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Analisis El Eclipse

Analisis El Eclipse

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ENVÍO 26 AUGUSTO MONTERROSO

En el mes de febrero de 2003 moría en México uno de los más famosos escritores del género hiperbreve. Pero su obra, que fue traducida al latín, es más amplia –dentro de lo que cabe en un artista de la brevedad- y presenta una serie de temas que cuestionan la literatura tal y como se la entendía antes de Monterroso. Crítica en broma, alejada del marco de la academia, síntesis, cuestionamiento permanente de las formas tradicionales, pero, al mismo tiempo, diálogo con la tradición son algunas de las características de este guatemalteco exiliado durante más de cuarenta años en México. Hemos querido dedicarle este envío, un risueño descanso en el marco teórico que venimos desarrollando. Pero además, para no dar puntada sin hilo, vamos a utilizar uno de sus relatos como repaso de muchos de los temas que hemos visto hasta aquí. Sería bueno que intentárais, como otras veces, analizar vosotr@s el relato antes de leer mis explicaciones. Por ello os enviamos dos copias: la primera, sin notas, para que la lectura sea placentera y no tropiece con los comentarios críticos, la segunda, comentada. Que lo disfrutéis:

El eclipse.1 Augusto Monterroso
Cuando fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlo. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitiva. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado, con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia pare decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora. Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, por fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo. Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas. Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles. Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de aquel conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida. - Si me matáis- les dijo- puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura. Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén.
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Monterroso, Augusto. Cuentos, fábulas y Lo demás es silencio. Madrid, Alfaguara, 1996.

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Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado sin la valiosa ayuda de Aristóteles

El eclipse

(versión comentada). Os sugerimos leer, en primer lugar, el texto comentado en las notas a pie de página, que recorren el texto palabra a palabra, luego los comentarios, más generales, que apuntamos al final. Cuando fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlo. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitiva2. Ante su ignorancia topográfica3 se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado, con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia pare decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora4 5. Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible6 que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, por fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo7. Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio8 de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas9. Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles10. Recordó que para ese día se esperaba
Como en El muerto, de J.L. Borges, se dice que el personaje no podrá triunfar en su batalla, pero de tal forma que el lector lo vive como un obstáculo que el protagonista puede vencer. Dicho está, pues, que la selva es “implacable y definitiva”. 3 En esta misma línea podemos situar todo un campo léxico que nos demuestra que fray Bartolomé, lejos de ser inteligente, es bastante simple. Señalaremos las palabras que muestran/esconden esta descripción psicológica. Aquí tenemos, por ejemplo, el adjetivo “ignorante” 4 El estilo del fragmento en particular, y del texto en general, imita una prosa del XVI, bastante ampulosa, que no es corriente en Monterroso. Se trata de que tengamos la impresión, a través del estilo, de que estamos leyendo un texto de otra época. Estilo e historia son, -como debe ser- subsidiarios. Podríamos ver esta característica del relato como una fuerte intertextualidad. 5 La puesta en escena tiende también, a una construcción ambigua del personaje. “condescender bajar de su eminencia”, “confiar en el celo religioso de su labor redentora” aparecen así, en una segunda lectura, teñidos de ironía. 6 También los indígenas, aparentemente antagonistas en el texto, son objeto de una descripción que tiene una doble lectura. Por un lado, los vemos desde el fraile, y producen sensación de “impasibilidad”. Por otro, son un enemigo verdaderamente temible que Bartolomé no llega, en su ceguera, ni siquiera a intuir. 7 El manejo del tiempo es, en este relato, particularmente importante. Hay una línea de acción cronológica, desde que el texto comienza hasta el indígena enumerando los exlipses. Pero hay también una serie de figuras temporales que enriquecen y dan profundiad: 1) Resumen: el recuerdo de la España distante, la historia de Fray Bartolomé hasta la época. 8 Mediano dominio: falta intelectual del fraile, mediano como mediocre. Construcción del personaje. 9 Nuestra sensación es que Bartolomé está logrando, desde su inteligencia, controlar la situación, cuando en realidad se trata de todo lo contrario. En la misma línea de análisis podríamos incluir “digna de su talento” y “arduo (costoso, difícil) conocimiento de Aristóteles”. “Valerse de un conocimiento” también. La prepotencia final está incluida en la frase “puedo hacer que el sol se oscurezca”. Desde su mirada de hombre blanco, Bartolomé desprecia a los indígenas y se convierte en una especie de dios.
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un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de aquel conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida. - Si me matáis- les dijo- puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura11. . Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén12.
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Dos horas después14 el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente15 sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa16, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado sin la valiosa17 ayuda de Aristóteles.

La idea es evidentemente “digna de su talento”, que es poco, “de su cultura universal”, que no es más que una cultura parcial, condenada a verse a sí misma, y el “arduo conocimiento” señala la dificultad del cura para comprender lo que está leyendo. 11 Estilo directo, diálogo convencional. Utilizado en una sola ocasión, con un tono solemne y definitorio. 12 Gran parte del juego del texto se sustenta en la focalización interna de la primera parte, que actúa en franco contrapunto con el cambio de foco que se produce en el segundo fragmento. Hasta este momento, “vemos” la historia desde la mirada de fray Bartolomé, desde sus ojos, es decir, desde su cultura, que él considera como superior. Como lectores nos posicionamos junto a él, que tiene un lugar aparentemente protagónico, y esperamos que engañe a los indígenas que, si hemos aceptado la perspectiva del texto, nos parecerán tópicos y extremadamente simples. 13 Vamos a analizar este espacio vacío, eje del relato, desde diferentes perspectivas. Desde la perspectiva temporal: Escamoteo: Aquí se produce un “escamoteo”,figura literaria relacionada con el tiempo y la acción que consiste en suprimir un fragmento de tiempo con el ánimo de esconderlo para crear intriga. Podríamos decir que lo importante de la acción, o sea, el sacrificio, no sucede ante nuestros ojos, sino que sucede en un espacio vacío. Focalización: En este espacio vacío cambia la focalización, que deja de ser interna, o sea, centrada en Bartolomé, para convertirse en externa. La escena siguiente la vemos desde fuera, como si una cámara de cine fuese la responsable de mostrarnos lo que sucede. Por lo tanto, el texto tiene focalización variable: intradiegética (desde dentro, desde el personaje) y extradiegética (desde fuera, aire de moraleja), en particular en el adjetivo “valiosa” ayuda de Aristóteles. El vacío: El vacío es, a la vez, el momento en el que sucede el hecho que da título al relato “El eclipse”. Así aparece dibujado gráficamente el argumento, por la simple supersión de un elemento. Este vacío marca, finalmente, de manera muy gráfica, el enfrentamiento entre dos culturas que no se entienden. 14 Resumen: como en el escamoteo antes mencionado, el resumen es una figura temporal que adelanta la acción, que acorta el tiempo cronológico al resumirlo. Vemos que aquí no se nos esconden los hechos, sino que se nos cuentan de forma restringida. 15 “sangre vehemente”. Monterroso, gran lector y comentarista de Borges, utiliza la misma técnica de adjetivación que el autor argentino, hecho que puede verse también como intertexto. Vehemente no es la sangre, sino que lo era Bartolomé. (v. en Borges “báculo ciego” “ladridos tirantes”, etc.) 16 Dos frases que marcan el contrapunto total y definitivo entre ambas culturas, una verbal y expresiva, la otra lenta y sobra (sin ninguna inflexión de voz, sin prisa) 17 En el adjetivo valiosa asoma sin duda la voz del autor, su perspectiva irónica y el valor de fábula con moraleja que tiene, de alguna manera, la historia que nos ha contado.

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Comentarios generales: 1) El lugar del lector: Hemos dicho en algún momento que “el lector es un invento del autor”. Es decir, alguien con quien se debe contar ala hora de escribir, alguien que disfruta con ser engañado. Si el engaño se hace bien, claro. Parte del encanto del texto se sustenta en el hecho de que, como lectores, nos vemos inducidos a “leer” desde la mirada de fray Bartolomé. Como él, y en una primera lectura, nos vemos arrastrados a sentir (no mintáis, lo habéis sentido en algún momento), que pertenecemos a una cultura superior que, mediante un truco tópico e infantil, podremos salvar la vida. Esto se debe a la focalización interna, que hace que simpaticemos con la víctima. Con el cambio de foco, vemos el otro lado del problema de forma, nos situemos desde la perspectiva de los indígenas. Monterroso señaló, en alguna entrevista, que “el escritor debe parecer más inteligente que el lector, aunque no lo sea”. Esta manipulación, este sentirnos atrapados por un autor que juega con nosotros es sin duda una sensación placentera. Podríamos decir, también, que si no nos sentimos, en algún momento, como fray Bartolomé, el cuento ha fracasado con nosotros. 2) La contraposición de culturas Desde una perspectiva conceptual, podríamos señalar que el texto habla del choque de culturas, de la doble visión que se puede tener de un mismo hecho. El desencuentro, el “eclipse” intelectual, en fin, la focalización cerrada es lo que desencadena tanto el drama como el humor final. El autor parecería señalar que no habrá encuentro mientras no seamos capaces de ver al otro, de comprender su mundo. En este sentido, este es un relato sobre la mirada y la diversidad

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Sobre el origen de El dinosaurio.
El dinosaurio Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí. Este sencillo texto ha provocado ríos de tinta. Hay quien dice que no es tan interesante como para crear tal estrépito, que Monterroso tiene textos francamente mejores. Pero otros responden, no sin razón, que por algo no se olvida y se cita una y otra vez. Pero, ¿cuál es la génesis del famoso microrelato? No hay que tomar muy en serio las palabra de los escritores, que, como se saben, suelen ser unos mentirosos tremendos. Juan Rulfo, por ejemplo, dio a su célebre novela Pedro Páramo y a la razón por la cual sólo escribió unas pocas páginas en su vida las explicaciones más peregrinas. Sobre el origen de el célebre hiperbreve El dinosaurio hemos encontrado esta anécdota, narrada por uno de los mejores cuentistas mexicanos, Juan José Arreola. El origen de El dinosaurio18 Juan José Arreola Cuando volví a México a principios de 1950, antes de instalarme en Río Ganges, vivó unos meses alojado en el departamento que tenían Ernesto Mejía Sánchez y José Durán en la colonia Juárez. Este departamento es importante porque varios amigos nos hacían visitas, que se convertían en largas tertulias. Allí llegaban casi todos los días Augusto Monterroso, Jorge Hernández Campos, Alfredo Sancho, Manuel Mejía Valera y otros compañeros de El Colegio de México. Ernesto era feliz constando el teléfono, tenía tres frases hechas para la ocasión, que utilizaba según su estado de ánimo. Eran bromas muy al estilo de él. Al contestar la llamada Ernesto decía: “Hamburgo 29,vocabulario 12”. Otra: “Canta, sirena, canta”. Y la más común, que un día le dijo al propio don Alfonso Reyes: “Decidme niño cómo os llamáis”, que es la frase con la que comenzaba el catecismo del padre Ripalda. Ernesto y Tito Monterroso se la pasaban todo el día haciendo chistes, los dos eran muy ingeniosos. Augusto Monterroso reprodujo literalmente en algunos de sus cuentos las anécdotas que vivimos juntos en esa época. Sin José Durán, el eterno enamorado de la vedette Brenda Conde, Tito se hubiera quedado sin la historia de uno de sus cuentos más famosos. Recuerdo que una noche, ya casi de madrugada, llegó José y al entrar al departamento hizo mucho ruido para que yo, que dormía casi a la entrada, me despertara y él se pudiera poner a platicar conmigo. Yo ya conocía esa táctica. Como era natural, desperté de mi sueño y
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Zavala, Lauro. El dinosaurio anotado. Edición crítica de “El dinosaurio” de Augusto Monterroso. México, Alfaguara-Universidad Autónoma de México, 2002.

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Durán se sentó a los pies de mi cama, y sin mucho preámbulo se puso a contarme sus tragedias amorosas. Yo lo escuché un rato y luego me volví a dormir, pero él siguió hablando y se quedó en el mismo lugar. Tal vez durmió sentado parte de la noche, pero el caso es que cuando desperté él seguía allí. Me quedé un poco sorprendido y fastidiado. Ya durante el día llegó Ernesto y le platiqué lo que me había pasado con Durán, al que él había puesto el sobrenombre de Grande, por su estatura. Ernesto dijo: “Cuando despertó, todavía estaba Grande ahí”. Luego llegó Tito, escuchó la historia y escribió el cuento que todos conocemos. No hay que olvidar que la literatura y la ficción tienen mucho que ver con la vida cotidiana.

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El dinosaurio ha sido un auténtico disparador de la creación. Utilizado como primera frase de un texto, como frase final, ha dado origen a juegos y textos en los que la intertextualidad es claramente un homenaje. Os ofrecemos algunos de ellos, y os animamos a crear un cuento que incluya de alguna forma la famosa línea.

La culta dama José de la Colina
Le preguntó a la culta dama si conocía el cuento de Augusto Monterroso titulado El dinosaurio. - Ah, es una delicia -me respondió-, ya estoy leyéndolo.

El dinosaurio Pablo Urbanyi
Cuando despertó, suspiró aliviado: el dinosaurio ya no estaba allí.

Parte policiaco. Diana Amador
Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí. Cuando el dinosaurio despertó, todavía estaba allí. Allí despertó, cuando el dinosaurio todavía estaba. Estaba todavía el dinosaurio, cuando despertó allí. Allí estaba todavía, cuando el dinosaurio despertó. Cuando allí todavía estaba el dinosaurio, despertó. Despertó el dinosaurio, cuando allí todavía estaba. Estaba todavía allí, cuando despertó el dinosaurio. Todavía despertó allí, cuando estaba el dinosaurio.

De las declaraciones de los otros reos surgen las siguientes interrogantes que las autoridades del penal intentan esclarecer. ¿Quién despertó? ¿Dónde está allí? ¿Quién despertó cuando? ¿Qué hacía el dinosaurio allí? ¿Cuándo despertó el dinosaurio? ¿Despertó cuando todavía estaba allí? ¿Quién estaba todavía? ¿Todavía qué? ¿Estaba allí cuando despertó? ¿Quién despertó a quién? “Cuando despertamos; el dinosaurio ya no estaba allí”, fueron las palabras del director. Por lo pronto, Dinosaurio y custodio volaron. Ahora, la INTERPOL les buscará en 170 países o más.19
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Los tres relatos están tomados de Zabala, Lauro, op.cit.

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Pensar la literatura
Los comentarios de los autores sobre su propia obra, sobre su posición como creadores suelen ser muy interesantes para la persona que escribe. No se trata estrictamente de crítica literaria, sino más bien de reflexiones relacionadas con el trabajo mismo. Augusto Monterroso es un autor a quien le gusta opinar. Siempre con ironía, siempre inquietante, su visión de la literatura corroe la perspectiva tradicional. Hemos reunido algunas de sus opiniones, tomadas del libro Viaje al centro de la fábula.20 En todo lo que escribo hago llamadas a la rebelión y a la revolución, pero desgraciadamente en una forma tan sutil que por lo general mis lectores se vuelven reaccionarios. No se necesita mucha “preparación” para escribir un cuento: pero sí alguna para saber si ese cuento está bien o mal. Imagino que la crítica está llamada a influir en el público, a orientar al público, no a los autores. Ningún autor serio cree en la crítica, a menos que ésta sea elogiosa para él o contraria a sus colegas. El único problema del escritor es escribir bien, con dinero o sin él, con puestos públicos o sin ellos, casado o soltero, virgen o mártir, guerrillero o policía, incendiario o bombero. Si usted tiene ideas en los países latinoamericanos, la policía no persigue esas ideas, no le importan ni las entiende: persigue sus testículos, y hará todo lo que pueda por arrancárselos. Huyo de las metáforas; sólo los malos escritores se ponen felices con ellas. La buena narrativa tiende por lo general a la sátira. En el fondo de todo buen novelista o cuentista hay alguien con un látigo; cuando no es así, la gente se aburrre. Cuando se aprende a escribir sin titubeos ya no se tiene nada que decir: nada que valga la pena.

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Monterroso, Augusto. Viaje al centro de la fábula. Presentación de Jorge von Ziegler. México, Ediciones Era, 1981.

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En este mismo apartado, incluyo como herramienta de lectura y de comprensón del proceso de organizar una antología del género hiperbreve el que Monterroso es maestro un texto que escribí a propósito de la publicación de Por favor, sea breve, y que fue publicado por la revista Quimera en noviembre del 2002. Mi intención al compartirlo con vosotros es la de comentar el estado del género hasta la fecha de la edición del libro, y algunas de las dificultades en las que nos vemos los antologadores a la hora de organizar un libro. Espero que os interese.

Breve historia de Por favor, sea breve
Clara Obligado

Hace algún tiempo la editorial Páginas de Espuma me propuso editar una antología del cuento hiperbreve escrito en castellano. La propuesta resultaba estimulante, aunque había varias cuestiones a resolver. La primera era básica, y podría enunciarse así: ¿qué sentido tenía una nueva colección de este género microscópico? ¿Y qué podía añadir la mía a las otras existentes? ¿No corría el peligro de repetir inútilmente un trabajo tal vez agotado? Cualquiera que haya leído el famoso texto de Borges, en el que intenta vanamente enumerar con pautas occidentales los animales del oriente comprenderá mi desconcierto. Reunir, antologar, enumerar – es evidente- no son oficios ingenuos. Algo debía justificar mi entusiasmo, y comencé por subrayar las razones más sencillas que podrían motivar una nueva edición. En primera instancia, pensé, sería útil una selección apropiada para enseñar literatura. Los textos podían presentar, explícitamente, las diferentes características del cuento bonsái y constituir así una colección útil para la enseñanza. Por su brevedad, el género era idóneo. Pero esto no era ni siquiera una razón suficiente para dedicarme a ello: reducir textos literarios a su capacidad de servir de ejemplo era, a todas, luces, pobre. El segundo estímulo provino de la iniciativa de sumar a los textos de autores consagrados relatos de mis alumnos del Taller de Escritura Creativa, quienes participarían en la selección por medio de un concurso. Así podría promover la escritura y encontrar un vehículos de publicación –siempre tan escasa- para los autores nuevos. Se trabajó el género desde su tradición, desde el análisis de las propuestas estéticas de otras generaciones. Los textos de los nuevos autores aceptan claramente su intertextualidad a la vez que excluyen, simbólicamente, el famoso texto del dinosaurio, víctima de lo que un acertado hiperbreve21 define como: El dinosaurio estaba hasta las narices.

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Navarro, Hipólito G. Los tigres albinos. Pre-textos, 2000.

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La portada de esta selección, diseñada por Beatriz Cuevas – y que representa a un dinosaurio retirándose del plano central, cuya sombra cubre a los autores- señala, en algún sentido, el comienzo de una nueva y necesaria etapa. La tercera motivación, que me decidió por fin a aceptar el reto, fue el hecho de constatar que en casi todas las antologías del género las mujeres, cuando no estaban simplemente excluidas, casi no tenían representación. Por fin me pareció interesante el entusiasmo de la editorial por incluir, en un libro editado en España textos de “la otra orilla” y acercar al público de aquí autores desconocidos en la península de la talla de Guillermo Samperio, Raúl Brasca o Ana María Shúa. Vista la propuesta de la editorial desde esta perspectiva cuádruple – didáctica, estímulo creativo, participación equitativa y promoción de autores de primer nivel desconocidos en la península- me sumergí en la búsqueda de un material tan abundante como disperso. Consulté, en primer lugar, las otras antologías del género. Allí encontré también ideas que sirvieron para enmarcar mi trabajo, caótico en sus inicios. La siguiente decisión fue la de publicar solamente textos íntegros, es decir, aquellos que hubieran sido concebidos por sus autoras o autores como obras completas en sí mismas, y no fragmentos de textos más largos. En este sentido, mi trabajo difiere del de la interesante antología editada en Buenos Aires por Brasca y Chitarroni22 y del enfoque general del tema propuesto por Lauro Zavala, basado en el juego y la permanente intertextualidad. En la acotación inevitable elegí respetar el “formato” que cada autor o autora daban a su texto: es decir, subsumí la lectura a la creación, el lector al autor. Por favor, sea breve Con toda la brevedad posible, intentaré resumir el tortuoso camino que va de una propuesta a su ejecución final. Creo que la antología, que se llamó, Por favor, sea breve, cumple con algunos de los deseos con los que me lancé a su edición. No he logrado, sin embargo, incluir un cincuenta por ciento de autoras. En el hiperbreve, tal vez más que en los otros géneros literarios, la mayoría de los relatos que se recogen están escritos por hombres. No es este el lugar ni el momento de señalar las posibles causas de este hecho, que no son, posiblemente, muy diferentes de las que hacen que ellas no estén representadas en paridad en muchos otros campos. Sí he de señalar mi intención y búsqueda profunda ha permitido, por lo menos, que tengan una presencia remarcable que supera con creces la habitual. En este sentido, creo también que al sumar esta perspectiva puede notarse claramente cómo se amplían los temas con respecto a otras antologías y como el libro, en su conjunto, tiene un perfil diferente. En cuanto al trabajo de creación, que llevé a cabo con mis alumnos, fue tal vez el aspecto más complejo de todos los que me tocó solucionar. No se trataba ya sólo de elegir, sino de motivar a la escritura, de expresar las características del género de forma que sirviesen a la vez como material de análisis y disparadores de la creación. Escribir un hiperbreve, lo sé ahora a conciencia, supone no sólo una buena idea como punto de partida: implica también un alto grado de destreza literaria. Una y otra vez los autores noveles fueron limando la idea, puliéndola hasta dejarla en los huesos, realizaron un trabajo que exigía tensión y pericia, pintaron el mundo en una cabeza de alfiler. En el plano absolutamente personal, la conciencia de la dificultad del género me afianza en mi elección

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Brasca, Raúl y Chitaroni, Luis (compiladores).Antología del cuento breve y oculto. Buenos Aires, Sudamericana, 2001.

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de novelista. Escribir una novela me parece, hoy, sin duda alguna, una tarea mucho menos ardua que redactar una colección de historias mínimas. Quedaban por solucionar otros aspectos que darían al libro su perfil. El primero, el de la organización de los textos, fue tal vez el más evidente. ¿Qué orden tendrían? ¿Era importante que aparecieran siguiendo un esquema determinado, o sería el lector el encargado de leer según le dictaran sus ganas? ¿Tenía sentido organizar grupos por temas, tópicos, coincidencias o desencuentros? ¿Qué quería decir, en fin, cada una de estas posibilidades? En realidad, cualquier orden me parecía más o menos caprichoso. Como homenaje a la dificultad especifica del género, me decidí por una organización menguante, sugerida por una obra de Hipólito Navarro-, una catalogación que resaltara el “cada vez más difícil” que el lector descubre conforme avanzan las páginas. Y el prólogo, que debió ser un largo prólogo, un prólogo que sirviera para reflejar todo lo que estoy desarrollando ahora, se convirtió en un texto más, en un prólogo bonsái, en el “apenas un poco más largo” que los relatos que lo seguían. Lo contrario hubiera sido, qué duda cabe, una absoluta falta de educación. Nota A la hora de lanzarme a la aventura de trabajar el cuento minúsculo topé con una verdadera “internacional del mini relato”, constituida por una verdadera red de autores e investigadores dispuestos a ofrecer con una generosidad sorprendente tanto sus conocimientos como el material del que disponen. Quiero señalar, desde esta perspectiva, el contacto con Raúl Brasca y Ana María Shúa, de Argentina, Lauro Zavala, de México, y el director del Círculo Cultural Faroni, de Madrid.

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Discurso de Augusto Monterroso al recibir el Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias
Martes 2 de diciembre de 1997
Señor Ministro de Cultura, don Augusto Vela, Señora Helen Umaña, señoras y señores: Dentro de algunos días de este mes de diciembre, concretamente el día 29, hará un año que tuve el honor y el privilegio de asistir en este mismo Palacio Nacional a un suceso de altísima significación histórica: la firma del Acuerdo Final de Paz entre el Gobierno de Guatemala y los dirigente de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca, Carlos González, Pablo Monsanto, Rolando Morán y Jorge Rosal. Jamás podré dejar de recordar la viva alegría y el entusiasmo con que vastos sectores del pueblo guatemalteco celebraban también ese acontecimiento a pocos meses de aquí, en el Parque Central: obreros, indígenas, campesinos, estudiantes y empleados, muchos de los cuales habían acudido un día antes al aeropuerto La Aurora para recibir con exclamaciones y gritos de júbilo a los miembros de la URNG cuando descendieron del avión especial que los reincorporaba a la legalidad y a su patria, y en el cual, quizá por una casualidad afortunada, tuve la ocasión de acompañarlos personalmente en su viaje desde la ciudad de México. ¿Como olvidar, tampoco, la emotividad que se apoderó de los testigos nacionales y extranjeros concentrados en el patio central de este Palacio,cuando el Presidente de la República, una vez consumado el acto protocolario de las firmas, abrazó a cada uno de aquellos dirigentes, poniendo así fin a una guerra entre hermanos que había durado tantos años y costado tanto dolor y tantas vidas? Con estos venturosos recuerdos de un pasado tan cercano que aún es presente, deseo recibir ahora el Premio Nacional de Literatura con que se me ha honrado este año, tal vez porque la consumación de aquel acontecimiento significó para mí el fin, que espero también definitivo, de un inquerido exilio prolongado por más de 42, a partir de 1954 y a raíz de la intervención norteamericana que canceló el proceso democrático alentado por nuestro pueblo durante una década de gobiernos legítimamente constituidos, a los que serví en el exterior con dedicación y lealtad. Lejos de mi la idea de que ese exilio, ni ningún otro, ha sido un hecho plausible o meritorio. Soy plenamente consciente de que, en todo caso, el verdadero mérito fue el de aquellos compañeros, amigos y colegas que, debido a otras circunstancias del momento, y obedeciendo, o cumpliendo, sus propios destinos, permanecieron en Guatemala en años aciagos, y afrontando las condiciones políticas más adversas, a costa de la tranquilidad personal y la de sus familias, con la pérdida de mejores oportunidades para la realización de

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su trabajo y aun sería muy doloroso recordar en este momento nombres específicos y omitir injustamente otros -con el sacrificio de sus mismas vidas. Mas no debo olvidar que éste es un acto literario y celebratorio. Yo no soy un político. En 1944 cometí actos políticos que me costaron ese exilio de que se habla; y hoy los volvería a cometer como cuando en nuestro país era pecado hacerlo. Pero desde entonces -aquellos años que compartí con excelentes jóvenes pintores, músicos, poetas, periodistas y escritores de la llamada Generación del 40- mi existencia estaba encaminada a algo carente por completo de importancia: el emborronamiento de cuartillas, cuartillas que con suerte se fueron convirtiendo en libros, en libros que, con más suerte todavía, espíritus generosos, como sucede aquí y ahora, se empeñan en considerar dignos de ser premiados dentro de esta gran literatura nuestra, de la que no pocas obras han merecido pasar a formar parte del acervo literario universal, para confirmar lo cual bastaría mencionar, entre otros, los nombre de Landívar, de Gómez Carillo, de Arévalo Martínez, de Asturias, de Cardoza y Aragón (a los que sin duda se han unido ya algunos en el presente y seguirán uniéndose en el futuro) y que yo me complazco siempre en ver presidida por el genio de José Batres Montúfar. Alguna vez me atreví a decir, y lo dije con toda sinceridad, que mi máxima aspiración como escritor estribaba en ocupar algún día media página de un libro de escuela primaria de mi país. No sé por qué, y perdónenme, pero con todo esto siento que lo voy logrando. Muchas gracias

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Aunque sea un tópico, no vamos a huir de él. Se trata de homenajear al Monterroso, de crear un intertexto donde el humor recuerde a este autor. Se trata, pues, de utilizar el relato Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí. al principio o al final de un texto vuestro.

Todos los dibujos de este envío son de Augusto Monterroso

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