Está en la página 1de 1

Humildad

Cuándo pensamos en virtudes, normalmente nos vienen a la mente virtudes como la fuerza o la sabiduría u otras como la rectitud y la constancia, o algunas más conocidas como son la fe o la esperanza. Sin embargo a menudo nos olvidamos de una virtud que es fundamental. Ya que por un lado, es en buena medida precursora de la tolerancia y permite que exista una mayor armonía, fraternidad y unión entre las personas. Y por otro, es la que nos predispone a la comprensión y al aprendizaje en la vida. Esta virtud de la que hablamos, se llama humildad.

Algunos piensan que la humildad es simplemente sencillez. Sencillez en el hablar, sencillez en el vestir, sencillez en el trato. Sin embargo si bien la sencillez es un efecto de la humildad no necesariamente el que es sencillo es humilde. Según el diccionario, la humildad es una virtud que consiste en obrar conforme al conocimiento de las propias limitaciones y debilidades. Sin embargo esta definición no es suficiente, ya que la humildad, además del conocimiento de nuestras propias limitaciones y debilidades,

es el reconocimiento de la igualdad que guardamos con nuestros semejantes. Es el reconocimiento de

que dentro de nuestra diversidad y naturales diferencias, todos somos iguales en esencia y dignidad, por

lo que merecemos el mismo respeto y consideración. Es el reconocimiento de que todos somos

imperfectos, de que todos tenemos luces y sombras, vicios y virtudes. Qué cada uno de nosotros tenemos distintas experiencias, conocimientos, cualidades y habilidades, y que si bien podemos superar

a alguien en algún aspecto, ese alguien nos puede superar en muchos otros distintos. Es el reconocimiento de que todos tenemos mucho que aprender de los demás y algo que enseñar, independientemente de nuestro título y posición social o económica.

La humildad es lo contrario a la soberbia y nada tiene que ver con nuestro nivel socioeconómico o cultural. Pues tan humilde puede ser el rico, como soberbio el pobre, o tan soberbio el ignorante, como humilde el instruido y viceversa. Tampoco consiste en aparentar algo que no somos. Sino en no hacer ostentación de lo que poseemos, ya sean bienes materiales o inmateriales. El ser humilde, se demuestra en nuestras actitudes. Es humilde el que reconoce sus errores y hace lo posible por enmendarlos; no aquel que se obstina en el error o se empeña en corregir a los demás antes que a sí mismo. Es humilde

el

que cede con complacencia y manda sin acritud; no aquel que es autoritario e impositivo. Es humilde

el

que deja hablar a los demás y escucha con verdadero interés de entender y aprender; no aquel que

no deja hablar y solo se escucha a sí mismo. Es humilde el que no juzga ligeramente las acciones de los demás, condenándolas o perdonándolas; no aquel que hace juicios a priori sin escuchar lo que todos los involucrados en una discusión tienen que decir. Es humilde el que habla con respeto y prudencia a los demás, y guarda silencio cuando no tiene nada positivo que decir; no aquel que habla continuamente

sin medir sus palabras ni sopesar el alcance de las mismas.

La humildad es tan humilde que lejos de pregonarse, debe practicarse.

Nasreddin