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“Previamente en Capítulos Anteriores”

- Vicente y Catalina deciden ir a la única disco gay de Punta Arenas.


- Los padres de Vicente, conversan sobre la cancelación de la carrera de su hijo.
- Joaquín llega a Punta Arenas, y por lo visto, parece conocer a Catalina.
- Omar, el cantinero, y Gabriel discuten en la disco, por problemas de plata.

Centro de Punta Arenas. Calle Colón.


Domingo/ Marzo/ 00:26 AM

En el centro, no habitaba casi ninguna persona. No había viento alguno, pero si se


presentaba un gran frío. Pocos autos transitaban por Bories, la calle central; pero por
Colón, se podían divisar unos cuantos que se paseaban lento, como buscando algo
perdido. Gabriel y Christian se encontraban descendiendo por la Calle Colón. Ambos
muertos de frío, acompañados de sus bufandas y un cigarro, conversaban para olvidar los
escalofríos.

_ ¡Te imaginas Vicente me ve aquí! – exclama Christian con un poco de susto.


_ ¡Y dale la burra! ¡Christian, Vicente no te va a pescar! ¡Cómo no entiendes! Se nota que
eres pendeja – dice Gabriel retando a su amigo.
_ ¡No soy pendejo!
_ Yo ayer, le dije a Vicente que tú no le convenías – dice Gabriel muy normal.
_ Si sé. Pucha. ¿Sabes? Me quiero ir a mi casa. No quiero trabajar hoy – dice el muchacho
deteniéndose en una esquina.
_ ¡¿Cómo?! ¿Me vas a dejar sola? ¡¡Estás quedando wevona!! Me van a violar si ven a una
señorita como yo, por las calles, a esta hora – exclama Gabriel histérico.
_ Pero Gabriel, si tú ya haz trabajado solo en otras ocasiones – cuenta Christian – Así es
que, que problema hay en que hoy te quedes solo.
_ Christian, no puedes ser tan maldito.
_ Tú lo fuiste primero que yo.
_ Christian, era por su bien – explica Gabriel.
_ Yo soy tu amigo. No él. No tienes por qué estar hablando tonteras de mi, y menos a un
chico, que más encima sabía que me interesaba – dice un Christian enojado.
_ Amigo. Yo pensé que lo tomarías para el weveo igual a que a los otros. Por eso le dije
eso. Además me cayó bien de presencia. Es muy callado, pero está bien – dice Gabriel
tratando de arreglar las cosas.
_ Vicente se ve diferente al resto – cuenta Christian.
_ Siempre dices lo mismo cuando conoces a alguien. ¿Cómo quieres que ésta vez te crea?
_ Porque ésta vez es verdad – dice Christian mirándolo a los ojos.
_ Eso igual me lo haz dicho antes. En serio Christian – Gabriel lo toma por los hombros –
Esas palabras, que me dices ahora, las he escuchado desde que te conozco. Siempre te ha
gustado el weveo, y lo sabes. Así es que, si realmente ese chico te interesa, quiero estar
ahí para presenciarlo. Demuéstrame que es verdad. Demuestra que es verdad que le
encontraste algo especial, que de verdad es diferente al resto.

Christian lo observa detenidamente por un rato, sin saber que hacer ni que decir, las
palabras de su amigo realmente le habían llegado. Ni él mismo sabía lo que quería,
simplemente estaba molesto por lo que le había dicho a Vicente en la disco.

_ Ya pues. ¿Qué me dices? – pregunta Gabriel.


_ Está bien. Te lo voy a demostrar – dice Christian sin estar seguro.
_ Ok. Ahora me puedes dejar solo.

Christian observa la severa mirada de su amigo, y decide irse. Gabriel mata su cigarro, se
cruza de brazos y sigue bajando la calle. En ese momento, un jeep se estaciona a su lado.
El muchacho hace un gesto de aburrimiento. La ventana contraria a la del conductor, se
comienza a bajar.

_ Yo te dije que vendría – dice una voz, mientras que Gabriel se acerca.
_ Si sé. Por eso mi alegría – dice Gabriel mostrando una falsa sonrisa, mientras se apoya
en la ventana.
_ ¿Vas a subir? – consulta Omar, el cantinero y dueño de la disco Maganuna.
_ ¿Me vas a pagar lo que me debes? – consulta.
_ Por supuesto. Tengo lo que te debo y un poco más – dice Omar con una pícara sonrisa.
_ Está bien. Todo sea por la plata – dice Gabriel, el cual abre la puerta y se sube al jeep –
Espero que no me lleves a la playa. Ya estoy chato de ver olas alborotadas y esas cosas
medias románticas.
_ ¿Dónde quieres que te lleve?
_ ¡Ay Omar! ¡Piensa pues!

Cap. 01 x 03
Impresiones
Taller de Pintura. Cerca del Centro. Pta. Arenas.
Miércoles/ Marzo/ 15:14 PM

En una casona, bastante antigua; techo alto, piso de madera, paredes claras, espacios
amplios; se encontraba Catalina armando unos atriles. Ella había llegado temprano a
ordenar, ya que el Taller abriría sus puertas, a los supuestos alumnos, a las 15:30. En la
radio comienza a sonar Going Under de Evanescence. De repente, Vicente sale de una
pieza, en compañía de una caja, que al parecer, era muy pesada.

_ ¡Uh! Me encanta ese tema – dice el muchacho dejando la caja en el piso.


_ A mi también – dice Catalina, mientras lucha por armar un difícil atril – Pero hoy, no me
siento tan depresiva como para escucharla.
_ ¿Te ayudo?
_ ¡Por favor! – implora la muchacha, pasándose la mano por su frente. El joven, en un
segundo, arma el atril y lo posiciona al lado de los otros - ¡Bicho! Eres mi héroe – El
muchacho sólo sonríe.
_ ¿Tienes música para más rato? – pregunta Vicente.
_ ¡Sí! Traje hartos cd’s. Pero no sé cual poner. No creo que a todos, los que vengan, les
guste la misma música – dice Catalina mientras busca su mochila.
_ En una se esas pueden llegar a un acuerdo – propone Vicente.
_ Estos traje – dice Catalina mostrándole los cd’s.
_ Placebo, Portishead, The Gathering, Lacuna Coil, Radiohead, Nirvana, Silverchair, The
Breeders, Within Tempation, Pixies. Mmm No crees que es muy depresiva la música –
propone Vicente.
_ Na’ que ver. No todos son depresivos – dice Catalina arrebatándole los cd’s.
_ Si quieres te traigo a la Britney, Justin Timberlake, Christina Aguilera, Madonna.
_ No gracias Bicho. No quiero que sea un Taller de pintura gay – dice Catalina riéndose,
con lo que Vicente se contagia - ¿Oye Bicho? Cambiando el tema. ¿A qué hora entras al
instituto?
_ Hoy no tengo clases. Mañana sí.
_ ¡¡O sea que me acompañarás toda la tarde!! – exclama Catalina abrazándolo.
_ Así es.

En ese momento, suena el timbre de la casa. Catalina pone una mirada de pánico,
mientras que Vicente sonríe y la empuja para que vaya a abrir la puerta. La muchacha
nerviosa, se acerca a la puerta y la abre lentamente.

_ ¡Hola Catalina!
_ ¡¿Tú?! – exclama ella al ver al “extraño” de aquella noche, en que ella vomitaba frente a
su casa.
_ Joaquín, por si no te acuerdas – dice el muchacho sonriente.
_ ¡¿Qué estás haciendo acá?! ¿Piensas venir al taller? – consulta Catalina, la cual se sentía
avergonzada por lo de esa noche.
_ Ehm. A eso vine. Vine a inscribirme en el taller. Total, no estoy haciendo nada acá en
Punta Arenas. Qué mejor que ocupar mi tiempo pintando o haciendo esculturas – cuenta
Joaquín sin despedirse de su sonrisa.
_ Claro – dice sin poder creerlo.
_ ¿Puedo pasar?
_ Sí. Claro. Pasa – dice ella como una muchacha tímida. Ni ella misma creía su
comportamiento de niña inocente.
Universidad de Magallanes. Hall central de Humanidades.
16:00 PM

Christian se encontraba fumando un cigarro. Su mirada estaba puesta en el suelo, el único


movimiento que hacía era dirigir su mano derecha, hacia su boca para poder fumar. En su
mente, muchas veces se repetía la voz de Gabriel: “Demuéstrame que es verdad.
Demuestra que es verdad que le encontraste algo especial, que de verdad es diferente al
resto”. Realmente no sabía que hacer, ya que sentía que la supuesta discusión, lo había
llevado demasiado lejos. Ni él mismo sabía si Vicente era especial o diferente al resto.
Simplemente quería pinchar con él. Nada más que eso. Pero ese día, al verse tan
predecible frente a su amigo, optó por demostrarle que ésta vez era “diferente”.

El muchacho fuma por última vez, y cuando acomoda su mochila, para irse, aparece uno
de sus compañeros de curso.

_ Oye Christian – dice un joven, un tanto exagerado para hablar.


_ Dime – consulta sin ganas.
_ ¿Supiste de esto? – pregunta, enseñándole un volante.
_ ¿Taller de Pintura y Escultura? ¡¿Acá en Punta Arenas?!
_ Si poh. ¡A ti no te gusta esa wea de pintar! – dice pintando en el aire, exageradamente.
_ Sí. Pero no sé si para meterme a un taller.
_ Aprovecha poh. Si la wea es gratis – dice tratando de convencerlo – No es como la “Casa
Azul”. (Lugar donde existen cursos de pintura, fotografia, escultura, etc. La gran diferencia
es que cobran, y bastante).
_ Igual puede ser – dice Christian mirando la dirección del lugar.
_ Si poh. Yo no voy a esas weas, por que no le pego ni una, pero yo a ti te cacho esa pinta
de artista.
_ ¿Pinta de artista? – pregunta Christian, al parecer no le había gustado el comentario.
Recuerda un comentario de Gabriel: “No puedes vestirte como artista. Son
despreocupados, desordenados, medios volaos, a veces andan medios cochinos y con la
almohada marca’ en la cabeza. O sea, I Die (Me muero) si me dicen que tengo pinta de
artista”
_ ¡Qué onda quedaste pegao!
_ No. Na’ que ver. Oye gracias por el volante. En serio – dice Christian, tomando rumbo a
la salida.

Taller de Pintura. Cerca del Centro. Pta. Arenas.


16:35 PM

Los 14 atriles, ya estaban ocupados. Vicente y Catalina estaban contentos. Ella por la
asistencia de varios muchachos, y él por el buen resultado de sus volantes. Por otros lados
de la casona, habían otros integrantes del taller, los cuales lanzaban líneas en opalinas, las
que apoyaban con cartón piedra. Todos estaban a gusto en aquel lugar. Las edades
rondaban entre los 18 y los 28 años, pero no se notaba ninguna diferencia.

_ ¡Qué alegría! – dice Catalina, observando a todos.


_ ¡Realmente es genial! – dice Vicente, observando lo mismo.
_ ¡Ay! – se asusta ella.
_ ¿Qué pasa?
_ Y si solamente vienen hoy. Y si mañana ya no viene ninguno. Y si les caí mal. Y si...
_ ¡Cata! Míralos – dice tomando el rostro de su amiga, para retomar la vista en los
muchachos – Están a gusto en lo que están haciendo. Por algo vinieron. Y si tú les
hubieses caído mal, ten por seguro que ya no estarían acá.
_ ¿Tú crees Bicho?
_ ¡Si pues Cata! – sonríe Vicente – Ya cálmate, y anda a ver si necesitan algo. Yo ya te
guardé todos los acrílicos y los pinceles, para que no anden volando por ahí.
_ Gracias – sonríe Catalina, para luego ir a supervisar.

En ese minuto, suena el timbre. Catalina se percata.


_ No te preocupes. Yo voy – exclama Vicente, dirigiendo sus pasos a la puerta. Abre
tranquilamente, pero sus ojos se desorbitan al ver a Christian.
_ ¡Vicente! – exclama Christian con una sonrisa - ¿Qué estás haciendo aquí?
_ ¡¿Tú que estás haciendo aquí?!
_ Vine por esto – le muestra el volante.
_ ¡¿Quieres anotarte?! – consulta Vicente, cada vez más nervioso.
_ Sí. Me pareció interesante. Además... es gratis, eso me llamó más la atención – cuenta
Christian sonriendo.
_ ¿Pintas?
_ Ehm. Sí. Por algo estoy aquí – dice Christian.
_ O sea, te quieres anotar – dice Vicente asustado.
_ Ehm. Sí. Eso quiero. ¿Puedo?
_ ¿¡Vicente quien es!? – se escucha la voz de Catalina, la cual se acerca a la puerta, y se
da cuenta de “quien es” - ¿Tú eres el niñito rubio de la disco?
_ ¡¿Tú también estás aquí?! – consulta Christian impactado.
_ Yo soy Catalina Letelier. En el volante sale mi nombre.
_ Claro. No lo había asociado – dice el muchacho observando el volante, una vez más.
_ ¿Te quieres inscribir? – consulta con simpatía Catalina.
_ Claro que sí – responde Christian, el cual pasa, le da una fugaz mirada a Vicente y luego
se adentra al taller en sí, en donde cada uno estaba en lo suyo. Vicente cierra la puerta,
sin tomar en cuenta lo rápido que latía su corazón.

Joaquín mientras tanto, estaba frente a su hoja en blanco. No sabía que hacer, tenía el
lápiz en sus manos, pero su imaginación lo había abandonado. Miraba a los otros, a los
cuales veía iluminados por la luz inspiradora.

_ ¿Qué pasa? – consulta Catalina tocándole el hombro, luego mira la hoja en blanco –
Mmm. ¿Se te fue la inspiración?
_ ¡Qué mal! Sí. No tengo idea que puedo hacer – contesta Joaquín – Veo a todos super
emocionados en sus dibujos, que me quita posibilidad para hacer algo.
_ ¿Quieres ir a tomar un café a la cocina? – propone Catalina, ahora, mucho más segura
que al comienzo.
_ Sería genial.

Ambos se van a la cocina. Vicente los observa y levanta una ceja.

_ ¿Qué onda? – pregunta Christian, el cual estaba al lado de él.


_ No. Nada – dice Vicente sin tomarle mucha importancia.
_ Oye. Ese día no me diste tu teléfono – dice Christian.
_ ¿Y para qué quieres mi teléfono?
_ Bueno, para llamarte... para que conversemos, no sé – dice el muchacho sorprendido, ya
que no esperaba una respuesta tan pesada por parte de Vicente.
_ Otro día te lo paso.
_ ¿De verdad? – consulta con una sonrisa.
_ Puede ser.
_ Ok – Christian lo mira y piensa “Se hace el difícil también, que se ha creído”.
_ Puedes ubicarte en el lugar que dejó Joaquín. Después le paso otra opalina. Ubícate ahí
no ma’ – dice Vicente señalándole el lugar, el otro muchacho se saca la mochila y la
chaqueta, y se ubica frente a la hoja blanca. Toma un lápiz y, muy seguro, comienza a
dibujar.

En la cocina de la casa. La estufa había estado apagada todo el día, por lo tanto mucho
calor no existía. Además la cocina era amplia, lo que complicaba la estadía de un ambiente
cálido. En una de las sillas, alrededor de la mesa redonda, estaba Joaquín.

_ La cagó. Está muy helao – dice el muchacho estirando las mangas de su chaleco.
_ Sí, bastante – dice Catalina, poniéndole azúcar a su tazón.
_ ¿Cómo dormiste ese día?
_ Anclada. Tuve que sacar una pierna afuera de la cama, porque todo me daba vueltas –
dice Catalina sonriendo.
_ ¡Wow! O sea que fue heavy la tomatera.
_ Yo no me dí cuenta. Si con el Bicho tomamos lo mismo, pero por lo visto a mí me hizo
peor. Nunca más tomo – dice riendo.
_ Jaja Todos dicen los mismo.
_ ¿Y ese día lograste comprar cigarros?
_ No. Al final me fumé el que me dio tu amigo, y de ahí me fui a la casa – dice Joaquín,
mientras recibe el azúcar de manos de Catalina. Sus miradas se cruzan, y ella achica los
ojos - ¿Por qué me miras de esa forma?
_ No sé en donde te he visto – dice ella con sus ojos minuciosos.
_ Mmm. Qué extraño. Ten por seguro que te recordaría – dice Joaquín.
_ ¿De verdad eres de Santiago?
_ ¡Te acordaste! – sonríe – Sí, soy de allá, pero como te dije ese día, siempre vengo para
Punta Arenas.
_ ¿Y a qué lugares vas cuando vienes para acá?
_ A la disco, o sino salgo con amigos.
_ ¿Y a dónde van? – consulta ella manteniendo sus ojos pequeños.
_ A la Morena o a la Kamikaze, o a carretes caseros.
_ Mmm. De verdad que me tienes con la incertidumbre a mil. Te he visto en otro lado.
_ A ver. Y esa vez que según tú, me viste ¿Hablamos?
_ Mmm. No.
_ Entonces, como estás tan segura de que me haz visto antes.
_ Porque te he visto antes – dice Catalina subiendo un poco la voz. La tetera comienza a
sonar, ella la va a retirar del fuego – Es raro todo esto. ¿Tú no me habías visto antes?
_ ¿¡Yo!? No. Para nada – dice, mientras observa a la muchacha llenar los tazones con
agua.
_ Bueno. Quizás nos conocimos en otra vida – dice ella, dejando la tetera en su lugar –
Pero no me convence – se sienta frente al él.
En ese momento, el celular de Joaquín comienza a sonar.
_ Disculpa – saca el celular de su pantalón, antes de contestar se fija en quien llama, al
ver quien es, corta la llamada.
_ ¿Por qué hiciste eso? – pregunta Catalina sin entender.
_ Era sin importancia – contesta él. Vuelve a sonar el celular.
_ Contesta, quizás es urgente – aconseja la muchacha.
_ Créeme. No es urgente – dice él, cortando la llamada nuevamente.
_ Ya sé – sonríe ella – Es tu polola.
_ No tengo polola – dice guardando su celular - ¿Tú tienes pololo?
_ Tampoco – dice ella tomando, con cuidado, un sorbo de su café. Joaquín la observa con
una sonrisa.
_ ¿De verdad no tienes pololo? – insiste.
_ De verdad – contesta ella naturalmente. Al segundo salta del susto, cuando entra
Vicente sorpresivamente.
_ ¡Cata! ¡Tu celular! – dice Vicente entregándoselo. La muchacha al ver en la pantalla, el
nombre de su pololo, sale de la cocina y se va a donde están todos. Joaquín se queda
tomando su café.

_ Hola mi gatita – se escucha la voz de Pablo.


_ Hola. ¿Cómo estás? – dice una incómoda Catalina.
_ Extrañándote. Tengo tantas ganas de verte. No tienes idea de cuanto te extraño
amorcito – dice un triste pololo.
_ Yo también te extraño.
_ ¿Cómo vas con el taller?
_ Bastante bien. Hay harta gente – cuenta ella, cuando ve que Joaquín se va acercando –
Bueno, te dejo. Gracias por acordarte.
_ Siempre me acuerdo de ti gatita. Te amo.
_ Igual. Cuídate. Chau! – corta la llamada, y nerviosa mira a Joaquín.
_ ¿Tu pololo? – consulta el muchacho, sosteniendo su tazón con café.
_ Te dije que no tengo pololo. Era una amiga, nada más – dice la muchacha. Guarda su
celular en su mochila – ¿Ya te llegó la inspiración? – consulta cambiando el tema.
_ Todavía no. Creo que hoy no haré nada. ¿Puedo quedarme igual?
_ No te preocupes. No hay problema – dice ella sonriéndole con sus ojos, el muchacho
hace lo mismo. Justamente en la radio, comienza a sonar This Love de Maroon 5. El
muchacho la sigue mirando, logrando que la mirada de Catalina se dirija a otro lado – ¡Voy
a buscar mi café! – dice ella escapando a la cocina.

Avenida España. Punta Arenas.


19:54 PM
Viendo como pasaban los autos, por sus costados, caminaban Vicente y Christian. Ambos
en silencio y entumidos de frío. Cada uno buscaba temas para conversar, pero no lograban
encontrar ninguno. De repente había miradas, pero solamente eran fugaces. Realmente la
situación era muy incómoda, y de eso, ambos ya se habían dado cuenta. Los dos trataban
de caminar rápido, como para que cada uno llegue más rápido a su objetivo. Vicente a la
Villa Friburgo y Christian a la Villa El Golf. Ambas villas quedaban en dirección al norte, y
relativamente cerca, sólo que El Golf era orientada más hacia la costanera de Punta
Arenas.
Dentro de sus pasos rápidos, Christian siente un dolor en su pie, al torcerse
inesperadamente. Vicente lo primero que hace es reírse, pero sólo por unos segundos, ya
que ve la mirada de enojo en el otro muchacho.

_ ¡¡Puta Madre!! ¡Calle de mierda! – grita Christian mientras se agacha y se soba el pie.
_ ¡Ya cálmate! No creo que haya sido para tanto – dice Vicente tratando de aguantar la
risa – Si te hubiese visto la Cata, ten por seguro que está tirada en el piso, muerta de la
risa.
_ ¡Qué me importa! – dice enojado, casi taimado por el dolor. Se sienta en el suelo y se
saca la zapatilla.
_ ¿De verdad te duele?
_ No. De mentira. ¡¡Obvio que me duele!!
_ Bueno ya, disculpa. Si quieres anda a mi casa, y te voy a dejar en auto a la tuya –
propone Vicente - ¿Te tinca?
_ No sé – dice Christian mientras se soba su pie.
_ Ya poh. Si estamos cerca. Yo te voy a dejar. No tengo problema – dice Vicente esperando
alguna respuesta clara.
_ Ya ok – dice Christian mientras se pone la zapatilla. Se integra a la caminata, pero esta
vez cojeando. Vicente le ofrece el hombro, para que así no le cueste tanto. El muchacho lo
mira unos segundos y luego se apoya en su hombro.

Casa de Vicente. Villa Friburgo. Pta. Arenas.


20:36 PM

Por la puerta principal, entran Vicente y Christian. La madre del muchacho sale de la
cocina, mientras seca sus manos con un paño.

_ ¡Por fin llegaste! – dice la madre en tono suave y simpático.


_ Estuve acompañando a la Cata con lo del Taller – cuenta Vicente – Mamá. Él es Christian.
Christian, mi mamá – los presenta con una sonrisa.
_ Mucho gusto señora – dice el muchacho cojo, con lo que la madre sonríe humildemente.
_ ¿Oye y la Cata por qué no vino? – consulta la madre sentándose en un sillón.
_ Su mamá la iba a ir a buscar, porque tienen que ir a una cena. Tu sabes que todavía
tienen que ir a esas cosas. Todavía la tildan como la viuda de Letelier, y tiene que ir con la
hija pa’ todos lados – cuenta Vicente, a lo que Christian escucha atento.
_ Pobre Cata. No le debe haber gustado mucho la idea – dice la madre.
_ Para nada – sonríe Vicente.
_ Disculpa – interrumpe Christian - ¿Dónde está el baño?
_ Ahí en el pasillo, la primera puerta de la derecha – indica Vicente.

El joven se va cojeando al baño.

_ ¿Y ese chico quién es? – consulta la madre en voz baja.


_ Es un chico que fue al taller. Se torció, y le ofrecí llevarlo a su casa – cuenta Vicente un
poco nervioso.
_ No me gustó mucho ese chico – dice la madre frunciendo el ceño.
_ ¿Por qué? – pregunta sin entender.
_ No sé. No me gustó no ma’ – dice doña Marta – Tiene algo que no me tinca.
_ Ya mamá. Tú siempre con esas cosas – dice Vicente aburrido - ¿Mi papá donde está?
_ Salió – dice nerviosa la mujer, y desvía la mirada a la ventana.
_ ¿Qué pasa mamá?
_ Nada. Qué va a pasar. No pasa nada – dice aún más nerviosa.
_ ¿Dónde fue mi papá? – pregunta sentándose a su lado.
_ Anda buscando trabajo – dice doña Marta sin mirarlo.
_ ¡¿Trabajo?! Pero mi papá por su columna, ya no puede hacer tanto esfuerzo – se altera
Vicente – Además ¡¿Para qué?! Si está lo de la jubilación adelantada. Con eso no le daban
un sueldo hasta que...
_ Si sé Vicente, pero ahora han aumentado los gastos.
_ Me pondré a trabajar. No me cuesta nada. Puedo trabajar en las mañanas.
_ No entiendes – dice la señora, tratando de olvidar el nudo en su garganta.
_ ¡Qué cosa no entiendo! – exclama el muchacho.
_ Vicente. Ya no... – doña Marta comienza a quebrar la voz – Mi amor... No vas a poder
terminar tu carrera... Tienes que congelar.

En ese instante, Christian vuelve del baño y se queda en silencio, al observar tal situación.
Vicente se tapa el rostro con sus manos, no lo podía creer. Era la carrera que le gustaba,
con la que trataba de superar cada vez más sus trabajos, con la que se sentía orgulloso, al
ser uno de los mejores en su clase. Sentía que su mundo se iba al suelo, fue por eso que
optó por guardar silencio y levantarse del sillón.

_ Vamos – dice Vicente, sin mirarlo y con un triste tono de voz. Christian incómodo, le
hace caso. Agacha su cabeza, dice “Chao” a la madre de Vicente, pero no escucha
respuesta.

Taller de Pintura. Cerca del Centro. Pta. Arenas.


21:22 PM

Catalina se pasea de un lado a otro. Ya no hay nadie en el taller, simplemente está ella en
compañía de Joaquín.

_ ¿A qué hora dijo que pasaría a buscarte? – consulta el muchacho.


_ A las 8 y media. Ya son las 9, 20 y todavía no aparece. No sé para que cresta me dice
que vendrá a buscarme, si no lo hace – dice Catalina sin dejar de pasearse.
_ Y tu amigo, ¿Por qué no te esperó? – consulta Joaquín.
_ Por que yo le dije que se vaya no ma’. Que no se preocupe.
_ ¿Te querías quedar sola conmigo? – consulta picarescamente el muchacho.
_ ¡Oh sí! No sabes las ganas que tenía de estar a solas contigo – dice ella sarcásticamente
– ¡No seas estúpido!
_ Ya cálmate. No es para que enojes – dice Joaquín riéndose.
_ Sorry. Lo que pasa es que mi mamá me tiene histérica – dice mirando por la ventana.
_ ¿Tú crees que venga? – consulta el muchacho.
_ ¡Ay no sé! ¿Y si me voy no ma’? – dice Catalina poniendo cara de pensativa.
_ ¡Ya vamos!. Si tu vieja ya no viene. Aparte que hay frío – dice Joaquín poniéndose su
bufanda.
_ ¿Andas en auto?
_ Mí tía me lo prestó – dice Joaquín sonriendo.
_ ¿Y cómo eres para manejar? – consulta dudosa y desconfiada.

21:53 PM

_ ¡Joaquín! ¡¡Cuidado!! Weón, eres un loco. No quiero morir en un auto y menos contigo –
dice Catalina espantada, por el exceso de velocidad, mientras se afirma de las manillas.
_ Ya no seai tan cuática. Yo pensé que eras ruda – dice Joaquín disfrutando las caras de
pánico de su copiloto.
_ ¡¡Ya cállate y mira para adelante!! – dice Catalina.
_ Realmente eres histérica – dice Joaquín entre risas.
_ ¡No soy histérica! ¡Tú preocúpate de ese volante!
_ ¿Quieres pasar a comer algo?
_ ¿Comer algo? No gracias. Quiero llegar a mi casa – dice Catalina, aún afirmada en las
manillas.
_ ¿Qué vas a hacer mañana?
_ Tengo que ir al Taller pues – dice ella – Supongo que irás.
_ Obvio que iré – sonríe – Aparte que siento que la inspiración está llegando.
_ ¿Ah sí?
_ Con una musa como tú, yo creo que puedo pintar miles de cuadros – dice él
coquetamente, con lo que Catalina mira por la ventana.
_ ¡Qué leso! Ya, maneja tranquilo – dice ella sintiendo nervios en su estómago.
Joaquín la observa con una sonrisa, mientras que ella se dedica a mirar por la ventana.

A los minutos después, llegan a la casa de ella. Catalina se sorprende al ver el jeep de su
amigo, estacionado frente a la casa. En seguida la invade la preocupación, y apenas se
estaciona se baja del auto y agiliza el paso hacia el jeep. Vicente al verla, abre la puerta y
sale. Su rostro estaba triste y sus ojos demostraban que había llorado mucho.

_ ¿Bichito que te pasó? – pregunta ella al verlo en ese estado, él simplemente la abraza y
comienza a llorar – Vicente. ¿Qué te pasó?
_ Todo por la maldita plata – dice sin dejar de llorar en el hombro de su amiga.
_ Pasemos a la casa mejor – dice Catalina llevándolo, mira a Joaquín, el cual esperaba en
el auto sin saber nada, y le hace señas para que se vaya. El muchacho entiende la señal,
enciende el auto y avanza por la misma calle, hasta llegar a la casa de sus tíos.

Casa de Catalina. Villa El Bosque. Pta. Arenas.


22:23 PM

Catalina aparece con un vaso de bebida, y se sienta en el sillón, al lado de su amigo, el


cual se tapaba la cara.

_ ¿Qué pasó Bicho? – pregunta entregándole la bebida para luego, hacerle cariño en el
pelo.
_ No voy a poder seguir con la carrera – explica Vicente aún lleno de lágrimas.
_ ¡Qué! ¿¿Pero por qué??
_ Ya no alcanza. Mi mamá me dijo que ya no alcanzaba. Quizás más adelante pueda.
Ahora no hay plata como para que me puedan seguir pagando la carrera.
_ ¡Pucha Bichito! – dice mientras sigue haciéndole cariño.
_ Lo que más me da rabia, es que... puta, hay tantos pendejos que se retiran de la wea
porque no quieren hacer na’, o que siguen estudiando y ni siquiera les interesa lo que
hacen. Puta, yo realmente quería sacar ese cartón. Quería que mis papás se sientan
orgullosos de mi, quería que mi familia se sienta orgullosa de mi. Ahora se me fue todo a
la cresta Catalina. Se fue todo a la mierda – cuenta Vicente llorando con más fuerzas – Me
faltaba este año y el otro... Iba super bien... ¡¡Puta que rabia!!
_ Yo puedo hacer algo si quieres. Es cosa de que hable con mi mamá y...
_ No Cata. Como se te ocurre. Son casi 80 lucas todos los meses.
_ Vicente. Eres mi mejor amigo, y si puedo ayudarte lo voy a hacer. No creas que de esta
vas a salir solo – dice ella limpiándole las lágrimas – Yo voy a estar contigo. ¿Ok? Y si me
va mal, bueno algo haremos.
_ Gracias Cata – la abraza – Eres un 7, realmente eres un 7.
_ ¿Te quieres quedar a dormir acá?
_ No. No te preocupes, tengo que volver a mi casa. Salí sin ni siquiera decir donde iba. Mi
mamá debe estar preocupada – dice Vicente – A todo esto, tú llegaste temprano.
_ Es que no fui a esa cena. Mi mamá no me pasó a buscar al taller.
_ Si me di cuenta. Ese Joaquín ¿Qué onda?
_ ¿Qué onda de qué? No pasa nada – dice Catalina moviendo la cabeza.
_ Mmm. Bueno si tú lo dices – dice Vicente levantándose del sillón – Ya Cata. Gracias por
escucharme.
_ ¡Ay leso! Tú sabes que siempre te voy a escuchar, aunque a veces hables tonteras – se
ríe y se levanta del sillón – Igual te voy a escuchar.
_ Gracias – él la abraza y le da un beso en la frente – Mañana nos vemos.
_ Ok. Te cuidas – dice ella despidiéndolo en la puerta. El muchacho sale de la casa y se va
al jeep.

Casa de Vicente. Villa Friburgo. Pta. Arenas.


23:00 PM

Vicente llega a la casa. Sus padres estaban en el living, ambos con los rostros
preocupados. Doña Marta se acerca a su hijo y lo abraza. Don Gastón baja la mirada y
fuma su cigarro.

_ Hijo. Me asustaste – dice la madre mirándolo a los ojos.


_ Fue un arrebato solamente. No quería preocuparlos – dice Vicente con una sonrisa, pero
con sus ojos tristes – Lo único que quiero es dormir.
_ Ya. Vaya a acostarse entonces. Mañana conversamos mejor – dice la madre con una
tierna mirada.
_ Ok – Vicente observa el rostro deprimido de su padre. Se acerca y se sienta al lado de él
– Papá. No te preocupes. Quiero que estés tranquilo, porque yo estoy bien. ¿Ya? Me
cambia esa cara, porque el mundo no se ha terminado. Lo importante es que estamos los
tres juntos, eso importa ¿Ya? - Don Gastón, mira a su hijo y le sonríe – Y no me fume
tanto. Ya papá. Buenas Noches – se despide de su padre para luego despedirse de su
madre, la cual observaba la situación de pie frente a ellos.

El muchacho, camino a su pieza, comienza a sentir el nudo en la garganta. Respira


profundo y trata de calmarse, para no preocupar a sus padres.