Teófilo Josefo Tadeo (TEJOTA

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HISTORIA EN VERSO DE LA WATCHTOWER
NEW YORK, JUNIO 2012 1

COPYRIGHT BY Teófilo Josefo Tadeo INTELLECTUAL PROPERTY REGISTRY: NY20120621/132

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Todo lo que el hombre piensa Es lo que llega a creer. Jactancioso ha de imponer Opinión severa, intensa. Tregua jamás le dispensa A quien quiere someter.

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Cambia el Cuerpo Gobernante de opinión a cada instante como cambia la veleta que en el viento no está quieta.

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EL ARMAGEDON DESDE LA ATALAYA En su torre-atalaya encaramados, dan voces los del cuerpo gobernante de que ven ya venir amenazante el fiero armagedón por todos lados. En cándidos caletres asustados implantan con afán intolerante su férreo parecer vociferante que pronto queda en cuentos caducados. Por el lejano y tétrico horizonte, ¿divísase espectral armagedón llegar como salvaje mastodonte? Más fácil es que sea un nubarrón que al llegar la mañana se remonte y haga mofa de toda predicción.

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PAN, MAS QUE PALABRAS ¿Pide el pobre de comer y le das predicación? No puede ser buena acción descuidar el gran deber de dar comida al hambriento. Para que Dios te bendiga, llena al pobre la barriga; después cuéntale tu cuento, si es que te quiere escuchar, que no tiene obligación de oir tu disertación y la puede rechazar. Tú en cambio no te desligas de la generosidad, que es obra de caridad con que al prójimo te obligas. ¿Pues no atendió el Cristo a miles dándoles panes y peces, todo eso sin muchas preces
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y sin discursos febriles? Porque el Cristo predicaba pero a la par daba trigo, no como hace hoy el testigo que parla y parla y no acaba. No niegues tu pan al pobre y, cual si fuera tu hermano, abre corazón y mano y dale aunque no te sobre. No busques contrapartida, no esperes a cambio nada; si eres persona abnegada, más feliz será tu vida.

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HISTORIA EN VERSO DE LA WATCHTOWER

(Poemario en 1.200 versos)

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LOS PROLEGÓMENOS Aquila Brown fue el primero en decir rotundamente que dos mil quinientos veinte era en años el entero cómputo de los famosos siete tiempos del profeta para hacer de este planeta la corte de los gloriosos. Allá por el veintitrés de aquel siglo diecinueve que las montañas aún mueve y aún suscita el interés, tuvo gran repercusión el libro “El Atardecer” que Brown legó con placer y es de fechas conmoción. Después profetizaría William Miller, que fue el mismo
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fundador del adventismo; afirmó que el fin vendría y el Cristo aparecería, ya el cuarenta y tres pasado; no habiendo el Señor llegado, gran decepción surgiría. La tan ansiada venida pospuso al año siguiente; fracasó y, por consiguiente, fue sonada la estampida. Entre los muchos devotos, Nelson Barbour se encontraba; con chasco a Australia emigraba, como tantos boquirrotos. Este Barbour regresó como veinte años después y en Londres puso los pies, algo que no le pesó, pues fue allí que descubrió por algún perdido estante una obra interesante
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que un tal Elliot escribió. Filosofando profundo, mister Elliot aducía que al catorce se extendía el gran tiempo de este mundo. “Horas” era a la sazón el libro que sutilmente a Barbour le abrió la mente y le embargó el corazón. Creyó al punto detectar que Miller se equivocaba en tres décadas y estaba ya el tiempo listo a expirar. Y así fue que, finalmente, risueño interpretaría que el señor Cristo estaría al setenta y tres presente. Predicó en todo lugar y, una vez que hubo pasado el año supracitado,
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no viendo al Cristo llegar, corrigió el entendimiento, pues era el fallo evidente, y aplazó al año siguiente el magno acontecimiento. El año voló cual humo, el Cristo no apareció y la secta se escindió, desairada en grado sumo. Mas Barbour no se rindió e hizo ver lo nunca visto: que la presencia de Cristo en el cielo aconteció. Para explicar tal misterio fundó su propia revista, “El Heraldo”, siempre lista para este asunto tan serio. Una copia recibió Charles Russell, que al leerla, encontró que era una perla y a Barbour presto escribió.
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En verse con él convino y al fin quedó convencido de que tenía sentido la fecha en que el Cristo vino. Que fue en el setenta y cuatro que acaeció tal evento, según el discernimiento que no era más que teatro. Esta patraña adventista la extendió Russell fanático y en proclamarla fue enfático cual activo publicista. Por tal prédica insensata muchos fueron engañados y también decepcionados: todo quedó en perorata. Este Russell se valió de la sociedad fundada, la Watchtower se llamaba, por Conley, que a aquél le abrió
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las puertas editoriales, imprimiendo por millones todas sus publicaciones y amasando así caudales. Grosso modo predicaba que el catorce aterraría porque desastre vendría sobre quien no le escuchaba. Que el seiscientos seis fue el año de la horrible destrucción de la judaica nación y ahora mayor era el daño. Lo que Russell no sabía es que un tal Birks escribió que el seiscientos seis salió, no de alguna profecía, sino de añadir al año quinientos ochenta y siete el diecinueve que mete Jeremías en su escaño.

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Pero Birks erró la cuenta porque dieciocho fueron los años que transcurrieron hasta aquella cenicienta ruina de Jerusalén, desde que al trono ascendiera el monarca que tuviera de los judíos desdén. Tienen rigurosamente razón los historiadores cuando con sabios rigores demuestran celosamente que Jerusalén cayó como torre de juguete en aquel ochenta y siete que una patria destruyó.

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EL SEÑOR RUSSELL ABRE EL TELON En el siglo antes del veinte, ya mediados los setenta, aceptó Russell la cuenta que echara precariamente sobre los tiempos del mundo un tal Barbour, adventista y al par supremo cuentista, calculador errabundo. Este Barbour anunció en su revista El Heraldo -por cierto, sin gran respaldo, pues fantasías urdió-, que el Cristo empezó a reinar el año setenta y cuatro, de lo cual hizo teatro y a algunos fue a impresionar. Llegó a Russell la revista
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y quedó conmocionado tras leer lo publicado. Solicitó una entrevista con el tal Barbour, y pronto éste a aquél en un momento, sin mucho razonamiento, le convenció como a un tonto. Joven como Russell era, sin letras, sin experiencia, aceptó con diligencia y con patente ceguera las fechas que aquél le diera, junto con ciertas doctrinas que se estimaban divinas, sin cotejarlas siquiera. Las fechas que transmitiera Barbour a Russell, aquél las extrajo del papel que un tal Elliot escribiera como tres décadas antes cuando quiso demostrar
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que a punto estaban de entrar los nuevos tiempos radiantes: Seiscientos seis, como el año en que la ciudad judía sufrió en un aciago día inimaginable daño. Y la de mil novecientos catorce, por deducción, fecha del Armagedón, lanzada a todos los vientos. Y Russell, con impaciencia, con mayúsculo entusiasmo, sin malicia ni sarcasmo, sin sopesar la evidencia, inició con alegría la tenaz predicación ésa del Armagedón que en el catorce vendría. Mas, como no acaeció, Russell, con vista de lince
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la retrasó para el quince; pero nada sucedió, salvo que el mundo se vió dentro de aquella gran guerra que hizo temblar a la tierra y que Russell no previó. Para entonces el barbado y locuaz predicador era ya el publicador más grande considerado, pues vendía por millones piezas de literatura que no otorgaban cultura y sí muchas diversiones. La Watch Tower de Sión, que fundara ilusionado, la dejó como legado a su fiel generación. Tal revista en este día se designa “La Atalaya”; largo en doctrina se explaya
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y en caduca profecía. Dos años después fundó un tal Conley la entidad Watchtower, que utilidad a Russell pronto le dio cuando, tras un lustro entero, la Watchtower refundó, que a tiempo le redundó un porvenir lisonjero. Su famosa colección de la Aurora del Milenio, tramada con sumo ingenio, fue de la grey distracción. Charlatanes ambulantes la expendieron por doquier con gratuito quehacer en tiempos tan apremiantes. Famoso fue el Fotograma de la Creación, que aún brilla cual pionera maravilla
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de la cinética trama. Por tal admirable invento, muchos fueron absorbidos y sus destinos torcidos, lejos del discernimiento. Era Russell fiel masón, como afirmó en un discurso en una asamblea en curso, no de la congregación, sino de ilustres masones de Pasadena. De grado, libre masón aceptado dijo que era, sin ficciones. Enarboló por bandera la piramidología; su Biblia en piedra sería la gran pirámide entera. El caso es que presentaban todas sus publicaciones simbolismos de masones: dobles alas destacaban.
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Fue de viaje a tierra santa y hasta Egipto visitó, donde bien se retrató, porque la historia lo canta, en el vetusto y altivo piramidal monumento que a Keops su fundamento se atribuye sin motivo. Ya entonces, como es probado, se dividió el movimiento, al no ver el cumplimiento de todo lo predicado. Hoy en día, varias sectas que se llaman Estudiantes de la Biblia, aún expectantes lanzan prédicas directas. Cansado por el vaivén de los esquivos asuntos, la víspera de difuntos murió Russell en un tren.
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Media centuria perdió de incesante predicar que hubo al fin de caducar porque su luz se fundió. Junto a su tumba se alza la pirámide masónica, hoy completamente afónica porque su voz ya no ensalza. Los suyos se la erigieron en honor de su persona y la cruz y la corona sobre su cima esculpieron. Pleno de afabilidad, su profetizar entero pudo haber sido sincero, pero sin veracidad. Corrió por su propia cuenta, no fue profeta inspirado ni Dios le había enviado: corona de humo detenta.

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Del esclavo fiel se afirma que activo está cual vocero desde aquel siglo primero, que la Biblia lo confirma. Sería providencial que Russell, por descontado, hubiera al fin contactado con el esclavo oficial. Pero Russell no contó con tal guía en la Escritura; solitario en la aventura, con aquél no contactó. ¿Restableció el cristianismo este Russell en su día? No, porque ya existía desde el siglo primo mismo. Todo aquel que bien discierna verá que dos paralelas marcan hoy sus cantinelas: una antigua, otra moderna. Si la antigua es verdadera,
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la de Russell no lo es y esto no tiene otro envés, como es patente a cualquiera. Una pirámide erguida en un triste camposanto, aprisiona a cal y canto una esperanza perdida. Fue tan solo una utopía lo que Russell predicó; por eso se equivocó. Su vida quedó vacía.

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RUTHERFORD DA LA PUNTILLA Medio lustro de aflicción pasó, vacío de gloria, y ocupó henchido de euforia Rutherford el gran sillón. Su buen sudor le supuso, pues, no siendo el designado, manejó como abogado los hilos y al fin se impuso. El juez Rutherford, llamaban a este nuevo presidente de carácter vehemente; ante él los suyos temblaban. Tipo rudo y prepotente, nunca gozó del afecto tan profundo y tan perfecto que a Russell le dio su gente. Publicó un libro siniestro lleno de barbaridades
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que hizo pasar por verdades de su difunto maestro. Tal suceso motivó que se escindiera la secta, mas él, de manera afecta, con furia el fuego avivó. Para el año dieciocho profetizó sin piedad que la entera cristiandad sufriría su desmocho. Que, sin tregua y parsimonia, Dios mataría a millones que daban sus devociones a la grande Babilonia. Por una publicación que a la nación criticaba cuando en la contienda entraba, fue recluído en prisión. Cuando con la primavera la libertad conseguía, la rabia que le envolvía
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le hizo perder la sesera. Lanzó un folleto, además de agudas disertaciones, pregonando que millones no morirían jamás, e incluso fue más allá, todo por llenar las arcas, y afirmó que los patriarcas resucitarían ya. El veinticinco sería el año de tal evento y, tras su acontecimiento, el Armagedón vendría. Fue un lustro de excitación para la feligresía, que extendió su fantasía por todo pueblo y región. Con razones oportunas los de la médica ciencia pregonaban a conciencia
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el uso de las vacunas. La Watchtower saltó al punto con esta declaración: que toda vacunación era diabólico asunto. En el año veintidós, Rutherford más incendiaba los ánimos cuando daba como primicias de Dios tardías explicaciones de que el Cristo visitó a su esclavo y lo nombró su mayordomo en funciones. Todo oyente esto aceptó como palabra del cielo, así picando el anzuelo; pero nadie detectó que si un rey viene a un hogar, el dueño al punto se entera, no a la cuarta primavera: absurdo es tal razonar.
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Si, por dar fiel alimento, el Cristo hubiera nombrado en la tierra apoderado, no valdría el argumento de que la luz ha aumentado desde aquel lejano día, pues Cristo no nombraría a quien todo lo ha cambiado. ¿Pues no dice la Escritura que Cristo siempre es el mismo y que nos lleva al abismo toda enseñanza insegura? Aquélla del diecinueve, por mucha luz aumentar, no es doctrina de cambiar, así truene y así nieve. La última Navidad que Rutherford celebró, en el veintiséis paró y ya tal festividad
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fue en la Watchtower prohibida, igual que los cumpleaños, que eran eventos extraños para la misma “verdad”. Pasado el tiempo, atizó a la secta el gran lamento y quedó como un jumento quien tan mal profetizó. Agachadas las orejas por mentir sin fundamento, perdió el ochenta por ciento de las cándidas ovejas. Amainada la tormenta, a los suyos instruyó y Beth Sarim construyó allá por el año treinta. Recaudó por donaciones sus siete largas decenas de millares y, sin penas, colmó así sus ambiciones.

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La suntuosa mansión patriarcas albergaría, a los que se esperaría pronto en la resurrección. Mientras tanto, en buen apaño, Rutherford la ocuparía y harto la disfrutaría mes a mes y año tras año. Tenía el fatuo señor un Cadillac en la puerta con su chófer siempre alerta, y en la bodega, la flor de esos caldos tan selectos que todo experto alababa y a los que él bien prodigaba sus más cálidos afectos. Otro Cadillac radiante le esperaba en la ciudad, producto de la piedad de la manada ignorante que soportaba las pruebas
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y de buena fe creía que el dinero se invertía íntegro en las buenas nuevas. Fundó su propia emisora para lanzar por las ondas fantasías trapisondas que fraguaba sin demora. Por tal novedoso medio hizo del temor su espada y la multitud captada le supuso pingüe predio. También por los años treinta, cuando el alcohol fue prohibido, Rutherford, enfurecido, a la misma Ley se enfrenta. Critica la prohibición y, con voz de ordeno y mando, se agencia de contrabando bebidas de otra nación. Novedad interesante
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fue que la predicación aprovechó la invención de un artefacto parlante que gramófono llamaban e iban con él por las casas agitando así a las masas, que hasta la puerta atrancaban. En el año treinta y uno, el Rutherford visionario, divino depositario del verbo y faro oportuno, prendió luz en lo secreto y dio sin vacilación nueva denominación al fiel esclavo discreto. Como era este fiel esclavo el cuerpo entero de ungidos, que otros no eran conocidos, el tal cargó con el clavo de testigos de Jehová o Israel espiritual,
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tipo de aquel natural que aquí ni viene ni va. El treinta y cinco a la mano, viendo que sobraban miles, encendió nuevos candiles el doctor watchtoweriano. Siendo más que las lentejas tantos hermanos y hermanas, echó al vuelo las campanas y los llamó “otras ovejas”. Salvó así la situación, con dos clases ovejunas y dos distintas fortunas. Tamaña suposición a comprender no se alcanza: el que unos vayan al cielo y otros queden en el suelo, dobla la única esperanza. Libros imprimió a montones, que a espuertas se colocaron;
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dividendos reportaron por millares de millones. Arco Iris bautizó a su extensa colección, desechada por ficción cuando bien se analizó. Hasta al führer alemán le dirigió una misiva con su loa preceptiva, torciendo aquél su ademán, pues no permitió ni loco que un tipo de pacotilla le hiciera la pelotilla con alabanza a descoco. Había allí a la sazón veinticinco mil testigos declarados enemigos sin aparente razón. A unos diez mil recluyeron sin juicio y sin escrutinio en los campos de exterminio
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y los demás se perdieron. Y de nuevo le escribió el de América del este; esta vez, echando peste, sin tacto, a aquél encendió y ahora el führer, cual demente, descargó toda su saña de diabólica alimaña aun sobre el más inocente. El neoyorkino, rotundo, lanzó el siguiente alegato: que no es bíblico el mandato de traer niños al mundo antes del Armagedón, tiempo en el que se encontraba, según él lo presagiaba por divina inspiración. Y, puesto que en unos meses, la tormenta estallaría, sabio y práctico sería
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que a los santos intereses y con la frente bien alta se dedicase el testigo, librándose del castigo que Dios traería sin falta. Antes de eso, “nueva luz” el gran jefe recibió y por ella concibió que no fue muerto en la cruz el Cristo, sino clavado con enorme sufrimiento a un madero de tormento, un poste hincado en el suelo. La cruz no tenía brazos, declaró la mar de ufano el patrón watchtoweriano, dando al tema carpetazo. Pero se habla en la Escritura de “los clavos de las manos” y entienden los escribanos “stauros” como “T” pura.
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En una gran asamblea en Nueva York celebrada, “Gobierno y paz” titulada, se suscitó una pelea. A los acomodadores les dieron gruesos bastones y levantaron chichones a unos alborotadores. Cerca del año cuarenta, Rutherford, por vanidad, compró una nueva heredad apartada y suculenta. La pagó sin dilación, en secreto y con orgullo, cargándole por chanchullo todo a la organización. Siendo los tiempos de guerra y, creyendo que algún día en la refriega andaría, se construyó bajo tierra
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dos búnkeres de hormigón para su tranquilidad. Casa de Seguridad, Beth Shan, llamó a aquel rincón. Nunca lo disfrutaría, pues llegó el cuarenta y dos y hubo de decir adiós a cuanto más él quería. Solicitó con audacia sin falta ser enterrado en su Beth Sarim amado, mas se le negó tal gracia. Los suyos lo mantuvieron tres semanas insepulto, en una heladera oculto, y al final se decidieron a inhumarlo en lo discreto, sin ningún ceremonial ni lápida memorial: su tumba es hoy un secreto.

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EL CABALLO KNORR Y EL JINETE FRANZ Ya muerto el juez, sin loores, Natan Knorr tomó las riendas y con ellas las enmiendas a sus dos predecesores. No era hombre de doctrina ni de suma teología, aunque sí organizaría la empresa en forma ladina. El teólogo en funciones era el vicepresidente Fred Franz, que muy sutilmente cambió tiempos y sazones. De la parte comercial el propio Knorr se encargaba y libre el campo dejaba a su biblista oficial. Este escribió a su manera
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“La verdad os hará libres”, libro que impuso calibres a fechas que eran solera. De un plumazo suprimió lo que antes no se hubo visto y la presencia de Cristo al catorce retrasó. Trasladó sin pundonor al seiscientos siete el año de la gran ruina de antaño por Nabucodonosor, todo para que cuadraran los siete tiempos famosos, de la Watchtower gloriosos, que antes mal se calcularan. Bien pudo haber atrasado, hasta el quince, el cumplimiento de los tiempos; mas lamento esto le hubiera causado, debido a que el diecinueve fue el año del nombramiento
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del esclavo, afianzamiento de fecha que nadie mueve. La salida del destierro la pasó en un periquete al quinientos treinta y siete, algo impuesto a fuego y hierro, y así cuadró a su criterio los setenta años supuestos a los judíos impuestos en su triste cautiverio. El año cuarenta y tres tal chapucera reforma cobró decisiva forma y hoy es gran dogma de fe. Todo el tema doctrinal de la Watchtower se apoya en esta burda tramoya hecha punto cardinal. Si a la sazón se demuestra que los años del destierro
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son un mayúsculo yerro que se encajó en la palestra, las fechas caen por su peso y todo se viene abajo, como inservible cascajo de una estructura de yeso. A fin de que sin tardanza la Watchtower se expandiera y su actividad creciera por medio de la enseñanza, se decidió que se abriera la Escuela de Galaad, de vital utilidad en la labor misionera. Por medio de voluntarios que creían firmemente que el fin era ya inminente, se abrieron los escenarios. Sin paga y con sacrificios, estos ingenuos valientes ejercieron diligentes
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sus sacrosantos oficios. Fundóse en México el Grupo Editorial Ultramar, que así se le dio en llamar porque al “esclavo” le cupo. Tal Grupo era en realidad la Watchtower mexicana, que no tocaba campana en su pía actividad. Como entidad cultural y no como religiosa, allí cultivó su rosa de modo antinatural. Por cuarenta y tantos años jamás se pudo cantar, ni rezar, ni predicar Biblia en mano, por amaños. En México una entidad religiosa y forastera que en el terruño quisiera
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comprar una propiedad, a su nombre no podía registrarla, y fue por eso que aquí se partió el queso según lo que convenía. Fue Knorr un señor vivales, avispado negociante; la empresa creció boyante y el dinero entró a raudales. Dio cuerpo a grandes ideas, cambió la organización; como al cuarto de millón crecieron las asambleas. En tanto que él se afanaba en las lides materiales, en las espirituales la mente de Franz hurgaba. Ya mediados los cuarenta fue inspirado a declarar que la sangre era un manjar y abstenerse era la cuenta.
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Y así impuso por las buenas que no debía inyectarse, sino de ella bien privarse, que era comer por las venas. Y todo aquel ovejuno que no acató tal mandato fue separado del hato llegado el sesenta y uno. Antes, en tiempo fecundo, tuvo cabal acogida la después tan discutida Traducción del Nuevo Mundo. Anónimos traductores fueron un secreto a voces, mas evitaron los roces con los bíblicos doctores. Fueron cinco en el consejo que se metió en tal entuerto, ninguno de ellos experto en hebreo o griego añejo.
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El más sabio de los cinco fue Fred Franz; pero era lego con pocas horas de griego que no estudió con ahínco. No fue el bíblico trabajo la directa traducción de la antigua erudición del códice y del legajo. Fue un importuno apañar textos de otras traducciones, que con torcidos renglones pudieron acompañar. Al sesenta y seis, volvió el señor Franz a escribir y, aunque no para prohibir, todo el orbe revolvió. Así nació aquel divino libro de la “Vida eterna”, aclamado cual linterna para alumbrar el camino.

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Contaba el libro de marras que para el setenta y cinco podíamos dar el brinco de las diabólicas garras, ya que hacía seis mil años que Adán vino a la existencia y Dios con mucha paciencia esperó a reparar daños. El fin del sexto milenio muy limpiamente implicaba que el séptimo se acercaba y se cambiaba el proscenio. Que era el milenio de Cristo el que entraba ya en función después del Armagedón, según todo lo previsto. Por públicas conferencias y por la página impresa el tema no era sorpresa para las grandes audiencias. Todo el mundo aquí entendía,
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hasta el último confín, que estaba cercano el fin y el reino de Dios venía. Alabóse a quien vendía sus bienes, por dedicar las horas a predicar y generosa cuantía donaba a la Sociedad para así, de modo urgente, poder llevar a la gente las nuevas de la verdad. Muchos, con gran convicción, y loables intenciones dejaron sus profesiones y hasta cualquier afición, porque la predicación entendieron que, en conciencia, tenía la preferencia antes del Armagedón. Todo el que estaba a la espera
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de aquel año tan marcado se dedicó de buen grado, sin distraerse siquiera, a teocráticos quehaceres, viviendo más pobremente y más virtuosamente, y abandonando placeres. Pasado el año en cuestión, se dio un margen todavía, pues de Eva no se sabía cuándo fue su creación, que se estimó en unos meses después que Adán fue creado; y, ya el tiempo caducado, comenzaron los reveses. La Sociedad alegó que algunos se adelantaron porque malinterpretaron que el tiempo final llegó. Que nadie les empujaba a vender sus posesiones,
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que fueron sus decisiones que a donar los motivaba. Tal cínico proceder hizo que en menos de nada fuera inmensa la espantada y poco se pudo hacer. Se arguyó la explicación de que todo fue una prueba por la que bien se comprueba quién es fiel sin condición. Por obra del fanatismo encendióse otra lumbrera: trasplantar órganos era sin duda canibalismo. Después se declararía que tal cuestión, en esencia, era un caso de conciencia y a cada cual concernía. Pero la hemotransfusión, dado que la sangre, pues,
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por ciencia un órgano es, debiera por deducción, lejos de la prohibición, considerarse un trasplante; mas aquí se da un desplante sin lógica conclusión. Tras el tomo “Vida eterna”, impuso la Sociedad el librito “La Verdad”, relatando a suelta pierna que el fin era ya inminente; la “bomba azul” lo llamaban y ya todos lo aclamaban como alimento eficiente. Poco después ya era activo, del setenta en adelante, ese Cuerpo Gobernante que en modo retrospectivo se hizo corona de flores y al adepto confundía, pues lo cierto es que regía
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la junta de directores. En el país africano de Malawi, el presidente decretaba abiertamente que todo buen ciudadano pagara cierto tributo al partido gobernante, partido en aquel instante el único y absoluto. Ya dicho impuesto abonado, se entregaba una tarjeta que hacía de papeleta que probaba lo pagado. La Watchtower entendió que aquella situación crítica era meterse en política y el pago en cuestión prohibió. Vio el gobierno tal acción de no pagar el tributo como un desaire absoluto
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y una afrenta a la nación. y castigó con rigor, aunque rayó en la demencia, tan grave desobediencia a las leyes en vigor. Y era de conocimiento que en el país mexicano los testigos, de antemano, por librarse en un momento del servicio militar y evitarse gran trastorno, a un oficial un soborno pagaban sin rechistar. Tomó el Cuerpo Gobernante las riendas en los setenta, lo que supuso una afrenta para Knorr y un gran desplante. Tal vez por la humillación se aceleró su dolencia y, perdida la eminencia, se apagó en la defunción.
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Fred Franz quedó relegado de la función redactora que gloria le diera otrora, porque subía al estrado todo un conjunto escritor bajo cuya dirección ya toda publicación era de equipo labor.

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FRED FRANZ EL AMASADOR Fue Fred Franz el elegido para el asiento vacante y sería en adelante de la Sociedad valido. No tuvo la autonomía de la que habían gozado presidentes del pasado, no absoluta jerarquía. Dejó la universidad pasada la adolescencia, apoyado en la creencia de la torpe absurdidad que Russell dio en anunciar, proclamando tan ufano que el fin estaba cercano y era inútil estudiar. Durante décadas largas se aconsejó sin barreras que se evitasen carreras,
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que eran desastrosas cargas. Que el más alto cometido era la predicación y que otra dedicación solo era tiempo perdido. Formaba parte eminente de aquella corporación Raymond Franz, a la sazón sobrino del presidente, que bregó media centuria por campo y congregaciones dando las asignaciones que preparaba la curia. Raymond llevó muy eficiente la sección del libro “Ayuda”, que era sin sombra de duda la patata más caliente que la Sociedad cocía y que tantos resquemores levantó entre bastidores: la de la cronología.
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Rebuscando información por todas las bibliotecas, no sin severas jaquecas, acaparó su atención la muy palpable evidencia de que, entre la Historia al día y la Sociedad, había décadas de diferencia. Tras sopesar a conciencia tal asunto, la razón descubrió con aflicción que la tenía la Ciencia y que la ruina judía no fue en el seiscientos siete, como reza el sonsonete watchtoweriano a porfía. Con el Cuerpo Gobernante fue a tratar sin dilación la peliaguda cuestión y de modo fulminante
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rechazó aquél la propuesta. Obligado el instructor a ser un mero escritor, veraz no fue en la respuesta. De entonces en adelante, temiendo un desaguisado, no fue Raymond bien mirado por el Cuerpo Gobernante. Con subterfugio postrero, fue de la curia expulsado. Sus libros son hoy legado que abre la vista al sincero. Transcurrió el tiempo, y doctrinas que de un modo se entendían, ahora de otro se exponían, con luces más blanquecinas. Y el noventa y dos llegado, con casi cien primaveras partió a las altas esferas Fred Franz, con pena llorado.

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EL SEÑORON HENSCHEL Y LA BAJADA DEL TELON Al trono watchtoweriano subió Henschel. Con falsía trastornó la teología que predicó todo hermano. Ahora la “generación” a tiempos no era aplicada, sino a la gente malvada que a Dios no presta atención. Todo esto descoyuntó lo que antes se había impuesto y que hoy era otro supuesto porque el fin no despuntó. Y muchos se preguntaban qué habían de predicar y qué habían de aplicar, que los textos no cuadraban. En la década después
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se cambió el razonamiento y otro nuevo entendimiento puso aquel dogma al revés. Ahora la generación la formaba cual tejado todo ungido traslapado y nadie puso objeción. Tal cambio de la “verdad” mostró que lo predicado en cualquier tiempo pasado fue una pura falsedad. O bien que en la actualidad la nueva interpretación es una equivocación con mayor oscuridad. Aquí se hizo bien patente que no hubo luz aumentante, que al contrario, fue menguante, negra noche finalmente. Según este planteamiento biznietos y abuelos son
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la misma generación, debido al traslapamiento. Por su propia decisión visitó Henschel sin falta la remota isla de Malta y, sin una explicación, rechazó la invitación de franca hospitalidad que con espontaneidad le dio la congregación. Altivo, se fue a alojar en hotel de cinco estrellas, lo que suscitó querellas, ya que fue un dilapidar de los fondos destinados a la gran obra mundial, no mostrándose cordial Henschel con los visitados. Cercano el siglo a expirar, renunció a la presidencia,
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que ahora cambió de excelencia, dado el nuevo administrar. Y sería, sin amaño, la Sociedad dirigida no ya por persona ungida, sino del otro rebaño. Adams resultó elegido. y hoy la Sociedad no rige ni los destinos dirige de la grey. Su cometido solamente es el mercante: una empresa editorial que resulta proverbial para el Cuerpo Gobernante.

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LOS CAMINOS DE LA WATCHTOWER

Aunque a la ONU la nombra como la bestia salvaje, lo cual es todo un ultraje, ciertamente lo que asombra es que durante diez años la Watchtower apoyara y en cierto modo aclamara de la ONU sus redaños. Descubierta por la prensa tan extraña maniobra, pronto se vio en la zozobra. Con desfachatez inmensa, rauda lanzó una misiva mediante la que aludía que en parte desconocía bases de la preceptiva.

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Que la razón de inscribirse como una ONG residía en usar la librería y no en la de inmiscuirse. No obstante, en carta oficial, declaró el alto estamento que no era requerimiento tal inscripción especial. Que el acceso a librería nunca estuvo restringido, como es de todos sabido, y registro no exigía. Registrarse suponía de la ONU hacer mención mediante publicación, ensalzando su valía. Debido al costo elevado del material de impresión y a que la contribución del adepto se ha acortado, se han cerrado sucursales
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siendo de necesidad reducir a la mitad las páginas doctrinales. La Watchtower hoy invierte en Hedge Funds; estos son grandes fondos de inversión para el millonario fuerte. De soberbios edificios en Brooklyn tiene unos treinta: puestos todos a la venta, darán pingües beneficios. Aparte están las haciendas del gran Patterson distante, donde el Cuerpo Gobernante le da forma a sus enmiendas. Más alla, Wallkill, la imprenta con más tinta del planeta, donde saca su gaceta la Watchtower a la venta. Warwick, Ramapo, Texedo…
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todas grandes heredades, sin contar las propiedades que en el mundo tiene el credo. Los salones de reunión paga y construye el fiel bueno que escritura a nombre ajeno, no al de la congregación. El gran Betel de Ajalvir vivió momentos cruciales y hoy los seguros sociales ya no los puede eludir. En los centros betelitas, miles de trabajadores hacen gratis las labores cual si fueran cenobitas. Hoy día están permitidas las sanguíneas fracciones, verdaderas transfusiones en otro tiempo prohibidas. Se impone la condición de que se transfundan sueltas,
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no juntas, y así dan vueltas a su falsa erudición. Por la firme decisión de no hacer obligatorio servicio sustitutorio, muchos fueron a prisión. Hoy se deja a la conciencia de la persona en cuestión esta determinación de tan grave trascendencia. Con quinientos accionistas en completo anonimato, afirma su califato la Watchtower hoy, con vistas, no a al fantasioso futuro de la gran restauración después del Armagedón, sino a un presente seguro. No es la Watchtower hoy día del testigo fiel bastión
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que para el Armagedón seguridad prometía. No es faro del que navega ni una luz en el camino: solo noche en el destino de quien su vida le entrega.

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CHASCARRILLOS WATCHTOWERIANOS

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¡WATCHTOWERIANO! Oye, joven, con los watchtowerianos ¿te encadenas cogido de las manos? Si te juntas, han de comerte el coco y volverte majara poco a poco. Te dirán que no importa la familia, que no trates ni con la tía Emilia, que en las filas estuvo y se salió porque al cabo del tiempo el tufo olió. Te dirán que es malsano derrotero que demuestres amor por el dinero, que es mejor sacudir el billetero en un reino inminente y duradero. ¡Watchtoweriano, ay, watchtoweriano, vaya coco que te han dejado, hermano!, lo mismo que la teta de una vaca: sin leche, pero bien lleno de caca.

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Metido hasta el pescuezo en la gran masa, ¿podrás tú predicar de casa en casa, cargando el “Despertad” y “La Atalaya” y picando como la abeja Maya? Pateando dinámico la calle, sin descanso y sin tregua dar al talle, vas andando como los neandertales, mirando con los pies pa’ los portales. Fin de mes, cuando entregas el informe, tienes miedo a que quede muy deforme y lo inflas igual que una pepona porque hay días en que has hecho rabona. ¡Watchtoweriano, ay, watchtoweriano, vaya coco que te han dejado, hermano!, lo mismo que la teta de una vaca: sin leche, pero bien lleno de caca. Cuando llegan los días de asamblea,
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la familia es auténtica pelea: todos parten veloces como el viento tan solo por pillar un buen asiento. Hay que ir pa’ lucir el modelito y, a la moda, corbata y trajecito, dando vueltas y vueltas al recinto por pescar a Jacinta o a Jacinto. Poco importa perderse hasta el programa si disfrutas después durante el drama; la asamblea es más círculo social que alimento y aliento substancial. ¡Watchtoweriano, ay, watchtoweriano, vaya coco que te han dejado, hermano!, lo mismo que la teta de una vaca: sin leche, pero bien lleno de caca. Por creer que encontraste la verdad, porque al fin te sobró credulidad sin haber indagado a voluntad, has perdido tu esencia y libertad.
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¿Y toleras que te hagan la puñeta de tratarte cual mísera veleta, con la mente fijada en la utopía de una vida eternal, sin carestía? ¿Pa’ qué quieres vivir eternamente si te vas a volver más que demente? Y además, lado a lado con tu suegra, ¡ya la cosa la tienes más que negra! ¡Watchtoweriano, ay, watchtoweriano, vaya coco que te han dejado, hermano!, lo mismo que la teta de una vaca: sin leche, pero bien lleno de caca.

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A LA VUELTA DE LA ESQUINA Se oye en la predicación esta singular doctrina: que ya está el Armagedón a la vuelta de la esquina. Y se pregunta el oyente que dónde estará la esquina, que no se la ve en oriente, ni en occidente, ni en China. En el siglo antes del veinte se predicó que, en el año setenta y cuatro, presente ya estaba el Cristo en su escaño. Que cuarenta años después, por el catorce, estaría el mundo entero al revés y que el Cristo intervendría.

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Pasó el catorce y el mundo, si mal enfrascado en guerra, continuó con su rumbo y nadie enmendó la Tierra. Después, por el dieciocho, se anunció el fin religioso; mas quedó como Pinocho quien habló: fue un mentiroso. Ya cerca del veinticinco dijo el Ruther que profetas darían todos el brinco al sonido de trompetas. También dijo que millones no morirían jamás; después de hacerse ilusiones, la palmaron muchos más. Y más tarde, hagan memoria, el setenta y cinco vino con seis mil años de historia
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y un predicar peregrino. Soltó prédica el “esclavo” con lo del Armagedón, mas tampoco dio en el clavo: fue mala interpretación. Hubo hermanos que muy prestos vendieron hasta la moto y quedaron descompuestos y con el bolsillo roto. Dejaron hasta el trabajo y después de predicar por toda senda y atajo, no vieron el fin llegar. Los de Brooklyn se excusaron y, cortando por lo sano, dijeron que malgastaron muchos su dinero en vano. Que el “esclavo” nunca dijo
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que el Armagedón llegara, que todo fue un revoltijo que llevó a falsa algazara. Que ahora es asunto importante reajustar el pensamiento y al “esclavo” en adelante mostrarle sometimiento. Quien demostró inteligencia salió al punto de estampida, ante la clara evidencia de enseñanza tan torcida. En la década final del veinte, ¡qué erudición!, dio el cambiazo doctrinal lo de la generación. Y entrado ya el veintiuno, que este detalle no escape, se consideró oportuno dogmatizar el traslape.
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Hoy se enseña con urgencia que el fin está muy cercano y quien muestre indiferencia no es más que un vulgar mundano. Lleva la predicación más de un siglo de bocina y aún está el Armagedón a la vuelta de la esquina.

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EL TRASLAPE Dice el Cuerpo Gobernante, no que se ha traspapelado, sino que se ha traslapado la generación menguante del año catorce y pico, que eso es nuevo entendimiento y el que no entienda un pimiento no es más que un torpe borrico. Vienen ya nuevos ungidos de la mano cogiditos con los que son abuelitos y andaban medio perdidos en esto de interpretar lo de la generación, que era algebraica ecuación y ahora es coser y cantar. Con la moda del traslape hay ungidos para rato jugando al ratón y al gato
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lo mismo que Zipi y Zape. Tanto remendar el paño, tanto alumbrar nuevas luces, y al final se dan de bruces los pastores y el rebaño. Pero estos nuevos ungidos son relleno y comodín, no tienen ni don ni din ni cerebro; solo oídos. Son figurines de barro que manejan los de arriba, que los pasan por la criba moviendo todo el cotarro. El traslape, con verdad, deja al Cuerpo Gobernante disfrutar en adelante de paz y prosperidad. Y este concepto moderno del traslape es tal apaño que, aunque pase año tras año, el catorce será eterno.
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BETEL DE AJALVIR

Ese Betel levantado con el ingenio y candor de cuantos han derramado sangre, lágrimas, sudor en su inmensa construcción, ese Betel que tuviera del cielo la bendición, que fue de España lumbrera y supremo baluarte de quien hizo por creencia su camino y estandarte con desatino y sin ciencia, ese Betel que hoy se cierra sin dar una explicación y que su pasado entierra sin una argumentación que bien merece el creyente
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que empleó tiempo, dinero, todo esfuerzo diligente y gran fe y ánimo entero en casa tan prominente, ese Betel tan ufano, ¿era verdaderamente de Dios obra… o del humano?

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ME APUNTARIA A BETEL Me apuntaría a Betel por solo el alojamiento, gastos pagados, sustento que tenga buen fundamento y ponga el cuerpo contento. Me apuntaría a Betel por solo ropa elegante que te haga más importante y un automóvil flamante repleto de carburante. Me apuntaría a Betel mucho mejor que a un hotel.

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TRISTE Y SOLO EL BETELITA En el Betel de Ajalvir, al que alegre fue a servir y lo cogieron de gancho, lo pusieron en la Hantcho; y ahora que se ha desmontado de golpe todo el tinglado, triste se va el personal por no ganar ni un jornal, y de gorra es enviado a hacer el precursorado. Quien a Betel fue a servir pensando que iba a vivir un luminoso futuro, hoy lo ve todo muy oscuro.

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LOS BETELITAS A DOS VELITAS Triste queda Ajalvir sin betelitas que ahora habrán de vivir a dos velitas. Sin tener un oficio remunerado, ¿rendirán su servicio con desagrado? Hallarán que la vida no es paraíso y tendrán acogida por compromiso entre algunos hermanos, solo al principio; mas serán los mundanos quienes, con juicio, les darán el empleo que les permita

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alcanzar su apogeo libres de cuita. Quien a obreros les pide todo su don y después los despide sin galardón, es de mente malsana sin remisión y demuestra que es vana su adoración.

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¿Qué será de la hermanita que esperaba a un betelita? Ya no lo habrá de alcanzar y dejará de soñar.

***

¡Qué lástima, los viejitos despedidos en tropel de los hogares betel, sin sueldo ni dineritos para pagarse un motel donde caerse muertitos!
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CHARANGA WATCHTOWERIANA Como Russell fue masón, bailar nos hizo a su son. Del catorce creó escuela que aún arrastra su secuela y es el eje del gran carro y del confuso cotarro sobre el que gira expectante hoy el Cuerpo Gobernante. Más tarde, con felonía, se cambió la melodía, cuando el Ruther se hizo jefe, siendo solo un mequetrefe que revolvió el gallinero para embolsarse el dinero que le entraba por millones con tantas publicaciones que daba como alimento y no eran más que excremento.
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Llegó después Federico, que de oro tenía el pico, y nos cambió el pentagrama por una insulsa amalgama de doctrinas chapuceras que sacó de sus perneras, como la de los setenta, que a tantos hiciera afrenta, y aún peor, sin más razones, condenó las transfusiones que de órgano son trasplante y no un zampar repugnante que se prohibió al pueblo hebreo, que era divino trofeo. Fueron estos presidentes de obtusas y angostas mentes los que escribieron las notas para tantos cabezotas que hoy se cuentan por millones y dan sus contribuciones con generosa alegría,
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sosteniendo la utopía, con ademán impasible, de un futuro insostenible. Cuando la torre se caiga porque ya en firme no arraiga y ha quedado macilenta, muchos caerán en la cuenta, viendo que al cambio de luces contra el suelo dan de bruces, que tantos vociferantes de los cuerpos gobernantes andaban desafinados y no serán escuchados.

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ASAMBLEAS DE DISTRITO Asambleas de distrito dejan el bolsillo frito con tanta contribución que, entre sesión y sesión, piden solícitamente que deposite el creyente de buena disposición en las cajas del salón, y así poder sufragar cuanto se debe pagar por alquiler y otros gastos que en cubrir no se da a bastos. Y, aunque también se procura vender la literatura, al final sale el balance, dicen, que con mal afiance. El caso es que es cosa cierta que, por “mantenerse alerta”, que es el lema de asamblea
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por el que se patalea y que asaz por él se alterca, ya que el fin está muy cerca, uno despierto ha de estar sin día alguno faltar, que es nuevo el conocimiento y abundante el alimento que el fiel esclavo discreto da por código y decreto, y quien falte al ritual del banquete espiritual, perderá sin dilación sustancial información. De esta asamblea triduana que nuevas luces desgrana, según afirma tajante el gran cuerpo gobernante, ¿ha de salir el creyente confortado en cuerpo y mente? Sin faltar a la verdad, es la cruda realidad que, escuchando el mismo tema
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con la más estoica flema por tres días de función, quédase en ebullición el cerebro todo el año, sin remedio y sin apaño, ya mermado el pensamiento y el libre razonamiento.

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MILLON Y MEDIO DE PERDIDOS Dicen que millón y medio de testigos se han perdido. Nadie sabe cómo ha sido; tal vez en el intermedio de una asamblea aburrida levantaron el asiento a la hora del sustento y salieron de estampida. El caso es que no se ha dado de ese medio y un millón la mínima explicación, y aquí ya hay gato encerrado. ¿Será que se han olvidado de su cuerpo gobernante, o es éste el que, fulminante, la patada les ha dado? Con miles que han, sin razones, las filas abandonado,
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no extraña que hayan bajado tanto las contribuciones y ahora tengan que venderse los magníficos salones de tantas congregaciones que en mal momento han de verse. Si salen ya, con certeza, tantos como se bautizan, es que los de arriba atizan con inhumana crudeza. De seguir en tal presteza, con tanto expulsado a dedo, no ha de quedar en el credo títere con cabeza.

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DADORES ALEGRES

Por donar con alegría todo el dinero a porfía para la gran construcción de la opípara mansión que fue el Betel de Ajalvir, tuvieron que malvivir con angustia y con sudores tantos alegres dadores. Hoy los que eran veinteañeros en tiempos tan placenteros pasan ya de los cincuenta, si mal no sale la cuenta y, viendo tanto malgaste, ya que todo se fue al traste, se preguntan angustiados, perplejos, malhumorados, si es que mereció la pena privarse de vida buena por dar recursos y esfuerzos
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para que doce mastuerzos vivan a cuerpo de rey por encima de la ley y se lleven, usureros, de la venta los dineros cuando el complejo se venda, que no quedará ni prenda.

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¿HABLA UN DIOS PADRE A SUS HIJOS MEDIANTE OSCUROS ESCRITOS? Dicen que los libros santos por Dios fueron inspirados; mas, ¿cómo son aceptados teniendo tantos espantos? ¿No será que unos vivales que se hallaban sin sustento se fabricaron el cuento de los dioses celestiales? Ellos, que estaban en ocio y que se hicieron señores, son los sagaces autores de libros y sacerdocio. Solo por su mediación puede a Dios clamar un hijo; ¿es que está en un escondrijo
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y a un hijo no da atención? Dicen que sus libros son cartas para sus criaturas que, con palabras oscuras, piden interpretación. Y aquí los espabilados hablan de dar instrucción con supuesta erudición, pues por Dios fueron nombrados. La persona inteligente piensa, como corresponde, que un Padre nunca se esconde ni habla tan secretamente. Quien es Padre justo y recto no necesita escribir libros de oscuro instruir: habla en vivo y en directo.

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LA PANACEA ELECTRONICA “Radio Electrónica Biola, en salud es lo que mola”, repetía como un loro la revista “Edad de Oro”, dándole publicidad con gran animosidad a un sofisticado invento, el no va más del momento, que, sin importar la edad, para toda enfermedad servía sin excepción, por lo que su adquisición era asunto necesario para todo el vecindario. Aquel genial aparato que al final compró hasta el gato y funcionaba por ondas invisibles y lirondas, curaba con electrones
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sarnas, pestes, sabañones y sarampiones y anginas, callos, granos, culebrinas, hemorroides y paperas y verrugas y denteras y fiebres de primavera Y, por si esto fuera poco, la mocancia nariguera, el estreñimiento atroz del que solo come arroz, las diarreas salpiconas, imponentes, reventonas, y tantas otras dolencias que hoy tratan en las urgencias. Mucho ruido impetuoso metió aquel chisme ostentoso que no curó ni un catarro y al fin quedó en despilfarro, pues, tras calentar no poco a todo vecino el coco, fue a parar con desventura al cubo de la basura.
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Tanta promesa que, ufana, se da de un mejor mañana que ha de sanar todo mal y aniñará al carcamal, ¿no nos trae a colación la vetusta afirmación que tomó por banderola Radio Electrónica Biola?

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AMANCIO Amancio es un personaje que representa al testigo que de todos es amigo y a nadie le causa ultraje. Suele entrar en algún foro para salir en defensa de toda posible ofensa que le cause deterioro a su "esclavo fiel discreto", de quien debe obedecer con mayúsculo placer todo estatuto y decreto. Defiende su verdad pía, aunque en la congregación poca consideración le tenga la jerarquía.

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Escribe con letra verde, comenzando "Amancio dice"; pero a nadie le maldice, aunque con él no concuerde. Soltero de nacimiento, busca mujer en sus treinta; mas, por mucho que lo intenta, no se come ni un pimiento. Admirable es nuestro Amancio que al "amo" le sigue fiel, por él se deja la piel día a día, sin cansancio. ¡Oh, prodigiosa criatura de quien hemos de aprender con lealtad defender la fe hasta la sepultura!

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TODO ES SEÑAL DEL TIEMPO DEL FIN Llegó la peste porcina y, atribuyéndose el don de la inspiración divina, no falta quien vaticina que ya está el armagedón a la vuelta de la esquina. Peste, guerra o terremoto, cualquier desgracia es motivo para armar un alboroto y captar algún devoto que mantenga el colectivo para el que otorga su voto. Vive sin discernimiento y habrás de pagar el precio de gastar todo tu aliento, y estar en sometimiento a tanto profeta necio cuyo hablar es solo viento.
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LLEGA EL ARMAGEDON Ya llega el Armagedón y nadie sabe por dónde; viene ya como un ciclón, pero aquí nadie se esconde. Los de arriba, construyendo a la par que van pidiendo. Los de abajo, con premura colocan literatura y el parné crece que crece y en Brooklyn desaparece.

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PROFETAS DEL FIN Lo que escribiera Mateo, lo escribió en tiempo presente; asunto tan evidente lo sabe hasta el más ateo. No escribió en tiempo futuro, para más de dos mil años, que eso solo son apaños tengámoslo a buen seguro, de un chiflado inoportuno que miró el texto al revés y le buscó siete pies cuando no tuvo ninguno. No prestemos atención a sujetos tarambanas que hacen sonar las campanas anunciando destrucción y, como la tal no llega, acomodan la rutina de su inestable doctrina según les va en la refriega.

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PROFETAS DE VIENTO Sobre lo que predijeron los del Cuerpo Gobernante, hoy con su duro talante dicen que nada dijeron. Rondando el año setenta, publicaron limpiamente que en el mismo siglo veinte nos caería la tormenta esa del Armagedón; lo que afirmaron fue viento, siguen viviendo del cuento y a nadie piden perdón por tal equivocación de tamaño garrafal, más propia de un garbanzal que de seria erudición. Y encima tienen el papo de endilgar a los lectores
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todo cúmulo de errores, siendo de ellos el gazapo; pues, tras lavarse las manos, farfullaron sin talento que fue un mal entendimiento que tuvieron los hermanos. Estos que con sutileza cuelan su credo fulero, llevan todo en el sombrero pero nada en la cabeza. Solo son espantaviejas que andan jugando a profetas mientras ordeñan las tetas de toda clase de ovejas.

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FECHAS ABSOLUTAS El quinientos treinta y nueve es una fecha absoluta y ésta de aquí no se mueve, ya que no admite permuta. Sobre ella se ha edificado todo un castillo de arena, sin haber considerado otras que entran en escena. Así, hay eclipses lunares, diecinueve exactamente, que son enhiestos pilares que hablan elocuentemente. Bien los cita el almagesto del gran Claudio Ptolomeo, para algunos indigesto, al igual que Galileo.

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El canon real demuestra tantas fechas absolutas que en ciencia es tabla maestra contra artimañas astutas de quienes tan arduamente aún defienden a destajo tanta fecha incongruente que se les viene ya abajo. Si tuvieran por costumbre cerciorarse del asunto los de la gran muchedumbre, aquí pondrían su punto.

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VILLANCICO ANTICIPADO

Ya vienen los Reyes Magos a echarse sus buenos tragos por diversión y deporte con el rey del Sur y el Norte y el del Oeste y el Este y el del país de la peste. En el centro de Betel, que se ha hecho lujoso hotel, se han hospedado los reyes que a todos imponen leyes. Al sumiso dan regalos y a los demás nos dan palos. La mirra, el incienso, el oro, van para gloria y decoro de ostentosas construcciones y otras pomposas mansiones que jamás soñó el Gran Rey que aún es Pastor de la grey
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y por palacio se apaña con una humilde cabaña. Hablar parece que importe del rey del Sur y del Norte más que del Rey que, en esencia, es del Reino la eminencia.

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EL ALIMENTO AL TIEMPO APROPIADO Del Cuerpo Gobernante es el oficio no vivir con extremo sacrificio para así preparar el alimento que conviene impartir en su momento. Para que haya condumio en la cocina menester es tomarse por rutina la costumbre de dar, pues lo primero es tener que aportar un buen dinero y cebar sin descanso al cocinero; lo demás es asunto ya postrero. Del sobrante podrá comer la oveja si el pastor en el plato el hueso deja.

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CAÑA AL MONO En España un aforismo reza con gracioso tono que hay que darle “caña al mono porque aprenda el catecismo”. Con suma gracia, hay un foro, que es de lógica aplastante, que da caña a cada instante y sin faltar al decoro, al mono de la utopía que, encaramado en un foco, le come a la gente el coco y le ciega día a día. Otros monos, manducantes, trepan al árbol frondoso que del cielo se ha hecho acoso y cacarean triunfantes. Con enorme desparpajo y con ínfulas de reyes
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excretan pesadas leyes que aplastan a los de abajo. Al árbol de tronco gordo, que da sombra a todas horas con sus ramas seductoras y con tanto mono a bordo, a falta de hacha o de sierra, se le escarba la raiz hasta que dé su cerviz de bruces contra la tierra.

Que este magnífico dicho tan popular en España de atizarle al mono caña no se ponga en entredicho.

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SI, PERO… Quien en prejuicios se mece, la mente nunca le crece y, aunque se le hable en susurro, no verá dos en un burro. Solo actúa por dictado de quien cree superdotado, no tiene propia opinión ni acepta contradicción. En su ciega desazón, no aceptará la razón del reflexionar certero y responderá: "Sí, pero..."

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ENTREVISTA EN VERSO CON EL BETEL DE ESPAÑA

Entusiasmado y risueño, entablé conversación con el Betel madrileño, y ésta es la contestación. ¿Qué pasó con el dinero que dimos para Ajalvir? ¿Se lo han cepillado entero, pegándose el buen vivir? ¡Ese no fue su destino! ¡Se invirtió en la construcción del Betel santo y divino! ¡No hubo dilapidación! ¡Perfecto! Mas surge un pero: al vender, según se cuenta, ¿qué harán con tanto dinero recaudado de la venta?
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¿Vender el Betel? ¡Qué cuentos! Lo que es de Dios no se vende. ¡Negociamos los talentos y así el Señor no se ofende! Y quédele esto muy claro: ni vendemos ni compramos, porque nos sale muy caro. ¡Tan solo simplificamos! De acuerdo; pero suponga que por moles o bemoles se vende. ¿Tendrán “milonga” los hermanos españoles? Si se refiere al dinero que deje la transacción, queda reducido a cero por ley de compensación; porque esto dice el “esclavo”: que el traslado hasta Inglaterra no ha sido moco de pavo, que costó más de una perra.
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¿Y no ha de quedar, señores, siquiera de lo que sobre, sin que les cueste sudores, algo para dar al pobre? ¡Déjese de insinuaciones con tal vara de medir, que en nuestras congregaciones no hay ni un pobre de pedir! Pero hay hermanos en paro que las pasan muy canutas. ¿No creen que es un gran descaro dejar que las pasen p….? Es que el suceso imprevisto le acontece a todo el mundo. Quien predica y anda listo no ha de ser un vagabundo. ¿Y qué hay de las lisonjeras y modestas abuelitas
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que donaron sus pulseras y pasaron tantas cuitas? Bien tuvieron por modelo a la viuda que un buen día depositó con gran celo dos monedas que tenía. ¿Y cuantos todo perdieron y nunca hicieron carrera porque en Betel decidieron llevar una vida austera? Si, al vender la sucursal, habrán de ser despedidos, ¿no es un fraude colosal todos sus años perdidos? ¿Perdidos? ¡Quién lo dijera! Nada en la vida han perdido, porque la mejor carrera es a Dios haber servido. ¿Dice usted que a Dios sirvieron,
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o fue a una organización a la que ayer todo dieron y que sin vacilación hoy los echa al basurero como si fueran escoria? ¿Tendrán porvenir certero tirando de alguna noria? Olvida usted, buen amigo, que Dios es gran proveedor y de todo fiel testigo no será defraudador; que tendrá su bendición en todo tiempo abundante, si es que en la predicación demuestra celo constante. ¿Le sirve de algún provecho decirle a la buena gente que ha perdido pan y techo: “Vete y mantente caliente”? ¿No es lo que dice Santiago? ¿Por qué se olvida esta cita?
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¡Qué futuro tan aciago el que aguarda al betelita! Y aquí se acaba la historia, pues cogió tales rabietas el gachó con mi oratoria, que me mandó a hacer puñetas.

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CARTA EN VERSO A LA WATCHTOWER Ilustrísimos señores que lustráis las Escrituras y al par las dejáis oscuras y al fiel inducís a errores: Para no llevarse a engaño ni a vulgar malentendido que el ánimo deja herido, esto os digo de buen paño y os lo digo muy sincero: si pretendéis recaudar más de lo que pensáis dar, no contéis con mi dinero, que es poco y a la vez mucho, pues un grano no es granero pero ayuda al compañero, como dice el dicho ducho. Bien me da la sensación de que andáis en los oficios
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de atesorar edificios con nuestra recaudación y al pobre tan solo dais promesas para un futuro que se divisa muy oscuro y en tanto no le ayudáis y decís: “a Dios cuidados”, cuando el Cristo predicaba y a la vez bolsa portaba para los necesitados. No se muestra verdadero el mensaje que portáis y que con él asustáis a incautos del orbe entero que, en ciega credulidad, aceptan si dilación y sin investigación eso que llamáis “verdad”. Apeláis a la emoción de la persona decente, que así obnubila su mente
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y, en torpe resolución, da su vida cabalmente, sin tregua, sin restricción y con determinación, a vuestra causa incongruente; y, hecho ya una marioneta, lo movéis con sutileza… o le cortáis la cabeza igual que a Maria Antonieta, que eso habrá de depender de si se da por completo y nada guarda en secreto… o si empieza a contender. Tal caso es el que me ocupa y, como no soy un zote que aquí se deje el gañote, el asunto me preocupa. Por eso he determinado, tras pensarlo seriamente, salir voluntariamente de este confuso tinglado.

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Así, no contéis conmigo para vuestro menester, porque no pretendo ser ni bueno ni mal “testigo”. Ni contéis con mi dinero ni con mi tiempo un instante, que ya he perdido bastante y eso no lo recupero. Con esta carta a la vista y sin causaros pavor, hacedme, pues, el favor de borrarme de la lista.

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INDICE
Todo lo que el hombre piensa… Cambia el cuerpo gobernante… El Armagedón desde La Atalaya Pan, más que palabras HISTORIA EN VERSO DE LA WATCHTOWER Los prolegómenos El señor Russell abre el telón Rutherford da la puntilla El caballo Knorr y el jinete Franz Fred Franz el amasador El señorón Henschel y la bajada del telón Los caminos de la Watchtower CHASCARRILLOS WATCHTOWERIANOS ¡Watchtoweriano! A la vuelta de la esquina El traslape Betel de Ajalvir Me apuntaría a Betel Triste y solo el betelita Los betelitas a dos velitas Charanga watchtoweriana Asambleas de distrito Millón y medio de perdidos Dadores alegres ¿Habla un Dios padre a sus hijos…?
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3 5 7 9 11 13 21 31 47 63 67 71 77 79 83 88 90 92 93 94 97 100 103 105 107

La panacea electrónica Amancio Todo es señal del tiempo del fin Llega el Armagedón Profetas del fin Profetas de viento Fechas absolutas Villancico anticipado El alimento al tiempo apropiado Caña al mono Sí, pero… Entrevista en verso con el Betel de España Carta en verso a la Watchtower

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