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El Éxodo Jujeño

El éxodo jujeño, liderado por Manuel Belgrano el 23 de agosto de 1812, fue una retirada estratégica del pueblo jujeño hacia Tucumán ante el avance del ejército español. Belgrano emitió un bando que ordenaba la destrucción de recursos para evitar que cayeran en manos enemigas, lo que generó un profundo impacto en la sociedad jujeña. Este evento marcó un hito en la lucha por la independencia argentina, simbolizando el sacrificio y el patriotismo del pueblo.

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El Éxodo Jujeño

El éxodo jujeño, liderado por Manuel Belgrano el 23 de agosto de 1812, fue una retirada estratégica del pueblo jujeño hacia Tucumán ante el avance del ejército español. Belgrano emitió un bando que ordenaba la destrucción de recursos para evitar que cayeran en manos enemigas, lo que generó un profundo impacto en la sociedad jujeña. Este evento marcó un hito en la lucha por la independencia argentina, simbolizando el sacrificio y el patriotismo del pueblo.

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El éxodo jujeño

El 23 de agosto de 1812 el ejército patriota a las órdenes del general Manuel Belgrano comienza el heroico
éxodo del pueblo jujeño en dirección a Tucumán. Ante la inminencia del avance de un poderoso ejército
español desde el norte al mando de Pío Tristán, el 29 de julio de 1812, Belgrano emite un bando
disponiendo la retirada general. La orden de Belgrano era contundente. Había que dejarles a los godos la
tierra arrasada: ni casas, ni alimentos, ni animales de transporte, ni objetos de hierro, ni efectos
mercantiles. Para recordar este heroico episodio transcribimos a continuación el bando de Belgrano y unos
fragmentos del libro Jujuy. Apuntes de su historia civil.

Los días fastos en que el pueblo conmemoraba los sucesos nacionales habían ya sido cambiados. (…) En vez
del natalicio de los reyes, comenzaba a marcarse en el calendario popular la festividad nacional del 25 de
mayo, día de libertad y de esperanzas. Jujuy debía celebrarlo con pompa y solemnizarlo con una ceremonia
memorable, que cumplió con entusiasmo sin igual en los períodos de sus glorias y sus trabajos. El 25 de
Mayo era ocasión de reanimar con formalidades tocantes el espíritu que había comenzado a levantarse
con la marcha del ejército sobre los territorios antes abandonados. El sentimiento patriótico de Belgrano
tuvo fecundidad en la invención de una ritualidad patriótica para herir el corazón de los pueblos y
retemplarlos en la fatiga, sublimándolos para el sacrificio en el ardor de las más rudas batallas.
Aquel día (25 de mayo de 1812) el ejército apareció de pie, en formación, cuando el horizonte, tiñéndose
del albor esparcido por los rayos del sol naciente, parece abrirse como inmensa cortina, para que
desperado el orbe eleve sus cánticos: en aquel momento resonó en la plaza municipal de Jujuy un himno
enfático al Dios de la Libertad de América. Lo entonaba aquel pueblo cuyas masas alternaban con las
compañías en organizaciones del ejército de Belgrano, y de cuya fraternización en el culto patriótico de
aquel día, debía nacer la común resolución de mantener el juramento de ser libres. (…)
Aquel pueblo, que así se estremecía de júbilo, que por la multitud agrupada dejaba escapar las
aclamaciones generales, y que por sus autoridades y Cabildo transmitía al jefe su incontrastable resolución
de arrostrar el conjunto de los sacrificios que la causa imponía, aquel pueblo llenaba las cuadras
designadas a sus bisoños soldados ciudadanos, con que se organizaba el Regimiento Nº 6, y cuya bandera,
bendecida el 25, fue también mandada ocultar por el Gobierno. Belgrano la guardó con cariño para legarla
al pueblo de Jujuy el día en que fuese coronada por los laureles de la victoria.
Cochabamba caía, cuando en Jujuy se enarbolaba y bendecía la bandera argentina, y se rehacía un tanto
aquel ejército, aumentado por el número 6 de jujeños.
Manifiesto era que el itinerario de Goyeneche sería el día después de su triunfo sobre el pueblo de
Cochabamba, el que lo condujese hasta los fogones del campamento de Belgrano, o a los tesoros
abandonados de las provincias del valle argentino. Terminaba julio, y las avanzadas enemigas eran
seriamente reforzadas. A los patriotas les vinieron también algunos fusiles, con los que prepararon a hacer
algo, siguiendo a su jefe, que prefirió una retirada, como lo ordenaba el gobierno, y el abandono al
enemigo de las poblaciones y ciudades de Jujuy y Salta. Pero no fue tan solo una retirada militar; ordenó
un abandono del país a todos sus habitantes; un levantamiento de todo objeto de recursos, o su
destrucción, si no era fácil su transporte.
El bando con que precedió su marcha retrógrada fue terrífico e hizo estremecer de ansiedad y amargura a
la sociedad de Jujuy. Lo insertamos íntegro por su originalidad, y efectos que produjo.

Bando de Belgrano
“Don Manuel Belgrano, general en jefe… Pueblos de la Provincia: Desde que puse el pie en vuestro suelo
para hacerme cargo de vuestra defensa, en que se halla interesado el Excelentísimo Gobierno de las
Provincias Unidas de la República del Río de la Plata, os he hablado con verdad. Siguiendo con ella os
manifiesto que las armas de Abascal al mando de Goyeneche se acercan a Suipacha; y lo peor es que son
llamados por los desnaturalizados que viven entre vosotros y que no pierden arbitrios para que nuestros
sagrados derechos de libertad, propiedad y seguridad sean ultrajados y volváis a la esclavitud.
”Llegó pues la época en que manifestéis vuestro heroísmo y de que vengáis a reunirnos al Ejército de mi
mando, si como aseguráis queréis ser libres, trayéndonos las armas de chispa, blanca y municiones que
tengáis o podáis adquirir, y dando parte a la Justicia de los que las tuvieron y permanecieren indiferentes a
vista del riesgo que os amenaza de perder no sólo vuestros derechos, sino las propiedades que tenéis.
”Hacendados: apresuraos a sacar vuestro ganado vacuno, caballares, mulares y lanares que haya en
vuestras estancias, y al mismo tiempo vuestros charquis hacia el Tucumán, sin darme lugar a que tome
providencias que os sean dolorosas, declarandóos además si no lo hicieseis traidores a la patria.
”Labradores: asegurad vuestras cosechas extrayéndolas para dicho punto, en la inteligencia de que no
haciéndolo incurriréis en igual desgracia que aquellos.
”Comerciantes: no perdáis un momento en enfardelar vuestros efectos y remitirlos, e igualmente cuantos
hubiere en vuestro poder de ajena pertenencia, pues no ejecutándolo sufriréis las penas que aquellos, y
además serán quemados los efectos que se hallaren, sean en poder de quien fuere, y a quien pertenezcan.
”Entended todos que al que se encontrare fuera de las guardias avanzadas del ejército en todos los puntos
en que las hay, o que intente pasar sin mi pasaporte será pasado por las armas inmediatamente, sin forma
alguna de proceso. Que igual pena sufrirá aquel que por sus conversaciones o por hechos atentase contra
la causa sagrada de la Patria, sea de la clase, estado o condición que fuese. Que los que inspirasen
desaliento estén revestidos del carácter que estuviesen serán igualmente pasados por las armas con sólo lo
deposición de dos testigos.
”Que serán tenidos por traidores a la patria todos los que a mi primera orden no estuvieran prontos a
marchar y no lo efectúen con la mayor escrupulosidad, sean de la clase y condición que fuesen.
”No espero que haya uno solo que me dé lugar para poner en ejecución las referidas penas, pues los
verdaderos hijos de la patria me prometo que se empeñarán en ayudarme, como amantes de tan digna
madre, y los desnaturalizados obedecerán ciegamente y ocultarán sus inicuas intensiones. Más, si así no
fuese, sabed que se acabaron las consideraciones de cualquier especie que sean, y que nada será bastante
para que deje de cumplir cuanto dejo dispuesto.
”Cuartel general de Jujuy 29 de julio de 1812”.

Manuel Belgrano
Apenas se lee sereno aquella orden tremenda lanzada contra todo habitante, que sin distinción alguna,
debía obedecerla o perecer. El terror del bando hizo su efecto, y como el general se prometía; no encontró
resistencias para ser cumplido. (…)
El patriotismo y decisión hizo llevaderas las penurias de la emigración próxima; y “hasta las mujeres se
ocupaban de construir cartuchos y animar a los hombres”, como dice también el historiador Mitre.
No se emprendió la marcha sino cuando se había preparado todo y el enemigo se encontraba próximo,
adelantando sus partidas sobre las últimas guardias de las fuerzas que habían estado en Humahuaca. Estas
sin perder formación, sufrieron la picada que las orgullosas partidas realistas les hacían y atravesaron por
las inmediaciones de la ciudad sin que ni se les permitiese a los oficiales detenerse con cualquier objeto un
solo momento en las casas de la población. El grueso de la columna había marchado el 23 y la vanguardia,
convertida en retaguardia, pasaba en la tarde de ese día. Belgrano fue el último que abandonó la ciudad en
la noche, incorporándose a las fuerzas antes del día siguiente. El enemigo se posesionó de aquella solitaria
ciudad en medio de su total abandono. Estaba desierta y desmantelada, y espantado del aspecto tristísimo
de aquellos hogares desamparados y de aquellas calles mudas y tristes, después de la agradable animación
de otros tiempos, escribía el jefe Tristán a Goyeneche: “Belgrano es imperdonable por el bando del 29 de
julio”. Cuando pasó sus ojos sobre aquel ultimátum le calificó de “bando impío”.
La bandera argentina y sus cambios a lo largo de la
historia
Argentina tuvo varios modelos de bandera nacional desde la primera que izó Manuel Belgrano en Rosario.
Un repaso por ellas, incluida la que quedó en Entre Ríos.

El emblema argentino con las dos franjas celestes, la blanca en el medio y el sol en el centro del paño es la
versión definitiva y consolidada para identificar a nuestra Nación. Pero llegar a tener una bandera común
no fue fácil: hubo un largo proceso de luchas internas y con otras naciones. Por eso, la bandera no fue
siempre así como la conocemos, en distintos momentos históricos tuvo otro diseño y otros colores.
Proponemos conocer y analizar cinco de esas banderas.

Bandera izada por Belgrano en Rosario (1812)

Esta bandera fue hecha con los colores de la escarapela. Fue levantada en Rosario por la batería
Independencia, una parte de las tropas del ejército comandada por Belgrano. Semanas después, una
bandera similar fue confeccionada, izada y bendecida en Jujuy, en el segundo aniversario de la Revolución
de Mayo. En ambos casos, se trató de una iniciativa de Belgrano, quien creía necesario contar con un
símbolo que distinguiera a las tropas patriotas para levantar su moral durante el combate. En las dos
ocasiones fue reprendido por el Triunvirato porque «tener una bandera» era equivalente a una
declaración de independencia, algo que el Triunvirato no estaba decidido a hacer.

La bandera fue enarbolada nuevamente en septiembre de 1812 luego del triunfo en la batalla de Tucumán.
Belgrano la llamó «Bandera del Ejército». Lo mismo hizo en la batalla de Salta, en febrero de 1813; y en las
derrotas de Vilcapugio y Ayohuma (octubre y noviembre de 1813). Un soldado que participó en estas
últimas batallas recordaría, setenta años después, que «nuestra pérdida fue total, se puede decir que todo
quedó en el campo de batalla, excepto la bandera, que para que se perdiera era preciso que se muriera
Belgrano, porque él la llevaba en la retirada».

Cuando San Martín asumió el mando del Ejército para cruzar los Andes recibió del propio Belgrano una
bandera con este diseño. La bandera de Belgrano, conocida como «Bandera de la patria», fue ganando
terreno lejos del teatro de operaciones de la guerra. Se la vio en la iglesia de San Nicolás en mayo de 1812
y en los festejos por el triunfo de la batalla de Tucumán en la ciudad de Buenos Aires.
Bandera institucionalizada por el Congreso de Tucumán (1816)

En 1816 el Congreso de Tucumán institucionalizó la bandera con dos franjas celestes y una blanca en el
medio. Primero la nombró «bandera menor» para usar solo en «ejércitos, buques y fortalezas», pero al
poco tiempo, por pedido del director supremo Juan Martín Pueyrredón, la designó como bandera
oficial. Debía tener tres franjas, la del medio debía tener el doble de tamaño para que, en caso de guerra,
tuviera el dibujo de un sol. El color de las otras dos debía ser más azul celeste que celeste.

Bandera usada por José Gervasio Artigas (1814/1820)

Existieron distintas versiones de la bandera utilizada por Artigas en el tiempo de la Liga Federal o Unión de
Pueblos Libres conformada entre 1814 y 1820 por la Banda Oriental y parte de las actuales provincias
argentinas de Entre Ríos (que se quedó con el modelo para su bandera provincial), Corrientes, Misiones,
Córdoba y Santa Fe. La más conocida es la bandera cuyo diseño "polemiza" con el de la bandera celeste y
blanca a través de una franja roja que la cruza de punta a punta, cuya función sería representar la sangre
derramada en favor de la defensa de la autonomía de los pueblos.

Bandera utilizada por Juan Manuel de Rosas (1835-1852).

La bandera utilizada por la Confederación durante el liderazgo de Juan Manuel de Rosas también disiente
de la «celeste y blanca». Durante su primer mandato (1829-1832), Rosas cambió el azul celeste por un
azul profundo, ya que la bandera celeste se asociaba usualmente con los unitarios. Durante su segunda
gobernación (1835-1852), le agregó cuatro gorros frigios en los vértices, los símbolos distintivos de la
Federación.
Bandera actual

El Congreso Constituyente de 1853, al que no adhirió la provincia de Buenos Aires, volvió a los colores
celeste y blanco con el sol en la franja media, tomando como referencia la bandera consagrada por el
Congreso Constituyente en 1816. Una modificación que incorporó fue el cambio de proporciones entre las
franjas: la blanca debía tener el mismo ancho que las celestes.

Esta versión de la Bandera Nacional se asemeja a la que hoy conocemos. En 1938 se consagró al 20 de
junio como Día de la Bandera. A partir de 1985, ya en tiempos de democracia, se decidió que el sol de la
bandera no debía ser considerado como símbolo de guerra, sino como evocación del «Sol de Mayo».

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