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Aisnara Diaz e Maria de Los Angeles

El documento analiza el desarrollo del cultivo del café en la región oriental de Cuba entre 1800 y 1846, destacando la influencia de la inmigración francesa y la transición de un modelo productivo de autoconsumo a uno orientado al mercado externo. Se enfatiza la creación de sociedades agrícolas para el cultivo del café, que permitieron la cooperación entre inversionistas y el aprovechamiento de las condiciones ecológicas favorables de la Sierra Maestra. A pesar de las crisis en la agroindustria, el cultivo del café prosperó y se consolidó como una actividad económica significativa en la región.
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El documento analiza el desarrollo del cultivo del café en la región oriental de Cuba entre 1800 y 1846, destacando la influencia de la inmigración francesa y la transición de un modelo productivo de autoconsumo a uno orientado al mercado externo. Se enfatiza la creación de sociedades agrícolas para el cultivo del café, que permitieron la cooperación entre inversionistas y el aprovechamiento de las condiciones ecológicas favorables de la Sierra Maestra. A pesar de las crisis en la agroindustria, el cultivo del café prosperó y se consolidó como una actividad económica significativa en la región.
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Un frente pionero en el Oriente de la isla de Cuba: las sociedades para el

cultivo del café en la Sierra Maestra 1800-1846.

Autoras: Dra. María de los Ángeles Meriño Fuentes.


Dra. Aisnara Perera Díaz.
Institución: Seminario Permanente Hispano Cubano de Historia de Familia y
Cambio Social. Instituto de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana
Juan Marinello, Ciudad de La Habana, Cuba.

Resumen: El inicio del siglo XIX marca un hito en el desarrollo económico de la


región oriental de la isla de Cuba; colocada a la saga del boom azucarero de la
jurisdicción habanera, su geografía montañosa y sus excelentes condiciones
ecológicas serían importantes premisas para el cambio de un modelo
productivo volcado al autoconsumo hacia otro dirigido al mercado externo y
sustentando, por primera vez en dicha zona, en el cultivo del café en la
pequeña hacienda gestionada por varios socios en toda la serranía que
circundaba la capital oriental: Santiago de Cuba.
La presente comunicación explora las características de este frente pionero
desde el punto de vista físico-geográfico, abordando el impacto demográfico
que trajo consigo la colonización francesa en dicha área y la innovación que
representaron las sociedades agrícolas organizadas para el fomento de
pequeños cafetales como estrategia para obtener ganancias a corto plazo y
amortizar las pérdidas. Fue esta, precisamente, la premisa del éxito de la
empresa caficultora de inspiración francesa, sin dejar de reconocer la necesaria
existencia de un mercado, asegurado en Francia, gracias a las redes
establecidas entre los agricultores en la isla y los comerciantes del puerto de
Burdeos, para la supervivencia del cultivo cuando la crisis de finales de los
años veinte provocaba la reconvención y/o demolición de las haciendas
cafetaleras del occidente cubano.
Palabras claves: Santiago de Cuba siglo XIX, inmigración francesa, cafetales,
Sierra Maestra.
El inicio del siglo XIX marca un hito en el desarrollo económico de la región
oriental de la isla de Cuba; colocada a la saga del boom azucarero que se
produce en de la jurisdicción habanera, su geografía montañosa y sus
excelentes condiciones ecológicas serían importantes premisas para el cambio
de un modelo productivo volcado al autoconsumo hacia otro dirigido al mercado
externo y sustentando, por primera vez en dicha zona, en el cultivo del café.1
Según una vieja crónica que describe a la ciudad de Santiago de Cuba en 1800
el café solo era conocido por sus propiedades curativas y por ello se vendía en
las boticas santiagueras, de ahí que “los pocos quintales que se recogían eran
solicitados con afán y cuando llegaba el mes de septiembre se apresuraban los
comerciantes a ir al partido de la Güira, en el que tenían sus asientos los
únicos cafetalista que había para tratar anticipadamente de la cosecha”.2 Sin
embargo todo se transformaría de un golpe cuando, tras la sublevación de los
esclavos de Saint Domingue, se precipitarían sobre las costas del sur oriental
cubano cientos de refugiados franceses.3 La conjunción, si se quiere feliz, de
varias circunstancias permitieron el establecimiento de la mayoría de ellos en la
región, pues tanto el capitán general de la isla como el gobernador del
Departamento Oriental, el mariscal de campo Sebastián Kindelán mostraron su
firme decisión de apoyar el modelo plantacionista desarrollado con éxito en la
vecina isla por los ahora refugiados, para ello no dudaron en aprobar la venta
de tierras a individuos que disponían de recursos financieros y que disfrutaban
de la confianza del gobierno. El objetivo era atraer la inmigración considerada
útil, por sus conocimientos y sobre todo por su calidad de europeos blancos, a
todos ellos se les prometió una rápida naturalización y en consecuencia el
disfrute de las mismas garantías que tenían los propietarios españoles.
La activación del mercado de tierras comenzó por el gran hato de Santa
Catalina y pronto abarco las zonas montañosas que rodeaban la ciudad y sus
valles in tramontanos, las ventas también afectarían a las grandes haciendas

1
Para un bosquejo del desarrollo económico de la región en el periodo aquí analizado ver Olga
Portuondo Zúñiga: Santiago de Cuba desde su fundación hasta 1868, Editorial Oriente,
Santiago de Cuba, 1996, pp. 107-162.
2
José María Pérez y Ramírez: “Santiago a inicios del siglo XIX”, en: Emilio en Bacardí:
Crónicas de Santiago de Cuba, T. II, Tipografía de Arroyo y Hermanos, Santiago de Cuba,
1923, p. 19.
3
Para detalles sobre la inmigración procedente de Saint Domingue ver Olga Portuondo
Santiago de Cuba, los colonos franceses y el fomento cafetalero (1798-1809) Editorial Oriente,
Santiago de Cuba, 1992. Carlos Padrón: Franceses en el suroriente de Cuba, Editorial Unión,
La Habana, 2005.
ganaderas más alejadas de esta pero que, al ser terrenos vírgenes, constituían
un excelente campo para el establecimiento de haciendas cafetaleras. Sin duda
los bajos precios de este recurso sirvió de estimulo al desarrollo que se
deseaba, así el valor de una caballería (1 343 hectáreas) de tierra oscilaba
entre los 40 y los 180 pesos, en dependencia de cuan cercana al puerto
santiaguero se encontrase, precios extremadamente bajos si los comparamos
con los más de mil que podía costar la misma cantidad en el occidente de la
isla. Teniendo en cuenta que muchos de los inmigrantes poseían experiencias
en varios cultivos comerciales como el añil y el algodón, el que a la larga se
haya impuesto la opción cafetalera tiene su explicación en las excelentes
condiciones ecológicas presentes en las elevaciones de la Sierra Maestra, allí
la humedad, la temperatura, el régimen de lluvia y la presencia de
innumerables corrientes de agua, prometían elevados rendimientos con
mínimas inversiones.
La celeridad del proceso fue tal que ya en 1804 el gobernador Kindelán, quien
también había invertido en el novedoso cultivo, informaba la existencia de unas
500 000 matas de cafetos, las cuales rendirían unos 10 mil quintales de café,
cifra que se cuadruplicaría hacia 1810 siempre que se le facilitara a los
hacendados la adquisición de esclavos.4 Los cálculos del hacendado Kindelán
no eran desacertados, pues en 1807 se reportaron los primeros embarques de
café oriental hacia los Estados Unidos. Se demostraba así las buenas
perspectivas del cultivo,5 sus partidarios hacían ver a los timoratos que una
buena cosecha de café rendía tanto como una de azúcar, con la ventaja de que
la primera demandaba menos recursos.
La implantación del nuevo cultivo se realizo sobre una región de 614 kilómetros
cuadrado de extensión (mapa) que los estudiosos del tema han dividido en tres
grandes zonas: oeste, centro y este (ver mapa).6 El crecimiento de la población
en una zona de difícil acceso impulsó a las autoridades a intervenir
administrativamente sobre el extenso territorio, cultivado y habitado por miles
de esclavos y hacia el cual se movía en busca de empleo parte de la población
residente en la ciudad. Así las cuarenta y cinco leguas cuadradas de superficie

4
Portuondo Zúñiga: Santiago de Cuba desde su fundación hasta 1868 p. 115.
5
Ibídem.
6
Juan Pérez de la Riva: “La implantación francesa en la cuenca superior del Cauto”, en El
Barracón, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, pp. 361-433.
que, según expertos, tenía la jurisdicción Cuba, fueron literalmente atomizadas
en pequeñas estructuras gubernativas denominadas partidos pedáneos, de los
cuales se crearon más de cuarenta en la primera mitad del siglo.7 Estos
alcanzaron la cifra más alta -46- entre 1841 y 1846, para reducirse, conforme
disminuían las haciendas cafetaleras, a sólo seis en los años cincuenta.
En el llamado cinturón cafetalero que bordeó la ciudad de Santiago de Cuba
existían según el censo de 1841 556 cafetales y una población de 25 106
personas.8 Dicho territorio comprendía treinta y un partido pedáneo, de los
cuarenta y cuatro que formaban la jurisdicción lo que muestra a las claras que
la mayor parte de los partidos rurales santiagueros estaban comprometidos en
el cultivo del café y que a este debían el desarrollo de una infraestructura de
caminos, que enlazaba los bateyes de las haciendas, al igual que a los
pequeños asentamientos que se establecieron en los cruces viales. Con el
paso del tiempo algunos de ellos evolucionaron a la categoría de poblados
rurales de cierta importancia, como Dos Boca y Ti Arriba, fundados en 1827 y
1830 respectivamente.9
Tabla 1. Distribución por zonas de ubicación de los cafetales establecidos
en la jurisdicción Cuba.
Zonas Numero de cafetales Población residente

1841 1846 1841 1846


Oeste 126 186 5 515 5 624
Centro 224 159 10 433 7 178
Este 206 175 9 158 5 575
Totales 556 520 25 106 18 337
Fuente: Elaborada a partir de las cifras de los censos citados, para 1841 Resumen del censo
de Población de la Isla de Cuba a fin del año de 1841. Imprenta del Gobierno por S.M, 1842,
pp. 48-51. Para 1846 Cuadro estadístico de la Siempre Fiel Isla de Cuba correspondiente al
año de 1846, La Habana, Imprenta de la Capitanía General, 1847, p. 224.

La tabla muestra el proceso de concentración cafetalera que se tiene lugar en


la jurisdicción santiaguera, región que estuvo a salvo por mucho tiempo de la

7
Francisco D. Vives: Cuadro estadístico de la siempre fiel Isla de Cuba correspondiente al año
de 1827, Oficina de las Viudas de Arazoza y Soler, Impresoras del Gobierno y Capitanía
General por S. M., La Habana, 1829. Cuadro estadístico de la Siempre Fiel Isla de Cuba
correspondiente al año de 1846, La Habana, Imprenta de la Capitanía General, 1847.
8
Resumen del censo de Población de la Isla de Cuba a fin del año de 1841. Imprenta del
Gobierno por S.M, 1842, pp. 48-51. Lamentablemente los datos de población que ofrece el
censo no distinguen entre libres y esclavos.
9
María de los Ángeles Meriño Fuentes: “Los caminos entre la ciudad de Santiago de Cuba y el
Valle Central, siglo XIX”, en Del Caribe, Santiago de Cuba, 2001, N. 36, pp. 70-79.
crisis que comenzó a manifestarse en la agroindustria en la isla después de
1829. Según los cálculos realizados por Juan Pérez de la Riva, en la zona
oeste de la Sierra Maestra, se aprecia “una nítida concentración capitalista, (…)
una polarizacion hacia la alta cuenca del río Cauto, que en 1860 no solo
representa el 50% de toda la producción serrana sino que agrupa a los más
grandes y productivos cafetales”.10 Acota este autor que para que estos
cafetales pudieran prolongar sus altos niveles de producción debieron nutrirse
de la mano de obra que quedaba disponible gracias a la ruina de los más
pequeños y peores equipados.11
Sin embargo fue precisamente mediante el modelo de pequeña y mediana
hacienda cafetalera que se había gestado este desarrollo. El mismo tiene como
primera característica la de ser una empresa que involucra a más de un
inversionista, modelo de asociación totalmente desconocido hasta ese
momento en la región, sabemos incluso que en el negocio azucarero del
occidente no era frecuente la unión de más de un inversionista para el fomento
o explotación de ingenios. El aporte francés consistió entonces en reunir a
varias personas con un objetivo: producir café, las mismas podían disponer por
separado de determinados recursos, que casi siempre eran pocos para el
establecimiento deseado, por lo que era preciso la cooperación. Digamos que
había quien poseía las tierras, pero carecía de esclavos, o de los animales de
tiro imprescindibles para el traslado de las cosechas hasta el puerto
santiaguero, también se daba el caso de un individuo que solo tenía
conocimientos técnicos o experiencia en la gestión de un cafetal, su aporte se
apreciaba por constituir capital humano, usando una frase actual y era muy
bien recibido en la sociedad pues por lo general era él quien se establecía en la
intrincada serranía para poner en marcha la pequeña empresa.
Una revisión de los protocolos notariales de la ciudad de Santiago de Cuba
entre 1805 y 1857 ha reportado el hallazgo de sesenta y cuatro sociedades
constituidas para el cultivo del café.12 Podemos decir que en ese periodo
prácticamente no existió un año en que no se constituyera una sociedad con
dicho fin, si bien en muchos casos se trataba de la reorganización de algunas

10
Juan Pérez de la Riva: “La implantación francesa en la cuenca superior del Cauto”, pp. 410-
411.
11
Ibidem.
12
Laura Cruz Ríos: Flujos inmigratorios franceses a Santiago de Cuba (1800-1868), Editorial
Oriente, Santiago de Cuba, 2006, Anexo 3, pp. 158-169.
que liquidaban operaciones, entre socios que deseaban salir del giro y en otros
casos se trato de renegociaciones para ampliar la sociedad. Así encontramos
la reestructuración llevada a cabo en 1830 por los franceses Gabriel Ivonet y
Pedro Videau, mediante la cual el primero vendió al segundo por cinco mil
pesos su parte en la hacienda que había fomentado en el partido de La
Amistad, con una superficie de cinco y media caballerías de tierra.13 Ivonet
emplearía el dinero recibido para constituir al año siguiente otra sociedad
similar, el nuevo cafetal, nombrado La Celia, tenía cuarenta esclavos y era
administrado por su hijo Eduardo, quien residía en la propia hacienda.14
Un aspecto de no poca importancia ya que garantizaba la solidez de la
compañía era la posibilidad que tuvieron algunos de los accionistas de
mantener contactos directos con casas comerciales establecidas en Francia, ya
que de ese modo se aseguraba la venta de la producción sin tener que
encomendarla los comerciantes catalanes que monopolizaban el movimiento
mercantil en la plaza santiaguera. Diremos así mismo que si bien la mayoría de
los que al principio acudían a este tipo de asociación eran franceses muy
pronto tanto criollos como españoles e incluso algunos libertos africanos se
involucraron en el fomento de cafetales mediante estas pequeñas empresas o
como arrendatarios de haciendas ya establecidas.15
Sin duda la expulsión de los inmigrantes galos decretada en abril de 1809
como reacción a la invasión napoleónica a España, abrió las puertas de este
promisorio negocio a personas que hasta ese momento no le habían prestado
toda su atención. Apremiados por las autoridades para que salieran de la
provincia muchos franceses tuvieron que vender a bajos precios sus
propiedades, entre ellas los cafetales que con tanto esfuerzo habían fomentado
y que según las previsiones de los entendidos en el asunto estarían rindiendo
en un par de años cuantiosos frutos. Se afirma que la mayoría de las haciendas
fueron adquiridas por sus compatriotas ya naturalizados y por españoles y

13
Archivo Nacional de Cuba (ANC): Administración General de Rentas Terrestres, Legajo 544.
No. 6 Manifestación de venta de mitad de cafetal, Santiago de Cuba, febrero 10 de 1830.
14
ANC: Gobierno General. Legajo 491 No. 25 168. Estado de los partidos en que se halla
dividido el territorio de Santiago de Cuba, con expresión de los 12 individuos más notables de
cada uno, nombre, edad, estado, nación, haciendas y esclavos que posee y punto de su
residencia. 1838.
15
ANC: Audiencia de Santiago de Cuba Legajo 885. No. 31 037. Testamentaría del Capitán de
Morenos José María Valiente. 1824. Valiente estableció el cafetal con la ayuda de su esposa la
africana Basilia Echavarría, estaba situado en el partido La Enramada, tenía una extensión de
cinco caballerías de tierras y lo cultivaban once esclavos.
criollos santiagueros, estos últimos se hicieron de noventa y nueve cafetales,
trabajados por 217 esclavos,16 así los nuevos amos se vieron en cuestión de
días posesionados de buena parte del frente pionero abierto por los expulsados
en los partidos inmediatos a la ciudad, como Dos Bocas, Güira, Cauto y La
Candelaria.17 A pesar del trauma que causo entre la comunidad de inmigrantes
franceses la expulsión de 1809 esta tuvo sin embargo un aspecto positivo
como fue la conexión que se estableció entre la ciudad de Nueva Orleáns y el
puerto santiaguero. Se sabe que los que permanecieron en dicha ciudad hasta
que se les permitió retornar a Santiago de Cuba en 1813,18 supieron crear un
mercado seguro para la producción de café que habían alentado, mercado que
se extendería a otros puntos de Norteamérica como Baltimore, Filadelfia y
Nueva York. Con los años el café cosechado en las montañas santiagueras se
exporto a Maracaibo, Londres, Cádiz y Alicante, si bien Burdeos se mantuvo
como un destino preferencial y seguro.19
Los datos de un padrón realizado en 1823 en el partido de La Candelaria
muestran el desplazamiento que habían sufrido los productores franceses, así
de las catorces haciendas reportadas la mayoría eran operadas por españoles
y por los llamados “hijos del país”. Individuos como el andaluz Agustín de la
Tejera Oliva supieron sacar buen partido a la situación, así aparece como
propietario de dos cafetales, adquiridos a precio de remate y que ese año le
reportaban 1 800 quintales de café.20 De la Tejera Oliva fue de los pocos
hacendados que consigno por escrito sus experiencias de caficultor, cuando
dio cuenta en un informe dirigido al gobierno el régimen de administración que
aplicaba en sus cafetales. El mismo consistía en hacer trabajar duramente a
sus más de trescientos esclavos, incluidos a los niños, para que recolectaran
cada uno un barril del cerezo al día, de modo que en una jornada se

16
ANC: Correspondencia de los Capitanes Generales, Legajo 1, n 11 (fuera de caja)
Comunicación del gobernador Kindelán a Someruelos. Para detalles sobre la expulsión y su
efectividad real ver Olga Portuondo: “La inmigración negra de Saint-Domingue en la
Jurisdicción de Cuba (1798-1809)”, Entre esclavos y libres de Cuba colonial, Editorial Oriente,
Santiago de Cuba, 2003, pp. 78-92.
17
Portuondo Zúñiga: Santiago de Cuba desde su fundación hasta 1868, p. 118.
18
María Elena Orozco Melgar: Génesis de una ciudad del Caribe, Santiago de Cuba en el
umbral de la modernidad, Ediciones Alqueza, Santiago de Cuba, Oficina del Conservador de la
Ciudad, Santiago de Cuba, 2008, pp. 93-95.
19
Portuondo Zúñiga: Santiago de Cuba desde su fundación hasta 1868, p. 119.
20
ANC: Gobierno General. Legajo 490. No. 25 137. Padrón de las personas existentes en el
partido de la Candelaria, jurisdicción de Santiago de Cuba, con nombre, edad, sexo, estado,
calidad, empleo, oficio, número de familias y su fortuna. 1823.
recolectaban 9 240 libras y en cuatro días 36 960 libras.21 Teniendo en cuenta
que el quintal se vendía a 15 pesos, en esos días de intenso trabajo los
esclavos le reportaban a Tejera una ganancia de 5 544 pesos, si nos atenemos
a estos cálculos veremos que en 1823 ingreso a su fortuna 27 mil pesos. Para
él una cosecha mal manejada arruinaba a los cafetos y solo bajo la férrea y
constante vigilancia de los mayorales los esclavos no se atreverían a sabotear
las plantaciones.22
Partiendo del ejemplo ofrecido por los inmigrantes franceses algunos criollos se
decidieron a formalizar las relaciones que habían establecido en medio de la
fiebre caficultora, así lo hacen en 1821 los pardos libres Lucas Zorrilla y Maria
Dolores Rivero. El contrato suscrito por ambos ante el escribano público de
Gobierno y Guerra, nos ha de servir como muestra de cómo operaban estas
sociedades. Lo primero que se hacia era dejar deslindados los capitales
aportados por cada uno, así Zorrilla afirma que eran suyas las trece caballerías
de tierra situadas “en el paraje conocido por La Aguada de las Yeguas”, partido
pedáneo de Sabanilla ubicado en la región este, valoradas en mil trescientos
pesos, también que había llevado al cafetal seis negros, un burro, tres mulas
de trabajo, cuatro yeguas madres y tres vacas con sus crías. Por su parte la
Rivero confiesa que eran suyos los negros restantes hasta completar la
dotación de 15 esclavos, además de tres vacas con sus crías, cuatro yeguas
madres y cuatro mulos. La diferencia entre lo aporte por cada uno era
insignificante de modo que los socios acordaron reconocer que los capitales
introducidos se consideraran iguales en su valor y por consiguiente la
distribución de pérdidas y ganancias sería a por mitad, operación que se haría
luego de deducir los gastos que también serían compartidos. A Zorrilla le
correspondería la dirección y la administración, aunque no podemos descartar
que la Rivero asistiese en ocasiones a observar el estado de su inversión. La
duración de la sociedad sería ilimitada, es decir que funcionaría mientras les
reportase ganancias y si llegaba el momento de disolverla el que quisiera

21
Oga Portuondo: “Plantadores cafetaleros y esclavos”, Entre esclavos y libres de Cuba
colonial, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2003, pp.130.
22
Ibídem.
adquirirla tendría cuatro años de plazo para satisfacer al otro, en dinero
efectivo, la parte que le correspondía, previa tasación de toda la empresa.23
Como se aprecia el principio rector de la sociedad era sencillo, todo se
compartiría a la mitad, a pesar de que Zorrilla tendría la mayor responsabilidad
sobre si. Sin embargo a la larga esto le favoreció cuando en 1828 fueron a
negociar la disolución de la sociedad, pues la Rivero a pesar de tener recursos
para adquirir el cafetal que habían nombrado La Encarnación y sembrado para
ese entonces con más de 25 mil cafetos, no pudo hacerlo ya que las leyes
favorecían al dueño de la tierra que sostenía toda la infraestructura agrícola,
plantaciones y casas. De acuerdo con lo estipulado en la escritura de
constitución la socia tuvo que resignarse, después de un pleito judicial, a recibir
a plazos las cantidades que le correspondían en los más de 46 mil pesos en
que fue valorada la hacienda. Pero no todo fue perdidas, a no ser en su orgullo
de propietaria, pues Zorrilla continuo gestionando el cafetal con el mismo éxito
que años antes los había impulsado a unir sus intereses y pudo recuperar con
ganancia el capital invertido.24
Sin duda uno de los factores que propicio la acogida de este modelo de
explotación agrícola fue la facilidad de cultivar el cafeto en pequeñas
extensiones de tierra, al contrario de la caña, que para lograr rendimientos
aceptables precisaba de mayor área. Por otra parte el tipo de atención cultural
que requería esta planta facilito la adopción de un esquema de diversificación
productiva que a la larga les permitiría a muchos de ellos sobrevivir cuando los
precios del café caían en el mercado internacional. El inventario del cafetal
fomentado por la sociedad de Zorrilla y Rivero por ejemplo nos muestra ese
empeño por no depender de un solo producto, de modo que dedicaron espacio
para el tabaco y la siembra de ñame, maíz y otros frutos menores, que no solo
cubría el consumo de la dotación sino se destinaba a la comercio interno. Los
anuncios de venta de cafetales aparecidos en la prensa santiaguera corroboran
esta afirmación, una hacienda de café establecida por un arrendatario francés
en una caballería y media de tierra en el partido de Seybabo tenía además de
seis mil matas de café paridoras, cuatro mil cepas de plátanos, yuca dulce,

23
ANC: Audiencia de Santiago de Cuba. Legajo 1087. No. 36 846. Testimonio de los autos
seguidos por María Dolores Rivero con Lucas Zorrila sobre disolver la sociedad que tiene en
una cafetal titulado La Aguada de la Yegua. 1829.
24
ANC: Audiencia de Santiago de Cuba. Legajo 89. No. 1916. Testamentaría de Lucas Zorrila.
1837.
naranjas china, hierba de guinea, árboles de aguacate y mango. Por supuesto
las arboledas de frutas buscaban dar sombra a la delicada rubiácea, de hecho
el plátano solía intercalarse dentro de los cuadros de café,25 pero nada impedía
que sus productos se expidieran en el mercado citadino donde la demanda de
alimentos era constante.
El padrón de fincas rusticas levantado en 1823 en el partido de La Güira es otro
elemento que comprueba la diversificación apuntada, así también el
rendimiento que podía obtenerse en pocas caballerías de tierra:
Cuadro 1. Estado que manifiesta la agricultura e industria del partido de
La Güira en el año de 1823.

Propietario Capacidad Esclavos Producción Producción Producción


en de café en de maíz en de frijoles
caballerías V H quintales barriles en barriles
Don Ignacio 8 40 50 1 000 100 38
Carbonell
Don Juan 7½ 30 26 600 10 0
Bautista
Benet
Don Pedro 4½ 27 16 200 10 3
Vidot
Pedro 4½ 11 14 100 ---- ----
Lamontaña
Don Pedro 2 24 16 350 10 2
Riveri
Don Ventura 5 25 20 400 10 ----
Texidor
Don Nicolás 1½ 10 9 20 30 4
Tur
Antonio 2¼ 2 14 70 10
Charadan
Don 3 9 2 100 ---- ----
Bartolomé
Domingo
Don José 2 12 2 30 10 4
Allut
Pedro Pichon 1 7 0 40 10 5
Don Manuel 1¾ 4 4 40 ---- ----
Mengana
Margarita 1½ 4 4 18 23 2 y 4 de
García arroz
Maria 3 8 3 50 2 1
Magdalena
Carlos 4 4 4 4 15 2 y 20
Meson arroz

25
ANC: Audiencia de Santiago de Cuba. Legajo 885. No. 31 037. Testamentaría del Capitán de
Morenos José María Valiente. 1824. Según el inventario post mortem realizado en el cafetal de
Valiente dentro de los sembrados que contenían 34 mil cafetos, estaban intercaladas 550
cepas de plátanos.
Domingo 1 4 4 10 ---- ----
Auget
Doña 2 4 0 60 ---- ----
Dorotea
Odoardo
Don Pedro 2 4 1 40 6
Barrio
Facundo ¾ 2 0 25 ---- ----
García
Madama ¼ 4 1 30 ---- ----
Delay
Mesder
José Antonio ½ 0 0 15 ---- 5 y 1 de
Ruiz arroz
Andrés Delis ¾ 6 0 14 ---- ----
Fuente: Elaborado a partir de la información del padrón de 1823 levantado por Antonio
Bustamante capitán del partido. ANC: Gobierno General, Legajo 490. No. 25 156. Padrón de
población, según sus nombres, edades, estado, calidad, oficio, nación, número de familias y su
fortuna, del partido de La Güira, jurisdicción de Santiago de Cuba. 1823.

Resulta digno de comentar el hecho de que de las veintidós instalaciones


agrícolas calificadas como cafetales doce explotan entre 2 y tres cuarto de
caballería de tierra, pues a los efectos estadísticos toda finca que tuviera más
de doce pies de cafetos sembrados se consideraba cafetal.26 Aun cuando
tomemos con la debida reserva los informes de producción aquí reflejados,
pues nos parecen excesivamente bajos,27 lo declarado por los cosecheros
demuestra que los rendimientos eran aceptables y estimulaban la permanencia
en el giro, sobre todo cuando se combinaba acertadamente con otras
producciones. Interesante resulta también la diversidad de la procedencia
social y racial de los productores, que corrobora el entusiasmo que despertó el
cultivo, así junto a los catalanes Nicolás Tur e Ignacio Carbonell, este ultimo
uno de los hombres más rico de Santiago de Cuba,28 encontramos a los
franceses blancos Benet y Riveri, a sus compatriotas mulatos Charadan y
Delis, al pardo santiaguero José Antonio Ruiz y a cuatro mujeres.
Los datos del partido de La Guira y de los otros ubicados en las inmediaciones
de la ciudad nos muestran otra interesante arista del frente pionero
santiaguero, la relación existente entre la cercanía al puerto y el tamaño de las
26
Según el censo de 1827 en el occidente de la isla se consideraban cafetales las fincas que
tuvieran cultivadas más de cuarenta mil matas, mientras que en oriente fueron incluidas en esta
categoría las que tuvieran más de doce pies sembrados de cafetos. Sin embargo, para estas
clasificaciones no se tuvo en cuenta la cantidad de esclavos que laboraran en las mismas.
Cuadro estadístico de la Siempre fiel Isla de Cuba correspondiente al año 1827. p. 100.
27
Un cafetal con 70 esclavos podían tener una producción de mas de 2 000 quintales.
28
Ver Padrón que manifiesta las personas existentes en una parte de las que comprende la
parroquia principal de Santiago de Cuba. 1823. ANC: Gobierno General, Legajo 392, No. 18
651.
haciendas. Tenemos que los cafetales cercanos a la ciudad se caracterizan por
su pequeña dimensión y en consecuencia por disponer de poca mano de obra
esclava, de modo que sus propietarios acudían a la modalidad de alquiler o a la
contratación de trabajadores libres en los periodos de cosecha o como en el
caso de José Antonio Ruiz, al empleo de mano de obra familiar, 29 también se
da el caso de que algunas de estas haciendas son explotadas mediante el
sistema de arrendamiento, de hecho tres de los cultivadores relacionados en el
padrón de 1823 son arrendatarios que comparten sus ganancias con los
propietarios de los sitios cafetales.
Sin embargo el establecimiento de haciendas en las alturas de las sierras de la
Maestra y de la Gran Piedra demandaba de una inversión superior, sobre todo
porque los gastos en trasporte crecían, por ello la asociación de más de un
inversionista era inevitable, al menos durante la primera fase de la fundación.
En los partidos ubicados en plena región montañosa se pueden identificar
aquellos cafetales típicos de la implantación francesa, a saber “una finca de 10
caballerías con una producción media de 1 200 quintales de café y una
dotación de 40 esclavos”,30 según el estudio de Juan Pérez de la Riva. Si
retómanos los datos de la tabla anterior veremos que ninguna de las haciendas
del partido de La Güira se ajusta a esa norma, la cual se mantiene quince años
más tarde, según lo informado en el padrón de 1837, notándose incluso un
retroceso en la dotación del cafetal de Ignacio Carbonell pues de 90 esclavos
que tenía en 1823 pierde cuarenta y dos.31
Pero al enfocar el análisis en los partidos de las serranías el panorama se
ajusta más a lo afirmado por el citado autor, así en el montuoso partido de
Andalucía encontramos dos cafetales gestionados por los franceses Eugenio
Ribeaux y Juan Porteceny, con 90 esclavos.32 La trayectoria Riveaux es bien
interesante para ilustrar el modus operandi al que hemos hecho referencia, en
1835 se había asociado al dominicano Domingo de Heredia y a su compatriota

29
Ver Padrón de habitantes de algunas calles de la ciudad de Santiago de Cuba, con expresión
de su sexo, edad, estado, calidad, oficio, fortuna y naturaleza. 1823. ANC: Miscelánea de
Expedientes, Legajo 4075, Letra Al.
30
Pérez de la Riva: “La implantación francesa en la cuenca superior del Cauto”, p. 385.
31
Sin embargo esto no significa que disminuyera su capacidad de inversión ya que en el
partido La Amistad tenía dos cafetales cuyas dotaciones unidas sumaban 300 esclavos.
32
ANC: Gobierno General. Legajo 491, No. 25 168. Estado correspondiente al partido de
Andalucía. 1837.
José Dufourg para adquirir la hacienda La Candelaria,33 con 153 esclavos,
sobre las tierras de este cafetal fomentan otros dos, a los que dan por nombres
La Fraternidad y La Simpatía, adquieren así mismo unos cuarenta esclavos y
más tierras para sembrar nuevos cafetos. En abril de 1843 los socios acuerdan
la división de la compañía, por lo que en mayo del año siguiente cada uno
asume en solitario la administración de los cafetales que se habían distribuido
de la siguiente manera, a Heredia le correspondió La Simpatía, a Dufourcq La
Candelaria y a Riveaux El Fraternidad,34 ubicado en un valle in tramontano
entre la meseta de Santa María de Loreto y el macizo de la Gran Piedra.
Ese mismo año Riveaux hipoteca su hacienda a la sociedad de Lestapier y
hermanos, para garantizar un préstamo recibido de estos banqueros que
actuaban como refaccionistas cafetaleros y que al final terminan por
involucrarse en la administración del Fraternidad.35 Dicha sociedad tenía su
casa matriz en Burdeos y se habían establecido en la ciudad desde finales de
los años veinte, financiando a varios caficultores, con lo que garantizaba el
acopio de buena parte del café cosechado en los partidos de Andalucía y
Amistad para su venta en Francia.36 Todavía en 1870 la hacienda se mantenía
en poder de los descendientes de Ribeaux, que habían dedicado parte de las
diez caballerías del cafetal al cultivo de cacao.37
Casa vivienda y almacén del cafetal Fraternidad.

Fuente: Lourdes M. Rizo Aguilera: “El hábitat en los asentamientos cafetaleros de Santiago de
Cuba”. [Link]

33
Hernán Venegas Delgado: “Cafetales y vida criolla: la familia Heredia-Girard en el oriente
cubano”, Catauro, Año 10, No. 18, 2008, P. 42. El autor refiere interesantes detalles sobre el
modo en que operaban los caficultores franceses para adquirir tierras y esclavos, crear
sociedades y traspasarlas a otros propietarios.
34
Ibídem.
35
Martha Lora: “Fisonomía de un cafetal francés”, Del Caribe, No. 10, 1987, p. 89.
36
Para detalles sobre la actividad de esta sociedad crediticia ver Orozco Melgar: Ob. cit., p. 95.
37
Lora: Ob. cit.
Los datos manejados indican que los cafetales más grandes en cuanto a
dotación, caballerías y producción se refiere se localizan en el entorno agreste
de la serranía santiaguera, sin embargo tal como se muestra en la tabla que
sigue las haciendas con más de cien esclavos constituían la minoría de las
existentes en la jurisdicción en 1837.
Tabla 2. Estructura de posesión de esclavos en los cafetales distribuidos
por zonas. 1837.

ZONAS
Tamaño de las TOTALES
Dotaciones Oeste Centro Este

10 a 19 10 13 20 43
20 a 29 9 7 19 35
30 a 59 13 10 24 47
60 a 99 1 16 18 35
100 a 200 1 8 18 27
TOTALES 34 54 99 187
Fuente: Elaborada a partir de las cifras contenidas en el Estado de los partidos en que se
halla dividido el territorio de Santiago de Cuba, con expresión de los 12 individuos más
notables de cada uno, nombre, edad, estado, nación, haciendas y esclavos que posee y punto
de su residencia. ANC: Gobierno General. Legajo 491 No. 25 168.

Pudiera resultar contradictorio que los mayores cafetales, por la cantidad de


esclavos en ellos empleados, se ubicaran precisamente en los parajes más
recónditos de la geografía santiaguera, sin embargo esto confirma que quienes
mayor capacidad tuvieron para acceder a capitales, ya fuera porque sus
negocios en otras áreas se lo permitían o porque lograron que las casas
comerciales establecidas en la ciudad les facilitaran prestamos, pudieron hacer
frente con éxito a una inversión a primera vista arriesgada dado el despliegue
de recursos y fuerza técnica que demandaba. Así encontramos en el partido de
Paz de los Naranjos el cafetal más grande por su dotación de 220 esclavos
perteneciente al francés Don Lorenzo Mousnier.
La más alta concentración de hacienda con dotaciones de más de cien
esclavos se registro en el partido de La Amistad, colonizado a partir de 1819,
donde también aparecen cuatro propietarios operando cada uno dos hacienda,
eran ellos miembros distinguidos de la elite económica de la jurisdicción, como
el ya mencionado Ignacio Carbonell y Mariano Vaillant de las Cuevas, hijo de
Antonio Vaillant Beltier,38 quien había apoyado fervientemente al gobernador
Sebastián Kindelán en sus planes de desarrollo cafetalero, fomentando dos
haciendas. Era este partido el más rico de la jurisdicción, en el momento de
mayor esplendor sus haciendas llegaron a tener de conjunto más de 25
millones de cafetos. Situado en la falda norte de la Sierra Maestra, recorrían su
territorio ríos y manantiales, la disponibilidad de este recurso natural favoreció
la adopción del llamado método de beneficio húmedo en el procesamiento del
café, según la opinión de estudiosos del tema el uso del agua para fermentar y
despulpar el cerezo fue el secreto del éxito de los cafetales serranos, ya que el
mismo elevaba los rendimientos de las cosechas.39
Impacto en la ciudad del desarrollo del frente cafetalero.
La colonización cafetalera y con ella la apertura al cultivo de una amplia zona
prácticamente despoblada hasta la implantación francesa tuvo un profundo
impacto en el progreso urbano de la capital oriental. Su condición de puerto
habilitado para el comercio internacional fue decisiva para el éxito del modelo
de agricultura comercial sin embargo la estructura del mismo requirió una
modernización que facilitara la agilidad en la carga y descarga de mercancías,
como también fue preciso que la región donde se producía el café fuera
habilitada por caminos, los que constituyeron al decir de Juan Pérez de la Riva
la más tupida red vial que haya existido jamás en nuestro país.40

38
Antonio Vaillant y Beltier, como muchos de los altos oficiales españoles destinados a servir
en la isla de Cuba, no perdió la oportunidad de aliarse con los miembros de las familias que
detentaban el poder local gracias a su sólida posición económica. Los antepasados de su
esposa Juana María de las Cuevas se habían establecido en la capital oriental desde finales
del siglo XVII, Ambrosio Duany un comerciante irlandés aparece como el fundador del linaje al
cual se uniría Vaillant un siglo después, para imprimirle más lustre y preeminencia en virtud a
su buena gestión como hacendado, coronada por la obtención de un título de Castilla en 1821,
el Marquesado de la Candelaria del Yarayabo. Individuo con una clara percepción de su lugar
social, se sumó a sus iguales en la defensa de los intereses de su clase, los plantadores
santiagueros que habían hecho fortuna con el azúcar y el café. Por ello, en 1810, es convocado
para colaborar en la elaboración de las instrucciones dadas por el Ayuntamiento de la ciudad a
su diputado en las Cortes. ANC: Audiencia de Santiago de Cuba, Legajo 1242, No. 41913.
Testimonios de los documentos presentados por el Sr. Coronel Antonio Vaillant para hacer
constar la legitimidad y antiguo origen de nobleza de su legítima consorte Da Juana María de
las Cuevas.
39
En 1828 se calculaba que la producción de café estaría entre las 50 ó 60 mil @. ANC:
Gobierno General. Legajo 490. No. 25 155. Padrón de fincas, sus clases y dueños, casas,
iglesias, tiendas, burenes, hornos y panaderías, carretas, colmenas, pies de café o cacao,
árboles de algodón, caballerías de tierra, clases de ganado, población, según calidad, sexo y
calidad del partido La Amistad, jurisdicción de Santiago de Cuba. 1828. Contiene: una
descripción geográfica y económica del partido.
40
Pérez de la Riva: “La implantación francesa en la cuenca superior del Cauto”, p. 402.
El primer nivel de esta red lo constituían los caminos de colina, que formaban
ejes de circulación interna dentro de la serranía y relacionaban las tres zonas
cafetaleras entre si y con la costa,41 entendida esta no solo como el puerto
santiaguero y su aduana, sino los pequeños embarcaderos ilegales que
sirvieron para exportar de contrabando partidas de café.42 Estos caminos
tenían entre dos y medio a tres metros de ancho, estaban preparados para la
circulación de carretas ligeras y por supuesto de las arrías de mulos que
transportaban los frutos. Igualmente transitaban por ellos quitrines y volantas,
vehículos de transporte empleado con preferencia por los hacendados que una
vez concluida la red a inicios de los años 40 tuvieron “el placer de ser llevados
montañas arriba hasta el mismo batey de sus fincas”,43 así el vinculo que
comenzaba en el batey del cafetal hasta el puerto tuvo en dichos caminos su
nervio central y el primer eslabón:
Batey del Cafetal Dios Ayuda.

Fuente: Lourdes M. Rizo Aguilera: “El hábitat en los asentamientos cafetaleros de Santiago de
Cuba”. [Link]

41
Ibidem. pp. 402-405.
42
En muchos de los partidos que tenían límites con la costa sur santiaguera se habilitaron
embarcaderos, pues la comunicación por tierra con la ciudad era prácticamente inexistente, de
modo que el traslado de mercancías y personas se hacía en pequeñas embarcaciones. La
descripción geográfica de uno de ellos, el de Andalucía, fechada en 1828 refiere que poseía
once de estos pequeños puertos, por los cuales no es de dudar que se comercializaba parte de
las 32 mil @ de café que se producían en su territorio. Ver Padrón de fincas, sus clases y
dueños, casas, iglesias, tiendas, burenes, hornos y panaderías, carretas, colmenas, pies de
café o cacao, árboles de algodón, caballerías de tierra, clases de ganado, población, según
calidad, sexo y calidad del partido rural de Andalucía, jurisdicción de Santiago de Cuba. 1828.
Contiene: una descripción geográfica y económica del partido. ANC: Gobierno General. Legajo
490. No. 25 143.
43
Agustín de la Texera y Baxo: “Santiago de Cuba a principios del siglo XIX”, Del Caribe, Año
VI, No. 13, pp. 90–105
Una de las rutas más antiguas de este enlace fue el llamado camino de las Dos
Boca, que conecto a los partidos de la zonas central y este con la ciudad, para
su trazado se aprovecho la magnifica posición geográfica del pequeño núcleo
rural de Dos Boca situado en una estrecha garganta que forman las lomas del
Cristo y del Bonete, que es un estrecho corredor hacía el Valle Central, región
de cafetales e ingenios. En 1827 los hacendados con intereses en la zona
crearon una Junta para acordar los medios a fin de componer el camino, de
forma que la exportación de los frutos de sus habitaciones fuera una tarea
rápida, cómoda y segura.44 A este camino fueron conectados los que se
trazaron desde el partido de Ti Arriba, en la zona este, y desde los partidos de
Bolaños, San Andrés y Sabanillas.45 Este camino le entraba a la ciudad por el
nordeste, para tomar la llamada calzada de la Marina, vinculado el campo
donde se producía la riqueza agrícola con el dinámico y pintoresco barrio
comerciar de la Marina animado por el movimiento de cargadores, el tránsito de
carretas y los gritos de los corredores de mercancías

El plano.

La imagen de vivos colores que nos muestras el retratista y cartógrafo francés


Luis Francisco Delmés del puerto santiaguero en 1840 era el resultado de años
de intensos trabajos para dotarlo de muelles seguros y almacenes capaces de
recibir la producción agrícola que se fomentaba en el campo. Desde 1792 los
regidores del ayuntamiento de la ciudad discutían la pertinencia de ampliar el
único muelle existente para entonces, una simple plancha de madera, que
permitía operar un solo buque a la vez, de más esta decir los inconvenientes de
tal situación, pues eran frecuentes las caídas al agua de los cargadores y la
consiguiente perdidas de mercancías. Sin embargo nada se haría hasta que la
llegada de los inmigrantes franceses impuso un ritmo más dinámico en las
operaciones mercantiles, el establecimiento de muchos de ellos en las
cercanías de ese muelle principal, alerto a las autoridades de que era preciso
adoptar medidas para controlar la situación, pues las construcciones que les
servían de viviendas a los recién llegados fueron habilitadas como pequeños
muelles y en los patios que daban al agua se desembarcaba directamente

44
María de los Ángeles Meriño Fuentes: Estudio de la viabilidad en una región santiaguera El
Valle Central siglo XIX. (Inédito)
45
Ibídem.
mercancías y pasajeros que escapaban al control de las autoridades de
aduana.
La actividad comercial alcanzada se refleja claramente en los valores
transados, pues si en 1797 se reporto moviendo de mercancía ascendente a
32.449 pesos en el bienio 1809-10 la aduana informaba la cifra de 194 308
pesos, para un aumento de más del 85%.46 Era evidente que semejante tráfico
requería de un muelle de mayor extensión y firmeza, como lo reconocía en
1813 el gobernador Pedro Suárez de Urbina, al dirigirse al rey exponiendo las
obras que eran necesarias a la ciudad. Para el funcionario ninguna era más
importante que el muelle pues era allí donde los viajeros recibían la primera
impresión, decía “ninguna abre primero el camino para juzgar sobre el carácter,
genio y buen gusto de sus habitantes, como este preciso punto de ornato a la
bahía y de utilidad y comodidad al comercio”.47
La falta de recursos fue la mayor dificultad que enfrentaron los que se
involucraron en el proyecto de reforma, sin embargo el auge cafetalero de 1814
a 1829,48 facilito los planes, si bien estos debieron ejecutarse por parte, al
menos ya en 1815 se concluía el muelle, del cual se decía que era “hermoso,
sólido, con una extensión necesaria y fondo para contener en sus costados
embarcaciones de todas clases”.49 Dos años después se acometieron las obras
para hacer transitable las inmediaciones de la bahía contiguas al muelle, así al
nordeste se construyo una calzada que entronco al camino de la isla y al de
Dos Boca. Entre 1820 y 1823 se construiría un segundo muelle, decisión
favorecida por la mejoras en la calzada y que ampliaba considerablemente la
capacidad de operaciones del puerto, se esperaba que con esta nueva facilidad
de maniobrar buques proliferaran en esa zona del barrio almacenes y casas de
comercio.
El proceso de desruralizacion de la ciudad estaba en marcha y las
transformaciones en el barrio de la Marina era solo una parte de las que
sucedían en el resto de su trama urbana. Tal como ha mostrado la
investigadora María Elena Orozco en este sitio las autoridades buscaron a toda

46
Orozco Melgar: Ob. cit., pp. 76-79.
47
Ibídem. P. 90.
48
Portuondo Zúñiga: Santiago de Cuba desde su fundación hasta la guerra de los diez años,
p.146.
49
María Elena Orozco: “Afirmación de la función portuaria de Santiago de Cuba: el barrio de la
Marina (1800.1860)”, Estudios de Historia Social y Económica de América, N. 13, 1996,
Universidad de Alcalá de Henares, p. 396.
costa facilitar la articulación de una arteria que no solo permitiera la circulación
entre la zona portuaria y el casco urbano sino que sirviera de área de
esparcimiento y recreo para los vecinos de la ciudad. La construcción de un
teatro en 1825 fue un hito importante en ese sentido, ya que al exigir una
mayor higiene ambientar, propicio que el matadero fuera trasladado fuera del
perímetro urbano y añadió valores “culturales y recreativos puntuales, a los
comerciales ya característicos del área”.50
Otro aspecto del desarrollo plantacionista que favoreció las transformaciones
en esta zona de la ciudad fue el comercio de africanos. Desde 1789, el puerto
santiaguero había sido habilitado para el comercio directo de africanos, sin
embargo los mayores volúmenes de la importación de esclavo se registran
durante el reputen cafetalero que se produce después de 1813 y gracias al
levantamiento del embargo de bienes decretado en 1809 contra los emigrados
naturalizados y al estimulo oficial a la emigración desde Francia.51 Así entre
1815 y 1820 son introducidos por la bahía santiaguera 25 836 africanos,52 por
lo que se hizo necesario habilitar un espacio para el depósito y la venta de las
piezas que a poco tiempo de ser desembarcadas eran llevadas a las haciendas
de la serranía oriental y a los ingenios del Valle Central. Fue el gobernador
Eusebio Escudero el que dispuso en 1817 que las llamadas piezas y muleques
que hasta ese momento se conducían desnudos, para el escándalo de los
vecinos,53 desde los barcos hasta las casas de los consignatarios, fueran
depositadas en unos barracones de tablas edificados a poca distancia de la
bahía.54 Frente a ello fue instalado el mercado de bozales, al que acudían los
hacendados a adquirir la mano de obra que necesitaban para poner a punto su
inversión.

50
Ibidem.
51
Orozco Melgar: Génesis de una ciudad del Caribe, Santiago de Cuba en el umbral de la
modernidad, pp. 95-96.
52
Portuondo Zúñiga: Santiago de Cuba desde su fundación hasta la guerra de los diez años, p.
131.
53
Orozco Melgar: Génesis de una ciudad del Caribe, Santiago de Cuba en el umbral de la
modernidad, p. 101.
54
Sin embargo la costumbre de “pasear” a los bozales desnudos por la ciudad perduro por
cierto tiempo, en julio de 1820 el Ayuntamiento reiteraba la prohibición decretada por Escudero,
decían los regidores que de “esos excesos se resiente la honestidad publica por la extracción
de los negros bozales desnudos de los barracones y conducidos por medio de la ciudad y a la
vista de todo el mundo con unas especies de bragas y taparrabos que apenas cubren sus
partes pudendas”. Emilio Bacardí: Crónicas de Santiago de Cuba, T. II, Tipografía de Arroyo y
Hermanos, Santiago de Cuba, 1923, p. 144.
Como acertadamente indica la profesora Orozco no fue una simple
coincidencia que el desarrollo cafetalero del decenio 1840-50, momento que
según los cálculos realizados por Pérez de la Riva se llegaron a producir unos
212 000 quintales al año, tenga un paralelo en el avance que experimenta en la
ciudad capital en todas sus estructuras de servicios públicos. La estabilidad de
la economía jurisdiccional permite la realización de obras que marcan la
modernidad urbana de Santiago de Cuba, así esos años son testigos de la
apertura de nuevos comercios y espacios para sociabilizar, como cafés, un
nuevo teatro y una sociedad Filarmónica, del renovado impulso que se le da al
trazado y empedrado de calles y plazas, así como del establecimiento del
alumbrado público y de un servicio de acueducto.
El precio del café se mantuvo estable entre 1838-45, cotizándose a 7 pesos el
quintal, si bien descendió a cuatro pesos durante la crisis de 1844-46 que
arruino a varios caficultores, ya en 1850 se recupera alcanzando los nueve
pesos.55 La clave de este éxito estaba en la calidad del café oriental, muy
superior al que se había producido en los cafetales del occidente, calidad
reconocida por las casas de comercio que en los Estados Unidos y Francia se
habían especializado en su distribución. Cierto es que el oro rojo enriquecía a
unos pocos hacendados, que por lo general exportaban sus capitales a Francia
y reinvertían allí sus ganancias, pero de alguna manera la capital oriental
participo de esa bonanza y despertó de un largo sueño patriarcal. Tal como lo
reconocía en 1847 Agustín de la Tejera Baxo hacendado arruinado por la crisis
de 1846, con la emigración francesa de inicios de siglo se había producido “una
revolución en las ideas, en las costumbres, en las opiniones, en el juicio de las
cosas y aun en los usos”56 y el café sin lugar a duda había estado en el centro
de esa revolución.

55
Portuondo Zúñiga: Santiago de Cuba desde su fundación hasta la guerra de los diez años, p.
188-190.
56
Agustín de la Texera y Baxo: “Santiago de Cuba a principios del siglo XIX”,

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