SIEDE Introducción
SIEDE Introducción
INTRODUCCIÓN: PREGUNTAS
PARA DAR UN TERRITORIO
AL PENSAMIENTO
A la pregunta de un padre acerca del mejor modo de educar
éticamente al propio hijo, un pitagórico dio la siguiente respuesta
(que también es atribuida a otros): «Que tú lo hagas un ciudadano
de un Estado con leyes justas».
HEGEL, Filosofía del derecho.
Todo gesto educativo es una intervención en el mundo, entendido como con ahínco, pues valoraba enormemente ese espacio público, mientras que el
el artificio humano que van construyendo las sucesivas generaciones. La mundo privado era visto como carente (en la primera acepción del término
educación política atañe, más específicamente, a las prácticas pedagógicas «privado»). Se trataba de una ciudadanía con carácter excluyente, en que un
mediante las cuales una sociedad provee a las nuevas generaciones de he- grupo minoritario tenía primacía sobre el resto y le imponía una concepción
rramientas para actuar en el mundo, para transformarlo y transformarse en moral, una religión pública y una legislación común. Ese sustrato comunita-
él. Esas prácticas tienen sentidos, modalidades y contenidos diferentes se- rio fue el trasfondo constante de las reflexiones aristotélicas, pues la vida vir-
gún las épocas y los actores sociales que las propongan. Si cada sociedad tuosa que este filósofo pregonaba no estaba aislada sino comprometida con
tiene necesidad de constituir, en sus miembros, disposiciones y actitudes la polis. Sin embargo, en los últimos años de vida de Aristóteles, la autono-
pertinentes para su gobierno, en este caso nos interesa encarar la pregunta mía de la ciudad comenzó a resquebrajarse. El imperio alejandrino y luego la
por la educación política existente y necesaria en la sociedad argentina ac- conquista romana disminurían la posibilidad de tomar decisiones sobre el pro-
tual: ¿para qué y cómo educar a los estudiantes en el ejercicio del poder? pio destino, lo cual produjo un creciente desasosiego en la sociedad ateniense.
Estamos hablando de ciudadanía, un concepto que tiene, curiosamen- En el período helenístico, la reflexión ética ocupa el centro de la meditación
te, una historia y una prehistoria (si es que podemos usar este último tér- filosófica y se desgaja, en parte, de las preocupaciones políticas, que ya no
mino sin su carga peyorativa). Quizá convenga decir que tiene una historia están en las propias manos y cuyos hilos se manejan a distancia. El hedonis-
moderna y una antigua, en medio de las cuales se abre una brecha de va- mo de Epicuro rehúye la política, mientras que los estoicos dan continuidad a
rios siglos, y pocos rasgos parecen comunes a todos los tiempos. En su la exigencia aristotélica de vivir la ciudadanía como una entrega a la comuni-
definición más sencilla, llamamos ciudadano a un individuo que pertene- dad, pero entendida ahora con carácter cosmopolita.2
ce a una comunidad política y que, por tal motivo, disfruta de derechos y La idea de una ciudadanía activa tiñe originalmente la vida política ro-
asume responsabilidades vinculadas a esa pertenencia. Esta caracteriza- mana e inspira la constitución de la república, pero se ve tensionada a me-
ción alude a los dos aspectos básicos que se mencionan habitualmente: la dida que se expande el imperio. La ampliación territorial modifica la escala
pertenencia a una comunidad y el estatuto de prerrogativas asociado a esa de ejercicio y, por consiguiente, también las cualidades de la categoría.
pertenencia. Pero lo que este enunciado elude es el contenido de cada as- Cuando se concede la ciudadanía a los pueblos conquistados (Edicto de
pecto y la jerarquía entre ambos, pues allí es donde se ubican la mayor Caracalla del año 212), no va con ello la posibilidad de acceso a las magis-
parte de las divergencias. traturas públicas ni de participación activa en la deliberación sobre los asun-
Hay diferentes maneras de articular las responsabilidades y los derechos tos de gobierno. Paulatinamente, la ciudadanía va refiriéndose más a un
en la condición de ciudadano, según las modalidades adoptadas en contextos estatuto de derecho que a una expectativa de asunción de responsabilida-
históricos precisos. La ciudadanía antigua tuvo variantes considerables. En- des, al mismo tiempo que la comunidad de pertenencia es exclusivamente
contró sus primeros cultores en las ciudades-Estado de la confederación grie- política y ya no cultural.
ga, en una polis como Atenas, cuyos hombres libres (con características Por su parte, la modernidad también dio lugar a un amplio abanico de
bastante homogéneas)1 tenían la posibilidad de ejercer el poder político y concepciones de ciudadanía. En la ruta del adiós al vasallaje medieval, los
decidir por sí mismos la orientación de su gobierno. Allí la ciudadanía adop- pensadores políticos de la modernidad temprana abrevaron en la ciudada-
taba límites muy rigurosos y deberes estrictos. La asamblea tomaba decisio- nía romana imperial para pensar nuevas alternativas de relación entre los
nes con el concurso de sus miembros, cada uno de los cuales estaba dispuesto individuos y los Estados que se iban conformando. Lo que éstos tenían para
a enfrentar las tareas que el conjunto le encomendara. Para ello se preparaba ofrecer era seguridad, como garantía para el ejercicio de las libertades. A
1. Atenas era una ciudad imperial y en ella habitaban grupos provenientes de regiones muy 2. En el curso a distancia Formación ética. Debate e implementación en la escuela,
diversas, pero la categoría de ciudadano sólo se otorgaba a quienes fueran hijos de atenienses editado por Santillana (2002), he desarrollado con mayor extensión mi visión de cada una de
(por parte de padre y madre), lo que garantizaba la continuidad de esa homogeneidad. las vertientes que aquí reseño escuetamente.
partir de las revoluciones burguesas y la constitución de los Estados nacio- sujeción al orden social provendrían de haber sido ellos los productores de
nales, los ciudadanos se distinguirían de los extranjeros por sus prerrogati- las leyes, pero más aún de compartir una conciencia moral universal, como
vas de seguridad y protección por parte del Estado, para poder desarrollar postulaba Kant. El romanticismo confrontaría estas ideas con la apelación
sin contratiempos su vida privada, que era lo que más valoraban. Algunas al pueblo, a la nación y a los sentimientos que fundan los vínculos. Hegel
voces como Rousseau y los jacobinos se empeñaban en asociar ciudadanía compensaría el deber expresado en el imperativo kantiano con un marco de
y virtud, exigiendo a los hombres libres que participaran activamente en la derecho, que es donde nacen los compromisos con el Estado. En esa ten-
vida pública, pues allí erigían ellos el ideal republicano moderno, el de un sión, lo que las libertades modernas debieron enfrentar fue el riesgo de di-
ciudadano que se caracterizaba por ejercer la libertad en las asambleas: la solución en la individualidad y el debilitamiento del lazo social. En los
república habría de funcionar sólo si cada ciudadano encontraba la felici- enunciados jurídicos, esta tensión entre autonomía y comunidad dio sus-
dad en la actividad pública antes que en la esfera privada. Como vemos, tento al debate entre modelos perfeccionistas y no perfeccionistas, que aún
coexistían versiones que asociaban la ciudadanía a responsabilidades acti- perduran: los primeros plantean que el Estado tiene el derecho y el deber
vas con otras que la reducían al goce pasivo de libertades. de orientar a los ciudadanos hacia la plenitud de sus vidas, mientras que los
Con la expansión de los ideales modernos, crecieron las expectativas segundos sostienen que el Estado no puede pronunciarse a favor de algu-
por lo que la vida privada podría ofrecer como felicidad, mientras que la nos planes de vida y en contra de otros.
ciudadanía activa significaría sacrificar los valores burgueses, reprimiendo Ahora bien, una sociedad donde cada cual busca su realización lejos de
o reduciendo la atracción hacia las riquezas y el afecto en beneficio de las los foros públicos es también una sociedad que corre el riesgo de debilitar
aspiraciones de poder y gloria. Al intervenir en esta contradicción, el libe- sus lazos de unión, por lo cual la promesa de libertad invitó, al mismo tiem-
ralismo, amparado en las ventajas que el mercado ofrecía a una burguesía po, a pensar nuevos modos de definir la comunidad. Desde las ciudades-
ávida de incrementar su patrimonio, contribuyó gustosamente a generar el Estado de la antigua Grecia hasta los Estados-nación de la modernidad
modelo representativo, por el cual unos pocos tomarían la voz de unos cuan- occidental, hubo concepciones de las comunidades políticas como organis-
tos y ejercerían (por delegación de ellos) el poder de decidir sobre lo públi- mos arraigados y diferenciados, en la figura de pueblos étnicamente homo-
co.3 En síntesis, el modelo triunfante en las revoluciones burguesas es el de géneos, cada uno de los cuales habita y domina de forma exclusiva un
un ciudadano que ostenta libertades públicas, una de las cuales le concede territorio determinado. Para preservar ese doble vínculo de sangre y de sue-
el «derecho» de participar en la actividad política. Se trata, claramente, de lo, la modernidad postuló que la comunidad política ideal debía ser sobera-
una ciudadanía muy alejada del ideal republicano, donde pesaban más las na, esto es, debía autoafirmarse mediante la separación física y la
responsabilidades que los beneficios y eran ellas las que sostenían teórica y diferenciación simbólica de las comunidades extranjeras. En los avatares
prácticamente a estos últimos. históricos de conformación de los Estados nacionales, cada uno de ellos se
La autonomía moral moderna se presentaba como herramienta de eman- justificaba a sí mismo si podía dar cuenta de una nación que correspondiera
cipación de las tradiciones comunitarias, como afirmación del individuo a sus límites. Esto no sucedió del mismo modo en todos los países, pues en
libre frente a la comunidad cultural que lo oprimía y sujetaba. Éste es el unos casos la extensión territorial del Estado precedía a la existencia de
segundo punto a considerar en torno a la noción de ciudadanía. El progra- una comunidad nacional y contribuyó a configurarla (por ejemplo, en Fran-
ma ilustrado abogaba por la libertad de los hombres y confiaba en que la cia, España y Gran Bretaña), mientras que en otros fue la nación imagina-
razón los emanciparía de sus ataduras comunitarias. El respeto mutuo y la ria la que anticipaba un Estado y contribuyó a constituirlo territorialmente
(por ejemplo, en Italia y Alemania).
En las antiguas colonias europeas, la estructura jurídica y política se
derrumbó tras las guerras de independencia, pero sirvió de anclaje para in-
3. Según Rubio Carracedo, «el sistema funcionaba justamente porque la teoría de la
representación indirecta dejaba las manos libres a los poderosos, a la vez que les permitía
ventar a partir de ella algunas comunidades nacionales cuya identidad ha-
una cobertura legitimadora» (Educación moral, postmodernidad y democracia, Madrid, bía que fabricar. En esta tarea, las tradiciones locales y las variedades étnicas
Trotta, 1996: 143). eran vistas como riesgos latentes o peligros descarados. Frente a ellas, cada
Estado se dio la tarea de construir la nación a través de la uniformidad mo- formación ética y ciudadana, entendidos como expresión curricular de la
ral de los ciudadanos. Por eso, como contrapartida de la autonomía de las responsabilidad de la escuela en la educación política de los estudiantes.
voluntades, se fue configurando la producción de una unidad cultural a tra- Esto supone, entre otras cuestiones, volver a abordar la relación entre el
vés de los organismos públicos como las escuelas, los hospitales y la asis- sistema educativo y el contexto social, explorar las respuestas construidas
tencia pública. La vigencia de una moral común era vista, en el siglo XIX, antes de la modernidad y que contribuyeron a dar forma y dirección a las
como rasgo de pertenencia a una comunidad cultural, que se expresaba po- matrices institucionales, evaluar la vigencia de representaciones vincula-
líticamente en el Estado. das con otros contextos históricos, redefinir la legitimidad y la pertinencia
En la Argentina, como en otros países del continente, el modelo de la de la educación escolar para tomar posición frente a problemas controver-
homogeneización moral y cultural fue uno de los pilares de justificación de tidos y discutir las metodologías presentes y posibles en las prácticas de
un sistema educativo concebido como laico, gratuito y obligatorio, con el enseñanza de contenidos ético-políticos.
propósito de formar ciudadanos para la nacionalidad emergente de las lu- Existe ya abundante literatura sobre el malestar en las escuelas y entre
chas civiles del siglo XIX. La tarea general de «educar al soberano» se tra- los docentes, sobre la crisis del sistema educativo y de su relación con la
dujo en diferentes enunciados que generaron, a su vez, los dispositivos sociedad. En diálogo con ellos, este libro se propone presentar y discutir
institucionales del sistema: «civilizar a los bárbaros», «asimilar a los ex- las opciones presentes y futuras de educación política, para postular crite-
tranjeros», «normalizar a los diferentes». Tales consignas, congruentes en rios de actuación institucional y didáctica. Es decir, probablemente el lec-
muchos aspectos y contradictorias en otros, perduran actualmente en re- tor aprecie una escritura tensionada hacia la propuesta antes que detenida
presentaciones sociales que generan prácticas de enseñanza y vínculos en los diagnósticos, pues algunas veces el solaz en ellos paraliza nuestras
institucionales crecientemente desacoplados, pues el marco de enunciación posibilidades reales de intervenir desde nuestro trabajo. Se trata de un texto
de aquellos postulados político-pedagógicos ha variado considerablemente pedagógico, que recupera la tradición propositiva de esta disciplina.
en la segunda mitad del siglo XX. Aquellas tensiones originales entre ciu- El formato propuesto es un conjunto de ensayos ordenados para facili-
dadanía como derecho o como responsabilidad, entre individuo y tradición, tar una posible lectura secuencial, pero susceptibles, también, de leerse
entre autonomía de la voluntad y solidaridad comunitaria, reaparecen pe- como artículos independientes. Asimismo, el lector supuesto en la escri-
riódicamente en los debates políticos y jurídicos de las democracias occi- tura es un docente en ejercicio, con preguntas y representaciones sobre su
dentales. Actualmente, la condición de ciudadanía se ve interpelada tanto propia tarea, con quien el texto intenta establecer un diálogo en tono cla-
en el estatuto de derechos y responsabilidades cuanto en los límites de la ro y directo, utilizando algunas categorías de las teorías éticas y políticas
comunidad en que se ejerce, pues cada tradición cultural entra inevitable- contemporáneas para revisar las propias prácticas y elaborar estrategias
mente en diálogo con las costumbres y los valores de otras, a través de los que permitan reorientarlas.
medios masivos, el mercado global o las migraciones. A partir de estos elementos, quisiera abrir al lector el conjunto de pre-
¿Qué significa, entonces, «educar al soberano» en la Argentina de hoy? guntas que orienta este libro. En primer lugar, me interesa analizar qué re-
¿Cómo pueden articularse la formación ética y la formación política esco- laciones caben entre escuela y sociedad. La fundamentación de una
lar? Quien afronta estas preguntas puede tratar de recuperar y revitalizar el educación política requiere discutir algunas respuestas taxativas que, desde
potencial transformador de aquellas consignas inscriptas en la matriz la función de educadores, llevan a sostener la imposibilidad de cualquier
fundacional del sistema educativo o buscar nuevos enunciados que den transformación gestada desde las escuelas. En «Escuela y sociedad o el lar-
cuenta de otros desafíos y posibilidades del mundo presente. Este libro en- go adiós a las mamuschkas» analizo algunos discursos pedagógicos sobre
cara esos interrogantes sin buscar una respuesta esencial y definitiva, sino esta relación y las prácticas a las que cada discurso, pesimista u optimista,
tratando de construir una posición contextuada históricamente, con carác- da sustento.
ter provisorio y potencialidad operativa, a fin de contribuir a generar nue- En segundo término, considero conveniente entender la institución esco-
vas representaciones que motoricen acciones de transformación. De este lar como una construcción histórica, susceptible de cambios por el arbitrio de
modo, el libro se propone analizar los fundamentos y los propósitos de la nuevas voluntades. ¿Qué otras escuelas son posibles dentro de la escuela? Si
vemos que la escuela moderna ha entrado en crisis y buena parte de lo que pasado reciente de nuestro país interpela la función política de las escue-
hace ha perdido sentido, eficacia o ambos rasgos al mismo tiempo, es opor- las, diferentes respuestas posibles y criterios institucionales y didácticos
tuno preguntarse cuál es el núcleo duro y qué es la periferia de la institución. para abordarlo.
Una somera arqueología de la función política en las prácticas educativas Desde el punto de vista de las lealtades, es preciso revisar cuál es el
previas a los sistemas educativos nos ofrecerá elementos para pensar de qué suelo de significantes de la educación política: ¿lealtad al Estado nacional
modo opera la escuela y qué alternativas han sido dejadas de lado en la tradi- o a la humanidad? «Patriotismo, derechos humanos y expectativas del ogro»
ción predominante. En «Fiesta y guerra en la memoria arcaica de la escuela» es el ensayo donde se discuten los compromisos de la educación escolar
caracterizo dos instituciones premodernas que sirvieron para cohesionar a las con el Estado nacional y con los derechos humanos, entendidos como una
sociedades y sentar las bases de la lealtad política, con el propósito de ver tensión discursiva entre nacionalismo y cosmopolitismo que requiere nue-
cuánto de ellas perdura en los dispositivos de la escuela moderna y cuánto de vas revisiones, en un contexto histórico de fuerte modificación de los pa-
ellas puede recuperarse cuando la modernidad se licua. trones culturales y las estrategias de dominación.
Ligada a mi preocupación por los cambios en el contexto histórico, la «Lo público como contenido y herramienta» aborda las cuestiones
tercera cuestión abierta es cómo ha sido la educación política escolar en metodológicas, que no se pueden separar de los propósitos asignados a
la Argentina y por qué las escuelas argentinas piensan como piensan fren- la educación política. ¿Cómo es posible una educación política escolar
te al sujeto que se proponen educar. Algunas representaciones que orien- que contribuya a construir criterios autónomos y solidarios de actua-
tan las prácticas actuales de educación política remontan sus raíces a los ción en la vida social? Se plantean algunos criterios didácticos de abor-
finales de las guerras civiles que desembocaron en la formación del Esta- daje de contenidos cívicos y éticos en la enseñanza, y se presentan
do. Hoy, cuando ese Estado se ha transformado notablemente en pocos ejemplos de actividades.
años, es imperioso revisar cuánto se alejan aquellas ideas de las posibili- Los dispositivos institucionales son una herramienta clave de la forma-
dades y oportunidades actuales de las escuelas. En «Educación para el ción de los estudiantes en el Estado de derecho. ¿Con qué criterios pode-
desierto argentino» comento los fundamentos político-pedagógicos que mos pensar las normas y el funcionamiento cotidiano de la escuela para
dieron sustento normativo y simbólico a la educación política de nuestro que orienten a los alumnos en el ejercicio de la ciudadanía? «Justicia en la
país, postulo su vigencia fragmentaria y difusa, pero operante y viva, y escuela: reconocimiento y proyecto» propone una mirada normativa sobre
discuto la legitimidad actual de tales enunciados. la convivencia escolar, a fin de formular criterios de revisión de las normas
Una cuarta pregunta se abre proponiendo una relación entre ética y po- y los dispositivos institucionales de formación en y para la democracia.
lítica: ¿qué valores dan sustento a la ciudadanía en la educación escolar? Del mismo modo, las efemérides han sido una pieza privilegiada en la
Dejando atrás la intención de construir una comunidad monolítica y uni- formación de la nacionalidad, sobre todo en sus aspectos emocionales, pero
forme, la definición de valores públicos cobra un relieve particular que abor- ¿qué sentido político tienen hoy los rituales escolares? «La recurrente cele-
do en «Ciudadanía y felicidad: los valores en una sociedad plural». A partir bración de lo efímero» aporta reflexiones sobre el lugar de las fiestas pa-
de caracterizar la sociedad argentina como plural, se diferencian dos cam- trias y los actos escolares en la educación política.
pos de discusión ético-política (vida digna y vida buena) y se analiza la Finalmente, en «El sentido político de la tarea docente» analizo algunos
legitimidad de la intervención del sistema educativo en cada uno de esos discursos actuales y antiguos sobre la tarea docente y discuto sus
campos. implicancias políticas, para plantear los desafíos subjetivos que suponen
Si el pasado ha generado marcas y tendencias en la sociedad actual, la los propósitos de la educación ético-política.
memoria de los tiempos recientes tiene un peso singular en nuestro país, He trabajado durante los últimos quince años en las áreas de Ciencias
atravesado por el terrorismo de Estado. ¿Qué desafíos emanan del pasado Sociales y Formación Ética y Ciudadana. Buena parte de los problemas que
cercano de la sociedad argentina y cómo responder a ellos desde las es- se expresan en el índice han sido objeto de análisis en las cátedras de nivel
cuelas? En «Huellas en el cuerpo: compromisos pedagógicos de la me- universitario y terciario en las cuales me he desempeñado, en instancias de
moria», se presentan algunas posiciones básicas sobre el modo en que el diseño y desarrollo curricular y en espacios de formación y capacitación
32 LA EDUCACIÓN POLÍTICA