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ESCRITORES… CONOCE A LOS ANDERS JACOBSSON y SÖREN OLSSON Anders y Sören se conocen de toda la vida. Son primos y se llevan solo un año y, como se lo pasaban tan bien el uno con el otro, decidieron trabajar juntos. Y así han escrito libros, han compuesto música y han grabado series de televisión.

¡Buenos días, buenos días!
La profesora de Óscar era un pozo sin fondo. Conocía el secreto para curar la extraña enfermedad que tenía Óscar y, sin embargo, no se lo contaba. ¿De qué rara enfermedad se tratará? ¿Conseguirá Óscar descubrir por sí mismo cuál es el remedio para curarla?

Buenos días, buenos días, buenos días... Óscar se despierta de golpe. ¡Oh, no! Durante la noche le ha entrado la enfermedad del «Buenos días, buenos días», la que es tan difícil de curar. Cuando se sufre ese mal, es imposible pronunciar algo aparte de «Buenos días, buenos días». Ya la ha padecido otra vez. Óscar va al baño y se lava. –Buenos días, buenos días –dice a su imagen en el espejo. ¿Desaparecería la enfermedad tomando un gran sorbo de agua fría, igual que ocurre con el hipo? Óscar abre el grifo y deja correr el agua. Se agacha y bebe a grandes sorbos lo más rápido posible. Lo hace tan deprisa que está a punto de atragantarse. –Buenos días, buenos días –dice de nuevo. El truco con el agua no ha servido de nada. Óscar suele llegar al colegio a las ocho menos diez. Joakim y Miklos ya están sentados en sus pupitres. Óscar saca un bolígrafo y el bloc de dibujo de su cartera y escribe en una hoja: Hoy no puedo hablar, porque tengo la enfermedad del «Buenos días, buenos días». Me ha entrado esta noche y solo puedo decir «Buenos días, buenos días». Entre tanto, ha ido llegando la mayor parte de sus compañeros. El sonido del timbre indica que son las ocho y que va a empezar la clase. «¡Ojalá que no me pregunte nada Ulla-Lena!», piensa Óscar. Cuando la maestra entra en el aula, se hace enseguida un silencio absoluto. Tiene la misma cara de alegría de todas las mañanas y lleva tres carpetas y un libro debajo del brazo. –Buenos días –dice alegremente. –Buenos días, Ulla-Lena –le responde la clase al unísono. Óscar susurra «Buenos días, buenos días» desde su rincón. La maestra coge un trozo de tiza. –¿Quién de vosotros sabe lo que es un antónimo? Nadie levanta la mano, pero Klasse interviene en voz baja: –Si por ejemplo decimos tonto, el antónimo sería listo. –¡Bien, Klasse! Un antónimo es lo contrario de una cosa. Como ha dicho Klasse, el antónimo de tonto es listo. ¿Cuál es el de alegre? Óscar procura hacerse lo más pequeño posible. No se atreve ni siquiera a mirar a la señorita a los ojos. Finge estar muy ocupado: busca las llaves en la cartera y en los bolsillos, y ordena los lápices sobre la mesa. ¿Y si se ha curado ya la enfermedad del «Buenos días, buenos días»? Óscar cuchichea para sí en voz baja: –Buenos días, buenos días.
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Pues no, todavía está ahí. Había tratado de decir «bacalao». –¡Óscar! ¿Me has oído? En ese momento, lo que más desearía Óscar sería desaparecer bajo el pupitre. Se encoge de hombros para dar a entender que no sabe contestar. –¡Venga, Óscar! Seguro que lo sabes. Todos le miran, tanto los niños como Ulla-Lena. Óscar abre la boca. –Buenos días, buenos días –dice en voz baja. Muchos de sus compañeros ya están al corriente de que Óscar sufre la enfermedad del «Buenos días, buenos días». En ese momento salta Andreas con la verdad: –No puede decir otra cosa porque le ha entrado la enfermedad del «Buenos días, buenos días». Los demás asienten con entusiasmo. –¡Ah! ¡Conque de eso se trata! –dice la maestra–. Te ha entrado el «Buenos días, buenos días». ¿Sabía la maestra que existía esa enfermedad? Todos la miran sorprendidos. –Hacía ya mucho tiempo que nadie la tenía. Pero yo sé cómo se cura. «¡Vaya! Así que esta enfermedad se puede curar», piensa Óscar. «Yo creía que había que esperar a que se esfumara por la noche.» –¿Cómo se quita? –preguntan los niños. «Sí, sí, dilo de una vez», piensa también Óscar, lleno de curiosidad. Tengo que curarme para por fin poder hablar. Pero la maestra se limita a negar con la cabeza. –No puedo contarlo. Es un secreto. Ulla-Lena calla. Óscar escribe algo en una hoja y se la pasa: Quiero que lo digas, sin que te hagas rogar más. La maestra parece un pozo de secretos, y los niños, a punto de estallar de curiosidad. Pero no hay manera de que hable. Óscar se pone furioso. Arde de impaciencia e intriga. De pronto, no consigue contenerse por más tiempo y exclama: –¡Quiero saberlo! ¡Está curado! ¡La enfermedad ha desaparecido! –¿Cómo se ha ido? –pregunta Jyri. –No sé, ha hecho simplemente ¡glup! –le explica Óscar. –Pero ¿cómo se cura? –le pregunta él a su vez a Ulla-Lena. –Con curiosidad. Con simple y pura curiosidad.
ANDERS JACOBSSON Y SÖREN OLSSON Las travesuras de Óscar. Ediciones SM

padecido: sufrido. se esfumara: se marchara.

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comprensión lectora
Personajes
1 2 ¿Cómo se llama el protagonista? ¿Qué otros personajes intervienen en la historia? ¿Qué enfermedad padece? ¿En qué consiste esa enfermedad?

Estructura
3 Indica en qué orden ocurren estas escenas en el cuento. A B C

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Copia en orden cómo se cura de la enfermedad Óscar. Óscar se pone furioso y exclama: “¡Quiero saberlo!”. Ulla-Lena pregunta a Óscar y él responde: “Buenos días, buenos días”. La maestra dice que sabe cómo se cura pero que es un secreto. Andreas cuenta que Óscar tiene la enfermedad del “Buenos días, buenos días”.

Acción
5 6 ¿Cómo se comunica Óscar con sus compañeros? Copia lo que les dice. ¿Qué palabra trató de decir Óscar para comprobar si se había curado?

Opinión y valoración
7 8 ¿Crees que la enfermedad que tenía Óscar es una enfermedad que existe realmente o se trata de una enfermedad inventada? Explica por qué. La enfermedad que padece Óscar se cura con curiosidad. ¿Te parece una buena forma de curar a Óscar la que puso en práctica Ulla-Lena? Coméntalo con tus compañeros. Ulla-Lena es un pozo de secretos. ¿Qué quiere decir esa expresión? ¿Y tus profesores? ¿Son también un pozo de secretos? Recuerda la última vez que te sorprendió mucho algo que te contó un profesor y coméntalo con tus compañeros.

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Creación
10 Imagina que por la noche, cuando está a punto de cenar, Óscar descubre que ha contraído la enfermedad del “buenas noches, buenas noches”. Escribe cómo se da cuenta, qué sucede entonces... Además, puedes inventar una solución para esta enfermedad. ¿Qué sucederá si los padres de Óscar ponen en práctica ese remedio?
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ESCRITOR… CONOCE AL RAY BRADBURY Desde que, de niño, en una feria, una máquina le dijo a Ray que viviría para siempre, él pensó que el modo de hacerlo sería dedicándose a escribir. Además, como él dijo: “La mejor manera de existir es hacer lo que te gusta”. A Ray le gustaba escribir, y a muchas personas les gustan sus libros, que tienen mucha imaginación.

La bruja de abril
Imagina que tienes la capacidad de hacerte invisible, volar y habitar en cualquier cosa: el viento, una mesa, la rama de un árbol… Es más, imagina que, por un momento, puedes ser otra persona diferente. ¿A quién elegirías? ¿A quién escogerá Cecy, la joven bruja de abril?

En el aire, sobre los valles, bajo las estrellas, por encima de un río, de una carretera, volaba Cecy. Invisible como los vientos nuevos de primavera, volaba. Se posaba como una rana verde lima, fría como la menta, junto a un charco brillante. Trotaba como un perro peludo y ladraba al oír ecos desde los lejanos graneros. Vivía en la nueva hierba de abril. “Es primavera –pensó Cecy–. Esta noche estaré en todas las cosas vivas del mundo.” Fluía invisible con los vientos de Illinois. –Quiero enamorarme –dijo. Lo dijo durante la cena. Y sus padres abrieron mucho los ojos. –Paciencia –fue su consejo–. Recuerda que eres especial. Toda nuestra familia es rara y especial. No nos podemos mezclar ni casar con personas corrientes. Si lo hacemos, perderíamos nuestros poderes mágicos. Y no querrás perder tu capacidad para “viajar” mágicamente, ¿verdad? Pero en su dormitorio, Cecy se dio un toque de perfume en el cuello. –Sí –dijo suspirando–. Pertenezco a una familia rara. Dormimos de día y volamos de noche como milanos negros en el viento. Puedo vivir en cualquier cosa: una piedra, una planta de azafrán, una mantis religiosa… Puedo abandonar mi cuerpo y mandar la mente lejos en busca de aventuras. ¡Ahora! El viento la llevó lejos sobre campos y praderas. “Si no me puedo enamorar por mí misma, porque soy rara, entonces me enamoraré por medio de otra persona”, pensó. En las cercanías de una granja, aquella noche primaveral, una chica de pelo oscuro, de no más de diecinueve años, sacaba agua de un profundo pozo de piedra. Cecy se convirtió en una gota de agua. Por fin notó que la levantaban hasta los labios de la muchacha. Cecy miró a través de los ojos de la chica. –¿Cómo te llamas? –preguntó Cecy con cuidado. –Ann Leary. ¿Por qué he tenido que decir eso en voz alta? –Ann, Ann –susurró Cecy–. Ann, te vas a enamorar. Como si fuera una respuesta a esto, un gran estruendo llegó de la carretera: un girar de ruedas por la grava. Un hombre alto conducía un carro. Su sonrisa resplandeció desde el otro lado del patio. –¡Ann! –¿Eres tú, Tom?
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–¿Y quién si no? –saltando del carro, el joven ató las riendas a la cerca–. ¿Quieres venir conmigo al baile? –No –dijo Ann. –¡Sí! –dijo Cecy–. Nunca he bailado. Y quiero bailar. Oh, por favor… ¡tenemos que ir a ese baile! Estiró sus pensamientos como los dedos de la mano dentro de un guante nuevo. –Sí –dijo Ann Leary–. Iré. Una sala llena de ojos y luces como el arco iris. Y en el centro, dando vueltas y más vueltas, bailaba Ann Leary. La música los empujaba en la penumbra, en ríos de canción. –No eres la misma de siempre –dijo Tom. –No, no lo soy en absoluto –susurró Cecy. Iban y venían, la música los obligaba a moverse y a girar. –Me marcho –dijo Tom–. Tengo un trabajo a cientos de kilómetros de aquí. ¿Me echarás de menos? –Sí –dijeron Ann y Cecy. –Ahora te llevaré a casa. –Tom –dijo Ann–. Si en algún momento, en los próximos años, pasas por Illinois, ¿harías el favor de visitar a una amiga mía? Le he hablado de ti. Te daré su dirección. Es solo un momento –cuando el carro se detuvo en la granja, Ann sacó lápiz y papel de su bolso y escribió a la luz de la luna–. Aquí tienes. –Cecy Elliott, calle del Sauce, doce, Mellin Town, Illinois –dijo él. –¿La irás a ver algún día? –preguntó Ann. –Algún día –dijo Tom. Luego la ayudó a bajar del carro y se alejó por la carretera. Cecy se tenía que ir. Ann Leary, liberada de su prisión, o eso le parecía, corrió por el sendero camino de su casa y cerró de un portazo. Cecy se entretuvo un poco más. Con los ojos de una rana estuvo sentada un momento junto a una charca, a solas. Con los ojos de un ave nocturna miró desde un alto olmo y vio que se apagaban las luces de las granjas. –¿Tom? –su mente voló como un ave por debajo de los árboles. Tom estaba dormido. Y en una mano silenciosa, apoyada sobre la blanca almohada, al lado de su cabeza, tenía un trocito de papel con algo escrito. Poco a poco, sus dedos se cerraron y apretó el papel con fuerza. Y ni siquiera se movió ni notó que un mirlo, suavemente, maravillosamente, golpeaba durante un momento contra la luna de los cristales de la ventana.
RAY BRADBURY La bruja de abril y otros cuentos. Ediciones SM

verde lima: verde muy intenso. fluía: recorría el espacio como lo hace el aire. milanos: aves grandes de color marrón y cola larga. grava: conjunto de piedras pequeñas que cubren el suelo para allanarlo. olmo: árbol de tronco grueso que suele vivir muchos años.

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comprensión lectora
Personajes
1 2 3 ¿Cuál es el nombre de la protagonista? ¿Dónde vive? Explica qué poderes mágicos tiene y cuál es su deseo. Nombra los otros personajes que aparecen en la historia.

Estructura
4 A Indica en qué seres vivos viaja Cecy. B C D

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Copia según el orden en el que ocurre la historia. Cecy se introduce en los pensamientos de la muchacha y le susurra que se va a enamorar. Cecy ve a una muchacha y se convierte en gota de agua. Cecy abandona su cuerpo y manda su mente en busca de aventuras. Un muchacho se acerca a la muchacha y la invita al baile.

Acción
6 7 ¿Quiere al principio ir Ann al baile? Explica por qué al final acepta ir. ¿Qué noticia le da Tom a Ann? ¿Qué le pide Ann a Tom?

Opinión y valoración
8 9 10 ¿Qué hace Ann al sentirse liberada de Cecy? ¿Por qué crees que reacciona así? Si pudieras volar hacia cualquier lugar, como Cecy, ¿adónde te gustaría ir?, ¿a qué personas te gustaría conocer? ¿Cómo crees que se siente Cecy con sus poderes mágicos? ¿Crees que le gustaría dejar de tenerlos y ser una persona normal? ¿Por qué? Comenta tres ventajas y tres inconvenientes que, según tú, tiene Cecy al tener poderes.

Creación
11 Imagina qué sucedería si Tom viaja a Illinois. ¿Crees que iría a visitar a Cecy? Escribe la historia. Puedes empezar así: Pasó el tiempo. Días, semanas, meses. Y un día, Tom llegó a Illinois. Apretó muy fuerte el papel que tenía en el bolsillo desde hacía mucho tiempo…
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ESCRITOR… CONOCE AL PACO MARTÍN Paco es un caso extraordinario de imaginación. No tiene muy claro dónde empieza la fantasía y dónde termina la realidad. Según él mismo dice: ¿Por qué no puede existir algo que hemos imaginado si estamos convencidos de que es real? ¿Existirá de verdad Ramón Lamote, el protagonista de este cuento?

A las cinco en punto
Para llegar a un piso, puedes coger el ascensor o subir por las escaleras. Pero ¿y si en medio de las escaleras hay un obstáculo insalvable en forma de… señora? En ese caso, lo mejor será respirar hondo y armarse de paciencia. ¿O se te ocurre una idea mejor?

El señor Lamote daba clase en el tercer piso del número nueve de la calle del Monte y allí acudía todos los martes, jueves y viernes, de cinco a seis de la tarde. Salía a las cinco menos veinte y caminaba despacio sabedor de que diez o quince minutos eran suficientes para llegar a su destino. Enfiló la calle del Monte y llegó al portal del número nueve al mismo tiempo que las nubes comenzaban a verter la lluvia que venían guardando. Ya al abrigo, no pudo evitar pensar en el viaje de vuelta bajo el aguacero. Cierto que en casa de su alumno le prestarían un paraguas. Se dirigió hacia la escalera, pero tuvo que detenerse cuando ya tenía un pie en el aire. Una señora muy acicalada estaba allí sentada y lo miraba. Ramón Lamote es un hombre educado, por lo que, después de bajar con suavidad su pie derecho hasta colocarlo junto al izquierdo, deseó: –Buenas tardes. –Buenas tardes –respondió la mujer. Nuestro hombre se rascó la oreja izquierda y echó un vistazo al reloj. –Parece que se ha metido la tarde en agua... –dijo. –Sí, hay que ver cómo llueve ya. Y se quedaron callados los dos. –Yo –dijo Lamote– tengo una clase aquí, en el tercer piso... –Eso está muy bien. Yo tengo un cuñado que da clases de física; es posible que lo conozca, se llama Eulogio Pina... –¿Eulogio Pina, dice...? Creo que no tengo el gusto... Lamote miró de nuevo el reloj y pudo comprobar que era casi la hora de comenzar su trabajo. –La clase que debo dar es a las cinco –dijo con cierta timidez– y en esta casa no hay ascensor... La dama abrió un poco los ojos y se repantigó todavía más. –Eso del ascensor es un invento muy práctico. ¿No le parece? –Sí, señora. Lo que pasa es que, cuando un edificio no lo tiene, todos nos vemos obligados a subir por las escaleras –remedó Lamote–. Y sobre todo si uno tiene que impartir clase a las cinco de la tarde y son ya las cinco y cuatro minutos. –Ese reloj que usted tiene, ¿marcha bien? –Sí, señora. Es un buen reloj... Ramón Lamote, que es un hombre respetuoso con todo el mundo, incluyendo a las señoras que se sientan en los peldaños de las escaleras, decidió atacar por otro frente.
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–¿Qué pensaría usted de su cuñado Eulogio Pina si llegase tarde a sus clases? –Hombre, si fuese porque lo había atropellado un coche o algo así... –No, si fuese porque había una señora sentada en las escaleras y él no pudiese subir sin pisar a la mujer. –Mi cuñado Eulogio es un caballero y no anda por ahí pisando señoras. Él subiría en el ascensor. –Pero es que no hay ascensor. –Mi cuñado Eulogio solamente da clases en lugares donde haya ascensor. Lamote volvió a mirar la hora: las cinco y diecisiete minutos. Contó mentalmente hasta treinta e intentó seguir razonando: –Muy bien, imaginemos ahora que hay una señora sentada en el ascensor. –Las señoras no se sientan en los ascensores. Además, si así fuese, él subiría por la escalera. –Ya me lo temía. ¿Y si no hay escalera? La mujer abrió algo más los ojos. –Señor –dijo muy seria–, yo diría que anda escaso de conocimientos... ¿No sabe que es obligatorio construir escaleras en todos los edificios? –Sí, lo sé... –Entonces, ¿a qué viene su pregunta? Ramón Lamote no supo qué contestar. El tiempo transcurría velozmente. Mientras tanto, la mujer había estado escudriñando en el interior de su enorme bolso hasta encontrar una revista y se había puesto a leer. Fuera seguía lloviendo, ahora a cántaros, y Ramón Lamote comprendió que, después del retraso, ya no sería posible pedir a los padres de su alumno el paraguas, así que llegaría a casa con los pies empapados y se pasaría la noche con la nariz moqueante y los ojos llorosos. Eran ya las seis menos cinco minutos cuando oyó que alguien bajaba la escalera. Era un hombre de piel brillante que bajaba haciendo crujir los peldaños. –María –dijo–, ya he cobrado la renta de los cuatro pisos. –Muy bien –contestó ella mientras guardaba la revista–. Pues vámonos... El hombre se fijó en Lamote. –¿Y este quién es? –preguntó a su mujer. –No sé, él dice que es profesor, pero yo no lo creo... Y si lo es, tiene que ser muy malo. Fíjate que me dijo que tenía una clase a las cinco y mira la hora que es... –Así está todo –sentenció el hombre, ya en la puerta, mientras abría un enorme paraguas azul. Y se fueron los dos.
PACO MARTÍN Cosas de Ramón Lamote. Ediciones SM

acicalada: arreglada. se repantigó: se sentó cómodamente y ocupando mucho espacio. remedó: añadió con tono de burla. impartir: dar. escudriñando: examinando con atención.

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comprensión lectora
Personajes
1 2 ¿Cómo se llama el protagonista de la historia? ¿Cuál es su oficio? ¿Adónde se dirigía? ¿A qué hora tenía que llegar? ¿Con quién se encuentra en la escalera?

Estructura
3 Numera en tu cuaderno según el orden en el que sucede la historia. A B C

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Relaciona las palabras de Ramón Lamote con la respuesta de la señora. Las señoras no se sientan en los ascensores. Ese reloj, ¿marcha bien?

Tengo una clase aquí, a las cinco en punto.

Imaginemos que hay una señora sentada en el ascensor. Son ya las cinco y cuatro minutos.

Yo tengo un cuñado que da clases de física.

Acción
5 6 ¿Qué intentaba decirle el señor Lamote a la mujer de la escalera? ¿Le entendía ella? ¿Por qué se levanta al final la señora?

Opinión y valoración
7 ¿Qué te parece la actitud de la mujer al no dejar pasar a Ramón Lamote? ¿Cómo crees que se sintió Ramón Lamote al no poder dar su clase y escuchar el comentario final de la señora? ¿Crees que Ramón Lamote podría haber conseguido lo que quería sin dejar por ello de ser amable? ¿Cómo? ¿Qué hubieras hecho tú en su lugar? Elige dos adjetivos que, en tu opinión, sirven para describir a Ramón Lamote y explica por qué. Después, elige otros dos para describir a la señora que está sentada en las escaleras y explica por qué.

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Creación
10 Imagina que Ramón Lamote, al salir de la clase que tenía que dar, se encuentra de nuevo a la señora sentada en las escaleras y no puede bajar. Imagina cómo sería la conversación entre los dos y escríbela. Puedes empezar así: Cuando Ramón Lamote salió de dar su clase, no lo podía creer. Allí estaba de nuevo...
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ESCRITOR… CONOCE AL JORDI SIERRA I FABRA Jordi, desde pequeño, quería ser escritor. Se empeñó y se empeñó, y al final lo consiguió. Ahora, ha creado un premio para animar a niños como tú a ser escritores. Él escribió su primer libro con 12 años, y tenía nada menos que ¡500 páginas! Y tú, ¿ya has empezado a escribir tu primer libro?

Un tazón de sopa
A veces, cuando las cosas no salen a la primera o tardan en llegar, solemos perder la esperanza. Por eso se dice que “el que espera, desespera”. Sin embargo, Yerusok esperó durante años y años a que regresara su hijo. Ni un solo día dejó de preparar su comida, por si volvía. Quizá por eso, el destino le premió con una sorpresa inimaginable.

Yerusok vivía en el corazón de la Gran Estepa, con la única compañía, desde la muerte de su esposa, de su hijo, Faygal. Las tierras de la estepa eran míseras, y si un año no había lluvias, apenas si daban para su sustento. Faygal crecía. Su padre le veía crecer comprendiendo que, tarde o temprano, Faygal se iría en busca de mejores oportunidades. La adolescencia acababa de brotar en él cuando se despidió de su padre y emprendió el camino. Antes de hacerlo, Yerusok le entregó su único tesoro, una simple moneda, la misma que antaño le había dado su padre a él. Sin embargo, Faygal rehusó la moneda que le tendía su padre. –Quiero partir de cero, y puede que a ti te haga falta algún día –le dijo. El padre, al oír esto, temió que su hijo no regresara jamás. Pero este le tranquilizó. Le aseguró que regresaría, que un día le vería llegar por el camino de Oriente y sentarse a la mesa para tomar el plato de sopa con el que su padre le recibiría. Dicho esto, los dos se abrazaron y Faygal partió rumbo a su destino. Cada día, al salir el sol, Yerusok preparaba un tazón de sopa y lo ponía sobre la mesa. Tras ello, atendía el campo y los animales, mirando de tanto en tanto al camino de Oriente con la esperanza de ver aparecer por él a su hijo. De esta forma pasaron cuatro lustros. Un día apareció alguien en lo alto del camino de Oriente. A Yerusok se le encogió el corazón. El sol le daba en los ojos, así que no podía ver si se trataba de su hijo. Esperó temblando hasta tenerlo delante. Pero no era Faygal, sino un joven desconocido para él. Tan joven que incluso se parecía a Faygal. Le dijo que se llamaba Mayarik, y al ver el tazón de sopa en la mesa le pidió que se lo diera, pues estaba muerto de hambre. –No, no puedo –respondió Yerusok–. Este tazón y lo único que poseo, una moneda, son para mi hijo, que un día partió en busca de fortuna y ha de volver como prometió. Imagínate que ese día sea hoy… –Si tu hijo marchó hace mucho y hubiese hecho fortuna, ya habría regresado. Y en el caso de que no la hubiese hecho, también. ¿Por qué sigues, pues, esperando? Yerusok se echó a llorar y, compasivo, le dio a Mayarik el plato de sopa y algo más: la moneda. Luego le dijo: –Tienes razón. Ahora sé que mi hijo está a punto de regresar. Si lo hace rico, no necesitaremos la moneda. Y si lo hace pobre, no querrá volver a marcharse de aquí y tampoco nos será necesaria. A ti, en cambio, te irá bien para comenzar tu fortuna.
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Mayarik se marchó con la moneda y para Yerusok comenzó una nueva espera. Pero el tiempo volvió a transcurrir: pasaron más días, más semanas, más meses y más años. Otros cuatro lustros, para ser exactos. Y ni un solo día dejó Yerusok de preparar su tazón de sopa para el regreso de Faygal. Hasta que una mañana... regresó. Cuando su padre le vio, los dos se abrazaron llorando y, después, Faygal se sentó a la mesa para tomar su tazón de sopa. Entonces le dijo a su padre que había hecho fortuna de forma honrada, y que era rico. El padre le preguntó si también era feliz, a lo que Faygal no respondió, pero su mirada se perdió en el horizonte. Un rato después, le dijo a Yerusok: –Todo en la vida me ha sido fácil, padre. A los pocos días de irme, conocí a la más hermosa de las muchachas. Con ella tuve un hijo varón que colmó mi hogar de felicidad. El trabajo me impidió, sin embargo, disfrutar de ese bien. Ni siquiera me di cuenta de lo rápido que pasaba el tiempo, hasta que un día mi hijo me dijo que quería seguir mi ejemplo y marchar en pos de fortuna. Le dejé partir y él me aseguró que volvería, pero... no lo hizo. Y mientras pensaba en la promesa de mi hijo, pensaba también en la que te hice a ti y no cumplí. Por eso he vuelto, padre. Y te pido perdón por mi tardanza. –Sabía que regresarías –dijo Yerusok. –También yo estaba seguro de que volvería mi hijo. Sé que lo hará, padre. Por ello debo partir de inmediato, para estar en casa cuando lo haga. Temo que si no me encuentra, vuelva a irse. He viajado toda la noche, y partiré al amanecer de nuevo –manifestó Faygal. Yerusok y Faygal hablaron todo el día. Al llegar la noche, el hijo no pudo evitar quedarse dormido. Su padre permaneció junto a él velando su sueño. Y al amanecer, antes de despertarle, sucedió algo. Algo increíble. Abrió la puerta de su casa y allí, ante él, apareció un hombre. Un hombre del que vagamente recordaba Yerusok sus rasgos, pues solo le había visto una vez, veinte años antes: Mayarik. Lo primero que hizo el recién llegado fue preguntarle si su hijo había regresado. Yerusok le dijo que sí. Mayarik dijo entonces: –Me alegro por ti, pero lo cierto es que venía a devolverte aquella moneda, y muchas más, por si tu hijo aún no había regresado. Gracias a ella hice fortuna, y te lo debo a ti. Solo siento no poder quedarme. Tengo mucha prisa. Yo también le prometí a mi padre regresar un día. En ese instante se abrió la puerta de la habitación y Faygal apareció por ella. Los dos hombres, el hijo de Yerusok y el visitante, se miraron apenas una fracción de segundo. Entonces, Faygal exclamó: –¡Hijo! –¡Padre! –exclamó Mayarik. Y en el momento de abrazarse, emocionados, todo se hizo claro, evidente, y miraron también a Yerusok con amor.
JORDI SIERRA I FABRA Las historias perdidas. Ediciones SM

Gran Estepa: extensión grande de tierra casi sin árboles en Rusia. sustento: alimento. antaño: en un tiempo pasado. rehusó: rechazó. lustros: períodos de tiempo de cinco años. colmó: llenó. en pos de: en busca de.

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comprensión lectora
Personajes
1 2 ¿Quiénes son los protagonistas? Indica qué relación existe entre ellos. Explica cómo es el lugar en el que vive Yerusok.

Estructura
3 A Numera estas escenas según el orden en el que suceden. B C

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Copia en tu cuaderno solo las oraciones verdaderas. Faygal era un hombre feliz a pesar de que nunca consiguió fortuna. Faygal tuvo un hijo. El hijo de Faygal siguió su ejemplo y un día se marchó de casa. El hijo de Faygal dijo a su padre que nunca regresaría.

Acción
5 6 ¿Qué hacía Yerusok todos los días desde que se marchó su hijo? Explica por qué. ¿Por qué regresó Faygal a casa de Yerusok? ¿Y Mayarik? Cuenta qué ocurrió al final.

Opinión y valoración
7 8 9 ¿Por qué crees que Yerusok mantenía la esperanza de volver a ver a su hijo? ¿Te parece que es importante cumplir las promesas? Explica por qué. ¿Te gusta estar con tus abuelos? ¿Qué hacéis cuando estáis juntos? Coméntalo con tus compañeros. Faygal y Mayarik comprenden la importancia de cumplir las promesas que han hecho a sus padres. ¿Y tú, sueles cumplir lo que prometes? ¿Te parece importante? Explica por qué.

Creación
10 Imagina que después de un tiempo Mayarik, el nieto de Yerusok, ha tenido un hijo que también se ha marchado para hacer fortuna. Escribe cómo conoce a su bisabuelo Yerusok y a su abuelo Faygal.
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ESCRITOR… CONOCE AL JONATHAN SWIFT A este señor de apariencia seria le gustaba sacar punta a todo lo que sucedía a su alrededor. Jonathan Swift nació en Irlanda hace 300 años y escribió libros que se pueden leer una y otra vez, porque cada vez se descubre algo nuevo. Los viajes de Gulliver es su obra más famosa.

Gulliver en Liliput
El libro que ahora tienes en tus manos mide 29 centímetros de altura. Si lo piensas, tu libro es casi el doble de alto que los liliputienses, los habitantes de la isla donde naufragó Gulliver después de una tormenta en alta mar. ¿Te imaginas qué susto se daría al verse rodeado de esos seres diminutos?

Aunque me propongo dejar la descripción de este imperio para un tratado especial, me agrada, mientras tanto, satisfacer al lector curioso con algunas ideas generales. Puesto que la estatura normal de los liliputienses es algo inferior a los quince centímetros, existe una proporción exacta con los demás animales, así como con las plantas y los árboles. Por ejemplo, los caballos y los bueyes tienen una altura de diez o doce centímetros; las ovejas, cuatro, más o menos; y así las distintas especies, hasta llegar a las más pequeñas, que a mis ojos eran casi invisibles. Los árboles más corpulentos tienen unos dos metros y medio de altura. Las otras plantas guardan la misma proporción; pero esto lo dejo a la imaginación del lector. Diré poco ahora de su cultura, que ha prosperado durante muchos siglos. Pero su forma de escribir es muy extraña: ni de izquierda a derecha, como los europeos, ni de derecha a izquierda, como los árabes, ni de arriba abajo, como los chinos, sino al sesgo, desde una esquina del papel a la otra. Quizá ahora le interese al lector que le cuente mi género de vida en aquel país. Como soy aficionado a la mecánica, y también forzado por la necesidad, me hice una mesa y una silla bastante cómodas con los árboles más grandes del parque real. Se necesitaron doscientas costureras para hacerme camisas y ropa blanca para la cama. Todo ello, del tejido más resistente y basto que pudieron conseguir, pero a pesar de todo tuvieron que coser entre sí varias capas, porque el tejido más grueso era más delgado que el linón. Las costureras me tomaron las medidas tumbado en el suelo, una de pie en el cuello y otra a mitad de la pierna, con una cuerda extendida, que cada una sostenía por un extremo mientras que una tercera medía la longitud de la cuerda con una regla de dos centímetros y medio. Del mismo modo, se necesitaron trescientos sastres para hacerme la vestimenta. Para prepararme las comidas disponía de trescientos cocineros, instalados en pequeñas casetas construidas alrededor de mi casa. Vivían allí con sus familias. Me preparaban dos platos cada uno. Cogía veinte camareros con la mano y los colocaba en la mesa. Otros cien andaban atareados en el suelo, unos con fuentes de comida y otros llevando a hombros barriles. Un plato de aquella comida equivalía a un buen bocado, y un barril, a un trago aceptable. Tres días después de mi llegada, mientras paseaba por la costa noreste de la isla para satisfacer mi curiosidad, observé a unos tres kilómetros mar adentro algo que parecía un bote boca abajo. Lo llevé hasta el puerto, donde se congregó una inmensa multitud, pasmada de ver una nave tan descomunal. Pedí que me consiguieran los materiales necesarios para repararlo.
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Al cabo de un mes, cuando todo estuvo listo, mandé decir a Su Majestad que esperaba sus órdenes y que estaba dispuesto a partir. Aprovisioné el bote con pan y bebida y la carne guisada que pudieron preparar cuatrocientos cocineros. Embarqué también vacas y dos toros vivos y otras tantas ovejas y carneros, con la intención de llevarlos a mi país natal y propagar esas especies. Para alimentarlas a bordo disponía de un buen haz de heno y un saco de maíz. Preparadas todas las cosas lo mejor que pude, me hice a la vela el 24 de septiembre de 1701, a las seis de la mañana. Ese día no divisé nada, pero al siguiente, hacia las tres de la tarde, divisé una vela que se dirigía al sudeste. Grité, sin obtener respuesta, aunque vi que me acercaba a ella, porque el viento había aflojado. Largué toda la vela que pude y me avistaron al cabo de media hora. No es fácil describir la alegría que sentí ante la inesperada posibilidad de volver a ver mi amada patria y los seres queridos que había dejado en ella. El navío arrió velas y me puse a su altura. El corazón me dio un vuelco al ver la bandera inglesa. Metí las vacas y las ovejas en los bolsillos de la casaca y subí a bordo. El navío era un mercante inglés que regresaba del Japón, y su capitán, el señor John Biddel, un hombre muy atento y un excelente mecánico. Me trató con amabilidad y me pidió que le contara dónde había estado últimamente y adónde iba. Se lo conté en pocas palabras, pero creyó que desvariaba y que los peligros que había pasado me debían de haber trastornado la cabeza. Entonces saqué de los bolsillos las vacas y las ovejas. Eso le dejó pasmado y convencido, sin lugar a dudas, de mi veracidad.
JONATHAN SWIFT Los viajes de Gulliver. Ediciones SM

tratado: libro que trata sobre una materia determinada. ha prosperado: ha progresado. linón: tela de hilo ligera y clara, mojada con goma para que sea rígida. congregó: reunió. largué: solté poco a poco. arrió: bajó. mercante: barco grande para el transporte de mercancías y pasajeros. veracidad: coincidencia con la verdad.

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comprensión lectora
Personajes
1 2 ¿Quién cuenta la historia? Explica cómo son los habitantes del país en el que ha estado el protagonista. Según él mismo explica, ¿qué intención tiene al describir su viaje?

Estructura
3 A Indica en qué orden ocurren las siguientes escenas. B C

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Copia los siguientes temas en el orden en que aparecen en el texto. Forma de escribir de los liliputienses. Forma de vida de Gulliver durante su estancia en Liliput. Animales y plantas del país.

Acción
5 ¿Cómo elaboraban los liliputienses la ropa de Gulliver? Explica el modo de tomarle medidas, el tejido que empleaban y las personas que eran necesarias para hacerle la ropa. ¿Qué pensó el capitán del navío cuando Gulliver le contó su historia? Explica qué hizo Gulliver para demostrar que lo que decía era cierto.

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Opinión y valoración
7 8 ¿Te parece que los liliputienses trataron bien a Gulliver? Explica por qué. ¿Crees que Gulliver aprendió algo durante su estancia en Liliput? ¿Qué aprendes tú cuando viajas? Comenta qué crees que aprendió allí y por qué. Explica si, en tu opinión, los viajes son una buena forma de aprender cosas. ¿Te gusta viajar? Comenta cuál fue el último lugar al que viajaste y qué aprendiste allí.

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Creación
10 Imagina que, después de su visita a Liliput, Gulliver viaja a otro lugar en el que sus habitantes caminan cabeza abajo. Escribe cómo llega hasta allí y qué escribiría en su diario de viajes.Puedes empezar así: Al cabo del tiempo, inicié un viaje...
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ESCRITORA… CONOCE A LA PALOMA BORDONS A menudo, los escritores utilizan lo que les sucede en la vida real para escribir, y sus personajes tienen características propias de ellos. No sabemos si la protagonista de esta historia se parece mucho o poco a Paloma, pero hay algo que las une: ambas dejaron España un tiempo para irse a vivir a Bolivia.

El Sol en una bombilla
Si hubieras vivido hace miles de años y te dijeran que al girar una pieza metálica saldría agua, habrías pensado que se trataba de un milagro o de magia. El padre de María está a punto de hacer un “milagro” parecido. ¿De qué se tratará?

Padre no es un adulto corriente. Ni un padre corriente. Supongo que por eso nunca lo he llamado “papá”, como hacen las hijas corrientes con los padres corrientes. Para mí es Padre. O Tijeras, como le llaman sus amigos. Es un tipo muy serio. Para Padre las cosas serias son esas que pronuncia con mayúscula, con la boca grande. Cosas como Paz Mundial, Ecología o Derechos Humanos. Padre es técnico en Energía Solar. Eso entra dentro de la Cosa con Mayúscula “Ecología”, porque dice Padre que del Sol se puede sacar energía sin contaminar ni destruir el entorno. Precisamente la Energía Solar tuvo la culpa de que Padre y yo fuéramos a Bolivia. Su empresa le hizo responsable allí de un proyecto que se llamaba “Electrificación solar en el Altiplano”, o no sé qué gaitas. –¡Pobre Tata Inti! –le decía Guido a Padre–. ¿Qué te ha hecho él para que te empeñes en encerrarlo en una bombilla? –Ya verás –Eliana le seguía la broma–. Un día va a perder la paciencia y va a mandar un rayo para derretirte. Tata Inti, Señor Sol, es el nombre que daban al Sol los pueblos prehispánicos del Altiplano. Lo adoraban como a un dios. También para Padre el Sol era una especie de dios, y la energía solar, el milagro que resolvería casi todos los problemas del mundo, desde la contaminación hasta la pobreza. Por eso estaba tan orgulloso de su proyecto de “electrificación solar del Altiplano”. –La energía solar es baratísima y muy limpia –replicaba–. Gracias a ella, Bolivia ahorrará millones de dólares. ¡Y habrá luz eléctrica en todo el Altiplano! El Altiplano es una cosa tan impresionante que no sabría siquiera decir si es bonito o es feo. Es una llanura inmensa sin nada, y sobre ella, un cielo azul rabioso. En el Altiplano, el tiempo y las distancias parecían estirarse como chicle. Estaba medio amodorrada cuando llegamos a nuestro primer destino: unas cuantas casas de piedra con tejados de paja. Allí debía instalar Padre unos paneles solares. Cuando Padre bajó del coche, la gente se arracimó para saludarle. El panel solar se iba a instalar en la posta sanitaria, el único lugar donde uno podía recibir atención médica en muchos kilómetros a la redonda. El “sanitario” encargado de la posta, una especie de enfermero, estaba inflado de satisfacción. Se frotaba las manos mientras veía con Padre dónde convenía colocar las bombillas y los enchufes que funcionarían gracias al panel solar.
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Me senté a la puerta de la posta a ver cómo los técnicos trabajaban. Estaban clavando en el suelo un poste muy alto. Cerré un momento los ojos. –¡María! Los abrí. El poste estaba ya clavado, y el panel solar, colocado encima. Alguien había adornado la puerta de la posta con guirnaldas de colores. Un montón de gente taponaba la puerta y la ventana, intentando ver lo que pasaba dentro. –¡María! –volvió a exclamar Eliana–. ¿Cuánto tiempo llevas ahí dormida? ¡Ven a ver! Ya ha empezado la ceremonia de inauguración. Eliana y yo nos hicimos un hueco entre la gente. Se había hecho un silencio muy solemne en la sala, y eso quería decir que se acercaba el gran momento. Padre colocó un dedo sobre el interruptor de la luz..., apretó y... ¡bumba!, una explosión infernal me hizo cerrar los ojos. ¡Zas! El bruto de Tijeras había hecho mal la instalación. ¡Vaya papelón! Pero no. Abrí los ojos. La bombilla colocada en el techo iluminaba. La explosión infernal era el ruido de los petardos que los habitantes del pueblo lanzaban en señal de alegría. Ya de noche, el sanitario nos llevó a la cabaña donde íbamos a dormir. Colocamos nuestros sacos de dormir. Padre y Eliana cayeron como fardos. Yo, en cambio, no podía dormir. Descubrí un agujero en el techo por el que aparecía justamente el ojo de una estrella. Pensé que aquella estrella se podría ver en aquel momento en muchas otras partes. ¡Quizá también en España! “¡Siempre estás igual!”, me gruñí. “En España ya estará casi amaneciendo. Además, las estrellas del hemisferio norte no son las mismas que las del hemisferio sur.” Había olvidado ese pequeño detalle. Pero no importaba. En el hemisferio sur también habría ciudades grandes y luminosas como Madrid, en las que ahora mismo se estaría viendo esa estrella. Y tener en común aunque solo fuese una estrella con aquellos sitios tan llenos de gente me hacía sentirme más tranquila. Gracias a aquella idea tan tonta pude al fin dormirme. Me desperté en medio de la noche sin saber por qué. Sentí que “algo” estaba pasando fuera. Tardé un rato larguísimo en atreverme a salir de mi saco y avanzar a tientas hasta la puerta. Salí. En la oscuridad saltaba a la vista el ventanuco de la posta, con su luz encendida. Brillaba de una forma cálida y amable en medio de la noche fría y enorme. Miré el reloj. Las tres de la madrugada. Asomé la nariz por el ventanuco. Allí estaba el sanitario, leyendo un periódico viejo. Y alrededor, sentados en el suelo, un montón de hombres y mujeres sin hacer nada, nada más que mirar con intensidad y fervor el interior iluminado del cuartucho, como si se estuvieran bebiendo a sorbitos la luz con los ojos. Ahora sí que había visto realmente a Tata Inti encerrado en una bombilla.
PALOMA BORDONS La tierra de las papas. Ediciones SM

prehispánicos: anteriores a la llegada de los españoles. amodorrada: casi dormida. se arracimó: se juntó formando un grupo. fardos: paquetes grandes y apretados de ropa u otras cosas. fervor: entusiasmo muy grande.

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comprensión lectora
Personajes
1 2 ¿Quién cuenta la historia? Nombra el país al que viaja con su padre. ¿Cómo llama la protagonista a su padre? Explica por qué. ¿Qué otro apodo tiene el padre?

Estructura
3 Copia en tu cuaderno solo las oraciones verdaderas. El padre de María es técnico en Energía Solar. El padre de María trabaja en la instalación de gasoductos en el Altiplano. María, su padre y el resto del equipo llegan a un hospital. Cuando el padre de María baja del coche la gente sale a saludarlo. Indica en qué orden ocurren estas escenas. B C

4 A

Acción
5 6 ¿Qué cree María que ha pasado después de que su padre accione el interruptor? ¿Por qué lo piensa? Cuenta lo que sucede en realidad. ¿Qué hace María cuando se despierta en medio de la noche? Explica qué ve a través del ventanuco. ¿Qué piensa en ese momento?

Opinión y valoración
7 ¿Por qué crees que María se acordó de España al ver la estrella? ¿Alguna vez has sentido tú nostalgia por algo o por alguien? Cuéntaselo a tus compañeros. El padre de María se preocupa por cosas serias. ¿Qué asuntos son serios o importantes para ti? Haz una lista con cinco de ellos y explica por qué te parecen importantes. Para Padre, la Ecología es una de esas cosas que se escriben con mayúscula. ¿Estás de acuerdo con él? ¿Tú también crees que es importante preocuparse por el entorno y no contaminarlo ni destruirlo?

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Creación
10 Imagina que la protagonista se hace amiga de una de las niñas que viven en el Altiplano. Escribe cómo se conocen las dos niñas y qué opina la niña del Altiplano al ver la luz al salir de la bombilla. ¿Qué crees que le explicará María?
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ESCRITOR… CONOCE AL CARLOS-GUILLERMO DOMÍNGUEZ Carlos-Guillermo nació en un precioso pueblo de Gran Canaria que, si tuviera una “erre” más, daría miedo: Teror. Este canario, que es escritor y periodista, además de escribir libros, ha hecho varios programas de radio y guiones de televisión, y ha escrito en numerosas revistas.

El hombre de otra galaxia
Con un balón puedes practicar diferentes juegos. Pero hay muchos juegos para los que el único material que necesitas es tu imaginación. Javier y Rober organizaron con sus compañeros de clase un juego de este tipo. En principio, no era un juego peligroso. Al fin y al cabo, ¿qué peligro hay en unos enemigos imaginarios? Pero ¿y si se hicieran realidad?

–Oídme, chicos. Rober y yo vamos a formar una patrulla del espacio. Los que quieran pertenecer a ella que lo digan. En un momento aquello se convirtió en algo parecido a un corral de gallinas a la hora de la comida. Un coro de voces entusiasmadas sonó en clase. –Apúntame, Javier. –Y a mí. –Silencio, silencio –reclamó Javier–. Yo seré el gran jefe Astromán, y Rober, el capitán Omega, de la Federación Tierra. A la salida nos reuniremos para que cada uno elija el nombre que quiera ponerse. –El domingo –añadió Roberto con voz de capitán Omega– iremos de excursión y lucharemos contra los hombres de Kron. Al fin llegó el tan esperado domingo. El plan de los muchachos era llegar a una montaña cercana en la que figuraba estar la base de los hombres de Kron que ellos debían conquistar. En una hora larga llegaron a lo alto de la montaña. Descansaron, comieron, se sucedieron las carreras y los gritos. El sol se fue ocultando y las sombras de árboles y picachos se ensancharon y unieron formando una sola. Rápidamente emprendieron el regreso bajo la grisácea luz del atardecer. –¿Alguien tiene una linterna? –preguntó Javier–. Cada vez veo menos. –Yo –respondió un muchacho a la vez que un amarillento rayo de luz brotaba junto a su voz. Todos alrededor de la luz de la linterna siguieron avanzando con lentitud. De pronto, alguien gritó: –¡Cuidado! ¡Esa es la Gran Grieta! El grupo se inmovilizó. Allí, frente a ellos, una enorme grieta se abría. Mientras el tenue brillo de la lámpara trataba vanamente de romper la oscuridad, ocurrió algo increíble. Del fondo de la grieta, como una respuesta al amarillento rayo de luz, empezó a brotar un débil resplandor que fue aumentando de intensidad hasta convertirse en un chorro de claridad. Provenía de la cabeza de un hombre que salía de la grieta. Iba vestido con un traje de caucho en el que brillaban aplicaciones metálicas, y cubría su cabeza con un extraño casco del que brotaba el blanco fulgor. Cuando se dirigió hacia ellos, los chicos no aguantaron más y, dando gritos, se desbandaron en todas direcciones.
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Javier quiso correr, pero al tratar de hacerlo tropezó con una piedra y cayó al suelo. Dio un par de vueltas y se hundió en la grieta. Por unos momentos se sintió caer; su cabeza chocó con algo duro, y sus manos, que se movían desesperadamente, se asieron a un saliente del que quedó agarrado con todas las fuerzas de su miedo. De arriba, le llegaron algunos gritos de sus compañeros que se iban perdiendo en la distancia. Poco después sintió que algunas piedrecillas caían sobre él. Miró a lo alto y vio un foco que cortaba la oscuridad y que lentamente se le iba acercando. Cerró los ojos unos instantes y, cuando volvió a abrirlos, el intenso resplandor le dio de lleno. Luego, sintió el roce de una mano fría y, con un grito, se soltó de su asidero; pero aquella mano lo sujetó fuertemente impidiendo su caída. Durante unos segundos, las dos figuras se balancearon sobre el negro abismo hasta que, con un poderoso esfuerzo, aquel ser lo alzó hasta sus hombros e inició el ascenso. Tras un tiempo que a Javier le pareció larguísimo, llegaron al fin a la boca de la grieta. El extraño ser lo dejó en el suelo y miró a su alrededor. “Sin duda –pensó el chico– busca su astronave.” Luego, la criatura se le acercó; pero Javier ni oyó ni vio nada más, pues se había desmayado. Al abrir los ojos nuevamente, se dio cuenta de que estaba tendido sobre algo blando y de que lo rodeaba la mayor oscuridad. Trató de moverse, pero sintió que algo lo sujetaba por el pecho. Poco a poco hizo memoria de todo lo ocurrido y se preguntó cómo aquel ser extraño que lo había salvado con riesgo de su vida lo tenía ahora allí amarrado. Luego, algo suave y tibio acarició sus mejillas. Un familiar perfume lo envolvió y no le fue posible reprimir una palabra: –Mamá. –Tranquilo, Javier, ya ha pasado todo. Sonó un “clic” y una agradable luz le permitió ver a su madre junto a él. –Desátame, mamá. Y vámonos de aquí. –Tranquilízate. No estás atado, son las vendas. Voy a llamar a tu padre. –¿También os han cogido a los dos? Vete a buscarlo. Nos escaparemos de la astronave. –No te entiendo, Javier; esto no es una astronave, es la clínica del doctor Méndez. En ese instante, hizo su entrada en el cuarto el doctor. –La imaginación de los chicos no tiene límites –sentenció el médico.
CARLOS-GUILLERMO DOMÍNGUEZ El hombre de otra galaxia. Ediciones SM

emprendieron: iniciaron. tenue: débil. caucho: material elástico e impermeable. fulgor: brillo muy intenso. abismo: lugar muy profundo y con mucho peligro. sentenció: aseguró.

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comprensión lectora
Personajes
1 2 ¿Quién es el protagonista del texto? ¿Cómo se llama su amigo? ¿Qué otros personajes intervienen en la historia? Un grupo de niños, la madre de Javier y el doctor. Un grupo de niños, un hombre y la madre de Javier. Un grupo de niños, un hombre, la madre de Javier y el doctor.

Estructura
3 A B Indica en qué orden ocurren estas escenas. C

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Explica lo que sucede cuando los niños llegan a la Gran Grieta, completando estas afirmaciones en tu cuaderno. • Al fondo de la grieta observan • Javier tropieza y • Cuando el hombre se acerca, • Al final, Javier nota que

Acción
5 6 ¿Qué juego se inventan Javier y Roberto? Explica cuándo y dónde tienen planeado jugar. ¿En qué lugar cree Javier que se despierta? ¿Dónde está en realidad?

Opinión y valoración
7 ¿Por qué crees que los niños sienten miedo del hombre que sale de la Gran Grieta? ¿Crees que es realmente un hombre del espacio? Coméntalo con tus compañeros. ¿Por qué crees que lo desconocido suele producir miedo? Cuenta alguna situación en la que hayas pasado miedo. ¿Qué sucedió al final? Lee lo que dice el doctor Méndez y explica si estás de acuerdo con él o no y por qué.
La imaginación de los chicos no tiene límites.

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Creación
10 Imagina que la criatura de la gruta decide visitar a Javier a la clínica para ver qué tal se encuentra. Explica cómo crees que reaccionaría la gente. Puedes empezar así: Al día siguiente, Javier recibió una visita de lo más especial…

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ESCRITOR… CONOCE AL NACHO DOCAVO ALBERTI El gusto de Nacho por escribir viene de familia: su tío abuelo fue el famoso poeta Rafael Alberti, y a Nacho desde que era pequeño le ha gustado escribir. Y también viajar. Ha recorrido África, América, Asia y Europa, y ha escrito sobre casi todos los países donde ha estado.

Piel de camaleón
Los camaleones son unos animales que se camuflan en su entorno. Si están posados sobre una rama marrón, se vuelven marrones. Si están entre hojas verdes, su piel adquiere esa misma tonalidad. En definitiva, son prácticamente invisibles. Pero no solo los camaleones son capaces de hacer esto. También lo son algunas personas. ¿No te lo crees? Lee esta historia y cambiarás de opinión.

Aquel mediodía hacía muy bueno y aunque, por lo general, a esa hora y con el sol de finales de mayo, siempre había mucho trasiego de hombres, trastos y animales, cuando salieron de clase, no se movía ni un alma. A Nico le entraron las prisas: –Yo me voy corriendo que ya están todos allí –y apretó la zancada hacia la carpa. Nico tenía quince años y era de madre y padre trapecistas. Formaban los mundialmente conocidos, señoras y señores, Ángeles del Trapecio. En la pista central, Mister Carl, el director, pasaba el brazo por encima del hombro de un anciano caballero. Nico se colocó detrás del grupo de montadores, y escuchó con atención. A su alrededor, los integrantes de aquel mundo construido para crear fantasía escuchaban en silencio las palabras del jefe. –... quiero presentaros a un nuevo integrante de nuestra troupe, el único mago que en vez de desaparecer, aparece... Tal y como lo oís: ahora no está. Ahora está. El Gran Naurim. Y sin más, paso la palabra a nuestro nuevo invitado. Naurim se llevó el micro a la boca. Su voz sonó profunda y rota, pero su acento extranjero y un cierto tono poético la hacían muy atrayente. –Michas grasias. Las semanas que siguieron al estreno de Naurim estuvieron llenas de emociones y sorpresas. Casi todas las noches, después de la actuación, cenaban juntos en la roulotte y ambos hablaban de experiencias e inquietudes. Así, Nico se decidió a hacerle una pregunta. –Naurim, cuando dejes de hacer tus trucos, ¿habrá alguien capaz de hacerlos? –Eres la única persona qui conozco y tindré que confiar en ti. ¿Estás dispuesto a mantener un secreto? –Claro –se apresuró a contestar el chico. –Ahora tindré que darte una pequeña lección de historia. A finales del siglo XIV, il imperio otomano, los antepasados de los turcos, estaba in plena expansión, y los sultanes del imperio gustaban de rodearse de todo aquello que istuviese en relación con la sabiduría. Uno di aquellos científicos, Al-Tahim, era un estudioso de las propiedades de la luz. De hecho, era discípulo de Al-Hazem, a quien si considera el fundadora de la óptica y autor de los primeros estudios sobre objetos, como la lupa, los micanismos del ojo y, por supuesto, los cristales. Al-Tahim también fue el precursor de uno de los objetos más importantes que haya inventado la humanidad: las gafas. Pero

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Al-Tahim, adimás, tenía una ispecial curiosidad por los camaleones. Se sabe que lligó a reunir más de tres mil ejemplares, ¿mi sigues? –Te sigo. –OK. A la muerte de Al-Tahim, su legado se archivó en la Biblioteca del Sultán, donde cayó en el olvido. Sin embargo, a mediados del siglo xv, un tal general Mansur, tuvo noticias de los estudios de Al-Tahim acirca de la composición de la luz y de cómo ella si comporta sobre la piel de los camaleones. Y tuvo una idea. Tal vez los ópticos de la corte podrían sir capaces de crear un tejido que, gracias a su capacidad de virar de color con la luz, hiciese minos visibles a sus hombres. En una palabra: camuflaje. Mansur se intusiasmó con la idea, nombró a un iquipo de alquimistas y los instaló en un palacio para que trabajasen en ello... Nico trataba de archivar aquella avalancha de datos mientras seguía escuchando. –Sin embargo, a la muerte de Mansur, aquel grupo de investigadores cayó en el olvido. Pero no por illo diejaron de trabajar, bien al contrario, aquello lis benefició pues, como ya nadie si acordaba de su existencia, pudieron disfrutar de total libertad para proseguir con sus experimentos con la luz, los colores y los camaleones. Y así, a finales del siglo xv, los cinco últimos supervivientes de un iequipo original formado por treinta personas fundaron la Orden del Camaleón. –¡Qué demasiado! –dijo Nico imaginándose todo aquello. –Generaciones más tarde, en el año 1750, el Gran Jerarca de la Orden, Ratsman, dejó constancia en sus iscritos de que habían logrado fabricare un tejido similar a la piel del camaleón, un tejido capache de atrapar las partículas de luz en cientos de millones de bastoncitos ultriasensibles, procesarlas y transformarlas hasta conseguir los mismos tonos que su entorno. Disde entonces, la persona que si ocupaba de proteger ese objeto fue conocido entre los iniciados como el Portador de la Piel... ¿Ti puedes imaginar ahora el poder de un objeto que te convierte en un ser casi invisible? Ratsman y sus allegados fueron conscientes de ello y dicidieron que, en vez de hacer público su descubrimiento, lo mantindrían en secreto. Naurim bebió un trago de agua mirando fijamente a los ojos de Nico, quien sentado enfrente pensaba más allá de lo que estaba escuchando. Y es que una pregunta vital rondaba por su cabeza. –Y esa piel, ¿todavía existe? –Claro –contestó Naurim–. Is esta.
NACHO DOCAVO ALBERTI Camaleón. Ediciones SM

trasiego: movimiento. troupe: compañía. atrayente: atractiva. expansión: desarrollo. precursor: iniciador. alquimistas: personas que realizaban experimentos sobre las transformaciones de la materia. avalancha: gran cantidad. allegados: personas de confianza.

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comprensión lectora
Personajes
1 2 ¿Quiénes son los protagonistas? ¿Qué relación existe entre ellos? Explica dónde viven y a qué se dedica cada uno.

Estructura
3 Di el nombre de estos personajes y explica el papel que desempeña cada uno en la historia que el Gran Naurim le cuenta a Nico. B C

A

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Copia en orden los siguientes acontecimientos de la historia que cuenta Naurim. Los últimos cinco investigadores fundan la Orden del Camaleón. Tras la muerte de Mansur, el equipo de investigadores sigue trabajando. Desde entonces la persona que protege el tejido se llama el Portador de la Piel. En 1750, el Gran Jerarca de la Orden escribe que habían conseguido elaborar un tejido similar a la piel del camaleón.

Acción
5 6 ¿Adónde se dirige Nico el día que conoce al Gran Naurim? Explica por qué no encuentra a nadie cuando sale de clase. ¿Cómo benefició al grupo de investigadores la muerte de Mansur?

Opinión y valoración
7 8 9 ¿Te parece una buena idea que la existencia de la piel se mantenga en secreto? ¿Por qué crees que puede otorgar poder a quien la posea? ¿Te parece importante saber guardar un secreto? ¿Crees que eres una persona a la que se le puede contar un secreto? Explica por qué. Haz una lista de otras cosas sobre las que crees que la Orden del Camaleón podría estudiar en relación a la piel y sus propiedades.

Creación
10 Imagina que, como premio por su lealtad y por guardarle el secreto, Naurim le deja a Nico la piel durante un día. ¿Qué crees que hará? Puedes empezar así: El Gran Naurim tomó la piel entre sus manos…
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ESCRITOR… CONOCE AL BO CARPELAN Nació en 1926 en la fría ciudad de Helsinki, en Finlandia. Por eso, no es de extrañar que en sus poemas y en historias como esta aparezca la nieve. Tampoco resulta raro que en su ciudad ideal sea fundamental que haya una biblioteca, porque Bo fue director de la biblioteca municipal de Helsinki durante muchos años.

La ciudad ideal
¿Cómo imaginas tú la ciudad ideal? Cuando uno se imagina la ciudad ideal la ve con pocos coches, con flores y árboles, con casas grandes y espaciosas... Hay diferentes maneras de describir la ciudad ideal. Julius prefería hacerlo con palabras mejor que con dibujos. ¿Y tú?

Julius Blom tiene once años y vive en un piso de la calle de la Libélula, en Moondale, Finlandia. Julius está en clase dibujando “la ciudad ideal”. Aquí hay una casita, toda encorvada. Por la esquina superior de la izquierda se extiende una carretera, como una culebra que se hubiera comido muchos ratones, hasta llegar al centro, en donde hay una iglesia terriblemente alta y estrecha, con puntiagudas y ladeadas torres, rodeada de edificios y de una casa muy grande, un auténtico rascacielos. Julius examina la ciudad. ¿Cómo va a ser esa la ciudad “ideal”? ¡Si es horrible! No es ni siquiera una ciudad. Él se limitó a dejar que su pluma hiciese lo que quisiese. El rascacielos le recuerda los edificios del centro de Moondale, la casita podría ser la de Ralf después de una terrible tempestad y la iglesia podría ser la casa de la abuela en Åbo. Y eso blanco podrían ser montones de nieve que habrían enterrado la ciudad bajo un espeso y blanco edredón. Mejor así, si el resto es tan feo como lo que asoma de la nieve. ¿Soñar una ciudad? Julius cierra los ojos, aprieta los párpados y después vuelve a abrirlos. Veinticinco cabezas se inclinan sobre veinticinco blancos blocs de dibujo y Karin, junto a la ventana, contempla el día gris y ventoso. Julius escribe en el centro de su ciudad: “Árboles. Palacio. Muchísimas flores. Casitas con jardines. Ríos con puentes. Más parques y árboles verdes”. Reflexiona por un momento y luego añade: “Personas simpáticas. Biblioteca”. Piensa de nuevo, arranca luego la hoja y comienza a escribir en la siguiente: “Mi ciudad está llena de bellos árboles verdes. Mi ciudad canta. Un río corre por el centro. Hay flores alrededor de las casas y todas las personas tienen casas propias, con galerías en las que sentarse y desde las que contemplar el cielo. Mi ciudad tiene cielo y estrellas. Hay un viejo palacio con un viejo rey dentro y todo el mundo es simpático. En la biblioteca, que está en el centro de la ciudad, hay muchísimos libros, y música y cuadros. Hay también un barco que se llama El Águila y navega muy lejos por el mar.” La cara de Julius ha enrojecido por el esfuerzo y le arden las orejas. “Siempre es verano en mi ciudad”, añade. No es un buen dibujo, pero puede ver su ciudad. Puede oler el aroma de las lilas, oír el suave murmullo del río en las tardes frías cuando se encienden los faroles de las orillas y se ilumina el viejo palacio con luces en todas las

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ventanas, y cuando los grandes y viejos árboles gruñen y cuchichean quedamente. Todo es verde y amable y también las voces son amables. –¡Julius! ¡Despierta! Karin se halla junto a él y lo agita suavemente por un hombro. Le sonríe. No puede llamarla más que Karin. Ni profesora, ni señorita; sencillamente, Karin. ¿Lo entenderá? Julius se lo explica: –No puedo dibujar. Mira, ha caído tanta nieve que no se ve la ciudad. Solo resulta visible la parte más fea. Pero he escrito cómo se verá más tarde, cuando llegue el verano. Julius mira desesperanzado a Karin. –Es un dibujo lo que he escrito, ¿vale así? Karin lee lentamente la descripción que ha hecho Julius y luego vuelve los ojos hacia él. –Está muy bien. Es como si la vieras. No todo el mundo puede dibujar bien, pero todos tienen imágenes. Y esta es una muy bella. Sin embargo, no estaría mal que intentaras dibujar también la ciudad en verano. Puedes intentarlo en casa, cuando tengas más tiempo. La ciudad en verano. Puedes emplear mucho verde, muchísimo verde. ¿Quieres probar? Julius asiente. Está un poco distraído porque sigue viendo ante él la ciudad verde. No ve los rascacielos de Moondale, los escasos arbolitos, las aceras y los bloques de casas. Ve árboles grandes, oye el murmullo del río y siente el calor del sol. Camina sin darse cuenta. De repente se encuentra frente a la puerta del edificio en donde vive. Se le antoja extraño. ¿Vive realmente aquí? Julius se halla completamente solo, sumido en sus pensamientos, en sus imágenes, en su ciudad del verano. A su alrededor sopla marzo, gris y crudo. Parece tener su propio cálido sol bajo su plumífero. Se queda escuchando: ¡sí, allí está! El sereno y lento murmullo del río. No importa que sea el estruendo del tráfico en la carretera de circunvalación, porque para Julius se trata del río que corre a través de su ciudad ideal. Y eso es lo que importa y lo que vale. Abre la puerta de su casa y desaparece dentro. Moondale queda atrás, solo.
BO CARPELAN Julius Blom. Ediciones SM
galerías: corredores que dan luz a las habitaciones interiores. quedamente: en voz baja. sumido: concentrado. carretera de circunvalación: vía que rodea una población, a la que se puede acceder por distintas entradas.

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comprensión lectora
Personajes
1 2 ¿Cómo se llama el protagonista? ¿Cuántos años tiene? Nombra la población en la que vive. ¿Quién es Karin? Explica cómo es su forma de ser, eligiendo los adjetivos adecuados. nerviosa comprensiva cariñosa estricta malhumorada tranquila

Estructura
3 Copia en orden lo que le sucede a Julius. Piensa de nuevo, arranca la hoja y comienza a escribir un texto. Cierra los ojos y se imagina su ciudad ideal. A Julius no le gusta su dibujo de la ciudad ideal. Abre los ojos y escribe en el centro del dibujo algunas palabras. Indica en tu cuaderno el orden en el que ocurren estas escenas. C

4 A B

Acción
5 6 ¿Qué están haciendo los compañeros de Julius cuando él abre los ojos? Cuenta qué hace Karin en ese mismo momento. ¿Qué opina Karin del trabajo de Julius sobre la ciudad ideal? Explica qué le propone hacer en casa.

Opinión y valoración
7 8 ¿Por qué crees que a Julius no le gusta su primer dibujo? ¿Crees que le gusta vivir en Moondale? ¿Estás de acuerdo con Julius sobre su concepto de la ciudad ideal? ¿En qué cosas se parece tu ciudad ideal a la suya? Explica cómo sería para ti una ciudad ideal y coméntalo con tus compañeros.

Creación
9 Imagina que, al llegar a casa, Julius se va a su habitación y “dibuja” con palabras el paisaje que ve a través de la ventana. Puedes empezar así: Frío. Nieve... Después, puedes completar tu descripción con un dibujo hecho con imágenes, en lugar de con palabras.
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ESCRITOR… CONOCE AL JOSÉ ANTONIO DEL CAÑIZO José Antonio es ingeniero agrónomo y especialista en jardines, además de escritor. Y disfruta viviendo entre árboles y plantas tanto como el pájaro que aparece en esta historia.

Con la cabeza a pájaros
¿Dónde está tu imaginación? ¿La tienes encerrada o la dejas volar, libre como un pájaro? Si dejas volar tu imaginación, podrás viajar por todo el mundo, hacer realidad tus sueños. ¿No te lo crees? Lee la historia del abuelo de Trompo y Julia y comprobarás que es cierto.

–¡Vamos a divertirnos! –canturreaba Julia. –¡Vamos con el abuelo! –gritaba Trompo. Los dos hermanos dieron la vuelta a la esquina a toda velocidad. Julia llamó al timbre. –Pasad, pasad, vuestro abuelo está en el salón. –Hola, hola –saludó Julia–. Les he estado contando cosas tuyas a Mari Paz y Valentín y ¿sabes lo que me han dicho? Que tienes mucha imaginación. Trompo le preguntó: –Oye, ¿y cuando tenías nuestra edad, ya eras así? ¿O solo desde que eres abuelo? Él rió con ganas. Pero luego se quedó pensativo y contestó: –Desde que solté a Marco Polo. El abuelo parecía sumergido en sus recuerdos. Los dos niños aguardaban impacientes. Seguro que les iba a contar algo. ¿Quién sería ese Marco Polo? El anciano sacudió la cabeza, como despertando de un ensueño, y empezó a narrarles aquella historia. Yo era entonces un estudiante la mar de gris. Aquella buhardilla del barrio antiguo era sosa y tristona. ¿Cómo podría yo hacerla más alegre?, pensé. En cuanto vi aquel pájaro, no lo dudé un instante: él alegraría mi piso, me acompañaría y sería mi amigo. El pájaro voló a posarse en mi índice. No cambié la postura del dedo mientras caminaba por las calles y subía de tres en tres los escalones. Todo el rato lo iba mirando y sonriéndole. Lo llamé Marco Polo. Desde aquel momento, me sentí más acompañado y más alegre. Me dediqué a observar al pájaro. Lo miraba a todas horas. Y así me di cuenta de que durante la tarde cantaba; pero a lo largo de la mañana siempre estaba triste. Días después comenzó a sentirse inquieto. Piaba con impaciencia. Y me miraba como pidiéndome algo. Marco Polo me estaba pidiendo la libertad. Aquella noche no pude dormir. En cuanto amaneció, salí al balcón. Sentía un peso dentro del pecho. Marco Polo se asomó, me miró, pareció dudar un momento y echó a volar. Describió unos círculos sobre la buhardilla, pió una despedida y se alejó como una flecha.

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Entonces no podía imaginarme el regalo que me iba a hacer a cambio. No noté los primeros síntomas hasta que pasaron unas semanas. Aquella mañana me desperté y me quedé remoloneando en la cama. ¿Dónde estará? ¿Sobre qué tierras, qué mares estará volando?, me preguntaba. Me alegraba por él. Lo recordaba ya serenamente, sonriendo al imaginarlo volando, libre, feliz. Me sentía tan libre como él. Era una sensación mágica. Me dejé llevar. ¡Y entonces vi Samarkanda! ¡Siempre había soñado con ver Samarkanda! Era uno de los nombres de ciudades que más magia encerraba para mí. ¡Y yo la estaba viendo con mis propios ojos! Volé sobre ella y vi alzarse el sol, que hacía relucir las cúpulas doradas y violetas. Me sentí volar majestuosamente, en círculos, sobre el despertar de las calles. No lo veía como en el cine, sino que yo estaba allí. Volaba sobre todo aquello y sentía la luz, la brisa, la belleza... Yo lo veía todo a través de los ojos de Marco Polo. A vista de pájaro. Él volaba por el mundo y yo, cerrando los ojos, podía ver a través de las pupilas de aquel pajarillo misterioso al que había regalado la libertad. Y, a lo largo de los días, yo cerraba los ojos y veía barcos, montes y ciudades, mares y rascacielos... Vi picos nevados, lagunas, catedrales, selvas, y muchedumbres bulliciosas que llenaban callejuelas y zocos... Y ciudades, murallas, ríos e islas, nubes vistas desde arriba... Mi día se dividió, desde entonces, en muchas horas grises y unos momentos luminosos. Unos momentos en los que tenía la cabeza... ¡a pájaros! El abuelo acabó su historia. Atardecía y no habían encendido la luz. El abuelo, en su sillón de mimbre, estaba como adormilado. Trompo iba a lanzarse a preguntarle cosas, pero su hermana le hizo un gesto de silencio con el dedo. Le cogió de la mano y tiró de él. Salieron sin hacer ruido. Corría una brisilla agradable. Trompo abrió los brazos como si fuesen alas y echó a correr por las aceras. –¡Soy el pájaro Marco Polo! –gritaba. Su hermana corría tras él. Cuando subían al galope las escaleras, Trompo le propuso: –¿Quieres que probemos a ver si nosotros también vemos Samarkanda? Y, desde aquel día, de cuando en cuando, Trompo y Julia se metían en su cuarto. Y allí, en la penumbra, cerraban los ojos y echaban a volar por todo el mundo. ¡Tenían la cabeza a pájaros!
JOSÉ ANTONIO DEL CAÑIZO Con la cabeza a pájaros. Ediciones SM
Samarkanda: ciudad del Asia Central. cúpulas: construcciones en forma de media esfera que cubren algunos edificios. bulliciosas: ruidosas. zocos: mercados típicos de algunos países del norte de África. penumbra: oscuridad.

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comprensión lectora
Personajes
1 2 ¿Qué relación existe entre los tres protagonistas de la historia? ¿Qué nombre le pone el abuelo al pájaro? ¿Qué personaje histórico se llamaba así? Un emperador chino. Un famoso viajero. Un cantante.

Estructura
3 A Indica en qué orden ocurren estas escenas. B C

4

Copia en orden la historia que cuenta el abuelo. El abuelo llevó el pájaro a su casa. Cuando el abuelo era estudiante vivía en una buhardilla tristona. El abuelo dejó al pájaro en libertad. El abuelo vio un pájaro y pensó que alegraría su casa. El abuelo se dio cuenta de que el pájaro le pedía la libertad.

Acción
5 6 ¿Cómo consigue el abuelo ver Samarkanda? ¿Qué les gusta hacer a Julia y a Trompo desde que conocen la historia de Marco Polo?

Opinión y valoración
7 8 ¿Qué significa la expresión tener la cabeza a pájaros? ¿Te parece que el abuelo tiene mucha imaginación? Explica por qué. ¿Crees que se puede viajar sin moverse del asiento? ¿Alguna vez has vivido las aventuras de tus personajes favoritos? Coméntalo con tus compañeros. A Julia y a Trompo les encanta escuchar las historias que les cuenta el abuelo. ¿Y a ti? ¿Te gusta compartir el tiempo con tus abuelos? ¿Qué historias te suelen contar?

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Creación
10 Imagina que un día, mientras están en su habitación, Trompo y Julia reciben la visita de Marco Polo. Escribe qué pasará. ¿Crees que les mostrará Samarkanda?

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ESCRITOR… CONOCE AL PAOLO LANZOTTI A Paolo, de joven, le gustaba leer y escribir historias de ciencia ficción, relatos que sucedían en el futuro. Más tarde, escribió historias como esta que sucede en el pasado. Además de escritor, Paolo es profesor y entre clase y clase devora libros de todo tipo. Por eso dice que es un lector “omnívoro”.

La magia de las palabras
Casi todo el mundo ha oído hablar del Antiguo Egipto, de los griegos o de los romanos. Pero ¿has oído hablar de los sumerios? El protagonista de esta historia era uno de ellos. Un día conoció un arte maravilloso sin el que no podrías leer este libro ni ningún otro. ¿Sabes de qué se trata?

Por fin estaban en la ciudad. Siguiendo a la multitud, tío Ebil, Jasma y Kengi llegaron al barrio de los herreros. –Jasma, yo me voy un momento –dijo Kengi en voz baja. Ya libre, corrió lo más rápido que pudo. No fue un largo trayecto. El templo estaba completamente cercado por un alto muro de piedra. Kengi llegó a la puerta trasera, y echó una mirada hacia el amplio patio que se veía a través de la puerta. Era la escuela de Ur: “La casa de las Tablillas”. Kengi había descubierto la magia de la escritura tres años antes, una mañana de junio. Aquel día, un funcionario encargado de cobrar los impuestos había llegado a la aldea. El hombre hacía un recorrido familia por familia, recogiendo el grano. Cuando se paró delante de su casa, tras hablar con su tío, se puso a trazar algunos signos misteriosos en una tablilla de arcilla, usando para ello un punzón afilado. Aquel gesto despertó la curiosidad de Kengi, que, sin pensárselo dos veces, empezó a seguir al recaudador. Finalmente, el hombre se dio cuenta de ello. –¿Por qué me estás siguiendo? –le preguntó irritado. Tartamudeando un poco, le preguntó qué eran aquellos signos que diseñaba en la arcilla y para qué servían. El joven escriba le contestó que los signos trazados en la arcilla se llamaban escritura, y que la escritura servía para no olvidar las cosas. –En los signos del alfabeto está el nombre de todas las cosas –concluyó con orgullo–; nada puede escapar a la memoria de las tablillas. Después, le enseñó los “pequeños clavos”, que significaban río, grano y aldea. Había pronunciado en voz alta el conjunto de los signos que formaban la palabra Ebil –el nombre de su tío–. Y había añadido que la raya escrita al lado del nombre quería decir: hoy el campesino Ebil ha pagado cincuenta medidas de cebada para los almacenes del rey. Kengi había seguido aquellas explicaciones con la boca abierta. Lo que le contaba el joven escriba iba mucho más allá de su imaginación. Que en los signos trazados en la arcilla estuviera el nombre de todas las cosas y que estos nombres pudieran hacerse visibles con un simple punzón era una idea que le dejaba sin respiración. Las tablillas de arcilla eran como una voz que hablaba a los ojos en lugar de a las orejas. Un murmullo sin palabras que contenía todas las palabras del mundo. El funcionario le había explicado que el arte de la escritura se aprendía frecuentando la escuela: la Casa de las Tablillas, en Ur. Aprender a escribir no era fácil.
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Era necesario trabajar duramente años y años, bajo la dirección severa de maestros. Los caracteres del alfabeto eran más de quinientos. Los estudiantes debían copiarlos miles de veces, hasta que aprendían a trazarlos en la arcilla con seguridad y a pronunciarlos en voz alta sin errores. Kengi preguntó cómo se hacía para convertirse en estudiante. Entonces el cobrador de impuestos se echó a reír. Estudiar era muy costoso, le respondió. Los estudiantes –si no venían de una familia de escribas– eran todos hijos de sacerdotes, de funcionarios estatales o de ricos comerciantes. Un campesino no sería nunca aceptado en aquel restringido grupo de afortunados. Oyendo las palabras del escriba, Kengi sintió un nudo en su corazón. Habían pasado ya tres años desde el día en que, por casualidad, conoció la magia de la escritura. Tres años no habían bastado para hacerle aceptar resignado su propio destino. No era justo que él no pudiera aprender la magia de la escritura. Aquella mañana de mayo, observando a los chicos que descansaban en el patio antes de reemprender las lecciones, Kengi se lo repitió por enésima vez: todos deberían estar en disposición de realizar sus propios sueños. Después, de golpe, se dio cuenta de que el tiempo había corrido rápidamente. Volvió hacia atrás. Tío Ebil y su primo le estaban esperando impacientes. En cuanto estuvieron en la aldea, se dieron cuenta de que había sucedido algo. –Ha llegado un funcionario del rey –explicó tía Ninkilisu–. Está ahí dentro esperando. Ha dicho que quiere hablar con Kengi. Cuando tío Ebil entró con paso decidido, el funcionario del rey se puso en pie. Kengi se encontró de golpe ante su mirada inquisitiva. –Tú sabes quién soy, ¿verdad? Hace unos cuantos días me salvaste la vida. ¿Qué puedo hacer para pagar mi deuda, Kengi? Dime con toda libertad lo que deseas. Kengi retuvo la respiración. ¡Oh, sí, había algo que deseaba! Su sueño secreto. Hasta aquel momento había pensado que aquel sería siempre su sueño imposible. –Yo… yo querría entrar en la Casa de las Tablillas y llegar a ser escriba –logró murmurar finalmente. –Has expresado un extraño deseo. En verdad no me lo esperaba. He prometido darte lo que quieras y mantendré mi palabra.
PAOLO LANZOTTI Kengi y la magia de las palabras. Ediciones SM
funcionario: hombre que trabaja para el Estado. recaudador: persona encargada de cobrar dinero. escriba: persona que se dedicaba a escribir a mano. estatales: del Estado. restringido: reducido. inquisitiva: llena de curiosidad.

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comprensión lectora
Personajes
1 2 ¿Cómo se llama el protagonista? Explica cuál es su mayor deseo. ¿Con quién viaja el protagonista a la ciudad de Ur? Nombra el lugar que visita allí.

Estructura
3 A Indica en qué orden ocurren estas escenas. B C

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Ordena cronológicamente lo que le sucede a Kengi. Kengi regresa a su aldea y el funcionario le está esperando. Kengi visita con su familia la ciudad de Ur. Kengi consigue que su deseo se haga realidad. Kengi salva la vida a un funcionario del rey.

Acción
5 6 ¿En qué consiste el trabajo del recaudador? Nombra los instrumentos que utiliza. ¿Por qué no podía Kengi asistir a la escuela de escritura? Explica cómo consigue al final convertirse en alumno de la Casa de las Tablillas.

Opinión y valoración
7 8 ¿Te parece bien que Kengi no pueda aprender lo que le gusta? Coméntalo con tus compañeros. Kengi consigue por fin hacer realidad su mayor deseo. ¿Y tú? ¿Cuál es tu mayor deseo? ¿Crees que algún día se hará realidad? Explica qué podrías hacer tú para lograr que tu deseo se convierta en realidad. ¿Se parece la forma de escribir que va a aprender Kengi a la tuya? Explica en qué se parece y en qué es diferente.

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Creación
10 Imagina qué sucedió el primer día que Kengi llegó a la Casa de las Tablillas. ¿Cómo crees que se sentía? ¿Qué crees que hizo? Imagina que tú también eres un alumno de la Casa de las Tablillas y que acabas de conocer allí a Kengi. ¿Qué haríais los dos juntos? ¿Qué le contarías?
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ESCRITOR… CONOCE AL PETER BICHSEL A Peter le encanta leer y conocer otros mundos. Por eso, viajó desde su Suiza natal hasta América y vivió allí casi diez años. ¿O quizá, como cuenta en este texto, estuvo escondido todo ese tiempo? Todo depende de si crees que América existe o no.

América no existe
El descubrimiento de América ha dado pie a muchas novelas y cuentos, pero ninguno tan fantástico como este, que duda de la propia existencia de América. ¿Y tú qué crees? ¿Existirá realmente América?

Tengo la historia de un hombre que cuenta historias. Le he dicho repetidas veces que no creo su historia. –Miente usted –le dije una vez–, dice usted trolas, fantasías, embustes. Eso no le impresionó. Siguió contando su historia con calma y dijo: –América no existe. Para consolarle, le prometí escribir su historia. Comienza hace quinientos años en la corte de un rey, el rey de España. Un palacio, seda y terciopelo, barbas, coronas, velas, servidores y doncellas. En las torres, los guardias tocaban fanfarrias. Los reyes tienen bufones. Estos pueden hacer lo que quieran y decir lo que quieran a fin de provocar la risa del rey. Por la mañana el rey se encontró solo y gritó a sus servidores: –¡Traedme gente! Los servidores buscaron por toda la ciudad. Por fin, dieron con un muchacho y lo llevaron a presencia del rey. Era un muchacho pequeño, pálido y tímido. –¿Cómo te llamas? –dijo el rey. –Me llamo Colón, pero mi madre me llama Colombino. –Acompáñame –ordenó el rey a Colombino. Y todos creyeron –sirvientes y doncellas y duques– que Colombino era el nuevo bufón de la corte. Cuando el rey le preguntó: “Colombino, ¿qué quieres ser?”, Colombino respondió: –¿Y qué se puede ser? Entonces explicó el rey: –Aquel hombre con barba y de rostro moreno y curtido es navegante. Quiso ser navegante y navegante es, y surca los mares y descubre tierras para su rey. –Si lo deseáis, majestad –dijo Colombino–, seré navegante. Y toda la corte rompió a reír. Y Colombino se marchó corriendo, se alejó del salón y gritó: –¡Descubriré una tierra, descubriré una tierra! Colombino salió corriendo de palacio y llegó hasta el campo. Llegó al bosque, y estuvo escondido entre los arbustos durante semanas, y durante semanas nadie oyó nada de Colombino, y el rey se entristeció y se reprochó su desaparición, y los cortesanos se avergonzaron de haberse burlado de Colombino.
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De modo que todos se alegraron cuando, semanas después, la guardia de la torre hizo sonar las fanfarrias y Colombino se presentó ante el rey y dijo: –¡Majestad, Colombino ha descubierto una tierra! Todavía no tiene nombre porque acabo de descubrirla; está muy lejos, mar adentro –informó Colombino. Entonces se levantó el navegante de la barba y dijo: –Yo, Américo Vespucio, iré a buscar esa tierra. Dime dónde está. –Id por el mar y continuad siempre derecho hasta dar con la tierra, sin desesperar jamás –dijo Colombino con un terrible miedo, pues era un mentiroso y sabía que no existía esa tierra, y ya no pudo dormir más. Pero Américo Vespucio partió en su busca. Nadie sabe adónde se dirigió. Tal vez también él se escondió en el bosque. Al cabo, sonaron las fanfarrias y Américo regresó. Colombino se puso colorado y no se atrevió a mirar al gran navegante. Vespucio se presentó ante el rey, guiñó un ojo a Colombino y habló claramente: –Majestad –dijo–. Majestad, esa tierra existe. Colombino se puso tan contento de que Vespucio no le hubiera traicionado, que corrió hacia él, lo abrazó y gritó: –¡Américo, mi querido Américo! Y la gente creyó que ese era el nombre de la tierra, y llamaron América a la tierra que no existe. –Ya eres un hombre –le dijo el rey a Colombino–; de ahora en adelante, te llamaremos Colón. Y Colón fue célebre, y todos le miraban con admiración y susurraban: –Ese ha descubierto América. Y todos creyeron que América existía. El único que no estaba seguro era Colón, que toda su vida lo dudó. Pronto fueron otros a América, y poco después otros muchos. –Yo –dijo el hombre que me contó la historia– no he estado jamás en América. No sé si América existe. Tal vez a quienes quieren ir a América por avión o por mar se les cuenta la historia de Colombino y después se esconden en algún lugar y regresan más tarde y cuentan cosas de vaqueros y de rascacielos, de cataratas del Niágara y del Mississippi, de Nueva York y de San Francisco. Todos cuentan lo mismo, y siempre cosas que ya sabían antes del viaje; y eso es muy sospechoso.
PETER BICHSEL El hombre que ya no tenía nada que hacer. Ediciones SM

fanfarrias: melodías ruidosas interpretadas con instrumentos de metal. se reprochó: se echó la culpa de algo.

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comprensión lectora
Personajes
1 2 ¿Quién es el protagonista de la historia que cuenta el narrador? Explica en qué época y en qué lugar transcurre la historia.

Estructura
3 A B Indica en qué orden ocurren estas escenas. C

4 A

Relaciona cada frase con un personaje. B C 2 1 Te llamaremos
Colón.

¡Américo, mi querido Américo!

3 Yo iré a buscar
esa tierra.

Acción
5 6 ¿Para qué regresó Colombino a la corte? ¿Qué indicaciones le dio a Américo Vespucio? ¿Qué contó Américo Vespucio a su regreso? ¿Qué creyeron todos a partir de ese momento?

Opinión y valoración
7 8 9 ¿Crees que Américo dijo la verdad? Coméntalo con tus compañeros. ¿Qué motivo crees que tenía Colombino para engañar a la corte? ¿De qué otra manera podía haber actuado? Explica qué habrías hecho tú en su lugar. Comenta tres razones para creer que sí existe América y otras tres que pueden hacer pensar que no existe.

Creación
10 Imagina que Colón se acerca a Vespucio para preguntarle si en realidad ha descubierto una nueva tierra o no. Escribe la conversación entre los dos personajes. Puedes empezar así: Un día, Colón no podía aguantar más con su curiosidad y decidió...

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ESCRITOR… CONOCE AL BERNARDO ATXAGA Dice Bernardo Atxaga que le llevó más de diez años averiguar qué historias quería contar. Le ayudaron muchos amigos suyos que eran escritores, músicos, pintores... Gracias a ellos y a su gran esfuerzo, Bernardo es ahora uno de los escritores más importantes del País Vasco.

¿Qué seré?
¿Sabemos cuando nacemos que somos personas o lo vamos averiguando poco a poco? Lo primero que hizo al nacer el animal protagonista de esta historia fue intentar averiguar qué era. Pero ¿le gustará ser lo que es? ¡Esperemos que no se lleve una decepción!

Por lo visto tenía que nacer, y acabé naciendo en un bosque del País Vasco a poco de terminar la guerra de 1936. El bosque pertenecía a los terrenos de la casa llamada Balanzategui; allí tuve mi primer establo y mi primer hogar, y allí pasé también la primera época de mi vida, la más importante. ¡Mi querido Balanzategui! ¡Cuánto me acuerdo de ti! Y todo ello a pesar de los pesares, a pesar de todos los reveses y disgustos que tuvimos que aguantar en aquellos años de después de la guerra. Mi mismo nacimiento, por ejemplo. ¿Recuerdas, querida casa mía, lo mal que lo pasé nada más nacer? Yo al menos sí me acuerdo, y muy bien. De pronto, supe que había nacido. No recuerdo exactamente lo que sentí, quizá un poco de frío o el cosquilleo del viento, pero de cualquier modo me pareció que estaba ante algo inusual, y que a lo mejor era que había venido al mundo. Esa era, además, la única seguridad que yo tenía en aquel momento, porque, por no saber, ni siquiera sabía qué clase de animal era. Hacía todo lo posible para mirarme y conocer la verdad, pero los ojos no me respondían: estaba como cegada, como deslumbrada por una sábana blanquísima que alguien me hubiera puesto delante. Ante aquella incertidumbre, no me quedaba otro remedio que recurrir a la imaginación, y eso es lo que, con cierto exceso, hice inmediatamente. –¿Qué seré? –me pregunté a mí misma–. No hay forma de saberlo en concreto –me respondí–. Pero, al menos, no soy un animal cualquiera. De lo contrario no hubiera venido al mundo sobre un suelo tan mullido y agradable. Para confirmar mi impresión, daba unos pasos a un lado y a otro, y palpaba lo que me encontraba debajo. Y siempre, siempre, aquello tan mullido, aquello tan agradable. –¿De qué será esta blandura? –me pregunté. –Una de dos. O de la alfombra de un palacio, o del césped muy cuidado de un jardín –me respondí. Como andar me resultaba cansado, me recosté. Mi cuerpo, que en aquel primer momento tenía unos cuarenta kilos, se sintió a gusto inmediatamente, y la hipótesis de la alfombra fue cobrando fuerza. –Parece persa, además –me dije–. O sea, que es seguro que soy animal de palacio. Para entonces, la sábana que veía ante mis ojos ya no era tan blanca, sino que tenía unas manchas oscuras en su parte superior. Parecían árboles, o mejor dicho, las copas de unos cuantos árboles. Al mismo tiempo –pues, por lo visto, también el oído se me iba afinando– sentí ruido de agua y el canto de unos pájaros.
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“Pues no es tan pequeño el palacio –pensé medio riéndome–. Tiene sus árboles y sus fuentes. Y yo, ¿qué seré? ¿Uno de esos caballos que son todo elegancia y a los que peinan y cepillan todos los días? Y, si no, ¿qué? ¿Uno de esos gatos de pelaje fino que suele haber en todos los palacios?”. De cualquier forma, no está nada mal. No sé cuánto tiempo pasó. Una hora, quizá, o una hora y media. Mientras tanto, y al tiempo que la sábana de mis ojos iba deshaciéndose, las manchas iban tomando cuerpo. Al final, la sábana se fundió por completo, y todo lo que había detrás quedó al descubierto. Los árboles, entonces, se afirmaron y se hicieron árboles enteros: raíz, tronco y ramas. Y en las ramas había hojas verde oscuro o verde claro; y en las hojas había bichos y larvas; y había pájaros –pájaros de cabeza roja, sobre todo– que se acercaban a comer aquellos bichos y aquellas larvas. Tenía el corazón oprimido: ¿qué clase de animal sería? Pero a qué alargar la cuestión, me bastaba con girar la cabeza para saberlo. Y giré la cabeza, vi lo que vi, vi el rabo, las patas, la espalda y todo lo demás, y un bramido desgarrador me salió de las entrañas: –¡Pero si soy una vaca! Cegada por la decepción, a trompicones, cayéndome de bruces aquí y levantándome a duras penas allá, comencé a correr y a alejarme de aquel lugar maldito, aquel lugar que había sido testigo de la rotura de mi primera ilusión. Salí al prado y, tras atravesar el riachuelo por delante del molino, me adentré en el bosque al otro lado del valle. La casa se encontraba a unos cien metros del viejo molino, más abajo en el valle. Era blanca, de dos pisos, y tenía el tejado rojo; una casa bastante bonita, pero no un palacio. Ni falta que le hacía, por supuesto. Yo tampoco era muy palaciega, que digamos; no era ni caballo de paseo ni gato de Angora, sino vaca, una pura vaca. Me quedé pensativa, y al final me resigné. Sí, había que conformarse. Si tenía que ser una vaca, sería una vaca. –¡Pero no seré una vaca vulgar! –grité.
BERNARDO ATXAGA Memorias de una vaca. Ediciones SM
reveses: contratiempos. mullido: blando y esponjoso. bramido: voz característica del toro y de la vaca.

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comprensión lectora
Personajes
1 2 ¿Quién es la protagonista? ¿Qué momento de su vida está recordando? ¿En qué lugar se desarrolla la historia? ¿En qué época?

Estructura
3 Ordena los pensamientos que tuvo la protagonista cuando nació. A
¡Pero no seré una vaca vulgar! ¿Qué seré?

B

C
Seguro que soy animal de palacio. ¡Pero si soy una vaca!

D

4 A

Indica en qué orden ocurren estas escenas. B C

Acción
5 6 ¿Por qué no podía la protagonista saber al principio qué animal era? Explica por qué empezó a creer que era un animal de palacio. ¿Cómo averiguó qué animal era? Explica cómo reaccionó al saberlo.

Opinión y valoración
7 ¿Por qué crees que la protagonista decidió aceptar su condición de vaca? ¿Alguna vez has tenido que aceptar algo que al principio no te gustaba? Coméntalo con tus compañeros. ¿Qué tiene de especial la vaca protagonista? ¿Crees que también tú eres especial? Nombra los tres aspectos de tu forma de ser que te definen mejor. Balanzategui es un lugar muy querido para la protagonista. ¿Qué lugares son importantes para ti? ¿Qué recuerdos te traen? Escríbelo en tu cuaderno.

8 9

Creación
10 Imagina qué hizo la vaca en su primer día de vida. ¿Dónde crees que fue? ¿Con quién se encontró? Escribe qué hizo durante el día. No olvides que su intención es, sobre todo, no ser una vaca vulgar. Puedes empezar así: Ya estaba claro que era una vaca distinguida. Así que...
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ESCRITORA… CONOCE A LA ANNE SERRANO Anne Serrano escribió esta historia como homenaje a Hans Christian Andersen, un escritor de cuentos con muchísima fantasía. Anne nació en España, pero ha vivido mucho tiempo en Italia. Allí ha conseguido que muchos jóvenes italianos inventen sus propios cuentos, gracias a su Laboratorio de Escritura Creativa, una especie de taller de la imaginación.

Un pato de otro mundo
El protagonista de este cuento se convirtió en el escritor más famoso del mundo. Pero en esta historia es tan solo un niño al que le gusta inventar historias y contárselas a su abuelo. ¿Sabes de qué famoso escritor se trata? ¿Te imaginas qué cuento va a inventar para su abuelo?

“Buenas tardes, Hans Christian, traigo a alguien que lo quiere conocer.” Mi abuelo viene a nuestra casa. Me gusta que me trate de usted, suena delicado. Le acerco la silla de padre y nos sentamos sin hablar. De pronto, coge su zurrón y saca algo envuelto en un trapo viejo. Aparta con sumo cuidado la tela y dice: “Aquí tenemos al personaje que me ha traído hasta usted.” Nunca en mi vida he visto una figura de madera tan fantástica. Es un pato con cuerpo de pato y patas de pato, pero la cabeza es de persona. Me acerco para verla mejor y descubro que esa cabeza increíble ¡es la mía! Ha tallado un pato con mi propia cabeza, mi pelo, mi nariz puntiaguda y hasta mis párpados caídos. “¡Soy yo!”, exclamo totalmente sorprendido. “Yo solo he quitado lo que sobraba. La figura estaba dentro de la madera. En cuanto cayó la última viruta, me dijo: ‘¿A qué esperas? Llévame donde Hans Christian, he oído que se le ocurren muchas historias, él inventará una para mí’.” “¿Y cómo puede saber él que yo invento historias?”, pregunto, siguiendo lo que me parece un juego. “La madera lo sabe todo. Es una criatura del silencio, solo escucha, por eso sabe más que los que hablan y hablan, y no atienden a nada.” Las palabras del abuelo me hacen latir fuerte el corazón. Me gusta lo que dice. Ha venido buscando una historia, y yo la voy a inventar para él y para su pato. Tomo la figura en mis manos. “Es muy raro. No sé... ¡parece tan indefenso!”, digo un poco preocupado. “Mírelo bien. He oído decir que usted ha heredado la imaginación de los Andersen. ¿Diría que esa nariz puede pertenecer a alguien indefenso?” “Mi nariz es demasiado grande”, confieso con vergüenza. “¡Qué va a ser grande! Esa nariz ha sido el orgullo de los Andersen durante generaciones y generaciones”, asegura con firmeza. “Usted tiene una prominente nariz digna de un príncipe.” “¡De un príncipe!”, exclamo satisfecho de que me vea así. “De un príncipe o de un rey, como el rey de la imaginación, capaz de inventar historias durante mil y una noches.” “¡Como Sherezade!”, digo yo al reconocer el título de uno de los libros que conozco.
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“Como Hans Christian Andersen”, dice él, mirándome fijamente a los ojos. “Y ahora, invente una historia.” Apoyo los brazos sobre la mesa para tener la figura bien cerca y empiezo a contar lo que se me va ocurriendo. “Nació del huevo de una pata y ni su propia madre podía entender qué había pasado para que una de sus crías tuviera aquella cabezota. Al poco tiempo lo empezaron a llamar el Patito Feo, más que nada por llamarlo algo, porque ni era del todo pato, ni tampoco era tan feo.” Miro al abuelo de reojo para ver qué le ha parecido esta última frase y él me guiña el ojo. Más contento que unas pascuas, vuelvo al pato y a su historia. “Todos los animales de la granja se burlaban de él y lo apartaban de sus juegos, así que empezó a sentirse muy solo. Pero su cabeza, diferente a todas las demás, le permitía imaginar fantásticas historias donde se refugiaba de la soledad. Un día, abandonó la granja para buscar su propio lugar en el mundo. Un lugar donde ser distinto a los demás no lo hiciera sufrir. Su viaje fue largo y triste. Hasta que, cansado y con las patas heridas, llegó a una tierra que parecía más un sueño que la realidad. Allí los barcos navegaban por el bosque y en el mar crecían toda clase de flores, plantas y árboles frutales. Conoció hombres con cabeza de caballo, pájaros con cola de pez y peces con alas. Pero no se asustó; al contrario, se sentía feliz porque por fin había encontrado un sitio donde ser diferente era lo normal. Aquellos seres maravillosos se convirtieron en su verdadera familia. Sus historias tuvieron muchísimo éxito y todos se reunían en torno a él para escucharlas. Y así fue como el Patito Feo encontró su lugar en el mundo y por primera vez en su vida se sintió hermoso, rodeado de quienes lo valoraban y respetaban precisamente por aquello que lo hacía distinto de los demás.” No sé cómo he logrado contar toda la historia tan solo mirando la figura. A lo mejor me pasa como al abuelo con sus tallas y resulta que las historias ya están en mi cabeza antes de que yo las cuente. Creo que también me ha ayudado su presencia, esa forma que tiene de recoger mis palabras con cada parte de su cuerpo para que no se derrame ninguna. “Hans Christian, debe saber que esta figura le agradece infinitamente que haya dado sentido a su insignificante existencia.” “La guardaré en mi caja y así tendré siempre un recuerdo suyo. Gracias, abuelo.” “Ahora tengo que marcharme”, dice el abuelo. “Siga inventando historias. Tiene usted un hermoso don.”
ANNE SERRANO La caja de Andersen. Ediciones SM
prominente: que sobresale mucho. se derrame: se caiga.

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comprensión lectora
Personajes
1 2 ¿Cómo se llama el protagonista de la historia? ¿Quién acude a visitarle? ¿Quién es el protagonista del cuento que inventa Hans? Explica cómo es.

Estructura
3 Copia en orden lo que sucede en la historia. Hans cuenta la historia del Patito Feo. El abuelo anima a Hans a que invente una historia. Hans se da cuenta de que tiene un don. El abuelo agradece a Hans el cuento y se despide de él. 4 A Ordena las siguientes viñetas según sucede la historia del Patito Feo. B
¡Ja, ja, ja!

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Acción
5 6 ¿Con qué excusa va el abuelo a casa de Hans? ¿Para qué va realmente? ¿Por qué decide marcharse el Patito Feo de la granja? Explica cómo es el lugar en el que decide quedarse a vivir.

Opinión y valoración
7 8 9 ¿Por qué crees que los animales de la granja reaccionaron de ese modo? ¿Qué les dirías para que cambiaran su comportamiento? ¿Cómo te sientes cuando alguien a quien aprecias te felicita por algo que has hecho? Coméntalo con tus compañeros. Hans dice que las palabras de su abuelo le hacen latir fuerte el corazón. ¿Y a ti? ¿Qué cosas te cuentan tus abuelos? ¿Cómo te sientes escuchando sus historias?

Creación
10 Imagina que, al día siguiente, el abuelo de Hans aparece en su casa con un nuevo objeto para que invente una historia. Explica cómo es el objeto que lleva el abuelo. Después, escribe la historia que inventaría Hans.

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ESCRITOR… CONOCE A LA ALFREDO GÓMEZ CERDÁ Muchos escritores dicen que sus libros son como sus hijos. Alfredo, además de libros-hijos, tiene libros-nietos, porque su hijo, Jorge Gómez Soto, también se dedica a escribir. ¿Y a que no adivinas quién es el escritor favorito de Jorge? Efectivamente, Alfredo Gómez Cerdá, su padre. ¿Será también tu escritor favorito?

Compañeros de viaje
Es posible que dentro de poco hagas la maleta para irte de vacaciones. Imagina que al llegar a tu destino, confundes tu maleta con la de otra persona. ¿Qué llevará dentro? ¿Qué pensará esa persona de ti al ver lo que llevas en tu maleta? Descubre qué sucedió cuando el señor García y el señor Fernández intercambiaron sus maletas.

Al señor Fernández le tocó la ventanilla. Al señor García le tocó al lado del señor Fernández. No se conocían de nada. Era la primera vez que viajaban de Madrid a Barcelona en el puente aéreo. El señor Fernández había trabajado muchos años en un cine, de acomodador; pero hacía ya cuatro que el cine se había convertido en un bingo y que él se había quedado sin trabajo. Ya se le había agotado el subsidio de paro y malvivía de alguna que otra chapuza. Viajaba a Barcelona a la boda de su hija, que le había enviado días antes el pasaje del avión, y estaba muy preocupado porque ni siquiera tenía un traje que ponerse para ir a la boda. El señor García trabajó muchos años en un restaurante muy bueno; pero el dueño del restaurante se lo vendió un día a un banco y él se quedó en la calle. A su edad le resultaba difícil encontrar un nuevo empleo y malvivía de unos ahorrillos, que estaban a punto de agotársele. Viajaba a Barcelona para participar en un famoso concurso de televisión, de preguntas y respuestas. Si superaba la prueba se embolsaría unas pesetas, que le vendrían muy bien. El puente aéreo Madrid-Barcelona apenas dura cincuenta minutos. A pesar de ello, el señor Fernández y el señor García mantuvieron una conversación, tan animada como falsa: –Soy dueño de una cadena de cines –mentía el señor Fernández. –Yo poseo más de diez restaurantes –mentía también el señor García. Y cada uno de ellos se imaginaba que su acompañante era una persona muy rica. En el aeropuerto de Barcelona, junto a una cinta transportadora, el señor Fernández y el señor García esperaron a que apareciesen sus equipajes. Curiosamente, las maletas de ambos eran muy parecidas. Ya en el gran vestíbulo del aeropuerto, dejaron las maletas en el suelo y se despidieron, dándose un abrazo. Luego, el señor Fernández se hizo el despistado y cogió la maleta del señor García. El señor García, que pensaba hacer lo mismo, sintió mucho gusto al ver cómo su compañero se confundía de equipaje. Los dos se separaron, imaginándose que la maleta que llevaban estaba cargada de innumerables tesoros. Por la noche, en casa de su hija, el señor Fernández abrió la maleta del señor García. Los tesoros se convirtieron en desilusión: solo había ropa vieja y remendada y una maquinilla de afeitar. También se encontraba en la maleta el último traje de camarero del señor García, el que utilizaba antes de que lo echasen del restaurante.
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Por la noche también, en el cuarto de un hotel, el señor García abrió emocionado la maleta del señor Fernández. Pero lo que halló le dejó boquiabierto: solo había ropa vieja y un neceser parecido al suyo, con un cepillo de dientes y una maquinilla de afeitar. Entre la ropa encontró también un viejo y arrugado programa de mano, de los que daban en el cine antiguamente. El señor Fernández lo guardaba con nostalgia, pues era de la película con la que había empezado a trabajar de acomodador en el cine, hacía ya mucho tiempo, en el año 1963. La película se titulaba Los pájaros, y la había dirigido el famoso Alfred Hitchkock. En el programa se veía a la rubia protagonista corriendo, perseguida por una bandada de pájaros enfurecidos. A pesar de la desilusión de los hallazgos, nunca se arrepintieron el señor Fernández y el señor García de haberse cambiado las maletas en el aeropuerto. Al día siguiente, el señor Fernández acudió a la boda de su hija vestido con el flamante traje del señor García, que por supuesto nadie identificó como de un camarero. El señor Fernández se sintió muy feliz llevando del brazo a su hija por el pasillo de la iglesia. También al día siguiente, el señor García acudió al concurso de televisión. Y consiguió ganar el premio al acertar la última y más difícil de las preguntas: –¿En qué año se estrenó la película Los pájaros? –preguntó el locutor del programa. –¡En 1963! –respondió eufórico el señor García, recordando el viejo programa de mano del señor Fernández. También en el puente aéreo regresaron un día después a Madrid el señor Fernández y el señor García. No se encontraron, porque tomaron distintos aviones. Eso sí, el señor Fernández contó a su compañero de viaje que era dueño de una cadena de cines. El señor García, por su parte, contó también a su compañero de viaje que poseía más de diez restaurantes. Si se cambiaron o no las maletas al llegar a Madrid, es cosa que no se sabe.
ALFREDO GÓMEZ CERDÁ Compañeros de viaje. Tomado de Un barco cargado de... cuentos. Ediciones SM
subsidio: ayuda económica. se embolsaría: ganaría. flamante: resplandeciente. eufórico: muy contento.

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comprensión lectora
Personajes
1 2 ¿Quiénes son los protagonistas? ¿Dónde se conocieron? Explica por qué motivo viajaba cada uno a Barcelona. ¿Cuál había sido el trabajo de cada uno? ¿A qué se dedicaban cuando se encontraron?

Estructura
3 Copia en orden lo que le sucede a cada uno de los personajes. Señor Fernández En la maleta encuentra un traje de camarero. “Confunde” su maleta con la de su compañero de viaje. Se sienta en el avión al lado de la ventanilla. Durante el viaje habla con el dueño de diez restaurantes. Señor García “Confunde” su maleta con la del dueño de los cines. Durante el viaje conversa con el dueño de una cadena de cines. Se sienta en el avión al lado de otro hombre. En la maleta encuentra el programa de una película.

Acción
4 ¿Sobre qué conversaron el señor Fernández y el señor García durante el viaje? ¿Era real lo que contaban? Explica qué relación tiene cada historia que cuentan con sus trabajos anteriores. ¿Por qué “se confundieron” de maleta? ¿Cómo se sintieron al ver lo que había en cada una? Explica cómo influyó este hallazgo en sus vidas.

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Opinión y valoración
6 7 8 ¿Qué tenían en común el señor García y el señor Fernández? ¿Por qué crees que mintieron? ¿Alguna vez has querido cambiarte por otra persona? ¿Por qué? Coméntalo con tus compañeros. ¿Crees que es importante aceptarte como eres? Explica por qué. Escribe qué les dirías al señor Fernández y al señor García sobre su forma de comportarse.

Creación
9 Imagina que viajas en avión y que tu compañero de viaje es el señor García. Explica qué le dirías sobre ti y qué crees que te contaría él. ¿Qué pasaría al bajar del avión? ¿Crees que te cambiaría la maleta? Puedes empezar así: Acababa de sentarme en el asiento del avión cuando de repente...

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