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ECONOMIA INTERNACIONAL:

MODELOS DE COMERCIO

Autor

Oscar R. Sánchez

ANUARIO 2002 – F.C.E. – U.N.P.S.J.B. 155


ANUARIO 2002 – F.C.E. – U.N.P.S.J.B. 156
ÍNDICE

1. Introducción.

2. Revisión Histórica de los Modelos de Comercio Internacional.


2.1. El Mercantilismo.
2.2. La Escuela Clásica.
2.3. La Escuela Neoclásica.
2.3.1. El comercio y la distribución de la renta.
2.3.2. Críticas al modelo de Hecksher-Ohlin y las
nuevas teorías neoclásicas.
2.3.3. Evidencia empírica del modelo Hecksher-Ohlin.
2.4. La escuela heterodoxa.

3. Conclusiones

BIBLIOGRAFIA

1. Introducción

El objetivo del presente trabajo consiste en el estudio sobre cómo las principales escuelas
abordan las cuestiones relacionadas con el comercio internacional. Se estudiarán en detalle los
principales modelos y conceptos desarrollados por tales escuelas y las características de los
patrones de intercambio que dichas teorías enuncian. Luego, se procederá a corroborar el
impacto que dichos patrones de intercambio tienen sobre el desarrollo económico y si realmente
se cumplen y evidencian.

2. Revisión Histórica de los Modelos de Comercio Internacional

La literatura económica que aborda la problemática del comercio internacional puede dividirse
en dos líneas principales. Una de ellas tiene sus raíces en la literatura clásica del comercio
internacional con David Ricardo a la cabeza, y continúa con la teoría neoclásica con Heckscher
y Ohlin como sus principales exponentes. De alguna manera, aunque se hayan hecho
modificaciones y perfeccionamientos, el principio básico ha permanecido sin alteraciones desde
que Ricardo hiciera la formulación basada en los costos comparativos. Esta propuesta y el
famosos teorema de Heckscher-Ohlin, han dominado el análisis convencional del comercio
internacional durante mucho tiempo. La conclusión principal que se puede extraer de estas dos
escuelas es que ponen de manifiesto la ventaja del libre comercio y de la especialización
internacional. De modo que simplificando en exceso se puede afirmar que para la concepción
clásica y neoclásica el comercio internacional es eficiente, mutuamente beneficioso y positivo
para el mundo entero.

La otra línea se caracteriza por su heterodoxia frente a la posición anterior y cuestiona las
ventajas que se puedan obtener del comercio internacional para los países que tienen un nivel
económico menos desarrollado. Dentro de esta concepción se pueden asimismo diferenciar dos
ramas. Una de ellas analiza las relaciones económicas en su conjunto, esto es, las corrientes de
bienes y servicios, así como la exportación de capitales entre países, como en el caso de la teoría
del imperialismo y de la dependencia. La otra se centra en el comercio como un mecanismo de
desigualdad. En este trabajo se considera sólo, por lo que concierne a las concepciones
heterodoxas, esta última visión y no se tendrán en cuenta, por lo tanto, los enfoques basados en
un planteamiento más amplio de las relaciones económicas internacionales. Básicamente se
expondrán las ideas desarrolladas por Singer, Prebisch y Myrdal.

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Previo al análisis de las dos posturas mencionadas anteriormente, resulta conveniente hacer un
breve repaso a la escuela que dio origen a la Teoría del Comercio Internacional, el
mercantilismo.

2.1. El Mercantilismo

La teoría moderna del comercio internacional tiene sus raíces en el pensamiento económico
dominante de los siglos XVI, XVII y primera mitad del XVIII: el mercantilismo. Este
pensamiento se inscribe en un contexto histórico en el cual la principal preocupación económica
era cómo enriquecer y hacer más poderoso al Estado, dentro y fuera de sus fronteras.

Si bien la teoría económica de los mercantilistas no constituye un cuerpo doctrinario del todo
coherente, en el ámbito del comercio exterior hubo unanimidad en la aceptación de una teoría y
de una política, que se encuentran relacionadas: 1) teoría del superávit de la balanza comercial
(el valor de las exportaciones debe superar al de las importaciones); 2) política proteccionista
(defensa de la producción nacional con medidas que limiten las importaciones).

Fruto de su visión práctica y del objetivo perseguido, los mercantilistas apenas se interesaron
por estudiar las causas del comercio internacional; se centraron en sus efectos sobre la economía
nacional y, en especial, sobre el poder económico del Estado. Por diversas razones consideraron
que el aumento del volumen de oro y plata en circulación en el país y atesorado por las
monarquías era el mejor medio de enriquecer la nación (progreso económico y poder del
Estado). En los países que no se disponían de minas de metales preciosos (todos, salvo España),
la única manera de aumentar este volumen era mediante el comercio exterior, siempre que el
valor de las exportaciones superara al de las importaciones, porque la liquidación del saldo a
favor suponía una entrada neta de metales preciosos en el país por ese importe1. Si bien la
doctrina del superávit de la balanza comercial y los medios que se aplicaron para conseguirlo
(intervencionismo del Estado para aplicar barreras a la importación –proteccionismo– y
fomentar la exportación) han sido considerados por muchos autores posteriores como el
resultado de una visión errónea del proceso económico y en particular de la confusión del dinero
con la riqueza. Otros historiadores del pensamiento estiman que la doctrina era apropiada al fin
perseguido por los mercantilistas: servir a la política del poder de los nuevos Estados nacionales
en una época de guerras permanentes y conquistas territoriales. Asimismo, desde la perspectiva
del análisis macroeconómico, los keynesianos han justificado la tesis mercantilista al sostener
que el exceso de exportaciones sobre importaciones supone una inyección a la demanda
agregada y por esa vía, se estimula a la producción y al crecimiento de la renta nacional.

2.2. La Escuela Clásica

La publicación en el año 1776 de la obra de Adam Smith, “La Riqueza de las Naciones”, cierra
el ciclo del mercantilismo y supone el nacimiento del liberalismo y de la escuela de
pensamiento que dominará durante un siglo el debate de las ideas económicas, la escuela
clásica.

1
Un destacado representante de los mercantilistas, Tomás MUN, lo expone así: “ Aunque un reino pueda
ser enriquecido por presentes recibidos o por rentas tomadas de algunas otras naciones, sin embargo, esto
es incierto y de pequeña importancia cuando ocurre. Los medios ordinarios, por tanto, para aumentar
nuestra riqueza y tesoro son por el comercio exterior, por lo que debemos siempre observar esta regla:
vender más anualmente a los extranjeros en valor de lo que consumimos de ellos”, en La riqueza de
Inglaterra por el comercio exterior. Ed. Fondo de Cultura Económica, Méjico 1978 (1ª. Edición 1664),
pp. 57-58.

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Esquemáticamente, la teoría clásica del comercio internacional se basa en las aportaciones de
tres economistas británicos: A. Smith (1723-1790), D. Ricardo (1772-1783) y J. S. Mill (1806-
1873). El primero aporta una teoría del valor y un primer principio de especialización; el
segundo, la teoría de las ventajas comparativas, y el tercero, la teoría de la demanda recíproca.

Como sus predecesores, Smith centra su análisis en los efectos del comercio internacional, pero,
en vez de interesarse por los efectos monetarios, se fija primordialmente en los efectos reales
que el comercio exterior tiene sobre el funcionamiento de la economía. Para Smith, el mayor
beneficio que esta actividad reporta a un país es que, al ampliar la dimensión de los mercados,
aumentan las posibilidades de colocar una mayor producción, favoreciendo así a un grado más
alto de especialización en su economía, principal manera de aumentar la productividad del
trabajo (producción por hora-hombre) y, en consecuencia también se vería incrementada la
producción, la renta y el bienestar de la nación. Por otro lado, el nivel de actividad económica –
producción– de una nación depende del capital que dispone. Este sólo puede aumentar en la
medida en que aumente el ahorro. El comercio exterior, al aumentar la producción y la renta
nacional, aumenta el ahorro potencial y posibilita con ello la ampliación del stock de capital.

La pregunta que aún queda sin contestar es la siguiente: ¿qué bienes debe exportar e importar un
país?. Sentando la analogía entre la conducta del individuo y de la nación, Smith responde a la
pregunta y enuncia así su principio de especialización: “Cualquier prudente padre de familia
tiene por norma no hacer en casa lo que cuesta más caro que comprarlo”. “Lo que es prudencia
en el gobierno de una familia, suele serlo en la conducta de un gran reino. Cuando un país
extranjero puede ofrecer una mercancía más barata de lo que nos cuesta a nosotros, será mejor
comprarla que producirla, dando por ella parte del producto de nuestra propia actividad
económica, empleada en aquellos sectores que saquemos ventajas a los extranjeros”2. Esto es lo
que se conoce como principio de la ventaja absoluta.

Smith esta en total desacuerdo con la doctrina del superávit comercial. Sostiene que todas las
regulaciones aplicadas para lograr este objetivo desfavorecen a la nación al impedir que rija el
principio de la especialización. La riqueza del país se aleja de su máximo potencial cuando el
proteccionismo favorece la producción de bienes que requieren mayor cantidad de recursos –
capital y trabajo– de la que precisa otro país. Dado que la división internacional del trabajo es
beneficiosa para todos los países, hay que estimularla. ¿Cómo?: liberalizando el comercio
internacional. Así queda establecida la norma que debe regir en el comercio internacional, el
libre cambio, simple transposición a esta actividad del principio general de laissez faire, según
el cual la libertad de actuación de los individuos económicos, reduciendo al mínimo la
intervención del Estado, constituye el mejor sistema para el buen funcionamiento de la
economía, y consecuentemente, para lograr un crecimiento sostenido de la misma.

Si bien Smith establece las bases de la doctrina económica liberal, esta resulta ser poco
sistemática en su tratamiento sobre el comercio internacional. Ricardo aporta un mayor rigor y
profundidad al análisis. Mayor rigor al construir un modelo; es decir, un modelo donde se
especifican los supuestos y se definen los conceptos que entran en juego. Mayor profundidad al
interesarse no sólo por los efectos del comercio exterior, sino también por sus causas, que están
establecidas implícitamente.

Entre las hipótesis que adopta Ricardo, dos merecen especial atención. La primera establece que
el valor de los bienes depende de la cantidad de trabajo que los mismos incorporan (teoría del
valor-trabajo). La segunda sostiene que la productividad del trabajo (producción hora-hombre)
es constante para cada bien dentro del país pero puede diferir entre países al utilizar técnicas de
producción distintas. La tecnología de la economía de un país puede ser, según Ricardo,
resumida por la productividad del trabajo en cada industria.

2
A. SMITH(1ª edición 1776): “ Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones”.
Ed. Fondo de Cultura Económica, Méjico 1990, pp. 402-403.

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A partir de estas premisas, Ricardo demuestra que el comercio internacional, analizado en
términos de trueque (un país exporta un bien a cambio de otro bien que importa), es siempre
beneficioso –excepto en un caso muy improbable–, incluso para un país que produce todos los
bienes a un costo menor que el resto del mundo. De esta manera Ricardo enuncia la celebre
teoría de la ventaja comparativa.

Para P. Krugman y M. Obstfeld 3, si bien el concepto de ventaja comparativa es simple, la


experiencia muestra que es un concepto sorprendentemente difícil de entender (o aceptar) para
mucha gente. Es por ello que resulta conveniente desarrollar un sencillo ejemplo para poder
aclarar este teorema. Se toman dos países, A y B, los cuales producen dos bienes, vino y arroz;
el coste, en horas de trabajo por unidad de producto (de acuerdo con la teoría del valor) se
encuentra representado en el siguiente cuadro:

Tecnología de producción en A y B

Trabajo 1 litro de vino 1 sacos de arroz


requerido
En A 10 20
En B 20 30

Estos datos ponen en evidencia que el coste de producción de ambos bienes es menor en A que
en B, lo que significa que la productividad del trabajo es mayor en A que en B para ambas
producciones. De acuerdo con la teoría de la ventaja absoluta de Smith, no habría comercio
entre los dos países porque A al producir ambos bienes a menor costo, no tendrá interés en
importa ni arroz ni vino desde B.

La demostración de que a pesar de ello el comercio entre A y B es beneficioso para ambos se


explicará a continuación. Por aplicación de la teoría del valor trabajo, el precio relativo entre los
dos bienes (cantidad de un bien que se obtiene a cambio de una unidad del otro bien) será en
cada país, la razón inversa entre el número de horas de trabajo que cada bien requiere (costo
relativo). Así, en A un saco de arroz se cambia por dos litros de vino (o un litro de vino por
medio saco de arroz) y en B un saco de arroz se cambio por 1,5 litros de vino (o un litro de vino
por 2/3 saco de arroz). Según este resultado, en A el vino –en términos del arroz– es más barato
que en B y en cambio, el arroz –en términos de vino– es más caro. Si en estas condiciones A y
B establecen un precio relativo entre el arroz y el vino que sea intermedio del que prevalece en
cada país, ambos países saldrán beneficiados porque, con el mismo esfuerzo de horas de trabajo,
podrán consumir una mayor cantidad de ambos bienes. Si por ejemplo, el precio relativo
internacional (que también se denomina relación real de intercambio) se establece en un saco
de arroz 1,75 litros de vino (un litro de vino 0,57 saco de arroz), A tendrá interés en
especializarse en producir sólo vino y cambiar una parte de la producción total a B por arroz. En
A, con un esfuerzo de 300 horas se podrán consumir 11 litros de vino y 10, 8 de sacos de arroz
(produciendo 30 litros de vino, y cambiando 19 a B por arroz) mientras que si no comercia solo
podrá consumir 10 litros de vino –100 horas– y 10 sacos de arroz –200 horas–. Así ocurrirá
para cualquier combinación de los dos bienes cuyo consumo se quiere comparar con y sin
comercio (suponiendo siempre la libre movilidad del factor trabajo entre sectores). El mismo
razonamiento es aplicable para B, con especialización en la producción de arroz. De aquí se
desprende que, a través del comercio, aumenta la oferta de los dos bienes en los dos países y, en
consecuencia, aumenta la producción y el bienestar global.

Para determinar la ventaja comparativa de cada país hay que comparar los costos relativos de
ambos bienes en los dos países. Serán distintos, y el comercio será ventajoso, cuando la

3
P. Krugman y M. Obstfeld (1999): “Economía Internacianal: Teoría y Política”, Cuarta Edición, Ed.
McGraw-Hill, España, pp. 11.

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diferencia relativa entre los costos absolutos –o la productividad– no es la misma en los dos
bienes. Es lo que ocurre en el ejemplo. Aunque A produce ambos bienes a un costo absoluto
menor que B, la diferencia relativa –en porcentaje– entre los costos absolutos es mayor en la
producción de vino (100%) que en la de arroz (50%); por lo tanto, A es más eficiente en ambas
producciones pero lo es aún más en la de vino. Por ello, el costo relativo del vino es menor en A
que en B y lo contrario ocurre con el arroz. Es importante recordar que las ventajas
comparativas no deben confundirse con las ventajas absolutas, ya que son las primeras la que
determinan quien producirá (y debería producir) cada bien. De la argumentación anterior se
desprende que hay un caso en el que el comercio no beneficia a ninguno de los países: cuando
los costos relativos son iguales en los dos países. Y sólo podrán serlo cuando lo sean los costos
absolutos (igual productividad en los dos países para ambos bienes) o, siendo distintos, la
diferencia relativa de la productividad sea la misma para ambos bienes. Porque en ese caso, el
precio relativo entre los dos bienes será el mismo en ambos países y no habrá incentivos para
intercambiar.

En resumen, las conclusiones del modelo de Ricardo son dos: 1) la causa del comercio
internacional y se encuentra en la diferencia de la productividad del trabajo en los distintos
países; 2) siempre que haya diferencias entre los dos países en los costos relativos de los bienes,
los precios relativos serán distintos y el comercio será beneficioso para ambos porque aumenta
la producción total, la oferta y el consumo en cada país.
Antes de continuar con el análisis es conveniente hacer un alto y observar el contexto político-
económico en el cual se desarrolló el modelo. Ricardo utilizó tal modelo para argumentar a
favor del libre comercio, en particular, para combatir los aranceles que restringían las
importaciones británicas de alimentos, impuestas por las Leyes de Cereales. Estas leyes surgen
para proteger a los terratenientes de la baja en el precio internacional de los cereales, posteriores
a la caída de Napoleón en 1815. Ricardo sabía que anular estas leyes mejoraría la situación de
los capitalista y empeoraría la de los terratenientes. Esto era bueno dado que él mismo era un
hombre de negocios, prefiriendo a los laboriosos capitalistas que a los ociosos terratenientes
aristócratas. Por ello, eligió la presentación de sus argumentos en forma de modelo que obviaba
los temas de distribución interna de la renta. ¿Por qué hizo esto? La respuesta es política: a pesar
de que Ricardo representaba los intereses de un grupo, puso énfasis en las ganancias de la
nación en su conjunto. Por lo tanto, como se puede ver, la política y el progreso intelectual no
son incompatibles: la Leyes de Cereales fueron anuladas hace más de un siglo y el modelo de
Ricardo permanece como uno de las grandes ideas en la teoría económica. Este es un caso en el
cual la Economía esta puesta al servicio de la política y los intereses de un grupo en particular.

Como se demostró, Ricardo llega a la conclusión de que el precio relativo internacional se sitúa
entre los precios relativos domésticos; nada dice sobre el punto de ese intervalo donde deba
situarse. La aportación de J. S. Mill al modelo de Ricardo consiste en solucionar esa
indeterminación4. Para ello, recurre a la ley de oferta y demanda: la relación real de intercambio
que se establezca será aquella que iguale la oferta de exportaciones de cada país con la demanda
de importación del otro; es decir será el precio para el cual la cantidad de un bien que cada país
quiere exportar coincida con la cantidad de ese bien que otro quiere importar. Una consecuencia
importante de este análisis es que los países pequeños se ven normalmente beneficiados al
comerciar con los grandes porque la relación real de intercambio tiende a situarse más cerca del
precio relativo del país grande que del país pequeño. Esto es así porque la oferta del país grande
supera a la demanda del país pequeño (tendiendo a bajar el precio del bien que exporta el país
grande) y, en cambio, la oferta del país pequeño es inferior a la demanda del país grande
(tendiendo a elevar el precio del bien que exporta el país pequeño).

Hasta aquí, se ha desarrollado el modelo más simple de comercio internacional. Obviamente el


modelo ricardiano de un sólo factor es demasiado sencillo para constituir un análisis completo

4
J. S. Mills (1ra edición 1848): “ Principios de economía política”. Ed. F.C.E., Méjico 1985, pp. 496-523.

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de las causas y efectos del comercio internacional. A pesar de todo, el enfoque de las
productividades del trabajo relativas puede ser un instrumento verdaderamente útil para
reflexionar sobre el comercio internacional. En particular, el modelo simple de un sólo factor es
un buen modo de hacer frente a varias ideas erróneas comunes sobre el significado de la ventaja
comparativa, y la naturaleza de las ganancias del libre comercio. Estas ideas erróneas aparecen
tan frecuentemente en el debate público sobre la política económica internacional, que resulta
conveniente exponer algunas de las más corrientes. Tres errores en particular han demostrado
ser muy persistentes y el modelo sencillo de ventaja comparativa puede utilizarse para ver por
qué son erróneas dichas ideas.

Mito 1: El libre comercio solo es beneficioso si un país es suficientemente productivo para


resistir la competencia internacional. El problema con esta afirmación es que quienes la hacen
no consiguen entender el punto esencial del modelo de Ricardo, que las ganancias del comercio
dependen de la ventaja comparativa y no de la ventaja absoluta. Un país con ningún tipo de
ventaja absoluta, como el país B del ejemplo, igualmente se beneficia con el comercio.
Mito 2: La competencia exterior es injusta y perjudica a otros países cuando se basa en bajos
salarios. Dado que la ventaja comparativa de una industria depende no sólo de su productividad
con relación a la industria extranjera, sino también de la tasa salarial con relación a la tasa de
salario extranjera, algunos autores opinan que en aquellos países donde la productividad es baja
la única manera de lograr ventaja relativa es por medio de una baja tasa de salario. Pero, que el
menor coste de producción de un bien se deba a su alta productividad o a su baja tasa salarial no
tiene importancia. Lo que importa es que es más barato y esto es lo genera la ganancia del
comercio. Ahora esto esta bien para el país importador, pero ¿para el exportador?, ¿es erróneo
basar las exportaciones en bajos salarios? Ciertamente no es una posición atractiva, pero la idea
de que el comercio es bueno si solamente se reciben salarios altos es la última de las tres
falacias.
Mito 3: El comercio explota a un país y lo empobrece si sus trabajadores reciben unos salarios
muy inferiores a los de los trabajadores de otros países. Si se esta preguntando acerca de la
deseabilidad del comercio, la cuestión no está en preguntarse si los trabajadores de salarios
bajos merecían cobrar más sino preguntarse si ellos y su país están peor exportando bienes
basados en salarios bajos de lo que lo estarían si rechazan participar de un comercio tan
degradante. Y al plantearse esta pregunta también cabe cuestionarse ¿cuál es la alternativa?

Por último resulta interesante preguntarse si el modelo ricardiano es una buena referencia para
el mundo real y si realiza predicciones correctas sobre los flujos comerciales internacionales. La
respuesta es un sí muy matizado. Hay numerosos aspectos en los que el modelo ricardiano
realiza predicciones erróneas. En primer lugar, el modelo predice un grado de especialización
extremo que no se observa en el mundo real. En segundo lugar, hace también una abstracción de
los amplios efectos que el comercio internacional genera sobre la distribución de la renta dentro
de cada país, y por tanto predice que los países en su conjunto siempre ganan con el comercio;
en la práctica, el comercio internacional tiene importantes efectos sobre la distribución de la
renta y el desarrollo económico. En tercer lugar, no otorga ningún papel a las diferencias de
recursos entre países como causa del comercio. Finalmente, ignora el posible papel de las
economías de escala como causa del comercio, lo que lo hace incapaz para explicar los grandes
flujos comerciales entre naciones aparentemente similares. Sin embargo, a pesar de estos fallos,
la predicción básica del modelo ricardiano –que los países tenderán a exportar aquellos bienes
en los que su productividad es relativamente alta– ha sido sólidamente confirmada por
numerosos estudios a lo largo de los años5

La evidencia más reciente del modelo ricardiano no es tan clara. En la economía mundial de los
noventa, los países normalmente no producen aquellos bienes en los que tienen desventajas
comparativas, así que no es posible medir su productividad en estos sectores. A pesar de esto, se

5
Un trabajo de investigación bien conocido, es el de Bela Balassa: “An Empirical Demostration of
Classical Comparative Cost Theory”. Review of Economics and Statics 4 (agosto 1963), pp 231-238.

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dispone de algunos fragmentos de evidencia que sugieren que las diferencias en la
productividad laboral siguen jugando un papel importante en la determinación de los patrones
de comercio internacional.

2.3. La escuela Neoclásica

Como se demostró en el punto anterior, el modelo ricardiano sugiere que no solamente todos los
países ganan con el comercio, sino que todos los individuos mejoran como consecuencia del
comercio internacional porque este no afecta a la distribución de la renta, ya que considera un
único factor que puede moverse libremente de una industria a la otra. Sin embargo, en el mundo
real el comercio tiene efectos sustanciales sobre la distribución de la renta de los distintos países
que lo realizan, por lo que en la práctica los beneficios del comercio a menudo se distribuyen en
forma desigual. A través del análisis y los modelos desarrollados por la escuela neoclásica se
podrá comprender mejor el efecto redistributivo que el comercio internacional provoca sobre las
naciones que lo practican.

La escuela neoclásica interrumpe en la escena del pensamiento económico en el último tercio


del siglo XIX, sentando unas bases cuyo desarrollo llega hasta nuestros días. Aporta una nueva
teoría del valor (basada en la utilidad de los bienes y no en el trabajo que incorpora) y un
modelo, el equilibrio general, en el que todas las variables económicas relevantes (oferta,
demanda y precios de los bienes, servicios y factores productivos) aparecen interrelacionadas en
un sistema de ecuaciones, cuya solución arroja unos valores que se denominan de equilibrio.
Dentro de este esquema, la escuela neoclásica ha desarrollado dos teorías del comercio
internacional. Una es simplemente una reformación de la teoría de Ricardo (ventaja
comparativa), completada con otra de la de Mill (demanda recíproca), adecuándolas a las
hipótesis del nuevo modelo 6; la otra, más innovadora, establece la causa última de la diferencia
en los precios relativos, condición de la existencia de ventajas comparativas. Es la teoría de
Heckscher-Ohlin, que lleva el nombre de los dos economistas suecos que la formularon7.

La reformulación neoclásica del modelo ricardiano constituye una construcción teórica


compleja que, respecto al modelo ricardiano altera las condiciones de la oferta e introduce la
demanda. Las condiciones de oferta quedan alteradas en dos sentidos. Primero, la introducción
de un segundo factor de producción, el capital y el abandono de la teoría de valor-trabajo,
reemplazada por la teoría del valor-utilidad (el valor del bien depende de la utilidad que
proporciona). Segundo, la sustitución del supuesto de productividad constante por el de
productividad marginal decreciente. Estas modificaciones determinan un nuevo sistema de
fijación de costos relativos, que consiste en establecer el costo de unidad de un bien por la
cantidad del otro bien a la que hay que renunciar para producir aquella. Al ser las
productividades decrecientes, este costo relativo, llamado costo de oportunidad, ya no es
constante cualquiera que sea la combinación de los dos bienes que se produzca, sino que es
creciente; es decir, según se va aumentando la producción de uno de los bienes, cada vez hay
que reducir más la producción del otro.

6
Las reformulaciones del modelo de Ricardo han sido desarrolladas por varios autores. Los principales
han sido: R. Barone (1908), A. Lerner (1932), W. Leontief (1933), G Haberler (1936). Por su parte, J.
Meade (1952) ha reformulado en equilibrio general la teoría de la demanda recíproca de Mills.
7
E. Hecksher (1919): “ The effecto of foreing trade on the distribution of income”, en Readings in the
theory of internatinal trade, Ed. Ellis, J.S. Metzler, 1948, pp. 272-300.
B. Ohlin (1933): “Comercio intereginoal e internacional”. Ed. Oikos-Tau, Barcelona 1971.
Más tarde, a finales de los cuarenta, Samuelson demostró que, bajo algún supuesto adicional y por
aplicación de l modelo de H-O, los precios absolutos y relativos de los factores se igualarían en los países
que comercian.
P. Samuelson (1948): “International trade and the equalisation of factor prices”, en Economic Junarl.
6/1948.
P. Samuelson (1949): “International Factor-prices equalisation once again”.

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La introducción de la demanda completa el nuevo modelo, que incluye así las dos caras del
fenómeno económico: producción y consumo. El precio relativo ya no queda fijado
exclusivamente por el costo relativo –costo de oportunidad–, sino en conjunto con la demanda
de los dos bienes. Así, puede haber muchos precios relativos diferentes, sin embargo, uno sólo
maximizará el valor de la producción y el consumo simultáneamente: es el denominado precio
de equilibrio.

En este nuevo marco analítico, la teoría de la ventaja comparativa mantiene su vigencia. Los
efectos son los mismos: aumenta la producción conjunta y el consumo de los dos países. Las
diferencias en los precios relativos pueden deberse tanto por las condiciones en la oferta o en la
demanda. Por un lado, la diferencia en los costos relativos (oferta) puede deberse a diferencias
de productividad en el trabajo o el capital, es lo que los economistas definen como funciones de
producción diferentes. Por el otro, gustos distintos en los dos países (demanda) pueden originar
precios relativos distintos.

La segunda teoría neoclásica de comercio internacional constituye una alternativa a la visón


anteriormente descripta. El modelo de Hecksher-Ohlin (H-O) resuelve la ambigüedad que
subyace en la causa última del comercio internacional expuestos por Ricardo y ampliada por los
neoclásicos. Si es las diferencias de productividad de los factores la que explica las diferencias
de costos, y en consecuencias, de precios relativos –sin tener en cuenta la demanda–, ¿qué
explica esa diferencia de productividades? La multiplicidad de respuestas posibles dejaba al
modelo ricardiano en dificultades ya que, en definitiva ¿cuál sería la causa principal de la
estructura comercial (exportaciones e importaciones) de cada país?

En 1919 Hecksher enuncia la propuesta básica de su modelo: lo que explica el comercio


internacional es la escasez relativa de los factores en unos y otros países. Hecksher parte de la
siguiente hipótesis: existen preferencias iguales entre países, considera que la productividad de
los factores es la misma en todos los países, que los mismos bienes se producen de la misma
manera en todos ellos (es decir, aplicando los factores en la misma proporción) y que los bienes
distintos se obtienen con una proporción factorial distinta, ¿qué puede hacer diferentes los
costos relativos de dichos países? La respuesta es sencilla: distintos precios relativos de los
factores, resultantes de distintas dotaciones. En los países donde el factor capital abunda (factor
relativamente barato) los bienes que utilizan mayor proporción de capital serán más baratos –
con relación a los demás países– y los que utilizan mayor proporción de trabajo serán más caros.
Un ejemplo similar al propuesto para el teorema de Ricardo, aclarará el modelo de H-O.
Solamente hay que alterar las condiciones de la producción, adecuándolas a las hipótesis
neoclásicas. La producción requiere ahora dos factores de producción (trabajo y capital) pero se
obtiene con la misma función de producción (la productividad de los factores y la proporción
con que se aplican en cada bien son iguales) en los dos países. En este caso, la diferencia en los
costos relativos no puede provenir de las distintas productividades como en el modelo de
Ricardo, ya que se suponen iguales. Esa diferencia proviene de la diferencia de precios relativos
de los factores.

A B
1 litro de vino 2 h trabajo 2 h trabajo
1 h maquinaria 1 h maquinaria

1 destornillador 1 h trabajo 1 h trabajo


2 h maquinaria 2 h maquinaria

Si se supone que A tiene abundancia de trabajo y escasez de capital con relación a B, el trabajo
(en términos de capital) será más barato en A y más caro en B. El cuadro a continuación
representa el precio relativo del trabajo/capital para cada país.

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A B
2 h trabajo = 1h trabajo =
1 h maquinaria 1 h maquinaria

A partir de estos datos se puede calcular el costo relativo de los bienes en los dos países. Para
poder hacerlo se debe valorar los costes en términos de un sólo factor (trabajo o capital). En A
un litro de vino son cuatro horas de trabajo y el de un destornillador de cinco horas de trabajo.
En estas condiciones, el costo relativo determinará un precio relativo de un litro de vino por 4/5
de destornillador (un destornillador = 5/4 litros de vino). En B el coste de ambos bienes es el
mismo, tres horas de trabajo. Por lo tanto en A el destornillador es caro y el vino barato, con
relación a B. Si se observa la correspondencia que existe entre la proporción factorial de cada
bien y la ventaja comparativa de cada país, obtenemos la conclusión fundamental del modelo de
H-O: cada país tiene ventajas comparativas y por lo tanto debe explotar el bien que utiliza de
forma intensiva (en mayor proporción) el factor abundante en dicho país. En el ejemplo, A el
país abundante en trabajo produce vino que resulta ser el bien intensivo en este factor. De esta
teoría se desprende, como corolario, que a través del comercio internacional los países
intercambian sus factores abundantes por los escasos, igualándose a medio plazo las dotaciones
relativas de los mismos en todos los países que comercian, e igualándose, en consecuencia, sus
posibilidades de desarrollo.

Hasta aquí, se puede decir que el modelo de Heckscher-Ohlin predice plenamente el


intercambio entre países desarrollados y en desarrollo. En otras palabras, los países
desarrollados exportan productos capital intensivo mientras que los países en desarrollo
exportan bienes trabajo intensivo. Se concluye con esta teoría que existirá un volumen alto de
intercambio entre países de diferente nivel de desarrollo y será muy bajo el nivel entre países
similares.

2.3.1. El comercio y la distribución de la renta

Al ser la producción de vino intensiva en trabajo mientras que la de destornilladores la es en


maquinaria, existe una relación de uno a uno entre el ratio de precio de los factores y la de
precios relativos; cuanto mayor sea el coste relativo del trabajo, mayor será el precio relativo del
bien intensivo en trabajo y viceversa con el costo de la maquinaria y el precio de los
destornilladores. Es bueno mantener siempre presente que según el modelo de H-O, el costo
relativo de los factores depende de su abundancia o escasez relativa,.

El punto relevante de este modelo es que el comercio produce la convergencia de los precios
relativos, y como consecuencia de estos cambios en los precios relativos, se producen fuertes
efectos en la distribución de la renta. En el caso del ejemplo utilizado, un aumento en el precio
del vino (intensivo en trabajo) favorecería a los trabajadores del país A. De manera similar el
aumento en el precio de los destornilladores, favorecerá a los propietarios de las maquinarias en
el país B. Es importante volver a mencionar que la igualación de los precios relativos hace que
detrás del intercambio de los bienes, cada país esté exportando sus factores abundantes e
importando los escasos, generando a su vez, la convergencia de los precios de los factores entre
los países.

La conclusión general sobre los efectos del comercio internacional en la distribución de la renta
es la siguiente: los propietarios del factor abundante ganan con el comercio, sin embargo, los
propietarios del factor escaso pierden. De esta derivación se desprende que, los factores de
producción establecidos en una industria que compite con las importaciones pierde con la
apertura del comercio, a no ser que este factor sea lo suficientemente “móvil” como para
desplazarse a la industria beneficiada con la apertura del comercio.

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Este es un argumento serio que no sólo tiene un significado puramente académico. Si se cree
que la desigualdad creciente de la renta en los países, especialmente en los avanzados, es un
problema grave, y si se cree también que el principal causante de este hecho es el comercio
internacional, se hace difícil mantener el apoyo tradicional de los economistas al libre comercio.
Algunos comentaristas muy influyentes han argumentado que las naciones avanzadas deberían
restringir su comercio con países de salarios bajos si quieren seguir siendo sociedades de clase
media.

2.3.2. Críticas al modelo de HECKSHER-OHLIN y las nuevas teorías neoclásicas

Aunque este enfoque del comercio es sencillo y atractivo, hay un problema importante: en le
mundo real los precios de los factores no se igualan. Por ejemplo, existe un rango
extremadamente grande de salarios entre países y aunque alguna de estas diferencias pueden
reflejar diferencias en la cualificación del trabajo, son demasiado grandes para ser explicadas
sólo con esa base.

Para entender las fallas en las predicciones del modelo es conveniente fijarse en sus supuestos.
Hay tres supuestos cruciales para la predicción de la igualación de los precios de los factores
que en la realidad son dificiles de cumplir. Son los supuestos de que: 1) ambos países producen
ambos bienes, 2) las tecnologías son iguales y 3) el comercio iguala realmente el precio de los
bienes en los dos países.

1. Puede ocurrir que un país solamente produzca uno sólo de los bienes (cuando el ratio entre
los factores sea muy alto). Esto implicaría que la igualación de los precios de los factores se
produce sólo si los países implicados son suficientemente similares en sus dotaciones
factoriales relativas.
2. La igualación del precio de los factores no se mantiene si los países tienen diferentes
tecnologías de producción. Por ejemplo, un país con tecnología superior puede tener
mayores salarios y renta que uno con tecnología inferior.
3. Finalmente, la proposición de que la completa igualación de los precios de los factores
depende de la completa convergencia de los precios de los bienes. En el mundo real, los
precios de los bienes no se igualan completamente por el comercio internacional. Esta
ausencia de convergencia se explica por barreras naturales (costos de transporte) y barreras
impuestas –aranceles, cuotas y otras restricciones–, a lo que habría que agregarle la
presencia de oligopolios y economías de escala, que van en contra del supuesto de
competencia perfecta (axial en el modelo de equilibrio general).

Otro supuesto que resulta poco real es el que sostiene la igualdad de las preferencias. Dada las
marcadas deiferencias que existen entre los niveles de ingresos de los países, las preferencias se
vuelven muy distintas, generando dos efectos:

Ø A diferencia del modelo de Heckscher-Ohlin, el cual afirma que el intercambio se produce


entre países con diferentes niveles de desarrollo, las variaciones en las preferencias hacen
frustrar tal afirmación. En realidad lo que ocurre es que los países ricos prefieren
relativamente más bienes en los cuales ellos tienen una ventaja relativa en la producción (lo
mismo ocurre con los países pobres) y esto hará frustrar el intercambio entre países ricos y
pobres. En conclusión diríamos que los países ricos consumen mayor cantidad de bienes
producidos por otros países ricos.

Ø Dada la variedad en las preferencias, a medida que un país se hace más rico no solamente la
demanda por ciertas clases de bienes aumenta, sino que también aumenta la variedad de
bienes que consume. Esta preferencia por la variedad que se manifiesta en los patrones de
demanda de los países ricos genera un elevado volumen de intercambio entre tales países.
Esto no significa que el patrón de las preferencias difiera entre los países, sino que entre los
distintos países hay individuos que prefieren variedades distintas de un mismo bien.

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Por otro lado, el modelo de H-O no tiene explicación para el comercio intrasectorial (entre
bienes sustitutivos), pues la situación que analiza es el intercambio intersectorial, es decir entre
bienes distintos, producidos por sectores económicos diferentes. Para explicar el comercio
intraindustrial se han acuñado nuevos conceptos con relación a los productos que compiten en
mercados internacionales: productos diferenciados (bienes sustitutivos que se diferencian por la
marca, diseño, etc.) y productos nuevos (fruto del proceso de innovación tecnológica).

Sobre estos y otros supuestos (competencia imperfecta, movilidad internacional de factores) y


conceptos han surgido las llamadas nuevas teorías del comercio internacional que encuentran
nuevos factores que determinan las ventajas comparativas. En el proceso de asentamiento del
nuevo paradigma de la teoría del comercio internacional, cabe distinguir dos fases diferenciadas.
La primera hasta los años ochenta, caracterizada por el abandono de algunos supuestos
neoclásicos y con modelos de escasa formalización. En la segunda, desde los primeros años
ochenta, se va conformando la nueva escuela teórica del comercio internacional, utilizando los
resultados de la fase precedente e incorporando nuevos supuestos y un aparato analítico más
sofisticado.

De las teorías de la primera etapa, son dos las más destacadas: la teoría de la brecha tecnológica
y la teoría del ciclo productivo.

La teoría de la brecha tecnológica de S.B. Linder8 hace uso de la secuencia de innovación e


imitación, particularmente en la medida en que afecta las exportaciones, a medida que un nuevo
producto se desarrolla y se hace rentable en el mercado doméstico, la firma innovadora, que
goza de un monopolio temporal inicialmente tiene un fácil acceso a los mercados exteriores.
El abastecimiento del mercado doméstico primero, antes de expandirse a los mercados externos,
es una idea que fue destacada por Linder, quien sostenía que las exportaciones comienzan con
bienes producidos para el mercado doméstico. En este comercio, la ventaja comparativa surge
de la existencia de una fuerte demanda interna del producto, que permite aumentar el volumen
de producción y reducir los costos (economías de escala), haciendo competitivo y exportable el
producto. El destino de estas exportaciones, sin embargo, no serán los países con distinta sino
con parecida dotación factorial porque la demanda de estos productos depende de la renta per
cápita. El comercio de estos bienes (diferenciados en muchos casos) tendrá lugar entre países
industriales de similar renta y dotación de recursos.

La teoría del ciclo de la producción de Vernon9, busca determinar la localización de los


productos nuevos, resultantes de la innovación tecnológica. En la primera fase se producen en
USA; el nivel de desarrollo, las altas rentas, la aproximación al mercado, propician el
emplazamiento de la producción. En la segunda etapa, el producto nuevo se diferencia y
estandariza, alcanzando difusión internacional. En esta fase, la competencia y las economías de
escala abaratan el precio del bien. Los altos costos salariales de USA y la fuerte demanda de
Europa impulsan el traslado de las firmas a este continente y eventual exportación a USA. En la
tercera fase, la producción se estandariza por completo. En esta etapa, los costos juegan un rol
crucial y pueden proporcionar el traslado de la producción a países subdesarrollados con costos
salariales muy bajos. Ello dependerá de la elasticidad precio-demanda del producto, la relación
costo del transporte precio del producto, de la influencia de las economías externas en el coste y
las expectativas de obsolescencia del producto.

La “nueva escuela” del comercio internacional, agrupada en torno a P. Krugman, constituye sus
modelos a partir del supuesto de economías de escala y competencia imperfecta, originados en

8
S.B. Linder (1961): “An essay on trade and transformation”. Ed. Alquimist and Wicksell, Uppsala.
9
R. Vernon (1966): “International investment and internatinal trade in the product cyrcle”, Quarterly
Journal of Economics, Vol. 80, mayo, pp. 190-207.

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la teoría de la organización industrial de principios de la década del setenta. La presencia de
sectores industriales dominados por un número muy limitado de empresas, que establecen
estrategias de precios y tratan de influir en el comportamiento de sus competidores, reside en la
presencia de economías de escala en la producción. Una vez contrastado estos hechos, la nueva
escuela analiza el comercio internacional y establece una clara distinción entre el comercio
inter-industrial (explicado por las teorías tradicionales) e intra-industrial (no explicado por
dichas teorías). Este último tipo de comercio tiene su origen en las ya mencionadas economías
de escala, en la innovación tecnológica y la experiencia acumulada. Para analizarlo, la nueva
escuela utiliza modelos de competencia imperfecta. Sus conclusiones respecto a los
determinantes de la estructura comercial con productos diferenciados que registran economías
de escala resultan vagas: la especialización resulta indeterminada; en igualdad de desarrollo
tecnológico cualquier país puede adquirir ventajas iniciales y después mantenerlas (debido a los
rendimientos crecientes y la experiencia acumulada). Una característica fundamental de las
nuevas teorías es que proporciona recomendaciones en contra del libre comercio, justificando la
intervención del Estado para, por un lado, evitar que la industria extranjera desplace a la
nacional, o para que ésta tenga mayor presencia en el mercado internacional y por el otro, para
beneficiarse de las economías externas que estas industrias generan.

2.3.3. Evidencia empírica del modelo HECKSHER-OHLIN

La mayor prueba de evidencia contraria a la teoría de las proporciones factoriales fue


desarrollada por Wassily Leontief10, en un trabajo publicado en 1953. En su estudio, muestra
como Estados Unidos con una alta relación capital/trabajo en comparación con el resto del
mundo, sorprendentemente, exportaba productos con una relación capital/trabajo menor a las de
sus importaciones, tendencia que se mantuvo durante los 25 años posteriores a la Segunda
Guerra Mundial. Este fenómeno adquirió la denominación de la paradoja de Leontief. Sin
embargo, se observó que Estados Unidos exportaba productos más intensivos en trabajo
cualificado que sus importaciones. También tendían a exportar productos que eran intensivos en
tecnología y que requerían más científicos e ingenieros por unidad de venta. Estas
observaciones coinciden con que Estados Unidos es un país altamente cualificado, con una
ventaja comparativa en productos sofisticados. Ahora bien, ¿por qué, entonces, se observa la
paradoja de Leontief? Una explicación posible es la siguiente: Estados Unidos tiene una ventaja
en la producción de nuevos productos realizados con tecnologías innovadoras. Tales productos
pueden ser menos intensivos en capital que los productos cuya tecnología han tenido tiempo de
madurar, y se han hecho idóneas para la producción en masa. Por eso Estados Unidos exporta
bienes que utilizan abundante trabajo cualificado y capacidad empresarial innovadora mientras
que importa manufacturas pesadas que utilizan gran cantidad de capital.

2.4. La escuela heterodoxa

La principal conclusión de las teorías clásicas y neoclásicas de comercio internacional es que el


comercio libre beneficia a todos los países que lo practican. En relación a los beneficios de
dicho comercio, caben plantearse dos preguntas: 1) ¿Entre qué tipos de países será más
beneficioso? 2) ¿Se benefician por igual todos los países que comercian?

La respuesta a la primer pregunta se infiere de la teoría de las ventajas comparativas. Dado que
el precio relativo internacional se sitúa entre los precios relativos domésticos, cuanto mayor
diferencia exista entre ellos, mayor será el beneficio. Alcanzado esto, queda por determinar
entre qué países difieren más los precios relativos. La respuesta que dan los clásicos y
neoclásicos es la misma: entre los países desarrollados, productores de bienes industriales y los
subdesarrollados, productores de bienes primarios. La razón se encuentra en que la diferencia de
productividad será tanto mayor cuanto más difieran las técnicas de los países o en que la

10
W. Leontief (1953): “Domestic Production and Foreing Trade: The American Capital Position Re-
Examined”. Proceedings of the American Philosophical Society 97, pp. 331-349.

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diferencia entre los precios relativos capital/trabajo será mayor cuanto mayor sea la diferencia
factorial entre países.

La respuesta a la segunda ya se dió al estudiar la demanda recíproca de Mill. En el comercio


entre países grandes –desarrollados– y –pequeños– en desarrollo, los más beneficiados son los
últimos porque el precio relativo internacional tiende a estar más próximo al precio relativo
nacional del país grande (su oferta de exportaciones y demanda de importaciones son mayores).

A partir de estos resultados, cabe preguntarse si realmente esto ocurre en la realidad. En 1950,
H. Singer y R. Prebisch11, dos economistas de la ONU interesados por los problemas del
desarrollo, cuestionaron las bondades que el comercio internacional puede tener sobre los países
menos desarrollados así como los supuestos de las teorías en que se basaban, considerándolas
demasiado simplistas. Para ellos el comercio internacional entre países industrializados y en
desarrollo no puede analizarse en un marco conceptual tan rígido y, sobre todo tan estático.
Apoyándose en los resultados de un estudio realizado por la ONU sobre la evolución del precio
relativo de productos primarios/productos industriales durante el períodos 1870-1948, los dos
autores elaboraron una teoría –conocida como la tesis Singer-Prebisch– que constituye el
fundamento de la escuela heterodoxa. En el estudio de las Naciones Unidas, la variable
analizada fue la relación real de intercambio entre países. La tendencia mostraba que esta
variable en la serie histórica era decreciente, lo que significa que el precio de los productos
industriales aumentaba más que el de los productos primarios. Por lo tanto la relación real de
intercambio (RRI) era desfavorable para los países en desarrollo y favorable para los
industrializados.

Según estos autores, el reparto de los beneficios del comercio entre los países industriales –
centro– y los países en desarrollo –periferia– es asimétrico; este intercambio favorece más al
primer grupo de países porque impulsa su crecimiento económico en mayor medida que el
segundo. Esta tesis se asienta en una triple argumentación:

1. El empeoramiento de la RRI no se puede deber a un mayor aumento del costo real de los
productos industriales: la productividad de este sector aumento más que en el sector
agrícola, implicando un mayor crecimiento de los países industriales, donde predomina este
tipo de producción. Las causas de esta tendencia son varias: a) la primera está en el
comportamiento de la demanda de los productos, los productos primarios tiene una
elasticidad demanda-renta baja ocurriendo lo contrario con los productos industriales (alta
elasticidad demanda-renta), lo que tiende a disminuir el precio de los primeros y aumentar
el de los segundos. Además, la elasticidad demanda-precio de los productos primarios
también es baja, lo que significa que el aumento de la demanda inducido por la baja en el
precio no compensa, en términos monetarios, la caída en los ingresos debida a esta última.
b) El progreso tecnológico y la innovación permitieron a los países industrializados, por un
lado, reducir la utilización de materias primas y, por el otro sustituir productos primarios
tradicionales. c) El aumento de productividad derivado del progreso técnico ha tenido
efectos distintos en uno y otro sector: en la industria, se ha trasladado al valor agregado
(mayores beneficios y salarios) y en los bienes primarios, se trasladó al precio,
reduciéndolo. d) Esto último se explica por las estructuras institucionales de los dos grupos
de países: en el “centro”, los sindicatos tienen una fuerza negociadora que le permiten
transformar los aumentos de productividad en aumentos de salarios; en la “periferia”, el
gran porcentaje de desempleo impide que el progreso técnico se revierta en aumento
salarial.

11
H. Singer (1950): “ Distribución de ganancias entre países inversores y prestatarios”, en Economía del
comercio y desarrollo. Ed. Amorrortu, Bs. As. 1971, pp. 271-284.
R. Prebisch (1950): “The economic develoment of Latin Amercica and its principal problems”.
CEPAL, Nueva York 1950.

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2. La especialización de los países subdesarrollados en la exportación de productos primarios
ha sido estimulada por la inversión extranjera, pero los beneficios de tales inversiones
retornan al país de origen.
3. Para que los países atrasados se desarrollen es preciso que se industrialicen. La
industrialización es esencial para el desarrollo económico y el progreso, permite
beneficiarse de economías externas e internas, aumentar el capital humano (educación,
habilidades, caudal tecnológico y modo de vida) y su demanda (la mayor productividad
permite aumentar la renta).

La especialización de los países subdesarrollados en la exportación de materias primas y


alimentos hacia los países desarrollados, fue en gran parte resultado de la inversión que estos
efectuaron, resultando negativa por dos razones. Primero, porque trasladó los beneficios de la
inversión desde los países donde tuvo lugar hasta la nación en que se originó y segundo, porque
desviaron a los países en desarrollo hacia tipos de actividades que ofrecían menos esfera de
acción para el progreso técnico.

Sobre esta base Singer y Prebisch recomiendan a los países en desarrollo actuar en tres sentidos:
1) industrialización mediante políticas proteccionistas selectivas (sustitución de importaciones),
2) comercio interregional (entre países subdesarrollados) y creación de áreas de integración
económica, 3) presionar al mundo industrializado para que aumente su inversión y elimine las
barreras a la importación de productos primarios.

Finalmente, dentro del pensamiento heterodoxo acerca del comercio internacional conviene
destacar el planteamiento efectuado por Myrdal12 (1957), que señala que los efectos residuales
del comercio pueden conducir al subdesarrollo. Este autor sostiene que el libre cambio tiende a
acentuar las diferencias en las rentas de los países. En su razonamiento, una expansión del
mercado siempre favorecería a aquellos países que ya poseían industrias desarrolladas, ya que
quienes poseían una base industrial reducida se quedan en inferioridad de condiciones cuando
compiten con industrias mayores y más desarrolladas. Esto genera lo que Myrdal denominó
proceso causal acumulativo. Debido a las economías externas, las inversiones industriales se
irán a las áreas donde ya se habían hecho inversiones, conduciendo al empobrecimiento
financiero de otras regiones. La población activa se desplazará a las regiones en expansión,
mientras que las regiones estancadas se verán desposeídas tanto de su mano de obra como de los
empresarios potenciales. En consecuencia, los problemas de desequilibrio regional empeorarían
una vez más, y las predicciones de los modelos clásicos y neoclásicos quedarían sin efecto
alguno.

3- Conclusiones

En este trabajo se puede observar que la teoría del comercio expuesta por la escuela clásica y
neoclásica tradicional resulta una buena herramienta a la hora de explicar el origen del comercio
y las ventajas que el libre intercambio genera sobre los países que lo practican. Según sus
modelos el intercambio entre países desarrollados y en desarrollo será muy fluido, dada la
diferencia factorial entre unos y otros y las distintas productividades entre sus factores. Aún
más, el intercambio beneficiará más a los países en desarrollo dado que los precios
internacionales se ubicarán de forma tal que aumenten el precio de los bienes que exportan y
disminuyan el de los que importan, tal como lo explica Mill, permitiendo reducir la brecha que
existe entre los países más avanzados y los menos avanzados. Sin embargo, surgen
incongruencias a la hora de evidenciar los patrones de intercambios que predicen. La falta de
dinamismo, la rigidez de sus supuestos y los enormes efectos distributivos que el comercio
internacional genera, hacen que tales modelos fallen a la hora de predecir los patrones que se

12
G. Myrdal (1959): “Teoría Económica y regiones subdesarrolladas”, Ed. Fondo de Cultura
Económica, Méjico 1990.

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dan en la realidad y terminen jugando en contra de los países en vías de desarrollo, según lo
expuesto por la escuela heterodoxa.

BIBLIOGRAFÍA
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