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Del relleno a la Resistencia, prácticas espaciales de mujeres organizadas

Del relleno a la Resistencia, prácticas espaciales de mujeres organizadas

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TESIS PARA OPTAR AL GRADO DE LICENCIADO EN EDUCACIÓN

Prof. Guía: PhD. Sandra Fernández Castillo
Tesistas: Patricia Retamal Garrido
Geanina Zagal Ehrenfeld
TESIS PARA OPTAR AL GRADO DE LICENCIADO EN EDUCACIÓN

Prof. Guía: PhD. Sandra Fernández Castillo
Tesistas: Patricia Retamal Garrido
Geanina Zagal Ehrenfeld

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Published by: Geanina Zagal Ehrenfeld on May 13, 2011
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Para deconstruir los relatos, discursos y prácticas de género, identificamos
patrones que logren evidenciar todas las prácticas socio espaciales que
corresponden a los denominados sistemas de acciones; abordamos los relatos
que nos muestran la vivencia del lugar y en forma particular la elaboración de las
acciones políticas de las mujeres de la población.
Este eje comienza ejemplificando el rol estratégico de las mujeres en la
construcción de espacio, como forjadoras de los procesos que permitieron la
conformación de la población: el relleno, la obtención de servicios básicos, la
coordinación o consolidación de redes de solidaridad, entre otros, ellas fueron
garantes de las condiciones materiales que permitieron a las personas de la
población otorgar significación al espacio creado y tal como plantea Soja (2006),
buscar espacios de negociación en los cuales se genera resistencia espacial, (ver
figura 4).
El análisis lo elaboramos utilizando el concepto de subalternidad; estudiamos a las
mujeres desde un discurso construido de su condición de dueñas de casa pobres,
segregadas y a cargo del bienestar de los otros, aquí vemos también cómo “la
ética del cuidado” articula cada una de sus prácticas.
Queremos incorporar estos relatos a partir de su reconocimiento y
autorepresentación, visibilizando su accionar desde el silencio de su participación
a la sublevación de su figura como protagonistas del proceso vivido.
Un segundo momento lo constituirá el hecho de realizar una lectura a los niveles
de organización colectiva y las formas de autogestión que debieron realizar para
generar avances en su calidad de vida. De esta manera le damos continuidad al
proceso de empoderamiento que distinguimos en sus relatos, que va desde un
reconocimiento individual de su capacidad de acción, a formar parte de un proceso
colectivo de toma de conciencia, donde no sólo le atribuyen importancia a su
propio rol, sino al de otras mujeres de la población.
Finalmente analizamos la clásica dicotomía entre espacios domésticos y espacios
colectivos para demostrar que estos no son esferas aisladas, separadas ni

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independientes, sino que constituyen actos políticos que dan cuenta de las
relaciones de poder en la que se encuentran las pobladoras.

Categoría 1: Rellenar se convirtió en un trabajo de mujeres: Espacio y Poder.

El relleno o estabilización del suelo es la base o soporte de cualquier construcción
inmobiliaria (casas, calles, parques, etc.). Este se lleva a cabo mediante las
evaluaciones de suelo hechas por constructores y urbanistas, quienes sugieren
distintas técnicas o materiales a usar según la calidad del suelo, su elevación y
uso. Este procedimiento formal no se llevó a cabo en Pedro de Valdivia, ya que no
se realizó bajo los estándares que la construcción establece, sino que se hizo a
partir del conjunto de acciones de pobladoras y pobladores para obtener material,
trasportarlo y trabajar en su distribución.
En dicho proceso las mujeres asumen un rol protagónico ya que comenzaron a
rellenar y se hicieron parte día a día del avance del relleno. Del tipo de material
que utilizaban nos habla Haydé:

“Empecé a rellenar porque el relleno lo hice yo, empecé a rellenar a
rellenar. Me traían…Esto está rellenado más que nada con vidrio, de
allá arriba cuando estaba la Cervecería Unida, allá arriba, en Pedro de
Valdivia, y ahí rellenábamos con camionadas que venían a tirar aquí,
nosotros íbamos esparciendo a un lado y apisonábamos con palos
para que quedara un poco mas duro”. Haydé

Imagen 6: Cervecerías Unidas, 1972. Fuente: www.conceantiguo.cl

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De este relato podemos inferir que una de las características del proceso de
relleno es utilizar el material que se encuentra más cercano al sitio a rellenar. La
cervecería Unida se encuentra aproximadamente a unos 200 metros de la casa de
Hayde (Ver imagen 6).
En el relato también es importante resaltar cómo Haydé se siente la gestora del
relleno. Posee conciencia de su labor, poniendo especial énfasis en que fue ella la
que trabajó, tanto así que es la primera en nombrarse, en reconocerse como
protagonista del relleno, para en un segundo momento nombrar en plural el trabajo
colectivo. Ella deja fuera de su relato una asignación de importancia al trabajo
masculino, el cual fue obviado en su discurso, ya que casi no existió. Este fue
corroborado por Yasna quien nos cuenta:

“Es que todos trabajábamos, niños todo, pero generalmente las mujeres
porque los hombres trabajaban, así que eran las mujeres las que tenían
que rellenar, porque los camiones venían en la semana, así que
generalmente eran las mujeres, en cambio los hombres trabajando, no
quedaba de otra, es que generalmente todo lo que se hace aquí se
hace en la semana, así que generalmente las mujeres. Los hombres
son cómodos en todo sentido” Yasna.

Yasna, ante todo, hace primar el carácter colectivo del proceso de relleno,
incluyendo a los niños en su relato; establece una clara diferencia con las labores
que ellas debieron asumir en función del trabajo asalariado masculino, el cual se
realizaba en la semana. Podemos ver cómo distingue un deber asumido al decir
“no quedaba de otra”, en su condición de mujeres cuidadoras, guardianas de la
integridad de toda la familia, que además debían asegurar las condiciones
mínimas para establecer una vivienda.
Desde los estudios subalternos podemos entender cómo las mujeres se auto-
representan y con esto se otorgan poder, constituyéndose como sujetas activas y
partes de un proceso histórico espacial. Tal como recuerda Yasna:

“Yo me acuerdo de haber jugado mientras mi mamá y mis tías hacían
los escombros, llegaban los camiones y corríamos todos detrás de los
camiones” Yasna.

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Esta idea de autorepresentación queda también plasmada con lo que dice Haydé.
Para ella el acto más importante realizado por las mujeres en la población y al cual
le otorgó mayor tiempo dentro del relato es el relleno.

“Las mujeres participamos, y lo más importante fue el relleno. Nos
venían a dejar una camionada y uno la esparcía, la iba esparciendo
hacíamos el hoyo, hasta que se iba rellenando, uno rellenaba ya un
pedacito así, chum paraban los palos y se hacia una mediagua, y
después seguía rellenando. Haydé

Al darse cuenta de sus realidades, reconocen que eran ellas las que quedaban día
a día a cargo de sus hogares y al cuidado de los hijos e hijas, lo que no impidió
tomar la iniciativa de una labor que puede ser considerada para hombres.
Estas primeras formas organizativas tenían un carácter nuclear propiamente
femenino ligado al mundo de lo doméstico, a la preparación de comida, y del
desarrollo de una economía de subsistencia para poder juntar el dinero necesario
para pavimentar las principales calles y hacer veredas en los pasajes.

“Sobre todo cuando se iba a hacer las calles las veredas, igual
ayudamos a hacer ¿como se llama? Vendiendo completos…
beneficios!, cosas así, y casi siempre la mujer es la que anda adelante
porque los hombres trabajan mucho, igual que yo casi no participo
porque trabajo pero siempre estoy poniendo mis cosas y colaborando”
Ana.

Ana distingue que la mujer es la que siempre “anda adelante”, es decir, ella
reconoce a la mujer como cuidadora y encargada de los otros, pero establece una
diferencia con los hombres que son los que “trabajan mucho”, trabajan de verdad,
no distinguiendo su trabajo y el de sus vecinas como un trabajo real. Junto a
Haydé trabajaron asalariadamente fuera de su hogar durante el tiempo que las
mujeres se organizaban para lograr mejorías; sin embargo, su escasez de tiempo
no fue impedimento para que cooperaran en los beneficios del barrio. Existió en
este caso una tripe labor: dueña de casa al interior del hogar, empleada doméstica
asalariada en una casa particular y además pobladora organizada.

“Trabajaba en una casa particular, haciendo aseo, lavando, planchando,
o sea que hacia doble trabajo, Triple en el fondo! Tripe porque el trabajo
que hacia en esa casa, en mi casa y en otra casa… ¡bueno Cuádruple!
Porque el otro trabajo de reunirse, estar pendiente del relleno, varios
papeles, papá, mamá amo de casa, dueño de casa, de todo” Haydé.

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Este testimonio es tremendamente decidor de la realidad vivida por estas mujeres.
En él identificamos claramente la violencia simbólica a la que se refiere Bourdieu:
el acto invisible, violento, insensible y desconocido que significa realizar una
multiplicidad de labores aparejadas a lógicas patriarcales, en las que las mujeres
no se reconocen como víctimas, ya que asimilan las relaciones de poder en las
que están inmersas. A partir de la relación entre del rol masculino como la
estructura establecida, el “deber” de la mujer como habitus socializado y las
prácticas sociales para el beneficio común, se genera una auto representación de
las mujeres de la población, definiéndose ellas mismas como mujeres de triple
labor. Tensión que queda de manifiesto en el siguiente esquema (Ver figura 5).

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P. Bourdieau

Estructura

Habitus

Prácticas

Hombres asalariados con
jornadas laborales
extenuantes, auto excluidos
de labores domesticas.

Mujer pobladora dueña de
casa a cargo de las labores
domesticas y a cargo de los
cuidadora de los hijos.

Asunto político que trasciende
lo domestico (de lo local a lo
global).

La mujer asume que “debe”
trabajar por la población

Mujer asume el “Cuidadora de
los otros”.

Avance del relleno

Obtención de servicios básicos.

Trabajo colectivo, comités
barriales. Mujer gestora
protagonista.

AUTOREPRESENTACION
Como mujeres de “triple” labor

Figura 4: Mapa conceptual sobre la Idea de Autorepresentación y Habitus socializado

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Esta tensión se vuelve más patente en el hecho de que el trabajo doméstico al no
ser reconocido ni valorado, constituye en sí mismo un agravio y un conflicto para
las mujeres, que, al momento de enfrentarse a una batería de acciones
extradomésticas, como son la lucha por condiciones de vida dignas, se ven sobre
exigidas en sus roles, saturando su labores y su diario vivir.

“Acá en la población hay hartos casos de mujeres que se sacaron la
mugre, el hombre llega a la casa del trabajo y atenderlo no mas… la
mujer se saca la mugre…o sea yo creo que la mujer tenía doble
labor…una en la casa y la otra rellenando, además los trámites para
sacar la luz, el agua también lo hacen las mujeres, todo lo hacen las
mujeres.”Haydé.

Esta relación de poder asimétrica y subordinada la encontramos legitimada por las
mujeres de la población, las cuales, si bien perciben su trabajo como doble o triple,
naturalizan este orden de representación, en el cual el trabajo realizado en el
ámbito privado se extrapola al quehacer público. Tal como señala MacDowell
(1999), es preciso conocer este entramado de relaciones de poder y opresión
social considerando el espacio, que para las geógrafas feministas será entendido
como un espacio sexuado, que refuerza la inferioridad de la mujer, en el ámbito
domestico, situación perpetuada en el espacio público. Esto sin embargo será
alterado por los factores como el liderazgo y el compromiso político.

Categoría 2: Niveles de organización colectiva: La autogestión, pilar del
espacio construido/habitado.

Al rendir cuenta del proceso de asentamiento, todas las mujeres realzan su propia
labor, haciéndonos ver cómo este accionar poco a poco decantó en una misión
que involucraba a gran parte de las mujeres del barrio.
Una vez que cada mujer ya tenía más o menos resuelto el tema del relleno
(aunque cada invierno fuese un tema pendiente) vino la lucha colectiva por los
servicios básicos, como alcantarillado y alumbrado público, los cuales no estaban
garantizados por el Estado pues lo que trataba de una ocupación irregular de
terrenos. Tal como destaca Linda McDowell (1999), las mujeres siempre han
desempeñado un papel fundamental en todo lo relacionado con la reivindicación

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de bienes y servicios que son distribuidos de manera desigual en el plano
espacial. Como nos cuenta Haydé, los servicios básicos fueron obtenidos de
forma progresiva.

…“nosotros hicimos la alcantarilla… nosotros teníamos un solo medidor
de luz y llegaba un solo recibo a todas las casas, éramos dieciocho
personas las que vivíamos en ese entonces… teníamos un solo pilón
que íbamos a buscar agua ahí, y después con el tiempo también
pusimos agua. Nosotros hicimos la excavación para el alcantarillado”.
Haydé.

Cuando dice que eran dieciocho personas se refiere a que era esa cantidad la que
vivía en el sitio, es decir alrededor de seis familias ubicadas en casas de
construcción irregular. En nuestras visitas a la población comprobamos esta
situación, ya que dentro de un pasaje podemos encontrar varios sub- pasajes en
los cuales se ordenan de forma irregular varias familias unidas por lazos
consanguíneos. Por esta razón, las soluciones siempre estuvieron determinadas
por la capacidad de auto- organización de las pobladoras, que hicieron junto a sus
hijos e hijas las excavaciones para la instalación del alcantarillado.
Para la instalación de alumbrado público siguen la misma lógica de auto-
organización reuniendo el dinero necesario, tal como nos cuenta Liliana, quien
rescata también el carácter dinámico y fraterno que se le daba a los eventos
organizados.

…“aquí para acceder al alumbrado público, se hicieron candidaturas a
reinas, toda la población se reunió, se juntó, se hizo candidatura a
reina, se vendía los votos, se vendía el plato único, los famosos
malones, se inventaba cualquier cosa, en ese tiempo no se vendían
completos porque no nos habían invadido con la comida chatarra, pero
era básicamente las carnes, el pollito y concluía con una fiesta en
donde se cerraban las calles y se coronaba la reina, la primera reina fue
una de mis hermanas, para el efecto de construir alumbrado público,
porque antes era todo oscuro, habían unos farolitos porque eran de
esas ampolletas antiguas, de esas blancas, ese es el alumbrado que
teníamos”. Liliana.

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Queremos evidenciar cómo distinguimos la generación de la trialéctica de Soja
(2006), y es que a partir de la frase donde una de las pobladoras recuerda cómo
se efectuó la obtención de la luz, es que se aprecia cómo los factores de
socialidad, historicidad y espacialidad se conjugan generando una salida
alternativa a la confrontación de fuerzas entendida en términos duales; por esto
es que mezclamos la división de creación de espacio de Lefebvre para identificar
como estos puntos de fuga se dan al interior de esta dinámica del espacio vivido,
los cuales no pueden ser obviados o simplemente incorporados a las lógicas
dialécticas, ya que representan un híbrido, que no tiene necesariamente que ver
con la representación del espacio que realiza el discurso hegemónico (Ver figura
5).
Distinguimos que el espacio es clave en las formas de socialización ya que las
viviendas se articulan de tal manera que permiten el encuentro de las personas, lo
cual conduce a realizar un diagnostico de las necesidades colectivas, dando paso
de esta forma a la autogestión de la vida, en las cuales las mujeres extrapolan el
trabajo desarrollado dentro de su casa, al mundo público- político. El alcantarillado
y la electricidad no se consiguen armando campeonatos de fútbol, ni
competencias de rayuela, sino a través de labores asignadas a mujeres, como
hacer completos, platos únicos y candidaturas a reina. A partir de esto, se abren
“espacios de negociación” (Soja, 2006), donde las sujetas logran generar niveles
discursivos en los cuales se identifican como protagonistas, dotándolas de
capacidad de agencia, que permite que modifiquen su existir, donde lo domestico
es político. (Ver figura 6).

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Representación del

Espacios de

Prácticas espaciales

Espacio

Representación

Figura 5: Diagrama de Construcción social del espacio en la población Pedro de Valdivia bajo, de Lefebvre (1991) a Soja (2006).

Socialidad

Historicidad

Espacialidad

“hicimos
candidaturas a
reina para sacar
la luz, toda la
población se
reunió”

Imagen 6: fotografía aérea de Pedro
de Valdivia Bajo. Fuente:
www.riveranorte.cl

Imagen 7: Mural pintado por los y las
pobladores/as en julio de 2009.

Imagen 8: Calle Esmeralda. Obtenida el 15 de diciembre de
2010.

Trialéctica

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Entendemos que existieron múltiples redes de solidaridad, interconexiones socio-
espaciales que se generaron a partir de necesidades básicas y que deben ser
resueltas en la inmediatez de la vida de las pobladoras, las cuales no esperarían
una respuesta desde la autoridad para dar solución a sus necesidades. Estas
redes de solidaridad se fueron constituyendo a partir de las labores domésticas.
Es preciso entender que dentro de una colectividad humana podemos evidenciar
una multiplicidad de redes de solidaridad, pero en el caso del relato de las
pobladoras entrevistadas generalmente se hace referencia a las funciones de
cuidado y responsabilidad de tareas del hogar.
La tensión público-privado, entendido lo público como aquellas acciones colectivas
que se realizaban al exterior del hogar, mantienen inalteradas ciertas
características de perpetuación de roles, como es el hecho de cocinar. Sin
perjuicio de lo anterior, estos actos públicos con características domésticas, eran
actos políticos ya que generaban niveles de organización, donde se proyectaban

Figura 6: Diagrama relación género - espacio - política

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las necesidades, se dialogaba, se resolvían conflictos, es decir, se generaban
espacios de socialización que tenían pleno carácter político.
Este carácter de sociabilización no es casual, ya que es el espacio el que permite
tal nivel de compromiso socia. Tal como plantea Juan Carlos Skewes (2005), en
las tomas no existen planos ni ideas preconcebidas; esto difiere del diseño oficial
hegemónico, aquí el diseño y organización del espacio es fruto de prácticas
cotidianas de quienes “al habitar generan el espacio habitado”.
En la siguiente figura (7) queremos evidenciar la idea de habitus de Pierre
Bourdieu (2000) y cómo esta subjetividad socializada crea esquemas mentales y
corporales de percepción, apreciación y acción que son repetidos sin
cuestionamientos.

.

Las pobladoras distinguen como fundamental el rol de la mujer, pero en el sentido
de que si no lo hacen las mujeres, no lo hace nadie, asumiendo su ilimitada

Figura 7: Diagrama Habitus “subjetividad socializada”

91

entrega y sufrimiento silencioso como regalo sin contrapartida posible o como
deuda impagable (Bourdieu, 2000).
Ocupando la categorización que realiza Scott (2008) entenderemos que las
relaciones desiguales entre hombres y mujeres se perpetúan mediante la
asociación de lo femenino con aquellos rasgos “inferiores” (el otro, lo privado, lo
irracional, lo subjetivo), así como la identificación del conocimiento masculino
hegemónico con el conocimiento universal general. Es aquí donde los roles se ven
alterados ya que las mujeres escapan de esta asignación de características.
Primero, no se reconocen como “el otro” ya que tienen autoconciencia de la labor
realizada; además, racionalizan sus actos para ser parte de un proyecto común,
escapando finalmente de la esfera de lo privado y constituirse como sujetas
políticas liderando todos los proyectos necesarios para urbanizar el espacio.

“Y todo hemos logrado, lo que tenemos como población, tenemos una
población con alcantarillado, agua potable, luz eléctrica en las calles
domiciliarias, tenemos calles pavimentadas, evacuación de aguas
lluvias, se están construyendo departamento y todo eso gracias a la
luchas de las mujeres. Así como mi madre muchas mujeres, muchas
mujeres” Liliana.

Este dualismo, según Doren Massey (1995), está profundamente interiorizado por
las mujeres, las que van a estructurar su vida cotidiana y su identidad personal a
partir de esta pre-concepción de roles, repercutiendo en la elaboración de los
espacios, perpetuando su condición en las labores que deban ser desarrolladas
en la ampliación de un proyecto común.

“y en eso jugó un rol muy importante la mujer, porque el hombre iba a
trabajar, pero la mujer era la que quedaba en la casa, quedaba con los
hijos, entonces la mujer tomó ese rol” Liliana.

Queremos dejar claro que no hacemos un rescate de la labor realizada por la
mujer a fin de ubicarla por sobre las cualidades otorgadas a los hombres, es decir
nos mostramos contrarias a la visión biocultural que pretende centrar su atención
en la revalorización de la naturaleza o esencia femenina para potenciar un
discurso contra la masculinidad. Lo que queremos es poner de manifiesto los
mecanismos de poder opresivo que perpetúan el sexismo y construyen a la mujer
como una suma de características arbitrarias y simbólicas. Interpretamos lo que

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dice Guillermina “más que los hombres” no quiere decir mejor, sino como sujeta a
la estructura jerárquica del hombre.

.. “entonces las mujeres si pues, más que los hombres, que siempre
van como más atrás, de primera fueron hombres que lucharon, pero no
era mucho la lucha que ellos hacían, entonces cuando nosotras nos
fuimos metiendo en el cuento hay fueron creyendo harto”…
Guillermina.

En este sentido es que queremos rescatar la identidad de género como un
proceso histórico de toma de conciencia, un proceso donde cada una reconstruye
e interpreta su historia personal y colectiva abarcando también diferentes modos
políticos y de lucha (De Laurentis, 1987). Es así como las prácticas de
organización de las mujeres constituyeron actos públicos, un accionar político que
es posible encontrar en los relatos.
La lucha de las mujeres pobladoras arranca desde una rotunda posición de
explotación laboral y exclusión real; es decir: desde un nicho histórico netamente
“clasista”. Su activismo reúne en sí mismo tres dinámicas socio-culturales de
enorme importancia: la de las clases explotadas, la de construcción de un modo
democrático-vecinal de hacer política y, finalmente la de mujeres…pobladoras
(Salazar, 2002: 209).

“Hay está mi madre (indica fotografía), cinco generaciones, y mi madre
luchó contra el río, contra las autoridades que en algún momento
venían y la echaban abajo su casa o lo que ella tuviera se lo echaban
abajo y ella volvía a construir, luego le volvían a echar su casa abajo y
ella volvía a construir, porque ella quedó viuda a los 55 años, cuando
mi padre falleció yo tenía 6 años y ella quedó con muchos hijos
pequeños, y ella luchó, y ese ejemplo que me dejó mi madre de lucha y
sacrificio yo lo voy a llevar hasta el día que dios me lleve a su lado,
porque siento orgullo de mi madre, de mi familia y de mi tierra” Liliana.

Destacamos la lucha generacional que marcó profundamente la vida de las
pobladoras, especialmente la de Liliana, que relata cómo su madre se enfrenta a
las autoridades, recuerdos cargados de emoción que la hacen perseverar hasta el
día de hoy como activa luchadora social. Es en su discurso que evidenciamos un
fuerte contenido de género, que puede atribuirse en parte a la claridad política que
ha manifestado esta dirigenta, su accionar por dieciocho años, en los cuales no ha

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militado en ningún partido político a fin de no entorpecer su trabajo como
presidenta de la junta de vecinos y su discurso como pobladora.
Salazar (2002) señala que el compromiso femenino en las poblaciones de Chile es
“producto de la explotación del trabajo asalariado (que afectaba mayoritariamente
a los proveedores masculinos) y la expoliación de la vida del hogar (que afectaba
sobre todo a las mujeres de conventillo), la que experimentó una incómoda
división interna entre un “actor obrero” centrado en el movimiento sindical y
político, y un “actor poblacional centrado en el movimiento más inclusivo de la
vida, la familia y el hogar” (Salazar, 2002: 247). Esta constatación, si bien
acertada, no resulta del todo completa ya que al otorgar importancia a la división
sexual del trabajo no considera la producción del espacio en la división de las
actividades asociadas a los sexos y las prácticas políticas.
Tal como señala Linda McDowell (1989) desde los enfoques geográficos, el
investigador debe analizar la realidad para intentar cambiarla, a partir de la
reflexión y deconstrucción de su vida diaria. De esta forma relacionamos el
feminismo utilizado e interiorizado para el análisis de los discursos, ya que más
que evidenciar o destacar los esfuerzos hechos por las mujeres de la población,
queremos mostrar lo difícil y perjudicial para sus vidas esta doble y/o triple labor
para lograr desarrollarse como actoras sociales.
En el siguiente eje desarrollamos un análisis de las prácticas de resistencia en las
cuales las mujeres han sido protagonistas, la confrontación que existe con el
discurso hegemónico y las tensiones en disputa por el espacio.

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