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Ensayo

El ensayo aborda la evolución de la percepción de la discapacidad, destacando el cambio de un enfoque médico a uno centrado en los derechos humanos y la inclusión. La Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (CDPD) de la ONU es un hito clave que reconoce los derechos de las personas con discapacidad y establece obligaciones para los Estados. A pesar de los avances normativos, persisten desafíos significativos en la vida cotidiana, lo que requiere un compromiso ético y social para lograr una verdadera inclusión.

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Ensayo

El ensayo aborda la evolución de la percepción de la discapacidad, destacando el cambio de un enfoque médico a uno centrado en los derechos humanos y la inclusión. La Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (CDPD) de la ONU es un hito clave que reconoce los derechos de las personas con discapacidad y establece obligaciones para los Estados. A pesar de los avances normativos, persisten desafíos significativos en la vida cotidiana, lo que requiere un compromiso ético y social para lograr una verdadera inclusión.

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Ensayo: Normas internacionales sobre discapacidad: un recorrido hacia la

inclusión y la dignidad.

Discutir sobre discapacidad en la actualidad abarca mucho más que mencionar una
condición física, sensorial, intelectual o psicosocial. Implica discutir sobre derechos,
inclusión, justicia social y la lucha permanente por una sociedad más justa. A lo
largo de la historia, la percepción de la discapacidad por parte de la humanidad ha
evolucionado significativamente: se ha pasado de un enfoque médico y
asistencialista, en el que la persona era considerada un "objeto de cuidado", a uno
centrado en los derechos humanos, donde cada individuo es el protagonista de su
vida, con la plena facultad de decidir, participar y aportar.

Este cambio de paradigma no ha sido fortuito ni automático. Es el fruto de años de


activismo, de testimonios impactantes, de comunidades organizadas y de progresos
en la legislación internacional que han proporcionado apoyo legal y moral a estas
transformaciones. En este contexto, los estándares normativos internacionales han
sido cruciales para asegurar que los derechos de las personas con discapacidad
sean reconocidos, resguardados y fomentados por los Estados.

El instrumento más relevante de todos es, sin lugar a dudas, la Convención sobre
los Derechos de las Personas con Discapacidad (CDPD), aprobada por la ONU en
2006 y que ha estado en vigor desde 2008. Este tratado no solo reconoce a las
personas con discapacidad como titulares completos de derechos, sino que también
define obligaciones específicas para los Estados Parte en aspectos como el acceso
a la educación, el empleo, la salud, la justicia y la vida independiente. La convención
presenta una definición contemporánea de discapacidad como una interacción entre
las características de una persona y las limitaciones del entorno —ya sean físicas,
sociales, comunicativas o actitudinales—.

Esto implica que el problema no está en la persona, sino en la falta de accesibilidad


e inclusión de la sociedad.

Un aspecto especialmente valioso de esta convención es que fue elaborada con


una fuerte participación de organizaciones de personas con discapacidad, bajo el
principio de “nada sobre nosotros sin nosotros”. Esto aseguró que la voz de quienes
viven la discapacidad estuviera presente en cada artículo y cada decisión del texto
final. Además, el Protocolo Facultativo permite a las personas afectadas presentar
denuncias ante el Comité sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad,
cuando consideren que sus derechos han sido violados y no han encontrado justicia
en su país.
Pero la CDPD no surge de la nada. Se apoya en una base más amplia de derechos
humanos que incluye la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948)
y otros tratados como el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y el
Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Aunque
estos instrumentos no mencionan explícitamente a las personas con discapacidad,
sus principios de igualdad, dignidad y no discriminación son la columna vertebral
sobre la que se construyen los derechos específicos de este colectivo.

Además, a nivel regional también existen normas relevantes. En América Latina,


por ejemplo, la Convención Interamericana para la Eliminación de Todas las
Formas de Discriminación contra las Personas con Discapacidad (adoptada
por la OEA en 1999) representa un compromiso concreto de los países del
continente para avanzar en políticas públicas que promuevan la inclusión y eliminen
barreras. Esta convención regional complementa y refuerza los principios de la
CDPD, adaptándolos a los contextos específicos de nuestra región.

Otro referente contemporáneo importante es la Agenda 2030 para el Desarrollo


Sostenible y sus Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Varios de estos
objetivos hacen referencia directa o indirecta a las personas con discapacidad,
especialmente en los campos de la educación inclusiva, el trabajo decente, la
reducción de las desigualdades y el acceso equitativo a servicios básicos. La
presencia de la discapacidad en esta agenda global es un reflejo del creciente
reconocimiento de que no puede haber desarrollo real si no es para todos y con
todos.

No obstante, a pesar de todos estos avances normativos, aún persisten grandes


desafíos. La brecha entre lo que dicen las leyes y lo que sucede en la vida cotidiana
de muchas personas con discapacidad es, en muchos lugares, alarmante. Barreras
arquitectónicas que impiden la movilidad, actitudes discriminatorias en el trabajo,
sistemas educativos que no se adaptan, o servicios de salud que no comprenden
las necesidades específicas de cada persona, son solo algunos ejemplos de cómo
la exclusión sigue presente.

Por eso, más allá de los tratados y las leyes, es fundamental un compromiso ético
y social de todos los sectores: gobiernos, instituciones, empresas, escuelas,
comunidades y familias. Solo así podremos construir una sociedad que realmente
valore la diversidad humana como una riqueza y no como un obstáculo.

En conclusión, los referentes normativos internacionales en materia de


discapacidad son mucho más que documentos legales: son herramientas para el
cambio, símbolos de lucha y esperanza para millones de personas en el mundo.

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