BEATA SOR

ROSALÍA
RENDÚ, HC
Mujer Francesa abanderada en
la caridad del Siglo XIX
GRANDES ETAPAS DE SU VIDA
09 de Septiembre
1786
Nace en Confort (Ain) Francia.
25 de Mayo de 1802 Entra a la Compañía de las Hijas de la
Caridad en Paris.
1807 Emite los votos en la Compañía
1815


Nombrada Superiora de la comunidad
de la calle de los “Francs Bourgeois”.

1840

Conoce a los jóvenes universitarios de
la Sorbona

1852 Napoleón III decide imponerle la Cruz
de la Legión de honor.
7 de febrero de 1856 Falleció. Tras una corta enfermedad.
09 Noviembre 2003 El papa Juan-Pablo II la Proclama
Beata.
07 de Febrero Fiesta litúrgica
Biografía (Tomado de: Archivos del Vaticano)
Juana Rendu nació en la localidad de
Confort (departamento de Ain),
Francia, el 9 de septiembre de 1786.
Sus padres eran Juan Antonio Rendu
y María Ana Laracine. A los pocos
años muere su padre y su madre se
queda al cuidado de sus tres hijos.
Era la época de la Revolución,
tiempos difíciles. Recibió la primera
comunión de forma clandestina.
Hizo sus estudios en el pensionado
de las Ursulinas en Gax, a varios
kilómetros de Confort.

Primeros proyectos: La primera
comunión de Juana María tomado de (Víctor
Estrada Aguirre, C.M. )
Gex: El pensionado de las
Ursulinas
El hospital de las Hijas de la
Caridad
• Gex: En el hospital. Juana María
se encontró allí con la miseria
humana, aquella miseria de la
que siempre había sentido
compasión su tierno corazón. El
mal revestía allí una forma
distinta, la de la enfermedad. Se
trataba de algo nuevo, de algo
que tenía por ello más interés
para la muchacha, llena de
compasión por todas las formas
de sufrimiento que iba
encontrando.
Últimas alegrías en el país
natal
• Su estancia en Gex, interrumpida por algunos
días de vacaciones, había durado dos años.
Volvió a Confort. En el pensionado la vieron
marchar con un poco de melancolía…
Juana María volvió a Confort plenamente
decidida a seguir la llamada divina. Y reanudó
la vida familiar, aguardando la llegada de la
hora oportuna. Y he aquí que un buen día -un
gran día- la señorita Jacquinot, su amiga, vino a
anunciarle su marcha: dentro de poco se irá a
París, con las Hijas de la Caridad.
Juana María partió para Gex. Una de sus
amigas la acompañó en el viaje. Las dos tenían
el mismo deseo secreto de consagrar a Dios su
porvenir.
Volvió a Confort con alegría. Veía de nuevo los
lugares familiares que le eran tan queridos
Al día siguiente de la
revolución
• Las dos viajeras llegaron a París el 25 de mayo de 1802. Se
dirigieron a la casa madre, en la calle de Vieux-Colombier, a la
sombra de san Sulpicio, en donde se estaba reconstruyendo la
Compañía después de la tormenta revolucionaria.
• Varias Hijas de la Caridad había dado su vida en el cadalso o frente a
los fusiles alineados frente a ellas. Volvían las supervivientes, ricas en
piadosos y heroicos recuerdos, dichosas de encontrar de nuevo en
aquella casa de Vieux-Colombier, bajo la magistral dirección de la
reverenda madre Deleau, las piadosas costumbres y los ejercicios de
la comunidad.
En el seminario y su
programa de
formación
La señorita Juana María Rendú solicitaba la
admisión entre las Hijas de la Caridad.
Habiendo hecho en Gex un tiempo de prueba
que era una especie de postulantado, podían
entrar ya directamente en el noviciado
Juana María tendrá que adaptarse a un nuevo
género de vida, tendrá que entrar dentro del marco
de usos y costumbres tradicionales de la Compañía,
tendrá que forjar su alma en el espíritu de las Hijas
de la Caridad y practicar sus virtudes características.
La frágil salud de Juana María se sentía debilitar. Consultaron al médico y
éste ordenó un cambio de aires. Tendría que dejar entonces la casa madre.
La enviaron no muy lejos de allí, dentro del mismo París a la calle de
FrancsBourgeois-Marcel.
En el barrio de Mouffetard
• El barrio Mouffetard ofrecía buenas ocasiones para calmar la
ambición de aquel gran corazón; la enorme actividad que allí
le esperaba reducía en gran medida la tensión espiritual de
aquel alma conquistada ya totalmente por Dios.
• Al llegar allí fue cuando tomó el nombre de sor Rosalía y que
llevaría en adelante. No tuvo la dicha de recibir el tradicional
hábito azul y la corneta blanca. No había acabado todavía su
noviciado y además todavía seguía prohibido llevar el hábito
religioso.
La oficina de la Caridad
• La casa a donde iba destinada sor Rosalía era una oficina de la
Caridad o casa de Socorro. Se llamaban de esta manera los
establecimientos caritativos creados por el gobierno del
Consulado para la distribución de socorros entre los
necesitados del barrio.
• Contexto: Eran del estado confiadas a las Comunidades
Religiosas
• Le encargaron, en primer lugar, de la clase. Se trataba de una
escuela para niños del barrio. Sus alumnos eran muy
numerosos. Pero ella había aprendido a mandar. Aquella tarea
le gustaba.
En el cargo de superiora:
comienzos felices
• Sor Rosalía tenía solamente veintiocho años. Pero no era
persona capaz de acobardarse ante las responsabilidades.
• Se ofreció a Dios para su servicio en aquel nuevo trabajo.
Preocupada por asegurar en su casa una sólida unión entre
todas las hermanas y de entusiasmarlas a todas por las obras
de la casa, se entregó a su misión con la misma sencillez y el
mismo ardor de siempre. Y obtuvo el mayor de los éxitos. Su
impulso daba confianza a cuantos la rodeaban. A su alrededor
las cosas marchaban estupendamente.
La Prueba
• En el consejo habían decidido hacer algunos cambios. El suyo
estaba casi decidido. Sor Rosalía partió sin decir nada a sus
compañeras. Cuando llegó a la casa madre, la hermana
asistenta le dijo sin preámbulos: Sor Rendú haga el favor de
quedarse aquí. Aquello fue todo. Así pues, de momento, sin
transición alguna, sor Rosalía tuvo que quedarse en la casa
central en espera de un nuevo destino.
• La superiora le dijo vuelva a casa usted no tiene nada que
hacer aquí. Pero todo era una prueba de obediencia y
mansedumbre. Volvió ella feliz al lugar de trabajo con los
pobres que la esperaban.

El año 1830
• Era grande la efervescencia de los espíritus que reinaba
después de la revolución. El mundo se sentía agitado por todo
un bullir de nuevas ideas.
• Pero en el terreno de las ideas todavía quedaba mucho por
hacer. Pues bien, en la Sorbona se daba cita todo un mundo
juvenil, estudioso y lleno de generosidad.
• Ozanam desplegaba por aquella época sus mejores cualidades
de genio y de talento. Empezaba ya a distinguirse por aquella
brillante y cálida elocuencia que, sostenida por robustas
convicciones, resonaría pronto en las aulas de la Sorbona de
París.
Ya sabemos la historia de Ozanam...

Sor Rendú y Ozanam
…Fundemos una conferencia de caridad. La idea hizo fortuna.
Todos la aceptaron con entusiasmo. Y también le alegró al señor
Bailly. Y el señor Bailly los envió a sor Rosalía. En efecto, no
había nadie que fuera más apropiado que sor Rosalía para
guiarlos en el aprendizaje de la caridad.
Ozanam sabía el camino de la casa de sor Rosalía. Un día,
conociendo ésta la delicadeza de su hermoso espíritu compasivo
que se veía inclinado a una excesiva liberalidad, le había
dicho: Hijo mío, lo que les digo a sus amigos, no tengo necesidad
de decírselo a usted. Gracias a Dios, usted conoce bien a
los pobres, como es debido. Ozanam acudía de buena gana a la
calle de I’Epée, a aquel santuario de la caridad.
El comienzo de la Caridad
• El camino de la Sorbona a la calle de I’Epéede-Bois fue más
que nunca conocido y recorrido. Y sor Rosalía tuvo la dicha de
ver reunirse varias veces en su casa a los primeros miembros
de la Conferencia de San Vicente de Paúl
• San Vicente podía estar contento de sor Rosalía. Ella hacía
pasar el alma generosa de todos aquellos jóvenes que
gravitaban alrededor de la casa de I’Epée-de-Bois un poco el
alma de su santo fundador, tan humilde y tan sencillo en el
seno de los más espléndidos ardores de su caridad. Sor Rosalía
continuaba influyendo tanto en el pensamiento de la
conferencia como en el ánimo de aquellos jóvenes que le
tenían en tan alto aprecio.
Muerte
• Durante su vida, sor Rosalía había demostrado tener miedo a
la muerte. La meditación de las grandes verdades causaba una
honda impresión en su alma.
• No obstante, cuando llegó su última enfermedad, y a pesar de
aquellas palabras de la venerable madre Fournier, que le había
dejado vislumbrar su muerte cercana, sor Rosalía estaba
tranquila y serena. ¿Acaso no había dicho san Vicente que los
que hayan amado mucho a los pobres no tendrán miedo a la
muerte?
• Avisaron al señor párroco de saint-Médard que llegó corriendo
y le administró la extremaunción. Sor Rosalía hizo la señal de
la santa cruz. Fue su último gesto. Con aquel acto de fe y aquel
signo salvador entró definitivamente en sopor. El día siguiente,
7 de febrero, a las 11 de la mañana, entregó su alma a Dios,
sin agonía.

Beatificación (Carta del General
2003)
• El 9 de noviembre, Domingo de la Dedicación de
la Basílica Lateranense, Madre de todas las
Iglesias, el Santo Padre beatificará a nuestra
Hermana la Venerable Sor Rosalía Rendu, Hija de
la Caridad, junto con otros cuatro Venerables. Sor
Rosalía fue una mujer extraordinaria: “brillante,
sensible, dinámica, fuerte, cordial, dulce,
delicada, dotada de buen carácter y de una buena
dosis de humor”…
• La energía, la creatividad, la fidelidad, el coraje
brillan en los testimonios de quienes la
conocieron. Fue famosa ya antes de su muerte.
Una multitud inmensa, que se estima entre
cuarenta y cincuenta mil personas, de todas las
categorías sociales, asistieron a sus funerales el 9
de febrero de 1856. La Iglesia la beatifica para
que luzca como una estrella y para que con su
ejemplo, en medio de nuestras tinieblas,
podamos ver cómo vivir nuestra vocación de
servicio a los pobres. Sor Rosalía es un modelo de
santidad palpable y concreto, especialmente para
cada Hija de la Caridad.

Cinco Rostros de Rendú
P. Robert P. Maloney, C.M.

1. Trabajadora y organizadora
extraordinaria.
• Para las jóvenes y las madres más necesitadas,
Rosalía organizó muy pronto clases de costura y
bordado. Más tarde, fundó una guardería y un
parvulario donde se hacían cargo, durante todo
el día, de los hijos de las madres trabajadoras.
Para esas mismas jóvenes, fundó las Hijas de
María con una rama para madres cristianas
dedicada a Nuestra Señora del Buen Consejo.
• Aunque Rosalía no fue partidaria de los
orfanatos, en 1851 aceptó administrar uno y en
1852 abrió un asilo para ancianos.
• Ayudó al establecimiento de las Conferencias de
San Vicente de Paúl y daba consejos a sus
miembros.

2. Superiora local
• 1. Un primo suyo describe las relaciones de
Rosalía con las Hermanas de la comunidad con
esta frase: «ternura infinita»
• 2. La casa donde Rosalía era Hermana Sirviente
se convirtió, por así decirlo, en una «casa de
formación»
• 3. Con la animación de Rosalía, esta casa
extraordinariamente activa, era también de
manera extraordinaria una casa de oración.
Durante la Revolución de 1848 en París, un
oficial lanza a sus soldados al asalto de
una barricada; pero, dejándose llevar
por su ardor, se encuentra solo en el
otro lado. Entonces, se abalanza en el
interior de una casa de Hermanas de la
Caridad, cuya puerta se halla abierta,
pero los insurgentes le persiguen hasta
allí. Demostrando gran valentía, la
superiora, sor Rosalía, se adelanta
hacia ellos:
«¡Aquí no se mata a nadie! –
Entregádnoslo y lo llevaremos a la
calle».
3. La mujer Intrépida
Todas las monjas acuden para respaldar a
su madre, pero la horda grita y amenaza.
Durante más de una hora, la caridad
disputa a la venganza la vida de un hombre.
Los cañones de los fusiles apuntan ya a la
víctima.
Sor Rosalía se pone de rodillas:
«Hace cincuenta años que os he dedicado
mi vida; por todo lo que os he ayudado a
vosotros, a vuestras mujeres y a vuestros
hijos, entregadme la vida de este hombre».
Las armas se levantan, y el grupo retrocede
y se retira. El oficial, hallándose a salvo,
pregunta: «¿Quién sois? – ¡Oh! nada... una
hija de la caridad».
4. Amiga de ricos y de pobres
• Había tomado a Federico Ozanam y a sus compañeros
• Desde 1833 hasta la muerte de Rosalía, el Vizconde
de Melun iba a verla al menos una vez por semana
para escuchar sus consejos.
• Ayudaban materialmente a Sor Rosalía: el Rey y la
Reina, el General Cavaignac, escritores y hombres
políticos como Lamartine y Caubert y otros muchos
políticos y administradores locales. El Embajador de
España, Donoso Cortés, iba a casa de Rosalía todas las
semanas para que le diera una lista de pobres a quien
visitar. Cuando él mismo cayó enfermo en 1853, Sor
Rosalía lo asistió hasta su muerte.
• El 27 de febrero de 1852, se le concedió el premio de
la Legión de Honor.
• El 18 de marzo de 1854, el Emperador Napoleón III y
la Emperatriz Eugenia fueron a verla a su casa.
5. Fiel, a veces incomprendida,
Hija de la Caridad
• Entre todas las causas de beatificación de los
miembros de nuestra Familia Vicentina, la que
más me interesa es precisamente la de Rosalía
Rendu. Era venerada mientras vivía.
• El conflicto entre el P. Nozo, por el desfalco
económico a finales del año 1830, y con los
Padres Etienne y Aladel. La noticia de este
conflicto se publicó en los periódicos, de modo
que todo París hablaba de ello. Por fin el
Arzobispo de París se decidió a intervenir y
redactó un documento de interdicción contra el
Padre Etienne, el Padre Aladel y los otros. Rosalía
intervino pidiendo al Arzobispo que apaciguara
las cosas.



• Es interesante señalar que Rosalía no toleró, en
su presencia, ninguna crítica contra el Padre
Etienne, a pesar de las relaciones frías. Un día,
en el recreo, una Hermana joven, con un poco de
humor, hizo una observación sobre la
corpulencia del Padre Etienne. Rosalía la
reprendió más bien severamente: «Le tolero esta
observación considerando su edad, pero no
hubiera hablado usted así si hubiera pensado
que Dios y San Vicente se hacen representar por
sus Superiores»

Oración
Oh Dios, que concediste a la Beata Rosalía,
tu espíritu de amor, para ayudar a los más
necesitados y abandonados, concédenos,
a ejemplo suyo, la alegría de reconocer a
Cristo en los pobres y servirles con caridad.
Por nuestro Señor, que vive y reina
por los siglos de los siglos.
Amen

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