Está en la página 1de 18

Par a ' es t a sé p t ima edición , e l mat e ri a l ha sido r eformad o po r e l autor y p ues t o al día a t e nor con s u s última s public a cion es .

La e n t u s iasta acogida por e l púb l ico d e e st as co nf e r enc i as y

e l h e cho pr áct ic o de que mucho s d e su s tema s c ont in u amen t e no s

vemos obli g ad os a exponer en charlas y cursos d e l as unive r sidad es nacionale s, han provocado cambios en la c on c ep c ión d e muc h os problema s, lo cual ha promovido una modi f i c a c ión s u s t a n c i a l d e est e texto. De manera qu e esta duodécima e dición está t o talmente modificada.

J,R. N ÚÑE Z TENORIO

j ,

CONFEREN<:;IA UNO

1. Ciencia, praxis e ideología

1.1 Introducción: el mundo contemporáneo.

1.2 Problemática de l~ theoria y la praxis. 1.3 Ideología y ciencia,

)

¡.,

!

I

¡

)

r

1.1 Introducción: el mundo contemporáneo Los tiempos que vivimos son tiempos de profundos cambios en todos los niveles de la vida humana. Si algunos de ustedes no han hecho este r . egistro de manera explícita, es seguro que la más mínima reflexión les hará caer en cuenta de ello . No diría

nada nuevo, nada capaz de sorprenderlos, afirmando que en los años que van del final de la Segunda Guerra Mundial a nuestros días, rápidas y trascendentales mutaciones han transformado el panorama político del mundo de la técnica y la ciencia, los usos, costumbres y valores morales , en fin, la cultura entera. Una serie de elementos nuevos pueblan el paisaje político

contemporáneo,

esperanzas de que la lucha por la liberación humana a escala mundial alcance lo más pronto posible niveles más altos, que décadas atrás parecían como distantes y, a veces, hasta inacce- sibles .

elementos que son para nosotros inminentes

J

. R . Núñez Te n o r io

El advenimiento del socialismo para inmensos contingen- tes humanos, incluso en nuestra propia América. La constante rebeldía contra el imperialismo y la explota - ción y dominación capitalista en todas las latitudes, aun en las zonas de alto desarrollo industrial e incluso en el corazón mismo de la opresión capitalista en los Estados Unidos. Las "inventivas" del capitalismo para impedir la revolución socialista y anti - imperialista y para pervivir y moldearse a la nueva situación internacionaL Por último, la lucha dentro del mismo mundo socialista por lograr de la manera más prístina y exigente la autentica realización del hombre, ensombrecida y desviada por los avatares históricos,

Las hazañas de la ciencia, la técnica y el trabajo del hombre

i

ntrodu c c ió n a la cien c i a

l I N o . Ci e n c ia , praxis e ¡deolo ~ . í a

evidente el roque de puerta de una profunda revolución cultu - ral e ideológica, cuyas raíces están echadas en todos lo s estra - . tos fundamentales de la vida social: el económico, el político; el ideológico. Desde luego, todas estas historias sectoriales, todos estos niveles de la vida humana, no constituyen para nosotros una pluralidad inconexa donde quepa el aislacionismo de algún sector, sino que se estructuran en una totalidad real y concreta donde ' se condicionan y determinan en última instancia por aquel nivel donde se juega realmente el destino del hombre: la estructura económico-política de la sociedad . Estas nuevas fuerzas que arranca el hombre a su progreso pueden ser utilizadas tanto para la liberación como para una mayor esclavización, dependiendo este dilema del tipo de rela- ciones sociales existentes. En ese sentido, incluso en el orden

e

stán a la vista de todos . No solo se afianzan y avanzan las cien-

de los cambios políticos

revolucionarios, el conocimiento cien-

c

ias ya constituidas, sino que el nacimiento de originales teorías

tífico es también ahora

decisivo. Es decir, ya no es posible un

: ientíficas hace posible la aparición de nuevas ciencias: la física

atómica, la cibernética, la química biológica, la lingüística, etc.

Las ciencias sociales crecen en extensión y profundidad provo-

c ando debates relevantes sobre el conocimiento y el hombre, La lógica matemática se enseñorea como modelo de ciencia meto- dológica (formal), como resultado de una profunda renovación

de las matemáticas. Las hazañas del trabajo y la técnica se han visualizado para millones con el desarrollo gigantesco de los órganos de comunicación de masas: están todos los días en dia-

r íos y televisores y forman parte ya de nuestra vida cotidiana. Se

h a iniciado la conquista del cosmos. Las computadoras revolu-

c ionan los sistemas de organización, información y dirección.

La experimentación industrial y científica aporta cada vez nue- vos elementos a la visión científica del mundo. Nuestras costumbres, muchas de nuestras normas morales, han cambiado en el curso de una generación, hasta el punto de crear auténticos abismos entre jóvenes y viejos. Cada vez es más

cambio revolucionario de la sociedad a la antigua usanza, en forma espontánea, impulsado casi exclusivamente por las fuer- zas sociales objetivas. La conciencia revolucionaria, en especial la conciencia de clase explotada, desempeña, cada vez, un papel más relevante. Es imposible ya hoy una transformación pro- funda de una comunidad si no se forma un conocimiento obje-

tivo de ella. Esto significa, entonces, que el centro de la ciencia

social

social concebida en su triple dimensión económico-material, político-social e ideológico-cultural. No basta, entonces, resolver los problemas materiales y eco- nómicos del hombre, sino que es necesario encarar la realiza- ción plena de la persona humana a través de la lucha política y el combate ideológico: el desarrollo de la lucha de clases a todos los niveles de la totalidad histórica. Se requiere que el hombre transforme verdaderamente su conciencia, esa conciencia de cinco mil años de atraso, egoísmo e individualismo. De manera

debe ser -y es realmente- la temática de la revolución

l .

c~ue 1:\ con , ci~ncia práctica (económico-política) y teórica (polí- t ico - ideol ó gica) de la revolución social y su ejercicio transfor- mador e ininterrumpido en sus tres vertientes fundament~les e s la única garantía para asegurar que esta s nuev a s fuerzas qu~

a rranca el hombre a su historia,

que apenas estén al servicio del hombr e

grupo de e s clavistas contemporáneos.

comenzamos a vivir y no s ean usufructo

como libertad, de un pequeño

En esa perspectiva es un hecho real. e l papel cada vez más importante del factor cognoscitivo, de la conciencia, de la teo-

r~a en e~ desarrollo integral de la exist e ncia, del ser, de la pr á c- tica social del hombre. Est o se evidencia con la función cada vez más acuciante de la ciencia en el proc e so productivo material

a nunciada ya por la actual revolución científico-técnica. S~

impacto en la filosofía y en toda la cultura implica el despliegue de una renovada concepción científica, cuyas categorías funda- mentales parten de la problemática sobre la unidad y la lucha entre la teoría y la práctica, en estrecha relación con la filoso- fía del hombre, la concepción del mundo y la teoría del conoci- miento.

1.2 Problemática dé la theoría y la praxis

En t~rn.o a los conceptos de theoria y praxis existe una agi- tada pol é mica. Son las categorías centrales de una futura filoso- fía que hoy apenas se esboza. Estas categorías constituyen ya, en verdad, la temática principal que arrastra tras sí el conjunto de los pro~le~as filosóficos y científicos contemporáneos, a partir del nac~mlento del marxismo. Se trata de la profunda polémica por vemr: envuelve él futuro totalizador de la filosofía como "teo- ría científica" y de la ciencia como "práctica teórica" fundamen-

t al del hombre. Sobre sus resultados habrá de inscribirse el reino

d e "la libertad del hombre", emancipado práctica y teóricamente

de las amarras naturales: sociales y gnoseológicas del futuro. Se h~brán.~e sepultar todos los residuos sociales e ideológicos de la alienación humana y harán de la realidad (naturaleza, práctica, '

,

"

"

'

t

,I

!

f

I

i

t

I

f

f

t

. ~'

"

"

Intr o du c c i ó n a l a c i e n cia

-

,

'

teoría) el campo pr o picio d e - la libertad. Este debate exige, cada

'

,

vez con , mayor fuerza.iabandon a r las impostura s y presentarse con sus propio s t ít ulos . Lamentablement e las condiciones hi s - ' tóricas para su realización -el movimiento comunista, en las

p a labras d e Marx- a p e nas se avizora , por lo cual la polémi ca asume una pos t ura m e ramente enunciativa.

Como sabemos desde Marx , la fuente indudable de todas

las enajenaciones

cial, la existente entre el trabajo manual (práctica) y el tra - bajo int e l e ctual (teoría) . La práctica , en tanto simple trabajo

del obrero , s e l e transforma a este en una "potencia extraña, exterior, que lo subyuga en lugar de él dominarla" (Marx) .

La teoría, especialmente como ciencia, deviene "una poten- cia productiva independiente del trabajo" (Marx). Una y otra, completamente separadas, al servicio del capital.'

es la división capitalista del trabajo, en espe-

Lapolé mica sobre las relaciones y diferencias entre la teo-

ría y la pr á ctica ha provocado una conocida controversia apa-

rentemente insuperable en el seno de la filosofía marxista. Ella ha girado en torno a la ortodoxia interpretativa delas obras de

Marx y Engels, Son numerosos

nes , polaco s , c hecos, franceses, italianos, etc., que represen- tan ampli a mente es t a discusión . La línea divisoria pasa por

muchas fronteras, pero la superación del esquema tradicional pareciera centrarse en el concepto sintético de "práctica teó- rica" acuñado por Althusser, aunque de audiencia anterior entre muchos marxistas. La praxis es una actividad material "

tr a nsformadora (de lo real) e intencional adecuada a fines, con-

ciencia. L a teoría es una actividad ideal, también modificadora y adecuada a fines. La diferencia estribaría en lo que común- mente denominamos carácter material o ideal de dicha activi - dad . Por allí pasa la línea divisoria fundamental. Pero si inte r -

los textos soviéticos , alema-

1 C. M a r x , M an usc ritos e c on ó m i c o-filosofic os d e 184 4 , P r im er M a nu s - crit o, ap a r te sobr e " El trabajo enaj e nado". Frang . 42l.i 8 .

I

L R . N ú n ez Te n o ri o

p~et~m . os estas c~tegoría s contradictori a s ' en l a concepción

dlale~t . lca

ha~ d . lferenCl a (lucha , contrad ic ció n) ; la teoría es opue s ta a la

~ ractl~a, pero también hay un i dad (semejanz a, continuidad) ,

la teorí a es un momento de la praxis, tal cual lo ideal lo es de

lo

material en la filosofía materialista

de. la unidad y lucha d e contr a r i o s , entendemos que

Otr~ v~riante de la disputa enfrenta a las tendencias sujeti -

~

as y objetivas

en la apreciación de la función de la práctica.

e

lla se engarza

así -y no podía ser de otro modo- con las tesis

h

istoricistas de la dialéctica del sujeto y el objeto en la historia

que de nuevo empalma con la discusión actual. Mientras el subjetivismo pone de relieve el papel de la praxis como fuerza

s ujetiva -de la conciencia (de clase) y de la actividad revolucio-

el

o bjetivismo destaca más la función de los elementos objetivos

: l.e~p~oceso hi~tórico, subestimando el rol del individuo y de la

' ~~a~t,lcacom~ l~stru~e~to sujetivo. La nota política en la apre-

la,cI~n estrat é gtca y táctica del marxismo conoce a través de su oractíca -pero también por medio de su teoría- las desviacio- res izquierdistas o derechistas, aventureras o reformistas eco- iomícístas . o voluntaristas, que a diario la coyuntura política .egrega como exigencia inevitable de síntesis. El marxismo en ~alidad emerge como la teoría de la práctica social del proleta- lado. Pero la constatación de este hecho no se queda allí. Se -royecta inevitablemente sobre el resto del horizonte práctico

_

na~ia. i~dividual ' 0 de colectividades aún no objetivantes-,

'

.

teórico del hombre.

. La práctica social, en consecuencia, resume la problemá-

. ca del hombre y el mundo en el actual grado de evolución de

1 historia y el pensamiento humanos. La contrariedad catego-

al. entre la teoría y la práctica perfila su vigencia particular en anos momentos: en su nacimiento, en el albor de la filosofía a!o la vestimenta más eiemental y espontánea, está la oposi~

l

.

on entre cotidianidad e ideología en términos generales y eng-

.

bantes -y, por lo mismo, dispersa e imprecisa-, se enfrenta

urco . C t e n c m ,

pra x i s e id co - Io gi a "

. l a ac c ión ye l p e ns a miento, típico de la pres e nte ho ra hist ó ric a :

- - -

I

I

I

I

car a c teriza d a p o r los d é sgarrarrlientos Y l a s gr a nd es c o n m oc i r»

n e s : e l tr a ba jo

de la p o l é mic a; e n f in , l a hi s tor ia c omo n ece sid a d y l a L i b er t a d como hi s t o r ia n os a nunci a el porvenir aún va g o p ero a u ten t i co

de la l u c h a por ia co n s truc c ión del hombre n u e v o Y de L1 v er-

y l a cie ncia a c u san lo m as es en c ia l y d e t err n i n a d o

d

a d er a h i s to r i a : e l c o m unismo

no solo c o mo t e or ía s i no C0 l 1 10

p

r axis . Pode m os e n carar entonc es ,

lo m á s ' c larame n t e

pos ib l e ,

I

¡

1

1

t

1

I

I

1

1

~

I

1

¡

I

I

,

,.

un a prime r a a pr o x ima c ión

Un p r ime r i nt e nto

V ás qu ez : " a cti vi da d humana adecuada a f ine s cu y a re a lizaci ó n

exige cierta actividad cognoscitiva" 2. Primero, actividad humana. Es la no c ión condicionante. No hay praxis si no hay acción del hombre. Segundo, dos elemen-

a los concepto s

de t eo r í a y pra x i s .

d e definir la praxis provi e n e d e Sá n c h e z

tos espe c íficos diferenciativos; no basta que sea simple acción huma na, sino una acción humana que persiga fines y que sea

consciente (unión de lo teleológico y lo gnoseológico). Una acti-

vidad adecuada a fines, que pretende acercarse a un fin previa- mente establecido, espontánea y conscÍentemente. y de otra parte, la actividad cognoscitiva, para que deje de ser espontánea y sea consciente, dirigida. Este es el lugar de la teoría que tam- bién podríamos definir, por tanto, como la representación cog- noscitiva de la praxis con miras un fin determinado . De modo que así como la praxis se adecúa a un fin, la teoría no puede, incluso definida como conocimiento, ignorar ese fin. Esto hace entonces que la función de la teoría sea esclarecer la finalidad de la acción humana, elemento gnoseológico inherente a la teo-

ría . El fin, su modelación en la mente del hombre es una exigen -

cia insoslayable.

2 Filo s ofía de la pra x is . Grijalbo, México, 1967, p . 159 Y s s

150-171.

V e r pp . 1 3 - 49 ,

La f i lo s ofía moderna -a parti r d e Ka nt- h a bía pl a nt e ado la opo s ición entre acción y cognición. En la acción se enfrent a n un su jeto activo y un objeto pasivo. La rela c ión produce un camb i o

ef e c ti v o en el objeto que, como la cera, asum e l a form a impu es t a

p or l a acción del sujeto. Este , al menos aparentemente, pe r -

m anece in a lterable. En cambio , en la c o gni c ión se oponen un

s ujeto co g noscente y un objeto de c ono c imiento . El proceso de

c onocimiento consiste en el registro de un a imagen del objeto

e n la con c iencia del sujeto , tal como nos vemos en el. La transformación

sino en el sujeto, cuya conciencia es enriquecida con la imagen .

La oposición entre acción y cognición en los términos del idea- Iismo gnoseológico es sustituida en la filosofía contemporánea por la contradicción entre la teoría y la praxis. Estas categorías

y a no se mueven con sujetos individual e s y/o abstractos y obje-

t os empíricos y/o inertes, sino con prácticas y teorías colectivas ,

el espejo nos refleja cuando no se opera en el objeto

s

ociale s , históri c as. Justamente, la distinción clave entre la acción y la praxis

.

' ealiza la actividad transformadora sobre el objeto praxiado, El rabajo ernerge como el prototipo de práctica social. Las pági- las dedicadas por Marx en El Capital: permitieron darle deter- ni naciones precisas a estas categorías, criticando y superando

individualismo abstracto del sujeto y el

onsiste en el carácter social (colectivo, histórico) del agente que

1 mismo tiempo el

mpirismo inerte del objeto. En efecto, en la acción individual lo que se transforma es

olamente el objeto, la materia prima. Pero si registramos estas

c tividades en plan social -por ejemplo, la práctica del tra-

l jO- en dicho proceso no solo se modifica el objeto trabajado

no también el sujeto histórico: los trabajadores en el curso de , historia humana (esclavos, siervos campesinos, proletarios,

C. Marx, El Capital, Siglo XXI, México, 1975, td: Pedro Scaron, t . IN. 1,

pp. 215-225; FCE, México, 1966, td: Wenceslao Roces, t.l, pp. 130-137 .

'I'~

)

I n t r oducc ió n a la c i e nc ia

UN O . Ciencia , praxi s e id e ología

ciudadanossociilistas, ete.). La praxis transformadora d~l f objeto (de trabajo) modifica también históricamente al suj~t.o (de trabajo). Otro tanto podemos señalar respecto a la cogru- I ción. El conocimiento tomado abstracta y/o empíricamente pareciera reducirse a la sucesión de imáge~es y .co~ceptos en la conciencia del sujeto individual. En cambio, asimilado como I teoría social, su fuerza trasciende los límites de la razón indivi- dual incrustándose en las prácticas sociales, especialmente . en la política, y contribuyendo en sus transformaciones pr~ctlcas. Recuérdese la conocida frase de Marx del poder matenal de la teoría cuando ella prende en las masas. Justamente, tanto en uno como en otro caso se registra la fusión histórica y dialéc- tica de la teoría y la praxis. Una segunda conceptuación de la praxis podemos tomada del libro de L. Althusser, La revolución teórica de Marx (Pour Mar x ) :

,

,.

Práctica e s todo proceso de tran s forma c ión de una materia prima dada determinada en un producto determinado, transformación

efectuada por un trabajo hu mano determinado utilizando medios

(de producción) determinados .'

Según esta definición, lo determinante

no es la m~teria

prima, o el producto, sino la práctica transforma~o~a medla~te la cual esa materia original en el inicio de la pr á ctica termma siendo un producto final. Pero la práctica social, según Althusser, no es un ente simple, abstracto, como podría ser la identidad en Hegel, sino que es una unidad compleja, porque está formada por

un conjunto de prácticas diferentes. Esto nos conduce a precisar los tipos de praxis fundamentales de toda sociedad -elemento metódico indispensable en el análi- sis histórico de cualquier comunidad humana. El marxismo, en

4 Ed . Siglo XXI, México, 1967, p. 136.

-

- - - _- --~- - - -- - - -

J

. R . Nú ñ ez T e n o r io

la concepción de las formaciones sociales, ha destacado tres tipos de praxis esenciales:

1.- La pr á ctica econámica, que registra la contradicción

entre los hombres y la naturaleza. Tiene como objetivo la trans- formación del entorno natural del hombre, apuntalando al tra- bajo como relación social determinante de dicha práctica. En efecto, el hombre es la única especie animal que en lugar de haber evolucionado adaptándose a la naturaleza, por el contra- rio, a través de la praxis histórica adapta mas bien la naturaleza a él. El trabajo, en sus variadas formas históricas, es el prototipo de práctica social. La práctica económica condiciona y deter-

mina en última instancia las otras prácticas históricas hombres.

de los

2. ' : 'La práctica política, que expresa la contradicción entre

los propios hombres y cuyo fin primordial es la modificación de las estructuras políticas (el Estado) del propio contorno social de los hombres. La lucha de clases tipifica esta contra- dicción como relación social fundamental de la práctica polí- tica. Por eso el estado, como manifestación política de la lucha de clases, representa aquella relación social en las estructuras sociales clasistas mediante la cual la clase explotadora econó- micamente puede oprimir políticamente y dominar ideológi- camente a las otras clases de la población. El estado capitalista, como solución parcial a los antagonismos de clase, es removido en sus cimientos por las revoluciones socialistas para dar paso a un semi-estado de transición que haga realidad la sociedad comunista, sociedad sin estado, sin lucha de clases.

3.- La práctica ideológica manifiesta la contradicción entre la ideología dominante y la ideología dominada y se orienta principalmente hacia la renovación de la conciencia de los hombres . En las sociedades divididas en clases, la ideología conforma necesariamente una estructura compleja unificada con la política, registrando a nivel ideológico las tendencias principales de aquella lucha de clases. Así como en el pasado

j

nt r o d uc ción a l a c ie n c i a

I

)

~

uN o . Ci e n c ia ,

pr ax i s e id e ol og i ~ .: :

.

pre-capitali s ta la religión llegó a ser la relación social funda- '" mental de la práctica ideológica, a partir del capitalismo esta . ' función la cumple primordialmente la educación en su sentido . más amplio. La escuela y los medios de comunicación masivos reiteran cotidianamente los clichés de la ideología dominante , que solo una conciencia contestataria, ligada profundamente a las luchas obreras, será capaz de transformar. La práctica ideo- lógica cumple un papel decisivo respecto a las otras prácticas y fusionada estructuralmente a la política puede ejercer un papel I determinante en una coyuntura histórica dada. Estas tres prácticas fueron señaladas por los clásicos del I marxismo . Althusser agrega una cuarta que denomina "prác- tica teórica", relativa a la ciencia, a la transformación de las teo- rías científicas. Justamente, nace de la práctica ideológica que I le sirve de materia prima. Pero las re"Iaciones entre la ciencia y la ideología debemos desarrolladas en el próximo capítulo. Llegados a este punto, tenemos que concluir con la tesis dia- ~ léctica de las relaciones entre la teoría y la práctica. Justamente aquí es cuando aparece con toda su fuerza la obra de Gramsci. Su crítica al objetivismo y al economicismo marxista, levan- tando el papel de la sujetividad, de la política, de ia ideología, sitúa más acertadamente las relaciones entre la teoría y la prác- tica al revalorizar el concepto de praxis. En efecto, este había quedado supeditado a una estrecha visión mecánica e infraes- tructural que lo reducía a las simples condiciones materiales de vida -la conocida noción del "ser social" acuñada por Stalin. Con Gramsci la praxis adquiere sus auténticos títulos de vali- dez: articulada complejamente a la teoría, esta contradicción es la que aporta el verdadero conocimiento de la dialéctica his- tórica como sustitución de la realidad-cognoscibilidad a nivel de la historia real y del sujeto-objeto a nivel de la teoría del conocimiento de origen kantiano. La práctica se hace teórica y la teoría transformadora : "Todo individuo activo tiene una práctica -dice Gram~ci- pero él no tiene una clara conciencia

)

J

. R . N ú ñ e z T e n o r io

teórica de esta práctica, que, sin embargo, es un conocimiento

d e l mundo, en la medida en que transforma el mundo '>.

El acento puesto por Gramsci en la praxis como política y su representación teórica en la filosofía de la praxis (el marxismo) significa que el divorcio entre la teoría y la práctica propio de

l a sociedad capitalista está presente en la actividad productiva

que realizan los trabajadores, lo cual, unido a sus condiciones de vida, los empuja hacia una concepción del mundo diferente

y opuesta a la ideología burguesa dominante. La unificación

de la teoría y la práctica no es otra cosa , entonces, que el ori-

la teoría revolucionaria al

movimiento práctico proletario espontáneo a través de una organización como el partido -en las conocidas tesis leninis- taso Educar a los trabajadores en la filosofía de la praxis, en el marxismo, es el papel que le corresponde al partido de la clase obrera, que Gramsci retorna de Lenin, enviándonos al "intelec- tual orgánico" (el partido). Independientemente de otras tesis gramscianas sobre la hegemonía intelectual y moral de una clase dentro de la dominación ideológica de la clase opresora que detenta el poder político -que no compartimos-, los lími- tes marxistas en la concepción de la ruptura y la unión entre la teoría y la práctica asumen con Grarnsci sus auténticas propor- . ciones, haciendo ' dar un salió cualitativo al marxismo postlení- nista de los años treinta:

ginal planteo marxista de llevar

Si uno plantea el problema de la unión de la teoría y la práctica , es necesario hacerlo en estos términos: elaborar a partir de una prác- tica dada una teoría que, coincidiendo con los elementos decisivos de la prácti c a misma, acelere el proceso histórico en curso, ha- ciendo la pr á ctica ma s homogénea, coherente, eficaz en todos sus

component e s : aun m á s, existente una posición teórica determina-

da. organizar

el elem e nto práctico indispensable a su realización.

mo storico e lafilosoJía di B e n e d e tto Croc e , Torino, 194_9_'P_'_ll_' _~

j

\

1

.

L

La identi f i ca c i ón de l a t e oría y d e l a prá c t ica es un a cto cr í tico por

el cu al l a pr á ct i c a a p a r ec e c om o ra c ion a l y n ecesa ria o l a t ~ oría t

como rea l is ta y rac ion a l . '

e ntr e filo s ofí a y polític a, pen sa m ient o

v a c ció n , e s de c i r , a l a filo -

s ofí a d e l a praxis .s

) Se llega a s í ala r e l ac i ó n (e cu ac i ó n )

A partir de estas tesis de G r am s c i , p o demos tratar de preci-

sa r alguna s ideas sobre la unidad y e l divorci o en t re la t e o ría y

l a pr á cti c a. Mientras en la re a lid a d v iva prácti c o-socia l se efec- túa el divorcio entre la teoría y la pr á ctica, intencional mente,

e n el campo del pensamiento y de la ideología se confunden sus

líneas de demarcación. Esta confusión (que no unión) . mera- mente ideológica por medio de la cual el capitalismo presenta las relaciones entre el trabajo del obrero separado de sus ins-

trumentos y de sus productos, y la ciencia divorciada y opuesta

a este trabajo (del obrero)

su unión. Al

contrario, la condición social de la supresión de esta d i visión capitalista del trabajo que aseguraría la unidad ' efectiva (y no ilusoria) de la teoría y la práctica, implica cobrar conciencia de

favorece la perm.anencia real de la

división sobre la base de la ilusión ideológica de

esta división existente en la sociedad capitalista,

significa dife-

renciar claramente los linderos que separan la una de la otra, criticando a todo. trance la ilusión ideológica de su confusión . Esta condición previa, inicio del proceso de adquisición de con- ciencia de clase por parte del proletariado y demás clases opri- midas, se integra globalmente al movimiento práctico general de la lucha de clases que habrá de superar (aufheben) la división capitalista del trabajo, el llamado por Marx movimiento. comu- nista, que "trastoca por completo. la base de las viejas condicio - nes de producción y de comercio", que reemplaza el capitalismo por "la colaboración voluntaria de los individuos", en fin, "que

6

Ibid, p. 38 .

~

_

-

:

-" . ~- - - -

somete la potencia' de los individuos a las condiciones uni ó n".

de su

Frente a la división real escondida

por una falsa unidad

ideológica, la conciencia crítica de su división teórica sirve para

conquistar su unidad pr á ctico-real. De la praxis a la theoria y de la transformación de esta para trastocar la misma práctica:

tal es el sendero que abre el comunismo, como superación de la división capitalista del trabajo con todas sus alienaciones actuales. Sobre estos cimientos edificados por Marx hace más de cien años es indispensable plantear la problemática teórica en torno a la teoría y la práctica, como categorías fundamenta- les de la cultura contemporánea. El debate queda abierto: ¿cómo determinar las relaciones entre la teoría y la práctica? ¿Qué es la teoría? ¿Hay una prác- tica general o prácticas distintas? ¿Cuáles son las concepciones sobre la práctica y la teoría? ¿Qué papel cumple la práctica sobre la teoría y viceversa? ¿De qué se trata: de un cuestionamiento o de una justificación de la práctica por la teoría? ¿La teoría siem- pre debe ser una antipraxis? ¿La práctica jamás deberá corres- ponder a la teoría? Acaso, ¿no es posible una práctica unida a la teoría sobre las exigencias de una teoría que avance por encima del ritmo de las transformaciones prácticas? La supuesta uni - ficación-totalizacíón: ¿se realiza en la unificación práctica de construir la nueva sociedad a partir de los linearnientos teórico- metódicos de la "nueva ciencia" que representa dicha unificación o, por el contrario, se trata de una utopía siempre superada por el infatigable movimiento dialéctico de la historia? La nomencla- tura de problemas es ilimitada. En principio, podemos suponer que la teoría es teoría de

una práctica y que la práctica lo es para una teoría. Si afirma-

mos que la teoría es teoría de una práctica, se podría pensar que la teoría -por ejemplo- sobre la naturaleza, no es, en rigor,

7 C. Marx, Manuscritos económico-filosóficos de 1844, 3° manuscrito.

Int r odu cc i ó n a l a cie n c i a

u r - r o .C i e n c í a, pru x ¡s e ideolo g í a ·

~ teoría. En términos generales, la noción que se tiene de la pr á c-

.

. " ;

' .

tica es aquella inh e rente a.lo histórico-social como relaci ó n. dialéctica sujeto-obje to, conexión negada en el mundo natural - (antes de la aparición del hombre sobre la tierra). Sin embargo,

a nivel del conocimiento,

es la naturaleza al alcance de

la práctica

teoría sobre el mundo "natural despraxiado", justamente por- que no hay praxis que relacione al hombre con esa instancia de la naturaleza (supuestamente existente, pero desconocida). Al sostener que la teoría es teoría de una práctica, estamos liqui- dando de raíz la tradicional concepción del conocimiento (la teoría) como contemplación, tesis central de la cultura griega platónico-idealista, todavía vigente en ciertos tipos de ciencias, tanto en las matemáticas como en las propias ciencias natura- les.

Creemos que es perfectamente comprensible que la teo- ría es teoría y solo teoría de una praxis. Por ejemplo, en el caso de la naturaleza sería la práctica productiva (económica) del hombre, que exige un conocimiento de esa "naturaleza" como condición de mejoramiento del proceso productivo material. La práctica económica, precisamente, es la actividad mediante la cual el hombre se enfrenta a la naturaleza para posesionár- sela, para dominada, para ponerla a su servicio. Hace falta, para poder ejercitar esta práctica, una teoría acer~a de ell~, concepción esta que coincide, por lo demás, con la Idea habi- tual que todos nos hacemos de la misma. No es la teoría como contemplación, ni la teoría espectral, como si fuese un mundo maniqueo donde "lo otro" está más allá, fuera de nosotros. No. Resulta que el universo del hombre no está "más allá". El mundo está acá. La naturaleza, en términos de conocimiento, es aquel lado del mundo en el cual nos movemos y que transformamos constantemente con nuestra práctica: la "naturaleza praxiada", Es decir, hay un vuelco total de concepción. Vuelco que todos

cada vez es más evidente que lo "natu-

ral" sobre lo cual versa la teoría

del hombre, no otra. En sentido estricto, no existe

N

-o

)

a ce pt a m o s. a l m e no s a ni v e l d e la teo r ía e independientemente

d e l as v ari adas po s i ciones filosóf i co - ideológicas Esto es lo qu e

afirmamos que la teo rí a es teoría d e

un a pr áctica y l a pr ác tica lo e s para una teoría.

q u e r e m o s s eñ a l a r cu a ndo

L a p rácti c a, d esde lu ego , en s us ini c i o s , es una práctica

e sp o n t á ne a ; p ero n o p o r ell o e s t á e x c l uid a de un m í nimo d e

i deo logí a. Un a d e las p e culia r idade s de l a pr á cti ca es, precis a-

m e nte, esta indivi s ib i lid a d con l a teor í a . No hay ignoranci a absolut a ni s ab e r absoluto en el hombre .

Todo saber supone ignoranci a y v i c ev e rsa. Lo mismo acontec e entre la teoría y la pr á c t ica . Rec uérdese el ejemplo del mismo Marx sobre la diferen ci a existente entre la casa construida po r

e l ingeniero y la colmena ed i ficad a po r la abeja. La colmena

tiene una perfección arquitectónica que se puede considerar superior a la de la casa construida por el hombre , al menos, en sus o r ígenes. Pero e n la acti v idad de l a a beja no hay fin cons- ciente , aspeCto gnose o l ógi c o o teó r ico . La colmena se hace po r

inst i nto , como si e stuvi ese e n e l códi g o genético de la abeja . En el hombre , en cambio , ha y un fin consciente. Se planific a , se proyecta, luego se realiza . E v identemente, ese proyecto no es solo teórico : la praxi s está all í através del universo ideológico.

Po r eso , la primera p ro y ección d e lo pr ác tico hacia lo teóric o

es l a ideologí a : las pr i m er as r e presenta ci one s e ideas , las m á s inmediatas, espontán e a s, pr á ctica s . ' En cambio , l a máxima

e

xpresión de lo teórico es la cien c ia, que vendría a ser entonces

e

l conocimiento en est a do más depurado respecto a la propia

prá c tica. Pero la ciencia es teoría-resultado, conocimiento acu- mulado, movimiento p rá ctico , viv o, representa c ión inmediata

de tod a pr a xis.

L a p rác t i c a , en t a nto a ctivid a d humana originaria, no

puede existir solo como praxis, sino que exige la teoría,así se a una teoría ideoló g ica y no científica. Por eso afirmamos que toda prácti ca e s para un a te oría. En ese sentido compartimo s las tesis de M a o T se-T un g , seg ú n las cuales s í es verdad que la

• 0 " -

)

práctica condiciona y determina la teoría, en términos estruc- . tur a les, incondicionados y permanentes; tampoco es m eo?s

c ierto que en términos relativos, condic i onados

l a teoría es capaz de decidir y hasta determinar

propia práctica . En efecto , cuando la práctica no pu e de avanzar

m ás y apen a s s e proyecta en una teoría cap a z de comprend e rl a ,

l a teoría, e n ese momento, cumple un p a pel de c is i vo . En con-

s e cuencia , c ualquier proceso práctico que no pued a , llegad o el

momento , superar su espontaneidad y transform ar s e en con s - cie nte, deja de desarrollarse, se estanca, cae en el pantano d e l a rep e tición y hasta de la in v olu c ión . Justam e nte e n e sa coy un -

tur a conc re ta l a teorí a es decis iva , e s cap a z d e c ump l i r u n r o l

p r in cip a l. T a l es el caso, por e jemplo , de la rev olu ció n venezo -

y coyun t i.lral é s, . el sendero de la

lan a , qu e , como movimient o pr á ctico , e s t á exi g i e nd o a ctu a l- mente una teoría crítica que la comprenda para poder av a nz a r.

Est o es lo que queremos significar cuando

pr á ctica lo es pa r a una teorí a , desemboca n e c e s a r ia m e nte

u n a t eo r ía, exige una teorí a.

a firmamo s qu e t o d a

e n

1.3 La cuestión de la ideología y la ciencia ¿Qué es la ideología? ¿Es posible una ciencia de la id e olo- gía? ¿Qué es l a ciencia? ¿Es posible una filosofía de las cien c i a s? ¿E s taremos siempre maniatados a . una v i sión ideológica de la ideo l ogía y de l a ciencia, incluso de la ideologí a y la cien cia I re v olucion a rias? Justamente aquí despega la polémi c a que tra - taremos de recoger en la forma más sucinta. Lo que no excluye, como se comprenderá, que emitamos nuestra personal posi- ción filosófica .

la

noción de ideología se practica como un conjunto de ideas y sentimientos que conforman la posición de un grupo social (e indirectamente de las personas integrantes de dicho grupo) en torno a los problemas de las prácticas sociales: económica, polí- tica, cultural, moral, etc . En efecto , toda persona tiene ideas y

De m a nera ideológica , para el común de los mortales

opiniones sobre cosas y procesos (naturales sociales, culturales, etc.) que rodean su existencia y práctica diarias . Toda persona posee, pue s , su ideología, su manera de actuar ante la vida, su forma de ver l a s cosas, el mundo , etc. La conducta humana coti- diana responde en gran medida a estos imperativos id e ológi- cos . Lo que cada hombre hace está gobernado por su concien c i a y voluntad, independientemente de la influencia de los facto r es biológicos, psíquicos, sociales e ideológicos mismos que expli- quen dicha conducta. Esto es ampliamente conocido : el hombre actúa según lo que le indique su conciencia, su ideología. De modo científico, la ideología representa las prácticas

sociales a nivel de la conciencia social, siendo ella a su vez una práctica, Como tal, reproduce las contradicciones de clase a nivel "ideológico". Mientras la reproducción científica trae consigo un efecto de distinción (o de realidad) en tanto conoci- miento, la ideología deforma la representación trayendo consigo un efecto de confusión (o de imaginación), justamente como desconocimiento. Esto significa que la ideología es un reflejo no solo de las condiciones reales de existencia sino también de las propias relaciones imaginarias (de las otras prácticas) que

los hombres se hacen de . esas condiciones

Esto es lo que evidencian las tesis clásicas marxistas: las ideolo -

reales de existencia.

gías constituyen reproducciones que las clases se hacen de sus propias relaciones en el curso de sus prácticas, principalmente de la práctica productiva (económica) y de la práctica política (lucha de clases). Como señala el grupo Lucha, Crítica y Trans- formacián, de la Universidad de Vincennes (París):

Las ideologías están determinadas por la práctica social. A los cambios sociales en la base, en la práctica de la producción, siguen ci~rtos cambios en la naturaleza delas ideologías presentes. ( ) A su vez, las ideologías no dejan de ejercer su acción sobre la prácti- ca social: la ideología tiende a asegurar la dominación de la clase de la cual es ideología. Dominación que se extiende sobre las otras

)

pr á ctic a s y las o t ras cla s e s . Est o , r nin a nte busque a la v ez ~an ten e r

es l o qu e h ace qu e t a id e ol og í a do - , _ ,

y ref orz ar la do min ació n

d e l a . /

c l ase d om in a nt e,

n a d a b u scar su bver t ir la in s t a n cia d o r n in a nt e . "

mi en tras q u e correspond e a l a id e o l og í a d o mi~. e

La conce pc ió n cien tífi c a de l a id eo l ogía c o mienz a por s u

d efi ni c i ón objetiva como prá c ti c a : n o h ay s o c i eda d si n un sis -

t ema d e nociones , vision es, id eas et e . , m e di a nt e el cu a l la s

c l ase s , lo s gr upos y l as person as r epr o d u ce n e s a so c ie dad y su

lug a r e n e lla . Se trata, pues , d e un s i s tema de r e p r e s en tac ion es

o b jet i vo e histórico en el sen o de un a s o c i e d ad con c ret a diri-

ozid o a en c a r ar las situacion e s pr_ á ctico -so cia l e s e xi s t e ntes. " La

dis c u s ión s obre el cará c ter de est e sistema de r e pr es enta c iones

( s e deben incluir solo conceptos o también mitos 6 imágenes,

etc. ) y sobre su origen histórico ( pre s ent e a pa r tir de l a a p a rici ó n misma de lo humano como contra d i cci ó n hombr e -natu ra lez a o

sol o a p a r t ir de la división c lasi s ta d e l a so c ieda d co m o c on f l i cto entre los propios hombres , et c . ) » n o e lude l a d ete rm i n ac i ó n

p r incipal: s er una práctica-sistem a jus t i f icadora

de los hombres. El sistema de represen tac i o n e s exi ste n te en la

de l as acc i one s

pr á ctica social reproduce las otr a s p rác ti ca s (e conómic a , pol í -

t i ca fundamentalmente , pero también la propia prá c tic a teórica) a su manera, en correspondencia con los intereses materiales en juego en la arena social de la lucha de clase s . Esto significa que debemos pensar este sistema de represen - taciones en relación a dos instancias precisas: la sociedad (las prácticas) y la ciencia (la práctica teórica propiamente dicha). Hemos apuntado que la ideolog í a cumple una función práctico - social dentro de una estructura histórica dada. Esta función,

8

Art , Scien c e et Ideologi e contr e des positions revisionnistes , Vincennes,

1972

, pp. 6-7.

9

L. Althusser , Polémica sobre marxismo y humanismo . Siglo XXI, México , 68, pp. 18 Yss.

10

E . Mande!. Tratado de economía marxista, t. 1I. Era , M é xico, 69 , pp. 292,

pue s , es la de velar, oscurecer las relaciones de explotación que una clase social ejerce sobre el resto de la soctedad. Digamos que la ideología es el instrumento con que la clase social domi- nante manipula la conciencia de las clases sociales dominadas

para hacer

que asienta su dominación. Pero si con esto acotamos lo que hay de fundamental en la ideología como instrumento político de la clase dominante, es conveniente precisar un matiz importante: la existencia de ideologías revolucionarias. Así sucedió, por ejemplo, con la misma ideología bu r guesa en el momento histórico de su lucha

aceptable (natural, justo , bello) el orden social en

contra la ideología feudal dominante, en el período histórico en

Int ro du c c ión (l ía ci e n c i a

)

uN o . Ci e n c i a ,

p ra x is e ídeo t og í a

:

clase obrera. Es por esto también que quizás se da por primera vez la posibilidad de que Una clase social, el proletariado, teng á

acceso a un conocimiento objetivo e histórico de la sociedad (la verdad de l a ciencia social) en l a m e dida que ese . mismo prolet a - riado , realizándose como cla s e , emancipa a toda la humanidad; no tiene a sus espald a s otra c lase ante la cual defender su des- tino histórico y ante la cual se vería obligado a ocultar, a su vez, la naturaleza real de la vida social. Llegados a este punto podemos intentar delinear algunas precisione s teórico-metódicas en el manejo que hacemos del concepto de "ideología " :

que encarna

el progreso humano posible para su tiempo. Aquí

1.- El punto de partida es la ideología dominante, que es la forma

el problema

se torna un tanto más complejo , pero no aborta

de existencia histórica fundamental de la ideología: pro -

el

esquema que antes hemos apuntado . Si bien la burguesía

ducto de l a división social del trabajo (manual vs. intelectual)

ascendente debe, contra el oscurantismo feudal, desmitificar,

~ racionalizar, iluminar ciertas zonas oscuras de la naturaleza, la

sociedad y el pensamiento

(creación de las ciencias naturales,

principios humanistas de la revolución francesa, revalorización de la raz ó n, etc.) para destruir el viejo orden o imponer su hege-

monía comodase, le está impedido develar e iluminar toda la urdimbre compleja de la estructura social bajo la cual ejerce su dominación :

Esta limitación no es azarística: el ascenso de la burguesía implica como contrapartida la aparición en escena histórica de la nueva clase social, el proletariado, destinado a adversarla, y en última instancia a aniquilada, dado las profundas contra- dicciones antagónicas que las enfrentan. Ante este conten- diente, más o menos potencial en un primer momento, cada vez más real con el curso del tiempo , la burguesía debe, desde

sus

explotación que su papel dominante instaura. La burguesía , pues, se ve obligada a renovar su visión ideológica progresista frente al viejo enemigo feudal, ante el futuro encarnado por la

inicios, ocultar la naturaleza real de la nueva relación de

- -- -- ---- - -- - -- - ------------'---- - .,. ; ,, " =

y de la lucha clasista de la sociedad (burguesía vs.: proleta -

r i ado) . La ideología dominante lo es de una forma c ión soci a l

determinada, en el anális i s marxista se trata en concreto d e

la ideología dominante capitalista. Este es el objeto de estu -

dio principal al cual hace referencia el concepto de ideolo- gía. La ideología dominante capitalista encubre la realidad . de la vida social, es un desconocimiento, se evidencia objeti - vamente como falsa. 2.- A partir del estudio de la ideología capitalista dominante y sus determinaciones históricas concretas, podemos metó- dicamente extender su connotación al concepto de ideolo- gía en general, que aspiraría a representar la oposición entre ideología dominante e ideología dominada, registrada en la práctica ideológica de una sociedad. En el capitalismo,

de clases fundamental, es la dominante capitalista e ideo-

como expresión de su lucha contradicción entre ideología

logía proletaria dominada. El concepto de "ideología en general" deberá comprender, pues, los elementos constitu- tivos de ambas ideologías en pugna.

- - ~ -- = . :

w

( J l

J.R. Núñez Tenorio

~

3.- Así, mientras el concepto de "ideología dominante" se evi- dencia objetivamente como falso, el concepto de "ideología en general" se manifiesta corno una noción inobjetivada científicamente; por tanto, ni declarada como falsa ni tam- poco como verdadera. Justamente esta es la determinación común a ambos enunciados de ideología: ser pensamien- tos inobjetivados científicamente (independientemente de su fuerza histórica, política, moral etc.). Tanto la ideo- logía dominante como la ideología en general son ideas no objetivadas: la primera, por la proclamación de su falsedad; la segunda, por la inobjetividad de su supuesta verdad. La ideología dominada se ampara en este ámbito proporcio- nado por el concepto de ideología en general. 4.- Metódica yepistémicamente los conceptos de ideología dominada e ideología en general son posibles a partir de los parámetros significativos proporcionados por · la ideo- logía dominante, que cumple en toda sociedad clasista su función específica de falsear la realidad . Pero no se pueden confundir ni diluir entre sí estos conceptos y es necesario manejados con una precisión mínima si aspiramos a una te?ría verdadera de la práctica ideológica como lucha entre la ideología dominante, que tiende a asegurar la domina- ción y la ideología dominada, que aspira subvertir dicha dominación. 5.- Finalmente, es comprensible para el lector que las deter- minaciones teórico-metódicas enunciadas se han hecho a partir de la vertiente contradictoria ideología-ciencia, pero la ideología tiene una carga histórica que procede de otra vertiente: la vida, la política, la práctica, el arte. Este aspecto "histórico" de la ideología no lo hemos desarrollado; mas, justamente, este es para nosotros el principal, porque implica la crítica; la creatividad, la apertura, las transforma- ciones, lo original.

t n t r oducao n a la C¡ e n á á)

U Nu.Cil'n<.

i a , pr,a

xi

s

e

id e o l og

i a-

Tal sería nuestro intento de formulación del problema de las .

relaciones de la ideologf:;t con la instancia social en la presente

_ Por otro lado, las diferencias entre las ideologías y las cien- cias se pueden intentar esquematizar del modo siguiente:

1) Mientras la ciencia nos proporciona un conocimiento verda- dero fundado en la racionalidad objetivada (experimento, éticas sociales, etc.), la ideología nos produce un conoci- miento falso, puesto que se basa, bien en la irracionalidad, bien en una racionalidad inobjetivada. 2) El condiciona miento de la anterior diferencia viene dado, en el marco histórico-social, porque la ideología estáimpreg- nada de un interés directo de clase, tomando partido abier- tamente en el escenario de la lucha de clases. Mientras que el vínculo de la ciencia con la estructura y las contradiccio- nes de clase está mediatizado, expresando solo indirecta- mente aquellos intereses clasistas.

encrucijada histórica que vivimos.

Concepto de ciencia Nos corresponde ahora tratar de esbozar el concepto de ciencia. Es correcto satisfacer esta demanda porque la formu- lación de dicho concepto implica también una determinada posición ideológica (filosófica). La factibilidad de conocer cien- tíficamente la práctica ideológica es, en verdad, la condición de posibilidad de un conocimiento filosófico de la práctica cientí- fica. Este conocimiento tiene que rehacerse sobre la base de la crítica permanente a las diversas filosofías de las ciencias, pre- sentes en el esfuerzo por aprehender el mecanismo funcional de esta práctica teórica. Esto significa que estamos obligados a diseñar nuestro propio enfoque ideológico de la ciencia como punto de referencia concreto al debate contemporáneo. Generalmente se proporciona el siguiente concepto de ciencia: conjunto de conocimientos con base lógica, método propio y objeto determinado, que permite la previsión. Estos

, f

son, al menos, los elementos siempre presentes en las variadas definiciones de ciencia que nos proporcionan los manuales de historia de la ciencia y de epistemología: Nosotros queremos delinear nuestra formulación de la manera más resumida posi - ble a partir de lo que podríamos llamar " cuatro pares catego- riales contradictorios" del concepto de ciencia , que implican al mismo tiempo encarar con mayor intensidad aquella definición inicial. Estos cuatro pares categoriales contradictorios inherentes al concepto de ciencia son los siguientes:"

1.- Reproducción racional en oposición a la representación veraz.

Esta reproducción racional sería la base lógica

que esta-

ría en el desarrollo deductivo de toda ciencia; pero, al mismo tiempo, ella estaría en contradicción con la veracidad impuesta

~ por la práctica y la experiencia, según los diversos criterios de contrastación científica. Esto significa que la ciencia constituye una solución relativa y parcial a esta contradicción: la exigencia de objetividad al conocimiento (verdad objetiva) y la necesidad de representar esta verdad en un sistema deductivo de pensa- miento, en una estructura racional coherente. Si nos quedamos solo con la deducción permaneceremos con la ciencia metodo- lógica (lógica, matemáticas) como modelo abstracto respecto a

11 Desde luego, resta un pequeño problema relativo a la clasificación y nominación de los grandes grupos de ciencias (presentes en el pro- grama de estas conferencias), por lo cual provisoriamente nuestra argumentación se refiere fundamentalmente a lo que llamamos cien- cias " teórico-objetivas" (como la física y la economía política del capi- talismo), denominadas por la filosofía neopositivista ciencias factuales, experimentales o formalizables; solo subsidiaria mente ella apunta a las llamadas por nosotros ciencias "te ó rico-metodol ó glcas" (lógica y mate - máticas), conocidas generalmente como ciencias formales . Esta obser- vación es importante en lo que sigue, puesto que de esa clasificación y de esa nominación es posible obtener consecuencias teóricas dispares .

¡

.

In t rodu cc i ó n a la ci e n cia

)

u No . Cie~ ci aJ pra x i s e íd e olo gfa

lo q~e debe seria estructura ideal de una ciencia; si restamos eón .el conocimiento inmediato e ideológico sin haberlo reproducido

en un cuerpo teórico-deductivo, anclaremos, bien en una ver- dad meramente empírica, trasunta de la inmediatez de la reali- dad (y de la ideología que de ella tengamos), bien en una falsedad ideológica. La cien c ia justamente persigue un punto coyuntural resolutivo a esta contradicción (de modo relativo e histórico), en el que se unifique la reproducción racional con un determinado grado de contrastación del conocimiento. La oposición ernpi- rismo-formalismo se manifiesta aquí con toda fuerza. Eviden- temente, las concepciones neo-positivistas y analiticistas de la ciencia rechazan este planteamiento al levantar exclusivamente

el criterio de validez

lógica como si fuese un criterio

propio de las matemáticas y de la de veracidad .

deductivo,

2.- Contradicción entre objeto y método. Como sabemos, uno de los grandes problemas históricos

1 de toda ciencia teórica es poder precisar claramente su objeto . Esto constituye todo un peregrinaje de discusión teórica entre las diversas escuelas que aspiran a la cientificidad. Se considera que una ciencia atraviesa una crisis de fundamentos (Husserl), cuando las distintas tendencias señalan una delimitación dife- rente de la región de objetos de esa ciencia y, -en consecuencia, propician métodos distintos para encarar el conocimiento de dichos objetos. Para que una ciencia registre una cierta madu- rez teórica se requiere delimitar clara y terminantemente su región de objetos y, en correspondencia con la definición pre- cisa de su objeto, se perfila el engranaje y la operatividad del método respectivo. No puede existir el método aisladamente, tampoco su objeto. Todo método lo es de un objeto determi- nado y todo objeto lo es para un método concreto . La ciencia, por tanto, solo adquiere cierto nivel de madurez en la medida que ha sido capaz de resolver, aunque sea relativamente, esta contra- dicción. Se trata de escapar a las desviaciones siempre presentes

en la estructuraci ó n teórico-metódica de toda ciencia: el teo- ricisrno (dogmatismo: pr e eminencia t e órica del contenido del

objeto) y el metodologi s mo tiva y/o técnica del método).

(r e visioni s mo: abstracción opera-

3. Categorías y le yes funda m ental es .

No basta precisar el objeto y el método, es necesario ade- más que toda ciencia tenga un cuerpo de conceptos fundamen - tales con un significado riguroso, al cual se atiene (por acuerdo

o por tradición) todo científico del mismo campo . Cuando una

misma categoría es entendida de modo diferente por unos y otros , entonces no tenemos todavía una ciencia teórica madura. Resulta que muchas veces las categorías científicas se reducen

a describir el proceso al cual se refieren. Desde luego , esto es

. insuficiente salvo en determinadas disciplinas muy caracterís -

_ ticas. Es necesario superar el fenomenologismo en las ciencias .

~ Cada vez es más evidente que las categorías científicas tienen

. que reproducir la contradicción

interna del proceso estudiado.

No basta, por tanto, describir el fenómeno, sipo que es necesa- rio precisar con claridad su contradicción interior. La catego- ría de "mercancía", por ejemplo, representa en la ciencia de la economía política una contradicción real, justamente porque

la mercancía es, al mismo tiempo, valor de uso y valor. El domi-

nio dialéctico de esta contradicción valorativa es indispensa- ble para la comprensión histórica de esta categoría a nivel de la economía política capitalista. Y así acontece con el resto de las ciencias.

Estas categorías no se dan aisladamente.

No se las puede

definir en forma abstracta: su significación sería muy débil en comparación con lo que realmente connotan. Su implicación

aparece con toda fuerza en la medida que ellas participan en

el enunciado de una ley, tal como sucede con los conceptos en

las ciencias formales en el marco de un determinado axioma, o bien, a nivel de la filosofía, las definiciones cobran sentido en el

i

)

1 : / Lr ll a : h . •.:.c HJ t i : u < :lt· UCU ! •

m a rco conceptu a l d e tal es o cuales tesis filo s óficas . Si continua-

• mo s ' con el ejemplo de Ja economía política , podemos indi ca r que las categoría s de tr-ab a jo (asal a riado) o de capital (acurriu-

,

r

!

I

~

f

1

!

¡

I

¡

I

I

i

I

I

I

I

I

I

l ación de) no pued e n comprend e r s e si no se engarza n estas dos

catego r í a s c on e l e spacio

p r oduc c ión de plus v alía, resultado de la acumulación de capital

y de la acumulación de fuerza de trabajo en el proceso capita-

lista de producción. De este modo, la ley fundamental requiere

de las categorías para inteligir un conocimiento objetivo, las

c a tegor í as a su v ez necesitan de la ley para que aquel significado

sea comprendido con rango

determinado. Esto es 10 que explica la necesaria relación dialé- ctica contradictoria entre unas y otras. Mientras una ciencia no

posea un cuerpo mínimo de categorías fundamentales, por lo menos para conceptuar con cierto rigor científico los elementos

funcionales de su ley fundamental, esa ciencia no puede con-

quistar todavía el nivel de ciencia teórico-objetiva . Si la catego- ría determina el proceso contradictorio, su inserción en la ley permite su comprensión dialéctica dentro de una totalidad his- tórica. La oposición ideológica aquí es entre el explicacionismo del entendimiento en las categorías en oposición al compren- sionismo de la razón en las leyes y teorías científicas.

conceptual del cu a l se nutren: la ley de

de concreción y de racionaliza c ión

4 . Previsión teórica y ejercicio práctico.

Cualquier ciencia debe asegurar un determinado cuadro de previsión teórica. Al mismo tiempo, toda ciencia tiene que proyectarse en la práctica , inmediata o mediatamente. Jus- tamente la previsión teórica es indispensable como exigencia científica: premodelar teóricamente el resultado . Pero solo el ejercicio práctico de la misma contrasta y objetiviza dicha pre-

visión. Una no es posible sin la otra y viceversa. Aquí también

la lucha ideológica se presenta en variadas formas, pero sobre todo, entre el pragmatismo y el prediccion i smo. ·

(( .

' . R . Núñez T enorio

Tales serían sucintamente los pares categoriales contradic- torios entorno a los cuales es necesario determinar el concepto de ciencia. Desde luego, se trata fundamentalmente de una definición filosófica (ideológica) de la ciencia teórico-objetiva en su forma madura; aun cuando -como señalamos antes-, permite comprender también algunos elementos constitutivos de las ciencias teóríco-metodológicas (formales).

Dialéctica de la ideología y la ciencia.

Hasta ahora hemos esbozado, grosso modo, los campos res- pectivos de la ideología y la ciencia. La pregunta que surge de rebote se refiere a la relación dialéctica entre estas dos instan- cias del mundo cultural del hombre. Así, por ejemplo, ¿en qué consiste la oposición ideológico-social, por la cual "la ciencia es ciencia de la ldeología'v y "la ideología es siempre ideología para la ciencia'», como está planteado por la escuela althusse- riana? Que la ciencia sea ciencia de la ideología implica que cuando ella emerge como ciencia, no solo es teoría de su objeto real -en la vieja acepción empirista todavía vigente en el sentido común del vocablo-, sino que tiene que ser, al mismo tiempo, crítica teórica en relación a la envoltura ideológica que cubre dicho objeto real. Necesariamente para poderser conocimiento obje- tivo (teoría verdadera de un objeto real), exige ser crítica racio- nal a los planteos ideológicos que, revelándose falsos, permiten una aproximación cada vez más rigurosa (legítima y categorial) al conocimiento de esa región de objetos de la realidad. Los anteriores enfoques ideológicos que giran en torno al objeto,

12 Ver, P. Macherey , "A propósito de la. ruptura", en Nouvelle Critique,

mayo de

65, t.I, p. 57.

1965, pp. 136-40¡ L. Althusser, Lire Le Capital , Maspero, París,

13 Ver, Ala in

"El (re) comienzo del materialismo dialéctico" en

Materialismo histórico y materialismo dialéctico (con AIthusser), Cua-

dernos de Pasado y Presente, Córdoba, 69, pp. 20-21.

)

en aproximac í ones sucesivas, pero incompletas y equivocadas, necesitan ser superados por la nueva ciencia para que este des ; linde evidencie lo que elles son: mera ideología (tanteos, prepa- ración, caminos infracientíficos). Cuando Galileo fragua la nueva ciencia natural, ella no es producto directo del estudio de su objeto (el movimiento real de la naturaleza), sino el resultado del análisis crítico a toda la vieja filosofía de la naturaleza medieval y escolástica. La con- cepción de la naturaleza y del movimiento en la física aristo- télica y tomista registra una reelaboración crítica a través de la I cual nace la nueva teoría: la cinemática como modelo de ciencia natural. Como ha escrito Engels (en Dialéctica de la Natura- leza), su descubrimiento no tanto se localiza en el plano de la

I "ciencia empírica" que acumula una masa enorme de conoci- mientos positivos", sino más bien a nivel de "sus fundamentos teóricos", por medio de los cuales es posible la adquisición de estos nuevos conocimientos. La crítica a la ideología anterior -que servía de "fundamento teórico a los datos empíricos- permite que se produzca el salto cualitativo a la nueva ciencia:

nuevos fundamentos teóricos donde encajan, operativa y con- ceptualmente, los nuevos datos fenoméniéos. No es, pues, la simple actitud espontánea, la ingenuidad azarosa o la geniali- dad predestinada lo que provoca la nueva ciencia, algo así como si se tratase de un milagro y Galileo estuviese predestinado para cumplir semejante misión sobre la tierra. Otro tanto realiza Marx en su crítica a la filosofía humanista y eternista presente en la ideología económica burguesa, dando lugar a la aparición de las ciencias sociales. El nacimiento del materialismo histórico y de la economía política del capitalismo connota un deslinde epistemológico con la ideología historicista de Hegel, la filosofía antropologista de Feuerbach y los funda- mentos teóricos de la economía burguesa de Smith y Ricardo. La ruptura con esa ideología filosófico-económica implica no solo el estudio de la historia (real) y el proceso económico (realismo),

, «,)

)

' . R . · Núñe z T e lll.l r i n

sino, al mismo tiempo, la reelaboracióncrítica del sistema de

• conceptos mediante los cuales se pensaba la historia y se ana- lizaban los "fenómenos económicos" . No sorprendió a Marx que, justamente, las bases teóricas de la economía política bur-

cuesa dominante hasta entonces fuesen solidarias de la filoso- fía humanista del historicismo (Hegel) y/o el antropologismo (Feuerbach). Semejante ideología filosófico-económica obsta- culizaba la forjación de la nueva ciencia. La creación del mate- rialismo histórico como crítica y superación del humanismo historicista implicó abrir compuertas para que los tradiciona- les datos fenoménicos de la economía cobrasen forma teórica,

bajo nueva vestimenta

Marx del modo de producción capitalista (El Capital). Si quisiéramos insistir, pudiéramos añadir que todo el des- cubrimiento de Galileo se encuentra concretado en el agregado conceptual de una palabra; mediante la cual la fórmula aris- totélico-tomista vigente de "si no hay fuerza actuando no hay movimiento" fue sustituida por la galileo-newtoniana de "si no hay fuerza actuando no hay cambio de movimiento". En lugar del movimiento sin más (planteo filosófico-cualitativo), se vira hacia el cambio de movimiento (enfoque científico - cuantitativo). y este simple viraje constituye una profunda transformación teórica respecto a la física escolástica, que permite evidenciar dos determinaciones teóricas completamente distintas: la ideo- lógica y la científica. Algo semejante acontece con la búsqueda realizada por Marx. Simbólicamente, puede también reducirse a una palabra más: donde Smith y Ricardo hablan de trabajo, Marx escribe fuerza de trabajo. Por esta sencilla mutación de terminología se provoca un cambio profundo de problemá- tica teórica: del sistema ideológico de conceptos de la econo- mía política burguesa (trabajo en general, capital, dinero, renta territorial, mercancía, etc.), a los principios teóricos de Marx,

conceptual, en el estudio registrado por

que impone un nuevo sistema de categorías con rigor y.pr.eci- slón científica y con un significado diametralmente distinto

I

f

1

f I

I

)

tn t r o du c c ío n a la ciencia

-

-

- -

-

usro . Cíencta, praxis e ídeologfa

(trabajo asalariado, fuerza de trabajo, ' trabajo excedent~, plus- valía, etc.). Las definiciones y conceptos ideológicos se nos han evidenciado como categorías y tesis científicas. En consecuencia, lo que sufre transformación en la cien- cia es el objeto de conocimiento (no el objeto real), por lo cual acontece, justamente, la ruptura. Ese objeto de conocimiento trastocado por Marx fueron los vocablos ideológicos existen- tes para entonces. La producción del nuevo conocimiento es la génesis de la nueva ciencia: las categorías y leyes científicas descubiertas por Marx en el análisis del proceso de produc- ción capitalista. De este modo, clarificamos la noción acuñada por Macherey de que la ciencia es ciencia de la ideología. Pero, según señalamos, también la ideología es ideología para una ciencia. Esto significa, ante todo, que la ideología, a nivel del cono- cimiento teórico, se define en retrospección a una ciencia. Es decir, antes de Aristóteles no sabíamos si lo que hacía Platón (aunque fuese propiamente filosofía que versase sobre ciencia) era realmente ciencia o ideología. Platón mismo la consideraba ciencia y todo el mundo denominaba a Platón "el maestro" y "el discípulo" era Aristóteles, Se consideraba, pues, que la ideología platónica (la dialéctica platónica) era ciencia: dialectiké epis- temé. Es el nacimiento de la lógica formal-gracias a los trabajos de Aristóteles- lo que define lo anterior a él como infracien- cia, es decir, como ideología. Pero es manifiesto entonces que la filosofía de Platón existía para una ciencia: la de Aristóteles. Antes de Marx, se consideraba la economía política expuesta por Smith y Ricardo como la ciencia económica. Es el descu- brimiento aportado por Marx lo que permite comprender que la teoría de estos, que se presentaba hasta ese momento como ciencia, no lo era propiamente, siendo, en cambio, mera ideo- logía económica burguesa. Por tanto, cualquier ideología sobre un determinado objeto de conocimiento lo es para una ciencia, es decir, para conquistar en el futuro el conocimiento de ese

-

~

l '

\

.~

J.R. N üñ ez T en or i o

bjetivo. No se trata, pues, de un trabajo vano, perdido, sino de na elaboración espontánea (y/o conciente), incompleta y nece-

. r ia para irnos aproximando sucesivamente al conocimiento

~ al de ese objeto (objetividad del conocimiento = verdad) que

s, exactamente, la ciencia. De este modo, la ideología es mate- i a prima necesaria para el ejercicio de la crítica científica. Este

c gundo significado es más fácil de inteligir, pues es común- ·

rente tratado en los manuales de filosofía y de las ciencias. Estas serían, en líneas generales, las relaciones dialécticas históricas entre ideología y ciencia, comprendiendo que exis-

.

endo la ciencia, no hay ideología sin ciencia ni ciencia sin ideo- .gía, en el significado que conforman una unidad y al mismo

.

empo una lucha de contrarios (por la verdad).

Introdu c c i ón a fa ci e n c ia

:

::.:

Bíbliografía

uNo . Ciencia,

praxis e í d e ologfa

Althusser, L.: La revolución teórica de Marx, Siglo XXI, México,

f f,

~

f

1

i

f

i

f

r

\

1967.

: Ideología y aparatos ideológicos de estado. Oveja Negra, Bogotá, 1971.

: Polémica sobre marxismo y humanismo, Siglo XXI,

México, 1969. Althuser, L. / Mandel, E.: Polémica sobre la lectura de El Capital, Tiempo Crítico, Medellín, 1971.

Babini, J.: ¿Qué es la cienciar, Columba, Buenos Aires, 1955. Barth, H.: Verdad e ideología, FCE, México, 1951. Bernal, J.D.: Un mundo sin guerra, Lautaro, Buenos Aires, 1964.

Borda, C. Fals.: Ciencia propia y colonialismo intelectual, Nuestro Tiempo, México, 1970. Bunge, M . : La ciencia, su filosofía y su método, Losada, Buenos Aires, 1962. Cassirer, E.: El problema del conocimiento, 4 vols., FCE, México,

1953.

García Bacca, ].D.: Elementos de filosofia de la

cas, 1967. Geymonat, L.: Filosofía y filosofía de la ciencia, Labor, Barcelona,

ciencia, UCV, Cara-

1968.

Kedrov, M.B. / Spirkin, A.: La ciencia, Grijalbo, México, 1968.

Markovic, M.: Dialéctica de la praxis, Amorrortu, Buenos Aires,

1968.

E. Mari, E.E.: Neopositivismo e ideología, Eudeba, BA, 1974. Mandel, E.: Tratado de economía marxista. Era, México, 1969. Núñez Tenorio, J.R.: Teoría y método de la economía política mar- xista, UCV, Caracas, 1976. : Humanismo, estructuralismo y marxismo (Althus- ser, Sartre y Marx), UCV, Caracas,1978. Quintanilla, M.A.: Ideología y ciencias, Torres Valencia, 1976 . Richta, R.: La civilización en la encrucijada, Artiach, Madrid, 1972.