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Introducción a la Economía del Sector Público ejemplar actualizado a septiembre 2011

Introducción a la Economía del Sector Público ejemplar actualizado a septiembre 2011

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Publicado porFrancisco Moratinos
El rápido crecimiento de la literatura especializada en el campo de las finanzas públicas, así como su elevado costo y dificultades de acceso, plantean serios problemas a los estudiantes de economía y administración pública y de empresas, quienes encuentran cada vez más difícil mantenerse al día en esta importante área de estudio. Este libro ha sido elaborado pensando en ellos. Se asume que los lectores están familiarizados con la teoría microeconómica a nivel introductorio. Así, luego de largos años de docencia en la cátedra de Teoría y Política Fiscal de la escuela de economía de la Universidad de Carabobo, acumulando experiencias de mis estudiantes, tomé la difícil decisión de preparar esta obra de carácter didáctico, no sin experimentar temor por el reto al que me enfrentaba. Se ha deseado escribir un texto que sea útil a la docencia universitaria, donde el alumno, al contar con un material que le servirá de guía de estudio de los temas de la asignatura pueda avanzar en la enseñanza, completándolo con las indicaciones que se impartan en clase.
La selección del título: Introducción a la Economía del Sector Público, merece un comentario aparte. El tratamiento tradicional de la literatura sobre la Hacienda Pública (Finanzas Públicas) pone mayores énfasis en los aspectos macroeconómicos, administrativos y jurídicos de los diferentes instrumentos con que cuenta el Estado para intervenir en la actividad económica. Hemos revertido esa tendencia, apoyándonos en el análisis microeconómico, parte poco tratada en la mayoría de los textos sobre finanzas públicas que existen en español. El interés está en las funciones microeconómicas del Estado, la manera como afecta la asignación de recursos y la distribución del ingreso. En estos días la función macroeconómica del Estado- el uso de la política fiscal (impuestos y gastos) y la política monetaria con fines de estabilización- son comúnmente impartidas en un diferente curso. Por lo tanto, este libro continúa con la tradición de circunscribirse al gasto público y a los impuestos. La función del economista, en lo que a influencia del Estado sobre las decisiones de los distintos agentes económicos se refiere, reside precisamente en evaluar qué tipo de efectos ocasionan los diferentes instrumentos financieros sobre ellos: impuestos, crédito público, gasto público, presupuesto, etc.
Se ha pretendido reflejar a todo lo largo de la obra la premisa de que el sector público tiene un rol constructivo e importante que jugar en la economía junto al sector privado, ya que este último no puede por sí solo alcanzar los objetivos económicos y sociales a que toda sociedad democrática aspira.
La obra está estructurada por capítulos, los cuales podrían organizarse en tres partes bien definidas. La primera de ellas comprendería seis capítulos, iniciándose en el Capítulo I, con una revisión general del funcionamiento eficiente del mercado, idea que tiene sus raíces en Adam Smith, luego, se describen someramente las causas que hacen que éste no logre una eficiente asignación de recursos, para terminar con la delimitación del campo de la actividad gubernamental según la taxonomía de las funciones del Estado propuesta por el profesor Richard Musgrave. El Capítulo II, introduce el instrumental metodológico (Análisis Normativo) de la economía del bienestar que será usado en el resto de la obra. Esta rama de la teoría económica se ocupa del uso alternativo de los recursos en la satisfacción de las necesidades sociales. En este capítulo se define el concepto de eficiencia económica u óptimo de Pareto, concepto muy importante que ha abarcado gran parte del trabajo de los economistas. A partir del Capítulo III se comienza la exploración de las fallas del mercado mencionadas en el Capítulo I. Los bienes públicos, que por sus características propias no pueden ser producidos por el mercado, de allí que el Estado deba proveerlos (e. g. defensa nacional, justicia, autopistas, etc.). La provisión de los bienes públicos
El rápido crecimiento de la literatura especializada en el campo de las finanzas públicas, así como su elevado costo y dificultades de acceso, plantean serios problemas a los estudiantes de economía y administración pública y de empresas, quienes encuentran cada vez más difícil mantenerse al día en esta importante área de estudio. Este libro ha sido elaborado pensando en ellos. Se asume que los lectores están familiarizados con la teoría microeconómica a nivel introductorio. Así, luego de largos años de docencia en la cátedra de Teoría y Política Fiscal de la escuela de economía de la Universidad de Carabobo, acumulando experiencias de mis estudiantes, tomé la difícil decisión de preparar esta obra de carácter didáctico, no sin experimentar temor por el reto al que me enfrentaba. Se ha deseado escribir un texto que sea útil a la docencia universitaria, donde el alumno, al contar con un material que le servirá de guía de estudio de los temas de la asignatura pueda avanzar en la enseñanza, completándolo con las indicaciones que se impartan en clase.
La selección del título: Introducción a la Economía del Sector Público, merece un comentario aparte. El tratamiento tradicional de la literatura sobre la Hacienda Pública (Finanzas Públicas) pone mayores énfasis en los aspectos macroeconómicos, administrativos y jurídicos de los diferentes instrumentos con que cuenta el Estado para intervenir en la actividad económica. Hemos revertido esa tendencia, apoyándonos en el análisis microeconómico, parte poco tratada en la mayoría de los textos sobre finanzas públicas que existen en español. El interés está en las funciones microeconómicas del Estado, la manera como afecta la asignación de recursos y la distribución del ingreso. En estos días la función macroeconómica del Estado- el uso de la política fiscal (impuestos y gastos) y la política monetaria con fines de estabilización- son comúnmente impartidas en un diferente curso. Por lo tanto, este libro continúa con la tradición de circunscribirse al gasto público y a los impuestos. La función del economista, en lo que a influencia del Estado sobre las decisiones de los distintos agentes económicos se refiere, reside precisamente en evaluar qué tipo de efectos ocasionan los diferentes instrumentos financieros sobre ellos: impuestos, crédito público, gasto público, presupuesto, etc.
Se ha pretendido reflejar a todo lo largo de la obra la premisa de que el sector público tiene un rol constructivo e importante que jugar en la economía junto al sector privado, ya que este último no puede por sí solo alcanzar los objetivos económicos y sociales a que toda sociedad democrática aspira.
La obra está estructurada por capítulos, los cuales podrían organizarse en tres partes bien definidas. La primera de ellas comprendería seis capítulos, iniciándose en el Capítulo I, con una revisión general del funcionamiento eficiente del mercado, idea que tiene sus raíces en Adam Smith, luego, se describen someramente las causas que hacen que éste no logre una eficiente asignación de recursos, para terminar con la delimitación del campo de la actividad gubernamental según la taxonomía de las funciones del Estado propuesta por el profesor Richard Musgrave. El Capítulo II, introduce el instrumental metodológico (Análisis Normativo) de la economía del bienestar que será usado en el resto de la obra. Esta rama de la teoría económica se ocupa del uso alternativo de los recursos en la satisfacción de las necesidades sociales. En este capítulo se define el concepto de eficiencia económica u óptimo de Pareto, concepto muy importante que ha abarcado gran parte del trabajo de los economistas. A partir del Capítulo III se comienza la exploración de las fallas del mercado mencionadas en el Capítulo I. Los bienes públicos, que por sus características propias no pueden ser producidos por el mercado, de allí que el Estado deba proveerlos (e. g. defensa nacional, justicia, autopistas, etc.). La provisión de los bienes públicos

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Los efectos económicos de un programa de gastos públicos financiados a través del
crédito público, son diferentes a los efectos de un programa similar financiado mediante la
imposición, en parte porque:
- El préstamo de dinero al Estado es voluntario, en contraste con el carácter coactivo
del impuesto. El empréstito, en lugar de reducir el consumo, aumenta la posibilidad
de absorber fondos que de otro modo se hubieran ahorrado.
- No se reduce la riqueza o patrimonio de los prestamistas, sino, que habrá un cambio
de forma; en lugar de dinero, obtienen títulos o valores que devengan intereses y en
último termino serán amortizados. Aunque, podría afectar la inversión privada al
producirse el llamado efecto expulsión (crowding out effect), que consiste en el
grado de desplazamiento de la actividad privada (inversión, consumo) provocada
por una política fiscal expansiva, acompañada de una elevación de los tipos de
interés.
Por ello, es bastante probable que el programa financiado a través de crédito público
tenga un menor efecto restrictivo sobre la demanda global, que la recaudación de una
suma equivalente mediante la imposición; claro está, de no presentarse los efectos
adversos sobre la inversión comentados más arriba (1)
.

Empréstito y formación de capital (Modelo Neoclásico de la Deuda)

En condiciones de pleno empleo, tanto el empréstito como la imposición reducen el
gasto privado, ya que las sumas disponibles para el consumo o la inversión son menores.
Sin embargo, habrá mayor reducción en la inversión que en el consumo, cuando se
prefiere al empréstito (crédito público), en lugar de la imposición como método de
financiación.

El consumo se reduce en menor cuantía como consecuencia de la aplicación de un
programa de gasto público financiado a través del crédito, porque la compra de títulos

CAPÍTULO X: EL CRÉDITO PÚBLICO

139

públicos es voluntaria, y responde a las amplias ventajas especiales que ofrecen los bonos
del Estado. Al adquirir títulos públicos, se abre la posibilidad para los individuos de
reducir el consumo en el futuro, fecha en que probablemente, el nivel de los impuestos
deberá ser mayor para hacerle frente a un elevado servicio de la deuda.
La inversión sufrirá efectos aún más adversos, ya que cuando el gobierno se
endeuda, compite por los fondos con individuos y empresas, particularmente, si las
personas, instituciones financieras y los bancos no disponen de excedentes de reserva. La
adquisición de títulos públicos por esos agentes económicos, restringirá la oferta de fondos
para préstamos a las empresas y los individuos. De otro lado, los individuos que adquieran
bonos, reducirían las posibilidades de expansión de sus propias empresas, o las de otras,
cuando disminuyen la compra de valores privados. Por lo tanto, se asume generalmente
que el crédito público (deuda) tiene la mayor parte de sus efectos sobre la inversión
privada. Hasta el punto que estas premisas son correctas, el crédito público deja a las
futuras generaciones con una menor existencia de capitales, ceteris paribus. Los miembros
de la sociedad serán por tanto menos productivos y dispondrán de ingresos reales mas
bajos, de lo que hubiera sido de no ser el caso. Por tanto el crédito público financiado
mediante deuda, reduce la formación de capital y por ende puede imponer una carga sobre
las generaciones futuras.

La premisa de que el crédito público reduce la inversión privada, juega un
importante papel en el análisis neoclásico, algunas veces conocido como Hipótesis del
efecto expulsión o sustitución.
La sustitución es inducida por la modificación de la tasa
de interés. Cuando el gobierno aumenta la demanda de fondos prestables, la tasa de
interés, o sea el precio del crédito, debe aumentar. Si ello sucede, el crédito se encarece, la
inversión privada se hace más costosa y restrictiva. La experiencia histórica ha
comprobado la hipótesis del efecto expulsión. La correlación entre la tasa de interés con el
déficit público es positiva.

Si existe desocupación de los factores, el uso del crédito público puede incrementar
el gasto total de la economía, porque los fondos no se hubieran utilizado ni para el
consumo ni para la inversión. Por ello, es factible que tanto la inversión como el consumo
aumenten mediante la absorción de recursos no utilizados (2)
.

La carga de la deuda pública (3)

Es frecuente en las discusiones hablar de la carga de la deuda pública ¿Qué quiere
decir esto? Si el gobierno financia el déficit fiscal mediante la emisión de títulos, se
argumenta que está poniendo sobre las generaciones futuras una carga, porque deberán
pagar al gobierno mayores impuestos para hacer frente a los intereses de la deuda. Las
futuras generaciones o tienen que pagar la deuda o refinanciarla. En cualquier caso habrá
una transferencia de fondos del contribuyente al tenedor de bonos. Por consiguiente parece
que las futuras generaciones deben soportar la carga de la deuda.
De acuerdo a A.P. Lerner (1948) este argumento no es válido cuando se trata de
empréstitos internos porque no crean carga alguna para las generaciones futuras. Habrá
una transferencia de fondos (más impuestos) de aquellos que no tienen bonos, hacia los
que si poseen. Si el Estado emite deuda para llevar a cabo inversiones que aumentan el
producto nacional (carreteras, ferrocarriles, etc.), estará generando mayor renta para poder
pagar los intereses. De otro lado, las personas de las futuras generaciones no tendrán
menores recursos a causa del empréstito, no reduciéndose por lo tanto el producto interno
real del sector privado. Las generaciones futuras heredan tanto los títulos (bonos) como las
obligaciones que representan (deuda pública). Los títulos representan créditos de sus
propietarios contra el gobierno y de ese modo contra los contribuyentes del país. Desde el
punto de vista de los propietarios, los títulos constituyen riqueza personal, pero no forman
parte del patrimonio real de la sociedad; ya que su valor como riqueza personal queda
compensada por la carga que representan contra los contribuyentes, algo así como que la
mano derecha le debe a la mano izquierda
. Mientras el empréstito permanezca dentro del

CAPÍTULO X: EL CRÉDITO PÚBLICO

140

país, el patrimonio real ni aumenta ni disminuye, simplemente lo que ha ocurrido es una

redistribución de la renta.

Cuando se trata de empréstitos externos para financiar operaciones corrientes, si
ocurrirá transferencia directa de la carga hacia las generaciones futuras, porque el nivel de
consumo se verá reducido por un monto igual al empréstito más los intereses acumulados
(pago del principal más el servicio de la deuda), que deben ser transferidos al acreedor
extranjero; lo cual, requerirá de un mayor excedente de las exportaciones sobre las
importaciones que lo que hubiere sido de otro modo, y por lo tanto, disminuye el nivel de
vida real (suponiendo el pleno empleo). Por otra parte, si el empréstito se utiliza para
financiar proyectos de capital, el resultado depende de la rentabilidad del proyecto y la
tasa de interés a la que se obtuvieron los fondos. Una diferencia positiva hará a las futuras
generaciones estar en mejor situación, una diferencia negativa, las hará estar en una
situación peor.

Buchanan (4)

, argumenta que no tendría que haber transferencia de la carga cuando
se financian actividades públicas a través del crédito público, si el concepto de carga, se
refiere a la reducción del bienestar individual. El empréstito no tiene porque disminuir el
bienestar individual de las personas que adquieren títulos, porque la compra es
enteramente voluntaria; los compradores se sentirán con una mayor riqueza personal. De
otro lado, los contribuyentes tampoco experimentan ninguna carga, al no pagar impuestos
en el momento de contratación del empréstito. En el momento de saldar la deuda, el
impuesto recaudado de los contribuyentes, coloca la carga sobre ellos y reduce su
consumo y ahorro; además, los tenedores de títulos no realizan ganancias. Por tanto, una
carga neta es puesta sobre las generaciones futuras, trasladada por la generación que
contrató el empréstito. Si la deuda no se paga, no se crea carga, salvo la del pago de
intereses. Si los gobiernos toman deudas a perpetuidad, nadie soporta otra carga que la de
intereses.

El uso del crédito público frente la imposición y la creación de dinero

La creencia de que el empréstito traslada la carga hacia las generaciones futuras
válida desde el punto de vista individual, y en parte desde el punto de vista global,
desempeña un gran papel en la formación de actitudes populares hacia el crédito público.
Estas deben dividirse en dos partes, la primera relacionada con la elección de la
imposición como método de financiamiento, y la segunda, con la escogencia del crédito
público con preferencia a otros recursos no impositivos, como por ejemplo la creación de
dinero (5)
.

¿Crédito público o imposición?

Existen situaciones fundamentales en las que el empleo de la imposición o el
crédito público suelen ser objetables.
1.- Beneficio recibido o Actitud personal. Si las personas opinan que el traslado de
la carga a las generaciones futuras es deseable, habrá una gran tendencia a
favorecer el empréstito prefiriéndolo al impuesto. Partidarios de esta posición,
basada en el principio normativo independiente del beneficio recibido,
argumentan que aquellos que se benefician de un particular gasto público deberían
pagar por él. En consecuencia en la medida que un programa de gastos públicos
crea beneficios para las futuras generaciones, es apropiado, transferir la carga de
la deuda hacia ellas. Pero este punto de vista no es universal, ya que para mucha
gente, el traslado de las cargas para las generaciones futuras, provocado por la
actividad actual del gobierno, es en esencia injusto. Ello, porque las personas
consideran a sus herederos como extensiones de sus propias vidas, con intereses
iguales a los propios.
Adicionalmente, el crédito público introduce un mayor grado de incertidumbre
sobre la futura obligación tributaria de la persona. Sin embargo, la preferencia
entre el empréstito y la imposición estará sujeta a la actitud de ellas; si la gente

CAPÍTULO X: EL CRÉDITO PÚBLICO

141

cree que quizás pagarán menores impuestos en el mañana, entonces preferirán el
empréstito. Tal actitud podría encontrarse en las personas de edad, próximas a
jubilarse. Más si por el contrario, la creencia es que la obligación impositiva será
mayor, como en el caso de los más jóvenes que esperan aumentar sus ingresos,
entonces los empréstitos resultarán menos atractivos
2.- Equidad intergeneracional. Supóngase que debido al progreso tecnológico
nuestros nietos serán más ricos de lo que somos nosotros. Si hoy es sensato
transferir recursos de ricos a pobres, por qué no debiéramos transferir recursos de
las generaciones futuras más ricas hacia las presentes más pobres. Por supuesto,
sólo en el caso de que las generaciones futuras fuesen más desposeídas que las
presentes (producto, digamos del agotamiento de los recursos naturales no
renovables), la lógica nos llevaría a una conclusión totalmente opuesta.
3. Eficiencia. La cuestión a considerar aquí es sí la deuda o los impuestos resultantes
provocan presión excedente.
El análisis bajo esta perspectiva es comprender que todo incremento del gasto
público debe ser inexorablemente financiado por un aumento de impuestos. Ahora
bien, la selección entre financiar mediante impuestos o crédito público, es una
cuestión de oportunidad de los impuestos. Si el financiamiento es por medio de
impuestos, sólo será necesario un gran pago al momento en que el gasto público
se emprenda. En el caso del empréstito, muchos pagos pequeños de impuestos son
necesarios para hacerle frente al servicio de la deuda. En ambos situaciones el
valor presente de la serie de recaudación debe ser la misma.
¿Hay alguna razón para preferir uno u otro método de financiamiento por motivos
de eficiencia, si el valor presente de la serie de recaudación es el mismo? Como
veremos en el Capitulo XIII, un impuesto sobre la renta del trabajo distorsiona la
decisión entre trabajo y ocio, como resultado de la presión excedente. La presión
excedente crece en forma más que proporcional al incrementarse la tasa del
impuesto, por lo tanto, desde el punto de vista de la eficiencia, una serie de
impuestos con tasas bajas, no es equivalente a un impuesto con una tasa elevada,
así, estén diseñados para recaudar la misma suma de dinero (Barro, Robert 1979)
Aunque este argumento ignora otra importante consideración, la adicional presión
excedente creada por la deuda al reducir las existencias de capital (efecto
expulsión)
. Si bien el financiamiento a través del crédito público es más eficiente
desde el punto de vista de la oferta de trabajo, lo será menos desde las decisiones
de asignación de capital. No está claro, cuál de los dos efectos tendrá mayores
repercusiones.

4.-

Aspectos macroeconómicos. Hasta ahora nuestra premisa ha sido la existencia
del pleno empleo de los recursos, característica de las tendencias a largo plazo de
la economía. ¿Qué dicen, los modelos macroeconómicos de corto plazo
explícitamente formulados con desocupación de recursos, sobre la escogencia
entre impuestos o crédito público? Según el modelo estándar Keynesiano, la
escogencia depende del nivel de desocupación. Si el nivel de desocupación es
bajo, el gasto expansivo del gobierno puede producir inflación, por lo tanto es
necesario aspirar (incrementando los impuestos) recursos del sector privado.
Contrariamente, cuando el desempleo es alto, el déficit (financiado con crédito
público) es una medida apropiada para estimular la demanda. Este enfoque es
algunas veces denominado finanzas funcionales (uso alternativo de impuestos y
crédito público para mantener estable la demanda agregada, sin tener que
preocuparse por el equilibrio presupuestario per se –Capitulo XI: Déficit
sistemático
)
. Luego del colapso del modelo Keynesiano en los años 70, se
erosionó la creencia general depositada en las finanzas funcionales.

5.-

Crisis de confianza. Aparte de los pequeños efectos directos de carácter
restrictivo sobre el consumo y la inversión (pleno empleo), un programa de gastos
financiado mediante el crédito público, puede por vía indirecta, ejercer efectos
adversos sobre la economía. El crecimiento de la deuda y por consiguiente de la

CAPÍTULO X: EL CRÉDITO PÚBLICO

142

carga por intereses, puede abrigar temores de mayores gravámenes en el futuro o a
una quiebra financiera nacional, que puede reducir la inversión privada y en
ciertos casos el consumo. La rentabilidad de ciertas inversiones con el correr de
los años aparecerá disminuida, si se cree que la deuda llevará a mayores
impuestos o a un colapso en la posición crediticia del gobierno. En tal sentido,
muchas personas considerarán el empréstito indeseable por naturaleza y que, si es
posible, debe evitarse.

6.-

Consideraciones morales y políticas. Algunos comentaristas conservadores
argumentan que la decisión entre impuesto o crédito público es una cuestión
moral. Demasiada confianza en el déficit no es, ni pura ni principalmente un
asunto de carácter económico. Es el reflejo de una moral fracasada, un defecto de
la conciencia pública conservadora (Will, George 1985a)
. La moralidad requiere
de autocontrol; los déficits son reveladores de una falta de autocontrol, por lo
tanto los déficits son inmorales.
El argumento obligado no económico contra el déficit sistemático es de naturaleza
política. El proceso político tiende a subestimar los costos del gasto público y a
sobreestimar sus beneficios. La norma del presupuesto equilibrado pondera más
cuidadosamente los beneficios y los costos, por lo tanto, previene contra el
crecimiento desmesurado del sector público.

Existe cierta predisposición de los cuerpos legislativos y administraciones en
favor de los empréstitos, porque éstos le permiten ofrecer servicios (agradables a los
votantes) sin cobrar impuestos (que no les gustan). El ofrecimiento de servicios públicos
por parte del gobierno resulta indoloro... mientras no se piense en el futuro. Por ello,
aparte de la justificación del crédito público en periodos recesivos como instrumento de
política fiscal, el empréstito se limita ante todo:
1.- Financiamiento de obras reproductivas que brinden sus beneficios durante
largo tiempo.
2.- Financiamiento de guerras u otros programas que requerirían fuertes
aumentos impositivos y drásticas reducciones en el consumo.
3.- Financiamiento del déficit, cuando los gobiernos enfrentan fuertes demandas
por servicios y una enérgica oposición al aumento de los impuestos.

Elección entre crédito público y creación de dinero

Los gobiernos tienen en la creación de dinero una vía fácil para el financiamiento
de sus actividades. Esta puede ser realizada de dos formas: emisión de papel moneda o
préstamos del banco central (6)
.
La creación de dinero tiene como ventaja fundamental su carácter neutro, al no
ejercer ninguna presión excedente sobre las personas, puesto que el gobierno obtiene sus
fondos sin que nadie deba renunciar a nada y no da lugar a pagos por amortización de la
deuda contraída. Entonces, ¿Por qué no cuenta con suficiente apoyo este método, frente a
la imposición o los empréstitos que exigen el pago de intereses?
Desde un punto de vista económico, la objeción básica a la creación de dinero es
que no provoca una reducción de los gastos privados en términos monetarios,
incumpliendo una función primordial de los recursos públicos. En efecto, el aumento de
las reservas de la banca comercial, provocada a su vez por el aumento de los gastos
públicos, incrementará el nivel de préstamos a la actividad privada y pública. La lección
aprendida por las sociedades en situaciones de ocupación más o menos plena, es la
inflación. De allí que tiene plena justificación la posición clásica al alertar sobre la
posibilidad de que el incremento de la masa monetaria sin el correlativo aumento de la
producción de bienes y servicios, provocaría inflación, aumentando de nuevo los gastos
del Estado, incurriendo en un nuevo déficit y financiándolo por nuevas emisiones, lo que
resultaría a la postre en una espiral inflacionaria (7)
.
La inflación es rechazada por varias razones:

CAPÍTULO X: EL CRÉDITO PÚBLICO

143

1.- Se convierte en un agente no institucional de redistribución regresiva del
ingreso real, para aquellas personas cuyos ingresos se quedan a la zaga del
crecimiento del nivel general de los precios y/o cuyos activos financieros
(acciones, bonos) disminuyen su valor real.
2.- Por la depreciación de los bonos públicos, como resultado de la pérdida de
confianza en el gobierno.
3.- Como fuente generadora de conflictos sociales y laborales, por temor de que
los precios queden por encima de los ingresos.
4.- Por la inseguridad y desorganización de las actividades económicas, y
5.- Por constituir agente catalizador de situaciones sicológicas de angustias,
desalientos, frustraciones, sensación de deriva y otras formas de
desquiciamiento de la conducta individual y colectiva.
Como consecuencia de lo anterior, el gobierno en periodos de pleno empleo suele
evitar la utilización de la creación de dinero como fuente de financiamiento. Es en verdad
lamentable que la experiencia y justificación aplicable a periodos de ocupación plena, se
trasladen a situaciones depresivas de la economía, cuando se justifica plenamente la
creación de dinero para no reducir los gastos privados.

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