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Guia de Padres 2

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Guía de Padres

Los padres podemos ayudar a nuestra hija a desarrollar
habilidades para resolver problemas

EJERCICIO DE REFLEXIÓN

Los problemas y los conflictos forman parte inevitable de la vida y de la
convivencia. Lo importante es nuestra actitud al asumirlos y nuestra habilidad
para resolverlos.

¿Qué tipo de problemas suelen enfrentar sus hijos? ¿Y usted? ¿Qué hacen
para solucionarlos? ¿Surgen alguna vez conflictos en su familia? ¿Entre cuáles
miembros de la familia suelen darse estos conflictos? ¿Qué razones los
provocan con mayor frecuencia? ¿Cómo los resuelven?

concreta y específica, es un gran paso para
su solución. La clave es escuchar al niño con
verdadera atención y tratar de descubrir lo
que realmente lo aflige, pues a menudo lo
que parece ser el problema no lo es. Hablar
con nosotros y sentirse comprendido puede
ayudarlo a poner en claro los sentimientos y
a comprender mejor su dificultad.

Analizar el problema

Es decir, examinarlo más a fondo para descubrir
su verdadera causa: “¿Quisieras que revisemos
el problema?” “¿Qué sucede?” “¿Cuál podría
ser la causa?”. Es importante ayudar al niño
a identificar cuál es su parte en el asunto.
Al asumir su responsabilidad, en vez de culpar
a otros, adquiere el poder de hacer algo para
resolverlo.

Explorar las posibilidades de solución con
el niño

“Si quieres lograr esto, ¿qué tienes que hacer?”.
Nuestro trabajo como padres es ayudar al
niño a descubrir que cada problema puede
tener muchas soluciones; animarlo a expresar
cualquier idea que llegue a su mente, no
importa qué tan loca o impráctica parezca. A esta fase se le
llama “lluvia de ideas”, y la única regla es no criticar ni
descalificar ninguna aportación.
Si al niño no se le ocurren buenas ideas, podríamos darle
algunas sugerencias como: “Qué crees que pasaría si...”, pero
hay que hacerlo después de que él haya hecho sus propuestas,
y reducir las sugerencias al mínimo.

Elegir una solución

“¿Cuál idea será mejor...?” Conviene discutir y comparar con
el niño las diferentes opciones para que él escoja la que le
parezca más adecuada; ayudarlo a evaluar cada acción que
necesita llevar a cabo y preguntarle: “¿Qué crees que suceda
si haces esto... o esto otro?”
La solución de problemas es un proceso en el que las respuestas
no son correctas o incorrectas. Cada una implica distintos
aspectos positivos y negativos, y es una decisión personal
optar por una solución o por otra.

Establecer un compromiso

El niño tiene que encontrar el momento para actuar, la forma
de hacerlo, el lugar y la situación apropiados: “¿Qué decidiste
hacer?” “¿Cuándo lo vas a hacer? ¿Dónde? ¿Cómo?”
De él depende esforzarse honestamente para resolver sus
dificultades; de nosotros, ayudarlo a anticipar los obstáculos
posibles; a tener claro qué recursos tiene para llegar a la
solución, qué personas están involucradas en el problema y
quiénes pueden ayudarlo.
Cuando se establece un compromiso, es necesario fijar un
plazo para revisar los resultados obtenidos y verificar si el
problema de verdad se resolvió: “¿Cuándo podemos discutir
de nuevo este asunto?”

Examinar los efectos de las acciones

Es recomendable preguntar qué ha sucedido, qué ha hecho
el niño, si ya solucionó el asunto, cómo sabe que ya resolvió
el problema y qué consecuencias tiene el haberlo resuelto.

Hablar con nosotros y sentirse comprendida puede ayudarla
a poner en claro los sentimientos

No siempre resultan las cosas como pensamos. Tampoco
existen garantías de que la solución que eligió el niño sea
perfecta. Los problemas y las soluciones tienen que revisarse
y resolverse. Cuando descubrimos que el primer intento no
fue satisfactorio, conviene plantear otra solución y modificarla
las veces que sea necesario.

Reconocer y agradecer la ayuda y participación de los
demás en la solución

Desarrollar la gratitud permite al niño apreciar y darse cuenta
del afecto y solidaridad que lo rodea, lo hace sentirse
acompañado.
Cuando los problemas se resuelven de esta manera, se pueden
estrechar y profundizar las relaciones con los demás, haciendo
que todos se sientan satisfechos.

24

Enseñémosle a agradecer la ayuda y la
participación de los demás en la solución

25

Se trata de que toda la familia sea tomada
en cuenta en la búsqueda de una solución

La tensión va aumentando hasta que un día
alguien explota

Sólo es posible aplicar esta forma de solucionar las
dificultades si el niño quiere hacerlo y si está sereno

No se pueden resolver problemas en medio de una emoción
fuerte, por eso es importante que seamos oportunos y que
no lo presionemos. Si el problema es suyo, él es quien debe
decidir si está dispuesto a enfrentar el proceso de solucionarlo;
si el problema interfiere con nuestras necesidades, entonces
los padres somos los indicados para buscar la solución.

Cuando dos o más personas tienen puntos de vista
diferentes sobre un problema, surgen los conflictos

Un conflicto es una situación tensa entre dos o más personas,
en la que sienten que sus necesidades no están satisfechas.
Los conflictos se deben a que ambas partes creen tener la
razón pues sólo consideran su propio punto de vista y
desconocen lo que el otro piensa, siente y necesita.
Los conflictos son una parte natural y sana de la convivencia;
si los enfrentamos, se convierten en oportunidades de
conocernos, acercarnos y apoyarnos.
Algunas familias acostumbran hablar de los problemas y
tratan de solucionarlos, otras los dejan pasar, pretenden que
no existen o los posponen, esperando que desaparezcan
solos.

Es natural que los niños y los padres nos resistamos
a enfrentar un conflicto

Cuesta trabajo pasar por el proceso incómodo, y a veces
doloroso, de aceptar nuestra responsabilidad, de buscar
soluciones que satisfagan a todos y de comprometernos a
cambiar nuestra conducta.
Cuando los conflictos familiares se resuelven en el momento
en que surgen, es más fácil solucionarlos pues no se mezclan
con otros asuntos; en cambio, cuando no se atienden, la
tensión va aumentando hasta que un día alguien explota y
el conflicto se hace más grave.

A los padres nos toca hacer el esfuerzo de resolver los
conflictos con los niños

Si queremos una buena relación con nuestros hijos necesitamos
trabajar todos los días, no dejar cabos sueltos, ni asuntos
sin resolver.
En un conflicto cada uno defiende sus necesidades, pero los
padres tenemos que aprender a armonizarlas. Cuando
imponemos nuestro punto de vista usando la fuerza o cuando
el niño se resiste a negociar y lo dejamos hacer lo que él
quiere, en realidad el conflicto no se resuelve. Si uno gana,
el otro pierde, y es común que éste quede herido o resentido.
Un conflicto se resuelve verdaderamente cuando todos ganan.

Para resolver un conflicto, es necesario crear un
ambiente de entendimiento

Antes de emplear una nueva estrategia para resolver los
conflictos es indispensable que el niño la conozca y esté
dispuesto a utilizarla. Necesitamos darle detalles de los pasos
a seguir y explicarle cuáles son nuestras razones y qué
queremos lograr. Se trata de que toda la familia sea tomada
en cuenta en la búsqueda de una solución.

El primer paso es establecer de quién es el problema.
Es necesario identificar quién tiene alguna necesidad
insatisfecha, quién está teniendo dificultades o desea algo
que no se está cumpliendo.
El niño tiene un problema cuando olvidó su cuaderno de
tareas en la escuela, perdió el suéter, rompió su juguete o
sacó malas calificaciones. En este caso, no hay que crear
además un conflicto al hacer nuestra su dificultad, sino ayudar
a nuestro hijo a resolverla usando los pasos descritos antes.
Otras veces, el niño tiene satisfechas sus necesidades pero
su comportamiento nos afecta: deja sus cosas tiradas en el
piso, maltrata un mueble, grita cuando estamos hablando,
nos interrumpe. Entonces el problema es nuestro y es necesario
comunicarle nuestros sentimientos y necesidades —en
ocasiones de manera enérgica—, para que esté dispuesto a
buscar la solución junto con nosotros: “Tenemos que arreglar
este asunto pues me siento incómodo e insatisfecho” “Sé que
no quieres hablar de esto, pero sería conveniente que
charláramos” “No podemos dejar las cosas así, no estoy contento”.
Un requisito para llegar a un acuerdo es escuchar con interés
a nuestro niño y hablarle de nuestras necesidades.

A veces las posiciones se perciben tan opuestas que
parece imposible encontrar una solución en la que
todos nos pongamos de acuerdo

Los padres necesitamos salir en la noche, no podemos dejar
solo a nuestro hijo y él se niega a quedarse a dormir en casa
de su tía.
La dificultad está en considerar solamente las soluciones en
conflicto —ir o no ir a casa de la tía, salir o no salir esa
noche—, y no las necesidades en conflicto. Cuando nos
escuchamos y ponemos nuestra atención en lo que cada uno
verdaderamente necesita, pueden surgir acuerdos. Si las
necesidades de ambos están claras, somos capaces de
encontrar mejores soluciones.
Al sentirse comprendido, nuestro hijo puede entender que
no se trata de que sólo él modifique su conducta, sino que
nosotros también estamos dispuestos a cambiar. Si
compartimos el problema, tenemos que compartir también
la solución.
Puede ser que el niño no quiera dormir lejos de casa porque
su grupo de amigos al día siguiente va a reunirse muy
temprano a planear la posada de la escuela y él quiere
participar. Los padres no podemos cambiar la fecha del
compromiso.
Es conveniente invitar a nuestro hijo a buscar juntos una
solución aceptable para todos.
Es recomendable que sea el niño quien proponga las primeras
opciones, pero que no sea el único; todos tenemos que
sentirnos libres para inventar respuestas: se trata de provocar
una “lluvia de ideas”, y mientras más, mejor.
Las opciones podrían ser: pedir a la tía que sea ella quien
vaya a nuestra casa a acompañar a nuestro hijo; regresar
más temprano y pasar por él a casa de la tía; pedirle al vecino
que lo invite a dormir. Cuando las necesidades están claras,
aparecen las soluciones. Entonces es posible analizarlas y
tomar juntos la mejor decisión.
Solucionar en conjunto los conflictos aleja a
los niños de posiciones como: “Todo o nada”
o “Tú o yo”.

26

Es recomendable que sea ella quien proponga las primeras
opciones

Evitemos las posiciones extremas y opuestas

Pruebe algunas de las siguientes
recomendaciones

No intente proteger a su hijo de situaciones difíciles, no
le ayude si no lo necesita, y no tome decisiones que él
pueda asumir.

Comparta con él algunos de sus problemas personales y
muéstrele su manera de resolverlos.

Ayude a su hijo a desarrollar habilidades para resolver
problemas y dele la oportunidad de enfrentarlos.

Haga la prueba de seguir junto con su niño los pasos para
resolver problemas descritos en este capítulo.

Cuando surja un conflicto, no imponga su punto de vista
usando la fuerza o la autoridad; tampoco acepte que su
hijo ignore las necesidades de los demás.

Trate de solucionar y negociar los conflictos con su hijo
escuchándose mutuamente y buscando juntos un arreglo
aceptable para ambos.

Permítale enfrentar los problemas solo

Comparta algunos de sus problemas personales
y cómo los resolvió

Ayúdelo a respetar las necesidades de los
demás

27

No imponga su punto de vista usando
la fuerza o la autoridad

En la estrecha convivencia de los hermanos es muy frecuente la aparición de pleitos
y desacuerdos

La rivalidad y los celos entre hermanos también es un hecho normal al que hay que hacer
frente con inteligencia, sensibilidad, cariño y buen humor. El origen fundamental de la rivalidad
entre los hermanos es la competencia por el afecto y la preferencia de los padres. Es común
que todos los hermanos se sientan celosos.

En general, los pleitos entre hermanos se originan por cuestiones aparentemente sin
importancia

Un pleito entre hermanos puede comenzar por no querer compartir los juguetes; por conseguir
la “mejor” silla; por ser el último en bañarse; por escoger el programa de televisión; por la
forma en que tratamos a cada uno; por los diferentes permisos que damos al hijo mayor y al
más pequeño, o por las cosas que les compramos o no les compramos.

Hay que tomar en cuenta que los celos tienen que ver con las emociones, no con los
objetos o privilegios

Si un niño piensa que favorecemos a su hermana porque le dimos el mejor regalo en su
cumpleaños, el que le regalemos a él algo mejor no cambia en nada su creencia. Es su
sentimiento lo que tenemos que atender.
Cuando un niño está celoso, lo mejor es ayudarlo a que se exprese francamente: “Sé que te
gustaría quedarte despierto otro rato, como tu hermano, pero es tu hora de ir a la cama; tú
necesitas dormir más que él”. “Te molesta que tu hermana use tus juguetes sin permiso";
"Estás enojada porque salí a dar una vuelta
con tu hermano y quieres que esté contigo".
Una vez que el niño se siente comprendido,
podemos empezar a pensar, junto con él, en
las posibles soluciones.

La forma de resolver los conflictos entre
hermanos es la misma que se utiliza para
solucionar los conflictos con cualquier
persona

Es aconsejable seguir los mismos pasos:
escuchar para identificar el problema,
analizarlo, generar varias soluciones, elegir
la mejor para todos, establecer compromisos.
Después, revisar los resultados y dar las
gracias a los que ayudaron a resolverlo.
No importa quién empezó el pleito, los dos
hermanos tienen un problema y es necesario
solucionarlo para que ambos vuelvan a estar
en paz. Averiguar cómo se originó la dificultad
sólo lleva a los niños a echarse la culpa el
uno al otro. Cada uno tiene responsabilidad
en el conflicto y también responsabilidad en
la solución.

Guía de Padres

28

La forma de resolver los conflictos entre hermanos es la misma
que se utiliza para solucionar los conflictos con otra persona

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