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La Doctrina del Escepticismo

A través de los siglos han existido filósofos y pensadores que han establecido
la doctrina del escepticismo. Esta doctrina, de acuerdo con Sir Bertrand
Russell filósofo moderno británico que abogó por ella, consiste en “que es
indeseable creer una afirmación cuando no hay base alguna para suponer
que ésta es verdad”. Russell nos explica como a menudo tomamos
decisiones y actuamos de forma “irracional”, más bien en base a instintos,
hábitos o “creencias” que en base a hechos probados, y como muchos de los
grandes conflictos y males que ha padecido la humanidad se han debido a
este tipo de creencias o suposiciones, las cuales infundidas en las masas por
líderes políticos y religiosos han hecho que naciones enteras vayan a la
guerra y cometan actos aberrantes en contra de los de su propio género. Un
ejemplo clásico de esto es la segunda guerra mundial en la que toda una
nación bajo la creencia de la superioridad de una raza y la perversidad de
otra llevo al mundo a vivir los horrores del genocidio en gran escala. Otro, es
el obscuro capítulo de la Inquisición y su “cacería de brujas” en el cual se
persiguió, torturó y asesinó a un sin número de personas simplemente por
no compartir el credo oficial, o bajo la “sospecha” de prácticas, las más de
las veces privadas, catalogadas como brujería. Un ejemplo más reciente es
la guerra de Irak, en dónde el gobierno estadounidense se lanzó a la misma
bajo la suposición de que Irak estaba desarrollando armas de destrucción
masiva y que el gobierno iraquí brindaba apoyo a las actividades terroristas
de grupos radicales, afirmaciones ambas que hasta el momento no han
podido ser cabalmente probadas y que sin embargo fueron los argumentos
principales para lograr el apoyo de la ciudadanía estadounidense y de otras
naciones a esta invasión que aún prosigue. En el ámbito económico la acción
sin fundamentos racionales también puede ser desastrosa, la crisis que
actualmente se vive es un ejemplo de esto, se otorgan créditos con la
suposición de que los acreditados tendrán la solvencia necesaria para
cumplir con los compromisos adquiridos siendo que no es así. Mucha de la
especulación en los mercados de valores responde más a creencias que ha
hechos, se cree que tal o cual valor va a subir y que tal o cual va a bajar y se
compra o vende en consecuencia. En nuestra vida cotidiana también
tendemos a actuar de la misma forma, aceptamos sin un examen real lo que
“la gente dice” o lo que el líder político o religioso de nuestra preferencia
afirma. Actuamos por instinto, hábito o en base a creencias o suposiciones
sin fundamento real, un ejemplo muy claro de esta actitud se manifiesta en
uno de los medios de comunicación de mayor uso actualmente, el correo
electrónico, en donde sin el mayor empacho y empeño por investigar
reenviamos y propagamos información sobre acontecimientos, hechos o
posicionamientos que en una gran mayoría de los casos son falsos o
carentes de fundamento; y de lo que seguramente, con un par de minutos
de investigación en la misma Internet podríamos darnos cuenta. Hace ya
algún tiempo las empresas alrededor del mundo descubrieron que actuar de
esta forma, es decir por suposiciones, sentimientos o creencias no les era
redituable y empezaron a aplicar la ciencia en su toma de decisiones, así
surgió la administración en base a hechos y los métodos estadísticos para el
análisis de situaciones particulares. Ciertamente para los individuos no nos
es posible investigar por nosotros mismos todos los hechos, ideas y
afirmaciones que se nos presentan en nuestra vida diaria. Tampoco
podemos realizar estudios estadísticos exhaustivos para cada decisión que
debamos tomar o realizar nosotros mismos la investigación científica sobre
un hecho determinado. En muchos de los casos tenemos que aceptar lo que
la mayoría de los expertos actuales sobre determinada materia están de
acuerdo como lo que tiene una probabilidad más alta de ser cierto. Pero al
menos debemos investigar que es lo que los expertos dicen al respecto para
así normar nuestro criterio y actuar en consecuencia. Es recomendable
también siempre analizar al menos tres opciones antes de tomar una
decisión. El abstenerse de investigar y examinar por uno mismo si lo que se
nos dice es cierto o falso, es renunciar a las facultades que nos distinguen
como humanos de pensar y razonar, es renunciar a nuestra condición de
humanos. En la medida que los individuos empecemos a aplicar en todos los
ámbitos de nuestra vida diaria, la doctrina del escepticismo, podremos tomar
decisiones y actuar más acertadamente en bien propio y de nuestros
semejantes, y así quizá algún día las naciones y la humanidad serán más
racionales.

Nasreddin