mal gesto
en su rostro.
- Pero trata de convencer a tu mamá. Demás que la tía te deja – dice un joven de
contextura delgada, recostado en la cama de la pieza. Sus gestos, bastante finos y
recatados, hacen de él una persona un tanto cuica.
- Pero yo cacho que se va a poner a llover más tarde y ...
- ¡Ay! ¡Christian que eres pesimista! – interrumpe el joven fino.
- Si sigue así el tiempo, y salgo, mi mamá me va a obligar a ponerme la parka de oso,
gorro y bufanda, y así... no pienso llegar a la disco – dice Christian sin saber que hacer.
- Mmmm... Realmente nadie te va a pescar si vas así – dice levantando una de sus
depiladas cejas.
- ¡Viste Gabriel! Entonces ¿Qué hago?.
- Ay, no sé que harás tú, pero lo que es yo no puedo faltar. No te olvides que hoy es mi
debut en esas tablas – dice Gabriel moviendo sus manos amenazantes.
- ¿Y qué vestido te vas a poner? – consulta Christian mirándolo extrañado.
- No es un vestido wevona. ¡Es un traje parecido al de la Christina Aguilera en Dirrty!
- ¿¡¡Verdad!!? ¿Y te depilaste las piernas? – pregunta Christian a punto de reírse.
- Obvio linda. La Aguilera se va a morir cuando sepa que hay alguien mejor que ella –
dice Gabriel riéndose, con lo que Christian no aguanta y suelta una gran carcajada.
La amistad entre ellos había comenzado hace 2 años, en ese entonces Christian tenía 18
y Gabriel 22. Al principio se habían conocido como para formar algo entre ellos, pero al
verse... No se gustaron... A Gabriel no le gustaban los rubios con cara de pendejo y a
Christian no le gustaban “las locas”. Hubo un período en que dejaron de verse, a causa
de la “desilusión”... pero después Gabriel encontró una “picada” para conseguir plata y lo
llamó. Desde ese entonces son amigos y “compañeros de trabajo”.

Entrada Villa el Bosque, Casa de Catalina.


22:50 PM

Catalina en su pieza, comienza a buscar una polera. Saca toda la ropa de su closet, y sin
conseguir nada, piensa por un instante, al segundo sale abruptamente de su pieza.

- ¡¿Mamá?! – grita por el pasillo del segundo piso - ¡¿Mamá?!


- ¿Qué quieres? – grita la madre desde el baño.
- ¿Tú ocupaste mi polera roja? – pregunta alterada frente a la puerta.
- ¿Cuál polera roja?
- ¡No te hagas la lesa! ¡Si sabes cual es!
- ¡Ay sí! La ocupé ayer, debe estar en la lavandería.
- ¡Cuántas veces te he dicho que no me ocupes mi cosas! – grita Catalina, mientras
vuelve a su pieza con el ceño fruncido. Se arrodilla junto a la ropa, que había sacado del
closet, y comienza a buscar otra polera. En ese momento su madre se asoma en la
puerta.
- Como ayer no estabas, me tomé la libertad de elegir una polera de tu closet – dice la
madre en un tono suave, mientras se sienta en la cama de su hija.
- Te he dicho más de mil veces que no me gusta que me ocupes mi ropa – dice Catalina
concentrada buscando algo qué ponerse.
- Pero Catita. Es una polera nada más.
- Mamá – se da vuelta a mirarla – Esa polera tiene estampado un conejo playboy en la
parte delantera.
- Si sé. Por eso me gustó. Es como sexy – dice con una sonrisa orgullosa.
- ¡Mamá! – exclama en tono de regaño. La mira fijo por unos segundos y luego sigue con
su búsqueda de ropa. Al minuto suena el teléfono. La madre contesta.
- ¿Aló? ¡Bicho! Bien, bien ¿y tú?. Que bueno. Sí, aquí está. Chao – se pone el teléfono en
el pecho – Cata, es Vicente.
La muchacha se levanta y toma el teléfono.
- ¿Aló? – contesta haciéndole una seña a su madre para que salga de la pieza, esta la
mira enfadada y se va.
- Hola Cata. ¿Oye? Me vas a acompañar ¿no cierto? – dice Vicente muy nervioso.
- Si pues amigo. Aunque igual, no te niego que me da mucho miedo. ¿Te imaginas me
viola una lesbiana?
- ¡Cómo te va a violar una lesbiana! ¡No seas tonta! – ríe.
- ¿A qué hora me vas a pasar a buscar? – consulta Catalina.
- Mmm... Como a las 12 y media. ¿Te tinca?
- Ok. Nos vemos.
- Bueno. Chau.
- Chau.

Villa El Golf, Casa de Christian.


23:15 PM

- ¿Cómo me veo? – pregunta Gabriel vestido de mujer. Una peluca rubia con ondas,
maquillado sutilmente, con un top blanco y una mini negra, y unas infaltables botas, de
cuero, con plataforma.
- Realmente pareces barbie – opina Christian sorprendido.
- ¡Soy tan regia! – dice Gabriel mirándose al espejo.
- Jajaja. Oye, ya. Cámbiate, en cualquier momento puede entrar mi mamá y verte así. Tú
sabes como es mi mamá de histérica, y si te ve así, me cacha todo el cuento – dice
Christian sacándole la peluca.
- ¡Ay! ¡Qué nervioso que eres! Pareces mina con atraso – dice Gabriel quitándole la
peluca para guardarla en su mochila, Christian sólo se ríe - ¿Y tú que te vas a poner?
- No sé todavía. Yo cacho que la camisa ajustada que tengo no ma’ – dice Christian sin
estar muy preocupado de la ropa.
- ¡Ay Christian! Esa ya te la han visto mucho – dice Gabriel mientras se cambia.
- Pero ¿y qué quieres que haga?
- Cómprate ropa. ¡No me digas que no haz ganado plata con ese viejo!
- Si he ganado plata – dice Christian desganado.
- Entonces. Cómprate ropa. No puedes andar por la vida con la misma ropa – dice Gabriel
en un tono muy frívolo – Si quieres le digo a mi amiga de Santiago que te diseñe algo.
Me ha hecho varias poleras, camisas y pantalones. ¿Quieres que le diga?
- No. No te preocupes. La otra semana me compraré algo – dice Christian no muy
convencido.
- Eso. Así me gusta. No quiero que cuando nos saquemos fotos andes con la misma
camisa siempre – dice Gabriel riéndose, con lo que Christian lo mira y finge una sonrisa.
En ese momento tocan la puerta de la pieza.
- ¿Christian? ¿Se puede? – consulta su madre desde afuera.
- Tápate la cara – dice Christian a Gabriel en voz baja, le hace señas de que todavía tiene
maquillaje. Su madre abre la puerta.
- Oye... – la mujer se detiene y queda mirando a Gabriel - ¿Qué le pasa?
Christian sorprendido mira a su amigo, el cual está sentado en el borde de la cama, con
las manos en su rostro, mientras finge estar llorando.
- Se siente mal mamá – dice el muchacho en voz baja.
- ¿Por qué no le traes agüita o algo para que tome? – propone la madre asustada.
- Sí.
- ¿Y por qué está así? – pregunta la madre manteniendo la voz baja.
- Por sus papás. Su situación económica está como mal. Yo le dije que salgamos, que yo
lo invitaba, pero igual anda sensible– cuenta Christian convincente.
- ¿Van a salir?
- Sí. Es para que se sienta mejor. No le sirve de nada estar acá.
- Tienes razón. No vuelvan tarde. ¡Pobre Gabriel! – dice la madre retirándose de la pieza.
- ¿Oye? ¿Qué me ibas a decir? – consulta Christian desde la puerta.
- Que hay pizza abajo. Así es que bajen a comer antes de que salgan. Eso sí Christian, te
abrigas – dice la mujer bajando las escaleras.
El muchacho hace un mal gesto y cierra la puerta de su pieza.
- ¡Dime sí o no! – dice Gabriel con una sonrisa.
- ¿De qué? – consulta sin entender.
- ¿Merezco el Oscar?.
- Los dos merecemos un Oscar – dice Christian riéndose junto con su amigo.

Centro de Punta Arenas.


00:56 AM

En Punta Arenas la bohemia se hace presente en todos lados. Muchos jóvenes salen de
sus casas con un solo destino: divertirse y estar libres de sus padres. En el centro,
comienzan las largas filas para entrar a las discos; por otros lados muchos jóvenes entran
a pubs, para estar más tranquilos y poder conversar. El rápido caminar de unas
jovencitas persiguiendo a unos jóvenes, se hace presente, junto con la cantidad de taxis
paseándose en busca de pasajeros; a ellos, no les parece importar el viento helado que
existe en la ciudad.
Por Bories, la calle del centro, pasa un jeep azul.

Dentro del jeep.

- ¡Qué nervios! – dice Catalina moviendo el brazo de Vicente.


- Seguro que tú no más, eres la nerviosa. Imagínate como estoy yo. Estoy que me
arrepiento de haber tomado esta decisión – dice este mientras maneja.
- No seas leso. Tenemos que llegar dignos, como si ese territorio fuera nuestro. ¿Ya?
- Ya. No se te ocurra ir al baño y dejarme solo – dice Vicente asustado.
- ¡Ay Bicho! Ni que fueran caníbales – dice Catalina entre risas.
- Oye Cata. Y si hay alguien que me conoce.
- Mmm... No había pensado eso. ¡¿Y si hay alguien que me conoce?! ¡Van a pensar que
soy lesbiana! – dice la joven llevándose una mano al pecho – Voy a tener que hacerme
una identificación, que diga “Heterosexual, yo solamente acompaño a mi amigo, él si es
gay”.

Vicente se ríe junto a su amiga. Ambos siguen conversando sobre los pro y los contra de
ir a la disco gay, la única en Punta Arenas, la cual se encontraba tomando el camino sur.

Poco a poco el jeep comienza a bajar la velocidad, logrando estacionarse por ahí cerca.
Un letrero iluminado se refleja en los vidrios del automóvil, y las miradas nerviosas de
Vicente y Catalina, están pendientes en la puerta de aquel lugar. Los dos muchachos se
bajan ansiosos y se acercan a la puerta cerrada, en la cual dice: “Tocar el timbre”. La
joven toca el timbre, mientras se cruza de brazos para cubrirse del frío. El muchacho
simplemente observa.

Al minuto la puerta se abre, un muchacho, más o menos de la misma edad de Vicente,


los atiende, dejando la puerta abierta.

- Pasen chicos – dice amistoso el joven, con lo que ambos pasan a una especie de
mampara, en la que se siente el ritmo gay de French Affair, con la canción (You’re So)
Sexy – A ustedes nunca los había visto por estos lados.
- Es primera vez que vinimos – cuenta Vicente con una sonrisa nerviosa, Catalina sonríe
de la misma forma - ¿Cuánto es?
- Por esta vez pasan gratis. Eso sí, tienen que venir el próximo sábado – dice sonriendo el
joven.
En ese rato entra, Gabriel y Christian, ambos muertos de la risa. Al ver a Vicente y
Catalina, cambian las risas y comienzan a observarlos.

- ¿Y estos quiénes son? – consulta Gabriel en voz baja, a su amigo.


- No sé – dice Christian con un tono suave y sin quitar los ojos de Vicente, el cual lo
miraba a ratos a causa del nerviosismo.
Catalina y su amigo nervioso, cruzan la segunda puerta para encontrarse con Maganuna,
la famosa disco gay de Punta Arenas.

Mientras tanto en la “especie de mampara”.


- ¿Oye? ¿Y ellos quienes son? – consulta Gabriel, ahora con más confianza.
- Vienen por primera vez a la disco – contesta el joven de la puerta.
- Missh. Locas nuevas – dice Gabriel.
- Ojalá se queden, porque la primera impresión de la disco, no es muy buena que
digamos – dice Christian levantando una ceja.

En el interior de Maganuna.
- ¡¿Esto es la disco gay?! – pregunta Catalina, observando el pequeño lugar que tenía
frente a sus narices – Esto es como un Bartolo Gay. (Bartolo –Bar alternativo en donde
hay tocatas).
- Pero es piola – dice Vicente mirando a su izquierda una barra, luego mira al frente la
escalera que conduce a la pista, la cual en los alrededores tiene unas mesas, en el fondo
los baños, y a su derecha, en la parte de arriba, más mesas – ¡Está buena!
- ¡Huy sí! ¡Mira, no se puede ni bailar en la pista! – dice Catalina irónicamente, viendo la
pista vacía.
- Quizás más tarde llega gente – dice Vicente con una sonrisa.
Ambos avanzan hacia la barra, ubicándose en una de las altas sillas. Al momento, entran
Christian y Gabriel, este último se va directamente tras la barra, saluda al cantinero y al
dj, y se va a una pieza, ubicada ahí mismo, para cambiarse.
- ¿Ustedes son de acá? – consulta el cantinero, ya con sus años encima, a los muchachos
nerviosos, que simplemente observaban.
- Sí – contesta Catalina.
- Pensé que eran del norte. Nunca los había visto antes – dice el cantinero, con lo que
Christian se pone más cerca, para así escuchar la conversación y mirar más a Vicente.
- Primera vez que venimos – cuenta Catalina.
- ¿Tú como te llamas? – consulta el cantinero a Vicente, con una mirada bastante
insinuante.
- Vicente ¿y tú?
- Omar – dice el cantinero con una sonrisa.
- Yo soy Catalina – dice sonriendo – Ya que nadie me pregunta, tengo que presentarme
sola.
- Mucho gusto. ¿Quieren tomar algo? – consulta Omar.
- Todavía no – dice Vicente, el cual da fugases miradas a Christian.
- Oye. Ese niñito rubio te está mirando mucho – dice Catalina en voz baja.
- Es bonito – comenta Vicente sin dejar de mirarlo.
- Saliste más coqueto que yo – dice Catalina mientras se ríe y se voltea - ¿Oye? ¿Tú?
- ¿Yo? – pregunta Christian sonrojado.
- Si pues. ¿Cómo te llamas? – pregunta Catalina normalmente.
- Christian. Ustedes Catalina y Vicente – dice el muchacho
La muchacha da una mirada a su amigo y sonríe.
- ¿Dónde está el baño? – pregunta ella, sintiendo la mano de Vicente en su brazo, y una
mirada diciéndole “no vayas”.
- Allá en el fondo – dice Christian señalándole el lugar.
- Gracias – dice la joven, guiñándole un ojo a su amigo. Baja las escaleras y se va a los
baños.

Christian al instante, se sienta en el puesto de la muchacha, provocando un inmenso


nerviosismo en Vicente, el cual sólo sonríe.

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