La Paradoja Temporal
La Paradoja Temporal
Cuando el doctor Elías Vorel activó el Acelerador Temporal Mark VII, comprendió que
cruzaba el umbral de lo prohibido. Tras décadas de experimentación, la máquina estaba lista.
Su obsesión era prevenir el Gran Colapso, un evento catastrófico que devastaría la civilización
y sumiría al planeta en siglos de oscuridad tecnológica. El Colapso no era un accidente: era
consecuencia directa de un experimento fallido en manipulación gravitacional realizado en
2025, justo 73 años atrás.
"Coordenadas temporales fijadas. 15 de junio de 2025. Procediendo al salto", anunció Elías con
voz firme.
CAPÍTULO 2: EL ENCUENTRO
"Soy tú. Vengo del futuro. He venido a impedir que cometas el error que destruirá el mundo."
El joven Elías palideció. "¿Cómo es posible? Si te creo y detengo el experimento, nunca habrás
tenido que viajar."
Así nació la paradoja. Si alteraban el curso de la historia, el viaje mismo sería imposible, creando
un bucle sin salida. Pero si no intervenían, el Gran Colapso ocurriría.
Mientras debatían, apareció un tercer individuo: la doctora Mira Calder, física cuántica y
colega del joven Elías. Había observado el intercambio a través de los sistemas de seguridad.
"Esto es más grande de lo que imaginaba", susurró. "Las paradojas temporales no son bucles
cerrados, sino espirales. Cambiar un evento puede generar ramificaciones imprevisibles."
Propuso un plan audaz: estabilizar el tiempo mismo, creando un canal temporal fijo donde los
dos Elías pudieran coexistir temporalmente mientras corregían el curso de los eventos.
"¡Alto ahí! Están interfiriendo con un punto crítico del continuo espacio-temporal. Esta
intervención está prohibida."
CAPÍTULO 5: LA DECISIÓN
Bajo presión, tomaron una decisión radical: modificar el núcleo del Acelerador Temporal
original para que absorbiera la energía gravitacional excedente en lugar de manipularla,
eliminando el riesgo de inestabilidad.
La operación fue arriesgada. Las vibraciones aumentaron, los campos energéticos colapsaban
y la estructura comenzaba a desmoronarse.
Elías futuro activó el nuevo protocolo justo cuando las fuerzas de la Agencia irrumpían
nuevamente. Un destello blanco envolvió todo.
Cuando la luz se disipó, el joven Elías estaba solo. El laboratorio estaba intacto, los cazadores
temporales se habían desvanecido. Mira no estaba.
Creyendo haberlo conseguido, siguió con su vida, perfeccionando la tecnología de
estabilización temporal.
Pero 73 años después, en un futuro diferente, el anciano doctor Vorel contemplaba las lecturas
del Mark VII. Detectó una anomalía: una señal débil del año 2025. La obsesión regresó. Activó
la máquina.
Un día, en una dimensión superior, las entidades que regían las leyes del tiempo observaron el
bucle.
"Curiosa especie la humana", comentó una de ellas. "Creen alterar el destino, pero son
prisioneros de su propia causalidad."
Y así, en los infinitos pliegues del tiempo, Elías Vorel seguía viajando al pasado, luchando
contra su propia sombra, sin saber que su lucha misma alimentaba el ciclo sin fin.