Primer Mártir

Canonizado de China
(1802-1840)

1802, 6 de enero Nace cerca de Montgesty,
diócesis de Cahors
1818, 15 de
diciembre
Entra en la Congregación de
la Misión
1925, 23 de
septiembre
Ordenación sacerdotal en la
Capilla de las Hijas de la
Caridad, calle del Bac – Paris
1835, 21 de
marzo
Parte hacia China
1840, 11 de
septiembre
Muere Mártir
1889, 10 de
noviembre
Beatificación
1996, 2 de junio Canonización
11 de septiembre Su fiesta litúrgica
• Montgesty (en occitano Monges
tin) es una población y comuna
francesa, situada en la región
de Mediodía-
Pirineos, departamento de Lot,
en el distrito de Cahors y cantón
de Catus.
• San Juan Gabriel
Perboyre. Perboyre nació
en la aldea de Le Puech
(variante de «puy» =
altura), próximo a la
población de Montgesty,
el 6 de enero de 1802.
Recibió el presbiterado el
23 de septiembre de
1826.
• Sobre la vocación de Juan
Gabriel tuvo gran influjo un tío
suyo, Santiago Perboyre (1763-
1848), que enseñaba en
el seminario de Montauban.
Ordenado antes de la
Revolución, Santiago tuvo que
pasar durante ella varios años en
un escondite de la región. De
nuevo en Montauban, el joven
Juan Gabriel fue escolarizado
por Santiago.
• Juan Gabriel, admitido en
la Congregación de la Misión en
Diciembre de 1818, hizo su
noviciado en Montaubán, y emitió
los santos votos el 28 de
Diciembre de 1820.
Sus superiores le llamaron
inmediatamente a París para que
continuase los estudios
eclesiásticos; después fue
enviado a enseñar la Filosofía en
el Colegio de Montdidier. Final-
mente, el 23 de Septiembre de
1825, fue ordenado Sacerdote en
París en la capilla de las Hijas de
la Caridad.

• En 1827, teniendo veinticinco
años, se le confió la dirección del
pensionado eclesiástico de
Saint-Flour, cuya situación difícil
pedía un Superior
prudente y activo.
• Desde 1832 a 1835, fue director
de novicios en la casa Madre de
los Vicentinos en Paris.
• En 1832 el Sr. Perboyre supo la
muerte de su hermano Luis, que
dio su alma a Dios en su viaje
para la China.

• El Padre Perboyre era de
complexión débil, y esta fue la
causa por que
los Superiores manifestaron
cierta dificultad en enviarlo a la
China, condescendiendo con
sus vivos deseos; pero
habiendo hecho él una
fervorosa novena a la Santísima
Virgen, consiguió la gracia que
tanto deseaba. Se embarcó en
el Havre el 21 de Marzo, y el 29
de Abril estaba ya en Macao.

• Después de seis meses de su
salida del Havre, llegó a la
residencia de los Padres Lazaristas
de Nan-Jan-Fou, de la provincia de
Onan, donde años antes, en 1820,
había consumado su carrera un
glorioso mártir, también Lazarista, el
Venerable Clet. Permaneció allí dos
años y después fue enviado a
evangelizar el Hou-pé. Es indecible
lo mucho que trabajó durante
algunos años de apostolado,
multiplicándose en todas partes.
Descuidaba su poca salud, y el
resplandor de sus virtudes ayudaba
poderosamente a su palabra, por lo
que todos le miraban como un
hombre de Dios.

• 15 de Septiembre del año 1839:
recibieron la noticia de que
venían a prenderles algunos
satélites conducidos por
mandarines.
• 16 de Septiembre: fue
conducido, cargado de cadenas,
a la ciudad de Kon-Tching, y
habiendo caído
desmayado, Dios le proporcionó
otro Simón Cirineo en un pagano
llamado Licou, que, movido de
compasión, pagó una litera para
ser transportado el mártir hasta
Kon-Tching
• En dicha ciudad permaneció treinta
días, siendo su morada la prisión.
En este tiempo se le manifestaron
los jueces bastante humanos.
Confesó el Misionero que era
Sacerdote de Jesucristo y que
jamás renunciaría a su fe.
• Se le condujo después a Siang-
Tang-Fou, en cuyo tribunal declaró
con firmeza que había venido a la
China para predicar la fe cristiana.
• Se le dieron 40 golpes en la cara
con un látigo de tres correas, hasta
poner su rostro en tal estado, que
ni siquiera le quedaba apariencia
de hombre.
• Poco tiempo después fue el santo
prisionero conducido, en compañía
de otros diez cristianos, a Ou-
Tchang-Fou, capital de Hou-pé,
distante 140 leguas. Iban cargados
de cadenas y grillos en el cuello, en
las manos y en los pies.
• Ou-Tchang-Fou, 11 de Septiembre:
En fin, ya está amarrado al patíbulo,
que tiene la forma de cruz. Sus
manos sujetas por detrás al palo
transversal, y los dos pies atados
también por detrás, permanecen
suspendidos, en actitud de rodillas, a
algunas pulgadas de la tierra.
Primera y vigorosa torsión de la
cuerda por el verdugo, que luego
aflojó.
• Algunos eventos en los que la Pasión y Muerte del
Divino Salvador, coinciden con el Martirio de Juan
Gabriel.
• Perboyre fue unido a la Causa
de un grupo de mártires de
1798-1840, con Decreto del
Papa Gregorio XVI, el 9 de
julio de 1843. En un primer
sumario aparece Perboyre en
1842 en el último número de
un grupo de 41, así como
aparece Clet en un segundo
Sumario en el puesto 13º de
otro grupo de 14.
• En el número XXXVI de las
Relaciones del primer grupo,
se reporta la del Obispo
Joseph Rizzolati, OFM, Vicario
Apostólico de las provincias
Hu-quang (28 de octubre de
1840), sobre el martirio de
Perboyre. Y en el número

• Firmado por el Cardenal Laurenzi
(30 de mayo de 1889) el llamado
Decreto de tuto (―se puede
proceder con seguridad‖), el Papa
emanó el Decreto de Beatificación
el 9 de noviembre de 1889. El rito
de la misa se concedió como Doble
Mayor, y el elogio del Martirologio,
el 11 de septiembre, fecha de su
muerte, reza así:

En China, el beato Juan Gabriel
Perboyre, Sacerdote de la
Congregación de la Misión, nacido en
Puech, Francia, quien, habiendo
tolerado con fortaleza y constancia
muy crueles y prolongados tormentos
por la defensa de la fe en Cristo, se
asemejó en modo singular al divino
Redentor; finalmente, estrangulado
con unas cuerdas y colgado de un
madero, consumó con el martirio la
admirable inocencia de su vida.
• La ceremonia de la Beatificación, 10 de noviembre
de 1889, se narra en Annali della Missione, 45
(1890) 27-32, que hace referencia al Monitore
Romano del 12-13 de noviembre de 1890. En la
Sala della Loggia estaban presentes su hermano
Santiago, C.M. (contaba entonces 79 años) y su
hermana Gabriella (Sor María, Hija de la Caridad,
de 72 años), la otra hermana, Antonieta, también
Hija de la Caridad, estaba en China.

• La Revista Annali della Missione había seguido las
varias etapas los años precedentes: en el dicho
tomo 45 refiere todos los Triduos celebrados en
honor del nuevo Beato; recordamos en particular el
de Nápoles (4-5-6 de febrero de 1890) en la Casa
Provincial de las Hijas de la Caridad, al que asistió
su hermana Gabriela (Sor María), que después
murió allí en 1896 y está sepultada en la misma
Capilla de las Hijas de la Caridad.
• La Hermana había llegado ya a la inmovilización total, con un
pronóstico infausto que preveía la muerte: el 9 de noviembre —
dice el médico— … había perdido yo toda esperanza de ver
una mejoría en el estado de la Hermana. Su muerte me
parecía próxima. En cambio, en la mañana del domingo Sor
Isoré se levantó curada. …
fui entonces hasta la Capilla, abrí la puerta y grité:
¡o estoy loca o estoy curada!
• Como lo habían prometido ella y las Hermanas, hubo plegarias
de agradecimiento y difusión del culto del Beato. La Hermana
gozó siempre después de buena salud y volvió a su trabajo,
hasta su muerte, acaecida en 1906.

El médico debió reconocer: Para una enferma llegada al punto al
que estaba reducida Sor Gabriela Isoré, se hubieran necesitado
meses de un tratamiento activo para lograr una curación que
sería quizás todavía incompleta.
• El domingo 2 de junio, en la
Plaza de San Pedro, se tuvo la
solemne Celebración, presidida
por el Papa: junto con Perboyre
se canonizaba al Beato Egidio
María de San José Francisco
Antonio Portillo (1729-1812), de
la Orden de los Frailes
Menores, y al Beato Juan
Grande Román (1546-1600), de
la Orden Hospitalaria de San
Juan de Dios.
• La justicia y la misericordia de Dios caracterizan esta providencia que
ordena todo en el mundo. Para ilustrar esta concepción fundamental,
podemos citar este pasaje de una carta del 27 de octubre de 1830 a su
hermano Luis que, en Le Havre, está a punto de embarcar para la
China. Haciendo referencia a una profecía que corre en nuestros
países y que anuncia la conquista de París por los árabes, Juan Gabriel
expone lo que puede aparecer como el presupuesto fundamental de su
concepción de la historia:
• «Sea lo que sea de todas estas predicciones verdaderas o falsas,
somos dichosos, en medio de las conmociones políticas y de las
calamidades temporales, de tener a un Dios por Padre que sólo nos
castiga para hacernos buenos, que tan sólo permite el mal para
sacar bien de él. Que el que introdujo el desorden en el mundo
perturbe y trastorne todo, Dios sabe llegar a sus fines y procurar,
por su providencia adorable, su mayor gloria y la santificación de
sus elegidos. En Él solo, nuestra esperanza, nuestro único recurso. Él
es nuestro todo, que Él lo sea eternamente.»

• En lo opuesto a Dios está el mundo. Uno queda
sorprendido hoy ante esta perspectiva
esencialmente pesimista pero, en la medida que la
finalidad última del hombre es volverse
hacia Dios y trabajar por su grandeza, el mundo
representa la vía opuesta o, al menos, esta opción
del rechazo del Dios Uno. A la misericordia
de Dios, se opone la desolación de nuestro mundo.
Juan Gabriel Perboyre escribe así a uno de los
Asistentes de la Congregación, Juan Grappin, el 18
de agosto de 1836:
• Cuanto más uno recorre la tierra más se
sorprende de la verdad de estas
palabras: misericordia Domini plena est
terra; pero más también de la verdad de
esto: desolatione desolata est terra. Sí, de
cualquier lado que uno se vuelva, la encuentra
infestada de vicios y sucia de iniquidades. Hay
santos que han muerto de dolor por ver
a Dios tan ofendido de los hombres.

• Esto es también expresado, de manera más directa, cuando
anuncia, a sus padres la muerte de su hermano Luis, en la
carta del 15 de febrero de 1832:

Despreciemos el mundo, desprendámonos de todas las cosas
de la tierra, consagrémonos a Dios solo y a su servicio; tan
sólo recogeremos, al morir, lo que hayamos sembrado
durante la vida.


• Asimismo, cuando se entera de que su padre está enfermo,
en una carta del 14 de enero de 1834 a su hermano Antonio,
escribe:

El buen Dios no le aflige sino por su bien, puede estar seguro
de ello. Al sufrir expía las penas que tendría que soportar
en el Purgatorio y merece una mayor gloria para el cielo.
Así, le ruego que aproveche estas gracias de la enfermedad
con una santa resignación y una paciencia perfecta. Le
aconsejo mucho que haga, durante su
convalecencia, una confesión general de toda su vida.

• Y Juan Gabriel se aprovecha para desarrollar esta
espiritualidad tradicional, en ambiente cristiano, de
este arte de morir:
En el instante que el Padre celeste juzgue a propósito
para llamarnos a Él, debemos encontrarnos enteramente
dispuestos. Toda enfermedad debe ser una preparación
continua para una santa muerte; nos ha sido concedida
para obtener una muy preciosa eternidad. En cuanto a ti,
mi querido hermano, aunque seas todavía joven, piensa
que puedes morir todos los días. Vive como si cada día
fuera el último de tu vida. Por otra parte, no podemos, ni
demasiado pronto ni demasiado cuidadosamente,
amontonar tesoros para el cielo. En lugar de imitar a
quienes pierden el tiempo de la juventud en vanos
placeres, aplícate, con lo mejor de ti, a observar la Ley
de Dios.


• Primero, la providencia de Dios adopta la forma de un
tema de viaje en muchas de las cartas de
Perboyre: Dios camina con él, protegiéndolo.
• Segundo. Aparte de este tema de viaje,
la providencia tiene otra resonancia en los escritos de
Perboyre. La ve como una «orden», un plan oculto
de Dios. En este sentido, como Vicente de Paúl, no
quiere «adelantarse a ella.»
• En tercer lugar, por las cartas de Perboyre se deduce
que contempla el sufrimiento como parte del misterio
del amor providente de Dios. Está convencido de que
«Dios castiga a quienes ama.»

• Hay una carta preciosa, escrita desde Surabaya a su tío,
en la que habla de su hermano:
• No pude realizar este viaje a China sin pensar a
menudo en mi hermano Luis. Me encantaba
imaginármelo caminar delante de mí, mostrándome el
camino que debía seguir. Triste decirlo, como la
estrella que guió a los Magos, él desapareció, en
mitad del camino. Qué grande será mi gozo cuando lo
vuelva a ver de nuevo brillando con nuevo brillo y
mostrándome dónde está Jesús, el Divino Rey!

• Las cartas dejan muy claro cuan unido a la Compañia
estaba Perboyre. Recuerda a su primo Gabriel
cuanta gratitud le debían ambos a la Congregación por
todo lo que les había dado.
• Uno de los temas más repetidos en sus cartas es cuánto
bendice Dios a la Pequeña Compañía. Ve en la bondad
de los novicios una señal de los planes de Dios para el
futuro de la Compañía.

Se impacienta por ver a otros
convertirse en hijos de san Vicente.

Está convencido de
que san Vicente continúa atrayendo las bendiciones
de Dios sobre la Congregación

• Desde Jakarta escribe al Superior General, P. Salhorgne, que
durante una furiosa tempestad que tuvo lugar durante el viaje,
cuando las olas eran como montañas, los misioneros rezaban:
«Oh María, sin pecado concebida». Añade que apenas
hubieron alzado sus brazos hacia la Estrella del Mar cuando
la tempestad remitió.

• En China fue un incansable propagador de la Medalla
Milagrosa.

En una carta, escrita poco antes de su
captura, habla de una joven que le habían traido de una de las
comunidades cristianas y que padeció trastornos mentales
durante ocho meses. La gente le dijo que queria confesarse.
Aunque él dudaba de la utilidad de oirla en confesión, lo hizo
por compasión. Al despedirse, le dio una Medalla Milagrosa.
Desde ese día comenzó a mejorar, y al cabo de cuatro o cinco
días había cambiado por completo.

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